Printer Friendly

El problema del ser de Alberto Magno a Tomas de Aquino.

Es mucho lo que aun se discute acerca de la notoria herencia que Alberto Magno lego a Tomas de Aquino. Sin duda, aunque sobre varios topicos existe pleno consenso, todavia quedan lagunas importantes respecto de la real magnitud que tuvo la influencia del gran maestro coloniense sobre el genial discipulo de Aquino en lo que toca a algunas cuestiones medulares. El problema del ser parece constituir uno de esos temas en que las opiniones se mantienen divididas hasta el dia de hoy. Con todo, la renovacion de los estudios sobre la metafisica tomasiana iniciada en el siglo XX, asi como una profundizacion de la investigacion en torno a la obra de Alberto Magno y su contexto historico-doctrinal, indicarian una divergencia importante en este topico que, naturalmente, no se limita unicamente a la significacion de la nocion de ser, sino que repercute directa y seriamente sobre otras cuestiones fundamentales como, por ejemplo, el modo en que ambos pensadores han comprendido la analogia entre Dios y las creaturas, o, incluso, la naturaleza del alma humana. El tema, en consecuencia, parece tener la mayor envergadura y conviene, por ello, tomarlo nuevamente en consideracion en cuanto representaria el cruce de dos tradiciones metafisicas que de tanto en tanto contrastan en la historia del pensar filosofico.

1. Los antecedentes

En 1981, dentro de un volumen de Miscelanea Mediaevalia integramente dedicado a Alberto Magno, Jose Ignacio Saranyana (1) ofrecia una breve pero detallada resena de las principales posiciones en torno al rol que le habria cabido al insigne dominico aleman en la formulacion de la doctrina del actus essendi, nocion que hoy se considera, entre quienes han comprendido su autentico significado, el aporte mas significativo y original de la metafisica tomista.

Apenas se comienza a recorrer el contrapunto entre las distintas posiciones que los estudiosos han tomado sobre el particular, uno no puede menos que reconocer que la cuestion se encuentra tenida por profundos equivocos que han afectado la historia del pensar desde largo tiempo, si no desde el inicio de la filosofia.

En verdad, se trata de discernir si, sobre la base de la distincion de esencia y existencia que, al parecer, tendria su origen entre los pensadores creacionistas arabes, Alberto habria alcanzado a perfilar la doctrina del esse o acto de ser como coprincipio de la esencia en la constitucion metafisica del ente. La cuestion, como se dijo, resulta bien dificil, dada la confusion que afecta tanto a los autores medievales cuanto a los interpretes contemporaneos de sus doctrinas.

Aunque suele haber acuerdo en que la distincion metafisica de esencia y existencia habria sido formulada por vez primera por Avicena, no debemos olvidar que, en rigor, existe un antecedente en Alfarabi quien conociendo la distincion aristotelica entre dos modos de preguntar por el ente, a saber, <<si es>> (que es objeto de simple percepcion o de demostracion) y <<que es>> (cuya respuesta se hace explicita en la definicion), traslado este doble modo de interrogar propuesto por el Estagirita en el contexto de la logica, hacia el ambito de la metafisica. Vale decir que la distincion aristotelica meramente racional y sin correspondencia con la real constitucion del ente, resultaba a partir de entonces interpretada en el plano de la metafisica como indicio del explicito reconocimiento del caracter creado de todo ente. Asi, todo ente finito ha debido recibir la existencia para llegar a ser y ser lo que es, problema indudablemente ajeno al pensamiento griego.

En este sentido tomo Avicena aquella distincion a partir de la cual entendio que debia interpretarse la diferencia entre Creador y creatura, puesto que si la creatura es tan solo posible hasta tanto reciba el ser de Dios, este, en cambio tiene la existencia por si y necesariamente. De ahi que la creatura requiera ser comprendida en terminos de esencia-existencia, es decir, como algo posible que ha recibido la existencia efectiva, mientras que Dios es una existencia de suyo necesaria, a tal punto que puede decirse que <<el Primero no tiene quididad>>, no es un algo que haya adquirido la existencia, sino la existencia misma per se. En contraste, las creaturas no serian mas que esencias posibles que al recibir la existencia al modo de un accidente concomitante (lazim) se convertirian en seres necesarios, pero--claro esta--ab alio.

Con tales origenes, esa distincion metafisica de esencia y existencia en las creaturas habria llegado a ser conocida por los pensadores cristianos cuando las doctrinas de los arabes ingresaron al occidente hacia fines del siglo XII y particularmente durante el siglo XIII. Segun la opinion de Denifle, en la adopcion de esta dupla metafisica habria jugado un papel fundamental Guillermo de Alvernia. (2) En el mismo sentido se expresara E. Gilson, tiempo mas tarde, al sostener que Guillermo <<penetra resueltamente en la via de la distincion entre esencia y existencia, que arranca de Alfarabi y de Avicena y alcanzara su termino en la metafisica de Santo Tomas de Aquino>>. (3) En efecto, si bien Guillermo de Alvernia es un teologo de la antigua escuela que realiza una reflexion critica sobre las filosofias arabes recientemente descubiertas, no solo comprendio con claridad que no se pueden combatir eficazmente ideas que se ignoran, sino que, ademas, tuvo la perspicacia de advertir la importancia de Avicena y, sobre todo, el interes que ofrecia su distincion de esencia y existencia a un teologo cristiano. Guillermo supo a partir de la doctrina aviceniana que el termino <<ser>> (esse) posee una doble significacion: por un lado, designa lo que la cosa es, su quididad, pero, por otro, <<ser>> tiene un sentido existencial que se advierte en el verbo est predicado de alguna cosa. Ambas acepciones son distintas en las creaturas, pues la existencia no es una nota constitutiva de su esencia sino una condicion que le adviene por obra del acto creador. En Dios, por el contrario, su esencia no puede ser concebida como no existente, a punto tal que, solo en El, esencia y existencia se identifican.

A partir de estas nociones, sin embargo, Tomas de Aquino avanzaria concluyendo que en la cosa misma se da una real composicion (realis compositio) de essentia y esse, no solo en el sentido obvio de que un ente es algo actualmente existente que ha recibido el ser de su causa, sino en el sentido de que en su misma constitucion metafisica se da un principio al que cada cosa le debe su existir, de modo que si por la essentia algo es lo que es, por el esse o actus essendi todo ente es o existe. Tal composicion en modo alguno debe ser interpretada como distincion entre dos cosas (duas res) como lo hiciera desafortunadamente Egidio Romano creyendo traducir fielmente la doctrina del Aquinate. Esse est aliud ab essentia: un principio distinto, indudablemente, pero no una <<cosa>> distinta, pues el ser no designa <<algo>> sino el estar siendo del ente. En cuanto coprincipio constitutivo, el esse no se reduce a la mera actualidad o efectividad del ente (actualitas), no es el mismo ente en cuanto efectivamente presente, ni tampoco es un ultimo complemento de la esencia, como, por otra parte, pensaba Avicena, sino que constituye el primer efecto del acto creador y la primera de todas las perfecciones. En cuanto a la esencia, esta carece de cualquier tipo de realidad o estado de posibilidad antes de que el ente exista efectivamente: es tan solo el limite o marco dentro del cual una creatura ejerce el acto de ser participado. Por eso no ha de entenderse como una instancia de algun modo anterior a la existencia, sino como la propia autorrestriccion del esse creado. Solo asi las creaturas se distinguen de Dios que es el Acto Puro de Ser: la esencia representa el limite que indica su finitud. Por el esse, en cambio, las cosas se asemejan al Creador: omne ens, in quantum habet esse, est Ei simile (4) De ahi que, <<el ser es lo mas perfecto en todas las cosas [...] es la actualidad de todos los actos [...] y la perfeccion de todas las perfecciones>>: (5) <<el ser es lo mas intimo a cualquier cosa y lo que esta mas profundamente en todas ellas>>. (6)

2. Opiniones encontradas

Ahora bien, cuando se trata de determinar si Alberto Magno, que efectivamente conocia la tradicion filosofica arabe, contribuyo de algun modo a la formulacion de esta original doctrina metafisica, el consenso entre los investigadores parece decrecer. Y es que la obra misma de un pensador tan plurifacetico como el maestro de Colonia en parte dificulta el esclarecimiento de este problema, pero, ademas y quizas de modo mas decisivo aun, la misma dilucidacion del problema requiere comprender claramente el alcance de la nocion de esse en uno y otro autor.

Sigamos, para comenzar, la recension que de estas opiniones encontradas ha realizado Saranyana, sin abrir juicio todavia sobre su mayor o menor acierto.

Quien se inclino decididamente por una respuesta afirmativa fue P. Mandonnet. Su posicion expresada en medio de una controversia desatada a comienzos del siglo XX, fue mas tarde defendida y continuada por Manser en su muy conocida obra dedicada al tomismo.

Basicamente Manser admite la influencia boeciana patente por lo menos en el periodo inicial de la obra albertina. Segun la celebre distincion de Boecio diversum est esse et id quod est, donde el quod est (lo que es) designa la sustancia, mientras quo est (aquello por lo cual es) apunta al esse, al fundamento de la cosa, que, en clave boeciana, reside en la naturaleza o esencia. No obstante, Manser apunta que este par de nociones habia recibido otra lectura por parte de Hugo de San Victor y la escuela franciscana, de la que Alberto se hace eco. Segun esa interpretacion la frase indicaria la dependencia de toda creatura (quod est) respecto de Dios que es su causa (quo est). Asi, dice Alberto que: <<Secundum alium tamen intellectum [los franciscanos] [...] tunc participat actu primae causae ut sit, actu vero secundae causae ut sit aliquid determinatum in speciebus>> (Summa de creaturis, I, tr. IV, a. 1, ad 4). Incluso, afirma Gilson el mismo significado tendria el esse en el De causis, I. (7)

Con todo, en apariencia, esta interpretacion alternativa de la formula boeciana no excederia la conviccion general entre los pensadores cristianos acerca de que toda creatura ha recibido el existir de Dios, que es su causa. Sin embargo, es cierto que Alberto ha dicho, ademas, que este existir constituye un <<principio esencial>>. Asi, expresa por ejemplo sobre el alma que: <<Anima sit compositu ex principiis essentialibus, quae sunt quod est et esse, sed non ex materia et forma>> (II Sent., d. 8, a. 25), y usando terminos similares, en el mismo Comentario a las Sentencias, ya habia dicho que: <<Mea opinio semper fuit quod angelus sit compositus ex partibus essentialibus: sed non ex materia et forma>> (II Sent., d. 3, a. 4, sol.). De aquellas expresiones Manser deducia, entonces, que <<se trata evidentemente de la distincion real entre esencia y existencia>>. (8)

No obstante, en una obra mucho mas tardia como lo es la Summa Theologiae, Alberto dira claramente sobre los angeles que no difieren en especie, sino solo en jerarquia y orden, (9) razon por la cual, seria preciso o admitir que en esta obra ha retrocedido a su fomalismo boeciano inicial, o bien, que en el Comentario a las Sentencias en verdad no estaba aludiendo al ser en sentido existencial y su posicion se ha mantenido esencialmente invariante, lo que, ciertamente, aunque no es seguro parece mas logico.

Por eso, respecto de las conclusiones de Manser, observa Saranyana: <<Tenia razon el profesor de Friburgo al decir que esos textos albertinos suponen la distincion real entre esencia y 'esse'. Pero resta probar, a nuestro entender, que aqui se trata del 'esse' perfeccion trascendental: es decir, que el 'esse' que Alberto denomina principio esencial no esta en la linea de la esencia (orden formal), como una propiedad de ella, sino en la linea del existir (orden trascendental)>>. (10) Tan es asi que el mismo Manser, continua Saranyana, <<debio reconocer que 'la pregunta ?en que consiste propiamente esta ultima y mas fundamental composicion de la criatura, incluso espiritual, a diferencia de Dios? fue para Alberto Magno un quebradero de cabeza'>>. (11)

Es por ello que la idea de que el Coloniense hubiera intuido el actus essendi ha tenido tambien sus detractores. Segun Saranyana, ya en 1926, Roland-Gosselin (12) habia indagado el sentido de la nocion albertina de esse, concluyendo que, pese a algunas variaciones que pueden advertirse desde sus obras iniciales a las mas tardias, el maestro de Colonia no habria cambiado sustancialmente su posicion. Bien es cierto que a la notoria influencia boeciana que puede advertirse en la Summa de creaturis le habria sucedido una etapa con mayor presencia del planteo aviceniano, la cual, despues del Comentario a las Sentencias, se ira pronunciando de tal modo que, en el De causis, el esse aparece entendido como algo extrinseco que le advendria a la esencia. Mientras que, hacia el final de su vida, en la Summa Theologiae, reapareceria nuevamente con fuerza la impronta boeciana.

Por su parte, Ducharme, siguiendo probablemente la linea de Raeymaeker, encaro en 1957 un estudio (13) en el que analiza los diversos sentidos de la palabra esse en el corpus albertino, si bien tomando como referencia particularmente las primeras obras del autor, es decir, la Summa de creaturis y el Comentario a las Sentencias. Sobre la base de este analisis concluyo que, al menos en ese primer periodo, Alberto se muestra como un teologo de la vieja escuela muy influido por el formalismo boeciano y poco por la doctrina aviceniana. Segun esta interpretacion <<San Alberto se adscribio decididamente al partido de los teologos de la esencia, pues concedio poca importancia a la existencia de las cosas. Aun reconociendo el valor metafisico del 'esse', no llego a concebirlo como 'acto de ser', tal como despues lograra su discipulo Tomas de Aquino>>. (14) Con todo, Ducharme observa que en el mismo Comentario a las Sentencias, Alberto pregunta: <<An esse soli Deo sit proprium et aliis accidat>>, ante lo cual responde que <<omne esse creatum [...] dicitur accidens>> en el indudable sentido de accidente predicable y no predicamental. (15) No obstante, creemos que ello no prueba suficientemente una oscilacion entre la lectura esencialista del par quod est-quo est y una posicion metafisica de corte decididamente existencial. Que las creaturas hayan recibido su existencia de Dios, no significa que una vez llegadas a la efectividad del ser las cosas alberguen en si mismas algun principio distinto de sus notas esenciales.

En sentido semejante se ha manifestado Fernand Van Steenberghen quien en consonancia con los estudiosos antes mencionados expresa que: <<Alberto Magno ignora la distincion real entre 'esse' y 'essentia' en sus primeros escritos (anteriores a 1250). En el De causis (libro I) retomo la doctrina de Avicena: el 'esse' de las criaturas viene de fuera y parece ser distinto de la 'essentia'>>. Pese a lo cual Van Steenberghen concluye: <<Sin duda, desconoce la doctrina metafisica del 'actus essendi'>>. (16)

3. Siger de Brabante: interprete coetaneo

Saranyana propone, no obstante, recurrir al testimonio de Siger de Brabante, coetaneo de Alberto y Tomas, que, conociendo las doctrinas de ambos, expuso lo esencial de ellas asumiendo una posicion critica. El valor de los dichos de Siger residiria, segun el estudioso espanol, precisamente en su contemporaneidad con ambos teologos medievales, si bien veremos que este criterio ha sido fuertemente rechazado por E. Gilson.

Lo esencial de la referencia sigeriana se encontraria en un texto descubierto por Martin Grabmann a comienzos del siglo XX. Alli, a proposito del libro IV de la Metafisica aristotelica definida como ciencia suprema que se ocupa del ente en cuanto ente, Siger introduce una sugestiva pregunta: <<Si en las cosas creadas el ente [ens] o el ser [esse] pertenece a la esencia de las creaturas o es algo anadido a su esencia>>. (17) Apenas planteada la cuestion llama la atencion la identidad entre los terminos ente y ser.

En la solucion del problema, Siger expone y refuta lo que, en su peculiar interpretacion, serian los argumentos de Alberto y Tomas. Asi explica: <<Algunos dicen que una cosa existe por una disposicion anadida a su esencia, de modo que segun ellos la cosa [res] y el ente [ens] no significan lo mismo, porque el ser [esse] es algo anadido a la esencia. Esta es la opinion de Alberto el Comentador. Su razon se encuentra en el De causis y es la siguiente: porque la cosa [res] tiene el existir [esse] de su primer principio>>. (18)

Este primer principio, claro esta, es Dios que es por si mismo. Y porque las cosas han recibido el ser de El, continua Siger, esa seria la razon por la que aquellos autores entre los que se cuenta Alberto, han concluido que <<la cosa [res] se distingue del existir [esse]>>. Lo primero que sorprende en estas expresiones es, nuevamente, el particular uso de los terminos que hace Siger. Si antes identificaba ens con esse, ahora distingue res, en lugar de essentia, de esse. El lector, pues, comienza a sospechar que en esa identidad del ser con el ente y de la cosa con la esencia, podria encontrarse la clave de la posicion asumida por el propio Siger -como sabemos, estrictamente aristotelica-, y, previsiblemente, su imposibilidad de comprender no solo la doctrina albertina, sino, sobre todo, la de Tomas.

En cuanto a las expresiones vertidas por Siger acerca de Alberto, sostendra Gilson: <<si Alberto Magno ha ensenado o no la distincion de esencia y existencia en las creaturas, yo no estoy capacitado para decirlo, pero, si lo hizo, no puede haber sido por esa razon [a saber: porque la cosa ha recibido el ser de su primer principio]>> (19) y esto es asi, porque no todos los autores creacionistas han descripto la donacion del ser a las creaturas en terminos de la distincion de esencia y existencia en el ente. Es un hecho que Agustin y Buenaventura la han definido como co-creacion de materia y forma (a diferencia de la pura espiritualidad de Dios), y otros la han explicado en el sentido de una composicion de acto y potencia en las creaturas (en contraste con la pura actualidad del Creador). Por ello, concluye Gilson, si Alberto ha sostenido la distincion de esencia y existencia en las creaturas, lo habra hecho por motivos estrictamente filosoficos y no constrenido por la necesidad de sostener la nocion de creacion. La afirmacion de que toda cosa creada no contiene en si misma la razon suficiente de su propia existencia <<no implica que la cosa en cuestion este ella misma compuesta de su propia esencia y de su propia existencia; expresa meramente la relacion de efecto a causa que se da entre cualquier creatura y su Creador>>. (20)

En cuanto a Siger, luego de argumentar que la presunta prueba de Alberto en favor de la distincion de esencia y existencia no tendria validez por cuanto las creaturas reciben de Dios tanto la esencia como el existir, (21) pasa a presentar una segunda formulacion que adjudica tambien al maestro de Colonia y sus discipulos: <<He aqui otra razon de ellos. Aquello a cuya esencia conviene existir o existe por si mismo, no necesita de otro. Por consiguiente, si alguna cosa entre las cosas creadas tuviera el existir esencialmente no necesitaria de otro>>, lo que, a todas luces, es falso. Sin embargo, contra esto, Siger replicara que Alberto esta haciendo alusion a la causalidad eficiente, mientras que si hablase desde la causalidad formal, la conclusion deberia ser la opuesta: una vez recibido el existir, toda cosa es por si misma.

En cuanto a Tomas de Aquino, la exposicion de sus argumentos por parte de Siger no es mas feliz que en el caso de Alberto, incluso, advierte Gilson, francamente peor porque fray Tomas <<en lugar de decir meramente que las sustancias deben su ser a alguna otra cosa, ha intentado hallar, en las sustancias mismas, un lugar determinado para la existencia misma que se supone que reciben>>. (22) Ahora bien, si el existir es un principio metafisico constitutivo de las cosas que se diferencia de la esencia, mal podria brindarse una definicion de el porque solo la esencia es un que definible. Frente a la esencia, el existir aparece como un coprincipio constatable del ente, pero no conceptualizable. Con todo, Siger eligio entre todas las formulaciones intentadas por Tomas para indicar el esse <<la que, si fuera una definicion, seria ciertamente el peor de sus fracasos>>. (23) Esa formulacion es la que cita literalmente el maestro de Paris al decir que segun el Aquinate: <<Ser [esse] es algo sobreanadido a la esencia de la cosa, que no pertenece a la esencia de la cosa, pero que no es un accidente, sino algo sobreanadido como si estuviera, por asi decir, constituido por la esencia, o a partir de los principios de la esencia>>. (24) La oscura dificultad de estas expresiones hace confesar a Siger: <<Etsi conclusio vera sit, modum tamen ponendi non intelligo>>. Y, ciertamente, el aristotelismo de Siger era una barrera infranqueable para la comprension de aquella intrincada descripcion. Por esta razon, le resulto mucho mas facil refutar la formula que interpretarla en los terminos de Tomas. Y asi concluyo, victorioso e ironico, que considerar la existencia como algo sobreanadido a la esencia es <<ponere quartam naturam in entibus>>, algo evidentemente inadmisible para un aristotelico que no puede suponer una nocion metafisica mas alla de las reconocidas por el Estagirita: sustancia, esencia, materia, forma, accidentes. Si el esse tomista no se corresponde con ninguna de ellas, es perfectamente natural concluir, desde esa perspectiva, que el esse no es nada y que la dupla de esencia y existir no pasa de constituir una distincion de razon, pues, en la realidad factica, para toda sustancia es lo mismo ser que ser lo que es.

No obstante, y pese a tal imposibilidad de comprension, Saranyana considera que el testimonio de Siger algo aporta a nuestro problema inicial, a saber, si Alberto anticipo en algun sentido la doctrina tomista del ser. En efecto, en primer lugar, Siger presenta como distintas las posiciones de uno y otro, y en segundo termino, al referirse a la nocion albertina del existir como accidente que le adviene a la esencia parece desestimar por completo que para el maestro de Colonia el esse posea el caracter trascendental que ciertamente tiene en la metafisica de Tomas de Aquino donde el ser no puede entenderse como accidente.

4. Dos vertientes disimiles

En favor de esta opinion parecen concurrir claros indicios hallables en las propias doctrinas de Alberto y Tomas. Asi, por ejemplo, las distintas soluciones que ambos teologos dieron a la cuestion de la naturaleza del alma humana y al problema de la analogia entre Dios y las creaturas permiten avalar que en lo que hace a la nocion de ser, no existe continuidad entre uno y otro pensador.

Por lo que hace al primer tema es sabido que Alberto concibio el alma humana como sustancia y, solo accidentalmente, como forma del cuerpo. De ese modo intentaba salvar al mismo tiempo la sustancialidad e inmortalidad que le correspondia en cuanto principio espiritual de operaciones, y su evidente unidad funcional con el cuerpo. Quierase o no, sin embargo, la impronta del platonismo se imponia en este tema por sobre el aristotelismo pues decir que el alma es forma del cuerpo no esencial sino accidentalmente debilitaba considerablemente el fundamento metafisico de la unidad antropologica. Un cierto dualismo, probablemente no elegido de modo preferencial, va implicito en la solucion albertina. En contraste, ha sido precisamente la doctrina del actus essendi la que le ha permitido sostener a Santo Tomas simultaneamente que el alma humana es sustancia espiritual en cuanto es originalmente una forma portadora del acto de ser y, en consecuencia, una sustancia autosubsistente e inmortal, pero tambien esencialmente forma del cuerpo a la que comunica el acto de ser en intimisima union metafisica y operativa. Por eso, al morir un hombre su alma podra subsistir en virtud del acto de ser que le ha sido conferido, pero se encontrara esencialmente incompleta e imposibilitada de operar separada del cuerpo.

Ello hace pensar que si Alberto hubiera percibido el talante existencial de la nocion de esse, probablemente habria elaborado una doctrina de la naturaleza del alma semejante a la de Tomas, en la que varias dificultades de peso resultaban allanadas, puesto que en ella quedaban sin duda salvadas tanto la sustancialidad del alma humana como su condicion de forma esencialmente unida al cuerpo.

No obstante, muy significativa resulta tambien la doctrina de la analogia. Un reciente y meduloso articulo de Victor Salas (25) se propone mostrar que las aparentes oscilaciones de la compleja doctrina tomista de la analogia entre Dios y las creaturas, tendrian su origen en una primera consonancia con su maestro Alberto que fue decreciendo conforme ganaba peso en los escritos de Tomas una metafisica existencial centrada en el acto de ser. Ese cambio inicial ya seria visible en el trayecto que va desde el Comentario a las Sentencias al De Veritate.

Asi, en su temprano Comentario a las Sentencias Tomas describe la relacion analogica entre Dios y las creaturas en terminos de analogia de referencia del mismo modo que lo habia hecho su maestro. Ambos eran plenamente conscientes de que, dada la disparidad entre el Creador y sus efectos, debian evitar el tipo de analogia que se da entre las cosas creadas, segun la cual muchas cosas comparten una misma forma. No se trata de la analogia que se constata entre las especies y su genero, ni entre los accidentes y la sustancia, ni entre las cosas que replican su forma en la materia. No es una <<analogia filosofica>>, segun las expresiones de Alberto, sino una <<analogia teologica>> que solo puede ser entendida en terminos de <<imitacion>>, es decir, donde las creaturas semejan imperfectamente lo que Dios es por esencia, en cuanto ningun ente finito puede recibir plenamente las perfecciones que su Creador les participa. No obstante, y pese a la plena conciencia que tiene Alberto de la necesidad de evitar en este tema tanto la equivocidad como la univocidad, reconocio una cierta univocidad de sentido en la nocion analogada o, como el la ha llamado, una univocatio quae est analogiae, (26) que resulta de la tendencia propia de nuestras facultades cognitivas consistente en aprehender la relacion entre Creador y creaturas en terminos de un concepto simple que roza la univocidad. Para salvar esta dificultad Alberto propuso distinguir entre res significada y modus significandi, (27) de tal modo que si lo que se significa es comun a Dios y los entes, no lo es el modo de significacion, por cuanto las cosas finitas no pueden compartir plenamente ningun atributo divino.

Con todo, es sugestivo el cambio introducido por el Aquinate en su De Veritate. Alli, Tomas abandona la posicion inicialmente proxima a la de su maestro y se inclina por la analogia de proporcionalidad intrinseca en la que la distancia entre Dios y las creaturas no se da en virtud de una desemejante imitacion, sino de una correlacion de proporciones que impide el riesgo de la univocidad. Este cambio, segun Salas, tendria su origen en la creciente desconfianza respecto de que la doctrina albertina de la analogia pudiese garantizar una distincion suficiente entre el Creador y sus efectos.

Sin embargo, la raiz ultima de este distanciamiento de Tomas respecto de Alberto residiria en que la res significada a la que alude al maestro de Colonia debe ser interpretada, en el marco de su ontologia esencialista, en ultima instancia como forma, la cual, finalmente y desde una perspectiva noetica, tiende a trascender y envolver la distincion entre Creador y creatura. Tomas, por el contrario, se mostro cada vez menos convencido de esta solucion y conforme crecia su enfasis en el ser comprendido en sentido existencial se alejo de la doctrina defendida por su maestro. Solo por esta transformacion profunda en la concepcion del ser, concluye Salas, fue posible que en sus obras maduras -Summa contra gentiles, De potentia Dei y Summa teologiae- Tomas retomara la analogia de referencia o atribucion, pero desde entonces por completo interpretada a partir de la comunicacion del acto de existir (actus essendi), analogia que ocurre ahora a nivel del juicio a traves del cual la existencia es originalmente conocida. Dios, el Ipsum Purum Esse Subsistens, aparece asi como fons essendi en un sentido que no admite ya el trasfondo de una unidad conceptual.

Si es asi, podemos decir entonces que a pesar de haber recibido de Alberto una inmensa herencia, la mirada de fray Tomas se oriento en una direccion inedita, que registra escasos antecedentes en la historia de la filosofia. El gran maestro de Colonia representa de algun modo una version notablemente rica de la vieja y extendida tradicion esencialista en la que el ser, en ultima instancia, resulta entendido como <<forma>>, vale decir, como configuracion esencial e inteligible del ente. Su discipulo, en cambio, formulo una metafisica en la que el <<ser>> cobro pleno sentido existencial, sobrepujando todo intento de conceptualizacion. Con todo, al menos en su propio tiempo, no parece que su metafisica haya sido no digamos siquiera anticipada sino incluso comprendida por sus contemporaneos.

(1) J. I. Saranyana, <<Sobre la contribucion de Alberto Magno a la doctrina del 'actus essendi'>>, en Miscellanea Mediaevalia, Band 14, Albert der Grosse. Seine Zeit, sein Werk, seine Wirkung, Berlin-New York, Walter de Gruyter, 1981, pp. 41-49.

(2) H. DENIFLE, <<Meister Eckeharts lateinische Schriften und Grundanschauug seiner Lehre>>, Archiv fur Literatur und Kirchengeschichte des Mittelalters 2 (1886) 486.

(3) E. GILSON, La filosofia en la Edad Media, Madrid, 2 Rialp 1976, p. 391.

(4) Tomas de Aquino, Cont. Gent., L. II, cap. 22.

(5) Tomas de Aquino, De Pot., q. 7, a. 2, ad 9.

(6) Tomas de Aquino, Sum. Th, I, q. 8, a. 1

(7) E. Gilson, L'etre et l'essence, Paris, Vrin 1948, p. 72, n. 1.

(8) G. M. MANSER, La esencia del tomismo, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Cientificas 31953, p. 603 (vease n. 8).

(9) Alberto Magno, Summa Theologiae, II, q. 8, sol.: <<Tertii dixerunt, quod omnes Angeli sunt unius speciei, different tamen hierarchiis et ordinibus [...] Et quia haec sententia Sanctis congruit, et in eam magis consentire videntur, ideo videtur huic opioni consentiendum esse, sicut persuadent rationes ultimate inductae>>.

(10) SARANYANA, <<Sobre la contribucion de Alberto Magno ...>>, p. 46.

(11) Ibid. La cita de Manser corresponde a La esencia del tomismo, p. 605 (n. 8).

(12) M.-D. ROLAND-GOSSELIN, Le <<De ente et essentia>> de S. Thomas d'Aquin, Paris (2), Bibliotheque Thomiste 1948, pp. 172-184.

(13) L. DE RAEYMAEKER, <<Albert le Grand philosophe. Les lignes fondamentales de son systeme metaphysique>>, Revue neoscolastique de philosophie 35 (1935) 1-36.

(14) Saranyana, <<Sobre la contribucion de Alberto Magno ...>>, p. 43.

(15) Alberto Magno, I Sent., d. 8, a. 15, sol.

(16) F. VAN STEENBERGHEN, extracto de la carta dirigida a J. I. Saranyana con fecha 18/10/1980 (citado por Saranyana en <<Sobre la contribucion de Alberto Magno ...>>, p. 44).

(17) <<Utrum ens vel esse in rebus causatis pertineat ad essentiam causatorum vel sit aliquid aditum essentiae>>. Vease el texto completo en M. GRABMANN, Neu aufgefundene Quaestionem Sigers in den Werken des Aristoteles, en Miscellanea Francesco Ehrle, Roma 1924, vol I, pp. 133-138.

(18) <<Aliqui dicunt, quod res per dispositionem additum essentiae suae, in quod secundum pisos res et ens non sunt ejusdem intentionis, ita quod esse est aliquid additum essentiae. Haec est opinio Alberti Commentatoris. Ratio sua est ista in libro de causis, quia res habet esse ex suo primo principio. Ipsum autem primum est illud, quod ex seipso est et illud quod ex seipso est et est illud quod est ex se etiam essentialiter rei ex se. Quare res distinguitur ab esse>>.

(19) Gilson, El ser y los filosofos, p. 108

(20) Gilson, El ser y los filosofos, p. 109.

(21) <<Sed contra: quicquid est universaliter in re, est effectus primi principii ex nihil est eorum quae pertinent ad rem in re ipsa neque essentialiter neque accidentaliter, quin reducatur in primum principium. Ergo haec distinctio nulla est scilicet inter essentiam rei et esse per hoc quod unum sit effectus primi principii et aliud non>>.

(22) GILSON, El ser y los filosofos, p. 112.

(23) GILSON, El ser y los filosofos, p. 113.

(24) He aqui la recension de la misma formula por parte de Siger: <<Algunos [se refiere a Tomas de Aquino] sostienen una opinion intermedia, al afirmar que el ser es algo anadido a la esencia de la cosa, que no pertenece a la esencia de la cosa ni es un accidente, sino que es algo anadido constituido esencialmente, o sea, a partir de los principios esenciales>> (Ponunt autem quidam modo medio quod esse est aliquid additum essentiae rei non pertinens ad essentiam rei nec quod sit accidens sed est aliquid additum per essentiam constitutm sive ex principiis essentiae).

(25) V. SALAS, <<Albertus Magnus and Thomas Aquinas on the analogy between God and creatures>>, Mediaeval Studies 72 (2010) 283-312.

(26) Alberto Magno, Super Dionysium de divinis nominibus 1 n. 1 (Editio Coloniensis, Munster, 1972, 37.1:1, lineas 27-30): <<Debe saberse observando los atributos de una causa [por ejemplo, Dios] que ellos se dicen de lo causado univocamente, no equivocamente, pero por una cierta univocidad que es de analogia>>. Salas senala que esta univocatio quae est analogiae ha sido llamada por Alain DE LIBERA <<monstruo teoretico>> (A. de Libera, Metaphysique et noetique: Albert le Grand, Paris 2005, p. 123).

(27) Alberto Magno, Super Dionysium de divinis nominibus 1 n. 3 (Editio Coloniensis, 37.1:2, lineas 30-34): <<... participantes per posterius illud ipsum quod in eo est vere et absolute, quantum ad rem significatam per nomen, quamvis modus significandi deficiat a repraesentatione eius, secundum quod est in deo ...>>.

Silvana Filippi es Doctora en Filosofia, investigadora independiente del CONICET y profesora titular ordinaria de Historia de la Filosofia Medieval y del Renacimiento en la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario. sfilippi@unr. edu.ar

Recibido: 10 de agosto de 2012.

Aprobado para su publicacion: 25 de septiembre de 2012.
COPYRIGHT 2012 Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza
No portion of this article can be reproduced without the express written permission from the copyright holder.
Copyright 2012 Gale, Cengage Learning. All rights reserved.

Article Details
Printer friendly Cite/link Email Feedback
Author:Filippi, Silvana
Publication:Scripta mediaevalia
Date:Jul 1, 2012
Words:5682
Previous Article:Alberto Magno y Buenaventura sobre la eternidad del mundo. Aproximaciones y divergencias.
Next Article:Alberto Magno y la revision de la teoria hilemorfica de Aristoteles.
Topics:

Terms of use | Privacy policy | Copyright © 2021 Farlex, Inc. | Feedback | For webmasters |