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El idealismo en las Relaciones Internacionales.

Resumen

En un esfuerzo por divulgar las corrientes idealistas en el pensamiento teorico internacional, tan dominado por la literatura sobre Realismo Politico, el autor presenta las ideas de Reinhold Niebuhr, Arnold Wolfers y Kenneth W. Thompson que le permiten, por su posicion, deslizarse hacia el Idealismo en las Relaciones Internacionales. Para ello se vale del pensamiento utilitarista y su version de la Tercera Via para entrar enseguida al tema de la etica del derecho natural, que se convierte en el eje del resto del analisis. Ello conduce al autor hacia el tema clasico de la guerra justa y a su exuberante literatura, tema, por otra parte, que a la luz de los acontecimientos internacionales recientes ha llevado a la academia a reabrir la discusion.

Abstract

The aim of this article is to place the idealist theories on the international debate arena. The appraisal of Reinhold Niebuhr, Arnold Wolfers and Kenneth Thompson ideas among the core of the realists lead to a space for the author to contrast some of the Idealism main assumptions face to the overwhelming realist ones. So the utilitarian thinking and its Third Way position facilitate ah initial approach to this article main purpose: the study of the natural law ethos and its controversial concept of "just war". The very recent international events, particularly in Asia and Middle East, have forced the Academia to reopen this classical discussion.

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Introduccion

1. En un trabajo anterior, Etica y politica internacional, (1) ademas de hacer una larga presentacion del problema de la etica politica, pasamos revista a la manera en que el Realismo Politico, la teoria mas generalizada en los estudios internacionales, aborda, a su manera, los temas de la etica politica y nos dedicamos principalmente a la vertiente del escepticismo y del empirismo, para repasar ciertos autores indispensables de esta construccion teorica.

En el presente trabajo abordaremos la linea de analisis que adelantabamos sobre esa misma tematica, la del Idealismo, como contrapunto al tema anterior y que posee de igual forma diferentes vertientes de analisis.

Sin embargo, para eslabonar el ensayo citado con el tema general de este, abordaremos en primer termino comentarios acerca de un grupo de autores, realistas tambien, y de los que Reinhold Niebuhr es el mas conocido pero que, sin embargo, preconizan "la Tercera Via".

Ademas, iniciaremos el idealismo generico en nuestra disciplina con la teoria del derecho natural en los estudios internacionales para abordar, en un posterior ensayo, el Liberalismo como vertiente teorica que en los enfoques modernos se constituye en la version del Idealismo frente al Realismo.

El pensamiento utilitarista y su version de la Tercera Via

2. Los dos primeros paradigmas realistas que presentamos en el ensayo citado no tienen una estructura etica y logica satisfactoria, al menos en lo que se refiere a la definicion sucinta que hemos dado del concepto de etica: el escepticismo, porque rechaza toda etica mas alla de la esfera del Estado, y el empirismo, porque transforma el "deber ser" simplemente en "ser".

Hemos dicho que los escepticos y los empiristas ocupan el nucleo del pensamiento realista; sin embargo, tres autores de gran importancia, Reinhold Niebuhr, Arnold Wolfers y Kenneth W. Thompson (2) se encuentran entre los investigadores en Relaciones Internacionales que parecen haber profesado el utilitarismo teorico y que, por consiguiente, abrevan en la raiz de este pensamiento con los fundadores del utilitarismo en la filosofia, es decir, Jeremy Bentham y John Stuart Mili. Bentham aplicaba su doctrina de la mayor felicidad posible para el mayor numero posible de sujetos a las relaciones internacionales de su tiempo (termino cuya paternidad se le atribuye), al adoptar la ficcion del observador neutral y externo a los acontecimientos.

El fin --escribia-- que un desinteresado legislador de derecho internacional se propondria seria la mayor felicidad posible para todas las naciones en su conjunto. (3) Pensaba que eso podia ser alcanzado, entre otras causas, por las consecuencias del libre comercio, por el equilibrio de las fuerzas, por una descolonizacion general, por la reduccion simultanea de los armamentos, por la instauracion de una corte de justicia internacional, asi como por la adopcion generalizada de la diplomacia "abierta", con el fin de que la opinion publica de cada pais pueda jugar plenamente su papel.

En cuanto a John Stuart Mili, estipulaba de igual forma la subordinacion del derecho internacional al principio de utilidad. Hacia notar, por ejemplo, que "la guerra por una buena causa no es el peor mal que una nacion puede sufrir". Concordaba con los empiristas en que "el derecho de gentes es simplemente la costumbre de las naciones", estimando por el contrario que
   una mejora de la moral internacional no puede
   asentarse sino por una serie de violaciones a reglas
   existentes, por medio de una conducta fundada en
   nuevos principios tendientes a erigirse a su vez en
   costumbre. (4)


Esta cita sobre la etica de las relaciones internacionales de Stuart Mili, el cual subordinaba las reglas de accion y de las instituciones al principio de utilidad, ilustra perfectamente el utilitarismo de "las normas".

A pesar de sus diferencias y de su vinculacion formal al principio de utilidad, Bentham y Stuart Mili fueron consecuencialistas, y por lo tanto, los precursores del paradigma correspondiente de nuestros dias que vino ocupando desde la Segunda Guerra Mundial un lugar importante en la nueva disciplina de las Relaciones Internacionales, formando al lado de los escepticos y los empiristas el tercer grupo dentro del Realismo Politico.

Esta postura fue a tal punto importante que merecio del esceptico Morgenthau, desde octubre de 1945, una fuerte critica, en la medida --decia-- en que las consecuencias de los actos no se pueden calcular y controlar, ya que los resultados de los actos humanos pueden convertirse en fuerzas independientes.

Entre los investigadores estudiosos de Relaciones Internacionales que parecen haber profesado el pragmatismo etico, tenemos los nombres ilustres de Reinhold Niebuhr, Arnold Wolfers y Kenneth W. Thompson. Y su importancia, desde nuestra perspectiva, es que se pueden considerar los fundadores de la Tercera Via que permite tender el puente de forma coherente de los enfoques realistas con los de sus oponentes teoricos, los idealistas.

Hay que aclarar, en primer termino, que causa cierta incomodidad encontrar al teologo Reinhold Niebuhr en la enumeracion de los realistas, pues su obra, considerable en terminos numericos, ha sido siempre dificil de clasificar. Niebuhr mismo esta de acuerdo con esta situacion, porque a lo largo de su carrera su posicion doctrinal fue evolucionado constantemente y porque, por otro lado, su pensamiento no ha sido siempre claro, estructurado y sin contradicciones, lo que ha exasperado a los criticos.

No obstante, es posible afirmar que Reinhold Niebuhr fue uno de los primeros arquitectos del paradigma utilitarista en la nueva disciplina de las Relaciones Internacionales, disciplina a la que contribuyo de manera decisiva para que demostrara su entidad propia, desde su posicion --sin embargo-- de teologo.

Con la ayuda de sus estudiosos trataremos de reafirmar que el enfoque etico de Niebuhr en el campo de las Relaciones Internacionales se ubica en el rechazo tanto del escepticismo como del empirismo, proponiendo un paradigma de un tercer tipo.

Michael Joseph Smith llego a la conclusion de que:
   Niebuhr rechazaba el relativismo de E. H. Carr y
   no compartia la confianza que Morgenthau habia
   depositado en la dignidad moral del interes nacional.
   Por consecuencia, Niebuhr reconocia claramente
   la necesidad de un tercer enfoque ... pero no
   podemos decir que en todos sus escritos del periodo
   de posguerra haya logrado definir lo que podia
   constituir este tercer enfoque del Realismo. (5)


Otro de los discipulos mas fervientes de Niebuhr en Relaciones Internacionales, Kenneth W. Thompson, recordaba esta busqueda de la Tercera Via que se situaba, sin embargo, para el entre el utopismo y el cinismo. (6)

Lo indudable es que Niebuhr se oponia firmemente al paradigma esceptico, al precio de controversias teoricas serias con Hans Morgenthau. Un ejemplo de esta situacion bastante peculiar esta registrado en las actas de un coloquio que tuvo lugar en 1961 en Nueva York, con la participacion de ambos. En tanto que Morgenthau trato de presentar el pensamiento de Niebuhr como un pensamiento proximo al escepticismo, en especial haciendo creer que este ultimo se adheria a la posicion que consistia en afirmar que "la relacion entre una realidad politica escondida y una etica pervertida es la esencia de la politica", (7) Niebuhr se vio obligado, segun sus propios terminos, a enmendar de inmediato lo que se podria calificar de tentativa de recuperacion doctrinal de Morgenthau, poniendo a este cortesmente en guardia contra su enfoque "que sustrae a lo politico de su contenido moral". (8)

Habiendo asi desaprobado el escepticismo etico, Niebuhr resume entonces su pensamiento moral como sigue:
   soy un pragmatico que trata de ser guiado en mis
   juicios pragmaticos por principios generales de
   justicia tales como han sido desarrollados en la
   cultura occidental. Pero no conozco principios que
   pudiesen guiarnos en la eleccion entre diferentes
   principios que esten en competencia o sean complementarios.
   (9)


Al haber subrayado el termino "pragmatico" es porque tanto Niebuhr como sus criticos han calificado asi su posicion. Por consiguiente, despues de haber demostrado que Niebuhr rechaza el escepticismo, queda como tarea el poner en relieve su rechazo igualmente al empirismo --a pesar de algunas afinidades con John Dewey-- y que en su busqueda de la Tercera Via, su pragmatismo tomo la forma del utilitarismo, conocido igualmente como consecuencialismo.

3. A este respecto debemos, en primer lugar, precisar de cual Niebuhr estamos hablando. ?Del joven Niebuhr que fue marxista y miembro del partido socialista norteamericano, o del Niebuhr adulto, al cual se atribuyo a menudo un pensamiento muy conservador? Reinhold siempre fue utilitarista (consecuencialista), adonde lo llevo, en el plano teorico, su busqueda de la Tercera Via.

Es de fama publica que el joven Niebuhr preconizaba el socialismo cristiano, una corriente de pensamiento de principios del siglo xx, que estaba en boga tambien entre los teologos protestantes europeos. Vincular los compromisos de Jesus y de Marx no les parecia solo compatible, sino indispensable.

En ese estado de espiritu realiza Niebuhr sus escritos de juventud, que van de 1911 a 1931, como un perfecto idealista internacionalista que denunciaba "el peligro de la lealtad" hacia la nacion. (10) Por cierto, anos mas tarde la Teologia de la Liberacion tratada de hacer lo propio, encontrando sobre todo en America Latina --donde adquirio arraigo-- fuertes resistencias de la alta jerarquia religiosa.

En 1932 publica su celebre obra Moral Man and Immoral Society, cuyo titulo mismo revela su metodo, que consistia en "distinguir radicalmente entre el comportamiento moral y social del individuo y el de los grupos sociales, nacionales, raciales y economicos". (11)

Aunque mas tarde transformaria en un problema de grado esta separacion radical de la etica individual, unica capaz de trascender el pecado original y de realizarse en el agape de Kierkegaard, y la etica social que moralmente corromperia precisamente al individuo, no deja de ser cierto que estas ideas son la base misma de la doctrina de Niebuhr y que constituyen su principal punto de afinidad con Morgenthau.

Puesto que los grupos sociales, entre ellos la Nacion, no podran acceder a esta etica perfeccionista reservada al individuo, Niebuhr esboza ya en 1932 como hay que tratar y superar esta deficiencia. Habra que rechazar el utilitarismo clasico, sobre todo el hedonismo, porque supone una identidad prematura entre el interes propio y el interes social, estableciendo una falsa armonia entre el egoismo y el altruismo.

Niebuhr queda, sin embargo, interesado por su forma primaria, es decir, por su "referencia a las consecuencias sociales" del acto politico. Concluye poniendo en evidencia la importancia crucial de los factores del tiempo y de las circunstancias en la aplicacion politica de los principios morales, lo que permite de igual forma dejar entrever su naciente perspectiva.

4. Sin embargo, su postura en materia de Relaciones Internacionales no llega a su madurez sino hasta los anos cuarenta, despues de su "crisis de conciencia politica", que duro hasta el desencadenamiento de la guerra en Europa en 1939 y que dio como resultado su abandono del socialismo en beneficio de un realismo mucho mas conservador.

Este se materializo en su obra Christianity and Power Politics, en la que se revela contra "la pretension deshonesta de la universalidad" del racionalismo etico, en especial del pacifismo, que no habria logrado prever las consecuencias desastrosas de la aplicacion de sus principios absolutos. Alli preconizo "las distinciones entre valores relativos en la historia", lo que nos parece una posicion congruente con el pragmatismo. (12)

De 1944 a 1965, Reinhold Niebuhr concentro todos sus esfuerzos en el estudio de las Relaciones Internacionales. La maduracion definitiva de su metodologia etica fue sin duda su libro titulado The Children of Light and the Children of Darkness. Es a partir de ese momento que se puede hablar de la naturaleza verdaderamente paradigmatica de su consecuencialismo, e indica tambien que Niebuhr jugo un papel primordial en la constitucion de la reciente disciplina de las Relaciones Internacionales. (13)

"Los hijos de la luz" son los que creen poder domar los intereses puros por medio de una ley universal en armonia con el bien comun. Son los idealistas. "Los hijos de la oscuridad" son los escepticos, los cinicos que no conocen punto de satisfaccion mas alla de su voluntad y de su interes. A fin de escapar tanto a la ilusion idealista como a la doctrina amoral Niebuhr propone como tercera via recurrir a "la sabiduria de los hijos de la oscuridad, pero mantenerse libres de su malevolencia. Se debe conocer el poder del interes propio en la sociedad humana sin darle una justificacion moral". (14)

Esto le parecia verdadero tanto al interior del Estado como en la esfera de las relaciones internacionales. Adoptando como principio mediador entre el agape del individuo y el poder del grupo social la justicia relativa, Niebuhr estimaba que es imposible alcanzarla de manera plena, pero que en cambio el actor politico debe esforzarse por lograr una aproximacion a la aplicacion de ese principio, evaluando previamente al acto politico por sus consecuencias. (15)

5. El Niebuhr de la posguerra, el realista que publico cerca de 100 ensayos, aunque breves, sobre las relaciones internacionales estaba "constantemente preocupado por el calculo de las consecuencias, mas que por los metodos". Ese consecuencialismo pragmatico de Niebuhr estaba "generalmente basado en una aceptacion implicita del status quo", lo que permitio a los conservadores seguir su escuela.

El Niebuhr pragmatico "no mira hacia las doctrinas del pasado (por ejemplo, la del derecho natural), sino hacia posibilidades futuras; no vuelve los ojos hacia los precedentes sino mira hacia las consecuencias". (16)

Esta flexibilidad del consecuencialismo de Niebuhr proviene de dos factores: su empleo del metodo dialectico y su recurso a la historia como modo de investigacion empirica para evaluar de forma pragmatica las probables consecuencias de las acciones politicas.

El metodo dialectico, sobrevivencia de sus anos mar xistas, servia a Niebuhr para armonizar las dicotomias conceptuales extremas (idealismo versus cinismo, escepticismo versus empirismo, etica individual versus etica social) y los antagonismos facticos, oponiendoles una sintesis pragmatica inspirada en la situacion historica concreta y formulada por "calculo racional" de un equilibrio que seria por definicion fragil.

Este enfoque de dialectica pragmatica le permitia tambien llegar a conclusiones concretas cuando dos principios mediadores como, por ejemplo, justicia y libertad, entraban en conflicto. El problema de saber como combinar justicia y libertad en una situacion concreta no puede ser resuelto haciendo deducciones elegantes de ideales dados, sino solo de forma pragmatica, de caso en caso y punto por punto. (17)

Eso demuestra de manera clara su consecuencialismo de los actos (por oposicion al consecuencialismo de las normas), e implica que cada sintesis pragmatica es necesariamente imperfecta y fragil, que una cierta tension residual persiste entre tesis y antitesis. El resultado del proceso de analisis dialectico depende ampliamente del modo de valuacion empirica de los hechos y de las consecuencias de los actos.

Aqui interviene el segundo factor de la flexibilidad de su consecuencialismo: el recurso al estudio de la historia en detrimento especificamente de las Ciencias Sociales. Estas pueden ser consultadas en la perspectiva de las consecuencias, pero solo sobre un plano puramente instrumental en relacion con la historia. Porque contrario a la construccion de sistemas que prevalece en las Ciencias Sociales, el teologo proponia como alternativa las ciencias historicas que estan abiertas a la intrusion de datos empiricos. (18)

Niebuhr fue el consecuencialista mas conocido cuya influencia en el mundo anglosajon no puede ser comparada, sin embargo, por ejemplo, con la de Raymond Aron en Europa. Pero la elasticidad y la facilidad de su doctrina contribuyeron en buena parte a su exito.

6. Uno de sus discipulos, Kenneth W. Thompson, quien fue asistente y mas tarde colega de Hans Morgenthau en Chicago, se situaba en el plano etico mas cerca del consecuencialismo pragmatico de Niebuhr que del escepticismo de Morgenthau. Sin embargo, sus estudios no alcanzaron el nivel teorico de su maestro. Como Niebuhr, y entre otros, Morgenthau, Thompson distinguia de forma clara la etica individual de la etica politica y social. Para el, el dilema moral proviene de la diferencia entre el papel del hombre como tal y el papel del hombre como funcionario publico responsable. Ese fenomeno se amplificaria en el campo de las relaciones internacionales en razon de la difusion, con la democratizacion de la conducta del Estado, de los procesos de toma de decision entre multiples actores.

Pero, contrario a Morgenthau, Thompson no pensaba que si el estado de sociedad internacional esta en efecto detras de nosotros, la moral internacional lo estaria tambien. Segun el, ella solo habria cambiado de naturaleza. Thompson concebia la relatividad del principio moral, por una parte, en relacion con los principios concurrentes (por ejemplo la paz y la libertad) y, por otra parte, en relacion con situaciones empiricas que en nuestros dias podrian ser increiblemente complejas al grado que aun el cientifico o el hombre de Estado mas sabios no lograrian abarcarlas todas. (19)

El primer aspecto, el que "aparece porque toda politica o accion en las relaciones internacionales implica no solo la aplicacion de un solo principio moral, sino el ajuste de varios principios", (20) implicaria que ningun punto de referencia moral pueda ayudamos de antemano a determinar que objetivo debe ser perseguido en primer termino.

Implicaria de igual forma que no podemos subordinar todas las metas a un solo objetivo principal para siempre. No existe principio moral basico que pueda arbitrar, en una situacion dada, los conflictos inevitables entre varios principios de alcance intermedio. De alli se derivaria, segun Thompson, el que no se deba pretender buscar una "etica abstracta que resista la prueba del tiempo". (21)

Eso nos lleva automaticamente al segundo aspecto mencionado de la relatividad de los principios morales: la prueba del tiempo de un principio moral determinaria la manera como "los principios morales deben ser filtrados a traves de las circunstancias". Respecto a esto, hablaba de una etica situacionista que implica el equilibrio de los fines morales en relacion con las circunstancias practicas. (22)

Thompson atribuia al actor politico moral y al cientifico social la "vocacion del calculo politico que debe sopesar las consecuencias politicas de cada acto moral". Dicho de otro modo, la doble relatividad de los principios morales hace depender su aplicacion de un calculo prospectivo sobre las consecuencias probables del acto moral. El calculo a realizar no tiene nada del formalismo utilitarista puesto que esta basado en la experiencia historica.

Tanto para Niebuhr como para Thompson el analisis historico juega un gran papel. Para el ultimo, cuando trataba de abordar problematicas eticas contemporaneas, su busqueda de analogias y de precedentes historicos es caracteristico. (23)

Eso implica a la vez la subjetividad absoluta del juicio empirico sobre las consecuencias del acto moral y, por consiguiente, la valorizacion de juicios empiricos emitidos por los especialistas de las Relaciones Internacionales, porque solo ellos estarian en capacidad de tomar en consideracion, como debe ser, el conjunto de los hechos empiricos (historicos), susceptibles de influir en las consecuencias de cualquier acto. Sus investigaciones desembocan en "una evaluacion hecha a la luz de todos los hechos de lo que las naciones pueden hacer en las circunstancias actuales".

La etica de Thompson contiene, entre otros elementos, disposiciones elitistas para atribuir la competencia de formular juicios morales sobre las Relaciones Internacionales a una casta restringida de especialistas y de politicos. Por eso la existencia de una nueva disciplina de las Relaciones Internacionales es mas que justificada.

7. Otro teorico de la misma linea de pensamiento es Arnold Wolfers, de origen suizo, de la Universidad de Yale y amigo cercano de Reinhold Niebuhr. Sin embargo, en su ensayo "Statesmanship and Moral Choice", publicado en 1949 y retomado anos mas tarde en su celebre Discord and Collaboration, (24) Wolfers se oponia a la concepcion de la separacion entre etica individual y etica internacional y ello precisamente sobre la base de la epistemologia consecuencialista: estimaba que "la diferencia mayor no depende del grado de inmoralidad que prevalece en las dos esferas de accion humana, sino de las circunstancias en las cuales los hombres deben actuar". (25)

Puesto que el hombre individual seria llevado por su naturaleza a actuar moralmente en cualquier campo, solo las circunstancias de la accion moral cambiarian y la etica seguida siendo siempre individual. Las circunstancias de cada situacion empirica unica, determinaria el comportamiento moral en detrimento de los principios racionales.

El calculo consecuencialista de Wolfers residiria en que los hombres, hombres de Estado e individuos deben elegir moralmente entre las vias que les son ofrecidas, aquellas cuyas circunstancias prometen producir el menor grado de destruccion de valores o la maximizacion de estos ultimos. (26)

Esta maximizacion depende del metodo de evaluacion de las consecuencias y circunstancias de cada acto moral. Pero Arnold Wolfers deja al lector a su suerte cuando habla de determinar de que manera se debe practicar esta evaluacion. Mas inclinado hacia las Ciencias Sociales se acerca mas a la extrapolacion y al dato empirico que a la analogia historica.

8. Los paradigmas realistas analizados previamente han dominado, sin duda alguna, la disciplina de las Relaciones Internacionales, ejerciendo una verdadera hegemonia doctrinal. Durante el periodo cubierto por los autores que hemos ido mencionando, el escepticismo y el empirismo y subsidiariamente el utilitarismo ocuparon todo el terreno del debate etico en el estudio de las Relaciones Internacionales.

En buena medida, el Realismo fue considerado como la concepcion exclusiva. Sin embargo, hubo concepciones, vertientes y autores que las expresaron y cuestionaron dicha interpretacion e hicieron valer otro paradigma etico, oponiendose a veces de manera frontal a los fundamentos mismos del escepticismo y del empirismo. Nos referimos a la escuela del derecho natural y de la guerra justa.

Ubicar con precision esta reaccion no es facil en la medida que provino del exterior de la disciplina de las Relaciones Internacionales. Fueron primeramente los teologos que manifestaron su desaprobacion frente a los principales postulados realistas y sus implicaciones eticas. Los sostenedores de la teoria del derecho natural y de la guerra justa, cuestionaron de igual forma la hegemonia de los paradigmas realistas sobre la nueva ciencia de las Relaciones Internacionales, recusando su status de autonomia porque tenia evidentemente repercusiones normativas.

Sin embargo, es necesario de entrada consignar el hecho de que los autores angloamericanos que se asumian seguidores del paradigma del derecho natural fueron rapidamente marginados por lo menos entre 1939 y 1967. Su competencia en materia de teoria de Relaciones Internacionales, derivada normalmente de los unicos especialistas, fue puesta en duda. Ello tiene que ver inclusive con una situacion organizativa en la que el sistema departamental para las ciencias humanas impidio que se instaurase un dialogo real sobre la epistemologia entre disciplinas.

Los defensores de la ortodoxia realista ignoraban simplemente a esos intrusos venidos de otra parte. Esta actitud resulto en verdad ventajosa a la larga, puesto que todavia en nuestros dias la ignorancia de la doctrina del derecho natural y de la guerra justa es tan grande que un manual de teoria de las Relaciones Internacionales pudo en 1987 afirmar que
   no es sorprendente que en razon de sus preocupaciones
   relativas a los problemas de seguridad
   nacional, una gran parte del pensamiento contemporaneo
   sobre la guerra justa se haya efectuado
   entre los realistas.


Nos referimos al texto de Viotti y Kauppi. (27)

La prueba de que los eticos del derecho natural no se encontraban entre los realistas es facil de proporcionar. Basta dar cuenta de sus criticas sobre los paradigmas eticos realistas. Es obvio que la doctrina del Derecho Natural no esta en el eje del tema de la seguridad y el interes nacionales como lo quisieran hacer creer Viotti y Kauppi e inclusive ha dado lugar a una especie de pacifismo condicional, refutando de igual forma el utopismo/idealismo, para emplear la expresion del filosofo norteamericano John Rawls en su celebre texto sobre Teoria de la justicia.

Donald Brandon reivindicaba que "la busqueda sin escrupulos solo de los intereses nacionales es incompatible con el derecho natural" y anadia que
   si las Relaciones Internacionales como disciplina,
   estaban limitadas al estudio de la politica internacional,
   destinada a analizar y a describir el poderio,
   sus aplicaciones y sus formas, el que estudia
   los asuntos internacionales no estaria sino parcialmente
   formado para afrontar la realidad. (28)


Los que quisieran excluir la moral de los factores determinantes de la politica exterior parecen olvidar, en su intensa preocupacion frente al Estado y a su poder, que el Estado no es otra cosa que un dispositivo humano destinado a satisfacer las necesidades y a garantizar el bienestar del individuo. (29)

En cuanto a Paul Ramsey y John Courtney Murray, teologo protestante el primero y catolico el segundo, se revelaban contra los realistas y en particular los utilitaristas.

Ramsey lo hacia contra el pragmatismo creciente de los seguidores de Niebuhr, el rechazo del derecho natural y de axiomas intermedios en favor del utilitarismo y del proceso de decision. Y Murray llego a deplorar que la nueva moral fuese hacia un situacionismo en el que el caracter absoluto del principio etico tiende a perderse entre las contingencias de los hechos. La norma moral decisiva resulta del calculo de las consecuencias del acto mas que de la formulacion del precepto. "Mi principal dificultad estriba en que no se nunca lo que en su argumentacion deriva de los hechos y lo que deriva de las categorias eticas". (30)

Tanto Kenneth Thompson como Morgenthau tomaron posicion frente a la critica de Murray. Thompson alego que la pretendida ambiguedad no vendria del enfoque mismo sino de que su objeto seria en si mismo moralmente ambiguo. Y Hans Morgenthau se valia de la condicion de Murray como teologo para atacarlo y como buen esceptico declaro que es a priori imposible para un hombre politico ser a la vez un buen politico --conforme a las reglas de la conducta politica-- y un buen cristiano conforme a las exigencias de la etica cristiana. En la medida en que trata de ser lo uno debe cesar de ser lo otro y el teologo deberia ocuparse de etica y no de politica, puesto que lo uno excluye lo otro. (31)

Habiendose puesto asi en evidencia, la oposicion entre los paradigmas realista de un lado y el del derecho natural del otro, debemos analizar en que consiste exactamente esta posicion del derecho natural y de la guerra justa que Morgenthau asimilaba a la etica cristiana y Thompson a un sistema cerrado de abstracciones.

La etica del derecho natural

9. La doctrina del derecho natural se empena en trascender el derecho positivo existente en direccion de un orden moral que precede las convenciones humanas cambiantes y que constituiria la norma etica inmanente. Este orden preexistente es denominado desde los sofistas y Aristoteles "la naturaleza" (phisis). Se entiende, entonces, por naturaleza un conjunto ordenado, con sentido y creador de obligacion, que prefigura normativamente las modalidades de la accion y de la convivencia humana, que justifica toda ley en tanto le sea conforme y que la desacredita si la contraviene o se aparta de ella. Naturaleza "significa globalmente un orden jerarquico y finalizado (cosmos o creacion) en donde cada ser, segun su esencia, tiene su lugar determinado". (32)

Ahora bien: ?como puede el hombre comprender la organizacion finalizada de la naturaleza? La respuesta es: por la razon y subsidiariamente por la revelacion. Max Weber lo ha formulado de la siguiente manera:
   la medida material de lo que es legitimo segun el
   derecho natural es naturaleza y razon. Las dos, asi
   como las reglas deducibles a traves de ellas --es
   decir, las reglas generales de la accion y las normas
   universalmente validas-- son consideradas
   como convergentes; las cogniciones de la razon
   humana pasan por ser identicas con la naturaleza
   de las cosas. (33)


En otros terminos, las normas eticas corresponden a lo que es racional segun un orden normativo preexistente y eterno.

Realidad y razon coinciden exactamente en sus estructuras. De alli que las normas eticas existen "como hechos objetivos independientemente de la estructura de los sistemas de convenciones", asi lo que es racional es de igual forma bueno aun si las leyes o costumbres dictan otra conducta. Es esta independencia inamovible del derecho natural respecto a los sistemas normativos positivos cambiantes lo que constituye su fortaleza. (34)

El derecho natural procede a partir de principios primarios, inscritos en la razon humana, de los que el mas general es el bien comun. Normas mas o menos concretas, universalmente validas e inmediatamente aplicables a la accion se deducen de ella. Sin embargo, las normas eticas asi obtenidas, diferenciadas segun los diferentes campos de accion del hombre (etica politica, profesional, economica, de las relaciones internacionales) no dictan de que manera el individuo debe obrar en cada caso preciso, sino mas bien los limites morales que no debe traspasar. (35)

Historicamente, fue a menudo el derecho natural el que fundo y legitimo el nacimiento de ordenes juridicos en concordancia con la conciencia moral que ayudaba a formarse. El mejor ejemplo, en la optica de nuestro estudio, es el nacimiento del ius gentium, que debe casi todo a la doctrina del derecho natural y de la guerra justa.

La doctrina de la guerra justa es la aplicacion a las Relaciones Intemacionales de la etica social engendrada por la idea del derecho natural. Sus normas derivan de una etica de los limites, que estipulan las fronteras que no se deben sobrepasar en caso de conflicto entre entidades soberanas.

Segun Christian Mellon, la paternidad de esta doctrina no corresponderia necesariamente a San Agustin, como generalmente se ha afirmado, sino a Ciceron quien, en su obra De Republica, indicaria que "las unicas causas que pueden justificar una guerra son el respeto de las alianzas y la defensa contra una agresion --declarando--, que la paz debe ser el unico fin perseguido por la guerra". (36)

Si Ciceron estaba en efecto cercano a una etica de los limites de y durante la guerra, parece sin embargo que el espiritu del derecho natural encuentra su origen particularmente en las doctrinas de San Agustin y de Santo Tomas de Aquino.

San Agustin partia del principio, en La ciudad de Dios (De civitate Del), que existen tres grados de comunidad humana: la casa, el Estado y la comunidad mundial. Postular esta ultima comunidad implicaria que las unicas razones de un Estado para declarar la guerra a otro Estado deben ser las de imponer la paz o prevenir injusticia. Aunque no habia elaborado una teoria sofisticada del derecho de la guerra, enunciaba desde entonces varios limites a la declaracion de guerra: causa justa, intencion franca, competencia de la autoridad que la declare, proporcionalidad, ultimo recurso y la paz como finalidad. (37)

Es interesante hacer notar que este primer nucleo de la doctrina de la guerra justa, destinado a justificar la defensa militar de Roma ante los adeptos cristianos de la no violencia de esta ciudad, finca sus raices en parte en el Antiguo Testamento y que aun se puede hablar de esta doctrina como algo que deriva de una tradicion judeocristiana, a la que mas adelante se une el concepto islamico de Jihad para englobar a la guerra justa en un contexto religioso verdaderamente abrahamico, aunque con connotaciones diferentes. (38)

En los escritos de San Agustin solo se encuentran limitaciones a la declaracion de la guerra (ius ad bellum), todavia no las que limitan la utilizacion de la fuerza durante el conflicto al interior de una esfera permisiva bien definida (ius in bello), lo que ha impulsado a algunos autores recientes, como Robert Holmes, a ver en San Agustin al que desvio a la cristiandad de su ideal de no violencia de los primeros siglos y justifico todas las formas de matar durante la guerra, es decir, de involucrarse en una verdadera guerra total. (39)

A diferencia de San Agustin, Tomas de Aquino desarrolla su doctrina politica a partir del concepto aristotelico de societas perfecta y no parece referirse a una comunidad mundial en el sentido geografico del termino; en cambio el concepto de bien comun universal adquiere con el una gran importancia. Es en relacion con esta "medida" etica que se constituyen los principios primarios del hombre y que habrian de ser naturalmente cognoscibles (naturaliter nota) sea por la razon, sea por la revelacion, lo que se denomina "derechos fundantes". (40)

De esos principios primarios o fundantes tales como la justicia, se le deducen los principios secundarios y toda una serie de prescripciones particulares por la concretizacion y adaptacion a campos de accion especificos.

En el campo de las prescripciones limitativas o permisivas aplicadas a los conflictos internacionales, la filosofia tomista innovaba en la medida en que, de una parte, sistematizaba en un marco a la vez etico-teologico y juridico los elementos ya existentes de la guerra justa, en especial los criterios del jus ad bellum de San Agustin y en donde, por otra parte, introducia una distincion entre el criterio de la recta intencion para declarar la guerra y lo que es previsible como consecuencias durante la guerra (ius in bello).

Para el, una cierta proporcionalidad debe prevalecer entre la finalidad del conflicto contenida en la declaracion de guerra (la injusticia sufrida) y los medios puestos en obra para alcanzar este fin. Tomas de Aquino autorizaba desde entonces el hecho que personas inocentes y no combatientes sean muertos "por accidente" en el momento del combate, aun si eso era previsible pero no directamente intencionado.

Si evitamos entrar en detalles precisos de la doctrina tomista de la guerra justa, es porque las nociones de proporcionalidad y de intencion constituyen las problematicas teoricas decisivas para los autores contemporaneos del derecho natural y son discutidas en el contexto de sus teorias, las que se refieren a menudo a la de Santo Tomas de Aquino.

Lo que queda por mencionar tanto en San Agustin como en Santo Tomas es el hecho que sus doctrinas internacionales fueron, ante todo, de naturaleza etica y que las normas limitativas y permisivas enunciadas son normas morales objetivas y universales de la ley natural porque, a lo largo de los siglos, este aspecto etico ha desaparecido de manera progresiva, al menos en lo que respecta a la doctrina de la guerra justa, en beneficio de un positivismo juridico cada vez mas acentuado.

10. Francisco de Vitoria y Francisco Suarez son los autores en los que se percibe el deslizamiento de una teoria etica y religiosa de la permisividad de la guerra hacia los primeros elementos incipientes de un jus gentiun completamente secularizado y despojado de la normatividad de aquella.

Corresponde de manera singular a Francisco de Vitoria (1483-1546), dominico espanol, autor de las Relectiones Theologicae (De Indis recenter inventis: De Indis, sive de iure belli, pronunciadas en 1539 y publicadas en union con otras de manera postuma en 1557), el merito de haber tratado de forma amplia, con gran coherencia logica y con un profundo sentido de humanidad, no solo el problema de la legitimidad de la guerra, sino tambien la entera cuestion del derecho internacional, desenvolviendo conceptos de la mas amplia importancia. (41)

La ocasion para el tratamiento de estas cuestiones vino, como era natural, por las guerras que los conquistadores espanoles sostenian contra los indigenas del continente americano recien descubierto por los europeos. Pero ya antes de examinar las graves cuestiones que se derivaban del hecho de la conquista, Francisco de Vitoria habia indagado (Relectio de potestate civili) los fundamentos y los fines del Estado, encontrandolos en el derecho natural y senalando en consecuencia los limites de la potestad publica, asi como los de la obligatoriedad de las leyes humanas.

Vitoria extendio la indagacion de estas cuestiones a las relaciones entre los Estados. Con una claridad nunca alcanzada antes de el, afirmo que las relaciones interestatales deberian quedar reguladas por el derecho. Refiriendose a la famosa definicion de Gayo acerca del ius gentium (quod naturalis ratio inter omnes homines constituit), Vitoria introdujo una modificacion pequena pero muy significativa, sustituyendo homines por gentes.

Se deriva del contexto mismo de su discurso y de toda su doctrina su verdadera intencion. Al usar tambien la palabra nationes sostiene de manera explicita que existe un verdadero y propio vinculo juridico entre todos los Estados. Con esta apreciacion Vitoria anticipo precisamente lo que se suele llamar el advenimiento del moderno concepto del derecho internacional.

Es fundamental este concepto que se lee en la Relectio de potestate civili y desenvuelto despues en la Relectio de Indis y en la De Jure belli; el derecho de gentes no solo tiene vigor en virtud de un pacto o de una convencion, sino que tambien posee el valor propio de la ley, porque en cierto modo, el mundo todo constituye una sola republica a la cual, como es natural, corresponde, en consecuencia, la potestad de establecer leyes equitativas y convenientes para todos. Por lo tanto, no puede ser licito a un Estado singular el quererse eximir de la observacion del derecho de gentes, por la sencilla razon de que este emana de la autoridad de todo el mundo.

Al publicar De Indis y De jure belli en el siglo XVI, teniendo como telon de fondo, a la vez, la dislocacion de la cristiandad medieval en beneficio de un sistema moderno de Estados-naciones y la aparicion de nuevas tecnicas en las armas de fuego que introducian en el "arte" militar dimensiones desconocidas hasta entonces, Vitoria se distinguia de sus predecesores al estipular que la diferencia de religion entre dos Estados no deberia ser una causa de guerra justa puesto que es la ley natural, aplicandose de manera indistinta a todos los individuos de todas las creencias. Eso es lo que seria determinante y no la pertenencia a la Iglesia. (42)

Haciendo enraizar en definitiva la idea de proporcionalidad en el jus in bello, proponia que aquel principe que quiere declarar la guerra debera buscar primero el consejo de personalidades independientes, pero tambien aceptar de algunos ciudadanos el rechazo de participar en esta guerra cuyo fin les parece injusto. (43)

Para comprender el valor de la doctrina de Francisco de Vitoria, en contraste con otras concepciones, lo primero que hace falta es tomar en cuenta esa tesis tipicamente suya, segun la cual todos los pueblos, incluso los barbaros y paganos, deben ser considerados como gobiernos legitimos, es decir, como verdaderos Estados, de manera tal que no resulta licito a los Estados cristianos el privar a los pueblos infieles de sus gobiernos ni tampoco de sus territorios o de sus bienes, so pretexto de que son infieles mientras no sean culpables de otra especie de injuria o de antijuridicidad (De potestate civili y

De Indis recentur inventis, sect I, 19).

En otras palabras, la naturalis societas comprende todos los Estados del mundo, no obstante diferencias de religion. Ni el emperador es soberano de todo el mundo (totius orbis dominum), ni lo es tampoco el Papa, es decir, ni el Papa es tampoco soberano civil o temporal de todo el Universo, sino que solo tiene una potestad temporal en la medida en que ello resulta necesario para la administracion de las cosas espirituales.

Vitoria no excluye por completo la guerra en las relaciones con los pueblos barbaros: la admite si bien solo despues de que se hayan puesto esterilmente en practica todos los medios enderezados a establecer relaciones pacificas con ellos, es decir, sobre la base de los mismos supuestos que harian licita la guerra en el caso de cristianos. Unico fin legitimo de la guerra es, en general, la aseguracion de la paz (pax et securitas reipublicae) en el caso de que se haya recibido una injuria (injuria aecepta), que desde luego, debe ser grave, pues no seria licito promover una guerra contra una injuria de caracter leve. Licita es, en todo caso, la guerra defensiva a tenor del principio vim vi repellere licet.

Pero desde luego, no son motivos legitimos de guerra ni la diversidad de religiones, ni el deseo de ampliar el propio dominio, ni de conquistar gloria u otras ventajas particulares, porque quien gobierna el Estado debe valerse de su poder solo para promover el bien publico (De Indis, sive de iure belli Hispanorum in barbaros, I. 3, 10-14).

Asi se imponia la concepcion de un derecho natural verdaderamente universal aplicable a todos los individuos: el imperio del derecho natural en detrimento del de la Iglesia y de su autoridad moral iba perfilandose: la soberania de los Estados fue relativizada tanto en el exterior como en el interior.

11. El jesuita Francisco Suarez (1548-1617), gran teologo y filosofo, en su obra principal Tractatus de legibus ac Deo legislatore), discutio a profundidad entre otras cuestiones el concepto mismo de derecho internacional (ius gentium), sosteniendo que dicho concepto halla su fundamento en el derecho natural, aun cuando tambien tenga una propia existencia efectiva a causa de que los distintos pueblos y Estados en los cuales esta dividido el genero humano no son, en modo alguno, absolutamente suficientes a si mismos, sino que necesitan de mutua ayuda y deben, por consiguiente, relacionarse entre si constituyendo una cierta unidad quasi politicam et moralem.

Dicho derecho, el ius gentium, se distingue pues, segun Suarez, tanto del derecho natural como del derecho civil. Si bien esas tres ramas del derecho resulten conexas entre si, como ya habia sido reconocido por escritores antiguos.

Al problema de la guerra dedico Francisco Suarez una parte de otra obra muy importante, De triplici virtute theologali, publicacion postuma de 1621, en la cual pone tal problema en relacion con la virtud de la caridad. Esta virtud debe ser considerada en intima conexion con la de la justicia, de ello resulta que no cabe hacer una condenacion absoluta de la guerra para todos los casos, sino que debe quedar subordinada a condiciones de las cuales depende su licitud y su justificacion. Solo un soberano legitimo puede declarar la guerra, siempre que no exista una autoridad superior a quien recurrir para obtener justicia. (44)

Francisco Suarez anadia a las condiciones de la guerra justa la probabilidad de la victoria como principio de proporcionalidad del jus ad bellum, asi que por primera vez el bien comun de la humanidad (bonun comune genesis humani), como unica referencia ultima del derecho natural en detrimento de las directivas del papa o del emperador, con Suarez la pretension simultanea a la universalidad y a la objetividad del derecho natural parece haber sido alcanzada.

Los presupuestos antropologicos de la doctrina de la guerra justa fueron considerados como el minimo denominador comun de toda la humanidad, sin distincion religiosa o de otra indole y sin ser rediscutida en sus fundamentos. El derecho natural se fue fijando por completo dentro de un formalismo cada vez mas juridico de las condiciones de una guerra justa, hasta llegar casi a olvidar sus origenes metafisicos y eticos. La teoria se convirtio de manera progresiva en un catalogo formal de criterios que permitian determinar la licitud o ilicitud de la guerra. (45)

12. Podemos mencionar un hecho interesante. Giorgio del Vecchio, el gran iusfilosofo italiano, desmiente la erronea opinion muy difundida, segun la cual seria el holandes Hugo Grocio, mediante su obra titulada De jure belli acpacis (1625), el fundador del derecho internacional. Bastaria recordar --agrega-- uno de sus mas inmediatos predecesores, el italiano Alberico Gentili, quien en su tratado De jure belli (1588-1589) desarrollo la misma materia con criterios juridicos mas rigurosos que los de Grocio.

Es muy cierto, sin embargo, que Grocio trato de dar a su obra una base filosofica,
   aunque sin mucha originalidad, invocando conceptos
   aristotelicos y formulas ciceronianas, en tanto
   que, para la parte concerniente al derecho, se valio
   de los escritos de Gentili y de otros autores. (46)


Merece ser observado que ya en el ano 1360, Giovanni de Legnano, profesor en Bolonia, habia escrito una monografia sobre la guerra (De Bello). Disertaciones sobre el mismo asunto, siempre con anterioridad a Grocio, brotaron de manera sucesiva, Pietro Belli da Alba (De re militari et bello, 1563), Balthazar Ayala (De jure et officiis bellicis et disciplina militari, 1582), y todavia mas importantes Francisco de Vitoria y Francisco Suarez, a cuyas doctrinas ya nos referimos. (47)

Desde luego que Grocio contribuyo en De jure belli ac pacis a la formalizacion del derecho de la guerra, en particular, en relacion con las condiciones de lo que iba a convertirse posteriormente en la "competencia de guerra" (jus ad bellum) y a la "moderacion" en la prosecucion de la guerra (jus in belli). Grocio, al igual que sus predecesores, se ubicaba en el marco estrecho del derecho de la guerra, concebido como una disciplina autonoma, sin pretender influir en un derecho de gentes en realidad todavia inexistente.

Sin embargo, una de las razones de la gran fortuna de la obra de Grocio fue haber dejado de manera deliberada a un lado las arduas cuestiones teologicas sobre las que hubiera sido muy dificil, por motivos de ambiente, obtener el consentimiento de todos, para circunscribirse en exclusiva a algunas verdades de razon, enunciadas ya por la filosofia clasica, como la sociabilidad natural del hombre y el principio de obligatoriedad de los pactos. Estas premisas teoricas, afirmadas en el comienzo de su obra, no fueron despues desenvueltas en el curso de la misma.

Por lo que concierne al derecho de la guerra, que es el objeto principal de su obra --tomando en cuenta como hemos visto las magistrales lecciones de Vitoria, los escritos de Suarez y los de otros teologos juristas espanoles e italianos--, como las ideas de Grocio pueden resumirse de esta forma. Causas justas de guerra son, a su juicio, la defensa, la recuperacion de aquello que nos es debido y el castigo de injusticias.

(13.) Los sucesores de Gentili, Vitoria, Suarez, Vazquez de Menchaca y Grocio, entre otros, principalmente, iban a abrevar en esta reserva inestimable del derecho de la guerra para llegar a constituir sobre una base puramente secular y sin recurrir de manera explicita a una normatividad etica, el derecho internacional moderno y, sobre todo, el derecho humanitario.

La obra del aleman Samuel Puffendorf, De iure naturae et gentium (1627), por ejemplo, muy celebrada en su tiempo, casi como la de Grocio, es apreciable por su ordenada exposicion de las materias y por ofrecer otras elaboradas cuestiones, como lo concerniente a los derechos innatos. La doctrina de Puffendorf se aleja en varios puntos de la de Grocio, a causa de cierto influjo ejercido por Hobbes.

Sin embargo, Puffendorf tampoco ha esclarecido a cabalidad los conceptos de naturaleza y de derecho natural y no ha observado en forma debida la distincion entre derecho y moral, mientras que concede excesiva importancia a los usos, en contraste con los principios deducidos de la razon, por cuanto concierne al derecho internacional.

Otro ilustre jurista holandes, C. Van Bynkershoek, se ocupo del derecho de guerra en el primer libro de sus Questiones iuris publici (1737), con una cierta originalidad, manifestando querer anteponer en el derecho internacional la autoridad de la razon no solo a la de los escritores, sino tambien a la del derecho romano. (48)

Sin embargo, en vano se buscaria en su obra un sistema de derecho internacional, ya que el puso sus miras en la practica de la epoca en que vivia y en los intereses de su pais natal, por lo que concierne a las cuestiones relativas a la guerra maritima, pero no deja de enriquecer el panorama de los estudios juridicos internacionales que llevan de los juristas clasicos mencionados a la era actual, construyendo solidas bases para el aggiornamento, o puesta al dia, del enfoque idealista de las Relaciones Internacionales, que es el objetivo central de este ensayo.

14. Despues de la Primera Guerra Mundial y por la escala de sus excesos, se desarrollo de nuevo un timido interes por la doctrina de la guerra justa. Hubo que esperar el fin de la segunda conflagracion mundial, el descubrimiento del holocausto judio y los bombardeos atomicos en Japon para que fuera redescubierta a plenitud la dimension etica de la doctrina.

Despues de la Segunda Guerra Mundial una serie de autores teologos siguieron el ejemplo del jesuita John Ford y volvieron a colocar en su lugar de honor la nocion de derecho natural. Eran en su gran mayoria catolicos y activos en las grandes universidades catolicas de los Estados Unidos, pero de igual forma habia protestantes como Paul Ramsey, uno de los mas energicos defensores del paradigma idealista. Eso ilustra una cierta unidad cristiana alrededor de las nociones de derecho natural y de guerra justa que Grocio habia ya paradigmaticamente encarnado en el siglo xvI, como lo hemos visto.

Del lado catolico, un estilo de alentar la reintroduccion de la etica del derecho natural en el estudio de las Relaciones Internacionales provino indiscutiblemente del papado. Pio XII, consciente primero del advenimiento de la era de la "guerra total" y de la transformacion del armamento provocado por la invencion y la utilizacion por los norteamericanos de la bomba atomica, incorporo algo novedoso y necesario.

Desde 1944 planteo una nueva limitacion en las condiciones de la guerra justa: la condena moral de toda forma de guerra de agresion, aun aquellas autorizadas hasta entonces por la doctrina para obtener reparacion de una ofensa (ad vindicandes offensiones) o para reapropiarse de una cosa subutilizada (ad repetendas res).

Solo la guerra defensiva para rechazar una agresion armada (ad repellendam iniuriam) era autorizada. Sin embargo, Pio XII no excluia del todo la licitud de la guerra atomica, bacteriologica y quimica, en casos muy particulares de defensa. (49)

Juan XXIII, en su famosa enciclica Pacem in Terris (1963), dio un paso mas al aplicar la idea del derecho natural no solo a los limites negativos de la guerra, sino reflexionando en las condiciones positivas que debian cumplirse para construir una verdadera paz: justicia, libertad, confianza, respeto a los derechos y ante todo formacion de una verdadera comunidad mundial, concepto clave desarrollado a partir del "bien comun universal" medieval y mas cercano en el tiempo del deseo de Pio XII de recurrir de manera mas frecuente a las organizaciones internacionales para resolver el conflicto entre las naciones.

El Concilio Vaticano II dio lugar en 1965 a la constitucion pastoral Gaudium et spes cuyo capitulo v fortalecia la tendencia de la Iglesia Catolica a ampliar su ensenanza en materia de relaciones internacionales, sobrepasando el marco estrecho de la doctrina de la guerra justa y poniendo el acento en tareas positivas tales como la solidaridad internacional, la eliminacion de las injusticias, el desarrollo economico de los pueblos o el reforzamiento de las instituciones internacionales. De forma paralela, el documento precisa que la introduccion de un "armamento cientifico, nos obliga a reconsiderar la guerra con un espiritu completamente nuevo". (50)

En la tradicion de la doctrina de la guerra justa la Gaudium et spes anuncia el caracter ilicito de una estrategia nuclear contra los centros de poblacion civil, aun defensiva, fundandose en los principios de proporcionalidad en el ius in bello y de discriminacion entre combatientes y no combatientes en caso de ataques directos. Por otra parte, introduce la distincion primordial entre la posesion del arma atomica (la disuasion nuclear) y su utilizacion (guerra nuclear), como situaciones de naturaleza moralmente diferente.

(14.) Veamos ahora de que manera se constituyo en el ambito doctrinario ese paradigma etico sustentado en la teoria del derecho natural del que ya hemos mencionado su resistencia radical a los paradigmas realistas, y veamos en que terminos conceptuales se efectuo el redescubrimiento de la etica internacional del derecho natural, en particular a mediados de los anos cincuenta del siglo XX.

Era comprensible por que los especialistas de la disciplina de las Relaciones Internacionales se mostraban reticentes a adoptar el derecho natural. Ello se debia al hecho de que a menudo lo concebian como de naturaleza mistica. El derecho natural no es un concepto religioso, funciona tambien en una atmosfera no religiosa. Requiere, sin embargo, que la accion este basada en algo mas profundo que meramente el empirismo y el pragmatismo superficiales.

La concepcion tomista de la etica, de inspiracion aristotelica, estipula que las normas generales reconocidas deben ser adaptadas a las diferentes situaciones politicas, culturales, historicas, etc., lo que implica en particular el recurso a la etica social ademas de la etica individual.

La enciclica Pacem in Terris ya habia sugerido utilizar el concepto de "comunidad mundial" como referencia clave para una etica social de las Relaciones Internacionales.

Es evidente que tal perspectiva teorica contrastaba considerablemente con las nociones realistas de voluntad de poder de los Estados o de interes nacional y sus implicaciones eticas, porque destacaba los vinculos mas profundos, mas alla de las divergencias ideologicas entre entidades estatales por su naturaleza y su pertenencia a una misma categoria de organizacion humana.

15. John Courtney Murray deploraba el abismo que separa en las teorias corrientes la etica individual (la del hombre de Estado) de la etica social (la de la comunidad mundial), lo que representaba una critica indirecta del elemento decisionista del Realismo.

Segun Murray, es menester pugnar por acercar las dos esferas, es decir, reconsiderar "la naturaleza de la etica misma, los determinantes de la accion moral (sea individual o colectiva), la estructura del acto moral y el estilo general del argumento moral". (51)

La etica del derecho natural incluye a la sociedad y al Estado como instituciones deseadas por la naturaleza del hombre con sus propias finalidades autonomas calcadas sobre los principios fundantes que son la justicia, la libertad, la seguridad, el bienestar y la paz.

Murray era de la opinion de que en la edad nuclear esas finalidades del Estado solo podian realizarse por medio de la institucion igualmente "natural" que es la comunidad internacional. El interes nacional hoy en dia debe estar vinculado a este logro internacional (la comunidad) que es, en tanto que valor politico, mas elevado y absoluto que aquel.

16. El enfoque tomista fue determinante en el enfoque de Donald Brandon sobre la etica de las Relaciones Internacionales. Segun el, la aplicacion del concepto de bien comun universal a las nuevas condiciones de la modernidad plantearia nuevos problemas. En 1962, escribia:
   en el mundo moderno, el crecimiento de los
   medios de comunicacion, la interdependencia economica
   y los intercambios intelectuales han acentuado
   la percepcion de una comunidad mundial.
   La idea de un bien comun de la sociedad de naciones
   y la obligacion sentida de establecer instituciones
   internacionales y de favorecer practicas nacionales
   para garantizarlas, provienen de esta unidad
   y de esta interdependencia de la humanidad. (52)


Con esta mencion y la profundizacion de esta "teoria de la interdependencia" y la critica abierta a "la filosofia realista actualmente de moda", Brandon subraya sobre todo el hecho que lo que distinguiria la concepcion de la prudencia en la etica del derecho natural de su uso por los realistas, "es el factor de las finalidades lo que el juicio practico deberia buscar". Esos fines son el orden, la paz y la justicia en la comunidad internacional y no un uso trivial del concepto de interes nacional. Las naciones deberian subordinar sus intereses egoistas al interes predominante de la familia humana. (53)

Esos primeros balbuceos para reanudar relaciones con la teoria etica del derecho natural oponiendola con firmeza a los paradigmas realistas y adaptandola a las nuevas condiciones de la vida internacional, conocieron un primer logro con la publicacion de la obra de Alfred de Soras Morale internationale. (54) Este estudio tuvo un gran impacto en el mundo academico incluso anglosajon.

Este autor concibe la etica de las Relaciones Internacionales como una rama de la etica general que debe "formular sus imperativos con referencia a valores esenciales". Profesa que "un imperativo no es susceptible de ser engendrado por los meros elementos proporcionados por la observacion positiva y cientifica de las situaciones y de los hechos". Senala, pues, su rechazo a la vez a los fundamentos del empirismo, del finalismo y desde luego tajantemente del escepticismo, poniendo el acento en la primacia de las normas morales invariables, aprehensibles por la via de la razon o de la revelacion, alrededor de las cuales la vida internacional, como la vida en general, debe obligatoria y libremente ordenarse.

Alrededor de ese nucleo de principios inmutables y universales gravitan asertos historicos condicionados por la prudencia. Dichos asertos presentan desde el punto de vista logico, un caracter hibrido. Contienen efectivamente de manera indisociable una doble referencia simultanea: la referencia a los valores absolutos e invariables que deben incorporarse en el tiempo y la referencia a las coyunturas contingentes y variables de la historia en donde los valores se materializan.

Para este teologo, el primero de los valores absolutos en relacion con la esfera internacional seria la afirmacion doctrinal siguiente: "en virtud de una vocacion natural, es decir, de una obligacion inscrita en la naturaleza misma del hombre, el genero humano debe tender a constituirse en una verdadera familia". (55)

Este valor implicaria los valores eticos siguientes: obligacion de formar una verdadera comunidad interestatal y reconocimiento del bien comun universal de la humanidad como el mas alto valor politico.

En su praxeologia estos principios se convirtieron en
   practicos: obligacion de imaginar y construir una
   organizacion internacional de Estados, renuncia a
   los nacionalismos, fidelidad a los tratados internacionales,
   rechazo a oprimir a las minorias nacionales
   y sobreponerse a todo egoismo economico. (56)


Se puede aqui medir con la facilidad la distancia que la separaba del Realismo y entender a cabalidad por que la corriente liberal moderna esta identificada con la corriente historica del Idealismo.

Sin embargo, sobre la cuestion central de toda etica del derecho natural, la de la guerra justa en la edad nuclear, el autor es ambiguo y hasta contradictorio. Admitiendo que "los metodos de guerra" utilizables eventualmente en el combate han cambiado de naturaleza al cambiar de medida", adopta una vision imprecisa:
   el uso de medios ABC seria, en si, moralmente tolerable,
   en ciertos casos de legitima defensa. Sin
   embargo, dadas las consecuencias terribles de un
   bombardeo atomico, la injusticia en otro modo
   inevitable, contra la que dichos medios de defensa
   fuesen utilizados, deberia ser una injusticia de tal
   magnitud que equivaliese a destruir las bases mismas
   del orden internacional. (57)


17. Aunque todas poseen una base doctrinal comun, las teorias referidas a la etica del derecho natural poseen divergencias notorias sobre el problema clave de la permisividad de la guerra nuclear.

Una primera corriente que pudo imponerse estuvo representada por Paul Ramsey y por John Courtnay Murray y William O'Brien. Consideraban que una guerra nuclear limitada no seria, en ciertos casos, incompatible con la doctrina de la guerra justa. No seda obsoleta y seguida en vigor aun despues de los cambios cualitativos acontecidos en la conduccion de la guerra moderna.

Se puso el acento en el hecho de que si, en la era nuclear, todas las guerras de agresion --aun justas (ad vindicandes offensiones o ad repetendas res)-- caian en adelante bajo la proscripcion moral absoluta en razon de la ausencia de proporcionalidad entre la finalidad de la guerra y los medios inconmensurables empleados, el asunto seria diferente en el caso de una guerra defensiva contra una agresion injusta: la fuerza es siempre la ultima ratio en los asuntos humanos y su utilizacion en circunstancias extremas puede ser moralmente obligatoria ad repellendam injuriam. "Los hechos muestran que hoy esta ultima ratio toma la forma de la fuerza nuclear". (58)

Ahora bien, el empleo ilimitado de la bomba atomica seda, aun en este caso de pura defensa, moralmente ilicito. Solo una guerra nuclear limitada estaria en condiciones de corresponder a las exigencias formales de la doctrina de la guerra justa. Murria, tanto como O'Brien, estaba en un principio bastante evasivo sobre las modalidades precisas de la limitacion, limitandose a indicar que "el principio de limitacion comprende las exigencias de defensa legitima contra una injusticia". (59)

No podemos dejar de considerar que estas reflexiones sobre una guerra nuclear limitada dejo de tener relevancia con el posterior desarrollo de armas nucleares por varias naciones y por el desarrollo impresionante de la capacidad destructiva de las mismas, lo que planteo el dilema de la estrategia de la "destruccion mutua asegurada" y nulifico la posibilidad de una politica disuasiva, la unica razonable en tal contexto.

El clima que genero ese hecho se conoce como el "balance del terror", lo que paralizo las iniciativas politicas, permitiendo paradojicamente la continuacion de la carrera y la espiral armamentistas. (60) Como Murray estuvo consciente de esa situacion, la que previo, la tarea primordial seria construir "modelos" de guerra nuclear limitados compatibles con la doctrina.

Ramsey prosigue con lo que el estimaba era la doctrina original de la guerra justa, la de San Agustin. Segun el, dos elementos mayores de su teoria habian sido modificados de manera progresiva: de un voluntarismo fundado en el concepto de caridad, se habia desviado hacia un racionalismo orientado hacia la "justicia", y la proteccion de los no combatientes en el jus in bello, primordial en San Agustin, no habia adquirido mas tarde sino un lugar totalmente secundario. Los dos aspectos estan relacionados en Ramsey. En caso de violencia inevitable, la caridad engendraria dos principios fundantes que servirian ante todo para proteger a los inocentes: discriminacion y proporcionalidad. (61)

La distincion entre combatientes y no combatientes se habia convertido en algo imposible en razon de los efectos nefastos, para ambas categorias, del empleo de armas nucleares. Para Ramsey, sin embargo, solo era menester saber que habia no combatientes para conocer la diferencia moral fundamental entre una guerra limitada y una guerra total.

Si los limites maximos de una guerra nuclear limitada son formulados por los principios de discriminacion y de proporcionalidad, resta saber como concebia Ramsey una disuasion nuclear moral, es decir, la preparacion a las condiciones del jus in bello. Contrario a otros pensadores que veian en "un mundo de la disuasion absoluta" el logro final de la doctrina de la guerra justa, ya que "el uso abierto de la fuerza seria proscrito de la historia", para Ramsey existian "contradicciones casi irremediables entre la disuasion y la defensa efectiva".

?De que manera se puede garantizar una disuasion nuclear creible y al mismo tiempo limitar en el plano moral estrictamente su alcance en caso de no haber llenado su cometido y llegase a estallar el conflicto? Para Ramsey la respuesta reside en la distincion entre represalias nucleares contra ciudades y represalias en contra de las fuerzas armadas. Mientras que las primeras encierran la intencion directa de destruir poblaciones civiles, lo que seria contrario a los principios de discriminacion y proporcionalidad, las segundas le parecen poseer la ventaja de no apuntar, de forma directa, a los no combatientes, aunque estos sean inevitablemente afectados por las radiaciones y otras consecuencias involuntarias. (62)

Eso equivaldria a justificar moralmente la posesion e incluso el empleo, eventualmente, primero de armas nucleares tacticas hacia objetivos tacticos para contrarrestar una agresion injusta. Ademas esta estrategia garantizaria con suficiencia --segun Ramsey-- "danos civiles colaterales" para ser creibles y llenar su funcion de disuasion frente al ataque potencial. Al mismo tiempo, requeriria el deber moral de proteger a su propia poblacion contra ataques nucleares de un enemigo potencial, como la construccion de refugios antiatomicos, entre otras acciones. Las conclusiones aleanzadas por este autor fueron seguidas por varios distinguidos especialistas. (63)

Si bien Ramsey, Murray y O'Brien representaban el eje paradigmatico central del derecho natural de la posguerra, sin embargo, como es natural en temas tan controvertidos y discutibles, enfrentaron la oposicion de tendencias minoritarias provenientes de no teologos que cuestionaban de manera seria la posibilidad de "hacer de la guerra justa algo moralmente alcanzable" en el contexto del armamento atomico.

La obstinacion de forzar una concepcion etica a adaptarse, muy a su pesar, a una realidad nueva cuya naturaleza misma es inconmensurable, les parecia desmesurado.

18. Por tal razon, el enfoque de la guerra nuclear limitada se defendia en dos frentes. El primero fue el de la version "pacifista nuclear" de la doctrina de la guerra justa. Considerando escandalosa la extrapolacion de la teoria sobre el terreno del conflicto atomico, los "pacifistas nucleares" se sublevaban contra esta "moral del refugio antiatomico" y juzgaban, apoyandose en los fundamentos mismos de la doctrina de la guerra justa, que el concepto de guerra justa resulta un anacronismo, cuando se habla de fuerzas nucleares.

En otras palabras, desde el cambio cualitativo acontecido en Hiroshima, se hizo patente que un ataque nuclear, aunque fuese puramente defensivo, no podria corresponder a los criterios de la doctrina y seria eo ipso inmoral. ?Fue justo o erroneo incinerar 60 mil no combatientes hombres, mujeres y ninos en Hiroshima? (64)

En el mismo tenor, Robert Palter critica a Ramsey por sus posiciones y elabora una posicion de pacifismo nuclear a partir de la etica del derecho natural. Puesto que objetivos militares importantes, fabricas de armamentos, bases navales o silos de cohetes se encuentran proximos a vastos centros de poblacion, la utilizacion de bombas nucleares contra ellos es siempre indeseable. Solo tienen un uso y es la destruccion indiscriminada a gran escala. Palter afirma que Ramsey no habia previsto para nada que su sistema de control hacia objetivos civiles en el jus in bello no tendria ningun efecto sobre los decisores politicos una vez que se desencadenaran las hostilidades. (65)

Varios autores, entre ellos naturalmente Ramsey y Murray, se opusieron a la tendencia a declarar toda guerra nuclear como inmoral, fundandose en las normas mismas de la etica de la guerra justa. Elizabeth Anscombe, filosofa de origen ingles, en su ensayo War and Murder, clasico del genero, refuta las tesis de los "pacifistas nucleares" que destacan la imposible distincion entre masacre intencionada y no intencionada, apoyandose en la ensenanza original de la Iglesia Catolica sobre el principio del doble efecto. (66)

19. Durante este periodo y facilmente hasta 1968, fue Richard Falk, el gran especialista en derecho internacional, quien represento la fuerza del debate de los pacifistas nucleares.

El punto de partida de Falk fue el mismo que el punto de llegada del pacifismo nuclear. Las premisas limitativas fundamentales de los modelos tradicionales de justificacion de la fuerza aparecen obsoletos en las condiciones actuales. Mas que llegar a la conclusion de la imposibilidad de enunciar los limites a la guerra moderna, Falk busco una nueva via que puede resumirse asi: es menester tratar de transformar de manera progresiva el jus ad bello en unjus contra bellum.

Por eso propone reconectar la etica del derecho natural recientemente redescubierta --algo de lo que el reclama haber tomado la iniciativa-- con el derecho internacional positivo, con el fin de hacer eficaces a los dos. Las normas del derecho natural proveerian la justificacion a las normas del derecho internacional publico, mientras que estas procurarian a aquellas una cierta legitimidad.

En el campo mas especifico de los conflictos, el formalismo juridico elaborado en los siglos anteriores y apartandose de la dimension etica, podria asi ser de una gran utilidad para limitar, luego proscribir, la fuerza del ambito de las relaciones internacionales. De esa manera, Richard Falk retorna contacto con un derecho de la guerra que guardaria, como fue el caso de Grocio, toda su dimension etica. (67)

En la medida en que sus proposiciones no eran dirigidas contra nadie en particular, fueron bien acogidas tanto por los teoricos del eje central del paradigma como por los pacifistas nucleares. Hay que recordar que las diversas corrientes interpretativas de la etica del derecho natural estan constituidas en relacion con la problematica especifica de la guerra nuclear defensiva y limitada. Sobre todo el resto de la doctrina no senala ninguna divergencia teorica significativa.

A pesar del numero aparentemente reducido de los estudios sobre el tema, es esta relativa cohesion del paradigma del derecho natural, como unica oposicion a los paradigmas realistas, lo que hace su fuerza. Ademas de que se anade una fuerte creencia metafisica comun a todos los autores, condensada en una breve formula: "se puede actuar contra las exigencias de su propia naturaleza; pero haciendolo, no puede evitarse ser inconsistente". (68) A pesar de las diferencias encontraremos esta cohesion alrededor de una conviccion intima comun y quiza con mas vigor en los anos posteriores a estas polemicas.

La prueba es que en circunstancias muy diversamente dramaticas por las que ha transcurrido el mundo despues de los bombardeos atomicos contra Japon y en coyunturas terribles, nunca mas se ha pensado con seriedad en el uso de tales armas, por la gravedad de la iniciativa, los desproporcionados efectos que produciria y la irracionalidad de la idea misma de guerra nuclear limitada.

20. Vamos a cerrar hasta aqui nuestras reflexiones sobre el Idealismo en las Relaciones Internacionales, habiendo resaltado el papel determinante que han jugado en este apasionante e inacabado debate, como lo hemos ido resenando, los teologos, los filosofos y los iusinternacionalistas, contribuyentes determinantes en el flujo creativo de ideas y reflexiones que estan en la base de la creacion de la disciplina de las Relaciones Internacionales y de su intensa y apasionante teorizacion.

Nos queremos comprometer, como lo dijimos al inicio de nuestro ensayo, a vincular el tema hoy presentado con lo que se conoce en nuestro momento como el debate entre liberalismo y realismo, sus supuestos epistemologicos y la apertura y continuacion del mismo hacia la polemica Neoliberalismo versus Neorrealismo.

(1) Vease Hector Cuadra, "Etica y politica internacional" en Relaciones Internacionales, num. 87, FCPyS-UNAM, septiembre-diciembre 2001, pp. 11-28.

(2) Vease, por ejemplo, Kenneth W. Thompson, "Niebuhr as Thinker and Doer" en The Legacy of Reinhold Niebuhr, The University of Chicago Press, 1975.

(3) Vease Jeremy Bentham, "Principles of International Law" en The Works of Jeremy Bentham, vol. 1, Simpkin, Marshall & Co., 1843, p. 538, citado segun la reproduccion parcial del texto en Arnold Wolfers y Lawrence W. Martin (eds.), The Anglo-American Tradition in Foreign Affairs, Yale University Press, 1956, p. 181. Sobre B entham, vease tambien David Baumbart, Bentham and the Ethics of Today, Princeton University Press, 1952, 584 pp.

(4) John Stuart Mill, "The Contest of America" en Dissertations and Discussions: Political, Philosophical and Historical, vol. 1, Boston, 1864, citado segun la reproduccion parcial del texto en Arnold Wolfers y Lawrence W. Martin (eds.), op. cit., pp. 207-209.

(5) Vease Michael Joseph Smith, Realist Thought from Weber to Kissinger, Louisiana State University Press, Baton Rouge, 1986, p. 132.

(6) Vease Kenneth W. Thompson, op. cit.

(7) Vease Harold Landon (ed.), Reinhold Niebuhr: A Prophetic Voice in Our Time, The Seabury Press, Greenwich, 1962, p. 108.

(8) Ibidem, p. 122.

(9) Idem.

(10) Vease Reinhold Niebuhr, "Christianizing International Relations" en William G. Chrystal (ed.), Young Reinhold Niebuhr. His Early Writings, 1911-1931, The Pilgrim Press, Nueva York, 1977, p. 202.

(11) Vease Reinhold Niebuhr, Moral Man and Immoral Society. A Study in Ethics and Politics, Nueva York, 1932; y Hector Cuadra, "Las Ciencias Sociales ti'ente al siglo XXI, nuevas agendas de investigacion y docencia: las Relaciones Internacionales" en Revista Mexicana de Ciencias Politicas y Sociales, num. 181, FCPyS-UNAM, enero-abril 2001, p. 101.

(12) Vease Reinhold Niebuhr, Christianity and Power Politics, Ch. Scribner's Sons, Nueva York, 1940.

(13) Vease Reinhold Niebuhr, The Children of Light and the Children of Darkness. A Vindication Democracy and a Critique of its Traditional Defense, Ch. Scfibner's Sons, Nueva York, 1944.

(14) Ibidem, p. 41.

(15) Ibidem, p. 150.

(16) Vease Roger L. Shinn, "Realism, Radicalism and Eschatology in Reinhold Niebuhr: A Reassessment" en The Legacy of Reinhold Niebuhr, op. cit., p. 91.

(17) Vease Lee C. MacDonald, The Contribution of Reinhold Niebuhr to Political Theory, M. A. Thesis, UCLA, 1949, p. 47.

(18) Vease Kenneth W. Thompson, op. cit., p. 105.

(19) Vease Kenneth W. Thompson, "Ethical Aspects of the Nuclear Dilemma" en John C. Bennet (ed.), Nuclear Weapons and the Conflict of Conscience, Nueva York, 1962; y Kenneth. W. Thompson, Christian Ethics and the Dilemma of Foreign Policy, Duke University Press, 1959, pp. 99-203.

(20) Vease Kenneth W. Thompson, "Moral Choices in Foreign Affairs" en Worldview, vol. 1, num. 9, septiembre 1958, p. 4.

(21) Vease Kenneth W. Thompson, Ethics and National Purpose, Council on Religion and International Affairs, Nueva York, 1967, p. 17.

(22) Vease Cathal J. Nolan (ed.) Ethics and Statecraft. The Moral Dimension of International Affairs, Praeger, Londres, 1995, 235 pp. Este libro aborda en esa optica grandes decisiones de la politica internacional en la segunda mitad del siglo xx.

(23) Vease Kenneth W. Thompson, "American Approaches to Moral Choice" en Worldwiew, vol. t, num. 10, octubre 1958, p. 4.

(24) Vease Arnold Wolfers, Discord and Collaboration. Essays on International Politics, The Johns Hopkins Press, 1962, 283 pp.

(25) Vease Arnold Wolfers, "Statesmanship and Moral Choice" en World Politics, num. 2, enero 1949, p. 177.

(26) Ibidem, pp. 179-180.

(27) Nos referimos a International Relations Theory. Realista, Pluralism. Globalism, Macmillan, Nueva York, 1987, 523 pp.

(28) Vease Donald Brandon, "Neither Utopian Nor Realist" en Worldview, vol. v, num. 6, junio 1962, p. 4. El titulo indica que la Escuela del Derecho Natural se distanciaba al menos hasta 1967, tanto de los utopicos/idealistas como de los realistas.

(29) Vease Percy E. Corbett, Morals, Law and Power in International Relations, The John and Dora Randolph Haynes Foundation, 1956, pp. 5-6.

(30) Vease Paul Ramsey, "Right and Wrong Calculation" en Worldview, vol. II, num. 12, diciembre 1959, p. 6; y John Courtney Murray, "Morality and Foreign Policy" en Worldview, vol. m, num. 5, mayo 1960, pp. 3-5.

(31) A proposito de la continuidad de la doctrina de San Agustin en nuestros dias, vease Robert Regout, La Doctrine de la Guerre Juste de Saint Augustin a nos jours, d'apres les theologiens et canonistes catholiques, Pedone, Paris, 1935, p. 303.

(32) Vease A. M. Goichon (ed.), Lexique de la langue philosophique, Paris, 1938; y Eduardo Garcia Maynez, Doctrina aristotelica de la justicia, Instituto de Investigaciones Filosoficas-UNAM, 1973.

(31) A proposito de la continuidad de la doctrina de San Agustin en nuestros dias, vease Robert Regout, La Doctrine de la Guerre Juste de Saint Augustin a nos jours, d'apres les theologiens et canonistes catholiques, Pedone, Paris, 1935, p. 303.

(32) Vease A. M. Goichon (ed.), Lexique de la langue philosophique, Paris, 1938; y Eduardo Garcia Maynez, Doctrina aristotelica de la justicia, Instituto de Investigaciones Filosoficas-UNAM, 1973.

(33) Vease Max Weber, Economia y sociedad, Fondo de Cultura Economica, 3a ed., Mexico, 1974.

(34) Vease Ronald Dworkin, Taking Rights Seriously, Harvard University Press, Cambridge, 1977.

(35) Vease Santo Tomas de Aquino, Summa Theologica, 2a ed., p. 40.

(36) Vease Christian Mellon, Chretiens devant la guerre et la paix, Du Centurion, Paris, 1984.

(37) Vease San Agustin, La ciudad de Dios, introduccion de Francisco Montes de Oca, Porrua, col. Sepan cuantos, num. 59, 16a ed., Mexico, 2002.

(38) Susana Beatriz Liberti Gepesky, Islam y democracia, tesis doctoral, Division de Estudios de Posgrado, FCPyS-UNAM, Mexico, 1995.

(39) Robert L. Holmes, On War and Morality, Princeton University Press, 1988, pp. 127-144; Vease tambien Giorgio del Vecchio, El derecho internacional y el problema de la paz, Bosch, Barcelona, 151 pp.

(40) Hector Cuadra, "Los derechos politicos como derechos humanos en su dimension internacional" en Miguel Concha (ed.), Los derechos politicos como derechos humanos, CEIICH-UNAM/La Jornada, 1993.

(41) Vease H. Wright, Catholic Founders of Modern International Law, Philadelphia, 1934, 98 pp.

(42) Esta tesis de Vitoria parecio subversiva, ya que constituia una condena implicita de la politica expansionista y --misionera-- que Espana llevaba a cabo en la America indigena.

(43) Parece que leemos una de las primeras formulaciones sobre la objecion de conciencia.

(44) Vease Luis Perena, Teoria de la guerra en Francisco Suarez, Madrid, 1954.

(45) Vease Catherine Guicherd, L'Eglise Catholique et la politique de defense au debut des annees 1980. Etude comparative des documents pastoraux des eveques francais, allemands et americains sur la guerre et la paix, PUF, Paris, 1988.

(46) Vease Giorgio del Vecchio, op. cit., p. 87.

(47) Ibidem, p. 88.

(48) Ibidem, pp. 117-118.

(49) Vease Catherine Guicherd, op. cit., pp. 41-42.

(50) Ibidem, p. 45.

(51) Vease John Courtney Murray, "Morality and Foreign Policy" en Worldview, vol. 3, num. 5, mayo 1960, p. 5.

(52) Vease Donald Brandon, "Neither Utopian nor Realist", op. cit.

(53) Ibidem, p. 6.

(54) Vease Alfred de Soras, Morale internationale, Librairie A. Fayard, Paris, 1961.

(55) Ibidem, p. 15.

(56) Ibidem, pp. 43-66.

(57) Vease John Courtnay Murray, op. cit., p. 8.

(58) Ibidem, p. 6.

(59) Ibidem, p. 7. Vease tambien William V. O'Brien, "The Moral Problems of Force" en Worldview, vol. 3, num. 12, diciembre 1960, en especial p. 6.

(60) Vease Diether Senghaas, Armamento y militarismo, Siglo xx, 1974, 328 pp.

(61) Vease Paul Ramsey, War and the Christian Conscience. How Shall Modern War be Conducted Justly?, Duke University Press, pp. 34-39.

(62) Vease Paul Ramsey, "Turn Toward Just War" en Worldview, vol. 5, nums. 7-8, julio-agosto 1962, p. 9.

(63) Vease James W. Douglas, "The Morality of Thermonuclear Deterrence" en Wordview, vol. 7, num. 10, octubre 1964. Ademas, Joseph Mc Kenna, "Ethics and War: A Catholic View" en American Political Science Review, vol. LIV, septiembre 1960, pp. 647-658.

(64) Vease Theodoro Roszak, "A Just War. Analysis of Two Types of Deterrence" en Ethics, vol. LXXIII, num. 2, enero 1963, p. 104. Ademas J. George Lawler, Nuclear War: The Ethic, the Rhetoric, the Reality. A Catholic Assessment, Newman Press, Westminster, 1965.

(65) Vease Robert M. Palter, "The Ethics of Extermination" en Ethics, vol. LXXIV, num. 3, abril 1964, pp. 212-213.

(66) Vease Elizabeth Anscombe, "War and Murder" en Walter Stein (ed.), Nuclear Weapons. A Catholic Response, 1961.

(67) Vease Richard A. Falk, Law, Morality and War in the Contemporary World, VA Praeger, Nueva York, 1963, pp. 60-71. Vease, del mismo autor, "International Jufisdiction: Horizontal and Vertical Conceptions of Legal Order" en Temple Law Quarterly, vol. 23, num. 3, primavera 1959, pp. 295-320.

(68) Vease Germain Grisez, "Moral Objectivity and the Cold War" en Ethics, vol. LXX, num. 4, julio 1960, p. 304.

Hector Cuadra, Doctor en Ciencias Politicas por la Universidad de Paris. Profesor-investigador del Centro de Relaciones Internacionales de la FCPyS-UNAM, y del Programa de Posgrado en Relaciones Internacionales de la misma Facultad. Academico numerario del Departamento de Estudios Internacionales de la Universidad Iberoamericana. Miembro de la Academia Mexicana de Ciencias e investigador nacional.
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Author:Cuadra, Hector
Publication:Relaciones Internacionales
Date:Sep 1, 2003
Words:14346
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