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Desde el conflicto: epistemologia y politica en las etnografias feministas/Based within Conflict: Epistemology and Politics in Feminist Ethnography/A partir do conflito: epistemologia e politica nas etnografias feministas.

Politica desde el encuentro
Yo tranquilice a mis padres, les dije: "tranquilos que yo vengo
enseguida, que no he hecho nada". Supongo que tendria miedo de irme con
no se cuantos, si doce, dieciseis o diecisiete, hombres. Estaban de
paisano. Hombres. O sea... Gritando. Bajando las escaleras con las
manos esposadas, y yo decia: "pero si yo no he hecho nada". (Entrevista
a Arantza (1), Guipuzcoa febrero de 2017)


Transcribo y lloro lo que no llore cuando la entrevistada me conto ese momento en que la policia entro a detenerla en su casa familiar. Anticipo la imagen de esos hombres, lo que esa imagen significa para ella y lo que vendra despues: la tortura que sufrio en esa detencion hecha por hombres que actuan sobre un cuerpo feminizado. De nuevo, se me genera un agradecimiento hacia la entrevistada, por esa apertura, por mostrarme y compartir sus sentimientos. Esto es parte de mi investigacion, de la etnografia que realizo como tesis doctoral. Pero es tambien politica. Ese dia de la transcripcion era el 8 de marzo de 2018, cuando el feminismo inundo las calles en todo el mundo. En Madrid, en el Pais Vasco, en esos lugares en los que me encantaria estar con mis companeras, disfrutar el placer de estar juntas, sentir los cantos de las otras mientras retumban en una. No puedo estar alli y en la ciudad inglesa en la que vivo apenas hay convocatoria. Sin embargo, transcribir esta entrevista me conecta con el feminismo de mi dia a dia, que es parte de mi actual proceso de investigacion, de la practica antropologica que entiendo como practica politica, que se desarrolla en una relacion a traves del encuentro, de conversaciones multiples, desde la palabra hablada, desde la palabra escrita, desde el cuerpo, desde el sentir.

Mi investigacion doctoral analiza el proceso sociopolitico en el Pais Vasco desde 2011, momento del alto el fuego de ETA (acronimo en euskera para "Euskadi Ta Askatasuna" [Pais Vasco y libertad]). Entender distintas conceptualizaciones sobre violencia, conflicto, paz o reconciliacion es parte de mis preguntas de investigacion en un territorio marcado por mas de cuarenta anos de violencia armada. Para ello, desarrolle mi trabajo de campo entre 2016 y 2017. Durante casi un ano, estuve con grupos y personas de diversas posiciones ideologicas, que sostienen distintas posturas en relacion a este proceso. Realice observacion participante con iniciativas que trabajan para promover lo que se ha conceptualizado como "reconstruccion de la convivencia". Tambien me acerque a los grupos que consideran que el alto el fuego no ha conllevado al fin de la violencia, principalmente aquellos formados por victimas de ETA y aquellos de familiares de presos y presas vascas.

Desde el diseno de la investigacion decidi que las entrevistadas serian mujeres. Esta decision se basaba en la falta de visibilidad que tienen las mujeres en situaciones de violencia armada y en procesos de paz (De la Rey y McKay 2006; Hinton et al. 2008; Nkuuhe 2013), y en la necesidad de incorporar la perspectiva de genero en procesos de reconciliacion y justicia transicional (Alison 2009; Bell y O'Rourke 2007; Melandri 2009; Mendia Azkue 2012; Porter 2007; Sorensen 1998; Strickland y Duvvury 2003). Entrevistar a mujeres es parte de la metodologia y mi aporte a la cada vez mas emergente literatura academica sobre violencia armada, construccion de paz y feminismo (Cheldelin y Eliatamby 2011; Cohn, Cooke y Woollacott 1993; Giles, Alwis y Klein 2003; Lorentzen y Turpin 1998; Mendia Azkue, Guzman Orellana y Zirion 2012; Moser y Clark 2001 ; Wibben 2016) (2). La decision de entrevistar a mujeres es tambien parte del placer y la practica politica de la conversacion y el encuentro.

La violencia epistemologica desvelada por autoras como Spivak (1988) o Segato (2016) se produce desde una mirada androcentrica y colonial que margina determinadas voces, con exclusiones marcadas por los sistemas de genero y raza y por hegemonias politicas, economicas, culturales y cientificas (3). Cuando regreso a la Universidad de Brighton tras mi trabajo de campo, reflexiono sobre la importancia de haber elegido a mujeres para las entrevistas. Rememoro uno de los dias en San Sebastian, cuando tras salir de la jornada de trabajo para encontrarme con una amiga, atravieso una plaza tomada por ninos que juegan futbol. Sucede que en ese momento revivo las sensaciones del patio de mi colegio, cuando tenia que pasar rapido para que los ninos y su balon no me golpearan. Me siento de nuevo debil, vulnerable. Los ninos en el centro y las ninas sortean la situacion y se adaptan a su dinamica. Y entonces conecto con mi deseo en relacion a esta investigacion. Alli no quiero adaptarme a la centralidad de la norma que se suele asociar con lo masculino y que desplaza y margina las distintas formas de vulnerabilidad. No quiero tener que mostrarme fuerte para cruzar la plaza, sino reivindicar la vulnerabilidad. Quiero conectar con aquellas que no estan en el centro de ese patio o de esa plaza. Escuchar con atencion y profundidad, abierta a la sorpresa, como plantea Cynthia Enloe al reivindicar la curiosidad feminista que nos lleva a tomar en serio las vidas de las mujeres (2004, 3). Voces que me interesan (4) y que se incorporan como apuesta metodologica, porque sin esas voces el proceso sociopolitico, el patio de juego, seguiria marcado por las voces hegemonicas, las visibles, las que se pasan el balon hasta meter gol.

La entrevista abre un espacio de encuentro, que cuestiona y genera conocimiento desde un lugar que desplaza o reubica a quienes suelen ser el centro. El patio de juego se reconfigura, la vulnerabilidad no nos deja apartadas, los diversos lugares de enunciacion no miran exclusivamente hacia un solo espacio ni hacia unos unicos protagonistas. Las historias narradas permiten ampliar el significado de lo que supone un conflicto violento, de como este se entrelaza con los cuerpos, con las emociones, las sexualidades, las relaciones, tal como muestran algunos de los ejemplos que expongo en las siguientes lineas. Historias que se dan fuera de los espacios considerados "importantes": las reuniones de trabajo, las conferencias, el escenario mediatico o incluso el generado por la luz verde de una grabadora activada.

En muchas situaciones, lo no registrado en la grabadora es revelador para entender experiencias que amplian los significados del conflicto armado y de la violencia. Izaskun, antes de llegar a la cafeteria en la que hemos quedado para hablar sobre su percepcion del conflicto armado, me cuenta sobre su salud, de como vive su enfermedad que considera conectada con su prolongada e intensa militancia politica. Cuando salimos de la cafeteria comenta su relacion con su pareja, anos huidos y anos presos, de como su relacion se ha construido al pensar en el bienestar de ambos y al romper estereotipos victimizadores y desempoderadores que situan a las mujeres como sometidas a un hombre al que se le asigna una imagen heroica (5). Otra entrevistada, Amaia, se asegura al terminar la entrevista de que lo que me interesa sean las experiencias en concreto como mujeres y entonces me revela algo de lo que hasta hace poco ella ha sido consciente: como la tortura que sufrio supuso una violencia extrema hacia su cuerpo, su placer y su sexualidad, la parte mas intima de si. Entonces hablamos de que la tortura, en un sistema marcado por la dominacion de los hombres sobre las mujeres, deberia entenderse siempre como violencia sexual independientemente de las formas de tortura utilizadas.

En el dia de mi despedida, tras tomar algo con la gente de uno de los grupos en los que he participado activamente durante meses, Marisa me lleva a casa. Es entonces cuando me comenta de pasada que tuvo que irse por varios anos del Pais Vasco: no fue a causa del conflicto armado, sino por la violencia que sufria por parte de su marido. Una violencia que no menciono en la entrevista. Antes de encender la grabadora, otra entrevistada, Cristina, esta insegura sobre aportar algo a mi investigacion. La misma sensacion me transmiten Miren y Patricia. Consideran que ellas no han tenido las mismas vivencias que los "otros", principalmente los hombres con quienes comparten espacios, porque esos otros han sido visibles en la politica por medio de los partidos politicos y sus comentarios en las reuniones se apoyan en datos historicos, en leyes y en su "participacion directa" en el conflicto.

Los espacios de conversacion que se crean durante el proceso etnografico permiten recuperar experiencias, afirmarlas y reflexionarlas, sin necesidad de fechas historicas o de citar renombrados autores como condicion para ser escuchada. Dias despues de la entrevista, Cristina me manda un correo electronico donde se disculpa por si su aporte fue un monologo de poca utilidad, mientras que comenta que "hay muchisimas cosas que podria haberte dicho, muchas que se quedaron en el tintero y que, al no ser ya habituales, se olvidan". Espacios multiples de encuentro. Conversaciones desarrolladas en la casa de la entrevistada, en paseos por la calle o en el refugio de intimidad en que se puede tornar un automovil. Espacios que desdibujan los limites de lo publico y lo privado, donde la intimidad y la expresion toman distintas formas. Espacios para la politica de la relacion, donde la singularidad aparece en la interaccion y, como afirma Cavarero, es "el unico espacio que merece el nombre de politica" (2014, 57).

La conversacion, que es politica y epistemologica, tambien se da en el espacio de la palabra escrita. La escritura de distintas autoras me ayuda al analisis y a encontrar la voz propia. El diario de Yoyes (6) (Garmendia Lasa et al. 2009) me acompana durante varias noches del trabajo de campo. Ella escribe sobre sus anos en el exilio tras la salida de ETA, su experiencia universitaria en Mexico, y alli comenta la necesidad de "encontrar un estilo sin negarme" cuando navega a traves de los tonos "frios" requeridos en el lenguaje de su disciplina sociologica. El libro esta garabateado en los margenes con mis exclamaciones por la cercania que encuentro en sus reflexiones y su modo de expresarlas. Me hace pensarme, entender los puntos en comun en el marco del sistema de genero. Tras el trabajo de campo, al retomar mi escritura de la tesis, la busqueda de mi voz y de entender el proceso de investigacion encuentra dialogo con los trabajos sobre metodologia feminista. En su lectura, algunas palabras se me antojan meros caracteres tipograficos, mientras otras resuenan en mi y en esos momentos apunto el placer de esta relacion:
La inspiracion es tan bella, incluso cuando puede no llevar a nada mas
que a la expresion momentanea de mi misma. Inspirada por una autora,
por unas lineas que conectan una autora con otra, que conectan con
reflexiones de conversaciones con gente a la que he dado o doy ahora
autoridad, y pongo a todas ellas en mi vida, en mi pensar, en mi
busqueda. (Reflexiones personales tras la lectura de Haraway 1995)


La etnografia, tanto en el campo como en la escritura, es similar al "tanteo en la oscuridad" al que se refiere Maria Lugones (2003) en la busqueda de significados. Una practica que ilumina y que Audre Lorde (1984) llama poesia, que nace de entender nuestros deseos, de reconocer y abrigar lo que sentimos y de expresarlo con la potencia transformadora de palabras no dichas de la creacion. Chispas que nacen del encuentro, de las relaciones que se dan con las personas que forman parte de nuestro dia a dia en el campo y con aquellas con las que compartimos conversaciones en la universidad, en casa o en un centro comunitario. Las conversaciones se generan tambien a partir de lecturas que me ayudan a trazar genealogias de mujeres y feministas (por ejemplo, el trabajo de tantas antropologas que descubro en el libro Women Writing Culture de Behar y Gordon [1995]). Como plantea Sara Ahmed "como feministas, necesitamos encontrar modos para no reproducir la gramatica patriarcal" (2017, 4). En esa busqueda, todas estas conversaciones llevan a descubrir diversos recorridos, quizas llenos de tropezones, con avances y retrocesos, atajos y desvios, al practicar la politica feminista en el caminar.

Reconocer y abrir el conflicto

Las relaciones que encontramos en el campo generan conflictos. Asi mismo, la escritura esta repleta de conflictos. En el desarrollo de las entrevistas cuestiono mi capacidad como investigadora en relacion con ese tan idealizado concepto de la empatia (problematizado por distintas autoras como Hamilton [2008] y Cavarero [2014]), a veces por no sentirla, otras por sentir demasiada. Tomo notas en mi diario personal sobre situaciones en las que mi cuerpo me dice que me siento comoda cuando escucho y estoy con algunas personas, mientras que con otras me agoto. Anoto los miedos que siento de caer enferma de nuevo porque me excedo en eventos, por la tension que surge de decepcionar a aquellas personas que me abren sus espacios o porque mis contradicciones ideologicas me inestabilizan. Reconocer lo que siento, desde mi cuerpo, me da la oportunidad de analizar mis multiples puntos de partida y mi relacion con el campo, de poder comprender la parcialidad de lo que manejare como "datos" y de las consecuentes reflexiones que ofrecere en mi tesis.

Judith Stacey (1991) plantea que el aspecto de explotacion, que yo llamaria de extraccion (7), es inevitable en la etnografia, tanto en las relaciones en el campo como en la produccion. Abrir este conflicto es importante y tambien lo es el de reconocer las relaciones de poder que se generan y que no siempre son unidireccionales, reconocer los privilegios que tenemos incorporados y como se pueden manifestar en las distintas etapas etnograficas. La reflexividad se ha convertido en parte esencial de la etnografia y de la literatura antropologica (ver Crang y Cook 1995; Gubrium y Krista 2013; Kondo 1990; Narayan 1993) y conecta con las criticas planteadas desde la critica feminista sobre la construccion de conocimiento que son especialmente prominentes en las decadas de 1980 y 1990, cuando las etnografas se planteaban la escritura "de otro modo", desde otro lugar, "en contra o incluso fuera de la verdad paternalista, de la razon, del deseo falico" (Tedlock 1995, 275). Para Abu-Lughod (1990), Fonow y Cook (1991), Haraway (1995) o Harding (1987) la objetividad de un metodo cientifico distante y neutral es cuestionada y se aboga por explicitar la parcialidad y la posicionalidad. Abrir el conflicto como forma de hacerse responsable sobre lo que investigamos y como lo transmitimos, mostrar la duda y la contradiccion: "el yo dividido y contradictorio es el que puede interrogar los posicionamentos y ser tenido como responsable" (Haraway 1995, 331).

Mi posicion, ese lugar de enunciacion, se entrelaza con lugares de privilegio, con distintas posiciones sociales que, como plantea Naples, "no se limitan a genero, raza, etnia, clase, cultura o lugar de residencia" e influyen en nuestras preguntas de investigacion, en la seleccion de grupos y personas entrevistadas, en como damos sentido a nuestra experiencia etnografica y en como analizamos y mostramos los hallazgos en el proceso (2003, 197). ?Por que entre todos los datos recogidos selecciono unos y no otros? ?Que me mueve en esa mirada que recorre mis notas y las transcripciones de las entrevistas? ?Como "traduzco" esas practicas y visiones de la realidad? ?Me apropio de ellas en el proceso de entenderlas y mostrarlas? En esa dificultad de no apropiacion y de entendimiento, es importante poder detectar los filtros en mi relacion que me situan con esas voces. Nuestra mirada esta cargada de esas posiciones de poder, imbuida en determinados marcos de conocimiento. Es el reconocimiento de la "violencia implicita en nuestras practicas visualizadoras" desde donde Haraway se pregunta: "?con la sangre de quien se crearon mis ojos?" (1995, 330). La reflexividad feminista plantea que no solo se trata de criticar los marcos universales, coherentes, que silencian voces o producen la invisibilidad de ciertas personas, sino que podamos tambien ser "complices en reproducir nuestros propios (violentos) y limitadores marcos de conocimiento" (Eriksson y Stern 2016, 134).

No es facil repensar las dimensiones de las relaciones de poder, y la apertura en el trabajo de campo puede dar pistas para estar mas alerta cuando los conflictos se presentan y se acogen. El poder se performa y las multiples capas de las posiciones sociales son complejas y estan en transito. Las relaciones de poder varian segun el contexto y dependen de los sujetos en interaccion, el espacio en el que se da el encuentro y el contexto historico y sociologico. El lugar que ocupo en relacion a mi estatus economico no es el mismo en Brighton que el de mi reciente visita a Ciudad Bolivar en Bogota. El color de mi piel tampoco es igual en esos dos territorios: en el ingles, mi tono de piel ligeramente tostado indica que provengo de un "sur" del que llegan cada vez mas migrantes en un lugar que batalla por cerrar fronteras, mientras que en el territorio colombiano, mi piel muestra una blancura europea facilmente asociable a una historia de colonialismo. El lugar donde creci, que se inserta en una determinada estructura de Estado-nacion, no tiene la misma relevancia cuando estoy en el Pais Vasco o en Londres.

En conversaciones durante el trabajo de campo, pude entender que mis privilegios son mas grandes de lo que pensaba por haber nacido en Madrid, por ejemplo, el hecho de que se me haya permitido y facilitado el desarrollarme en mi lengua nativa. Por otro lado, la escritura de la etnografia la tengo que desarrollar en otra lengua, debido a estructuras de poder marcadas por la economia capitalista globalizada. Todos estos contextos, privilegios y opresiones, tambien juegan un papel diferente cuando se es mujer de una determinada area del mundo. Ser critica con nuestra posicion en todas estas multiples capas y ser conscientes de los conflictos intrinsecos en las relaciones en que podamos ejercer una violencia sin reconocerla es parte de "ejercer una reflexividad genuina" que "no deberia ser facil. Ni comodo" (Enloe 2016, 258).

Las relaciones en el campo y la alerta sobre la violencia que podemos ejercer sobre ellas continuan en la escritura, incluso con mayor fuerza. Stacey comenta que la "desigualdad, explotacion e incluso traicion son parte endemica de la etnografia" y senala que, mas que el proceso etnografico de campo, la etnografia publicada es la que representa una intervencion en las vidas de esas personas con las que trabajamos (Stacey 1991, 114). Los conflictos estan por tanto muy presentes en la fase de escritura y de publicacion. Por un lado, por el vertigo que supone el exponernos a lo que escribimos y la inquietud respecto a las posibles reacciones de aquellas con quienes hemos establecido relacion en el campo. Por otra parte, por el cuestionamiento sobre como escribir de un modo que respete y cuide a esas personas. Incluso cuando bajo el anonimato no sean reconocibles, me pregunto de que modo las afectara sentirse en esas palabras que se hacen material difundible.

Alertas sin soluciones claras durante el aprendizaje y la experimentacion constante que supone el estar en relacion y en la etnografia en si. Alertas que parten del reconocimiento del conflicto. En contextos como el de mi investigacion (mal denominados como "post-conflicto"), el conflicto tiene connotaciones negativas porque su resolucion se asocia con violencia. Sin embargo, el o los conflicto(s) son parte de la vida y de las relaciones humanas. En el analisis de procesos de paz y reconciliacion, hay posturas que reafirman el valor del conflicto "como parte de la condicion ontologica de la vida politica" (Little 2012, 67). El conflicto visto como creativo y transformador que modifica a quienes lo abren desde la escucha. Abrir los conflictos implica reconocer la vulnerabilidad y la imposibilidad de los cierres. Asumir el conflicto implica no acallarlo, ni curarlo, ni circunscribirlo, al contrario, se intentara "que quede abierto, circulante, practicable, no destructivo [...] dejando asi fuera de combate los fantasmas de una presunta, mortal omnipotencia que, en realidad, nadie posee" (Milan 1996, 10).

Vulnerabilidad como continuo

En los distintos momentos etnograficos, la vulnerabilidad aparece tambien como un continuo y como una potencia desde la cual reflexionar. Esta potencia me costo verla durante el trabajo de campo y aun me cuesta encontrarla en muchas ocasiones en las que se me torna como debilidad, incapacidad, escasez de valor. El valor hegemonico se asocia con planteamientos firmes y categoricos. En mis primeros momentos en asambleas de colectivos sociales, al juntarme con otras mujeres, nos planteamos que no queriamos que nos dominara o nos acobardara esa forma de debatir y nos quisimos dar "permiso" para contradecirnos, para desarrollar propuestas desde la apertura a otros planteamientos y no desde el temor al juicio que llegaria en la siguiente toma de palabra. Sin embargo, de vez en cuando se instalan en mi esas voces categoricas que criticaba. El sentirme desestabilizada durante el trabajo de campo me hacia sentirme poco competente, poco valida en mi posicion politica y como investigadora. En mi diario de campo incluyo anotaciones en este sentido:
Igual me esta revolviendo todo mas de lo que pienso. Aparte de mis
inseguridades, de hoy leer el informe que he enviado y verlo como sin
sustancia, el situarme en esto, mis contradicciones, [...] escuchar a
la otra parte y ver la importancia de esa parte... el revoltijo, mi
propio desafio de no querer perder como yo pienso, pero a la vez querer
entender lo otro... [...] me remueve, y me desubica como yo, como el
donde me situo. Y pienso que la ideologia politica a veces se me va y
que me desanclo. (Diario personal de campo, 27 de abril de 2017)


El campo esta en nuestros cuerpos, no es un lugar del que se pueda salir y entrar, contrario a la nocion "masculinista" que interpreta el campo como un espacio-tiempo de un "otro" que puede ser "instrumentalmente penetrado y evacuado" (Berry et al. 2017, 540). La dificultad de ruptura de mis propias percepciones dicotomicas y todo lo que eso me remueve, me hace preguntarme por los desajustes emocionales y efectos en las relaciones en el contexto que analizo. Empiezo a ser consciente de la vulnerabilidad transformada en potencia cuando leo a Behar (1996) y a Esteban (2016). Esa vulnerabilidad me ayuda a reflexionar sobre mi objeto de estudio a partir de esas contradicciones, lo que conecta con lo que se ha definido como "metodos vulnerables":
[L]o que esta en el corazon de los metodos vulnerables y la escritura
vulnerable son las preguntas constantes sobre lo que inquieta, sobre
las relaciones con lo desconocido y extrano, y sobre el borrado de las
complejidades de la subjetividad cuando los individuos y los cuerpos y
sus acciones no encajan o se adhieren a temas coherentes del
conocimiento. Esta incertidumbre inestable del proceso de
investigacion, en lugar de excluir una mayor comprension, proporciona
espacio para nuevas formas de desconocimiento y continuos intentos de
comprender las historias de los demas. (Page 2017, 20)


Intento entender la contestacion en torno al proceso que se vive en el Pais Vasco y, en ese intentar entender, mi cuerpo se transforma tambien en lugar de contestacion, de cruce de emociones y de conflicto. Mi cuerpo se incomoda cuando la otredad que analizo la siento incorporada: cuando percibo como una "otra" a quien me abre sus experiencias cuando la escucha vulnerable de sus vivencias me desplaza hacia marcos dicotomicos de lo que concibo como bueno/malo o justo/injusto y me enfrenta a reconocer violencias que habia dejado de nombrar como tal, o cuando me preocupa que me consideren como una "otra" por las repercusiones que pueda tener en la entrevistada y en mi. Las incomodidades y los desplazamientos me enferman en distintas ocasiones, pero me plantean elementos de reflexion. Me pregunto como se puede dar la apertura a la otredad que permita el conocimiento de distintas violencias, que motivaciones y obstaculos estan presentes en esos encuentros y las formas inesperadas que estos adoptan. Indago sobre la dificultad de lidiar con desplazamientos identitarios cuando esas identidades se han forjado sobre determinadas conceptualizaciones y vivencias de violencia, y cuando el cuestionarse no es una opcion sino que se percibe como una imposicion. Reflexiono sobre las exclusiones que conlleva la temporalidad fija de un proceso de paz, mientras miedos e incomodidades continuan en los cuerpos que se ven aun marcados por la otredad.

Dejar la inmersion en el campo no significa que la vulnerabilidad llegue a su fin. Permanece en el analisis y en el proceso de escritura. Tal como plantean las academicas feministas, no existe un mapa que seguir cuando llevamos a cabo la investigacion (Behar 1996, 35), no hay una ruta preexistente (Gunaratnam y Hamilton 2016, 5). En el viaje no hay un metodo correcto ni una unica "metodologia feminista" (Tickner 2005, 3). La incertidumbre que conlleva es parte de la vulnerabilidad de la investigadora. La distancia analitica requerida puede correr el riesgo de adoptar una posicion de superioridad sobre aquellas personas cuyas vidas manejamos en la produccion de la etnografia, cuando se teoriza desde la oficina academica sobre lo que las personas experimentan y sienten. El proceso analitico puede consistir en buscar (o incluso crear) la coherencia en las narrativas de esas vidas para cerrar la inquietud y dar mejores argumentos academicos. Sin embargo, las vidas nunca son coherentes, son contradictorias y fluidas. Hacer frente a las incertidumbres y a la vulnerabilidad durante y despues del trabajo de campo es una fortaleza y un esfuerzo necesario cuando queremos desarrollar la reflexividad, la critica y la responsabilidad en la construccion del conocimiento.

La vulnerabilidad en la escritura requiere manejar esa apertura e incertidumbre y lidiar con las inseguridades que aparecen al encontrarnos con las constricciones del lenguaje o de nuestro propio fluir. En el inicio de la escritura de este articulo, me planteo todo lo que querria expresar, el placer de tener un espacio en el cual pensar sobre la politica del trabajo etnografico. Pero llega el momento de traducir los sentimientos y las ideas en lenguaje escrito, en un lenguaje formalizado. Me enredo. Aparece la auto-exigencia, la inseguridad, las presiones de los tiempos. El placer se diluye e intento volverlo a encontrar. Descubrir ese erotismo del que hablaba Audre Lorde (1984), refiriendose al placer que esta mas alla de la alcoba, el que encontramos en nuestro hacer cotidiano. La frustracion incluso se convierte en placer como forma de reflexion, porque el acto de reflexionar, sobre todo cuando fluyo, si me conecta con lo erotico. Pero llega la tension del tiempo, de acabar pronto porque aun me queda mucho que escribir de la tesis, queda mucho por analizar de las notas de campo y las entrevistas. Debo entregar los capitulos pronto porque se me acaba la beca y surge el miedo a no tener mas tiempo completo dedicado a la escritura; la tension de la precariedad academica que me hace estar a la carrera en momentos que podria disfrutar. Fustigarme por ello, por no saber controlar estas emociones, por no saber derivar todo al placer... Reprocharme porque un dia no duermo y no puedo producir al dia siguiente. Cuestionarme el hecho de escribir de forma tan personal que no quiero que se transforme todo en reflexion sobre mi. Y no estoy usando la estructura formal de los parrafos. Aparto entonces estas lineas que me resultan tan solo un informal desahogo del contenido del articulo. Pero en los borradores finales lo recupero. Al releerlo, considero que puede ser un ejemplo de las tensiones que encontramos, de nuestra vulnerabilidad, y siento que en la expresion de las emociones se puede conectar con otras y generar reflexiones conjuntas que nos abren caminos de aprendizajes.

Aperturas transformadoras

Abrir los conflictos implica tomar responsabilidad en ellos y aprender a manejarlos sin violencia, se vuelve una forma de generar conocimiento y de desplazar la violencia. Son conflictos desde los que se nombran las violencias que se imponen a partir de aproximaciones metodologicas que ignoran, clasifican o se apropian de voces denominadas como "otras" y nos alertan sobre ello en nuestra practica. Asi mismo, es transformador el reconocimiento de que nuestros cuerpos son vulnerables y de que nuestro trabajo cientifico toma como punto de partida la vulnerabilidad. Implica desafiar una concepcion del mundo basada en la construccion del individuo auto-suficiente, que solo tiene que cuidarse a si mismo y sus preocupaciones estan en el competir con otros a traves de la fuerza y la violencia. Una falacia que se sostiene sobre la explotacion de multiples "otros" y "otras": del no reconocimiento de quienes ejercen cuidados cotidianos, de la distribucion geopolitica de la mano de obra y de la explotacion de la naturaleza. Ser consciente de la vulnerabilidad desde el cuerpo, descentra el pensamiento imperante basado en la abstraccion. Pensar y mirar desde lo corporal lleva a encontrar lenguajes fuera de las logicas de opresion y de las categorias occidentales y a producir encuentros, comunidad y resistencias (Icaza y Vazquez 2016).

Al reconocer que el conflicto es inherente a la vida, se nos alerta sobre intentos de silenciamiento que pueden partir de practicas violentas. No mostrar los conflictos que aparecen con otras personas o conmigo misma, como parte del trabajo de campo, puede mostrar que mi practica investigadora tiene todo bajo control y volveria a reproducir la violencia epistemologica que desde el feminismo academico se ha denunciado. La violencia de la racionalidad moderna que impone una forma de mirada masculina como universal, desde la omnipotencia, el ocultamiento y bajo una supuesta objetividad. Frente a ello, la ciencia se convierte "en el modelo paradigmatico no de lo cerrado, sino de lo que es contestable y contestado" (Haraway 1995, 338). Ciencia contestada por otras personas de la academia, tambien por quienes han sido parte del trabajo de campo, por quienes nos puedan leer en medios que resulten accesibles o puedan asistir a charlas o eventos en espacios mas alla de las conferencias academicas, donde los conflictos puedan conversarse, crecer y mantener el conocimiento en circulacion. La etnografia se entiende entonces como un proceso no encerrado en conclusiones grandilocuentes, sino abierto al encuentro, al conflicto y a la vulnerabilidad. Un proceso que, como la vida, es continuo y tiene aproximaciones o tanteos, que habla de fluidez y de la imposibilidad de cierres.

El planteamiento del conflicto y la vulnerabilidad en nuestros cuerpos tambien lleva a cuestionar el marco en el que se produce conocimiento desde la disciplina, el marco academico y la estructura economico-politica en la que se inserta. La antropologia, como apunta Behar (1996), se basa en la vulnerabilidad, a la vez que no es reconocida. Los metodos etnograficos impulsan a la investigadora a estar abierta a lo inesperado en su llegada al campo y valorar la incertidumbre como forma de recoger datos. Sin embargo, en la distancia antropologica requerida en el analisis, lo que se plantea es llegar a conclusiones, cerrar ese desasosiego de la duda, del "tanteo en la oscuridad". El valor se ubica en generar argumentos que provoquen aplausos o en la aceptacion de publicar en revistas bien situadas en el ranking academico.

Reconocer la vulnerabilidad como parte del proceso etnografico abre a continuidades y a la incoherencia que son las vidas, al plantearse no tanto metas, sino lugares en los cuales detenerse a pensar en conversacion. Una importante dificultad es lidiar con esa apertura cuando la materialidad de la revista o de la tesis impone un fin y cuando la estructura academica presiona hacia una forma de productividad donde las continuidades no tienen apenas cabida. Hay que producir, publicar, mostrar argumentos innovadores en el menor tiempo posible. Las conversaciones requieren tiempo y espacio, pero apenas los hay. Paneles en conferencias con cuatro o cinco personas, diez minutos cada una, apenas dos o tres preguntas y pasamos a otro panel, esto sin contar que se nos ha escapado otro interesante panel de los cinco que habia en paralelo, con presentaciones que marcan una casilla mas en el curriculum vitae. Es estar y producir en un espacio academico que ignora los cuerpos y con ello la vulnerabilidad (Icaza 2017).

Reconocer la vulnerabilidad esta inevitablemente unido a pensar desde el cuerpo y las emociones. Nos lleva a plantearnos como generar redes de apoyo para cuidarnos y demandar lo que necesitamos para nuestro bienestar. El vertigo que nos provoca la apertura al conflicto, exponernos a no gustar, el cuestionarnos constantemente los cuidados en las relaciones que iniciamos en el campo. Todo es parte de la vulnerabilidad que provoca cansancio. Abrir conflictos agota. En ese proceso igual nuestros cuerpos se resienten y necesitamos apoyos que podemos encontrar en otras academicas, en sus textos o alrededor de una mesa, en las reuniones con directores y directoras de tesis o en los pasillos de las conferencias. Apoyo que llega a traves de relaciones de amistad, familiares o de companeras de piso. El apoyo en infraestructuras, en tener espacios de trabajo dignos donde desarrollarnos, un sosten economico y social que nos permita estar saludables, un sistema educativo no basado en el mercado y la productividad, una vivienda accesible. Apoyos necesarios y que deben ser reivindicados.

Al reflexionar desde el cuerpo sobre los tiempos y formatos impuestos por la productividad academica, nos hace cuestionar si las etnografias feministas son posibles en la academia, e incluso dentro de los modos de produccion del sistema capitalista en que se insertan. La logica de acumulacion de capital es incompatible con la sostenibilidad de la vida, tal como plantea la propuesta de una "economia feminista de la ruptura" de Amaia Perez Orozco (2014). Para esta autora, la constatacion de este conflicto irresoluble "vuelve quimerico el intento de lograr la igualdad sin una transformacion radical del sistema" (2014, 49). En esta misma linea, cabe plantearse si no es una quimera hacer politica que queremos transformadora (y con ello una etnografia feminista) en un sistema donde la educacion esta mercantilizada, donde la investigacion atiende a ritmos de productividad dentro de una estructura en la que el beneficio economico esta en el centro y a los cuales estan impregnados nuestros modos de investigacion y de relacion. La discusion sobre de que modo no cometer violencia en nuestro trabajo, desde el deseo de aportar a la transformacion social y responsabilizarnos sobre nuestras acciones, pasa tambien por remarcar la violencia que es parte del sistema academico y del marco capitalista y heteropatriarcal en que se inserta. Frente a ello, se abre el debate sobre como establecer las condiciones de posibilidad a las etnografias que querriamos realizar, disfrutar o experimentar a traves del compartir reflexiones, de conversaciones multiples, colectivas, subversivas.

El no cierre de una conclusion

La larga tradicion de feministas que han puesto en el centro el cuerpo y la emocion, al romper la dicotomia cartesiana de razon/mente versus emocion/cuerpo, posibilita una exploracion como la llevada a cabo en este articulo (Federici 2004; Fonow y Cook 2005; Lorde 1984; entre muchas otras). Una parte fundamental de lo que para mi significa el feminismo es esta expresion desde el cuerpo y las emociones, y el potencial que desde ahi surge para abrir conversaciones donde la duda, la vulnerabilidad, las inseguridades y las contradicciones se muestran y nos hacen entender y entendernos.

Mis inicios en una politica feminista activa se vinculan con estos elementos. En los anos de universidad, en el grupo de mujeres Meigas, me encontre con companeras con las que podia reflexionar en conjunto desde nuestros sentimientos, desde las vivencias que pasaban por nuestros cuerpos y que entendimos que eran personales, pero tambien culturales, vinculadas al sistema de genero que entonces aprendimos a conceptualizar y cuya critica nos llevo a hacer lo que previamente entendiamos como problemas individuales, propuestas politicas. De nina, no socialice jugando al futbol en el centro del patio de recreo, sino que en esos bancos de los margenes que miraban hacia un campo de juego, mis amigas (algun amigo) y yo nos imbuiamos en nuestras conversaciones y no prestabamos atencion. Hablabamos sobre afectos y emociones, exponiamos y lidiabamos con conflictos. Se puede decir que fue un buen entrenamiento en aquello que la mirada patriarcal ha devaluado como cotilleo. Esta actividad, que numerosas autoras han puesto en valor, abre modos de acercarse al conocimiento generado en el dia a dia y permite poner atencion a practicas que suelen ser apartadas de la creacion de conocimiento.

Al hablar del termino "cotilleo" (en ingles gossip), Silvia Federici (2004) apunta a su significado original "amiga" y como es precisamente con la totalizacion del espacio publico en la transicion del feudalismo al capitalismo, cuando adquiere connotaciones negativas como parte de los numerosos mecanismos para acabar con el poder social de las mujeres. En sus escritos sobre el amor, bell hooks (8) tambien resena la importancia de este concepto como una practica de interaccion social entre mujeres, que rompe con roles de genero en cuanto permite un tipo de expresion que puede decir aquello que no tiene por que agradar al otro, que no pasa por la obligacion de complacer (hooks 2000, 59-60). En el aprendizaje constante sobre como transformar las estructuras que nos violentan, la existencia de espacios como el generado por las editoras de este monografico, me permite lanzar reflexiones que--como sentia en el grupo de mujeres o en los bancos del patio del colegio--puedan encontrar puntos de conexion con las emociones y pensamientos de otras, de quienes lean y se encuentren con estas palabras desde lugares seguramente inesperados.

Tras las reflexiones mostradas en este articulo, esta conclusion se me aparece contradictoria. Los cierres coherentes que compilan formalmente todo lo dicho, esos cierres en los que me han educado al aprender el lenguaje academico, no siento que puedan tener cabida aqui. He querido mostrar aperturas, chispazos que potencialmente inspiren a otros nuevos y quizas inimaginados, no el convencer o epatar con bellas y organizadas sentencias. Reflexiones que parten de mis experiencias y desde las conversaciones mantenidas y que puedan ser rebatidas desde criticas que no nos hundan sino que nos hagan crecer, desde cuestionamientos que llevan a esa transformacion del cotidiano que para mi significa la politica feminista. Reflexiones que anhelan encontrar continuidades mas alla de mi escritorio de estudio. Reflexiones sin respuestas claras, desde los garabatos tachados y despues recuperados, desde mis escrituras nocturnas que aliviaban algunas de las cargas emocionales del trabajo de campo, desde placeres y dolores anotados. Esas expresiones con las que mi voz se desarrolla de distintas formas han encontrado en este articulo el lugar de visibilidad. Una voz que puede parecer mas segura en ciertos momentos o mas confusa e inestable en otros, esa vulnerabilidad con la que se buscan apoyos y que evidencia nuestra interdependencia. Reflexiones en relacion que desean enfatizar lo inacabado.

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Andrea Garcia Gonzalez (**) University of Brighton, Reino Unido

https://doi.org/10.7440/antipoda35.2019.01

Como citar este articulo: Garcia Gonzalez, Andrea. 2019. "Desde el conflicto: epistemologia y politica en las etnografias feministas". Antipoda. Revista de Antropologia y Arqueologia 35: 3-21. https://doi.org/10.7440/antipoda35.2019.01

Articulo recibido: 15 de junio de 2018; aceptado: 25 de febrero de 2019; modificado: 12 de febrero de 2019.

(*) Agradezco los comentarios al borrador de este articulo a dos mujeres que son inspiracion y apoyo en el desarrollo de mi conocimiento y expresion: mi madre, Nahia Gonzalez Garcia, y mi co-directora de tesis, Carrie Hamilton. Tambien agradezco la ayuda economica otorgada por Funds for Women Graduates, la cual me permitio continuar con la escritura de la tesis y cuya concesion reconocio la necesidad de prolongar el tiempo dedicado al trabajo de campo y la investigacion academica cuando se tiene en cuenta el cuidado de las personas participantes y de la investigadora en el proceso.

(**) Estudiante del Doctorado en Humanidades en la University of Brighton, Reino Unido. Magister en Antropologia por la University of Queens, Belfast, Irlanda del Norte. Entre sus publicaciones estan: '"Women on the Peace Line'. Challenging Divisions through the Space of Friendship". En Ethnographies of Movement, Sociality and Space. Place-making in the New Northern Ireland, editado por Milena Komarova y MaruUka SvaUek. Oxford: Berghahn Books, 2018; "Out of the Box: Punk and the Concept of 'Community' in Ireland". Liverpool Postgraduate Journal of Irish Studies 1: 39-52, 2016. [??]andreanorai@gmail.com

(1) Todos los nombres que aparecen en el articulo son seudonimos.

(2) El contexto de desarrollo de la escritura de mi tesis tanto de master como de doctorado me ha llevado a conocer fundamentalmente autoras que publican en ingles, la lengua que domina lo academico y que limita, marginaliza y coloniza el conocimiento (Perez-Bustos 2017). Dificultades de acceso, junto a la falta de tiempo para abarcar mas lecturas, han supuesto obstaculos que me gustaria poder superar en el desarrollo de la tesis y de algun modo hacerme responsable de ser parte de esta geopolitica del conocimiento.

(3) La marginalizacion y minusvaloracion de ciertas voces en la produccion de conocimiento no solo se aplica al cuerpo de las mujeres sino a todo lo femenino y feminizado que se considera como un "otro" inferior subordinado al orden masculino dominante para su legitimacion, tal como afirman diversas teoricas feministas de corrientes decoloniales y postcoloniales como las apuntadas en el texto principal, asi como algunos de los planteamientos ecofeministas (ver Gaard 2011, 26-53).

(4) El 17 de febrero de 2017 tengo una nota en mi diario de campo: "de nuevo como me alegro de entrevistar a mujeres, a las que parece que no saben, porque preguntan, indagan... no parecen las importantes... Tengo ganas de saber lo que piensan, su trayectoria, sus motivaciones... Y no de tanto chico, que todo el tiempo buscan intervenir, protagonizar, estar...".

(5) El estereotipo de la mujer en prision con una pareja, sometida y sin agencia fue repetidamente cuestionado por distintas mujeres durante mi trabajo de campo, mujeres que destacaban su eleccion en el acompanamiento y la importancia del dialogo y entendimiento mutuo en la relacion.

(6) Maria Dolores Gonzalez Katarain, Yoyes, fue lider de ETA a finales de la decada de 1970. Fue asesinada por sus ex companeros en 1986, lo que genero una gran polemica y fracturas en ETA y en su apoyo social. Una interesante lectura sobre este tema se encuentra en "The Death of Yoyes: Cultural Discourses of Gender and Politics in the Basque Country" (Aretxaga 1988).

(7) Alejandro Castillejo afirma que las metodologias tienen dimensiones politicas, en particular en contextos de guerra, y nombra como "extraccion" las metodologias que pasan a ser "otra forma de extirpacion de recursos". La "logica de la extraccion" se relaciona con el sistema colonial "en la medida que se conecta con sistemas economicos de produccion y reproduccion de oportunidades, de riquezas, de una serie de mercancias" (Castillejo 2000, 55).

(8) La autora escribe su nombre en minuscula como una decision que desplaza el foco de la autoria y lleva la atencion a la obra, a sus ideas, mas que a la personalidad de la escritora.
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Author:Gonzalez, Andrea Garcia
Publication:Revista Antipoda
Date:Apr 1, 2019
Words:9007
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