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El Estado en el debate intelectual de la transicion democratica argentina.

The State in the Intellectual Debate About the Democratic Transition in Argentina

En Los patios interiores de la democracia Norbert Lechner sostiene que la problematica del Estado fue central en las tematizaciones de las ciencias sociales latinoamericanas durante la decada de 1970, especialmente a partir del trabajo de Guillermo O'Donnell sobre el Estado burocratico autoritario. Lechner (1995) afirma tambien que entrados los anos de 1980, el tema que llega a ocupar el lugar central de los debates es la democracia, y desplaza asi subitamente el debate intelectual al Estado como concepto articulador de una serie de problematicas de la epoca. Este reemplazo de la tematica del Estado por la de la democracia dejo, segun el autor, una tarea irresuelta en la transicion: pensar el Estado en perspectiva democratica.

En este trabajo abordaremos la experiencia de reflexion ideologico-politica realizada por algunos intelectuales de izquierda socialista y peronista en torno al debate socialismo-populismo y socialismo-democracia durante la transicion democratica argentina. A traves de la recuperacion de estos debates nos proponemos "matizar" la afirmacion segun la cual el Estado quedo desplazado de la discusion politico-intelectual durante la transicion. El matiz que nos proponemos establecer en estas paginas esta inspirado en una advertencia que leemos en Camou (2013).

En este texto el autor advierte que la cantidad de trabajos orientados al estudio de las problematicas del Estado durante los anos de la transicion no decayo drasticamente, mas bien los trabajos sobre la democratizacion tuvieron un crecimiento espectacular que de algun modo opaco a otras problematicas relevantes (Camou, 2013: 54-55). Recuperando esta idea, nuestro trabajo se propone mostrar en que clave fue abordado el tema del Estado por los debates intelectuales y los focalizo especialmente en las polemicas ideologico-politicas en las que la tematica estatal actuo como indice y factor de la cuestion democratica.

A modo de hipotesis preliminar sostenemos que el tema del Estado estuvo presente "acompanando" la discusion en torno a la democracia--a veces de modo mas evidente y otras mas solapado--al menos de dos modos: 1) en una clave de discusion politico-coyuntural, como critica al populismo por via de la critica al rol paternalista, verticalista y autoritario del Estado, y 2) en un registro teorico-politico englobado en un movimiento mas general de revision conceptual del pensamiento de izquierda en el que el socialismo no solo se empieza a "reconciliar" con la nocion de democracia (incluso en su version liberal), sino que empieza a pensar al Estado como lugar privilegiado para el ejercicio de la politica. Se trata de dos registros que en la practica aparecen solapados y que marcan las contradicciones en torno al Estado como escollo o desafio para la construccion democratica durante la transicion. (2) En este marco, una segunda hipotesis de nuestro trabajo es que en los debates politico-intelectuales que reconstruiremos el problema del Estado aparece como el sintoma de la imposibilidad de construir una democracia en la que las tradiciones socialista y populista pudieran articularse productivamente.

El recorte que proponemos supone recuperar las marcas de esos dos modos en los que el Estado aparece acompanando espectralmente el debate sobre la democracia a traves del analisis de los debates que tuvieron lugar en dos revistas politico-culturales que marcaron el pensamiento politico de la transicion: nos referimos a Controversia (Mexico, 1976-1981) y a La Ciudad Futura. Revista de Cultura Socialista (Argentina, 1986-1998; en lo que sucesivo, LCF). (3) Al ser concebidas como espacios que expresan el mundo en el que se construyen y debaten las ideas, las revistas como "laboratorios de ideas" (Sarlo, 1992), nos resultan un corpus de trabajo productivo para explorar ese momento de transformacion que represento la transicion democratica porque permiten comprender los cambios politicos e ideologicos de una epoca.

Desde nuestra perspectiva, la transicion democratica es estudiada mas como un contexto de ideas (4) antes que como un intervalo temporal e institucionalmente delimitado entre el fin de un gobierno autoritario y la instauracion de la democracia politica. Pensar la transicion como contexto, recuperando los debates intelectuales y el rol de las revistas politico-culturales en la construccion de un lenguaje politico de epoca, nos resulta un abordaje distinto y novedoso respecto de los enfoques con los que tradicionalmente la ciencia politica ha estudiado las transiciones, (5) porque lo que nos interesa es pensar la transicion como un amplio proceso de discusion de ideas, de debates y lecturas, y de debates con esas lecturas donde surgen y se revisan ideas tanto para (re)pensar el pasado como el presente y el futuro politico.

El Estado como eje de la critica socialista al populismo en la revista Controversia

Controversia (6) fue un proyecto editorial que articulo una parte importante del lenguaje politico en el contexto de la transicion democratica. Concreto una modalidad particular de intervencion politico-cultural y se anticipo a la restauracion formal de la democracia como espacio de elaboracion teorico-politica en torno a la revalorizacion del concepto democracia para pensar un nuevo modo de hacer politica. El elemento dinamizador de esta empresa lo constituyo, por un lado, la revision conceptual de la relacion tradicionalmente antagonica entre socialismo y democracia y, por el otro, la polemica entre populismo y socialismo que constituyeron las marcas fundamentales del debate entre los socialistas y los peronistas de izquierda que formaban parte de la revista. Ambos tomaron la "cuestion democratica" como punto de partida para ajustar cuentas con el pasado y discutir los presupuestos de una "izquierda dogmatica" y de "discutible eficacia en la historia politica de nuestro pais", y tambien los de un "movimiento popular en cuyas estructuras reinaba el autoritarismo" (N.E., Controversia, 1979, 2). Asi lo resumia Portantiero en su texto Los dilemas del socialismo:
   [...] ubiquemos toda la reflexion (y la pasion) en ese espacio
   dificil, duro, de la autocritica. Ciertamente, sobre la tradicion
   de una izquierda que se mostro esteril, pero tambien sobre la de un
   movimiento nacionalista popular, el peronismo, que hizo del culto
   al paternalismo estatal y al verticalismo hacia el jefe su
   condicion de existencia [...]

   Es en estos demonios internos, en esta sistematica abolicion de las
   fuerzas de la sociedad solo usadas como coro (que los intelectuales
   sacralizaron como "espiritu del pueblo"), en este repliegue frente
   a la generosidad patriarcal del estado y el lider, que--desde
   distintas opticas-sigue siendo el sentido comun de la practica
   politica en la Argentina, en donde la necesaria fusion permanente
   entre democracia y socialismo parece haber perdido sentido,
   triturada entre una concepcion limitada de la democracia y un
   discurso magico sobre el socialismo (1980: 11).


Ademas de ser un espacio de autocritica y revision, no es menos cierto que Controversia fue un espacio de disputa entre las tradiciones socialista y peronista que se reflejaba en las mutuas acusaciones sobre cuan democraticos, liberales o populistas eran unos y otros. Uno de los textos en los que mas agudamente se reflejo la critica de la izquierda intelectual al peronismo fue "Lo nacional popular y los populismos realmente existentes" escrito por de Ipola y Portantiero y publicado en el ultimo numero de Controversia. En el es posible encontrar los argumentos centrales de la imposibilidad que el socialismo veia en el populismo (y en el peronismo como su expresion historica concreta en Argentina) como apuesta democratica viable. La unica tesis de estas notas, nos decian los autores, es la siguiente:

[...] ideologica y politicamente no hay continuidad sino ruptura entre populismo y socialismo [...] la hay en la aceptacion explicita por parte del primero del gran principio general del fortalecimiento del estado y en el rechazo, no menos explicito, de ese mismo principio por la tradicion teorica que da origen al segundo.

Y la hay en la concepcion de la democracia y en la forma de planteamiento del antagonismo dentro de lo nacional-popular: el populismo constituye al pueblo sobre la base de premisas organicistas que lo reifican en el estado y que niegan su despliegue pluralista, transformando en oposicion frontal las diferencias que existen en su seno, escindiendo el campo popular en base a la distincion entre amigo-enemigo (de Ipola y Portantiero, 1981: p. 11).

Segun queda expresado en el texto, un rasgo peculiar del modo de operar del peronismo era la reduccion de "lo nacional-popular" a un sistema coherente de tradiciones populares, expresado en la propia matriz doctrinaria del movimiento. Dicha matriz es la que "recompone el principio general de la dominacion, fetichizando al estado ('popular', ahora) e implantando una concepcion organicista de la hegemonia" (De Ipola y Portantiero, 1981: 12).

Hegemonia que, en los populismos reales, insistian los autores, encuentra su complemento logico en la "mitologizacion de un 'jefe' que personifica a 'la comunidad' y hace que los antagonismos populares contra la opresion en ella insertos, se desvien perversamente hacia una recomposicion del principio nacional-estatal que organiza desde arriba a la comunidad, enalteciendo la semejanza sobre la diferencia, la unanimidad sobre el disenso" (idem).

Para los socialistas de la revista, peronismo y socialismo representaban alternativas politicas marcadamente diferentes en lo que respecta a la articulacion de demandas y en la concepcion de "lo popular". Se planteaba asi una frontera conceptual insalvable entre el movimiento popular peronista que, segun el socialismo, impedia el pluralismo de ideas y enaltecia la figura de "un papa infalible que interpreta y adapta la doctrina a las circunstancias conduciendo, en cuanto a metodos politicos, a la burocratizacion, corrupcion y falta de vida democratica" (Portantiero, 1980: 13). La figura del lider "soldaba" en un movimiento doctrinario uniforme, distintos fragmentos que no tenian que responder a la voluntad de una persona, sino que "debian corresponder a la logica de los partidos" (idem).

Ciertas dicotomias conceptuales sirvieron para senalar las "limitaciones insuperables" del peronismo como movimiento democratico: antagonismo/ pluralismo conflictivo, hegemonia organicista/hegemonia pluralista, comunidad-unanimidad/pluralidad-disenso, defensa del Estado como dispositivo de dominacion /denuncia y superacion del Estado como principio general de la dominacion. La oposicion entre ambos permitia ubicar al peronismo en el primer polo del dualismo, y en el segundo, a los elementos que definian una propuesta socialista como "esencialmente democratica".

Donde lo "esencial de la democracia" era el rechazo a la unanimidad y a toda idea organicista de consenso en torno a valores supremos, reivindicando el pluralismo y el disenso y organizando la posibilidad de resolver democraticamente los conflictos legitimos (De Ipola y Portantiero, 1981: 14). Es en la figura del Estado y en su conexion inescindible con la figura del lider que el socialismo encontraba la veta argumental para sostener el caracter estructuralmente antidemocratico del movimiento peronista:

Ningun populismo realmente existente ha sido ideologica y politicamente antiestatal; muy por el contrario ha acordado siempre al estado un papel al mismo tiempo positivo y central, en modo alguno a ser provisorio o destinado historicamente a ser superado. Tanto los populismos latinoamericanos como en los fascismos europeos no han constituido antagonismos contra 'el principio general de la dominacion' (el estado) denunciado y combatido ideologicamente por el socialismo (De Ipola y Portantiero, 1981: 13).

Con relacion a la tematica del Estado, que es la que nos convoca en estas paginas, lo que el socialismo cuestionaba al populismo era que su oposicion efectiva a los bloques de poder--por ejemplo, la oligarquia--no se correspondia con un cuestionamiento al Estado como forma historica de la dominacion (liberal, burguesa, capitalista).

Resulta interesante en este punto recuperar un texto de Vicente Palermo publicado en Punto de Vista (7) en el que utiliza exactamente el mismo argumento que de Ipola y Portantiero para criticar al peronismo, pero en este caso lo hace para senalar algunas contradicciones de los intelectuales socialistas al abordar la relacion entre democracia y socialismo y el lugar del Estado en esa relacion. Palermo senalaba que un analisis realista del pensamiento y la accion de los partidos socialistas en la posguerra, nos muestra que al ingresar e incidir en la formacion de los modernos Estados de bienestar se alejaran cada vez mas del cuestionamiento del Estado como instrumento de dominio. Esto torno insostenible la postura marxista clasica que colocaba la verdadera democracia en la absorcion del Estado por la sociedad civil. En definitiva, concluia el autor:

El gran dilema del socialismo democratico es el Estado: no desea pensarse indisolublemente ligado a el, puesto que no deja de verlo--y con razoncomo instrumento de dominio [pero] No puede desentenderse de el puesto que al abandonar toda ilusion de reconciliar a la sociedad no puede postular democraticamente su disolucion (Palermo, 1989: 42).

Como afirman Rabotnikof y Aibar (2012), las objeciones de los gramscianos argentinos no se dirigian hacia el Estado regulador de la economia, ni hacia su papel como fuerza orientadora del desarrollo, sino hacia el Estado que se erigia como referencia unica de construccion de lo social, a traves de la integracion corporativa de las masas, por la via de una supuesta concepcion organicista de la sociedad que tendia a homogeneizar las diferencias sociales y a cancelar el pluralismo politico.

En este marco, el socialismo democratico dejara de ser comprendido ideologica y politicamente como anti-estatal. Sin embargo, como veremos en adelante, esta no negacion de la centralidad del Estado en la construccion politica sera recuperada solo a condicion de incorporar al pluralismo--mas precisamente, a la hegemonia pluralista-(8) como el elemento que hara al socialismo mas democratico y lo mantendra alejado del populismo.

Socialismo, populismo y democracia: ?el Estado como problema?

La renovacion del pensamiento politico de la izquierda para pensar una alternativa democratica comenzo con el reconocimiento del pluralismo y del caracter conflictivo de lo social por oposicion a la concepcion de lo politico como unidad sin fisuras encarnada en la vieja idea de la sociedad socialista sin contradicciones. Por otro lado, y como proceso complementario, se reconocia que el caracter conflictivo de lo social necesitaba de una instancia ordenadora. La democracia se reapropiaba asi del sentido del orden; un orden necesario para reconstruir una sociedad desarticulada, heredera de la violencia del pasado.

La recuperacion democratica suponia reconocer el pluralismo, el conflicto y la diferencia como rasgos a ser potenciados pero, al mismo tiempo, la democracia precisaba sostenerse sobre un conjunto de instituciones y procedimientos que pusieran un limite legitimo ante las posibles consecuencias catastroficas de una radicalizacion de la conflictividad social. Recobrar la dimension del orden, a traves de la democracia institucional, comenzaba a surgir como una apuesta positiva para la izquierda. Se trataba de articular productivamente su tradicional cultura contestataria, centrada en las practicas de resistencia, con una nueva cultura que contribuyera a la construccion del orden democratico. El dilema que esto presentaba puede resumirse en la siguiente pregunta: ?como hacer para reconocer positivamente la necesidad de un orden institucional sin resignar el proyecto de transformacion que caracterizaba al socialismo?

El punto de partida sera reivindicar la democracia como lucha, pero no bajo la modalidad de la toma violenta del poder, sino como proceso permanente de transformacion. Se trataba de mostrar que los sujetos politicos se constituyen en la experiencia historica, en la practica conflictiva contra el poder, y que

[...] para las clases populares el espacio en el que esto es posible es el de la practica democratica, como componente indispensable de la construccion de una hegemonia socialista, entendida esta como una acumulacion historica, politica y cultural, a traves de la cual se van recuperando los poderes alienados en el Estado. Esta es la dimension en que la democracia es necesaria para el socialismo: el punto de arranque de esta articulacion es el momento de produccion de una voluntad colectiva, nacional y popular, bajo el capitalismo (Portantiero, 1980: 24).

A la luz de las lecturas gramscianas realizadas por esta izquierda intelectual, la posibilidad socialista de la democracia era pensada desde la practica hegemonica. A partir de ella, los antiguamente considerados limites institucionales del liberalismo burgues podian ser el camino para que las luchas populares se recrearan en nuevas formas de ejercicio democratico. En este marco, la figura del Estado ya no aparece como amenaza para la praxis politica, sino como un espacio, entre muchos otros, en que esta puede ser desplegada. El Estado recupera un cierto sentido positivo y se lo entiende como una instancia decisiva en la constitucion politica de la clase obrera y de la transicion hacia el socialismo. (9)

Resulta de especial interes el modo en el que Arico trae a colacion el tema del Estado a proposito de la articulacion entre socialismo y democracia, dejando en evidencia la encrucijada en la que se encontraban. Para todos estos problemas, decia, "los socialistas no tienen soluciones practicas ni el marxismo respuestas teoricas" y se preguntaba "?Existe una tercera via que nos permita escapar del capitalismo para construir una sociedad mas igualitaria pero a la vez mas infinitamente democratica y libre? Creo que es aqui donde el debate se muerde la cola y se muestra absolutamente incapaz de avanzar en propuestas ineditas" (Arico, 1980:15-16). Retomando lo planteado por Portantiero sobre la conflictividad de lo social--no como rasgo negativo a ser eliminando sino como la condicion misma de la politica--, Arico sostenia que abogar por un cambio radical de la sociedad no podia ser incompatible con la profundizacion de la democracia en terminos institucionales. Pues no se trataba de aceptar la separacion, un tanto falaz, entre democracia formal y democracia sustantiva y demostrar los meritos de una en contra de la otra. Y esto porque

No se puede reorientar en un sentido anticapitalista el funcionamiento de la vida economica de una sociedad sin una decisiva presencia del Estado. Pero un proceso de estatalizacion creciente de la sociedad provoca un sofocamiento cada vez mayor de los espacios democraticos. Este es el dilema en el que hoy estan planteados los procesos de cambio. Para decirlo de un modo lapidario: pan y democracia parecen ser terminos excluyentes; lo unico que resta es optar por lo uno por lo otro. Es este quid pro quo el que hoy ha estallado por los aires. Porque no es cierto que el socialismo asegure las necesidades historicas de los hombres cercenando sus libertades fundamentales (Arico, 1980:15).

De lo que se trataba era de desmantelar una linea divisoria que existio en el pensamiento de la izquierda entre el planteo por una sociedad mas justa e igualitaria, y la convivencia con las instituciones de la denominada "democracia burguesa". Luego de las experiencias autoritarias en America Latina, el socialismo debia recomponer su relacion con la democracia incorporando al pluralismo (politico, organizativo, ideologico, cultural, etc.) como un valor propio (Arico, 1980: 15). En esta misma linea, Portantiero afirmaba que plantear la existencia de dos democracias, una "civil" y otra "igualitaria", no podia ser una hipotesis de partida excluyente para fundar el socialismo, puesto que sin libertades civiles no hay igualdad posible. Pero surgia otra forma de abordar la cuestion de la democracia y el socialismo donde el "hecho estatal" aparecia como "elemento constitutivo de un movimiento social que anticipe al socialismo en el interior del capitalismo". Solo asi la democracia podia ser entendida "como lucha, como creacion; como proceso permanente y no como cierre de la relacion entre sociedad y Estado" (Portantiero, 1980: 23-24).

El desafio era lograr una articulacion hegemonica en clave pluralista por contraposicion a la hegemonia organicista que se criticaba al populismo; una hegemonia en la que el Estado "actua para las masas como el espacio en el que los conflictos particulares pueden resolverse en nombre de una totalidad" (de Ipola y Portantiero, 1981: 11). De lo que se trataba, en definitiva, era de reelaborar un concepto capaz de superar la reificacion de lo politico en la maquina estatal y apostar por una transformacion politica que pudiera ser algo mas que una revolucion desde arriba, sino mas bien una transformacion que modificara la conciencia de los hombres desde los distintos poderes de la sociedad civil.

Planteada con cierto tono autocritico, esta aparecia como una de las cuentas pendientes del socialismo cuando Arico sostenia que la encrucijada ante la que se encontraban era la de inventar los caminos para construir movimientos socialistas potencialmente capaces de superar viejas oposiciones, por ejemplo, entre populismo y clasismo. La fuerte inadecuacion de los elementos teoricos (del socialismo via la calve de lectura marxista) para pensar la praxis politica de las sociedades latinoamericanas (10) volvia a emerger como preocupacion en los anos de la transicion ya no solo para pensar las articulaciones posibles entre socialismo y democracia, sino para revisar (al menos teoricamente) el antagonismo entre populismo y socialismo por la via de cierta recuperacion reivindicativa de la figura del Estado:

Mas alla de las diferencias teoricas que enfrentaban a populistas y marxistas, los unia no solo un patrimonio cultural comun de referencia, sino tambien una identica vision del motor de los procesos de cambio de la sociedad [...] la dimension fuertemente estatalista de sus visiones permanece intacta. Ambos partian del supuesto de que solo desde el poder podian ser imaginadas las transformaciones que posibilitan a los paises latinoamericanos la liberacion nacional y social [...]

A la pregunta de como puede suscitarse y desarrollarse una voluntad nacional y popular [...] ambos respondian desde la perspectiva del Estado. Lo que quedaba fuera de este esquema era una dimension societal, para darle un nombre [...] La idea gramsciana de que para que la transformacion pudiera ser algo mas que una revolucion desde arriba, debia previa, o simultaneamente, penetrar y modificar la conciencia de los hombres" (Arico, 1985: 12).

Sin embargo, es claro que esta posibilidad de recomposicion teorica entre socialismo y populismo no avanzo y reconocio sus limites, al menos en dos cuestiones: en la critica irrenunciable a la practica politica autoritaria del peronismo y en la insistencia en que la construccion de una alternativa "verdaderamente" democratica estaba en repensar un marxismo en clave socialista, y que ello solo era posible en la medida en que se rescatara la productividad politica de la sociedad civil. (11)

Esta conviccion es reafirmada por Arico en una entrevista que le hicieran Horacio Crespo y Antonio Marimon en 1983, publicada en la

Revista de la Universidad de Mexico:

Estoy convencido de que, si la idea de la redencion universal aparecio vinculada al ideal socialista, hoy el ideal socialista no puede dejar de aparecer bajo la forma de la democracia. Y en este sentido, en America Latina, entre socialismo y democracia no hay confines, ninguna diferencia puede oponerlos [...]

[...] porque el socialismo se define para nosotros alrededor de un horizonte ideal de justicia, igualdad y fraternidad, digo que para que la democracia pueda ser un hecho en America Latina la recomposicion que se vuelve necesaria es la que reclama una intensa participacion de la sociedad civil en el aparato del Estado. Repito: exige una fuerte y responsable participacion de la sociedad civil, y en mi opinion, la democratizacion del Estado y la insercion de este en la sociedad [...] (Crespo, 1999: 28-29).

El debate sobre la reforma del Estado. La Ciudad Futura, entre la autocritica y los apoyos

El primer numero de LCF (12) venia acompanado de un suplemento cuyo titulo, "?Una Segunda Republica?", proponia iniciar e incitar al debate, haciendose eco de la propuesta del presidente Raul Alfonsin sobre la pertinencia de impulsar una reforma constitucional. No es nuestro objetivo ocuparnos in extenso de los detalles de dicha reforma, sino tomarla como disparador de un debate que se propuso pensar la democratizacion del Estado. Para los intelectuales de la izquierda socialista que integraban la revista, esta cuestion implicaba ademas la oportunidad de "ponerse al dia" (13) en el debate sobre el rol de la izquierda en relacion con el proyecto democratico que iniciaba la Argentina, y tambien de pensar un proyecto socialista viable a largo plazo.

Las transformaciones previstas contemplaban un conjunto de reformas de la estructura economica y social, y una reforma educacional. Sin embargo, la apuesta mas fuerte del gobierno de Alfonsin estaba en la reforma politico-institucional. La reforma del Estado era pensada para hacer mas agil y eficaz el funcionamiento de sus diversos poderes, facilitar la participacion de la poblacion en la toma de decisiones, promover la descentralizacion institucional y mejorar la gestion de la administracion publica.

Desde lcf se veia con cierto entusiasmo la posibilidad de que la reforma constitucional fuera el "remate institucional de la transicion" (N.E. lcf, 1987: 3), al mismo tiempo que se criticaba cierta resistencia por parte de las fuerzas politicas mas importantes del pais (tanto de la izquierda como de la derecha) por dar el debate y pensar en sus verdaderas implicancias.

La pregunta que esta detras de las posturas sobre el apoyo o no a la reforma constitucional es si hay posibilidades de consolidar la democracia en la Argentina sin introducir cambios en la estructura del Estado que se hagan cargo de una situacion de complejidad social y movilizacion colectiva solo parcialmente contenida en los institutos de constitucionalismo liberal clasico [...]

?No se olvida acaso [la izquierda] que la reforma de la constitucion, transformacion democratica del estado, descentralizacion, participacion, solidaridad, constituyen algunas de sus consignas historicas? (Portantiero, 1986: 17).

Para los intelectuales de la revista resultaba dificil imaginar la consolidacion de un Estado de derecho en la Argentina sin introducir cambios en la estructura del Estado y de la sociedad que dieran respuestas a las formas complejas de la sociedad post-dictadura y a las demandas de intervencion colectiva que desbordaban las instituciones tal como estaban concebidas. En el marco de las discusiones con aquellos sectores que veian a la reforma como una mera "cortina de humo", Arico planteaba lo siguiente:
   Pienso que desconocer la sustantividad del orden
   juridico-institucional es un error politico mayusculo. Porque si la
   izquierda se plantea un cambio radical de la sociedad y acepta que
   este cambio no es incompatible con la profundizacion de la
   democracia, debe necesariamente incorporar el problema de la
   reforma democratica del Estado y del sistema politico como un campo
   privilegiado de su accion politica [...] Colocar en un nivel derivado
   y secundario las formas juridicas e institucionales de una sociedad
   no solo es un error teorico, sino tambien el claro indicador de una
   situacion social de neta separacion entre Estado y sociedad, entre
   sociedad politica y sociedad civil, entre economia y politica
   (1986: 36).


En el mismo sentido iba la critica de Portantiero a las posiciones que ubicaban a la reforma institucional en un "plano derivado" (y por lo tanto secundario) frente a la necesidad de debatir sobre "temas primarios" como los referidos a la estructura del poder economico. Este "dualismo ingenuo", que afirma que "habria un mundo de la realidad (material) y otro de la apariencia (institucional); una base y una superestructura" es propio de una "cultura politica de izquierda cargada de anacronismos".

Para el autor, "debatir problemas que se plantean en la segunda dimension sin remitir permanentemente a la primera seria pura gimnasia retorica; un inconducente ejercicio sobre aspectos formales de la vida social" (Portantiero, 1986: 17). (14)

?Como abordar, en este esquema de critica y revision conceptual, el tema del Estado en el marco de la propuesta de reforma constitucional? Asi como en el apartado anterior sosteniamos que la posibilidad de no renunciar a la apuesta transformadora caracteristica de los proyectos socialistas habia sido a traves de la incorporacion del pluralismo como elemento dinamizador en la construccion de una hegemonia que fuera el resultado de la praxis politica de una multiplicidad de actores (entre ellos el Estado), en el contexto del debate por la reforma, el Estado reaparecera como aquell ambito a democratizar a partir de la reforma. Democratizar la sociedad y democratizar el Estado a partir de la ampliacion, en extension y en profundidad, de la participacion politica, tambien formaban parte de los valores irrenunciables de un proyecto socialista y democratico que lcf venia a defender. La siguiente nota editorial de la revista lo sintetizaba asi:

Porque reformar el Estado no quiere decir tornar mas eficiente su funcionamiento burocratico, sino lograr que la sociedad participe crecientemente en su gestion. Esto implica, por un lado, crear instancias como el plebiscito, el referendum, la iniciativa popular y la revocatoria y descentralizar las decisiones administrativas para acercar a los ciudadanos a ellas en todos los rubros que hacen a la vida cotidiana y a los consumos sociales como la salud, la vivienda o la educacion. Pero ademas de democratizar los vinculos que ligan a la sociedad con el estado, la reforma constitucional deberia asimismo hacerse cargo de una transformacion de la forma de gobierno capaz de moderar al presidencialismo con formulas semiparlamentarias que harian mas transparente a la vida politica [...] (N.E. LCF, 1987: 3).

Por via de la incorporacion de la participacion politica y sosteniendo la idea de un "Estado democratico/socialista, con su impulso reformador y asistencial" (Dotti, 1986: 27) sera entonces que los intelectuales de lcf reconsideraran el rol del Estado "asistencialmente activo" en la democracia y lo que les permitira, una vez mas, distinguirse de aquellos proyectos cuya "excesiva demanda de Estado" podria impedir un desarrollo politico de la sociedad. Segun Portantiero,
   La izquierda es incapaz de hacerse cargo de una critica profunda a
   la demanda de Estado como si este Estado fuese un baluarte de "lo
   nacional" contra el imperialismo; de "lo popular" frente a la
   oligarquia. En la misma ecuacion superficial del
   neoconservadurismo, contraponen al Estado con el mercado; solo
   cambian los signos: positivo para el Estado, negativo para el
   mercado [...] Esta es una idea que comparte con el populismo y que
   deriva en realidad de una vieja idea leninista de que el
   capitalismo de Estado es la antesala del socialismo (1988: 3).


Volvia a aparecer aqui un argumento que, como vimos en el primer apartado, habia servido para criticar a los "populismos realmente existentes": la idea de que "socialismo y estatismo no son sinonimos, sino en el limite, opuestos" (idem) y que esta nueva izquierda reivindicaba otra vertiente cultural del socialismo: "la descentralizadora y autogestionaria" porque "el intervencionismo estatal concebido como programa politico de la izquierda bajo el capitalismo, lo que hace es vaciar a la sociedad de contenido politico" (idem).

Abandonada la pretension jacobina de "asalto al poder del Estado", Arico se preguntaba en que sentido y bajo que formas la izquierda debia renovar las propuestas teoricas y practicas que, o bien habian caducado, o bien eran patrimonio comun de otras fuerzas populares que llevaron al desprestigio del Estado como actor politico. Frente a lo que el intelectual cordobes senalaba como el "quiebre ideologico de una concepcion estatizante de la vida nacional", la clave de un proyecto socialista en la Argentina de la transicion estaba en "renovar una corriente que en sus principios privilegie el elemento de lo publico frente a la falsa disyuntiva entre el interes estatal o el interes privado" (Arico, 1987: 8). El socialismo tenia que evitar que el potencial transformador y emancipador de su discurso se disolviera en "una concepcion estatalista (o estadolatra como diria Gramsci) de la sociedad" (Arico, 1987: 9).

Sin embargo, como afirmamos en la segunda parte de este trabajo, tampoco se trataba de oponer a una "concepcion estatalista", una apuesta politica anti-estatal: "No necesitamos menos Estado sino formas diferentes de intervencion del Estado y de promocion de las iniciativas societales. En la Argentina de los ultimos anos se han acentuado desigualdades de todo tipo y al Estado le caben funciones irrenunciables de regulacion y reparacion" (Sarlo, 1988: 10). Es decir, la apuesta por la participacion no obturaba de ningun modo la existencia y la presencia del Estado, de lo que se trataba era de apostar por un Estado "que asuma el papel de planificador y de principal asignador de los recursos segun las pautas que la sociedad democraticamente decida" (Valdovinos, 1987: 7). Para ello la nueva izquierda tenia que ser capaz de proponer, no un proyecto de desestatizacion, sino la democracia del Estado encarnada en la participacion y socializacion del poder:

Nuestra vision es diferente; se define a si misma como propicia a las reformas socialistas, pero no es ni "nacionalista", ni "popular", ni "estatista" [...] lo que esta propuesta busca es transformar en modo de funcionamiento del capitalismo en la Argentina, no perpetuarlo. Eso implica la reforma del Estado; la certeza acerca de que el Estado argentino tal cual es favorece sobre todo a las expresiones parasitarias del capitalismo, mientras cumple cada vez menos con sus fines basicos y ofrece a la comunidad servicios sociales cada vez mas deteriorados (Portantiero, 1988: 3).

Tensionados entre el apoyo a la reforma constitucional tendiente al "descongestionamiento" del Estado y a la creacion de mecanismos de participacion directa y semi directa, y la resistencia a defender un Estado que coartara la capacidad creativa de la sociedad civil, pero tambien necesitados de romper con la oposicion entre "privatistas" o "estatistas" a ultranza, los intelectuales de lcf defendian la construccion colectiva de un espacio publico que pudiera asegurar una mayor participacion y descentralizacion de las decisiones, por via de la autogestion y del control publico. Pero una autogestion entendida apenas como "principio regulativo" capaz de estimular la participacion y no como principio de "organizacion total", pues tampoco creian en una pura "democracia de participacion" que terminara volviendo a la sociedad ingobernable. En una democracia semejante "las necesidades de decision harian, como dice Rosanvallon, 'sonar con Rousseau y gobernar con Maquiavelo'" (Portantiero, 1988: 3).

Como vemos, en las apuestas intelectuales que hemos recorrido--que son teoricas porque implican una revision de las categorias conceptuales y una critica mutua de las tradiciones, y que son tambien politicas, porque definen los posicionamientos ante la coyuntura--, se evidencian un conjunto de dilemas teoricos que parecieran ser un sintoma de epoca en lo que respecta a los modos de comprender la relacion Estado-democracia durante las transiciones, y que perdura hasta nuestros dias. Como sostiene Rabotnikof, durante mucho tiempo, el lugar de lo comun y lo general se identifico con la comunidad politicamente organizada en la figura del Estado. Y sin embargo, es mas o menos reconocido que esta imagen del Estado como referente simbolico de lo comun entro en crisis. El origen de esta crisis, sostiene la autora, estuvo marcado por un conjunto de impugnaciones que surgieron de aquellas situaciones en las que, efectivamente, Estado era igual a Estado autoritario, y donde el impulso antiautoritario convergio con la cruzada antiestatal. Ello fue claro en la literatura politica surgida de la caida de los socialismos reales y en las primeras etapas de las transiciones a la democracia en Latinoamerica. Se produjo entonces, tambien en el debate politico y academico, un desplazamiento de lo publico hacia la sociedad civil (Rabotnikof, 2008: 39-40). Este restablecimiento de la sociedad civil como lugar de lo comun y lo general frente al Estado es una huella que ha marcado los debates de las transiciones y que no pudo, a pesar de algunos destacables esfuerzos, romper con el modo en el que tradicionalmente la izquierda penso, para decirlo en los terminos de Miguel Abensour (1997).

Reflexiones finales

Comenzamos este trabajo recuperando la idea de "laguna conceptual" sobre la que Lechner depositaba una de las mas importantes cuentas pendientes de los procesos de transicion a la democracia: no haber podido pensar al Estado en perspectiva democratica. Esta imposibilidad se habria producido, segun el autor, por el desplazamiento de la tematica estatal en manos de la cuestion democratica.

Sin embargo, en estas paginas intentamos "matizar" esta afirmacion, mostrando--a traves de un recorrido por algunos debates intelectuales enmarcados en dos revistas pertenecientes al campo de la izquierda cultural-que el Estado, lejos de haber sido una tematica desplazada, estuvo presente, "acompanando" la discusion sobre la democracia--sobre que democracia-como topico indiscutible de los debates de la transicion. Y senalamos que ese acompanamiento se hizo al menos, y solo para cenirnos a los articulos de las revistas aqui trabajadas, (15) al menos en dos registros: como critica politico-coyuntural al populismo y desde una revision conceptual de la de izquierda para pensar al socialismo en clave democratica.

A lo largo de nuestra exploracion, estos dos registros no siempre aparecieron explicitados y por lo general se vieron solapados, generando una cierta ambiguedad en los modos en los que el Estado aparecia, o bien condenado por su caracter autoritario, o bien reivindicado como espacio para la praxis politica: a veces como "un" espacio mas entre otros, otras veces como "el" espacio privilegiado para pensar las verdaderas transformaciones politicas. Consideramos que estas ambiguedades, propias del momento transicional sobre el que trabajamos, pueden ser recuperadas a la luz del estudio de las polemicas intelectuales que exigen reconstruir un campo de discusion teorico-politica donde las revistas resultan un espacio sumamente productivo para pensar las tensiones del pensamiento y la critica de las ideas.

En los debates trabajados pudimos observar que, en su veta no condenatoria, el Estado aparece vinculado a la politica como accion, es decir, a la practica hegemonica de los sujetos. Este modo de pensar al Estado, no como un enemigo de la politica, sino como espacio mas a ser disputado en la lucha politica, se evidencia en los intentos de la izquierda por pensar la articulacion entre socialismo y democracia. Mientras que, en su veta condenatoria, aparece como la reificacion del poder del lider en el aparato estatal, entendido como organo privilegiado de la dominacion. Esta operacion se verifica especialmente en la condena populista que el socialismo hace al peronismo. La imposibilidad de reconciliar una perspectiva teorica sobre el Estado, la democracia y la politica entre socialismo y peronismo marco el final del proyecto de la revista Controversia. La polemica se planteo alli entre los peronistas que le achacaban a los socialistas pensar desde matrices teoricas abstractas que no tenian ningun asidero con nuestra realidad historica (16) y un socialismo que reconocia al peronismo como "la" experiencia democratica de masas, pero le cuestionaba haber traicionado sus supuestos ideologicos. Aun compartiendo una critica comun al liberalismo-racionalista y recuperando una concepcion de la democracia como produccion social, peronismo y marxismo no pudieron converger en la construccion de una alternativa teorico-politica comun de cara a la institucionalizacion democratica en 1983. (17)

A pesar de todo el proceso de revision de las ideas, la izquierda no pudo nunca dejar de pensar al Estado como una instancia separada y distinta de la sociedad civil. Una instancia pensada desde "arriba" y ubicada "sobre" una sociedad civil que esta "abajo" y debe soportar el peso de la dominacion que, coherentemente con esta perspectiva, siempre se entiende como ejercicio del poder "de arriba hacia abajo".

Como vimos, es esta modalidad de ejercicio del poder la que se le critica al peronismo a partir de la idea de hegemonia organicista. Por el contrario, la verdadera hegemonia (la pluralista, y por ello, la democratica) solo puede darse "horizontalmente" en el ambito de la sociedad civil. Esta cuestion de la horizontalidad se vuelve, sin embargo, un tanto compleja cuando en algunos textos el Estado aparece como espacio a ser disputado por las luchas hegemonicas. En numerosos debates el Estado no es lo que imposibilita la hegemonia, sino que es un campo mas a ser disputado por las luchas populares en el ejercicio de la politica (entendida como praxis) y en la lucha por la construccion (y no la conquista) del poder hegemonico.

Es en la imposibilidad de reconciliar las dos "movidas" teorico-politicas-la que pone el enfasis en la veta condenatoria y la que se sostiene sobre una mirada no condenatoria del Estado--, sumado a lo que senalabamos en el parrafo anterior sobre el modo de pensar al Estado desde una "metafora espacial" (Eiff, 2019), es decir, como espacio, como lugar, o como campo por momentos distinto "de", por momentos opuesto "a", y por momentos reconciliado "con" la sociedad civil, que la advertencia de Lechner con la que iniciabamos este trabajo recobra sentido. Y lo hace no solo para una apuesta como la de este trabajo, que vuelve la mirada sobre los debates de la transicion para mostrar que se dijo (del Estado) en lo que aparentemente no se dijo de el por estar ocupados en pensar que democracia construir luego de las dictaduras. Sino que la observacion de Lechner cobra especial relevancia en la actualidad para aquellos trabajos que, intentando pensar el tema del Estado a partir de las experiencias politicas contemporaneas en America Latina, (18) puedan comprender que muchos de los escollos que las ciencias sociales tienen para pensar hoy el problema del Estado en perspectiva democratica, encuentran su herencia en aquellas huellas que nos dejaron las polemicas y los debates inconclusos de las transiciones a la democracia.

http://dx.doi.org/10.24201/es.2019v3/n110.1688

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Recibido: 9 de diciembre de 2017

Aprobado: 7 de septiembre de 2018

Ariana Reano es doctora en Ciencias Sociales, investigadora-docente de la licenciatura en Estudios Politicos de la Universidad Nacional de General Sarmiento en las asignaturas Discurso Politico y Teoria Politica Contemporanea e investigadora asistente del Consejo Nacional de Investigaciones Cientificas y Tecnicas. Sus trabajos abarcan una perspectiva multidiscplinaria que combina los aportes de la teoria politica contemporanea y la teoria del discurso y de los lenguajes politicos para estudiar las articulaciones entre tradiciones politicas como el populismo, la democracia, el socialismo y el liberalismo en las nuevas dinamicas democraticas en America Latina.

Ariana Reano

Universidad Nacional de General Sarmiento

Consejo Nacional de Investigaciones Cientificas y Tecnicas (CONICET)

arianareano@gmail.com

(1) Una version preliminar de este trabajo fue presentada en el 9 Congreso Latinoamericano de Ciencia Politica, "?Democracias en recesion?", organizado por la Asociacion Latinoamericana de Ciencia Politica (alacip). Montevideo, 26 al 28 de julio de 2017.

(2) Estos "dos modos" combinan dos ideas que nos sirvieron para pensar la cuestion. La primera, senalada por Ricardo Martinez Mazzola (2014) en su articulo La politica como promesa, el Estado como amenaza (2014), donde sostiene que los anos del exilio mexicano suponen para Jose Arico y Juan Carlos Portantiero dos procesos que se dan en conjunto: "la revision de su herencia teorica (a traves de una relectura del marxismo en clave gramsciana) en la que acentuan la productividad de la politica en la produccion de sociedad y el planteo de una dura requisitoria contra el estatalismo caracteristico del populismo latinoamericano" (2014: 227).

La diferencia entre las producciones de ambos intelectuales esta puesta en una doble clave teorica: la de la autocritica de la izquierda y la reconciliacion con la democracia via el socialismo, y la critica al populismo. Ambas se superponen y entran en tension. La segunda, indicada por Andres Tzeiman (2015), quien afirma que existe una notable distancia entre los textos de Portantiero y Arico entre los que tienen un registro mas teorico (las referencias ineludibles son Los usos de Gramsci y Marx y America Latina) y aquellos que se aproximan a una "lectura mas inmediatamente politica" que, en su critica al peronismo, impugna al Estado por su caracter autoritario. Aqui la diferencia se marca entre los textos que contienen una reflexion teorica de aquellos que son producto de la coyuntura de debate con el peronismo.

Consideramos que este movimiento, que ambos trabajos presentan para analizar las trayectorias intelectuales de Portantiero y Arico, puede extenderse a un ejercicio de pensamiento mas amplio que involucra a buena parte de la nueva izquierda intelectual, y se produce de un modo mas complejo en el que las criticas a la experiencia populista del peronismo atraviesa la autocritica de la izquierda y la reconciliacion con una idea de democracia socialista. Este proceso, que se da en paralelo y genera tensiones en el pensamiento tanto de peronistas como de socialistas, hace evidente sus contradicciones, sus puntos debiles y sus desafios frente al desafio de pensar la transicion democratica.

(3) Esta apuesta se inscribe en un trabajo de mas largo alcance que se propone recuperar y sistematizar los debates politico-intelectuales acontecidos durante las transiciones a la democracia en el Cono Sur de America Latina a traves de las revistas politico-culturales de izquierda y de distintos espacios de intercambio como coloquios, seminarios y mesas de debate. Cabe aclarar que el recorte de revistas que aqui proponemos se debe a razones de espacio y de pertinencia tematica.

(4) La nocion de contexto intelectual se recupera de los aportes que hace la nueva historia intelectual, especialmente a partir de las consideraciones de Quentin Skinner y J.C. Pocock en torno a la perspectiva contexualista para abordar la relacion entre textos, contextos, ideas y lenguajes. Mientras para Skinner (2007) el lenguaje no es el resultado de una articulacion de significados o de palabras sino el producto de la interaccion de los textos y sus contextos, Pocock ([1987] (2011) va mas alla al afirmar que le interesa estudiar al lenguaje en tanto que contexto, es decir como el marco que genera las condiciones de lo que puede decirse, pero a su vez puede ser modificado por lo dicho en el.

(5) Al estar centrado en la discusion de ideas y de conceptos, y no en las instituciones o las acciones estrategicas de los actores politicos, nuestro trabajo se inscribe en un campo de estudios multidisciplinar que recoge los aportes de, y pretende generar cruces productivos entre la nueva historia intelectual y la teoria politica contemporanea (vease Garategaray y Reano, 2017). Este abordaje reconoce como antecedente fundamental el trabajo de Cecilia Lesgart (2003) en el que se reconstruye la construccion conceptual de la idea de transicion a la democracia, entendida como una produccion intelectual de la epoca que dio nombre a los procesos politicos que la sucedieron, generando un vocabulario para hablar de la politica en la decada de 1980.

(6) Controversia fue la produccion de un grupo de intelectuales argentinos que, exiliados en Mexico, intentaron generar un espacio de analisis sobre la realidad politica argentina y de intercambio con los colegas que se habian quedado en el pais. Edito 13 numeros entre 1979 y 1981, y sus principales integrantes fueron Jorge Tula, su director, Jose Arico, Carlos Abalo, Sergio Bufano, Ruben Sergio Caletti, Nicolas Casullo, Ricardo Nudelman, Juan Carlos Portantiero, Hector Schmucler y Oscar Teran. Como se indica en el prologo a la reciente edicion facsimilar de Controversia (2009), la idea original de este grupo era la de crear un periodico que publicara noticias provenientes de Argentina y que fuera, a la vez, un organo de denuncia sobre los crimenes que estaba cometiendo la dictadura militar. Si bien este proyecto original fue decantando como objetivo principal de la revista, puede afirmarse que esta estuvo siempre comprometida con reflexiones en torno a los derechos humanos, a la violencia politica, al lugar de la izquierda y el fracaso del proyecto revolucionario, al rol de los militares en el poder y a las consecuencias de su politica economica, entre otros temas.

(7) Punto de Vista es una publicacion que se origina en una situacion de semi-clandestinidad, en 1978, y en abril de 2008 edita su ultimo numero. Fue dirigida desde sus inicios por Beatriz Sarlo y reunio, entre los intelectuales mas destacados, a Carlos Altamirano, Ricardo Piglia, Hugo Vezetti, Maria Teresa Gramuglio. Despues de 1982 se suman Hilda Sabato, Jose Arico y Juan Carlos Portantiero. Desde 1992 Adrian Gorelik comparte la direccion con Sarlo y en 1995 se suman Oscar Teran, Rafael Filipelli, Federico Menjeau y Jorge Dotti. Si bien la revista enmarcaba su pertenencia al mundo de las letras y a un proyecto literario, no tardo en asumir posiciones que la ubicaron en el terreno de la cultura politica. En este marco, aparecen editoriales en los numeros de 1983 en apoyo a la emergencia democratica y al gobierno de Alfonsin, tambien en julio de 1987, repudiando los sucesos de Semana Santa, y nuevamente en julio de 1989 criticando al gobierno de Carlos Menem (Garategaray, 2013: 58). Consideramos que fue una de las revistas centrales, que, junto con las que trabajamos en este articulo, conformaron el mapa de las discusiones intelectuales de la transicion.

(8) De la nocion de hegemonia en los debates intelectuales de la transicion nos hemos ocupado en Reano (2016).

(9) La influencia de la lectura de Poulantzas (1978) resulta central en la elaboracion de esta argumentacion.

(10) En el caso de Arico esta preocupacion por pensar una articulacion viable entre la vocacion universal del marxismo y los dilemas especificos de America Latina atraviesa toda su obra. El haber abordado al marxismo como un complejo y conflictivo campo de ideas y no como un cuerpo doctrinario cerrado es lo que le permitio al autor cordobes ensayar "diversos ejercicios de descomposicion y recomposicion de la tradicion marxista, operando criticamente sobre sentidos consolidados y abriendo a nuevas posibilidades de lectura" (Cortes, 2015: 19).

(11) En la lectura propuesta por Martinez Mazzola esto evidencia las dificultades de compatibilizar la centralidad de la politica y la critica al estatalismo, cuestion que obedece a diferentes movimientos teoricos. El primero representa la culminacion de la critica que la "nueva izquierda" en general dedico al economicismo marxista frente a la reivindicacion del papel creador de la voluntad politica (se trata, en otras palabras, de la culminacion de la herencia leninista-gramsciano-guevarista).

Y el segundo, es la apuesta por la sociedad y la denuncia del estatalismo que se liga a una serie de discursos que, a comienzos de los ochenta,--ya fuera desde la socialdemocracia, el socialismo liberal y aun el eurocomunismo--destacaban la productividad de la "sociedad civil". En terminos generales, la tension entre ambas miradas se liga con su ubicacion en dos horizontes distintos de la historia de la izquierda argentina. A comienzos de los ochenta, concluye Mazzola, "se produce una nueva ruptura en la tradicion de izquierda y surge una nueva izquierda que se preocupara mas por la cuestion de la democracia y de las libertades que por la 'cuestion nacional' y que coloca el centro de su mirada no en el Estado, sino en 'la sociedad' (2014: 231).

(12) LCF toma su nombre en homenaje al periodico La citta futura escrito por Gramsci en 1917. Fue fundada en 1986 por Jose Arico, quien compartio la direccion con Juan Carlos Portantiero y Jorge Tula. Integraron el Comite Editorial figuras como Jorge Dotti, Javier Frenze, Carlos Altamirano, Emilio de Ipola, Rafael Filipelli, Julio Godio, Jose Nun, Beatriz Sarlo, Marcelo Lozada, Hugo Vezetti, Hector Leis.

Aunque no aparecen como miembros del Comite Editorial, Oscar Teran y Hector Schmucler estuvieron presentes desde los primeros numeros. El inicio de la publicacion se vincula con la fundacion, en julio de 1984, del Club de Cultura Socialista (ccs), una institucion civil y publica creada para discutir tanto los problemas del socialismo como para definir los rasgos de un proyecto socialista para la sociedad argentina. Producto de las modificaciones politicas acontecidas al interior del ccs, la revista tambien registro sus cambios a partir del No. 11 (junio de 1988). El antiguo Consejo Editorial, del cual participaban los miembros de la revista Punto de Vista es sustituido por un Consejo Asesor, compuesto por el grupo que hacia fines de los noventa dirigia el CCS. En 1998 lcf interrumpe su publicacion, la cual es retomada en la primavera de 2001.

(13) "Una oportunidad de ponernos al dia" era precisamente el titulo del articulo de Jose Arico, publicado en el No. 2 de LFC.

(14) De esta distincion, que tambien hace a la tension entre democracia formal y democracia sustantiva en los debates intelectuales de la transicion democratica, nos hemos ocupado en Reano (2012). De esta distincion, que tambien hace a la tension entre democracia formal y democracia sustantiva en los debates intelectuales de la transicion democratica, nos hemos ocupado en Reano (2012).

(15) Es claro que el tema del Estado y su democratizacion excede ampliamente los debates intelectuales aqui trabajados puesto que se inscriben en una discusion teorico-politica mas general sobre el Estado en America Latina en la cual resultan ineludibles las producciones intelectuales de Lechner, O'Donnell, Zavaleta Mercado, Oszlak, entre otros. Un muy buen resumen de esta discusion puede leerse en la compilacion Estado y politica en America Latina (Lechner, 1981).

(16) Esto puede verse especialmente en las respuestas de Casullo y Caletti (1981) y de Casariego (1981) a de Ipola y Portantiero. Sobre esta polemica en particular nos hemos detenido en Reano (2015).

(17) Ello se vio plasmado en la imposibilidad de que la izquierda peronista y socialista volvieran a compartir un espacio editorial comun como el que constituyo Controversia durante el exilio. Aunque esto no implico que no participaran de otros espacios de debate. El Club de Cultura Socialista fue uno de los mas importantes, al igual que los seminarios o mesas redondas cuyas polemicas fueron reproducidas en las revistas Punto de Vista, Unidos y LCF.

(18) Nos referimos especialmente a la reedicion de los debates en torno al populismo y al socialismo del siglo XXI en los denominados "nuevos gobiernos de izquierda" en el cono sur de America Latina, entre 1998 y 2014. Vease Sader (2009), Vilas (2005), Aboy Carles (2005), Raus (2007), Panniza (2008), Laclau (2006).
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Author:Reano, Ariana
Publication:Estudios Sociologicos
Article Type:Report
Date:May 1, 2019
Words:10759
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