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Entierros y ofrendas: practicas mortuorias, agricolas y culinarias en los siglos XIII y XIV en Tinogasta (Catamarca, Argentina).

2014. Burials and offerings: mortuary, agricultural and culinary practices in the XIH and XIV centuries in Tinogasta (Catamarca, Argentina)

INTRODUCCION

En este trabajo presentamos el analisis de los macrorrestos vegetales asociados a distintos tipos de inhumaciones del oeste de Tinogasta (provincia de Catamarca, Argentina) que fueron producto tanto de re-intervenciones de tumbas (sitio Las Champas) como tambien de intervenciones realizadas en el marco de la ejecucion de planes de manejo arqueologicos por la ejecucion de obras de infraestructura (sitio Bebe de La Troya). Nuestro objetivo es caracterizar las practicas sociales vinculadas al deposito de restos de plantas como acompanamiento funerario y las implicancias que esto tuvo para las sociedades tardias catamarquenas. En relacion a este objetivo, la metodologia de analisis aplicada procura, no solo la identificacion taxonomica de los restos, sino tambien la deteccion de marcas diagnosticas de procesamiento culinario en los mismos.

Antecedentes arqueologicos

La busqueda intencional de entierros y cementerios de poblaciones prehispanicas fue una practica que en gran parte acompano el desarrollo de la arqueologia argentina. Particularmente en la provincia de Catamarca, esta busqueda fue realizada en el marco de investigaciones avaladas por el ambito cientifico-academico del siglo XIX y comienzos del XX, como tambien por ordenes religiosas seculares y regulares. Las primeras conformaron, en gran parte, importantes colecciones depositadas actualmente en los museos de la Universidad Nacional de La Plata y Etnografico Juan B. Ambrosetti de la Universidad de Buenos Aires, y cuentan, parcial o totalmente, con datos de procedencia que permiten su estudio y contextualizacion (Balesta & Zagorodny, 2000; Palamarczuk, 2011; entre otros).

En el area de estudio fueron mas frecuentes las segundas, que provienen de intervenciones asistematicas y sin apoyo de documentacion, realizadas por clerigos a mediados del siglo XX. Esto dio como resultado la confeccion de colecciones que se encuentran depositadas en museos nacionales radicados en las provincias donde actuaron esas ordenes, como por ejemplo las colecciones del Museo Jesus Maria (Cordoba) e Incahuasi (La Rioja) que provienen de la excavacion de cementerios en las areas de Medanito y Guanchin (Depto. Tinogasta, Catamarca), respectivamente; mientras que no se tiene conocimiento del destino de las piezas sustraidas de otras colecciones, tales como las del cura Arch (Ratto, 2013). A estas practicas, se suma el accionar de pobladores locales que en muchos casos generaron colecciones particulares conformadas por gran cantidad de piezas ceramicas que mayormente no cuentan con ningun tipo de registro para dar cuenta de la conformacion espacial de los elementos que conforman el entierro. Estas excavaciones clandestinas tienen como objetivo extraer las piezas del contexto funerario, dejando "in situ" los restos de los cuerpos enterrados y otro tipo de evidencia, tales como los macrorrestos vegetales.

El Proyecto Arqueologico Chaschuil-Abaucan (PACh-A) privilegio el registro y la documentacion de las colecciones que surgieron como producto de intervenciones asistematicas en entierros, llevadas a cabo por pobladores locales, especificamente los Sres. Mario Quintar (Palo Blanco) y Juan Bayon (Guanchin) provenientes de los sitios Finca Justo Pereyra y Las Champas respectivamente. Los resultados han sido reportados en distintos trabajos de investigacion, dando cuenta del analisis de las piezas ceramicas (Ratto et al., 2007; Feely, 2010; Basile, 2011; entre otros), asi como tambien de los resultados de prospecciones no invasivas arqueo-geofisicas (Osella et al., 2009). Asimismo, se dio prioridad a la re-intervencion de las tumbas sujetas a excavaciones no sistematicas para recuperar los restos dejados "in situ" y proceder a su analisis especifico, incluyendo dataciones.

Ademas de los casos antes mencionados, los estudios de impacto arqueologico de obras de infraestructura constituyen otra fuente de recuperacion de contextos funerarios. Estos pueden ser intervenidos sistematicamente cuando se realizan en el marco del desarrollo de adecuados y eficientes planes de manejo (Ratto, 2010, 2013).

Con respecto a la conformacion de las colecciones provenientes del sector oeste de Tinogasta, una fue producto de la intervencion de un poblador local (Las Champas) y la otra de estudios de impacto arqueologico (Bebe de La Troya) (Fig. 1). En el caso de los restos oseos de Las Champas, el analisis bioantropologico permitio generar tendencias sobre las caracteristicas de sexo y edad, dieta, paleo-patologias, "stress" metabolicos y funcional para las poblaciones del pasado (Aranda et al., 2011; Ratto et al., 2011). Sin embargo, el abundante registro de macrorrestos vegetales no fue sujeto a estudios intensivos.

[FIGURA 1 OMITIR]

El estudio de impacto en Bebe de La Troya genero, en cambio, un contexto en asociacion compuesto por distintos tipos de materialidades; no obstante, solo se analizaron en profundidad las piezas ceramicas, la cesteria (Ratto et al., 2007) y los restos oseos y su cronologia (Aranda et al., 2011; Ratto et al., 2011). Los macrorrestos vegetales tuvieron un tratamiento solo preliminar (Ratto et al., 2010b).

Por ultimo, a los fines de este trabajo, es importante mencionar los canchones de cultivo de Guanchincito (1756 m s.m.) (Fig. 1) que se localizan 3 km al sudeste de Las Champas sobre la margen izquierda del rio Guanchin (Ratto et al., 2010a; Orgaz & Ratto, 2013). Los autores antes citados estiman que el area agricola abarco aproximadamente 60 ha. Las particularidades de este area agricola son: la presencia de bloques grabados con representaciones de momentos pre-tardios y tardios (Ratto et al., 2000-2002; Basile & Ratto, 2011) y la presencia en su interior de tumbas en camara de forma circular (cistas), con un fechado que las ubica entre los anos 1303-1330 de la era.

Antecedentes arqueobotanicos

Si bien el analisis de restos de plantas en contextos funerarios ha evidenciado su potencial para dar cuenta de practicas culturales especificas vinculadas a la muerte (Palmer & Van der Veen, 2002), en Argentina la tendencia general se limito a la identificacion taxonomica de los restos vegetales con algunas escasas excepciones.

En lineas generales, se destaca la presencia de macrorrestos en contextos funerarios del Noroeste argentino (NOA) y de la region Centro Oeste (COA). Esto abarca tanto restos vegetales hallados dentro de contenedores (cestos, bolsas, frutos de cucurbitaceas, entre otros) como acompanamiento del difunto, al igual que aquellos depositados directamente junto al cuerpo. Estos hallazgos son de interes, puesto que evidencian el deposito deliberado de vegetales (Palmer & Van der Veen, 2002). Al respecto, en anos recientes se ha visto que los macrorrestos (Capparelli, 2008; Lopez et al., 2011, 2012), al igual que los microrrestos (Babot, 2007; Babot, 2009; Lema et al., 2012b; Lantos, 2013), pueden o no tener evidencias de procesamiento. Es asi que se fortalece el estudio de la alimentacion, vinculado a la reconstruccion de tecnicas de procesamiento y a las cadenas operativas donde se insertan.

Los frutos y endocarpos de Prosopis sp. con marcas de procesamiento en sitios del NOA han sido interpretados como restos de comidas y bebidas posiblemente compartidas entre deudos y difunto, llevando a una reconsideracion de la categoria "residuo de alimentacion" (Capparelli & Lema, 2011; Lema et al., 2012a). En cambio, en el caso presentado por Babot et al. (2009) para PP9 (Catamarca), endocarpos de Geoffroea decorticans (Gillies ex Hook. & Arn.) Burkart y trozos lenosos discoidales de Sisymbrium sp. fueron procesados para confeccionar cuentas de collar que se dispusieron junto a los difuntos. Los depositos intencionales de gran numero de semillas o granos junto al cuerpo estan tambien presentes en sitios del COA y NOA (vease Babot et al., 2009; Capparelli et al., 2013; Lema, Sine data) donde se encontraron macrorrestos sin evidencias de procesamiento, tanto dentro de contenedores como sin ellos. Estos representan restos de frutos y simientes ya que se trata de granos de Chenopodium quinoa Willd var. quinoa y var. melanospermum Hunz., semillas de Phaseolus vulgaris L. var. vulgaris, frutos y semillas de Capsicum L. aff. baccatum, frutos de Prosopis alba Griseb. y P nigra (Griseb.) Hieron., frutos de Geoffroea decorticans y marlos de Zea mays L.

Otra linea de analisis de los contextos funerarios aborda el analisis quimico y de microrrestos. En el primer caso se destacan los estudios de Amuedo (2010, 2012) quien llevo a cabo analisis de acidos grasos en urnas funerarias del Valle Calchaqui norte, para reconstruir la historia de uso de los recipientes ceramicos empleados en el entierro de ninos. Sus resultados permitieron interpretar el uso preterito de las vasijas funerarias para la coccion de alimentos y/o para almacenamiento, tanto en el caso de piezas toscas como decoradas (Amuedo, 2012). Esta practica tambien se registro para finales del siglo VII, en el sitio Punta Colorada (oeste del Depto. Tinogasta, Catamarca), donde Sempe (1976) recupero un entierro de parvulo en una urna ordinaria con abundante hollin en su cara externa y acompanado de otra olla, tambien ordinaria y con rastros de uso, que contenia ofrendas de macrorrestos vegetales [Cucurbita maxima Duchesne, Lagenaria siceraria (Molina) Standl., vaina de Prosopis sp., Geoffroea decorticans y marlos de maiz de las variedades capia y pisingallo (Lia et al., 2007)]. Estos estudios permiten estimar que la coccion, el almacenamiento y la funebria fueron distintos contextos de uso de los contenedores ceramicos a lo largo del lapso en el que fueron utilizados y que su presencia se encuentra en diversos momentos y areas del NOA. Urnas funerarias de infantes -y vasijas usadas como almacenes- comparten su disposicion espacial: dentro de recintos, cerca de paredes y con sus bocas emergiendo de la superficie del suelo, lo cual dio probablemente un marcado dinamismo al ambito de deposicion del cuerpo inhumado, siendo posiblemente intervenido a lo largo del tiempo (Amuedo 2010, 2012). Esto ultimo es de destacar ya que no permite pensar a los muertos o sus lugares de entierro (tumbas, vasijas, etc.) como entidades o materialidades inactivas (Babot, et al. 2009), por el contrario, en los Andes es mas frecuente su presencia activa, su potencialidad y capacidad de incidir -positivamente o no- en el devenir de los vivos. Esto permite considerar que no todos los elementos de un deposito funerario han de ser necesariamente contemporaneos entre si, ni que los restos de los difuntos estan exclusivamente en lo que para la arqueologia se considera y se clasifica como tumbas. En este sentido, se destacan casos de manipulacion de cuerpos de humanos y de animales y/o de coccion/consumo de alimentos en contextos de entierro en el NOA (Babot et al., 2009; Gastaldi, 2013).

Sobre la base de los trabajos citados podemos decir que la comida y las practicas mortuorias se encuentran relacionadas entre si, sin embargo, es posible analizar distintos aspectos: los depositos deliberados que los deudos realizan (Lema et al., 2012a), la ultima cena del difunto (Paredes & Aspillaga, 1984; Palmer & Van der Veen, 2002) y la trayectoria culinaria que tuvieron los objetos antes de formar parte del contexto de entierro (Gastaldi, 2009; Amuedo, 2010; Lema et al., 2012b). En este trabajo nos centramos en este ultimo aspecto. Para ello, entendemos a los sistemas de alimentacion y culinarios como medios de comunicacion, con un sistema de signos y categorias propios, con un rol en la creacion, caracterizacion, definicion y/o promocion de relaciones sociales, al igual que en contextos de celebracion, ofrendas y rituales (Wetterstrom, 1978; Palmer & Van der Veen, 2002; Van der Veen, 2003; Van der Veen et al., 2010). Es por ello que la alimentacion constituye un hecho social que va mas alla del acto de nutrirse y sus practicas asociadas son instancias constitutivas de los sujetos y de los grupos (Marschoff, 2005-2006; Pazzarelli, 2012). Procurando ir de las especies a los procesamientos y de estos a sus combinatorias en comidas (Babot et al., 2012, Capparelli et al., 2013) analizamos en este trabajo los restos arqueobotanicos de los contextos funerarios de dos sitios arqueologicos tardios de Tinogasta.

MATERIALES Y METODOS

Sitios de procedencia de las muestras

Las Champas. La zona de Las Champas es un barreal situado a 27[grados] 36' 39.4" S y 67[grados] 43' 34.0" W, a una altitud de 1862 m s.m. (Fig. 1). El entierro de Las Champas fue re-intervenido debido a la sustraccion de piezas ceramicas que conforman la coleccion del poblador local Juan Bayon (algunas piezas fueron vendidas). El equipo del PACh-A realizo el inventario de esta coleccion particular segun las normas de la Ley Nacional 25743. El Sr. Bayon senalo el lugar donde habia realizado las excavaciones de varios entierros, permitiendo afirmar que se trata de tumbas en cistas de rocas con techo en falsa boveda. A traves de la informacion brindada por el poblador, no fue posible rearmar los contextos; sin embargo, afirmo que solo extrajo los objetos que se encontraban dentro de las tumbas, dejando "in situ" los restos oseos enterrados.

En superficie se observaron numerosos pozos producto de la apertura destructiva de las tumbas en cista. La re-intervencion se realizo en un lugar que habia sido excavado por el poblador, al borde de la barranca actual del cauce temporario del rio Las Champas (Fig. 2). Luego de la primera limpieza, se observaron huesos humanos parcialmente meteorizados mientras que, al profundizar la excavacion, el conjunto presento mayor integridad en asociacion con abundantes restos vegetales. Estos ultimos posiblemente correspondan al vuelco del sedimento interior de las piezas extraidas por el poblador. Ademas se recupero un artefacto manufacturado sobre calabaza con adhesion de gramineas (Fig. 3). El estudio bioarqueologico determino que se trataba de un individuo adulto (30-40 anos) de sexo masculino que presentaba patologias funcionales (artrosis y fractura). Dos fechados radiocarbonicos ubican al entierro alrededor del ano 1400 de nuestra era (Aranda et al., 2011; Ratto et al., 2011).

Bebe de La Troya. El area es un barreal localizado 3 km al sur de la interseccion del rio La Troya con la ruta nacional 60. El sitio se localiza en el sector este de esa ruta (27[grados] 54' 42,5" S y 67[grados] 39' 54,3" W) a 1395 m de altitud, en el limite entre el area afectada por el aporte lateral y el terreno no modificado, sobre la banquina de la ruta (Fig.1). El hallazgo e intervencion se realizo en el marco de un estudio de impacto arqueologico en la etapa de construccion de una obra vial. Este consistio en el entierro de un parvulo (1-2 anos de edad) dentro de una urna. Ademas del contenedor ceramico y la pieza que funcionaba como tapa, otros materiales rodeaban, a modo de ajuar o acompanamien to, los restos del parvulo: tres pucos y una umita con estilos decorativos Belen (Fig. 4), fragmentos de cesteria y de collar de valvas continentales; el conjunto funerario estuvo sometido a la accion del agua, pero se presentaba integro debido a que la base del contenedor estaba fracturada permitiendo el escurrimiento (Ratto et al., 2007; Ratto, 2010, entre otros). Durante la intervencion se recupero gran cantidad de macrorrestos vegetales contenidos dentro de uno de los pucos (pieza No. 4, fig. 4), mientras que otros rodeaban la calota craneana del infante. Esto llevo a pensar que originalmente estaban colocadas dentro de otro puco (pieza No.6, fig. 4), que habria funcionado como tapa de la urnita (pieza No.3, fig. 4). Ambas piezas fueron halladas en posicion horizontal posiblemente debido a los procesos de formacion actuantes. Los macrorrestos vegetales recuperados fueron estudiados de manera preliminar por Ratto et al. (2010b). La inhumacion fue datada entre los anos 1330-1428 AD mediante fechados radiometricos.

[FIGURA 2 OMITIR]

Analisis de las muestras arqueobotanicas

Las Champas. Los macrorrestos recuperados en asociacion con el conjunto oseo, considerando que se encontraban dentro de las piezas ceramicas extraidas, fueron analizados a ojo desnudo y luego con microscopio estereoscopico. El sedimento fue tamizado con malla de 250 pm en laboratorio. Las semillas de Cucurbita fueron medidas con calibre digital y para su identificacion taxonomica se realizaron cortes transversales a un ejemplar que fue luego observado con microscopio optico por incidencia a 200 X y 500 X. Los granos de Chenopodium sp. fueron medidos con calibre manual y observados bajo microscopio estereoscopico con aumento hasta de 60 X y en microscopio optico por incidencia a 100 X, para su identificacion taxonomica.

El artefacto confeccionado con calabaza esta compuesto por distintos elementos dispuestos en capas superpuestas, por lo tanto, para su analisis se procedio a la numeracion correlativa de las capas, desde la que se considero mas externa a la mas interna (Fig. 3). Se definieron distintos sectores, en los que se procedio del siguiente modo:

Sector 1 (especies de la familia Poaceae): se extrajeron cinco muestras de gramineas que fueron decoloradas con hipoclorito de sodio al 50 % durante 15 minutos y observadas con microscopio optico por transparencia a aumentos de 200 X y 500 X.

Sector 2 (sedimento negro): se extrajo una muestra que fue diluida en agua destilada y glicerol al 50 %, montada y luego observada con microscopio optico por transparencia bajo aumentos de 500 X.

Sector 3 (sedimento blanco): recibio el mismo tratamiento que la muestra del sector 2.

Sector 4 (especies de la familia Cucurbitaceae): se extrajo una porcion (1 x 0,5 cm) de pericarpio con hoja de bisturi y se observo con microscopio optico por incidencia a un aumento de 100 X.

[FIGURA 3 OMITIR]

[FIGURA 4 OMITIR]

Para el sedimento recuperado en asociacion con el artefacto de calabaza, se tomaron muestras para analisis de microrrestos previo a su tamizado. Ambas muestras (WP 812v y WP 812w) fueron montadas con aceite de inmersion y observadas con microscopio optico utilizando un aumento de 400 X. El sedimento restante fue tamizado con mallas de 1 mm, 420 [micron]m y 250 pm; se realizaron analisis a ojo desnudo y con microscopio estereoscopico.

Bebe de La Troya. Se analizaron cuatro muestras (No. 143, 186, 187 y 190, Tabla 1). En primer lugar, se realizo una inspeccion a ojo desnudo, luego se tamizo el sedimento con malla de 250 pm y se observo con microscopio estereoscopico. Las semillas de Cucurbita sp. se midieron con calibre digital (25 semillas por cada muestra) y para su identificacion taxonomica se realizaron cortes transversales de un ejemplar, y se observaron con microscopio optico por incidencia a 200 X y 500 X.

Las identificaciones taxonomicas se realizaron considerando caracteres diagnosticos (vease Lema, et al. 2008; Lopez, 2011) y colecciones de referencia. Ambos recursos se emplearon tambien para la identificacion de procesamientos en granos de Chenopodium sp. (Lopez, 2011; Lopez et al., 2012; Capparelli et al., 2013) y semillas de Cucurbita sp. (Wasylikowa & Van der Veen, 2004; Lema, 2011; Capparelli et al., 2013). Las semillas de C. moschata, adquiridas en comercios de la ciudad de Buenos Aires, se hirvieron durante 25 minutos a fin de conocer las modificaciones causadas por esta tecnica culinaria; una vez secas, se observaron con microscopio estereoscopico y en corte transversal con microscopio optico por incidencia a 200 X y 500 X.

RESULTADOS

Sitio Las Champas

En la muestra de macrorrestos asociadas al conjunto oseo se determino la presencia de cinco granos de Chenopodium quinoa. Todos los ejemplares se caracterizan por presentar un diametro menor a 2 mm, margenes biconvexos a truncados-redondeados, pericarpio de color cafe, de textura reticulada-alveolar y episperma negro, de textura suave a reticulada (Fig. 5). Estos rasgos permiten identificarlos, siguiendo la clave taxonomica de Chenopodium L. (Lopez, 2011), como C. quinoa var. melanospermum (ajara). En algunos granos se observa el pericarpio desprendido del episperma o testa, con aspecto de migas (Fig. 5-A), deshecho, caracteristico del procesamiento de limpieza de los granos para extraer la saponina por frotado. Asimismo, se observa la testa arrugada (Fig. 5-B), tal como ocurre en ejemplares que han sido hervidos o remojados por varias horas (Lopez et al., 2012; Capparelli et al., 2013). En un grano se observo la presencia de fibras adheridas (Fig. 5-C), que podrian corresponder a celulas epidermicas largas de semillas del genero Cucurbita L.; otro ejemplar presento una adherencia carbonosa (Fig. 5-D).

Se recuperaron tambien semillas (cuatro enteras y cinco fragmentadas, mas fragmentos pequenos) de Cucurbita aff maxima subsp. maxima Duchesne ex Lam o subsp. moschata (Duchesne ex Lam) Duchesne ex Poir, sin carbonizar, una de las cuales posee fragmentos de pericarpio de C. quinoa var. melanospermum adheridos a su superficie (Fig. 5-G). Otra semilla posee en su superficie una capa de entre 2 y 3 mm de sedimento con inclusiones de fibras vegetales de origen tafonomico (Fig. 5-H). Se hallaron pequenos fragmentos de cubierta seminal de Cucurbita sp. incluidos en una matriz de material no identificado (Fig. 5 E-F) y restos de invertebrados.

[FIGURE 5 OMITTED]

En el caso de restos de semillas del genero Cucurbita, la observacion anatomica de un unico ejemplar confirmo que se trata de C. maxima subsp. maxima (Fig. 6-D). Si bien una determinacion definitiva para distinguir entre esta especie y C. moschata requiere de analisis anatomicos del total de los restos (Lema et al., 2008), inferimos que el conjunto de semillas de Las Champas corresponde a la primera de las especies mencionadas ya que las medidas del total de semillas recuperadas se encuentran dentro del rango de tamano de las semillas de C. maxima subsp. maxima.

No se observaron alteraciones en las semillas hervidas de C. moschata, tanto a ojo desnudo como bajo microscopia con bajos aumentos; se registro una muy buena conservacion de celulas largas de la epidermis en el margen. Esta ausencia de alteraciones fue tambien verificada a nivel anatomico, con una muy buena conservacion de todas las capas que constituyen la testa (Fig. 6 A-B). A mayores aumentos pudo observarse que la epidermis se presenta como una capa uniforme, de aspecto ceroso, lo que dificulta individualizar las celulas que la componen; en algunos casos las celulas de la hipodermis presentan paredes onduladas y en otros las paredes celulares de las esclereidas poseen un aspecto laminado (Fig. 6 A-B). Ninguno de estos rasgos fue observado en el corte transversal de la semilla arqueologica de Cucurbita sp.

En cuanto al artefacto confeccionado con calabaza, el analisis macroscopico indica que la curvatura del macrorresto soporte fracturado es de 13,5 cm de diametro y 3,5 cm de altura. Los resultados de las distintas muestras extraidas de este artefacto se detallan a continuacion:

Sector 1 (especies de la familia Poaceae): se observaron epidermis foliares de gramineas con estomas parasiticos en la zona intercostal con celulas anexas que poseen forma triangular o de domo poco pronunciado (Fig. 7 D-E); cuerpos siliceos con forma de mancuerna ("dumb-bell") y subcuadrangulares o nodulares en zona costal (Fig. 7-B); aguijones en bordes de costillas y margenes de areas intercostales (Fig. 7-C), en esta ultima region proximos a los estomas (presentes solamente en una de las muestras analizadas) (Fig. 7-A). No se observan pelos ni ganchos silicificados en los bordes foliares. Siguiendo a Metcalfe (1960-1982), se determinaron las muestras como pertenecientes a la familia Poaceae, subfamilia Panicoideae.

Sector 2 (sedimento negro): se observaron diferentes minerales, fragmentos pequenos de tejidos vegetales y fibras junto a micro-carbones y sustancias oscuras (Lindskoug, 2013) indicando que se trata de un suelo con contenido organico.

Sector 3 (sedimento blanco): se observaron escasos cuerpos amorfos no organicos.

Sector 4 (familia Cucurbitaceae): siguiendo los caracteres diagnosticos propuestos en Lema (2009) se determino la muestra como pericarpio de Lagenaria siceraria considerando principalmente la presencia de celulas angostas y largas con disposicion heterogenea en el mesocarpio externo (Fig. 8).

En cuanto al analisis de microrrestos del sedimento (WP218v y WP218w), los resultados revelaron la presencia de silicofitolitos de: (i) celulas largas asociadas, (ii) celulas largas y cortas asociadas y (iii) celulas cortas individuales. Los dos primeros grupos de esqueletos silicios o espodogramas no presentaron fitolitos diagnosticos que permitieran su identificacion taxonomica mas especifica que a nivel familia (Poaceae). Las celulas cortas se corresponden con las subfamilias Panicoideae, Chloroideae y Pooideae segun la clasificacion de Twiss et al. (1969) y Twiss (1992). Se identificaron cuerpos silicios con forma oval y circular ornamentados, con apice ondulado y base plana en vista lateral ("wavy top-rondel") afines a maiz (Bozarth, 1993; Piperno, 2006); sin embargo, la mayoria de estos "rondel" poseen medidas mayores a las presentes en las muestras de referencia de dicha especie, por ende solo alegamos la afinidad con Zea mays L. Cabe la posibilidad que se corresponda con alguna variedad de maiz de la que no se posee microrrestos de referencia.

Finalmente, en la muestra de sedimento y vegetales disgregados recuperados en asociacion con el artefacto de calabaza, se identificaron fragmentos de marlo de Zea mays, fragmentos de pericarpio de L. siceraria, restos del conjunto de sectores 1 (gramineas) y 2 (sedimento negro) del artefacto de calabaza, restos de invertebrados, fragmentos de semillas de C. aff. maxima subsp. maxima o moschata, fragmentos de ramas pequenas, dos granos y otros restos organicos afines a C. quinoa var. melanospermum y escasos fragmentos muy pequenos de carbon de leno.

[FIGURE 6 OMITTED]

Sitio Bebe de La Troya

Los resultados se presentan en la Tabla 1, donde tambien se hace referencia a las piezas ceramicas en que fueron recuperadas las muestras analizadas.

Los restos de semillas de Cucurbita fueron identificados como C. maxima subsp. maxima o moschata. La observacion anatomica de un ejemplar (Fig. 6-C) confirmo la primera de las especies mencionadas (Lema et al., 2008). Como en el caso anterior, si bien se requiere el analisis anatomico de todos los ejemplares, posiblemente la mayor parte de las semillas recuperadas en este entierro corresponden a la subespecie maxima, debido a que sus medidas se corresponden con los rangos de largo y ancho de semillas de C. maxima subsp. maxima. El analisis anatomico antes mencionado arrojo, en cambio, un resultado inesperado ya que se registraron rangos de valores metricos de tejidos no observados en los ejemplares de referencia de la subespecie maxima ni de la subespecie andreana, lo cual podria indicar un morfotipo arcaico o bien hibridacion entre ambas subespecies (Lema, 2012), tal como se ha sugerido para contextos formativos (Lema, 2009).

[FIGURA 7 OMITIR]

[FIGURA 8 OMITIR]

Cabe senalar que la mayoria de las 56 semillas de Cucurbita recuperadas se hallan intactas, y los fragmentos presentes son escasos en relacion al numero de semillas enteras. Tambien fue elevado el numero de semillas abiertas por la micropila -sin que se separen totalmente ambas caras de la testa- lo que indicaria la presencia de semillas germinadas. Asimismo, se presentaron ejemplares con adherencias oscuras en la superficie que posiblemente sean restos de la placenta del fruto. No se detectaron marcas vinculadas al consumo de estas semillas tras su tostado (Wasylikowa & Van der Veen, 2004), ni senales que indiquen que las mismas se sometieron a hervido. A fin de confirmar de manera mas fehaciente esto ultimo, se debe aumentar el numero de ejemplares a observar a nivel microscopico.

Varias semillas presentaron restos de arcilla liquida en su superficie, incluso sobre el area oscurecida por accion bacteriana. Se hallaron tambien restos de concreciones de arcilla que parece ser propia de los barreales de la zona. Esto sugiere el ingreso de agua con arcilla en suspension en los contenedores ceramicos. El analisis de los sedimentos incluidos en estos contenedores apunta tambien a la accion de agentes de muy baja energia, indicando depositos de inundacion en zonas de muy baja pendiente. Esto podria explicar la presencia de restos como ramas pequenas y gramineas en los contenedores.

En cuanto a los restos de endocarpo de Prosopis sp., son escasos los que presentan evidencia de procesamiento, indicados por fracturas, fisuras y/o patinas (Capparelli, 2007, 2008). Si bien las condiciones de hallazgo de estos restos descartan que las fracturas y fisuras se deban a pisoteo o agentes fisicos de alto impacto, el total de restos de este taxon no se asemeja a otros conjuntos arqueologicos que resultan del procesamiento de vainas de algarroba (Capparelli & Lema, 2011; Lema et al., 2012a). Asimismo, un numero elevado de restos de endocarpo se hallaron abiertos por su sutura, con las valvas separadas pero aun unidas, un rasgo frecuente en formas hibridas (Capparelli, 2007, 2008). Al no asociarse este ultimo rasgo a otros propios del procesamiento, se considera la posibilidad de que se trate de restos de coprolitos deshechos. Esta posibilidad se sustenta en que las muestras carecen de pericarpio y mesocarpio, no poseen patinas, fracturas y/o fisuras y el endocarpo se halla abierto por su sutura lateral, lo cual es inducido por la zoocoria, que es la forma de dispersion de las especies arboreas del genero Prosopis L. (Capparelli & Lema, 2011). Otra posibilidad es que sean restos de semillas (endocarpo mas semilla en sentido botanico; vease esta etnocategoria en Capparelli, 2007, 2008) colectadas en el campo.

DISCUSION

En este trabajo se observo la presencia de restos vegetales en contextos funerarios como resultado de tres aspectos diferentes: atuendo, restos de comida y simientes.

Dado su contexto en el entierro, y por las caracteristicas formales del mismo, planteamos como hipotesis que el artefacto de calabaza corresponderia a un fragmento de atuendo depositado en la cabeza del individuo enterrado. Los atuendos cefalicos en contextos funerarios son frecuentes en el norte de Chile (Horta, 2000, 2011a, 2011b; Standen, 2003). En el norte de Argentina abundan los cestos, tanto en el NOA (vease Fernandez Distel, 1981) como en COA (vease Lagiglia, 2001), si bien existen casos como los reportados por Lehmann Nitsche (1904) para la Puna de Jujuy, donde los mismos se encuentran fabricados a partir de elementos animales y vegetales diversos. El caso de Las Champas seria uno de los primeros en que se registra el uso de frutos de cucurbitaceas.

Resulta interesante que en los restos de ajara de Las Champas se pudo reconocer el hervido o remojo de los granos, en tanto que en los restos asociados de Cucurbita sp. no se pudo detectar procesamiento alguno. A pesar de ello, considerando que los restos de ajara se hallaban fuertemente adheridos a las semillas de zapallo y que, a su vez, restos de este ultimo aparecen tambien como adherencias en los granos de ajara, resulta plausible que ambos hubiesen formado parte de alguna preparacion culinaria que implicara remojo y/o hervido y que, al desecarse, quedaran unidos. Esto ultimo ocurre con las partes molidas de las vainas de algarrobo tras remojarse y secarse (Capparelli & Lema, 2011). Esto nos lleva a evaluar la visibilidad arqueologica de un mismo tipo de tecnicas (remojo, hervido) de acuerdo con el taxon y organo estudiado. En el caso de los granos de C. quinoa, las diversas tecnicas de procesamiento poseen claros correlatos en los macrorrestos que permiten su identificacion arqueobotanica, como lo muestran los trabajos de Lopez & Capparelli (2010), Lopez (2011), Lopez et al. (2011, 2012) y Lopez & Nielsen (2013). Este no es el caso de frutos (Lema, 2011) y semillas de C. maxima. En las semillas, el hervido genera senales que resultan diagnosticas en tejidos de inusual conservacion en macrorrestos (epidermis) o bien en otros tejidos (hipodermis, esclereidas) donde los rasgos que indican procesamiento no se presentan de manera univoca en las muestras de referencia sometidas a hervido. Si bien estas ultimas muestras de semillas y las arqueologicas corresponden a distintas especies, la similitud estructural de los tejidos que componen la testa avala la extrapolacion de resultados. Lo mismo ocurre con el analisis de rasgos que indican tostado y consumo directo de semillas de la familia de las Cucurbitaceae (como se hizo para Citrullus sp., Wasylikowa & Van der Veen, 2004). Finalmente, podemos afirmar, que la asociacion de especies y organos vegetales con sus distintos potenciales para el reconocimiento de procesamientos pasados, no solo permite el reconocimiento de estos ultimos, sino tambien ciertas combinatorias que sugieren la existencia de antiguas recetas (Babot et al., 2012; Capparelli et al., 2013).

Los restos de Bebe de la Troya, en cambio, no presentan senales de procesamiento, por el contrario, estarian representando restos de semillas e, incluso, de semillas germinadas (es dificil determinar si la germinacion fue previa o posterior a su deposito como acompanamiento funerario). Esto constituye una categoria de significacion muy distinta a la que vemos en los restos de Las Champas: en un entierro el acompanamiento funerario fue comida, en el otro, simientes. En este sentido resultan operativas las reflexiones de Pazzarelli (2012, 2013) en relacion a la comprension de los procesos tecnicos que poseen implicancias que van mas alla de una transformacion culinaria, teniendo significaciones vinculadas a tornar productivos ciertos elementos (en terminos de reproduccion social y de sociabilidad ampliada). De este modo, es posible pensar que, tras la cosecha, un organo vegetal (fruto, raiz, semilla, hoja, etc.) tiene la potencialidad de convertirse en comida en algunos casos, lo cual requiere una serie de transformaciones mediante la aplicacion de un conjunto de tecnicas que hagan del mismo un alimento: sea una comida en si misma o un ingrediente. Entonces, de la colecta (recoleccion o cosecha) al consumo pueden haber multiples tecnicas de transformacion o ninguna, siendo este ultimo caso mas frecuente en plantas silvestres (como el caso de lo algarroba, mencionado a lo largo del texto). Este caracter peculiar que tienen las plantas en cuanto a la presencia o no de transformaciones, se suma -en el caso de aquellas cultivadas y, particularmente, en el caso de las domesticadas- al hecho de que los organos reproductivos (tuberculos, granos, semillas, etc.) se guardan para ser luego sembrados, pasando por el procedimiento tecnico del almacenamiento y su transformacion en un producto seco o deshidratado. Esto lleva entonces a considerar la importancia de reconocer el ejercicio practico de "hacer" un alimento (Pazzarelli, 2012, 2013) o "hacer" una semilla y las posibilidades materiales de su identificacion en el registro arqueobotanico. En este sentido, actualmente en ciertas regiones de Bolivia la ajara se asocia a los antepasados y es consumida en contextos rituales (Capparelli et al., 2013). La posibilidad, no solo de identificar restos de ajara a nivel taxonomico subespecifico, sino tambien de reconocer su procesamiento y el hecho de que procedan de un entierro, permite inferir que este taxon tenia una relevancia destacada durante el periodo Tardio en Tinogasta y que no seria adecuado considerar al mismo solo una maleza de cultivo. En la region andina existe tambien un vinculo entre desecacion/deshidratacion y muerte que no implica inactividad o perdida de potencialidad productiva (Pazzarelli, 2013, entre otros); colocar simientes junto al difunto puede estar refiriendo a la fertilidad implicita de aquello que se deseca y parece estar inactivo o muerto.

Finalmente, en lo que refiere a practicas de manejo agricola, el analisis anatomico de una semilla del sitio Bebe de la Troya advierte acerca de la presencia potencial de hibridacion (enmascarada en la biometria macroscopica: vease Lema, 2012) con formas espontaneas emparentadas, o bien, de un morfotipo propio del area y el periodo cronologico. La presencia de ajara tambien apunta a la posibilidad de que existiera una asociacion bajo cultivo entre esta y la quinoa cultivada durante el periodo Tardio al igual que existe actualmente en comunidades punenas del NOA y de Bolivia (Lema, 2006; Bruno, 2008; Lopez, 2011) y como se propuso para otras especies en momentos tempranos del desarrollo historico de la region (Lema, 2009).

En cuanto a las condiciones de cultivo de las especies encontradas (quinoa, ajara, maiz, zapallo), si bien poseen requerimientos edafologicos y de riego diferentes, las mismas son susceptibles de haber sido sembradas en los sistemas de aterrazamiento cercanos a Las Champas (Ratto et al., 2010a; Orgaz & Ratto, 2013). Si bien esto requiere ahondar las investigaciones a futuro, resulta interesante considerar que la presencia de formas malezoides como la ajara y de posibles formas hibridas en Cucurbita, sugeririan que la agricultura del periodoTardio no fue exclusivamente de taxones domesticos.

CONCLUSIONES

En este trabajo se han presentado aportes vinculados con el estudio arqueologico de practicas culinarias, manejo agricola, contextos funerarios y vestimenta para el periodo Tardio en la Provincia de Catamarca. El analisis de restos arqueologicos de plantas nos ha permitido ampliar nuestra vision acerca del vinculo entre humanos y plantas y de humanos entre si, sea durante su vida cotidiana o despues de esta. Las plantas, como acompanamiento mortuorio pueden tener significados multiples y formular hipotesis acerca de los mismos requiere de estudios arqueobotanicos que no se restrinjan solamente a identificaciones taxonomicas. Asimismo, la idea de la agricultura en el periodo Tardio se enriquece tambien a partir de estos estudios que sugieren no solo heterogeneidad de especies, sino tambien la ausencia de exclusividad de formas domesticadas en los ambitos de cultivo. Tambien se ofrecen elementos para comenzar a pensar de manera enriquecida las practicas mortuorias, agricolas y culinarias durante el desarrollo de las sociedades del segundo milenio (Periodo Tardio o Intermedio Tardio) en Catamarca. Por ultimo, nuestro aporte da cuenta de la importancia de la re-intervencion de contextos funerarios alterados por pobladores locales, asi como tambien de aquellos que provienen de intervenciones realizadas en el marco de estudios de impacto por obras de infraestructura.

DOI: 10.14522/darwiniana.2014.21.573

Original recibido el 13 de marzo de 2014, aceptado el 13 de mayo de 2014

Editor Asociado: Fernanda Rodrigue

AGRADECIMIENTOS

Agradecemos a Aylen Capparelli por su colaboracion y las sugerencias brindadas en los analisis arqueobotanicos. A Luis Coll por el armado de la Figura 1. Asimismo a quienes participaron en los diversos trabajos de campo. Los trabajos arqueologicos fueron realizados en el marco de los Proyectos PICT-2007-01539 (CONICET) y UBACYT F-0357.

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Norma Ratto (1), Veronica S. Lema (2) & M. Laura Lopez (3)

(1) Museo Etnografico Juan B. Ambrosetti, Facultad de Filosofia y Letras, Universidad de Buenos Aires, Moreno 350, 1091 Ciudad Autonoma de Buenos Aires, Argentina; nratto@filo.uba.ar (autor corresponsal).

(2) Laboratorio de Etnobotanica y Botanica Aplicada, Division Arqueologia, Facultad de Ciencias Naturales y Museo, Universidad Nacional de La Plata, Paseo del Bosque s/no., 1900 La Plata, Buenos Aires, Argentina.

(3) Departamento Cientifico de Arqueologia, Museo de Ciencias Naturales de La Plata, Paseo del Bosque s/no., 1900 La Plata, Buenos Aires, Argentina.
Tabla 1. Resultado de los analisis arqueobotanicos del contenido de
los recipientes ceramicos del sitio Bebe de la Troya. Figuras
adaptadas de Ratto et al. 2007.

Pieza     --56 semillas secas (mas fragmentos) de Cucurbita
No. 2     aff. maxima subsp. maxima o moschata;

          --1 semilla fragmentada de Cucurbita ficifolia
          Bouche;

Muestra   --65 endocarpos de Prosopis sp. afines a algarrobo
No.190    negro (P. nigra o P. flexuosa e hibridos), secos, 1
          carbonizado. Endocarpos con senales de
          procesamiento: 18 fracturados y/o fisurados;

          --4 y medio endocarpos secos de Geoffroea
          decorticans;

          --3 fragmentos de pericarpios de fruto
          indeterminado, secos;

          --1 marlo de Zea mays, fragmentado, seco;

          --1 fragmento oseo indeterminado;

          --fragmentos de raices y ramas, pequenos, secos;

          --agregados de material organico degradado;

          --fragmentos pequenos de madera, secos y en estado
          de descomposicion.

Pieza     --719 semillas (mas fragmentos) de Cucurbita aff.
No. 4     maxima subsp. maxima o moschata;

Muestra   --9 endocarpos secos de Prosopis sp. afines a
No.186    algarrobo negro (Prosopis nigra o P. flexuosa), uno
          con fractura (posible indicador de molienda);

          --medio endocarpo seco de Geoffroea decorticans;

          --fragmentos pequenos de madera (pequenas ramas y
          corteza), secas;

          --1 fragmento pequeno de cesteria coiled;

          --1 fragmento pequeno de carbon de leno;

          --agregado de pequenos fragmentos de gramineas color
          verde y marron claro;

          --1 fragmento de vaina pequena de Cercidium praecox
          (Ruiz & Pav. exHook.) Harms ("brea")

Pieza     --240 semillas (mas fragmentos) secas de Cucurbita
No. 6     aff. maxima subsp. maxima o moschata;

Muestra   --endocarpo de Prosopis sp. afin a algarrobo negro
No.187    (P. nigra o P. flexuosa), sin senales de
          procesamiento.

Pieza     Contenido del relleno eolico:--44 semillas secas de
No.2      Cucurbita aff. maxima subsp. maxima o moschata;

          --13 endocarpos de Prosopis sp. secos afines a
          algarrobo negro (P. nigra o P. flexuosa e hibridos),
          solo uno posee fracturas (posible indicador de
          molienda);

Muestra   --1 endocarpo seco de Geoffroea decorticans;
No.143
          --medio endocarpo y fragmentos de tejido vegetal
          secos, indeterminados.
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Author:Ratto, Norma; Lema, Veronica S.; Lopez, M. Laura
Publication:Darwiniana
Date:Jul 1, 2014
Words:9446
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