Printer Friendly

Economia y urgencia fiscal: los asientos hacendisticos del Consulado de Lima en la segunda mitad del siglo XVII.

Durante la segunda mitad del siglo XVII, el Peru atraveso una situacion financiera que puede considerarse como estancamiento. Este estado se debio, entre otros factores, al aumento de los precios de consumo, al descenso de la produccion argentifera y al menor flujo comercial entre el Callao y Sevilla. Esta ultima causa ha aparecido tradicionalmente como un elemento indicador de la situacion real de la economia del virreinato y continua siendo valida durante el periodo que centra este articulo. Asi, el analisis de las cuentas que los oficiales fenecian a las Cajas Reales y, principalmente, a la Caja de la ciudad de Los Reyes se antoja fundamental para comprender el momento que atravesaba la Real Hacienda. De la misma manera, los principales gestores del Erario Regio se encontraron en una situacion complicada, pues su autoridad se vio progresivamente limitada, no por disposiciones de la Corona, sino por el aumento de la permisividad fiscal de la que estaban siendo beneficiadas las elites comerciales. (1) A ello se sumo la necesidad de que recaudadores externos se encargaran de percibir aquellos gravamenes que el Fisco no podia tomar de forma directa. Asi, de los cuarenta y dos tributos vigentes en el distrito de la Audiencia de Lima durante el siglo XVII, los contadores de la Caja limena solo se responsabilizaron de percibir diez. Los treinta y dos restantes estaban en manos de particulares, instituciones de diversa indole y organizaciones de caracter religioso o economico que se encargaban de esta <<recoleccion>> por medio de un asiento con la Monarquia. (2) En cualquier caso, el estado financiero del virreinato no debio ser muy halagueno cuando se externalizaron aspectos tan importantes como la recaudacion fiscal, por lo que nos proponemos analizar por que se buscaron soluciones en el sector que mayores ingresos proporcionaba: el comercio.

Sobre el estado de la economia virreinal a traves de la fiscalidad, puede decirse que presento un panorama decreciente durante el reinado de Carlos II. Este escenario fue percibido desde la lejana Corte, pues de otra forma no se hubiese ordenado que los encomenderos entregasen la tercera parte de sus rentas. Una medida como esta refrendaba la situacion ya asumida de que en el Peru los ingresos fiscales estaban descendiendo y que, por ello, se necesitaba el empleo de recursos extraordinarios, como que estos subditos tributasen con un tercio del redito de las encomiendas. Mediante estos ingresos, se busco corregir el deficit de las diferentes Cajas Reales y asi sanear a corto plazo los libros contables para generar las solicitadas remesas con destino a la Peninsula. (3)

Podria decirse que a esta cantidad de tasas impositivas sobre los subditos peruanos le correspondio, casi de forma pareja, la necesidad de una fuente solvente de credito financiero para hacer frente a las demandas del Fisco. En una situacion economica que--hacemos hincapie--puede considerarse de estanflacion, el desarrollo del negocio prestamista se antojo fundamental; mas aun cuando oferta--individuos y grupos con capacidad monetaria--y demanda--personas e instituciones con necesidad imperante de circulante--coincidieron casi desde la pacificacion del Peru tras las guerras civiles que impidieron la estabilidad del territorio entre 1534 y 1554. Ademas, se dio la circunstancia que entre oferente, principalmente los comerciantes, y demandante, la propia Corona, se erigio una institucion intermediaria en 1613. Desde entonces, todo el flujo crediticio quedo regulado de manera oficial a traves del Tribunal del Consulado de Lima. (4)

Asi pues, establecido el Comercio de forma organica, la Real Hacienda del virreinato fue pasando progresivamente de usar el prestamo de hombres individuales para cubrir las previsiones de ingresos impositivos a emplear la oferta que presentaba el gremio de cargadores limenos. No obstante, la utilizacion de esta primera via para paliar las necesidades hacendisticas--e incluso para aumentar las remesas con destino a la Peninsula--siguio vigente durante todo el siglo XVII. Como consecuencia, la economia peruana establecio estrechos lazos con los intereses de determinados hombres con negocios en la jurisdiccion, situacion inconveniente para mantener el control sobre el mercado virreinal. Asi ocurrio con Juan de la Cueva, afamado prestamista, quien, al quebrar en 1635, provoco una inestabilidad peligrosa en la Caja Real de Lima. (5) Hasta tal punto llego este caso que acabo por hacer que los oficiales reales se negaran a acordar futuras operaciones financieras con una sola persona y adoptaran la decision de vincular los movimientos con varios sujetos o casas crediticias. (6) Gracias a esta medida se consiguio que la administracion gozase de una mayor independencia sobre los poderes de las diferentes elites locales y sus injerencias derivadas al aceptar los adelantos de tributos a cambio de intereses. Ademas, la nueva postura--por desgracia, no muy duradera--doto al sistema economico de una mayor estabilidad, aunque no de la suficiente como para evitar su retroceso.

De cualquier forma, la siempre hambrienta Hacienda Real no dejo de requerir ingresos suplementarios, extraordinarios y de naturaleza diferente al credito. Aunque Carlos II no echo mano de recursos tan eufemisticos en su denominacion como los donativos, emprestitos o repartimientos al mismo nivel que lo habia hecho su padre, si solicito en Peru, por medio del Consejo de Hacienda y el Consejo de Indias, la colaboracion monetaria para hacer frente a diferentes contingencias que se le presentaron a la Monarquia catolica. (7) Estas solicitudes, con un caracter mas forzoso que voluntario, estuvieron siempre enmarcadas en las necesidades pecuniarias originadas por las guerras y, mas aun, en las postrimerias del siglo XVII, pues se combinaron la preparacion del tablero para la sucesion del trono Habsburgo con un teatro de operaciones doble para los futuros conflictos: el europeo y el peninsular.

Con todo ello, sin olvidar el contexto de estancamiento y aumento de los precios, el virreinato peruano y, principalmente, la ciudad de Los Reyes hubieron de realizar sucesivos esfuerzos para cumplir con estos donativos. El primero de ellos tuvo lugar en 1663, cuando desde la Corte se solicito una ayuda importante, a satisfacer en pesos de a ocho, con motivos aparentemente belicos. Aunque Manuel de Mendiburu dice que este dinero iba a ser destinado a la guerra contra Francia, (8) el destino de la plata no fue exactamente este. Ese ano, las relaciones entre ambas potencias se hallaban en calma tras la firma de la Paz de los Pirineos el 7 de noviembre de 1659. El esfuerzo pedido a los limenos tuvo como finalidad sufragar los gastos generados por la ultima campana, preparada desde Madrid, para recuperar Portugal. Estas operaciones acabaron con la derrota definitiva para las armas castellanas en la batalla de Villaviciosa el 17 de junio de 1665.

Tambien se solicitaron caudales en ocasiones posteriores y con finalidades diversas, como los casamientos del rey con Maria Luisa de Orleans en 1679 y con Mariana de Neoburgo en 1690. La misma peticion se hizo con motivos mas utiles a la Corona, sin obviar la importancia que los matrimonios supusieron en el entramado diplomatico de la politica europea de los siglos modernos. Asi, por ejemplo, cuando los comerciantes se negaban a embarcar sus mercaderias en la Armada del Mar del Sur en la fecha fijada, esgrimiendo como excusas el no haber recibido aviso en fecha conveniente desde Panama o en la escasa seguridad coyuntural del Pacifico, los galeones de Tierra Firme originaban unos sobrecostes que trastocaban las delicadisimas cuentas presupuestadas por la Corona. En situaciones como estas, se solicitaron emprestitos para cuadrar los balances y satisfacer las deudas creadas por las demoras. De la misma forma, cuando ciertos virreyes quisieron aumentar su <<fama>> ante la Corte por medio de la remision de remesas metalicas importantes, tambien acudieron a estos donativos--fundamentalmente realizados por cargadores--para acrecentar el envio. Esta practica resulto beneficiosa en lo personal, pero negativa para la administracion, pues se realizaba a costa de hipotecar a la Real Hacienda con unos intereses futuros. (9) Es decir, el donativo vino a incidir en esta caida de la economia peruana y, por tanto, a reducir los ingresos del Fisco generados por la propia actividad financiera.

Esta cuestion era de importancia, ya que, en el virreinato, junto con el estancamiento economico, venia observandose una merma significativa en la cantidad de plata, en barras y acunada, que se enviaba a Sevilla. Durante el siglo XVII, las Indias habian ido convirtiendose progresivamente en un territorio autosuficiente y, en la segunda mitad de la centuria, un porcentaje mayoritario de la plata acunada en la Casa de la Moneda de Potosi, o en la reabierta en 1683 de Lima, fue absorbida por el propio Peru para su funcionamiento cotidiano. (10) A esta merma de las remesas hay que anadirle otra causa. En la segunda parte del XVII, el descenso de la rentabilidad de las empresas mineras, fruto del aumento de costos y del menor rendimiento de las vetas argentiferas, se tradujo en un crecimiento del circulante en suelo peruano. Si bien esta situacion provoco la bajada del valor adquisitivo del peso de a ocho reales en un contexto saturado de monetario y, por tanto, en el ascenso de la inflacion, para Kenneth Andrien, el hecho de enviarse menos remesas a Espana <<sirvio para la creacion en America de una economia mejor equilibrada y mas diversificada>>. (11)

En ese sentido, la economia interna peruana tuvo un buen reflejo en la curva descrita por la acunacion de numerario. Las cecas no dejaron de sacar a circulacion pesos de a ocho reales y otros tipos monetarios. Una produccion como esta buscaba satisfacer al demandante mercado interno, como indican las cifras de estas fabricas. Asi, para la primera mitad del siglo XVII, la Casa de la Moneda de Potosi y la interrumpida de Lima acunaron entre 1 y 5 millones de pesos de a ocho; mientras que, para los cincuenta anos finales de la centuria, aunando las cecas potosina y limena se alcanzaron a poner en circulacion entre 2 y 9 millones de pesos de a ocho. (12) Sin embargo, la idea de una autarquia americana dentro de la Monarquia catolica debe apoyarse tambien en la lentitud que se hizo caracteristica en todos dominios hispanicos, no solo en la dilatacion de los viajes de la Carrera de Indias. (13) De la misma forma que en Peru, en todo el continente debieron tomarse iniciativas propias para solucionar problemas locales y acomodar las diferentes disposiciones legales a la realidad americana, tambien hubo de realizarse operaciones de adaptacion en el ambito economico. Estos movimientos buscaron principalmente el mantenimiento de los sistemas <<clasicos>> y, sobre todo, la salida de la estanflacion que tanto afecto al virreinato en el siglo XVII.

Una de las consecuencias mas importantes de la situacion expuesta fue la entrega de determinados asientos fiscales al gremio de mercaderes, precisamente el grupo que mas cantidad demando a las citadas cecas peruanas. Estos asientos, autenticos contratos entre el virreinato y el Consulado de Lima para recaudar impuestos, no dejaron de crecer a lo largo de toda la centuria. Asi, se revalorizaron sustancialmente, en especial aquellos que tenian como ramo la alcabala y el almojarifazgo, mostrando que el comercio pacifico, que tan de capa caida intentaba aparecer, aun originaba atractivos dividendos. En cualquier caso, la entrega de la gestion de estos tributos al--de por si poderoso--Tribunal de mercaderes de la ciudad de Los Reyes convirtio a sus miembros en la clave de todo un sistema de economia-mundo. Desde entonces, pasaron a controlar la maquinaria comercial entre el Callao y Sevilla, la presion tributaria sobre las diferentes empresas productivas que se desarrollaban en el Peru y, en ultima instancia, la direccion de las <<subvencionadas>> explotaciones mineras. (14) Por todo ello y ante la supresion de la averia dictada por el Consejo de Indias en 1660, desde el palacio virreinal limeno no quedo otra alternativa para mantener cierta estabilidad en los ingresos hacendisticos que entregar la percepcion, mediante asientos, de una serie de impuestos a los comerciantes.

REUNIONES, ACUERDOS Y AVENENCIAS ENTRE EL VIRREINATO Y EL CONSULADO

El doctor Lohmann Villena califico como uno de <<los mayores servicios que presto a la Monarquia>> la negociacion que el conde de Santisteban del Puerto realizo con los mercaderes limenos para el ajuste de los referidos asientos. A grandes rasgos, este virrey (1661-1666) arreglo con el Consulado la entrega de 350.000 ducados, correspondientes al impuesto comercial de la averia, y otras cantidades bajo el concepto de almojarifazgo, alcabala y union de armas. (15) Santisteban habia llegado al Peru con la tarea de alcanzar este acuerdo hacendistico con los mercaderes y tenia un buen ejemplo en los asientos que anos atras ya se habian tomado: entre 1619 y 1640, el Consulado administro las alcabalas y, en tres etapas diferentes de la primera mitad del siglo XVII, hizo lo propio con el almojarifazgo. (16) Asi, apenas se hubo instalado en la ciudad de Los Reyes, el virrey comenzo a trabajar para conseguir alcanzar un acuerdo con el gremio y convencerlos de que se encargasen del arrendamiento de la averia.

Este importante impuesto corria en 1660 en manos de la Casa de la Contratacion de Sevilla, alcanzando, en puntuales armadas, hasta un 6% sobre los caudales y frutos embarcados, aunque lo usual fue que variase en razon al numero de navios que componian cada convoy y a la mercancia transportada. Por este motivo, por su cambiante cuantia y por lo dificil de la articulacion de establecimientos para su percepcion, los fraudes aumentaron de manera proporcional a como lo hacia el propio impuesto, un escenario que ocasiono el enojo de aquellos comerciantes que si cumplian con ellos. Asi fue como el Consejo de Indias ordeno que el virrey se entendiese con el Consulado para alcanzar un concierto, fruto del cual unos y otros habrian de obtener mayores beneficios que aquellos percibidos con el sistema que se estaba empleando.

Este fue el contexto en el que Santisteban hubo de desenvolverse tras realizar su entrada en la capital peruana el 31 de julio de 1661. Sus actuaciones al respecto no se hicieron esperar y, a tenor de lo comunicado a la metropoli, parecio que avanzaba con celeridad para cumplir lo ordenado desde la Corte. A finales de ese mismo ano, el virrey redacto una carta con destino a Madrid en la que informaba tener un principio de acuerdo con el Consulado. Los cargadores iban a quedarse en arrendamiento con el impuesto del almojarifazgo durante tres anos, a razon de 58.000 pesos de a ocho reales en cada uno de ellos. (17) Sin embargo, la principal de las tareas, que era el negocio de la averia, por el monto que suponia y por el peso tan importante que alcanzaba en el global de los presupuestos anuales de la Corona, aun estaba sin cerrarse.

Segun dijo el propio virrey, los contactos con el Comercio comenzaron en los primeros meses del ano de 1662 y, para mediados de febrero, ya se habian celebrado las primeras reuniones. El alter ego expuso ante los cargadores la conveniencia de que se hicieran cargo de ayudar a la Armada del Mar del Norte mediante la toma de la averia de dicho espacio, la cual representaba unos 350.000 ducados, y que si aceptaban tendrian como compensacion extraeconomica ciertas consideraciones por parte de la Corona. Por ello comunico al rey el inicio de las negociaciones y, a su vez, dejandolo caer entre lineas, solicitaba que, en caso de conseguir la aprobacion de los asientos por parte del Tribunal, se les premiase con <<afectos>>, como habitos de las ordenes militares. (18)

Las entrevistas entre los comerciantes y el propio virrey fueron farragosas, ya que en ningun documento se hace referencia a que durante estas reuniones Santisteban estuviese representado por algun procurador o por algun miembro de la Audiencia de Lima o del Tribunal de Cuentas. El vicesoberano tenia el encargo personal y asi quiso llevarlo a cabo. No obstante, a pesar de su presencia, si una caracteristica tuvieron los asientos de la averia fue la de ser negociados con una lentitud terrible para los intereses metropolitanos, pues era la parte con la necesidad de asegurarse una renta anual mas o menos estable. Asi, pasaron ocho meses desde que comenzaron en febrero a sentarse ambas partes hasta alcanzar un principio de acuerdo. Para entonces, el virrey volvio a remitir noticias a Espana en las que hablaba de un primer trato con el Consulado, aceptando el hacerse cargo de la percepcion de la averia del Mar del Sur durante las proximas cuatro <<ocasiones de armada>>. A cambio, los mercaderes se comprometieron a ingresar cada vez en la Caja Real de Lima 80.000 pesos de a ocho reales. (19)

En las reuniones no solo se tocaron temas pertenecientes al impuesto mercantil meridional, sino que, segun informa Santisteban, la tasa septentrional tambien fue objeto de discusiones durante practicamente todo el ano de 1662. A la postre, tambien se alcanzo un acuerdo sobre esta ultima--en este caso se informaba con un dia de retraso--. No cabe duda de que ambos gravamenes se acordaron de una vez, aunque el Consulado poseyese potestad unicamente en el Pacifico. De esta forma, el virrey traslado al Consejo de Indias el acuerdo por el que el Comercio de Lima se encargaba de satisfacer 350.000 ducados durante cuatro armadas. (20) Ajustadas estas cantidades, el vicesoberano pudo decir con rotundidad que habia cumplido con uno de los cometidos que con mayor urgencia se le asignaron desde la Corte y, ademas, en las cantidades exactas que el Consejo le habia estipulado. Esto constituyo todo un merito para el timorato militar que fue don Diego de Benavides, pues no es dificil imaginar la ferocidad con la que seguramente se desempenaron los comerciantes peruanos en las negociaciones.

Los acuerdos entre el virrey y el Consulado se llevaron a documento oficial de seguido. En el Callao, el escribano mayor de la Real Hacienda, Fernando Davila, elevo escritura por la que se comprometian a cumplir lo tratado durante las proximas cuatro armadas. (21) Sin embargo, lo que parecia el final de un largo tira y afloja no fue mas que eso, una apariencia. Tras haber sido rubricados los acuerdos, el Comercio volvio tras sus huellas y comunico al virrey que no iban a ejecutar nada de lo concerniente a la averia del Norte hasta que sus representantes delegados en la Corte acabasen las gestiones que tenian designadas; es decir, la averiguacion de que el asiento se ajustaba a la legislacion real. Ante ello, Santisteban puso en conocimiento a la Corona del paso atras dado por los cargadores, aprovechando, como medida de presion, para hacer saber que los oficiales reales encargados de la inspeccion de los buques entre el Callao y Panama habian encontrado cierta cantidad oculta de lingotes de plata en las embarcaciones comerciales. (22)

Los asientos establecidos se encontraron en una coyuntura delicada: ni los mercaderes podian recaudar los impuestos comerciales y ni las arcas virreinales podian recibir un solo peso en concepto de averia. La situacion se hallaba congelada, pero resultaba ser que, durante 1663 y 1664, este no era el unico de los arrendamientos paralizados. Debido a que la demanda de esclavos estaba superando la escasa oferta, originando protestas dirigidas a la sede virreinal, Santisteban tuvo que pedir que se cumpliese de inmediato el asiento de negros, asignado desde 1663 a la compania formada por Domingo Grillo y Ambrosio Lomelin. (23)

El escenario no era el mas agradable para la administracion peruana y, ante las necesidades urgentes de la Monarquia en Europa, alguna solucion habria de ingeniarse. Los ingresos en la Caja Real de Lima estaban sufriendo una mengua importante al aunarse el descenso de la produccion minera--y, por tanto, del quinto real--con el impago de los tributos comerciales causado por la negativa a cumplir con los asientos por parte del Consulado. En ese contexto, zarparon desde Sevilla los galeones de Tierra Firme que se esperaban en Portobello a finales de 1664 para la celebracion de la feria y la carga de las remesas con destino a Espana. Asi, teniendo noticia de la llegada del convoy al istmo, al virrey no le quedo otra que reunirse con la Junta de Hacienda del Peru para buscar una forma inmediata de incrementar el envio destinado al rey. Esta conferencia tuvo lugar el 16 de julio y fruto de ella fue el acuerdo de remitir a Espana un millon de pesos de a ocho reales. (24) Sin embargo, debido a los escasos ingresos de la Hacienda Real, este incremento se realizo mediante el uso de caudales de prestamistas, la mayoria vinculados al Comercio, que a cambio de un bajo interes colaboraron con las necesidades de la Corona. (25) Asi fue como partieron los navios de la Armada del Mar del Sur desde el Callao el 8 de diciembre de 1664, gestionados directamente por el mismisimo alter ego, con una plata prestada y con una averia sin satisfacer por haberse negado los comerciantes a encargarse de su percepcion. (26) Desde luego era una situacion que urgia de una solucion inmediata, pues la maquinaria del Erario no podia permanecer mas tiempo pausada. Las necesidades, cada mes que pasaba, apremiaban a lograr un arreglo y devolver a la normalidad el sistema fiscal peruano.

No fue sino hasta finales de 1666 que en el Consejo de Indias se tuvieron las primeras noticias de que los asientos acordados entre el difunto conde de Santisteban y el Tribunal del Consulado de Lima se habian llevado a efecto. Sin embargo, dado que para 1665 no se tenian noticias de cobros, podria decirse que se mantuvo en suspenso este contrato impositivo. La realidad difiere del supuesto, pues, durante ese ano, el virrey no paro de reunirse con los mercaderes hasta alcanzar, en comun acuerdo con los oficiales reales, un consenso por el que resolver y poner en marcha el asiento para la averia, el almojarifazgo, la alcabala y la union de armas. Asi, no cayeron los esfuerzos virreinales en saco roto, ya que el dia de Navidad de 1665 se dato un memorial dirigido a la Corte en que se dio buena cuenta del nuevo mecanismo por el que se nutriria el Fisco virreinal. (27)

De esta forma, para noviembre de 1666, el capitan Juan de Urdanegui, nombrado por el Comercio como administrador general de los almojarifazgos, certifico la entrega de 113.000 pesos de a ocho reales a la Caja Real de Lima, a pesar de que no eran mas que las cantidades de la anualidad segun lo dispuesto en 1664. Ademas de ello, el gestor hace saber en la Corte que se habian obtenido unos 40.000 pesos por encima de lo estipulado, pero que este monto iba a ser retenido por los cargadores como medio para sufragar las estructuras de cobro que necesitaban. Sin embargo, tambien cita unos 60.000 pesos extraordinarios que fueron tomados por los asentistas y que se depositarian en favor de la Real Hacienda en el plazo de las proximas cuatro armadas, tal como estaba dispuesto en los acuerdos. (28)

Esta informacion indicaba que el asiento no solo habia comenzado a funcionar sino que, ademas, presentaba visos de mantener una continuidad en un plazo superior al acordado con la Corona. Asi parecia, pues el conde de Lemos no remitio noticias a Espana al respecto sino hasta dos anos despues de su toma de posesion como virrey del Peru. Para entonces, en 1669, lo que hizo el vicesoberano fue poner en conocimiento del Consejo que, a su llegada en 1667, el Comercio debia a la Real Hacienda por los conceptos de almojarifazgo y union de armas un total de 94.573 pesos y 6 reales, pero que, gracias a su gestion personal, la deuda estaba casi liquidada. La medida adoptada por Lemos para este cobro no fue otra que la de hacer que el gremio nombrase como prior del Consulado a Juan de Urdanegui, quien, como se ha indicado mas arriba, era el encargado de recaudar los gravamenes acordados. (29)

Desde entonces, el arrendamiento entre cargadores y el virreinato corrio practicamente sin sobresaltos, llegando a superar las cuatro armadas convenidas a priori. Sin embargo, la llegada del <<economista>> virrey conde del Castellar modifico el status quo mantenido desde 1664 y 1666. Este virrey habia recibido en Lima una real cedula fechada el 16 de noviembre de 1676 en la que se le ordenaba que incrementase el impuesto de la averia en un cincuenta por cierto; es decir, que pasara esta tasa del 2% ad valorem de lo fletado en las armadas a un 3%. La respuesta del Consulado no sorprendio en demasia, pues se negaron a la subida que desde la metropoli se justificaba en la necesidad de botar nuevos buques para la Armada del Mar del Sur. En respuesta a este rechazo, y apoyandose en que los mercaderes debian 300.000 pesos de a ocho reales pertenecientes a la averia del Norte, Castellar opto por comunicar a la Corte la inviabilidad de este aumento en la presion fiscal y suspender los asientos <<hasta mayor coyuntura>>. (30)

El Comercio no solo tuvo este motivo para enemistarse con el virrey. Castellar, ademas de suspender de forma cautelar los asientos, habia dispuesto la apertura del trafico comercial entre los virreinatos de Peru y Mexico, originando un incremento de la oferta de bienes asiaticos importados a los mercados andinos por la via de Acapulco. El Consulado rapidamente respondio a esta medida indicando, a traves de memoriales dirigidos a la Corte, que precisamente por la legalizacion de este nuevo eje mercantil la feria de Portobello, aquella en la que mas cantidad de mercaderias se traspasaban y de la que mayores beneficios obtenian, habia decaido enormemente. Asi pues, todo ello provocaba su incapacidad para satisfacer la deuda de la averia del Norte por los citados 300.000 pesos. Las protestas tuvieron calado en Madrid y fueron uno mas de los detonantes que llevaron al rey a retirar de Lima a Castellar mediante la real cedula del 7 de julio de 1678. (31)

De aqui nacieron nuevas presiones por parte de los comerciantes para cancelar los asientos, que ya se estaban prolongando mas de lo conveniente a los intereses de su gremio. En este sentido, cuatro anos despues de la deposicion de Castellar, el prior y los consules de ese ano, Alonso Ximenez Vela de Lara, Francisco de Oyague y Roque de Segura Aguado respectivamente, decidieron hacer saber en Madrid que el Consulado se encontraba en una situacion financiera limite, pues el contrato de arrendamiento de la averia y la paralizacion de las transacciones maritimas, por la presencia casi continuada de filibusteros en el Pacifico, habian logrado hacer que la actividad--los ingresos--del Comercio quedase muy comprometida. Esto explico el hecho de que, en las elecciones gremiales de 1682, nadie quisiera presentar candidatura a ocupar los cargos de responsabilidad, por lo que el prior Ximenez y el consul Segura hubieron de aceptar sendas prorrogas tras las presiones sometidas por el virrey duque de la Palata. (32) No cabe duda de esta situacion economica, pero, teniendo en cuenta la situacion precedente de las relaciones entre el Consulado y el virreinato y observando que los asientos ya no resultaban tan rentables, tambien deberia considerarse la posibilidad de que lo buscado por los comerciantes fuera el librarse del <<lastre>> de los acuerdos fiscales.

A finales de 1682, los miembros del Comercio volvieron a escribir a la Corona solicitando la cancelacion de los asientos. Los diputados comentaban que, al observar que las rentas reales del Peru no hacian mas que descender, ellos no podian alcanzar a recaudar lo estipulado en los asientos para cada armada y que, por esta razon, tenian que acudir al mercado crediticio para engrosar los tributos hasta el limite acordado. El paisaje descrito por los mercaderes resultaba tremendamente perjudicial para sus propios intereses. Asi, solicitaron al rey <<se sirva de admitirle la dejacion>> de los asientos a cambio de un donativo <<gracioso>> de 100.000 pesos de a ocho reales, a depositar en la Caja Real de Lima en un solo plazo. Sin embargo, para <<regalar>> tal cantidad de dinero a cambio de cancelar los asientos, los comerciantes pusieron dos condiciones: la primera, que se disuelvan los arrendamientos antes de que la proxima armada haga su aparicion en Portobello, pues entonces ya estarian obligados a satisfacer los impuestos de esa ocasion; y, la segunda, que se le conceda al Consulado un poder especial para repartir y cobrar en deposito las averias prorrateadas hasta la cantidad de 100.000 pesos. (33) En definitiva, de una u otra forma los cargadores saldrian beneficiados, puesto que si conservaban los asientos, en una coyuntura ventajosa, obtendrian pingues beneficios o, en un contexto menos rentable como el de los anos precedentes a 1682, podrian cancelar sus obligaciones por medio de un obsequio en metalico.

Ano y medio despues de esta solicitud del Consulado, el Consejo de Indias se reunio para analizar la dejacion de los asientos de averias, alcabalas, almojarifazgo y union de armas, a pesar de que aun quedaban dos armadas para que se diesen por finalizados estos acuerdos. Los consejeros no vieron con buenos ojos la peticion que desde Lima les llegaba y asi se lo hicieron saber a Carlos II. Ante el Monarca presentaron una serie de inconvenientes por los que denegar la peticion, a pesar del donativo ofrecido, como fueron: que no se atenia a justicia la dejacion de los asientos; que, aunque elevado hasta el 7% el tributo de la averia, por la gestion del Consulado rentaba mas; que su cobro era mas factible en manos de los mercaderes, dadas las dificultades que tenia la Real Hacienda para la recaudacion, en parte por los fraudes cometidos por los propios cargadores; que interpretan en el Consejo que el Comercio intentaba cancelar los asientos para negociar unos nuevos, con mayores ventajas para si y menores rentas para el rey; y que, a pesar de que decian no poder satisfacer las cantidades acordadas, en ningun caso se desprendieron de los derechos sobre estos gravamenes, aunque los estaban solicitando como subarrendatarios <<ciertos vecinos>> de la ciudad de Panama y un tal Juan de Montenegro. (34) Como puede verse, la distancia que separaba los centros de poder--Lima y Madrid--no fue decisiva para que en la Corte se tomasen por ciertas todas las informaciones llegadas del virreinato. En el Consejo vieron, casi desde la recepcion de las cartas y memoriales del Comercio, que algo se ocultaba entre lineas. Ademas, no se podia permitir que rentas aseguradas, como las de estos asientos, se perdiesen casi de la noche a la manana.

De esta manera, poco despues de negarsele al Tribunal la cancelacion de los contratos, mediante real cedula se le recordo al virrey Palata las emitidas el 30 de noviembre de 1664 y el 20 de mayo de 1666 que establecian los asientos acordados por ambas partes y que aun no se habian agotado. Ademas, se conmina al vicesoberano a negociar la prorroga de los contratos que querian cancelarse y a corregir por todos los medios el abuso que venia dandose en los mismos, pues se comprobo que los delegados del Consulado habian percibido cantidades superiores a las que anualmente debian satisfacer. (35) El 1 de septiembre de 1684, la Corona mando al Peru la respuesta definitiva a las peticiones del Comercio: negaba la suspension de los asientos, pero aceptaba gustosamente el donativo de 100.000 pesos de a ocho reales. Conocida la decision por los cargadores peruanos, no les quedo otra que responder a la Corte dando a Carlos II las gracias--muy cargadas de ironia--por haber desoido sus peticiones, pero si aceptar el regalo ofrecido en satisfaccion de sus demandas. (36)

?Continuaban vigentes los asientos en este momento (1648)? ?Habia cambiado la coyuntura mercantil en el Pacifico? A ambas interrogantes se responde con una negativa. Asi, tras recibir la orden de enterar en la Caja Real de Lima los 100.000 pesos por la <<cancelacion>> de los asientos, los cargadores encontraron varios problemas. Por un lado, no disponian de esta suma y, por otro, el riesgo de quiebra que suponia el desembolso era considerable. Estos, sin embargo, no fueron atenuantes suficientes para evitar el cumplimiento del donativo. (37) El peligro de que la estructura gremial colapsase parecio importar poco dentro de la Monarquia y del propio Peru, pues de otra forma no podria explicarse que se presionase tanto a los comerciantes. Ademas, el virrey Palata forzo un poco mas al Consulado remitiendo a la Corte un balance negativo sobre su gestion institucional. A la fecha de su memorial, a fines de mayo de 1685, el Comercio acumulaba, solo desde 1682, deudas por valor de 284.434 pesos en concepto de la administracion de averias, alcabala, almojarifazgo y union de armas. (38) El hecho de que los comerciantes se dirigiesen al virrey para expresar su mala situacion y lo inconveniente de entregar el donativo, sumado al informe de deudas enviados por Palata a la metropoli, revelo cierta enemistad entre Palata y los cargadores de Lima. Sin embargo, el riesgo de quiebra era asumible, pues se trataba de todo un ordago del Tribunal para deshacerse de las obligaciones acordadas.

En cualquier caso, durante los primeros meses de 1687 Palata volvio a mostrarse contrario a la donacion de 100.000 pesos del Comercio como contraprestacion a la cancelacion de los asientos. El Consulado no dejaba de insistir en que enterado este dinero en la Caja Real limena deberian quedar automaticamente exonerados de sus deberes arrendatarios, pero Palata se nego apoyandose en tres estrategias. La primera de ellas consistio en una propuesta: si el Tribunal deseaba romper los contratos, los cargadores debian registrar en el Callao las mercancias con destino a Panama cada dos anos por valor de diez millones de pesos o bien cada tres por un total de quince. Los comerciantes respondieron negativamente. La segunda opcion fue disminuir el numero de miembros del Comercio que debian acudir a las ferias de Portobello, pues se observo que, al ser mas de 600 los asistentes, las pugnas entre ellos por adquirir los generos elevaban los precios. La tercera y ultima estrategia que el alter ego expuso para no cancelar los asientos fue el negar la presumida decadencia de la actividad mercantil. En este sentido, Palata sentencio: <<yo no he visto sena por donde se pueda conocer que esta descaecido el comercio>>. (39)

Probablemente, las desavenencias entre Palata y los comerciantes fueron azuzadas tras la orden recibida por el primero desde la Corte con fecha de 4 de septiembre de 1683. En ella se ordeno al vicesoberano renegociar de alguna forma los asientos con el Consulado. Pero, segun se vio, sus esfuerzos para lograrlo no fueron fructiferos. Al no conseguir un acuerdo que satisficiese los intereses de la Corona en el Peru--lo cual hubiese reforzado la importancia y el papel de Palata como virrey--aumento el descontento entre los mercaderes y la sede virreinal. Esta misma orden fue repetida al nuevo alter ego, el conde de la Monclova, el 3 de marzo de 1688, como acompanamiento de las instrucciones que se le remitieron a Mexico. El nuevo virrey, al arribar a Lima, observo que alcanzar un acuerdo de renovacion seria una tarea dificil. Para empezar, habia que sentarse en la mesa con los cargadores de forma menos agresiva que la adoptada por Palata, lo cual no seria sencillo porque, para proteger sus intereses, los comerciantes continuaban negociando de manera combativa. (40)

Entre un virrey y otro no solo habia cambiado la forma de abordar la cuestion de los asientos sino que, ademas, un acontecimiento obligo a replantear todo: el terremoto del 20 de octubre de 1687. Tras el sismo, con la destruccion del Callao y buena parte de Lima, se hizo necesaria la supresion de determinados gravamenes para acelerar e incentivar las tareas de reconstruccion. Sin embargo, de la dispensa tributaria concedida por Carlos II solo se excluyeron tres: el impuesto sobre el papel sellado, los destinados a la Armada del Mar del Sur y la averia. Esta situacion, ademas de la mayor benevolencia de Monclova en las negociaciones, llevo al Consulado a solicitar la supresion inmediata de los asientos, pero tambien a cancelar <<el que se disponia>> para acordase en los meses inmediatos. (41) La presion ejercida por el Tribunal no fue obice para que se continuase la tarea encomendada a Palata: acordar unos nuevos asientos. A pesar de que los cargadores habian solicitado la dicha supresion, el virrey consiguio sentarlos en torno a una mesa para alcanzar un acuerdo. Esta primera reunion tuvo lugar el 6 de octubre de 1689. Para ello, Monclova les habia hecho saber a los comerciantes que estaban obligados por la Monarquia a alcanzar un entente rentable tanto para la Real Hacienda como para los cargadores. La respuesta del Consulado al alter ego fue simple: las ramas tributarias que pretendian volverse a arrendar habian disminuido y los margenes de ganancia para el Comercio serian minimos. Asi, firmar un nuevo asiento iba a ser imposible. (42) Sin embargo, el virrey se apresuro a manifestar que la Corona no buscaba solo un nuevo asiento para obligarlos a saldar las deudas denunciadas por Palata, sino que el fin ultimo de la Corte era alcanzar un acuerdo mediante el cual aumentar las rentas peruanas. Esto animo al Comercio a sentarse con el vicesoberano. Pero, ademas, la real cedula de 23 de junio de 1688--que llego a Lima por esas fechas--faculto a Monclova para componer todos los pleitos que los cargadores tuviesen <<sobre las bajas que ha pretendido>>,43 terminandolos por convencer de lo util, para ambas partes, de convenir un nuevo asiento.

Asi, de una u otra manera, el virrey consiguio que los mercaderes negociaran otro arrendamiento, lo cual demostro que los beneficios obtenidos por esta actividad--la gestion tributaria--seguian siendo importantes. Los representantes del Consulado fueron los primeros en hacer una propuesta: mantendrian los asientos a cambio de 100.000 pesos por armada. Sin embargo, esta primera puja no se acercaba a lo esperado por la Real Hacienda, por lo que el monto se elevo a 150.000, 170.000 y, finalmente, 200.000 pesos. El virrey llevo la oferta final de los mercaderes ante el Real Acuerdo y obtuvo una respuesta positiva para continuar con la confeccion del asiento. Incluso asi, Monclova estimo que en esta negociacion salia perdiendo el Erario Regio, pues, tras consultar con los oficiales reales, comprobo que la alcabala rentaba anualmente 160.500 pesos, y el almojarifazgo y la union de armas, 127.800 pesos los anos que habia armada y 103.837 pesos los anos que no acudian galeones desde la Peninsula. Se trataba de una diferencia considerable, ya que habria anos en que, con una gestion directa por parte de la administracion virreinal, se recaudarian entre 288.300 y 264.337 pesos de a ocho reales. Por lo tanto, los comerciantes, aceptando el asiento por 200.000 pesos, se embolsarian entre 88.300 y 64.337 pesos anualmente. Asi, Monclova cedio y mintio al considerar beneficioso el acuerdo por las cantidades ofertadas por los mercaderes, apoyandose, como ellos, en el repetido descenso de las rentas.

Tras nuevas reuniones, el virrey llego a un acuerdo definitivo con el Comercio por las siguiente cifras: en concepto de alcabala entregarian a la Caja Real de Lima, cuando los galeones fondeasen en Portobello, 160.000 pesos y, cuando no se celebrase aquella feria, 145.000; con el mismo condicionante, las ramas del almojarifazgo y la union de armas fluctuarian entre 65.000 y 50.000; la averia del Norte y la del Sur, por su parte, no sufririan modificaciones. Asimismo, como limites temporales se especifico que <<corran como han corrido por termino de dos armadas que hayan de venir en el de cinco anos>>. Ademas, el Consulado se ofrecio a entregar un donativo gracioso de 100.000 pesos de a ocho reales para las necesidades de la Corona, siempre y cuando se le permitiese designar de motu proprio a las personas que ocupasen los diferentes cargos de la administracion para el cobro de los citados impuestos. (44)

Sin embargo, lo que parecio un acuerdo cerrado para los intereses virreinales se torcio inesperadamente. A pesar de que la actividad piratica habia descendido hasta casi desaparecer a finales de la decada de 1680 --principalmente por la eficaz persecucion realizada por la Compania de Nuestra Senora de Guia, formada por los propios miembros del Consulado--, algunos restos de peligro aun quedaban en actividad. Asi fue como en noviembre de 1689 un pequeno grupo de filibusteros asaltaron un navio mercante, practicamente recien botado desde los astilleros, capturandolo y provocando el panico entre los cargadores. Estos presionaron a sus representantes para que solicitasen a Monclova la suspension de las negociaciones asentistas. El virrey, a pesar de la diplomacia demostrada durante su gobierno, se mostro inflexible y expuso ante el Comercio, por medio del prior y los consules, que un negocio regio de tal importancia no admitia mas retrasos. (45) La nueva postura del alter ego consiguio el efecto deseado y los comerciantes se atuvieron a volver al estado previo al incidente piratico.

Los cargadores y Monclova continuaron manejando las cifras ya dadas sobre la alcabala, el almojarifazgo, la union de armas y las dos averias, en 100.000 pesos la del Sur y 350.000 ducados la del Norte, <<en cada una de las dos armadas que es el termino de este asiento>>. Sin embargo, las posturas surgidas a raiz del ataque pirata hicieron que la suavidad mantenida por ambas partes dejase de existir. El virrey esperaba que su nueva postura--mas ferrea--se tradujese en el aumento de las cifras favorables a la Real Hacienda, pero los comerciantes se mantuvieron firmes para defender su rentabilidad en estos negocios. Esta situacion alargo la consecucion del acuerdo definitivo de los asientos durante buena parte de 1690, pues el Comercio amenazaba constantemente al virrey con efectuar el donativo de cancelacion de los asientos ofrecido en 1682--los famosos 100.000 pesos--, invalidando unilateralmente cualquier acuerdo entre ambas partes. Como es de entender, ante esta intimidacion, Monclova no tuvo mas remedio que enviar los acuerdos a los fiscales de la Audiencia de Lima para conseguir su visto bueno. Obtenida su aprobacion, se realizo el ajuste definitivo de los asientos. Asi, el 5 de octubre de 1690, se otorgo <<el instrumento de asiento>> al Tribunal. (46) Sin lugar a dudas, el poder economico habia vuelto a sobrepasar a los intereses de la Corona, doblegandola gracias a su permanente necesidad monetaria y a la ventaja que el factor distancia le otorgaba para gobernar el dia a dia desde la ciudad de Los Reyes.

Aunque podria pensarse que el lucro del gremio mercantil ya estaba colmado con la consecucion de estos nuevos asientos, la realidad demostro lo contrario. Casi a la vez que se firmaban los asientos de 1690, el Comercio solicito ante el Tribunal de Cuentas y la Audiencia limena una exencion del pago de la averia, acogiendose a la suspension tributaria dispuesta para incentivar la rapida reconstruccion de Lima y el Callao. Contadores y fiscales negaron esta peticion e incluso, sorprendidos, reprendieron a los mercaderes sobre lo inapropiado de la demanda, maxime cuando la actividad comercial estaba volviendo a los ritmos habituales antes del terremoto de 1687. Ademas, suprimir temporalmente este gravamen <<resultaria en perjuicio de los asientos que se habian de celebrar>>. (47)

Conocidas estas exigencias en la Corte, la respuesta no se hizo esperar, sobre todo porque, para 1692, cuando llegaron las noticias a Madrid, la Monarquia se hallaba inmersa en plena Guerra de los Nueve Anos y cualquier leve alteracion era tomada como una magnifica excusa para anadir nuevos fondos que alimentasen a los ejercitos espanoles. Asi, desde el Consejo de Indias se advirtio al Tribunal del Consulado que por su inapropiada peticion se iba a realizar una inspeccion minuciosa a la proxima flota que amarrarse en Cadiz. El terror se apodero de los cargadores y, para evitar tan gravosa revista, ofrecieron casi de inmediato enterar en la Real Hacienda 2'700.000 escudos de a diez reales de plata. (48) Estimar la cantidad de mercaderias y metales fraudulentos embarcados en aquella armada resulta mas simple si se tiene en cuenta lo pagado para evitar la investigacion, pero ese es otro tema que escapa al que estamos tratando.

LA ALCABALA COMO ULTIMO ASIENTO EN MANOS CONSULARES

Los comerciantes perdieron al poco tiempo otra batalla contra la Corona en materia fiscal. Si bien por el asiento del 5 de octubre de 1690 quedaron facultados para recaudar el impuesto de la alcabala tal como se venia ejecutando desde la decada de 1660, a partir de entonces pasaron a ver como sus beneficios en este ramo disminuyeron notablemente. Resulto ser que los hacendados de los valles costeros de la jurisdiccion de la Audiencia no dejaron de presionar al Rey para mantener los beneficios fiscales obtenidos tras el sismo de 1687. Tan insistentes fueron sus peticiones que, mediante real cedula de 15 de febrero de 1699, Carlos II ordeno a Monclova remitir un memorial sobre la conveniencia de ampliar la exencion de la alcabala hecha a los agricultores. Ademas, desde entonces, la propia Chancilleria quedo facultada para decidir si moderar o no los intereses exigidos en los censos contraidos por los terratenientes. (49) Asi, el impuesto transaccional de la alcabala en Lima quedo fijado en solo 4.500 pesos anuales. Quedaba, por tanto, el negocio asentista del Tribunal en una situacion delicada, necesitando un nuevo calibrado de los balances de las diferentes ramas de los arrendamientos fiscales.

El tributo de la alcabala, que solo se habia gestionado mediante asiento en la capital del virreinato, era proporcional al volumen de las compra-ventas realizadas. Asi, el hecho de que descendiese tanto en Lima, centro de los mayores intercambios del territorio, (50) no debe explicarse solo por las medidas tomadas tras el terremoto de 1687. Ya se vio, entre otras cosas, que, en la negociacion de los asientos, el monto total por este concepto variaba entre los 160.000 y los 145.000 pesos anuales en razon de la presencia de armada o no. Por tanto, debe considerarse que, atendiendo a los datos ofrecidos por la Miscelanea de Ayala para finales del siglo XVII, a la Caja Real de Lima llegaban por la alcabala un total de 138.700 pesos de a ocho reales. (51) De esta forma, la rebaja impositiva hasta los 4.500 pesos en el distrito limeno no puede explicarse unicamente por medio de la presion de los hacendados a la Corona. Ademas, el mismo documento comprueba que la economia peruana mantuvo una viveza considerable, pues asi lo demuestran las cifras que recoge. Asi pues, los cargadores no tuvieron armas con las que negociar de forma agresiva el asiento de este tributo, pues ambas partes conocian la curva--creciente--que estaba trazando la tasa y que beneficiaria, principalmente, a los propios arrendatarios.

A MODO DE CONCLUSION

Fue logico que, en un contexto economico de estancamiento y aumento de precios, la Corona buscase medidas para salir de la delicada situacion financiera, pero estas reformas no solo tendieron a la reactivacion de las actividades generadoras de riqueza. Tambien, para asegurar el flujo de ingresos en las arcas de las Cajas Reales, se emplearon mecanismos estables como los asientos. No obstante, dado que la autoridad de las estructuras fiscales durante la segunda mitad del siglo XVII se estaba revelando insuficiente y dada la escasa dotacion de personal con que esta maquinaria funcionaba, fue practicamente imposible que los objetivos de la Monarquia--crecimiento economico y rentas mas o menos fijas--pudieran cumplirse. Por ello, la metropoli acepto una practica perniciosa y conocida para mantener el nivel tributario: la utilizacion de recaudadores externos a la propia Real Hacienda a cambio de una suma fija anual. Los asientos habian estado reservados para necesidades puntuales en los grandes ramos hacendisticos, pero, a partir de 1664 y 1666, se extendieron por todos los conceptos fiscales del Peru.

La ereccion en 1613 del Tribunal del Comercio de Lima vino a cubrir en cierta medida esta nueva demanda--entes que pudiesen tomar los asientos con garantias--, pues se trataba de una institucion con un marcado caracter economico, vinculada a los mayores productores de rentas y con una estabilidad como pocos organismos <<privados>> en el Peru. Ademas, a la Monarquia la union con el Consulado solo podia resultarle ventajosa, ya que este binomio entablaba unos lazos solidos entre la Corona y los mayores poseedores de capital en el territorio y, por tanto, aseguraba el acceso inmediato al monto conformado por los diferentes tributos que nutrian al Fisco Regio.

Sin embargo, las buenas perspectivas que se presentaban ante el Consejo de Indias por la entrega de los impuestos a los comerciantes peruanos estuvieron, en buena medida, tergiversadas por un mecanismo que a veces fue obviado: si estos mercaderes no embarcaban sus bienes y capitales en la Armada del Mar del Sur, si no se celebraba feria en Portobello, no existia el instrumento generador de la actividad mercantil, es decir, el sector que tuvo asignadas mas tasas fiscales. No obstante, si se considero que estas operaciones comerciales iban a producirse invariablemente, por lo que hacer que el Consulado autogestionase la percepcion y entrega a la Real Hacienda de los tributos generados por sus componentes se antojo como un buen camino para el aumento de los ingresos hacendisticos.

Ademas, como el grupo socioeconomico con mayor capacidad para acumular pecunia en todo el virreinato, los comerciantes se presentaban ante la metropoli como el unico <<agente social>> con el que podian realizarse, con las garantias adecuadas, los asientos impositivos. Este panorama provoco que, al ser la unica via, las condiciones presentadas fuesen cada vez mas duras. El crecimiento de la tension entre ambos negociadores tambien se debio al conocimiento, cada ano mayor, de la realidad fiscal que se escondia detras de cada impuesto, como la dificultad de percepcion, la lentitud burocratica, los esquemas rigidos, la variabilidad anual y las exigencias puntuales del Fisco Regio. Asi, una vez establecidos los primeros asientos, las renovaciones de estos contratos tributarios no pudieron volverse sino cada vez mas dificultosas.

La supresion de la averia en 1660 y la solicitud de su exencion por los comerciantes tras el terremoto de 1687 terminaron de configurar un escenario complejo, pues acentuo el rasgo de los mercaderes como los unicos sujetos validos para hacerse cargo de la necesidad que la Corona presento en el Peru: el cobro anual de sus propios impuestos. Esta fue la causa que llevo al virrey conde de Santisteban del Puerto (1661-1666) a tomar como uno de sus principales objetivos la negociacion de asientos con el Comercio. Estos acuerdos eran indispensables, pues se habia demostrado--y se demostro durante el resto de la centuria--que era el unico medio eficaz para asegurar un flujo estable de ingresos a la Real Hacienda, ademas de favorecer la actividad comercial en un teatro economico en pleno proceso de transformacion. Desde este momento y hasta el relevo dinastico, Corona y Consulado no hicieron otra cosa que mostrar deseos contrapuestos--conservar el impuesto en cantidades fijas y enajenables frente a la cancelacion de los tributos y la entrega de una compensacion--, provocando una inseguridad economica que, a la postre, no sirvio para recuperar el impulso financiero peruano, ni en el ambito indiano ni en el contexto de la Monarquia catolica. Las negociaciones y los asientos no habian restaurado del todo un estado financiero decreciente, pero al menos si consiguieron dotar de una cierta estabilidad a la Real Hacienda e incentivar, con sus altibajos, a un sector comercial que consiguio--con las dos averias, la alcabala, el almojarifazgo y la union de armas--aquello que pretendian las propias autoridades metropolitanas: asegurarse unos ingresos anuales.

http://dx.doi.org/ 10.18800/historica.201601.002

BIBLIOGRAFIA

Andrien, Kenneth J. 2011. Crisis y decadencia. El Virreinato de Peru en el siglo XVII. Lima: Banco Central de Reserva de Peru e Instituto de Estudios Peruanos.

Caracuel Moyano, Rocio. 1966. <<Los mercaderes del Peru y la financiacion de los gastos de la Monarquia (1650-1700)>>. En Jimenez Nunez, Alfredo (ed.). Actas del XXXVI Congreso Internacional de Americanistas. Sevilla: Ecesa, vol. 4, 335-343.

Dominguez Ortiz, Antonio. 1960. Politicay Hacienda de Felipe IV. Madrid: Ed. Derecho Financiero.

Escobedo Mansilla, Ronald. 1976. <<La alcabala en el Peru bajo los Austrias>>. Anuario de Estudios Americanos. Vol. XXXIII: 257-307.

Garcia Fuentes, Lutgardo. 1979. <<En torno a la reactivacion del comercio indianos en tiempos de Carlos II>>. Anuario de Estudios Americanos. Vol. XXXVI: 251-286.

Hanke, Lewis y Rodriguez, Celso. 1979. Los virreyes espanoles en America durante el gobierno de la casa de Austria, Peru. Madrid: Atlas, 7 vols.

Lohmann Villena, Guillermo. 1946. El Conde de Lemos. Virrey de Peru. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Cientificas y Escuela de Estudios Hispanoamericanos.

Mendiburu, Manuel de. 1874-1890. Diccionario historico-biografico del Peru; primera parte que corresponde a la epoca de la dominacion espanola. Lima: Imprenta de J. Francisco Solis, 8 vols.

Oliva Melgar, Jose Maria. 1996. <<Realidad y ficcion en el monopolio de las Indias: una reflexion sobre el sistema imperial espanol en el siglo XVII>>. Manuscrits. Revista dhistoria moderna. Num. 14: 321-355.

Perez-Mallaina Bueno, Pablo Emilio. 2000. <<La fabricacion de un mito: el terremoto de 1687 y la ruina de los cultivos de trigo en el Peru>>. Anuario de Estudios Americanos. Vol. LVII, num. 1: 69-88. Disponible en: <http:// dx.doi.org/10.3989/aeamer.2000.v57.i1.259>.

Rodriguez Vicente, Encarnacion. 1960. El Tribunal del Consulado de Lima en la primera mitad del siglo XVII. Madrid: Ed. Cultura Hispanica.

Serrera Contreras, Ramon Maria. 1998. <<Geografia y poder en el siglo XVII indiano: el factor distancia en el incumplimiento de la norma>>. En Pinard, Gustavo y Antonio Merchan (eds.). Libro homenaje in memoriam: Carlos Diaz Rementeria. Huelva: Universidad de Huelva, 691-699.

Suarez, Margarita. 1995. Comercio y fraude en el Peru colonial. Las estrategias mercantiles de un banquero. Lima: Banco Central de Reserva del Peru e Instituto de Estudios Peruanos.

--. 2001. Desafios transatlanticos. Mercaderes, banqueros y el estado en el Peru virreinal, 1600-1700. Lima: Pontificia Universidad Catolica del Peru, Fondo de Cultura Economica e Instituto Frances de Estudios Andinos.

Fecha de recepcion: 30/IX/2015

Fecha de aceptacion: 8/III/2016

ISMAEL JIMENEZ JIMENEZ

Universidad de Sevilla

ijimenez5@us.es

(1) Suarez 2001: 301.

(2) Andrien 2011: 128.

(3) Andrien 2011: 498.

(4) Rodriguez Vicente 1960: 142-143.

(5) Suarez 2001: 77-98.

(6) Andrien 2011: 88.

(7) Dominguez Ortiz 1960: 309.

(8) Vease la seccion dedicada al conde de Santisteban en Mendiburu 1874-1890, II.

(9) Caracuel Moyano 1966: 338.

(10) Suarez 1995: 23.

(11) Andrien 2011: 51.

(12) Suarez 1995: 24.

(13) Serrera Contreras 1998: 695.

(14) Oliva Melgar 1996: 325.

(15) Lohmann Villena 1946: 62-63.

(16) Suarez 2001: 302.

(17) Carta del conde de Santisteban al Rey. Lima, 27 de diciembre de 1661. Archivo General de Indias [en adelante AGI], Lima, 63.

(18) Carta del conde de Santisteban al Rey. Lima, 17 de febrero de 1662. AGI, Lima, 63.

(19) Carta del conde de Santisteban al Rey. Lima, 22 de noviembre de 1662. AGI, Lima, 63.

(20) Carta del conde de Santisteban al Rey. Lima, 23 de noviembre de 1662. AGI, Lima, 63.

(21) Escritura del asiento con el Consulado realizada por Fernando Davila. Callao, 29 de noviembre de 1662. AGI, Lima, 63.

(22) Carta del conde de Santisteban al Rey. Lima, 26 de diciembre de 1662. AGI, Lima, 63.

(23) Carta del conde de Santisteban a Francisco Ramos del Manzano, presidente del Consejo de Indias. Lima, 20 de octubre de 1664. AGI, Lima, 66.

(24) Carta del conde de Santisteban al Rey. Lima, 24 de noviembre de 1664. AGI, Lima, 66.

(25) Autos de la Junta de Hacienda del 16 de julio de 1664. Callao, 26 de noviembre de 1664. AGI, Lima, 66.

(26) Carta del conde de Santisteban al Rey. Callao, 8 de diciembre de 1664. AGI, Lima, 66.

(27) Hanke y Rodriguez 1979, IV: 183.

(28) Memorial del capitan Juan de Urdanegui al Rey. Lima, 24 de noviembre de 1666. AGI, Lima, 66.

(29) Carta del conde de Lemos al Rey. Lima, 16 de marzo de 1669. AGI, Lima, 68.

(30) Hanke y Rodriguez 1979, V: 75.

(31) Andrien 2011: 235.

(32) Carta del prior y los consules del Comercio al Rey. Lima, 25 de enero de 1682. AGI, Lima, 107.

(33) Carta de los diputados del Comercio al Rey. Lima, 24 de diciembre de 1682. AGI, Lima, 107.

(34) Consulta del Consejo de Indias al Rey. Madrid, 25 de agosto de 1684. AGI, Lima, 281.

(35) Real Cedula del Rey al duque de la Palata. Madrid, 27 de agosto de 1684. AGI, Lima, 281.

(36) Carta de los diputados del Comercio al Rey. Callao, 20 de abril de 1685. AGI, Lima, 281.

(37) Carta del prior y consules del Comercio a Palata. S. l., 1685. AGI, Lima, 281.

(38) Memorial del duque de la Palata al Rey. Lima, 28 de mayo de 1685. AGI, Lima, 281.

(39) Garcia Fuentes 1979: 267.

(40) Carta del conde de la Monclova al Rey sobre la negociacion de los asientos con el Consulado. Lima, 20 de junio de 1690. AGI, Lima, 427.

(41) Carta del conde de la Monclova al Rey sobre la supresion de impuestos solicitadas por el Consulado Lima, 20 de junio de 1690. AGI, Lima, 427.

(42) Carta del conde de la Monclova al Rey sobre la primera reunion con el Consulado. Lima, 20 de junio de 1690. AGI, Lima, 427.

(43) Carta del conde de la Monclova al Rey comunicando la aplicacion de la real cedula para la composicion de los pleitos comerciales. Lima, 20 de junio de 1690. AGI, Lima, 427.

(44) Carta del conde de la Monclova al Rey sobre acuerdo alcanzado con el Consulado sobre los asientos. Lima, 20 de junio de 1690. AGI, Lima, 427.

(45) Carta del conde de la Monclova al Rey sobre el riesgo de ruptura de las negociaciones con el Consulado por los asientos. Lima, 20 de junio de 1690. AGI, Lima, 427.

(46) Ib.

(47) Carta del conde de la Monclova al Rey sobre la peticion del Consulado. Lima, 25 de octubre de 1690. AGI, Lima, 427.

(48) Oliva Melgar 1996: 342.

(49) Perez-Mallaina Bueno 2000: 73.

(50) Escobedo Mansilla 1976.

(51) Listado sobre los montos de la renta de la alcabala en el distrito de las audiencias de Lima, Charcas y Quito. S.l., ca. 1700. Biblioteca del Palacio Real, mss. 3286.
Cuadro 1. Estimacion fiscal de 1690 ante la oferta del Consulado

Tributo                          Ano de armada   Ano sin armada

Alcabala                            160.500         160.500
Almojarifazgo y union de armas      127.800         103.837
Total                               288.300         264.337
Beneficio del Consulado             88.300           64.337

Fuente: Carta del conde de la Monclova al Rey sobre las cantidades
del asiento con el Con-sulado. Lima, 20 de junio de 1690. AGI, Lima,

Cuadro 2. Asientos virreinato-Consulado firmados el 5 de octubre de
1690

Tributo                          Ano de armada    Ano sin armada

Alcabala                         160.000 pesos    145.000 pesos
Almojarifazgo y union de armas    65.000 pesos     50.000 pesos
Averia del Mar del Sur           100.000 pesos         --
Averia del Mar del Norte         87.500 ducados        --

Fuente: Carta del conde de la Monclova al Rey sobre la firma del
asiento con el Consulado. Lima, 25 de octubre de 1690. AGI, Lima,
427.

Cuadro 3. Alcabala del Peru a finales del siglo XVII

Caja Real                                             Pesos de a ocho

Lima                                                       40.000
Cuzco                                                      20.500
La Paz                                                      7.000
Oruro                                                       1.000
Potosi y la Plata                                          25.000
Huancavelica y Huamanga                                     6.000
Arica                                                       1.000
Arequipa                                                    6.000
Chucuito                                                    2.000
Huanuco                                                     4.000
Trujillo, Cajamarca, Sana y Chachapoyas                     6.000
Piura                                                         700
Huarochiri y Canta                                          2.500
Chancay, Cajatambo, Huaylas, Jauja, Yauyos, Canete,         5.000
  Ica y Pisco
Quito, Guayaquil, Cuenca, Loja y Jaen                      12.000
Total                                                     138.700

Fuente: Listado sobre los montos de la renta de la alcabala en el
distrito de las Audiencias de Lima, Charcas y Quito. S. l., ca. 1700.
Biblioteca del Palacio Real, mss. 3286.
COPYRIGHT 2016 Pontificia Universidad Catolica del Peru
No portion of this article can be reproduced without the express written permission from the copyright holder.
Copyright 2016 Gale, Cengage Learning. All rights reserved.

Article Details
Printer friendly Cite/link Email Feedback
Author:Jimenez Jimenez, Ismael
Publication:Historica
Date:Jul 1, 2016
Words:10671
Previous Article:Delimitar y gobernar las aguas de Lima: relaciones urbano-rurales y rivalidades administrativas en Lima colonial.
Next Article:Del furioso canoneo al eco de Bolivar: guerra, ciudad y sonoridad en Lima, 1819-1826.
Topics:

Terms of use | Privacy policy | Copyright © 2019 Farlex, Inc. | Feedback | For webmasters