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El jardin encantado de VSP.

V. S. Pritchett

EL VIAJE UTERARIO. CINCUENTA ENSAYOS

prol. Hernan Lara Zavala, trad. Ramon Garcia, Mexico, FCE, 2011, 481 pp.

[ILUSTRACION OMITIR]

Victor Sawdon Pritchett no fue quiza, un gran critico pero fue el mejor de los resenitas literarios. Sus iniciales (VSP) fueron un sello de amor a la literatura, agudeza intelectual y honradez sin tacha durante los sesenta anos en que ejercio la critica en ambas orillas del Atlantico, primero en el semanario britanico New Statesman y despues, tras la Segunda Guerra Mundial, en The New Yorker en The New York Review of Books.

Nacio VSP en Ipswich, Suffolk, el 16 de diciembre de 1900 y, habiendo recibido el nombre de Victor en honor de la reina, murio casi cien anos despues, en Londres, el 20 de marzo de 1997, meses antes del triunfo de Tony Blair. Empezo su carrera en 1922 escribiendo sobre D. H. Lawrence, Joseph Conrad y Andre Gide, contemporaneos suyos, y la termino resenando a quienes podrian haber sido sus hijos o sus nietos: Gabriel Garcia Marquez, V. S. Naipaul, Salman Rushdie, Bruce Chatwin.

No escribio Pritchett ningun libro de critica cuyo titulo sea familiar en otras lenguas, al estilo de Hacia la estacion de Finlandia (1940) o La tumba sin sosiego (1944), de sus colegas Edmund Wilson y Cyril Connolly, pero sus Complete collected essays (1991) son e] panorama mas vasto emprendido por la critica anglosajona durante el siglo pasado y la lista de los autores que reseno tiene un relieve demografico: ademas de los clasicos anglosajones, escribio sobre los grandes rusos y los no tan grandes, sobre algunos franceses (Stendhal, France, De Beauvoir, Montherlant, Camus, Genet) y varios italianos (Cellini, Giovanni Verga, Manzoni, Svevo). Sele agradece su presentacion de un brasilefio (Machado de Assis) y la atencion entusiasta que le brindo a Perez Galdos, a Eca de Queiroz, a Borges y a Garcia Marquez, en una epoca en que hablar de literatura iberoamericana era una excentricidad.

Si VSP no hubiera escrito una sola pagina de critica literaria conservaria la admiracion de sus lectores, considerado el "Chejov de la lengua inglesa" por los cincuenta y tantos cuentos, largos y muy cortos, que escribio entre The Spanish virgin and other stories (1930) y A careless widow and other stories (1989). Mas aun: su dueto autobiografico, compuesto de A cab ar the door (1908) y Midnight oil (1971), es un clasico de la memorialistica inglesa. Sus novelas --una de ellas, al menos, logradisima en previsible clave flematica, es Mr. Beluncle (1951), la caricatura de su padre-- son menos admiradas. A veces se sospecha, debe decirse, que el unanime respaldo al Pritchett narrador buscaba no malquistarse, entre los escritores, con VSP, el critico.

Que de Pritchett en espanol casi no se conozca nada, salvo alguna novela traducida hace medio siglo y un punado de cuentos, parece raro, tantimas si se subraya que fue, antes de la Guerra Civil y junto con su intimo amigo Gerald Brenan (1894-1987), uno de los pocos ingleses que conocian Espana sobre el terreno, al grado que el primero de los libros de VSP fue Marching Spain (1928), una cronica de viaje a la que siguio, en 1954, The Spanish temper. Ocurre --y aqui empezariamos a elucubrar sobre la indiferencia hacia el por parte de su amado mundo espanol-- que el critico fue, pese a haber apoyado clara y publicamente a la Republica en 1936, impermeable ante el entusiasmo lirico el compromiso politico que arrastro a tantos de sus colegas ingleses a compartir con los republicanos el pan, la sal, el sacrificio y la propaganda, en el frente, VSP creia, osadamente: para el milieu donde escribia, que la Guerra Civil era una consecuencia funesta de la historia espanola y no el resultado de un conflicto ideologico internacional. La Falange, Franco, los comunistas y los anarquistas eran, todos ellos, personajes espanoles, hijos de un temperamento y no de una historia. Pritchett, sir Victor desde 1975, ejemplitico el moderantismo atribuido a los ingleses: nadie menos ideologmo que el, a su manera, un extrano en su siglo.

Si politicamente Pritchett dejaba frios a los espanoles, en contraste con un George Orwell, que le parecia a aquel mas un hombre del continente: que de la isla. mas cercano a Ignazio Silone y a Arthur Koestler que al temperamento britanico, como narrador no es facil de apreciar. Su mundo es resueltamente idiosincrasico al grado que, insisto, ve en Orwell menos al desenganado del comunismo que al escritor colonial juzgado en la no tan inesperada compania de Kipling. Lo menos interesante, ademas, de su obra son los libros de viaje. Los que dedico a Londres y a Dublin fueron escritos para el publico estadounidense y sus cronicas latinoamericanas, que las tiene, no van mas alla de la vineta agradable, medianamente informada. simpatica y prescindible. Es periodismo dominical escrito por dinero. segun dijo Connolly, su rival y no precisamente su admirador.

Fue VSP el cuentista de la clase media baja inglesa, aquella que, acabada de formarse durante la vispera eduardiana de la Gran Guerra, dio vida a los inmensos suburbios ingleses. Ese y ningun otro umverso es el protagonico en la ficcion pritchettiana, dificil de exportar, como lo es. si se me permite. Moliere. un clasico frances de dudosa universalidad. Asi, VSP, al cual se le pueden aplicasus propias palabras sobre Laurence Sterne: la excentricidad dimanada de Tristram Shandy, por ejemplo, es una locura practica poco comprensible si le asemeja con la gran locura apocaliptica de los rusos. En Pritchett, un clasico nacional ingles, impera una fantasia comica surgida de la vida comun y corriente, desprovista de todo mito pero plagada de detalles que puede perderse un lector de novelas pero no un lector de cuentos menos aun de cuentos tan sutiles sonrientes como los suyos. Quiza una buena edicion, hasta la fecha inexistente en espanol, corrija mi opinion, la cual no me impide reconocer cinco o seis cuentos de Pritchett como excepcionales. Pero no como los de Chejov pues --segun dice su biografo Jeremy Treglown-- el critico contamina, en Pritchett. al cuentista. Frecuentemente da explicaciones de mas.

VSP fue un escritor profesional dedicado al trabajo diario, al cual le sucedieron muy pocas cosas novelescas, como a los personajes de sus cuentos, ocupados en lo que pasa cuando no pasa nada. Su mayor sufrimiento, el alcoholismo de Dorothy, su segunda esposa y madre de sus hijos, tuvo un final feliz al rehabilitarse ella gracias a Alcoholicos Anonimos. La pareja viajo mucho y acaso el momento mas emocionante les ocurrio cerca de Hollywood, cuando Alfred Hitchcock (a quien VSP ayudo con el guion de Los pajaros) los invito a dormir en la cama que antes habian ocupado: Cary Grant, Ingrid Bergman, James Stewart y Grace Kelly. Su vida literaria tuvo sus altibajos y a fines de los anos setenta los cambios en el gusto mermaron la difusion de sus libros, juzgados anticuados. Pritchett no se amilano y como eminencia gris de New Statesman tuvo arrestos para pelear (y perder) una batalla por la direccion del semanario, teniendo por aliados y rivales a jovenes turcos como Martin Amis, James Fenton y Julian Barnes.

En fin: es un acontecimmnto que haya aparecido en nuestra lengua E1 viaje literario, que reune cincuenta ensayos literarios de Pritchett, prologados y seleccionados por Hernan Lara Zavala. Estan divididos en cuatro apartados que separan a los ingleses de los estadounidenses y a estos de los europeos (continentales, se entiende), concluyendo, esta antologia pionera, con los autores espanoles y latinoamericanos.

Asi como VSP no es facilmente exportable como narrador, quiza tampoco lo sea como critico, lo cual sonaria a paradoja dado que la claridad, el buen sentido y la ecuanimidad lo distinguen tanto como la buena prosa. cuya elegancia no transmite esta traduccion, tan solo correcta. Es comprensible que el plato fuerte sea la lengua inglesa, el baremo con el cual debe medirse a Pritchett. un critico atento a la literatura mundial, tal cual lo demostro, en el terreno practico, cuando fue elegido presidente del PEN Club en 1974.

VSP arriesga opiniones que descartan la imagen, distorsionada e injusta, que lo presenta, por haber sido el mas convencional de los hombres. como un critico pacato, victoriano. Nada de eso: discrepa de valores consagrados por el modernismo y lo hace con originalidad. Explica muy bien por que Lewis Carroll no pudo ser --con la informacion que Pritchett disponia-- ni siquiera un corruptor de menores, pues disocio radicalmente al sexo del amor. Tan pronto sus ninas entraban a la pubertad, abjuraba de ellas, lo cual lo mantuvo casto, VSP. debe decirse, hablo y escribio de sexo tantas veces como fue necesario, en sus ensayos y cuentos lo mismo que en sus cartas a Brenan, su contidente. Pero se nego a hacer del sexo el tema del siglo. De los dos Lawrence se quedaba con T. E. El nuevo putanismo pregonado por El amante de lady Chatterley le parecia dudoso.

Mas que Lewis Carroll, Swift, hijo de una epoca mas salvaje que la victoriana, le parecio a VSP el ancestro mas fiable del surrealismo y discrepaba de la grandeza atribuida por toda su generacion a Conrad. En su opinion, las novelas conradianas son ambiguas como resultado de la insolvencia del autor a la hora de saber que siente un hombre. Genio del monologo, sugiere Pritchett, Conrad se equivoco del genero: lo suyo era el teatro en una epoca --agrego yo-- en que un teatro de esa naturaleza, como el que surge de Lord Jim, ya no era factible.

Hijo de un devoto de la Ciencia Cristiana, en cuyo periodico hizo sus primeras armas, VSP ve la religion con la tolerancia del agnostico. Toma nota del catolicismo de Evelyn Waugh y frente a otro catolico, Graham Greene, su contertulio en el Club Savile y novelista que admiraba demasiado, advierte en los ingleses (pero no en los irlandeses o en los escoceses) un desinteres manifiesto en el problema del mal, asunto que le dejaron al polaco Conrad y al estadounidense Henry James. Es imposible saber si Dios existia o no para Dickens, aclara. Pero el mal no existe en sus novelas: impera un sucedaneo de este, la histeria personificada y melodramatica.

Sus puntos de vista sobre los ingleses, VSP los corrobora con los estadounidenses, cuya idiosincrasia, "todo aquello que lo es hace verdaderamete distintos a los britanicos", viene de lo escrito por Twain y Poe, creadores de un anverso del puritanismo que en Inglaterra no fue necesario imaginar ni ejercer. Con la excepcion del Henry James de The American scene, los estadounidenses, extrafiamente, no escriben buenos libros de viaje (?habra leido el viejo Pritchett On the road?) porque carecen de pasado lo mismo que de futuro, lo cual, para el, es una virtud de clase media, lo mismo que una tara padecida en el tiempo y no en el espacio. A este ingles que se sentia muy a gusto en los Estados Unidos y que nunca. se permitio el antiyanquismo, Huckleberry Finn le parece un gran libro pero lo encuentra incapaz de alimentarnos espiritualmente. Su rango es inferior a Don Quijote o a Almas muertas porque dibuja el alma limitada de un nino. Y Faulkner, "un escritor que saca provecho de una sociedad sin ley", le parece una de esas perplejidades francesas que los ingleses toleran muy malhumoradamente. En Faulkner, la Francia desgarrada y contrita, debil, de la Ocupacion y de la Resistencia, encontro un espejo turbulento.

Poco interesado en la literatura francesa y nada interesado en los alemanes, VSP adoraba a los rusos. Sus ensayos sobre Dostoievski y Tolstoi, que deleitaban a Isaiah Berlin, otro de sus amigos, son de lo mejor que puede leerse en El viaje literario. Quien se interne libro tras libro (en In my good books, The living, novel, Books in general, The working novelist, A man of letters, The myth makers, The rale bearers, Lasting impressions) en su critica se topara con Lermontov, Pushkin ("el mas radiante de los demonios"), Gogol, Goncharov, Turgueniev, Chejov, Gorki, Nikolai Schedrin y con su amigo Nabokov, con el cual compartio varios viajes, uno de el[os a la India, de ingrata y divertida memoria para ambos.

Habiendo recorrido tantos kilometros en la literatura mundial, Pritchett, empero, no deja de ser: un critico ingles y la explicacion de ese aislamiento la dio el mismo, VSP vivio, entre 1921 y 1923, en Paris, al cual llego, como suele ocurrir, enamorado de la literatura y queriendo ser escritor. Sobrevivio como ayudante en el estudio de un fotografo y dos anos despues se fue a Irlanda como corresponsal de The Christian Science Monitor. Anos despues, Pritchett leyo las memorias de la Generacion Perdida, de aquel Paris que era una fiesta y descubrio, aturdido, que la Ciudad Luz de Gertrude Stein, Sylvia Beach, Joyce, Hemingway y Scott Fitzgerald no habia sido, de ninguna manera, la suya. En ese entonces, confeso VSP:
   Yo estaba alli, pude habermelos
   topado en la calle pero nunca escuche
   hablar de ellos ... Simplemente,
   lleve conmigo el aislamiento que
   traia de Inglaterra. *


Ese aislamiento interior, esa concentracion en la pureza de lo literario, es la virtud y el limite de Pritchett como critico. En el, la insularidad inglesa se manifiesta, ya lo he sugerido, en indiferencia ante la religion, el sexo, la politica y, sobre todo, la historia. Y ello lo hace parecer intemporal, como es notorio en las paginas parisinas de Midnight oil, en donde Paris es una idea habitable, un nicho y no un lugar en el tiempo o el escenario de una cultura. Lo nuevo y lo viejo, la modernidad y la tradicion son conceptos que, magicamente, no arraigan en VSP, lo cual vuelve fascinante a su cronica general de la literatura del siglo xx, pues parece haber transcurrido no en cualquier epoca sino en un jardin encantado, el de Pritchett, donde este lector absoluto con aspecto de medico provinciano fuma pipa y lee, va al club y regresa y sigue leyendo, cumpliendo sus obligaciones con la realidad, con la monarquia, con los escritores del mundo y los lectores ingleses, con una indiferencia sonriente y metodica. Por su afecto por el lector comun, VSP fue, en cierta medida, el heredero de Virginia Woolf y, sin embargo, ella y todo el grupo de Bloomsbury le parecian una remota tribu perdida en el tropico, segun dice. Y resenando Oscar Wilde (1987), de Richard Ellmann, Pritchett cita la certidumbre del biografo de que Wilde pertenece mas a nuestra epoca que a la victoriana. "No se muy bien que significa esa frase", concluye VSP.

De sus relaciones con Wilson y Connolly, el par de anglosajones con los que disputaria la primacia entre los criticos ajenos a la academia, puede inferirse la posicion de VSP, su apacible y laborioso desden. Wilson adoraba a Pritchett, por haber logrado lo que aquel sono sin realizarlo: ser tan buen cuentista como critico. Alabo Hacia la estacion de Finlandia, destacando que la grandeza wilsoniana estaba en permitimos escapar de la historia por el camino de la novela, en hacer de las ideologias decirnononicas, venturosa literatura. Importaba George Meredith, no Ferdinand Lassalle. Y Pritchett se felicito de que en la segunda edicion Wilson se disculpara por haber sido tan candido en relacion a la pesadilla sovietica. Citando a Turgueniev, a quien dedico una hermosa biografia (The gentle barbarian, 1977) y a quien tenia por el ejemplo practico de como sobrevivir con honor entre nihilistas, VSP agrego que hacer revoluciones en barricadas ajenas era una tentacion fatal.

En cuanto a Connolly, Pritchett no lo leyo con los ojos desbordantes de admiracion tan propios de todos nosotros, los enemigos de la promesa. Connolly, dice VSP en El viaje literario, era un bebe: "Cuando hace algo para entretenernos es conmovedor y cuando se queda solo esta perdido." No vio en el a un destacado moralista del fracaso literario sino a un fracasado que moraliza. A su alrededor, Connolly dejo hermosas ruinas donde pueden distinguirse, si entiendo; bien, fragmentos de las maravillas de Virgilio, de Pascal y de Jung.

No hizo Pritchett, concluyo, una anatomia de la melancolia literaria, como Connolly, ni se aventuro, siguiendo a Wilson, en la gran marcha de la historia que fascina a los escritores. No postulo teorias literarias, y quien crea que la obligacion de un. critico es hacerlo no entendera a VSP, quien dando catedra como invitado en 1969 en Cambridge, el nido de la Critica Practica, tranquilizo al prolesorado: la literatura debia huir de la biografia para internarse ... en la autobiografia. Pero tampoco tuvo ideas generales, de origen filosofico o estetico, sobre la literatura, lo cual es necesario en un gran critico. En el fondo detestaba al gran escritor moderno encarnado en Flaubert, melindroso y misantropo.

Escribio Pritchett cientos de paginas sensatas, amorosas, precavidas sobre casi todos los escritores importantes del siglo pasado y del antepasado, dejando un legado de inteligibilidad pocas veces impreso y encuadernado. Pero tente a la herejia diciendo en la primera linea de esta resena que VSP no fue un gran critico, sino el mejor de los resenistas, por mor del formalismo. Pritchett casi nunca ensaya, es el menos ensayista de los criticos porque fijo el canon de lo que debe ser una resena literaria y se somete a ella casi esclavizado. Al leerlo en libro, uno extrana el formato periodistico de la resena, la orientacion brindada por la ficha bibliografica del libro resenado (ausente en El viaje literario tanto como en Complete collected essays). Pero esto no debe pronunciarse en una epoca como la nuestra donde la resena es considerada la fajina a la cual esta condenado quien suena con ser, mas que critico, profesor, y anhela abandonar la critica tan pronto lo tiente el exito mundano como novelista.

Pritchett fue fiel a la voz de la literatura, que identifico mejor que nadie. En su resena sobre La prima Bette, de Balzac, VSP reconoce la facilidad con que la novela decimononica se adapta a las series televisivas, en la cual los ingleses son o fueron magistrales. ? De que se ha perdido entonces quien ve La prima Bette y renuncia a leerla? Nada menos que de la experiencia de escuchar la voz estridente, resuelta y torrencial del novelista. A quien entienda lo que esa respuesta significa le sera permitido volver una y otra vez al jardin encantado de V. S. Pritchett.

* Jeremy Treglown, V. S. Pritcbett. A working life, Nueva York, Random House, 2004, p. 25.
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Author:Dominguez Michael, Christopher
Publication:Letras Libres
Date:Nov 1, 2011
Words:3311
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