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Esa mano.

Cuantos de ustedes pueden decir que Borges les dio la mano? Yo si puedo. Me estrecho -manera de decir- la mano; no muchas veces, en realidad apenas tres, creo.

Recuerdo bien la primera. Fue una tarde de 1950, despues de una conferencia de las que el daba semanalmente en el primer piso de la Sociedad Cientifica Argentina, en la calle Santa Fe, como parte de las actividades del Colegio Libre de Estudios Superiores, compuesto por intelectuales centrifugados de la ensenanza oficial por el gobierno de la epoca.

En la planta baja habia una salita en la que los conferencistas colgaban sus abrigos, repasaban sus apuntes o charlaban un momento entre ellos. Esa tarde, con Miguel Murmis, nos presentamos ahi a Borges en procura de datos sobre el ultraismo, tema que habiamos elegido para una monografia vagamente universitaria.

Quien mejor que el para informarnos? No era acaso el poeta que habia traido el Ultra desde Espana? No se habia destacado, un par de decadas antes, entre los jovenes que, casi como militantes politicos, pegaban versos a las paredes de Buenos Aires?

Para nuestra sorpresa, Borges se mostro mas bien ajeno al tema, como lejano, olvidado, y nos recomendo que hablaramos con Arturo Cuadrado, o bien Gonzalez Lanuza, o aun Guillermo de Torre, el marido de Norah, con el que por entonces se llevaba aceptablemente bien. ("Ahora el no me puede oir y yo no lo puedo ver", explicaba aludiendo a la sordera de su cunado y a su propia perdida de vision, ya considerable).

De pronto, cambiando de tono, dijo que su padre, forge Guillermo, ajeno al Ultra, si habia escrito versos realmente buenos. Se puso de pie y, sin mas, recito una estrofa. -Lindo, no?-, afirmo mas que pregunto, emocionado. Despues nos tendio la mano y marcho a la confiteria vecina, el Fenix, donde mas de una vez lo habiamos espiado mientras volcaba una cantidad inusitada de azucar en su cafe con leche.

Quedamos sorprendidos, claro, por la distancia que Borges habia marcado con el ultraismo. Pero lo primero que nos comentamos no fue eso: fue la sensacion que a cada uno de nosotros habia dejado su apreton (en realidad, su no-apreton) de mano, una sensacion que en anos siguientes me fue referida por otros (y otras) que la experimentaron en forma similar.

Esa mano habia escrito las lineas mas espectaculares de la literatura argentina ("tal vez del mundo", me corregia Juan R. Wilcock, el entonces joven poeta que conocimos alli en el Colegio Libre y que tanto admiramos). Las habia escrito con letra de tamano comun, o "de insecto", a menudo imitando la de imprenta, pero nunca a maquina.

Y de pronto esa misma mano habia sido un trozo de carne depositado en la de cada uno de nosotros, como una limosna despectiva.

Hoy, tantos anos despues y habiendo estrechado muchas manos de distintas nacionalidades, manos fuertes o manos fofas, conjeturo que la de Borges no era como ninguna de ellas.

A proposito de carnes, va una suposicion fundada: la prostituta a la que el Padre confio en Ginebra el debut sexual de Georgie no atendia ni en Place Dubourg ni en Place Dufour, como aventuran el Borges anciano y su yo joven en "El otro", y como no corrige ni Rodriguez Monegal ni otros biografos, sino en la calle de Place du Bourg-de-Four, donde antiguamente se juntaba el ganado con fines comerciales y funciono un mercado muy concurrido. Fue alli donde se produjo el famoso fiasco de Georgie adolescente.

En cuanto al nombre de la profesional ginebrina, nadie lo registro. Pasa innominada por las biografias, como pasa innominada la calle de Buenos Aires en la que Borges, poco despues de su retorno de Europa, ve un local que le repugna: "Mas vil que un lupanar / la carniceria rubrica como una afrenta la calle" (OC 1: 31).

Por un rio barroso el joven poeta habia vuelto a su ciudad natal. Se predisponia a sentir por ella un autentico Fervor. Salio de la biblioteca paterna y se echo a caminar los barrios y los suburbios. Pero en la calle menos pensada se encontraba con locales nauseabundos, inmunes a la transfiguracion poetica, por obstinada que esta fuera. La carniceria no era una excepcion; era una sinecdoque del pais reencontrado.

Es curioso: tambien algunos extranjeros practicantes del turismo cultural se convencen de que Borges amo Buenos Aires. Dan vueltas por la manzana (the apple?, la pomme?, preguntan) de Guatemala, Paraguay, Gurruchaga y Serrano, ahora J. L. Borges). Y hasta, se dice, un viajero anduvo tratando de visitar la casa de la calle Garay en la que el escritor situo ese extrano objeto esferico que contenia el universo en el que estaba incluida la traicion de una mujer de violenta cabellera.

Se pretende ignorar que Borges prefirio Ginebra a la ciudad de su nacimiento, de la mayor parte de su vida, y de su espanto.

Ginebra, tan hermosa, tan limpia, tan civilizada. La vista de los Alpes nevados, el Rodano, la isla J. J. Rousseau, la casa de Voltaire exiliado. Como no la preferirla a una ciudad en la que desvergonzadas carnicerias hacian desfallecer cualquier apetito, una ciudad en la que poco tiempo antes varones pendencieros ponian sus punales al servicio de caudillos inescrupulosos? Para peor, en el 45 unas manifestaciones sudorosas encabezadas por los obreros de la carne, los de los frigorificos de Berisso, llegaron a la Plaza de Mayo para exigir la liberacion de su lider encarcelado, que seria luego presidente del pais por muchos anos.

Tres idiomas, tres gentes vivian armoniosamente en Suiza. En la Argentina, en cambio, hombres de baja estofa mataban a los pocos espiritus ilustrados. Imposible esquivar el destino sudamericano. En una provincia del norte, un cuchillo atraviesa la garganta del antepasado Laprida, hombre de derecho. En "El Sur", el protagonista, convaleciente, muere apunalado en un duelo absurdo. Siempre el cuchillo carnicero, junto a una "esquina rosada", o en Barranca Yaco, o donde una rina solo pudiera terminar con la muerte de uno de los rivales.

En otras latitudes se mataba mas educadamente, por ejemplo a balazos, o bien con espadas que a menudo tenian nombre: Durandal, Excalibur, Tizona, para no mencionar japonesas.

Borges, desilusionado por la gente de su pais de origen, pronto advierte que "la hombria argentina reside meramente en el ejercicio sexual y en la incesante articulacion de malas palabras" (Textos recobrados 2:341).

Despues, odio a Peron y a esas muchedumbres que lo vivaban. Para el escritor, todas las masas eran detestables. (Con una excepcion: la que manifesto en la elegante Plaza Francia festejando la liberacion de Paris.)

Mientras tanto, era ignorado por el gran publico y criticado por los jovenes intelectuales que, para cambiar de opinion sobre su escritura, tuvieron que esperar a que Les Temps Modernes se interesara por ella, o aun a que se le discerniera el premio Formentor ex aequo con Samuel Beckett.

Pese a todo, los paseos por la ciudad no se interrumpieron; pasaron, eso si, de los barrios al centro, ya con baston y compania. En vano: finalmente Buenos Aires resultaba el teatro de sus "tristezas y humillaciones".

Ya anciano, el amor que lo animaba lo alejo de muchos amigos.

El 28 de noviembre de 1985 emprende viaje a Europa, con Maria Kodama. Va a pasar la Navidad en Italia, le dice a Bioy, y luego a morir en Ginebra.

"De todas las ciudades del planeta, de las diversas e intimas patrias que un hombre ha buscado y merecido en el decurso de los viajes, Ginebra me parece la mas propicia a la felicidad. Se que volvere siempre a Ginebra, quiza despues de la muerte del cuerpo", habia escrito en Atlas (41).

En la ciudad junto al Rodano vivia aun Simon Jichlinsld y la viuda de su otro gran camarada de juventud, tambien el judio, Maurice Abramowicz, a quien habia dedicado unos versos sobre la muerte, no exentos de presentimientos.

Por cierto, Borges no comprendio, y menos aun compartio, el antisemitismo que encontraba en la Argentina a su retorno de Europa. En 1933 escribe "Yo, judio", una replica a los nacionalistas locales que denunciaban su pertenencia al judaismo. Le hubiera gustado tener ancestros judios, sostiene, pero habia estudiado su arbol genealogico sin encontrar nada que le permitiera suponer una gota de sangre judia. Sea como fuere, sus investigaciones lo hicieron llegar al Portugal. Escribio mas tarde:
Nada o muy poco se de mis mayores
portugueses, los Borges: vaga gente
que prosigue en mi carne, oscuramente,
sus habitos, rigores y temores. (OC 2:209)


(Sin objetar los resultados de su busqueda, diria que en Google aparece el apellido Borges entre los nombres judios. Tambien figuran Laprida y Acevedo, por ejemplo. Y que, en la epoca colonial, decir "portugues" en Brasil o el Rio de la Plata equivalia a decir judio, converso o no, o medio, o un cuarto, un octavo, un dieciseisavo judio.)

Y Frances Haslam, la abuela inglesa, como llega a estas tierras? Era, al igual que su hermana mayor, Caroline, descendiente de una familia de pastores metodistas y de escritores britanicos.

Caroline se habia casado con un comerciante judio de Livorno, mencionado por Borges como Jorge Suarez (si, Suarez como el antepasado vencedor de Junin). Se puede suponer que Giorgio Graziadio Suares era descendiente de una familia judia expulsada de Espana en 1492 y de Portugal en 1497. En algun momento, luego de inciertas residencias, Giorgio se habia establecido en Livorno, la ciudad portuaria que los Medicis convirtieron en vibrante centro de comercio y de cultura. Desde Livorno Giorgio solia emprender viajes en busca de negocios. En Inglaterra, tal vez no encontro ninguno, pero si a Caroline, la mujer de su vida. Y se caso con ella.

Poco despues del casamiento, la pareja vino a la Argentina. En Buenos Aires, el emprendedor Suares puso en circulacion los primeros tranvias a caballo. Fue un exito, seguido por otros. Caroline y Giorgio, contentos de la vida portena y de la marcha de los negocios, no tardaron en invitar a Fanny a reunirseles. No fue necesario insistir. La hermanita hizo sus valijas y llego al puerto de Buenos Aires en 1869. Un ano mas tarde, conocio al coronel Francisco Borges, de quien se enamoro, y con quien se caso.

( Y si los caballitos criollos se hubieran negado a tirar de los "tranguays" y el sefardita hubiera vuelto a Europa con mujer y cunada? Nuestra literatura no tendria laberintos, ni metaforas del insomnio, ni tigres, ni copulation and mirrors!)

Entre las familias judias expulsadas de Espana y luego de Portugal, por cierto, no todas viajaron hacia el Sud. Muchas desembarcaron en la prospera y tolerante Amsterdam. Conocida fue una familia proveniente del Portugal, al que habian llegado desde Burgos, una localidad espanola (cuyo nombre coincide en sus consonantes, o sea en lo fundamental de varios alfabetos a la hora de escribir, con el nombre Borges). A esa familia le nacio en la nueva patria una nina -Rebeca- y luego un varon, un morenito muy prometedor.

El chico fue buen estudiante, mas grande atendio con eficacia los negocios del padre durante un par de anos, pero de pronto todo se estropeo. Benito tenia ideas raras y andaba diciendo que Dios no era mas que otro nombre de la naturaleza. En una calle oscura, un muchacho lo quiso apunalar, segun se dice, para castigar la herejia. Los rabinos -ellos lo llamaban Baruch- lo maldijeron, lo excomulgaron y prohibieron a los fieles tener comunicacion alguna con el. No mas sinagoga, ni amigos. No mas comercio de especias, no mas Bolsa, esa Bolsa en la cual se habia sentado por las tardes, durante dos anos, para operar en futuros de mercaderias exoticas.

Expulsado de la comunidad, el muchacho, para ganarse el sustento, y por interes cientifico, se dedico a pulir lentes que permitieran ver mejor y mas lejos. Mientras tanto, exponia sus ideas a algunos seguidores, reunidos en una suerte de colegio libre invisible, invisibilidad que el maestro casi pierde anos despues, al ser amenazada la libertad en los Paises Bajos por los Orange. En ese momento hubo que impedirle pegar en las paredes de la ciudad unos carteles que habia confeccionado para protestar contra las fuerzas autoritarias que tomaban el poder asesinando a los liberales hermanos de Witt. Ultimi barbarorum, acusaban los afiches, por cierto, no muy ultraistas.

Cuando Borges para "escribir" tuvo que sustituir la voz a su mano, cuando la ceguera le impidio llegar al papel con su estilografica, aludio a la ironia de los dioses, esos ultimi barbarorum del siglo.

Menos estoicamente, en un simposio realizado en 1976 en la Universidad de Maine, preguntado por cual era su opinion sobre cierta antologia de jovenes poetas, Borges contesto: "Think of me as posthumous. I died twenty some years ago. I am a mere ghost. 1 am Hamlet's father, in a sense." (Piensenme como postumo. Yo mori hace veintitantos anos. Soy un mero fantasma. Soy el padre de Hamlet, en un sentido.)

Pero esa mano que Borges deposito en las nuestras aquella tarde no era la de un fantasma. En cuanto a apretar, solo apretaba la lapicera. A la gente, simplemente se le daba por un instante.

Era, en fin, como "[l]as traslucidas manos del judio" de Amsterdam, el que leia el Quijote en espanol, pero que escribio su Etica al modo de los geometras. Y, como aquellas manos, la de Borges inscribio en el papel lineas rigurosas detras de las cuales se adivinaban las emociones mas hondas, el fuego ardiendo bajo el algebra.

Marcelo N. Abadi

Buenos Aires

OBRAS CITADAS

Abadi, Marcelo N. "Spinoza in Borges' Looking Glass". Studia Spinozana 5, (1989): 29-42.

Balderston, Daniel. How Borges Wrote. Charlottesville: U of Virginia P. 2018.

Borges, Jorge Luis. "Carniceria". Fervor de Buenos Aires. Obras completas. Vol. I. Barcelona: Emece. 1996.31.

--. "Los Borges". El hacedor. Obras completas. Vol. II. Barcelona: Emece. 1996. 209.

Borges, Jorge Luis 8c Maria Kodama. "Ginebra". Atlas. Barcelona: Lumen. 1999.41.

Cortinez, Carlos ed. Simply a Man of Letters. Orono: Maine, 1982.

Hadis, Martin. Literatos y excentricos, Los ancestros ingleses de orge Luis Borges. Buenos Aires: Sudamericana. 2006.
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Author:Abadi, Marcelo
Publication:Variaciones Borges
Date:Jan 1, 2019
Words:2341
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