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El arte de citar.

Juan Villoro

De eso se trata/Ensayos literarios

Santiago de Chile, Ediciones de la Universidad Diego Poratles, 2007, 306 pp.

[ILUSTRACION OMITIR]

En una reflexion sobre el diario, en su caso no intimo sino casi privado y casi publico, Andre Gide dice que el artista "no debe narrar su vida como la vivio sino vivirla como va a narrarla". La cita aparece en De eso se trata y, ele improviso, parece raro toparse con Gide en una pagina critica de Juan Villoro, extraneza que se va difuminando cuando se comprueba que ambos comparten, como narradores, las caracteristicas del corredor de fondo: cierta tozudez, espiritu de sacrificio, deseo de sobrevivir a su propia epoca siendole fiel ... En Villoro (ciudad de Mexico, 1956) hasta una coleccion de ensayos literarios responde a la ejecucion de un mecanismo narrativo. De eso se trata se titula asi por la traduccion que Tomas Segovia hizo del monologo de Hamlet, culminandolo no con "He aquiel dilema" o "Esa es la cuestion" sino con un mondante y sonante "De eso se trata", informacion que, pocas paginas mas adelante, con la camisa ya arremangada, Villoro convierte en la promesa de un cuento.

Villoro ilustra con una anecdota el viejo asunto que George Steiner retorno recientemente --el maestro y el alumno x su comercio socratico--, y con esa velocidad controlada que otros llamarian ritmo vamos a dar al salon 203, en la Universidad de Yale, donde se aparece, sin otro rasgo de la nieve que el pelo desordenado por la ventisca, Harold Bloom disertando, en calidad de seminarista, sobre Shakespeare. Del miedo que ha padecido Bloom de quedarse varado y "caer de espaldas sin poderse levantar al estilo de Humpty Dumpty", el narrador ha pasado al amuleto que hace posible el libro, el cuaderno escolar que le regalo a Villoro una alumna en el cual anota las lecciones shakespeareanas en Yale, y en ese trance escuchamos su testimonio del horrible ano mexicano de 1994 Y lo vemos dibujar un esbozo strindbergiano de su madre. En fin, no habia pasado de la pagina 21 de De eso se trata y ya habitaba yo ese mundo a la vez cercanisimo y extravagante que es el de nuestros contemporaneos mas lucidos.

Esas primeras paginas dedicadas a Shakespeare y a Cervantes dan el tono de un libro cuya unidad de proposito me alegra, aun mas si considero que se trata de textos que en su gran mayoria habia yo leido durante la ultima decada. No es del todo frecuente que las recopilaciones, ese mal menor al que estamos obligados los ensayistas, dupliquen, como totalidad, el aprendizaje que nos habian ofrecido, en primera instancia, como partes. Se que en la hora de los fantasmas Villoro juraria como cuentista, pero lo tengo entre nuestros mejores criticos, y creo que De eso se trata, apenas su segundo libro de ensayos, lo confirma. Es un libro aun mas libre (aunque menos alinado) que Efectos personales (2000), volumen memorable por varias razones (ejemplarmente, los retratos de Valle-Inclan, de Arthur Schnitzler y de Carlos Fuentes con Goya) y por contener una proeza solo accesible a Villoro: la de introducir a Julie Andrews, la novicia rebelde, en un ensayo sobre Thomas Bernhard.

El siglo en que Villoro se siente mas a gusto es el XVIII, en el tramo que va de las pelucas a las melenas y que corresponde, en De eso se trata, a su Casanova, que se despide dejando iluminada y visible desde el futuro su ventana. Algo tienen los ilustrados de Villoro que parecen protagonistas de un Sturm und Drang transformado en opera rock, siempre jovenes (a veces, ridiculamente jovenes) y a la vez actuando perfectamente sus papeles de clasicos. El Goethe (tan humano y tan inverosimil) de Villoro es tan bueno como el de Alfonso Reyes. Y es que a Villoro le va bien el XVIII porque su verdadero nacimiento como escritor fue cuando tradujo del aleman y prologo los aforismos de G.C. Lichtenberg (1989), a cuyas aventuras en el Nuevo Mundo les dedica un capitulo ca De eso se trata.

Villoro encontro en Lichtenberg la horma de su pensamiento narrativo. Gusten o no gusten sus libros de cuentos (La casa pierde y Los culpables) o sus novelas (El disparo de Argon, Materia dispuesta y El testigo), a todos ellos los sostiene un sentido del equilibrio tomado de Lichtenberg, que consiste en poner a la razon junto al ingenio y en solo obedecer a los sentimientos una vez que hayan sido descalificados por la razon. O para decirlo con Lichtenberg: tomar en cuenta al "espiritu con su cuerpo satelite o el cuerpo con su espiritu satelite".

Sin la frecuentacion de los dieciochescos creo que Villoro no hubiera tomado el riesgo de escribir El testigo (2004), una novela romanticopopulista. Esa certidumbre compuesta de ilusion y escepticismo tiene, tambien, un correlato estilistico a traves de las frases felices, a la vez sinteticas e idiosincraticas, que amueblan la obra de Villoro, como la siguiente: Lorenzo Da Ponte, el autor del libreto, se encontraba atosigado por "los extenuantes plazos de la versificacion", lo que habria dado motivo a la hipotetica colaboracion de Casanova en Don Giovanni.

Ernest Hemingway es el corazon de De eso se trata v no creo que el autor de Por quien doblan las campanas tenga mejor lector en espanol que Villoro, quien se ha tomado en serio varias de las ensenanzas de un maestro devaluado que, como Onetti (otro de sus penates), se empena en seguir su camino sin nosotros. En las convicciones politicas y morales de Hemingway, o mas bien en la forma en que estas palidecian ante la doble exigencia del estilo y la vanidad, ha encontrado Villoro una zona de fragilidad distintiva del siglo xx. Del novelista estadounidense Villoro obtiene un manual de estilo compuesto de paradojas: la busqueda del heroismo se convierte azarosamente en publicidad literaria, como ocurre con la herida de guerra del estadounidense en 1918; en la alta escuela de la vanguardia, regenteada por Gertrude Stein y Ezra Pound, Hemingway se vuelve el mas periodistico de los grandes narradoras y su horrible guerra feliz, la guerra civil espanola, lo consagra y lo destruye. No es menos admirable el canto funebre a la fugacidad de la fama y a la eternidad de los mitos que la lectura de Vi lloro nos ofrece de El viejo y el mar, uno de los pocos libros que habiendose leido en la adolescencia son, en su totalidad, inolvidables.

A Villoro le gustan los excursionistas y por ello se involucra, solidario, en los periplos de Malcolm Lowry y D.H. Lawrence en Mexico, turismo de alto riesgo en el paraiso infernal. En una medida que lo acerca mas a Octavio Paz y a Fuentes que a los escritores de su generacion, Villoro heredo directamente la voluntad de mirar Mexico (de quererlo y de padecerlo, supongo) con los ojos liberadores y fantasiosos de aquellos escritores anglosajonas (o de Breton), ejerciendo el mester de extranjeria en su propia tierra, no rehuyendo los arquetipos sino tomandoselos en serio hasta las ultimas consecuencias, que, a mi entender, solo son dos: la ironia o el sentimentalismo.

En esa direccion, De eso se trata me ha ayudado a releer El testigo y a encontrar que aquella novela, precedida de un texto recogido en Efectos personales, desarrolla y agota la nocion de "parque tematico", al grado de tomarla inmanejable para un escritor que flirtea con la excepcionalidad, cultivada y deplorada al mismo tiempo, de Mexico. En De eso se trata aparecen algunos "itinerarios extraterritoriales" (Roger Bartra y sus salvajes, Ibsen Martinez entre Humboldt y Bonpland, la Tijuanade Luis Humberto Crosthwaite, A ira y Rugendas) que indican que asociar parodicamente a Mexico con Disneylandia es una causa fastidiosa y perdida que de alguna manera da fin a la vieja aventura de los Lowry y los D.H. Lawrence.

Villoro es un discipulo fiel y nunca deja pasar la oportunidad de dialogar con sus maestros, sean Alejandro Rossi o Sergio Pitol, Juan Jose Saer o Ricardo Piglia, Roberto Bolano o Cesar Aira. Villoro siempre corre en equipo y considera que el relevo es la forma mas saludable de competir y ganar en literatura. Por ello su lectura del Borges (2006) de Adolfo Bioy Casares es de alguna manera la memoria de una lectura colectiva que hemos estado haciendo, solitarios y en comunion, decenas de hispanoamericanos, frecuentacion que ratificara, como lo adelanta Villoro, que tras Laurel y Hardy, y Lennon y McCartney, solo nos quedan Borges y Bioy. Y si una de las virtudes mayores del ensayista esta en el arte de citar, en esa cortesia prostituida por los malos profesores, Juan Villoro se beneficia del sentido de la oportunidad que consiste en citar mucho y citar muy bien, lo mismo a un Heine perplejo ante Casanova, que a Lionel Trilling pontificando sobre Chejov o a Yeats hablando gloriosamente de si mismo. O a Barry Gifford, que cuando "le preguntaron acerca de la evidente influencia de En el camino, de Jack Kerouac, en su obra Corazon salvaje, respondio que todas las road novels provenian del Quijote". De eso se trata.
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Title Annotation:De eso se trata. Ensayos literarios
Author:Dominguez Michael, Christopher
Publication:Letras Libres
Article Type:Resena de libro
Date:Jun 1, 2008
Words:1630
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