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El mito de la URSS en occidente: presentamos un punado de fragmentos de la Complication. Retour sur le comunisme (Fayard, Paris, 1999), en donde el filosofo Claude Lefort intenta explicar la fascinacion (que se negaba a encarar hechos conocibles) de muchos intelectuales occidentales ante la falsa panacea del comunismo sovietico liderado por Stalin.

?COMO PUDO EL COMUNISMO, A PESAR, DEL GIRO QUE TOMARON LOS acontecimientos desde el inicio de los anos veinte, inspirar tanta confianza mas alla de sus fronteras, movilizar a una multitud de guerrilleros de la izquierda occidental y fascinar a tan gran numero de intelectuales? Esta pregunta es el centro alrededor del cual gira la obra de Furet, (1) y ya senale la respuesta: la fuerza de la ilusion. Esta se preservo mejor en Europa al no estar sometida, como en los paises comunistas, a la prueba de la realidad. Sin embargo, el historiador no admite creer en una ignorancia general de lo que se producia en la URSS. Toma en cuenta las informaciones que circulaban, las dudas que estas provocaron en una parte de la izquierda marxista, asi como las tempranas criticas de fondo que los analistas competentes formularon a la dictadura leninista y posteriormente al Estado estalinista. Pero ese resultado lo conduce a imprimir el tono decisivo a la pregunta que persigue, pues debe admitir que "la ilusion resiste el conocimiento de los hechos". Al evocar en un momento el cataclismo que ocasiono la eliminacion de los kulaks --de hecho, una verdadera guerra contra el campesinado--, subraya que ese terror de masa sin precedentes marco el fin del Estado totalitario y anade este comentario: "Lo sorprendente es que haya podido aparecer, ante los intelectuales occidentales o la opinion publica internacional, como una escena familiar o incluso ejemplar, mientras era algo insolito, mientras era algo atroz" En otro pasaje, luego dc observar que Trotski, al igual que Bujarin, se mantuvo en silencio ante los horrores de la hambruna, declara: "Pero hay cosas aun mas sorprendentes: el que esta anestesia del juicio se extienda a tantos espiritus fuera de la Union Sovietica; no que los hechos no sean conocibles, al menos en lo que tienen de multitudinariamente atroces. Los testimonios y las informaciones difundidas por los periodicos de los emigrados rusos, los analisis de Kaustky y de Suvarin, lo llevan a uno a pensar: 'Quienes querian saber podian saber. La cuestion es que pocas personas lo quisieron'." Al escucharlo, el estalinismo no perdio nada del poder mitologico de que gozaba el bolchevismo: "Al contrario, su imagen crecio en la imaginacion de sus contemporaneos, en el momento de sus peores crimenes. De manera que el misterio de esa fascinacion se amplio en lugar de desaparecer."

En ningun momento busca Furet borrar los rastros de la manipulacion operada por los agentes sovieticos para crear asociaciones y movimientos por la paz, al servicio de la politica del Kremlin. Al recordar de pasada el papel de los comunistas en Espana durante la Guerra Civil, muestra que sus objetivos fueron la aniquilacion fisica de los anarquistas y de los milicianos del Partido Obrero de Unificacion Marxista (POUM), asi como el control de puestos clave en la nueva Republica, y que, a pesar de esos errores, la URSS extrajo del episodio la reputacion de ser la unica defensora de las libertades en Europa frente al fascismo.

Sin embargo, ?la movilizacion antifascista es suficiente para dar la razon a lo que va a convertirse el mito de la URSS? Particularmente, ?la prohibicion que, desde finales de los anos treinta, hostiga toda critica a la burocracia sovietica se comprende solo bajo la luz de los cambios sufridos en la escena internacional? Sin duda falta un eslabon: la accion de los partidos "locales". Furet se percata de que ellos "canalizan la idea comunista". Pero !que curiosa imagen! En realidad, luego de su creacion, los partidos de la 3a internacional se subordinaron a la direccion del partido ruso. Su labor consistio en elaborar la imagen de un pais en el que el proletariado toma el poder y lucha por extirpar las raices de la clase burguesa, todo ello resistiendo las agresiones del imperialismo dentro de una "ciudad sitiada". No puede olvidarse que en Francia, entre las dos guerras, gracias al Partido Comunista, la sovietica aparece como una sociedad igualitaria, libre, gobernada por dirigentes que, desde la Revolucion, han mantenido una misma linea. Gracias a una torpe falsificacion de los hechos, el mito tomo forma.

El Partido Comunista Frances despues de la Segunda Guerra Mundial Entre los anos que preceden y los que siguen a la Segunda Guerra Mundial, hay mas que similitudes: se opera un avance en la sumision al poder sovietico, mas notable aun puesto que la opinion publica esta ampliamente informada. La obra de la mentira y de la calumnia moviliza todas las energias del Partido Comunista Frances. Solo un pequeno numero de intelectuales comunistas lo abandonan en 1953, casi siempre en silencio. Edgar Morin se distingue tanto por su valor intelectual como por su lucidez, al hacer de su experiencia comunista parte de su rotunda Autocritique. (2)

Recordaba el discurso de Francois Furet, aplicado a los acontecimientos del inicio de los anos treinta: "Quienes querian saber, podian saber." Sin embargo, convengamos en que las fuentes todavia eran escasas. En cambio, en 1947 aparece en Francia el libro de Kravchenko J'ai choisi la liberte (que el ano anterior habia tenido una amplia difusion en Estados Unidos); luego, en 1950, se desarrollo en Paris el juicio por calumnia que el autor intento en contra de Lettres francaises. El libro y el juicio tuvieron bastante resonancia. (3) El libro revela la amplitud de los campos de concentracion y la funcion del trabajo forzado en el sistema industrial. La respuesta de los comunistas fue virulenta. El juicio permitio dar la palabra a antiguos deportados, en especial a Magaret Neumann, detenida en un campo sovietico antes de ser entregada a los nazis. Los testigos sufrieron insultos y ridiculizacion por parte de los comunistas, mientras ciertos companeros de ruta distinguidos, como Paul Eluard (un poeta en la circunstancia, sin mas preocupacion por su honor que Aragon), garantizan la probidad del regimen sovietico. ?Obraban de buena fe, esos defensores de la URSS? ?Eran victimas inocentes de la utopia marxista-leninista? ?Quien podria creerlo hoy? Andre Wurmser (critico literario de Lettres francaises) emitio declaraciones abyectas a las que la prensa comunista dio una amplia difusion. No, no quiero decir que Wurmser encarne el tipo ideal del comunismo, pero tampoco deseo avalar la leyenda de que los intelectuales comunistas, confundidas sus diversidades, vivian bajo el encanto de la teoria.

La arrogancia dentro de la mentira, que manifestaron los comunistas franceses en el transcurso de las decadas que siguieron a la Liberacion, se beneficio de la pantalla protectora que les proporcionaron numerosos intelectuales que, sin pensar en adherirse, consideraban al Partido como el representante de las masas oprimidas, y a la URSS como el pais que mantenia, contra viento y marea, el rumbo hacia el socialismo. Sin querer sobrestimar el papel de Sartre, puede decirse que fue ejemplar. Aunque sus proezas dialecticas ya no sorprenden a nuestros contemporaneos, no puede olvidarse que fue un maestro del pensamiento, quiza no para toda una generacion, pero si para todos los que deseaban seguir siendo o volverse "politicamente correctos" de izquierda. Furet solo le otorga una nota a pie de pagina (particularmente severa); es poco, en virtud del largo pasaje que le inspira en la primera parte de su libro el caso de los escritores que, perdidos en el campo de la politica --Romain Rolland en primera fila--, se dirigieron al Kremlin y saborearon la emocion de recoger algunas preciosas palabras de labios de Stalin. Es poco, en efecto, puesto que de Sartre no puede decirse, como de estos ultimos, que el no sabia, ni que no queria saber: el se asigno la tarea de explicar, con una perversidad sorprendente, mejor que los mismos comunistas, la politica del Partido Comunista Frances y la estrategia del Kremlin.

?Hay que imaginar a los intelectuales politicamente correctos bajo el imperio de la ilusion? ?Subyugados por el marxismo y la teologia de la historia? Me parece que los fascino la fuerza que emanaba de los comunistas --no solo la fuerza que le procuraba al Partido el apoyo de una fraccion de la clase obrera, sino la que proviene de su capacidad de utilizar o de aceptar el uso de la violencia sin remordimientos--, la fuerza de experimentar una conviccion profunda y de despreciar a los indecisos y a los pusilanimes; ello los condujo a ser sus aliados.

Los intelectuales comunistas que aparecen en la escena de posguerra parecen extraidos del mismo molde que sus predecesores, pero su numero e influencia se acrecento en los paises occidentales, sobre todo en Francia. Ahi estaban, establecidos en el mundo editorial, en el de las letras, el teatro, el arte, en las casas de cultura, en la Universidad y, a veces (?quien lo recuerda hoy?), en el pequeno mundo del psicoanalisis. De su pertenencia al partido de la clase obrera, se granjearon el sentimiento de ser actores de la historia, pero tambien, en muchos casos, la ventaja de construir un entorno aparte, una elite cuyos miembros eran conminados a ayudarse mutuamente en el cuidado de su buena conciencia de clase.

Ciertamente no hay que confundir a los intelectuales aparar chiks, los simples adeptos a un marxismo con el sello de calidad del Partido --en el que eventualmente la fe se procura beneficios de carrera--, con los militantes devotos a una causa, dispuestos a defenderla por encima de sus intereses e incluso de su vida. Es cierto que unos y otros ejercieron juntos una campana de intimidacion entre los no comunistas de izquierda, marxistas o "marxisantes" libertarios o liberales. A sus ojos, toda critica al partido nacional, a la URSS o a la doctrina marxista-leninista fortalecia al enemigo de clase.

--Traduccion de Maria Virginia Jaua

(1) Francois Furet, El pasado de una ilusion. Ensayo sobre la idea comunista en el siglo XX, FCE, Mexico, 1995. [Francois Furet, 1927-1997, historiador de la Revolucion Francesa (Penser la Revolution francaise, Gallimard, Paris, 1978, 1983, 259 pp.; L'heritage de la Revolution francaise, Paris, Hachette, 1989, 332 pp. etc., etc.), presidente de la Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales (1977-1985), profesor de la Universidad de Chicago, titular del primer sillon de la Academia Francesa.] [N. de la R.]

(2) Edgar Morin, Autocritique, Julliard, Paris, 1959.

(3) Victor Kravchenko, J'ai choisi la liberte. La vie publique et privee d'un haut fonctionnaire sovietique, Seuil, Paris, 1947.

Claude Lefort es filosofo de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales, Paris. Su ultimo libro es La Complication.
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Author:Lefort, Claude
Publication:Letras Libres
Article Type:Extracto
Date:Mar 1, 2004
Words:1871
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