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El asunto del Banquillo de 1705 y la oposicion de la grandeza a las mudanzas borbonicas: de la anecdota a la defensa del cuerpo mistico de la monarquia.

The Banquillo Affair of 1705 and the Grandees' Opposition to Bourbon Changes: From Anecdote to a Defence of the Mystical Body of the Monarchy

1. EL CELEBRE ASUNTO DEL BANQUILLO

El 25 de agosto de 1705, festividad de San Luis, estallo en el <<corazon de Palacio>> (3), la Capilla Real del Alcazar de Madrid, corte del rey Catolico, lo que una sardonica mano llamo <<Sangrienta guerra de la Grandeza Espanola, sin sacar la Espada, y combates honrrosos de Chismes, Quentos y Enrredos>> (4). Aquel dia Felipe V sufrio una grave humillacion: tan solo tres Grandes, el conde de Aguilar, el marques de Castel Rodrigo y el duque de Abreu, concurrieron a la misa por la onomastica de su abuelo, el Cristianisimo Luis XIV (5). Sin duda aquella era la mas grave y seguida oposicion hecha al rey en Castilla desde su advenimiento al trono a la muerte, el dia de Todos los Santos de 1700, del ultimo rey de la Casa de Austria, Carlos II.

Tan grande y cortesana afrenta inflingida al rey era el cauce que habia encontrado la Grandeza para expresar lo colmada que se hallaba su paciencia tras las ofensas, vejaciones, ilegalidades e injusticias a las que se habia sentido sometida desde practicamente el comienzo del reinado de Felipe V. El nuevo rey habia dejado Versalles mas que prevenido por el Rey Sol contra el peligro que suponian para el poder real los Grandes. No dejarian de intentar mantenerle en esta opinion sus estrechos colaboradores, ministros y agentes franceses en Madrid, convencidos de que lo que convenia era que les conservara <<todas las prerrogativas exteriores de su dignidad y al mismo tiempo excluirles de todos los asuntos que, conocidos por ellos, pudieran aumentar su influencia>> (6). Tales prevenciones respondian a los resquemores que en Luis XIV, quintaesencia del absolutismo segun quiere cierta tradicion historiografica (7), despertarian los recuerdos de la llamada Fronda de los principes (1650-1653), acaecida durante su minoridad, y las dificultades que tras ella habria tenido la corona para volver a someterlos. Sin duda tampoco eran ajenas a las advertencias del Cristianisimo las reticencias que habian sentido siempre los reyes de la Casa de Austria hacia la alta nobleza espanola, pese a haber sido, segun de nuevo cierta historiografia tradicional, domesticada por los Reyes Catolicos; ni tampoco la impresion, elevada a la categoria de conviccion, extendida en Europa durante la segunda mitad del siglo XVII, de que durante el reinado de Carlos II habian dejado de tener freno sus ambiciones y ansias de poder politico (8). Por todas estas razones y por el deseo de afianzar la legitimidad de la nueva dinastia, todos los ministros franceses acabaron por colaborar en aquella politica de sometimiento de la Grandeza, incluso aquellos que al principio pensaron que era mejor seguir una estrategia de contemporizacion (9). Encontraron ademas en Felipe V a alguien deseoso de humillarlos, si hemos de creer a las fuentes francesas de la epoca (10).

A causa de semejantes temores se trazaron planes de choque preventivos casi desde el momento en que, estando aun en Versalles, el duque de Anjou se convirtio en Felipe V. Una de las primeras medidas, que deberian ponerse en practica en cuanto el nuevo rey Catolico se instalara en su corte, seria la reforma de la misma al modo versallesco para hacer que el rey dejara de ser un prisionero del ceremonial borgonon y de los Grandes para convertirse en el centro de la corte (11), lo que de hecho implicaba mudanzas en el siempre delicado equilibrio de las jerarquias establecidas (12). Tan urgente como dicha reforma parecia a Luis XIV y sus ministros el prevenir los enojosos conflictos de preferencia que podrian derivarse, ahora que tanto iba aumentar la presencia de franceses en Madrid y la de espanoles en Versalles, del hecho de que no hubiera equivalencia de rango entre los duques y pares de Francia y los Grandes de Espana (13). Semejante nudo gordiano fue cortado el 20 de junio de 1701 por una resolucion acordada entre el rey Cristianisimo y su nieto el Catolico en virtud de la cual se equiparaban los derechos y prerrogativas de los duques y pares de Francia con la de los Grandes de Espana. La decision motivo la primera contestacion aristocratica a las mudanzas borbonicas. El duque de Arcos hizo publico un memorial en agosto contra semejante decision (14). No se produjo, sin embargo, una protesta generalizada de la Grandeza. Estando el rey en Figueras, en su camino hacia Madrid, el 5 de septiembre de 1701, ordeno al duque de Arcos que partiera <<a dar ejemplo con su persona, y valor en el exercito de su Magestad>> (15) en Flandes como represalia, segun el marques de Saint-Simon, por haber sido el y su hermano el conde de Banos <<los unicos Grandes de Espana que habian desaprobado la igualdad, convenida por el rey Luis [XIV], y el rey [Felipe V] su nieto, entre los duques y grandes en cuanto a su rango, honores, distinciones y tratamientos respectivos en Francia y en Espana>> (16).

Entre tan poco seguida protesta y los incidentes del verano de 170517 escasas y aisladas fueron las defecciones y las publicas manifestaciones de descontento de la Grandeza hacia la nueva dinastia borbonica, a excepcion de la sonada fuga del Almirante de Castilla a Portugal (18) y la del conde de Cifuentes a Aragon donde, al poco, se uniria a la causa austracista. En junio de 1705 el capitan de la Guardia de Corps, el principe de Tserclaes, detuvo al marques de Leganees, sospechoso de formar parte de una conspiracion, urdida en favor del Archiduque, por el Almirante de Castilla. Se creyera o no en aquella acusacion, se castigaba asi tambien su negativa a jurar fidelidad a Felipe V afirmando que <<es cosa terrible querer exponerme a que desenvaine la espada contra la casa de Austria, a la cual debe la mia tantos beneficios>> (19).

Tras la fuga del conde de Cifuentes y la detencion del marques de Leganes, el fatidico dia de San Luis de 1705 era tambien muy reciente la decision del Cristianisimo, considerada durisima y contraria a las leyes y libertades del reino, de que su nieto tuviera, alterando la tradicion de sus antecesores en el trono, cuatro capitanes de sus Guardias (20) con prerrogativas que superaban a las de los demas oficiales de la Corona y a las de los Grandes. Al fuego de las prerrogativas encendido por el Rey Sol echo Felipe V la lena de la alteracion de las preeminencias cortesanas. Anuncio el rey el dia al que nos venimos refiriendo que, a partir de entonces, el capitan de su Guardia de Corps concurriria a la Capilla Real sentado en un banquillo situado inmediatamente detras de el, ocupando exactamente el espacio que quedaba libre entre los bancos de la Grandeza y su sitial (21). Los Grandes, entendiendo semejante disposicion como afirmacion de la preeminencia del capitan de la Guardia de Corps--en aquella coyuntura el principe de Tserclaes-Tilly, el mismo que habia arrestado al marques de Leganes--, tuvieron por ofendida la dignidad de la Grandeza. Su respuesta fue contundente. Aquel dia, tras besar la mano al rey, se retiraron sin concurrir a la misa en la Capilla Real (22).

El dia de San Agustin, que celebra la Iglesia el 28 de agosto, jornada en la que tradicionalmente los reyes oian misa en el monasterio de San Felipe, seguia dispuesto el banquillo para el capitan de la Guardia de Corps. Los Grandes volvieron a dejar a Felipe V sin corte en la Real Capilla. Al dia siguiente llego a Madrid la noticia de la victoria del duque de Vendome contra un ejercito saboyano-imperial en Cassano. Para festejarla se decidio, entre otras cosas, celebrar al dia siguiente un solemne tedeum de accion de gracias en la Capilla Real. A causa de lo sucedido los dias anteriores, aquella misma noche escribio el secretario del despacho a los Grandes <<mandandolos asistir el dia siguiente en la capilla con la advertencia de que a ninguno, se admitiria escusa por ocupacion, ni enfermedad, y de que queria el Rey, que tubiere vanquillo el Capitan de sus Guardas del cuerpo, sin que por ello recibiese agrabio alguno el Gremio de los Grandes>> (23).

El mandato no tuvo mas virtud que la de ofender aun mas los envalentonados animos de la Grandeza. El dia del tedeum se encontraron todos los Grandes en Palacio en lo que tenia todo el aspecto de ser una reunion para adoptar una posicion comun (24) que, tras no demasiado tiempo ni deliberacion, resulto ser la de no concurrir a la Real Capilla a menos que se retirara el banquillo del capitan de la Guardia. A traves del duque de Montellano, presidente del Consejo de Castilla, hicieron saber al rey--y a la reina, la princesa de los Ursinos y el embajador frances (25)--que estaban dispuestos a servir al monarca en todo cuanto <<no fuere contrario a sus prerrogativas>> (26); es decir, que mientras aquel banco, que atentaba contra el secular privilegio de que nadie ocupara en la Capilla Real el espacio existente entre ellos y la real persona, siguiera en su sitio la Grandeza no acudiria a orar junto al rey. Antes se entregarian gustosos a la mas rigurosa prision que acudir a la Capilla en unas condiciones que implicaban <<una nobedad tan opuesta a su caracter y a la costumbre embejecida de la Nacion>> (27). Dio asi comienzo un cruce de propuestas y contrapropuestas entre el rey--siempre rodeado por la reina, la princesa de los Ursinos y el embajador frances--y los Grandes, que no consiguieron alcanzar consenso alguno y que hicieron que el conflicto se enconara durante el mes de septiembre.

Mientras esto sucedia en la corte, desfavorabilisimos acontecimientos para la causa de los Borbones tenian lugar en los campos de batalla europeos, incluidos los espanoles. Desde que en mayo de 1702 las potencias de la Gran Alianza de La Haya (28) declararan la guerra a Luis XIV y a su nieto Felipe V, el ano 1705 estaba siendo uno de los mas adversos para los intereses de la Casa de Borbon. Aquel ano, tras el fracaso de las tropas borbonicas al intentar tomar Gibraltar --penon ocupado y eficientemente fortificado por los ingleses el ano anterior--, el archiduque Carlos--hijo del emperador Leopoldo I y coronado como rey de la Monarquia Catolica en Viena con el nombre de Carlos III en febrero de 1703--, salia de Lisboa en julio al mando de una escuadra rumbo al Mediterraneo. Al mismo tiempo los ejercitos aliados iniciaban una ofensiva terrestre desde Portugal invadiendo Extremadura y Andalucia occidental. La escuadra del Archiduque logro desembarcar en Altea y poner sitio a Barcelona, que capitularia en octubre. No mucho mas avanzaria el otono antes de que todos los reinos de la Corona de Aragon reconocieran como rey a Carlos III de Austria.

En mitad de semejantes calamidades y desastres, parecen casi naturales los mohines de desprecio y condescendencia ante las disputas suscitadas por una banqueta en las que hemos visto enzarzada a la Grandeza de Espana durante el turbulento verano de 1705 y que, con mas o menos intensidad, seguirian coleando al comenzar el otono. De hecho en el memorial que trata de los acontecimientos del banquillo que estamos siguiendo, atribuido a don Luis de Salazar y Castro, se salia al paso de las previsibles acusaciones de aparente frivolidad:
   tomamos con temor la pluma para escribir un suceso que en las
   presentes circunstancias parece indigno o a lo menos ageno de
   particular memoria porque al tiempo que toda Europa arde en el
   voracissimo fuego de la guerra, parece culpable apartar la vista de
   los grandes acontecimientos que en todas partes arrebatan la
   atencion de los hombres, y ponerla en un caso particular,
   domestico, y si asi se puede decir casero, Parece injusto desviar
   los ojos de sucesos eminentes, que como solicitados por la
   universal libertad, tienen tanta cossa, como la vida de muchos
   millares de hombres, la perdida de varias Provincias, los sitios de
   famosas Plazas, la ruina de numerosas Armadas, y la deposicion
   lamentable de diversos Principes, y poner todo el cuidado en
   tratar, como de asiento, en caso particular, politico, palaciego,
   que dista tanto en la substancia y modo de aquellos, que por ningun
   camino se les podra hallar conformidad (29).


La clave esta en el <<parece>> del texto, pues a continuacion el autor dara los argumentos suficientes para justificar el sentimiento de ofensa de los Grandes en relacion al asunto del banquillo. Es muy probable que esta version que seguimos en la narracion de los acontecimientos del verano de 1705 estuviera contaminada por la intervencion de una mano que no fuera la de don Luis de Salazar y Castro, activo defensor de la causa de la nobleza en todos los conflictos surgidos entre esta y el rey desde el advenimiento de la Casa de Borbon (30). La mayoria de las copias del manuscrito sobre el banquillo llevan por dramatico titulo La memorable y terrible historia del Vanquillo y los Grandes de Espana seguidos de subtitulos casi asepticos del tipo Relacion de lo que paso el ano de 1705 en el ruidoso caso del Banquillo y los Grandes (31) o Relacion de lo que paso en el ruidoso caso del vanquillo y los Grandes, en el ano 1705 (32); sin embargo el de la copia que seguimos tiene, como vimos al comienzo de estas paginas, el de Sangrienta Guerra de la Grandeza de Espana, sin sacar la Espada y combates honrrosos de Chismes, Quentos, y Enrredos. Con o sin subtitulo sarcastico, todas las versiones del memorial fueron concebidas para circular y dar publicidad, justificando en algunos casos, ridiculizando en otros, la posicion de la Grandeza. Se seguia en esto la tradicion polemica y satirica del siglo XVII que habia conocido sus anos de esplendor en el todavia reciente reinado de Carlos II (33). Si bien es cierto que debido al tono polemico del texto no cabe descartar que don Luis de Salazar se tomara ciertas licencias humoristicas, resulta muy dificil aceptar que el gran apologeta de la nobleza de Espana, el autor de innumerables historias genealogicas, fuera capaz de escribir, por ejemplo, como se lee en La memorable, que <<el condestable, que con todos los vicios de soberbio, y vano, que de tiempos mui remotos notaron los Castellanos a su familia tiene otros mui particulares, y eminentes, siendo de genio tan corto acia los intereses, que toca lo mecanico>> (34), o que hiciera alusiones a la <<sandez>> de los Grandes (35). Tal vez en La memorable se mezclaran dos manos, la que narra los hechos y presenta las razones de la nobleza a su oposicion al banquillo--la de Salazar y Castro--y la de quien intercala los comentarios afrentosos con afan de ponerla en ridiculo. En cualquier caso, no siendo ahora nuestro objetivo dilucidar esta cuestion, y ante la duda, nos referiremos siempre al autor de La memorable precisamente en estos terminos--el autor de La memorable--y no como Luis de Salazar y Castro.

Sea como fuere, en aquel contexto de polemica y confrontacion, la estrategia de ridiculizacion de la accion politica de la Grandeza, junto con las insinuaciones de cerrilidad y egoismo politico, que intermitentemente emergen en La memorable, son comprensibles y logicas. Sin embargo resulta, si no estupefaciente, sorprendente que, en contexto historiografico, parecidas nociones, a veces no de manera mucho mas sofisticada, se hayan aducido tradicionalmente para explicar los moviles de las actuaciones politicas de la aristocracia, no solo en la coyuntura concreta de la Guerra de Sucesion--en la que tanto siguen pesando las fuentes francesas (36), manifiestamente hostiles a la Grandeza--, sino tambien durante toda la modernidad en general. Es frecuente aun ver reducidas las actuaciones politicas de la nobleza, sobre todo cuando estas suponen una oposicion a los designios de la monarquia, a la categoria de excentricidad o anecdota. En textos especializados pueden leerse aun afirmaciones como la de que <<la Guerra de Sucesion espanola esta llena de decisiones sorprendentes tomadas por los miembros de la alta nobleza. Los cambios de lealtad de los personajes mas afines a los dos pretendientes de la Corona, el Duque de Anjou, futuro Felipe V, y el Archiduque Carlos fueron frecuentes y no siempre explicables>> (37); o la de que <<bajo la superficie de la cortesia y las buenas maneras [de la alta nobleza], se escondian los monstruos del egotismo, el gamberrismo de elite y la real violencia, tanto verbal como fisica>> (38).

Como se diria en La memorable, <<parece>> como si la historiografia liberal, que, reconvertida de una u otra manera, llega hasta nuestros dias, hubiera sancionado sin necesidad de explicaciones la vanidad y falta de sentido de acontecimientos como el del banquillo. En ninguna otra ciencia, social o no, ninguna teoria que no explique satisfactoriamente toda la realidad es aceptable. Y la Grandeza de Espana era una parte importante de la realidad politica, social y economica de la Monarquia Catolica. Por lo tanto en estas paginas pretendemos romper una lanza en favor del sentido historico tal como lo definia Gadamer (39). En un intento por despojar de la apariencia de futilidad con que se arropa todavia a la nobleza en ciertas obras especializadas, producidas en el ambito de otras ciencias sociales (historia del arte, historia de la literatura...), asi como en trabajos de caracter generalista en el de la historia, del que beben tanto el publico en general como especialistas de otras disciplinas, intentaremos dar sentido en las siguientes paginas al celebre asunto del banquillo poniendolo en contexto, que es donde cobra trascendencia (40). Este esfuerzo no resulta una ardua tarea habida cuenta de la abundante literatura con la que contamos sobre la aristocracia de la Monarquia Catolica (41); estos estudios ofrecen un marco interpretativo en el que los hechos que nos presentan las fuentes son algo mas que una anecdota, una curiosidad o una muestra mas de inconsciente frivolidad e irracionalidad economica (42) que anadir a la lista de cargos contra la aristocracia que no ha dejado de estar abierta desde 1789. Pese a esto, las grandes narrativas de la historia de Espana solo muy lentamente recogen los cambios paradigmaticos operados en el campo de la investigacion cientifica. El desfase existente entre el desarrollo de la disciplina historica y su reflejo en las obras divulgativas y de conjunto tiene por resultado explicar el papel de la aristocracia partiendo de la base de que, en la Edad Media, se inicio un largo camino hacia la construccion del estado--nacion liberal capitalista trazado con las inevitables baldosas amarillas de la monarquia centralizadora-autoritaria en el XVI, absoluta en los siglos XVII y XVIII--, las tensiones centro-periferia, el protocapitalismo y el colofon parlamentario. Conviene exponer la estrategia narrativa que seguiremos para intentar llevar a cabo el empeno planteado. En primer lugar se explicara en relacion a que historias y paradigmas de la modernidad y de la Monarquia espanola el asunto del banquillo no puede ser considerado sino un episodio anecdotico, intrascendente. Procederemos despues a contextualizar ese conflicto dentro de la defensa de los privilegios corporativos de la Grandeza para la que, al margen de los distintos y coyunturales intereses, se recurria siempre a la legitimacion que emanaba del contexto juridico que definia a la Monarquia Catolica. Finalmente, regresaremos a los argumentos presentes en La memorable y en un panfleto filoaristocratico de don Jose de la Serna para analizar desde una perspectiva legal, juridica e historica el asunto del banquillo.

2. LA ARISTOCRACIA EN LAS NARRATIVAS CONVENCIONALES DE LA HISTORIA DE ESPANA

Al principio de la modernidad fueron los Reyes Catolicos quienes, a la par que unificadores dinasticos de casi todos los reinos ibericos, iniciaron el proceso de construccion estatal mediante el expediente de imponer, cuando no de restaurar (43), la autoridad real. En el camino, era inevitable, tuvieron que someter a un necesario proceso de domesticacion a la nobleza castellana--poco se cuenta de la aragonesa en las historias generales del reinado--que habia mantenido a Castilla sumida en el caos feudal. Es de justicia senalar, sin embargo, que algunos medievalistas que han escrito sobre esa frontera que convencionalmente separa a la Edad Media de la Moderna--el reinado de los Reyes Catolicos--, teniendo en cuenta la historia del contexto socio-politico con el que se las tuvieron que ver Isabel y Fernando, introducen matices y precisiones mas sugerentes. En definitiva concluyen que el poder de la nobleza quedo casi intacto debido a la imposibilidad de la corona por derrotarlo, situacion que se prolongaria, con los inevitables cambios y adaptaciones coyunturales impuestos por el transcurso de los siglos, hasta el final del Antiguo Regimen (44).

Pese a estos matices medievalistas, desde la publicacion de la mitica Imperial Spain (en ingles en 1963, en espanol en 1965), se nos ha explicado que, tras el triunfo de los Reyes Catolicos en la guerra civil castellana de 1474-1479, los jefes de las grandes Casas nobiliarias fueron gradualmente convertidos en nobleza cortesana y que, pese a sus intentos por recuperar sus viejas preeminencias durante la crisis sucesoria castellana iniciada a la muerte de la reina Isabel en noviembre de 1504, no tuvieron mas oportunidades de volver a recuperar su capacidad feudalizante hasta el reinado de Felipe III. A semejante diagnostico acompana la afirmacion de que a partir del reinado de los Reyes Catolicos los nobles perdieron poder politico pero no social y economico (45). Sin duda el considerar que el poder social y economico no implica poder politico se halla en la base del principal problema que ha tenido la aristocracia con los historiadores: el de considerar sus formas de ejercicio del poder como muestras de anacronismo generalista o de ciego egoismo.

Como se sabe, los intentos de la monarquia por doblegar a los nobles venian de lejos, aunque las cosas se complicaron cuando aquella se tuvo que apoyar en estos en las guerras civiles de los siglos XIV y XV. Vale la pena que nos entretengamos en citar a un medievalista por cuanto lo que dice sobre la parcialidad de los historiadores en las pugnas entre nobleza y monarquia medieval es perfectamente aplicable a la modernidad:
   En 1420, por la accion precipitada de uno de los infantes de
   Aragon, se puso en marcha el mecanismo de las contiendas intestinas
   que, en poco mas de medio siglo, conseguirian proporcionar a
   Castilla estructura y mentalidad nobiliarias muy radicales. El
   argumento esencial para dichos conflictos viene dado por la pugna
   de los linajes por aumentar la plataforma de rentas que les permite
   alzarse a los puestos de primera fila en el gobierno del pais. El
   tema ha sido tratado muchas veces pero, influidos por la mentalidad
   dominante en su tiempo, los historiadores del siglo XIX nos han
   acostumbrado a tratarla como una especie de enfrentamiento entre el
   buen orden que significaba la Monarquia y una banda de aves de
   rapina empenadas en destruirlo. Nada mas enganoso. La nobleza tenia
   su propio programa politico que consistia en frenar el crecimiento
   del poder real: sus demandas de estamentacion en el gobierno y
   observancia de las leyes privadas, con los usos y costumbres
   correspondientes, constituian tambien una forma de orden (46).


Pese a semejantes advertencias, permanece implicita en muchas narrativas historicas la nocion de una corona que dirige un proceso, no solo progresivo sino incluso progresista, de subyugacion de la aristocracia junto con la imagen de una nobleza consagrada como un orden social con un gran poder material, basado en la propiedad de la tierra. Los poderosos linajes del siglo XV serian mas tarde, en buena medida, los Grandes habsburgicos, los que amasarian ingentes fortunas y los que conformarian la casi proverbial mentalidad aristocratica--casi siempre mal explicada--de la Espana moderna (47).

Pero los Reyes Catolicos no cumplieron del todo con su tarea historica puesto que dejaron en herencia a sus sucesores de la Casa de Austria unos senores a los que <<ni siquiera consiguieron convertir en cortesanos>> (48). Como se ha asumido desde 1969, cuando Norbert Elias publico su Sociedad cortesana (traducida al espanol en 1982), el destino natural de los violentos nobles bajomedievales, corriendo parejas con la consolidacion del absolutismo y la formacion de los estados, era el de convertirse en cortesanos domesticados bajo la batuta del soberano, sol en aquel universo regido por las leyes de la etiqueta y el decoro. Sin que se haya tenido en cuenta el capitulo que el mismo Elias dedica a la dependencia del propio soberano de sus nobles <<domesticados>> y de la servidumbre a la que le sometia a el mismo la corte (49), se ha dado por descontado que el proceso de <<cortesanizacion>> fue llevado a cabo por Carlos V y Felipe II. El reinado del emperador supuso un periodo de transicion hacia la plena domesticacion de la nobleza y su conversion en lo que se ha llamado una aristocracia de servicio (50). Siguiendo el ejemplo de sus abuelos, Carlos V mantuvo alejados a los Grandes del gobierno, que continuo en manos de la nobleza media y de los letrados, confiando a sus principales titulos misiones militares y diplomaticas (51). Ademas aquel reinado, durante el que el estamento noble dejo de ser convocado en las Cortes--en Castilla--, la nobleza se quedo formalmente sin organo de representacion; sin embargo se consolido el sistema de clientelas vinculado a las grandes casas senoriales y a los linajes (52) que iba a ser la clave del sistema de poder cortesano que floreceria en el reinado siguiente.

Con Felipe II tenemos ya a la alta nobleza instalada en la corte y teniendo cierta relevancia a la hora de participar en las discusiones politicas de la Monarquia, como se deduce de la conocida y presunta existencia de los partidos ebolista y albista (53) que nos hablan ya de la consolidacion de unos sistemas clientelares en pugna por la obtencion del favor real y, en consecuencia, del poder y del control del sistema de reparto de mercedes y cargos. Partiendo de las ideas de Norbert Elias, sin embargo, yendo mas alla de la nocion de la corte como el simple escenario de la domesticacion de la nobleza, algunos estudios han puesto de manifiesto el hecho de que el mundo cortesano, cimentado a partir del siglo XVI, no era solo una fuente de afianzamiento del poder monarquico, sino tambien una manera de mantener el nobiliario. Era, en definitiva, el universo de la corte un arma de doble filo; de hecho la introduccion de la etiqueta borgonona en 1548, que tanto limitaba el acceso de los cortesanos a la figura del monarca, iba sobre todo a beneficiar a los Grandes, los unicos que iban a poder optar a la obtencion de los pocos cargos palatinos que permitian franquear las nuevas barreras que cercaban al rey (54). En definitiva, el terreno estaba ya abonado para que en la centuria siguiente brotara en tan aristocratizante ambiente la hidra del valimiento.

Asi, con la subida al trono de Felipe III y el comienzo de la privanza del duque de Lerma, se produce poco menos que la apoteosis de la gran aristocracia. Con el regimen de Lerma, tan universalmente denigrado por la historiografia (55), parece como si la alta nobleza recuperara el protagonismo politico perdido en tiempos de los Reyes Catolicos. La figura del valido significaba, en definitiva, que <<los grandes habian impuesto su criterio>> (56). Los reinados de Felipe III y Felipe IV, por lo que respecta a la nobleza, serian aquellos que verian como la politica cortesana, cubierta por el dosel del valimiento, quedaba reducida a una lucha de facciones por acaparar la mayor cantidad posible de mercedes.

En este sentido la oposicion de la alta aristocracia al regimen olivarista y las conjuras nobiliarias de la decada de 1640 solo pueden interpretarse como la venganza de la Grandeza que se habia beneficiado del sistema implantado por Lerma y que fue desplazada por el conde duque a partir de 162157. En algunas historias de Espana se hila menos fino y se llega incluso a afirmar peregrinamente que durante el siglo XVI la alta nobleza habia estado alejada de los virreinatos y de los gobiernos militares:
   Los Reyes Catolicos y los grandes Austrias se esmeraron en alejar a
   la alta nobleza del gobierno directo del pais, recluyendola en sus
   estados, con poder casi absoluto [...]. La crisis de la monarquia
   en el siglo XVII les permitiria regresar desde sus palacios urbanos
   o rurales a las entranas mismas del Estado. Duques y condes entran
   a formar parte de los Consejos y desplazan a la pequena y mediana
   nobleza; virreinatos, ejercitos y armadas son puestos bajo su
   mando, e incluso los validos [...] se reclutan entre sus miembros
   (58).


Tras la caida de Olivares se habria impuesto una nueva etapa de equilibrio de facciones, sin que los Grandes consiguieran plenamente los objetivos que habian perseguido con sus protestas y acciones, un poco a la manera de los tiempos de Felipe II (59), hasta el comienzo del reinado de Carlos II, que fue, como nos cuentan, poco menos que una aristocracia. Como ha escrito John Lynch, <<en la persona infeliz y neurotica de Carlos II, la monarquia espanola se vio reducida a una burla de su grandeza anterior. El vacio fue llenado por la aristocracia, que alcanzo ahora su realizacion completa y definitiva>> (60). En sintesis, <<la monarquia de Carlos II era una especie de monarquia aristocratica, donde los grandes se reunian para formar o derribar un gobierno sin tener en cuenta la voluntad real>> (61).

Con mas o menos matices, a todas luces necesarios en nuestra opinion, la de mas arriba ha sido la idea motriz que ha guiado los escasos estudios de conjunto realizados sobre el reinado del ultimo rey de la Casa de Austria en Espana en general, y sobre la aristocracia del periodo en particular. Henry Kamen llego a considerar que durante la segunda mitad del siglo XVII Espana fue <<el unico pais de la Europa occidental>> que estaba totalmente bajo el control de su nobleza titulada (62). En este tipo de obras es inevitable la comparacion con otros estados europeos, mucho mas avanzados en el proceso de construccion del estado-nacion, normalmente la Francia de Luis XIV, en los que se senala que la aristocracia ha sido domesticada por la corona. <<En cambio, los Austrias espanoles habian mimado a sus nobles y aupado su autoridad>> (63). Semejante comparacion queda algo desacreditada por el hecho de que entra en contradiccion con la ya mencionada sentencia, repetida hasta la saciedad, de que los Austrias habian quitado todo poder politico a la aristocracia, manteniendoles el social y economico. Sin duda, la contradiccion puede pretender salvarse por ser el de Carlos II un reinado en el que los nobles se tomaron la revancha aprovechando la debilidad del rey.

Estudios monograficos sobre el reinado de Carlos II en general (64) y de su nobleza en particular han dado por resultado analisis mas sofisticados y libres de inercias. Segun Adolfo Carrasco las circunstancias politicas de 1665-1700 habrian sido tan extraordinarias que habrian permitido una redefinicion de los niveles de intervencion politica de la nobleza frente al rey absoluto al que, en la practica, se puede volver a considerar como el primero entre iguales (65). Al llegar Felipe V a Madrid los gobernantes franceses comprobarian, con satisfaccion, segun Kamen, cuan odiada era la aristocracia debido al cese del cumplimiento de sus funciones y obligaciones (66). Pero la gran crisis que supuso la Guerra de Sucesion permitio por fin aniquilar el fabuloso poder de los Grandes (67). Pese a encontrarnos ante la enesima sujecion de la nobleza por parte del poder monarquico durante el Antiguo Regimen, pronto descubriremos que una vez mas la domesticacion fue relativa. Frente a lo que acabamos de decir, otros autores sostienen que los Borbones siguieron mimando a la Grandeza, lo que se tradujo en el hecho de que no perdieron ni poder politico ni economico. Lo que si ocurrio, una vez mas, fue que los reyes del siglo XVIII tendieron a sustituir a los Grandes por hidalgos mas oscuros en los principales cargos ejecutivos y en las secretarias, relegandolos a los virreinatos, las embajadas y los cargos militares (68).

Asi, de nuevo asegurada la pervivencia de cierto poder nobiliario, somos otra vez victimas de una especie paramnesia. Y el siglo XVIII sera de nuevo escenario de intrigas politicas, consideradas anacronicas y reaccionarias, de esta Grandeza cuyo poder unas veces ha sido anulado y otras no. A lo largo de la centuria, y paralelamente a la formacion de una oposicion politica preliberal, existira tambien la de la aristocracia <<en la que contrasta la miseria de planteamientos ideologicos, la implicita aceptacion del poder monarquico, con la tenacidad y violencia en que se plantea el control del gobierno>> (69). A lo largo del XVIII la alta aristocracia se embarcara en una encarnizada lucha por el poder politico, por su eventual recuperacion, utilizando sus armas tradicionales, las intrigas y la publicistica, unidas a la agitacion popular (70). Una excelente muestra de semejante tactica lo constituye el motin de Esquilache (1766), llamado por algunos historiadores el <<motin de la nobleza>>, y tras el que se quiere ver una reaccion de la aristocracia al peligro que para sus privilegios creian percibir en las politicas regalistas de Carlos III (71). El eco de semejantes rebeliones y conjuras nobiliarias llega hasta las postrimerias del Antiguo Regimen, cuando tras el poco estudiado programa politico del llamado partido aristocratico en tiempos de Carlos IV (72), se llega a ver su mano tras los motines de Aranjuez de 1808 (73).

Consideramos un buen colofon a los prejuicios de la historiografia con la nobleza moderna la conclusion a la que llega Ignacio Atienza al senalar que de una forma un tanto topica--y desde luego poco veraz--se ha afirmado que la funcion de la nobleza entra en crisis durante el siglo XVIII, de tal manera que los titulados comienzan a perder parte de su fuerza y poder, lo que solo parcialmente puede ser tomado en consideracion. Los titulados no dejaron durante el siglo XVIII y XIX de cumplir con las funciones militares y politicas asignadas por su rango social (74).

Llegados a este punto, algunas preguntas retoricas nos ayudaran a recapitular los problemas que, a la hora de incluir el papel de la nobleza moderna en una narrativa coherente, plantean los desfases entre los resultados de las investigaciones monograficas y su inclusion en los paradigmas presentados en las historias globales y, en parte, divulgativas. ?Era concebible la sociedad del Antiguo Regimen sin una aristocracia con poder politico, social y economico? Si la respuesta es no entonces, ?por que empenarse en escribir la historia de su sujecion politica? Y sobre todo, ?por que considerar sus luchas por el poder anacronicas y egoistas mientras se saludan positivamente las no menos despoticas ambiciones de la Corona? Tratando de considerar como hijas de su tiempo y de su universo juridico las querellas con la Corona es como volvemos ahora al asunto del banquillo.

3. LA NOBLEZA DEL ANTIGUO REGIMEN, LA MONARQUIA CORPORATIVA Y EL ASUNTO DEL BANQUILLO

El 10 de mayo de 1774 murio en el palacio de Versalles Luis XV. A quince anos de la Revolucion, en la epoca de supuesto esplendor del estado absolutista frances, el bisnieto y sucesor del Rey Sol a punto estuvo de presentarse ante el juicio del Altisimo en pecado mortal: en su lecho de muerte se le nego la absolucion <<hasta que no hubo reconocido sus pecados de poder y sus infracciones a la ley delante de la nobleza>> (75). Tan poderosa escena era hija del imaginario politico moderno que habia heredado del pensamiento medieval su concepto de unidad de la republica, basado en la armonia de sus partes que, a su vez, se traducia en autonomia. Desde esta concepcion corporativa de la sociedad, la unidad del cuerpo politico no exigia la absorcion de los poderes que podriamos llamar perifericos por parte del central--que podemos identificar con el rey, agente, segun el paradigma tradicional, de centralizacion y uniformizacion administrativa--. Se reconoce al poder una preeminencia simbolica vinculada especialmente a su capacidad para hacer justicia, que no era sino regular la esfera de autonomia entre las distintas corporaciones para salvar la armonia del conjunto. Es por ello que los soberanos debian ser los primeros en salvaguardar y defender los privilegios y leyes de cada uno de los territorios que gobernaban, asi como respetar los privilegios jurisdiccionales (76). Es dentro de este sistema corporativo en el que deben encuadrarse la nobleza y las Casas nobiliarias--corporaciones del cuerpo politico de la Monarquia--y sus conflictos con la corona (77). Y, en consecuencia, es desde esta perspectiva desde la que hay que tratar de reinterpretar lo que ocurrio en la Capilla Real en el verano de 1705. No se trato de un episodio de tanteo de fuerzas de la nueva dinastia por parte de una nobleza egoista y cerril. Fue mas bien, en funcion del deber de revuelta (78) de la nobleza ante el despotismo, un acto de resistencia, como habia habido tantos, desde los tiempos de Olivares, contra un acto, dicho sea con todas las precauciones y cautelas, inconstitucional. No era tanto una cuestion de austracismo o de resistencia a la nueva dinastia (79) cuanto de poner limites constitucionales--por supuesto tal y como los entendia la alta aristocracia del Antiguo Regimen--al poder real (80).

3.1. Los senores feudales contra la tirania real: de la coalicion nobiliaria a la revuelta cortesana

La revuelta cortesana barroca forma parte de una ilustre genealogia cuyo origen se remonta a las coaliciones nobiliarias medievales. Las guerras civiles del siglo XIV, que en Castilla culminaron en 1369 con la muerte en los campos de Montiel de Pedro el Cruel, la entronizacion de los Trastamara y la creacion de una nueva nobleza llamada a ser la Grandeza de la epoca de los Habsburgo, fueron hijas de la lucha secular entre aristocracia y Corona por la hegemonia del poder politico. Esa feroz competencia se prolongaria durante las guerras civiles del siglo XV (81). Segun el profesor Nieto Soria, el simbolo por excelencia del caracter conflictivo que adquirio la monarquia Trastamara en Castilla a lo largo del siglo XV fue la controversia en torno al <<poderio real absoluto>> (82). Desde el ultimo cuarto del siglo XIV hasta el advenimiento de los Reyes Catolicos--en un proceso evolutivo conflictivo, no lineal y plagado de avances y retrocesos--semejante concepto y atributo de la realeza paso de ser un recurso excepcional a convertirse en un principio de uso ordinario. Sin embargo entre 1445 y 1469 la nobleza se habia dado cuenta de la radical importancia que para ellos tendria el poderio real absoluto del soberano, entendido este como la garantia de que el rey podria dispensar mercedes y garantizar privilegios. Ni aun los nobles que se levantaron contra Enrique IV, con la coyuntural alianza de las ciudades, pretendian la eliminacion del poderio real absoluto. <<Por tanto, en torno al poderio real absoluto se definia un espacio de consenso entre la monarquia y la nobleza que los Reyes Catolicos supieron aprovechar en el sentido que les fuera mas favorable. Tal posible consenso no evitaba que, en el marco de su contexto, hubiera lugar tambien para la disputa en torno a la interpretacion mas conveniente para cada parte de este instrumento de poder>> (83). Si la nobleza quedaba asi ligada por un pacto de poder con la monarquia, aunque no incondicionalmente, esta quedaba sometida al <<inestable consenso en el que la variabilidad de las actitudes personales de los que necesitan el poderio real absoluto>> (84) para mantener sus posiciones de poder en la sociedad del Antiguo Regimen.

Los desajustes, los cambios coyunturales en el equilibrio de poder en esta alianza entre corona y aristocracia para someter y explotar a la mayoria, son los que explican las luchas, los conflictos y las rebeliones de la nobleza durante la modernidad. Pero era aquella una alianza por naturaleza inestable y conflictiva. La forma que durante el siglo XV adquirio el conflicto entre nobleza y monarquia --y es este un fenomeno que puede verse no solo en Castilla sino en otros muchos reinos como el de Aragon, Portugal, Francia e Inglaterra por poner solo unos ejemplos--fue el de la guerra civil entre grupos nobiliarios, a alguno de los cuales debia adherirse la corona, vinculados no menos precariamente por las llamadas coaliciones nobiliarias (85). A partir del siglo XVI las coaliciones nobiliarias fueron dando paso a otras formas de resistencia.

En contraste con lo que ocurria en la mayoria de reinos europeos en los siglos XVI y XVII, entre los problemas a los que tuvo que hacer frente la Monarquia Catolica de los Habsburgo no se encontro el del desafio armado de su nobleza. Los Austrias espanoles no sufrieron Frondas. Tan solo los nubarrones, nunca tomados demasiado en serio, de las conspiraciones de los duques de Medina Sidonia e Hijar en la turbulenta decada de 1640 (86), habrian empanado algo el pacifico historial de los Grandes de Espana. Ello no quiere decir que las relaciones entre el rey Catolico y sus Grandes hubieran estado antes del valimiento de Olivares exentas de conflictos, como muestran, por ejemplo, los escandalos provocados por los matrimonios concertados por los linajes aristocraticos sin autorizacion real o expresamente prohibidos por el soberano (87).

A partir del valimiento de Olivares los nobles se enfrentarian a lo que interpretaban como abusos de la corona y de sus ministros contra sus prerrogativas y privilegios, preferentemente en la corte (88), mediante acciones u omisiones en cuya sucesion cabe encuadrar asuntos como el del banquillo. Las tensiones entre el regimen olivarista y la Grandeza podian intuirse desde casi el principio. En su celebre Gran Memorial de 1624 el conde duque (89) habia encontrado espacio para advertir a Felipe IV de lo peligrosos que podian resultar los Grandes para la Monarquia. <<Llego, senor, el poder de los grandes en tiempo de los senores reyes antecesores de V. Majd. a estado que alguna vez dio cuidado, y pudo con razon>> (90). Para evitar semejantes peligros Olivares recomendaba que se siguiera la politica aplicada por Felipe II--gran mito referencial del nuevo regimen (91)--, a ejemplo de Fernando el Catolico, de confiar las materias de gobierno y justicia a letrados mientras ocupaba a los Grandes en embajadas y <<ocasiones de gasto>>, con lo que, reduciendo sus haciendas, pensaba, se aseguraria su sumision (92). En atencion a todo ello Olivares acababa advirtiendo a Felipe IV que, en tanto que grupo de mayor calidad en Castilla despues de los infantes, debia favorecerlos <<pero teniendolos bajos y siempre la rienda en la mano sin dejar a ninguno crecer demasiado>> (93).

Durante los diez anos que siguieron al Gran Memorial las tensiones entre el regimen olivarista y la Grandeza crecieron hasta el limite de la ruptura. No hay aqui espacio para entrar en detalles sobre las causas concretas de semejante crisis pero el caso es que, a la altura de 1633, el valido se habia enajenado el apoyo de casi toda la Grandeza, que se sentia agraviada en sus prerrogativas, y que iba a dedicar todas sus energias durante la decada siguiente a tratar de derribarle. El principal campo de batalla de la ofensiva de la Grandeza contra Olivares y su regimen fue la corte y las armas utilizadas las de la etiqueta. A principios de la decada de 1630 habia comenzado en la corte del Rey Planeta lo que, con tanta fortuna, el doctor Maranon llamo la <<huelga de los Grandes>> (94). En marzo de 1636 se celebraron unas fiestas de mascaras a la luz de la luna y luminarias a las que dejaron de acudir la mayoria de los Grandes. Consciente del importante significado politico de la ausencia de los nobles, y para prevenir un nuevo desaire, se decidio hacer una comedia en los jardines del Buen Retiro por las fiestas de San Juan <<y para verla se ordeno viniessen los Consejos, Grandes y Embaxadores>> (95). Pese a tales ordenes, la Grandeza siguio ausentandose de la Corte intermitentemente el resto del valimiento, llegando su dejacion de funciones a su punto culminante entre diciembre de 1642 y enero de 1643--fecha de la caida de Olivares--, periodo durante el cual, segun un anonimo observador, se veia a Felipe IV casi siempre solo o muy escasamente acompanado en sus principales actividades representativas: comida, caza, concurrencia a la capilla y demas actos publicos (96).

El fenomeno de la contestacion cortesana, que no era nuevo pero que se habia consolidado durante los anos de resistencia al regimen olivarista, iba a tener en las decadas siguientes casi como escenario natural la Capilla Real. Alli se registraron protestas en 1676 contra la concesion a Valenzuela de la Grandeza, que fueron el preludio de su caida, la reclusion de la reina madre en Toledo y el espectacular ascenso al poder de don Juan Jose de Austria (97). Una primera polemica suscitada por la colocacion de un banquillo entre los Grandes y su rey tendria lugar el ano siguiente. El intento de don Juan Jose de Austria de sentarse en silla carmesi cerca del rey, donde estaba el banquillo del Mayordomo Mayor, culmino con la airada queja del duque de Alba y la amenaza de retirarse a sus estados de los duques de Osuna, Arcos, Pastrana y Medina Sidonia y los condes de Benavente y Oropesa que tanto le habian ayudado a encumbrarse (98).

A finales del siglo XVII la Capilla Real era <<metafora de la propia naturaleza de la corte regia>>, a la vez que podia ser la plataforma de actuacion y manifestacion de la aristocracia contra lo que percibian como abusos de autoridad real (99).

3.2. El asunto del banquillo como ataque contra el cuerpo mistico de la Monarquia

Al regresar al asunto del banquillo no nos interesan ni las verdaderas intenciones de los distintos aristocratas implicados en la protesta--cuyo conocimiento esta mas al alcance de un medium que de un historiador--ni las estrategias politicas y las ambiciones personales que se ocultaban tras sus actos. Vamos a ocuparnos de los argumentos juridicos a los que, para desarrollar esas estrategias, recurrieron los Grandes, que son los que, al margen de las agendas politicas de cada uno de los actores que intervinieron en aquel conflicto, arrojan luz sobre el imaginario juridico legal desde el que era concebida la Monarquia Catolica y que era puesto en cuestion por las politicas cortesanas de Felipe V, Luis XIV y sus ministros franceses (100).

El autor de La memorable, pese a presentar un relato del asunto del banquillo mas factual y cronologico que conceptual, deja entrever cuales eran las principales quejas de la nobleza. Del vivido retrato de los meses que duro la crisis se pueden extraer una serie de datos que permiten comprender cuales eran las razones de la Grandeza para no aceptar de ninguna manera la colocacion del banquillo entre ellos y el soberano. Comenzaba el autor senalando que el asunto del banquillo habia causado mas perjuicios a Felipe V que todos los que se oponian a su senorio sobre la Monarquia Catolica pues si estos le habian arrebatado por las armas alguna provincia, el caso del banco del capitan de la Guardia <<le borro el amor de la Nobleza Espanola y especialmente de la primera, quando mas la necesitaba para las eminentes necessidades de que esta rodeado>> (101).

Desde el primer momento del enfrentamiento los Grandes intentaron por todos los medios dejar claro que no se trataba de un desacato a la autoridad del rey puesto que <<estaban resueltos a servirle en todo lo que no fuere contrario a sus prerrogativas>> (102). Tras los primeros desaires en la Capilla Real el soberano intento, en la medida en que lo permitia la dignidad de su autoridad, negociar con la Grandeza. A principios de septiembre hizo el rey un gesto conciliatorio. Tras afirmar que la mudanza introducida con el banquillo no era <<en perjuicio de los Grandes cuia dignidad dimanaba de la Real>> (103), decidio anadir una clausula al capitulo original de la ordenanza que regulaba la novedad del banquillo especificando que este hecho no implicaba en ningun caso que pretendiera preterir <<en manera alguna el Cuerpo de los Grandes entre los quales y mi Real Persona por costumbre antigua de la nacion, nunca se interpuso ni puede interponer otra alguna Persona>> (104). Pero aquella aclaracion no consiguio apaciguar los animos porque, segun lo veian aquellos senores, por mucho que Felipe V sostuviera lo contrario, la presencia de aquel banco entre la Grandeza y el rey Catolico de hecho suponia una merma de sus prerrogativas; por no mencionar, ademas, el hecho de que aceptar aquel argumento les haria parecer estupidos (105).

En mitad de aquella disputa que parecia no tener solucion, cuando ya la paciencia del rey empezaba a colmarse, se produjo un acontecimiento que el autor de La memorable considero un error. Pese a la sospecha de algunos Grandes de que en Paris esperaban que alguien, al igual que habia hecho el duque de Arcos con motivo de la equiparacion con los pares, redactara un memorial en nombre de la Grandeza para poder acusarle de traicion, eso fue precisamente lo que ocurrio. Siguiendo instrucciones de no se supo muy bien quien, don Jose de la Serna, fiscal del Consejo de Ordenes, escribio una alegacion contra el banquillo. Al margen de la terrible opinion que el autor de La memorable tenia de don Jose (106), su condicion de hombre de leyes--una de las circunstancias que con mayor ferocidad se le echaba en cara en La memorable--(107) le permiten sistematizar las razones que sustentaban el derecho de los Grandes a no aceptar el banquillo. Al igual que en los pleitos de la epoca, con los que tan familiarizados estaban los nobles por los muchos que sostenian por sus estados y titulos (108), en la alegacion de don Juan de la Serna los derechos de la Grandeza eran argumentados en base a la topica. Esta forma de alegacion no parte de estructuras logico-deductivas sino de la aplicacion de un catalogo de respuestas, de topicos, procedentes de la casuistica y de autoridades juridicas y religiosas, que se van aduciendo acumulativamente para sustentar la conclusion deseada (109). Precisamente esta forma de argumentacion es una preciosa manera de llegar al imaginario <<constitucional>> de la Monarquia tal como la veia la Grandeza de Espana en aquella coyuntura (110).

La alegacion de don Jose de la Serna parte del prudente principio de que el principe manda y el subdito debe obedecer; pero cuando lo que se ordena perjudica al subdito por quitarle un derecho adquirido por legitimo titulo, privilegio o costumbre, entonces es licita y permitida <<por todos los derechos la reverente suplica al Principe>> (111). Concretando mas sin dejar de incidir en esta especie, don Jose no pone en duda que todas las preeminencias y precedencias de asientos dependen de la voluntad del principe, en quien esta su origen y conservacion. Sin embargo senala a continuacion que tal dependencia no es absoluta ya que cuando una preeminencia en cuestion dimana de la ley que establece la costumbre adquirida y es alterada <<es cosa gravosa, por mirar a la disminucion de la honra, y la Dignidad adquirida por la voluntad de los Principes, y aceptacion de las gentes, y como dijo Tertuliano, la prelacion de uno, no se hace sin injuria, y menosprecio de el que tenia la preheminencia>> (112). Y este es precisamente el caso de la colocacion del banquillo que altera la invariable costumbre de que el asiento y la cortina reales se coloquen al lado del Evangelio, junto a la cortina y la silla rasa del Mayordomo Mayor y luego, tras este, el banco cubierto de los Grandes, sin que ande de por medio ningun otro asiento. Asi pues, se justifica el <<reverente reparo hecho por el venerable cuerpo individuo collectivo de los Grandes de Castilla>> (113).

Estas palabras iniciales de aquella alegacion escrita en favor de los privilegios de la Grandeza evidencian una vez mas que la realidad politica del Antiguo Regimen venia determinada por el complejo mundo de vinculaciones corporativas y senoriales que lo componian (114). Desde el medievo se habia ido construyendo una imagen, pretendidamente natural y querida por la voluntad divina, del cuerpo politico basado en la independencia de los organos que lo conformaban--imagen a la que volveremos en breve arrastrados por la pluma de don Jose de la Serna--, todos indispensables. El respeto constitucional de los derechos de los cuerpos jurisdiccionales, a la vez considerados naturales y fruto de la tradicion, implicaba en el Antiguo Regimen el reconocimiento publico de sus estatus. Los derechos estamentales o corporativos llevaban aparejada la obligacion de asumir en todo una actitud social--comportarse publicamente segun el rango propio--y unos atributos simbolicos y de defenderlos de ataques contrarios a la naturaleza y el derecho por parte de cualquier otra jurisdiccion, incluida la real.

Era agraviante el asunto del banquillo por seis razones que don Jose de la Serna exponia, con toda profusion de citas de autoridad (juridicas, consuetudinarias y biblicas), en la parte final de su exposicion. La primera radicaba en el hecho de que la distribucion de la persona real y de los Grandes en la Capilla Real habia sido establecida por Isabel la Catolica; y aunque no hubiera contado con tan augusta instauradora, y esta era la segunda razon, <<nadie niega hauerse acostumbrado asi, la invariable inmutable certeza de dos siglos, sin que entre la presona real, y cuerpo de Grandes aya intermediado otro asiento, que el referido del Mayordomo maior, y en materia de precedencia de asientos y otros, la costumbre haze ley>> (115). Ademas semejante costumbre, continuaba con su tercera razon, nunca habia sido alterada desde su instauracion ni cuando los reyes pasados recibieron a grandes personajes o embajadores, todos los cuales, en atencion al soberano al que representaban, se sentaron en ocasiones al lado del rey, pero nunca entre este y los Grandes. A los numerosos ejemplos que aporta, ocurridos desde los tiempos de Carlos V (116), para sustentar este punto, se anaden casos biblicos para dar autoridad al cuarto argumento: la prerrogativa de ocupar asientos inmediatos a la persona real es altamente estimable, <<superior a las demas>>, y mas que justificado procurar conservar ese derecho (117).

Que tan estimable prerrogativa ha de pertenecer a los Grandes se sustancia en el quinto argumento de De la Serna. La preeminencia del asiento mas apreciable sirve para aquilatar la mayor distincion social. La preeminencia de asientos ayuda a distinguir a los primeros de los infimos grados del orden de la Republica <<y por esto se reputa por injuria y graue perjuizio ser privado de esta preheminencia>> (118). Y sin duda nadie podra negar, prosigue don Jose, que la suprema dignidad corresponde a los Grandes en tanto que <<miembros principales de el cuerpo mistico, o simbolo del Reyno>>, cuerpo cuya cabeza seria el rey y los nobles sus miembros, <<ca bien assi, como los miembros facen al hombre apuesto, e ayudan al Rey a defenderlo, e acrecentarlo, ellos han a aconsejar al Rey, en los Grandes hechos, esos puestos para fermosear su corte, e su reyno, donde son llamados miembros>> (119). Pese a las feroces criticas que le dedica el autor de La memorable, este coincide con don Jose a la hora de senalar la importancia de la armonica constitucion del cuerpo mistico del reino, que se veria perjudicada por una alteracion de la costumbre: <<seria confundir el orden por tantos siglos y con tanto conocimiento de causa establecido, seria introducir miembros nuebos e inutiles al Cuerpo mistico del Reyno, haciendole tan disforme y feo como si en el cuerpo humano se impusiese un ojo, un brazo, o una pierna mas de las que con tanta armonia conformidad y hermosura le dio la naturaleza>> (120). Tal y como lo veia la nobleza, todas las mudanzas que pretendian introducir en la corte los Borbones en ultima instancia constituia una aberrante alteracion del orden natural que regia al cuerpo mistico de la Republica, sagrada imagen corporativa que podia remontarse al pensamiento clasico y que se habia ido revistiendo de las caracteristicas y naturaleza que, a partir de San Pablo, a lo largo de la Edad Media, se habia atribuido a la Iglesia (121). A aquella altura de la modernidad los reinos constituian tambien un cuerpo mistico y los Grandes, sabiendose parte importante del mismo, no podian permitir que el rey la alterara, por mucho que fuera su cabeza. El cuerpo mistico de la Monarquia era una comunidad moral, no una agregacion fortuita de individuos o grupos (122), por lo tanto alterar de cualquier forma el lugar que ocupaban sus partes--significando esto privilegios, prerrogativas, funciones--tan solo podia hacerse por causas muy justificadas (123). Y mucho mas si dicha alteracion incumbia a la Grandeza, que estaba revestida <<del caracter de toda la Nacion>> (124).

La sexta y ultima razon aducida por don Jose de la Serna tocaba a la reputacion. Nadie creeria que el rey hubiera procedido a la novedad de preterir a la Grandeza <<sin alguna grave causa, proporcionada a tal alteracion>> (125).

A las razones de la Grandeza la corona habria respondido con dos argumentos a los que dieron cuenta los defensores del derecho de los Grandes. El primero sostenia que el capitan de la Guardia de Corps era un Grande, argumento sin duda malicioso habida cuenta de que el principe de Tserclaes habia alcanzado la Grandeza en agosto de 1705, cuando el asunto del banquillo habia estallado ya. El segundo, que no era cierto que entre el rey y los Grandes no hubiera habido nunca nadie: ocupaba esa posicion el Mayordomo Mayor, que no siempre habia sido un Grande (126).

A lo primero respondia el memorial de de la Serna que aunque fuera Grande, el principe de Tserclaes no se podia sentar frente a los Grandes en tanto que Capitan de la Guardia, puesto que <<cuando en un sujeto concurren dos dignidades, cada una con preheminencia separada, se mira al acto en el que esta, sin perjuicio de que sea inferior a su otra dignidad>> (127). A lo segundo responderia el autor de La memorable sosteniendo que el Mayordomo Mayor era <<el principal y mas considerado miembro>> (128) de la Corona, mientras que el capitan de las Guardas era <<oficial privado del Rey, es un criado de la casa Real sin dependencia ni conexion alguna con la Corona>> (129). Semejantes razones remitian a otra ficcion juridica tan cara al imaginario politico moderno como el del cuerpo mistico: el de los cuerpos del rey. Si en la epoca, como es de sobra conocido, se distinguia entre un cuerpo natural y un cuerpo politico del soberano (130), es tambien logico que se distinguiera entre un ambito cortesano politico--lo que se llama en La memorable la Corona--y otro perteneciente al ambito natural o privado del rey--la casa real--, a la que pertenecian criados como el capitan de la Guardia, de jerarquia necesariamente inferior a la de los criados de la Corona, como el Mayordomo Mayor. De igual manera en los nobles se distinguia tambien esa doble condicion corporal (131), lo que explica el argumento de las dos dignidades que refiere don Jose de la Serna en relacion al principe de Tserclaes.

En definitiva, si se daba preferencia al Capitan de las Guardas frente al Mayordomo Mayor y la Grandeza, lo que de hecho se hacia era auspiciar <<la deformidad de poner a un cuerpo dos cabezas>> (132). Y eso era algo que los Grandes, en tanto que principales miembros del cuerpo mistico de la Monarquia, obligados a aconsejar al rey tanto en asuntos privados como universales (133), naturales y politicos, no podian consentir.

4. EPILOGO RECAPITULATORIO

En octubre de 1705 el Archiduque y sus tropas entraron en Barcelona. En menos de un ano todos los reinos de la Corona de Aragon--el reino de Valencia en diciembre de 1705, el de Aragon a finales de junio de 1706 y el de Mallorca en diciembre de 1706--le reconocerian como su rey. En el paroxismo de esta espiral de derrotas borbonicas, aparentemente imparables hasta la batalla de Almansa en abril de 1707, se produjo la primera ocupacion austracista de Madrid en el verano de 1706. Como consecuencia de todas estas circunstancias belico-politicas se sucedieron una serie de fenomenos que son ya un lugar comun en la historiografia: a medida que, a partir de 1707, Felipe V fue reconquistando sus perdidos reinos, mediante los celeberrimos Decretos de Nueva Planta, acabo con sus fueros, lo que significo la liquidacion de la naturaleza juridica de la Monarquia Catolica desde su formacion por la extincion de varios derechos territoriales que la componian (134). En el contexto de estas interpretaciones, cuando se pasa a hablar del austracismo y el felipismo, en relacion con la alta aristocracia, no es menos convencional lo que leemos una y otra vez al respecto: los nobles castellanos que abrazaron la causa austracista lo hicieron o por decepcion--implicitamente egoista--con el regimen de Felipe V o por oportunismo (135).

La coexistencia de ambos fenomenos desigualmente valorados--la legitima defensa de los reinos de sus fueros y los moviles siempre sospechosos de la nobleza a la hora de adherirse a un bando o a otro--puede tambien conducir a identificar como proyecto novedoso lo que no eran sino premisas politicas inherentes al universo ideologico del Antiguo Regimen:
   en aquella contienda de raiz dinastica se planteo un modelo para
   toda Espana, alternativo del absolutismo. Se trataba de un sistema
   auspiciado por los partidarios del archiduque Carlos de Austria,
   basado en un poder regio limitado, en la representacion politica
   (por lo menos de los grupos sociales acomodados), en el parlamento
   y en la concepcion <<federal>> de la monarquia (136).


Si los austracistas en tiempos de la Guerra de Sucesion defendieron un modelo politico para toda Espana--y habria que puntualizar a que se esta llamando Espana. ?A la Espana peninsular, exceptuado el Portugal restaurado, e islas adyacentes? ?A la Espana peninsular, islas adyacentes y reinos italianos? ?A los reinos de Castilla, Aragon, etc., mas los de Napoles y Cerdena, los virreinatos americanos y los dominios asiaticos?--, basado en la limitacion del poder real frente a los privilegios estamentales y regnicolas y una estructura politica no centralizada, basada en la union dinastica, y solo dinastica, de los reinos y senorios de la Monarquia, entonces estaban poco menos que descubriendo el Mediterraneo. Porque no otra cosa habia sido la Monarquia Catolica de los Habsburgo desde sus origenes; e igualmente desde sus origenes sus soberanos habian intentado imponer su poder absoluto en detrimento, y con la contestacion, de las distintas corporaciones politicas --reinos y estamentos, esencialmente--.

Un episodio mas de intento de imposicion real contra la armonia del cuerpo mistico de la Monarquia fue la decision de Felipe V de poner en la Capilla Real un banquillo para su capitan de la Guardia de Corps. Parece mas riguroso historicamente considerar la reaccion a esta decision por parte de la Grandeza, mas que como una anecdota intrascendente, a lo combates honrosos de cuentos, chistes y enredos, como un acto de rebeldia, que en la forma y en el fondo contaba con una tradicion que podia remontarse al menos al primer cuarto del siglo XVII, contra una decision tiranica que atentaba contra los derechos y privilegios de un cuerpo jurisdiccional concreto, el de la Grandeza de Espana.

El asunto del banquillo fue un episodio de resistencia de la Grandeza en su secular lucha por la preservacion de sus derechos frente a las apetencias totalitarias del soberano, en aquella coyuntura un rey Borbon de legitimidad tambaleante. Las circunstancias politicas futuras serian mucho mas propicias para la Grandeza que para los reinos de la Corona de Aragon a la hora de preservar sus prerrogativas. La crisis de 1709, cuando Luis XIV se vio constrenido a retirar el apoyo a su nieto, obligo a Felipe V a buscar la alianza con los Grandes, lo que significo el fin de las politicas tendentes a alterar las constituciones del reino para aumentar el poder del monarca (137). Una nueva crisis en el dificil equilibrio entre el poder real y el aristocratico se habia saldado, de nuevo, con la sancion de las leyes y privilegios tradicionales que componian la esencia juridica de la Monarquia, los mismos que garantizaban la preponderancia politica, social y economica de la nobleza. Si consideramos un derecho determinado como parte de la ideologia de su epoca y de su sociedad, tal defensa aristocratica de la legalidad de la Monarquia no ha de sorprender; desde hace tiempo sabemos que una ideologia hegemonica determinada no es sino una forma de legitimar moralmente el crudo ejercicio del poder (138). Eso era verdad en el Antiguo Regimen y en las epocas que la han seguido y que miran hacia atras con suficiencia a la vez que se legitiman. Pero esta ya es otra historia.

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Fecha de recepcion: 24/10/2011

Fecha de aceptacion definitiva: 24/01/2012

Antonio TERRASA LOZANO

CIDEHUS-Universidade de Evora

aterrasa@gmail.com

(1.) Este articulo se ha elaborado a lo largo de varios anos en los que se ha enriquecido gracias a las sugerencias bibliograficas, las discusiones y las lecturas criticas de varios colegas, mientras sus defectos permanecian en el ambito de mi exclusiva responsabilidad. Muy especialmente debo expresar mi agradecimiento a Ignacio Vicent, Eva Botella, Domingo Centenero y Jose Antonio Lopez Anguita quien, generosamente, ha compartido conmigo su erudicion bibliografica referida a un periodo que tan bien conoce.

(2.) Investigador postdoctoral de la Fundaqao para a Ciencia e a Tecnologia, SFRH/BPD66015/2009; miembro del grupo de investigacion <<Asimilaciones e integraciones de las nuevas noblezas en la Monarquia Hispanica: poder y representacion (1621-1725)>> (HAR2012-39016-C04-01).

(3.) Asi llama a la Capilla Real del rey Catolico Manuel Rivero, capellan de honor de la susodicha capilla, en su Breve descripcion de la Real capilla de Madrid (1640) (ALVAREZ-ossorio, 2001: 345).

(4.) BNE, mss/10641. La memorable y terrible Historia del Vanquillo y grandes de Espana. Sangrienta Guerra de la Grandeza Espanola, sin sacar la Espada, y combates honrrosos de Chismes, Quentos, y Enrredos. Obra inedita, escrita por el famoso Salazar. Sacada fielmente del manuscrito original que se conserva, con las demas obras del Autor, en el Real Monasterio Benedigtino de esta Corte, con el Titulo de Na Sa de Monserrate. A partir de ahora citado como La memorable. Esta es solo una de las muchas copias que se conservan, con variaciones, del documento.

(5.) DOMINGUEZ ORTIZ [1976] 1988. 5-6.

(6.) DOMINGUEZ ORTIZ [1976] 1988: 40. El autor sigue la opinion francesa sobre el particular presente en la correspondencia del duque de Noailles. Millot, 1839: 184.

(7.) Obras recientes han reconocido que el paradigmatico absolutismo de Luis XIV se baso tambien en un pacto con la alta aristocracia francesa. LEWIS, 2005: 16-17. Sin embargo hace ya veinte anos que Roger Mettam se quejaba de las dificultades de echar de los libros de texto, pese a los trabajos publicados y las evidencias, el topico de un Luis XIV de omnimodo e incontestable poder. METTAM, 1988: 5.

(8.) Escribia el embajador ingles Godolphin a principios de 1677 que <<he escrito a mi rey que en Inglaterra hay un parlamento que suele hacer al rey andar con la ley a su dictado: que se consuele, que es peor en Espana, donde cada senor es un Parlamento que le impone leyes al rey; y yo tambien he de decirselo al Rey Catolico, que no de lugar a esto, porque es de muy mala consecuencia y ejemplar en los reyes>>. Citado en CARRASCO MARTINEZ, 1999: 113.

(9.) El ejemplo mas conspicuo de este cambio de opinion nos lo ofrece el propio embajador frances Michel-Jean Amelot quien, durante los primeros meses de su embajada en Madrid en 1705, paso de pensar que nada se podria hacer sin contar con la Grandeza a creer que su unico empeno era debilitar al rey y, por tanto, que se la debia neutralizar. MILLOT, 1839: 184.

(10.) Segun contaba el marques de Louville en abril de 1701, Felipe V habia sentido la casi inevitable tentacion de pedir a los Grandes que se encontraban en su presencia que se descubrieran. ALLONVILLE, 1818, p. 133.

(11.) BOTTINEAU [1962] 1986: 184. Vease tambien GOMEZ-CENTURION, 1996. De hecho la reforma de la corte no se acometio hasta 1709, coincidiendo con las obras del Alcazar y el cambio de su planta, sin que al parecer dicho cambio fuera de muy largo recorrido. Gomez-Centurion, 1996: 992-994.

(12.) <<[...] la etiqueta, utilizada debidamente, reforzaba la jerarquia e imponia un orden; y conseguir asentar la jerarquia y el orden era, de entre todos, el principal objetivo de las culturas politica y cortesana de las primeras elites dominantes modernas>>. NOEL, 2004: 141.

(13.) BOTTINEAU [1962] 1986: 183.

(14.) Se hallan numerosos ejemplares del memorial en la Biblioteca Nacional en Madrid. Hemos trabajado con el mss/6708; hay tambien copias y versiones del mismo en mss/10991, mss/9896, mss/13189; mss/10904. El principal motivo de queja del memorial recaia en la injusticia manifiesta de hacer que los pares y duques de Francia pasaran a ocupar la primera jerarquia en la escala aristocratica, pues nadie habia entre el rey Catolico y los Grandes, mientras que estos ultimos se situarian en quinto lugar respecto al rey Cristianisimo, habiendo entre este y los duques y pares cuatro categorias nobiliarias (principes, principes de la sangre, principes no legitimos y principes extranjeros). La unica equiparacion aceptable, segun el memorial, era la que se estableciera entre los Grandes y los principes de la sangre.

(15.) BNE, mss/6708, fol. 56.

(16.) SAINT-SIMON, 1945: 313-314.

(17.) En la tesis que esta finalizando Jose Antonio Lopez Anguita sobre la figura de la reina Maria Luisa Gabriela de Saboya y su relacion con su Camarera Mayor, la princesa de los Ursinos, entre 1701 y 1705, se encontrara en su primera parte un excelente estado de la cuestion sobre esos primeros anos del reinado de Felipe V, amen de un analisis que profundiza en aspectos que explican los mecanismos de instauracion de la nueva dinastia. Agradezco a su autor que me permitiera leer el manuscrito del primer capitulo de esta tesis.

(18.) En 1702 se produjo la sonada defeccion del Almirante de Castilla. Sobre el ultimo Almirante de Castilla en general y sobre su austracismo en particular vease Fernandez Duro, 1902. Para una reciente biografia del Almirante vease GONZALEZ MEZQUITA, 2007.

(19.) El marques de Leganes fue primero confinado en Pamplona y, mas tarde, conducido a Francia, donde moriria en 1711. LAFUENTE, 1889: 24-25 y no. 1.

(20.) Las ordenanzas de reforma de la Guardia de Corps estan fechadas el 12 de junio de 1704. Dicha reforma habia suscitado ya gran polemica, pues establecia que los capitanes de dicha Guardia pasarian a estar bajo el mando directo del rey, de quien recibirian las ordenes, saltandose la autoridad y mediacion del Mayordomo Mayor, a quien hasta entonces habian estado sometidos jerarquicamente. En Versalles se consideraba imprescindible reforzar a la guardia real aunque eso supusiera enfrentar, una vez mas, la oposicion de los Grandes. Girardot, 1864: 72. MOREL-FATIO y LEONRADON (eds.). 1898: 13-16; 65-66, 118, 121 y 146. Para esta polemica reforma vease GOMEZ CENTURION, 1996: 986; ANDUJAR CASTILLO, 2001; GLESENER, 2005; DESOS, 2009: 241-243; ANDUJAR CASTILLO, 2013; HORTAL MUNOZ, 2013.

(21.) Tal y como ordenaba el rey, <<es mi voluntad quel Capitan de mis guardas del cuerpo, para que pueda concurrir sin descomodidad en todas las funciones de la Capilla, comedias, y otras publicas (sic), tenga detras de mi silla un vanquillo cubierto de tapiceria como el vanco de los Grandes, por la gran distincion que quiero hacer de este empleo>>. La memorable, f. 32.

(22.) En la correspondencia de aquellos dias entre Versalles y Madrid el tema del banquillo fue ampliamente tratado. MILLOT, 1839: 185; GIRARDOT, 1864: 86 y 91-94.

(23.) La memorable, f. 11.

(24.) Segun el autor de La memorable los Grandes que aquel dia se reunieron en Palacio, por ser los que no estaban fuera de Madrid exiliados o desempenando misiones diplomaticas o militares, fueron los duques del Infantado, Medinaceli, Arcos, Medina Sidona, Sesa, Montalto, Veraguas, San Pedro, Linares, Abrantes, Banos y Atrisco, los condes de Benavente, Lemos, Monterrey, Fuensalida, Frijiliana, Aguilar, Onate, Banos, Penaranda y Palma, los marqueses de Astorga, Priego, Aguilar, Carpio, Camarasa, Castromonte, Laconi, Clarafuerte y Montealegre, y don Alonso de Guzman. La memorable, f. 12.

(25.) Sobre la imagen de Felipe V y su entorno cortesano vease Lopez-Anguita, 2013.

(26.) La memorable, f. 15.

(27.) La memorable, f. 15.

(28.) Integrada por Inglaterra, el Imperio, las Provincias Unidas, Hannover, Neoburgo, Saboya y, desde 1703, tras la firma del tratado de Methuen, Portugal.

(29.) La memorable, f.1.

(30.) Cuando en 1702 se equiparo a los Grandes con los pares de Francia fue el autor del memorial que el duque de Arcos entrego, buscandose la ruina, contra tal decision. Anos mas tarde Salazar y Castro sufriria las consecuencias de esta colaboracion al perder su salario como Cronista de Indias en 1711 y no ser incluido entre los historiadores que fundarian la Real Academia de la Historia. GARCIA-BADELL ARIAS, 2005: 136. Para la vida y obra del gran genealogista seguimos sin contar con la biografia que el personaje requiere. Vease mientras tanto VARGAS ZUNIGA y MONTERO DE ESPINOSA, 1973 y SORIA MESA, 1997.

(31.) BNE, mss/2776.

(32.) BNE, mss/ 10424.

(33.) GOMEZ-CENTURION, 1983. Sobre literatura polemica y satira politica cabe destacar respectivamente los trabajos pioneros de JOVER ZAMORA [1949] 2003, EGIDO, 1971 y EGIDO, 1973. Para la publicistica durante la Guerra de Sucesion vease el trabajo de PEREZ PICAZO, 1966. Para un estado de la cuestion hasta casi la actualidad vease MARTIN VELASCO, 2008: 212, no. 2.

(34.) La memorable, f. 62.

(35.) La memorable, f. 14.

(36.) VICENT LOPEZ, 1994: 400. No en vano el gran clasico sobre el reinado de Felipe V, del que todos los estudios posteriores sobre la materia, sea cual sea su aproximacion, beben es BAUDRILLART, 1890.

(37.) MARTIN VELASCO, 2006: 143.

(38.) Noel, 2004, p. 148.

(39.) Es decir, como <<la disponibilidad y el talento del historiador para comprender el pasado, quiza incluso exotico, a partir del contexto propio desde donde el se encuentra. Tener un sentido historico es vencer de una manera consecuente esta ingenuidad natural que nos hacia juzgar el pasado segun los parametros considerados evidentes en nuestra vida cotidiana, en la perspectiva de nuestras instituciones, de nuestros valores y de nuestras verdades adquiridas>>. GADAMER [1993] 2003: 42-43.

(40.) <<En nuestra opinion, resulta intrascendente, por lo efimero del episodio, el tan reiterado "asunto del banquillo">>. Andujar Castillo, 2001: 101.

(41.) Desde la monografia dedicada a la Casa de Osuna de Ignacio Atienza (ATIENZA, 1987), sobre todo a partir de los primeros anos del siglo XXI, muchos estudios, desde perspectivas diferentes, dedicados a Casas nobiliarias de la Monarquia han contribuido al conocimiento cientifico del estamento aristocratico sin que sus resultados, en muchas ocasiones, hayan llegado a las historias generales. Sin animo de exhaustividad cabe citar los estudios sobre la Casa de Arcos (GARCIA HERNAN, 1999), la de Braganga (CUNHA, 2000), la del Bailio (MOLINA RECIO, 2002), el marques de Velada (MARTINEZ HERNANDEZ, 2004), la Casa de Medina Sidonia (SALAS ALMELA, 2008), la del Infantado (2010), la de los Velez (RODRIGUEZ PEREZ, 2011) o la de Pastrana (TERRASA LOZANO, 2012). Para obras de interpretacion de conjunto vease CARRASCO MARTINEZ 2000; YUN CASALILLA, 2002; SORIA MESA, 2007; RIVERO RODRIGUEZ (coord.), 2009.

(42.) Este mito tambien hace tiempo que fue negado por la historiografia especializada. Sirvan de ejemplo el caso de las relaciones entre la nobleza y la administracion de asientos en tiempos de Carlos II, SANZ AYAN, 1988: 463; o los estudios recogidos en JANSSENS y YUN CASALILLA (eds.), 2005.

(43.) <<The Catholic Kings revived the power of the monarchy, and, at least in Castile, had laid the foundations of an authoritarian State, galvanized into activity by a high sense of national purpose and by the glittering opportunities suddenly revealed by the overseas discoveries>>. ELLIOTT [1963] 2002: 110-111.

(44.) <<Se ha dicho muchas veces que la politica de Fernando e Isabel estaba enderezada a destruir a los nobles o, cuando menos, a transformarles en cortesanos desarraigados de sus dominios. Los hechos nos demuestran a cada paso acciones muy diversas, a veces incluso opuestas. No hay que confundir una politica de recuperacion del patrimonio real--un monarca rico, se piensa, es siempre un monarca fuerte--con una accion y un pensamiento sistematicamente antinobiliarios. Los reyes defienden siempre sus intereses particulares, como cualquier noble puede defender los suyos, pero conservan cuidadosamente los linajes porque en el primer estamento ven los unicos colaboradores eficaces en la alta tarea de gobernar>>. SUAREZ FERNANDEZ [1969] 1983a: 142. <<Se encuentra a menudo en los libros la afirmacion de que Fernando e Isabel practicaron en relacion a la nobleza una politica de hostilidad encaminada al abatimiento de su poder. Afirmacion que tiene su raiz en lo que los cronistas les atribuyen, de acuerdo con lo que era su deseo. Pero esto se contradice con lo que los documentos nos revelan>>. SUAREZ FERNANDEZ [1969] 1983b: 250.

(45.) ELLIOTT [1963] 2002: 113-114. Sin embargo esta vision muchas veces matizada no se tiene siempre en cuenta en las narrativas generales de la historia de Espana. <<La nobleza ostentaba un poder politico y una influencia social que superaban a veces sus muchas riquezas. Y esto en todos los ambitos, tanto en el gobierno central de la Monarquia como en el comarcal y local. Durante el siglo XV, la alta nobleza hubo de acomodarse a las nuevas estructuras de poder del naciente Estado moderno, en buena medida transformando lo que habian sido sus funciones caracteristicas durante el periodo medieval. Es cierto que los reyes encontraron en los "letrados" [...] un instrumento docil y bien preparado para dar vida a las nuevas instituciones de justicia y de gobierno que ahora se configuraban, y procuraron mantener alejada a la alta nobleza de las grandes decisiones politicas y de gobierno, pero no podian prescindir de ella en el desempeno de ciertas funciones>>. FLORISTAN IMIZCOZ y VAZQUEZ DE PRADA, 1992: 283.

(46.) SUAREZ FERNANDEZ, 2003: 179.

(47.) LYNCH, 1992: 22-24. Para un profundo analisis lo que podriamos llamar mentalidad e identidad aristocraticas contamos con Guillen BERRENDERO, 2012.

(48.) LYNCH, 1992: 22.

(49.) ELIAS [1969] 1993: 159-196. El capitulo al que hacemos referencia es el no. VI, titulado en la traduccion espanola de la obra <<La vinculacion del rey por la etiqueta y las oportunidades de prestigio>>.

(50.) BENNASAR, 1989: 379.

(51.) VALDEON, PEREZ y JULIA, 2003: 211.

(52.) DOMINGUEZ ORTIZ [1976] 1988: 163.

(53.) ELLIOTT [1963] 2002: 258-268.

(54.) BOUZA ALVAREZ, 1994: 52.

(55.) Al menos hasta las mas matizadas ALLEN [2000] 2001 y FEROS [2000] 2002.

(56.) LYNCH, 1992: 440.

(57.) Vease sobre el desmantelamiento de las redes clientelares del duque de Lerma por Olivares, por ejemplo, ELLIOTT [1986] 1990: 63-67.

(58.) GARCIA DE CORTAZAR Y GONZALEZ VEGA [1993] 1995: 234. Confrontese, por ejemplo, con HERNANDO SANCHEZ, 1994.

(59.) STRADLING [1988] 1989, sobre todo, pp. 351-381.

(60.) LYNCH, 1992: 311-312.

(61.) LYNCH, 1992: 314.

(62.) KAMEN [1980] 1987: 371.

(63.) KAMEN [1980] 1987: 371.

(64.) Estos estudios se han centrado en los intentos de reforma, sobre todo hacendisticos, emprendidos por los gobiernos de Oropesa y Medinaceli a partir de la decada de 1680 que han servido para quitarle al reinado el sambenito de la decadencia total, para demostrar que la incapacidad del soberano no implicaba el colapso de la estructura de la Monarquia y para relativizar la supuesta originalidad del reformismo borbonico. Vease por ejemplo SANZ AYAN, 1996 y SANZ AYAN 2002: 456 y siguientes. Veanse tambien los trabajos reunidos en RIBOT GARCIA, 2009 y en RIBOT GARCIA, 2006: 199-276

(65.) CARRASCO MARTINEZ, 1999.

(66.) <<Resulta imposible no estar de acuerdo con esta pintura. En un mundo en que muchas cosas cambiaban, la aristocracia permanecio firme e inamovible, una barrera al cambio>>. KAMEN [1980] 1987: 419.

(67.) KAMEN [1980] 1987: 420. <<Los grandes no lograron nunca recuperar la influencia que perdieron en la Guerra de Sucesion, en la que se mostraron politicamente cambiadizos e incompetentes y excesivamente altaneros>>. CARR [1966] 1987: 55.

(68.) GONZALEZ ENCISO, 1991: 59 y 67.

(69.) EGIDO, 1987: 157.

(70.) EGIDO, 1987: 161-162.

(71.) MACIAS DELGADO, 1988: 19. Se encuentran incluso referencias al suceso como el <<motin de la nobleza>>. MACIAS DELGADO, 1988: 13. Lo que interesa del motin de Esquilache ahora es la lectura que se extrae de la participacion en el mismo de la nobleza: la insurreccion fue el resultado de la conjuncion de intereses entre una plebe violenta y un grupo de senores poderosos e influyentes que deseaban acabar con Esquilache y frenar las reformas gubernamentales, pues se sentian amenazados por la politica del rey y sus ministros tendente a rescatar regalias a bajo precio. En resumen, de nuevo la corona progresista se enfrenta a la nobleza reaccionaria y egoista. DOMINGUEZ ORTIZ, 1988: 78-79 y 82.

(72.) <<No creo que esto [las discusiones a partir de 1792 acerca de la limitacion del poder real mediante un fortalecimiento del poder del Consejo de Estado, lo que implicaba una recuperacion politica de la nobleza y tal vez la convocatoria de Cortes] convirtiera entonces a unos y otros, partidarios de Godoy o del <<partido aragones>> o <<aristocratico>>, en progresistas o retrogrados por negar en un caso o promover en el otro una revitalizacion politica de la nobleza. Pienso que la dimension del debate se situa en otros terminos que tienen mas que ver con una concepcion o no de la monarquia como un espacio de relaciones politicas. [...] Lo poco que sabemos aun del planteamiento desde los amplios circulos de la nobleza cercanos al <<partido aristocratico>> parece apuntar a una concepcion mas politica de la monarquia y de la posicion ocupada en ella por el monarca>>. Portillo Valdes, 2000: 83-84.

(73.) EGIDO, 1987: 157.

(74.) ATIENZA HERNANDEZ, 1987: 60.

(75.) BARUDIO [1981] 1986: 23.

(76.) Seguimos esencialmente en todo esto a HESPANHA, 1994.

(77.) Conflictos que siempre fueron entre formidables poderes opresores condenados a entenderse. La fecunda historiografia marxista sobre el absolutismo ya habia interpretado el absolutismo como un aparato creado para reorganizar y potenciar el dominio feudal. Sin embargo, y a la vez, la <<llegada del absolutismo nunca fue, para la propia clase dominante, un suave proceso de evolucion, sino que estuvo marcada por rupturas y conflictos extremadamente duros en el seno de la aristocracia feudal, a cuyos intereses colectivos en ultima instancia servia>> (ANDERSON [1974] 2002: 12-15). Estas tensiones adquirieron en muchos casos la forma de conflictos derivados del choque de esferas de privilegio, prerrogativas y jurisidicciones.

(78.) Tomamos el concepto de JOUANNA, 1989.

(79.) En relacion a la esquematica division entre austracistas y borbonicos con que siempre se intentan explicar todos los conflictos de aquellos anos, Ignacio Vicent ha senalado que <<la lectura ingenua de la abundantisima documentacion producida en la Peninsula como consecuencia del conflicto y a la luz de los acontecimientos que le sirven de contexto, tanto antes de la muerte de Carlos II como durante la Guerra de Sucesion, permite redimensionar el debate entre austracistas y felipistas en Castilla mas alla de la mera parcialidad dinastica, mas alla del particularismo egoista y miope de unos cuantos senores, o del inmovilismo de unos consejeros inoperantes amarrados a sus viejos metodos y privilegios. Vision, esta ultima, a la que tambien ha contribuido de manera importante el paradigma estatalista que ha dominado nuestra historiografia casi desde la desaparicion del antiguo regimen>>. VICENT LOPEZ, 1994: 401.

(80.) VICENT LOPEZ, 1994: 398-400.

(81.) MOXO, 1969.

(82.) NIETO SORIA, 1998.

(83.) NIETO SORIA, 1998: 225.

(84.) NIETO SORIA, 1998: 227.

(85.) El vocablo <<confederar>> se tradujo del latin <<confederare>> al castellano en el siglo XV, cuando sin duda mas necesario devino tal verbo en la lengua, significando <<hacer alianza, liga i union o pacto entre varios>>. ALONSO PEDRAZ, 1986: 750. Para las coaliciones nobiliarias en el siglo XV vease por ejemplo MORALES MUNIZ, 1988.

(86.) A las que habra que anadir la muy exitosa del duque de Braganga en diciembre de 1640. Para dicha conspiracion y, en general, la figura de Juan IV de Portugal vease COSTA y CUNHA, 2006. Sobre la conjura del duque de Hijar sigue siendo la unica monografia de envergadura, ya aneja pero util y no tan anticuada como pudiera sospecharse, EZQUERRA ABADIA, 1934. Para la del duque de Medina Sidonia cabe citar la pionera DOMINGUEZ ORTIZ, 1961; y la mas reciente interpretacion de la misma en SALAS ALMELA, 2008: 349-408.

(87.) Como ocurrio, por ejemplo, en 1590 cuando el rey ordeno la prision de todos los nobles que habian estado presentes en la boda, en el palacio de los duques del Infantado de Guadalajara, del duque de Alba con dona Mencia de Mendoza, hija del duque del Infantado, matrimonio que se habia efectuado contra la voluntad expresa de Felipe II. Los represaliados fueron el propio duque de Alba, el Almirante de Castilla, el Almirante de Aragon, el duque del Infantado, el de Pastrana y su hermano el conde de Salinas. CABRERA DE CORDOBA [1619] 1876: 444-446. Celebre episodio citado tambien en MARTINEZ HERNANDEZ, 2004: 177-178, CARRASCO MARTINEZ, 2010: 74-75 y TERRASA LOZANO, 2012: 173-175.

(88.) Eso no fue obice para que, aunque de manera residual, se mantuvieran en tiempos de Olivares formas de contestacion de clara matriz medieval. Asi, por ejemplo, uno de los mas conspicuos Grandes anti-olivaristas, el VII duque del Infantado, resucito la figura de la coalicion nobiliaria. El 15 de julio de 1633 suscribio un pacto de coalicion y amistad con el duque de Medinaceli. El documento seguia sin cambiar un apice las pautas de los firmados constantemente por la nobleza castellana durante las guerras civiles medievales. AHN, Osuna, leg. 1860-32. De la rareza de la coalicion nobiliaria en el siglo XVII puede darnos idea el hecho de que el documento que citamos comparte legajo con otras confederaciones suscritas por la Casa del Infantado: todas ellas son de mediados del siglo XV --la mayoria concertadas durante el reinado de Enrique IV--menos una de 1480 y la revocacion de otra declarada por el duque del Infantado en 1539.

(89.) Si es que podemos seguir pensando que el Gran Memorial es de 1624 y se debio al conde duque tras las dudas sobre ambos puntos planteadas en RIVERO RODRIGUEZ, 2012.

(90.) ELLIOTT y DE LA PENA, 1978: 54. Tras su caida, en el Nicandro, Olivares insistira en el mismo argumento, revelando de paso cual era su fuente de informacion sobre los excesos aristocraticos: <<La razon de estado de los Grandes es mejor dexalla en silencio pues V.M. sabe por las historias quan trabajados han tenido estos Reinos continuamente, quando estavan poderosos y ricos>>. Nicandro o antidoto contra las calumnias que la Ignorancia y Embidia ha esparcido por desluzir y manchar las heroycas e inmortales acciones del Conde Duque de Olivares despues de su retiro, BNE, R/13027/10, f. 6v.

(91.) ELLIOTT [1986] 1990: 102.

(92.) ELLIOTT y DE LA PENA, 1978: 54-55.

(93.) ELLIOTT y DE LA PENA, 1978: 55.

(94.) Maranon, 1936: 129-131.

(95.) Sumario y compendio de lo sucedido en Espana, Italia, Flandes, Borgona y Alemania desde febrero de 636 hasta 14 de margo de 1637, BNE, mss/2367, ff. 181-188v.

(96.) MARANON, 1936: 129-131 y NOEL, 2004: 149.

(97.) Vease por ejemplo CODOIN no. lxvii: 69-133.

(98.) CARRASCO MARTINEZ, 2012: 102-105.

(99.) ALVAREZ-OSSORIO, 2001: 345.

(100.) Analizamos los argumentos aristocraticos expuestos en los dos principales documentos en defensa de la causa de la Grandeza en el asunto del banquillo con que contamos: por una parte, la version de La memorable que hemos venido siguiendo en este articulo; por la otra, el parecer que emitio sobre este asunto don Jose de la Serna, miembro del Consejo de Castilla, titulado Papel que el Sr. Don Joseph de la Serna del Consejo de Castilla escrivio a instancia del Duque de Medinaceli con motivo de haverse puesto en la capilla el Banco para sentarse el Capitan de Guardias, y preceder al Banco de Grandes y custodiado en la BNE bajo la signatura mss/11007, ff. 111-121. Cabe senalar que el segundo fue anterior al primero pues en La memorable leemos que algun desconocido personaje <<se valio de Don Josep Laserna Fiscal del Consejo de Ordenes, para que escribiese en apoio de los Grandes>>. La memorable, f. 55.

(101.) La memorable, f. 3.

(102.) La memorable, f. 15.

(103.) La memorable, f. 31.

(104.) La memorable, f. 32.

(105.) Aceptar aquello les haria perder prerrogativas y mucha estimacion <<del juicio pues se podria dezir, que personas de su caracter, y algunas llenas de anos y empleos, y experiencia no sabian pesar, ni eran capaces de comprender el dano que llegaban a recibir>>. La memorable, f. 36.

(106.) Al que califica de <<hombre ligerissimo, vano, insubstancial, y totalmente ignorante de la materia>>. La memorable, f. 55.

(107.) <<[...] a fuer de Letrados, y de Fiscal que siempre vigilan en las transgresiones de la Ley, y en acusar a los que las executan, no hallaria mas natural predisposicion, que la de Fiscalizar al Rey mismo, y a su potestad absoluta en cosa, que devio concebir no podia S.M. executar. Y reduciendo a las Leyes de Toro y Partidas, a las Autoridades de Lattino, Paccito y Cortiads, que son siempre su Escudo, una contienda em que no hay mas ley, que la costumbre, haria una alegacion Fiscal llena de Y porques, y otrosi, con que a su juicio no podria dexar de condenar al Rey qualquier Alcalde de tierra de Campos entre cuios fecundos terrones estudio este Maestro la refinada politica en que resplandeze>>. La memorable, f. 56.

(108.) KAGAN, 1981: 71; TERRASA LOZANO, 2012.

(109.) Sobre la topica juridica vease VIEHWEG [1953] 1962.

(110.) Muchas veces en la Edad Moderna graves y grandes problemas derivados de la interpretacion de diversos aspectos relacionados con la naturaleza politica de la Monarquia adquirian de hecho la forma de pleito. Asi lo han entendido varios historiadores que han llevado a cabo estudios de largo alcance a partir del analisis de un pleito. Tal es el caso del pleito sostenido por la colocacion del escudo del obispo saliente de Puebla de los Angeles en la capilla mayor de su catedral analizado por Eva Botella (BOTELLA ORDINAS, 1998) y el de Belalcazar estudiado por James Owens (OWENS, 2005).

(111.) BNE, mss/11007, ff. 111-111v.

(112.) BNE, mss/11007, ff. 112-112v.

(113.) BNE, mss/11007, ff. 113-113v.

(114.) Seguimos en esta materia a HESPANHA, 1994: 297-307 y 324-349; y CLAVERO, 1986: 14.

(115.) BNE, mss/11007, f. 114.

(116.) BNE, mss/11007, ff. 114v-116.

(117.) BNE, mss/11007, f. 116.

(118.) BNE, mss/11007, ff. 116-116v.

(119.) BNE, mss/11007, ff. 117v-118.

(120.) La memorable, f. 49.

(121.) La obra clasica y fundamental sobre el particular es KANTOROWICZ [1957] 1985: 194 y ss. Una clara y breve sintesis de la evolucion de la nocion politica corporativa en SANCHEZ-COCHA BARRIOS, 1999: 101-106.

(122.) RODRIGUEZ PUERTO, 2011: 181-182.

(123.) Como afirma don Jose de la Serna, la <<mudanza de la ley establecida en un Reyno aun sin la reflexion de perjuicio de tercero, se ha tenido siempre por de tanto peso, que para mudarla, no basta una evidente utilidad, sino que se necesita evidentissima, y que la novedad de la mudanza tenga tal utilidad, que pueda superar los infinitos males, que se pudieran seguir de la observancia>>. BNE/, mss/11007, ff. 118v-119.

(124.) La memorable, f. 49.

(125.) BNE, mss/11007, f. 118v.

(126.) Asi lo recogian las obras consagradas a exaltar los privilegios y prerrogativas de la Grandeza. Como escribiera el abogado Alonso Carrillo a mediados del siglo XVII, <<el Mayordomo se sienta en la Capilla en silla rasa, entre la cortina, y el banco de los Grandes, aunque el no lo sea, como sucedio en nuestros dias con el Conde de Castro>>. CARRILLO [1657] 2004: 59.

(127.) BNE, mss/11007, f. 119v.

(128.) La memorable, ff. 39-40.

(129.) La memorable, f. 40.

(130.) KANTOROWICZ [1957] 1985.

(131.) TERRASA LOZANO, 2012: 97-126.

(132.) La memorable, f. 44.

(133.) La memorable, f. 39.

(134.) ALBAREDA, 2007: 278.

(135.) ALBAREDA, 2007: 279.

(136.) ALBAREDA, 2007: 288.

(137.) VICENT LOPEZ, Ignacio. <<Felipe V y la Monarquia Catolica ...>>, pp. 419-420.

(138.) LENSKI, 1966.
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Author:Terrasa Lozano, Antonio
Publication:Cuadernos dieciochistas
Date:Jan 1, 2013
Words:19482
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