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Disyuntiva ideologica del patrimonio cultural ruso.

En los inicios de la Primera Guerra Mundial, en San Petersburgo, rebautizada entonces como Petrogrado, acaecio uno de los exodos de obras de arte mas inusitados de la historia ante la amenaza alemana y la exigencia de salvaguardar los tesoros rusos acumulados por cerca de doscientos anos. Este proceso se acelero tras la abdicacion de Nicolas II y en la etapa del gobierno provisional, ya bajo la administracion de Alexander Kerensky.

Este traslado, por razones obvias, no abarco todo el inventario. En el Palacio de Invierno, que hospedaba al Museo del Hermitage, permanecieron pinturas, esculturas clasicas y modernas, asi como vajillas y cristaleria. Especificamente, los acervos quedaron almacenados en el Kremlin y en el Museo Estatal de Historia, situado entre las plazas Roja y del Manege en Moscu. Las contingencias a las que estuvieron expuestos fueron multiples; a los combates y bombardeos durante la Revolucion de Octubre habria que agregar las reivindicaciones de las provincias rusas. La idea era mas profunda: se trataba de neutralizar la hegemonia cultural mantenida por Petrogrado. La centralizacion de la cultura confrontaba la idea sovietica de crear centros de cultura en todo el territorio nacional.

La solucion de restituirle al Hermitage su acervo obedecio a un razonamiento pragmatico: las localidades rusas carecian de la infraestructura para albergarlo. La decision fue ejecutada vertiginosamente con la participacion de los comisarios de la Guerra, Vladimir Antonov-Ovseienko y Nicolai Vassilievitch Krylenko, y del Pueblo para la Instruccion Publica, Anatoli Lunacharski, en escasos dos dias en noviembre de 1920. En el Hermitage se dio por recibido su acervo el 19 de ese mes en la manana, y siete dias mas tarde la sala dedicada a Rembrandt ya estaba abierta al publico 0acques Mesnil).

El museo multiplico su patrimonio en forma trepidante con las colecciones de Yusupov y Stroganoff, entre otras. La riqueza del principe Felix Yusupov era la segunda mas importante en el imperio ruso despues de la acumulada por los Romanov. Adquirido en Paris, el mobiliario de los apartamentos de la princesa Zinaida Nikolaieva, madre de Yusupov, habia pertenecido a Maria Antonieta; entre las joyas figuraban las famosas perlas reales La Pelegrina y La Regence.

Despues de la abdicacion de Nicolas II Yusupov, su esposa Irina Alexandrovna Romanova, una de las herederas naturales en la sucesion, y su hija Irina Felixovna Yusupova, abandonaron Petrogrado y en su huida dejaron una parte importante de su joyeria y de sus piezas de arte, que fueron requisadas y enviadas al Hermitage.

En su exilio en Francia, los Yusupov conocieron en 1958 al mexicano Victor Contreras, originario del estado de Jalisco y entonces alumno en la escuela de Bellas Artes de Paris. Muy poco tiempo despues, y en un hecho insolito, lo invitaron a hospedarse en su domicilio y terminaron por establecer un profundo vinculo espiritual con el.

Mas sorprendente aun: Contreras, quien era huerfano, fue adoptado de manera formal por los Yusupov. Con el tiempo, el mexicano se convirtio en un escultor de renombre internacional. La princesa Irina, condesa de Cheremetieff, le dejo como legado reliquias, iconos, pinturas y objetos historicos de gran valor. Contreras los guardo celosamente por mas de 60 anos en su casa de la ciudad de Cuemavaca, Morelos.

La legendaria coleccion, compuesta de mas de 250 objetos, fue subastada en la casa parisina Drouon en noviembre de 2004. A decir de Contreras, el remate tuvo como proposito que nuevos coleccionistas rusos pudieran restituir a su pais parte de su patrimonio cultural.

Otra de las magnas colecciones requisadas que ingresaron al Hermitage fue la de Alexander Stroganoff, cuyas obras estan consignadas en un libro escrito en 1800 bajo el titulo Catalogue raisonne des tableaux qui composent la collection du Comte A. de Stroganoff. Los palacios de Yusupov y de Stroganoff fueron preservados y convertidos en museos.

La rivalidad

El regimen bolchevique cambio la capital a Moscu, lo que, lejos de ser un acto revolucionario, obedecio a una estrategia castrense de Lenin. Con la remision de obras de arte al Hermitage, habia que dotar a la capital de museos dignos; uno de los pocos que se asentaban en la capital moscovita era el Rumyantsev, fundado por el conde Nikolai Petrovich Rumyantsev (1754-1826). Para las expectativas bolcheviques, ese recinto resultaba demasiado modesto, asi que los soviets decidieron cerrarlo, lo que finalmente acaecio en 1927.

Moscu tambien albergaba colecciones de arte modernas; destacaban en forma singular las de los industriales Ivan Morozov (1871-1921) y de Sergei Shchukin (1854-1936), ambas grandiosas en pintura impresionista y moderna. De hecho, los dos personajes transformaron sus residencias en museos que permitian la visita del publico.

Para dar una idea de la importancia de estos acervos, Shchukin habia adquirido 14 Monets y un numero importante de cuadros de Gauguin, Cezanne y Van Gogh. Trabo ademas amistad con Matisse, de quien adquirio mas de 37 obras, y fue amigo de Picasso, quien le transfirio alrededor de cincuenta de sus creaciones.

Al inicio de la Primera Guerra Mundial el tesoro de arte de Shchukin se consideraba como uno de los mas importantes en su genero en el mundo. Morozov era mas conservador en sus adquisiciones, aun cuando estas rivalizaban con las de Shchukin. Remitidas inicialmente al Museo Estatal de Arte Occidental, el regimen bolchevique las confisco y en 1948 fueron consignadas al Hermitage y al Pushkin. Estos acervos, sin embargo, quedaron confinados en bodegas, ya que no se ajustaban a la politica cultural de Stalin. No fue sino hasta 1960 cuando fueron expuestas.

El Museo Pushkin seria el predilecto del regimen bolchevique. Fundado en 1912 bajo el nombre de Alejandro III, tuvo un crecimiento extraordinario. Sus colecciones provienen de multiples fuentes: del Hermitage y de los lotes confiscados, entre otras, lo cual explica la variedad y fascinacion que provoca el conjunto, marcado por una decidida vocacion universal.

La memoria colectiva

Es celebre la historia de la reunion que Lunacharski tuvo con la elite artistica de Petrogrado. Asistieron a ella el conde Dmitry Tolstoi, director del Hermitage; el conde Alexei Bobrinskoy, presidente de la Comision de Arqueologia, y los directores del Museo Ruso, anteriormente denominado Alejandro III, asi como artistas independientes.

Lunacharski les comunico que los palacios imperiales y las residencias de la aristocracia se convertirian en museos y cuestiono la torpe decision de Kerensky de instalar el gobierno provisional en el Palacio de Invierno, medida que puso al recinto en el objetivo de los bombardeos y provoco su saqueo el 7 de noviembre de 1917. Declaro que un hecho semejante no debia repetirse jamas y advirtio que no se toleraria la ocupacion de ninguno de los palacios imperiales. La arenga fue rapidamente contradicha por el mismo, quien no dudo en ocupar el palacio imperial de Tsorkoe-Selo.

Para garantizar el acertado manejo de los acervos Lunacharski retuvo a todo el personal que laboraba en los palacios imperiales y residencias de la nobleza y aristocracia rusas y, con una autoridad que se sobreponia a la del soviet local, designo a un equipo de curadores aun cuando varios de ellos no simpatizaban con el nuevo regimen.

Pese a ello, las criticas y resistencias surgieron de inmediato: Natalia Ivanonva Sedova, segunda esposa de Trotski, encargada de ese proyecto, se lamentaba de la falta de personal adecuado que tuviera preparacion y confrontaba constantemente a los curadores, quienes, afirmaba, glorificaban al imperio con una narrativa saturada de nostalgia.

Uno de los principales desafios que enfrento Lunacharski fue hallar la manera de construir la memoria colectiva en tiempos de una turbulencia inmanejable, como fue la que dio origen a la Revolucion de Octubre.

Cultura e identidad nacional

Durante el siglo XIX se desarrollo en Europa la idea del culto a los monumentos, de tal manera que la preservacion de los inmuebles historicos se convirtio muy rapidamente en un elemento trascendente en la formacion de las identidades nacionales. De acuerdo con esta premisa las naciones civilizadas no solo debian poseer monumentos, sino preservarlos. Asi, la capacidad social para apreciar los valores esteticos e historicos se constituia en un sintoma indubitable de civilizacion. .

Estas percepciones fueron interiorizadas por la elite rusa, lo que no fue excepcion en el caso de los bolcheviques, cuyas diferentes comisiones de preservacion participaron en sus inicios de la misma ideologia que sus contrapartes europeas.

Por lo anterior, despues de la Revolucion de Octubre los bolcheviques, lejos de repudiar el pasado en sus varias formas de manifestacion y de rechazar el legado cultural, lo incautaron y lo emplearon como un puntal del nuevo regimen, en tanto la elite tuviera la posibilidad de rehacer la memoria colectiva y la identidad.

No deja de ser paradojico que un regimen cuyo postulado fundamental era la creacion de una nueva sociedad reivindicara de aquella manera el pasado imperial e incluso agregara al componente cultural los monumentos medievales.

La paradoja empero es superficial. Lo relevante es que la politica cultural a partir de la Revolucion de Octubre demostro que las estructuras arquitectonicas se transforman en monumentos historicos para integrarse a la herencia cultural mediante procesos conscientes y deliberados. Asi, la invocacion del nacionalismo, el patriotismo y la nostalgia fue sustituida en el siglo XX por la creacion del culto al monumento.

Un proposito como el descrito permite dar satisfaccion cultural en sociedades heterogeneas, ya que al preservar esa parte del patrimonio puede establecerse un dialogo con las comunidades locales. Al inicio del regimen bolchevique pudo visualizarse con nitidez que la preservacion de los monumentos posibilito introducir una narrativa eclectica entre el postulado innovador y la herencia del imperio. La memoria historica logro asi movilizarse, ser puesta al servicio del nuevo regimen y constituirse en un elemento de cohesion.

Es claro que la interpretacion de la modernidad por parte de Lunacharski, quien en noviembre de 1917 creo en su comisariado el Departamento de Museos y de Preservacion de Monumentos (Glavmusei), no conllevaba la destruccion del pasado. Mas aun, en 1918 Lunacharski prohibio que todo monumento con una antiguedad de mas de 70 anos o considerado de valor historico fuera ocupado o reparado sin la autorizacion previa del Comisariado.

Es evidente que esta politica cultural estuvo sujeta a grandes tensiones; por una parte, se convirtio en mecanismo de propaganda del nuevo regimen, y simultaneamente abrio el espacio a intensas discusiones. La introduccion del analisis cientifico de los monumentos historicos coadyuvo a atemperar estas tensiones, y de alguna forma, en el caso de los monumentos religiosos, tambien contribuyo a restarles la especificidad religiosa que confrontaba a la politica sovietica.

La politica historica y de la memoria colectiva no podian ser reducidas a una conceptualizacion binaria: Occidente y Rusia. El contraste entre ambas regiones habia sido y siguio siendo empleado historicamente por la elite rusa para disenar un marco en el que se pudiera autorrepresentar. El regimen bolchevique suponia que, una vez en el poder, el proletariado no podia permanecer indiferente a la destruccion de los tesoros de arte.

Estas percepciones variaron enormemente y se agudizaron con las purgas estalinistas, en las que la prioridad fue eliminar todo vestigio de la intelligentzia burguesa en las instituciones culturales.

La creacion de una cultura rusa unica y la introduccion de una identidad sovietica tropezo con escollos enormes, especialmente en las republicas de Asia central. La revolucion desde arriba estalinista, la nacionalizacion de bienes y las tentativas de destruccion de las mezquitas se revelaron como una fuente de conflicto constante. Se trato entonces de desproveer a los monumentos de su significado religioso para darles uno secular e historico (Svetlana Gorshenina y Vera Tolz).

Es significativo sin embargo que el regimen bolchevique carecio de la fuerza para crear monumentos historicos propios. De hecho, un proyecto grandioso para reconstruir Moscu acabo siendo abandonado. Lo que resulta claro en cualquier analisis es que, a cien anos de la Revolucion de Octubre, aun se tienen dificultades para discernir entre las tinieblas y la luz...

JORGE SANCHEZ CORDERO *

* Doctor en derecho por la Universidad Pantheon-Assas.
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Author:Sanchez Cordero, Jorge
Publication:Proceso
Date:Oct 29, 2017
Words:2158
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