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Derecho de guerra y diplomacia en la epoca de Augusto.

Law of war and diplomacy in the time of Augustus

En su relato del desastre de Varo, el mayor fracaso militar de la epoca de Augusto, afirma Veleyo que el error del general consistio en confiar en la fuerza del Derecho para el gobierno de los barbaros, y se lamenta de que el ejercito romano sucumbiera ante aquellos a los que siempre habia sacrificado como al ganado, decidiendo sobre su vida o su muerte al dictado del odio o la clemencia (1). Nuestro conocimiento de la experiencia belica del Estado romano aconseja matizar, sin embargo, la consideracion de Veleyo. La guerra en la Antiguedad, y particularmente en el mundo romano, constituyo, por encima de todo, una manifestacion cultural no arbitraria ligada al derecho consuetudinario, como tambien, intrinsecamente, al fenomeno religioso. Durante su dilatado ejercicio del poder, Augusto fue muy consciente de la necesidad de ofrecer su mejor imagen de tradicionalismo como coartada de las profundas transformaciones politicas de las que fue responsable. Conducido por Mecenas y Agripa, sus sagaces asesores, el Princeps supo emplear las bazas de la guerra y la diplomacia al servicio de la propaganda, ofreciendo, al tiempo, una imagen publica como garante de los maximos valores republicanos. Estos pueden resumirse en las cuatro virtudes del clipeo recibido del senado en el ano 27 a. C.: virtus, clementia, iustitia, pietas (2).

A partir de esta premisas, nuestro objetivo consistira en ofrecer una indagacion sobre el desarrollo de la guerra y la diplomacia en la epoca de Octaviano-Augusto, valorando, a traves del analisis interno de los datos, el grado de vigencia y el modo de aplicacion de tales aspectos. Para ello, tomaremos en cuenta no solo las (por otra parte escasas) (3) campanas dirigidas personalmente por el Princeps, sino tambien las acciones emprendidas por sus generales. Tal apertura del objeto de estudio se justifica porque la actividad de estos revistio--una de las grandes novedades respecto de epoca republicana--caracter subsidiario. Puede alegarse, en apoyo de esta afirmacion, el balance de los logros militares del propio Augusto, quien computa en un solo concepto <<las hazanas realizadas, ya por mi ya por mis legados bajo mis auspicios (a [me aut per legatos] /meos auspicis meis) (4) >>, indicando tambien, en referencia a las campanas de Etiopia y Arabia Felix: <<bajo mis ordenes y auspicios se enviaron dos ejercitos (meo iussu et auspicio ducti sunt /[duo exercitus (5)])>>. De igual forma, Dion Cassio senala que la victoria de M. Craso sobre los Bastarnos le hubiera permitido dedicar los spolia opima a Zeus Feretrio de haber sido el general con mando supremo (6), y no un lugarteniente de Octaviano, y Veleyo Paterculo senala, a proposito de la guerra dalmata del joven Tiberio, que si hubiera actuado con responsabilidad propia (si propriis gessisset auspiciis), habria debido obtener el triunfo (7). Por su parte, Suetonio, en la misma linea, ofrece una larga enumeracion de pueblos sometidos partim ductu partim auspiciis suis (8). El control ejercido por Augusto se fundamenta en la autoridad del Princeps para emprender guerras y acordar la paz, rivalizando, en este campo--como tambien en el de la diplomacia--con las prerrogativas tradicionales del senado (9).

1. La aplicacion del derecho de guerra en la epoca de Augusto

No parece necesario insistir en la presencia de una fuerte tradicion romana en el ambito del ius belli (10), tanto en lo que afecta a las condiciones necesarias para el inicio de la guerra (los requisitos del bellum iustum), como en lo relativo a las ceremonias de su declaracion (en relacion directa con el ius fetiale) o en lo pertinente a las reglas para su desarrollo, el denominado ius in bello. El testimonio de nuestras principales fuentes relativas al principado de Augusto permite reconocer la vigencia de este conjunto de practicas consuetudinarias en torno al cambio de Era. El propio Augusto afirma en el extraordinario, aunque sesgado, testimonio de las Res Gestae que su extension de los limites del Imperio se hizo siempre acorde a derecho (nulli genti bello per iniuriam inlato (11)); Suetonio presenta tambien al Princeps como un lider militar movido en sus campanas exteriores por una causa justa (nec ulli genti sine iustis et necessariis causis bellum intulit (12)), y apela a la existencia de un derecho de conquista (regnorum quibus belli iurepotitus est (13) ...). Paralelamente, el tono de la politica exterior augustea se presenta basado en la tradicion republicana, como cuando el Princeps recuerda que, pese a haber podido hacer de Armenia una provincia a la muerte del rey Artaxe, <<preferi seguir el ejemplo de nuestros antepasados (malui maiorum / nostrorum exemplo) y entregar este reino a Tigranes>> (14).

La tradicion romana de la practica belica, que hunde sus raices en epoca monarquica, se desarrollo durante la etapa republicana modulandose en unas convenciones reconocibles y, por lo comun, respetadas. Pese a no tratarse de una reglamentacion escrita, tales parametros de actuacion, nacidos en el ambito de la guerra atavica entre vecinos, fueron adaptandose a conflictos cada vez mas alejados y de mayor entidad. En la epoca de la crisis de la Republica, la consuetudo habia definido ya claramente que era <<lo esperable>> en cada situacion de conflicto, y las partes enfrentadas--pertenecientes, generalmente, a una misma koine cultural--eran conocedoras de sus responsabilidades y riesgos.

La existencia de un agravio, de una sustraccion o una accion hostil en territorio propio o de aliados constituian las causas tradicionales para la guerra legitima (15). Un repaso al conjunto de las campanas exteriores llevadas a cabo entre el 31 a. C. y el 14 d. C. permite identificar, como principales motivos oficialmente declarados, los de la ayuda a aliados y el control de sublevaciones diversas. Junto a estas justificaciones, es llamativa la abundancia en las fuentes de referencias a las agresiones sufridas por ciudadanos romanos o italicos que se encontraban en la periferia del Imperio por razones comerciales. Dion Cassio justifica las duras represalias contra Cicico porque la ciudad habia dado muerte a unos ciudadanos romanos durante unos disturbios (16); el ataque contra los germanos se explica senalando que estos habian asesinado a algunos romanos que se en encontraban en su territorio (17), y los recios fueron acusados no solo de saqueos en regiones circundantes (incluida la propia Italia), sino de asaltos a los viajeros romanos y aliados que, partiendo del Norico, atravesaban su pais hacia la Galia (18). Desde la optica romana, el caracter licito de la aplicacion de la violencia contra estos pueblos se fundamenta, tambien, por el agravante de ensanamiento (azotes a los ciudadanos romanos retenidos --en el primer caso--, empalamiento--en el segundo--y conducta brutal contra la poblacion civil en el tercero, especialmente en las acciones de saqueo). De igual forma, Veleyo Paterculo justifica la dura intervencion en Panonia y Dalmacia denunciando asaltos a ciudadanos romanos y matanza cruel de comerciantes (19).

El ideal del desarrollo de las hostilidades respetaba las leyes de la proporcionalidad. La documentacion sobre la epoca augustea--si bien indudablemente pasada por el tamiz de la propaganda--nos ofrece un panorama en el que, por lo comun, la progresividad en el uso de la violencia habria continuado rigiendo la gestion de los conflictos. Como era de esperar, una referencia a esta loable actitud se hace explicita en las Res Gestae (20). En diversos contextos de lucha se constata un crescendo <<persuasion, miedo, fuerza>> (21). Ya en desarrollo de las guerras cantabro-astures, encontramos esta gradacion. Durante la primera fase de operaciones, las actividades de Augusto, Antistio y Carisio no parecen haberse caracterizado por un uso desmedido de la violencia, respetandose, si hemos de creer a Dion Cassio, la integridad de nucleos tomados al asalto, como Lancia, e implementandose un proyecto de desmovilizacion de las fuerzas a traves del desarrollo de asentamientos agricolas. Con posterioridad a la marcha de Augusto (y la consiguiente reduccion de efectivos romanos en la zona) se produce la primera rebelion importante, que se salda con la imposicion o reimposicion de indemnizaciones de guerra. Asi cabe entender la referencia de nuestra fuente principal a la promesa local de aportar <<trigo y algunas otras cosas>> a los soldados (22). Tras la muerte a traicion de los legionarios encargados de la recaptacion, la represalia romana se concreta ya en iniciativas claramente punitivas: la devastacion del territorio, el incendio de asentamientos y la amputacion de las manos de los prisioneros. A tales medidas cabe anadir la de la esclavizacion de un sector de la poblacion, segun se deduce indirectamente de Dion Cassio (23). Habra que esperar a una tercera fase, la correspondiente a la formacion de la resistencia cantabra tras la huida de los hispanos esclavizados, su regreso al norte peninsular y reorganizacion armada, para que la autoridad romana --en este caso, Agripa--aplique la pena de muerte contra los sublevados. Estos, conocedores de la praxis romana, sabian ahora que <<no tenian esperanza alguna de sobrevivir si eran capturados (24) >>, dado que se trataba de colectivos reincidentes. En efecto, Agripa aniquilo a la mayor parte de los varones en edad de combatir, desmantelando al tiempo, definitivamente, las infraestructuras de interes militar. De manera analoga, en otros territorios, la pena capital aparece aplicada especialmente contra pueblos sublevados (como un sector de los yapodes (25)), o dirigida a colectivos acusados de pirateria, caso de los corcirenses y melitenses (26).

En general, el grado de dureza en la imposicion de clausulas y represalias a los vencidos dependio no solo del tipo de agravio cometido sino tambien, especialmente, de la modalidad de sometimiento. La tradicion republicana contemplaba dos niveles de gravedad a la hora de aplicar condiciones o represalias al enemigo derrotado en funcion de si este habia sido sometido por rendicion o mediante una accion militar directa implicando el asalto de fortificaciones (27). Tales condicionamientos se ponen de manifiesto en la campana de Octaviano en Iliria: <<mientras abrigo la esperanza de que ellos se sometieran voluntariamente, respeto las aldeas y los campos, pero, como nadie salio a su encuentro [en actitud de paz], prendio fuego a todo y devasto el territorio durante ocho dias>> (28). El pasaje permite apreciar que continua operativa la diferenciacion en el tratamiento a pueblos sometidos mediante rendicion incondicional o deditio, frente a aquellos otros tomados por oppugnatio, contra los que todo tipo de violencia era legalmente admisible.

En casos de deditio, registramos en epoca de Augusto la necesidad de un reconocimiento explicito de la supremacia romana, como el aludido por Dion Cassio a proposito de la rendicion de los salasos (29). Tal declaracion vendria acompanada en ocasiones por la entrega de objetos con fuerte carga simbolica. Cleopatra representa esta claudicacion a la supremacia romana enviando su cetro y corona de oro, asi como su trono real (30). La asuncion de la derrota supone tambien, de iure, la puesta en suspenso de las garantias <<constitucionales>> locales (las leges del Bronce de Alcantara (31)), lo que puede traducirse en una eliminacion de instituciones propias de gobierno. Tras un periodo de duracion variable, el estado romano puede restituir las atribuciones politicas a las comunidades sometidas, como sucede, desde nuestro punto de vista, en Samos, con motivo de la presencia de Augusto en la isla (32). Suetonio resume esta practica al describir la politica del Princeps en relacion a los reinos sojuzgados, ofreciendo la doble posibilidad de restitutio o de adjudicacion politica a terceros: aut iisdem quibus ademerat reddidit aut alienigenis contribuit (33).

La deditio requiere tambien la entrega efectiva de las armas, detalle acreditado, por ejemplo, en la rendicion de los panonios, cuando el armamento fue concentrado en un solo lugar, junto al rio Batino (Bosna) (34). Gesto pragmatico y simbolico a un tiempo, la entrega de armas supone, mas alla de su escasa eficacia a la hora de evitar sublevaciones, la aceptacion de la responsabilidad romana en la defensa futura de los dediticii frente a agresiones de terceros, y, en definitiva, una clara merma de la soberania local en las decisiones que afectaban al binomio guerra-paz, ambito crucial en la configuracion social y politica de las comunidades antiguas. No es sorprendente, por tanto, que se dieran episodios de resistencia ante tal demanda, como en el caso de la frustrada deditio de Metulo (35). Esta ciudad de los denominados por Apiano yapodes transalpinos, asediada por fuerzas romanas, decidio iniciar conversaciones de paz enviando embajadores a Octaviano, quien impuso, como era habitual, una aportacion de rehenes, y les obligo a aceptar una guarnicion y el abandono de posiciones elevadas militarmente ventajosas, que pasarian a ser ocupadas por el contingente romano. Sin embargo, indica el historiador alejandrino que, al ordenarseles la entrega de armas, los habitantes se llenaron de colera y se decidieron por una desesperada accion violenta contra las fuerzas de ocupacion. El pasaje recuerda extraordinariamente a la resistencia hispana a la entrega de armas, que leemos tambien en Apiano a proposito del caso de la orden de desarme dirigida por Marcio a un contingente mercenario celtiberico e iberico durante la II Guerra Punica (36), desvelando, probablemente, el metodo historiografico del alejandrino basado en su adaptacion de modelos retoricos37. Esta valoracion no obsta para reconocer en el texto las huellas de una praxis augustea en el procedimiento de deditio homologable con la tradicion republicana.

La rendicion incondicional se caracterizo tambien por la imposicion de indemnizaciones de guerra, calculadas, al menos teoricamente, para resarcir al estado vencedor de los gastos ocasionados por la campana militar, pero con un indudable componente anadido de praemium victoriae (38). Se trataria de una medida de aplicacion sistematica, y acaso por ello, aparece expresa en las fuentes solo de manera incidental. La referencia a una <<multa>> se registra a proposito de la ciudad de Segesta ([TEXTO IRREPRODUCIBLE EN ASCII]), debiendo interpretarse como la solicitud de una indemnizacion de guerra (39). Pensamos que lo fueron tambien, inicialmente, las aportaciones que Apiano denomina ^opoQ exigidas por Augusto a otros diversos pueblos ilirios, por mas que presentaran ya una tendencia hacia la institucionalizacion (40).

Si bien los requisitos de la deditio hasta aqui considerados pueden reconocerse con una reiteracion suficiente para identificar en ellos las huellas de una praxis habitual, es de imaginar, sin embargo, que el relato de las fuentes nos llega ya adulterado por la propaganda imperial, y debemos suponer que, de facto, el ideal de la guerra noble, desarrollada de acuerdo a la fides, no siempre logro materializarse. La campana de Terencio Varron contra los salasos, coincidente con la primera fase de las guerras cantabras, permite ilustrar esta contradiccion entre la observancia del ius belli y la aplicacion sobre el terreno de medidas un tanto mas pragmaticas. El pueblo de los salasos, en el actual valle de Aosta, acusado --tambien--de bandolerismo (41), fue atacado mediante una tactica de avance multiple analoga a la empleada en el N. de la peninsula iberica. Forzados a la deditio, Varron exigio de ellos, en un primer momento, la entrega de indemnizaciones de guerra en metalico (apyopiov), pero oculto, segun Dion Cassio, planes de mayor calado, como la esclavizacion de los combatientes y la expropiacion de importantes areas territoriales. Ambas medidas hubieran generado escandalo en la Republica media, en especial la esclavizacion de dediticii: recuerdese en este sentido las airadas e insistentes reclamaciones de Caton en el 149 aC sobre la liberacion de los lusitanos vendidos por Galba irregularmente (42). Por contra, lejos de ser perseguido, Varron recibio el consulado del 23 a. C., posiblemente, como sugiere J. M. Cortes, como recompensa por su campana (43).

El examen de las fuentes augusteas sugiere que, salvo excepciones como las senaladas, las represalias mas duras--aquellas que afectaban a la integridad fisica, la libertad o la vida de las personas, o las relacionadas con la supervivencia politica y economica de los nucleos sometidos--se aplicaron contra enemigos que, refractarios a la deditio, fueron neutralizados mediante violencia directa, y, en especial, a traves del asalto de sus fortificaciones. El bandolerismo y la pirateria (supuestos o reales), asi como la reincidencia en la sublevacion, fueron considerados en epoca de Augusto como agravantes, motivando tambien una mayor dureza en la aplicacion de represalias.

Por oposicion al efecto atenuante de la deditio, la capacidad del general para imponer cualquier tipo de represalia, sin restricciones, a los enemigos derrotados tras un combate directo se reconoce en diversos testimonios del periodo historico que analizamos. Craso, habiendo sometido a los bastarnos, reiteradamente hostiles, se sintio autorizado para exigirles las condiciones de paz que quiso ([TEXTO IRREPRODUCIBLE EN ASCII] (44)). El citado general, en su campana contra los tracios inmediatamente posterior, aplico la violencia con un criterio diferencial, reservando las penas mas severas (amputacion de manos de prisioneros, saqueos de amplios territorios) contra aquellos pueblos que, como los medos y serdos, fueron reducidos por combate, pero los que optaron por una rendicion temprana, caso de los odrisos, quedaron al margen de tales represalias y recibieron nuevos territorios (45). Del mismo modo, las operaciones en Dalmacia, en el contexto de las campanas ilirias de Tiberio, estuvieron marcadas por un tratamiento de los que se resistieron (obsistentium) con violencia (feroces) acorde con la tradicion romana de la practica belica: <<arruinar sus campos, quemar los edificios, matar a los hombres (excisis agris, exustis aedificiis, caesis viris)>> (46). Contamos con numerosos ejemplos de epoca republicana que permiten acreditar la difusion de tales practicas en casos de nucleos tomados mediante oppugnatio (47). Estas se concretaron en saqueos, destruccion de nucleos de poblacion, incautacion territorial, traslados y deportaciones, esclavizacion y pena de muerte, aspectos que hemos podido identificar a partir de los datos de epoca augustea.

La conexion entre asalto y saqueo continua viva en el cambio de Era, y se pone de manifiesto en la toma violenta de nucleos dalmatas como Retino (48). Aunque la direptio legal de una ciudad pasa por su previa oppugnatio, ciertamente el riesgo del pillaje descontrolado de cualquier ciudad ocupada, con independencia de las circunstancias de su sometimiento, es patente: tras la batalla de Accio, los soldados romanos recibieron 250 dracmas por cabeza a condicion de no saquear la ciudad de Alejandria (49).

En contraste con la practica habitual del saqueo, la destruccion total de ciudades tomadas al asalto no se habria ordenado de manera sistematica, por cuanto la eliminacion de centros administrativos o nodos economicos dificultaba la gestion del territorio en la epoca de postguerra. Los escasos ejemplos de destruccion total de ciudades importantes se relacionan con la necesidad de eliminar de raiz determinadas bases para razias, como la ciudad real etiope de Napata, desde la que se habian lanzado incursiones contra Elefantina. En consecuencia, Napata fue <<arrasada hasta sus cimientos ([TEXTO IRREPRODUCIBLE EN ASCII]) (50)>>, segun expresion de Dion Cassio. Parece, por contra, que el incendio de los asentamientos tomados al asalto fue una practica relativamente habitual tambien en la epoca del cambio de Era, dado que Apiano se ve obligado a subrayar, en ocasiones, como un hecho digno de mencion, la ausencia de esta iniciativa, que viene explicada, precisamente, por la oportunidad de reaprovechamiento de las infraestructuras locales tras el final de los conflictos (51).

La gestion de la paz, garantizada por la imposicion de guarniciones (52), implico con frecuencia una profunda remodelacion del territorio, como ya vimos para el caso tracio de los odrisos, beneficiarios de las tierras de sus vecinos. Del mismo modo, los salasos sufren la incautacion de sus mejores tierras, que seran entregadas a pretorianos como parte de la organizacion de la colonia Augusta Pretoria (53). En opinion de E. Garcia Fernandez, se trataria de un procedimiento analogo al de la fundacion de Asturica Augusta, reubicando en llano a los vencidos (54). Para el caso especifico de los cantabros, la orden dictada por Agripa de su traslado a las tierras bajas abandonando los oppida aparece directamente asociada a la imposicion de la entrega de armas ([TEXTO IRREPRODUCIBLE EN ASCII]) (55). A proposito de la iliria Segesta, ciudad sometida por oppugnatio, Apiano, se ve en la necesidad de aclarar que los habitantes no fueron condenados a muerte o desterrados, sugiriendo de este modo nuestra fuente que la pauta habitual era la contraria (56). En efecto, mas alla de la reubicacion en llano de los pueblos montaneses, asistimos durante la epoca de Augusto a una serie de desplazamientos a media y larga distancia que podrian ser calificados como deportaciones (57). Tal fue el caso de los catos posiblemente en el 12 a. C. durante las campanas de Druso al E. del Rhin. Por una referencia indirecta de Dion Cassio, sabemos, en efecto, que este pueblo, tras su sometimiento, fue trasladado a otro territorio, el cual abandonaria dos anos despues, generando un nuevo conflicto (58). Los desplazamientos forzosos de poblacion parecen haberse dado no solo tras los asaltos de ciudades, sino tambien en el caso de poblaciones sometidas por rendicion, circunstancia que presenta ya antecedentes (59). En efecto, Suetonio indica, en su biografia de Augusto, que se produjeron reubicaciones de suevos y sicambros, trasladados a la Galia y asentados cerca del Rhin (60). La noticia sobre estos pueblos reaparece en la semblanza de Tiberio debida al mismo autor, anadiendose ahora una cuantificacion de los efectivos desplazados, que se eleva a cuarenta mil hombres (61). En otras ocasiones, en lugar de una deportacion en masa, se opto por una reduccion forzosa del capital humano al objeto de dificultar el riesgo de sublevaciones. Los recios, acusados de saquear los territorios galos bajo jurisdiccion romana y el N. de Italia, y de, como ya vimos, asaltar a ciudadanos romanos en ruta, fueron objeto en el ano 15 a. C. de una contundente campana militar liderada por Tiberio y Druso, que concluyo con la salida forzosa de la mayoria de los varones en edad militar, manteniendose en sus comunidades solo el numero necesario para preservar unos minimos niveles demograficos (62).

Junto a las citadas represalias, el sometimiento violento de un colectivo, articulado o no en configuracion urbana, continuo implicando, durante el periodo augusteo, la pena de muerte y la esclavizacion. Mas alla de la matanza indiscriminada de poblacion que solia producirse durante el asalto armado, el general en jefe opto por aplicar la pena capital--como ya consideramos--contra colectivos reincidentes (yapodes, cantabros)63 o grupos acusados de pirateria (corcirenses, melitenses) (64).

En todo caso, no nos constan episodios de masacres colectivas (65), sino de un uso limitado de la medida. En los episodios que hemos podido registrar para el periodo augusteo, la pena capital aparece aplicada de forma selectiva, circunscribiendose a la iuventus, la fuerza militar. Este rasgo constituye un elemento de continuidad con la practica republicana (aunque no estuvo exenta, como es bien sabido, de irregularidades). Se ha propuesto (66) que la autolimitacion en el recurso a la pena de muerte obedezca a razones crematisticas, por cuanto la venta de prisioneros a mercatores venalicii podria representar una fuente de pingues beneficios en concepto de botin. Efectivamente, la esclavizacion de las poblaciones sometidas por oppugnatio se atestigua en nuestras fuentes, constando, en ocasiones, el reparto entre los soldados de los prisioneros (67).

Los enemigos de Roma eran conscientes del horizonte servil que, como minimo, implicaba su decision de resistencia armada, segun explicitamente indica Dion Cassio en relacion a los cantabros (68) y a los sectores mas combativos de la ciudad de Arduba, en Dalmacia, incluidas las mujeres (69). Ignoramos, para los casos de Cicico (como represalia por agresiones a ciudadanos romanos), Tiro y Sidon (en represion de disturbios internos) el alcance de aplicacion de la medida, ante la falta de detalle de nuestra fuente (70). La esclavizacion de los vencidos estuvo, a su vez, sujeta a gradaciones. En los episodios de mayor rigor, la venta de prisioneros constituye una pena sustitutoria de la condena a muerte, de modo que el conjunto de los varones en edad militar se sometio a la pena capital, en tanto que el resto de la poblacion, incluyendo mujeres y ninos, es vendido. Asi puede acreditarse para los melitenses y corcirenses (71), y los yapodes posenos (72). En un peldano inferior encontramos aquellos casos en los que la maxima represalia consistio en la esclavizacion, aplicada contra la iuventus, en tanto que el resto de los habitantes fue eximido de castigos fisicos. Tal seria el tratamiento recibido por los salasos en la campana alpina de Terencio Varron (73). Se establecieron, ademas, una serie de clausulas adicionales que prohibian cualquier manumision antes de un plazo de 20 anos. Una condicion analoga, pero elevando el tiempo en una decada, nos es transmitida por Suetonio. La referencia alude al conjunto de la politica augustea en relacion con el ius belli, por lo que es posible que tal clausula (con independencia de la cuantificacion temporal) se aplicara tambien en otros escenarios. El biografo complementa la informacion indicando que un segundo requisito prohibia que los nuevos esclavos fueran empleados en regiones vecinas a la sometida (74). Indudablemente, nos hallamos ante medidas orientadas a evitar revueltas serviles, con la peligrosidad de un regreso masivo a los hogares de procedencia y el inicio de nuevas sublevaciones, como al parecer sucedio en el caso de los cantabros, ya comentado (75). Hallamos tambien una iniciativa de esclavizacion de combatientes entre las represalias aplicadas contra los panonios, sublevados tras la muerte de Agripa y duramente reprimidos por Tiberio (76). No son ajenas, durante el periodo Augusteo, las tradicionales exhibiciones de prisioneros pertenecientes a las elites politicas en el transcurso de los desfiles triunfales, logro subrayado por el propio Princeps: in triumphis / meis] ducti sunt ante currum meum reges aut re[g]um lib[eri VIIII (77), o la utilizacion de cautivos en espectaculos publicos, como los prisioneros que, durante los funerales de Druso, fueron obligados a luchar por parejas (78).

2. El dificil engarce de las guerras civiles

El derecho consuetudinario romano sobre la declaracion, desarrollo y finalizacion de guerras se habia desarrollado para dar respuesta a conflictos contra pueblos extranjeros, y se adaptaba mal a contiendas civiles, intrinsecamente repudiables. En los albores de la guerra contra M. Antonio, la propaganda del bando de Octaviano desarrollo una serie de argumentos basados en la supuesta falta de pietas manifestada por la reina egipcia al no respetar la inviolabilidad de los templos, o la apistia de Antonio y sus emisarios, al ofrecer falsas promesas de paz (79). Mas alla de este tipo acusaciones, comunes a otros conflictos, es interesante constatar los esfuerzos de Octaviano y su entorno por presentar el enfrentamiento como una guerra exterior, defensiva, calificando a Antonio como <<egipcio>> (80). De hecho, la necesidad de preservacion del Estado frente a amenazas foraneas, egiptizantes, fue presentada habilmente como la principal razon para la guerra. Las propias columnas rostrales erigidas tras el combate naval de Accio ofrecian una evocacion directa de los logros militares exteriores, con el referente del celebre monumento conmemorativo de la batalla de Milas en la I Guerra Punica, erigido en el foro romano (81). La posibilidad de un desfile triunfal celebrando una victoria obtenida sobre ciudadanos romanos generaba estridencias, como recuerda Dion Cassio a proposito de la celebracion tras Accio: <<pues ni antes, ni tampoco en aquella ocasion, hicieron referencia a Antonio o a los demas romanos que con el habian sido derrotados, porque no parecia oportuno que unos romanos celebrasen su victoria sobre otros>> (82). Quiza por ello, la guerra habia sido declarada oficialmente solo a Cleopatra (83), y el desfile triunfal de Octaviano se celebro sobre Accio (sin nombrar a Antonio) y sobre Egipto unicamente (84), si bien los ciudadanos eran conscientes de la verdadera naturaleza de la conflagracion: <<los romanos olvidaron todas sus desgracias y vieron con placer la celebracion de sus triunfos, como si los derrotados hubieran sido extranjeros>> (85).

Un examen de las decisiones de Octaviano tras la victoria naval y el sometimiento de Egipto nos permite valorar hasta que punto esta contienda civil fue gestionada de acuerdo a los parametros de la guerra exterior. En primer lugar, las decisiones relativas a la suerte del ejercito derrotado difieren notablemente de las habituales, por cuanto el grueso de las tropas de Antonio fue asimilado al esquema militar del estado, en tanto que el resto fue desmovilizado sin mas (86). Las razones de esta oportuna decision son obvias, si se tiene en cuenta la composicion ciudadana de buena parte de las fuerzas de Antonio y la necesidad de no generar nuevos agravios innecesarios en el bando definitivamente derrotado. Desde un punto de vista politico, constatamos de nuevo aqui la decision tradicional de reducir o erradicar el poder de las instituciones locales acusadas de complicidad o de apoyo directo al bando derrotado. Asi podria interpretarse la referencia de Dion Cassio a la eliminacion de la Boule de Alejandria (87). Significativamente, no parece que se haya tratado de una decision ad hoc, por cuanto nuestra fuente afirma, en otro lugar de su obra, que Octaviano castigo a las ciudades <<con la derogacion de los restos de poder que en las asambleas les quedaban a sus ciudadanos (88) >>. En cuanto a las condiciones de tipo economico, se constatan iniciativas contra destacados seguidores de Antonio, entre los cuales se encontraban senadores y caballeros, que sufrieron la incautacion de sus bienes (y por lo tanto, su degradacion censitaria, con consecuencias politicas). Al tiempo, y sin abandonar el terreno economico, se adoptaron decisiones que afectaron a amplios colectivos de poblacion, caso de la imposicion de exacciones e indemnizaciones de guerra a diversas ciudades (89), de la incautacion de dos tercios de los bienes de los alejandrinos y de la confiscacion total del tesoro real egipcio en concepto de botin (90).

A mitad de camino entre la represalia politica, la sancion economica y la remodelacion territorial, el escenario de la postguerra de Accio se caracterizo tambien por un intenso replanteamiento en la titularidad de amplios dominios, materializado en dos niveles. Por un lado, la desautorizacion de la politica de M. Antonio en Asia Menor condujo a profundas remodelaciones en la adjudicacion de territorios a estados satelites de Roma (91); por otro, Octaviano puso en marcha una agenda represora en la propia Italia, caracterizada por la expulsion de comunidades enteras partidarias de Antonio, y la concesion de sus tierras a veteranos. Los deportados fueron reubicados en regiones perifericas de la propia Italia, y en Grecia y Macedonia (92). Finalmente, en lo que respecta a las decisiones en torno a la vida y la libertad de las personas, constatamos un recurso muy comedido a la pena capital. Afirma Dion Cassio que Octaviano: <<fue clemente con todos los egipcios y alejandrinos, de tal manera que ninguno murio>> (93). Las condenas a muerte se circunscribieron a personalidades extranjeras que, como Alejandro, rey de la siria Emesa, fueron culpadas de responsabilidades delictivas concretas (94), o a un cierto numero, parece que limitado, de ciudadanos romanos que se habian destacado en su apoyo a Antonio (95). Si el rey de Emesa fue considerado como un prisionero de guerra--y por lo tanto, exhibido en el desfile triunfal antes de su ejecucion--, los segundos habrian sido objeto de procesos penales complejos, y, en algun caso, se beneficiaron de la conmutacion de penas (96). En cuanto a los familiares de mandatarios extranjeros, la politica de Octaviano se caracterizo por una modulacion en las represalias. Dos de los hijos de Cleopatra, Antilo y Cesarion, fueron ejecutados de inmediato, poco despues de los ultimos combates (97), en tanto que al menos otros dos de entre los que la reina egipcia tuvo con Antonio, los infortunados gemelos Alejandro Helios y Cleopatra Selene, desfilaron en el triunfo sobre Egipto, junto a un numero indeterminado de otros prisioneros (98). Sabemos que Selene seria instrumentalizada despues como una pieza mas de la diplomacia matrimonial del Principado, al igual que otros jovenes residentes en Alejandria, hijos de mandatarios extranjeros. Al asumir el control de la ciudad, Octaviano decidio devolver a sus comunidades a algunos de estos, pero retuvo a los procedentes de estados acusados de crimenes, caso de los hermanos de Artaxes, rey de Armenia, responsable de la muerte de soldados romanos en dicho territorio (99).

La valoracion de este conjunto de medidas desde el prisma del estudio del derecho de guerra se ve dificultada por la impregnacion en la historiografia antigua del motivo de la clementia Caesaris, tanto en Dion Cassio, al que ya nos hemos referido, como en el relato de Veleyo Paterculo, quien afirma, tras Accio: <<La victoria fue realmente muy clemente (victoria vero fuit clementissima), no fueron condenados a muerte <mas que> *** unos pocos y aquellos que [no] soportaban siquiera rogar por su vida>> (100). Ecos de propaganda se detectan tambien en la fabulosa historia del perdon al [TEXTO IRREPRODUCIBLE EN ASCII] iberico Corocatas, transmitida por Dion Cassio (101). En otros casos, contamos con versiones contradictorias sobre los mismos hechos, como la toma de Perusa en el ano 40 a. C., ciudad en la que se habia refugiado L. Antonio responsable de un golpe frustrado contra el Triunvirato (del que formaba parte su propio hermano). Suetonio presenta a Octaviano como responsable de duras medidas tras la oppugnatio de la ciudad: <<Una vez tomada Perusa, hizo ejecutar a la mayoria de sus habitantes, dando como unica respuesta a cuantos intentaban implorar su perdon o justificarse que debian morir>> (102), y se hace eco de bulos como el sacrificio de trescientos prisioneros en el altar de Cesar durante los idus de marzo (103). Por contra, Veleyo Paterculo atribuye el posible ensanamiento contra los habitantes de la ciudad a iniciativas de grupos de soldados descontrolados, sin que existiera orden del general en tal sentido. De igual forma, el incendio de Perusa se imputa al mandatario local Macedonico, y no a los asaltantes (104). En esta misma linea se inscribe el texto apianeo, que ofrece una pormenorizada descripcion de las labores de sitio, indicando que, si bien Octaviano planeaba realizar el saqueo, lo impidio el fuego provocado por un cierto Cestio, el Macedonio, habitante de la ciudad. Continuando con su version exculpatoria, Apiano atribuye las condenas a muerte--reducidas en numero, al parecer--a la fuerte presion ejercida sobre Octaviano por sus soldados (105).

El desarrollo de las guerras civiles, en sintesis, parafraseo con matices las actitudes propias de un conflicto exterior. Durante la sesion del senado del 13 de enero del 27 a. C., Octaviano, a punto de recibir el titulo de Augustus, afirma: <<En aquellas guerras combatimos con honor y las concluimos con generosidad, tras haber conseguido someter a nuestros opositores como si fueran enemigos y perdonar la vida, como amigos, a todos los que se rindieron>> (106). La alienacion propagandistica del adversario --comun, por otra parte, a todos los enfrentamientos--, no impidio que el caracter civil del conflicto limitara la aplicacion de represalias fisicas tras los combates, encontrandose ausentes medidas como la esclavizacion, comunmente aplicadas tanto en la expansion exterior romano-republicana como por el propio Augusto sobre pueblos extranjeros.

3. Legati y rehenes, al servicio de la diplomacia augustea

En su biografia de Augusto, Suetonio establece un vinculo directo entre moderacion en la puesta en practica del derecho de guerra y exito diplomatico, al afirmar, en referencia a los pueblos extranjeros sometidos:
   cuando se rebelaban con demasiada frecuencia o mostrando una
   especial deslealtad, no se vengo nunca con un castigo mas severo
   que el de vender a los cautivos (...). Con esta fama de valor y
   moderacion atrajo incluso a los indos y a los escitas, conocidos
   solo de oidas, a solicitar espontaneamente mediante embajadores su
   amistad y la del pueblo romano (107).


Dejando aparte la cuestion sobre la verosimilitud de tal clemencia del Princeps (pues, como ya hemos visto, en lo que respecta a peregrini se aplicaron represalias mas duras que la esclavizacion), ciertamente la exhibicion de poder militar unida a la seguridad juridica del respeto a la fides habian brindado a Roma ya en epoca republicana sus mayores exitos. Por contra, la quiebra de proporcionalidad en las demandas a los vencidos y la falta de palabra--la apistia en nuestras fuentes griegas--desmantelo amplias redes diplomaticas laboriosamente tejidas, como en el celebre episodio de Luculo durante las guerras celtibericas (108).

La concepcion de la frase de las Res Gestae a proposito de la embajada india (per legatos amici/tiam meam et populi Romani petierunt) apunta tambien a la asuncion por el Princeps de atribuciones en politica exterior tradicionalmente senatoriales, como la audiencia de embajadas extranjeras (109), en sintonia con la apropiacion por Augusto de la capacidad suprema en la toma de decision sobre otros aspectos clave de la politica exterior, como la declaracion de guerra o la oficializacion de la paz. El consejo que Mecenas le ofrece acerca de la necesidad de implicar al senado en las audiencias constituye una defensa de las virtudes de la correccion politica, pero no fue asumido totalmente por el Princeps (110). De hecho, la abundancia de misiones diplomaticas dirigidas a este fue tal que se vio obligado, avanzada su vida, a nombrar un comite de tres miembros para recibir en su nombre a las distintas delegaciones (111).

En un mundo en el que el concepto de embajada permanente no se habia desarrollado aun, la veintena de legationes que hemos podido documentar durante el periodo augusteo pone de manifiesto el valor de esta institucion como vehiculo por excelencia del contacto diplomatico, ofreciendo patrones variables en lo relativo a su finalidad, composicion, y entidad numerica. En cuanto al primer aspecto, las misiones fueron concebidas en torno a tres objetivos basicos: la indagacion de las intenciones romanas sobre un determinado territorio o coyuntura politica, la solicitud de arbitraje o mediacion por parte de Roma, y el reconocimiento, implicito o explicito, de la supremacia de la potencia italica.

Misiones tipicamente indagatorias, en el plano militar o politico, fueron las legationes de tanteo enviadas por los dacios a Octaviano, vacilando estos entre darle su apoyo o entregarse, como finalmente sucedio, al bando de Antonio (112); las despachadas por la ciudad de Segesta ante la entrada romana en su territorio (113), o la del rey parto Fraates, con intencion exculpatoria tras la llegada del ejercito de Cayo Cesar (114).

Las legationes en las que se solicita la mediacion del Princeps se enmarcan en el diseno global de las relaciones romanas con la periferia del Imperio, basadas en el desarrollo de areas de influencia semiautonomas (115). Tal seria el caso, entre otros, de Armenia, como transmite Suetonio (116). La propaganda augustea explotara reiteradamente esta circunstancia, incluso con reinos que, como el parto, se hallaban lejos de encontrarse sometidos (117).

Junto a las misiones indagatorias y las orientadas a la mediacion, aquellas interpretables como una muestra de reconocimiento del poder de Roma por parte de pueblos extranjeros constituyen la mayoria de los casos. Este matiz, siquiera teorico, se reconoce, por ejemplo, en la referencia de Dion Cassio al despacho a Octaviano de una legacion ([TEXTO IRREPRODUCIBLE EN ASCII]) por parte de Fraates, vencedor de la guerra civil en Siria, que implicaria tambien la entrega, como rehen, del hijo del citado mandatario (118). Con relativa frecuencia, la supeditacion aparece maquillada bajo el eufemismo de amicitia, como ha estudiado recientemente Burton para epoca republicana (119). Desde esta clave puede comprenderse el alarde de Augusto en las Res Gestae, quien refiere orgullosamente la aproximacion de los germanos (120), de los ya citados indos y escitas, asi como de los reyes de Bastarna y Escitia y de los sarmatos, de los albanos, hiberos y medos, proclamando: nostram amic[itiam petie]run[t] / per legat[os] (121). En este mismo ambito, pero con un grado superior de sometimiento, contamos tambien con diversos ejemplos de legationes enviadas durante un proceso belico abierto, normalmente emitidas por una ciudad sitiada que desea pactar las condiciones de rendicion, caso de la ya citada Metulo, capital de los yapodes (122). Tales misiones se frustran a veces por fracturas internas en la comunidad amenazada, que fluctua entre el pactismo o la resistencia a ultranza. Las campanas en Dalmacia y Panonia nos proporcionan varios ejemplos de este tipo de dificultades para el desarrollo de los procesos diplomaticos (123).

Por lo que respecta a la composicion y entidad numerica de las embajadas, son escasos los datos disponibles. El caracter numeroso de las delegaciones se menciona en alguna ocasion como un indicio de importancia, al aparecer directamente vinculado a la nobleza de sus miembros (124). En otros casos, ya sin cuantificacion de componentes, la preeminencia de los legati se subraya tambien mediante formulas valorativas, asi en las Res Gestae a proposito de la embajada de partos y medos: [per legatos] principes earum gen/tium (125). La presencia en la delegacion de familiares del mandatario constituye un obvio elemento de status. El propio Antonio envio a Octaviano a su hijo Antilo como emisario, pero lo hizo solo en su tercera legatio, manifestando de este modo la relevancia de la mision, enfatizada, ademas, por la aportacion de una elevada suma de dinero (126). Por su parte, en Dalmacia, Baton, lider de los desidiatas, envia diversas legationes al comandante en jefe, Tiberio, la ultima de las cuales, en un momento critico, fue encabezada por Esceva, su propio hijo. La mision tenia como proposito obtener garantias personales en caso de rendicion incondicional, como asi sucedio (127). Nos consta, sin embargo, que algunas de las delegaciones diplomaticas recibidas en Roma estaban formadas parcialmente por libertos. Esta fue la causa de que Augusto prohibiera a los embajadores extranjeros ocupar en lo sucesivo los asientos de la orquesta (128).

Pese al caracter intocable de los embajadores, comun a diversas culturas antiguas, pueden atestiguarse actitudes irrespetuosas que entran de lleno en la violacion del ius legationis. Durante la campana de Tiberio al E. del Rhin se recibieron embajadas de diversos pueblos solicitando la paz, pero Augusto dio la orden de no aceptar la deditio si no se entregaban tambien los sigambros. Estos enviaron, a su vez, una legatio, a la que, segun Dion Cassio, se intento presionar inutilmente. Sus miembros, arrestados y recluidos en distintas ciudades por orden directa de Augusto, acabarian muriendo debido a causas diversas, entre ellas, el suicidio (129). Ya en epoca de Cesar se habian producidos comportamientos analogos, igualmente impunes, que denotan una clara evolucion en la sensibilidad romana hacia los pueblos de su periferia, asi como, evidentemente, una relajacion de los mecanismos internos de control, fruto del autoritarismo (130).

A lo largo del principado de Augusto, la diplomacia represento no solo una poderosa herramienta al servicio de la causa imperial, sino un elemento de primer orden en la escenificacion de los logros del regimen. El poder de las imagenes (131), sobre el que se ha insistido ya en otros ambitos, tiene tambien una dimension diplomatica. No resulta dificil recrear el impacto que la embajada india debio causar en la isla de Samos, donde fue recibida por Augusto, y, en especial, la exhibicion de regalos fabulosos, como los tigres, nunca vistos antes por los romanos y probablemente tampoco por los griegos de la epoca (132). El propio Augusto hace gala en las Res Gestae, dirigidas al pueblo de la ciudad de Roma (133), de la novedad de estas embajadas exoticas, al presentarlas como non uisae ante id [tempus] (134), recordando ademas, enfaticamente, su frecuencia desde entonces--saepe missae sunt--. La difusion publica del poder exterior de Roma, manifestado tambien por medio de la percepcion de regalos diplomaticos (135), se realizo a traves de otras iniciativas visualmente impactantes, como la jura de fidelidad en el templo de Mars Ultor a la que fueron obligados un grupo de mandatarios barbaros (136) o las ceremonias del regreso de los signa militaria de Carras, que pasaron a ser exhibidos en el citado templo (137).

Elementos centrales del derecho de guerra, simbolos diplomaticos y peones de la politica matrimonial a un tiempo, los rehenes reaparecen con fuerza en la documentacion del periodo augusteo, tras la estela de su amplia presencia en la etapa de expansion republicana (138). Su profundo valor simbolico no paso desapercibido durante la epoca fundacional del Principado, siendo instrumentalizados, como los legati, al servicio de la propaganda. Desde un punto de vista romano, la obtencion unilateral de rehenes procedentes de pueblos extranjeros fue entendida siempre como un simbolo de hegemonia en mayor o menor grado. Asi, Apiano indica que los romanos eran despreciados por los habitantes de Segesta dado que, a pesar de dos incursiones en su territorio, no habian sido capaces de forzarles a entregar rehenes o indemnizaciones (139). Esta percepcion de la figura del rehen explica tambien su utilizacion politica para consumo interno. Suetonio incluye, en un amplio capitulo dedicado a la magnificencia de los espectaculos publicos organizados en Roma, una mencion de los rehenes partos, a quienes, con motivo de unos juegos, Augusto hizo pasar por el medio de la arena para exhibirlos, siendo ubicados en la segunda grada, muy cerca de su propia tribuna (140). Se trataba, indica el biografo, de la primera vez que el reino de los Partos--el unico capaz de plantar cara a Roma--enviaba rehenes, y esa circunstancia no podia dejar de explotarse con fines propagandisticos. Sin embargo, en aquella ocasion, como el propio Augusto reconoce en las Res Gestae, la aportacion de obsides no habia sido producto de una derrota militar sino que se hallaba motivada por el deseo de simbolizar una nueva etapa de relacion pacifica con el Estado romano: non / bello superatu[s] sed amicitiam nostra per [libe]ror[um] suorum pignora /petens (141). Rehenes sin requisito previo de rendicion de la ciudad fueron solicitados a Segesta, ciudad en la que Augusto deseaba instalar un almacen de provisiones--custodiado por una guarnicion--para la guerra de Dalmacia. La asociacion de la aportacion de rehenes y suspension de actividad militar se registra tambien en el ambito de las operaciones contra los germanos, cuando sigambros, usipetas y tencteros se comprometieron a una tregua--sin deditio--, intimidados por los preparativos de la campana de Augusto contra ellos (142).

No obstante, y como senalabamos, la solicitud romana de obsides se englobo por lo comun dentro de las demandas planteadas a los pueblos que se entregaron en deditio. En la vieja tradicion, Augusto incluyo esta clausula en el acuerdo de rendicion incondicional de los dalmatas, derbanos y de otros diversos pueblos de la zona, pero no obtuvo rehenes de las comunidades mas distantes, a las que las fuerzas romanas no pudieron intimidar directamente (143). Los distintos lideres barbaros a los que Augusto hizo jurar fidelidad en Roma fueron obligados tambien a la aportacion de rehenes (144). Un tipico episodio de deditio con rehenes es el descrito por Apiano en relacion al asedio de la ciudad transalpina de Metulo, cuya rendicion es comunicada oficialmente a la autoridad romana por medio de una legatio (145).

La institucion diplomatica del rehen gozaba de muy amplia difusion en el mundo antiguo, y formaba parte de los mecanismos de relacion supralocal en areas diversas, caso, por ejemplo, de Galia (146) o Iliria (147). Pese a su claro valor como garante de la fidelidad, el rehen se beneficiaba, en principio, de una inmunidad diplomatica analoga a la del heraldo o el legatus. La alta extraccion social de los rehenes y su frecuente vinculo directo con el poder en sus comunidades de origen los convierten, por encima de todo, en simbolos de un determinado statu quo <<internacional>>. La gestion augustea de la toma de rehenes apunta a la asuncion de estos significados y practicas. En ocasiones es el propio general vencedor quien se reserva la potestad de elegir a los rehenes (como los cincuenta de Metulo), asegurandose, de este modo, la preeminencia politica de estos, y, por tanto su eficacia como medio de control (148). Los rehenes partos son cuatro hijos, dos nueras y cuatro nietos del rey (149), como sangre real tienen los enviados por el monarca armenio (150). De igual forma, los cien rehenes solicitados por Augusto a Segesta son hijos de los notables (151). En cuanto a los setecientos ninos aportados por los dalmatas, su elevado numero permite suponer una extraccion mas amplia, pero indudablemente relacionada con las elites regionales. Analoga hipotesis cabe plantear para el caso de la solicitud de rehenes femeninos. Se trata de una iniciativa que presenta Suetonio como una novedad, casi una decision experimental (novum genus obsidum, feminas, exigere temptaverit), puesta en practica por Augusto al considerar que, en determinadas comunidades, la entrega de rehenes varones no suponia un elemento de especial presion (152). Cabe deducir de tal reflexion que las feminas pertenecian al entorno inmediato del poder, siendo, probablemente, esposas o hijas de los mandatarios.

La figura del rehen se diluye en el ambito de la denominada <<kinship diplomacy>> o diplomacia de parentesco en casos como los de los hijos de reyes y principes que eran educados en Alejandria durante el reinado de Cleopatra, <<algunos como rehenes y otros por afan de grandeza>> (153). La victoria de Octaviano y el consiguiente trasvase de la autoridad politica de la ciudad hizo que este empleara tal capital humano con fines politicos, permitiendo el regreso a sus hogares de algunos de los ilustres residentes, casando a otros entre si y reteniendo a los procedentes de estados menos fiables u abiertamente hostiles. La educacion en Roma de estos, y sucesivas uniones matrimoniales (154) como la de Cleopatra Selene--sometida a la tutela de Octavia--con Juba II (a su vez, crecido en Italia) (155), no constituyen sino una prolongacion exterior, diplomatica, de la politica desarrollada por la familia del Princeps al servicio del poder (156).

La epoca de Augusto, en suma, puede caracterizarse, tambien en nuestro ambito concreto de estudio, como un periodo en el que se entrelazan los aspectos de continuidad y renovacion. Los tradicionales valores relativos a los criterios de declaracion de guerra, al desarrollo de las contiendas y al tratamiento de los vencidos continuan siendo aplicados con regularidad por parte de la <<ultima generacion de la Republica>>, incluso despues del paso del Rubicon. No obstante, las novedades de la <<revolucion romana>>, comenzando por las distorsiones de las guerras civiles, se ponen de manifiesto en diversos e importantes planos, que emanan de la concentracion de poderes y responsabilidades por parte del Princeps. Este no solo se arroga los meritos de la victoria de <<sus>> generales, sino que logra acaparar, en detrimento del senado, la autoridad maxima en materias como el binomio guerra-paz o las relaciones diplomaticas. Pero conviene recordar que la instrumentalizacion de las relaciones exteriores romanas al servicio de la propaganda, con el desarrollo del concepto de clementia, constituye, en si misma, una proyeccion de estrategias propias de la nobilitas republicana, empleadas ya por el entorno de los Escipiones o por el propio Cesar (157).

(1.) Vell. Pat. 2.19.2.

(2.) RG 34.2, vid. Rodriguez Gervas, M. J.: Propaganda politica y opinion publica en los panegiricos latinos del Bajo Imperio. Salamanca, 1991, pp. 77-81, con un detallado examen de la cuestion desde sus origenes republicanos.

(3.) Vid. Suet. Aug. 20: <<Por lo que se refiere a las guerras del exterior, personalmente dirigio solo dos: la de Dalmacia, cuando aun era muy joven, y la Cantabrica, despues de haber vencido a Antonio (...). Las demas guerras las dirigio por medio de sus lugartenientes>>, trad. Agudo Cubas, R. M a: Vidas de los doce cesares, I. Madrid, 1992, pp. 200-201, aunque Suetonio matiza que en el caso de los conflictos en Panonia y en Germania protagonizo algunas intervenciones puntuales o, al menos, se aproximo al teatro de operaciones, desplazandose a Ravena, Milan o Aquileia, vid. Barnes, T. D.: <<The Victories of Augustus>>, JRS, 64, 1974, pp. 21-26.

(4.) RG 4.

(5.) RG 26.

(6.) Cass. Dio 51.24.4, vid. Cortes Copete, J. M.: Dion Casio, Historia Romana, libros L-LX. Madrid, 2011, quien remite sobre este aspecto a Rich, J. W.: <<Augustus and the spolia opima>>, Chiron, 26, 1996, pp. 85-127: se trato mas de una intimidacion moral que de una imposibilidad legal. Vid. tambien, sobre el mando en Dalmacia, Vell. Pat. 2.115.3.

(7.) Vell. Pat. 2.105.3.

(8.) Suet. Aug. 21.

(9.) Str. 17.3.25; Cass. Dio 53.17.5; Suet. Aug. 29.2. Complementariamente, la toma de iniciativas unilaterales por parte de los responsables directos de las campanas fue duramente perseguida, caso del gobernador de Macedonia M. Primo y su campana contra los odrisos, vid. Cass. Dio 54.3.2-8. Sobre las relaciones emperador-senado, vid. Millar, F.: The Emperor in the Roman World (31 BC-AD 337). Londres, 19922, pp. 341-355.

(10.) A partir de los trabajos de Mommsen, dos obras fundacionales continuan siendo de interes: Phillipson, C.: The International Law and Custom of Ancient Greece and Rome. Londres, 1911; Taubler, E.: Imperium Romanum. Leipzig, 1913. Resulta imposible sintetizar la bibliografia moderna sobre el tema: Mantovani, M.: Bellum iustum: Die Idee des gerechten Krieges in der romischen Kaiserzeit. Bern/Frankfurt am Main, 1990; Ziegler, K.-H.: Volkerrechtsgeschichte: Ein Studienbuch. Munchen, 1994; Ferrary, J-L.: <<Ius fetiale et diplomatie>>, en E. Frezouls y A. Jacquemin (eds.): Les relations internationales. Actes du colloque du Strasbourg 15-17 juin 1993. Paris, 1995, pp. 411-432; Sordi, M.: <<Bellum iustum ac pium>>, en M. Sordi (ed.): Guerra e diritto nel mondo greco e romano. Milan, 2002, pp. 3-11. Cfr. para los antecedentes republicanos: Dahlheim, W.: Struktur und Entwicklung des romischen Volkerrechts in dritten und zweiten Jahrhundert v. Chr. Munich, 1968; Albert, S.: Bellum iustum: Die Theorie des 'gerechten Krieges' und ihre praktische Bedeutung fur die auswartigen Auseinandersetzungen Roms in republikanischer Zeit, Kallmunz, 1980.

(11.) RG 26. Para nuestros propositos, es fundamental el trabajo de Rich, J. W.: <<Augustus, War and Peace>>, en J. Edmondson (ed.): Augustus: His Contributions to the Development of the Roman State in the Early Imperial Period. Edimburgo, 2009, pp. 137-164, cfr, sobre el Monumentum Ancyranum, Yavetz Z.: <<The Res Gestae and Augustus Public Image>>, en F. Millar y E. Segal (eds.): Caesar Augustus: Seven Aspect. Oxford, 1984, pp. 1-36; Ramage, E. S.: The Nature and Purpose of Augustus' 'Res Gestae'. Stuttgart, 1987; Escribano Pano, Ma V.: <<La escritura de la historia en la res publica: las Res Gestae Divi Augusti>>, en Marco Simon, F.; Pina Polo, F. y Remesal Rodriguez, J. (eds.): Republicas y ciudadanos: modelos de participacion civica en el Mundo Antiguo. Barcelona, 2006, pp. 167-190.

(12.) Suet. Aug. 21.

(13.) Suet. Aug. 48.

(14.) RG 27.2.

(15.) Norr, D.: Aspekte des romischen Volkerrechts. Die Bronzetafel von Alcantara. Munich, 1989, vid. nuestra n. 10.

(16.) Cass. Dio 54.7.6.

(17.) Cass. Dio 54.20.4. Se trata de sigambros, usipetas y tencteros.

(18.) Cass. Dio 54.22.1.

(19.) Vell. Pat. 2.110.6. La penetracion del comercio italico en areas perifericas era notable ya antes de la provincializacion, cfr. el amplio dossier de agresiones a comerciantes romanos e italicos en el Bellum Gallicum: BG 7.3.1; 38.9; 42.3; 42.5; 55.5. Vid. a este respecto, para la peninsula iberica, Garcia Riaza, E. y Sanchez Moreno, E.: <<?Del mercado al tratado? El papel del comercio italico en las relaciones celtibero-romanas anteriores a la provincializacion>>, en: VI Simposio sobre los Celtiberos. Nuevos descubrimientos, Nuevas interpretaciones, en prensa.

(20.) RG 3, vid. n. 107.

(21.) <<Craso se volvio contra los mesios y los sometio, a unos con persuasion, a otros por miedo y a algunos otros por la fuerza>>, Cass. Dio 51.25.1; cfr., acerca de la sublevacion de los besos de Tracia sofocada por L. Pison: <<Entonces consiguio someterlos a todos, ganandose la voluntad de algunos aterrorizando a los que se mostraban reticentes y llegando a acuerdos con otros tras la batalla>>, Cass. Dio 54.34.7 (trad. Cortes Copete, J. M.: Dion Casio, pp. 92 y 281 respect. Remitimos a esta excelente edicion anotada para la bibliografia especifica).

(22.) Cass. Dio 53.29.1.

(23.) Cass. Dio 53.29.2.

(24.) Cass. Dio 54.11.4. Vid, para los antecedentes de esta practica, Martinez Morcillo, J. A.: <<La pena de muerte como represalia durante la expansion romana (200-167 a. C.)>>, en G. Bravo Castaneda y R. Gonzalez Salinero (eds.): Formas de morir y formas de matar en la Antiguedad romana. Madrid, 2013, pp. 415-431. Sobre el conflicto en cuestion, AA. VV.: Las Guerras cantabras. Santander, 1999; Peralta Labrador, E.: Los cantabros antes de Roma. Madrid, 2000, pp. 259-282.

(25.) Se trata de los posenos, App. III. 21.

(26.) App. Ill. 16. Sobre la pirateria (y, por ende, el bandolerismo) como elemento inhibidor de las garantias del derecho de guerra, vid. Cic. Off. 3.107, tema analizado en nuestro trabajo: <<El tratamiento de los piratas en el ius belli romano-republicano>>, en A. Alvarez-Ossorio Rivas, E. Ferrer Albelda y E. Garcia Vargas (coords.): Pirateria y seguridad maritima en el Mediterraneo Antiguo. Sevilla, 2013, pp. 127-143.

(27.) Vid, a titulo de ejemplo, el parlamento de Octaviano a L. Antonio, con la asociacion deditio-moderacion y la necesidad de <<decoro>> en la aplicacion proporcional de las represalias, App. BC 5.45. Un desarrollo de la problematica en Garcia Riaza, E.: <<Derecho de guerra en Occidente durante la expansion romano-republicana. Planteamientos metodologicos>>, en Id.: De fronteras a provincias. Interaccion e integracion en Occidente (ss. III-Ia. C.). Palma de Mallorca, 2011, pp. 31-65.

(28.) App. Ill. 22.

(29.) [TEXTO IRREPRODUCIBLE EN ASCII], Cass. Dio 53.25.4. La propia existencia de documentos como el Bronce de Alcantara pone de manifiesto la necesidad de explicitar la voluntad de rendicion, vid. Lopez Melero, R., Sanchez Abad, J. L. y Garcia Jimenez, S.: <<El bronce de Alcantara: una deditio del 104 a. C.>>, Gerion, 2, 1984, pp. 265-323; Norr, D.: Aspekte, passim.

(30.) Cass. Dio 51.6.5. Sobre las coronas de oro al emperador y, en general, sobre la evolucion del simbolismo de los regalos, vid. Millar, F.: TheEmperor, pp. 139-144.

(31.) Posteriormente restituidas a la comunidad: redidit. Vid. Norr, D.: Aspekte, pp. 5164; Garcia Riaza, E.: <<Sobre los mecanismos de integracion de los vencidos en el Occidente romano-republicano. Algunas observaciones>>, en F. Marco Simon, F. Pina Polo y J. Remesal Rodriguez (eds.): Vae victis! Perdedores en el mundo antiguo. Barcelona, 2012, esp. pp. 163-166.

(32.) Cass. Dio 54.9.7. La perdida de autonomia local en Samos debe relacionarse, probablemente, con la actitud de esta ciudad durante la Guerra Mitridatica. De hecho, fue sometida por Sila, junto a Yasos, Clazomenas y Samotracia, App. Mitr. 63. La forma verbal eXf|99r|aav empleada por el alejandrino podria connotar, no obstante, una toma violenta de la ciudad, por lo que, en tal supuesto, no se trataria tecnicamente de una deditio.

(33.) Suet. Aug. 48. Notese la analogia con el texto de la deditio de Alcantara, en la que el imperator, tras aceptar la rendicion y verificar el cumplimiento de las demandas planteadas, reintegra la libertas a la poblacion: deinde eos (...) [liberos]/esse iussit. Al tiempo, se restituyen bienes y leyes: agros et aedificia leges cet[era omnia]/quae sua fuissentpridie quam se dedid[erunt quae tum]/extarent eis redidit, vid. Dahlheim, W.: Struktur, 69-82, y, especificamente, Norr, D.: Aspekte, 52-53.

(34.) Vell. Pat. 2.114, cfr. App. BC 5.46: rendicion de L. Antonio a Octaviano.

(35.) App. Ilir. 19-21.

(36.) App. Hisp. 31.

(37.) Gomez Espelosin, F. J.: <<La imagen del barbaro en Apiano. La adaptabilidad de un modelo retorico>>, Habis, 24, 1993, pp. 105-124. En general, sobre el metodo historiografico del alejandrino, Id.: <<Contradicciones y conflictos de identidad en Apiano>>, Gerion, 2009, 27, pp. 231-250.

(38.) Esta expresion ([TEXTO IRREPRODUCIBLE EN ASCII] es empleada por Apiano (BC 5.5) en el discurso de Antonio en Efeso, solicitando dinero, tierras y ciudades.

(39.) <<Con mayor esfuerzo, fueron sometidos tambien y obligados a pagar los tributos que habian dejado de pagar, los docleatas, carnos, interfrurinos, naresios, glintidiones y tauriscos>>, App. Ill. 24. No se trata aqui, sensu stricto, de una situacion de deditio, por cuanto la ciudad fue asaltada, pero Augusto aplico a sus moradores clausulas propias de una rendicion, vid. infra.

(40.) App. Ill. 16, trad. Sancho Royo, A.: Apiano. Historia Romana, I. Madrid: Gredos, 1980, p. 396. Cfr. una alusion mas generica a la misma practica en App. Ill. 15: <<habia reintegrado el tributo a aquellos pueblos que se habian sublevado>>.

(41.) Str. 4.6.7-8, cfr. App. Ill. 17, vid. Cortes Copete, J. M.: Dion Casio, p. 207 n. 190.

(42.) Sin embargo, se atestigua una progresiva laxitud ya desde finales del siglo II a. C.: como se pone de manifiesto en la impunidad de las acciones irregulares emprendidas por Didio en Hispania Citerior, App. Hisp. 100.

(43.) Cortes Copete, J. M.: Dion Casio, pp. 207-208, n. 193, cfr. sobre su enigmatico consulado, Levick, B.: Augustus: Image and Substance. Harlow--Londres--Nueva York, 2010, pp. 100-103.

(44.) Cass. Dio 51.25.3.

(45.) <<A estos los trato con consideracion porque estaban consagrados a Dioniso y, en aquella ocasion, le salieron al encuentro desarmados. Les dono la region en la que adoraban al dios, tras habersela quitado a los besos, quienes entonces la tenian>>, Cass. Dio 51.25.5 (trad. Cortes Copete, J. M.: Dion Casio, p. 93). A las razones tecnico-juridicas se une, por tanto la oportunidad de exhibicion de la pietas del general.

(46.) Vell. Pat. 2.115.2. Esta diferenciacion era operativa tambien en la epoca de las guerras civiles (vid. infra). Asi se pone de manifiesto al comparar el tratamiento dado por Casio a Rodas, asediada y tomada por traicion (App. BC 4.73) y Patara, que se entrego en deditio (4.81): se impusieron analogas clausulas economicas en ambas, pero solo se condeno a muerte a los lideres locales en el primer caso.

(47.) Vid. Martinez Morcillo, J. A.: <<El asalto de nucleos de poblacion: bases juridicas, procedimiento y consecuencias durante la Republica romana>>, Espacio, Tiempo y Forma, Serie II, Historia Antigua, 26, 2013, pp. 107-122.

(48.) Cass. Dio 56.11.4. El pillaje general de los bienes de los habitantes no parece haberse ordenado sistematicamente, a diferencia del saqueo de los templos, Tesoro y otros edificios publicos, vid, por ejemplo, App. BC 4.80: Casio en Laodicea.

(49.) Cass. Dio 51.17.6-7. La presion de los soldados, deseosos de botin, pone a prueba, en numerosas ocasiones, el liderazgo militar, vid. App. BC 4.73 (Casio en Rodas): pillaje y violencia contra civiles son delitos castigados con pena de muerte; App. BC 4.80 (Bruto en Janto): orden de parar el saqueo. Apiano (BC 5.9) presenta el saqueo de Palmira por Antonio como un acto arbitrario, orientado unicamente a proporcionar botin a su caballeria, cfr. App. BC 5.122 (saqueo de Mesana por hombres de Agripa y Lepido).

(50.) Cass. Dio 54.5.5.

(51.) Augusto se apodero de la ciudad, pero no la incendio, confiando en que se entregarian, y cuando asi lo hicieron, se la dio para que la habitaran (yapides aurupinos), App. Ill. 16.

(52.) Como en territorio etiope, Cass. Dio 54.5.5.

(53.) Cass. Dio 53.25.5, cfr. Str. 4.6.7 sobre esta iniciativa y el previo intento de pacificar la zona reubicando a la poblacion en Eporedia. Los salasos serian incorporados a Augusta Praetoria en calidad de incolae, vid. Garcia Fernandez, E.: <<Incolae contributi y la lex Ursonensis>>, SHHA, 15, 1997, p. 173, tomando en consideracion tambien ILS 6.573 y Plin. NH 3.123.

(54.) Garcia Fernandez, E.: <<Incolae>>, p. 174, a partir de la referencia de Flor. 2.33.59-60.

(55.) Cass. Dio 54.11.5-6, vid. Roddaz, J.-M.: Marcus Agrippa. Roma, 1984, pp. 402-418, esp. p. 406. Cfr. Cass. Dio 31.3: privacion de armas a los panonios tras sometimiento violento.

(56.) [TEXTO IRREPRODUCIBLE EN ASCII], App. Ill. 25. Cfr, sobre el tratamiento apianeo de los sucesos de Segesta, Gomez Espelosin, F. J.: <<La imagen>>, esp. p. 119,

(57.) Vid. antecedentes y paralelos en: Pina Polo, F., <<Deportaciones como castigo e instrumento de colonizacion durante la republica romana. El caso de Hispania>>, en F. Marco Simon, F. Pina Polo y J. Remesal Rodriguez (eds.): Vivir en tierra extrana: emigracion e integracion cultural en el mundo antiguo. Barcelona, 2004, pp. 211-246; Martinez Morcillo, J. A.: <<Acabar con la identidad del enemigo: politica romana de reorganizacion de territorios sometidos en contexto de guerra (s. II a. C.)>>, en J. M. Aldea Celada et al. (coords.): Historia, Identidad y Alteridad. Actas del IIIer Congreso Interdisciplinar de Jovenes Historiadores. Salamanca, 2012, pp. 137-161.

(58.) Cass. Dio 54.32.1-2; 36.3.

(59.) A partir de la expresion empleada por nuestra fuente--Suebos et Sigambros dedentis; quadraginta milia dediticiorum--la deportacion parece haber sido ordenada tras una rendicion incondicional. En cuanto a los antecedentes, cabe citar el de los apuanos en el 180 a. C., Liv. 40.38.1-3, vid. Martinez Morcillo, J. A.: <<Acabar con la identidad>>, p. 143.

(60.) Suet. Aug. 21.

(61.) Germanico quadraginta milia dediticiorum traiecit in Galliam iuxtaque ripam Rheni sedibus adsignatis conlocavit, Suet. Tib. 9.2.

(62.) Cass. Dio 54.22.5.

(63.) App. Ill. 21, Cass. Dio 54.11.4, respect.

(64.) App. Ill. 16.

(65.) Caso del genocidio de los eburones ordenado por Cesar: stirps ac nomen civitatis tollatur, BG 6.34.8.

(66.) Vid. Salinas de Frias, M.: <<Violencia contra los enemigos: los casos de Cartago y Numancia>>, en: Bravo Castaneda, G. y Gonzalez Salinero, R. (eds.): Formas y usos de la violencia en el mundo romano. Madrid, 2007, pp. 31-39; Martinez Morcillo, J. A.: <<La pena de muerte como represalia durante la expansion romana (218-167 a. C.)>>, en G. Bravo Castaneda y R. Gonzalez Salinero (eds.): Formas de morir, pp. 415-431.

(67.) Caso de los supervivientes bastarnos, tras una fuerte resistencia, Cass. Dio 51.24.7.

(68.) Cass. Dio 54.11.2; 11.4, con el suicidio como unica alternativa.

(69.) Cass. Dio 56.15.2. Los desertores refugiados en la ciudad se alzaron en armas contra los propios habitantes de Arduba, ya que estos habian comenzado a negociar una deditio que, evidentemente, pasaba por la entrega del mencionado colectivo a la autoridad romana representada por Germanico. El apoyo de las mujeres de Arduba a los desertores, frente a la actitud pactista de sus maridos, es un hecho insolito, y tal vez deba explicarse a partir del topos de la resistencia a ultranza, incluyendose aqui detalles sobre las formas de suicidio de estas junto a sus hijos. En general, sobre la relacion mujer-guerra, vid. ahora: Perez Rubio, A.: <<Mujer y guerra en el Occidente europeo (siglos III a. C.-I d. C.)>>, en Vidal, J. y Antela, B. (eds.): Mas alla de la batalla. La violencia contra la poblacion en el Mundo Antiguo. Zaragoza, 2013, pp. 97-126.

(70.) Cass. Dio 54.7.6.

(71.) App. Ill. 16.

(72.) <<Enviado Marco Helvio contra ellos, los sometio y, despues de matar a los culpables, vendio al resto como esclavos>>, App. Ill. 21, trad. Sancho Royo, A.: Apiano, p. 400.

(73.) Cass. Dio 53.25.4-5. Debe tenerse en cuenta, sin embargo, el caracter irregular de la medida, ya que los salasos se habian entregado en deditio.

(74.) ne in vicina regione servirent neve intra tricesimum annum liberarentur, Suet. Aug. 2.

(75.) Cass. Dio 54.11.2-3.

(76.) Cass. Dio 54.31.3-4.

(77.) RG 4.

(78.) Cass. Dio 55.5.2-3.

(79.) Cass. Dio 51.5.5; 6.4.

(80.) <<!Que nadie lo considere ya romano sino egipcio! !Que nadie lo llame ya Antonio sino Serapion! !No tengamos en cuenta que alguna vez fue consul o emperador sino 'gimnasiarca'>>, Cass. Dio. 50.27.1, cfr. 50.26.5 (trad. Cortes Copete, J. M.: Dion Cassio, p. 42): <<?Que otra cosa nos queda por hacer salvo defendernos de el y de su companera Cleopatra?>>. Vid. en este sentido Syme, R.: The Roman Revolution. Oxford, 1939, p. 270 [trad. castellana, La revolucion romana. Barcelona, 2010].

(81.) Sobre la nueva columna erigida en Nicopolis, ciudad fundada para conmemorar la victoria, vid. Cass. Dio 51.1.2; Murray, M.: Octavian's CampsiteMemorialfor the Actian War. Filadelfia, 1989, cfr. App. BC 5.130 y Roddaz, J.-M.: Marcus Agrippa, p. 186 sobre las columnae rostratae erigidas en Roma. En aguas de Milas-Nauloco se produjo tambien el enfrentamiento del 36 a. C. contra Sex. Pompeyo, vid. el detallado analisis de Roddaz, J.M.: Marcus Agrippa, pp. 122-129; 133-136: corona rostrata recibida por Agripa.

(82.) Cass. Dio 51.19.5 (trad. Cortes Copete, J. M.: Dion Casio, p. 82). Cfr. App. BC 5.67 (rechazo popular ante la nueva tasa para la guerra contra Cn. Pompeyo, puesto que se trataba de una solicitud <<no para guerras extranjeras ni para extender el imperio>>; App. BC 5.92: (dificultades de Octaviano, al reputar el pueblo la guerra ilegal). Se da igualmente, un relativismo moral en las deserciones, vid. App. BC 5.17: <<Pues todas las causas eran similares, ya que ninguna de ellas era reconocida como opuesta a un enemigo comun de Roma>>.

(83.) Cass. Dio 50.4.4.

(84.) Cass. Dio 51.19.1; 19.5.

(85.) Cass. Dio 51.21.4. Cfr. App. BC 42 (rendicion de L. Antonio): <<Si yo hubiera sido un extranjero en guerra contigo, Octavio, habria considerado un deshonor la actual derrota ... >>.

(86.) <<El grueso de las tropas de Antonio se incorporo a las filas del ejercito de Cesar y, a continuacion, envio a Italia, sin ninguna recompensa, a los legionarios de ambos bandos que habia superado la edad de servicio>>, Cass. Dio 51.3.1 (trad. Cortes Copete, J. M.: Dion Casio, pp. 59-60).

(87.) <<Ordeno tambien que a los egipcios se les gobernara como correspondia a cada uno; pero que a los alejandrinos, sin consejo civico. Tan aficionados a las revueltas los consideraba>>, Cass. Dio. 51.17. 2 (trad. Cortes Copete, J. M.: Dion Casio, p. 78, donde se recogen las posturas contrapuestas de Bell, H. I.: <<The problem of the Alexandrian senate>>, Aegyptus, 12, 1932, pp. 173-184 y Fraser, P. M.: Ptolemaic Alexandria. Oxford, 1972, pp. 94-95. Mientras el primero defiende que la eliminacion databa ya de epoca ptolemaica, el segundo considera que la supresion de la boule fue producto de una decision augustea. La propia redaccion del texto y una contextualizacion global en el ius belli romano permitiria inclinarnos por esta ultima opcion).

(88.) Cass. Dio 51.2.1.

(89.) Cass. Dio 51.2.1.

(90.) Cass. Dio 51.17.6, ingresos destinados en parte al pago del Stipendium a los soldados.

(91.) Cass. Dio 51.2.1-3. Buchheim, H.: Die Orientpolitik des Triumvirn M. Antonius. Ihre Voraussetzungen, Entwichklung und Zusammenhang mit den politischen Ereignissen in Italien. Heidelberg, 1960; Bowersock, G. W.: <<The Cities of the Greek World under Augustus>>, en J. Edmondson (ed.): Augustus, pp. 468-482.

(92.) Acaso tambien en Cartago, vid. Cortes Copete, J. M.: Dion Casio, p. 62, n. 29.

(93.) y anade: <<La verdad es que no consideraba justo cometer algun acto irreparable contra un pueblo tan numeroso y que en tantas ocasiones habia sido de tanta utilidad para los romanos>>, Cass. Dio 51.16.3 (trad. Cortes Copete, J. M.: Dion Casio, p. 77).

(94.) Cass. Dio 51.2.3; 54.9.2-3.

(95.) Cass. Dio. 51.2.4-6.

(96.) Asi M. Escauro, hermano de Sexto Pompeyo por parte de madre, Cass. Dio 51.2.4-5.

(97.) A los que tal vez cabe anadir su hermano menor, Ptolomeo Filadelfo, Cass. Dio 51.15.5-7, cfr. Suet. Aug. 17, mas critico con la actitud de Octaviano, quien habria arrancado a al joven Antonio Antilo de la estatua de Cesar, a cuyos pies busco inutilmente asilo.

(98.) Cass. Dio 51.21.8. Vid. sobre la dimension propagandistica de los desfiles, Hickson, F. V.: <<Augustus 'Triumphator': Manipulation of the Triumphal Theme in the Political Program of Augustus>>, Latomus, 50, 1, 1991, pp. 124-138.

(99.) Cass. Dio 51.16.2. Vid. infra, sobre el papel de los rehenes.

(100.) Vell. Pat. 2.86.2. Del mismo modo, App. BC 5.45: fama de clemencia de Octaviano durante su enfrentamiento con L. Antonio. En general, sobre la cuestion, vid. Syme, R.: The Roman Revolution, p. 299; Roddaz, J.-M.: Marcus Agrippa, pp. 43-44: <<vertu que la morale publique exige du vainqueur d'une guerre civile>>; vid. nuestra n. 157.

(101.) Cass. Dio 56.43.3. Seguimos la transcripcion del antroponimo propuesta por Cortes Copete, J. M.: Dion Casio, p. 402.

(102.) Suet. Aug. 15.

(103.) Syme, R., The Roman Revolution, 210. Cfr. igualmente Suet. Aug. 13: ensanamiento con los prisioneros tras la batalla de Filipos en el 42 a. C.

(104.) Vell. Pat. 2.74.3-4.

(105.) <<Octavio hizo la paz con todos, pero el ejercito no ceso de armar alboroto contra algunos hasta que estos fueron ejecutados. Se trataba de los enemigos principales de Octavio, en especial Canutio, Gayo Flavio, Clodio Bitinico y otros>>, App. BC 5.49, trad. Sancho Royo, A.: Apiano, p. 272.

(106.) Cass. Dio 53.7.2. Es interesante comprobar como en la redaccion de las Res Gestae (3), Augusto menciona sin solucion de continuidad tal actitud, aplicandola a las guerras civiles y a las exteriores: [B]ella terra et mari c[iuilia ex]ternaque toto in orbe terrarum s[aepe

gessi] / uictorque omnibus u[eniam petentib]us ciuibus peperei. Exte[rnas] / gentes quibus tuto [ignosci pot]ui[t co]nseruare quam excidere m[alui].

(107.) Neque aut crebrius aut perfidiosius rebellantis graviore umquam ultus est poena, quam ut captivos sub lege venundaret (...). Qua virtutis moderationisque fama Indos etiam ac Scythas, auditu modo cognitos, pellexit ad amicitiam suam populique Romani ultroper legatos petendam, Suet. ^ug. 21.2-3.

(108.) El comportamiento irregular de L. Licinio Luculo en la deditio de Cauca (151 a. C.) genero tambien la desconfianza de Intercatia y la negativa de Palantia a negociar (App. Hisp. 51-55). En el relato de Apiano, la apistia romana se vincula tambien con la aparicion del movimiento viriatico, fundamentado igualmente en las acciones irregulares de Ser. Sulpicio Galba, App. Hisp. 61.

(109.) RG 26, vid. tambien RG 33: A me gentes Parthorum et Medorum [per legatos]principes earum gen/tium reges pet[i]tos acceperunt. Cfr. para epoca republicana, BonnefondCoudry, M.; Le Senat de la Republique romaine de la guerre d'Hannibal a Auguste. Roma, 1989, esp. pp. 294-320, y, desde el punto de vista de la dialectica general-senado, Eckstein, A. M.: Senate and General: Individual Decision-making and Roman Foreign Relations, 264-194 BC. Berkeley-Los Angeles, 1987, por oposicion a la situacion del Principado: Talbert, J. A.: The Senate of ImperialRome. Princeton 1984, esp., pp. 411-425.

(110.) <<Con respecto a los demas asuntos me parece que tomarias la mejor decision si, en primer lugar, remitieras al Senado las embajadas que lleguen de nuestro enemigos o de nuestros aliados, de reyes o de ciudades. Pues entre otras razones, es honroso y digno que el Senado parezca [el subrayado es nuestro] tener la competencia en todos los asuntos y que sean muchos los que se opongan a las desconsideradas palabras de los embajadores>>, Cass. Dio 52.31.1 (trad. Cortes Copete, J. M.: Dion Casio, pp. 142-143).

(111.) <<Y puesto que Augusto estaba cansado tanto por la edad como por la debilidad de su cuerpo, de modo que no podia ocuparse de todas sus obligaciones (...), confio a tres consulares las embajadas que las ciudades y reyes enviaban, de modo que cada uno de estos consulares, por separado, oyera sus peticiones y les diera contestacion, excepcion hecha de aquellas en las que fuera necesario que el Senado y Augusto dieran la respuesta [JIF., 114.15-20]>>, Cass. Dio 55.33.5 (trad. Cortes Copete, J. M.: Dion Casio, p. 342). Al tiempo, en algunas ocasiones, las misiones diplomaticas realizan una gira multiple, caso de los partos que, a instancias de Augusto, se entrevistan tambien con Tiberio, que se hallaba en Germania, Suet. Tib. 16.1. El senado, aunque en segundo plano, continuo participando en la vida diplomatica, bien en solitario, bien en colaboracion con Augusto, vid. Millar, F.: TheEmperor, pp. 343-345.

(112.) Cass. Dio 51.22.8.

(113.) App. Ill. 23. La expresion empleada por este (<<los segestanos le enviaron emisarios para informarse de que era los que deseaba>>) recuerda poderosamente a la atribuida por Apiano (Hisp. 51) a los interlocutores de Cauca ante L. Licinio Luculo en 151 a. C.: <<Sus habitantes le preguntaron con que pretension llegaba o con que motivo buscaba la guerra>>. Vid. sobre Apiano y su critica a las contravenciones del bellum iustum, Gomez Espelosin, F. J.: <<Contradicciones y conflictos>>, pp. 231-250, esp. pp. 244-246.

(114.) Cass. Dio 55.10.20. Es muy sugestiva tambien la informacion sobre el uso sutil de los tratamientos en las relaciones epistolares de este con Augusto, asi como los detalles relativos a la celebracion del encuentro entre el persa y Cayo: mismo numero de escoltas en cada delegacion, intercambio de banquetes, etc, vid. Vell. Pat. 2.101, cfr. 102.2: atentado durante una entrevista en Armenia.

(115.) <<Augusto administraba el territorio sometido segun las costumbres romanas pero permitia que las naciones aliadas (evon:ov8ov) se gobernaran a su manera particular>>, Cass. Dio 54 9.1 (trad. Cortes Copete, J. M.: Dion Cassio, p. 238). Cfr. 9.2-5 sobre la redistribucion y confirmacion de territorios en Oriente. Acerca de las legationes a Augusto de ciudades griegas minorasiaticas, y, especialmente, de la embajada Mitilene a Tarraco, obteniendo del Princeps un foedus aequum, Arrayas Morales, I.: <<Diplomacy in the Greek poleis of Asia Minor: Mytilene's Embassy to Tarraco>>, C&M, 61, 2010, pp. 127-149. Vid. nuestra n. 91.

(116.) pluribus quondam de regno concertantibus, nonnisi ab ipso electum probaverunt, Suet. Aug. 21.3.

(117.) RG 33. Para Cortes Copete, J. M.: Res Gestae divi Augusti. Edicion, traduccion y comentario. Madrid, 1994, pp. 137-138), Augusto se limito a acceder a las peticiones de partos y medos sobre el regreso de Vonones y Ariobarzanes, custodiados en Roma, sin que el Princeps controlara realmente la situacion politica de los citados reinos, vid. Campbell, B.: <<War and Diplomacy: Rome and Parthia, 31 B.C.-A.D. 235>>, en Rich, J. y Shipley, G. (eds.): War and Society in the Roman World. Londres-Nueva York, 1993, pp. 213-240.

(118.) Cass. Dio 51.18.3.

(119.) Burton, P. J.: Friendship and Empire: Roman Diplomacy and Imperialism in the Middle Republic (353-146 BC), Cambridge, 2011. En RG 22 encontramos tambien una interesante vinculacion de ambos conceptos: plurimaeque aliae gentes exper[tae sunt p R] fidem meprin/cipe quibus antea cum populo Roman[o nullum extitera] legationum / et amicitiae commercium.

(120.) RG 26.

(121.) RG 31. Vid. igualmente Cass. Dio 51.24.4-7 sobre el reconocimiento de Roles, de los getas, como <<amigo y aliado>> ([TEXTO IRREPRODUCIBLE EN ASCII]), y 53.25.1, analogo tratamiento otorgado a Polemon, rey del Ponto: [TEXTO IRREPRODUCIBLE EN ASCII], vid. Cimma, M. R.: Reges socii et amici populi Romani. Milan, 1976; Coskun A. (ed.): Amici Populi Romani. Prosopographie der auswartigen Freunde Roms / Prosopography of the Foreign Friends of Rome. Waterloo, 2010.

(122.) App. Ill. 19-21.

(123.) Cass. Dio 55.33.1 (dalmatas y panonios. La legatio no llega a organizarse por el peso de la faccion partidaria de la resistencia); 56.13.2 y 16.1-3 (legatio enviada por Baton a Tiberio).

(124.) Asi cabe entender la expresion de Dion Cassio sobre la legatio germana de los sigambros: <<aunque eran muchos y nobles, acabaron muriendo>>, Cass. Dio 55.6.3 (trad. Cortes Copete, J. M.: Dion Casio, p. 294).

(125.) RG 33.

(126.) Cass. Dio 51.8.4. Previas legationes: Cass. Dio. 51.6.4-6 (con dinero para sobornos); 8.1-3 (entregando a Turulio).

(127.) Cass. Dio. 56.16.1. Baton no habia logrado unificar posturas con los defensores del fuerte de Andetrion, sitiado por Tiberio, y se decidio finalmente por una aproximacion unilateral a la autoridad romana, vid. Cass. Dio 56.13.2: referencias a las primeras legationes.

(128.) Se trataba de embajadores tanto de pueblos libres como aliados (legatos liberarum sociarumquegentium), Suet. Aug. 44.1. Un liberto (Epafrodito), junto a un caballero fueron enviados como emisarios por Octaviano ante Cleopatra, vid. Cass. Dio 51.11.4, cfr. Plut. Ant. 73.1, con mencion del liberto Thyrso. Ante la ausencia de personas de confianza, la reina egipcia y Antonio emplearon al 8i8aoKaXo^ de sus hijos, Eufronio, como mensajero ante Octaviano, Plut. Ant. 72.2. Sin embargo, tecnicamente no nos hallamos en estos casos ante legationes.

(129.) Cass. Dio 55.6.1-3.

(130.) Plut. Caes. 22, 3; Cat. Mi. 51; App. Celt. 18 (Excerpta de legationibus 10), comportamientos analizados en nuestro trabajo: <<Violencia contra los emisarios. La supuesta contravencion del ius legationis en el Bellum Gallicum>> en: Torregaray Pagola, E. (ed.): Gestionar el fracaso: algunas sombras en la diplomacia romana, Vitoria, 2014, (en prensa). Cfr, ya para epoca de Augusto, la anecdota del abuso del alcohol por parte de los embajadores escitas recibidos por Craso, de los que este logro sonsacar informacion con metodos poco elegantes, Cass. Dio 51.24.2. Constan, por otra parte, agresiones fisicas contra legati, si bien entre personajes no romanos, como el asesinato llevado a cabo por sicarios de Antioco de Comagena del legatus enviado por su hermano a Roma. En esta ocasion, Octaviano pidio responsabilidades a Antioco, quien seria condenado a muerte por el senado, Cass. Dio. 52.43.1.

(131.) Zanker, P.: Augusto y el poder de las imagenes. Madrid, 1992, cfr. Eder, W.: <<Augustus and the Power of Tradition: The Augustan Principate as Binding Link between Republic and Empire>> en Raaflaub, K. A. y Toher, M.: (eds.): Between Republic and Empire: Interpretations of Augustus and His Principate. Berkeley, 1990, pp. 71-122, esp. pp. 73-82; Alston, R.: <<Augustan Imperialism>> en Hoyos, D. (ed.): A Companion to Roman Imperialism. Leiden-Boston, 2013, pp. 197-211.

(132.) Cass. Dio 54.9.8-10, con mencion tambien de un habil muchacho sin brazos. La comitiva se desplazaria posteriormente a Atenas, acompanando a Augusto. Cfr. Suet. Aug. 43.4: exhibicion de un tigre sobre un escenario en Roma.

(133.) Vid. Yavetz, Z.: <<The Res Gestae ... >>, pp. 1-36.

(134.) RG 31. Cfr. en el mismo sentido, aunque de manera mas generica, RG 33 (transcrito en n. 120).

(135.) Como los enviados por Tigranes III de Armenia (Cass. Dio 55. 10.20-21), que se unen a los ya mencionados de Cleopatra (Cass. Dio 51.6.5), vid. n. 30.

(136.) ut quorundam barbarorum principes in aede Martis Ultoris iurare coegerit mansuros se in fide acpace quam peterent, Suet. Aug. 21.2.

(137.) Estandartes procedentes del conflicto parto y de otras diversas procedencias fueron recuperados por Augusto, vid. RG 29; Vell. Pat. 2.91.1; App. Ill. 28; Suet. Aug. 21.3, cfr. Cortes Copete, J. M.: Res Gestae, pp. 131-132.

(138.) Cfr, en general y sobre los antecedentes republicanos, Elbern, S.: <<Geiseln in Rom>>, Athenaeum, 78, 1990, pp. 97-140; Ndiaye, S.: <<Le recours aux otages a Rome sous la Republique>>, DHA, 21, 1, 1995, pp. 149-165. Garcia Riaza, E.: <<Rehenes y diplomacia en la Hispania romano-republicana>>, en Bravo, G. y Gonzalez Salinero, R. (eds.): Minorias y sectas en el mundo romano. Madrid, 2006, pp. 17-33; Alvarez Perez-Sostoa, D.: <<El confinamiento de los prisioneros de guerra y rehenes en la Roma republicana>>, Veleia, 26, 2009, pp. 153-171.

(139.) App. Ill. 22.

(140.) Quodam autem muneris die Parthorum obsides tunc primum missos per mediam harenam ad spectaculum induxit superque se subsellio secundo collocavit, Suet. Aug. 43.4, cfr. 21.3.

(141.) RG 32. Sobre el significado politico de amicitia, vid. supra y n. 119.

(142.) Cass. Dio 54.20.6.

(143.) App. Ill. 28. Junto a la peticion de rehenes se solicito la devolucion de estandartes y se reimpusieron tributos, con pago de atrasos.

(144.) Suet. Aug. 21.2.

(145.) App. Ill. 20-21.

(146.) quodque ei et filius et fratris filius a Caesare remissi essent, quos atuatuci obsidum numero missos apud se in servitute et catenis tenuissent, Caes. BG 5.27.2, vid. Moscovich, M. J.: <<Obsidibus traditis: Hostages in Caesar's De Bello Gallico>>, CJ, 75, 1979-1980, pp. 122128, vid. nuestra n. 138.

(147.) Baton el breuco solicita rehenes a cada una de sus plazas fuertes, Cass. Dio 55.34.5.

(148.) App. Ill. 21. Sin embargo, como hemos visto, el proceso de deditio fracasaria a causa de la negativa local a entregar las armas.

(149.) Str. 16.748. El rey Fraates, vencedor de la guerra civil, envio a Octaviano a un hijo como rehen segun Cass. Dio 51.18.3, cfr. RG 32: hijos y nietos de Fraates.

(150.) Vell. Pat. 2.94.4, vid. Sanchez Manzano, Ma A.: Veleyo Paterculo, Historia Romana. Madrid, 2001, p. 205-206, n. 640: el envio de rehenes no coincidiria con la campana de Tiberio que menciona Veleyo.

(151.) App. Ill. 23.

(152.) Suet. Aug. 22.2. El caracter novedoso de la medida debe, sin embargo, relativizarse, como plantea Aymard, A.: <<Les otages barbares au debut de l'Empire>>. JRS, 51, 1961, pp. 137-139. Cfr. en general, sobre los rehenes femeninos, Allen, J.: Hostages and HostageTaking in the Roman Empire. Cambridge, 2006, pp. 180-187.

(153.) Cass. Dio 51.161-2. Entre los retenidos, los hermanos del rey Artaxes de Armenia. Vid, sobre esta perspectiva, junto al clasico trabajo de Braund, D.: Rome and the Friendly King: The Character of the ClientKingship. Nueva York, 1984, las aportaciones de Elwyn, S.: <<Interestate Kinship and Roman Foreign Policy>>, TAPA, 123, 1993, pp. 261-286 y Battistoni, F.: <<Rome, Kinship and Diplomacy>>, en Eilers, C. (ed.): Diplomats and Diplomacy in the Roman World. Leiden, 2009, pp. 73-97.

(154.) <<Unio incluso entre si con lazos mutuos de parentesco a los reyes aliados(...). Crio tambien y educo a los hijos de muchos de ellos junto con los suyos propios>>, Suet. Aug. 48, trad. Agudo Cubas, R. M.a: Vidas, p. 236.

(155.) Cass. Dio 51.15.6, vid. Grenier, J.: <<Cleopatre Selene, reine de Mauretanie>>, en Hamdoune, C. (ed.): Ubique amici: Melanges offerts aJean-MarieLassere. Montpellier, 2001, pp. 101-116. Acerca de las conexiones entre el concepto de rehen y el de huesped, vid. Allen, J.: Hostages, pp. 67-94.

(156.) El Princeps intercambio promesas con el rey de los Getas Cortison, de modo que cada uno de ambos casaria con la hija del otro, noticia que Suetonio (Aug. 63.2) atribuye a Antonio; Augusto diseno los vinculos matrimoniales de su propia Casa para reforzar la autoridad politica y militar del joven Cayo Cesar al que encomienda la direccion de la guerra contra los partos (Cass. Dio 55.10.18). La politica matrimonial fue utilizada tambien para atraerse a Tiberio (Suet. Aug. 63.2). Vid. para los primeros movimientos de Octaviano ya en la epoca de las guerras civiles, App. BC 5.53; 64, y, en general, Syme, R.: The Roman Revolution, pp. 419-438.

(157.) Acerca de los Escipiones, vid. Liv. 28.34.3, cfr. Torregaray Pagola, E.: <<La influencia del modelo de Alejandro Magno en la tradicion escipionica>>, Gerion, 21, 2003, pp. 137-166, esp. p. 162; cfr. Tise, B.: Imperialismo romano e imitatio Alexandri. Due studi di storia politica. Galatina, 2002; sobre Cesar, vid. ahora Novillo Lopez, M. A.: <<La 'dementia caesaris': virtud propia del buen gobernante>>, en Cid Lopez, R. M a y Garcia Fernandez, E. (eds.): Debita verba. Estudios en homenaje al Profesor Julio Mangas Manjarres. Oviedo, 2013, pp. 739-748, cfr. Syme, R.: The Roman Revolution, pp. 51 y 159 (Cesar); p. 299 (Augusto).

Enrique Garcia Riaza

Universitat de les Illes Balears

garcia.riaza@uib.es

Fecha de recepcion: 13-6-2014; aceptacion definitiva: 7-7-2014 BIBLD [0213-2052(2014)32;91-122

* Trabajo realizado en el ambito del Proyecto: <<Entre la paz y la guerra: alianzas, confederaciones y diplomacia en el Occidente Mediterraneo (siglos III-I aC)>>, HAR2011-27782, Plan Nacional I+D+i, Secretaria de Estado de Investigacion, Desarrollo e Innovacion, Ministerio de Economia y Competitividad, Gobierno de Espana.
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Author:Garcia Riaza, Enrique
Publication:Studia Historica. Historia Antigua
Date:Jan 1, 2014
Words:15668
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