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Dos poetas bajo el trance del humor: Hugo Gutierrez Vega y Gerardo Deniz.

Antes de la piedra, el libro y la escritura virtual, fue la conversacion: la palabra ingravida sostenida por el aliento de quien la ofrecia como un manjar para ser oido. Despues fue necesaria la trampa, el espejismo, y hubo menester la rima; y hubieron quienes cantaron lo acontecido por burgos y villorrios, y decian que conversaban con los ya idos y los habitantes de las esferas celestes superiores. Se les nombro de varia manera: aqui fue el brujo de la tribu, alla el sacerdote, el goliardo in taberna, y el juglar en todo camino. Bautismo aparte, todos depositaban en la palabra su fe en la infinitud, en su poder de transformacion, de sublimacion de la realidad en un universo tejido por un lenguaje apolineo, factorial.

Hoy dia, el signo que los marcaba todavia anda entre transas, transes y tropicos como si siempre, como si nada. Hoy se les llama poetas (y cuando se les llama, vienen como los gatos ... cuando se les da la gana). Algunos hay que aun recuerdan el inicio y conversan en la escritura, quienes ven en el lector no dos ojos, sino un oido atento sentado en el quicio de la memoria, meciendose mientras el atardecer se sublima en bostezo, en noche cerrada a la espera del sueno, a esta estirpe pertenece Hugo Gutierrez Vega; otros, como Gerardo Deniz, poetas son que prefieren el lado escarpado del lenguaje, en tanto que la iluminacion de su verso es oblicua, reptil, hecha para ser descubierta mas por la inteligencia que por la emocion, y que por ello, nos muestra los otros registros del sentimiento, las otras posibilidades de la belleza; criptico neobarroco, alguien diria, mejor: ajedrecista del signo, batiscafo sumergido en las lindes cuitas de la lengua.

Estos dos poetas, cuyo instinto creador ve en el vasto oceano de tinta y cosas no dichas horizontes divergentes, si bien nos ofrecen poeticas antagonicas en cuanto al aliento, las maneras del decir y los modos de enunciar, ambos-dos (osease el paz) comparten el placer de ponerle a la solemnidad un vistoso sambenito, para pasearla por la calle como si artritico perro faldero, con la lengua cancerberica de fuera, trashumando belleza (??) a traves del humor: sea cierto.

Ahora bien, mientras que Deniz recurre al topico sexual para deslizar lo poetico tradicional hacia fronteras en que la norma se ve (gozosamente) transgredida, Vega lo hace desde el territorio de la lengua, en tanto que recurre al lenguaje fijado en una "historieta" mexicana, para de ahi, y del contexto donde se desarrollan las peripecias de los protagonistas, enunciar su logos poetico.

Es asi que la "Oda a Borola Tacuche de Burron (Escrita en versiculos chipocludos y dedicada a la Barda Chachis Pachis Palomeque)" dc Vega, esta "escribida" con la germania por lengua y la vecindad por toda academia, ya que recurre a un "titipuchal de zarihuellos giros linguisticoides", hijos (no naturales --por supuesto--) de la creacion de don Gabriel Vargas La Familia Burron. Sin embargo, a pesar de que el tono del poema es ludico, y el tema de profunda raigambre popular, su interpretacion no deja de tener sus filos "dificultuosos", dada la intertextualidad (!uy!) presente, ya que el texto, al utilizar un lenguaje "ajeno" al universo poetico tradicional, y recurrir al de la barriada, fijado en una historieta, requiere que el lector haya por fuerza abrevado con anterioridad en la obra de Vargas, o bien, hacer visitas recurrentes a los bajos fondos del callejon de Mixcalco y anexos. Ahora bien, quede en claro que uno de los aspectos mas relevantes dc este poema, mas alla de las licencias linguisticas prestadas del mas aca cotidiano, es el hecho de haber realizado una "oda" que viola el precepto aristotelico en el cual queda asentado que una obra de esta naturaleza, debiera versar acerca de un personaje "alto" digno de un canto lirico de tal envergadura, y no acerca de --aunque santa-- fulana "senora del descuajaringue" cuya vida epica transcurre en el campo de batalla de una vecindad; este personaje femenino es con mucho una violacion al paradigma en que se ha querido ubicar a la mujer mexicana, ya que gusta de violentar las reglas, toma iniciativas temerarias, e inicia negocios estrafalarios. Vega, entonces, realmente no quebranta el principio aristotelico, sino que lo cumple con cabal precision, que mas heroico que la mujer que se enfrenta a la cotidianeidad de la opresion social, familiar, al ninguneo reiterado y lacerador; mujer que aunque soportando "los anos de tripa mala" aun tiene "la cumbre de la risa exasperada". La oda a Borola es tambien bestiario, escaparate en que se manifiestan los especimenes que hacen de lo tragicomico ocasion para la poesia.

Por su parte, Gerardo Deniz concibe un texto que se inscribe en la tradicion del humor negro hispanoamericano, pues asistimos a la elevacion de un evento camal condenado por la moral puritana (aunque los puritanos lo practiquen con extrana fruicion) a niveles poeticos (y pateticos) que para no pocos sera blasfemario. El asunto en cuestion es el siempre maldecido, pero siempre bien gozado, incesto. En esta ocasion nuestro Edipo no yace con su madre, ni (y aqui habria que persignarse) con su abuela, sino que asistimos a la relacion sexual entre una venerable, pero cachonda anciana, que se tira un polvo de antologia con su bisnieto, de ahi el titulo del poema de Deniz "Edipo al cubo". En este texto, a diferencia del de Vega, el humor no esta signado por el lenguaje "anti-poetico" utilizado, sino por la manera de abordar una tematica harto escabrosa, naturalizandola y llevandola a los lindes de lo ridiculo, y por extension de lo risible. En este poema, Deniz --como en casi toda su obra poetica-- le apuesta a propinarle una zancadilla a lo logico esperado, asi el lector que cree estar seguro de que poesia es "rosas rojas a la luz de un beso", o "estrellas que titilan en las noches del abandono", se enfrenta a un universo en que la relativizacion de lo que debe o no ser poetizado y la violacion de los dogmas poeticos por el orbe aceptados, son pan de todos los dias.

Cuando uno ya se encuentra plenamente instalado en las ligas mayores del tiempo (Deniz, 1934, Vega, 1935) es comun que la carcajada sea sustituida por la amargura, el goce por el lamento, y la sorpresa por la aburricion insana de lo cotidiano, al ritmo en que al amanecer la fuerza del bostezo va siendo mayor que la tension de "aquel" musculo de las mil batallas. Loado sea que estos dos poetas (que no los unicos) visiten lugares extranos en la geografia de la poesia mexicana, que de tan dada a la solemne rasgadura de ropas y su innata proclividad a la lagrima, le da por olvidar el otro lado del dado con que suele apostar en la vida: la burla, el humor, la carcajada ...
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Author:Pineda, Carlos
Publication:Siempre!
Date:Sep 21, 2003
Words:1233
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