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Eduardo N. Mijangos Diaz, La dictadura enana. Las prefecturas del porfiriato en Michoacan.

EDUARDO N. MIJANGOS DIAZ, La dictadura enana. Las prefecturas del porfiriato en Michoacan, Mexico, Instituto de Investigaciones Historicas de la Universidad Michoacana de San Nicolas de Hidalgo, Instituto Panamericano de Geografia e Historia, 2008, 313 p.

[ILUSTRACION OMITIR]

Cualquier persona que a traves de la investigacion se acerque a la historia de alguna entidad de la republica mexicana durante el siglo XIX, constantemente encontrara testimonios oficiales que dan referencia sobre los prefectos politicos de distritos o departamentos (tambien denominados jefes politicos). Para el caso de Michoacan, los acervos documentales dan muestra inequivoca de la importante participacion que jugaban estos personajes dentro del aparato politico-administrativo, dado que fungian, como puntos de apoyo para el cumplimiento de las disposiciones gubernamentales, y como enlace entre los ayuntamientos y gobiernos estatales.

Muchos estudios historicos, inevitablemente, tienen y tendran que mencionar a estos prefectos politicos, dado que fueron figuras activas en los procesos de indole politica o institucional durante el periodo referido. La presencia de estos personajes incentiva la atencion sobre el libro que a continuacion resenamos.

Eduardo N. Mijangos Diaz autor de La dictadura enana. Las prefecturas del porfiriato en Michoacan, supo acercarse y valorar muchas de las apariencias y trasfondos que envolvieron en Michoacan al sistema prefectoral, mas alla de las superficialidades que muestra la mera legislacion local; y no conforme con ello, hace aportaciones a la comprension del contexto nacional en que se inserto dicho sistema. No por nada, Marisa Perez de Sarmiento menciona que la obra es ineludible para todos aquellos interesados en el periodo en que el Gral. Porfirio Diaz ocupo la presidencia de la Republica Mexicana.

Por inicio de cuentas, habra que puntualizar que La dictadura enana no solo apoya la comprension del porfiriato, pues el autor no perdio de vista que el sistema prefectoral fue un fenomeno de larga duracion, asi lo demuestra en su exposicion de resultados. Mijangos se ocupa de una periodicidad que abarca desde la epoca colonial hasta la supresion de las prefecturas, acaecida cuando la voragine del movimiento revolucionario estaba lejana de atenuar sus brios. Claro, es entendible que la temporalidad sugerida en el titulo no sea circunstancial, sino por el contrario, completamente intencional en funcion de lo que el autor pretende demostrar.

El origen de los prefectos politicos en Mexico se localiza en los intentos que la corona espanola llevo a cabo en la segunda mitad del siglo XVIII, para optimizar el aparato burocratico, y de esta manera de influir sobre sus colonias. Entre el conglomerado de leyes que se emitieron para ese fin se encontraba lo referente al sistema de intendencias, disponiendo que los agentes (intendentes) a los que el Rey encargara la supervision del buen curso de la administracion, serian el apoyo por medio del cual se pretendia ejercer un control, sino completo, si mas directo sobre las provincias.

Por supuesto que sin ayuda, el trabajo de los intendentes hubiera resultado monumental, agotador, o hasta impracticable. Por lo mismo, para el cumplimiento de sus tareas podrian delegar algunas responsabilidades a auxiliares denominados subdelegados, y era su facultad designarlos segun su propio criterio. De esta manera, los subdelegados fueron detentores de una dosis de atribuciones, correspondientes al mismo abanico que en un mayor nivel ejercia el intendente en los ambitos de gobierno, administracion, justicia y guerra. Estos intentos por centralizar la administracion, en su momento, generaron enorme descontento entre los subditos y las propias autoridades que se deseaba remplazar.

Para cuando se dio la consumacion de la independencia mexicana, varias de las fragilidades sobre las que se erigia la nueva nacion salieron a luz. Una de ellas, fue la tendencia a la desunion politica-ideologica que complico la definicion de un sistema de gobierno. Y es que el problema fue precisamente la renuencia a aceptar la centralizacion del poder desde un nucleo que estuviera fuera de las provincias; por ello, de una monarquia rapidamente se paso a la aclamacion de una republica. No obstante, instaurada la nueva opcion, no tardo en ser victima de jaloneos politicos entre grupos partidarios del centralismo y del federalismo. Estas ultimas tendencias mencionadas, en el fondo adolecieron del mismo sintoma: una incapacidad para sostener un gobierno lo suficientemente fortalecido, para imponerse o negociar con las partes y fuerzas disidentes existentes a lo largo del territorio nacional.

Ese dilema, alimento la preocupacion de las elites gobernantes a lo largo del siglo decimononico. Federalistas, centralistas y monarquistas, en su momento pretendieron tomar las riendas de la nacion, pero nadie quedo exento de enfrentarse a la resistencia proveniente de las partes que integraban a la misma. Generalmente, los descontentos por las medidas centralizadoras desembocaron en movimientos armados que hacian todavia mas dificil la gobernabilidad en Mexico. Las tendencias autonomistas afloraron por todo el territorio nacional, apoyados de la poca accesibilidad que brindaba la enorme diversidad geografica (sobre todo topografica) y la carencia de medios y vias de comunicacion.

Sin embargo, a partir del ano en que se inaugura el pacto federal (1824) y hasta el termino del tercer cuarto de siglo, se fue conformando un cumulo de experiencias que el regimen de Porfirio Diaz supo aprovechar de dos formas: por una parte, busco la negociacion con las elites locales y clanes familiares mas influyentes en los estados para evitar la disidencia, y por otra, consiguio un entramado de equilibrios de poder y relaciones clientelares que desembocaron en una serie de lealtades, cuyo compromiso era el respeto mutuo. Sobre esto ultimo, habra que aclarar que Diaz tenia reservada la "facultad"--personal, y no legal--de elegir a los diputados federales y gobernadores. Estos ultimos en agradecimiento, correspondian siendo fieles al regimen, pero ademas, ganaban el derecho de designar a los individuos que ocuparian puestos de importancia en el aparato administrativo de la entidad, tal como podian ser los diputados del congreso local y los prefectos politicos. Estos a su vez, permanecian adheridos al gobierno nacional por medio de una lealtad al gobernador. Todo ello favorecio un clientelismo politico, que aunque no haya sido propio del porfiriato, es en esta epoca cuando se percibe con mayor ahinco.

Particularmente, en el caso de los prefectos, la forma en que estos estaban insertos en el aparato del Estado, los condeno a ser arrastrados por el "destino" que tuvo "la dictadura". Como lo demuestra Mijangos, ello fue producto de la percepcion que la sociedad se forjo en torno al sistema prefectoral como la representacion mas cercana de la "tirania". Ademas, influyeron las aspiraciones democraticas que abogaban por el respeto al "municipio libre", dado que los prefectos continuamente hacian sentir su influencia al interior de los ayuntamientos, pues entre otras cosas, podian fungir como presidentes honorarios de los mismos.

Lo anterior solo es un sencillo esbozo de una de las aportaciones de La dictadura enana al analisis sobre la construccion del Estado mexicano, falta tocar lo referente a algunas particularidades acaecidas al interior del estado de Michoacan.

Retomare nuevamente el momento en que se dio por sancionado el pacto federal, para senalar que por medio de el los estados asumieron el ejercicio de su soberania y el derecho para decidir todo lo referente a su gobierno y estructura interior. Inmediatamente, el gobierno provisional de Michoacan dispuso que en tanto se reunia el Congreso Constituyente encargado de formular una Constitucion, las leyes que regirian serian las que hasta ese momento existian, y que en su mayor parte fueron una trasmutacion de las que regian desde fines del periodo colonial. No obstante, con relativa prontitud fue emitida (13 de agosto de 1825) una ley de division territorial que dividio al estado en cuatro departamentos que se denominaron, del Norte, del Sur, del Oriente y del Poniente, cuyas sedes fueron Morelia, Uruapan, Zitacuaro y Zamora, respectivamente. Al frente de cada una de estas unidades jurisdiccionales estuvo un encargado, con lo cual, institucionalmente nacio la figura politica del prefecto.

De lo anterior se desprende como Michoacan, al igual que el resto de las entidades, despues de pugnar por la adopcion de un sistema federal con miras a la descentralizacion politica, al interior de su jurisdiccion se tendiera a adoptar una legislacion dirigida a todo lo contrario. Aplicando el modelo de Estado a escala reducida, en Michoacan la organizacion politico-administrativa procuro dar pauta al mayor control posible sobre su territorio (algo que no tuvo de repente la efectividad deseada por las condiciones geograficas y su desconocimiento). Esa fue la intencion detras del establecimiento de las prefecturas politicas.

?Cual fue la preeminencia del sistema prefectoral? A proposito, Mijangos refiere que "la existencia juridica de las jefaturas politicas como un organismo dependiente del poder ejecutivo, base de la administracion publica y garante del nuevo orden republicano" respondio al "principio del ejercicio centralizado del gobierno". Como se advierte, los prefectos fueron una pieza clave para el funcionamiento de todo el aparato politico-administrativo, y a ello se debe que hubieran tenido una continuidad--con breves altibajos-independientemente de los periodos en que se aplicaron otras formas o sistemas de gobierno (centralismo, federalismo y monarquia). Para denotar lo anterior, me parece pertinente retomar una cita utilizada por el propio autor para ejemplificar lo antes senalado:

Los prefectos eran: "... los agentes del gobierno, el conducto de sus comunicaciones, los ejecutores de sus ordenes, el vinculo que une y pone en contacto al ultimo habitante del estado con el centro de la autoridad: en una palabra: los que reproducen, por decirlo asi, su presencia, y hacen sentir su influjo por todas partes." (Gobernador de Michoacan, 1827).

En lo posterior y a lo largo de la periodicidad en que se inserta su investigacion, Mijangos encontro que la existencia de los prefectos politicos siempre estuvo avalada por la legislacion michoacana (ademas de la costumbre), e incluso, contantemente se repetia que era una figura necesaria para el buen curso y resolucion de los asuntos publicos en la entidad. Por supuesto, entre las voces que apoyaban esta mocion estuvieron la de algunos gobernadores, que se mostraron enfaticos ante la sola amenaza de no poder designar a sus agentes.

Esa defensa no fue fortuita, dado que era el gobernador quien elegia a los prefectos politicos, sin necesidad de que solicitara la autorizacion o ratificacion del Congreso local. Asi estuvo estipulado desde 1825 y era una atribucion a la que no facilmente se renunciaria. De ahi parte la impresion generada al interior de la sociedad con respecto de la centralizacion del poder, pues era una figura instituida en la que recaia el gobierno politico y administrativo de los distritos en que estaba dividido el estado. La duracion en el cargo llego a ser de hasta cuatro anos, y ya entrado el porfiriato se resolvio que podrian ser reasignados a juicio del ejecutivo estatal. Por otra parte, la facultad de elegirlos era extensiva a la facultad de cesarlos de sus funciones u ordenar su traslado a otro distrito (situacion que se dio con frecuencia en el periodo senalado).

En La dictadura enana se apunta que entre las causas para cesar a los prefectos hubo tres principales: cuando alguna accion de estos jefes politicos daba pauta a que la opinion publica (usualmente periodicos de circulacion local y nacional) externara cosas que afectaran la imagen del sistema; cuando se verificaba, e incluso ante la sola sospecha de un enriquecimiento ilicito; y ante la incapacidad de mantener un ambiente de equilibrio y armonia con las instancias politicas o grupos locales, o lo que era lo mismo, la incapacidad para sobrellevar el objetivo principal de sus tareas.

Ahora bien, si los prefectos eran nombrados por el gobernador para encargarse del gobierno de los distritos, la pregunta inmediata que todos nos hariamos seria ?cuales fueron las prerrogativas por medio de las que se valian para cumplir sus tareas? De acuerdo con Mijangos, los prefectos entraban en todos los ambitos de la administracion publica, es decir, gobierno, fisco, justicia y guerra. Muchas de estas atribuciones se estipularon en las Constituciones (1825 y 1858), en varias leyes organicas sobre division y gobierno politico (1825, 1861, 1868 y 1901), asi como un considerable numero de disposiciones, decretos y circulares que fueron emitidos a fin de que los prefectos supervisaran el cumplimiento de leyes generales o circunstanciales. Esto sin olvidar que fue frecuente el otorgamiento de algun poder extraordinario para solucionar problemas locales.

Para conocer el radio de accion de los prefectos y la influencia que podian tener sobre sus respectivos distritos, basta acercarnos a las asuntos sobre los que tenian responsabilidad: guardar la tranquilidad, orden publico y la seguridad de las personas y sus bienes; garantizar el cumplimiento de las leyes y ordenes del gobierno estatal; prevenir actos de corrupcion de los administradores de rentas; promover la educacion publica y la moralidad de los pueblos (por ejemplo, debia formar los tribunales de vagos); promover obras publicas y de beneficencia; promover la particion de tierras comunales; supervisar la integracion de la milicia civica y emplearla en caso necesario (entre otras cosas, para la supervision de caminos y el combate al contrabando); conceder licencia de matrimonio a menores de edad; formar la estadistica del distrito; y remitir continuamente informes al gobierno del estado.

Como ya adelantamos, las obligaciones de los jefes politicos, juridicamente variaron poco durante todo el periodo de vigencia para el sistema prefectoral, y constantemente se agregaron otras en forma de facultades extraordinarias. Estas ultimas fueron necesarias debido a que, no obstante contar con relaciones escritas de sus obligaciones, en ellas--rescatando un poco la de 1901--no se especifican los lineamientos por los que se habrian de llevar acabo (agreguese que fue hasta 1885 cuando se pusieron en marcha codigos propios en materia penal y civil, que no prescindieron de lagunas). Esas fisuras legales se fueron salvando con la permision de una capacidad resolutiva, dependiendo de la naturaleza y urgencia de que se tratara (por supuesto tendrian que dar aviso a su superior). Ello se justificaba por el propio hecho de ser dependientes directos del poder ejecutivo y representantes del gobierno estatal en los distritos.

Esta capacidad de resolucion alcanzaba la posibilidad de interpretar las leyes segun fuera necesario para que la administracion, en su curso no se viera entorpecida u obstaculizada. No es raro entonces que en la legislacion de la epoca u otros documentos dirigidos a los prefectos se localicen expresiones como "de acuerdo a su criterio", "segun lo considere pertinente", "como lo juzgue necesario" o "si lo cree oportuno". La razon, repetimos, era tomar las medidas conducentes y mas convenientes al arreglo de tal o cual negocio. Mijangos retoma atinadamente el concepto de discrecionalidad para definir este fenomeno que no dejo de estar presente en la temporalidad principal en que inserta su estudio.

El control politico y social esta basado en las reglas formales (leyes, reglamentos, codigos, etc.), pero tambien de reglas informales que incluyen el clientelismo y la discrecionalidad que acabamos de referir. Durante el transcurso del porfiriato, por todas partes, incluyendo Michoacan, las reglas informales fueron leidas por la sociedad como sintomas de un autoritarismo basado en favoritismos y corruptelas. La figura mas cercana de ese autoritarismo era el prefecto (sin reparar demasiado en la sujecion y vigilancia dirigida a ellos), presuntamente apoyado por las reglas formales que en si, daban sosten a todo el regimen. La situacion conllevo a que el estado de cosas fuese equiparado a una dictadura y criticado bajo esta premisa por politicos, intelectuales y demas actores sociales.

El ayuntamiento, siendo uno de esos actores, merecio la especial atencion de Mijangos, en razon de que fue una corporacion que como instancia politica estuvo generalmente opacada a la sombra del sistema de prefecturas. Fueron considerados como el ultimo eslabon del poder ejecutivo de los estados y relegados a un caracter consultativo. Para ejemplificar el control politico que sobre estos organos politicos ejercian los prefectos, retomaremos algunas de las facultades de estos ultimos que deliberadamente omitimos anteriormente, a fin de presentarlas en este momento: supervision de las autoridades menores, incluyendo los ayuntamientos, velar la recaudacion e inversion de los propios y arbitrios de estos ultimos, presidir sus actos en la poblacion donde el prefecto residiera, suspender a miembros del ayuntamiento con "causa justificada", disponer el nombramiento de funcionarios en el distrito y vigilar el desenvolvimiento de las elecciones locales.

Esas condiciones politico-institucionales tambien apoyaron la idea de estar bajo el dominio de una dictadura, e igualmente, catalizaron las aspiraciones al ejercicio de una democracia real, donde se tomara al "municipio libre" como la base de la nacion. La manipulacion electoral (que no necesariamente tiene que ver con los fraudes pero si con la "democracia ficticia" que aun padecemos actualmente), abarco los procesos llevados a cabo para elegir a los miembros del ayuntamiento, y ello equivalia a violentar el derecho que tenian los ciudadanos para hacer valer su voluntad, o lo que es lo mismo, era una falta a la soberania del pueblo. Por si fuera poco, la misma acusacion acontecia cuando los prefectos removian a un miembro del ayuntamiento y nombraban a otro.

Llagado el momento de sucesion presidencial de 1910, una de las promesas de campana de Francisco Indalecio Madero fue asegurar la aplicacion de una "democracia real". Ese postulado poco despues fue abrigado en el Plan de San Luis y tomado como bandera contra el regimen porfirista. En consecuencia, tambien se ataco la figura de los prefectos creyendo que en ellos estaba el germen--a imagen y semejanza del regimen--por medio del cual la dictadura se imponia. Asi, a pesar de algunas voces que defendieron su continuidad (atendiendo algunas reformas), entre 1914 y 1917 se puso fin a un sistema prefectoral que habia sido parte del Estado mexicano por espacio de casi un siglo, abriendo paso al municipio como garante de los derechos ciudadanos y conductor de sus aspiraciones. En consecuencia, nuestra constitucion actual estipula (Titulo Quinto: De los estados de la federacion y del Distrito Federal) que los estados basaran su division territorial y su organizacion politica y administrativa en el municipio libre.

Como se puede observar, los cuestionamientos que se plantea Eduardo N. Mijangos en La dictadura enana son resueltos en buena medida, al grado de que cuando uno como lector se acerca al mencionado estudio, queda claro un sentido mas objetivo acerca del papel que tuvieron los prefectos en la conformacion y desarrollo del aparato del Estado mexicano. Si a lo largo del texto se hacen presentes dudas y nuevos cuestionamientos, es claro que solo se resolveran en la medida en que se emprendan otros estudios regionales y de caso sobre Michoacan, u otros estados. De hecho, el autor deja invitacion abierta mediante un analisis historiografico, para que otros historiadores se acerquen a las multiples aristas que ofrece el tema.

Deseo terminar retomando la comparacion metaforica que se hace del sistema prefectoral como parte de un juego de ajedrez, aprovechando un fragmento poetico que justifica la propia portada del libro, donde se muestra un alfil sobre un tablero tricolor. Por ello, no pude resistir la tentacion de agregar al presente trabajo, el fragmento de otro poema titulado El juego del ajedrez publicado en 1906 que dice:
   LOS ALFILES

   Aunque no hagamos lo que hacer debimos,
   podemos atacar rapidamente,
   y ocupamos un sitio preferente
   por ser los que mejor nos distinguimos.
   Al descubierto siempre nos abatimos,
   siendo uno del otro independiente,
   y en la lucha comun, generalmente
   somos los que primero sucumbimos.
   Si nuestro ataque peca de ligero,
   aun puesto en el camino verdadero,
   es en cambio eficaz nuestra defensa,
   y llegado el momento decisivo,
   el fin de nuestro esfuerzo positivo
   nos ofrece sobrada recompensa.


Jobany Canas Zavala

Estudiante de la Maestria en Historia

Instituto de Investigaciones Historicas de la Universidad Michoacana de San Nicolas de Hidalgo
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Author:Canas Zavala, Jobany
Publication:Tzintzun: Revista de Estudios Historicos
Date:Jan 1, 2010
Words:3548
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