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El terremoto de Lisboa en el contexto del catastrofismo natural en la Espana de la primera mitad del siglo XVIII *.

RESUMEN: El conocido como terremoto de Lisboa, acaecido el dia primero de noviembre de 1755, constituyo una de las mayores tragedias de la historia europea por los terribles efectos que provoco. Sin embargo no fue la unica catastrofe natural a la que hubieron de hacer frente las gentes de la centuria ilustrada. El presente articulo analiza la accion de los agentes meteorologicos --sequias, inundaciones, etc.-- y naturales ---erupciones volcanicas, terremotos--, asi como las consecuencias que provocaron en la Espana de la primera mitad del siglo XVIII.

Palabras clave: terremoto, catastrofes naturales, sequia, inundaciones, ciencia, religiosidad popular, siglo XVIII.

The Lisbon Earthquake within the Context of Natural Catastrophism in Spain during the First Half of 18th Century

ABSTRACT: The Famous Lisbon Earthquake of 1 November, 1755 was one of the biggest tragedies in European history because of its dreadful effects. However, it was not the only natural tragedy that had to be faced during this century of Enlightenment. This article analyses the action of metereological (droughts, floods, etc.) and natural (volcanic eruptions, earthquakes) agents, as well as their consequences for Spain in the first half of the 18th Century.

Key words: earthquake, natural catastrophes, drought, floods, science, popular religiosity, 18th Century.

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La accion de los agentes meteorologicos y naturales se dejo sentir en Espana a lo largo de la centuria de las Luces reiterada e insistentemente y, en ocasiones, de manera extrema. Anos secos de ambito local y corta duracion junto con secuencias largas de sequia de mayor alcance, avenidas fluviales e inundaciones, heladas y pedriscos, erupciones volcanicas en el archipielago canario y, por supuesto, movimientos sismicos en la Peninsula Iberica configuran un catalogo de los desastres naturales que salpicaron el siglo, afectando seriamente a las producciones agricolas pero, tambien a los asentamientos humanos e infraestructuras, causando alteracion notable en la organizacion territorial del momento. En un trabajo publicado hace unos anos ya tuve ocasion de valorar las situaciones que, desde el punto de vista vital y economico, soportaron los habitantes de los lugares sacudidos por la violencia meteorologica, sismica o epidemica durante el XVIII en tierras valencianas; aunque en ocasiones estas circunstancias negativas se dieron combinadas todas a la vez (1).

Los estudios de climatologia historica ponen de manifiesto que durante la Edad Moderna se vivio en el continente europeo un periodo caracterizado por una acusada amplitud termica anual, tanto en invierno como en verano, con notables sequias alternando con lluvias torrenciales e inundaciones. Denominado Pequena Edad Glaciar o del Hielo se extenderia desde mediados del siglo XVI hasta similares fechas del siglo XIX y sus efectos fueron claramente perceptibles en la Espana del momento (2). Hay que hacer notar, sin embargo, que durante el XVIII se inicio el transito hacia unas condiciones climaticas algo mas suaves, pese a que los inviernos de 1708-1709 y 1716 fueron especialmente duros (3). El primero de ellos fue historico por su severidad e inclemencia y se tradujo en una pesima cosecha que propicio la primera gran crisis europea de la centuria. Existen datos que avalan esta afirmacion: el mar Baltico permanecio helado durante buena parte de la estacion, en Inglaterra fueron muy abundantes las nevadas, en Francia quedaron destruidos muchos cultivos arboreos, mientras que en Espana el rio Ebro se helo a su paso por Tortosa y en Sevilla quedo registrado como un invierno de los que <<jamas se habian conocido>> (4). Confirmando ello el Marques de San Felipe, al referirse en sus Comentarios al invierno de 1709, hace notar que era continuacion de otro igualmente duro y riguroso en todo el continente europeo, afirmando con rotundidad:
   no tenian los mortales memoria de tal exceso de frio como el de
   este ano; helaronse muchos rios tan vecinos al mar que formaba
   margen el hielo; secaronse por lo intenso de el los arboles; [...]
   no hicieron progreso los sembrados, y se introdujo el hambre en los
   paises mas frios (5).


Gelidos resultaron los inviernos de 1726 y 1728-1729 en la cuenca mediterranea y el interior peninsular. El de 1738-1739 fue especialmente severo en el norte, llegandose a helar el rio Pisuerga. El siguiente, denominado el <<gran invierno europeo>>, tambien dejo sentir sus efectos en Espana, de la misma manera que lo haria el de 1744-1745 (6).

Estos rigores invernales contrastarian, sin embargo, con los fuertes calores estivales y vendrian a caracterizar una fase calida y mas suave que se alargaria hasta la decada de los sesenta y en la que se inscribiran episodios de sequia de diferente entidad. Hay que hacer notar, sin embargo, que, las sequias de tipo general y larga duracion no fueron frecuentes, exceptuando la del periodo 1749-1753, mientras que las de caracter local resultaron ser habituales e insistentes contrastando, en ocasiones de manera violenta, la extrema sequedad con precipitaciones torrenciales de alta intensidad horaria con su corolario de fuertes avenidas e inundaciones.

Sequia notable fue la que se padecio en la Meseta Norte entre 1711 y 1713, preludio de la que desde el otono de 1718, coincidiendo con el inicio de la fase calida, afecto a lo largo de siete cosechas a las comarcas agricolas proximas a la zona de los Monegros. Los anos comprendidos entre 1720 y 1725 fueron igualmente dificiles por este motivo para Valencia, Andalucia, Castilla y Aragon, mientras que 1738 y 1739 depararon severas sequias en ambas Castillas y Andalucia. La comarca de los Monegros padeceria de nuevo una extrema sequedad entre 1748 y 1755 (7), complicandose sobremanera la situacion en la segunda mitad de la centuria.

AVENIDAS E INUNDACIONES

En las fuentes documentales e impresas de la epoca (8) son constantes las alusiones a los efectos devastadores que podian provocar las pertinaces sequias. Y aunque durante el Siglo de las Luces se viviera en un estado de casi permanente sequedad, ello no obstaba para que otro genero de desastres meteorologicos afectara a la sociedad de la epoca. Entre ellos cobran especial relieve las frecuentes precipitaciones de alta intensidad horaria tan caracteristicas del otono y la primavera que, con reiterada frecuencia, provocaban importantes inundaciones y desastrosas secuelas (9). Tanto campos de cultivo como nucleos urbanos fueron testigos impotentes del poder destructor de los rios, sobre todo los de la vertiente mediterranea, cuando, tras tener lugar esos episodios, sus caudales experimentaban incrementos extraordinarios. Invariablemente el remedio pasaba, como sucedia en otros casos, mas que por la adopcion de soluciones tecnicas para prevenir o conjurar el problema, por la celebracion de rogativas para evitar el desastre originado por la furia de las aguas que, en estas circunstancias, se transformaban de rogativas pro pluvia en rogativas pro serenitate.

Esta pendiente de llevarse a cabo un analisis sistematico y de conjunto de la pluviosidad catastrofica en la Espana del siglo XVIII que permita determinar la realidad de todas las cuencas fluviales durante esta centuria. Conocemos relativamente bien el comportamiento de los rios valencianos merced a las ultimas investigaciones desarrolladas pero, para el resto del pais contamos con aproximaciones muy someras que, en buena medida, todavia son deudoras de los trabajos de Rico y Sinobas (10), Bentabol (11) o Fontana Tarrats (12), aunque la pesquisa que venimos realizando en las secciones de Consejos y Estado del AHN desde el ano 2002 comienza a dar sus frutos.

Durante la primera decada del XVIII, las lluvias parece que fueron abundantes en la vertiente atlantica, destacando las del invierno de 1708-1709 que, al incrementar sobremanera los cursos de algunos rios, provocaron grandes inundaciones en la Meseta norte y Andalucia (13). Las ocasionadas por el Duero y el Esla en Zamora y Benavente en enero de 1709 adquirieron la consideracion de <<grandes>> en la epoca, mientras que el Guadalquivir a su paso por Sevilla se desbordo hasta catorce veces entre diciembre de 1707 y junio de 1708, repitiendose tal circunstancia desde finales de enero hasta el mes de marzo del ano siguiente. En la decada de los veinte fueron noticia la <<repentina>> inundacion padecida por Madrid en septiembre de 1723 por desbordamiento del rio Manzanares que provoco estragos y muertes (14), o las fuertes lluvias que azotaron la Meseta norte a comienzos del ano 1729 y que, entre otras cosas, trajeron consigo la celebracion de rogativas pro serenitate en Zamora. De julio de 1734 data la riada notable del Eresma; el 4 de febrero de 1736 se inundo Valladolid y en el otono de 1739 grandes avenidas afectaron a las ciudades de Zamora, Valladolid y Benavente, alcanzando el rio Duero a su paso por Oporto un nivel no superado desde entonces. En diciembre de ese mismo ano, este ultimo junto con el Pisuerga y Tormes volvieron a desbordarse. Andalucia sufriria lluvias torrenciales en diciembre de 1738 y en el otono del ano siguiente, aunque serian superadas por los furiosos aguaceros de febrero de 1746. La primera mitad del siglo se cerraria con un ano especialmente lluvioso para Galicia y Cantabria.

Los rios catalanes, fundamentalmente los ampurdaneses y el Llobregat, se desbordaron con una frecuencia aproximada de cuatro anos; los primeros habitualmente en otono mientras que el segundo tambien en los meses invernales, con las consiguientes riadas en el Maresme y comarcas tarraconenses. Gerona se inundo en 1716, 1726, 1732 y 1737, mientras que las poblaciones y tierras del delta del Llobregat sufririan el furor de las aguas en 1726, 1734 y, sobre todo, en 1749 viendose muy afectada la ciudad de Martorell.

Un repaso somero a las riadas mas significativas de los principales rios valencianos durante la centuria ilustrada pone de manifiesto su estacionalidad y distribucion anuales, con un mayor predominio de las mismas en otono y primavera aunque algunas tuvieran lugar en otras epocas del ano (15). El Xoquer experimento notables crecidas en los anos 1709, 1714 y 1716. La que sufrio Alzira el 6 de octubre de 1714 fue calificada por las cronicas como una de esas <<terribles inundaciones que dejan perdurable y triste memoria>>, alcanzando las aguas del rio considerable altura tras continuar <<persistiendo el temporal de lluvias [...] hasta los ultimos dias del ano>> (16). El rio Segura, en los confines meridionales valencianos, ofrece el mejor ejemplo de los contrastes climaticos tan caracteristicos de las tierras mediterraneas. Las dos primeras decadas del siglo fueron testigo de hasta veintiseis desbordamientos del cauce del Segura, de los que los correspondientes a los anos 1701, 1704 y 1714 parecen ser los mas significativos por las secuelas dejadas en la ciudad de Orihuela y su huerta (17). La riada del 29 de septiembre de 1701, conocida como de <<San Garcia>>, es calificada de <<devastadora>> y totalmente <<ruinosa>> al igual que la de <<San Leovigildo>> --<<ruinosa y tragica>>--, acaecida en el ano 1704 y que, al margen de un gran numero de ahogados, provoco la perdida de cosechas y ganados. A primeros de octubre de 1714 una fuerte crecida del rio Guadalentin, afluente del Segura, ocasionaria otra importante riada, de cuyo <<oleaje>> dejaron constancia los testimonios de los vecinos y del cura parroco. Omito las que tuvieron lugar en la decada de los veinte por ser sus consecuencias de menor entidad.

La ciudad de Valencia conocio una tremenda inundacion a partir de las tres de la tarde del dia 16 de septiembre de 1731 que describe con gran detalle el dietarista padre Teixido, a quien siguen puntualmente cronistas, eruditos e interesados en estas cuestiones (18). El caudal del Turia crecio de tal modo que llego a cubrir los pretiles de los puentes y anego practicamente la ciudad, provocando importantes perdidas y causando grandes estragos en Aldaia, Alaquas y Torrent. Desde la Capitania General se decreto el rezo de rogativas, exponiendose el Santisimo en un altar instalado en un balcon del propio palacio. Del impacto causado en la epoca son pruebas palpables la rapida edicion de una suerte de cronica de urgencia intitulada Puntual relacion de la Avenida del Turia que bana a esta ciudad [...], junto con el romance heroico conocido como Verdadero resumen y compendioso diseno de la memorable avenida de el Turia (19). En la primavera de 1736, el Turia fue protagonista de otra crecida al comenzar a llover intensamente el 9 de abril y no parar durante diez jornadas. Ello provoco el desbordamiento del rio el dia quince aunque, a diferencia de cinco anos atras, no hubo que lamentar perdidas tan graves como en aquella ocasion (20).

En esta decada de los treinta no se resenan riadas significativas en la cuenca del Xoquer, excepcion hecha la padecida por Alzira en 1733. Por el contrario, el rio Segura se desbordaria a mediados del mes de septiembre de 1731, provocando una avenida de grandes proporciones, conocida como de <<San Nicomedes>>, que ocasiono numerosas victimas y grandes perdidas economicas. Sin embargo, la mayor crecida, que seria denominada como riada de <<Nuestra Senora de los Reyes>>, tendria lugar en el mismo mes del ano 1733 (21). La ciudad quedo inundada, el agua alcanzo una altura de mas de catorce palmos sobre las tierras de la huerta y se perdieron las cosechas, todos los animales de granja y labor asi como las vidas de quienes no tuvieron ocasion de escapar a tiempo. Tres anos mas tarde copiosas lluvias primaverales propiciaron, a finales de abril, un nuevo y espectacular crecimiento del rio Segura. Mientras que en el casco urbano no hubo edificio en el que no penetrara el agua, en la vega los arboles quedaron sumergidos y destruidas todas las barracas. Los anos cuarenta depararon a Orihuela ocho crecidas mas. La del 25 de noviembre de 1741, bautizada como de <<Santa Catalina>> y que estuvo precedida de una avenida <<aparatosa>> del rio a mediados de enero, merecio la consideracion de <<grande>> en la epoca pues anego la huerta, destruyo cosechas, cego los cauces y rompio tablachos y defensas como si estuviera poseida por un <<instinto maligno>>.

En la decada de los cincuenta el Xoquer vio desbordarse sus aguas los anos comprendidos entre 1751 y 1754. Por su parte, el Turia no conoceria episodios catastroficos hasta 1766 y, sobre todo, 1776 en que la ciudad de Valencia y las poblaciones de su entorno padecerian violentas inundaciones que causaron grandes destrozos y perdidas humanas (22).

En el sur, de nuevo el Segura mostraria todo su poder destructor en 1751 tras un ano previo de rogativas como consecuencia de la persistencia de la sequia. En la segunda mitad del mes de septiembre aumento sobremanera su caudal con unos aportes extraordinarios de su afluente el Guadalentin, propiciando una notable crecida que se dejo sentir en Orihuela, aunque no en Murcia. A finales de octubre, tras dieciocho dias de incesante lluvia, las aguas se desbordaron asolando el termino oriolano. El informe elaborado por el regidor Francisco Ruiz de Villafranca, meticuloso y explicito en sus descripciones, valoro en 879.700 libras los danos causados en las vegas bajosegurenas tras perderse todas las cosechas, el arbolado, animales de labranza y cabezas de ganado, asi como los frutos conservados en graneros y almacenes (23). En 1758, y tras cinco anos de buenas cosechas, un nuevo incremento del rio Segura en su curso alto como consecuencia de los acopios aportados por el Guadalentin volveria a convertir en un autentico lago la ciudad de Orihuela y su huerta culminando, de este modo, una primera mitad de siglo ciertamente dificil (24).

FENOMENOS DE VULCANISMO

En el siglo XVIII, sobre todo a partir de su segunda mitad, hubo erupciones volcanicas de terribles consecuencias aunque en ambitos alejados de la Peninsula Iberica, puesto que en ella no se hallan volcanes activos (25). En la America Hispana son numerosas las referencias a estos fenomenos, convenientemente analizados por Maria Eugenia Petit-Breuilh (26). A finales de agosto del ano 1717 entro en erupcion el volcan Fuego en Guatemala. En 1728 haria lo propio en Ecuador el volcan Macas o Sangay, prolongandose su actividad durante mucho tiempo a juzgar por los detalles que procuran, ya en 1743, los marinos y cientificos Jorge Juan y Antonio de Ulloa (27). Las erupciones del Cotopaxi (Ecuador) que tuvieron lugar entre septiembre de 1743 y finales de noviembre de 1744 tambien las refieren Ulloa y Juan que incluso incorporan un croquis del volcan, haciendose eco de sus terribles efectos, traducidos en importantes perdidas humanas y de cabezas de ganado. Tras un periodo de inactividad que se alargo hasta febrero de 1746, una nueva erupcion provocaria consecuencias tan graves como las precedentes desde el punto de vista humano y economico. Entre los primeros meses de 1750 y enero de 1752 mostrarian signos de actividad en Chile hasta siete volcanes, evidenciando las caracteristicas geologicas del area andina (28).

En el archipielago canario (29) las islas de Tenerife, La Palma y Lanzarote, padecieron la actividad y los efectos de algunos de sus volcanes aunque, en general, las erupciones fueron de tipo explosivo, baja intensidad y corta duracion no ocasionando graves riesgos para la poblacion que pudo ser evacuada a tiempo. Este fue el caso del volcan Siete Fuentes (Tenerife) en 1704 o de los de Fasnia y Montana Arenas (ambos en Tenerife) en 1705 y, un ano despues, del tambien tinerfeno Montana Negra. La erupcion de la Montana de los Lajiones (La Palma), acaecida a primeros de octubre de 1712, se prolongo por espacio de cincuenta y seis dias aunque, sin duda, la mas importante y de peores consecuencias de entre todas ellas fue la del Timanfaya, en la isla de Lanzarote. Iniciada el primero de septiembre del ano 1730, duraria seis largos anos y dejaria una dramatica impronta en el territorio y sus gentes. El volcan expulso unos 700 millones de metros cubicos de materiales que cubrieron una zona cercana a 150 millones de metros cuadrados, enterrando y dejando inutilizadas tierras de labor fertiles, diezmando el ganado por efecto de las emanaciones de los gases y provocando la emigracion del 70% de la poblacion. Los estudios de Romero Ruiz (30), y de Quintana Andres (31) permiten disponer de una informacion puntual y detallada de los efectos de esta catastrofe, que obligo a modificar los comportamientos economicos y humanos en esta area al provocar una brusca transformacion del paisaje.

TERREMOTOS EN LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XVIII

El siglo XVIII estuvo, en buena medida, marcado por fenomenos sismicos que afectaron no solo a nuestro pais. En el continente sudamericano las sacudidas, en ocasiones acompanadas asimismo de tsunamis o erupciones volcanicas, han sido minuciosamente anotadas y ordenadas cronologicamente por Petit-Breuilh (32) y resultaria en exceso tediosa su enumeracion. No obstante merece la pena destacarse, por el amplio eco que alcanzo en la epoca como consecuencia de sus destructivos efectos, el padecido por la ciudad de Lima en 1746, analizado de manera exhaustiva por Perez-Mallaina (33) y al que tambien presto atencion Antonio de Ulloa junto con el de 1742, del que habia sido testigo privilegiado (34). En Europa hubo cataclismos de importancia en 1703 en la Peninsula Italica que afectaron a las ciudades de Benevento, Nursia y Roma y cuyas tragicas noticias, aderezadas con la especial devocion que se profesaba a San Felipe Neri como santo protector contra este tipo de catastrofes, alcanzaron Espana. A finales de 1704 tuvo lugar un violento terremoto en Tenerife, del que tambien se tuvo cumplida informacion en la epoca, y en 1726 seria la ciudad de Palermo la que sufriria las consecuencias de un nuevo temblor. Por lo que hace a la Espana peninsular, Rodriguez de la Torre anota para la primera mitad del siglo varios sismos de diferente intensidad en el ambito meridional valenciano, indicando al respecto que en 1727 se dejaron sentir tres temblores en Alcoy de escasa violencia. Elche conoceria un movimiento similar en 1730, mientras que el area de Benejuzar-Rojales fue testigo de varios terremotos en 1729, 1732 (cinco sacudidas entre el 27 y el 30 de marzo), 1743 y 1746; estos dos ultimos de fuerte intensidad (35).

No obstante, el que tuvo lugar en la madrugada del sabado 23 de marzo de 1748, conocido como <<de Montesa>>, significo una de las catastrofes mas senaladas antes de que la centuria superara su ecuador. Fue, ademas, el primer terremoto del que se ocupo la prensa periodica de la epoca, al dedicarle El Mercurio Historico y Politico especial atencion en su entrega del mes de marzo a tenor de las alarmantes noticias que de los estragos se tenian (36). Igualmente la Gaceta del 2 de abril hacia referencia a las cartas que, procedentes de la ciudad de Valencia, manifestaban <<el lamentable estado que el dia 23 del passado [...] ocassiono en distintos Pueblos de aquel Reyno, con muerte de muchas personas, y ruina de edificios, el terrible Temblor de tierra que se experimento.

Sus efectos se percibieron en un area superior a los 10.000 kilometros cuadrados, localizandose los lugares mas danados en las Gobernaciones de San Felipe, Montesa, Alzira y Cofrentes. Su epicentro cabria situarlo segun Bisbal Cervello en Estubeny o Enguera, mientras que Rodriguez de la Torre lo estima en torno a las poblaciones de Montesa y Xativa, refiriendo las noticias de la epoca como ejemplo paradigmatico de su muy alta intensidad (IX-X grados de la escala MSK) la destruccion del castillo y convento de la orden de Montesa (37). Las fuentes documentales (38), muy minuciosas a la hora de describir los destrozos apreciados en los edificios, confirman esta opinion y permitirian calificar al terremoto como <<destructivo>> o <<completamente destructivo>> (39). De la honda impresion que causo entre los contemporaneos son pruebas evidentes, por un lado, la movilizacion inmediata de los organismos politico-administrativos regnicolas y, por otro, la avalancha de escritos y relaciones relativos a la descripcion del fenomeno y sus efectos (40) y que es parangonable a la que, como veremos, tendria lugar anos mas tarde como consecuencia del tremendo terremoto que sacudio a la ciudad de Lisboa en 1755.

El seismo valenciano dejo un saldo de treinta y ocho muertes, la gran mayoria de ellas en Montesa (41), afecto a cerca de un centenar de poblaciones, destruyo Montesa, Sellent y Estubeny y arruino en su practica totalidad San Felipe --Xativa--, Vallada y Enguera (42). Los danos fueron evaluados en mas de 116.000 libras tras minuciosa pesquisa del intendente Marques de Malespina, que completaba las primeras aproximaciones del capitan general don Francisco Driguet; aunque con toda seguridad cabria incrementar esta cifra al no computarse los gastos de reconstruccion de los lugares absolutamente destruidos. Al Intendente correspondio, asimismo, la elaboracion de un detallado informe en el que se recoge el procedimiento arbitrado para hacer frente a los gastos derivados de la catastrofe y que nos ha permitido obtener informacion individualizada de cada poblacion.

El analisis de este tipo de fenomenos naturales de consecuencias catastroficas comienza a contar en nuestra historiografia con un numero creciente de trabajos que vienen a dar la razon a significados pioneros que apuntaron, mucho tiempo atras, la conveniencia de estudiarlos y contextualizarlos adecuadamente (43). Las contribuciones de Bernard Vincent para el area andaluza (44) y de Antoni Riera, para Cataluna (45), constituyen ejemplos destacados, a las que se pueden incorporar, entre otras, las de Bethencourt, Olivera Serrano o Martinez Solares (46).

Caracteristicas comunes de los terremotos, al margen de la destruccion y de las victimas que causan, son la sorpresa con que se producen, la imposibilidad de predecirlos y, en la epoca que nos ocupa, el desconocimiento de las causas que los provocaban. De ahi el panico generalizado que motivaban y que impelia a las gentes al abandono de los nucleos urbanos y a recurrir de inmediato, antes incluso de pensar en la evaluacion de los danos o en la reconstruccion, a la piedad divina al darse por descontado que este tipo de desgracia obedecia a un castigo de Dios por los comportamientos desordenados de los hombres. Acto seguido, el conjunto de la sociedad de la epoca se planteaba en que debia de modificar sus habitos de vida, para acomodarlos a los que fueran del agrado del Altisimo, y que remedios sagrados debian de emplear para calmar su justa ira.

Al margen de las acciones puestas en marcha por los responsables politicos de las zonas afectadas, otra de las constantes observables en el periodo subsiguiente a un terremoto resulta ser la aparicion de un sinnumero de escritos en los que, junto a aquellos que solo pretenden dar noticia puntual de los hechos (47), aparecen otros que propugnan una respuesta cientifica a la catastrofe y los que, sin mas, destilan un providencialismo de tintes apocalipticos. Estos ultimos, en combinacion con los sermones lanzados desde los pulpitos por los predicadores o los parrocos de cada localidad, son los que contribuyen a acrecentar el sentimiento de temor y culpabilidad que se apodera del colectivo afectado tal y como, por ejemplo, ponen de relieve Aguilar Pinal y Sanchez-Blanco para la ciudad de Sevilla tras padecer el terremoto de 1755 (48). Ese temor, que al poco se transformaba en panico, pretendia remediarlo la religiosidad popular empleando los recursos habituales: exposicion de imagenes sagradas de la manera mas digna posible dadas las circunstancias, procesiones y rogativas, invocacion a los santos especializados en este tipo de males e, incluso, supresion de actos festivos (49).

Ya se ha indicado que la raiz del problema residia en el desconocimiento que se tenia acerca de los origenes de los terremotos, asi como en la imposibilidad de ofrecer una explicacion plausible desde el punto de vista cientifico. De ahi que la iglesia alentara la interpretacion mas providencialista de los fenomenos teluricos, aunque ello le planteara un serio problema teologico derivado de lo indiscriminado que resultaba el castigo divino ya que, en efecto, en un terremoto eran muchos los afectados cuya vida podia catalogarse como de ejemplar. Y si todos eran medidos con el mismo rasero que los pecadores ?donde quedaban la bondad y equidad divinas? Ante este dilema hubo eclesiasticos que se negaron a utilizar este tipo de catastrofes para estimular falsas piedades (50).

En la epoca disfrutaba de gran predicamento la tesis clasica que consideraba como causa de los terremotos a los vientos circulantes por el interior de la tierra que, en su intento baldio de hallar una salida al exterior, la sacudian y hacian temblar. Formulada por Aristoteles, a cuyo criterio se unieron las opiniones de la fisica estoica y del naturalista Plinio, esta interpretacion pretendia explicar de una manera racional esos fenomenos naturales de consecuencias catastroficas para los hombres. Convenientemente maquillada durante el medioevo, al recurrirse a explicaciones de indole sobrenatural, esta teoria acabaria adjudicando a Dios el papel de vigilante del funcionamiento del mundo. Por ello podia usar de su poder para mostrar satisfaccion o enfado, segun el comportamiento de los hombres, y ello se traducia en manifestaciones naturales de todo tipo, entre ellas los terremotos (51). Intentar conciliar explicaciones racionales con sobrenaturales resultaba tarea ardua, por lo que habitualmente los autores de folletos sobre movimientos sismicos se decantaban por una u otra; aunque excepcionalmente, y tal como indica Capel, se pudiera encontrar algun que otro erudito que pretendio hacer gala de un loable eclecticismo (52).

En la segunda mitad del siglo XVII cobraron auge las teorias organicistas en las que el funcionamiento de la mecanica interna de la tierra, cuyos elementos claves lo constituian el fuego, el aire y el agua dispuestos en cavidades comunicadas entre si, pasaba a ser interpretado concibiendola como si de un organismo analogo al del hombre se tratara (53). Al jesuita Atanasio Kircher se debe la mejor formulacion del organicismo a partir de la publicacion, en 1665, de su Mundus subterraneus. Este libro, que constituye la mas destacada aportacion efectuada en el siglo XVII a la discusion en torno a la estructura interna del globo terraqueo, fue escrito tras la fuerte impresion que le produjeron el terremoto de Calabria de 1638 y las erupciones del Vesubio (54).

Las teorias organicistas fueron conocidas en Espana, siendo perceptible la influencia de Kircher en los novatores valencianos. Asi, por ejemplo, Juan Bautista Corachan hizo aparecer al jesuita en sus Avisos del Parnaso, mientras que el padre Tosca expone planteamientos claramente organicistas en su Compendio Mathematico, aunque sin llegar a citarlo. Ya en el siglo XVIII, Diego de Torres y Villarroel tambien contribuyo a la divulgacion de las teorias kircherianas mediante su Viaje fantastico y, por ende, a mantenerlas plenamente vigentes. Cuando tuvo lugar en tierras valencianas el terremoto de 1748 le falto tiempo a este catedratico de Matematicas de la Universidad de Salamanca, y conocido piscator, para editar un folleto pretendiendo explicar el porque de la catastrofe. Impreso con exagerada presteza en el verano del mismo ano 1748 bajo el titulo de Tratados Fisicos y Medicos de los temblores y otros movimientos de la Tierra, llamados vulgarmente Terremotos (55), Torres Villarroel defiende con vigor los planteamientos organicistas asi como las viejas formulaciones aristotelicas (56).

Estas teorias cobrarian de nuevo actualidad en 1755 tras el terremoto de Lisboa. Con ello el recurso a las formulaciones clasicas, doblada ya la primera mitad del siglo XVIII, evidencia las dificultades que experimentaba la ciencia para abrirse paso a la hora de enunciar nuevas propuestas que proporcionaran una respuesta plausible a los problemas cientificos.

EL TERREMOTO DE LISBOA Y SUS EFECTOS EN ESPANA

A las nueve y treinta y cinco de la manana del dia de Todos los Santos del ano 1755 tuvo lugar en Lisboa el que es considerado como uno de los mayores temblores de tierra de la historia (57), que provoco la destruccion e incendio de la capital portuguesa y la muerte de entre un siete y un diez por ciento de su poblacion (58). Su epicentro se localizo en el oceano Atlantico, en la falla Azores-Gibraltar, a unos cien kilometros al suroeste de Lisboa y origino, ademas, un violento tsunami que causo efectos demoledores en las costas portuguesas (59) y andaluzas (60).

Con una intensidad de XII grados en la escala Mercalli, el terremoto dejo su impronta en una extensa area geografica, aunque los mayores destrozos se produjeron en Portugal, Espana y el noroeste del continente africano (61). Los efectos del sismo lisboeta en nuestro pais, al margen de las abundantes referencias aparecidas en la epoca (62), ya merecieron la atencion de los sismologos mas clasicos (63) y el interes, alla por los anos cincuenta y sesenta del siglo pasado, de Guillen Tato (64) y Glendinning (65). Mas proximas a nuestros dias no se deben olvidar las aportaciones de Rodriguez de la Torre (66), Ordaz (67) Fombuena (68) o Vincent (69), junto con las de los ya aludidos Capel, Aguilar Pinal y Sanchez Blanco. En el ano 2001 Martinez Solares, completando un trabajo anterior publicado en 1979 (70), reviso y sistematizo en un excelente libro todas las circunstancias que concurrieron en este dramatico acontecimiento incorporando, ademas, un esplendido aparato grafico y la trascripcion de la voluminosa informacion documental generada por la catastrofe conservada en los archivos Historico Nacional y de la Real Academia de la Historia (71). Este autor cifra en 1.275 las victimas originadas por la catastrofe en Espana; haciendo notar que la mayor parte de ellas --1.214-- lo fueron como consecuencia del maremoto. Asimismo desgrana con sumo detalle el resto de efectos colaterales y la valoracion de las perdidas; aspectos en los que obviamente no voy a entrar. Nuevas y recientes reflexiones, al socaire de la conmemoracion de los dos siglos y medio de la catastrofe, las proporcionan Tellez Alarcia (72) y Gonzalez Lopo (73).

En nuestro pais la maxima intensidad del terremoto se localizo en la depresion del Guadalquivir (74), afectando asimismo a las dos Mesetas (75), sur del antiguo reino valenciano (76) y cuenca alta del Ebro; percibiendose igualmente en Galicia (77), Cataluna (78) e Islas Canarias. Andalucia (79) fue la region que mayores destrozos padecio, aunque no se registraran excesivas victimas, viendose muy afectadas Cordoba, Sevilla (80), Cadiz (81) y Huelva (82). Los efectos mas dramaticos los provoco el maremoto en las costas andaluzas, tanto orientales como occidentales, en las gallegas, cantabras y vizcainas, asi como en las de algunas de las Islas Canarias (83). Para ciertos lugares disponemos de testigos de excepcion que describieron los efectos del fenomeno con el detalle y precision propios del cientifico. Es el caso, para Cadiz, de Antonio de Ulloa (84) y Louis Godin (85), companeros ambos en la expedicion al Peru encargada de llevar a cabo la medicion de un grado de meridiano para determinar la forma exacta de la Tierra, y del ingeniero Carlos Lemaur para Corcubion, donde se encontraba dirigiendo la construccion de su puerto de cuyo proyecto era autor (86). Para Huelva contamos, asimismo, con los testimonios de dos cualificados espectadores de la tragedia: el doctor Antonio Jacobo del Barco, catedratico de Filosofia y vicario arzobispal en la villa, y Jose Antonio de Armona y Murga, experimentado y eficaz servidor de la monarquia responsable a la sazon de la Contaduria principal de Aduanas onubense. Sus escritos, pese a que encierran un enorme interes, ofrecen sin embargo contenidos y objetivos bien diferentes. Asi, mientras que el de Antonio Jacobo del Barco intenta conciliar, sin exito, el analisis de las causas fisicas del terremoto con la vision providencialista de las mismas (87), el de Armona y Murga solo persigue registrar con precision y agil estilo--10 cual no es poco--todas las circunstancias que rodearon a la tragedia para dar satisfaccion al encargo recibido de la superioridad (88). En el primero hallamos, pues, la pluma del filosofo que se pretende cientifico, pero que no logra desembarazarse del peso que seguia ejerciendo a esas alturas del siglo la rancia tradicion escolastica siempre presta a encontrar en la divina providencia la explicacion de cualquier fenomeno fisico. Por ello, y pese a que el vicario Del Barco describe detalladamente, las caracteristicas del terremoto, se nutre de los contenidos de obras de referencia y se revela como un organicista mas cuando alude al <<horrible phenomeno subterraneo>> que, tras producir la inflamacion del nitro y del azufre en las profundidades de la Tierra, transmite a la superficie movimientos de <<undulacion>> y <<vibratorios>>, que circulan con enorme rapidez, en ultima instancia y, a la hora de intentar explicar el porque del terremoto, no tiene empacho alguno en senalar a Dios como su causante directo indicando, ademas, las razones:
   Los que, por la bondad de Dios, aunque somos Philosophos, somos
   tambien Cristianos, no conocemos otra fortuna que la Divina
   Providencia. [...] [Esta] dispuso que en tal tiempo afligiesen al
   mundo delinquente las Hambres, Guerras, Pestes, Inundaciones y
   terremotos, en desagravio de sus ofensas. Todo esto confesamos ha
   sucedido en el presente terremoto sin dexar de tener por tan
   natural este castigo, como todos los demas, con que nos avisa para
   la enmienda la Divina Clemencia (89).


En Armona y Murga brilla por su ausencia la reflexion moral o cientifica, pues se limita a cumplir a la perfeccion con su tarea de observador atento que traslada al papel convenientemente ordenada la mayor cantidad posible de informacion. Cumpliendo el mandato de Agustin de Montiano, director de la Real Academia de la Historia (90), Armona llevo a cabo una cuidadosa pesquisa por todo el litoral onubense para comprobar los efectos del maremoto que completo con los informes evacuados, siguiendo sus instrucciones, por los parrocos de las poblaciones mas afectadas. M cabo, rendiria cumplida resena de los estragos ocasionados por el terremoto en el territorio del antiguo reino de Sevilla; la cual seria incorporada un ano mas tarde a la Noticia individual del terremoto que la Academia elevaria a Fernando VI. En el, empleando un estilo agil y directo que se asemeja mucho al periodistico, da cuenta de los efectos economicos dejados por el tsunami --pesquerias seriamente perturbadas, almadrabas destruidas, almacenes de sal destrozados--, el numero de muertos, heridos, damnificados o <<asustados>>, los danos en edificios civiles y religiosos, las transformaciones experimentadas en el paisaje, la variacion del curso del rio Tinto o el desbordamiento del Guadalquivir. En suma: una autentica radiografia de la catastrofe sin entrar en disquisiciones cientificas o morales.

EL DEBATE MORAL Y CIENTIFICO

Del impacto que causo entre los contemporaneos la tragedia lisboeta son buena prueba la rapidez con que la noticia llego a todos los rincones del continente europeo (91), el torrente de publicaciones de toda indole que provoco, la gran cantidad de grabados y aguafuertes que circularon recogiendo en imagenes el drama que supuso el arrasamiento de la capital portuguesa, el amplio debate filosofico y cientifico que suscito, asi como el enfoque interpretativo que este tipo de catastrofes adquirio a partir de este momento. No en balde el terremoto de Lisboa es considerado como el inicio de una etapa novedosa en la que se percibe un creciente deseo de profundizar en el conocimiento de la geologia, sobre todo en lo que a la interpretacion de los fenomenos sismicos se refiere.

Es sobradamente conocido que el terremoto conmovio las conciencias de algunos filosofos. Entre ellas la de Voltaire quien, en su Poeme sur le desastre de Lisbonne (1756), cuestiono seriamente, y haria entrar en crisis, el optimismo postulado por Leibniz, Pope o Wolf. El mejor de los mundos posibles habia sucumbido juntamente con Lisboa, y el drama humano subsiguiente venia a mostrar bien a las claras que el mal existia (92). En el fondo lo que pretendia Voltaire era atacar a los providencialistas de raiz jesuitica, y en su famosa novela Candide ou l'optimisme, aparecida en 1759, volveria sobre esta cuestion dedicando un capitulo precisamente a describir el panorama de la urbe lisboeta tras la catastrofe.

Desde el punto de vista cientifico las consecuencias del sismo de 1755 no fueron de menor alcance. En Europa propicio un aluvion de opiniones, descripciones y teorias que, entre otras cosas, permitieron componer el volumen de los Philosophical Transactions correspondiente al ano 1761, sobresaliendo por encima de todos el articulo elaborado por John Michell, astronomo, matematico y profesor de Geologia en la Universidad de Cambridge (93). Tras analizar todas las argumentaciones de sus contemporaneos, el reverendo Michell fue el primero en atribuir a las ondas sismicas un comportamiento elastico que les permitia expandirse desde las profundidades de la Tierra en que se habia producido el fenomeno hasta puntos de la corteza terrestre extraordinariamente alejados.

En Espana los ecos de la catastrofe se multiplicaron gracias al protagonismo que la literatura de cordel le otorgo y a la gran profusion de pliegos de este tipo que, bajo diferentes nombres --relacion, descripcion, noticia, carta-- circularon (94). Podria decirse que todo el mundo estuvo puntualmente informado gracias a las conocidas como Relaciones de sucesos y ello provoco, a la hora de intentar explicar el origen del mismo, una abierta polemica cientifico-moral entre aquellos que consideraban el terremoto como un castigo de Dios y, en consecuencia, solo contemplaban su origen sobrenatural y quienes, sin llegar a poner en duda los designios del Altisimo, estimaban una causa fisica inmediata. Entre estos, ademas, se abrio una disputa entre los que se amparaban en las viejas teorias heredadas de los clasicos y quienes aspiraban a revisadas proporcionando una adecuada interpretacion cientifica del fenomeno.

El padre Feijoo defendio desde el primer momento la causa fisica del terremoto a traves de una serie de cartas escritas entre noviembre de 1755 y enero de 1756, posteriormente editadas por Jose Luis Roche, comerciante gaditano y corresponsal del benedictino (95). Feijoo, tras cotejar las similitudes, diferencias y singularidades del terremoto de Lisboa con las de otros sismos historicos, sostuvo las viejas posiciones de corte organicista para interpretar el origen de los habidos hasta el de 1755. Para este, sin embargo, elaboro sus propias teorias, modificando las del sistema clasico, apuntando la hipotesis de que fuera la <<virtud electrica>> la causante de un terremoto de tanta extension. Sostenia el benedictino, en clara analogia con los fenomenos atmosfericos, que la electricidad hacia posible la transmision rapida de los movimientos sismicos a largas distancias, lo que permitiria que se dejaran sentir de manera simultanea en lugares muy distantes (96). La propuesta en si no resultaba novedosa pues ya la habia formulado en 1750 el clerigo ingles William Stukeley, tras los terremotos que sacudieron la ciudad de Londres en febrero y mayo de 1749 y septiembre del ano siguiente; y aunque hubiera aparecido publicada en el volumen decimo de las Philosphical Transacctions (97) es evidente que Feijoo la desconocia. Tambien por esas fechas defendia una hipotesis similar Giambatista Beccaria, de la que probablemente el benedictino pudo tener noticia al existir una traduccion al frances aparecida en 1754. Stukeley y Beccaria obtendrian el reconocimiento publico de Joseph Priestley, brillante quimico y uno de los descubridores del oxigeno, quien les dedicaria especial atencion en uno de los capitulos de su Historia de la electricidad aparecida en 1767; obra considerada clave para entender el desarrollo de la teoria electrica (98).

Feijoo recibiria para sus planteamientos el apoyo de Jose Luis Roche, formulador asimismo de una teoria similar a la del benedictino, y del padre Jose Cevallos, miembro de la Academia de Buenas Letras sevillana y activo polemista enfrentado a los partidarios del providencialismo. Por el contrario hubo de soportar la furiosa embestida de, entre otros, fray Miguel Cabrera (99), Francisco Mariano Nifo (100) y Ortiz Gallardo (101), defensores de los postulados clasicos que encajaban las ideas aristotelicas en el organicismo del padre Kircher anteriormente comentado y apelaban a la voluntad divina como elemento decisivo en la genesis de los movimientos teluricos. La busqueda de explicaciones alternativas a las clasicas acerca de la estructura y funcionamiento internos de la Tierra, habida cuenta la imposibilidad de llevar a cabo observaciones directas de estos fenomenos, provocaba este tipo de especulaciones entre los partidarios de los avances cientificos. El camino a recorrer para averiguar el origen exacto de los terremotos aun seria largo, pero es evidente que el de Lisboa actuo como un autentico revulsivo para la ciencia de la epoca.

Armando ALBEROLA ROMA

Universidad de Alicante

* Este articulo se inscribe en el marco del proyecto de investigacion <<Clima, economia y sociedad en la Espana del siglo XVIII>> (BHA2002-01551), que cuenta con financiacion del MEC y de los fondos FEDER. Una version reducida fue presentada en el Seminario Internacional Los terremotos en la Edad Moderna: en torno al terremoto de Lisboa de 1755, organizado por la Casa de Velazquez y la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales y celebrado en Madrid en diciembre de 2005.

(1.) ALBEROLA ROMA, A. Catastrofe, economia y accion politica en la Valencia del siglo XVIII. Valencia: Ed. Alfons el Magnanim, 1999.

(2.) LE ROY LADURE, E. Histoire du climat depuis l'an mil. Flammarion. Paris: 1983 (Historia del clima desde el ano mil. Mexico: Fondo de Cultura Economica, 1991), fundamentalmente cap. IV. Del mismo autor: Le territoire de l'historien. Paris: 1973; FONT TULLOT, I. Historia del clima en Espana. Cambios climaticos y sus causas. Madrid: Instituto Nacional de Meteorologia, 1988. pp. 71-94; MARTIN VIDE, J. (ed.). Avances en Climatologia Historica en Espana, Vilassar de Mar: 1997.

(3.) KAMEN, K. La Guerra de Sucesion en Espana. Barcelona: Grijalbo, 1974, pp. 391-392, 402, 424. Los datos generales proceden, en su mayor parte, de I. FONT TULLOT, I. op. cit., pp. 99-107.

(4.) FONT TULLOT, I. op. cit., pp. 95 y 99.

(5.) BACALLAR DE SANNA, V. Marques de San Felipe. Comentarios de la guerra de Espana e historia de su rey Felipe V, el animoso. Madrid: 1957, p. 167.

(6.) FONT TULLOT, I. Op. cit., p. 99. Respecto de estas dos ultimas alusiones conviene tener en cuenta que Le Roy Ladurie, tras analizar y concordar series fenologicas francesas y curvas termometricas inglesas, incluye el periodo 1739-1752 en uno de los tres grupos de anos especialmente frios en ambos paises, ob. cit., p. 86.

(7.) FONT TULLOT, I. op. cit., p. 101.

(8.) Una amplia reflexion acerca de esta documentacion, sus problemas y las cautelas a aplicar en RODRIGUEZ DE LA TORRE, F. Metodologia de la investigacion de desastres naturales. En AYALA-CARCEDO, F. J. y OLCINA CANTOS, J. Riesgos naturales, pp. 211-242. Una aproximacion al estudio historico del riesgo climatico en BARRIENDOS VALLVE, M. <<Los riesgos climaticos a traves de la historia: avances en el estudio de episodios atmosfericos extraordinarios". Ibidem, pp. 549-560; del mismo autor La climatologia historica en el marco geografico de la antigua monarquia espanola. Scripta Nova. Revista electronica de Geografia y Ciencias Sociales, 1999, 53. Igualmente CALVO GARCIA-TORNEL, F. La geografia de los riesgos. Geocritica, 1984, 9/54, pp. 7-39.

(9.) GIL OLCINA, A. Y MORALES GIL, A. (Eds.). Avenidas fluviales e inundaciones en la cuenca del Mediterraneo. Murcia: Instituto Universitario de Geografia de la Universidad de Alicante-CAM, 1989; CAMARASA BELMONTE, A. M. Crecidas e inundaciones. En AYALA-CARCEDO, F. J. Y OLCINA CANTOS, J. (Coords.). Riesgos climaticos, pp. 860-877.

(10.) RICO Y SINOBAS, M. Memoria sobre las causas meteorologico-fisicas que producen las constantes sequias de Murcia y Almeria, senalando los medios para atenuar sus efectos. Madrid: Imprenta de D. S. Compagni, 1851.

(11.) BENTABOL, H. Las aguas de Espana y Portugal. Madrid: Imp. de la Vda. e hijos de M. Tello, 1900 (2.a ed.).

(12.) Las investigaciones de FONTANA TARRATS, mecanografiadas, pero no publicadas, han servido de base para la elaboracion de diferentes estudios, e interesa destacar para el caso que nos ocupa Historia del clima en Cataluna. Noticias antiguas, medievales y en especial de los siglos XV, XVI y XVII. Madrid: 1976, obra inedita mecanografiada; Historia del clima en el litoral mediterraneo: Reino de Valencia mas provincia de Murcia. Javea: 1978, obra inedita mecanografiada.

(13.) FONT TULLOT, I. op. cit., pp. 102 y SS.

(14.) El suceso lo refiere, muy graficamente, la Gaceta de Madrid del dia 21 de ese mes y el hecho de que fallecieran personalidades de la nobleza madrilena justifica el alcance dado a la noticia. El Duque de la Mirandola celebraba su cumpleanos en una de las estancias de la planta baja de su casa con numerosos invitados cuando, tras un dia de fuertes chubascos, se produjo una subita avenida procedente <<de las alturas de la Huerta y cercanias del convento de Recoletos>> que rompio las tapias del jardin y penetro hasta la casa y <<creciendo excesivamente derribo parte de dicha pared y entro de impetu en todo el cuarto bajo (...), en cuyo conflicto salieron de la casa los que pudieron, otros se mantuvieron asidos de ventanas y rejas, nadando sobre el agua, y otros subiendo sobre los coches del patio salvaron la vida, aunque maltratados, y otros los libraron los Religiosos Agustinos Recoletos, que acudieron al remedio". Perecieron, sin embargo y de ahi el amplio eco de la noticia, la esposa del anfitrion, el teniente general Tiberio Caraffa y el Marques de Castelrodrigo.

(15.) ALBEROLA ROMA, A. Entre la sequia y la inundacion. Una aproximacion a las avenidas de los rios valencianos durante el siglo XVIII. En CHASTAGNARET, G. y GIL OLCINA, A. (eds.). Riesgo de inundaciones en el Mediterraneo occidental, Casa de Velazquez-Universidad de Alicante (en prensa).

(16.) Sobre las avenidas del Xoquer son fundamentales los trabajos de PEraS ALBENTOSA, T. L'escenari i els protagonistes, vol. I de Historia de La Ribera. Alzira: Ed. Bromera-Mancomunitat de La Ribera Alta, 2001, pp. 99-120. Del mismo autor: Las inundaciones del Xoquer (siglos XV-XIX). Un exponente relevante de la cuestion hidraulica en tierras valencianas. Revista de Historia Moderna, 2005, 23, pp. 75-108.

(17.) Un compendio de todas las riadas padecidas por la ciudad de Orihuela desde mediados del siglo XVI hasta el ultimo tercio del XIX, aderezado con comentarios referidos a todas ellas, se halla en el trabajo sin firma titulado <<Las riadas desde el ano 1535 hasta la de Santa Teresa en 1879>>, aparecido en el numero extraordinario de la revista Oleza correspondiente al ano 1991.

(18.) TEIXIDO, Fr. Joseph. Antiguedades de Valencia. Observaciones criticas donde con instrumentos autenticos se destruye lo fabuloso, dejando en su debida estabilidad lo bien fundado. Escribiolas en 1767--, Bibliotecario del Real Convento de Predicadores de la misma ciudad. Valencia: Imprenta de Francisco Vives Mora, 1895, I, pp. 47-49; BOIX Y RICARTE, V. Historia de la ciudady reino de Valencia. Valencia: Imprenta de don Benito Monfort, 1845, I, pp. 442-447 (referencias del padre Teixido en paginas 449-451); CARBONERES, M. Nomenclator de las puertas, calles y plazas de Valencia, con los nombres [...] y varios datos historicos de la ciudad. Valencia: Imprenta El Avisador Valenciano, 1873, p. 135 (facsimil por Librerias Paris-Valencia, Valencia: 1980); PERALES, J. B. Decadas de la historia de la insigne y coronada ciudad y reino de Valencia. Continuacion de las Decadas que escribio el licenciado y rector Gaspar Escolano. Valencia/Madrid: Terraza, Aliena y Compania Editores, 1880, libr. IV, cap. VII, pp. 916-917; ALMELA Y VIVES, F. Las riadas del Turia, Turia (1321-1949). Valencia: Ayuntamiento de Valencia, 1957, pp. 47-50.

(19.) Puntual relacion de la Avenida de el Rio Turia, que bana a esta ciudad de Valencia, sucedida el dia 16 de Setiembre de 1731, en Valencia, con las licencias necesarias por Antonio Bordazar, s.f., 8 pp.; Verdadero Resumen y compendioso diseno de la memorable avenida de el Turia, principal rio de Valencia: reflujo de sus barrancos, y estragos de sus efectos; en el dia 16 de Setiembre de este presente ano 1731. 15 pp. Una reflexion acerca del sentido e intenciones de este tipo de literatura generada por acontecimientos naturales de signo catastrofico en PEREZ MARTINEZ, T. y FAUS PRIETO, A. La inundacion del Turia de 1731. Narracion historica e interpretacion geografica. Quaderns d'Investigacio d'Alaquas, 1990, 9, pp. 15-29; igualmente ALBEROLA ROMA, A. Catastrofe, economia ..., pp. 60-61.

(20.) PERALES, J. B. op. cit., libr. IV, cap. VII, p. 917. Esta inundacion no la recogen ni Teixido, ni Carboneres, ni Almela y Vives. FONT TULLOT en su ob. cit. pp. 104 y 105, alude unicamente a la de septiembre de 1731. MELLO URIBE anade otra crecida del Turia, que califica como de ordinaria, en abril de 1737. Vease La <<Junta de murs i valls>>. Historia de las obras publicas en la Valencia del Antiguo Regimen, siglos XIV-XVIII. Valencia: Consell Valencia de Cultura, 1991, p. 36.

(21.) Entre los meses de diciembre de 1731 y de 1732 hay referencias a cuatro riadas mas, alguna de ellas tras meses de rogativas y procesiones, de menor entidad; cit. en <<Las riadas, desde el ano 1535 hasta la de Santa Teresa en 1879>>.

(22.) FAUS PRIETO, A. La ciudad de Valencia ante las riadas del Turia de 1776. Cuadernos de Geografia, 1999, 65-66, pp. 123-142; ALBEROLA ROMA, A. Sequia, lluvias torrenciales y transporte fluvial de madera: las avenidas del rio Turia del otono de 1776. Revista de Historia Moderna, 2005, 23, pp. 49-74.

(23.) Archivo Municipal de Orihuela, leg. 38, no 2. Copia de la informacion fecha por el Caballero Sindico Procurador Gral. de esta ciudad sobre los danos y perjuicios padecidos en esta poblacion y su huerta con los temporales y llubias de este rio Segura y ramblas [...].

(24.) ALBEROLA ROMA, A. La percepcion de la catastrofe: sequia e inundaciones en tierras valencianas durante la primera mitad del siglo XVIII. Revista de Historia Moderna, 1996, 15, pp. 257-269.

(25.) En 1757 entraron en erupcion el Etna y el Vesubio, volviendolo a hacer ambos de manera violenta en 1766, al igual que el Cotopaxi (Ecuador) y el Mallon (Filipinas). Previamente, en 1754, lo habia hecho el Taal (Filipinas) y en 1759 el Jorullo (Mexico). La erupcion del Laki (Islandia) resulto especialmente tragica con cerca de 9.000 muertos, el arrasamiento de una superficie de 900 kilometros cuadrados, la perdida de cosechas y ganados y la aparicion de modificaciones en el clima como consecuencia de la gran emision de gases que contaminaron la atmosfera; cfr. En ORDAZ, J. Desastres naturales y catastrofismo en el siglo XVIII. Cuadernos de Estudios del siglo XVIII, 2000-2001, 10-11, pp. 99-100; LAMB, H. H. Climate history and the Modern World. Londres: Methuen and Co., 1982.

(26.) PETIT BREUILH SEPULVEDA, Ma. E. La historia eruptiva de los volcanes hispanoamericanos (siglos XVI al XX), Casa de los volcanes. Huelva: Cabildo Insular de Lanzarote, 2004, pp. 124-132; de la misma autora Desastres naturales y ocupacion del territorio en Hispanoamerica. Huelva: Universidad de Huelva, 2004, pp. 64 y 75.

(27.) ULLOA, A. Relacion historica del Viage a la America meridional hecho de Orden de S. Mag. para medir algunos grados de Meridiano Terrestre y venir por ellos en conocimiento de la verdadera Figura, y Magnitud de la Tierra, con otras varias observaciones Astronomicas y Physicas: Por L [...]. Madrid: Antonio Marin, 1748, I parte, libr. VI, caps. VII y VIII.

(28.) Se trata de los volcanes Copahue, Antuco, Peteroa, Nevados de Chillan, Callaqui, Villarrica, Llaima y Antuco; en PETIT-BREUILH SEPULVEDA, Ma E.: La historia ..., pp. 131-132.

(29.) ARANA, V. y CARRACEDO, J. C. Los volcanes de las Islas Canarias: Lanzarote y Fuerteventura. Madrid: 1987; SUAREZ, L. y REGUEIRO, M. (eds.). Guia ciudadana de los riesgos geologicos. Madrid: Colegio Oficial de Geologos de Espana, 1997.

(30.) ROMERO RUIZ, C. Cronicas documentales sobre las erupciones de Lanzarote. Teguise (Lanzarote): Fundacion Cesar Manrique, 1997; asimismo: La erupcion de Timanfaya (Lanzarote, 1730-1736). Analisis documental y estudio geomorfologico. La Laguna: 1991.

(31.) QUINTANA ANDRES, P. C. y LEON HERNANDEZ, J. de. Los resabios del volcan: los lanzarotenos desplazados a Fuerteventura entre 1730-1736. En IX Jornadas de Estudios de Fuerteventura y Lanzarote. Las Palmas de Gran Canaria: 2000, I, pp. 227-248; QUINTANA ANDRES, P. C. Los efectos del volcan en el habitat y el espacio agrario de Lanzarote durante el siglo XVIII. En VII Reunion Cientifica de la Fundacion Espanola de Historia Moderna. Ciudad Real: 2002; QUINTANA ANDRES, P. C. Las catastrofes volcanicas y la transformacion del paisaje agrario en Canarias durante la Edad Moderna: Lanzarote, 1730-1750. Revista de Historia Moderna, 2005, 23 pp. 233-260.

(32.) PETIT-BREUILH SEPULVEDA, Ma. E. Desastres naturales y ocupacion ..., pp. 64 y ss.

(33.) PEREZ-MALLAINA BUENO, P. E. Retrato de una ciudad en crisis. La sociedad limena ante el movimiento sismico de 1746. Sevilla: CSIC-Pontificia Universidad Catolica del Peru, 2001.

(34.) ULLOA, A. DE. Relacion historica del Viage a la America meridional, II parte, libr. I, cap. VII.

(35.) RODRIGUEZ DE LA TORRE, F. Catalogo sismico de la actual provincia de Alicante (hasta el final del siglo XVIII). Revista del Instituto de Estudios Alicantinos, 1980, 30, pp. 107-133.

(36.) Mercurio historico y politico en que se contiene el estado presente de la Europa: lo que passa en todas sus Cortes; los intereses de los Principes [...], mes de Marzo de 1748. Madrid: Imprenta del Mercurio, 1748, T. XXXVIII, p. 77.

(37.) BISBAL CERVELO, L. La serie sismica ..., apendice final. RODRIGUEZ DE LA TORRE, F. Catalogo sismico ..., p. 119; CERDA I BALLESTER, J. Textos recuperats per a la historia de Montesa. Documenta, 1999, 4, abril.

(38.) Se trata de los informes elaborados de urgencia por el Duque de Caylus, Capitan General de Valencia; el Marques de Malespina, intendente general valenciano; y el Marques de la Romana, gobernador de Montesa, en Archivo General de Simancas (AGS). Guerra Moderna. Legajo 1.315. El Duque de Caylus, el Marques de Malespina y el Gobernador de Montesa, sin fecha. Relaciones de los estragos causados en Valencia por los terremotos, se trata de una relacion remitida por el Duque de Caylus al Marques de la Ensenada el dia diez de abril de 1748. El Marques de la Romana al Marques de la Ensenada. Montesa 26-3-1748, Relacion zircunstanziada de la ruina que ha ocasionado en la villa v castillo de Montesa el terremoto que se sintio y duro por espacio de dos minutos con poca diferenzia, en el dia 23 de marzo a las seis y media de la manana con diferentes repetiziones de menos fuerza hasta el 26 del mismo. AGS. Secretaria y Superintendencia de Hacienda. legajo 576. Extracto de, lo que resulta de los Autos formados en razon de las aberiguaziones que ele RI. Orn. se han executado, de, las Ruynas causadas por los Terremotos acaezidos desde el dia 23 de Marzo passado, con expression del costo que se ha considerado por los expertos podran tener sus reparos, 3' de los acaezimtos, singulares que ha havido. Igualmente Parecer que reservadamente se expone [...]; ALBEROLA ROMA, A. Catastrofe, economia y accion politica.

(39.) ALBEROLA ROMA, A. Catastrofe e Historia: el terremoto valenciano de 1748. En Homenaje a Antonio de Bethencourt Massieu. Las Palmas de Gran Canaria: Seminario de Humanidades <<Agustin Millares Carlos>>, 1995, pp. 59-82; del mismo autor Catastrofe. economia y accion politica ..., cap. 3; FAUs PRIETO, A. LOS terremotos de 1748 en el antiguo Reino de Valencia. Documentos de base y notas para su estudio, Cuadernos de Geografia, 1989, 45, pp. 35-50.

(40.) CARRASCO, E. F. Relacion puntual circunstanciada de las ruinas y extragos causados por los Terremotos que se sintieron en varias partes del Reyno de Valencia, los dias 23 de Marzo, y 2 de Abril de 1748. Sacada de las noticias, testimoniadas, remitidas por los Governadores, Corregidores, y Justicias al Excmo. Senor Duque de Caylus, Governador, y Capitan General de este dicho Reyno y el de Murcia. Valencia: Imprenta de la Viuda de Antonio Bordazar, 1748. Este folleto fue traducido al portugues en mismo ano, Lisboa: Offcina de Manoel de Sylva, 1748. Ver igualmente XIMENO, V. Relacion verdadera de los terremotos padecidos en el Reyno de Valencia desde el dia 23 de Marzo del ano 1748 y de las Rogativas que se hacen en la ciudada de, Valencia y en otras partes del Reyno a Dios Nuestro Senor, para que aplaque su ira y cesse este castigo, Valencia: Joseph Estevan Dolz, 1748.

(41.) En Montesa fallecieron 26 hombres, de los que diecisiete eran frailes que habitaban en el convento y castillo de la orden del mismo nombre. A ellos cabe anadir las muertes de un varon en Sellent, tres mujeres (una en Anna y dos en Enguera) y dos ninos en Anna y Corbera. El recuento incluye cinco cadaveres mas, de los que no se especifica ni sexo ni edad, aparecidos en Torrent de la Costera: en ALBEROLA ROMA, A. Catastrofe, economia ..., pp. 146-147.

(42.) ALBEROLA ROMA, A. Catastrofe, economia ..., pp. 122-141.

(43.) VILAR, P. Le declin catalan du Bas Moyen Age. Hypotheses sur sa chronologie, Estudios de Historia Moderna, 1956-1959, 5, pp. 10-11; DOMINGUEZ ORTIZ, A. La sociedad espanola en el siglo XVIL Madrid: 1964, I, pp. 76 y 146.

(44.) VINCENT, B. Les tremblements de terre dans la province d'Almeria (XV-XIX siecle). Annales. E.S.C., 1974, 29, mayo-junio, pp. 571-586; Le tremblement de terre de Malaga de 1680. En Tremblements de terre, histoire et archeologie. IV Rencontres Internationales d'Archeologie et d'Historie d'Antibes. Valbonne: 1984, pp. 1-13; Le tremblement de terre de 1518, Roel, 1986-1987, 7-8, pp. 115-125; El terremoto de Malaga de 1680. Historia 16, 1986, 9/120, pp. 27-33; La tierra tiembla en Andalucia. Estudio historico (ss. X-XIX). En GONZALEZ ALCANTUD, J. A Y GONZALEZ DE MOLINA, M. (Eds). La tierra. Mitos, ritos y realidades. Anthropos-Diputacion de Granada, 1988.

(45.) RIERA MELIS, A. La societat catalana baixmedieval davant els sismes. I: els terratremols de 1373. Anuario de Estudios Medievales, 1986, 16, pp. 251-306; Fuentes y metodologia para el estudio de los seismos medievales en Cataluna, Anuario de Estudios Medievales, 1987, 17, pp. 309-339; RIERA MELIS, A. y otros. Catastrofe i societat a la Catalunya medieval: els terratremols de 1427-1428. Acta historica et archaelogica medievalia, 1999-2000, 20-21, 2/I, pp. 699-735.

(46.) BETHENCOURT MASSIEU, A. de. Los terremotos de 1793 en El Hierro, en Homenaje a Alfonso Trujillo. Tenerife: 1982, pp. 15-28; OLIVERA SERRANO, C. Y MARTiNEZ SERRANO, J. M. Sismicidad historica del reino de Granada (1487-1531). Madrid: Instituto Geografico Nacional, 1995; MARTiNEZ SOLARES, J. M. Los efectos en Espana del terremoto de Lisboa (1 de noviembre de 1755). Madrid: Instituto Geografico Nacional-Ministerio de Fomento, 2001.

(47.) RODRIGUEZ SANCHEZ DE LEON, M.a J. EL terremoto Lisboeta de 1755 en Las relaciones de sucesos. En GARCIA DE ENTERRIA, M.a C.; ETTINGHAUSEN, H. y REDONDO, A. Las relaciones de sucesos en Espana (1500-1750). Actas del Primer Coloquio Internacional. La Sorbonne-Alcala de Henares: Publicaciones de La Sorbonne-Servicio de Publicaciones de la Universidad de Alcala, 1996, pp. 305-313.

(48.) AGUILAR PINAL, F. Conmocion espiritual provocada en Sevilla por el terremoto de 1755. Archivo Hispalense, no 56 (1973), 56, pp. 37-44; SANCHEZ-BLANCO, F. El terremoto de 1755 en Sevilla y la mentalidad local, Archivo Hispalense, 1988, 218, pp. 57-65.

(49.) Tras el terremoto de 1748 eL cabildo ciudadano de Alicante suprimio, a finales de mayo de ese mismo ano, la representacion de comedias y en Valencia, ademas de prohibir este tipo de actos por espacio de cinco anos, se suspendieron igualmente las corridas de toros; ALBEROLA RoMA, A. Catastrofe, economia ..., pp. 168-170; GUIDOBONI, E. Riti di calamita: terremoti a Ferrara nel 1570-1574. Quaderni Storici, 1984, 55, abril, pp. 107-135; GRASSI FIORENTINO, S. <Nella sera della Domenica ... >. Il terremoto del 1703 in Umbria: trauma e reintegrazione. Quaderni Storici, 1984, 55, abril, pp. 137-154; FERNANDEZ BASURTE, F. Reacciones piadosas colectivas ante las calamidades publicas en la Malaga del siglo XVII. La epidemia de 1649 y el terremoto de 1680. En Mentalidad e ideologia en el Antiguo Regimen. II Reunion Cientifica de la Asociacion Espanola de Historia Moderna. Murcia: 1993, pp. 211-224.

(50.) En relacion con el caracter natural o sobrenatural de los temblores de tierra resultan muy interesantes las reflexiones del presbitero sevillano Jose Cevallos, tras el terremoto de 1755 que sacudio Lisboa y buena parte de las tierras andaluzas, entre ellas la ciudad de Sevilla; ver su Respuesta a la carta del Ilmo. y Rmo. senor D. Fray Miguel de San Josef, obispo de Guadix y Baza, del Consejo de S. Mag. sobre varios escritos a cerca del terremoto, por el Doct. D. Josef Cevallos [...]. Sevilla: Imprenta de la Universidad y Libreria de D. Joseph Navarro y Armijo, [1755] (Biblioteca Nacional, C-640-12). Igualmente AGUILAR PINAL, F. Conmocion espiritual ... y SANCHEZ-BLANCO, E El terremoto de 1755 en Sevilla ... Los clerigos miembros de la Academia Sevillana de Buenas Letras se mostraron, como Cevallos, abiertamente beligerantes en la defensa de la causa natural del terremoto.

(51.) Respecto al estado de los conocimientos <<cientificos, acerca del origen de los terremotos ver REY, A. Las teorias sismicas a traves de la historia, Revista Iberica, 1924, 21, pp. 234-252; DUE ROJO, S. L. Las teorias sismogenicas en Espana durante los ultimos siglos, Anales de la Asociacion Espanola para el Progreso de las Ciencias, 1945, 10/1, pp. 283-294; CAPEL, H. Organicismo, fuego interior y terremotos en la ciencia espanola del siglo XVIII, Geocritica, 12, 1980, 27-28 (mayo-julio), fundamentalmente pp. 37 y ss.

(52.) Se trata del caballero aragones Anastasio Marcelino Uberte quien, tras los terremotos de Napoles de fines del siglo XVII, pretendio clasificar los seismos habidos hasta la fecha distinguiendo los naturales de los sobrenaturales. Pese a sus intenciones, al cabo no hizo sino confirmar la preferencia por la interpretacion sobrenatural frente a la racional, CAPEL, H.: Organicismo, fuego interior ..., pp. 40-42.

(53.) CAPEL, H. La fisica sagrada: creencias religiosas y teorias cientificas en los origenes de la geomorfologia espanola: siglos XVII y XVIII. Barcelona: Ediciones del Serbal, 1985.

(54.) SIERRA, E. El Geocosmos de Kircher, una cosmovision cientifica del siglo XVII, Geocritica, 1981, 13/33-34, pp. 5-15.

(55.) TORRES VILLARROEL, D. de. Tratado de los temblores y otros movimientos de la Tierra llamados vulgarmente terremotos., de sus causas, senales, pronosticos, auxilios e historias, por el Doctor--. Valencia: Viuda de Jeronimo Conejos, enfrente San Martin. He utilizado el ejemplar conservado en la Biblioteca Universitaria de Valencia.

(56.) CAPEL, H. Organicismo, fuego interior ..., pp. 59-63.

(57.) La Real Academia de la Historia, en la memoria elaborada sobre el terremoto, lo considero <<por lo universal, por lo violento y repetido (...) como uno de los mas senalados que se sepa haya padecido el Orbes, cit. por GUILLEN TATO, J. En el segundo centenario del maremoto de Cadiz (1755). Boletin, de la Real Academia de la Historia, 1956, 139, pp. 107-158. Cito, sin embargo, por la separata editada en Madrid por la Imprenta y Editorial Maestre, 1955, p. 9.

(58.) Hay abierta discrepancia en relacion con el numero real de victimas originadas por el terremoto, el posterior incendio y el tsunami, aventurando Martinez Solares la cifra de 12.000 lisboetas tras confrontar las diferentes fuentes; MARTINEZ SOLARES, J. M. Los efectos en Espana del terremoto de Lisboa (1 de noviembre de 1755). Madrid: Instituto Geografico Nacional, Ministerio de Fomento, 2001, pp. 29-30.

(59.) MOREIRA DE MENDOCA, J. J. Historia universal dos terremotos que teta havido no mundo [...]. Com huna narracam individual do Terremoto do primeiro de Novembro de 1755, e noticia verdadera dos seus effeitos era Lisboa [...] e huma Dissertacao Physica sobre as causas geraes dos Terremotos [...]. Lisboa: Imp. Antonio Vicente da Silva, 1755. KENDRICK, Th. D. The Lisbon earthquake. Philadelphia-New Cork: 1955; FRANCA, J. A. Une ville des Lumieres, la Lisbonne de Pombal. Sevpen. Paris: 1965; del mismo autor Lisboa pombalina e o Iluminismo. Lisboa: Bertrand Editora, 1987 (3.a edicion corregida y actualizada); SOUSA MOREIRA, V. Contribucao para o conhecimento de sismicidade historica de Portugal continental. Lisboa: Instituto Meteorologico Geofisico, 1984; AZEVEDO, J. Lucio de. O marques de Pombal e a sua epoca. Lisboa: Classica Editora. Lisboa, 19902; ARAUJO, A. C. A morte era Lisboa: attitudes e representacoes, 1700-1830. Lisboa: Ed. Noticias, 1995; de la misma autora O terramoto deLisboa. Lisboa e a Europa, CTT Correios, Lisboa: 2005.

(60.) CAMPOS ROMERO, M.a L. El riesgo de tsunamis en Espana. Analisis y valoracion geografica, Madrid: Instituto Geografico Nacional, 1992, fundamentalmente los capitulos 4 y 5, pp. 118-184.

(61.) LEVRET, A. The effects of the november 1, 1755 Lisbon earthquake in Morocco. Tectonophysics, 1991, 193, pp. 83-94; GUSTAVINO GALLENT, G. El terremoto de 1755 en Marruecos, Africa, Revista de Accion Espanola, 1948, 81-82, pp. 321-325.

(62.) El Mercurio Historico y Politico le dedico, inicialmente, una especial atencion en su volumen correspondiente al mismo mes de noviembre dando puntual noticia de lo acaecido en la corte lisboeta, en la madrilena, asi como en las poblaciones andaluzas mas afectadas --Sevilla, Cadiz, Huelva y Ayamonte--, Mercurio Historico y Politico, en que se contiene el estado presente de la Europa, de lo que passa en todas sus Cortes [...] que pertenece al mes de noviembre de 1755, tomo CXXX, en Madrid en la Imprenta del Mercurio. En el numero de diciembre no hay noticias al respecto, que de nuevo se retoman en enero de 1756 (tomo CXXXII). Al margen de la informacion de El Mercurio, fueron innumerables las Relaciones publicadas dando cuenta del suceso y sus consecuencias.

(63.) Ver, entre otros, GALBIS RODRIGUEZ, J. Catalogo sismico de la zona comprendida entre los meridianos 5[grados] E y 20[grados] W de Greenwich y los paralelos 45[grados] y 25[grados] N. Madrid: Instituto Geografico y Catastral, 1940, II; FONTSERE, E. E IGLESIES, J. Recopilacio de dades sismiques de les terres catalanes entre 1100-1906. Barcelona: Fundacio Vives Casajuana, 1971.

(64.) GUILLEN TATO, J. En el segundo centenario del maremoto de Cadiz (1755).

(65.) GLENDINNING, N. EL P. Feijoo ante el terremoto de Lisboa. Cuadernos de la Catedra Feijoo, 1966, 18/2, pp. 353-365.

(66.) RODRIGUEZ DE La TORRE, F. Efectos del terremoto de 1 de noviembre de 1755 en localidades de la actual provincia de Albacete. Al-Basit, 1981, 10, dic., pp. 85-125; Nuevos documentos' albacetenses sobre el terremoto de 1-X-1755. Al-Basit, 1991, 28, junio, pp. 141-167; Los terremotos en la provincia de Albacete, Cuadernos Albacetenses, 1995, 1; Documentacion existente en el Archivo general de Simancas (Espana) sobre algunos terremotos de Europa y Asia occidental, excluidas las peninsulas Iberica e Italica. Review of Historical Seismicity in Europe (RHISE), 1989-1993, 1, 10 pp. (http://emdius. mi. ingv.it/RHISE/); Lecturas sistematicas de prensa periodica. Hacia una revision de la sismicidad europea durante los siglos XVII y XVIII. RHISE, 1989-1993, 1, 9 paginas (http://emidius.mi. ingv.it/RHISE/).

(67.) ORDAZ, J. El terremoto de Lisboa de 1755 y su impacto en el ambito cientifico espanol. En II Simposio sobre el padre Feijoo y su tiempo. Oviedo: Universidad de Oviedo, 1983, II, pp. 433-442.

(68.) FOMBUENA FILPO, V. El terremoto de Lisboa: un tema de reflexion para el pensamiento ilustrado. Espacio y tiempo, 1995, 9, 9-22.

(69.) Ver nota 44 y, ademas, Les tremblements de terre en Espagne et Portugal, en BENNASSAR, B. (ed.). Les catastrophes naturelles dans L'Europe medievale et moderne. Toulouse: 1996, pp. 77-94.

(70.) MARTINEZ SOLARES, J. LOPEZ ARROYO, A. y MEZCUA, J. Isoseismal map of the Lisbon earthquake obtained from Spanish data. Tectonophysics, 1979, 53, pp. 301-313.

(71.) MARTINEZ SOLARES, J. M. Los efectos en Espana del terremoto de Lisboa. La trascripcion documental fue llevada a cabo por Fernando Rodriguez de la Torre y se extiende entre las paginas 93 y 714.

(72.) TELLEZ ALARCIA, D. Spanish interpretation of the Lisbon Earthquake between 1755 and the war of 1762. En BRAUN, Th. E. D. y RADNER, J. B. (eds.). The Lisbon earthquake of 1755. Representations and reactions. SVEC, 2, Oxford: 2005, pp. 50-65; del mismo autor: El impacto del terremoto de Lisboa en Espana. En Coloquio Internacional <<O terremoto de 1755: impactos historicos>>. Lisboa, 3-5 de noviembre de 2005 (en prensa).

(73.) GONZALEZ LOPO, D. El impacto y las consecuencias del terremoto de Lisboa de 1755 en Galicia. En Coloquio Internacional <<O terremoto de 1755: impactos historicos>> (en prensa).

(74.) VEGA DOMINGUEZ, J. de. Des bords sanglants du Tage a la roer de Cadiz. Revista Portuguesa de Historia, 1997-1998, 32, pp. 243-303.

(75.) OLAECHEA LABAYEN, J. B. Madrid y sus terremotos. La sismicidad de la capital de Espana y su region, con referencia especial al terremoto de 1755. Madrid: Instituto de Estudios Madrilenos, 1980.

(76.) RODRIGUEZ DE LA TORRE, E Catalogo sismico ...

(77.) FERNANDEZ VALDES COSTAS, M. El terremoto de Lisboa. Su repercusion en la antigua provincia de Tuy. Cuadernos de Estudios Gallegos, 1955, 10, pp. 303-311.

(78.) RODRIGUEZ DE LA TORRE, F. Repercusion en tierras de Girona y del Maresme del gran terremoto de Lisboa (1 de noviembre de 1755). Annals de l'Institut d'Estudis Gironins, 1985, 5/27, pp. 329-357; LOPEZ, ARRANZ, M.; OLIVERA, C. y ROCA, A. Contribucion al estudio del terremoto de Lisboa del 1 de noviembre de 1755: observaciones en Cataluna. Review of Historical Seismicity in Europe (RHISE), 1989-1993, 2, 12 paginas (http://emidius.mi.ingv.it/RHISE/).

(79.) CAMPOS ROMERO, Ma L.: El riesgo de tsunamis en Espana ...; VINCENT, B. La tierra tiembla en Andalucia ...; Les tremblements de terre dans la province d'Almeria (XV-XIX siecles). Annales. E.S.C., 1974, mayo/junio, pp. 571-586.

(80.) AGUILAR PINAL, F. Conmocion espiritual ...; SANCHEZ-BLANCO, F. El terremoto de 1755 en Sevilla ...

(81.) GUILLEN TATO, J. En el segundo centenario del maremoto de Cadiz (1755)>>; OLAECHEA, J. Carta de Antonio de Ulloa sobre los efectos del terremoto de 1755 en Cadiz. Revista de Marina, 1978, enero, pp. 85-87.

(82.) VEGA DOMINGUEZ, J. de. Huelva a fines del Antiguo Regimen, 1750-1833. Huelva: Diputacion Provincial de Huelva, 1995, fundamentalmente pp. 39 y siguientes.

(83.) MARTINEZ SOLARES, J. M. Los efectos en Espana ..., pp. 50-55.

(84.) ULLOA, A. DE. Relacion del terremoto en Cadiz en una carta de don Antonio de Ulloa al embajador espanol en La Haya. Philosophical Transactions, T. 49, parte 1a (1755); OLAECHEA, J. Carta de don Antonio de Ulloa sobre los efectos del terremoto de 1755 en Cadiz. Revista de Marina, 1978, enero, pp. 85-87; SOLANO PEREZ-LILA, F. DE. La pasion de reformar Antonio de Ulloa, marino y cientifico (1716-1795). Cadiz: EEHA-Universidad de Cadiz, 1999, pp. 175-177.

(85.) GUILLEN TATO, J. En el segundo centenario del maremoto ..., pp. 26-30; MARTINEZ SOLARES, ob. cit., pp. 226-226 recoge varios documentos al respecto.

(86.) GUILLEN TATO, J. En el segundo centenario del maremoto ..., pp. 30-32; CAPEL, H., SANCHEZ, J. E. y MONCADA, O. De Palas a Minerva. Laformacion cientifica y la estructura institucional de los ingenieros militares en el siglo XVIII. Barcelona: Ed. del Serbal-CSIC, 1988, pp. 312-313; CAPEL, H. y otros. Los ingenieros militares en Espana. Siglo XVIII. Repertorio biografico e inventario de su labor cientifica. Barcelona: Publicacions i edicions de la Universitata de Barcelona, 1983; SANCHEZ LAZARO, T. Carlos Lemaur y el Canal de Guadarrama. Madrid: Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, 1995.

(87.) BARCO, A. J. DEL. Carta del doctor don--, Catedratico de Philosophia, y Vicario de la Villa de Huelva, a Don N. satisfaciendo algunas preguntas curiosas sobre el Terremoto de primero de noviembre de 1755, Discursos Mercuriales, 1756, num. XIV (21 de abril), pp. 565-606. Edicion facsimil, con preliminar de V. FOMBUENA. Huelva: Fundacion El Monte/Universidad de Huelva, 1996.

(88.) Jose Antonio de Armona y Murga acopio todo ello en sus Noticias privadas de casa utiles para mis hijos recogidas por VEGA DOMINGUEZ en el ya citado articulo Des bords sanglants du Tage ..., pp. 258-303; ver asimismo la edicion anotada de las Noticias privadas ... de Armona llevada a cabo por ALVAREZ BARRIENTOS, J.; PALACIOS FERNANDEZ, E.; SANCHEZ GARCIA, M.a C. Jose Antonio de Armona y Murga. corregidor de Madrid en tiempos de Carlos III. Madrid: 1989.

(89.) BARCO, A. J. del. Carta de el doctor don--, Catedratico de Philosophia, y Vicario de la Villa de Huelva, a Don N. satisfaciendo ..., pp. 601-602.

(90.) VEGA DOMINGUEZ, J. de. Des bords sanglants du Tage ..., p. 263.

(91.) ARAUJO, A. C. A morte em Lisboa ...; de la misma autora. O terramoto de Lisboa ... SAADA, A. y SGARD, J. <<Tremblements dans la presse>>. En BRAUN, TH. E. D. y RADNER, J. B. (eds.). The Lisbon earthquake of 1755. Representations and reactions, pp. 208 y ss. En general resulta especialmente util la consulta de este numero monografico de SVEC, editado por la Voltaire Foundation.

(92.) HAZARD, P. El pensamiento europeo en elsiglo XVIII. Madrid: Alizanza, 1985, pp. 278-285; SANCHEZ-BLANCO PARODY, F. Europa y el pensamiento espanol del siglo XVIII. Madrid: Taurus, 1991.

(93.) Conjetures concerning the cause and observations upon the phaenomena of earthquakes, particulary of that great Earthquake of the first of november 1755, wich proved so fatal to the city of Lisbon [...] (1761) en ORDAZ, J. El terremoto de Lisboa de 1755 ..., pp. 437-438.

(94.) RODRIGUEZ SACHEZ DE LEON, M.a J. El terremoto lisboeta de 1755 ...

(95.) Se trata de cinco cartas, remitidas por Feijoo al tambien comerciante gaditano Jose Diaz de Guitian, publicadas conjuntamente al poco bajo el titulo Nuevo systema sobre la causa physica de los Terremotos, explicado por los phenomenos electricos y adaptado al que padecio Espana en el primero de Noviembre del ano antecedente de 1755. Su autor el limo. y Rmo. Sr. D. Fr. Benito Feijoo. Dedicado a la Muy erudita, Regia y esclarecida Academia Portopolitana por D. Juan Luis Roche. El Puerto de Santa Maria: Imprenta de la Casa Real de las Cadenas, 1756. Con posterioridad hay tres cartas mas (cartas XII, XIII y XIV) sobre el mismo tema que aparecieron en el volumen V de Cartas (Madrid: 1760). En relacion con las primeras noticias, asi como sobre la genesis de la polemica en Espana a cuenta del terremoto, ver GLENDINNIG, N. Op. cit., pp. 354-357.

(96.) GLENDINNIG, N. El R Feijoo ante el terremoto de Lisboa; CAPEL, H. Organicismo, fuego interior ..., pp. 63-67.

(97.) CAPEL, H. Idem, pp. 68-70.

(98.) PRIESTLEY, J. Histoire de l'electricite. Traduite de l'anglois de Joseph Priestley, avec des notes critiques [...]. Paris: Herissant le fils, 1771 (De l'imprimerie de R Alex Le Prieur), 3 vols.

(99.) Cabrera presenta su propia alternativa referida a la por el denominada <<vena cava>> que, a modo de una gran corriente interior, atravesaba la Tierra de sur a norte y de la que partian diferentes ramales hasta la corteza terraquea. CABRERA, Fr. M. Explicacion Physico-Mechanica de las causas del temblor de tierra, como constan de 18 doctrinas del principe de los filosofos Aristoteles, dad por medio de la vena cava, y sus leyes, cuyo auxilio quita el horror de sus abstractos. Por--, Lector jubilado del orden de Minimos, companero provincial, socio de erudicion de la Regia Sociedad Medica de Sevilla y examinador sinodal de la misma ciudad. Sevilla: 1756. Igualmente Copia de carta, en que se manifiesta, que la Electricidad ya natural y ya Maquinaria no puede servir de fundamento para explicar la divergencia de los terremotos, como persuade en su quarta carta el llmo. y Rmo. P. Mro. Fr. Benito Feijoo, escribiola a un correspondiente de la ciudad, Gran Puerto de Santa Maria, con las respuestas a las dudas de un prologo, que forma Don Luis Roche, contra el sistema de la vena cava. Sevilla: 1756.

(100.) NIPHO, F. M. Explicacion physica y moral de las causas, senales, diferencias y efectos de los terremotos: con una relacion muy exacta de los mas formidables [...] que ha padecido la tierra desde el principio del mundo hasta el que se ha experimentado en Espana y Portugal el dia primero de noviembre de (...) 1756. Madrid: Herederos de Agustin de Gordejuela, 1756.

(101.) ORTIZ GALLARDO DE VILLARROEL, I. F. Lecciones entretenidas y curiosas physico-astrologicas sobre la generacion, causas y senales de los terremotos y especialmente de las causas, senales y varios efectos del sucedido en Espana en el dia primero de noviembre del ano passado de 1755. Salamanca: Antonio Jose Villagordo, 1756.
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Title Annotation:EL TERREMOTO LISBOETA DE 1755
Author:Alberola Roma, Armando
Publication:Cuadernos dieciochistas
Date:Jan 1, 2005
Words:13990
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