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Discurso de recepcion de Medalla Rectoral de la profesora Maria Teresa Infante Caffi.

Recibo esta Medalla Rectoral como un honor inmerecido. Leo que ella se concede a miembros de la comunidad universitaria que han realizado acciones y servicios en favor de la Universidad, que han mostrado una especial capacidad y dedicacion o se han destacado en acrecentar el prestigio de la Universidad a nivel nacional o internacional. Es tal vez una senal de que todavia hay camino que recorrer, y que debo tratar de no equivocar la ruta.

Al imaginar esta ceremonia, recorde que en esta misma Casa Central me correspondio decir unas palabras para honrar a la primera persona distinguida con esta Medalla, la entonces Presidenta de Irlanda, Mary Robinson. Al encontrarme en la extrana posicion de ser yo quien recibiria esta distincion, no encontraba los terminos para expresar con la debida coherencia el agradecimiento hacia la Universidad, su Rector y a la directora del Instituto de Estudios Internacionales, por sumar mi nombre al de Alberto van Klaveren, en este acto.

He vivido la Universidad de Chile como un descubrimiento desde que entre a sus aulas, y a partir de ese momento, han transcurrido etapas importantes de formacion y aprendizaje. Nuestras formas de debatir, de apreciar decisiones publicas, de compartir progresos, conflictos y encuentros, las negociaciones internas, elecciones y proyectos, y sobre todo integrar pequenas comunidades que significan formas de vida en el seno de la particular institucionalidad universitaria. Todo ello ha sido parte del tiempo transcurrido.

La Universidad ha sido siempre exigente, lo son los estudiantes, las formas de gobierno, la necesidad de ejercer la tolerancia, y la urgencia de producir, a la espera de una proxima calificacion. Desde este universo, se vive y se debate sobre preocupaciones nacionales, y junto con la libertad, la calidad, y el pluralismo, caracteristicas a las que no renuncio, en la universidad he podido disfrutar del uso del razonamiento, del merito, de las emociones, y, a veces, hasta de desilusiones propias del entorno universitario y humano.

En este espacio, el derecho internacional ha sido y es un eje importante para situar perspectivas claves de la realidad internacional y nacional. Asi se ve, actualmente, en los dificiles procesos de paz de conflictos internos; en la busqueda de la eficacia de los regimenes sobre armas de destruccion masiva; en las dificultades que enfrenta el sistema del comercio internacional; los cambios propuestos a la solucion de controversias entre estados y otras entidades; las dimensiones globales y especificas de la proteccion del medio ambiente; los recursos pesqueros; la cooperacion interestatal en materias juridicas; la lucha contra la impunidad ante crimenes graves, y las cuestiones que suscitan para la jurisdiccion de los estados, entre otros temas. ?Donde tenemos que situarnos? ?que aportamos? ?que esperamos? ?tenemos socios para avanzar ideas y ampliar los consensos? Son las preguntas que me he hecho al abordar los temas nuevos.

Esta vision no surge de un vacio. El derecho internacional ocupo un lugar en los grandes ejercicios diplomaticos del siglo xx, a nivel regional y mundial, y vale la pena examinar lo que se escribia en diversas epocas del siglo pasado, y como nuestro pais consideraba su participacion en esos procesos.

Lejos de estimar el derecho como una esfera ajena a decisiones estrategicas, y desapegado de preocupaciones reales; al contrario, el derecho se entendia como un vehiculo para dar efectividad a intereses especiales y garantizar formas de conducta aceptadas por diversos estados, despues de periodos de incertidumbre y como formas de superar controversias y conflictos.

Pensemos en las largas discusiones sobre las 200 millas de soberania y jurisdiccion, en los debates del entonces llamado nuevo derecho del mar, en la larga generacion de los pactos generales de derechos humanos, y en la acuciante necesidad actual de fortalecer una cultura juridica de la responsabilidad, que es una de las tareas de nuestro tiempo. A veces quisimos saltar etapas y asumir posiciones de ruptura, reconociendo despues que pudo adoptarse otra perspectiva menos costosa.

Quiero decir que la experiencia vivida por nuestro pais al enfrentar distintos casos ante la Corte Internacional de Justicia con paises vecinos, junto a otras controversias que fueron sometidas al arbitraje internacional, y que han tenido fuertes componentes territoriales, no pueden entenderse sin comprender la integridad de las relaciones internacionales y de que manera el lenguaje y las definiciones con alcance juridico pudieron ser relevantes o decisivas para sostener la defensa de nuestro pais.

Los tiempos politicos a veces dificultan la apreciacion de este fenomeno, pero no se puede renunciar a reflexionar y marcar la diferencia que presta una asesoria o plantear un punto de vista en un proceso que puede llegar a impactar en la vida de un pais o de una region. Pienso en al menos dos temas que pude apreciar desde el trabajo de la Cancilleria, donde la sensibilidad juridica pudo asociarse adecuadamente en la generacion de acuerdos: el Acta de Ejecucion de algunas disposiciones pactadas con el Peru en 1929, y que se celebrara en 1999, su reglamento e instrumentos complementarios, y la mirada permanente sobre temas atinentes al libre transito convenido con Bolivia, en circunstancias que requerian sintonizar a actores internos, publicos y privados, peticiones y marcos normativos, respetando el marco juridico internacional. Distintos temas, sensibilidades similares. No siempre es posible alcanzar la necesaria cercania, aunque no debemos renunciar a buscarla.

Por estas razones, creo que la universidad constituye una base fundamental para el despliegue de capacidades que apoyan el discernimiento capaz de distinguir entre los elementos y factores que caracterizan las relaciones internacionales, que no desprecia las formalidades y el contenido del derecho y que avanza mas alla, conociendo la practica internacional, la aplicacion de los tratados internacionales y sus mecanismos de supervision, y la labor de los tribunales internacionales, entre otros.

Concluyo afirmando que la Universidad continua siendo una fuente de inspiracion en las labores que realizo en el Ministerio de Relaciones Exteriores, ahora como Embajadora ante los Paises Bajos. Y por cierto, el apoyo de las autoridades del Ministerio, desde que iniciara una colaboracion permanente cuando era ministro Jose Miguel Insulza, hasta la fecha, donde he podido trabajar con valiosos ministros y ministras, junto a subsecretarios y subsecretarias, apreciando sus capacidades de reflexion y distintas preferencias y estilos. A ellos sumo la relacion dialogada con los agentes que Chile ha designado para actuar en La Haya, y la renovacion de las confianzas que ha significado trabajar junto a ellos.

Son anos que han entregado insustituibles conocimientos, valoraciones personales, aprendizajes sobre culturas juridicas, afectos y preguntas que dejan imagenes y huellas que no se borran. La lealtad que merecen las personas con las que he andado esta ruta, constituye un norte en mi vida actual, lejos del pais.

La vocacion academica se despliega en medio de incertidumbres. Asi es tambien la realidad internacional. En ese ambito, la confianza, la excelencia y el respeto a las personas, sin distinciones de rango, ocupan siempre el primer lugar y la Universidad tiene alli un rol principal.

Gracias por esta Medalla que me ha obligado a reflexionar ante ustedes. Gracias ademas por compartirla con el profesor Alberto van Klaveren, cuya trayectoria cumple con los meritos exigidos por la Medalla Rectoral y es ejemplo de servicio y valor.
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Publication:Estudios Internacionales
Date:Jan 1, 2019
Words:1269
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