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Etnografia en el sur global.

La correccion metodologica

?Por que razones tendria que haber aportes al metodo etnografico? ?No es este un tipo de operacion acabada para su difusion? ?Que define un aporte a ese metodo? ?Seria la redefinicion del metodo un aporte al mismo o en ese caso tendriamos que empezar a llamarlo de manera distinta? ?Que hay de aporte en el ciclico llamado al orden en una produccion que podemos denominar de divulgacion y que resulta la mas evidente de las formas de consagracion de algun elegido que parece tener el secreto de la practica?

La etnografia normalizada esta vertida en manifiestos, en textos metodologicos y en textos de divulgacion. Entre los manuales, el mas famoso es el de Hammersley y Atkinson. Su genealogia se remonta a los cuestionarios ideados por Morgan y modificados por Tylor. Los elegidos suelen considerarlos demasiado simples y vergonzosamente irreflexivos.

Los manifiestos son, como su nombre indica, ordenamientos de principios, generalmente eticos y politicos, con consecuencias epistemologicas y de metodo. Senalemos cuatro que los lectores conoceran y habran leido mas de una vez: la introduccion de Los argonautas, un llamado de Malinowski al sentido comun, segun el cual es necesario demorarse viviendo con la gente de la que uno pretende hablar; el articulo de la descripcion densa, de Geertz, que fue leido como el permiso para que etnografos y etnografas descubrieran sus dotes innatas de escritores; la busqueda de una via metodologica propia de Luis Guillermo Vasco, que argumenta que las ideas son producto de relaciones materiales y que si no cambiamos nuestras relaciones materiales no cambiara lo que pensamos (asi creamos que cambiando el pensamiento cambiamos al mundo); y el hartazgo, comprensible y necesario, de la etnografia culturalista de Tim Ingold, quien nos recuerda que si le seguimos dando vueltas a nuestros metodos y creemos que a eso se limita la antropologia, no debe extranarnos que ya no tengamos que decir.

Estos manifiestos son mucho mas, pero en esta introduccion no discutiremos sus aportes ni sus problemas. Nos interesan mas los textos de divulgacion, un tipo de produccion sin pretensiones que tiene incidencia en las formas de hacer etnografia.

Los textos de divulgacion se caracterizan por su "correccion metodologica", que podriamos definir como la afiliacion irreflexiva (disfrazada de recomendacion) a una ortodoxia metodologica no explicitada. Los textos de divulgacion con todas las buenas intenciones pretenden dar a conocer una perspectiva que no es ella misma un aporte metodologico sino una guia de procedimientos, un llamado de atencion a cierto "sentido comun". Salvo que el sentido comun es un producto de las relaciones de reproduccion de la disciplina o de las ciencias sociales. Ese tipo de literatura pretendidamente de bajo perfil se ubica, por pura inercia, en el centro de la practica de los iniciados en la etnografia provenientes de todas las disciplinas, incluso de la antropologia.

Dos buenos ejemplos son el famoso y releido, sin muchas consecuencias o con consecuencias puramente bibliograficas, La etnografia. Metodo, campo y reflexividad de Rosana Guber (2001) y el recientemente muy citado Etnografia: alcances, tecnicas y eticas de Eduardo Restrepo (2016). El texto de Guber ha sido el ultimo recurso de los profesores ante el acorralamiento del que son objeto por parte de sus estudiantes (de pregrado y de posgrado), quienes se encuentran en una verdadera confusion entre la lectura de los manuales, de la introduccion de Los argonautas y del funesto articulo de Geertz, por no mencionar la confusion teorica o las encrucijadas politicas y eticas que supone el ambiguo lugar de la antropologia y de quienes la practican en America Latina. Es cierto que la referencia de Guber se daba con la esperanza de que hicieran lo minimo que deberia hacer un trabajo etnografico, pero la lectura se pervierte en el camino porque muchos acuden a los textos de divulgacion para descubrir, despues de breves estancias en campo, que de lo que hicieron pudo haber llegado a ser etnografia. Pero como en realidad ha sido el texto de Geertz el que funciona como catecismo, a Rosana Guber la citan para justificar una reflexividad superficial y practicada como refugio en la identidad de quien investiga. Esa pretendida reflexividad ha erosionado las posibilidades de la etnografia como estrategia de conocimiento de lo social. Esto, por cierto, no fue culpa de Guber ni de su libro. A la postre, el espiritu de las "normas clasicas" y la confianza en la ciencia que respira el texto de Guber, en muchos lugares fue encubierto por una lectura avida de reflexividades.

El otro ejemplo de texto de divulgacion es el de Eduardo Restrepo. Alejado de las discusiones epistemologicas, politicas y eticas, resulta un rosario de recomendaciones que los lectores-iniciados deben aceptar irreflexivamente. Los llamados a la tranquilidad del tipo de "las personas se iran acostumbrando a que el etnografo se dedique a escribir en su diario de campo todos los dias", no son mas que una imposicion, no solo sobre "las personas", sino tambien sobre "el etnografo"; unas y otro parecen obligados a rendirse ante la fuerza de la escritura mediante una actividad de ruptura sobrellevada por la costumbre. Es claro que la intencion de Restrepo no es discutir ni poner en discusion. Esa aspiracion, por supuesto, no es propia de quienes se han consagrado y empiezan a pontificar. Solo que el pontificado de Restrepo tira al nino con el agua de la tina. Su normalizacion del trabajo de campo obvia el hecho de que la etnografia es una lucha epistemica, politica y etica constante. De eso, por supuesto, Restrepo esta al tanto.

La distincion entre etnografia como tecnica, encuadre metodologico o genero literario, resulta ser una clasificacion absurda que no distingue por que todas esas cosas son etnografia para este autor. La excusa de esta clasificacion seudoborgiana, muy del relativismo cultural norteamericano, es que eso es lo que hacen los que tienen titulo de antropologia o dicen haber hecho etnografia. Al usar su posicion dominante para hacerse a un lado de la discusion, Restrepo no hace mas que repetir lo evidente: pone en evidencia que lo propio de la dominacion consiste en "dejar hacer". Restrepo presenta como "indicaciones concretas y lo mas claras posibles" la mas simple forma de reproduccion de los vicios de las ciencias sociales.

Basta ofrecer unos cuantos cursos de antropologia para darse cuenta de que ningun joven estudiante, ningun docente en formacion o asentado en la academia ni ningun funcionario del Estado se piensa a si mismo como un etnografo-asaltante ni como un etnografo-indiferente, las dos perversiones fantasmagoricas que se inventa Restrepo para hablar de etica. De hecho, cada cual tiene reservada una o dos (o mas) anecdotas de la importancia de su trabajo comprometido y de la comprension vital que logro, tanto como del "carino" que le tiene "la gente" en los lugares en donde ha trabajado.

Es una etica hakuna matata, segun la cual "tenemos que ser transparentes y honestos con la gente". Un llamado que lo deberia poner a uno a pensar acerca de que tipo de profesionales estamos educando: quienes son los que estudian antropologia o hacen maestrias para que sea necesario recordarles estas cosas o, mas aun, ?que tipo de ciencia hemos estado aprendiendo y ensenando? Estos llamados se aseguran de dar recomendaciones que deberian aplicar los etnografos para ser eticos y lograr sus fines: esa transparencia de las investigaciones al parecer se logra haciendo firmar consentimientos informados y realizando reuniones para la imposicion de los investigadores. Parecen mas bien formas de blindaje legal ...

Los aportes al metodo etnografico deberian estar mas alla de la correccion metodologica. Seguramente deberian rayar con la incorreccion metodologica y, de ser posible, dudar de los procedimientos que aseguran la desigualdad y tener menos confianza en las palabras. Pero lo cierto es que la incorreccion metodologica tal vez deba acompanar (o mejor, producir) una incomoda incorreccion politica.

La correccion politica

Los textos de este numero de la revista Universitas Humanistica sugieren haber encontrado propuestas, tecnicas o ideas nuevas para hacer etnografia en favor de los dominados. En cada texto, los dominados pueden cambiar. A veces los dominados son mujeres cabeza de familia con metodos de crianza en barrios marginales de Antioquia. Otras veces, los dominados son pueblos indigenas en resistencia en Mexico o el Amazonas. Otras veces, los dominados son abuelos indigenas defensores de un territorio tradicional, acusados de ser falsos indigenas por el gobierno. En algunos articulos, los dominados son, incluso, seres abstractos: antes informantes, hoy colaboradores o coinvestigadores. En otras palabras, estos textos no se presentan como aportes.

Pero, cabe preguntarse: ?Quien no dice eso? ?Existen autores dispuestos a afirmar que han hecho una investigacion colonialista? ?Existen autores dispuestos a decir que han investigado a un grupo social de inferior categoria, incapaz de entenderse a si mismo? ?Existen autores capaces de afirmar publicamente que sus investigaciones tienen el objetivo de manipular a las masas? O, en el mejor de los casos, ?existen autores que simpatizan con las luchas populares, pero creen que los sectores populares son incapaces de entender y modificar su situacion de opresion y que, por ello, necesitan de la "ciencia" para decirles a los gobiernos como resolver esos problemas? Cabe decir que no, con honestidad. Si los hay, deben ser muy pocos. Y, si los hay, es poco probable que envien sus articulos a un numero que promete publicar propuestas etnograficas desde el sur global.

Esto sugiere un problema para los lectores de esta edicion: ?Por que creerles a los autores? Y sugiere un problema para los autores: ?Como convencer al lector? Existe un proceso natural de desgaste de la terminologia de las ciencias sociales. Cada tanto, una nueva corriente, o un nuevo autor, intenta convencernos de haber creado un nuevo lenguaje que supera las barreras entre intelectuales cientificos con salarios (o familias) de clase media y las personas sobre las que escriben esos intelectuales.

Para ser justos con estos intelectuales, resulta imposible no adoptar ese lenguaje. De hacerlo, el publico y los demas intelectuales pronto los senalarian de ser "colonialistas", "de derecha", "positivistas" u otros insultos academicos. Tambien vale la pena recordar que las costumbres academicas exigen al intelectual un lenguaje rebuscado so pena de ser acusado de "irrelevante". Ademas, es mejor un mundo en el que los cientificos sociales digan ser aliados de los oprimidos, que uno en el que crean y digan ser los unicos capaces de pensar y tomar decisiones por los oprimidos. Pero esta alianza con los oprimidos corre el peligro de ser pura palabreria y no cambiar las relaciones reales entre investigadores y personas reales. O puede, en algunos casos mas afortunados, ser una simple toma de consciencia de que la dominacion existe.

?Entonces, como puede un lector desprevenido afrontar un texto que trae las mismas promesas de emancipacion, descolonizacion y transformacion que tantos otros cientos o miles de articulos? ?Es posible escrutar los textos para descifrar las verdaderas intenciones del autor? Posiblemente no.

Los "sujetos de investigacion", o las personas que trabajaron con ese autor, tendran su propia idea del asunto si leen el texto. Ellos y ellas podran juzgar si las promesas del texto se hicieron o estan haciendo realidad. Tal vez las politicas publicas esten cambiando gracias a la alianza entre tal academico y la comunidad. Tal vez la opinion publica se ha hecho consciente de una injusticia denunciada por un autor y esa injusticia empieza a cambiar. Tal vez un movimiento social adopto nuevos instrumentos de protesta gracias a una sugerencia de un articulo. Pero un lector o lectora externo carece de esa perspectiva. Tal vez los autores no pueden ofrecernos evidencias de autenticidad en el texto. Pero sus propuestas de nuevas tecnicas etnograficas, nuevos metodos y nuevas relaciones son el mecanismo fundamental para que los lectores puedan verificar la efectividad y honestidad de su trabajo. Si otros academicos ponen en practica estos metodos y tecnicas con la intencion de descolonizar, reducir la injusticia o emancipar a los oprimidos, podran comprobar hasta donde estos instrumentos son utiles, descolonizadores y emancipadores.

Este numero

?Entonces, que nos proponen los autores de este numero a quienes queremos descolonizarnos, emanciparnos y liberarnos de la injusticia social junto con campesinos, mujeres empleadas domesticas, indigenas y otros explotados del sur global?

Jose Luis Arriaga sugiere a los academicos ir mas alla de representar a los pueblos indigenas o de hablar por ellos. Su propuesta es poner en manos de los grupos oprimidos los conocimientos producto de la investigacion social. Afirma que ese conocimiento en manos de las sociedades dominadas sera un instrumento de resistencia y nos ilustra sobre la experiencia en el pueblo de Xochicuautla, en Lerma, Mexico, en la que ese "retorno" del conocimiento se ha puesto en practica.

En un analisis sobre la relacion entre el quehacer etnografico y el papel del cuerpo y las emociones en la etnografia, Marisa Ruiz Trejo y (S.) Garcia Dauder enfatizan en la posibilidad de hacer explicitas las emociones. Sugieren que este ejercicio, al que dan el nombre de "reflexividad fuerte", cambia al investigador/a, porque lo obliga a abandonar los supuestos de neutralidad, superioridad y objetividad que la tradicion academica impone.

Diana Paola Betancurth Loaiza y Fernando Penaranda Correa abordan un contexto semejante, esta vez con mujeres a quienes llaman "cuidadoras", en el municipio de Bello, Antioquia. Su proposito fue proponer nuevas formas de entender el proceso de crianza y la situacion de la infancia en barrios marginales. Sugieren que la antropologia interpretativa inspirada en ideas geertzianas y los "circulos de cultura" freireanos permitirian a los sectores populares defender una forma diferente de entender la crianza y la infancia, para modificar las actuales politicas publicas en salud.

Patricio Bruno Besana pone la etnografia a actuar tambien en los barrios populares de Buenos Aires, para demostrar que existen comportamientos politicos de los sectores populares que no pueden ser captados por los metodos estadisticos de investigacion. Sugiere a la ciencia politica abrir las puertas a la etnografia, complementarla con otros metodos y alimentarla de teoria fundamentada. Esta estrategia permite al autor identificar personas que actuan como mediadores entre sus comunidades y el Estado. Al hacer eso, crea nuevos mecanismos politicos que permanecerian desconocidos a la ciencia politica sin el uso de la etnografia.

Antonia Olmos, Ariana Cota, Aurora Alvarez y Luca Sebastiani acompanan y luchan en Stop Desahucios 15M Granada, un movimiento social por el derecho a la vivienda; proponen descolonizar la etnografia implementando "nuevas formas de hacer-habitar" la investigacion con el fin de "descolonizarla". Lo hacen mediante la "activacion" de "dispositivos de escucha": grupos de debate y un proyecto transmedia (que podriamos caracterizar como una estrategia de "presencia en las redes sociales"). El articulo oscila entre la efusiva incorporacion del lenguaje decolonial con las citas academicas requeridas y la duda acerca de la naturaleza colonial de las intervenciones de los investigadores en el movimiento del cual hacen parte.

Pablo Hermansen Ulibarri y Roberto Fernandez Droguett aprovechan tambien el escenario urbano para pensar el lugar de la investigacion etnografica en las luchas populares por el espacio publico: las calles, plazas y parques de la ciudad de Santiago de Chile. Sugieren que las movilizaciones publicas por la defensa del espacio publico requieren ser vistas para ser efectivas. Por ello, acuden a lo que llaman "Foto-etnografia". Afirman que su condicion de aliados o miembros del movimiento social les permite utilizar la fotografia como instrumento para visibilizar las luchas por el espacio publico.

Ceballos, en cambio, elige un escenario rural e indigena para reivindicar las luchas populares. En un estudio sobre la experiencia de la comunidad de Jenoy (Narino, Colombia), cuyos miembros luchan por ser reconocidos como indigenas por un gobierno que los acusa de impostores, afirma que la disputa por el territorio esta en una historia literaria. Segun Ceballos, la memoria oral es una forma de "etnoliteratura" que permitio la reconstruccion de la historia de la comunidad y el renacimiento de su conciencia de ser indigenas. Etnografia, literatura y memoria se entrelazan para convertirse aqui en un instrumento de lucha por el reconocimiento de los derechos territoriales de un pueblo indigena invisibilizado.

Tambien en un escenario indigena, Giovanna Micarelli reflexiona sobre el trabajo entre antropologos y pueblos indigenas. Recoge la experiencia de trabajos de investigacion entre quienes ella (y otros autores) llama "Gente de Centro" y propone, mas que una nueva estrategia etnografica, una serie de desafios a la investigacion social. Es posible decir que Micarelli sugiere algo mas que una investigacion colaborativa. Su texto supone que existe un metodo de investigacion indigena diferente a la etnografia; que en ese metodo no basta hablar con personas oprimidas, sino que es necesario hablar con quienes no son considerados gente por los investigadores academicos. Supone que no basta dar por hecho que el llamado "dialogo de saberes" ocurrira por la mera disposicion de los y las investigadoras, si ellos y ellas no logran "descentrar" su forma de entender el mundo.

En resumen, tenemos varias rupturas o creaciones metodologicas: devolver el conocimiento para fortalecer las luchas, hacer talleres epistemico-corporales para dar voz a las emociones y quebrar la neutralidad, explorar el cuerpo y las emociones para fortalecer las acciones micropoliticas, construir nuevas formas de crianza combinando educacion popular y teorias hermeneuticas, llevar la etnografia a la ciencia politica para desafiar sus metodos convencionales, hacer foto-etnografia para dar fuerza a las luchas por el espacio publico, revivir la memoria por medio de la etnografia y la literatura para fortalecer las luchas territoriales indigenas y, lo que tal vez sea mas dificil, aprender a hablar con seres que no son gente ni animales junto con la Gente de Centro.

Insistimos en que las relaciones de poder no pueden cambiar en el texto, no importa que tan bien intencionadas sean las lineas escritas. Las relaciones de poder solo pueden cambiar en el trabajo de campo y, para que cambien, hay que crear nuevas relaciones, como en algun momento afirmo el antropologo colombiano Luis Guillermo Vasco (2002).

Estos textos traen un panorama amplio de posibilidades para cambiar las relaciones de poder en la investigacion social. Sera imposible que un solo lector o lectora ponga a prueba todas estas nuevas propuestas, pero vuestro desafio sera poner a prueba al menos una de ellas o, si las condiciones lo permiten, tantas como sea posible. Si dan resultado, estaremos mas cerca de descolonizarnos junto con personas que, de forma generosa, compartieron sus vidas con nosotros mientras quisimos aprender con ellos.

Referencias

Geertz, C. (1972/1987). Descripcion densa: hacia una teoria interpretativa de la cultura. En La interpretacion de las culturas (Trad. A. L. Bixio) (pp. 17-40). Barcelona: Gedisa.

Guber, R. (2001). La etnografia. Metodo, campo y reflexividad. Bogota: Grupo Editorial Norma.

Restrepo, E. (2016). Etnografia: alcances, tecnicas y eticas. Bogota: Facultad de Ciencias Sociales, Pontificia Universidad Javeriana--Envion.

Vasco, L. G. (2002). Vivir y escribir en antropologia. En L. G. Vasco Uribe, Entre selva y paramo, viviendo y pensando la lucha india (pp. 445-452). Bogota: ICANH.

Mauricio Caviedes Pinilla (1)

Pontificia Universidad Javeriana, Colombia mcaviedes@javeriana.edu.co

Luis Alberto Suarez Guava (2)

Universidad de Caldas, Colombia luis.suarezg@ucaMas.edu.co

(1) Doctor en Historia y Magister en Antropologia Social, Universidad Nacional de Colombia. Profesor Asociado, Departamento de Antropologia, Facultad de Ciencias Sociales, Pontificia Universidad Javeriana.

(2) Antropologo y Magister en Antropologia, Universidad Nacional de Colombia. Docente, Universidad de Caldas.
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Author:Caviedes Pinilla, Mauricio; Suarez Guava, Luis Alberto
Publication:Revista Universitas Humanistica
Date:Jul 1, 2018
Words:3549
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