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El Redentor y las muchedumbres.

"Esta noche es Noche Buena y manana es Navidad", afirma en frescura el villancico que nos da cuenta de la profecia realizada: "El Senor os dara la senal: sabed que una virgen concebira y dara a luz un hijo y su nombre sera Dios con nosotros". Asi lo anunciaba Isaias cientos de anos antes y fijaba el lugar, Belen, y mencionaba el premio y la mision: "Le dare en herencia una gran muchedumbre de naciones". Ha transcurrido desde entonces una muchedumbre de anos. Ya se acercan, solo faltan tres, para alcanzar los 2,000. Con su nacer, nace un nuevo calendario que regula el transcurrir del tiempo, de los tiempos, sobre la tierra.

Sobre los milenios el relato prevalece y cada ano se renueva en la renovada plenitud de su candor: El edicto de Cesar Augusto mandando empadronar a todo el mundo, la peregrinacion de Jose y Maria hasta Belen, y sucedio que hallandose alli le llego la hora del parto, el anuncio del Angel a los pastores: "Vengo a daros una nueva de grandisimo gozo para todo el pueblo y es que hoy os ha nacido el Salvador, y que sirva de sena que hallareis al nino envuelto en panales y reclinado en un pesebre, y sobre el cielo una constelacion de angeles alababan a Dios diciendo: Gloria a Dios en lo mas alto de los cielos y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad, y los pastores vinieron a toda prisa a Belen y hallaron a Maria y a Jose y al Nino reclinado en el pesebre y viendole se certificaron de cuanto se les habia dicho sobre este nino".

En las estadisticas, apenas si llegaban a 200 millones los habitantes del planeta; en la geografia, continentes enteros permanecian en la espera del descubrimiento; en la cultura, Grecia ensenaba a la poblacion de entonces los valores del espiritu; en la historia, Roma dominaba al mundo conocido; en el censo se inscribia un nombre, Emanuel, Dios con nosotros, cuya presencia y transito transformaria al mundo.

Desde entonces el mundo se transforma en historia remota; hoy transitamos sobre la ciudad terrena 6,000 millones de peregrinos en la busqueda multiple del misterio sobre la Ciudad de Dios; la tierra que en aquellos tiempos se entendia plana es hoy esfera que ya no guarda secretos para las camaras que desde los satelites retratan diariamente sus limites, rios, oceanos, lagos, selvas, desiertos, enormes manchas urbanas y minusculas aldeas; el hombre ha transitado sobre la Luna. Y la magia de la comunicacion registra lo que en el mundo pasa, sus sombras y sus luces, sus dolores y sus alegrias, sus sonrisas y sollozos, su violencia y su paz, en el instante mismo de su cotidiano acontecer; Grecia y Roma son esfumino de historia o escenarios para la exhibicion de ruinas que sobreviven a las glorias extinguidas.

A casi 2,000 anos de distancia, sobreviven la Noche Buena y la Navidad. San Francisco, el santo bueno y candoroso de Asis, contribuye a preservar la tradicion milenaria, recrea en los Nacimientos el relato evangelico y deja a la imaginacion la reconstruccion del escenario. Alli San Jose, la Virgen y el Nino, el pesebre, los pastores, las estrellas y los Reyes, el paxtle y el heno, los caminos y las luces, las casas dispersas, la vaca y el pollino. Alli lo nuevo, el arbol, focos y esferas que lo adornan e iluminan.

Aqui, en Mexico, las posadas, las pinatas, los cantos, los villancicos, el correr paralelo de la tradicion evangelica y de la fiesta regional; en el mundo la cena, los regalos, los panes sobre la mesa, la oracion, la humedad de lagrimas en los ojos frente a la acumulacion de navidades que nos dan la certidumbre de los anos transcurridos, los hijos que se hacen grandes, los nietos que se transforman en jovenes, los bisnietos que dan la certidumbre de la liturgia del matrimonio: y que veas en paz y en alegria a tus hijos, a los hijos de tus hijos, hasta la tercera o cuarta generacion.

La pregunta inquietante: ?Cuantas mas? Y la respuesta en la promesa reconfortante que inunda de gozo: la proxima en el mundo deslumbrante de la eternidad, de la comunion de los santos, del reencuentro con los que se fueron, del regazo de Dios, la presencia de Maria, ascendida a los cielos, que alla nos espera junto al Padre, el Hijo y el amor entre los dos que se transforma en Espiritu Santo. Y tal vez, la humanisima plegaria que nos aferra a este suelo, a los amores entranables, al transito alegre sobre los anos dorados, a la liturgia del crepusculo anunciador de la vida perdurable: Padre bueno, una mas.

A casi 2,000 anos de distancia, sobrevive, con la Navidad, el hombre que el Padre creo a su imagen y semejanza en el sexto dia del Genesis; desde ese instante, Dios interrumpe la creacion y la deja en las manos de los hombres.

El hombre, sobreviviente, la ejerce a traves de millones de anos desde su aparicion sobre la tierra hasta hoy. Nuevo creador, heredo, tambien, el libre albedrio, y en sus manos quedo el bien y el mal. La historia recoge su transito creador. En el mal, las guerras por el pedazo de tierra del vecino, los suenos monstruosos de dominar la Tierra, los propositos de imponer ideologias; la disputa de los mercados, el liderazgo mundial, el petroleo.

La guerra ha sido el signo permanente en la vida de los hombres, desde la querella entre Cain y Abel que se dirime en el primer asesinato de la historia hasta nuestro siglo, el XX, que registra dos de dimension universal. En la ultima, la crueldad desmedida y desatada, el horror del holocausto, los campos de concentracion, los bombardeos sobre las ciudades con su saldo monstruoso de millones de muertos, mujeres, ninos, ancianos, ajenos a la trinchera y a los frentes de batalla, la destruccion indiscriminada de la historia acumulada, el hacer y el decir de generaciones que transitaron sobre los milenios y dejaron su huella en las piedras y en los libros. Y en el vertice del horror, la bomba atomica, la tragedia de Hiroshima y Nagasaki, la amenaza perdurable de lograr en el instante fugaz de un relampago la destruccion total del planeta que en el peor de los destinos deja la sobrevivencia del cuerpo mutilado y de la vida aniquilada.

Sobre los tiempos de las guerras, los campos de concentracion, el horror del holocausto, las amenazas nucleares, los nacionalismos exacerbados, la humanidad celebra otra Navidad a partir del Nacimiento en Belen del profeta y redentor, y la muchedumbre de las naciones renueva la esperanza del bien que prevalece sobre el mal, y frente al ocaso que anuncia la extincion del segundo milenio y la aurora anunciadora del tercero, da al mensaje jubiloso de los angeles un contenido de plegaria para convertirlo en realidad cotidiana y esperanzadora: "Gloria a Dios en las Alturas y Paz a los hombres de buena voluntad".
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Title Annotation:TA: reflections about world history and biblical scriptures; TT: The Redeemer and the masses; reflexiones sobre la historia mundial y las escrituras biblicas
Author:Hinojosa, Juan Jose
Publication:Proceso
Date:Dec 29, 1996
Words:1272
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