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El impetu de las pasiones sobre las cadenas esclavistas: los vinculos amorosos entre blancos y esclavas en el Nuevo Reino de Granada.

The Impulse Of The Passions Over The Slave Chains: The Amorosous Links Between Whites And Slaves In The New Kingdom Of Granada

A dinamica das paixoes de cadeias de escravos: amar os links entre brancos e escravos no Novo Reino de Granada

Introduccion

En el territorio del Nuevo Reino de Granada, los negros esclavos fueron ubicados en renglones estrategicos de la economia, tales como la explotacion aurifera, la ganaderia y la produccion de mieles de trapiches. Un buen numero de ellos estuvieron vinculados a las labores de servicio domestico (1). Principalmente se localizaron en la costa caribe y en las provincias de Antioquia, Choco y Cauca.

Tal como lo revela el censo demografico elaborado en el ano de 1778 durante el gobierno del virrey Manuel Antonio Florez, este grupo etnico representaba aproximadamente el 8% del total de la poblacion mientras que los mestizos se erigian como el grupo con mayor presencia en estos territorios, con un 46.5%. Los blancos representaban la cuarta parte del total mientras que la comunidad indigena se hallaba notoriamente diezmada (2).

La sociedad colonial estaba muy lejos de ser igualitaria pues eran muy marcadas las diferencias en razon al color de piel, los titulos de nobleza, el estatus y la condicion economica. Bajo este contexto, los blancos representaban el grupo que ostentaba el poder social y economico. Los amos, por lo general, hacian parte de este sector de la sociedad.

Al otro extremo, en el ultimo peldano de la estructura social, se hallaban ubicados los negros esclavos. En razon a su pigmentacion, a su origen afri cano y a su condicion de subyugacion, la comunidad esclava fue objeto de segregacion y discriminacion pues se les consideraban individuos inferiores en relacion con el resto de la sociedad. A ellos se les endilgaban naturalmente una serie de tachas y les estaban vedados muchos privilegios y derechos a los que si podian acceder los blancos y mestizos.

Las relaciones entre los amos y la comunidad esclava estuvieron signadas por el poder de dominacion que aquellos ejercieron sobre estos, un poder que se ejercia desde el momento de adquirirlos como "piezas" transables. No obstante, hay que reconocer que fue muy amplio el abanico de posibilidades que se dieron en este tipo de relaciones pues, si bien se registraron signos de represion y castigo, tambien fue factible hallar relaciones de fraternidad, amistad, compania, cooperacion mutua e incluso lazos afectivos mas profundos. Estos vinculos sentimentales afloraron en razon a la cercania entre estas partes, particularmente con los esclavos dedicados al servicio domestico y al servicio personal (3).

La historiografia sobre la presencia esclava en Colombia se ha concentrado en el estudio del comercio de esclavos, la manumision y los castigos aplicados a este grupo de la sociedad, muchas veces con alusiones de tipo anecdotico. A decir verdad, muy poco ha sido abordado el tema desde la perspectiva de las relaciones afectivas (4).

Asi entonces este articulo, que se enmarca en la corriente de la historia social y el estudio de los grupos subalternos (5), tiene por objeto analizar las complicaciones que se suscitaron en torno a las relaciones amorosas entre blancos y esclavas en el Nuevo Reino de Granada.

Hace parte de un trabajo de investigacion mas amplio que adelanta el autor y que abarca aquellos expedientes documentales relativos a lios amorosos en los cuales estuvo involucrado un individuo blanco y un integrante de la comunidad esclava, haciendo la salvedad que tanto o mas extenso es quizas el abanico de documentacion que involucra a negros, mulatos o zambos libres en sus aventuras sentimentales con otras castas, tema que desborda los limites de este estudio.

El rastreo se realizo en los siguientes archivos documentales: el Archivo General de la Nacion, el Archivo Historico de Antioquia, el Archivo Historico de Rionegro, el Archivo Central del Cauca, el Archivo Historico Cipriano Rodriguez Santa Maria y el Centro de Documentacion e Investigacion Historico Regional, adscrito a la Universidad Industrial de Santander. De todos ellos, sin duda los dos primeros fueron los que arrojaron la mayor cantidad de documentacion.

De 83 casos hallados en la investigacion, unicamente 5 hacen alusion a los lios amorosos entre un esclavo y su ama. Queda claro que este tipo de union ilicita fue menos habitual (6) debido a la mayor represion por parte de las autoridades civiles y eclesiasticas. Alli el desliz o pecado era considerado mas grave por la moral imperante ya que, aparte de la relacion de adulterio, se transgredia la jerarquia patriarcal.

Entre tanto, la gran mayoria de expedientes, 72 en total, corresponden a aquellos que involucraban sentimentalmente a un blanco con una esclava, de los cuales se ha escogido una muestra representativa de 19 para abordar las tematicas planteadas en este articulo. Un buen numero de estos casos seleccionados tuvieron lugar en la provincia de Antioquia, una de las zonas con acentuada presencia esclava y con elevados indices de mestizaje.

Varias facetas de los romances entre blancos y esclavas ponen de relieve su complejidad pues fue posible observar en unos casos el interes de los amantes en persistir en la union aun por encima de todos los obstaculos mientras que en otras circunstancias hubo cambios dramaticos en la relacion, pasando del idilio a la tension. Finalmente, se examinara el llamado que las autoridades hicieron a los amos casados legitimamente para que renunciaran a sus relaciones "ilicitas" y volvieran al seno de sus hogares.

La Corona y la Iglesia censuraron la mezcla entre blancos y negros, al igual que habian mostrado seria oposicion frente a otras posibilidades de cruces interetnicos. En ese sentido, las leyes espanolas habian ya dispuesto desde muy temprano la recomendacion de que los negros solo debian comprometerse maritalmente con los de su misma condicion (7).

Es por ello que los amorios urdidos entre negros y blancos fueron calificados como ilegitimos. Asi las cosas y ante las restricciones para llegar a contraer matrimonio, en realidad las que mas abundaron fueron las relaciones de hecho, por lo general ocultas, y que a la postre se convertian en fuente generadora de conflictos y rivalidades. Desde luego, como era de esperarse, las autoridades se mostraron tambien reacias a aceptar las relaciones de concubinato, en el intento por conservar la sagrada estabilidad de la union familiar legitima del elemento blanco y evitar la amenaza que la mezcla interetnica podia tener en la preservacion de la cerrada estructura social de la epoca.

Particularmente en el siglo XVIII, bajo el influjo del reformismo borbonico se noto un mayor interes de procurar un estricto ordenamiento moral de los vasallos (8), visto como una formula para intervenir cada vez mas los espacios de la vida privada y cotidiana. Tanto las autoridades civiles como las autoridades eclesiasticas emprendieron acciones dirigidas a establecer medidas de vigilancia y control social para combatir los amancebamientos y otros delitos sexuales. Esto se vio reflejado en un incremento de la reglamentacion con el desafio de remediar el grave problema de la relajacion de las costumbres (9).

En muchas de esas acciones policivas era normal irrumpir abruptamente en las casas. Sobre este asunto, es clave anotar que en la sociedad colonial, asi como en otras sociedades preindustriales, el contraste entre lo publico y lo privado no era tan claro como se concibe hoy. En realidad, era muy reducido el margen de privacidad. En aquel mundo de tanta proximidad y vecindad era corriente que la vida intima de las personas fuera de publico conocimiento y mas cuando los detalles quedaban expuestos en los expedientes y sumarios. Era tambien habitual que el chismorreo propagado por las gentes fuera transmitido a las autoridades, a veces con la intencion de celo o venganza (10).

Otro de los factores ligados a este tipo de relaciones amorosas de caracter ilicito y a los delitos sexuales fue el escandalo publico, el cual sirvio como justificacion tanto para los denunciantes como para las autoridades mismas al momento de resaltar la gravedad de las acciones de los acusados, haciendose enfasis en que sus comportamientos eran contrarios a la moral publica. El escandalo era una invitacion a desaprobar y rechazar publicamente ese tipo de conductas que desbordaban los patrones sociales y normativos, y la mejor forma de expandirlo era a traves del chisme. De alli procede la preocupacion de los afectados, especialmente de las elites sociales, de evitar que sus lios amorosos se hicieran publicos y generaran escandalo, pues eso significaba ver afectado el honor (11).

Fruto de las relaciones prohibidas entre amos y esclavas fueron los hijos mulatos, algunos de los cuales aun siendo esclavos alcanzaron a ganarse el sentimiento y la consideracion especial de sus padres. En los testimonios presentados en los juicios quedaron al descubierto estos vinculos. Asi, por ejemplo, en la ciudad de Popayan, en julio de 1649, ante el alcalde ordinario se presento el defensor del mulato Agustin, hijo del espanol Francisco Navarro y la mulata esclava Antonia, solicitando se reconfirmara legitimamente la libertad de aquel joven tras la muerte de su progenitor. Uno de los testimonios incorporados en este proceso deja ver el aprecio que le tenia Navarro a su hijo natural: "(...) le reconocio por su hijo y por tal le tenia, criaba y alimentaba diciendo publicamente que era su hijo y le daba ruana y otras cosas para que se vistiera" (12). El proposito de estas pesquisas era determinar lo que le correspondia en calidad de hijo dentro de los crecidos caudales dejados por Navarro.

Algunos pequenos que fueron resultados de esas pasiones intercastales solo venian a revelarse como tales al momento de la muerte de sus amos. Palabras y expresiones con un hondo sentido paternal y afectivo denotaban amores furtivos y el reconocimiento implicito de hijos habidos en esclavas. Todo esto como una tactica para evitar cualquier tipo de escandalo o vituperio aunque, una vez muerto el amo, el reclamo de la herencia por parte de los hijos del subrepticio amor era ventilado publicamente.

En su testamento firmado en 1800, Antonio Munoz, vecino de Ovejas en la provincia de Popayan, declaro que fue casado con Lorenza de Ponce con quien tuvo cuatro hijos legitimos, pero al mismo tiempo reconocio ser padre de una hija "espuria" llamada Baltasara, fruto del romance sostenido con una de sus esclavas. En la misma clausula testamentaria en que Munoz hace esta confesion, a renglon seguido formaliza el otorgamiento de libertad para la pequena (13).

El caracter ilegal que enmarcaba esas uniones interetnicas determino de alguna manera el hecho de que esa descendencia fuera tambien signada con la mancha del pecado. No fueron pocas las dificultades que debieron soportar estos jovenes como, por ejemplo, el senalamiento y el rechazo por parte de la mujer legitima del amo comprometido en amores con la esclava.

La persistencia en la relacion

En algunos casos, los comprometidos en este tipo de amorios entre amos y esclavas insistieron en continuar la relacion pese a la mirada vigilante de las autoridades y a las trabas interpuestas por la esposa legitima. No extrana entonces que varias de estas relaciones de amancebamiento fuesen de larga duracion y a veces complementadas con la aparicion de hijos como prueba irrefutable de esas censuradas uniones.

Fugas desesperadas, el afan por convenir citas clandestinas y los reiterados desacatos a los mandatos judiciales, fueron algunas de las estrategias de resistencia aplicadas por las parejas de amantes con tal de no perder el contacto amoroso tras el implacable acecho de la justicia. Era, sin duda, una actitud desafiante en una sociedad en la cual se mantenian serias reservas sobre la aceptacion de estos vinculos sentimentales.

En estas situaciones, para lograr sus propositos, los amos solian recurrir a su poder economico, pero principalmente a su capacidad de influencia social a nivel local; todo con tal de eludir cualquier escollo que se interpusiera a su deseo de mantenerse cerca de su amada. En cierta manera, esas relaciones de largo aliento dejaban al descubierto las debilidades o falta de decision de las autoridades en combatir efectivamente esos vinculos amorosos que rompian los esquemas sociales y morales.

Hacia el ano de 1612 la Real Audiencia emprendio una campana para combatir los amancebamientos en la ciudad de Santa Fe. Uno de los sindicados fue el espanol Juan de Ojeda, involucrado con su esclava Antonia. Desde hacia cinco anos se habian iniciado estos amorios, dejando como resultado tres hijos. La familia vivia unida en la casa de este vecino ubicada en un solar en cercanias al puente de San Victorino. De inmediato, la Real Audiencia ordeno encarcelar al par de amantes. Ojeda desmintio la acusacion que se le hizo de haber comprado a la dicha negra para "usar de ella carnalmente" (14).

Otro de los capturados durante esta redada fue el comerciante espanol Juan Paz, de 52 anos de edad, a quien se le abrio un juicio criminal por estar amancebado durante tres lustros con su esclava Ines de 36 anos, de cuya relacion habian procreado seis vastagos. Segun los testimonios, el amo trataba a estos pequenos no como esclavos sino como hijos. Hacia ya varios anos que Paz mantenia amores con esta negra y, cuando nacio su segundo hijo, decidio negociar con Lope Salgado, el dueno de esta mujer, con el objeto de adquirirla para tenerla cerca.

Por orden expresa de la justicia, ambos fueron puestos en la carcel y se le dio al amo un plazo de 20 dias para vender su esclava, prohibiendo cualquier comunicacion entre ellos so pena de una multa de 200 pesos y de dos anos de destierro. Sorpresivamente a los pocos dias el elevo la siguiente solicitud que muestra a todas luces la existencia de un fuerte vinculo sentimental:
   Juan Paz, tratante en esta Corte, digo que yo estoy dispuesto a
   contraer matrimonio con Ines mi criada como consta esta aprobacion
   que me esta dada por el Juez Eclesiastico de que hago amonestacion
   y para conseguir el efecto a V. A. suplico mande que para conseguir
   el santo sacramento de matrimonio sea suelta de la dicha prision en
   que esta y se me vuelva el dicho mandamiento (15).


La Real justicia condescendio a este clamor y ordeno excarcelar a la mujer, la cual quedo en deposito en casa del vecino Juan Amarillo.

Hacia el siglo XVIII aumentaron las visitas y diligencias de las autoridades para procurar que los vasallos no incurrieran en conductas ajenas a los principios morales y a la institucion del matrimonio. Antioquia fue una de las provincias en donde mas se acentuo esta persecucion contra los amancebados y prueba de ello fue la visita adelantada por el oidor don Antonio Mon y Velarde.

Hacia el ano de 1770 Alexandro Velasquez vivia en "mal estado" con su esclava Ana Maria en una mina en la que trabajaban en jurisdiccion de la ciudad de Rionegro. Ambos decidieron un dia huir juntos hacia otra mina ubicada no muy lejos de alli, apartandose la negra del lado de su marido esclavo. El hecho fue denunciado por el cura de aquella ciudad, ante lo cual se ordeno que la negra jamas regresara al poder de su senor, debiendo este venderla de inmediato. Mientras esta transaccion se concretaba, la negra fue dejada en deposito en la casa del cura de Yolombo don Rafael de Montoya de donde no la podia sacar Velasquez, sino era para entregarla directamente al comprador.

A fin de cuentas, se decidio exonerar a Velasquez de la pena de prision aunque fue condenado a pagar las costas del proceso con la advertencia de que, si incurria en desacato, seria apresado y asegurado con grillos. Sorpresivamente la negra huyo del deposito y se volvio a "juntar" con su amo, segun denuncio con preocupacion el cura del lugar, con el "pecado" adicional de no haber cumplido con el precepto anual de la confesion y de la comunion. Esta vez, la pareja habia buscado refugio en una mina al otro lado del rio Negro en jurisdiccion de la villa de Marinilla, ante lo cual se emprendieron acciones conjuntas con las autoridades de esa localidad contigua con el fin de capturarlos y someterlos a la justicia (16).

Por orden expresa del visitador Mon y Velarde, la mulata Rita Franco, esclava de don Vicente Tamayo, habia sido extraida de su natal pueblo de San Jeronimo y confinada a Copacabana como medida sancionatoria por el publico concubinato que mantenia con el. La mulata, de treinta anos de edad, estaba casada con otro esclavo de don Vicente.

El gobernador de la provincia don Francisco de Baraya y la Campa ordeno una visita con el fin de constatar si se habia quebrantado la orden de destierro. Se le concedio a Tamayo un plazo perentorio de 24 horas para que presentara la esclava so pena de 25 pesos. Al ser requerido este hombre, se comprometio a sacarla de su casa y a remitirla al sitio de Hato Viejo a disposicion de su madre. De alli Tamayo la traslado a la residencia de un pariente suyo en donde permanecio cuatro anos, despues de lo cual ella decidio nuevamente retornar a la morada de su senor.

Al poco tiempo, la esclava fue arrestada y se le realizo una indagatoria en la cual acepto estar en "ilicita amistad" con su amo de cuya relacion habian resultado cinco hijos. Reconocio ademas que su propietario era casado con dona Maria Diaz, quien al parecer ignoraba la existencia de este romance.

El marido de la mulata, entre tanto, se hallaba receloso porque sospechaba que ella le era infiel, ante lo cual quiso separarse, pero paradojicamente fue la misma dona Maria la que le aconsejo "[...] que viviese en paz con su mujer y no creyese que le hubiese hecho traicion" (17).

Esta confesion fue pieza clave para que el 3 de marzo de 1790 el gobernador decidiera implementar medidas mas severas en vista de que el destierro a Hato Viejo no se habia ejecutado cabalmente. Se determino entonces optar por un confinamiento mas remoto como alternativa tendiente a salvaguardar la estabilidad de los dos matrimonios:
   [...] atendiendo al estado y calidad del expresado don Vicente
   Tamayo y los resultos que acaso ofreceria la continuacion de esta
   actuacion, que llegaria sin duda a noticias de su esposa, y aun del
   marido de la esclava, que se dice estar inocente de estos
   antecedentes, se contempla por medio mas prudente para remediar del
   todo este mal, y quitar la ocasion que lo motiva, que el regidor
   don Juan Pablo Rublas, a quien le estan hipotecados estos dos
   esclavos, como ha expresado dicho Tamayo en respuesta que tiene
   dada, disponga inmediatamente de ellos, vendiendolos fuera de la
   jurisdiccion de Medellin y de esta ciudad, a no ser que sea en el
   valle de San Andres de Cauca y otra parte remota donde este segura
   de no comunicarse con el citado Tamayo (18).


Estas decisiones extremas se adoptaron con el fin de evitar "nuevos escandalosos excesos". Adicionalmente, Tamayo fue conminado a asumir los gastos de este viaje.

Contraviniendo lo que habia dictaminado el gobernador, estando de juez don Antonio Tamayo, hijo de don Vicente, orquesto todo con el fin de que la mulata volviera a introducirse en la casa de este amo. El argumento esgrimido por don Vicente era que no estaba dispuesto a perder el valor de su esclava, por lo cual prometio alegar lo que fuese necesario ante la autoridad competente.

Al enterarse de estas novedades, a mediados de junio de 1793 el gobernador impartio instrucciones al referido juez para que dentro de las 24 horas siguientes expulsara a la mulata Rita de la jurisdiccion de San Jeronimo, haciendola conducir a alguno de los sitios que habian sido escogidos como su exilio para luego proceder a su venta. En caso de ser desobedecida esta orden, don Antonio debia pagar una multa de 10 castellanos de oro.

En otro caso, sucedido en 1799 en Santa Fe de Antioquia, se le atribuyo a don Angel Mancilla "ilicita amistad" con su esclava Victorina con quien habia procreado cuatro hijos. El teniente de gobernador habia ordenado que esta mujer se separara del lado de su amo.

Las autoridades enviaron una carta a Mancilla "para no enjuiciar tan vergonzosa materia", pero el se habia negado a contestar y se dedico mas bien a intentar vender la esclava, pero ella se resistia a cambiar de propietario. El gobernador le confirio al amo un plazo de ocho dias para negociar la esclava (19).

Otro episodio en el que se observo cierta persistencia de los amancebados con miras a mantener viva la relacion amorosa tuvo lugar en jurisdiccion de la costa caribe. Juan Tomas de Villa, vecino del sitio del cerro de San Antonio a orillas del rio Magdalena, a sus 66 anos abandono su mujer y cultivo una relacion afectiva con su esclava zamba Pabla de Escorcia, con quien ya llevaba varios meses de concubinato.

El visitador general de la provincia de Santa Marta don Manuel Antonio Rubianes quiso en 1790 "poner remedio a este desorden" y para ello impartio instrucciones al capitan aguerra del Guaimaro don Josef Angel de Zubiria para que levantara sumaria informacion de este delito y, si se hallaba suficiente justificacion, habia autorizacion para que "[...] se separase la concubina, a distancia, a donde no fuera facil reincidir en tan escandaloso crimen, y que se hiciese esta diligencia con prudencia, cautela y secreto, en honor del matrimonio" (20).

De nada habian valido las "suaves reconvenciones" ni los continuos re-proches de las autoridades civiles frente a esta "ilicita amistad". Ante esto, el capitan aguerra conmino a Villa a vender su esclava en un lugar en donde no fuera facil restablecer la comunicacion con ella y, mientras se concretaba esta transaccion comercial, la mujer debia permanecer en deposito para garantizar que estuviera alejada de su "delincuente" amo.

Tras ser llamado a relatar su version, Villa se excuso con "frivolos pretextos" ante lo cual fue citado nuevamente con la advertencia de que debia no solo entregar la concubina, sino ademas pagar 16 pesos por los costos invertidos en el chasqui, en el alquiler de la canoa, en los bogas y en el bastimento utilizado en el viaje que se preparo para notificarlo sobre esta diligencia sumarial. El cabo de justicia Juan Alberto Merino fue comisionado para ir hasta su casa de campo y pudo comprobar que en esa misma morada aun permanecia la concubina.

Pocos dias despues, el alcalde pedaneo de San Antonio don Manuel Francisco de Bolivar viajo con algunos testigos y cabos para levantar el testimonio de Villa, pero al llegar al sitio de residencia sorpresivamente no se encontro alli a la esclava a lo cual aclaro el amo que habia decidido enviarla al sitio de San Estanislao con el proposito de "obviar inquietudes que le fuesen perjudiciales al alma y al publico".

En su confesion, Villa reconocio sus devaneos amorosos con la zamba, aclarando que no la habia vendido, pero que en cambio le habia ofrecido voluntariamente carta de libertad por cuyo motivo decidio remitirla a aquel paraje ubicado a nueve leguas de distancia. De igual manera, prometio no volverla a molestar para "no ofender a Dios ni dar que decir al publico"

Del amor a la tension

Con mucha facilidad, las relaciones amorosas ocultas entre el amo y su esclava pasaban del idilio a la confrontacion, particularmente desde el momento mismo en que ella se atrevia a ventilar publicamente los abusos perpetrados por su senor. En algunos de los episodios analizados, todo hace pensar que esto se debia a la actitud del amo de rechazar a su amante cuando ya habia saciado sus instintos pasionales y cuando veia que esta relacion empezaba a traerle serias complicaciones y recriminaciones.

En estas situaciones, antes que intervinieran las autoridades, eran los propios amos quienes se apresuraban a vender o enviar lejos a sus concubinas o en otros casos optaron por maltratarlas o negarles libertades ya ofrecidas. Otra estrategia utilizada con frecuencia por ellos era desprestigiar y poner en duda la reputacion de sus esclavas, acusandolas de liviandad y libertinaje. Esta serie de acciones generaron desconcierto y temor en las amantes, quienes no tuvieron mas opcion que aferrarse a la proteccion de las autoridades para hacer valer sus derechos.

En 1774, el gobernador de la provincia de Antioquia don Juan Jeronimo de Enciso recibio la denuncia de la esclava Matea Saucedo quien llevaba siete anos sirviendole a su amo don Joseph Rodriguez Paula. Al principio de la relacion, ella recibio buen trato, pero en el transcurso del ultimo ano y medio paso de "comer dulzuras" a recibir "duros palos".

Los reiterados castigos conllevaron a esta mujer a romper su silencio y confeso que durante tres anos mantuvo subrepticiamente una relacion carnal con su senor, cediendo a sus deseos en aras de la obediencia. Pero, segun ella, de un momento a otro la relacion termino en disgustos, razon por la cual recurrio a las autoridades para que compelieran a su amo a que la vendiera y ademas le entregara dos sayas, un cenidor y un sombrero que habia recibido como regalo a cambio de acceder a sus "pecados" y apetitos sexuales, pues consideraba que le pertenecian legitimamente.

Tan pronto se entero de este relato, el gobernador mando citar al cuestionado amo a que rindiera su version, ordenandose ademas, en vista de que "estas materias piden pronta separacion", dejar a la esclava en deposito en casa del contador de las Reales Cajas don Manuel Aguirre. El gobernador le recrimino a Rodriguez por sus escarceos amorosos y le critico el hecho de haberse apartado de su vida maridable con su legitima esposa residente en la villa de Mompos.

Como ninguna de las dos partes implicadas estaba interesada en adelantar formalmente el juicio y, en vista de que el regreso de la esclava al hogar de su amo seria motivo de mayor escandalo por cuanto en la ciudad ya era ampliamente conocido este asunto, se creyo que lo mas conveniente era no el destierro de la concubina, sino que se obligase al amo a tener que venderla.

Al conocer esta decision, Rodriguez se opuso rotundamente porque creia que aun no estaba comprobado el "ilicito comercio" sostenido con la mulata 9 y mas por el hecho de que el era de avanzada edad pues a la fecha tenia 74 anos. La acuso a ella de haberse fugado varias veces traspasando las tapias de la casa en busca de nuevo amo sin mas motivo que el de esquivar la disciplina esclavista. Segun su amo, Matea fue llevada "por su antojo o por depravados consejos" y quiso recurrir al amparo de la justicia real intentando desacreditarlo, lo cual iba en contra de la opinion popular que lo tenia como persona de intachable conducta. Criticaba ademas el estado de relajacion de la mulata en su condicion de depositada pues salia cuando queria al monte a conseguir lena y "vagaba" por las calles de dia y de noche con el peligro de que algun dia huyera definitivamente.

Estas circunstancias animaron a Rodriguez a proponer ante la Real Audiencia que lo mejor era enviar la mujer a la carcel en donde el se comprometia a proveerle la alimentacion diaria. De igual manera, reclamo las joyas de oro que le habia obsequiado ya que, segun el, estaban "expuestas a perderse por la mala conducta en que anda".

Finalmente, Rodriguez accedio a enviar la mulata a la villa de Medellin para concretar alli su venta y asegurar de esta manera que jamas volviera a la ciudad de Santa Fe de Antioquia, queriendo con ello evitar que se repitieran las "ofensas" sucedidas.

A fin de cuentas, la venta no se formalizo y, en el mes de marzo del ano siguiente, Rodriguez decidio deliberadamente extraer a la mulata de su encierro preventivo para enviarla a la villa de Mompos, pero ella se devolvio al percatarse de que la verdadera intencion de su amo era alojarla en casa de una hija natural suya, a quien le habia dado instrucciones de castigarla fuertemente "por ladrona" y por haberlo desacreditado. Esta joven llego incluso a amenazar con que se ahorcaria o ahogaria si la obligaban a regresar de nuevo a servir a su amo.

Inconforme Rodriguez con las actuaciones del gobernador de Antioquia, decidio apelar el proceso y pidio que fuera puesto a consideracion del virrey Manuel de Guirior, instancia superior ante la cual reitero que no debia brindarsele atencion a los testimonios de la esclava por su misma condicion de inferioridad social.

El gobernador remitio finalmente el expediente a Santa Fe en el mes de junio reiterando como algunos hombres de su provincia se aprovechaban de su poder y caudales para irrespetar las leyes. En esta capital el fiscal de la Real Audiencia emitio su concepto en el cual recomendaba ordenar al gobernador a que, previo avaluo, procediera inmediatamente a la venta de la mulata a los compradores que se habian presentado o a cualquier otro que viviera fuera de aquella jurisdiccion. De igual modo, se insto a Rodriguez para que en adelante se abstuviera de desobedecer los mandatos de los jueces, obligandosele ademas a permanecer cerca de su legitima esposa con el fin de evitar que continuara envuelto en escandalos amorosos (21).

Amorios entre esclavas y blancos no amos

Es importante precisar que el espectro de posibilidades amorosas iba mucho mas alla de aquellas que se entretejian directamente entre amos y esclavas, situaciones todas que tenian en comun la latente reprobacion social debido al abismo social y etnico que distanciaba a estas partes.

Aunque debe reconocerse que estos casos no fueron tan censurados por la ley, como cuando el concubinato ocurria entre el amo y su propia esclava, de todos modos fueron objeto de senalamientos por parte de las autoridades, asi como de resentimientos y recriminaciones del lado de la esposa e hijos del hombre adultero.

Los amos, por su parte, solian reaccionar de manera airada no solo ante los extravios amorosos de su esclava, sino ante la posibilidad de una fuga por parte de ella y las obstinadas intenciones de compra de libertad por parte del amante. Eventualmente, a estos propietarios les asistia tambien el temor ante el hecho de que el amante intruso pudiese violar la intimidad de su casa en su intento por estar cerca de su amada.

A principios del siglo XVII en la ciudad de Santa Fe, la esclava Isabel mantenia encuentros clandestinos con el "mozo chapeton" Marcos Sotillo de 25 anos de edad, oriundo de Soria y de oficio labrador. Segun el testimonio de algunas indias y negros de servicio, Sotillo solia aprovechar la oscuridad de la noche para entrar furtivamente en la casa del amo de Isabel, don Fernando Dominguez. Bajo toda clase de artimanas llego incluso a dormir en la habitacion de la negra y salia a las horas del amanecer.

La cercania de esta pareja era muy estrecha pues ella lo recibia a escondidas en la cocina y le preparaba gallina a la hora de la merienda y, en algunas ocasiones, lo consentia lavandole las piernas con agua caliente de manzanilla. El, entre tanto, la halagaba llevandole conservas y compartiendo con ella largos ratos de intimidad.

Marcos le habia propuesto que huyeran y se establecieran en algun sitio distante, pero ella se negaba tras reafirmar que no era una negra "cimarrona" y, por lo tanto, su intencion no era abandonar a su amo Fernando. Marcos viajo luego al valle de Ubate y justo por esos dias la negra se ausento de la casa, por lo cual todo hacia pensar que se habian escapado juntos.

Tras ser demandado por el amo, Sotillo desmintio de tajo todas las acusaciones y llego al extremo de negar que conocia a Isabel. El sindicado fue llevado preso, pero aun asi seguia insistiendo en su inocencia. Clamo misericordia ante las autoridades para ser liberado en razon a su estado de pobreza y por no tener ni siquiera quien le llevara un pedazo de pan.

El amo, entre tanto, pidio a la Real Audiencia aplicar a Sotillo las maximas penas por haber inquietado y sonsacado a su esclava. De igual manera, solicito la inmediata restitucion de esta negra o en su defecto el pago de 300 pesos que era su valor comercial (22).

Dona Maria Petronila Florez Vanegas, viuda avecindada en esa misma capital, denuncio en 1776 a Juan Fernando de Villavicencio por una serie de abusos pues se habia introducido en su casa con el pretexto de no tener donde vivir. La mujer accedio a ofrecerle una pieza en la parte baja de su casa, pero dias despues el fingio tener una orden del virrey Manuel Antonio Florez para que le fuera otorgada la parte alta de la edificacion. No contento con esto, el hombre se "enredo" con una mulata esclava de dona Maria Petronila, seduciendola y convenciendola para que se fuera con el.

Ante estos reiterados abusos, la viuda pidio al virrey el desalojo inmediato de Villavicencio y, aunque no exigio resarcimiento economico alguno, lo que mas le preocupaba era que aquel hombre devolviera a la mulata "sin dar mayores escandalos". La Real Audiencia le confirio al intruso un plazo de 15 dias para que abandonara la casa (23).

Hacia el ano de 1790 se siguio una causa contra don Vicente Solorzano, expendedor de aguardiente en la parroquia de Piedecuesta en jurisdiccion de la provincia de Giron, por mantener amores escondidos con la mulata Maria, esclava del alcalde de la Santa Hermandad don Miguel de los Reyes.

El propietario se quejo de que Solorzano habia logrado seducirla "hasta llegar a atraerla por recado para con ella hacer fuga" (24), inquietandola con el incentivo de enviarla a Santa Fe en donde le aseguraria la libertad a ella y al vastago que llevaba en su vientre. Tres testigos dieron fe de la amistad y de la secreta comunicacion entablada por los amantes y que incluso la esclava se habia atrevido a robar varios objetos de su amo con el proposito de complacer a su cortejador.

Como castigo, el alcalde ordinario de Giron don Francisco de Valenzuela le notifico al procesado que dentro de veinticuatro horas debia salir desterrado de aquella jurisdiccion. Al enterarse, Solorzano apelo ante la Real Audiencia esta repentina medida por considerarla contraria a las leyes y atentatoria de su reputacion e intereses.

En el caso que se describe a continuacion, la pareja censurada resolvio de manera conjunta recurrir a la estrategia del anonimato del amante y progenitor del fruto de esa relacion. Todo esto con el proposito de evitar el publico senalamiento y las acostumbradas represalias de las autoridades civiles y eclesiasticas.

Lucia Porras acudio en 1790 en la ciudad de Santa Fe ante las autoridades para reclamar la libertad de su pequena hija Maria Antonia "cuyo padre no podia denunciar por no defraudar su honor y conducta". Este hombre le habia entregado a la joven negra 25 pesos para que su amo don Joaquin Chacon, corregidor del cabildo de la ciudad, le otorgara carta de libertad a la pequena mulata.

Tan pronto se entero el corregidor de esta propuesta, se nego a conceder la libertad "resentido de la fragilidad y mala conducta" de la demandante. En respuesta a esto, uno de los oidores de la Real Audiencia ordeno que los 25 pesosfueran depositados, dando pleno aval a la pretension de libertad sin importar quien fuera el padre de la criatura. La nina quedo temporalmente a cargo de la mulata libre Juana Linares mientras que el progenitor debio comprometerse a su sostenimiento (25).

A finales del siglo XVIII, quedo al descubierto en la villa de San Jose de Cucuta el accionar de un individuo que de manera desafiante se atrevio a mantener simultaneamente relaciones sentimentales con varias esclavas. Al momento de redactar su testamento, el escribano don Alejandro Ortiz Manosalvas habia estipulado que despues de su deceso la mulata Magdalena de 21 anos de edad gozaria de la libertad por los muchos servicios que le habia brindado. Al poco tiempo, este amo se aseguro de formalizar carta de libertad para el hijo de esta esclava.

Este pequeno era en realidad hijo de don Tomas Balanzo, mercader oriundo de Cataluna y casado en esta comunidad espanola, quien habia viajado a America en busca de mejor vida, dedicandose a recorrer habitualmente la ruta comercial entre Cartagena y Cucuta. Tan pronto Ortiz se entero de estos amorios, se mostro bastante inconforme y desconcertado.

Hacia el ano de 1793 la mulata y su pequeno huyeron de la casa de su amo y se presentaron ante el alcalde ordinario don Nicolas Antonio Rangel, haciendole ver que el cura don Trinidad Bonilla le tenia guardado 200 pesos que Balanzo le habia entregado para comprar la libertad de ella y de su hijo. Al dia siguiente, el alcalde informo al amo sobre la pretension de su mulata y la puso en deposito en casa de dona Andrea Zumalave.

Ortiz se mostro muy desilusionado con la subita huida de su esclava pues aseguro haberla criado como si fuera su hija, educandola con mucho esmero desde la infancia "en los dogmas catolicos y ejercicios de virtud y en los del servicio de la casa". Apreciaba en sumo grado el apoyo de esta esclava como "lavandera, planchadora y buena cocinera".

En un tono enfatico, nego este amo la propuesta de compra de libertad tras recordar que ya se la tenia ofrecida gratuitamente por via testamentaria y, si fuere el caso de venderla, creia que su valor real era de 350 pesos. Insto entonces al pretendiente catalan a que mejor repartiera esos 200 pesos entre los pobres para descargar su conciencia "[...] por (los) depravados intentos y sensuales apetitos, con grave ofensa de la Majestad Divina y escandalo de la Republica".

A los pocos dias, Balanzo volvio a insistir sobre la misma propuesta ante lo cual Ortiz procedio a mostrarle el testamento que en su clausula 47 contemplaba la libertad de la mulata. Ante esta nueva negativa, busco a su amante en la casa en que estaba depositada y no tuvo recato en continuar "el comercio ilicito de la lascivia y apetito sensual", hecho por el cual recibio un fuerte reproche por parte del amo.

La mulata regreso finalmente a la casa de su propietario, pero no mucho tiempo despues protagonizo otra fuga por las tapias, segun se supo, aconsejada por su companero sentimental. Este comerciante la mantuvo escondida en su morada por unos cuantos dias y de alli la remitio a la ciudad de Pamplona con el fin de presionar al amo a que se la vendiese, pero el alcalde de esta localidad restituyo la esclava al seno de su hogar.

Esta no era la unica relacion que se le atribuia al amancebado pues se denuncio que habia seducido y embarazado por esa misma epoca a una esclava de propiedad de Agustin Suarez, mulata a la cual tambien habia enviado a Pamplona con la estrategia de que gestionara ante las autoridades el otorgamiento de nuevo amo con el fin de poderla comprar.

A traves de su defensor, Ortiz expuso otros argumentos adicionales por los cuales se negaba a negociar la esclava. El primero de ellos era que ninguno podia obligarlo a deshacerse de ella a no ser por motivos extraordinarios estipulados en la ley y, lo segundo, porque creia que al venderla estaria estimulando la "ilicita" amistad que mantenia con su companero sentimental.

Pese a estos argumentos, el juez dictamino que habia que avaluar la esclava y a su hijo, pero de inmediato el amo apelo y logro revocar dicha orden. Aun asi, Ortiz se mantenia temeroso de que el comerciante catalan lograra su proposito por la gran influencia y amistad que habia solidificado con las autoridades de la villa. Por este motivo, solicito amparo ante la Real Audiencia para que revisara el caso y reafirmara el derecho que le asistia en calidad de propietario.

La Real Audiencia impartio instrucciones al juez de Cucuta para que enviara el expediente que debia pasar a revision del defensor de esclavos. Desafortunadamente del fallo final no quedo registro alguno en el expediente que hoy en dia reposa en el Archivo General de la Nacion (26).

El llamado a "hacer vida maridable"

Consuetudinariamente, la ley respaldo la indisolubilidad de la union marital bendecida por la Iglesia. Sin embargo, la infidelidad, los malos tratos, el abandono y la no cobertura de alimentos, fueron factores que conllevaron a las esposas a buscar la separacion ante los tribunales eclesiasticos (27).

En los inicios del dominio colonial, muchos espanoles casados, al pisar suelo americano, se mostraron relajados y reafirmaron con total desparpajo su presunta solteria olvidandose de sus obligaciones con la esposa e hijos que habian dejado en su tierra natal.

Ante esta problematica, el gobierno monarquico y la Iglesia, en aras de no malograr sus matrimonios, les impusieron a aquellos espanoles la disyuntiva de retornar a sus hogares o llevar consigo a sus esposas. El objetivo con este mandato, de clara raigambre catolica, era propender por la unidad familiar y evitar de paso la "imprudencia" de mezclarse con indias y negras en desmedro de la pureza de sangre (28).

En las decadas siguientes, cuando ya estaba consolidado el proceso de poblamiento espanol, continuaron los esfuerzos en procura de que los hombres casados, fueran estos espanoles o criollos, conservaran su fidelidad conyugal. Al parecer, los casos sobre maridos de relajada vida fueron creciendo a medida que se torno mas compleja la sociedad colonial, lo cual se constituyo en una constante preocupacion para las autoridades. En sus estudios para el caso del Nuevo Reino de Granada, el historiador Pablo Rodriguez pudo percibir la tendencia de los hombres adulteros de involucrarse con una mujer de inferior condicion etnica (29).

Aun en 1815, en los estertores del regimen colonial, la Corona seguia dictando instrucciones para que sus gobernadores en America y las autoridades eclesiasticas mostraran mayor atencion en castigar los escandalos y delitos publicos ocurridos por cuenta de las voluntarias separaciones maritales y por la vida licenciosa que llevaban algunos conyuges involucrados en amanceba mientos (30).

Aun con estos esfuerzos normativos e institucionales, el problema real para las esposas traicionadas era que los pleitos de divorcio resultaban bastante prolongados, llenos de complicaciones y con un alto costo economico. Por ello, solo un reducido grupo de mujeres acomodadas podian acceder a estos tramites judiciales. No obstante, todo indica que, con el paso de los anos, el numero de peticiones de separacion fue en aumento (31).

Paradojicamente, en muchos de los casos de infidelidad analizados la tendencia en los veredictos proferidos fue declarar anticipadamente cerrado el expediente con el fin de salvaguardar la estabilidad de los matrimonios que podian deteriorarse con el rumor y con el desgaste que implicaba la continuacion de un prolongado litigio. Asi entonces, mientras que el amancebado recibia serias advertencias de no reincidir en amores vedados, las esclavas amantes eran las que padecian las penas mas fuertes pues casi siempre eran sometidas al destierro.

En este tipo de expedientes, son en realidad muy escasas las declaraciones de las esposas traicionadas pues la mayoria de las veces los lios de adulterio se conocian gracias a las delaciones de terceros. Esto hace pensar hipoteticamente que algunas de ellas se abstuvieron de denunciar publicamente los devaneos amorosos de sus conyuges, temerosas del escandalo y el descredito publico que se acentuaban por el hecho de ser la amancebada una mujer de raza negra y de menor condicion social. El temor pudo deberse tambien a la precaucion de evitar posibles represalias de los maridos adulteros.

En otros escenarios, las mujeres traicionadas seguramente optaron por perdonar a sus maridos infieles, todo con tal de no afectar la estabilidad economica del hogar constituido ante la posibilidad de pasar una larga temporada en prision o las multas y costas del proceso que debian asumir los implicados. Desde luego, esta situacion favorecia el proceso de retorno del esposo enamoradizo. Otro camino que pudieron recorrer los matrimonios en situacion de crisis fue la separacion informal bajo la voluntad de las partes, una decision que fue recriminada por las jerarquias eclesiasticas (32).

Lo cierto es que, despues de hacerse publicas las infidelidades, la union entre el hombre blanco y su esposa legitima se tornaba bastante deteriorada, siendo muy dificil su recomposicion pese a los intentos de la pareja misma y a las acciones emprendidas por las autoridades. 105

En 1701 en la villa de Honda, el barbero Francisco Garcia fue acusado de tener "comunicacion y trato ilicito carnal" con la mulata Juana de Prado, esclava de don Diego de Osorno. El escandalo adquirio mayusculas proporciones al saberse que Francisco era casado legitimamente con Maria Tafur quien por ese tiempo se hallaba ausente.

La Real Audiencia impartio instrucciones a las autoridades locales para que adelantaran las pesquisas con miras a comprobar si efectivamente Francisco tenia "repudiada" a su legitima esposa y, de ser asi, se adoptaran las medidas pertinentes "para el buen ejemplo de la vindicta publica". Asi entonces, en Honda se recogieron seis testimonios con los cuales quedo comprobada la cercania y la continuacion de este amorio. Francisco habia negociado con don Diego de Osorno la compra de dicha mulata y de su pequena hija en valor de 400 pesos con la condicion de que debia suscribirle carta de libertad. Despues de esto, llevo a su amante a vivir a su casa donde procrearon otro hijo y estando alli le compro varias prendas de vestir y todo lo necesario para formar con ella un nuevo hogar.

Como primera medida sancionatoria, el 18 de enero de 1701 don Miguel Mendez Cortes, alcalde ordinario de la villa, decidio enviar la mulata a la carcel del divorcio de la ciudad de Santa Fe, conminandola a servir durante seis anos a los ninos expositos y ordenandose ademas el embargo de los bienes que pudiese tener esta mujer como producto del concubinato. Entre tanto, al sindicado se le confirio un plazo de 30 dias con el fin de que trajera a su legitima esposa para "hacer vida maridable con ella" so pena de 200 pesos.

El alcalde ordinario procedio entonces a visitar la casa de Francisco en donde vivia "en mal estado y escandalo publico" con la dicha mulata y alli esta mujer fue notificada del mencionado decreto, despues de lo cual emprendio la fuga.

Convencido del concubinato que habia entre Francisco y Juana y, tras la burla que esta mulata habia hecho a la justicia con su subita huida, el alcalde ordinario ordeno el arresto y la confiscacion de la totalidad de los bienes del amancebado, en cuyo inventario se incluyeron sus elementos de trabajo como barbero, dos casas de palmicha y algunas prendas y joyas de la mulata fugada.

Al ser indagado en la carcel, Francisco aseguro haber adquirido la mulata a quien despues otorgo libertad con el objeto de evitar que siguiera sufriendo dificultades y maltratos de su amo por no acceder a tener relaciones intimas. Su intencion era que ella le trabajara a su servicio para compensarle el valor de la compra. Acepto que desde hacia seis anos no tenia vida maridable con su legitima esposa por haberse ido ella para la villa de Mompos con el pretexto de cobrar algunas deudas, pero jamas regreso sin que tampoco se tuviese informacion cierta de su paradero.

Las autoridades le cuestionaron a Francisco el hecho de por que mantenia en su casa a la mulata Juana habiendole ya otorgado su libertad, a lo cual este hombre respondio que ella cumplia desde hacia cuatro anos la importante funcion de cuidar y acompanar a su hija legitima Isabel que permanecia siempre enferma, ademas de colaborar en las labores de cocina, lavado de ropa y demas oficios del hogar.

El caso se remitio a la Real Audiencia y fue retomado por el fiscal Antonio Rodriguez Caballero, quien reitero las acusaciones contra Francisco, pero este hombre califico de "imaginarias" las declaraciones de los testigos presentados en su contra. Aferrado a su presunta inocencia, pidio se levantasen las penas.

La justicia decidio dejar libre a Francisco bajo fianza con el fin de que pudiese preparar mejor su defensa, pero bajo la estricta condicion de que debia adelantar las diligencias respectivas para traer a su esposa con el fin de que "descargara su conciencia". Francisco tuvo exito en su busqueda y Maria Tafur pudo retornar al seno de su hogar. No obstante, luego de cuatro meses de dificil convivencia, fueron reportados varios enfrentamientos y maltratos hacia ella y su hija Isabel, razon por la cual ambas decidieron salir de la villa ante el peligro que corrian.

Desafiando las medidas judiciales, la mulata Juana regreso a Honda y reanudo sus soterrados encuentros con Francisco. Por este cumulo de antecedentes, el alcalde ordinario de la villa don Pedro Felix de Velasco dicto el 7 de diciembre de 1703 una nueva sentencia y decidio conminar a Francisco a la pena de destierro y trabajo forzoso durante diez anos en Cartagena y al pago de una multa mientras que a Juana se le reitero la pena impuesta dos anos atras por el alcalde Mendez Cortes.

A principios de febrero de 1704, inusitadamente Francisco se presento ante la justicia y al final reconocio que en su calidad de "hombre solo" habia tenido durante dos meses un intimo romance con la mulata aunque aclaro que fue antes de que ella adquiriera su libertad. Por lo tanto, rechazo tajantemente el senalamiento de las autoridades de haber proseguido la "ilicita amistad" cuando ella se fue a vivir a su casa y, como prueba de ello, puso de presente el esfuerzo que le habia significado traer de nuevo a su esposa.

El 4 de abril, con base en las nuevas pruebas allegadas, la Real Audiencia revoco las sentencias anteriores decretadas en Honda y decidio conminar a Francisco al pago de 1.000 maravedies, reiterandole la obligacion de rehacer su matrimonio. A la mulata, entre tanto, se le condeno a cuatro anos de destierro a veinte leguas en contorno de la villa de Honda y, si llegaba a quebrantar esta orden, le seria doblada la pena.

Sobre estos puntos de la sentencia, el unico que fue objetado por el amancebado fue el que lo compelia a hacer vida maridable con su esposa por cuanto adujo que era muy clara la intencion de ella de no querer estar junto a el, ademas de no saber donde ubicarla. Su temor era que las autoridades de Honda seguramente lo molestarian de nuevo por este asunto y no le permitirian gozar tranquilamente de su vecindad. La Real Audiencia acogio este argumento y se decidio que, si demostraba no haber podido encontrar a su esposa, quedaria en adelante eximido de esta exigencia (33).

En otro caso sucedido en 1780 en el sitio de San Jeronimo en la provincia de Antioquia, las autoridades escucharon informaciones que daban cuenta de que el vecino don Valentin de Areiza, de calidad "blanco espanol", y su zamba Teresa estaban en "escandalosa vida [...] ofendiendo las sagradas leyes del matrimonio", pues el se habia apartado de su vida maridable con su legitima esposa dona Magdalena Diaz. Areiza y su amante fueron reconvenidos por el entonces alcalde don Lorenzo Merino y por el vicario superintendente de la provincia don Juan Salvador de Villa Castaneda.

En esta ocasion, la esposa traicionada pidio ante la Real Audiencia y ante las jerarquias eclesiasticas el divorcio y la correspondiente restitucion de la dote pues se declaro cansada de la vida disipada de su consorte involucrado con mas de una mujer, ademas del total abandono economico en que la tenia sumida a ella y a su hija. Dona Magdalena fue dejada en deposito en la iglesia bajo el cuidado de su hermano el cura don Francisco Manuel Diaz y se le conmino a su esposo a no molestarla so pena de excomunion mayor. De igual manera se le obligo a entregar cuatro pesos mensuales para el sostenimiento de esta mujer y de su pequena hija, y ademas 50 pesos por adelantado para sufragar las costas del proceso. Adicionalmente, se hizo efectiva la orden de arresto de la zamba con la instruccion de que no intentara ninguna comunicacion con su amante. En su declaracion, ella reconocio sus amorios y pidio perdon a Dios por este pecado.

Al cabo de unas semanas, dona Magdalena se apresto a elevar la respectiva demanda civil contra su marido adultero por no haber cumplido con el auxilio de alimentacion que se le habia impuesto, ademas de acusarsele de dilapidar deliberadamente su caudal y continuar amancebado con su zamba.

Pasaron los dias y al parecer el alcalde Merino no habia hecho comparecer a don Valentin, lo cual fue calificado por las autoridades eclesiasticas como una crasa omision, ante lo cual fue necesario un nuevo exhorto del vicario con amenaza de excomunion. Finalmente el cuestionado funcionario fue en tres ocasiones distintas hasta la estancia de don Valentin, pero ni el ni su concubina se hallaron alli presentes y, segun versiones de los vecinos, andaban en sitios remotos por fuera de los limites de esa jurisdiccion.

Hacia 1786, el oidor don Juan Antonio Mon y Velarde en su visita a la provincia se percato de que aun las autoridades locales no habian logrado resolver esta problematica. De inmediato, impartio instrucciones al alcalde pedaneo don Ignacio Acevedo para que "con todo sigilo" levantara las informaciones conducentes a esclarecer los hechos.

Los nuevos testimonios recopilados dieron cuenta de que "era publico y notorio" que don Valentin llevaba "ilicita amistad" con la zamba por espacio de seis anos y que de ese romance habian resultado tres hijas. Tan pronto aquel hombre sospechaba de la realizacion de alguna pesquisa judicial o, cada vez que la zamba quedaba embarazada, procedia a ocultarla "tierra adentro" en un paraje arriba del rio Cauca.

Al ser indagada Teresa, en un comienzo nego su vinculo amoroso con don Valentin, pero al sentirse asediada por el interrogatorio, termino reconociendolo. A su turno, el aseguro que hacia dos anos habia cesado esa relacion, pero lo cierto era que esa afirmacion perdia asidero al saberse que la menor de las hijas habidas de ese romance cumplia apenas once meses de edad.

Finalmente, en concepto emitido en la ciudad de Santa Fe de Antioquia el dia 2 de mayo de 1786, el sindico procurador general Manuel Ladron de Guevara censuro el reiterado escandalo provocado por el delito de adulterio de don Valentin y mas por el hecho de ser un hombre septuagenario, quedando manifiesta la obstinacion con que pretendian vivir juntos burlando las autoridades. En consecuencia, se propuso que la zamba Teresa fuera desterrada de la provincia a costa de su amante mientras que las hijas de esta union quedarian a cargo de algunas personas que las pudieran criar y educar "[...] ensenandoles la doctrina cristiana de que tal vez habran carecido y carecieran segun la desastrada vida de sus padres de que no son culpados estas miserables inocentes" (34), debiendo el progenitor pagar una multa, contribuir con los gastos de la crianza y cubrir las costas del proceso.

Don Valentin clamo misericordia para que le fuera condonado el castigo teniendo en cuenta que habia confesado su "fragilidad y flaqueza" en el delito incurrido, reconociendo con ello la ofensa inferida a su legitima mujer. Por ello, prometio no reincidir jamas en estos deslices. El visitador Mon y Velarde condescendio a esta suplica y, en consideracion a la avanzada edad del acusado, se decidio condenarlo unicamente al pago de 100 pesos de multa mas los gastos procesales. De igual manera, se decreto que la zamba Teresa fuera expatriada para siempre de esa jurisdiccion, en razon a lo cual seria enviada a la villa de Marinilla. A don Valentin se le obligo a otorgarle inmediatamente a esta mujer carta de libertad al igual que a sus tres hijas: Barbara, Teresa y Rosalia. Finalmente, se le amonesto para que viviera decentemente cumpliendo a cabalidad con sus responsabilidades como hombre casado.

El 8 de julio don Valentin respondio con su compromiso de firmar la carta de libertad a su concubina y a las tres pequenas. No obstante, nuevas imputaciones recayeron al ano siguiente sobre don Valentin al atreverse a traer a su amante de su sitio de confinamiento para volver a vivir juntos en el sitio de San Jeronimo.

Por haber reincidido en su "torpe amistad" y haber burlado de nuevo a la justicia, el visitador Mon y Velarde ordeno traer preso a don Valentin hasta Santa Fe de Antioquia. En consideracion a su avanzada edad, se le condeno a mantenerse en esta ciudad sin que por ningun motivo pudiera pasar a la otra banda del rio Cauca. Con el fin de que este hombre no viera socavado su patrimonio economico tras su ausencia, se llamo a su legitima esposa Magdalena para que levantara un exacto inventario de esas propiedades y cuidara de ellas con el proposito de evitar cualquier deterioro. Entre estos bienes figuraban: dos cultivos de cana y otro de platano, dos casas humildes, una casa de trapiche, unas balanzas, un almirez, siete esclavos y, paradojicamente tambien estaban incluidas las mulatas Barbara y Maria Teresa, las dos hijas mayores del censurado amancebamiento. Asi entonces, estas pequenas quedaron bajo el cuidado temporal de su madrastra (35).

En otro episodio sucedido en 1798, la senora Leonor Oquendo, vecina de la ciudad de Santa Fe de Antioquia, acudio ante el alcalde ordinario para entablar una querella contra su marido Jose Figueroa por haberla este abandonado por andar enamorado de Celedonia, esclava de dona Maria Enriquez. Uno de los testigos, el vecino Jose Mena, confeso haber escuchado los lamentos de Leonor por los multiples trabajos y necesidades que estaba padeciendo a causa del reiterado descuido de su esposo. Al parecer, Figueroa le tenia a su amante una fanega de maiz en donde periodicamente acordaban sus encuentros furtivos.

El hombre fue enviado a prision y tanto el como la esclava negaron estar envueltos en lios sentimentales. Curiosamente el juez decidio detener el proceso por "precaver las fatales consecuencias" que pudieran repercutir en el matrimonio de Figueroa. A este sindicado se le libro de la carcel y se le apercibio para que en adelante viviera arregladamente, es decir, que suspendiera cualquier contacto con la mulata y se dedicara mas bien a recomponer su relacion sentimental con su conyuge. Por tener que asumir los gastos del proceso, Figueroa se vio precisado a vender once almudes de maiz por valor de 20 tomines (36).

En una reyerta ocurrida en 1803 entre los hermanos don Pablo y don Joaquin Diaz al calor de un juego de loteria en el sitio de San Jeronimo en esa misma provincia durante las celebraciones de la virgen de la Candelaria, don Pablo acuso en altas voces y delante de varias personas que se hallaban alli presentes a su hermano por vivir amancebado con su zamba esclava Martina Tamayo.

El antiguo amo de la esclava, don Vicente Tamayo, sabiendo de esta "ilicita" relacion le habia impedido a don Joaquin la entrada a su casa. Al expresar aquel cortejador su intencion de comprarla, Tamayo tomo la decision de venderla "muy barata" al vecino Lorenzo Arango, despues de lo cual don Joaquin hizo todo lo posible para adquirirla y llevarla a su casa. Don Pablo y su madre dona Maria del Carmen Moreno, percatados de los extravios amorosos de su ser querido, se habian acercado ante el alcalde a elevar la respectiva demanda. El acusado se presento ante el juzgado con el fin de aclarar personalmente este incidente y evitar las consecuencias negativas que ese rumor podia tener en la estabilidad de su matrimonio.

La justicia decidio en esta ocasion que la amancebada permaneciera bajo sujecion de dona Maria del Carmen, pero en realidad esa medida resulto inocua pues se la pasaba la mayor parte del tiempo en casa de don Joaquin. A juzgar por los testimonios, este hombre se esmeraba por atenderla con lo necesario para su manutencion y vestuario.

Nueve anos hacia que don Joaquin estaba apartado de su legitima mujer, quien se hallaba radicada en la villa de Medellin en donde solia visitarla de vez en cuando. El dictamen del gobernador de la provincia don Victor de Salcedo y Somodevilla fue muy claro en imponerle al amancebado la obligacion de que en un plazo no mayor de ocho dias debia organizar todo con el objetivo de volver a vivir con su pareja y, si llegaba a reincidir en su infidelidad amorosa, se le impondrian sin ningun asomo de contemplacion las penas estipuladas por la ley debiendo ademas responder con los gastos del proceso (37).

A manera de conclusion

Las relaciones amorosas entre blancos y esclavas fueron muy complejas y, de alguna manera, reflejaron las censuras y senalamientos que la mentalidad de la epoca tenia acerca de ese tipo de uniones. Si bien algunas de estas aventuras amorosas lograron consolidarse por varios anos, de todos modos no dejaron de ser vulnerables y en determinados casos muy fugaces ante la intencion del hombre blanco de apartarse cuando veia satisfechos sus instintos pasionales y cuando pensaba que este romance podia resquebrajar su honor y estatus social.

Sin duda, fueron las mujeres esclavas las que debieron afrontar mayores complicaciones en razon a su estatus y a su condicion de inferioridad social: promesas incumplidas, maltratos, abusos y castigos. Ademas de esto fue evidente el estado de indefension en los juicios pues su condicion de pobreza les dificultaba la recaudacion de pruebas y la presentacion de testigos. En contraste, el amante blanco tuvo a su favor una red de contactos y aliados en las autoridades locales, instancias que muchas veces se inclinaron a su favor.

En cuestiones de castigos y sanciones, fueron las esclavas las que llevaron la peor parte pues casi siempre eran conminadas al destierro mientras que a los blancos involucrados se les imponian carceles y multas que buscaron eludir por todos los medios. A ellos en reiteradas ocasiones se les hacia llamados perentorios para recomponer sus matrimonios con sus esposas legitimas de similar condicion etnica, pero en estos intrincados triangulos amorosos estas mujeres contaron con muy escaso margen de maniobra para reivindicar sus derechos, dada la inmensa influencia irradiada por la sociedad patriarcal.

Tal como puede advertirse, en estos devaneos amorosos entre blancos y esclavas fueron muy frecuentes los celos y los enfrentamientos pasionales (38), situaciones que fueron objeto de rumores y escandalos, en los que no faltaron los odios, las amenazas y toda suerte de pasiones humanas.

Quedaba entonces en evidencia la persistencia natural de conductas sexuales que se apartaban de los esquemas impuestos por la Iglesia y el Estado colonial espanol, lo cual abria campo a un variado espectro de relaciones desinhibidas y flexibles (39) basadas en la busqueda de carino, compania, apoyo economico u otro tipo de intereses particulares.

Finalmente, resulta realmente rescatable la forma como las esclavas amantes buscaron reivindicar sus derechos, sus sentimientos y sus pasiones aun por encima de innumerables obstaculos, lo cual muestra una faceta novedosa y desafiante de esta comunidad en el marco de una rigida y jerarquizada estructura social.

En la mayoria de los casos aqui referenciados se puede advertir como la libertad era una promesa recurrente en los enamorados blancos, pero al mismo tiempo una ilusion para las esclavas amancebadas en el intento por mejorar las condiciones de vida no solo de ellas, sino tambien de los hijos producto de esos lazos pasionales.

Articulo recibido: 26-07-2016 / Articulo modificado: 31-10-2016 / Articulo aceptado: 21-11-2016

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Viqueira Alban, Juan Pedro. Relajados o reprimidos. Mexico: Fondo de Cultura Economica, 1987.

Roger Pita Pico

Magister en Estudios Politicos de la Pontificia Universidad Javeriana, Politologo con opcion en Historia de la Universidad de los Andes (Bogota), Especialista en Gobierno Municipal, Especialista en Politica Social. Miembro de Numero de la Academia Colombiana de Historia, Miembro Correspondiente del Instituto de Geografia e Historia del Brasil y Miembro Correspondiente de la Real Academia de la Historia de Espana. Actualmente se desempena como director de la Biblioteca Eduardo Santos de la Academia Colombiana de Historia. Entre sus publicaciones recientes se encuentran los articulos "Celos y rivalidades en los amorios entre amos y negras esclavas en el Nuevo Reino de Granada en el periodo colonial". Afro-Hispanic Review 34, 1 (2015): 87-105; "Amenazas a la fidelidad, seguridad y confianza Real: el servicio de correo interno en el Nuevo Reino de Granada tras las reformas de Pando, 1764-1810 ", Memoria y sociedad 20, 40 (2016): 223-241; y "De ninas escolares a madres y esposas: restricciones a la educacion femenina en Colombia durante la temprana vida republicana, 1820-1828", Revista Interdisciplinaria de Estudios de Genero de El Colegio de Mexico 3, 5 (2017): 22-54. Correo electronico: rogpitc@hotmail.com.

* Articulo Tipo 2: de reflexion segun clasificacion de Colciencias. Resultado de una investigacion mas amplia titulada: "Las relaciones amorosas entre blancos y negras esclavas en el Nuevo Reino de Granada durante el periodo colonial". Mencionar si conto con financiacion de alguna entidad.

(1) Jaime Jaramillo Uribe, Ensayos de Historia Social, t.1 (Bogota: Tercer Mundo Editores, 1989), 11.

(2) Hermes Tovar Pinzon, Convocatoria al poder del numero: censos y estadisticas de la nueva granada (1750-1830) (Santafe de Bogota: Archivo General de la Nacion, 1994), 86-88.

(3) Jaramillo, Ensayos de Historia Social, t.1, 50; German Colmenares, Historia Economica y Social de Colombia: Popayan una sociedad esclavista 1680-1800, t. II (Bogota: Tercer Mundo Editores-Uniandes, 5a edicion, 1997), 74.

(4) Sobre los escasos trabajos realizados, vale mencionar: Jaramillo, Ensayos de Historia Social, 40-53; Colmenares, Historia Economica y Social, t. II, 49-82; Maria Cristina Navarrete, "De amores y seducciones. El mestizaje en la Audiencia del Nuevo Reino de Granada en el siglo XVII", Memoria & Sociedad, 15 (2003): 91-99; Virginia Gutierrez de Pineda y Roberto Pineda Giraldo, Miscegenacion y cultura en la Colombia colonial 1750-1810, t. II (Bogota: Ediciones Uniandes, 1999); Juliana Gonzalez Fernandez, "Seduccion, ilegalidad y pasiones: las relaciones afectivas de los esclavos neogranadinos a finales de la Colonia" (Tesis de pregrado en Historia, Pontificia Universidad Javeriana, 2010).

(5) Maria Mercedes Tenti, "Los estudios culturales, la historiografia y los sectores subalternos". Trabajo y Sociedad, 18 (2012): 322-327. Tal como afirma el historiador Ranajit Guha, la existencia de grupos subalternos implica tambien la existencia de grupos dominantes. Para el tema de investigacion que nos ocupa, esta corriente historiografica resulta muy util por cuanto analiza no solo a los esclavos como grupo subalterno, sino tambien su relacion con el grupo blanco, el cual hacia parte del sector dominante de la sociedad. Ranajit Guha, "Prefacio a los estudios subalternos", en Estudios Subalternos: una cartografia a (des)tiempo, compilado por Raul Rodriguez Freire (Popayan: Editorial Universidad del Cauca, 2013): 73-74.

(6) Jose Antonio Saco, Historia de la esclavitud de la raza africana en el Nuevo Mundo y en especial en los paises americo-hispanos, t. II (La Habana: Cultural S.A., 1938), 50.

(7) Richard Konetzke, Coleccion de documentos para la historia de la formacion social de Hispanoamerica, vol.1 (Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Cientificas, 1958) 100.

(8) Agustin Guimera, ed., El reformismo borbonico: una vision interdisciplinaria (Madrid: Alianza Editorial, 1996), 37-59.

(9) Juan Pedro Viqueira Alban, Relajados o reprimidos (Mexico: Fondo de Cultura Economica, 1987), 18.

(10) Julian Vargas Lesmes, La sociedad de Santa Fe colonial (Bogota: CINEP 1990), 346.

(11) Maria Emilia Mejia Espinosa. "La preocupacion por el honor en las causas judiciales seguidas por adulterio en la Nueva Granada entre 1760 y 1837" (Tesis de pregrado en Historia, Universidad Colegio Mayor de Nuestra Senora del Rosario, 2011), 39-42. El honor era una condicion defendida principalmente por la elite blanca como refrendacion de su posicion de jerarquia en la sociedad colonial, basada en la pureza racial, los cruces matrimoniales entre pares y los nacimientos legitimos. Vease: Ann Twinam, "Honor, sexualidad e ilegitimidad en la Hispanoamerica colonial", en Sexualidad y matrimonio en la America hispanica siglos XVI y XVIII, coordinado por Asuncion Lavrin (Mexico D.F.: Editorial Grijalbo, 1991), 131.

(12) Archivo Central del Cauca (ACC), F. Colonia, Eclesiastico I-4 Gobierno, sign. 493, f. 1r.

(13) ACC, F. Colonia, Judicial III, 4 Sucesiones, sign. 10900, f. 4r.

(14) "Criminal contra Juan de Ojeda y Antonia negra por vivir en mal estado" (Santa Fe, 1612), Archivo General de la Nacion (AGN), F. Criminales, t. 15, ff. 94r-101r.

(15) "De oficio de la Real Justicia contra Juan Paz tratante e Ines negra por amancebamiento" (Santa Fe, 1612), AGN, F. Criminales, t. 54, f. 1.009v.

(16) Archivo Historico Cipriano Rodriguez Santa Maria (AHCCR), F. Gobierno Municipal, t. 8, ff. 367r-369v.

(17) Archivo Historico de Antioquia (AHA), G. Negros y Esclavos, t. 16, legajo B88 1810-1830, f.12v.

(18) AHA, G. Negros y Esclavos, t. 16, legajo B88 1810-1830, f. 13r.

(19) AHA, G. Negros y Esclavos, t. 15, legajo B83 1790-1820, ff. 1r-15v.

(20) "Proceso contra Juan Tomas de Villa por inveterado concubinato con una esclava suya" (Santa Marta, 1791), AGN, F. Negros y Esclavos del Magdalena, t. 4, f. 358r.

(21) "Denuncia de la esclava Matea Saucedo" (Santa Fe de Antioquia, 1774), AGN, F. Negros y Esclavos de Bolivar, t. 10, ff. 1.054r-1.072r; AHA, G. Negros y Esclavos, t. 29, legajo B79 1740-1780, ff. 1r-29v.fg

(22) "Criminal contra Marcos Sotillo por la ocultacion de una negra" (Santa Fe, 1615), AGN, F. Negros y Esclavos de Cundinamarca, t. 9, ff. 417r-r427v.

(23) "Demanda de dona Maria Petronila Vargas" (Santa Fe, 1776), AGN, F. Negros y Esclavos de Cundinamarca, t. 9, f. 663r.

(24) Centro de Documentacion e Investigacion Historico Regional, adscrito a la UIS (CDIHRUIS, F. Archivo Judicial de Giron, paquete 2, f. 687r.

(25) "Lucia Porras reclama la libertad de su hija" (Santa Fe, 1790), AGN, F. Negros y Esclavos de Cundinamarca, t. 8, f. 380r.

(26) "Don Alejandro Ortiz por la libertad de una esclava de su pertenencia" (San Jose de Cucuta, 1793), AGN, F. Negros y Esclavos de Santander, t. 4, f. 821r.

(27) Gutierrez de Pineda, Miscegenacion y cultura, t. II, 318.

(28) Mario German Romero, Fray Juan de los Barrios y la evangelizacion del Nuevo Reino de Granada (Bogota: Academia Colombiana de Historia, 1960), 148; Libro de Acuerdos de la Audiencia Real del Nuevo Reino de Granada, 1551-1556, t. II (Bogota: Editorial Antena Ltda., 1947), 305.

(29) Pablo Rodriguez, Sentimientos y vida familiar en el Nuevo Reino de Granada (Santa Fe de Bogota: Editorial Ariel, 1997), 248.

(30) AHCRSM, Fondo Manuel Maria Mosquera, caja 9, carpeta 3, f. 1r.

(31) Guiomar Duenas Vargas, Los hijos del pecado: ilegitimidad y vida familiar en la Santafe de Bogota colonial (Bogota: Editorial Universidad Nacional de Colombia, 1997), 183.

(32) Pilar Gonzalbo Aizpuru, Familia y orden colonial (Mexico: El Colegio de Mexico 1998), 269.

(33) "Criminal contra Francisco Garcia por amistad ilicita contra Juana de Prado, mulata" (Honda, 1701), AGN, F. Criminales, t. 128, f. 665r.

(34) AHA, G. Negros y Esclavos, t. 31, legajo B36 1780-1790, f. 25v.

(35) AHA, G. Negros y Esclavos, t. 27, legajo B 36 1780-1790, ff. 2r-27r.

(36) AHA, G. Negros y Esclavos, t. 11, legajo B53 1790-1800, ff. 1r-11v.

(37) AHA, G. Negros y Esclavos, t. 13, legajo B61 1800-1810, ff. 1r-12v.

(38) Roger Pita Pico, "Celos y rivalidades en los amorios entre amos y negras esclavas en el Nuevo Reino de Granada en el periodo colonial". Afro-Hispanic Review 34, 1 (2015): 87-105.

(39) Raquel Rebolledo Rebolledo, "El amancebamiento como falta al sistema incipiente de disciplinamiento social: Talca en la segunda mitad del siglo XVIII". Atenea 491, (2005): 101.
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Author:Pita Pico, Roger
Publication:Historia y espacio
Article Type:Ensayo
Date:Jan 1, 2017
Words:13520
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