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El imperio de la Inca: todos hemos sido sedientos de una bebida desde el nacimiento. Pero ni agua ni leche: esta es la historia sentimental de como Inca Kola, una gaseosa amarilla y melosa, derroto a la Coca-Cola, la negra y arrogante soberana. ?Como una bebida tan dulce puede llegar a ser parte del melodrama nacional del Peru?

COLOR ORINA Y SABOR A CHICLE. EL NO lo dijo, pero quiza lo penso. Muchos lo piensan. En abril de 1999, el recien llegado a Lima presidente del directorio de The Coca-Cola Company, M. Douglas Ivester, tuvo que probar en publico para el publico la gaseosa que los peruanos preferian. Entrevista de rigor. La prensa esperaba el trago definitivo. El no lo dijo, pero quiza lo penso: la bebida gaseosa mas bebida en todo el mundo habia sido derrotada, lejos de casa, por una desconocida. El brindis fue la claudicacion: Coca-Cola no podia competir con Inca Kola. asi que saco la billetera y la compro. Perder, comprar, todo depende del envase con que se mire. Lo cierto es que la compania que habia hecho anicos a la Pepsi en Estados Unidos. y que en menos de una semana desbarato el imperio de esta bebida en Venezuela. que facturaba mas de diez mil millones de dolares al ano, que pudo conquistar el enorme mercado asiatico, que auspiciaba en exclusiva los mundiales de futbol y las olimpiadas, que distribuia botellas etiquetadas en mas de ochenta idiomas, que alguna vez hizo de Buenos Aires la ciudad mas cocacolera del mundo, que se habia aduenado de Columbia Pictures. que estuvo a punto de comprar American Express, que fue publicitada por The Beatles y Marilyn Monroe, y que hacia que el emperador de Etiopia, Halle Selassie. subiera a su avion solo para ir a comprarla a paises vecinos, es decir, la Coca. nunca logro convencer del todo el paladar de un pais tercermundista llamado Peru. Primera plana del dia siguiente: "Presidente de Coca-Cola brinda con Inca Kola". Goliat arrodillandose ante David luego de la pedrada en la frente.

El gigante maquillo bien la herida. M. Douglas Ivester tomo Inca Kola con una enorme sonrisa: el sabor dulce de la derrota. ?TEVEDulce? "Demasiado. La gaseosa es horrible, no me gusta", respondio Gregory Luboz, frances en el Peru, una de las preguntas que lanzamos por Internet. "It's bubble gum. How do you like that thing?", escupio Ingrid, asqueada, desde Alemania. "Una rara avis, por su color y sabor indefinible", escribio el catalan Oscar del Alamo en su estudio La Formula magica de Inca Kola para el Institut Internacional de Governabilitat de Catalunya. Pero esa "uncommon cola" sobre la que previene la guia de viajes South America, editada en Estados Unidos, despunta con el cincuenta y uno por ciento las estadisticas de preferencia de gaseosas en el Peru. Mientras. Coca-Cola, always, mas abajo, tiene un treinta y nueve por ciento. Pepsi (y su vergonzoso dos por ciento) no existe. Anos atras, la cadena de comida rapida McDonald's demostro, divorciandose de su eterna companera, que el Peru solo tenia ojos para una bebida gaseosa. Surgio el matrimonio Big Mac-Inca Kola. Empezaban los anos noventa y los chifas --restaurantes de comida chino-peruana, la de mayor oferta en Lima-- tuvieron que cambiar sus contratos de exclusividad en vista de la avalancha amarilla. "Coca-Cola la ve negra", informaba una revista de publicidad de Lima. "Enjoy Coke, but in Peru ... Inca Kola is it!", titulaba la Universidad de Harvard un estudio de su Escuela de Administracion de Negocios. Cadenas internacionales de television, como la CNN, Univision y Eco, difundian reportajes sobre el fenomeno. Habia un obvio ganador.

En el colico de la desesperacion, la transnacional desmantelo dos veces su equipo de marketing en Lima, y un grupo de empresas coreanas encabezado por Hyundai anunciaba su interes por embotellar la "gaseosa color orina" (Maria Johnson, e-mail desde Canada) en su pais. 1997 fue el ano en que Coca-Cola empezo a negociar la compra de su vencedor. Tenia que apurarse. La familia Lindley, duena de Inca Kola, ya coqueteaba con Cervecerias Unidas S.A., la mayor cervecera de Chile, y con el grupo Polar de Venezuela. Asi que el mandamas de Coca tuvo que pagar doscientos millones de dolares para aduenarse del cincuenta por ciento de Inca Kola y celebrar su propia derrota. Luego, el brindis. "Inca Kola es un tesoro peruano. Vemos que hay buenas posibilidades para ampliarla al mercado internacional", dijo Mr. Goliat elogiando a David. Pero han pasado varios anos y el imperio de la Inca solo se ha expandido unos metros al sur y otros al norte de su frontera original. Lo que M. Douglas Ivester no sabia --y usted esta a punto de degustar-- es que para exportar Inca Kola hay que exportar primero los sabores excesivos del Peru. Esa es su formula secreta.

EN EL TERCER PISO DEL WA LOK, EL CHIFA MAS grande de Lima, un grupo de mozos le canta a un cliente el feliz cumpleanos en chino. Los parlantes susurran la balada de una olvidada cantante caribena, resucitada en chino. La administradora, Liliana Com, descendiente de chinos, coge su telefono celular y le pregunta a uno de sus empleados, en chino, cual es la bebida que mas se vende en este restaurante. Afiches de dragones. Manteles rojos. Aroma dulce de kam lu wantan. Nada hace suponer que afuera existe aun el distrito de Miraflores, la antigua clase alta de Lima desperezandose del almuerzo, el mismo cielo resfriado que sedujo a Herman Melville. Nada, salvo ese amarillo burbujeante que los mozos se apuran a servir en cada mesa. "Siete vasos de Inca Kola por cada tres de otras gaseosas", traduce Com al castellano la inmediata respuesta de su empleado. En los predios del chifa, la Coca-Cola es una forastera. Forasteros. Gonzalo Alfano, e-mail de Buenos Aires: "Yo la probe con su chifa, y ni asi me gusto". Liliana Com senala entonces la mesa que ocupo uno de sus visitantes mas famosos. "Alli estuvo Joaquin Sabina. Claro, el no quiso Inca Kola. Prefirio una cerveza". Quien los entiende. "Yo los entiendo: los extranjeros no estan acostumbrados a su sabor", dice la publicista de la agencia Properu que manejo la cuenta de la gaseosa durante veinte anos. La construccion de la epoca dorada. Avisos de radio, television, periodicos, paneles: Inca Kola iba con un plato de comida, siempre. Inca Kola y un cebiche. Un lomo saltado, un arroz con pollo, un seco con frejoles, con Inca Kola, siempre. "Lo del chifa fue despues, algo no previsto por nosotros, y tuvimos que incluirlo", recuerda con nostalgia la misma publicista, quien ha preferido evitar dar su nombre para hablar de ese pasado. No le conviene. Coca-Cola les quito la cuenta en 1999. Hay una herida que no cierra. Los artifices del fenomeno fueron desplazados cuando la receta ya estaba bien definida: mesa-comida-Inca Kola. La amarilla era la invitada de honor. La otra, la negra, no tenia lugar en ese banquete.

En el climax de la efervescencia mediatica, incluso las lenguas mas sabihondas sucumbian ante la idea de su sabor. "Inca Kola no solo es buena con la comida peruana, sino que cae bien con todo", se relame el chef Cucho La Rosa, uno de los mentores de la cocina novoandina. Humberto Sato, artifice de la comida peruano-japonesa y dueno del Costanera 700 (un restaurante al que Eujimori solia llegar acompanado por otros presidentes), dice que no hay nada mejor que una bebida clara como Inca Kola para digerir los sabores extremos de su menu. Isabel Alvarez, sociologa de la gastronomia peruana, llevo el brebaje amarillo transparente a un festival gastronomico celebrado en Filipinas para someterlo al paladar extranjero. Ahora, sentada en su restaurante El Senorio de Sulco, recuerda que solo a algunos orientales les gusto. En la ultima decada del siglo xx, la frase publicitaria "Inca Kola con todo combina" sonaba mas en la radio que cualquier bit de Ricky Martin. Los duenos de la marca, la familia Lindley, arriesgaron entonces cinco millones de dolares para aumentar la distribucion y el marketing de su gaseosa. Pusieron un vaso de la Inca en manos de Carlos Santana y de Fito Paez. Nadie supo si les gusto. La unica estrella que opino en publico fue Celia Cruz, la reina del guaguanco. "!Azucar!", grito con suma honestidad. Pero la ambiguedad de su muletilla tampoco sabia a nada. Coca-Cola, desde el exilio del menu, reacciono con el higado. Quiso copiar la receta. Lanzo un comercial de comidas que no satisfizo a nadie. Y ese fue el fin. Cifras de consumo en 1995. La amarilla: 32.9 por ciento. La negra: 32 por ciento. Nunca mas la supero.

Empiezan a despedirse los comensales del Wa Lok. "Imaginate que la gente que se va al Asia se lleva Inca Kola, aun si pesa mucho", dice Liliana Com sorbiendo te chino de su taza. En sus manos, dos paginas del libro Los chifas en el Peru, escrito por la periodista Mariella Balbi. "La Inca Kola reemplazo al te en el chifa peruano", lee Com. Hasta se diria que es buena para la digestion: "Dorada, dulce y con cierto sabor a hierbaluisa". ?Hierbaluisa? Planta aromatica originaria del Peru, de tallo corto y subterraneo. Puede medir hasta dos metros de altura. El neurologo Fernando Cabieses, especialista en medicina tradicional, escribe en uno de sus libros que la hierbaluisa es digestiva, combate los gases intestinales (pedos) y es antiespasmodica. Bajativo perfecto para la comida peruana: picante, pesada, acida, deliciosa. Pero no se emocione. La formula amarilla es tan secreta como la 7X de Coca-Cola. Se fantasea demasiado sobre el ingrediente oculto que le da el sabor dulzon. La hierbaluisa podria ser o no ser: he ahi el misterio. En todo caso, la empresa tampoco lo ha desmentido. "Podria ser cualquier cosa", sortea Hugo Fuentes, jefe de marca de Inca Kola. El catalan Oscar del Alamo vino al Peru, tomo Inca Kola y sintio alli el sabor de la verbena. ?Verbena? Planta aromatica originaria de Europa mediterranea, de tallos erectos y cuadrados. Rara vez llega al medio metro de altura. A dosis prudentes baja la fiebre. Si se excede la dosis, provoca el vomito. Hicimos la prueba con Inca Kola. Demasiada coincidencia. Los libros advierten: "No confundir con la hierbaluisa". Hierbaluisa: "Resulta un excelente insecticida y fumigatorio contra moscas y mosquitos". Seguir investigando podria llevarnos por caminos insospechados. Alla vamos.

--?Hierbaluisa? ?Verbena? Yo me inclinaria por el platano --dijo el unico de los Lindley que se atrevio a tocar el terna con la condicion del anonimato.

Y todos los caminos conducen a Coca-Cola. Preguntando por la Inca se llega a la Coca. Las relaciones publicas de la amarilla en el Peru las ve la negra. "Ni platano ni nada. El ingrediente no te lo va a dar nadie", se rie Hernan Lanzara, quien vela por la imagen de Coca-Cola en el imperio de la Inca. Si algo ha cuidado siempre la Coca es la formula secreta de sus mas de ciento cincuenta bebidas gaseosas en todo el mundo. Coca, por supuesto, encabeza la lista del recelo. La 7X solo ha corrido peligro una vez. 1985: Pepsi, lider en Estados Unidos. Roberto Goizueta, presidente de Coca-Cola, enloquece de pronto. Cambia el sabor de la gaseosa. La Nueva Coca genera una cruzada nacional de indignacion. Un jubilado de Seattle entabla una demanda judicial para que se revele la clasica 7X y asi otros puedan fabricarla. Goizueta, arrinconado, resucita la negra de siempre. "No tiene coca, solo cola de nuez y un saborizante hecho de hoja de coca descocainizada", explica Lanzara. No revela nada nuevo. Su oficina flota en el piso once de un edificio de San Isidro, ese Manhattan limeno de rascacielos enanos. Y desde alli, el fiel escudero desinfla los rumores que siempre han circulado sobre su gaseosa. No tiene coca, repite. Mezclada con aspirina no produce efectos alucinogenos, no derrite filetes, no oxida objetos metalicos, no produce piedras en el estomago, no desatasca desagues, no sirve de espermicida. "Son ataques que se repiten desde hace veinte anos y no tienen sustento", dice Lanzara. El hombre termina su taza de cafe. Con cafeina.

Piso once del edificio de San Isidro. En una pared roja de la recepcion el logotipo de Coca-Cola ha cedido espacio al de Inca Kola. La entrometida merece un reconocimiento: "Si, pues, la Inca va bien con las comidas". Tampoco ahora Lanzara revela nada nuevo. Comida. Dos horas antes, el chifa Dragon Express soporta una marea de oficinistas en trance digestivo. Mas afiches de dragones. Por alli hay dos reporteros de prensa. Llevan una libreta con preguntas para mas tarde. ?Por que va bien con las comidas? ?Por que no se vende tanto en otros paises? Uno de los periodistas elige un tallarin saltado. El otro, un pollo chijaukay. ?Por que la publicidad ha sido tan importante? ?Por que los peruanos la preferimos? Afuera, dos ninos haraposos golpean un telefono publico para robarse unas monedas. ?Acaso Coca-Cola la compro para arruinarla? Llegan los platos. Llegan las incakolas abiertas. Lo que en cualquier ciudad del mundo podria considerarse una imposicion, en Lima se toma de buena gana. Inca Kola si o si. Solo despues nos damos cuenta de lo que acaba de ocurrir: el estomago siempre opina con sinceridad. ?Por que Inca Kola? Comemos y respondemos. A uno le encanta el sabor dulce, el gas apenas perceptible, ese amarillo helado que abre el apetito. El otro no sabe por que la toma. Nunca se habia puesto a pensar en ello. ?Identidad nacional? ?Lucha contra el imperialismo yanqui? ?Gastritis? La toma y punto, sin explicaciones. Dos mas, heladas. Los ninos dejan el telefono y entran en el chifa. "Invita tu gaseosa, pe'", llegan a decir antes de que el mozo los eche a patadas. Ya no hay ganas de comer. La cuenta, por favor. Ahora si, dos horas despues. Frente al edificio de Lanzara acaba de inaugurarse el restaurante La Chapa de Coca-Cola, emulo de La Esquina Coca-Cola en Ciudad de Mexico y en Buenos Aires. Un lugar ideado por la compania gringa para combinar comidas solo con la Coca. Afiche en la puerta de entrada: tallarines con huacatay, pan con jamon y cebolla, torta de chocolate, botella de Coca-Cola. Adentro, dos empleados del local comparten su refrigerio en una mesa. Se ven aburridos. Son los unicos comensales.

SUSANA TORRES ES UNA ARTISTA PLASTICA, salvo cuando insiste en volver a ser la princesa Inca Kola. No habria historia decente sobre la sed amarilla sin citar a su fanatica mas artistica. "Si van a escribir sobre Inca Kola no pueden dejar de hablar con Susana Torres", nos advirtio alguien. Ahora ella pregunta si la queremos como la princesa Inca Kola para la fotografia. Entonces tendria que posar arrodillada, con un vestido largo de figuras de piedra y con las trenzas tan falsas como largas que le darian esa apariencia vaga de medusa incaica. Tendria, ademas, que elevar una mirada de nusta embriagada, de princesa cuzquena, y levantar en la misma direccion una botella de Inca Kola, plena de ella. "Si quieren hacemos asi la foto", grita Susana desde alguna parte de su casa. Antecedentes: pagina completa de la revista Debate, editada en Lima. Full color. Susana Torres aparece como la princesa Inca Kola en todo su esplendor: ese vestido largo de figuras de piedra, trenzas negras, la botella alzada como si fuera un vaso inca ceremonial. En su casa de Chaclacayo, a una hora de Lima, Susana guarda un ejemplar de esa revista junto con una coleccion de botellas historicas de Inca Kola, recortes periodisticos sobre Inca Kola, un album editado por Inca Kola, publicidad de Inca Kola, la copia de uno de sus cuadros pop con motivos Inca Kola y una Coca-Cola Diet en el refrigerador. "Yo era adicta a la Inca Kola hasta que Coca-Cola la compro", reniega la artista plastica. Sigue viendo Incas por todas partes. Llego a pintar desde Gauguines acompanados por Inca Kola hasta ensayar una historia pop de esta gaseosa en el Tahuantinsuyo. Ahora, rumbo a una nueva exposicion, amenaza con resucitar a la princesa Inca Kola disfrazandose de botella. De botella de Inca Kola sin helar. En resumen: Susana Torres esta Coca-Cola. Una limenisima forma de decir que alguien ha perdido la razon.

Ahora la artista plastica esta al telefono. ?Alo? Su voz es pausada y aspera, sin secuelas de ansiedad. Pudo librarse sentimentalmente de la adiccion amarilla hace algunos anos, y jura que ya no le hace falta. Desde entonces no se ha vuelto a levantar a las cuatro de la manana para servirse un trago mas, ni se ha desesperado ante la ausencia de una botella en la cocina. Si algunos rastros le han quedado de esa adiccion, son las formas y colores que aun desbordan en sus pinturas, y esa obstinacion por recolectar todo lo que encuentra sobre Inca Kola o sobre cualquier cosa que se le parezca. Logotipo de la botica El Inca, etiquetas de pinturas Inca, de la libreria El Inca, de Incafe. "Lo incaico es, en cierta forma, el paraiso terrenal, y la Inca Kola, su mayor exponente", sentencia Susana Torres. Tenemos que ir a Chaclacayo, donde ella vive. Sobre el piso de la sala, su coleccion desperdigada de botellas antiguas de Inca Kola forma una especie de laberinto para hormigas. Si a un bicho se le ocurriese atravesar los confines del jardin se estrellaria irremediablemente con incakolas. Sucede lo mismo en tamano natural. En su casa, por donde uno camina, tropieza con incakolas. En la pared, en los muebles. Amarillo y azul sobre el parque, en los armarios, hasta en el altar improvisado bajo la chimenea. "Era adicta a la Inca Kola hasta que Coca-Cola la compro". De aquella Susana Torres Inca Kola solo queda la obra. Las exposiciones que vendran. La comprobacion tardia, segun ella, de que la amarilla sabe a chicle. Ahora si, dice ella: sabe a chicle. Desde que la Coca-Cola la compro, si.

Antes, su tranquilidad dependia de una dosis de un litro cada tarde y del siguiente pasaje de avion. Asi fue. En su juventud, Susana Torres y su esposo se buscaban la vida en otros paises. Y en esos paises, buscaban Inca Kola. Y en la Inca Kola Susana buscaba su pasaje de vuelta al Peru. Argentina, Estados Unidos, paises de Europa. "Era emocionante encontrar por ahi una lata de Inca Kola", recuerda ahora desde su cercana lejania de Chaclacayo. Luego desempolva una botella de su coleccion. Transparente. 1952: Un soberano inca de perfil en alto relieve. Lo que un amigo suyo encontro en la basura ya habria hecho llorar de melancolia a cualquier inca-kolico. No a ella. Si la guarda es para utilizarla en algun momento bajo la excusa del pop art, que no necesita excusas. El mismo fin que tendran otras botellas bastardas. Gaseosas que han querido parecerse a la original y que ella encuentra en cualquier parte. En un basurero, en un parque, en la puerta de su casa. Cori Kola, Sabor de Oro, Triple Kola. Todas de color amarillo transparente y dulces, pero tristes remedos al fin de la amarilla mayor.

La artista anda ahora tras la busqueda de la Inga Kola, invento de un peruano en Espana que, segun los enfermos de nostalgia, no es la misma, pero sabe igual. Ya lo dijo un psicologo en el exilio: Inca Kola, afuera, duplica su valor emocional. Repasemos. Giannina, peruana desde Vancouver, Canada: "Aca la venden en tres tiendas. A veces no encuentro ni una lata y me desespero". Paola, desde Miami: "Se ha vuelto una necesidad tener que tomarla. Por suerte esta en cualquier parte". Brigitte, desde Alemania: "La consigues por Internet a 4.90 euros. Una locura". Si, ser adicto a la Inca, fuera de su imperio, es una locura. Recuerdese sino a Susana Torres: se volvio Coca-Cola por culpa de la Inca Kola.

A FUERA DE LA PLANTA EMBOTELLADORA DE la Inca, el antiguo distrito del Rimac sobrelleva su rutina castigado por el rio inmundo que le da su nombre. Esqueletos de casonas desalinadas, un puente virreinal a punto de caerse por los orines, una alameda de esculturas ausentes. Solo los perros caminan tranquilos. Nadie les roba. Se abre la puerta de la fabrica. Olor a caramelo guardado bajo el techo. Bajo esa techumbre, alguien va a contarles la historia de Inca Kola. Visita de rutina. Ernesto Lindley fue militar, pero ahora es jefe de Relaciones Publicas de la empresa. Fusila de aburrimiento al auditorio. Da fechas y mas fechas. Hay que tomar asiento. Ernesto Lindley se para frente a la veintena de estudiantes universitarios y su profesor. En escena, lo acompana una enorme botella amarilla inflada de aire, un puntero laser en su mano derecha, la secretaria marcando el ritmo de las diapositivas. Discurso de rigor.

Manuscritos. 1910: la familia Lindley muda su vida de la Inglaterra industrial a un Peru en panales. En un terreno de doscientos metros cuadrados fundan la Fabrica de Aguas Gasificadas Santa Rosa, de Jose R. Lindley e Hijos. El Rimac era entonces un barrio apacible de calles quietas. Buen lugar para vivir. De vez en cuando, el rumor del rio se alteraba por el trote de las mulas cargadas de alimentos. Diapositiva siguiente: las primeras criaturas de Santa Rosa fueron Orange Squash, Lemon Squash, Kola Rosada. Que en paz descansen. Todo se hacia manualmente. Una botella por minuto. Un alumno de la segunda fila bosteza. Lindley no pierde la concentracion. En 1918 compran una maquina semiautomatica. Quince botellas por minuto. Asume la conduccion Jose R. Lindley hijo. Otro bostezo reprimido por la mirada del profesor. La empresa familiar se transforma en sociedad anonima. El profesor tambien bosteza. La prehistoria de la Inca Kola, contada por el, suena tan fascinante como la de una fabrica de clavos.

Mas fechas y mas bostezos. Ernesto Lindley anda ya por la decada de 1930. Seria ideal una Coca-Cola con cafeina para despertar al auditorio. Coca-Cola. La negra ya vendia mas de treinta millones de galones al ano y empezaba a rebalsar su imperio desde Estados Unidos. Honduras, Guatemala, Mexico y Colombia sucumbian en el Tercer Mundo. El Peru aun no la tomaba, pero ya la veia en el cine: Johnny Weissmuller, Tarzan, el Hombre Mono, bebia Coca-Cola. Greta Garbo y Joan Crawford comparaban sus curvas con la botella. Pero en la fabula oficial que Lindley cuenta sobre la Inca Kola ese lobo no existe. El ex militar nunca menciona a la Coca. Diapositiva siguiente: Inca Kola se crea en 1934, pero se lanza un ano despues, 1935: primera estrategia. La familia aprovecha los bombos y platillos del cuarto centenario de Lima para presentar en sociedad su gaseosa amarilla. Botella verde transparente con un inca de perfil en la etiqueta. Sabor dulce, demasiado dulce. No fue amor a primera lengua: la ciudad estaba acostumbrada a la tradicional chicha de maiz morado.

Nada de esta historia cuenta Ernesto Lindley, empalagado de la historia oficial de la Inca. Segunda estrategia: "Inca Kola OK" fue el eslogan mas primitivo. Minimo, olvidado, gringo, sin personalidad. Insuficiente para resistir la oleada negra de 1939. Ese ano, Coca-Cola llego al Peru y se encontro con una empresa familiar que distribuia su exotica gaseosa amarilla en un camioncito Ford. Insignificante. La Coca llego con la frase "La bebida que todos conocen". Con Greta Garbo y el Hombre Mono. El cine bebia Coca-Cola. Los peruanos llenaban los cines. La negra sepultaria a la amarilla hasta la llegada de la television.

--Inca Kola comienza a ser bastante popular cuando arranca la television --dijo Hernan Lanzara en su otro fortin, el de San Isidro.

Preguntando por Inca Kola se llega a Coca-Cola.Siempre. Pero hubo un tiempo en que la Inca tenia voz propia. Anos dorados. Anos de The Beatles. La gaseosa de los Lindley derramaba en la pantalla chica su estrategia final: "Inca Kola, la bebida de sabor nacional". Era la frase mas celebrada en la puber tanda comercial de ese entonces. De alli en adelante la publicidad ha ensayado seducir con lo mismo, pero de modos diferentes. "Esa ha sido la magia del producto", recuerda esa anonima publicista de la agencia Properu. Inca Kola, la bebida de sabor nacional. Inca Kola, la bebida del Peru. Mesacomida-Inca Kola. La fuerza de lo nuestro.

Inca Kola es nuestra. Lo nuestro me gusta mas. Hasta el eslogan del nuevo siglo responde a la misma variacion: "Inca Kola solo hay una y el Peru sabe por que". Salvo algunos disparos al aire, la publicidad nunca mas cambio su receta.

La clave del exito de la gaseosa fue haber explotado la television con un sabor mas local que la Coca-Cola. Lo dice el sociologo Guillermo Nugent, que (de Inca Kola) sabe bastante. Asi, mientras la amarilla husmeaba en rondas y chiringuitos, Washington enviaba al Tercer Mundo al hermano del presidente, Ted Kennedy, para repartir coca-colas. Inca Kola tanteaba la mesa exhibiendose junto a un plato de cebiche con musica criolla de fondo. Coca-Cola, desde sus oficinas de Atlanta, salpicaba al mundo con el comercial de unos ninos cantando "I'd like to buy the world a Coke". Inca Kola llamaba al almuerzo con el estribillo musical "La hora Inca Kola". Coca-Cola, aun puntera absoluta, decia en ochenta idiomas ser "parte de tu vida". Lomo saltado, musica afroperuana: Inca Kola. Popcorn, rock and roll: Coca-Cola. Gladys Arista, la modelo limena de moda, posaba con la bebida amarilla en almanaques y periodicos. "Esta para comersela", decian los sibaritas. Bill Cosby abrazaba a la negra en todos los paises adonde llegaba su show de familia negra y feliz. Inca Kola era la bebida del Peru. Coca-Cola, caido el Muro de Berlin, irrumpia con sus camiones de reparto en Europa Oriental e irritaba a los franceses colocando una maquina expendedora en las patas de la Torre Eiffel. Coca-Cola era para el mundo. Inca Kola apelaba a su pais y a la lealtad.

Ultima diapositiva del expositor y se prenden las luces. La secretaria de Lindley despierta al auditorio con la promesa de incakolas y panes con jamon. Al peruano le entra todo por la boca. "Esa es la realidad: solo podemos ser peruanos a traves de un placer tan elemental como la comida", dice el psicologo Julio Hevia desde su esquina. Y en esa esquina, Julio Hevia, vademecum andante de las fobias y vicios del limeno, asoma detras de una botella de Coca-Cola. "La Coca es mas intelectual. A la Inca dejala para las comidas", arremete sorbiendo el filtro de su quinto cigarrillo. El paisaje es la Universidad de Lima. Una cafeteria. Se diria que Hevia es inofensivo hasta que tiene razon: "Nosotros vemos comida por todas partes". Nuestra jerga es casi un menu. Cuando vemos piernas, decimos "yucas". Cuando vemos tetas, pensamos en "melones". Cuando vemos traseros, imaginamos un "queque". Nos hacemos "paltas" --asi se llama en Peru al aguacate-- cuando estamos en problemas. Metemos un "cafe" cuando alguien se equivoca. Tiramos "arroz" cuando nos queremos zafar de un compromiso. "Creo que la identidad peruana que posee Inca Kola es equivalente a la que tiene la comida". Hevia ha disparado el tiro de gracia: la mesa ha estado siempre servida y la amarilla solo se aprovecho de ella. Si la comida ha formado siempre nuestra identidad, a Inca Kola solo se le ocurrio acompanarla. La publicidad dio en el plato. Hevia tiene que dictar clases. Bebe su ultimo trago de Coca-Cola y chau, nos tira arroz.

SUSANA TORRES HA BEBIDO MAS DE LA CUENTA. Ayer corrio vino en la reunion y se le nota rendida. La Inca Kola no le hubiera dejado esta resaca. A mediodia, el intenso sol de Chaclacayo invita a la siesta. Ella quiere dormir. Abre la puerta. "Quiza sea una tonteria, pero creo que Coca-Cola compro Inca Kola para arruinarla", dice la artista despidiendose. Arruinarla. Brindar con Inca Kola para arruinarla. ?Salud? Ya Hernan Lanzara nos habia asegurado que no era asi y le creimos: "Es un gran producto. En cualquier momento podria crecer hacia fuera". Pero los mismos numeros que muestra lo desaprueban.

Cuando Goliat pago por David, los veinticinco operadores de Coca-Cola en el mundo recibieron una muestra de Inca Kola para probar sus posibilidades de expansion. M. Douglas Ivester lo habia prometido: el imperio de la Inca ya estaba listo para conquistar otros territorios. Botellas en guardia. Se dispara el sabor. El noventa y dos por ciento del planeta se resiste. Puaj. Color de orina y sabor a chicle. Solo el norte de Chile y un pedazo de Ecuador sucumbieron a la seduccion amarilla. Es decir, en un mapa de conquistas, el imperio de la Inca es algo asi como el antiguo Tahuantinsuyo. No mas. Los mismos limites que los incas jamas pudieron atravesar. Inca Kola tampoco. La negra, sin embargo, ha convertido el mundo en su rayuela. Salta de un pais a otro y se apodera de el. Desde Mexico hasta Islandia, mil millones de vasos al dia. El mundo bebe Coca-Cola y se embota del American Way of Life. Ahora si, nos entregan el premio consuelo: la unica gaseosa que en todo el planeta ha podido derrotar a la negra es peruana y amarilla.

PREGUNTA DRAMATICA: ?PODRIA EL PERU sobrevivir sin la Inca Kola? Le quedaria Machu Picchu, el cebiche, el pisco. Beberiamos mas limonada, comeriamos mas caramelos. Inca Kola va con todas las comidas, y seriamos menos tolerantes despues de cada almuerzo. Y mas flacos y quiza mas tristes. Orinariamos menos en las calles. Ojala. Pero ya no habria Inca Kola para vanagloriarse afuera --o adentro, con los de afuera--, donde a solo unos cuantos les gusta la Inca Kola. En el extranjero tendriamos mas tiempo para anorar menos. Una razon menos para querer regresar. No regresariamos tanto si no existiera la Inca. Ademas, nos reconoceriamos menos. Sobreviviria el Peru, pero no seriamos igual de peruanos. ?Con que acompanariamos nuestra comida? Hemos hecho de Inca Kola una bandera gastronomica en un pais donde la identidad nacional entra por la boca. Cosa curiosa: nuestra bandera tiene los colores de Coca-Cola, la forastera. Forasteros: el ex parlamentario ingles Matthew Parris vino al Peru, tomo Inca Kola, conocio los Andes y escribio un libro sobre su viaje que ahora es un best seller: Inca-Kola: Traveler's tale of Peru. Fue publicado en Inglaterra y ya va por su undecima edicion. Paradoja: el libro lleva el nombre de la gaseosa amarilla, y Parris casi ni la menciona. No era necesario. La Inca Kola fue para el --paladar acostumbrado al te y a la Coca-Cola helada-- lo mas folclorico de su aventura. Lo mas exotico de nuestra cultura. Pero hay algo mas detras de esa botella: en el Peru, las familias, los amigos, siguen siendo tribus reunidas alrededor de una mesa. Y en la mesa, la comida. Y con la comida, la amarilla. Un ingrediente de nuestra forma de ser gregarios. Frase para la despedida: en el Peru, Inca Kola te reune. Afuera, te regresa.
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Author:Aviles, Marco; Titinger, Daniel
Publication:Letras Libres
Date:Dec 1, 2005
Words:5474
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