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El vientre de Paris: todo sucede entre las verduras, las carnes, los quesos y demas viandas que comercian estos disimiles personajes de barrio, que actuan condicionados por su entorno, lleno de podredumbre y miseria. Esta es su historia, pero tambien la del mercado central de Paris.

En medio de un gran silencio los carros de los hortelanos subian hacia Paris. Baltasar, el caballo de la senora Francois encabezaba la fila. Caminaba a la altura de Longchamp, cuando se clavo en seco sobre sus 4 patas. La senora Francois, al debil resplandor proyectado por un farolito, distinguio a un hombre tendido de bruces en el polvo. Al principio lo creyo muerto pero, al ponerse en cuclillas y tocarle la mano, vio que estaba caliente.

--!Eh! !Hombre! --dijo--. No puede quedarse ahi, lo van a aplastar. ?A donde iba usted?

--Iba a Paris, me he caido, no se ...

No respondio en seguida. Se habia puesto de pie con infinito trabajo y hacia ademan de querer proseguir su camino. La hortelana entonces lo empujo, diciendo:

--Ea, rapido, suba a mi carro ... Voy al mercado, lo descargare a usted con mis verduras.

Casi lo levanto con sus gruesos brazos y lo arrojo sobre las zanahorias y los nabos. Volvio a montar y sujeto las riendas de Baltasar, que reanudo la marcha.

--Yo soy de Nanterre, mi nombre es senora Francois ... Desde que perdi a mi marido, voy todas las mananas al mercado. !Es duro, si! ... ?Y usted?

--Me llamo Florent, vengo de muy lejos. Le pido disculpas: estoy tan fatigado que me resulta penoso hablar.

No queria conversar. Entonces ella se callo. Florent, con los ojos clavados en el inmenso resplandor de Paris, pensaba en la historia que ocultaba. Escapado de Cayena, despues de rodar 2 anos por la Guayana holandesa, por fin tenia ante si la amada gran ciudad. Se ocultaria en ella, viviria alli su apacible vida de antano. La policia no sabria nada; lo creian muerto. Y recordaba su llegada al Havre, con no mas que 15 francos en el panuelo. Desde Ruan, como le quedaba apenas un franco, siguio a pie. Pero en Vernon compro sus ultimos centimos de pan. Despues ya no sabia nada ... Y ahora rodaba suavemente. Llegaba, lo llevaban, no tenia sino que abandonarse a las sacudidas lentas del carro. Se produjo una parada, un ruido de gruesas voces.

--!Eh! !Hombre!-- grito bruscamente la senora Francois-- Me va ayudar a descargar, ?no?

La ayudo. Tras haber marcado la acera con manojos de paja, la hortelana alineo metodicamente el puesto, limpiando la mercancia y montando con singular prontitud un escaparate de colores simetricos. Cuando Florent le hubo entregado la ultima brazada de perejil, ella le dijo:

--?Seria tan amable de cuidarme la mercancia mientras voy a encerrar el carro?

Le aseguro que podia irse tranquila, que esperaria. No se explicaba claramente donde se encontraba, pero pronto reconocio la calle Montorgueil. Era alli donde un grupo de policias lo habia detenido. Caminaba entre el gentio, riendose de los soldados que el Eliseo sacaba a la calle para que lo tomasen en serio, cuando barrieron las aceras a quemarropa. Empujado, arrojado al suelo, quiso levantarse. Sobre el estaba una joven con un camisolin plisado, en cuyo pecho habian entrado 2 balas; cuando la rechazo suavemente, 2 hilillos de sangre corrieron hasta sus manos. Entonces se levanto de un salto, pero lo sujetaron 4 agentes de policia que lo molieron a punetazos. A los 2 dias fue acusado de formar parte de una sociedad secreta y lo condenaron a la deportacion.

La senora Francois regreso, se sento junto a el y le ofrecio ayuda, pero Florent la rehuso con altivez. Entonces una voz se dirigio a ella:

--Buenos dias, senora Francois --dijo un mozo delgado, de nariz muy fina y ojos pequenos.

--Buenos dias, senor Claude --respondio alegremente la hortelana--. Lo espere el lunes, y como no vino, guarde su lienzo.

--Ire a terminar mi cuadro un dia de estos ... El lunes no pude ...

Y antes de que se marchase, presento a Florent al joven pintor.

--Mire, aqui tiene un senor que vuelve de lejos, y no se orienta ya en este Paris del demonio. Tal vez usted pueda darle alguna informacion.

Claude miro a Florent con interes y, con la familiaridad de un azotacalles, le dijo:

--Lo acompano. ?A donde va usted?

Florent se entregaba con menos rapidez, pero tenia una pregunta en la punta de la lengua:

--?Existe todavia la calle Pirouette?

--Si, claro --dijo el pintor--. Venga, esta a 2 pasos.

Marchaban uno al lado del otro como 2 camaradas, saltando sobre los cestos y las verduras. Claude reia muy a gusto. Florent se habia detenido en la esquina de la calle Mondetour, frente a la penultima casa. Era un comercio de verduras cocidas, vision que lo dejo paralizado de sorpresa.

A salir de la calle Pirouette, una voz llamo a Claude desde una tienda de vinos. Entro, arrastrando a Florent detras de si. El dueno, el senor Lebigre, les sirvio ponche, que Florent sintio caer en el estomago vacio como un hilillo de plomo.

Un resplandor claro anunciaba el dia. Claude y Florent volvieron sobre sus pasos, matando el tiempo, demorandose. Ahora la ciudad entera replegaba sus rejas; los puestos zumbaban, los pabellones bramaban. En una calle ancha 2 mujeres, una anciana bajita, y otra, alta y seca, pasaron ante el, charlando, dirigiendose hacia los pabellones.

--?Ha venido a hacer la compra, senorita Saget? --pregunto la alta y seca.

--Si se puede llamar asi, senora Lecoeur ... Ya sabe, una mujer Sola ... Vivo con nada ...

Florent, haciendo un supremo esfuerzo, siguio a las mujeres. Recordaba haber oido el nombre de la viejecita; se decia que la interrogaria, cuando se hubiera separado de la alta y seca.

--?Y su sobrina? --pregunto la senorita Saget.

--La Sarriette ha querido establecerse. No me concierne. Cuando los hombres la hayan timado no sere yo quien le de un pedazo de pan.

--Era usted tan buena con ella ... Debe ganar buen dinero; la fruta viene ventajosa este ano ... !Eh! !Ahi esta su cunado! --prosiguio la senorita Saget, bajando la voz.

--Tengo prisa --murmuro la senora Lecoeur--. Y ademas no quiero hablar con el.

Florent vio a un hombrecillo fornido, de expresion dichosa, pelo gris. Y de repente tuvo un gesto de alegria; corrio detras del hombre, olvidando su fatiga. Cuando lo alcanzo, grito: <<!Gavard!>>.

El otro examino sorprendido aquella larga figura que no reconocia. Despues, en el colmo de la estupefaccion, le dijo: <<No nos quedemos aqui ... Hay ojos y lenguas de mas>>.

Charlaron. Florent le conto que habia ido a la calle Pirouette. Gavard le informo que su hermano Quenu se habia mudado y abierto una nueva salchicheria frente al mercado. Despues lo llevo, caminando delante de el para no llamar la atencion. Tras haber pasado la calle Rambiteau, le senalo una tienda de embutidos grande y hermosa.

Florent sintio un estremecimiento a flor de piel, y vio a una mujer en el umbral de la tienda, al sol, en la madurez de los 30 anos, la piel fina y rosada, muy tranquila.

--Es la mujer de su hermano, su cunada Lisa --dijo Gavard.

Se hundieron en un pasaje, no queriendo que Florent entrara por la tienda. Detras de una puerta, Florent oyo la voz de su hermano; entro de un salto. Quenu, que lo adoraba, se lanzo a su cuello. Se besaban como ninos.

--!Ah! !Eres tu! !Eres tu! --balbucia Quenu- !Te creia muerto!

Se detuvo, grito, asomando la cabeza en la tienda: <<!Lisa! !Lisa!>> Y ella llego lentamente.

--Es Florent, mi hermano --repetia Quenu.

Ella se mostro muy bondadosa; lo miraba apaciblemente, sin la menor sorpresa. Quenu parecio calmarse y entonces vio la flacura, la miseria de Florent.

--!Ah, pobre chico! No te ha sentado bien aquello ... !Yo, en cambio, he engordado!

Estaba gordo, en efecto. Desbordaba de sus ropas blancas que lo fajaban como a un enorme bebe; Florent apenas lo reconocia. Paso de su hermano a la bella Lisa y a la pequena Pauline. Rezumaban salud; eran magnificos, relucientes.

Florent acababa de empezar Derecho en Paris cuando murio su madre. Esta vivia en Le Vigan. Casada en segundas nupcias, 3 anos despues de la boda, habia recibido por toda herencia un nino gordo que se le parecia. La madre ya pagaba con dificultades el colegio del mayor, Florent, hijo del primer matrimonio. Al segundo, Quenu, se contento con enviarlo a una vieja escuela de la vecindad. Los 2 hermanos crecieron lejos uno del otro, como extranos.

Cuando Florent llego a Le Vigan, su madre estaba enterrada. Le habia ocultado su enfermedad para no perturbarlo en sus estudios. Encontro a Quenu, que tenia 12 anos, sollozando solo, en medio de la cocina. Un vecino le conto la agonia de la desdichada madre. Se habia matado trabajando para que el pudiera estudiar. Esta historia causo una horrible impresion en el caracter tierno de Florent. Estrecho a su hermano, lo beso, como para devolverle el carino del que lo habia privado, y le repetia que sena feliz con el. Al dia siguiente, por 500 francos vendio el mobiliario y la ropa de la difunta. Compro ropa nueva para su hermano y se lo llevo esa misma tarde.

En Paris ya no podia seguir estudiando. Encontro algunas clases, se instalo con Quenu en la calle Royer Collard. A partir de entonces tuvo un hijo. En los primeros tiempos, cuando volvia a casa, intentaba dar clases al pequeno; pero este se negaba a aprender, anorando la epoca en que su madre lo dejaba corretear por las calles. Florent lo adoraba, lo cautivaban sus risas, saboreaba el sentirlo sano, ignorando toda preocupacion.

Pasaron los anos. Florent penso en reanudar sus estudios de Derecho. Lo consiguio y fue totalmente feliz. Pero una fiebre que lo retuvo 8 dias en casa provoco tal agujero en su presupuesto que abandono la idea de terminarlos. Su hijo crecia. Entro como profesor en un pensionado con un sueldo de 1,800 francos. Con economia, iba a ahorrar para que Quenu se estableciese. A los 18 anos lo trataba todavia como a una senorita a la que hay que dotar.

Durante la enfermedad de su hermano, Quenu tambien reflexiono. Declaro que queria trabajar, pero en 2 anos probo mas de 10 oficios: el hermoso sacrificio de Quenu costaba caro al presupuesto de los 2 jovenes. Los francos de Florent no bastaban, y por 8 anos llevo la misma levita.

Los 2 hermanos se habian hecho amigos Garvard, un buen hombre que regentaba un gran horno para asar. Alli Quenu se aficiono a la cocina, a los animales desensartados, a los jugos que obligan a lamerse los dedos, Confeso su vocacion y entro a trabajar en un gran restaurante. A partir de entonces la vida de los hermanos quedo arreglada. Jamas pareja mas dispar se entendio mejor.

Tenian un tio en Paris, un tal Gradelle, instalado como salchichero en la calle Pirouette. Era un gordo avaro que los recibio como muertos de hambre la primera vez que se presentaron por su casa. Rara vez volvieron por alli.

Aquellos anos Florent saboreo todas las amargas alegrias de la abnegacion. En casa, solo recibia carino. Fuera, con sus alumnos, humillaciones. Necesito largos meses para doblegar los hombros y aceptar sus sufrimientos de hombre feo, mediocre y pobre. Se arrojo de lleno a la bondad ideal, se creo un refugio de justicia y verdad absolutas. Fue entonces que se hizo republicano. Se convirtio en uno de esos oradores que predicaron la revolucion como una religion nueva. Se necesitaron las jornadas de diciembre para sacarlo de su ternura universal. Se dejo prender como un cordero, y fue tratado como un lobo.

Quenu, que tenia entonces 22 anos, fue presa de mortal angustia al ver que no volvia su hermano. Al dia siguiente fue buscarlo. Por fin en la prefectura de policia se entero de que estaba preso. No pudo verlo. Corrio a ver al tio Gradelle, esperando decidirlo a salvar a Florent. Pero el tio declaro que no tenia necesidad de liarse con canallas republicanos. Quenu lloraba con todas las lagrimas de su cuerpo. El tio, un poco avergonzado, le ofrecio que se quedara como ayudante. Durmio en casa de su tio esa misma noche; hubiera llorado mas ante la cama vacia de su hermano.

Un mes despues reia sin motivo y se irritaba luego por haber reido. Aprendio chacineria. Experimentaba aun mas goces que con la cocina. Era enteramente feliz. Le gustaba que le dieran mascada la vida. Y ademas tenia una amiga en casa del tio. Cuando este perdio a su mujer, tuvo que ocupar a una chica para el mostrador. Conocia a una viuda que habia traido a la ciudad a una nina guapa y rolliza, a la que trataba como hija. Cuando el asma se llevo a la anciana senora, Grandelle fue a buscar a Lisa: le ofrecio 30 francos al mes, mas alojamiento y comida. Por la manana llego con su fardito y su herencia en el corpino. Al mes la casa le pertenecia, con Gradelle, Quenu y hasta el ultimo de los ayudantes.

A Lisa, que era la hija mayor de los Macquart, de Plassans, le vivia aun su padre, pero no le escribia nunca. En la chacineria continuo su vida tranquila, regular. Cuido su mostrador con el esmero que dedico a la viuda. Ayudaba a Quenu en la cocina, y se entendian de maravilla.

Una manana, el tio Gradelle fue fulminado por un ataque de apoplejia. Quenu era el unico heredero, con su hermano Florent, de una fortuna considerable. Pero no encontro ni un escudo. Lisa no se quedo quieta. Una tarde despues de haber estado 2 horas en el sotano, hallo el tesoro del tio Gradelle: 85,000 francos en oro, plata y billetes de banco. La boda se celebro al mes siguiente.

Lisa y su marido vivian como antes, en una paz dichosa. Sin embargo, ella era una mujer inteligente y tenia otras ambiciones. Sonaba con una de esas tiendas modernas, que exhiben la limpidez de sus lunas sobre la acera de una calle ancha, y se ocupo de encontrar una, maravillosamente situada frente al mercado central que estaban abriendo. Quenu gasto mas de 30,000 francos en marmoles, espejos y dorados. Cuando Lisa pudo por fin instalarse detras del mostrador, llegaron en procesion a comprarles unicamente por ver la tienda. El barrio se enorgullecio de la salchicheria. Las vecinas se detenian a mirar a Lisa a traves del escaparate. Les maravillaba su carne blanca y rosada tanto como los marmoles. Desde entonces la llamaron la bella Lisa.

Los negocios fueron excelentes. Al cabo de 5 anos tenian casi 80,000 francos invertidos en buenas rentas. La pareja habia tenido una hija en el primer ano de matrimonio. La casa marchaba felizmente, sin demasiado trabajo. En medio de esos goces sabiamente cultivados cayo Florent.

Al cabo de 3 dias Quenu subio a buscar a Florent, y le dijo que Lisa los esperaba en su dormitorio. Entraron. Lisa, sentada ante un escritorio, alineaba cifras.

--Tenemos que rendirle cuentas, mi querido Florent --dijo--. Su tio Gradelle murio sin testamento; usted y su hermano eran los unicos herederos ... Hoy tenemos que entregarle su parte.

Quenu ignoraba las intenciones de su mujer. Se habia puesto palido y la miraba enojado.

--Querida Lisa --dijo Florent emocionado--, no quiero su dinero. La herencia es de mi hermano y de usted, que han cuidado al tio hasta el final ... No pretendo estorbarles en sus negocios.

Ella insistio. Decia que no queria tener en su escritorio un dinero que no fuera suyo. Entonces Florent, bromeando, le ofrecio invertir ese dinero en su salchicheria. Por lo demas, no rechazaba sus servicios; seguro no encontraria trabajo en seguida y necesitaria vestirse.

Quenu sintio verguenza por haber temido entregar esa gruesa suma, asi, de golpe. Hablaron de otra cosa. Habia que explicar la presencia de Florent, evitando poner en guardia a la policia. Se convino que contarian la historia de un primo de Lisa vuelto del extranjero que viviria con ellos.

El desinteres de aquel hombre flaco habia impresionado a Lisa; experimentaba por el una especie de respeto, mezclado con un vago temor. Florent solo sentia un gran carino a su alrededor.

Gavard, por su parte, buscaba un puesto para Florent. Hombre de oposicion, su religion era ser lo mas desagradable posible para el gobierno. Por ello cuando aquel regreso de Cayena busco la manera en que iba a poder burlarse del emperador y hasta del ultimo agente de la policia.

Despues de haber vendido el horno, Gavard vivio de sus rentas durante un ano. Entonces se decidio a alquilar un puesto en el mercado de las aves. El pollero tenia, por toda familia, una cunada y una sobrina. Cuando su mujer murio, la hermana mayor de esta, la senora Lecoeur, viuda, acaricio la idea de ocupar el puesto de la muerta. Pero Gavard decia que detestaba notar los huesos bajo la piel. La senora Lecoeur, herida, acumulo un rencor mortal. Cuando lo vio establecerse en el mercado central, a 2 pasos de donde ella vendia mantequilla, quesos y huevos, lo acuso de haber ideado eso para darle mala suerte.

La senora Lecoeur habia conservado a su lado a la hija de una de sus hermanas. La nina crecio en medio del mercado, y la llamaban solo la Sarriette. Cuando, a los 20 anos, se establecio como frutera, su amante, el senor Jules, se la llevo a vivir a la calle Vauvilliers. La ingratitud de la Sarriette acabo de agriar a la senora Lecoeur.

Una tarde Gavard fue a buscar a Quenu con aire importante. Florent estaba en su silla y Lisa en su mostrador. Anuncio que por fin habia encontrado un puesto para Florent. Un amigo suyo, el senor Verlaque, inspector de la plaza del pescado, estaba tan delicado que se veia obligado a tomarse un permiso y queria proponer el mismo un sustituto, para conservar la plaza si se curase.

--?Comprenden? Verlaque no tiene ni para 6 meses. Florent se quedara con la plaza. Es un buen empleo.., depende de la prefectura !Sera muy divertido que cobres el dinero de esos guindillas!

--No quiero esa plaza --dijo rotundamente Florent--, no aceptare nada del Imperio.

--Se equivoca usted al rechazarla; sabe que penoso resulta encontrar empleo --insto Lisa.

--Dejemos eso, por favor. Mi resolucion es definitiva. Esperare --afirmo Florent.

--!Esperara! --exclamo Lisa perdiendo la paciencia.

Una morena alta empujo la puerta de la tienda. Era la bella pescadera, Louise Mehudin, apodada la Normanda. Tenia una belleza atrevida, de ojos mas descarados y pecho mas vivo. Esto la oponia a Lisa; obligaba a sostener a cada cual su fama de belleza. Cuando se encontraban eran muy dulces, muy zalameras, la mirada furtiva bajo los parpados buscandose defectos.

--Digame, ?es manana cuando hacen la morcilla, verdad? --pregunto la Normanda con su aire risueno--. Es que adoro la morcilla recien salida de la olla ... Anteayer no estaba muy fresca.

--!No muy fresca! --repitio la salchichera con labios tremulos--. !Oiga! La semana pasada cuando me vendio aquel par de lenguados, ?fui a decirle que estaban podridos delante de la gente?

--!Mis lenguados podridos! Es usted una grosera. No volvere a poner los pies aqui.

La pescadora salio. La escena se habia desarrollado tan rapidamente que los 3 hombres no habian tenido tiempo de intervenir. Lisa se recobro al punto. Sin aludir a lo que acababa de pasar, le dijo a Gavard, llevandoselo aparte, que ella se encargaria de decidir a su cunado.

Al dia siguiente Florent fue presa de la conmovedora dulzura de Lisa. Gavard habia ido a recibir una respuesta definitiva sobre la plaza de inspector: <<Prometi dar una contestacion manana>>.

--Florent acepta --respondio tranquilamente Lisa.

Florent, presa de un extrano aplastamiento, intento en vano protestar.

--No, no, es cosa resuelta ... Vamos, querido Florent, ya ha sufrido usted bastante. Ya es hora de que se asiente. Pertenece usted a una familia honorable, ha recibido una educacion y a su edad ya no estan permitidas las chiquilladas ... Volvera usted a su clase, vivira como gente honrada ...

Florent la escuchaba, sin encontrar una palabra. Tenia razon ella, sin duda. Era tan sana, tan tranquila, que no podia querer el mal. Era el, el flaco, de perfil turbio, quien debia ser malo.

--Acepto, diga que acepto, Gavard.

Tres dias despues, cumplidas las formalidades, la prefectura de policia aceptaba a Florent. Durante unas cuantas mananas el senor Verlaque fue a guiarlo en medio del mundo turbulento que tendria que vigilar. La primera manana lo dejo muy vacilante. Lamentaba haber cedido ante Lisa; se habia acusado de cobarde, pero no se atrevio a desdecirse. Ella lo asustaba un poco; veia el reproche mudo de su hermoso rostro. Gavard felizmente le inspiro una idea que lo consolo: se decidio a pasarle al viejo Verlaque una parte de su sueldo; de los 150 francos mensuales renunciaria a 50. Esta buena accion lo alivio, ahora aceptaba el empleo con una idea abnegada. Entonces toda la salchicheria fue feliz. La bella Lisa se mostraba muy amistosa con su cunado. Quenu nunca se habia sentado a cenar tan a gusto entre su hermano y su mujer. Florent se abandonaba poco a poco y llegaba a saborear la beatitud de aquella vida ordenada. Pero Gavard trato de distraerlo, induciendolo a vivir como un soltero ahora que tenia un puesto.

En el establecimiento del senor Lebigre, Gavard y sus amigos politicos se reunian todas las noches. Se consideraban como en su casa, habian acostumbrado al dueno a reservarles un sitio. El dia que el pollero llevo a Florent, solo encontraron en el reservado a un senor de unos 50 anos.

--?Como le va, Robine? --pregunto Gavard.

Robine le estrecho silenciosamente la mano, sin contestar, y miro a Florent por encima de su tarro. Segun Gavard era uno de los hombres de la oposicion mas temidos por el gobierno.

La puerta del acristalado se batio y aparecio Logre; luego, seguido por Clemence, entro Charvet, a quien Gavard, sin confesarlo, le tenia miedo; decia que iba demasiado lejos. Entonces Gavard presento a Florent. Todos intercambiaron apretones de manos. Y este escucho tranquilamente a esos hombres hablar de politica hasta la medianoche.

Florent regreso. Se envicio con aquel reservado. Por la noche, al volver a casa, no se acostaba enseguida. Le gustaba su desvan, lo devolvia a sus suenos de juventud. Ante su ventana se ensimismaba, sonaba cada noche con una cosa nueva. Regresaba a los 8 anos de desesperacion que habia pasado fuera de Francia.

Las primeras semanas que Florent paso en el pabellon del pescado fueron penosas. Habia encontrado en las Mehudin una abierta hostilidad que lo enfrento con el mercado entero. La bella Normanda pretendia vengarse de la bella Lisa, y el primo era una victima que ni pintada.

Las Mehudin procedian de Ruan. La madre de Louise fue quien merecio primero, por sus anchas caderas y su soberbia frescura, el mote de la bella Normanda, heredado por su hija mayor. Se decia que la tia Mehudin, como la llamaban, debia de haber hecho una gran fortuna, por las joyas de oro macizo que lucia en los grandes dias. Sus hijas no se entendian; cedio a Louise su puesto de pescado, y a Claire la instalo en un puesto de pescado de agua dulce. La bella Normanda tenia un robusto nino. En el circulo de las Mehudin la consideraban viuda.

Cuando Florent iniciaba su inspeccion, la bella Normanda lo miraba sin responder o reia burlona. Sentia a su alrededor una sorda rebelion. Pero entre aquellas hembras desatadas tenia una amiga, Claire, quien declaraba que el nuevo inspector era un buen hombre. Cuando pasaba, entre las palabrotas de sus vecinas, ella le sonreia. Esta simpatia era un flaco consuelo para Florent.

Una manana la criada de la senora Taboureau, la panadera, regateo el precio de una barbada a la bella Normanda hasta pagar 10 francos. Pero al cabo de un cuarto de hora reaparecio muy roja y tiro la barbada sobre el marmol, mostrando un desgarron que cortaba la carne hasta la espina: <<La senora Tabureau no la quiere. Ya ve que esta estropeada. Devuelvame mis 10 francos>>.

--Hay que mirar la mercancia --respondio tranquilamente la bella Normanda.

Y como la otra alzaba la voz, la viaja Mehudin se levanto:

--!Dejenos en paz! !No se devuelve un pescado que ha andado de aca para alla!

--!Son ustedes un par de ladronas! -- grito la criada, estallando en sollozos.

Florent llego en lo mas vivo de la disputa.

--Devuelvale los 10 francos a la senorita --dijo severamente Florent-- enterado del asunto.

La tia Mehudin con todas sus fuerzas lanzo la barbada a la cabeza de la criada, que la recibio en plena cara. Broto sangre de la nariz. Esta brutalidad saco a Florent de sus casillas.

--!Las voy a suspender por 8 dias! !Hare que les retiren el permiso, me oyen!

Y como a sus espaldas se oian abucheos, se volteo tan amenazador que las pescadoras se hicieron las inocentes. Las Mehudin devolvieron los 10 francos, y cesaron la venta. Al cabo de 8 dias, cuando volvieron, se mostraron prudentes. La bella Normanda debio abrigar, desde ese dia, la idea de una venganza terrible.

Su hijo, Ordago, crecia libremente. Desde los 3 anos dormia fraternalmente al lado de los atunes. Cumplidos los 7, era el pillo mimado de las pescaderas. Era un hombrecito guapo como un angel y grosero como un carretero. Pero era adorable recitando su sarta de insultos como oraciones.

Llegaba el invierno. Con los primeros frios a Ordago le entro una viva curiosidad por el despacho del inspector, donde habia una estufa. Florent adoraba a los ninos, y sintio una gran interes por aquel chaval. La bella Normanda dejaba que su hijo fuera a verlo, sin decir nada. Florent se habia inclinado a convertirlo en un hombrecito formal. A partir del tercer dia llevo un abecedario. Ordago lo maravillo con su inteligencia. Al cabo de 2 meses empezaba a leer de corrido.

Por las noches, el chaval le daba lata a su madre con historias de su buen amigo Florent. Poco a poco la Normanda llego a pensar que Florent quiza no fuera mala persona. Un dia acudio ella en persona mientras Ordago recibia su clase de caligarfia. Estuvo muy dulce. Solo hablaron del nino. Y como el manifesto su temor de no poder continuar las clases en el despacho, ella le ofrecio que fuera a su casa, y prometio pagarle con buenos pescados.

Fueron las paces. La bella Normanda incluso tomo a Florent bajo su proteccion. El inspector acabo por ser aceptado; las pescadoras lo consideraban mejor persona que Verlaque.

Florent vivio cerca de 8 meses en el mercado como presa de una continua necesidad de sueno. Al salir de sus anos de sufrimiento, habia caido en una vida tan regulada, que apenas se sentia existir. Todos sus dias se parecian. Solo estaba a sus anchas con la senora Francois, a quien habia vuelto a ver. Las mananas lluviosas iba a charlar un instante con ella.

--Tiene que venir a Nanterre, hijo mio. Vera mi huerta. !Su condenado Paris, apesta!

Florent se sentia remozado cuando la veia. Probo trabajar para combatir las angustias nerviosas que sufria. Se encerro 2 veces por semana a escribir una gran obra sobre Cayena. Esbozo tambien una reforma total del sistema administrativo del mercado central. A veces un pinzon que habia recogido en el mercado lanzaba su grito en el silencio.

Finalmente Florent volvio a la politica. Habia sufrido demasiado por ella para no convertirla en la mas cara ocupacion de su vida. Se hubiera convertido en un buen profesor provinciano, feliz con la paz de su pequena ciudad. Pero ahora se encontraba marcado por el destierro y su malestar nervioso no era sino el despertar de sus juramentos de vengar un dia a la justicia hollada.

Iba cada mes a ver al senor Verlaque. Cuando Florent se marchaba, la senora Verlaque le hablaba en la puerta de los gastos ocasionados por la enfermedad de su marido. El se ofrecio a dar mas, hasta el punto que los 150 francos del empleado pasaron enteramente a los Verlaque. Esa buena accion era su gran goce; la ocultaba como un placer prohibido que se permitia egoistamente.

Por lo demas no tenia necesidades. Los Quenu le daban casa y comida. Los pocos francos que le quedaban bastaban para sus gastos en el bar de Lebigre. Su vida se habia regulado como un reloj: trabajaba en su cuarto; daba clases a Ordago 2 veces por semana; concedia una velada a la bella Lisa, para no irritarla; y pasaba el resto de su tiempo en el reservado en compania de Gervard.

Cuando Florent iba a casa de la bella Normanda, la tia Mehudin rezongaba: <<Por mucho que digas --repetia la anciana a su hija--, tiene una mirada falsa ... Desconfio de los flacos. !Y encima es un mamarracho!>> Y hablaba con admiracion del senor Lebigre, que se mostraba muy galante con la bella Normanda; olfateaba una buena dote y pensaba que estana esplendida tras el mostrador.

La senorita Saget se habia enfadado con la bella Normanda, y juraba que Florent era su amante. Ella esperaba enterarse de lo que llamaba <<el tejemaneje de los Quenu>>. Acechaba al primo, furiosa de que su curiosidad no fuera satisfecha. Luego comprendio que Lisa estaba muy irritada al ver que Florent trataba a <<esas mujeres>>. Entonces todas las mananas le dio noticias: <<Estaba ayer en su casa, no sale de alli ... La Normanda lo llamo carino>>. Mentia.

La rivalidad entre la bella Lisa y la bella Normanda se volvio formidable. Acabaron prohibiendo a sus hijos que se hablaran. Pauline y Ordago eran buenos amigos. Pero la verdadera victima de las 2 mujeres era Florent. Lisa se sentia horriblemente vejada. La cena se volvia menos cordial. Le decia con una sonrisa, como bromeando:

--Es curioso, no come mal, y sin embargo no engorda ... --en sus palabras habia odio.

Lisa evitaba hablar con Quenu de Florent, pero un dia le hizo observar:

--Ya no estamos solos. Cuando queremos hablar hay que esperar a estar acostados.

Y una noche le dijo:

--Tu hermano gana 150 francos. Es raro que no pueda ahorrar nada para comprarse ropa. Tuve que darle de nuevo 3 camisas viejas tuyas.

--No importa --respondio Quenu--, hay que dejarle su dinero.

--Claro -- murmuro Lisa--, que se lo gaste bien o mal no es asunto nuestro.

Estaba persuadida de que se comia el sueldo con las Mehudin.

Florent poco a poco iba mas al reservado, donde sus fiebres politicas ardian a sus anchas. A decir verdad, alli ocurrian cosas muy graves. Una noche, Logre declaro que, si fueran hombres, derribarian al Gobierno. Y anadio que habia que ponerse de acuerdo de inmediato. Despues convinieron formar un pequeno grupo dispuesto a cualquier eventualidad. Gavard, a partir de ese dia, estuvo convencido de que formaba parte de una sociedad secreta y de que conspiraba. Charvet y Florent, eran las voces mas escuchadas. Gavard poco a poco fue contando toda la historia de Cayena, lo cual daba a Florent una aureola de martir.

El complot maduraba lentamente. A comienzos del verano solo se hablaba de <<intentar el golpe>>. Florent acabo creyendo en la posibilidad de un movimiento revolucionario. Se ocupaba muy seriamente de el, tomaba notas, hacia planes por escrito. Concentro su vida en la idea hasta tal punto que llevo a su hermano a casa de Lebigre. Quenu era totalmente novato en politica, pero pronto se encontro a la par de todos. Lo que le sedujo fue el desenfreno burgues de dejar su salchicheria, de ir a aquel reservado donde gritaban tanto. Ahora hacia de prisa sus longanizas, con el fin de acudir mas pronto. La bella Lisa se daba cuenta de sus prisas por marcharse. No decia nada. Los veia entrar en casa de Lebigre con ojos severos.

La senorita Saget reconocio una noche la sombra de Quenu sobre los cristales de la ventana del reservado que daba a la calle. Habia encontrado un excelente puesto de observacion. Esos perfiles traicionaban al exterior las ardientes discusiones del reservado. Aquello le olia a <<algo muy sucio>>. Habia acabado por conocer las sombras por las manos, el pelo, la ropa. Le asalto una necesidad de bajar a ver. Con el pretexto de comprar su licor de grosellas fue al bar. Escucho a Quenu decir: <<No hay quien aguante mas ... !Le daremos una buena tunda a ese hatajo de farsantes, diputados, ministros, a todos!>>

Al dia siguiente, ya a las 8, estaba en la salchicheria. Queria asestar un golpe a Lisa.

--Ayer por la noche vi al senor Quenu. !En ese reservado hacen tanto ruido! Los hombres no son nada razonables con su politica. Haria bien aconsejando prudencia a su cunado. Gritan cosas que ponen los pelos de punta. Si alguien los oyera, el asunto podria tomar mal cariz. Por ejemplo el senor Quenu decia que habia que fusilar a los ministros, diputados, a todos.

-?Quenu ha dicho eso? --pregunto con voz imperiosa la salchichera.

--Y otras cosas mas que no recuerdo ... No se atormente, sabe que no saldra de mi.

La salchichera, en la comida y la cena evito la menor alusion. Por la noche, cuando Florent y Quenu se marcharon, no habia severidad en sus ojos. Esa noche se debatio la cuestion de la proxima constitucion y era la una de la madrugada cuando salieron del reservado.

Al dia siguiente, Quenu durmio hasta tarde. Cuando desperto, vio a Lisa sentada ante el escritorio ordenando unos papeles. Le dijo:

--?Por que no me habias despertado? ... ?Que haces ahi?

--Ordeno estos cajones. Nunca se sabe que puede pasar; si viniera la policia.

--?Como, la policia?

--Claro, puesto que ahora te metes en politica y hablas de fusilar a todo el mundo ... La senorita Saget te oyo. Todo el barrio, a estas horas, sabe que eres un rojo. Te dejo absoluta libertad. Eres el amo, puedes arriesgar tu posicion, comprometer nuestra reputacion, arruinar la casa ...

El protesto, pero ella lo hizo callar con un gesto, agregando:

--No digas nada, no estoy provocando una discusion ... Si me hubieras pedido consejo ... Se equivoca quien cree que las mujeres no entienden de politica. ?Quieres que te diga cual es mi politica? Es la de la gente honrada. Estoy agradecida del gobierno cuando mi comercio va bien, cuando como mi sopa tranquila, y duermo sin que me despierten tiros de fusil. ?No querras que vengan a saquear tu tienda, robarte tu dinero? Si esos hombres de casa de Lebigre triunfaran, ?te crees que a la manana siguiente, estarias acostado tan calientito como ahora? No, ?verdad? ... Entonces, ?por que hablas de derribar al gobierno que te protege y te permite hacer ahorros? Tienes una mujer, una hija, ante todo te debes a ellas. Quedate en casa, duerme bien, come bien, gana dinero, ten la conciencia tranquila !Francia no te necesita!

Por su hermosa sonrisa, Quenu quedo totalmente convencido. Ella tenia razon. Le parecio que habia estado a punto de perder todo. Quiso justificarse: <<Es Gavard ...>>, murmuro.

--No es Gavard. Es Florent, mas le valdria pensar en su propia seguridad, en vez de comprometer la de los otros. Por nada del mundo quisiera entrometerme entre tu hermano y tu. Pero esto se pasa de la raya. Desde que tu hermano esta aqui, todo va de mal en peor, ni siquiera parece comprender lo que hacemos por el. Le damos de comer, tenemos mil delicadezas con el. Gana dinero y no se sabe a donde va a parar.

--Esta la herencia --aventuro Quenu, que sufria al oir acusar a su hermano.

--Tienes razon, esta la herencia. No la quiso, ?te acuerdas? Eso prueba que es un chico sin enmienda. Si tuviera la menor idea, ya habria hecho algo con ese dinero. Que coma, que duerma, que nos moleste, se puede tolerar. Pero no permitire que nos lie en su politica. Si nos compromete en lo mas minimo, me desembarazare de el sin vacilar. Te lo advierto.

Quenu se levanto. Estaba palido, afligido por la desavenencia entre su hermano y su mujer.

Lisa empezo a hacer ella misma la compra, decia, para que la robasen menos. Pasaba por el puesto de Gavard y charlaba con el. Se entero asi de cosas confusas que la asustaron mucho. Dos dias despues de la conversacion con Quenu, regreso palidisima del mercado. Hizo sena a su marido de que la siguiera al comedor. Alli, le dijo:

--?Es que tu hermano quiere mandamos al patibulo? Acabo de enterarme de lo bastante para adivinar hacia donde va ... vuelve al presidio. Quiero que esto acabe. Te habia avisado. En primer lugar, no comera mas aqui. Gana dinero, pues que se alimente.

El hizo un gesto de protesta, pero ella anadio con fuerza:

--Entonces elige entre el y nosotras. Te juro que me voy con mi hija, si el se queda. Es un hombre capaz de todo, que ha venido a perturbar nuestro matrimonio. Pero yo pondre orden.

Lisa dejo a su marido mudo y regreso a la salchicheria. Gavard, en una discusion politica que ella habia provocado habilmente, se habia acalorado hasta decirle que ya veria, que iban a acabar con todo aquello y que bastarian 2 hombres decididos, como su cunado y el para no dejar titere con cabeza. Era el feo asunto del que ella hablaba.

Florent comprendio por fin. Se sintio tratado como un pariente a quien se pone en la puerta de la calle. Lisa, en los ultimos 2 meses, lo vestia con la ropa vieja de Quenu. Le pasaba toallas desflecadas, sabanas propias para hacer trapos. Sufria sobre todo en la mesa. No se atrevia a comer. Quenu metia la nariz en el plato, y evitaba alzar la mirada, con el fin de no mezclarse en lo que pasaba. Entonces lo que lo torturo fue no saber como irse. Aquel tierno espiritu temia herir a su hermano y su cunada al no comer en casa.

Nunca penso, ni siquiera cuando se vio expulsado poco a poco, en la herencia. Habia preparado todo un proyecto de presupuesto; con los 30 francos de una clase, calculaba que tendria para comer y cenar. Por fin una manana dijo que por la clase que daba no le seria posible encontrarse en la salchicheria a la hora de comida.

La bella Lisa permanecio imperturbable. No habia querido despedirlo, para que no le pudieran echar nada en cara. Quenu exclamo, un poco emocionado:

--Estas en tu casa, come fuera, si te conviene.

Florent se apresuro a salir. Tenia el corazon oprimido. La bella Lisa, victoriosa, respiro a sus anchas, pero siguio a la defensiva. Solo veia a Florent raramente, en la noche, se imaginaba cosas terribles. Resolvio saber a que atenerse. Se entero de que Florent tenia un permiso e iba a pasarlo con Claude Lantier, en casa de la senora Francois, en Nanterre.

Ese dia, subio a la habitacion de Florent. Esperaba saber algo. Examino la cama, la chimenea, las 4 esquinas. Despues se sento ante la mesa, leyo una pagina donde la palabra <<revolucion>> se repetia 2 veces. Se espanto, abrio el cajon que vio lleno de papeles. Pero su honradez desperto frente a aquel secreto. Cerro el cajon, estaba mal lo que iba a hacer.

Claude y Florent regresaron agotados y felices. Esa manana, antes de amanecer, la senora Francois habia vendido todas sus verduras. Se fueron los 3 en el carro.

La excursion estaba proyectada desde hacia tiempo. La hortelana queria a los 2 hombres; les habia prometido un omelette de tocino, de esos que no se comen en <<este Paris del diablo>>.

En Nanterre, Florent paseo por la huerta, mientras Claude hacia un boceto de la cuadra y la senora Francois preparaba el almuerzo. Iba y venia entre el olor a tomillo, calentado por el sol. Estaba profundamente feliz con la paz y la limpieza de la tierra. La humedad nauseabunda del pabellon del pescado huia de el; renacia el aire puro.

--!El omelette esta listo! --grito la hortelana.

Cuando se sentaron los 3 a la mesa, con la puerta abierta al sol, comieron tan alegremente que la senora Franqois miraba maravillada a Florent, repitiendo:

--No es usted el mismo, tiene 10 anos menos: Es ese condenado Paris el que le ensombrece la cara. Ahora me parece como si tuviera un rayo de sol en los ojos ... Ya lo ven, las grandes ciudades no valen nada; deberian a venirse a vivir aqui.

Por la tarde, la senora Francois y Florent se encontraron solos en el extremo de la huerta. Ella lo aconsejaba con gran amistad, a la vez maternal y tierna. Le hizo mil preguntas sobre su vida, sobre lo que pensaba hacer. El se sentia muy emocionado. Nunca una mujer le habia hablado asi.

Hacia las 5, se despidieron. Querian regresar a pie. La hortelana los acompano hasta el extremo de la calleja, y reteniendo un instante la mano de Florent, dijo suavemente:

--Vuelva por aqui, si tiene algun pesar.

Cuando Florent llego al mercado, la noche caia, los olores eran sofocantes. Bajo la cabeza, al entrar de nuevo en su pesadilla.

Al dia siguiente Lisa fue a San Eustaquio. Alli conocia al padre Roustan, un hombre distinguido, buen consejero, cuya amistad le parecia segura. Al verla, el la llamo <<querida senora>>, y la llevo a la sacristia. Lisa explico sus escrupulos al padre. Se trataba de saber que conducta autorizaba la decencia con respecto a su cunado; si tenia derecho a vigilarlo, a impedir que los comprometiera, a su marido, a su hija y a ella; y, tambien, hasta donde se podria llegar en caso de peligro inminente. El sacerdote juzgo que un alma justa tiene el derecho, incluso el deber, de impedir el mal, con libertad para emplear los medios necesarios para el triunfo del bien.

--Esa es mi opinion, querida senora. Conozco su bella conciencia. Pese cada uno de sus actos, y si nada en su interior protesta, actue rapidamente. Las naturalezas decentes poseen la maravillosa gracia de poner decencia en todo lo que tocan.

Al dia siguiente, Lisa subio al cuarto de Florent. Saco el cajon de la mesita, encontro los primeros capitulos de la obra sobre Cayena, y el proyecto de reforma del sistema administrativo del mercado central. Aquellas paginas la aburrieron mucho; pensaba ya registrar los colchones cuando en un sobre descubrio el retrato de la Normanda. Lisa olvido a su cunado, lo que habia ido a hacer alli. En el reverso, leyo: <<Louise, a su amigo Florent>>. Eso la escandalizo, era una confesion.

Entonces, hojeando de nuevo las hojas sueltas encontro lo que buscaba. Notas comprometedoras. La idea de una insurreccion, del derrocamiento del Imperio. En una cuartilla Florent habia dibujado las insignias que distinguirian a jefes y lugartenientes, banderines que distinguirian a las companias. Fue, para Lisa, la realizacion inmediata del botin. Los infames proyectos de su cunado constituian un atentado contra ella misma, contra su felicidad. Era inutil informar a Quenu. Decidio vigilarlo. Ahora ya tenia con que hacerlo volver a galeras.

Al entrar en la tienda, vio a la muchacha que la ayudaba, Augustine, muy alterada. Pauline habia desaparecido. Ante las preguntas inquietas de Lisa, solo pudo responder:

--Estaba ahi hace un momento, en la acera, con un crio ...

--Apuesto que era Ordago --exclamo la salchichera--. !Que nino tan sinverguenza!

Era Ordago en efecto. Pauline, que precisamente estrenaba ese dia un vestido de rayas azules, habia querido ensenarselo. El la habia visto tan guapa y limpia que acaricio la maligna idea de ensuciarla. Se le acerco y le ofrecio comprarle un cucurucho de azucar. Mientras ella lo mordisqueaba la llevo hasta la Plaza de los Inocentes. Entraron en los jardincillos. Pauline nunca habia estado tan lejos de su casa.

--Vamos a jugar a tiramos arena --dijo Ordago.

Se tiraron arena, cerrando los ojos. Despues Ordago decidio plantar arboles. La hizo cavar hoyos donde plantaron trozos de madera. Pauline estaba negra de pies a cabeza.

--Y ahora vamos a regarlos, o no creceran --dijo el muchacho.

Recogian agua en el arroyo y regresaban corriendo para regar los trozos de madera. Pauline, al sexto viaje, parecia que se hubiese revolcado en el arroyo. Ella empezo a inquietarse. Cuando el se puso a pellizcarla, lloro diciendo que queria irse. El habria terminado pegandole, para que se callase, pero la voz de la senorita Saget, exclamo al lado de ellos:

--!Dios! Si es Pauline ... ?Quieres dejarla en paz, maldito golfillo?

Cogio de la mano a Pauline, Ordago se escabullo. La nina lloraba mas fuerte. La solterona se sento en un banco, tratando de callarla.

--Vamos, no llores. Voy a acompanarte a tu casa. Tu quieres mucho a tu mama y tu papa. Y a tu tio Florent, ?lo quieres tambien?

--No, mama dice que no es honrado. Una noche le decia a papa: <<Tu hermano solo ha escapado de presidio para metemos a todos en el>>.

La senorita Saget lanzo un ligero grito. Cogio a Pauline y la hizo trotar hasta la salchicheria. Cuando Lisa vio a su hija se quedo pasmada. Solo atino a arrastrarla al interior de la tienda.

La senorita Saget estaba contentisima. Se dirigio al mercado y entro en el pabellon de la fruta. La Sarriette, al verla supo que tenia alguna gran noticia y quiso hacerla hablar, pero le dijo:

--No tengo tiempo. Corro a ver a la senora Lecoeur. !Se cada cosa! ... Venga, si quiere.

En el pabellon de la mantequilla las 3 mujeres se sentaron en un cajon. La senorita Saget dijo:

--El tal Florent ... Puedo decirles de donde sale. !Del presidio! ?No es como para bajarles los humos a los Quenu-Gradelle? Ya sabia que habia visto a ese deshilachado en alguna parte.

Les conto la historia de Florent. Ahora recordaba un vago rumor que habia corrido por aquella epoca, un sobrino de Gradelle enviado a Cayena, por haber matado a 6 gendarmes en una barricada. Con que aquel era el falso primo.

--!Que bribon! --balbucio la senora Lecoeur, totalmente espantada.

--Ahora que lo pienso --dijo la vieja--, esta la herencia del viejo Gradelle ... !Vaya! Los Quenu no deberian andarse con bromas.

Las comadres se lanzaron contra los Quenu, hasta contaron la historia del tesoro con los menores detalles, sin que Lisa ni su marido la hubieran confiado a nadie. Los Quenu no habian entregado su parte al <<flacucho>>. Iba demasiado mal vestido para eso. Unos ladrones, esa gente. Despues dijeron que habia que <<ajustarle las cuentas al rojo>>, para que no siguiera comiendo el dinero al pobre Gavart.

--He visto a la senora Leonce --prosiguio la senorita Saget, con una ojeada significativa.

La senora Leonce era la portera de Gavard. Le hacia la casa, le subia tisanas cuando estaba acatarrado. La senorita Saget, iba a tomar cafe con ella. Charlaban sobre el buen hombre horas enteras, lo querian mucho; deseaban su felicidad.

--La senora Leonce --repitio la vieja-- dice que carga una pistola. Y eso no es nada. Ya no tiene acciones, lo ha vendido todo, ahora tiene un armario lleno de monedas de oro.

La senora Lacoeur estaba como aplastada ante esa revelacion, bajo aquel oro que ya no podia apartar de su vista. La envidia la oprimia.

--Seria suyo, si ocurriera un accidente --le dijo la senorita Saget--. Yo, si fuera usted, velaria por mis intereses. El senor Gavard esta mal aconsejado. Todo esto acabara mal.

Volvieron a Florent. Lo desollaron con mas furia aun. Despues calcularon a donde podria llevarlos, a el a y Gavard, aquellas feas historias. Entonces juraron que ellas no abririan la boca. Cuando la senorita Saget se iba, la vendedora de mantequilla pregunto:

--En caso de accidente, ?cree usted que se puede fiar de la senora Leonce?

--Es decente, pero hay circunstancias. En fin, les he avisado, es asunto suyo.

A partir del dia siguiente, un rumor corrio por el mercado. La senora Lecoeur y la Sarriette cumplian su juramento a discrecion. La senorita Saget callo, dejo a las otras difundir la historia.

Cuando esos cuentos llegaron a oidos de la bella Normanda, se encogio de hombros:

--No lo conocen. Es dulce como un cordero, el pobre hombre.

Acababa de rechazar abiertamente la mano del senor Lebigre. Estaba conquistada por el tierno caracter de Florent. Sonaba que se casaba con el; ella conservaria su puesto de pescadera, el llegaria a una posicion elevada en la administracion del mercado.

La Normanda se entero de la historia de su amado con sorpresa. Jamas el habia hablado sobre esas cosas. Ella lo regano. Entonces tuvo que contar lo que le habia ocurrido. Ella temblaba por si la policia acababa descubriendolo; pero el la tranquilizaba, decia que era demasiado viejo, que la policia, ahora, ya no lo molestaria.

Lo que mas impresiono a la Normanda de esas revelaciones fue la historia de la herencia. La bella Lisa, la mojigata, era una ladrona que se quedaba con la herencia de su cunado. Cada noche la conversacion recaia sobre el tesoro de Gradelle.

--Yo exigiria mi parte, y a toda prisa. Los Quenu se burlan de usted. ?Quiere que vaya yo a reclamar lo que le deben? Sena divertido, se lo aseguro.

--No --se apresuraba a decir Florent--. Ya vere, a lo mejor pronto necesito dinero.

La vieja Mehudin, exasperada por el rechazo de Lebigre, gritaba a quien quisiera oir que su hija estaba loca. Cuando supo lo de Cayena, califico a Florent de asesino. En el barrio era ella quien contaba las versiones mas atroces de la historia.

La ambicion de la Normanda era parecer <<persona bien>>. Nada la afectaba mas que oir alabar los buenos modales de su rival. La vieja Mehudin atacaba a su hija por ese lado.

--He visto a la senora Quenu -decia a veces--. Es asombroso lo bien que se conserva. !Limpisima, y con una pinta de autentica senora! Es el mostrador. El mostrador le da distincion.

Habia en ello una oculta alusion a las proposiciones del senor zLebigre. La Normanda se quedaba pensativa. Se veia en el mostrador de la tienda de vinos haciendo juego con la bella Lisa. Esa fue la primera grieta en su carino hacia Florent. A decir verdad, se estaba volviendo terriblemente dificil defenderlo. El barrio entero se abalanzaba contra el.

Florent pasaba mucho tiempo en el reservado de Lebigre, desde que no comia con los Quenu. Logre se habia convertido en su lugarteniente. A todas horas conversaba con el del <<asunto>>, para informarle de sus gestiones y darle los nombres de los nuevos afiliados. En aquella tarea habia asumido el papel de organizador.

En esa epoca fue enteramente feliz. Por las noches se permitia efusiones, hablaba de la proxima batalla como una fiesta. Charvet reia burlon, encogiendose de hombros. La actitud de jefe de complot adoptada por su rival lo sacaba de quicio.

Florent tuvo que renunciar a hacer de Ordago un discipulo docil. Eso lo apeno; pues a pesar de su gran ceguera de fanatico, notaba en tomo de si la hostilidad que iba creciendo cada hora. Incluso en casa de las Mehudin encontraba una acogida fria; la vieja se reia por lo bajo; Ordago no le obedecia, la Normanda lo miraba con impaciencia.

En casa de los Quenu no se hablaba para nada de esto. Se habia hecho un tacito silencio en tomo de Florent. Quenu, un poco triste por la desavenencia entre su hermano y su mujer, se consolaba armando salchichones. Se acercaba a veces al umbral de la tienda, sin sospechar el redoble de comadreos que su aparicion engendraba en el mercado. Lo compadecian, lo encontraban menos gordo, aunque estuviera enorme; otros lo acusaban de no haber adelgazado lo bastante con la verguenza de tener un hermano como el suyo. El, como los maridos enganados, tenia una linda ignorancia.

--?Que tienen todos que me miran con cara de entierro? --le pegunto un dia a Lisa-- !Me encuentras mal aspecto?

Ella lo tranquilizo, le dijo que estaba fresco como una rosa, pues el le tenia un miedo atroz a la enfermedad. Pero la verdad es que la salchicheria se estaba ensombreciendo. La bella Lisa llevaba el luto de la salchicheria con muda dignidad, pero decia a todo el barrio que sufrian una desgracia inmerecida, que ella conocia las causas y que iba a triunfar.

La senorita Saget se pasaba mananas enteras en la salchichena. La vieja ponia todo su empeno en espantar a Lisa. Un dfa se lanzo al autentico asalto. Le dijo con voz sibilante:

--?Sabe lo que cuentan? ... Esos hombres que se reunen en casa de Lebigre tienen fusiles, y esperan volver a empezar, como en el 48. Le he querido avisar a causa de su cunado. Ayer hablaba de usted con la senora Taboreau. Ahi tiene una amiga fiel. Dijo que usted era demasiado buena, que ella, en su lugar, hace tiempo que hubiera puesto orden en todo esto.

Cuando se quedo sola, Lisa se sento en la banqueta del mostrador. Llevaba 8 dias muy inquieta. Una noche Florent le habia pedido 500 francos a Quenu. Este lo remitio a su mujer. Ella, sin pronunciar palabra, se los entrego. Tres dias despues pidio mil francos mas.

--Ahora lo va a derrochar todo --dijo Lisa a Quenu por la noche.

Quenu no dijo nada, se acosto de pesimo humor. Se prometio amonestar a su hermano, impedirle que se arruinase; pero no se atrevio. Florent en 2 dias, pidio 1,500 flancos mas. Logre habia dicho que, si encontraban dinero, las cosas irian mas rapido. Al dia siguiente quedo encantado al ver como caia en sus manos un rollito de oro. Entonces hubo continuas necesidades: sostener a patriotas pobres, reclutamientos, gastos de vigilancia. Florent se habia acordado de la herencia y los consejos de la Normanda. Nunca, segun el, gastaria su dinero por una causa mas santa. Logre, entusiasmado, llevaba corbatas rosas y botines de charol.

--Son 3,000 francos en 7 dias, conto Lisa a Quenu. Si sigue asi, sus 50,000 francos le duraran cuando mucho 4 meses. Es su dinero, puede cogerlo todo, lo que me gustaria es saber el mal empleo que debe de darle. Hace mucho que te lo estoy diciendo: esto tiene que acabar.

--Haz lo que quieras, no sere yo quien te lo impida --dijo Quenu, torturado por la avaricia.

Queria mucho a su hermano, pero la idea de los 50,000 francos comidos en 4 meses le resultaba insoportable. Lisa, por las habladurias de la senorita Saget, adivinaba a donde iba el dinero. Al dia siguiente subio al cuarto de Florent.

La cama estaba manchada por un paquete de fajines rojos, sobre la chimenea habia brazaletes rojos, en las paredes colgaban banderas amarillas, azules, verdes, negras. No se habia equivocado, el dinero iba a esas cosas.

Al bajar estaba decidida. Su conciencia le decia que iba a cumplir un deber. Se arreglo y fue al Palacio de Justicia. Pidio ver al comisario. La hicieron pasar, un hombre calvo la recibio. Dijo su nombre y lo conto todo. El hombre se encogio de hombros, despues dijo:

--Desde hace un ano me estan abrumando con este asunto. No actuo porque prefiero esperar. Tenemos nuestras razones. Vea, ahi tiene el legajo. Puedo ensenarselo.

Le puso delante un enorme paquete de papeles. Ella hojeo las piezas. Eran como capitulos sueltos de la historia que acababa de contar. Los comisarios de la policia de El Havre, de Ruan, de Vernon, anunciaban la llegada de Florent. Habia un informe de su instalacion en casa de los Quenu-Gradelle. Despues de su entrada en el mercado central, sus veladas en el bar de Lebigre. Encontro un monton de cartas anonimas. Reconocio la letra de la senorita Saget, la de la senora Lecoeur, de la Sarriette, de la vieja Mehudin.

--Ya ve, senora, que sus informes llegan un poco tarde, pero se tendra en cuenta este paso. Recomiende a su marido que no se mueva ... Pueden producirse ciertas circunstancias ...

No termino. Saludo ligeramente. Era una despedida.

Lisa camino lentamente. Lo que sentia era la inutilidad de su gestion. Su marido no corria el menor peligro. Eso la aliviaba. Se tranquilizo, recobro su hermoso equilibrio. Mas valia que lo hubieran denunciado los otros; ella no tendria que enganar a Quenu, dormiria mejor.

Esa noche Florent era presa de uno de esos malestares nerviosos que lo tenian, a veces, noches enteras en medio de pesadillas. La vispera habia enterrado al senor Verlaque. No podia ahuyentar la imagen de la senora Verlaque, con voz lacrimosa, sin una lagrima en los ojos, que hablaba del feretro que no estaba pagado, del entierro que no sabia como encargar, pues no habia un centimo en la casa. Florent adelanto el dinero del feretro y del entierro. Cuando iba a marcharse, la senora Verlaque lo miro con tal aire de afliccion que le dejo 20 francos.

En ese momento, esa muerte le contrariaba. Volvia a poner en tela de juicio su situacion de inspector. Pensarian en nombrarlo titular. Eran complicaciones que podian alertar a la policia. Pensaba que tarde o temprano se veria castigado por haber accedido a tomar la plaza de inspector. Era como una mancha en su vida. Hubiera querido que el movimiento insurreccional estallase al dia siguiente, para tirar su gorra galoneada.

Evoco aquel mal ano que acababa de pasar: la persecucion de las pescaderas, la sorda hostilidad que sentia crecer a su alrededor. Todas esas cosas las aceptaba como castigo. Aquel sordo grunido de rencor, cuya causa se le escapaba, anunciaba una vaga catastrofe, bajo la cual el doblegaba de antemano los hombros, con la verguenza de una culpa que debia expiar. Luego se encolerizo consigo mismo, al pensar en el movimiento popular que preparaba; se dijo que no era lo bastante puro para el exito.

Una madrugada, Florent fue a merodear en torno al Palacio de Borbon. Se quedo examinando los lugares hasta las 8. Decidio que se dana el ataque por todos los lados a la vez.

Cuando regresaba lentamente al mercado, oyo la voz de Claude Lantier, que lo llamaba: <<?Viene conmigo?>> Florent lo siguio, para retrasar unos minutos la vuelta a la plaza de pescado.

Entretanto habian ocurrido graves acontecimientos en casa de los Quenu-Gradelle. Al despuntar el dia, Augustine corrio a despertar a su patrona, diciendole que la policia habia venido a buscar al senor Florent, que este no estaba, que habia debido escapar. Lisa en camison subio al cuarto de su cunado y cogio la fotografia de la Normanda. Estaba bajando, cuando encontro a los agentes de la policia en el segundo piso. El comisario le recomendo que abriera la tienda como de costumbre, de modo que nadie se pusiera en guardia.

La unica preocupacion de Lisa era el golpe que Quenu iba a recibir. Temia que lo estropeara todo con sus lagrimas, si se enteraba que la policia estaba alli. Exigio el mas total juramento de silencio a los empleados. Regreso a vestirse. Quenu dormia. Media hora mas tarde estaba en el umbral de la salchicheria, peinada, pulida, la cara rosada. Quenu aparecio bostezando ligeramente. Nada indicaba el drama que se urdia alla arriba.

Pero el propio comisario puso en guardia al barrio, al ir a hacer una visita a casa de las Mehudin. En las cartas anonimas se afirmaba que Florent solia dormir con la bella Normanda. Quiza se hubiera refugiado alli. Acompanado por 2 hombres, fue a golpear la puerta. La vieja abrio, furiosa. Despues, calmada y burlona cuando supo de que se trataba, dijo:

--Somos personas decentes, no tenemos nada que temer, pueden ustedes buscar.

Como la Normanda no abria de prisa la puerta de su habitacion, la derribaron. Se estaba vistiendo. Al ver a la policia cayo en un sillon, sollozante, sacudida por una crisis, al no entender que se pretendia de ella. Veia al comisario registrar brutalmente su cama.

--?Que es lo que he hecho? --tartamudeo-- ?Que buscan en mi cama?

El comisario pronuncio el nombre de Florent.

--?Por quien me toman? --dijo ella--. Ese Florent no ha entrado nunca aqui. Venia a dar clases a mi hijo y luego se marchaba. No hice caso de lo que decian de el porque la gente es mala.

--Pero --pregunto el comisario--, el le habra dado papeles para que los guarde ...

--No, le juro que no. A mi me daria igual; se los entregaria.

Los agentes penetraron en el gabinete donde dormia Ordago, quien corrio junto a su madre. Esta les dio los cuadernos del nino y los modelos de caligrafia. En medio del jaleo la senorita Saget al encontrar todas las puertas abiertas habia entrado y observaba desde el umbral. Mientras tanto, el comisario leia los textos de caligrafia. Los <<tiranicamente>>, los <<anticonstitucional>>, los <<revolucionarios>>, le hacian fruncir el ceno y decir: <<Esto es muy grave, gravisimo>>. Entrego el paquete a uno de sus agentes y se marcharon.

La senorita Saget salio y se dirigio a la salchicheria. Conto a Lisa el drama que acababa de ocurrir en casa de la Mehudin. Ella escucho con la cara feliz de una mujer que triunfa.

--No le guardo rencor a la Normanda --dijo--, la queria mucho. La prueba de que no soy mala es que he salvado esto de manos de la policia.

Saco del bolsillo el retrato. La senorita Saget leyo la dedicatoria y dijo: <<Deberia guardarla>>.

--No --interrumpio Lisa--, quiero que acaben todos los chismes. Hoy es el dia de la reconciliacion. Ya basta, el barrio debe recobrar la tranquilidad.

--?Quiere que vaya a decirle a la Normanda que la espera? --pregunto la mujer.

--Si, si me hace el favor.

La senorita Saget asusto a la pescadera diciendole que habia visto su retrato en el bolsillo de Lisa. Pero no pudo decidida a dar el paso que su rival exigia. La Normanda puso como condicion que la salchichera saliera a recibirla. La vieja hizo 2 viajes mas para concertar la entrevista. Por fin tuvo la alegria de negociar aquellas paces que iban a hacer tanto ruido.

Despues fue a buscar a la senora Lecoeur y a la Sarriette. Las 3 se colocaron frente a la salchicheria. El rumor de la reconciliacion corria; las vendedoras se empinaban en sus puestos tratando de ver; otras abandonaban su lugar y fueron a instalarse en la calle.

Fue solemne cuando la Normanda aparecio. Caminaba como una reina que se dignaba a aceptar la paz. Se habia vestido esmeradamente, peinando sus cabellos rizados. Se detuvo delante de la puerta. La bella Lisa abandono el mostrador sonriente. Cruzo la tienda sin apresurarse, fue a tenderle la mano a la bella Normanda. Entraron, las 2 mujeres parecian conversar afectuosamente. Despues, la bella Lisa la acompano hasta la acera. Alli se rieron las 2 y se mostraron ante el barrio como buenas amigas. Fue una alegria para el mercado; las vendedoras regresaron a sus puestos, declarando que todo habia salido muy bien.

La senorita Saget detuvo a la senora Lecoeur y a la Sarriette. El drama apenas estaba urdiendose. Las 3 se comian con los ojos la casa de enfrente. Hablaron de la Normanda.

--Se quedo sin hombre --dijo la senora Lecoeur.

--Tiene al senorLebigre --observo la Sarriette.

--El senor Lebigre ya no la querra.

--No lo conocen --dijo la senorita Saget--, lo trae sin cuidado todo esto. Es un hombre que va a lo suyo y la Normanda es rica. Dentro de 2 meses estaran juntos, ya lo veran. A Dios gracias, el barrio va a poder respirar un poco ...

Quenu estaba en la acera, bromeando con la criadita de la senora Tabourau, con su buen humor de salchichero. Lisa deseaba mandarlo a la cocina. Caminaba impaciente por la tienda, temiendo que Florent llegara.

--De momento conservan la herencia, observo la senora Lecoeur.

--No --dijo la senora Saget--, el otro recibio su parte, incluso mas. Los Quenu tendran que pagar varios miles de francos. Cuando se tienen vicios, se gasta sin tino. Habia otra mujer, la senora Verlaque. Encontraron cartas de ella pidiendole dinero. Entre los 2 habran matado al marido.

En ese momento divisaron a Gavard que salia del pabellon del pescado, con aire preocupado.

--!Han visto pasar a Florent? --pregunto--. Necesito hablar con el enseguida. No esta en la plaza del mercado. Debe haber subido a su cuarto ... Pero ustedes tendrian que haberlo visto.

--No llevamos aqui ni 5 minutos --dijo la senora Lecoeur--. Habra pasado antes.

--Entonces, subo --prosiguio Gavard, riendo.

La Sarriette hizo un movimiento como para detenerlo, su tia se lo impidio, susurrandole:

--!Dejalo! Le esta bien empleado. Eso le ensenara a no pisotearnos.

Esperaron impacientes. Ya se desanimaban cuando un hombre salio de la casa a buscar un carruaje. Cinco minutos despues bajaba Gavard, seguido de 2 agentes. Estaba livido. Lo habian registrado, le encontraron encima la pistola. Por la rudeza del comisario se juzgaba perdido. Era un desenlace terrible, en el cual jamas habia pensado. Saco fuerzas de su jactancia para marchar erguido.

Corrieron hacia el la Sarriette y la senora Lecoeur, quien rompio en llanto mientras su sobrina abrazaba a su tio. Este le entrego una llave y murmuro: <<Coge todo y quema los papeles>>.

Subio al carruaje. La senora Lecoeur vio que la Sarriette trataba de esconder la llave.

--Es inutil --dijo--, vi que te la dio ... Contare todo, si no eres buena conmigo. Vamos a su casa ahora mismo. No vale la pena dejar que la policia meta las manos en los armarios.

La senorita Saget las siguio. Se ofrecio hablar con la portera, la senora Leonce.

La senora Leonce no queria dejarlas subir al piso del inquilino. Cuando la senorita Saget le dijo unas palabras en voz baja, y le ensenaron la llave, accedio.

La Sarriette probo la llave en todos los armarios. Por fin se abrio uno. En el anaquel del medio habia 10,000 francos en piezas de oro, alineados en pilas. Gavard, cuya fortuna estaba depositada con un notario, guardaba esa suma en reserva para la <<asonada>>. Decia que tenia preparada su aportacion para la revolucion.

La Sarriette alargo las manos con un grito de alegria.

--!Abajo esas unas, nina! --dijo la senora Lecoeur con voz ronca.

--Mi tio me dijo que lo cogiera todo --replico la joven.

--Es mio, replico la senora Lecoeur, soy su parienta mas proxima. Tu eres su sobrina, me parece bien repartirlo. Vamos a coger una pila cada una, por turno.

Asi lo hicieron. Cuando solo quedaba una, la sobrina no quiso que su tia se la quedase. La repartio entre la senorita Saget y la senora Leonce.

--Me recomendo que quemara los papeles, observo la Sarriette.

--Seria demasiado largo, dijo la senora Lecoeur, huelo a la policia. Hay que salir pitando.

Se marcharon. No habian bajado del todo la escalera cuando se presento la policia. La senora Leonce tuvo que acompanarlos. Las otras 3 se apresuraron en alcanzar la calle.

Al encontrarse en la esquina de la plaza del mercado, la senorita Saget, dijo:

--Volvemos en buen momento. Ahi esta Florent, que se va a dejar pillar.

Florent regresaba de su larga caminata. Fue a su despacho y se dedico a sus tareas cotidianas. Le parecia que lo miraban de forma extrana. Penso en alguna nueva vejacion. Desde hacia algun tiempo aquellas mujeres no le dejaban una manana de descanso. Paso por delante del puesto de las Mehudin, la madre le dijo con voz dulce:

--Senor Florent, vino un senor a preguntar por usted. Fue a esperarlo en su habitacion.

El penso que sin duda era para el <<gran asunto>>, y se decidio a subir.

Hubo un silencio en la plaza del pescado. La vieja Mehudin reia. Por fin pasaportaban al <<flacucho>>, no tendrian alli su dichosa cara, sus ojos de presidiario. Y todas le deseaban buen viaje, contando con un nuevo inspector que fuera un tipo guapo. La bella Normanda miraba esa alegria muy tiesa, sin osar moverse por miedo a llorar.

Entretanto Florent se dejaba prender como un cordero. Este desenlace no parecia sorprenderle; era un alivio para el, sin que quisiera confesarselo claramente. Pero sufria con la idea del odio que acababa de empujarlo hasta el cuarto. Se decia que el mercado era complice, que el barrio entero lo entregaba.

--Vamos, baje --dijo brutalmente un agente.

En el tercer piso, pidio volver a subir; pretendia haber olvidado algo. Suplico. Dos hombres consintieron en acompanarlo. En el cuarto fue derecho a la jaula del pinzon, cogio el pajaro, lo beso entre las alas, y lo solto. Miro como volaba y desaparecia por encima del mercado, hacia los jardincillos de la Plaza de los Inocentes. Se quedo un instante frente al cielo, al cielo libre. Entonces todo se rompio en su interior y siguio a los agentes.

Tras bajar la escalera, Florent se detuvo ante la puerta que daba a la cocina. El comisario que lo esperaba alli, casi impresionado por su dulzura obediente, le pregunto:

--?Quiere decir adios a su hermano?

Vacilo un instante. De la cocina llegaba un ruido de olla. Lisa para tener ocupado a su marido, habia ideado hacerle embuchar la morcilla, que solia preparar por la noche. Florent oyo la voz alegre de Quenu: <<!Ah, la morcilla sera buena ...>>

Dio las gracias al comisario, temiendo entrar en aquella cocina caliente. Paso por la puerta, feliz de creer que su hermano no sabia nada. Al recibir en el rostro el sol de la calle, sintio verguenza, subio al carruaje. Sentia frente a el la triunfante plaza del pescado, le parecia que todo el barrio estaba alli disfrutando.

--Una verdadera cara de presidiario cogido con las manos en la masa --dijo la senora Lecoeur.

Por la tarde Lisa conto a Quenu lo que habia sucedido. El prorrumpio en llanto.

--Vamos, no te desesperes asi, te va a hacer dano, le dijo Lisa abrazandolo.

--No sabes lo bueno que era conmigo, balbucio Quenu. Me queria como un hijo. Trabajaba, regresaba cansado hasta el punto de no moverse. Ahora lo van a fusilar.

Lisa dijo que no lo fusilarian. Pero el meneaba la cabeza. Continuo:

--Da igual, no lo he querido bastante. Vacile en devolverle parte de su herencia. Sera el pesar de toda mi vida. La culpa es mia, soy yo quien lo entrego.

Ella se puso mas dulce, le dijo que no habia que mortificarse asi. Compadecio incluso a Florent. Ademas, el tenia mucha culpa. Si hubiera manejado mas dinero, quiza habria hecho mas tonterias, Poco a poco, iba dando a entender que la cosa no podia acabar de otro modo, que todo el mundo iba a encontrarse mejor.

--Acuerdate que no te sentias bien --continuo--. Es porque ya no teniamos nuestras costumbres. Yo estaba muy inquieta; aunque no lo dijera, veia que te desmejorabas.

--?Verdad que si? --murmuro el, cesando un instante de sollozar.

--Y la casa tampoco ha marchado este ano. Era como un mal de ojo ... No llores, veras como todo se arregla. Pero tienes que conservarte para mi y tu hija. Tambien tienes deberes con nosotras. Despues de todo importamos nosotros 3, gordo, solo nosotros 3.

Dos meses despues, Florent era condenado de nuevo a la deportacion. El caso hizo un ruido enorme. Durante 15 dias solo se hablo en Paris del complot del mercado central. El proceso duro una semana. Florent se sorprendio con el numero de complices que le atribuyeron. Conocia a lo sumo a 6 de los veintitantos sentados en el banquillo de los acusados. Despues del fallo Logre fue absuelto al igual que Lacalle. Alexander se gano 2 anos de carcel. Gavard, era condenado como Florent a la deportacion. Fue un mazazo que lo aplasto en sus ultimos goces. Pagaba caro su labia opositora. Dos gruesas lagrimas corrieron por su cara asustada de chiquillo de pelo blanco.

Y una manana de agosto, en medio del despertar del mercado, Claude fue a estrechar la mano de la senora Francois. Alli estaba, con su gran semblante triste sentada en sus nabos.

--!Se acabo! -dijo--. Lo vuelven a mandar alla. Creo que ya lo han despachado para Brest ...

La hortelana murmuro: <<Es Paris, este condenado Paris>>.

--No, yo se quien es, son unos miserables, prosiguio Claude. Imaginese que no hay estupidez que no hayan dicho en el tribunal. Han ido a rebuscar en los cuadernos de deberes de un crio. El fiscal ha soltado una arenga sobre el respeto a la infancia, la educacion demagogica ... Me ha puesto enfermo ... No lo volveremos a ver, esta vez se quedara alla.

--Debio escucharme de ir a vivir a Nanterre --dijo la hortelana--. Yo lo queria bien, porque habia comprendido que era bueno. Consuelese, senor Claude. Lo espero a comer un omelette.

Claude se marcho. Notaba una alegria que despertaba en el gran mercado sonoro. Vio a la Sarriette con un reloj de oro, cantando en medio de sus ciruelas y fresas. Distinguio a la senorita Saget y la senora Lecoeur, que pasaban, menos amarillas, con las mejillas casi rosadas, como buenas amigas, divertidas por alguna historia. En la plaza del pescado la vieja Mehudin, que habia recobrado su puesto, cerraba el pico del nuevo inspector, un joven a quien habia jurado tratar a latigazos.

Cuando se detuvo frente a la calle Pirouette, el espectaculo que tenia a derecha e izquierda le asesto el ultimo golpe.

A su derecha, la bella Normanda, la bella senora Lebigre, como la llamaban ahora, estaba de pie en el umbral de su tienda. Su marido habia conseguido por fin anadir a su comercio de vinos un estanco, sueno largamente acariciado. La bella senora Lebigre le parecio soberbia en su traje de seda, el pelo rizado, dispuesta asentarse en su mostrador, donde todos los senores del barrio iban a comprarle sus cigarros y sus paquetes de tabaco. Se habia vuelto distinguida, toda una dama. Detras de ella, la sala pintada con pampanos frescos, el zinc del mostrador brillaba, mientras que las botellas del licor encendian en el espejo fuegos mas vivos.

Y ella reia en la clara manana. A la izquierda, la bella Lisa, en el umbral de la salchicheria, ocupaba todo el ancho de la puerta. Nunca sus ropas habian tenido tal blancura. Mostraba una gran calma, una tranquilidad enorme, no turbada por nada, ni siquiera por una sonrisa. Era el sosiego absoluto, una felicidad completa, sin sacudidas, sin vida. Sus manos rollizas, perdidas en el delantal, no se extendian siquiera para coger la felicidad del dia, seguras de que iria a ellas. Y, a su lado, el escaparate tenia una felicidad similar; estaba curado, las lenguas rellenas se alargaban mas rojas y sanas, los codillos recobraban sus caras redondas, las guirnaldas de salchichas, las tiras de tocino, las mitades de cerdo, colgadas contra los marmoles, todo un triunfo del vientre, mientras Lisa, inmovil, con su digno porte, daba al mercado los buenos dias matinales, con sus ojazos de gran comilona.

Despues, las 2 se inclinaron. La bella senora Lebigre y la bella senora Quenu intercambiaron un amistoso saludo.

Y Claude, que seguramente se habia olvidado de cenar la vispera, presa de colera al verlas tan rozagantes, tan honorables, con sus gruesos pechos, se apreto la faja, grunendo con voz enojada: <<!Que bribonas, las personas decentes!>>

LA AUTOR Y SU OBRA

Emilio Zola nacio en Paris el 2 de abril de 1840, hijo de un ingeniero civil italiano. Se educo en Aix y, tras la muerte de su padre, que dejo a la familia sumida en la pobreza, se traslado nuevamente a la Ciudad Luz en 1858. Alli desempeno varios empleos hasta que en 1864 aparecio su coleccion Cuentos a Ninon, que fue bien recibida y lo motivo a consagrarse a las letras. Igual efecto tuvo su novela Therese Raquin (1867), con la que proyecto la creacion de una serie de historias basadas en el principio cientifico de la herencia y ambientadas en un escenario que reflejara la vida y la sociedad francesas.

Asi surgio la saga de Les Rougon-Macquat; una veintena de novelas que ilustran sus teorias sobre el comportamiento a traves de los personajes de las 5 generaciones de esta familia. Entre ellas destacan: La fortuna de los Rougon (1871), El vientre de Paris (1873), La Taberna (1877), Nana (1880), Germinal (1885), La bestia humana (1890) y El desastre(1892), obras que influyeron enormemente en el desarrollo del naturalismo literario.

Como critico y ensayista, Zola compuso La novela experimental (1880) y Los novelistas naturalistas (1881). Sus ultimas novelas, apartadas de su acostumbrado estilo, son Lourdes (1894), Roma (1896) y Paris (1898). En 1898, al publicar una valiente defensa del hombre que consideraba inocente, Zola se vio envuelto en el caso Dreyfus; esto lo obligo a exiliarse en Inglaterra. Al volver a Paris, tras finalizar su novela sobre el caso, murio intoxicado por los gases de una chimenea en mal estado el 29 de septiembre de 1902.

El vientre de Paris es un gran retrato social de la Francia del Segundo Imperio y, como el resto de las piezas de la serie de los Rougon, esta novela puede leerse de forma independiente.
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Author:Zola, Emilio
Publication:Contenido
Article Type:Extracto
Date:Nov 1, 2006
Words:13935
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