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El gemido lunar de las cosas.

Vilches Norat, Vanessa. Espacios de color cerrado. San Juan: Ediciones Callejon, 2012. Pp. 120. ISBN: 978-1-881748-95-3.

?Que representa escribir hoy en Puerto Rico? Apenas hay revistas, librerias y secciones de libros en los periodicos. Apenas hay periodicos. Hay quien cree que apenas hay lectores. Editoriales hay en nuestra isla, empresas pequenas y tenaces, no menos obstinadas que los escritores y escritoras que insisten en inventar y publicar. En un pais como el nuestro, hacer literatura se convierte en un acto de resistencia cultural. Cada libro debe celebrarse, pues, como una victoria sobre la indiferencia, la barbarie del mercado y la estupidez. Asi, pues, debe celebrarse el libro Espacios de color cerrado, de la puertorriquena Vanessa Vilches Norat.

El libro que ha publicado Ediciones Callejon esta compuesto por once relatos distintos en tono y extension, pero todos hilados, de algun modo, por el motivo de la angustia. Son once, los cuentos de Espacios de color cerrado: una pareja conspira contra si misma; un artista lidia con su ansiedad por la autorepresentacion; una mujer pierde su memoria en el trance de rescatar a otro del olvido; un hombre entretiene su insomnio; unos padres viven cercando el aislamiento de un hijo; una viajera civilizada descubre la maravilla de la bestia; un pintor exhibe sus tribulaciones secretas; una mujer escapa del efecto devastador de la rutina; una recien jubilada llega tarde al reencuentro con el padre de su hija; una pareja joven visita a duo a una pareja anciana; se cuenta del tormento que trae domar una naturaleza desatada. Es gente que sufre el deseo del que no pueden escapar, todas victimas y, muchas veces artifices, de cierto descontrol, de cierto exceso.

Hace poco descubri que el once es numero ominoso. Ese que sobra, irrumpe en la perfeccion del diez; ese que falta, perturba la perfeccion del doce; desbarata la pareja y se revela, a su vez, siames de la unidad, 11, un par impuro: uno y uno, que suman dos, en incierto balance. De ahi la connotacion de descontrol, de exceso y, por lo tanto, de deformidad. Dos son compania, uno mas es multitud; uno menos, mutilacion. Algo hay que es perturbador, anormal; segun el Diccionario de simbolos de Cirlot, el once es signo de: "Transicion, exceso, peligro. Numero del conflicto y del martirio.... tiene un caracter infernal por exponer desmesura ..." (Cirlot, 337). El once, es "numero de la imperfeccion, de la infraccion y del pecado," es simbolo de confusion y el desconcierto (Banzhof, 119). La autora me confiesa no haberse dado cuenta de que, por casualidad, ha colocado once cuentos en cada uno de sus libros, que, a pesar de ella, ya se adivinan siameses, como los personajes de uno de los mejores cuentos de su coleccion anterior, Crimenes domesticos (Santiago de Chile: Cuarto Propio, 2007). Asi, pues, vuelve Vilches Norat (sin proponerselo, sin advertirlo) a la nocion del delito, del crimen, del pecado. Una gran culpa los asola a todos (escritora incluida), pero, de cierta forma, una gran culpa los acoge tambien a todos en este libro.

Para acercarme a Espacios de color cerrado trate de imitar--a ultima hora, eso si, y en mucho menor medida--a la escritora real, que, para escribir uno de sus cuentos, "La casa de la memoria," visito los lugares a los que viaja la narradora de su historia, Clarisa, que, a su vez, investiga una figura historica, Francisco de Goenaga. Fue solo un gesto, muy breve, que no reproduce la puntillosa investigacion que antecedio a la redaccion del cuento central de Espacios de color cerrado. Pues es ese, "La casa de la memoria," segun me cuenta la autora, el origen y centro de todo el libro. Asi pues, yo tambien "fui al lugar" y rebusque un rato por la internet algunas de las referencias que sospeche veridicas, como habra hecho ella: los nombres de Petrus Gonzalves, Arlina Hamm, Walter Freeman y el mismo Francisco Goenaga, protagonista de "La casa de la memoria." Quede presa de la fascinacion por los datos, el interes de sus anecdotas y la imagen de un tiempo y un pais que, en cierta forma, continuan, pero ya no estan alli donde dice la foto, ni el relato.

Y es que para su libro, Vanessa Vilches Norat tomo una ruta distinta al de sus propias obsesiones personales, fantasmas familiares, angustias privadisimas que se formulaban como ficciones autonomas en Crimenes domesticos. Tomo esta vez una ruta recorrida diariamente en su labor universitaria, la de la rigurosa investigacion documental, algo que podria parecer alejada de la artista, pero que, sin duda, la hizo regresar a sus angustias personales, en cada uno de los relatos, como sucede cada vez que escribimos en supuesta libertad creadora. No podemos escapar de nosotras mismas, la redencion del arte tambien es ilusoria, como la felicidad.

Por lo menos cuatro de los once cuentos de la coleccion coquetean con la historia del pais y la rodean como gato mimoso para asentarse finalmente en la mas pura ficcion y alli clavar sus afiladas unas.

Lo anormal es, precisamente, una de las obsesiones de este libro. Como me ha dicho ella misma, le seducen los escritos de Foucault, Los anormales, La historia de la locura, y le interesa, sobre todo, explorar esas ideas. Al hablar del asunto, cierta demencia divina se asoma en su gesto, como si recordara haberse dado con una idea de esas que no caben en la cabeza: ?como se piensa? ?como se olvida y se recuerda? ?que es, exactamente, la creacion? ?quien soy? Vayamos a la escritura, aunque la reconozcamos deforme y peregrina, tambien ella, es anormal.

Una amiga le ha regalado el personaje de su cuento central, ese Francisco de Goenaga que, ademas, es una de esas figuras injustamente olvidadas de nuestra historia reciente. ?No es el olvido historico tambien una deformidad? No para Vanessa, seguramente, que concibe la escritura como un imposible, como una tarea que se reconoce incompleta y--?por que no?--infinita. La compara a la busqueda de la felicidad, segun la explica otro de sus favoritos, Sigmund Freud. Escribe sobre una mujer que conoce la imposibilidad de su escritura, e insiste en ello. La mujer, a su vez, pretende reivindicar a un hombre que vive la vana ilusion de que la escritura, verdaderamente, puede, en efecto, revelar la verdad y rectificar los errores. El resultado es la puesta en escena de un vocerio desesperado.

Hay otra memoria que se recupera fragmentariamente aqui: la de los observadores, y en ocasiones, protectores, de la naturaleza humana que pretenden, en los albores del siglo XX, definir y controlar lo que perciben aun como salvaje. Sospecho que el encuentro de estos "hombres de ciencia" no es solo con nuestros temibles y tiernos monstruos (los enfermos mentales que intenta vanamente amparar el doctor Goenaga, el salvaje velludo que descubre la corresponsal de guerra, los tragicamente benevolos medicos que ensayan la lobotomia) sino con la barbarica violencia que sostiene las mismas pretensiones del Control.

En el discurso literario, por otro lado, se erige la memoria ficticia--no por eso menos verdadera--de un pais que entonces creia que podia ser. Pareceria como si con los relatos se quisiera asomar a esas partes de la historia moderna, ocultas por el olvido, como una verguenza o una culpa. Puerto Rico esta, entonces, aqui tambien--en la memoria remota y reconstruida del momento que aun no eramos. El futuro, sin embargo, mas misterioso aun, es una fuga--un marido que huye, una desmemoriada que escapa, una mancha en el papel.

Escritura, familia, memoria, son palabras que se repiten en los escritos de Vanessa; "el gemido lunar de las cosas" del que habla Alejandra Pizarnik en el poema del que proviene el titulo Espacios de color cerrado, se representa en estos relatos: el dolor ante la belleza, la asfixiante habitacion del amor, la ansiedad de la representacion, la devastacion del olvido y la vulnerabilidad de la memoria. Aqui el poema de Pizarnik, "Memoria":
   Arpa de silencio /donde anida el miedo. / Gemido lunar de las cosas
   significando ausencia. / Espacio de color cerrado. /Alguien golpea
   y arma / un ataud para la hora, / otro ataud para la luz.


Vanessa, a golpes ha armado, lo que la memoria de Pizarnik: un ataud para la hora y otro ataud para la luz. Afuera en esa luz, fuera de mi, distante, al otro lado del espejo, puede estar la ocasion del escarnio o la oportunidad de la representacion, y mas alla, la culpa por haber vestido la mascara, el simulacro de un orden que funciona, a pesar de nosotras. La escritura es un espacio, una huida, un rescate de la memoria que es como decir la vida, una victoria mas, no digo yo sobre la precaria boberia en que vivimos, sino, porque no, sobre nuestra propia mortalidad.

Sofia Irene Cardona

Universidad de Puerto Rico, Rio Piedras
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Title Annotation:Espacios de color cerrado, Vanessa Vilches Norat
Author:Cardona, Sofia Irene
Publication:Confluencia: Revista Hispanica de Cultura y Literatura
Article Type:Resena de libro
Date:Mar 22, 2014
Words:1572
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