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Don Alvaro Tarfe (Quijote II, cap. 73), morisco ahidalgado.

MI PROPOSITO NO ES estudiar el personaje asi llamado que nace y juega un papel importante en el apocrifo Segundo tomo del ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha (1614), sino comentar la replica que introduce Cervantes en el capitulo setenta y dos de su Segunda parte del ingenioso cavallero Don Quijote de la Mancha, aparecida al ano siguiente, resulta obligado tener en cuenta la forma en que por vez primera se presenta al personaje de tal nombre. Ya en el primer capitulo del apocrifo aparece en la plaza de Argamasilla de Alba-- pueblo identificado en el libro como el innominado lugar de la Mancha cervantino--, junto a otros tres caballeros, calificados de "principales" por su atuendo y el sequito que los acompana de criados, pajes y hasta doce lacayos que traen del diestro otros tantos caballos lujosamente enjaezados. El cura, enterado de que se trata de cuatro caballeros granadinos que se dirigen a Zaragoza para participar en unas justas--las que se le escaparon a don Quijote en la Primera Parte--, se encarga de aposentarlos, enviando el que parece mas distinguido a casa del ya curado hidalgo. Mientras se prepara la cena, disfrutando del fresco en el patio, el huesped se identifica como don Alvaro Tarfe, descendiente "del antiguo linaje de los moros Tarfes de Granada, deudos cercanos de sus reyes, y valerosos por sus personas, como se lee en las historias de los reyes de aquel reino, de los Abencerrajes, Cegries, Gomeles y Mazas, que fueron cristianos despues que el catolico rey Fernando gano la insigne ciudad de Granada" (Avellaneda, Don Quijote de la Mancha I, 1, 33). Estas "historias de aquel reino" son una clara alusion a la Historia de los bandos de los Zegries y Abencerrajes (1595), mas conocida por el subtitulo Guerras civiles de Granada, de Gines Perez de Hita. Alli se menciona, bajo la variante Atarfe, a un deudo cercano del rey moro de Granada, y en otro contexto se refiere la muerte de un Tarfe, amigo de los Zegries--es decir del bando antagonista--a manos de un rival, atribuyendole una conducta poco caballerosa (Historia de los bandos de Zegries y Abencerrajes 107 y 47-50, respectivamente).

Volviendo a mi titulo, el termino'ahidalgado' se define en el Diccionario de Autoridades como "el que en su trato y costumbres tiene nobleza, esplendor, bondad y otras calidades, que son propias de los hombres de nacimiento ilustre" y se ilustra con una frase que implica cualidades morales. (1) Pero, en las Guerras civiles de Granada (1595), que formaba parte del repertorio de lecturas comun a la generacion que comprende a Miguel de Cervantes y presumiblemente al mal intencionado escritor que se oculta bajo el seudonimo de Alonso Fernandez de Avellaneda, (2) se habla de los 'ahidalgados' cargos ['oficios' es el termino empleado] que podra ejercer un noble nazari, alcalde de Velez Rubio en el reino de Granada, cuando tome al bautizarse el apellido de su padrino--Avalos en este caso--. El derecho a tener armas, es decir escudo nobiliario, es el privilegio paralelo que se le otorga (Historia de los bandos de Zegries y Abencerrajes 274). (3) Se trata de un caso paradigmatico dentro de unas actuaciones, que de hecho resultaron provisionales, pero a la hora de la conquista afectaban a una colectividad muy concreta, la burguesia del reino moro.

En el contexto del libro, en gran parte fictivo, de Perez de Hita, que se publico poco mas de un siglo despues de que tuvieran lugar los acontecimientos que narra, la conversion a la fe catolica por parte del personaje colectivo que forman los caballeros nazaries resulta la causa inmediata de la rendicion de Granada. La supuesta alevosia de Boabdil, ultimo monarca andalusi conocido como el Rey Chico, contrasta con las virtudes de los caballeros castellanos que sirven a los Reyes Catolicos, y ello mueve, tanto o mas que la leve superioridad en el campo de batalla, a los corteses y valerosos Abencerrajes, capitaneados por el heroico moro Muza, hermano del rey moro, y seguidos de otros clanes caballerescos, a abandonar el servicio de su rey y pasarse al campo contrario, pidiendo el bautismo. En la corte itinerante de dona Isabel y don Fernando encuentran generosa acogida, y con un nombre de pila castellano, precedido de 'don' o'dona', y un apellido que con frecuencia es el del personaje que los apadrina, se incorporan al servicio directo de los monarcas cristianos.

La motivacion, hoy bien conocida, que late bajo esta version de los hechos reside en el afan de restaurar el honor de los descendientes de aquella novelizada caballeria nazari, que hasta fines del siglo XV existio realmente, aunque con otro perfil, como clase patricia de un estado musulman independiente, y a fines del XVI quedaba, salvo excepciones notables, reducida a la problematica categoria de los cristianos nuevos y dentro de ella a la numerosa minoria de los "nuevos convertidos de moros." En 1572 todos los que habitaban lo que fue el reino de Granada se habian visto nominalmente incluidos en el destierro a otras tierras peninsulares que siguio a la cruenta guerra de las Alpujarras, aunque no hubiesen tomado parte en la rebelion. Familia por familia, muchos trataron de hacer valer la hidalguia que se habia garantizado a sus mayores para permanecer en su tierra granadina, y los resultados de tales memoriales y pleitos fueron muy variables. Sin duda repercutieron en que familias ahidalgadas, es decir que habian sido incorporadas a la sociedad castellana con su previa condicion de pequena nobleza, se vieran o no expulsadas de Espana a partir de 1609.

Por aquellos mismos anos se iba perfilando la tercera salida de don Quijote de la Mancha en la mente de su creador, y asimismo en la del imitador tan dispar que se adelanto a Cervantes en la publicacion de una segunda parte del Quijote. La replica de este fue de una sutileza y multiplicidad que con razon ha inspirado y seguira inspirando piezas importantes del cervantismo, entre las que cabe destacar las aportaciones de Stephen Gilman y Martin de Riquer. Dejando a un lado la identidad de Fernandez de Avellaneda, lo esencial en ese conjunto de estudios no es la busqueda de datos sino el analisis de las actitudes de ambos autores, que se manifiestan en el juego de mutuas imitaciones y descalificaciones.

La mayor precision que hoy es posible alcanzar, desde diferentes angulos de observacion de los textos, a las circunstancias en que se escribieron nos permite a todos buscar un acercamiento acorde con nuestras preocupaciones. Entre ellas esta, para los lectores que nos hemos acercado a la vida de los moriscos, la de identificar el multiple eco de su presencia. Ha resultado problematico definir la posicion de Cervantes frente al problema interno que plantea la presumible disidencia de los nuevos convertidos y sus contactos, reales o supuestos, con los moros de allende, ya que en sus obras se encuentran paginas aparentemente contradictorias. No faltan condenas de los contumaces moriscos e incluso alabanzas de la orden de expulsion, ni episodios que muestran los ataques de expatriados que vuelven sorpresivamente como corsarios a asolar la costa que fue su cuna y cargan la nave de indefensos pescadores u hortelanos. Esto ocurre en el Segundo Libro de La Galatea, publicado en 1585, y se repite en Los trabajos de Persiles y Sigismunda (Libro III, cap. 11), aparecido postumamente en 1617. Pero ajuicio de un importante sector de la critica, en la obra de Cervantes los juicios negativos y las peripecias en que moriscos o corsarios al servicio del poder otomano son los antagonistas, no solo se compensan mediante la creacion de figuras de alto valor humano que emergen de la poblacion morisca, sino que dentro del contexto las condenas de que son objeto los "nuevos convertidos" pueden resultar sutilmente ironicas y en ocasiones ofrecen verdaderas caricaturas de posiciones excluyentes. La sintonia de Cervantes con la opinion moderada, que representa, por ejemplo, el humanista Pedro de Valencia, quedo a mi ver cumplidamente demostrada en el libro de Francisco Marquez Villanueva, publicado en 1975, Personajes y temas del Quijote. (4)

El proceso mismo de la escritura del Quijote, comenzando por la Primera Parte cuyo cuarto centenario conmemoramos, muestra un autor que se mueve en un ambito vital fronterizo, y cuando utiliza los trucos bien conocidos de un supuesto primer autor lo hace desde la complejidad de la sociedad que lo envuelve. Esto se constata, no solo porque el supuesto prototipo sea obra de un arabe, sino mas singularmente por el papel de intermediario que incumbe a un morisco, caracterizado mediante un par de brochazos que nos situan en el marco cotidiano de una ciudad castellana del XVI, nada menos que Toledo, cuya poblacion incluye un importante componente de vendedores y artesanos que fueron mudejares.

Pero volvamos a la Segunda Parte. Al fin de la primera el autor habia dejado a don Quijote convaleciendo en el pueblo al que se habia negado a dar nombre aunque no a situar en aquel territorio manchego, que por cierto habia sido el principal destino de los moriscos granadinos expatriados tras la rebelion. Unos cuarenta anos despues alli se estaba viviendo la crisis de esa parcela de su poblacion, que en su mayor parte vivia pacificamente asentada entre cristianos viejos y descendientes de mudejares. A traves de la familia del tendero Ricote y de su hija, que respondia a los nombres tan dispares de Ricota y Ana Felix, Cervantes dara voz al pueblo expulso, retratandolo en el plano de las realidades sociales cuando Sancho se encuentra con su vecino morisco. Luego llevara al plano de los heroicos e imaginarios destinos los amores de la bella morisca, hija de este y el hijo de un senor de vasallos. Despues de ser testigos del momento en que inesperadamente se reunen padre e hija, el caballero y el escudero, otra vezjuntos, prosiguen la ruta de retorno a su pueblo. El proyectado viaje de Ricote al mismo lugar para recoger la parte de sus posesiones que pudo dejar ocultas queda en suspenso. En cualquier caso volvera al destierro. Y en la ultima venta donde pernoctan don Quijote y Sancho, camino de su pueblo, surge por ultima vez un encuentro que tambien me parece significativo en relacion con el destino de los moriscos.

Debieramos tratar de leer el episodio como pudo hacerlo el lector proximo y coetaneo a quien en primer lugar se destinaba el libro. Por supuesto, tenia que estar enterado de la usurpacion que se habia hecho de la identidad de los protagonistas cervantinos de la Primera Parte. Pero ademas, esa persona habria vivido en los tres o cuatro anos precedentes la conmocion que implico la expulsion de los moriscos, y el autor, Cervantes, se lo habia recordado en los capitulos anteriores, a traves de sus personajes. Ahora le presenta otra realidad medio oculta de su entorno: una tercera persona de ascendencia mora que emerge en la fase final del libro y sobrevive discretamente en la Granada catolica del siglo XVII. Es don Alvaro Tarfe.

No percibi lo que me parece una importante caracteristica del personaje la primera ni la segunda vez que lei el Quijote, aunque siempre me quede con el deseo de saber mas de esta figura, que tenia un perfil muy definido, al margen de cumplir la mision de certificar que el caballero y el escudero con quienes coincide en una venta son personas sustancialmente distintas de los sujetos del mismo nombre que antes habia conocido, en el territorio virtual de la ficcion ideada por Avellaneda. Alli fue donde el mismo, don Alvaro, habia adquirido carta de naturaleza como personaje descendiente de los Tarfes, caballeros nazaries que figuraban en la Granada de Perez de Hita, y tambien como hidalgo cortesano espanol que gustaba de fiestas y burlas.

Conviene tener en cuenta que, como hemos recordado, el autor del Quijote apocrifo mueve su trama a partir de la llegada al pueblo manchego Argamasilla de Alba de un grupo de personas algo sorprendente, que viene de Granada. No se trata de altos dignatarios, sino de unos caballeros adinerados que van a participar en unas justas. Como si ello no fuera suficiente para relacionar a estos personajes del apocrifo entorno quijotesco con la sociedad caballeresca presentada en las Guerras ciriles de Granada, el grupo va encabezado por un don Alvaro Tarfe, cuyo apellido procede de este ultimo libro y de los romances que en el se integran. (5)

Le figura del moro Tarfe en ese repertorio romancistico, que fue muy difundido, corresponde a una variante del moro cortes, la del retador en su mas crudo perfil, ya que lleva a cabo una profanacion, que pagara con la vida, cuando desafia a los cristianos de Santa Fe, que tienen cercada a Granada, arrastrando un cartel atado a la cola de su caballo en que esta escrita la salutacion: Ave Maria. (6) Dara muerte a Tarfe un caballero novel, llamado Garcilaso, cuya estampa triunfal con la ensena mariana colgada sobre el pecho y enarbolando la cabeza del moro que ha vencido clavada en la punta de la lanza, se convertira en el emblema de una campana victoriosa que hara duenos de la Granada mora a los Reyes Catolicos. Esta secuencia de escenas se perpetuara, por cierto hasta fecha reciente, en el repertorio dramatico conmemorativo de la toma de Granada. (7) Por otro lado, dentro del conjunto de romances moriscos nuevos--variedad que se aleja de la evocacion de la conquista para centrarse en vivencias individuales de amor, celos, ira o despecho--un moro Tarfe fictivo aparece casi siempre en situacion de desventaja.

En cuanto al onomastico Alvaro, no implicaba desprestigio pero si pertenencia a un mundo mas fronterizo que castizo. San Alvaro fue el famoso martir mozarabe de Cordoba y a su patrocinio se acogieron muchos moriscos, despues de la caida del reino de Granada y de la conversion, real o fingida, de su poblacion. Un descendiente de este colectivo, que existio posiblemente en la vida real y de modo notorio en la creacion literaria, fue Alvaro Tucani, el joven y diestro morisco, capaz de asumir por su porte y su habla cortesana una identidad de hidalgo cristiano viejo. Figura en el segundo libro de Perez de Hita, dedicado a historiar la rebelion y guerra de la Alpujarra, y alli protagoniza una desgarradora historia de amor y venganza, que tiene su punto culminante en la entrada a saco en el pueblo morisco de Galera de las fuerzas que manda un todavia inmaduro don Juan de Austria. En 1630 Calderon de la Barca recreara esta tragica historia en su poderoso drama Amar despues de la muerte o el Tucani de la Alpujarra. (8)

Alguna vez me he preguntado si el nombre de este morisco no inspiraria dos siglos mas tarde el de ese otro tragico protagonista--ocultamente tambien mestizo, en este caso amerindio--, que es el personaje mas significativo y famoso del romanticismo espanol. Por lo menos, resulta sugerente la coincidencia entre el cronista murciano de la guerra de la Alpujarra y el aristocrata cordobes don Angel de Saavedra, autor de Don Alvaro o la fuerza del sino (1834), al dar el nombre de un martir cristiano, que se enfrento al poder mahometano durante el califato, a sus respectivos personajes, cuyos tragicos destinos, aunque muy diferentes, emanan de una situacion de mestizaje y de la incomprension excluyente que se da en su entorno. Disculpen esta divagacion que nos ha llevado a la posteridad de nuestro escenario concreto, persiguiendo el aura de un nombre.

Volviendo a la genesis de la figura de don Alvaro Tarfe, que juega un papel en ambas segundas partes del Quijote, pensamos que cuanto ha sido expuesto aqui sobre el personaje creado por Avellaneda no pudo pasar inadvertido a un Miguel de Cervantes que lo llevaria a su propia creacion, asignandole el importante cometido de certificar, a instancias del protagonista, la imposibilidad de que los supuestos caballero y escudero que el habia tratado en el torpe entorno de la ficcion de Avellaneda fuesen los mismos que ahora conoce y valora.

Los caminos de don Quijote, acompanado por Sancho Panza, y de don Alvaro se cruzan en el meson de un lugar manchego en que cada uno ocupara una sala, donde los mitos sobreviven relegados a unas humildes sargas que cubren las paredes. Cuando ambos viajeros buscan la frescura del portal, escenario que es replica del de su primer dialogo en la obra apocrifa, don Quijote, reconociendo el nombre que pronuncia un criado, ya ha relacionado al recien llegado con la historia donde se le calumnia, pero a pesar de ello se comporta con perfecta afabilidad y cordura a lo largo del encuentro, y sera exclusivamente en boca de Sancho donde se escuchen los epitetos que hacen de su amo un heroe benefico. Antes de eso, el recien llegado ha abordado con toda cortesia al desconocido con quien comparte hospedaje, preguntandole adonde se dirige, a lo que responde brevemente don Quijote, interrogandole, a su vez, por el destino de su viaje."Yo, senor--respondio el caballero--, voy a Granada, que es mi patria." No dice "mi tierra," ni tampoco "mi ciudad natal." (9) Don Alvaro elige el termino que remite a sus raices profundas, y la replica de don Quijote--"!Y buena patria!"--parece acentuarlo. El cruce de palabras no deja de ser congruente si se entiende como una referencia a la Granada de principios del siglo XVII, pero creo que tambien deja entrever en alusion retrospectiva la gentil Granada en clave nazari, que por cierto no habia estado ausente del mundo imaginario del hidalgo manchego durante sus primeras aventuras, ya que se identifico con el enamorado Abindarraez (10) cautivo al termino de su primer descalabro (Quijote I, 5). En cuanto al nuevo don Alvaro, llega al meson como "caminante a caballo" y acompanado de cuatro criados, lo que revela que posee hacienda, pero esta presentacion es bien distinta de la aparicion del personaje de Avellaneda en la plaza de Argamasilla, adonde aparece rodeado de una cuadrilla en atuendo de fiesta ecuestre que causa asombro, pues a principios del XVII solo la alta nobleza viajaba con tal aparato.

Creo que la curiosidad que suscito en mi el don Alvaro cervantino aqueja a muchos lectores y responde a cierta calidad enigmatica que impregna el retrato mismo. Uno de los afectados por esa sensacion de palpar un cierto misterio se llamaba Jose Martinez Ruiz y a lo largo de su vasta produccion ensayistica pergeno los retratos, dos veces imaginarios, de algunas figuras que vivian en los textos clasicos que con mayor deleite frecuentaba. Una de estas evocaciones azorinianas tiene por protagonista al personaje de que hablamos (11) y narra lo que pudo ser su vida, despues del encuentro con don Quijote. Ignoro si la lectura del Quijote apocrifo le habia puesto ya sobre la pista de la ubicacion social del viajero granadino de Cervantes, o si a Azorin le bastaron los leves toques caracterizadores del nuevo don Alvaro para captar la compenetracion que surge entre ese caballero cortes, de pocas palabras, atildado y ocioso, y el escarmentado hidalgo que regresa a su aldea, mas o menos curado de su adiccion a la aventura caballeresca.

En el entorno cervantino se encuentran dos hombres dignos y desenganados, que vuelven a casa, uno para morir, y el otro--segun la recreacion de Azorin--para leer. Tras esto el ensayista toma el cabo suelto de esa despedida y deduce logicamente que don Alvaro Tarfe se apresuraria a comprar el libro de Miguel de Cervantes en que se relatan las aventuras de su nuevo amigo. Y al leerlo sufre una conmocion profunda, que es como un eco de la que produjo en la mente del hidalgo manchego la lectura de los libros de caballerias. En consecuencia, al avanzar la vida y quedarse solo, va abandonando sus refinados habitos burgueses, descuida su hacienda, y acaba arruinado. Entonces se destierra a si mismo de Granada, avergonzado de su miseria y conservando hasta el final de su vida el ejemplar del Quijote en que ha estampado su nombre, que sera borrado al fin del relato por un nuevo comprador del libro. En Sevilla, donde se refugia, no ofrece ya la imagen de un senor prospero y ahidalgado, sino la de un hidalgo empobrecido y huidizo que recuerda a los muchos hidalgos ramplones que pueblan la sociedad recreada por la ficcion picaresca del Siglo de Oro.

Se encuentran en esta recreacion de Azorin los dos planos de la hidalguia en que los lectores de Americo Castro hemos aprendido a situar a algunos de los protagonistas cristiano-nuevos de ficciones y situaciones dramaticas que nos salen al paso en obras del Siglo de Oro. Solo que el ensayo que comentamos es de 1915, o anterior, pues forma parte de Al margen de los clasicos, y por lo tanto no puede acusar influencias de las teorias de don Americo, formuladas decadas mas tarde. Mas bien corresponde a una epoca en que la evocacion ensayistica y la erudicion iban por distintos derroteros. Aunque hoy la marginacion en que poco a poco cae este don Alvaro Tarfe noventayochista nos produce la impresion de que sobre el pesa la problematica del linaje, leyendo el texto no parece que el autor aluda a tal limitacion. ?La tuvo intuitivamente en cuenta Azorin, bien porque recordase el libro de Avellaneda, donde consta la ascendencia nazari del personaje--que dentro de ese ambito de ficcion no le impide moverse en medios aristocraticos--, o bien porque percibio un augurio negativo en el apellido Tarfe, cuya connotacion, como hemos visto, es la de un moro vencido o deshonrado? ?O acaso siguio el ensayista de la generacion de 1898 una linea insinuada en el breve episodio cervantino por los rasgos y el comportamiento del personaje? No es cuestion que yo pueda dilucidar.

Solo consignare que la continuacion de la vida de don Alvaro que compuso Azorin fue objeto de reescritura por parte de Francisco Ayala en la vineta "Un caballero granadino" (El rapto 245-47), como ha estudiado Pedro Ignacio Lopez, con lo cual son ya cuatro los perfiles que adquiere esta figura. El ultimo autor asume en este breve texto un tono azoriniano, diferente de su habitual estilo. Coincide con Azorin en evocar la casa del caballero, que imagina con su gran patio, amplias estancias ricamente alhajadas y ventanas abiertas al panorama de la Vega y la Sierra. Se interroga sobre el marco familiar que rodearia al personaje y evoca el entorno social a que hubo de pertenecer, citando figuras reales de la sociedad y las letras granadinas del siglo XVII. Imagina que don Alvaro las convoca para contarles su encuentro con don Quijote. Tambien adquiere el libro. Se habla del proceso de la lectura, y tentativamente el autor asume que el caballero granadino llega a sentir hondo pesar ante el desenlace. Con esas notas simultaneas de emocion y duda se cierra la evocacion de Ayala, sin seguir a Azorin en el proceso de degradacion de la figura.

Volviendo al entorno de don Quijote que nos muestra Cervantes, quisiera sugerir que hoy, a la luz del estado actual de los conocimientos historicos sobre los moriscos y la sensibilizacion que don Americo Castro y quienes desarrollan su linea de analisis historico han aportado, podemos recuperar implicaciones de la figura de don Alvaro Tarfe, que se suman al papel que desempena en la trama, cuando da a don Quijote y en no menor medida a Sancho la satisfaccion de verse liberados de las denigrantes etiquetas con que quiso estigmatizarlos un enemigo de su creador. Este senor granadino es cortes e inteligente, como revelan sus palabras y su pronta aquiescencia al deseo de reivindicacion que le plantean los autenticos y en esa fase de su historia muy conscientes don Quijote y Sancho. Ademas, el granadino es cuidadoso de su atuendo y refinado en sus habitos, rasgos sugeridos por el detalle: "Pusose el recien venido caballero a lo de verano." Sumada a la etiqueta genealogica que habia aportado Avellaneda, la caracterizacion del personaje lo situa implicitamente en el restringido circulo de la elite granadina neocristiana que logro permanecer en su patria, pese al decreto de expulsion. A diferencia de lo poco que en la segunda decada del siglo XX se sabia sobre la pervivencia en Espana de familias moriscas, hoy se conoce la complejidad de ese sector social minoritario, (12) que tenia tan cerca el proceso de asimilacion propio, como vivo el recuerdo del desgarro de sus parientes, amigos y vecinos que habian emprendido el camino del destierro. Raro seria que entre estos nuevos cristianos de origen moro, plenamente asimilados, no hubiese amigos entranables de Miguel de Cervantes. Pienso que no quiso excluidos de la Espana que retrata en el Quijote, y tambien que subrayo el disimulo--ya no la disimulacion que atane a la religion--con que los neo-cristianos habian de moverse en una sociedad donde lo que se llamaba una tacha en el linaje podia incidir decisivamente en una trayectoria vital. Me parece que don Alvaro Tarfe representa a los moriscos de situacion economica privilegiada que preferian cultivar su pequeno jardin recoleto a tratar de llevar adelante proyectos de vida ambiciosos. Cervantes les da cabida y respeta su silencio. Por eso no recoge explicitamente el dato de que los Tarfe fueran un linaje del reino nazari. Pero tampoco renuncia a mostrar su presencia en la Espana de principios del siglo XVII ni a darles, con minimos trazos, un perfil propio.

Y no quisiera concluir sin nombrar una vez mas a un indudable amigo de Cervantes, (13) que si, como pienso, nacio y se formo en el sector burgues neocristiano de la sociedad granatense, opto luego por la distancia y por buscar modos de integracion en la vida espanola. Las coordenadas biograficas del poeta Pedro de Padilla fueron tanto la dedicacion a las armas, lo que condiciono algunos anos su modo de vida itinerante, como a las letras, que le depararon notable prestigio en el Madrid de los Austrias, hasta que en ultima instancia se consagro a la vida religiosa, profesando como carmelita calzado. Si menciono este tema, que confieso me obsesiona un poco, lo hago porque me parecen significativos los contactos de Miguel de Cervantes con un escritor afamado de su generacion, que era linarense o granadino y fue alumno, en la Universidad fundada para formar a los jovenes conversos, de un profesor morisco, el Licenciado Marin. Pienso que se transparenta una vez mas la proximidad del autor del Quijote a sectores sociales conflictivos, en este caso el de la sociedad hidalga neo-cristiana de Granada. Y quizas su solidaridad con ellos se expresa a traves del silencio, respetando y cuidando esa dificil situacion de los que podian sentirse descalificados por un abolengo que habia sido honroso. El personaje literario dual--creado por Avellaneda, adoptado por Cervantes--de don Alvaro Tarfe encarna una tesitura vital autentica en el entorno espanol de su tiempo y forma parte de ese entramado en que lo real y lo imaginario se entrecruzan para adentrarnos en un espacio fictivo que encierra una honda verdad.

Hunter College of the City University of New York

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([cruz]) MARIA SOLEDAD CARRASCO URGOITI

(1) Es la siguiente: "Los buenos e ahidalgados con verguenza y loor se incitan mas a las cosas honestas y virtuosas" (Diego Gracian)

(2) Hoy dia crece el apoyo a la atribucion de la obra a Gines de Pasamonte, cuya hostilidad hacia Cervantes tuvo su origen en el destino comun de la vida de soldado, la practica de la escritura y la cautividad. Rivalidades, intrigas del mundillo literario, o simplemente hondas diferencias temperamentales los enfrentaron. Cervantes ridiculizo a Pasamonte introduciendole en el episodio de los galeotes del Quijote [Primera parte] (1605) y otros pasajes del libro. Sobre esta cuestion y la probable autoria remito a Riquer, Martin Jimenez y Percas de Ponseti.

(3) Casos similares aparecen en las paginas 209 y 298. Para este tema remito a mis trabajos incluidos en la bibliografia. Actualmente no puede dudarse de que la realidad social en que se movia Perez de Hita comprendia familias adineradas en diferentes grados de asimilacion, como demuestran diversos estudios monograficos que sintetiza el historiador de los moriscos Bernard Vincent.

(4) Remito en particular a "El morisco Ricote y la hispana razon de estado," 229-335. He tratado de dar cuenta de las variadas interpretaciones del episodio que se han producido posteriormente en los comentarios y bibliografia relativos al capituto II, 54 del Quijote, 1165-65 y Volumen Complementario, 201-06 y 606-10. Sobre las tendecias interpretativas surgidas en la reciente historiografia relativa al problema morisco, remito al estudio preliminar de Joaquin Gil Sanjuan al Tratado acerca delos moriscos deEspana de Pedro de Valencia.

(5) Preste atencion a estos precedentes en "Don Alvaro Tarfe: El personaje morisco de Avellaneda y su variante cervantina." Compendia las interpretaciones de que ha sido objeto el personaje Maria Caterina Ruta, en los comentarios y bibliografia a Quijote, II, 72; II: 237-42 y 657-61.

(6) De ello se trata en la Historia de los bandos, cap. 17, siguiendo la pauta del romance intercalado "Cercada esta Santa Fe," si bien Perez de Hita suprime el nombre del retador, que en cambio figura hasta en el titulo de la temprana comedia de Lope de Vega Los hechos de Garcilaso dela Vega y moro Tarfe. Varios estudios sobre esta materia dramatica pueden encontrarse en mi libro El moro retador y el moro amigo. Tambien se ha ocupado del tema Thomas E. Case, a cuyo trabajo remito al lector. La guerra delos moriscos (Segunda parte de las Guerras civiles de Granada) se termino de escribir segun su autor, en 1597, aunque solo se publico, quizas postumamente, en 1619. Fue editada por Blanchard-Demouge como Segunda Parte de la obra de Perez de Hita, en 1915. Esta edicion, con su introduccion y notas, fue reproducida en facsimil, con estudio preliminar e indices por Joaquin Gil Sanjuan, Granada, Universidad, 1998.

(7) Sobre el sentido de esta conmemoracion, que no dejo de ser polemica, remito al estudio preliminar de Jose Antonio Gonzalez Alcantud a Las fiestas dela toma (1891) de Miguel Garrido Atienza.

(8) Entre otros criticos, destaca la imbricacion de historia y valores dramaticos en esta obra Jose Alcala-Zamora. Remito asimismo a la Introduccion de Manuel Ruiz Lagos a El Tucani dela Alpujarra de Pedro Calderon de la Barca.

(9) Sinonimia que se hace constar en nota en la edicion del Quijote, que cito, II, 72,1317-22.

(10) Protagonista de la novela breve El Abencerraje, que a mediados del siglo XVI inaugura la corriente literaria de la maurofilia.

(11) En "Al margen del Quijote," que forma parte de Al margen delos clasicos (1915).

(12) Se han sucedido aportaciones fundamentales sobre la vida de los moriscos en Manuel Barrios Aguilera, Dario Cabanelas Rodriguez, Louis Cardaillac, Julio Caro Baroja, Antonio Dominguez Ortiz y Bernard Vincent, Angel Galan Sanchez, Mikel de Epalza, Luce Lopez Baralt, Francisco Marquez Villanueva, y Bernard Vincent, cuyas referencias completas el lector puede encontrar en la bibliografia. (13) Las conexiones entre ambos ingenios se documentan plenamente en Bajona Oliveras, y en Carrasco Urgoiti, "Pedro de Padilla en el entorno de la Granada morisca."
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Author:Carrasco Urgoiti, Maria Soledad
Publication:Cervantes: Bulletin of the Cervantes Society of America
Date:Sep 22, 2007
Words:6356
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