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El declive del Estado moderno y la metamorfosis del Ius Publicum Ecclesiasticum.

Resumen: En este articulo se indaga acerca de la incidencia que el declive del Estado moderno tiene sobre la metamorfosis del Ius Publicum Ecclesiasticum Externum: una disciplina nacida con el surgimiento, a fines de la Edad Media, de una peculiar forma de organizacion politica que llamamos, precisamente, Estado moderno. Se analiza el proceso de nacimiento y desarrollo del Estado, fundado principalmente sobre el concepto de soberania. La Iglesia hizo frente a este fenomeno mediante el desarrollo del Ius Publicum Ecclesiasticum Externum. La actual decadencia del Estado se estima consecuencia, entre otros factores, de la globalizacion y del fin del concepto de soberania. Estas circunstancias propician la metamorfosis del Ius Publicum, que tiende a adoptar una vision universalista orientada hacia la tutela de los derechos humanos y hacia la consideracion de la Iglesia como Pueblo de Dios, abriendo mayores espacios a la accion de los laicos en la animacion de cristiana del orden temporal.

Palabras clave: Ius Publicum Ecclesiasticum, Estado moderno, Soberania, libertas Ecdesiae, tura nativa Ecdesiae, Derechos humanos, Libertad religiosa.

Abstract: This paper explores the impact of the decline of the modern state on the transformation of the Ius Publicum Ecclesiasticum Externum, a discipline that emerged alongside the rise in the late Middle Ages of a particular form of political organization known as the modern state. It analyzes the process by which the modern state emerged and developed, based primarily on the concept of sovereignty. The Church addressed this phenomenon through the development of the ius Publicum Ecclesiasticum Externum. Amongst other factors, globalization and the eclipse of the concept of sovereignty are expected to lead to the decline of the modern state. These circumstances favor the transformation of the Ius Publicum, which tends to offer a universal vision that favors the protection of human rights and views the Church as a People of Cod, opening a greater space in which laypeople may foster the Christian spirit in the temporal order.

Keywords: Ius Publicum Ecclesiasticum, Modern State, Sovereignty, libertas Ecdesiae, iura nativa Ecdesiae, Human Rights, Religious Freedom.

The Decline of the Modern State and the Transformation of the Ius Publicum Ecclesiasticum

1. INTRODUCCION

En un importante trabajo sobre la monarquia papal en la primera edad moderna, un gran historiador italiano recientemente desaparecido, Paolo Prodi, escribia: <<la conciencia de la crisis del Estado moderno tambien en sus ultimas encarnaciones y el desarrollo del interes por la recuperacion de un discurso de autonomia de la esfera de lo social, ya no desde un punto de vista retrospectivo y medieval, lleva a nuevas perspectivas: superada la Edad de la Contrarreforma, estamos tambien saliendo del eon del Estado moderno como expresion del individualismo politico y del monopolio de la fuerza y del ordenamiento juridico>> (1).

Estas consideraciones fueron escritas como conclusion de una mesurada y documentadisima investigacion sobre el papel del Papado en la construccion del sistema europeo de Estados en el momento del hundimiento de la Respublica Christiana medieval y sobre el paradigma constituido por el Estado pontificio para los Estados modernos. Son consideraciones que se prestan bien a introducir las reflexiones que se quieren proponer, dirigidas a indagar, aunque sea a traves de retazos y fragmentos, la incidencia que la decadencia del Estado moderno presente ante nuestros ojos viene a tener sobre la metamorfosis del Ius Publicum Ecclesiasticum Externum: una disciplina nacida justamente con el surgimiento, a fines de la Edad Media, de una peculiar forma de organizacion politica que llamamos, precisamente, Estado moderno, muy diferente si se lo compara con la pluralidad de formas que habian asumido antes las instituciones politicas.

En efecto, el problema de las relaciones entre la Iglesia y el poder politico es una cuestion de siempre: lo han conocido bien la Edad Antigua y la Edad Media (2); no obstante, dicho problema asumio formas peculiares con la modernidad. El Derecho canonico siempre se ha visto afectado por la cuestion, pero unicamente en la Edad Moderna, ante el ascenso de la forma-Estado, ha sido objeto de una reflexion especifica, dando precisamente vida a ese sector del saber que es el Ius Publicum. Por tanto, es legitimo plantearse el problema: ?el ocaso del Estado moderno esta destinado a senalar tambien el ocaso del Ius Publicum?; ?o, al menos, a provocar incisivas metamorfosis?

Que las metamorfosis se estan produciendo, aunque no siempre de forma claramente perceptible, lo indica un dato formal pero incontrovertible: el Ius Publicum continua subsistiendo como sector del Derecho canonico, tanto desde el punto de vista normativo como doctrinal, pero sin embargo la denominacion tradicional casi ha desaparecido, sin que haya sido sustituida por otra generalmente aceptada por los cultivadores de la disciplina (3). Personalmente, en el volumen que en cierto modo retoma y reasume toda una vida de investigacion sobre el asunto, he preferido recurrir, para el titulo, a una metafora de ascendencia agustiniana: La citta sul monte (4). Una metafora sugerente, pero que a su vez ha exigido una precision descriptiva, esto es, que se trataba de una <<contribucion a una teoria canonistica de las relaciones entre la Iglesia y la Comunidad politica>>.

La lectura comun a proposito de la desaparicion de la denominacion misma de Ius Publicum, asi como como de la transformacion de sus contenidos, se remonta a los efectos del Concilio Vaticano II: piensese unicamente en la critica de la categoria antigua, constitutiva de toda la concepcion iuspublicistica canonica, de la Iglesia como societas iuridice perfecta, en las obras de la canonistica posconciliar (5). Una lectura comprensible y que sustancialmente se puede compartir, tambien si los estudiosos de esta materia se valen de una operacion, hasta cierto punto puramente transformista, por la que sustituyen la calificacion de la Iglesia como societas perfecta con la calificacion del ordenamiento canonico como ordenamiento juridico primario, originario, soberano (6).

Mas, ?es cierto verdaderamente que las metamorfosis o incluso el preconizado fin del Ius Publicum provengan exclusivamente de fuerzas endogenas, internas a la realidad eclesial?; ?no es posible que sean (tambien) el fruto de la decadencia y del venir a menos de su contraparte, el mismo Estado moderno, con cuyo surgimiento y ascenso ha nacido tal disciplina, casi como contrapunto?

Sobre estos interrogantes queremos desarrollar algunas consideraciones.

2. EL ASCENSO DEL ESTADO MODERNO ...

Hablar de Estado, o de Estado moderno, significa hacer referencia a una forma de organizacion de la comunidad politica del todo peculiar, que no tiene precedentes historicos y que probablemente no tendra un futuro identico a las experiencias que ahora quedan atras. Dicho de otro modo, la historia humana, en sus diversos momentos y en sus diferentes culturas, ha conocido una multiplicidad de formas organizativas de la comunidad politica; una de ellas, relativa a un periodo historico determinado y a una realidad geopolitica concreta, es eso que llamamos Estado. El periodo historico es el que parte de los siglos XTV-XV, por mas que algunos elementos se puedan encontrar ya en la especulacion politica y juridica medieval (7); la realidad politica es la europea, donde la idea de Estado se alimenta de presupuestos que se pueden encontrar en la cultura cristiana de los europeos, aunque tambien se trata de una idea y de una experiencia que se encuentra fuera del viejo continente, en las areas civilizadas del mundo.

Como se ha afirmado, el elemento central de la diferenciacion del Estado moderno respecto a otras formas de organizacion de la comunidad politica consiste <<en la progresiva centralizacion del poder segun una instancia muy amplia, que termina por comprender el entero ambito de las relaciones politicas>>. Mas precisamente, <<de este proceso, fundado a su vez sobre la concomitante afirmacion del principio de la territorialidad de las obligaciones politicas y sobre la progresiva adquisicion de la impersonalidad del orden politico, a traves de la evolucion del concepto de officium, brotan los trazos esenciales de una nueva forma de organizacion politica>> (8).

Se trata, naturalmente, de un proceso que se desarrolla en el devenir de la historia, en el interior del cual pueden distinguirse fases diversas que senalan progresivamente un nacimiento y un ascenso hasta la completitud (plenitud) de la configuracion institucional. En cuanto aqui interesa, y con referencia al plano politico-juridico, se deben anotar algunos trazos esenciales de la organizacion que se institucionaliza.

En primer lugar, la soberania, idea segun la cual no existe otra autoridad ni otra ley por encima de lo que supra est: la idea, propia del Medievo, de una sociedad fuertemente jerarquizada en la que ninguna autoridad esta desvinculada de una autoridad superior--tambien el Pontifice es Vicarius de Cristo, y como tal tiene poderes delegados y por ello limitados--es barrida del mapa. De la sobreposicion de la autoridad eclesiastica a la civil, al fin, no queda rastro (9).

En segundo lugar, la progresiva eliminacion de la pluralidad de las fuentes del derecho, que habria caracterizado a la Edad Media, con la progresiva afirmacion del monopolio de la fuerza legitima, reflejo de la concentracion del poder. El derecho se reduce poco a poco a las leyes, cuya produccion es a su vez reservada al Estado (10). Al termino de esta evolucion, en el apogeo del Estado liberal decimononico, el derecho canonico ha quedado fuera del ordenamiento juridico estatal; incluso se pone en duda su propia juridicidad, al no ser un producto del legislador estatal (11).

En tercer lugar, la afirmacion cada vez mas neta y rigurosa del principio de territorialidad como ambito de expansion del poder politico, pero tambien como limite de demarcacion de la eficacia del derecho positivo. Como consecuencia, todo ordenamiento juridico esta cerrado territorialmente, pero es tambien autorreferencial. De aqui que el derecho secular y el canonico no son ya fuentes normativas que encarnan un unico ordenamiento: el utrumque ius de la Respublica Cristiana; sino dos ordenamientos juridicos externos el uno al otro, esto es, extranos entre si.

Finalmente, la sujecion a la autoridad del Estado de las diversas formaciones sociales que expresaban la relacionalidad propia del hombre en una red compleja y articulada; una sujecion que llega bajo la Revolucion francesa, con la ley Le Chapelier de 1791, a su supresion. Una desconfianza que no desaparecera ni siquiera con el Estado liberal, el cual solo de forma abstracta se hace paladin de las libertades, entre ellas la de asociacion. La Iglesia, que se sustancia en una pluralidad de formaciones sociales, y en ciertos aspectos es una de las formaciones sociales que encarnan la sociedad civil, se ve plenamente afectada.

Es ambiguo, por tanto, el devenir del Estado moderno en sus relaciones con el fenomeno religioso y, senaladamente, con la Iglesia.

Por un lado, en efecto, se verifica la ruptura de la continuidad en el paso de los Estados confesionales catolicos de los siglos XVII-XVIII a los Estados laicos (pero mas a menudo laicistas), separadores, secularizados, de los siglos XIX-XX. Pero, por otra parte, se da una singular continuidad en la politica y en la legislacion estatal en materia eclesiastica, caracterizada por un robusto y penetrante jurisdiccionalismo: tanto el confesional de las monarquias del anden regime como el aconfesional y laico de los Estados liberales. Porque, contrariamente a cualquier afirmacion formal de separatismo y de laicidad, se mantiene una experiencia sustancialmente jurisdiccionalista. Una ambiguedad que, para nosotros los italianos, subyace sutilmente a la famosa formula del separatismo liberal del conde de Cavour, el gran artifice de la unidad de Italia, que hablaba de <<Iglesia libre en el Estado libre>> y no, como el programa en favor de la separacion habria presupuesto, de <<Iglesia libre y Estado libre>> (12).

En fin, como se ha dicho eficazmente a nivel historico, <<la modernidad nace de la dialectica y de la osmosis entre dos polos--en dialectica o dualismo--que encuentran su fundamento de modo diverso en el proceso de confesionalizacion. Iglesias y Estados estan ligados en la vida y en la muerte en este proceso comun>> (13).

Como se comprende, han intervenido diversos factores para que se le planteara a la Iglesia, despues de los tranquilizadores equilibrios nacidos de la medieval lucha de las investiduras, problemas bien determinados de defensa y de oposicion.

3 ...Y EL NACIMIENTO DEL IPEE

El Ius Publicum Ecclesiasticum, lo sabemos, nace de aqui. Estudios muy cualificados, y que se remontan en el tiempo, han puesto en evidencia razones, tiempos, modalidades (14).

En sustancia, ante un Estado moderno que pretendia someter a la Iglesia a su propia soberania, esta reacciona recolocandose--en su dimension juridico-institucional -fuera de la esfera juridica estatal, tiende a emanciparse del jurisdiccionalismo confesional y mas tarde del laico--ideologicamente opuestos, pero con el mismo abrazo sofocante--, recolocandose en una posicion juridica no ya de superioridad, pero si de paridad. Una posicion que se hace posible en la naciente sociedad internacional, por definicion paritaria y no jerarquica, en la que los sujetos no estan sometidos a la disciplina de un legislador superior, sino que esta basada en el reconocimiento reciproco y en la comun voluntad de dictarse normas a si mismos a traves de la actividad convencional.

Las proposiciones contenidas en la enciclica Immortelle Dei de Leon XIII (1885) que, partiendo del axioma segun el cual societates sunt uti fines se unen a la afirmacion de una Iglesia como societas in proprio ordine maxima, del mismo modo que lo es el Estado en su orden, el secular, no son mas que el punto de llegada de una evolucion comenzada en la edad de la Contrarreforma utilizando formulas ya elaboradas por la canonistica clasica, como aquella de la Ecclesia reipublicae comparatur, para llegar a afirmar con Roberto Belarmino que la Iglesia es <<una comunidad de hombres tan visibles y palpables como la comunidad del pueblo romano, del reino de Francia o de la republica de Venecia>> (15).

Por tanto, respecto a las pretensiones jurisdiccionalistas de los Estados, razones de defensa de la libertas Ecclesiae y razones apologeticas, conjuntamente, habian favorecido la asimilacion analogica de la figura juridica de la Iglesia a la del Estado: de algun modo la Iglesia se presenta, segun el viejo estilo del Ius publicum ecclesiasticum externum, como una entidad parangonable con los Estados.

Son exigencias externas a la institucion eclesiastica las que imponen semejante reajuste, que lleva a reconducir--habria que decir a <<reducir>>--completamente la problematica de las relaciones con la autoridad politica al interior de la perspectiva internacionalista. Partiendo del axioma de las societates uti fines, el magisterio y la doctrina canonistica continuaron haciendo hincapie en que la Iglesia es superior al Estado, puesto que lo espiritual es superior a lo temporal; sin embargo, aceptaron que en el plano juridico, en el internacional, ambas instituciones estan en una posicion de paridad (16). Mas el derecho canonico no viene asi determinado exclusivamente por sus relaciones ad extra; tal como he intentado aclarar en otra ocasion, todo el derecho canonico acaba por estar condicionado por las peculiares presentaciones fijadas por la nueva disciplina del Ius Publicum: tambien la codificacion de 1917 (y en parte incluso la de 1983) es fruto de dichas presentaciones (17).

Desde este punto de vista la actividad concordataria (18), que se desarrolla de manera progresiva justamente en el paradigma internacionalista, se sostiene en el ordenamiento canonico interno por la reivindicacion de los iura nativa Ecclesiae, una reivindicacion repetida en diversos ambitos de las competencias eclesiasticas que, si se vuelve a mirar con sensibilidad comparatista cuanto ocurre en las relaciones entre ordenamientos juridicos estatales, no puede dejar de sorprender, en la medida en la que establece obligaciones juridicas--en general abstenciones--, frente a sujetos externos y extranos al ordenamiento canonico, como son los Estados. Es evidente que la ratio de las disposiciones en que dicha reivindicacion se contiene se entiende en funcion de la singularidad que marcan las relaciones entre Iglesia y Estado respecto a las relaciones entre Estado y Estado: en estos ultimos, de hecho, se distinguen netamente pueblo, territorio y soberania, mientras en el caso de las relaciones entre Iglesia y Estado se verifica la existencia de dos soberanias sobre el mismo pueblo (al menos potencialmente) y sobre el mismo territorio.

Para las consideraciones que estamos desarrollando queda la singularidad de las formulaciones normativas, detras de las cuales existe toda una vivencia historica en la cual dichos iura Ecclesiae han sido repetidamente amenazados o incluso lesionados por los poderes politicos.

4. UNA FORMA DE ORGANIZACION DE LA COMUNIDAD POLITICA EN DECADENCIA

Que la forma de organizacion de la comunidad politica que llamamos Estado moderno esta en declive es un fenomeno visible para todos. Tambien de aquellos que no quieren mirar y que, en este Occidente de los inicios del nuevo siglo y del nuevo milenio, se baten pateticamente por una <<recuperacion de la soberania de sus Estados>> (el asi llamado <<soberanismo>>, como se dice con un feo neologismo (19)).

La decadencia de la forma-Estado se debe a diversas razones, pero en particular a dos: una de caracter factual, la otra ideologica.

La primera viene dada por el fenomeno, hoy bien conocido, de la globalizacion: un fenomeno de multiples caras, de las cuales la preeminente y en ciertos aspectos absorbente es la economica. La globalizacion de los procesos, de las relaciones, de los intereses abaten progresivamente las fronteras: ningun Estado es ya una isla ni puede aislarse del resto del mundo, aunque lo quisiera (20). La transnacionalidad de los fenomenos escapa al control de los Estados y, por consiguiente, a su reglamentacion juridica. La cerrazon y la autosuficiencia de los ordenamientos juridicos estatales, con sus inderogables limites de orden publico, es un recuerdo del pasado; derechos pertenecientes a familias juridicas diversas se sobreponen y se confunden; renace un ius mercatorum (21), por tanto no de origen estatal, mientras las jurisdicciones estatales son marginadas por el progresivo recurso a la jurisdiccion privada, arbitral.

Con un cierto estupor estamos llegando a conocer fenomenos impensables hasta hace poco tiempo, como la ultraterritorialidad de las leyes y de las jurisdicciones, con aquel otro, conectado con el anterior, del crecimiento de las jurisdicciones concurrentes (22).

En suma: la globalizacion abate los confines tradicionales, sustituyendolos por fronteras diversas, mercantiles o religiosas. Pero la eliminacion de la dimension territorial que, en su esencia, es constitutiva del Estado moderno, es un factor y una senal del declive del Estado: por ello tiene perfecta razon el Papa Francisco cuando repite que el tiempo es superior al espacio, que es necesario generar cambios, activar cambios, mas que proteger un territorio o defender el espacio propio (23). Todo ello ha tenido un impacto muy fuerte en el terreno del derecho.

La otra razon del declive del Estado moderno, que he llamado ideologica, se encuentra en el fin del concepto de soberania, sobre el que todo se construia.

El Estado es siempre menos soberano cuando se multiplican las instancias supranacionales e internacionales, con un poder siempre mayor de intervencion en sus interna corporis; cuando se hacen anicos, en su interior, en los localismos renacientes, reacciones frente a la globalizacion con su tendencia a la homologacion. Los fenomenos localistas, que conocemos bien en todos nuestros paises, son tambien expresiones de reivindicaciones de la subsidiaridad frente a la centralizacion del Estado moderno; pero, a mi juicio, constituyen la reaccion, a nivel de psicologia social, al proceso de <<homogeneizacion universal>> inducido por la globalizacion: se redescubren las raices propias para no perder la propia identidad.

Pero con el desarrollo de la teoria y de la practica de los derechos humanos el Estado ya no es soberano, y no lo es por definicion, antes que por procesos facticos (o de hecho). El Rex no esta ya legibus solutus; la suya es una autoridad limitada, porque cualquier derecho humano reconocido constituye un limite a la expansion de la voluntad politica y del derecho estatal. En cierto sentido es verdad que ahora solo el pueblo--o digamos principalmente el individuo--se ha convertido efectivamente en soberano.

Por otro lado se asiste a una deslocalizacion y pluralizacion de los poderes, que ya no estan sometidos al tradicional: el poder politico. Se emancipan de el el poder economico, el cientifico-tecnologico, el de los mass-media, que se colocan fuera del poder politico y en una dimension transnacional (24).

A modo de conclusion se puede afirmar que es evidente que el Estado no desaparecera, pero que sera, al final de los procesos senalados, muy distinto del que habiamos conocido y heredado del pasado, manteniendose como una suerte de simulacro si bien todavia titular de muchos poderes y funciones.

5. LAS CONSIGUIENTES METAMORFOSIS DEL IPEE

De ahi el interrogante: ?desaparecera el Ius Publicum Ecclesiasticum Externum con la desaparicion de la forma de la comunidad politica, como reaccion a la cual habia nacido?

En mi opinion pronosticar una desaparicion seria por lo menos arriesgado; es distinto diagnosticar unas metamorfosis que, como ya se ha dicho, estan ya en acto y son parcialmente visibles. Entre ellas me parece que hay que tener especialmente en cuenta las dos que siguen.

La primera se entreve en la perspectiva interordinamental e internacionalista en la cual, como se ha dicho, durante siglos se presenta la vieja cuestion de las relaciones entre la Iglesia y los Cesares de este mundo.

No es dificil observar como se produce un cambio de la accion internacional de la Santa Sede hacia el problema de la tutela de los derechos humanos, comenzando naturalmente por el de la libertad religiosa, que es el fundamento de todos, asi como la tutela de la paz, que en el fondo no es otra cosa que un derecho del hombre (25). La actividad concordataria ha venido dirigiendo cada vez mas su propio focus de las libertates Ecclesiae, que es la razon de la institucion, a la libertad religiosa, que es la razon del hombre, pertenezca o no a la Iglesia catolica. En otro sentido se ha venido intensificando la actividad internacional de los Pontifices, entre otros a traves de la adhesion cada vez mas amplia de la Santa Sede--no solo ni sobre todo para la Ciudad del Vaticano, sino para toda la Iglesia--a convenciones internacionales plurilaterales, como las de la tutela de la infancia, contra el trafico de estupefacientes, contra la criminalidad en materia financiera, contra el terrorismo o la corrupcion. Convenciones cuya ratio esta, en definitiva, en la tutela del hombre, de su inalienable dignidad, en sus derechos irreprimibles.

Se trata de los desarrollos de las ensenanzas del Concilio Vaticano II, sobre todo aquella incluida en el parrafo 76 de la Constitucion pastoral Gaudium et spes, segun la cual la comunidad politica y la Iglesia, independientes y autonomas la una de la otra en su propio campo, <<estan al servicio de la vocacion personal y social de los mismos hombres>>.

Como se ha observado justamente, <<a partir del Concilio Vaticano II, tambien la Iglesia catolica, despues de una reflexion larga y no carente de dificultades, se ha dotado de un cuadro normativo renovado para las relaciones que podriamos calificar como "externas"; con las demas religiones, con el Estado y, en fin, con la sociedad y la cultura de nuestro tiempo. No se ha tratado de un simple cambio de politicas, sino mas bien de una autentica renovacion, hecha posible, como siempre ocurre en los procesos de reforma de la Iglesia, por una profunda reflexion teologica sobre su propia identidad. Todo ello le ha llevado a comprender de una manera nueva su propia relacion con el mundo, en una fecunda tension, que todavia experimentamos hoy, entre la evaluacion de aquello de positivo que aporta la civilizacion moderna y un espiritu critico respecto a lo que no parece coherente con el Evangelio y con la recta razon>> (26).

Un segundo fenomeno que senala la metamorfosis en curso se presenta en el proceso de recuperacion de una de las dimensiones dentro de las cuales la cuestion de las relaciones entre Iglesia y comunidad politica puede ser encuadrada, y que en los desarrollos historicos del Ius Publicum aparecia sustancialmente olvidada: aquella de una Iglesia como pueblo de Dios que busca animar a los pueblos de esta tierra. Por tanto, no Iglesia y mundo, sino Iglesia en el mundo.

Esta perspectiva, que ha dominado la Edad Antigua y--si bien con la necesaria consideracion de la peculiaridad del Sacrum Imperium--la Era Medieval, fue suplantada en la modernidad, por las razones ya senaladas, por otra mas institucional.

Se trata de una perspectiva que ha sido revalorizada a partir del Concilio Vaticano II, el cual no por casualidad recupero aquella joya de la literatura cristiana antigua constituida por la carta a Diogneto, en la que se afirma justamente que <<los cristianos tienen en el mundo la misma funcion del alma en el cuerpo>> (27). Las ensenanzas conciliares sobre la Iglesia como pueblo de Dios, sobre la animacion cristiana del orden temporal, y en particular sobre la mision de los fieles laicos en la vida del mundo han estimulado un redescubrimiento y una nueva atencion hacia una dimension que en el curso de los siglos se habia empanado (28). El Magisterio pontificio posconciliar, principalmente sobre el laicado, ha desarrollado cada vez mas la atencion hacia un planteamiento que en cierto modo invierte la relacion tradicional: no ya el Estado como dominus de la sociedad civil, sino esta como la realidad hacia la cual las instituciones publicas y politicas, en varios niveles, estan a su servicio. Y la Iglesia, en efecto, esta en la sociedad, no en el Estado; las instituciones politicas son (deben serlo) laicas, pero la sociedad no lo es y no puede serlo.

Este cambio de perspectiva--no ya Iglesia y Estado, sino la Iglesia en la sociedad--conduce a una nueva perspectiva juridica de las antiguas cuestiones en torno a las consecuencias de la distincion evangelica entre lo que es del Cesar y lo que es de Dios. Se trata de una perspectiva que del ordenamiento internacional desplaza la atencion al interior de los ordenamientos seculares en los cuales, en diversos niveles, la sociedad civil se organiza; el problema es el de asegurar en ellos el respeto de la dignidad de la persona humana y de sus competencias irrenunciables, entre las cuales el derecho fundamental a la libertad religiosa, individual y colectiva, pero tambien institucional. Compete al pueblo de Dios actuar para reclamar ordenamientos juridicos seculares cada vez mas conformes a tales instancias, con una accion desde abajo de instancias y propuestas, capaz de obtener consensos y de ser una solicitud tan fuerte que no pueda ser ignorada. La desconfianza decimononica por la democracia se transforma, por tanto, en amistad, precisamente porque esta representa la forma de organizacion politica que ofrece mayores seguridades al respeto de los derechos humanos.

A la luz de las anteriores consideraciones, parece evidente una de las razones profundas de la cada vez mas acentuada atencion del Magisterio a la tematica de los derechos humanos: no se sale de su mision espiritual propia reduciendola, en una logica secularista, al coro de las agencias humanitarias; sino que toma una nueva senda para llegar sustancialmente a los objetivos perseguidos hasta ayer a traves de la peculiar via concordataria y con los limites consustanciales a ella, dado que se refieren exclusivamente a la Iglesia y a los catolicos (29). Y es interesante hacer notar que la misma actividad concordataria se ha venido desarrollando coherentemente, como se ha dicho, justo al comenzar de la cuestion nodal de los derechos de la persona humana.

Pero a todo ello se anade, en el momento presente, el denunciado fin del proceso dialectico de osmosis entre lo religioso y lo politico que, se quiera o no, <<ha sido un componente fundamental para la construccion del Estado de derecho y de la democracia>> (30). Este final senala el ocaso del Estado moderno, senalando entre otras cosas <<el fracaso de las mas diversas politicas de multiculturalismo y de laicidad en las ultimas decadas>> (31).

6. CONCLUSIONES

Por tanto, no parece que estemos cerca del <<canto del cisne>> del Ius Publicum Ecclesiasticum; las consideraciones anteriores no parecen confirmar de ningun modo esta hipotesis. Pero es cierto que este, tanto como doctrina como experiencia juridica, vendra a asumir progresivamente configuraciones nuevas, ulteriores, por mas que--tambien es cierto--no podran negar o superar a las tradicionales, heredadas del pasado, mas, si acaso, integrarlas.

El pontificado del Papa Francisco parece haber acentuado el proceso innovador. Como se ha hecho notar, <<no es el registro diplomatico en sentido clasico el que puede suministrar la clave interpretativa de la vision de la politica mundial del Papa argentino. La cuestion central tiene que ver, mas bien, con el papel global del Catolicismo, que el Papa Bergoglio impersona, interpreta, amplifica, enriquece con contenidos ineditos>> (32). Su magisterio en materia de derechos humanos y de nuevos derechos humanos, como los del ambiente, la casa comun y la fraternidad universal, del papel positivo de las religiones en la sociedad, de la igualdad solidaria entre los pueblos, del fin del paradigma eurocentrico del Estado, impone una reactualizacion del obrar de la Iglesia en el mundo.

Pero es sobre todo el modo de considerar el mundo, en el cual la Iglesia esta llamada a obrar, el que impone una reorganizacion en primer lugar conceptual del Ius Publicum. Piensese solo en el principio segun el cual <<el tiempo es superior al espacio>> (33) o ese otro segun el cual <<el todo es superior a la parte>> (34), sobre los que tanto insiste, para darse cuenta de las dimensiones y de las fronteras nuevas: no ya la concepcion que ha caracterizado al Estado moderno, con sus dogmas de la territorialidad, de la estanqueidad, de la particularidad, sino la concepcion de un movimiento en el devenir de la historia que tiene al mundo como escenario.

En particular en la Exhortacion Apostolica Evangelii Gaudium hay un parrafo que, para lo que nos interesa, incita a pensar: <<la paz social no puede entenderse como un irenismo o como una mera ausencia de violencia lograda por la imposicion de un sector sobre los otros. Tambien seria una falsa paz aquella que sirva como excusa para justificar una organizacion social que silencie o tranquilice a los mas pobres, de manera que aquellos que gozan de los mayores beneficios puedan sostener su estilo de vida sin sobresaltos mientras los demas sobreviven como pueden. Las reivindicaciones sociales, que tienen que ver con la redistribucion del ingreso, la inclusion social de los pobres y los derechos humanos, no pueden ser sofocadas con el pretexto de construir un consenso de escritorio o una efimera paz para una minoria feliz. La dignidad de la persona y el bien comun estan por encima de la tranquilidad de algunos que no quieren renunciar a sus privilegios. Cuando estos valores se ven afectados, es necesaria una voz profetica>> (35).

En suma: la nueva vision del Papa Francisco parece acentuar la tarea profetica de la Iglesia y, por tanto, tambien de su derecho y del Ius Publicum Ecclesiasticum Externum. Y ello parece reconectar precisamente con el ultimo analisis de Paolo Prodi sobre el papel y la necesaria recuperacion de la profecia, como clave peculiar de la relacion entre la Iglesia y la potestad temporal en la historia de Occidente (36).

Por tanto, se entreve todo un trabajo, por hacer, para la reconceptualizacion de los esquemas tradicionales de una disciplina nacida con el nacimiento del Estado moderno. Sera tarea de las mas jovenes generaciones de canonistas estar a la altura de semejante desafio.

RECIBIDO: 2 DEJUNIO DE 2017 / ACEPTADO: 26 DE JULIO DE 2017

GIUSEPPE DALLA TORRE

Profesor Emerito de Derecho Canonico y Eclesiastico

Libera Universita Maria ss. Assunta--LUMSA. Roma

dallatorre@lumsa.it

DOI 10.15581/016.114.010

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(1) P. PRODI, Il Sovrano Pontifice. Un corpo e due anime: la monarcbia papale nella prima eta moderna, Il Mulino, Bologna 2006, 352.

(2) Siempre es util al respecto la lectura de las paginas de G. B. GUZZETTI, Chiesa e politica. Disegno storico, Marietti, Torino 1975. Para las tentaciones del poder politico en las Edades Antigua y medieval cfr. la voz de J. CALVO ALVAREZ, Cesaropapismo, en Diccionario General de Derecho Canonico, dirigido por J. OTADUY--A. VIANA--J. SEDANO, vol. II, Aranzadi, Cizur Menor 2012, 69 ss.

(3) Para confirmar cuanto se ha escrito mas arriba, baste una sucinta referencia a algunos textos aparecidos despues del Concilio: G. SARACENI, Chiesa e comunita politica, Giuffre, Milano 1983; G. LEZIROLI, Stato e Chiesa. Per una storia del dualismo giuridizionale cristiano, Giappichelli, Torino 1991; IDEM, Relazioni fra Chiesa cattolica e potere politico, La religione come limite del potere, Giappichelli, Torino 41998; V. PRIETO, Diritto dei rapporti tra Chiesa e societa civile, Edizioni Universita della Santa Croce, Roma 2003; R. MINNERATH, L'Eglise catholique face aux Etats. Deux siecles de pratique concordataire 1801-2010, Editions du Cerf, Paris 2012. Es significativo el hecho de que Matteo Nacci, profesor de la materia en la Pontificia Universidad Lateranense, mientras en una primera publicacion habia hablado de Ius Publicum (M. NACCI, Origini, sviluppi e caratteridel ius publicum ecclesiasticum, Lateran University Press, Citta del Vaticano 2010), mas tarde ha adoptado una titulacion meramente descriptiva (M. NACCI, Chiesa e Stato dalla potesta contesa alia sana cooperario. Un projilo storico-giuridico, Lateran University Press, Citta del Vaticano 2015).

(4) La referencia es a: G. DALLA TORRE, La citta sul monte. Contributo ad una teoria canonistica delle relazioni fra Chiesa e Comunita politica, Ave, Roma 1 1996 (3 2007).

(5) Sobre la problematica relativa a la categoria de la societas iuridice perfecta cfr. G. GHIRLANDA, Sociedad Juridica Perfecta, en Diccionario General de Derecho Canonico, cit., vol. VII, 379 ss.

(6) Cfr. por ejemplo L. SPINELLI, Il diritto pubblico ecclesiastico dopo il Concilio Vaticano II. Lezioni di diritto canonico, en colaboracion con G. DALLA TORRE, Giuffre, Milano 2 1985, 80 ss.

(7) M. FUMAGALLI BEONIO BROCCHIERI, Il pensiero politico medievale, Laterza, Roma-Bari 42005.

(8) P. SCHIERA, Stato moderno, en Dizionario di politica, dirigido por N. BOBBIO--N. MATTEUCCI, Utet, Torino 1976, 1006 ss.

(9) G. LE BRAS, La Chiesa del diritto. Introduzione alio studio delle istituzioni ecclesiastiche, introduccion a la edicion italiana de F. Margiotta Broglio, Il Mulino, Bologna 1976, 248.

(10) Veanse al respecto las puntuales observaciones de P. GROSSI, Giustizia come legge o legge come giustizia? Annotazioni di uno storico del diritto, en Mitologie giuridiche delia modernita, Giuffre, Milano J2007, 15 ss.

(11) Es conocido el irreflexivo e ideologicamente viciado juicio de Guido Padelletti, recogido en su discurso inaugural al curso de historia del derecho italiano en la Sapienza de Roma, en el cual afirmaba <<ser el derecho canonico, en su aspecto tecnico y formal, como en el sustancial y material, muy inferior a su fama>>; ser en sustancia no otra cosa que <<un edificio colosal pero barroco>>, cuya parte <<predominante y original>> estaria en definitiva en el <<falso, inmoderado, incivil, inelegante>> dato de la aportacion de los pontifices en el curso de la historia (citado por V. DEL GIUDICE, Per lo studio del diritto canonice nelle Universit'a italiane, en Aa.Vv., Studi in onore di Francesco Scaduto, I, Cya, Firenze 1936, 205 ss.).

(12) Para el complejo caso del <<Risorgimento>> italiano cfr. C. CARDIA, Risorgimento e religione, Giappichelli, Torino 2011.

(13) Asi Paolo Prodi, en su articulo postumo Senza Stato ne Chiesa. L'Europa a cmquecenti anni dalla Reforma, Il Mulino, Bologna 2017, 1, 7.

(14) Basta pensar en A. DE LA HERA--C. MOUNIER, Le droit public ecclesiastique a travers ses definitions. Revue di droit canonique 1 (1964) 32 ss.; pero cfr. tambien C. FANTAPPIE, Chiesa romana e modernita giuridica, t. I, L'edificazione del sistema canonistico (1563-1903), Giuffre, Milano 2008, 65 ss.

(15) De controversiis Christianae fidei, t. II, 1. Ill, c. II, 1601, coll. 137-138. No hace falta decir que con ello Belarmino no confundia completamente la Iglesia con el Estado, sino que queria decir que, desde el punto de vista juridico, se presenta como una comunidad de hombres juridicamente organizada, del mismo modo que ocurre con la comunidad politica.

(16) Veanse al respecto las agudas observaciones de S. COTTA, I Concordan tra storia, politica e divino, en G. DALLA TORRE, I Concordati nel pensiero di Sergio Cotta, Aracne, Roma 2008, 51 ss.

(17) Cfr. G. DALLA TORRE, L'esperienza novecentesca della codificazione canonica, en La Chiesa e gli Stati. Percorsi giuridici del Novecento, Studium, Roma 2017, 120 ss.

(18) Sobre los desarrollos de la actividad concordataria despues del Codigo de 1983, cfr. en particular J. CALVO ALVAREZ, Desarrollo del Derecho Concordatario despues del CIC de 1983, Ius Canonicum 49 (2009) 347 ss.

(19) Cfr. G. Dalla Torre, Sovranismo, en Studium, 2017,3.

(20) El fenomeno es evidente tambien en un Estado pequenisimo y del todo peculiar como es la Ciudad del Vaticano. No es casualidad que los Papas Benedicto XVI y Francisco hayan debido intervenir con una serie de leyes de materia penal y financiera: para algunas reflexiones al respecto cfr. R. ZANNOTTI, La normativa antiriciclaggio dello Stato vaticano, en Annali di diritto vaticano 2015, edicion de G. DALLA TORRE--P. A. BONNET, Libreria Editrice Vaticana, Citta del Vaticano 2015, 67 ss.

(21) En relacion con la actual <<globalizacion juridica>>, un gran historiador del Derecho ha hecho notar que uno de los fenomenos que hoy viene a agravar la crisis del Estado productor del derecho es el de la <<privatizacion y fragmentacion de las fuentes de produccion del derecho>>, caracterizado por la <<autoorganizacion de los entes privados, los cuales, por cuenta propia, gracias al trabajo de expertos privados, inventan instrumentos adecuados para ordenar sus traficos juridicos, dando vida a un canal juridico que se afianza y discurre al lado del propio del Estado, previendo jueces privados cuyas decisiones los sujetos se obligan a observar>> (P. GROSSI, Prima lezione di divino, Laterza, Roma-Bari 2003, 69 ss.).

(22) Sobre este fenomeno vease N. PICARDI, La crisi del monopolio statuale della giurisdizione e la proliferazione delle Corti, en Corti europee e giudici nazionali, Bononia University Press, Bologna 2011, 5 ss.

(23) Vease, por ejemplo, la Ex. Ap. Evangelii Gaudium, nn. 22-23. El texto del documento puede leerse AAS (2013) 1019 ss.

(24) Cfr. Introduzione a la sesion <<Politica e potere>> della 44 Semana social de los catolicos italianos (Bolonia 2004), cuyas actas han sido publicadas en F. GARELLI--M. SIMONE (eds.), La democrazia. Nuovi scenari nuovi poteri, Edizioni Dehoniane, Bologna 2005, cfr. en particular 305 ss.

(25) Una profundizacion en G. DALLA TORRE, Pace e diritti umani nell'insegpiamento di Giovanni Paolo Il, Studium 1 (2004) 13 ss.

(26) P. R. GALLAGHER, Liberta religiosa e diritti umani nell'Europa del XXI secalo. Non problema ma parte della soluzione, L'Osservatore Romano, 14 octubre 2015, p. 5.

(27) Y prosigue mas tarde diciendo que <<El alma se difunde en todos los miembros del cuerpo; tambien los cristianos estan diseminados en las ciudades del mundo. El alma habita en el cuerpo, pero no es del cuerpo; tambien los cristianos habitan en el mundo, pero no son del mundo>> [VI, 2-3; la traduccion es de S. ZINCONE (ed.), A Diogneto, Borla, Roma 3 1984, 67]. Significativamente, la carta a Diogneto es citada por el Concilio Vaticano II tanto en la Constitucion dogmatica sobre la Iglesia Lumen Gentium, n. 28, como en la Constitucion sobre la divina revelacion Dei Verbum, n. 4, como, en fin, en el decreto sobre la actividad misionera de la Iglesia Ad gentes, n. 15.

(28) Cfr. G. DALLA TORRE, L'animazione cristiana del mondo, en Santita e mondo, Atti del Convegno teologico di studio sugli insegnamenti del beato Josemaria Escriva (Roma, 12-14 ottobre 1993), Libreria Editrice Vaticana, Citta del Vaticano 1994, 151 ss.

(29) Observa Paolo Prodi que <<el renacimiento del papado de la crisis conciliar, el "solsticio" de 1440, es bien conocido en sus dos fenomenos mas aparentes; para salvar lo mas posible su funcion universal se desarrolla una nueva relacion centro-periferia que tiene su gozne no ya en la tradicional relacion intraeclesial con las Iglesias particulares, sino en la relacion politica con los Estados: los instrumentos son los concordatos y las nunciaturas>> (P. Prodi, Senza Stato ne Chiesa, cit., 11).

(30) Cfr. de nuevo P. PRODI, Senza Stato ne Chiesa, cit., 15.

(31) IDEM, o. c., 15.

(32) P. FERRARA, 11 mondo di Francesco Bergoglio e la politica intemazionale, presentacion de P. Gentiloni, San Paolo, Cinisello Balsamo 2006, 21.

(33) Evangelii Gaudium, nn. 222-225.

(34) Ibid., nn. 234-237.

(35) Evangelii Gaudium, 24 de noviembre de 2013, n. 218.

(36) Vease P. PRODI, Profezia, utopia, democrazia, en M. CACCIARI--P. PRODI, Occidente senza utopie, II Mulino, Bologna 2016, 11 ss.
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Author:Dalla Torre, Giuseppe
Publication:Ius Canonicum
Date:Dec 1, 2017
Words:7947
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