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Eduardo Matos Moctezuma, Historia de la arqueologia del Mexico antiguo.

Eduardo Matos Moctezuma, Historia de la arqueologia del Mexico antiguo, 2v., Mexico, El Colegio Nacional, 2017.

Al resenar el libro de Eduardo Matos Moctezuma, obra pensada para el cultivo y el disfrute de los lectores, se corre el riesgo de adelantar su contenido con grosera sintesis y arrebatar la sorpresa a las numerosas miradas que se adentren en su apasionante tema y su facil escritura. No seria justo ni para el autor ni para quien lo leera. Por ello me atrevere a preparar al lector para adherirse a la expedicion a la que Matos Moctezuma nos invita llevando otro equipaje: el de las conexiones intelectuales, no siempre directas ni visibles. Asi, permitaseme ensayar una genealogia de las ideas, a fin de apuntar hacia la originalidad--y, al mismo tiempo, la historicidad--de la nutrida explicacion que aqui se nos ofrece en torno al motor de una ya bien cimentada disciplina en nuestro pais.

Comenzare por el titulo. Se trata de la Historia de la arqueologia del Mexico antiguo, es decir, de la singular atraccion de estos estudiosos por el pasado remoto. El libro no es, por supuesto, un recuento de proyectos arqueologicos montados en una linea de tiempo centenaria para explicar la progresiva evolucion tecnica de la disciplina antropologica. Ello, por mas que se indique abundantemente en el libro el inmenso abanico de trabajos en campo, agua, laboratorios y gabinetes, en particular en su tomo segundo, dedicado precisamente a la arqueologia practicada desde la ultima mitad del siglo XX. Tampoco es la nomenclatura de los practicantes de la arqueologia mas o menos afamados, o el catalogo de cada escuela o corriente de pensamiento, o de cada persona con sus caracteristicas profesionales, logros y especializaciones curriculares, por mas que en el libro desfilen copiosamente y con justicia intelectual muy altos nombres. Este libro tiene entre lineas algo mas intimo: es la historia de una vocacion que anida individualmente y que crece y se abre desde dentro, que descansa encapsulada y luego florece sin terminar, que se nutre de preguntas obsesivas, de ideas fijas que regresan para probar sus certezas e incertidumbres, de mucho sacrificio y, ciertamente, de obsesiones.

El fermento de la disciplina arqueologica es, sin duda, esa curiosidad innata que lleva a los arqueologos a buscar entre los jirones de la realidad visible las pruebas de realidades desaparecidas, a buscar entre leyendas y mitos, entre documentos escritos en lenguas apenas comprensibles, en extensos cementerios que habitan dioses mudos, entre piedras envejecidas en las que la mano de lo humano deja ver su diferencia con el entorno mineral. El objetivo es siempre descubrir al hombre en el tiempo, con sus gustos y sus maneras de ver al mundo, observarlo en sus rutinas y en sus tiempos sagrados, admirarlo en sus envolturas culturales o en su simpleza biologica.

Por supuesto, esta manifestacion vocacional sigue patrones diferenciados por el flujo de las generaciones, de las corrientes de pensamiento y por el tormento creador de cada cual. Resulta mas que obvio que el circulo proximo es siempre el que mas peso tiene en el animo y en el espiritu. De ellos, como el lector vera, se da buena cuenta en el segundo volumen del libro. Se muestran ahi las discusiones, los dialogos y las colaboraciones entre arqueologos y proyectos que debieron tocar muy cercanamente a Matos. Aparecen desde los, para nosotros, legendarios Manuel Gamio, Alfonso Caso, Ignacio Marquina, Ignacio Bernal, Spinden y Vaillant, hasta sus colegas de la Direccion de Prehistoria del Instituto Nacional de Antropologia e Historia (INAH), Luis Aveleyra y Richard MacNeish, o de la formativa Escuela Nacional de Antropologia e Historia (ENAH), en las temporadas de trabajo y en los debates academicos, donde aparecen nombres inolvidables como Paul Kirchhoff, Alberto Ruz, Pablo Martinez del Rio, Pedro Armillas, Julio Cesar Olive, Roman Pina Chan o Beatriz de la Fuente, por nombrar solo algunos.

?Cual habria sido el entorno que nutrio a Eduardo Matos y que se resolvio en este libro? Tal vez la revision de ciertas ideas generales que dibujaron el pensamiento corriente de los anos germinales de nuestro arqueologo nos permita un acercamiento al paisaje de fondo para entreverle, no con los utensilios del rescate de entre la tierra, sino vuelto historiador de las ideas de su paisaje mas cercano, de su habitat intelectual.

Matos tenia 22 anos cuando, en 1962, George Kubler escribio su importante libro sobre el valor de los objetos, The shape of time (trad. La configuracion del tiempo, 1975). Aunque no fuera tan extensamente cantada su importancia, aquel libro era sin duda el que inauguraba la interpretacion de las cosas en relacion con el quehacer humano. Serian los lectores de Kubler los que, al dar los pasos siguientes, dibujarian el exito de su propuesta. En aquel texto, Kubker escribio: "nuestras pruebas mas tangibles de que el antiguo pasado humano existio continuan siendo las cosas inanimadas". "Todas las cosas--continua Kubler--muestran el paso del tiempo con mayor fidelidad que la que conocemos, y llenan el tiempo con formas de variedad limitada. Al igual que los crustaceos, dependemos para poder sobrevivir de nuestro caparazon exterior; un caparazon de ciudades y casas llenas de cosas que pertenecen a partes definibles del pasado".

Por supuesto, los arqueologos de esos anos ya se preocupaban por ubicar en aproximaciones cronologicas sus descubrimientos, ya fuera con el cuidado de los registros estratigraficos (legado de Manuel Gamio, como Matos nos explica) o con el acercamiento a las fuentes documentales disponibles (segun podra leerse a lo largo del primer tomo y el comienzo del segundo, con la Escuela Internacional y su influencia en el pensamiento antropologico mexicano, y con la propuesta del mismo Gamio del caracter integral de la antropologia). Asi lo explica Matos en su Historia: no sin tanteos y equivocaciones, revisiones y rectificaciones, la arqueologia moderna seguia el rastro de los grupos paleoliticos, estudiaba los primeros maices domesticados y excavaba en los asentamientos ya propiamente urbanos, en saltos de millares de anos a los que la estratigrafia y el analisis de laboratorio acompanaban a conjeturas y al cambio de las primeras impresiones ilusorias por aproximaciones quiza menos simpaticas pero ciertamente verosimiles. En el primer tomo, por ejemplo, el autor narra las peripecias del afamado hombre de Tepexpan, quien paso de ser el prototipo primigenio a simplemente, humildemente, persona antigua; o el del camelido de Tequixquiac, todavia misterioso para quienes nos interesamos en las imagenes ausentes en el arte. En el segundo volumen aparece tambien la anecdota de los restos de Cuauhtemoc en Ichcateopan que, junto al trabajo en Palenque sobre la tumba de Pakal, senala las rutas paralelas entre la ideologia y la ciencia.

Pero, con algunas excepciones, los arqueologos se acercaban al terreno propio de los historiadores y ordenaban sus saberes en una narracion de secuencias cortadas y de rupturas que mostraran nacimiento y muerte de hombres y sociedades. Me atrevo a decirlo: pensaban casi a la manera de las ciencias naturales. Hasta comienzos del siglo XX no hacian historia, no leian en los tiestos, ofrendas, tumbas o herramientas el suceder del tiempo de los hombres, sino tan solo sus instantes. Hasta el periodo de la institucionalizacion, que Matos relata en el capitulo VII--aun con el ejemplo del gigantesco Manuel Gamio entre 1917 y 1922 con su estudio de los pobladores del valle de Teotihuacan--, se atrevieron a preguntarse mas alla del orden silencioso de las ciudades, a saber de sus habitantes de ayer y de hoy con la contingencia de la historia. Parecia que se detenian en la frontera de lo evidentemente comprobado (que en general no era mucho). Como al sabio Lucano, les era suficiente que en cada piedra se adhiriera una leyenda. Al igual que los precursores que habitan cinco de los seis capitulos iniciales, es decir, casi todo el tomo I, los modernos arqueologos conjeturaban epocas y culturas hundidas en ese pozo insondable, en esa profunda oscuridad llamada "prehistoria", el principio del teatro universal de lo humano. Se dejaba al historiador encontrar las multiples formas del tiempo, para usar otra vez a Kubler.

Con todo, la generacion de arqueologos que nacio con el INAH durante el Renacimiento Mexicano del cardenismo hasta aquella que se educaria en la decada de 1960 dejaria de sentirse comoda como exploradora de las orillas del pasado, en la region ignota de la antiguedad. Fueron anos en los que se valoro al arte prehispanico--desde las pequenas joyas de la Tumba 7 de Monte Alban hasta la Coatlicue o el enorme Tlaloc del Museo Nacional de Antropologia, desde los codices hasta las pinturas murales de Tepantitla y Bonampak--hasta hacerlo aceptable por la estetica moderna. Idea persistente y afortunada.

Este ultimo grupo de arqueologos arriesgaria a proponer mecanismos interpretativos, a poner en duda cronologias de horizontes culturales y a estructurar modos de produccion asiaticos entre controladores reales y rituales del agua. Se intento entonces conocer los secretos de sociedades complejas asentadas en urbes lo mismo que de campesinos aldeanos y de nomadas equipados con lo minimo necesario para vivir en regiones hostiles. Uno de esos jovenes arqueologos se llamaba Eduardo Matos. Hoy, en este libro, pudorosamente, mira a sus maestros y contemporaneos a su lado, muy cerca de su hombro, de lleno, admirandolos en sus fatigas descubridoras. Son ellos el tema de la parte final de su relato.

Es posible marcar un referente mas. Al amanecer del decenio siguiente, en 1970, aparecio la primera edicion en castellano del aun ahora inquietante libro de Michel Foucault, La arqueologia del saber. En su texto introductorio, el famoso filosofo frances senala una mutacion en las maneras de ver y buscar entre las huellas materiales del pasado. Dicha mutacion fue paradigmatica, por lo menos, en las corrientes de transmision de saberes del pensamiento occidental. Escribio Foucault:
   Digamos, para abreviar, que la historia, en su forma tradicional,
   se dedicaba a "memorizar" los monumentos del pasado, a
   transformarlos en documentos y hacer hablar esos rastros que, por
   si mismos, no son verbales a menudo, o bien dicen en silencio algo
   distinto de lo que en realidad dicen. En nuestros dias, la historia
   es lo que transforma los documentos en monumentos [...]. Hubo un
   tiempo en que la arqueologia, como disciplina de los monumentos
   mudos, de los rastros inertes, de los objetos sin contexto y de las
   cosas dejadas por el pasado, tendia a la historia y no adquiria
   sentido sino por la restitucion de un discurso historico; podria
   decirse, jugando con las palabras, que, en nuestros dias, la
   historia tiende a la arqueologia, a la descripcion intrinseca del
   monumento (p. 16-17).


Las ciencias sociales, a querer o no, abrevaron de este libro-manantial. Los compartimentos disciplinarios y gremiales rompieron los enrejados protectores. Historiadores, antropologos y sociologos incursionarian en los territorios del saber convencionalmente vedados hasta entonces. El Matos historiador creceria en el seno del arqueologo. Baste un boton de muestra. Por esos mismos momentos transformadores, Matos ofrecia a los lectores su celebrado Muerte al filo de obsidiana, fascinante texto sobre las cargas simbolicas del proposito de la vida y de la occision ritual entre los mexicas. Uno de los volumenes de SepSetentas que acercaron a los antropologos, sociologos e historiadores con el publico no especialista. Al terminar la decada, en 1979, la editorial Porrua sacaria a la luz el libro de Ignacio Bernal, Historia de la arqueologia en Mexico, obra benemerita que introduce a la aventura de explorar y descubrir entre edificios y esculturas inquietantes, desde los antiguos novohispanos que se preguntaban por el origen de los indios hasta el cientifico triunfo de los tepalcates. Bernal demoro su relato en algo que seria fundamental: lo que se esperaba de la arqueologia era que demostrara la existencia de civilizaciones americanas equivalentes--o casi--a las de la antiguedad mediterranea. La oferta de Bernal--junto a la propuesta del historiador Juan Antonio Ortega y Medina sobre el "monroismo arqueologico"--permitirian a Matos examinar otras rutas del conocimiento. No hay duda que mucho debe Matos a la obra de Bernal (a quien puntualmente cita a lo largo de varios pasajes), a la fuerza de este intento pionero de explicacion de logros y no pocas equivocaciones.

Sin embargo, desde los primeros capitulos, Matos apunta su deuda intelectual con Manuel Gamio y su agudo sentido antropologico. Cita Matos la forma en que Gamio definia la investigacion antropologica: "Las investigaciones tendran un caracter integral, pues comprenderan el estudio de las manifestaciones culturales, tanto las intelectuales (mitologia, ideas esteticas, etc.) como las materiales (construcciones, ceramica, implementos diversos, etc.); el de los restos humanos, el de los restos animales y el del ambiente fisico-biologico local".

De manera simultanea a las reflexiones sobre la relacion entre arqueologia y antropologia, entre pasado historico y presente (objeto de Forjando patria, texto de Gamio de 1916), Matos tambien ensayaba la arqueologia como disciplina que devolvia el mundo antiguo a los hombres vivos, que regresaba las ciudades ya secas del largo pasado prehispanico al uso, conocimiento, valor y disfrute de los mexicanos que nos asumimos como brotes herederos de aquellas hondas raices. Comenzaba ya a ensayar un modo distinto de explicarse el motivo esencial, ontologico, de la arqueologia mexicana; lo que movia su curiosidad, mas que sus efectos y productos, estara en el centro de la preocupacion de Matos: "?desde cuando el dato arqueologico nos senala la presencia de sociedades estratificadas en donde el estado regula el todo social? ?Desde que momento vemos que en el continente americano existen sociedades que en su proceso de desarrollo alcanzaron niveles diferentes a los del comun de los pueblos del continente llegando a lo que algunos autores llaman civilizacion?" (p. 49). Tula, Teotihuacan, Tamtok, Mitla, Monte Alban, Palenque, con todos sus rincones y detalles de identidad propia; Tenochtitlan y su Templo Mayor con sus esculturas enterradas y edificios posibles, desfilan en el segundo tomo con la gratitud y mirada critica debidas a sus estudiosos del siglo XX.

Llego la decada de 1990 y comenzo entonces la polemica, el debate que da sentido al primer tomo: ?cuando nacio en realidad la arqueologia mexicana? Matos propuso los papeles de legitimacion en 1790, misma que el INAH asumio y celebro. La explicacion de Matos fue el triunfo del sentido comun: el 13 de agosto de 1790, con el descubrimiento de las dos piedras en la Plaza Mayor de Mexico, adquiria rostro esta historia de la busqueda del mundo prehispanico. El exito de la apuesta radico en un incontrovertible hecho: aunque desde tiempo antes existieron exploraciones y amagos de levantar un museo con antiguedades indianas, ninguna logro la trascendencia simbolica de asentarse como cimiento de la patria criolla. Con el peso de este acontecimiento como plataforma, la estrategia narrativa del Matos historiador quedo finalmente formulada.

El arbol ya se habia ramificado para entonces. En Tula, la ciudad enigma de los anos sesenta, el equipo de Matos dio resultados precisos en 1976. Aunque el punto nodal tal vez sea 1978, cuando asumio la direccion del proyecto del Templo Mayor con los logros que todos conocemos. Una secuencia logica que habla de la coherencia intelectual de la labor profesional de Eduardo Matos y sus colaboradores que, con otras obras escritas en torno a la realidad mexica en el espacio sagrado del Templo Mayor de Tenochtitlan, miran con agudeza cada signo, cada pequena senal, cada indicio que los lleve a entender el origen, florecimiento y caida de los mexicas y su ciudad. Los objetos, los artefactos, en cualquier rincon donde se descubran, tienen un sentido oculto que es develado. Los rasgos de refinamiento artistico, lo mismo que el corazon de las tinieblas, se vuelven palabras sabias en el quehacer cotidiano de Matos y su equipo.

Ya en 1993 Jose Emilio Pacheco prefiguraba la ruta que seguiria nuestro arqueologo e historiador de la arqueologia para llegar a este libro, cuya primera edicion aparecio en 2010 en coedicion del INAH y Jaca Book, como parte del ambicioso--y precioso--proyecto titulado Corpus precolombino. En aquel entonces, Jose Emilio Pacheco escribio: "su campo de trabajo abarca 40 000 anos. Su tarea consiste en descender a los abismos de la historia, hallar el tiempo perdido, hacer presente lo pasado y devolver la vida a lo muerto". Pacheco, quizas sin proponerselo, daba la razon a Foucault cuando indico que el destino intelectual que Matos se dibujo ya no seria tan solo el de enriquecer el clasico de Ignacio Bernal, sino el de hacer un mapa muy diferente: "El preterito no es menos misterioso que el porvenir y como el de ahora, esta en cambio constante [...]. Eduardo Matos es uno de los grandes reveladores de ese pasado que nos constituye y uno de los grandes maestros de su estudio y revaloracion" (p. 10-11).

Me parece que en la factura de este libro, Eduardo Matos no busco solo acumular datos. El libro fue tomando forma poco a poco con la acumulacion de experiencia y la formulacion de preguntas que fueran por un trayecto diferente al de la historiografia y la admiracion por los maestros. Por sus paginas desfilan las descripciones de los afanes evangelizadores de frailes extranados por las costumbres de los habitantes a los que tenian que arrimar al cristianismo, la curiosidad casi cientifica de Siguenza y Gongora en el siglo XVII, la de Leon y Gama en el Siglo de las Luces, la inquietud romantica que florecio lo mismo entre los exploradores de las selvas mayas que en los artistas admiradores de Teotihuacan o Xochicalco en el siglo XIX, el fundacional nacionalismo de Manuel Gamio (y su extremoso companero en la ciudad muerta, el pintor zacatecano Francisco Goitia), el erudito Alfonso Caso que planteo caminos de la identidad, el sistematico Bernal y los contemporaneos de la segunda mitad del siglo de la Revolucion que veian --para usar las palabras del propio Bernal--a la arqueologia como una pasion de la vida y no como curiosidad intelectual.

Tal es el bagaje que da densidad a lo pensado por Matos. Eso explica por que inquiria antes y busca todavia hoy por igual y con la misma curio sidad ante su propio trabajo en el campo y en el gabinete, por que mira las antiguas piedras labradas y escucha las voces ausentes de los ancestros ante documentos legales, cronicas, leyendas, mitos o ruinas. Escribe y excava, interpreta y acumula la informacion, siempre girando a la pregunta central sobre la relacion entre los monumentos y la historia que se olvido conforme las ruinas crecian hasta volverse paisaje montuoso.

Vale un apunte mas. Es evidente el trabajo editorial en la seleccion de las imagenes. Este es un libro que tiene dos lecturas, una textual y otra inconografica. La de las fotografias permite acercarnos a las referencias tematicas del libro, pero tambien entender que las sociedades que crearon artefactos utiles para la vida material, fueron tocadas por el espiritu creador de lineas y volumenes sin mas utilidad que el placer de mirarlos.

Doble escritura y lectura paralela. Lo mismo podemos atestiguar la proporcion humana de Isabel Ramirez Castaneda, Eulalia Guzman, Manuel Gamio, Ignacio Marquina, Alfonso Caso, Ignacio Bernal, Roman Pina Chan o a Eduard Seler con su impresionante delgadez, o los dibujos sobre las exploraciones en Azcapotzalco, Cuicuilco, Teotihuacan, o las recargadas urbes oaxaquenas, veracruzanas, mayas o las mas sencillas nortenas. El lector se sorprendera al hacer un recorrido por las esculturas de los antiguos pobladores prehispanicos, separados tal vez por milenios de historia, pero avecindados en analogias agradecibles en estas paginas que hacen eco a la entranable imaginacion del arte como esfuerzo intelectual del hombre en cualquier epoca y lugar.

Quisiera terminar con una idea de Octavio Paz, imagen que abrevia con la inobjetable precision matematica de sus palabras aquel misterio que empuja a la arqueologia como inquietud intelectual y moral entre los modernos, misterio que invita a asomarse a los fondos mas profundos del pasado historico por ser una colectiva pasion vital. Escribio Paz en 1990 lo siguiente: "El Mexico precolombino, con sus templos y sus dioses, es un monton de ruinas pero el espiritu que animo ese mundo no ha muerto. Nos habla en el lenguaje cifrado de los mitos, las leyendas, las formas de convivencia, las artes populares, las costumbres. Ser escritor mexicano significa oir lo que nos dice ese presente, esa presencia. Oirla, hablar con ella, descifrarla: decirla...". No ha sido otra la tarea de Matos como arqueologo y como historiador. Descifra el largo flujo civilizatorio prehispanico con los ojos de hoy, pero descubre tambien a los curiosos aventureros, eruditos y profesionales que desde hace casi medio milenio persiguieron esas huellas arcaicas y abrieron el camino cuya cartografia las generaciones siguientes han trazado y vuelto a imaginar y a medir.
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Author:Rueda Smithers, Salvador
Publication:Estudios de Cultura Nahuatl
Article Type:Resena de libro
Date:Jul 1, 2017
Words:3735
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