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El pluralismo intelectual en tiempos de mediciones.

ANTIPODA 23 MARCA el cierre de mi labor como editora general de la Revista. Esta Antipoda es, una vez mas, una muestra de los relevantes trabajos que investigadores sociales--algunos de ellos antropologos y arqueologos, otros de ellos sociologos y abogados que emplean activamente la etnograf ia y los metodos cualitativos en sus estudios--estan produciendo en la America Latina de hoy. Este numero, ademas, confirma la importancia que ha ido adquiriendo Antipoda en la region como foro para la publicacion y diseminacion de resultados de investigacion y de revisiones y reflexiones centrales en la teoria e investigacion sociales y en la teoria e investigacion antropologicas contemporaneas.

Desde Antipoda 17 hasta la presente edicion, la participacion de colegas argentinos ha sido notable. La posibilidad de tener acceso a investigaciones, la mayoria de ellas de corte urbano y con escalas de analisis novedosas y, a la vez, muy apegadas a la etnograf ia me ha acercado enriquecedoramente a los intereses de investigacion que se consolidan en ese pais. Temas como los del trabajo, las migraciones, la politica publica, la reconversion de la economia, la educacion, y la elaboracion de programas de desarrollo y promocion figuran en esa variada agenda de investigacion. Tambien he tenido la oportunidad de acercarme a investigaciones de colegas mexicanos, cuyas tematicas abren interesantes vetas de analisis en torno a la relacion entre la ciudad y el campo, el tema de intercambio y los mercados locales y regionales, el impacto de politicas indigenistas en la creacion de promotores y el desarrollo de iniciativas de comunicacion entre poblaciones indigenas. La participacion de colegas brasileros ha sido menor, pero tambien va en aumento, al igual que la de colegas chilenos. Las escalas micro, si bien siguen teniendo la importancia metodologica y conceptual que caracteriza a la antropologia, no son univocas en unas investigaciones en las que los temas macro y los procesos meso se incorporan explicitamente, complejizando escalas y marcos espacio-temporales de analisis. Sea esta pues una ocasion para renovar la invitacion a las audiencias academicas y a nuestros colaboradores (evaluadores y autores) a seguir considerando a Antipoda como un foro relevante para la publicacion de sus trabajos.

Mi labor como editora estuvo enmarcada entre dos polos, cuyo contrapunteo sera objeto de mis reflexiones subsiguientes. Por una parte, llegue a Antipoda con la idea de "tomarles el pulso a las audiencias", mas que con la de predefinir un pulso (en este caso, un tema) para ellas. Esa toma de pulso demostro lo que las Antipodas 17, 18, 19, 20, 21, 22 y 23 reflejan: una tremenda pluralidad de temas y problemas de estudio. De igual forma, bajo el derrotero de incluir la pluralidad metodologica y las especializaciones de la antropologia, la Revista se abrio a la recepcion de trabajos en linguistica y arqueologia. Estas lineas apenas se van consolidando, pero los resultados que arroja el creciente numero de articulos que llegan en estos subcampos demuestran la importancia que ha tenido esta apertura.

Todo investigador tiene sus publicaciones periodicas iconicas, revistas que constituyen para el o para ella un referente cada vez que busca actualizarse o hacer un balance del estado del arte de un tema. Estas son revistas que consulta una y otra vez. Durante mi labor como editora, ha sido mi deseo que Antipoda ocupe ese lugar entre nuestras audiencias. Como editora, he tenido claro que mi labor no es, al menos no prioritariamente, previsualizar la direccion o las tematicas privilegiadas de atencion disciplinaria o interdisciplinaria, sino trabajar, parafraseando lo que decia el colectivo editorial de Cultural Anthropology recientemente, "junto con los autores y los evaluadores en el proceso de lograr que los argumentos mas persuasivos y criticos de los textos salgan claramente a flote" (Boyer, Faubion y Cymene 2015, 2) (1).

Este polo de trabajo editorial en el que me movi, el de la pluralidad, fue enriquecedor y estimulante, a pesar de constituir el grueso del trabajo mas duro de un editor. El otro polo en el que me movi es el que tiene que ver con el clima actual en el que se desarrollan las actividades de investigacion y publicacion de las ciencias sociales, particularmente en Colombia, pero que evidentemente son las de la ciencia en un sentido mas global, marcado por la medicion. Aunque temas como el del factor de impacto (impact factor de Thomson Reuters) como un indice adecuado para medir la calidad de una revista, basado en la frecuencia de citacion de los articulos publicados, han sido objeto de analisis de investigadores de diferentes campos de las ciencias basicas y aplicadas desde hace mas de una decada, sigue reinando como indice para determinar la clasificacion y certificacion de las revistas academicas (i.e. Saha, Saint y Christakis 2003). Esto se hace extensivo a la produccion de los investigadores mismos y a las instituciones. Muchos de los errores y problemas detectados en cuanto a la presentacion y la metodologia estadistica del factor de impacto son susceptibles de ser corregidos, pero no son necesariamente garantes de calidad y transparencia en el proceso editorial (Vanclay 2011). En un mundo en el que el investigador se enfrenta al imperativo cotidiano de "publica o perece" proliferan de manera simultanea efectos inesperados: el crecimiento de problemas de plagio y fenomenos de "refrito", como solemos llamar a la publicacion de un mismo texto con modificaciones menores en varias revistas.

En el caso de America Latina el panorama no es reconfortante. Si bien, tal como lo plantean Romero-Torres, Acosta-Moreno y Tejada-Gomez (2013) en su estudio de caso sobre Colombia--situado en el contexto de un analisis mas amplio sobre el ranking de revistas cientificas en Latinoamerica basado en el factor h (google academico)--, los diferentes paises de America Latina han hecho esfuerzos por acoplarse a los estandares internacionales de indexacion y certificacion, existe una serie de factores que generan desventajas. Los criterios referenciados por estos autores para determinar el exito y visibilidad de una revista son los siguientes: visibilidad determinada cualitativa y cuantitativamente por factores como la presencia y capacidad de consulta a traves de librerias digitales o de bases globales de indexacion, nivel de reconocimiento por parte de la comunidad cientifica mundial, patron de citacion (que determina su posicionamiento en los buscadores y ventajas acumulativas), posterior citacion, la pertenencia de los autores y consejo editorial a sociedades cientificas o comunidades de debate, la cantidad relativa de produccion de articulos en un area a nivel mundial y las redes sociales, entre otros. Los resultados de ponderar estos criterios son, como ellos lo argumentan, "intuitivos": Estados Unidos, Inglaterra, Canada y otros paises "desarrollados" son los que mandan la parada. Y no es solo porque los criterios arriba mencionados operen, sino porque la publicacion de revistas cientificas es parte de toda una industria editorial. Pero mas alla del importante objetivo de los autores--identificar un indice (el indice h)--, para generar un ranking mas ajustado a las revistas colombianas, de cara al Journal Citation Report o Scimago Journal Rank (SJR) y, en consecuencia, trabajar en labores de acomodo y planeacion de las revistas mismas, lo que me interesa senalar es el ineludible problema de estar, por exceso o por defecto, atrapados en una situacion que deberia ameritar reflexiones mas profundas. No solo se trata de analisis estadisticos o de factibilidad, sino de los soportes institucionales de las revistas, su financiacion, las estrategias de divulgacion, especialmente en el mundo e, asi como de la creacion de unas condiciones adecuadas para la actualizacion y la productividad de los investigadores-docentes y de los equipos editoriales mismos.

En ese pulso tensionante entre el polo de la pluralidad y la medicion taxativa, en Antipoda buscamos fortalecer el proceso editorial. Este proceso, en mi opinion, representa la asamblea mas basica del intercambio cientifico: aquella formada por los autores, los evaluadores y los mediadores (editores), relacionados entre si por unas reglas. Antipoda consolido su politica editorial y etica, y sistematizo y afianzo la calidad de sus procesos editoriales manteniendo como horizonte etico de accion el pluralismo, la transparencia de los procesos y el respeto. Siempre se puede mejorar, y no tengo dudas de que el colectivo del Departamento de Antropologia, el hogar de Antipoda, continuara brindando su apoyo en este proceso.

Para finalizar, quisiera expresar mi gratitud a todos los miembros del Comite Editorial: Sonia Archila, quien actuo informal y generosamente como editora asociada para arqueologia; Pablo Jaramillo, Friederike Fleischer, Jaime Arocha, Margarita Chaves, Consuelo de Vengoechea y Maria Clara van der Hammen. De igual forma, a los miembros del Comite Cientifico, que en su respectivo momento endosaron su membrecia; y a los artistas, antropologos, reporteros graficos y fotografos que generosamente nos acompanaron con sus imagenes: Larisa Honey, Cesar Melgarejo y Steven, Juana Schlenker, Juan Orrantia, Mauricio Salinas y Benjamin Jacanamijoy. Pero, especialmente, mi sentida gratitud al equipo editorial: Nidia Vargas, a quien despedimos hace poco como Editora Asociada de Gestion; Giselle Figueroa, quien se mantiene en el frente de batalla como Gestora Editorial; y los monitores que durante este tiempo nos acompanaron en la gigantesca labor de mantener aceitada la maquinaria de una revista con grandes ideales y una infraestructura artesanal: Juanita Melo, Juana Lopez, Carlos Rocha y Camila Melendez.

El dossier visual de este fasciculo le rinde homenaje al artista inga Uaira Uaua (Benjamin Jacanamijoy). Reune pilotos (fotografias) de lo que sera la puesta en escena de Auaska Nukanchi Yuyay Kaugsita: Tejido de la propia historia, obra con la que el artista intervendra la iconica Torre Colpatria de la ciudad de Bogota en octubre de 2015.

DOI: http://dx.doi.org/10.7440/antipoda23.2015.01

REFERENCIAS

[1.] Boyer, Dominique, James Faubion y Cymene Howe. 2015. "Editors" Introduction to 30.1: Circles Not Pyramids" Cultural Anthropology 30 (1): 1-5. http://dx.doi.org/10.14506/ca30.E01

[2.] Romero-Torres, Mauricio, Luis Alberto Acosta-Moreno y Maria-Alejandra Tejada-Gomez. 2013. "Ranking de revistas cientificas en Latinoamerica mediante el indice h: estudio de caso Colombia" Revista Espanola de Documentacion Cientifica 36 (1): 1-13. http://dx.doi.org/10.3989/redc.2013.E876.

[3.] Saha, Somnath, Sanjay Saint y Dimitri Christakis. 2003. "Impact Factor: A Valid Measure of Journal Quality?" Journal of the Medical Library Association 91 (1): 42-46.

[4.] Vanclay, Jerome K. 2011. "Impact Factor: Outdated Artefact or Stepping-stone to Journal Certification?". Scientometrics 92 (2): 211-238. Doi: 10.1007/s11192-011-0561-0

MONICA LUCIA ESPINOSA ARANGO *

moespin o @ uniandes. edu. co

editoraantipoda@uniandes. edu. co

Universidad de los Andes, Bogota, Colombia

* Ph.D., University of Massachusetts, Estados Unidos.

(1) Traduccion propia.
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Author:Espinosa Arango, Monica Lucia
Publication:Revista Antipoda
Article Type:Editorial
Date:Sep 1, 2015
Words:1912
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