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De amor y venganza en la poesia de Quevedo: perspectivas de la amada envejecida en la tradicion del carpe diem.

<<Ese bello rostro sera ajado por el devenir de los anos, / la arruga senil hara su aparicion en tu anciana frente / y pondra su mano sobre tu belleza la danina vejez, / que llega con paso silencioso; / y, cuando alguien diga: "esta fue hermosa", te afligiras / y te quejaras de que tu espejo es mentiroso>> (Ovidio, Tristezas, 3, 7, VV. 33-38) (1).

<<Amad, amad, amad, correspondidos, / dijo, si sois discretos amadores; / y el que el desprecio no vengare necio, / la edad le vengara de aquel desprecio>> (ElParnaso espanol, p. 299).

<<On love and revenge in Quevedo's love poetry. Perspectives of aged beloved woman in the carpe diem tradition>>

Estos versos iniciales senalan algunos de los motivos clasicos que han ido tejiendo--desde la literatura arcaica griega, la poesia alejandrina, la epigrafia funeraria, la poesia latina y Horacio, el Renacimiento y el Barroco, hasta la actualidad--el conglomerado de influencias que denominamos carpe diem, siempre multiforme y resistente a clasificaciones o tipologias debido a su inaprensible variedad. Ovidio, con la admonicion a la mujer hermosa para que conozca la caducidad de su belleza y la impotencia que sentira ante el espejo cuando se vea vieja; los versos que sirven de cierre a la musa IV, Erato, en El Parnaso espanol de Quevedo, con la venganza del amante despechado, auxiliado por la edad, por el tiempo destructor.

Quevedo no fue ajeno a la rica tradicion literaria que configuro el topico del carpe diem, multiplicandolo en recreaciones de sentido diverso. Como en tantas esferas de su literatura, destacan en sus versiones del 1 mismo la densidad y variedad de sus fuentes, casi siempre entremezcladas en un unico poema. El proposito de este estudio es realizar un recorrido por los poemas incluidos en la musa amorosa, Erato, para intentar desentranar el modo en que--como hizo con otros topicos abordados en su poesia--consiguio una recreacion peculiar, diferenciada de la de sus contemporaneos, incluso en materia que ofrecia ya tan pocas posibilidades de originalidad (por repetida) como el carpe diem y la brevedad de la rosa (2). Conviene advertir que se manejara este topico en un sentido amplio y poco restrictivo, en consonancia con sus imprecisas fronteras y las mutaciones experimentadas desde la antiguedad grecolatina. Ya advertia Garcia Berrio (1978, p. 246), en su estudio clasico sobre los sonetos espanoles dedicados a este asunto, que
   la solidaria presencia casi simultanea de los varios ingredientes
   de lo que ha de ser el conglomerado topico, no permite establecer
   siempre diferencias faciles entre exhortacion epicureista, triunfo
   floral, decadencia de la rosa, vejez y caducidad de la hermosura,
   reproche amoroso e invocacion al estoicismo (3).


EL CORPUS DE ERATO

El cancionero amoroso de Quevedo, constituido por 101 sonetos, 8 madrigales, 7 idilios, 3 canciones, 11 romances, 2 poemas en redondillas y 1 en quintillas, distribuidos en las dos secciones de que consta la musa iv, Erato (4), contiene diversas manifestaciones del topico, significativas tanto por su frecuencia cuanto por la variedad de enfoques del mismo: este corpus de poemas es muestrario de todas las posibles manifestaciones que el carpe diem--y topicos a el asociados como collige, virgo, rosas o tempus fugit--adquiere en la poesia de la epoca. Aunque es cierto que la gran mayoria de ellos parece resultado de la <<hipertrofia de una derivacion del tema, la moralista y estoica, en detrimento de la permanencia de sus esencias basicas epicureas>>, la poesia quevediana permite matizar las palabras de Garcia Berrio (1978, p. 248) cuando afirma que aquellas, sostenidas por la tradicion de modelos clasicos, fueron mantenidas <<casi en exclusiva [...] por la genialidad independiente de tres grandes vates: Garcilaso, Gongora y Sor Juana Ines>>. Quevedo, llevado de su practica habitual de imitar y contaminar textos de la tradicion clasica, tampoco desdeno breves incursiones de tono anacreontico y epicureista, de exhortacion al disfrute de los placeres mundanos y la juventud antes de la llegada de la muerte, aunque tambien es cierto que el tono melancolico predominante le aproxima mas a las odas horacianas.

La serie mas destacada de poemas adscribibles al topico se encuentra en la primera seccion de Erato, en el grupo de cincuenta sonetos con que se inicia: de ellos, un total de tres abordan, con perspectiva diferente como se vera despues, el asunto de la caducidad de la hermosura femenina, asociada o no al motivo de la flor. Es llamativa, en primer lugar, la frecuencia con que se recrea el tema, pero tambien su disposicion en la musa, cuya division tematica tripartita--sentimientos del amante, belleza de la dama y filosofia sobre el amor--parece multiplicarse en grupos trimembres de poemas asociados por un argumento comun: tres sonetos dedicados al carpe diem, otros tres a la impugnacion del dios amor, tres mas a alabanzas paradojicas de damas aquejadas por algun defecto visual ... A estos rasgos dispositivos debe anadirse el hecho de que los poemas consagrados a la fugacidad de la belleza y la vida humana se colocan en forma de gradatio, desde las manifestaciones mas proximas a la exhortacion epicurea--aunque tenida de moral estoica--ante una hermosura aun existente hasta el vituperio cruel contra una mujer envejecida, en venganza por sus pasados desdenes.

LA BREVEDAD DE LA HERMOSURA. <<LA MOCEDAD DEL ANO, LA AMBICIOSA>>

Este conjunto de sonetos se inicia con el poema <<La mocedad del ano, la ambiciosa>> (4) (5), cuyo epigrafe lo situa de manera inequivoca en el ambito indicado: <<Con ejemplos muestra a Flora la brevedad de la hermosura, para no malograrla>> (6). Los ejemplos son, como en las expresiones mas ortodoxas del topico, las flores de la primavera--la del almendro, el clavel, la rosa--, cuya belleza y corta vida favorecen la asociacion con la mujer (7). Flora es nombre que no parece elegido al azar: ademas de evocar las flores descritas en los dos cuartetos, es la diosa romana de la primavera y se asocia usualmente con la estacion florida (8). El sintagma /a brevedad de la hermosura incluye ya el valor moralizante habitual en este tipo de poemas, acentuado con la expresion para no malograrla.

La parte inicial del soneto, los dos cuartetos ya mencionados, parece un homenaje consciente--pese a las obvias diferencias metricas, que determinan la mayor concision quevediana--al poema latino que se considera arranque fundamental del topico, <<De rosis nascentibis>>, atribuido a Ausonio, en la descripcion detenida de las flores primaverales. Recuerdese que tras ella el autor latino iniciaba una reflexion melancolica sobre la breve vida (apenas un dia) de tal regalo de la naturaleza (9), antes de la escueta exhortacion final (10): <<collige, virgo, rosas dumflos novus et nova pubes, / et memor esto aevum sic properare tuum>> (VV. 50-51) (11). Quevedo reserva una exhortacion similar tambien para la conclusion, los dos tercetos, conminando a Flora a aprovechar su juventud, pero en proporcion la parte de inequivoco sentido moral adquiere mayor importancia que en Ausonio. La invitacion escueta de este se hace mas explicita e imperativa en Quevedo, quien acentua notablemente el tono admonitorio, con terminos como reprehensiones, soberbia, arrepentir, discreta ..., ya anticipados en el epigrafe. El primer terceto sintetiza la habitual identificacion entre las flores y la belleza humana, sujeta a las leyes de flor; el segundo se construye por medio de una rapida transicion por las edades de la vida humana, que discurre desde el presente de la hermosura de Flora al futuro, momento de arrepentimiento y dolor por el pasado perdido, de la discrecion dolorosa por tardia.

En Ausonio, el protagonismo del poema corresponde a la naturaleza, con la que se evoca la vida y la hermosura de la doncella objeto de la exhortacion. En Quevedo resulta llamativa tambien la <<ausencia>>, la falta de protagonismo de la dama a quien la voz poetica muestra los ejemplos florales; como el autor latino, usa estos para referir, sin nombrar, los rasgos y cualidades de la dama, no descrita con la topica imagineria petrarquista de otros autores del Siglo de Oro, como Garcilaso de la Vega o Gongora, en sus sonetos ya clasicos <<En tanto que de rosa y azucena>> y <<Mientras por competir con tu cabello>> o <<Ilustre y hermosisima Maria>>, respectivamente. Mientras Quevedo consagra los 9 10 11 dos cuartetos a la descripcion demorada de la plenitud de las flores en primavera, que el lector asocia despues a la de la joven Flora, Garcilaso y Gongora procedian a la inversa, sugiriendo el mundo vegetal a partir de las menciones explicitas, y metaforizadas, de las partes del rostro de la mujer hermosa (12). Tal vez haya que pensar en este caso tambien en la influencia de Horacio, que en sus recreaciones del carpe diem acostumbra a ofrecer una amplia descripcion paisajistica, en relacion con las estaciones del ano, exenta de referencias a la belleza de la dama y por lo general mas amplia que la propia exhortacion final, de indole moral, con la que se reconduce el proposito del poema.

Por otra parte, los poemas de Garcilaso y Gongora parecen limitar los efectos devastadores del tiempo a los aspectos fisicos de la vida humana, en especial al rostro y los cabellos femeninos, caracterizados por el cromatismo de la juventud frente a los tonos grises de la vejez y la muerte; Ausonio habia usado un termino abarcador de la existencia, la vida que se desliza de modo imperceptible--<<mirabar celerem fugitiva aetate rapinam>> (V. 35)--, y Quevedo hace recaer la amonestacion no solo sobre la ruina material, la hermosura, sino tambien sobre la espiritual, la soberbia humana. De este modo, el terceto final, cuyo eje es la huida de la vida, adquiere formulaciones proximas a sentencias morales contenidas en la obra de Seneca (13).

Tal vez el tono quevediano este mas proximo al poema de Lope de Vega <<Antes que el cierzo de la edad ligera>> (25), que, pese a incluir terminos habituales como rosa o primavera, no se detiene tampoco en la descripcion de la mujer hermosa y enfatiza el alcance moral de la amenaza futura, con expresiones como <<estima un medio honesto>> (V. 12) (14).

Otros datos que merecen comentario son la presencia de la rosa, caracterizada de acuerdo con rasgos que se remontan a las Anacreonticas y a cuyas fuentes Quevedo presto una atencion especial en sus comentarios del Anacreon castellano (fols. 29v-32); tales caracteristicas son, no obstante, ya topicas en el petrarquismo, como se observa en algun poema de Marino, por ejemplo la cancion <<Hor, che d'Europa il Toro>> (1602, 8, pp. 56-62). Entre los autores espanoles que mas acudieron al simbolo de la rosa para evocar la brevedad de la hermosura y la vida humanas, con aproximaciones variables y un acusado tono moral, se encuentra Lope de Vega, en una decena de sonetos, entre ellos

<<Doncella en los pimpollos de abril nace>> o <<Yace entre estos piramides marchitos>> (15). Calderon de la Barca la relaciono con las vanidades humanas en <<Estas que fueron pompa y alegria>> o <<?Ves esa rosa que tan bella y pura>>. Tambien el principe de Esquilache jugo con este motivo en <<Detente, aguarda, presumida rosa>> y <<Entre envidias del campo generosa>>. En ambos escritores--y en Rioja, en <<Pura, encendida rosa>>; en Pedro de Castro y Anaya, <<La rosa en los cristales de una fuente>>, <<Reina del mayo la encarnada rosa>> e <<Hija del blanco pie de Venus bella>>; o en el propio Quevedo, en la letrilla <<Rosal, menos presuncion>>--, existe un protagonismo absoluto de la rosa, cuyo ejemplo no se aplica al caso particular de una dama altiva. Si aparece la mujer como objetivo de la exhortacion en el soneto quevediano <<La mocedad del ano, la ambiciosa>>; en el de Medrano, <<Esta que te consagro, fresca rosa>>; o en el de Castro y Anaya <<Nacio la rosa, honor del verde llano>>.

La mencion de la soberbia no parece limitada exclusivamente al topico defecto de la hermosa desdenosa en este contexto--sobre todo si se tiene en cuenta la importancia que Quevedo concedio a esta peste del mundo y a la forma de combatirla--, y conecta el soneto con un elemento muy fecundo de la tradicion del carpe diem: la crueldad y altivez de la dama, presente en Horacio, <<O crudelis adhuc et Veneris muneribuspotens>> (oda 4, 10), e imitado por P. Bembo, en <<O superba e crudele, o di bellezza>> (Rime, 72, p. 68), o por Herrera, en su version <<Oh soberbia y cruel en tu belleza>> (1, p. 270), en un larga cadena de recreaciones (16).

VENGANZA EN FIGURA DE CONSEJO. <<YA, LAURA, QUE DESCANSA TU VENTANA>>

Otra posibilidad, que parece la preferida por Quevedo--como se comprobara en los dos sonetos que siguen--, consiste en la chanza vengativa ante la vision de la amante desdenosa ya envejecida, motivo central tambien de las odas 1, 25 y 4, 13 de Horacio: no puede existir exhortacion, ni lugar para el arrepentimiento; solo la constatacion de la degradacion y la burla despiadada. Prueba del exito de esta derivacion del topico son, por ejemplo, la traduccion de la ultima oda horaciana por fray Luis de Leon en <<Cumpliose mi deseo>>: <<porque la boca denegrida / y las canas te afean, / que en la nevada cumbre ya blanquean [...] ?Que se hizo aquel donaire, / aquella tez hermosa? [...] para que con gran risa ver pudiese / la gente moza herviente, / vuelta en pavesa ya la hacha ardiente>> (VV. 16-18, 25-26 y 40-42). Y en Espana, con matices y solo como ejemplo, pueden mencionarse el soneto de Lupercio Leonardo de Argensola, <<Mirando Cloris una fuente clara>> (50), y <<Viendose en un fiel cristal>> (51), de Bartolome Leonardo de Argensola, en los cuales Lice reflexiona y se muestra impotente ante su imagen envejecida; tambien, <<Lidia, de tu avarienta hermosura>>, del licenciado Luis Martin, en el que la voz poetica agradece la accion del tiempo: <<me da venganza y roba tu belleza, / te da dolor y cura mi tormento>> (VV. 13-14) (17).

Cabe apuntar, no obstante, que ya en Anacreonte existe una burla a la belleza caduca que no quiso seguir los consejos del amante en la edad florida, y despues es menospreciada por quienes antes le suplicaban. El tema se glosa en Rufino antes de llegar a Horacio, como recordo Gonzalez de Escandon (1938, p. 25):
   ?No te decia yo, Prodike: Envejecemos? ?No te habia anunciado que
   los lazos del amor se soltarian bien pronto? He aqui lo que los
   corta: los rizos blancos y las arrugas; tu cuerpo es solo una ruina
   y tu boca perdio su gracia. ?Hay ahora quien piense en abordarte o
   quien te dirija una palabra halaguena? Ahora, belleza altanera,
   pasamos ante ti como ante una tumba.


El segundo soneto quevediano, <<Ya, Laura, que descansa tu ventana>> (13), responde a esta derivacion del topico. Ofrece en su titulo, <<Venganza, en figura de consejo, a la hermosura pasada>>, datos abundantes para caracterizarlo dentro de la tradicion: no se trata ya de incitar al goce de la hermosura, sino de aconsejar a la dama que ya la ha perdido, con proposito de revancha por sus antiguos desdenes: <<tales sonetos--afirma Garcia Berrio (1978, p. 258)--no obedecen al esquema del imperativo bajo la amenaza del transito de la flor y la hermosura>>. Como el soneto <<Lidia, de tu avarienta hermosura>>, de Luis Martin de la Plaza (18), <<ofrece la curiosa peculiaridad, similar a bastantes variedades de sonetos estoicos, de presentar la degradacion como un proceso ya realizado>>, en palabras de Garcia Berrio (1978, p. 258).

El enigma que plantea la venganza en forma de consejo del poema de Quevedo resulta desvelado en los dos tercetos, y anticipado en el comentario editorial, que apunta hacia las fuentes: <<la costumbre antigua de dedicar a Venus sus espejos las hermosas tiranizadas de la edad>>. Respecto a los poemas canonicos del topico, la exhortacion al disfrute de la juventud se convierte en consejo para que acepte que ya no es bella y cuelgue de modo simbolico el espejo que reflejaba su hermosura, en los dos tercetos.

En cuanto al nombre de la mujer, Laura,, que solo aparece en otro poema de la primera seccion de Erato, el madrigal 6, puede ser evocacion parodica de la celebre amada de Petrarca, pero tambien guarda semejanza fonetica con el personaje de Lais de Corinto, protagonista del epigrama griego que pudo servir de punto de partida, y con Lidia, la mujer objeto de burla en la oda 1, 25 de Horacio, o Lice, la de la oda 4, 13.

Una vez mas, la peculiaridad del poema, ya senalada por varios criticos (19), consiste en la combinacion de fuentes y motivos diversos, por lo general tratados de modo aislado en otros autores. El comienzo del poema, con un adverbio temporal, Ya, que nos situa en el presente de la vejez de Laura, eludiendo el mienras usual y la esperanza de permanencia breve de su hermosura, describe la ventana y la puerta ahora solitarias de la casa, por oposicion a los lamentos de antiguos amantes antano. Tales elementos relacionan de modo inequivoco el arranque del soneto quevediano con la oda 1, 25 de Horacio, dirigida a modo de venganza contra una Lidia envejecida: <<Parcius iunctas quatiunt fenesras / iactibus crebis iuuenes protenii /nec tibi somnos adimunt amatque / ianua limen, /quaeprius multumfaalis mouebat/ cardin.es. Audis minus et minus iam: Me tuo longaspjereunte noctes, /Lydia, dormis?>> (VV. 1-8).

El topico de la poesia clasica latina, la puerta como barrera y receptora de los lamentos del amante rechazado (<<exclusus amator>>) reaparece tambien en otras odas horacianas, como 3, 10; en Tibulo, Elegias, 1, 2, VV. 1-34; Ovidio, Amores, 1, 6; Catulo, en el poema 67 de Poesia; y, de manera especial, Propercio, por ejemplo en Elegias, 1, 8, v. 22, donde menciona las quejas ante el umbral de la amada, o 1, 16 (20).

Quevedo, que ni siquiera describia de modo directo la belleza aun vigente de Flora en el soneto <<La mocedad del ano, la ambiciosa>>--de manera analoga, aunque mas acusada que en Horacio--, ahora si ofrece detalles pormenorizados sobre el efecto del tiempo en Laura, con tro pos que desmienten la presunta parquedad de la adjetivacion quevediana: la dama, ya situada en su tarde yerta, una vez mustia la primavera, tiene la luz (los ojos) muerta, despoblada la voz, lafrente cana, de ahi que ya no escuche quejas insanas de los amantes, expresiones metaforicas de gran vigor por la sorprendente solidaridad de terminos cuyas cualidades semanticas son dispares, o por la hipalage. En concordancia con la oda horaciana y por oposicion a poemas como el de Luis Martin de la Plaza ya mencionado, existe una interesante similitud entre Horacio y Quevedo, relacionada con el sujeto de la enunciacion; debe notarse su falta de implicacion respecto a la mujer envejecida, pues la voz poetica es mero <<narrador>> testigo, moralista que aconseja de modo desapasionado a Laura para que se resigne a la vejez. Ambos poemas carecen por completo de indicios que permitan afirmar que, entre los amantes locos de amor y rechazados por la soberbia de la mujer en el pasado, se hubiesen encontrado quienes ahora constatan la perdida de sus antiguos atributos. Se podria postular la existencia de una perspectiva satirica, que disecciona, por encima del bien y del mal, las miserias humanas sin tomar parte de ellas: otros son los que amaron a las mujeres, otros quienes ahora las rechazan por viejas.

En cuanto al contenido de los dos tercetos, nada tiene de sorprendente: Quevedo se suma a una dilatada tradicion literaria que se remonta a los epigramas griegos. Sobre las fuentes innumerables que se pueden aducir, menciono solo el epigrama de la Antologia palatina que presenta a Lais de Corinto consagrando a Venus su espejo, como inicio de una serie de varios poemitas con el mismo tema. Tales precedentes griegos fueron imitados por Ausonio en el epigrama <<De Laide dicante Veneri Speculum suum>>21. El motivo conocio multiples recreaciones en los siglos XVI y XVII, que optan por repetir con leves cambios el pensamiento de la dama ante el espejo, entre las cuales pueden servir como ejemplo el poema de Luigi Groto <<Vorrei fra lo specchiarui, che lo specchio>>: <<Qual son non voglio, e non posso qual fui>> (Rime, 2, fol. 41v, v. 23); o, ya en Espana, los versos de Hurtado de Mendoza: <<Lais, que ya fui hermosa, / este mi espejo consagro / a ti Venus, sacra diosa, / de hermosura milagro. / Ya yo no lo he menester / si no tornas a hacerme: / pues cual fui no puedo ser, / y cual soy no quiero verme>> (VV. 1-8).

Lo llamativo de la imitacion quevediana es su alejamiento respecto a las principales aproximaciones al tema, que concluyen con el rechazo de la mujer a contemplar su rostro ajado y su impotencia ante la imposible recuperacion de la juventud y la belleza, jugando con mayor o menor fortuna con el contraste entre soy y fui, entre querer y poder. Quevedo evoca tal antitesis con fuiste y eres (V. 10), pero obra por intensificacion cuando anade la antanaclasis suspirada ('deseada por sus pretendientes') / suspiras ('te lamentas'); el poliptoton quieren / quieres, ver/ veran; y, sobre todo, la rotundidad metaforica del endecasilabo final, con una bimembracion en quiasmo y oximoros sustentados en terminos claves para la interpretacion del soneto: vives / mueres, vejez / ninez. Mientras otros autores concluian con la perspectiva unica del estilo directo y la primera persona de la mujer envejecida y arrepentida, el soneto de Erato alterna, en camino de ida y vuelta, el efecto de los estragos del tiempo en ella y en las reacciones de sus antiguos amantes: suspirada / suspiras, no quieren [...] ver / ni tu quieres ver, los ojos / tus iras. La leccion es doble; el dolor por el rechazo propio se multiplica con el de los demas y su venganza.

El desenlace de este poema invita a apuntar, una vez mas, la posible influencia de Horacio, quien, ademas del arranque de la oda 1, 25, habria aportado rasgos presentes en el subgenero amatorio de las imprecaciones dirigidas contra un mujer antes hermosa y ahora vieja, tambien utilizado en la oda 4, 1322. Como Quevedo, Horacio solo describe los rasgos repulsivos del presente y no los hermosos del pasado (23); subraya el desprecio que inspira en los hombres (24); y menciona tanto los lamentos de la mujer como las reacciones que suscita ahora entre sus ya imposible amantes (25). En ambos casos, las odas horacianas y los sonetos de Quevedo, los antiguos amantes nada parecen tener que ver con la voz poetica, cuya venganza no presupone su condicion de antiguo pretendiente de la hermosa esquiva, si se exceptua el comentario inicial de la oda 4, 13 sobre la presunta atencion que los dioses han prestado a su suplica para que Lice se hiciese vieja.

Aunque con resultado diverso, Cristobal de Mesa ofrecio una sintesis proxima del epigrama griego y la oda 4, 13 de Horacio, en <<Silvia, oyo el cielo, oyo mi ruego el cielo>>, cuyo ultimo terceto conmina a la dama: <<Dedica a Venus el odioso espejo, / que cual agora estas no querras verte, / y no te puedes ver cual antes fuiste>>. La oda horaciana tambien fue imitada por Lope de Vega, en <<Ya los cielos oyeron>>.

VENGANZA DE LA EDAD. <<CUANDO TUVO, FLORALBA, TU HERMOSURA>>

El tercer soneto, <<Cuando tuvo, Floralba, tu hermosura>> (47) (26), presenta una disposicion editorial perfectamente simetrica respecto al primero: si <<La mocedad del ano, la ambiciosa>> (4) se situa en cuarta posicion desde el principio, este ocupa el cuarto lugar empezando por el final de la serie de cincuenta sonetos de la primera seccion de Erato. Resulta tentador, por otra parte, apreciar la relacion fonetica que existe entre los nombres de las damas respectivas: Flora en el primero, Floraba en el ultimo. Tales datos permitirian leer ambos poemas en estrecho dialogo, como haz y enves, o mejor como continuidad logica, de un mismo hecho: la destruccion de la hermosura, la fugacidad de la vida humana. Primero se equipara la belleza de las flores primaverales con la dama, advirtiendo su caducidad; la estampa final muestra a la mujer ya envejecida, sin amantes, y casi muerta, como cierre definitivo e inapelable del ciclo de la ensenanza moral.

Las coincidencias con el segundo, <<Ya, Laura, que descansa tu ventana>>, son muchas, pues volvemos a encontrarnos ante un texto que tampoco canta a la hermosura femenina ni conmina al aprovechamiento de la juventud, sino que recrimina a una mujer ya vieja su soberbia pasada. El epigrafe, <<Venganza de la edad en hermosura presumida>>, acentua las relaciones, pero deben senalarse modificaciones de alcance, que justifican la ya comentada existencia de una gradacion entre los tres sonetos. En este caso ya ni siquiera existe una exhortacion para que la dama se comporte de un modo determinado o haga algo (por ejemplo, consagrar su espejo a Venus), sino una mera venganza, no infligida por la voz poetica bajo apariencia de consejo, sino por la figura abstracta de la edad, de modo que se acentua mas la distancia de quien describe respecto a Floralba envejecida. La idea de un tiempo usurero con la hermosura se refleja con frecuencia en la tradicion italiana, por ejemplo en Tasso, <<O chiara luce di celeste raggio>> (27). El tiempo tambien contribuye a la venganza del amante en el soneto de Marino <<Tempo, d'Amor tiranno, e di Natura>> (28); como lo hace en el romance 2 de Quevedo, <<Tiempo que todo lo muda>>.

Aunque este soneto si transita desde el pasado hasta el presente, la descripcion de la mujer no hace ninguna concesion al topico sobrepujamiento petrarquista; existen en los cuartetos tanto un enfasis deliberado en sus rasgos morales reprobables--presuncion de honestidad ajena, soberbia, locura--cuanto una omision casi total de cualidades fisicas del rostro femenino, con la unica excepcion del escueto oro en tu melena (V. 7), cuya evocacion de la pasada hermosura resulta sepultada de inmediato por la plata y las promesas de eternidad falsas transmitidas en el pasado por su espejo.

Terminos como despreao y soberbia (V. 4), relacionados con vanidad (V. 11), suponen la mencion explicita de la causa del ansia de venganza: la actitud altiva de la dama. Tasso relaciono su soberbia con el deseo de revancha del amante en su proyectada vejez, en el soneto <<Vedro da gli anni, in mia vendetta, ancora>> (29). Y tambien lo hizo Marino, por ejemplo en <<Crudel Donna, e superba>> (30).

Aunque la referencia al motivo del espejo como explicacion de la soberbia femenina se localiza por ejemplo en el soneto de Petrarca <<Il mio adversario in cui veder solete>> (Canzoniere, 45), lo cierto es que ya Ovidio advertia que este objeto causaba el desden de las hermosas, cuando contemplaban su propia belleza (31).

Quevedo reserva la mencion explicita del espejo--instrumento clave en los poemas del carpe diem, como lo es la rosa, para la constatacion de la caducidad humana--, no como reflejo de las huellas del tiempo, sino como evocacion de la antigua soberbia de la hermosa. Se recuerda en los cuartetos como causante del error vanidoso del pasado, y en los tercetos inferimos solo que lo usa la dama vieja--Ves, senala la voz poetica--por su reaccion ante el mismo, apenas esbozada: esta quejosa, burlada por la edad y el propio espejo, al no conseguir encontrar lo que fue entre los despojos del presente. Es posible apreciar ecos de otros autores, pero tampoco en este caso se puede hablar de imitacion unica ni tampoco directa. El lector recordaria casi de modo automatico la reflexion de la dama envejecida ante el espejo en el soneto de Bembo <<O superba e crudele, o di bellezza>> (32). O la oda 4, 10, de Horacio, en la que se enfrentaba a Ligurino ante el espejo, aunque como amenaza futura (33). Pero Quevedo no deja lugar tampoco en este caso al estilo directo, a las palabras o los pensamientos ante el espejo: al tiempo que narra la desolacion de la mujer, impone al lector las conclusiones sentenciosas de quien la contempla. Y lo hace de modo proximo a Rioja, quien cierra el soneto <<No esperes, no, perpetua en tu alba frente>>, en el que la vejez es aun amenaza futura, advirtiendo <<que, cuando de la edad sientas los danos, / has de invidiar el lustre que tenias, / y has de llorar en vano tu dureza>> (VV. 12-14) (34). Bartolome Leonardo de Argensola prefiere relatar la frustracion de Lice en estilo directo: <<Viendose en un fiel cristal / ya antigua Lice, y que el arte / no hallaba en su rostro parte / sin estrago natural, / dijo: "Hermosura mortal, / pues que su origen lo fue, / aunque el mismo Amor le de / sus flechas para rendir, / viva obligada a morir, / pero a envejecer, ?por que?>> (51) (35).

El soneto concluye con un pequeno enigma conceptista que Gonzalez de Salas considero necesitado de anotacion. Como las doncellas <<fiambres>> condenadas en Sueno del infierno (p. 354), Floralba muere virgen no por virtuosa, sino porque, cuando era joven, se mostraba presumida y soberbia y, ahora, ya envejecida, carece de pretendientes e inspira desprecio. Este motivo de la virginidad fue recreado ya por Asclepiades de Samos: <<?Quieres guardar tu virginidad? [...] No es en los infiernos donde encontraras un amante, muchacha>> (36).

Vistos en conjunto, los tres sonetos completan un recorrido temporal estructurado en tres momentos aludidos o mencionados en los poemas del carpe diem: el presente de la belleza, nunca descrito en Quevedo como plenitud idealizada ni representado por los rasgos de la mujer joven, con la perspectiva amenazante del futuro; el presente de la vejez, sin posibilidad de marcha atras; y el pasado de la hermosura soberbia, despectiva, transformado en actual desprecio de los amantes.

EXHORTACION DELICIOSA. <<?AGUARDAS POR VENTURA>>

El idilio 1, <<?Aguardas por ventura>>, contenido tambien en la primera seccion de Erato, es la muestra mas destacada de la capacidad quevediana para sintetizar modelos y fundir las distintas vertientes de un mismo topico: en cuanto a la dama, combina la vision de su hermosura actual con los primeros indicios del paso del tiempo y la futura desolacion imaginada; la exhortacion al disfrute, por medio del imperativo goza, en triple reiteracion anaforica, de tono epicureista; la advertencia del reflejo en el espejo como motivo de arrepentimiento en el futuro; el amante, introducido por primera y unica vez en sus poemas del carpe diem, para ponderar la fidelidad de Fabio (37) incluso cuando Casilina sea vieja, pero tambien para invitarla a compartir con el los placeres del amor, las flores y el vino. Es en cierto sentido el mas ortodoxo, pues contiene los motivos clasicos de la flor (VV. 17, 24, 47, 61), el espejo (V. 21), la fluctuacion de etapas vitales y tiempos verbales, a veces en relacion con las estaciones del ano, en concreto tu flor hermosa ('tu primavera, tu juventud', v. 17), tu verano (V. 17) o el invierno cano por oposicion a edad tan verde (VV. 18, 48) y siempre con la amenaza del tiempo codicioso (V. 4); la exhortacion en imperativo dirigida a la dama para que aproveche su juventud y su belleza (VV. 20, 25, 56); la vision del futuro envejecimiento de la mujer, con evocacion de sus supuestas reflexiones ante el espejo (VV. 34-36); y adverbios temporales primordiales en el desarrollo del topico, como antes que (VV. 21, 62), ya (VV. 14, 17, 36) o cuando (V. 49). Pero tambien parece el mas ambicioso por su capacidad para combinar fuentes que acostumbran a presentarse por separado, para conseguir un poema diferenciado dentro de la tradicion, por ejemplo cuando incorpora el motivo de las primeras huellas del envejecimiento en el rostro femenino, matizando la belleza presente, y, una vez mas, cuando elude deliberadamente la descripcion detenida de sus atributos y, en consecuencia, la topica imagineria del retrato petrarquista, solo evocada en el verso <<oro a tus trenzas, perlas a tus labios>> (V. 6).

Su epigrafe es, en su conceptuosa concision, sintesis acabada de los motivos que se hallan en el idilio: <<Advierte la brevedad de la hermosura con exhortacion deliciosa>>. Advierte conlleva el valor moral del consejo que acostumbra a estar presente en el topico; la brevedad de la hiermosura remite a su usual combinacion con el de la brevedad de la rosa, simbolo de la fugacidad de la existencia humana; exhortacion es indicio del habitual llamamiento a aprovechar el momento, la belleza pasajera; deliciosa, con la acepcion de 'exhortacion al deleite' mas que 'placentera', parece tener un doble referente: por contraste con la venganza que constituye el objetivo de otros poemas, en este se produce una amonestacion delicada (y no una invectiva injuriosa) a Casilina; en segundo lugar, puede aludir a la invitacion al deleite con que concluye el idilio, para que los amantes disfruten de su amor con flores en el cuello y bebiendo <<la ambrosia mortal que la vid cria>> (V. 64). Tras el epigrafe se incluye una indicacion expresa de la fuente principal del poema: <<Es elegante imitacion de Anacreonte>>; tal comentario no solo remite a las Anacreonticas, que Quevedo tradujo y comento en su Anaereon castellano, sino que da informacion sobre el tono, el lexico y el estilo, elevados, del idilio.

El poema construye sus dos primeras estrofas, dedicadas al presente de la hermosa, discreta y generosa Casilina (V. 2), por medio de tres interrogaciones retoricas: las dos primeras, con anafora de Aguardas (VV. 1, 7), situan a la dama desde el primer momento ante la amenaza de que la edad y el tiempo roben o agravien su belleza; la tercera pregunta la conmina a no suponerla eterna, pues su cabello ya acusa las primeras senales de los anos. Tal idea se desarrolla, tambien en presente, en la siguiente estrofa, donde el rostro femenino padece ya pisadas, senales, injurias (VV. 14, 18), anticipo de la vejez que le aguarda como a otros elementos de la naturaleza, el robre (V. 19) y la montana (V. 20).

La exhortacion al disfrute de la hermosura se introduce iniciada la cuarta estrofa, con expresiones habituales en el (arpe diem, como goza [...]antes que (VV. 20-21), y el motivo del espejo que provocara el llanto de la dama por la belleza perdida. La advertencia se hace mas imperativa por la reiteracion anaforica del verbo en la estrofa siguiente, que recoge la inicial referencia al tiempo, antes caminando y ahora atropellando: <<ni vuelve atras ni aguarda ni tropieza>> (V. 30). Estamos en la parte central del poema, en el pasaje mas acusadamente moral, y se produce la transicion al futuro, con dos partes: la primera, la triste hora (V. 31) en que la hermosa mustia se contemplara en el espejo, arrepintiendose de no haber aprovechado el tiempo e incapaz de recuperar su antiguo rostro; la otra, menos convencional aunque presente en poemas del topico, en la que la mujer, lejos de resignarse, se rebela contra su nueva imagen envejecida, como lo hacen las damas de los sonetos de Lupercio Leonardo de Argensola, <<Mirando Cloris una fuente clara>>, y Francisco de Rioja: <<Sin razon contra el cielo, Aglaya mia, / mueves airada el labio, porque ha dado / veloz fin a tu lustre y al dorado / pelo qu'en tu alba frente relucia>> (VV. 1-4).

Aunque con la misma perspectiva futura, las dos estrofas que siguen cambian el modo y se construyen en subjuntivo, en consonancia con las hipotesis que se van a formular: la primera, que retoma la interrogatio retorica del principio para persuadir a la mujer, pretende que se prepare adecuadamente para la llegada ineludible del desengano de la vejez; la segunda situa a la mujer a las puertas de la muerte, en el final de su vida, para ponderar la constancia del fiel Fabio si por fin le reclamase. La dilogia y el poliptoton subrayan, y anticipan, el momento gozoso: tal vez por el encuentro carnal previsto (recuerdese el valor de gozar en la epoca) y la alegria del amante que consigue a la amada, aunque no como hubiera querido.

La penultima estrofa condensa el rico contenido del poema: nuevo recordatorio de la hermosura efimera (<<La beldad huye muda>>, v. 55), nueva exhortacion para que Casilina goce de su <<florida edad lozana>> (V. 56), ambas en presente; y nueva advertencia, ya en futuro, de que la fidelidad antedicha del amante no bastara para paliar los estragos del tiempo. En ella Quevedo evoca versos de un epigrama de Ausonio: << Oblatas sperno illecebras, derecto negatas; /nec satiare animum nec cruaare volo. /Nec bis cincta Diana placet nec nuda Cythere: / illa voluptatis nil habet, haec nimium>> (13, <<Epigrammata>>, 40), que se corresponde con el pasaje quevediano <<que ni Venus desnuda, / ni cenida dos veces tu Diana, / valdran para agradarme y agradarte, / sin que una martirice y otra harte>> (VV. 57-60).

La estrofa final constituye la consecuencia logica de lo expuesto. La unica posibilidad consiste en una nueva exhortacion epicurea, que esta vez reune a los amantes en un <<nosotros>>--coronemos, mezclemos, nos acuerde (VV. 61, 63, 66)--, para disfrutar del amor entre vino y flores, en el mas puro estilo del simposio, ambito prototipico para la exhortacion del carpe diem en la lirica antigua griega, en las Anacreonticas y en las odas del propio Horacio (38).

Sin proposito de exhaustividad, me detendre ahora en algunas de las fuentes que pudieron inspirar a Quevedo este poema. La figura alegorica del Tiempo y sus acciones, tan habitual en la literatura moral de este autor y su epoca, se describe (VV. 4, 16, 26-30) mediante rasgos coincidentes con los de la tradicion literaria: su paso fugaz, evocado por ejemplo en las expresiones de Virgilio <<fugit inreparabile tempus>> (Georgicas, 3, v. 284) y Horacio <<fugit iuuentas>> (Epodos, 17, 21); su apetito y codicia, frecuente en las tragedias de Seneca o en los Triunfos de Petrarca, quien afirma <<Tanto vince e ritoglie il Tempo avaro>> (Triunfo del Tiempo, v. 142); su capacidad de destruccion, asociada a la muerte, en Estraton, quien equipara la condicion de la flor y la belleza en <<el tiempo, por envidia, acaba con la dos>> (Musa puerilis, 72 (12, 232) v. 4), y en Petrarca, <<E'l Tempo, a disfar tutto cosi presto, / e Morte, in sua ragion cotanto avara, / morti inseme seranno e quella e questo>> (Triunfo de la Eternidad, VV. 124-126); o su rapina, en expresiones como <<omnia fert aetas, animum quoque>>, formulada por Virgilio, en Bucolicas, 9, 51, e <<Inmortalia ne speres, monet annus et almum /quae rapjit hora diem>> de Horacio (Odas 4, 7, VV. 7-8).

Asimismo, el sintagma tiempo leve, que alude a su rapidez, parece evocar la expresion virgiliana <<fugit [...] tempus>> (Georgicas, 3, v. 84), recreada por Boyardo en <<Il Tempo, Amor, Fortuna e Zelosia>>: <<Fra questo il Tempo fuge, e de mia etade / seco fugendo se ne porta il fiore, / disutilmente perso in vanitade>> (Amorum, 3, 52 [172], VV. 9-11); por su parte, <<Ni vuelve atras, ni aguarda, ni tropieza>>, tan cercana a expresiones similares de Quevedo en su obra moral, recuerda el verso de Petrarca <<ne mai si posa, ne s'arresta o torna>> (Triunfo del Tiempo, v. 119). Del exito de esta caracterizacion del tiempo en la tradicion literaria es testimonio la amplia descripcion aportada por Ripa, en su Iconologia (2, pp. 360-361). El propio Quevedo concedio a esta figura un papel relevante en un romance amoroso de Erato, <<Tiempo que todo lo mudas>> (2), donde el amante solicita el auxilio de tal vengador <<de agravios>> contra los desdenes de su amada, <<pues castigas hermosuras / por satisfacer desdenes; / tu, lastimoso alquimista, / pues del ebano que tuerces, / haciendo plata las hebras, / a sus duenos empobreces>> (VV. 11-16); <<Descuidate de las rosas / que en su parto se envejecen; / y la fuerza de tus horas / en obra mayor se muestre>> (VV. 77-80), concluye en tono desafiante.

De las recreaciones del carpe diem en Espana existen ecos evidentes como <<que antes volaba libre por el cuello>> (V. 12), referido al cabello de Casilina y posible evocacion del soneto de Garcilaso de la Vega, <<En tanto que de rosa y d'azucena>>: <<y en tanto que'l cabello, que'n la vena / del oro s'escogio, con vuelo presto / por el hermoso cuello blanco, enhiesto, / el viento mueve, esparce y desordena: / coged de vuestra alegre primavera / el dulce fruto antes que'l tiempo airado / cubra de nieve la hermosa cumbre>> (23, VV. 5-11). Y una expresion como invierno cano, metafora de la vejez, localizada en la cancion de Luis Carrillo y Sotomayor <<Huyen las nieves, viste yerba el prado>>: <<Vuelve el invierno cano>> (2, v. 33); y en una silva del propio Quevedo, <<!Que alegre que recibes>>: <<y haces bravatas al hibierno cano>> (V. 8).

En cuanto a la exhortacion imperativa al disfrute de la belleza Goza tu hermosura, uno de los constituyentes habituales del carpe diem fue formulada por Horacio: <<Dum loquimur, fugerit muida/aetas: carpe diem, quam minimum credulapostero>> (oda 1, 11, VV. 7-8). La invitacion se encuentra tambien en Ausonio, en <<De rosis nascentibus>>, bajo la formula <<collige, virgo, rosas, dum flos novus et nova pubes, /et memor esto aevum sic properare tuum>> (VV. 49-50) (39).

En los versos <<si con la voz turbada me llamares, ire gozoso a verte>>, se encuentra formulada una de las variantes de la tradicion ya comentada a proposito del deseo de venganza de la amada desdenosa envejecida. Tasso tambien se mostraba condescendiente y prometia <<che quando ella fara vecchia non rimarra d'amarla>>, en el soneto <<Quando hauran queste luci, e queste chiome>> (40). Y Groto, otro autor muy imitado por Quevedo, expone con distintos matices su fidelidad a la amada en los poemas titulados <<Per lo specchio della sua D.>> (Rime II, p. 42); <<Alla sua D. che ha de venir vecchia>> (Rime II, p. 42); y <<Alterezza della sua Donna>> (Rime II, p. 65).

Pese a la aclaracion contenida en el comentario editorial, no parece existir imitacion directa de alguno de los poemas atribuidos a Anacreon --al menos no a la manera de la que practico con autores de la tradicion italiana como Tasso, Marino o Groto, o con poemas de autores latinos por ejemplo en su poesia moral--, sino mera evocacion de algunos motivos habituales en tales poemas griegos: el vino, las coronas de flores, la invitacion al goce del amor o el tono epicureo de las exhortaciones. De hecho, Quevedo se refirio al <<uso que tenian los antiguos de beber echando flores en el vino, ya por sanidad, mejor por deleite y regalo, ya apostando a beber las coronas>>, en su Anacreon castellano (p. 274). La costumbre de coronar la cabeza con hiedra, rosas y pampanos o ramas de mirto durante las libaciones se refiere, asimismo, en el libro 10 de Ateneo (41).

Solo la estrofa final parece autentica imitacion de las odas anacreonticas, como se aprecia en expresiones del tipo <<y cubre de rosas mi cabeza, e invita a mi lado a alguna moza. Antes, Amor, de retirarme alla, al baile de los muertos, quiero disipar mis pesadumbres>> (32, p. 32); <<La rosa de los Amores unamos a Dionisio>> (44, p. 43); o <<De guirnaldas de rosas las sienes coronadas, riendo suavemente, nos vamos embriagando>> (43, p. 42). No obstante, este tipo de exhortaciones figura tambien en Estraton, quien incluye una invitacion a Damocrates para beber y cenir con flores sus cabezas <<antes que otros / nos lo lleven a la tumba como ofrenda>> (Musapuerilis, 94 (11, 19), VV. 3-4); o en Pindaro, quien pide en Olimpicas: <<Erige en su honor [Pirra y Deucalion] el sonoro sendero de tus versos y elogia el vino anejo, pero las flores de himnos nuevos>> (9, VV. 47-49).

En cuanto a la mencion, en el ultimo verso, de Venus y Baco, la diosa del amor y el dios del vino, son nombrados conjuntamente tambien en Anacreonticas: <<el apacible Baco>> y <<la rosada Venus>> (oda 27); por su parte, Propercio invoca a Baco pidiendo el auxilio de su vino contra las penas de amor provocadas por <<insanae Veneris>> (en Elegias 3, 17, v. 3); y la asociacion entre la caducidad de la vida, el carpe diem y el vino tambien se localiza en Horacio, por ejemplo en la oda 1, 1142.

La referencia al negro dia, en obvia alusion a la muerte, pone en juego un complejo entramado de posibles influencias y prestamos literarios: <<niger ille dies>> de Propercio (Elegias, 2, 24, v. 34); la <<nigram [...] horam>> (Elegias, 3, 5, 5) y la <<Mors [...] nigra>> (Elegias, 1, 3, 4) de Tibulo, tal vez trasunto de <<la ultima hora, negra y fria>> (V. 3), del soneto moral quevediano <<Ya formidable y espantoso suena>>; y el Anacreon castellano, donde Quevedo traduce el ultimo verso de la oda 26 como <<cercado de muerte negra>> (p. 300, v. 30), y en la oda 39 habla de <<la muerte negra, por puerto>> (p. 318, v. 44).

SEGURA ENSENANZA SOBRE LA HERMOSURA. <<A SER SOL AL MISMO SOL>>

Aunque no se puede clasificar de modo estricto entre los poemas del carpe diem--pues no existen la exhortacion al disfrute ni la transicion temporal, ni la venganza o la fidelidad de un amante--, la primera seccion de Erato contiene aun un romance, <<A ser sol al mismo sol>> (9), que, a modo de diminuto auto sacramental, reflexiona sobre la prioridad de la belleza espiritual respecto a la corporal. Aproximadamente la mitad del poema (los 48 versos iniciales), se dedica a la descripcion petrarquista de la hermosura de Florinda y Clarinda, en una exhibicion metaforica quevediana sin parangon en el resto de la musa, mientras que la segunda parte, construida en estilo directo, reproduce el parlamento-exhortacion moral que la primera dirige a la segunda, para evitar que su belleza fisica arruine la de su alma. En los versos que siguen es posible reconocer algunos de los motivos explicados hasta hora: <<Florinda, desenganada / de burladoras caricias, / quiso advertir de escarmientos / ansi a su belleza altiva: / "La mas pulida hermosura / las horas la desalinan, / y es presuncion de los anos / el ultraje de las lindas. / Vaya dan a las beldades / las edades fugitivas, / desde el postrero cabello, / que donde admiro predica. / [...] Si ayer por ti suspiraron, / hoy por ti propria suspiras, / y en lo que seras manana / te has de enterrar a ti misma>> (9, VV. 49-60 y 69-72). El epigrafe del romance enfatiza el proposito de instruccion moral: <<Auctoriza y esfuerza, con la descripcion misma de dos hermosuras, la segura ensenanza de que la mayor y mas durable es la de la alma>>.

INUTIL ARREPENTIMIENTO. <<EN UNA VIDA DE TAN LARGA PENA>>

A medio camino entre la recreacion mas <<amable>> del topico y la que se resuelve en invectiva contra la dama envejecida, representada por los dos sonetos de la primera seccion ya comentados, se encuentra otra de las posibles vertientes de la tradicion clasica del carpe diem, en la que la exhortacion al goce de la juventud y la belleza tambien conlleva un animo de venganza por parte del amante desdenado, pero este esgrime como argumento su amenaza explicita de los estragos que el tiempo causara a la hermosura de la dama con una perspectiva de futuro. Esta posibilidad, desarrollada ante la hermosura presente de la dama, se hace manifiesta en numerosos epigramas de la Antologia palatina (43), en la elegia amorosa de Propercio, quien se despide de su antigua amante deseandole canas, arrugas y desprecio, en castigo por su actual soberbia (44), y en Ovidio (45), asi como en la tradicion italiana (46). Un ejemplo de deseo de venganza futura se encuentra en T. Tasso, en el soneto <<Vedro' da gli anni, in mia vendetta, ancora>> (Rimas, 1, 1592, pp. 117-118), cuyo argumento se sintetiza asi: 'espera que el tiempo tome venganza contra su amada, de manera que en su vejez se arrepienta de haberlo despreciado y desee ser celebrada por el' (47). Se trata de una perspectiva muy habitual en su poesia, pero aun lo es mas la que acaba subrayando la fidelidad del amante incluso cuando la mujer pierda los atributos de su belleza, en algun caso con la variante de la inmortalidad que la poesia ofrece a las hermosas, tambien constatable por ejemplo en Francisco de Medrano, <<Cuando envidioso el tiempo haya robado>>, y Cristobal de Mesa, quien, en <<Cuando la edad, de bienes robadora>>, promete <<Renaceras cual Fenix en mis versos>> (V. 14), y en <<Cuando ya tus cabellos y tus ojos>>, <<veras tu beldad viva en mis rimas>> (V. 14) (48). Tambien Groto, otro de los autores italianos mas imitados por Quevedo, priorizo esta via de desarrollo del topico, aunque, a diferencia de Tasso, acentuo el tono de revancha y amenaza de los estragos irreversibles de la vejez, y solo de modo excepcional se comprometio a seguir amandola cuando fuese vieja (49). En Espana, adoptan la perspectiva mas benevola Lope de Vega, <<Podra ser que mirando en los cabellos>>; Fernando de Herrera, <<Las hebras de oro puro que la frente>>, <<Y no por eso amor mudara el puesto>> (V. 9); o Francisco de Medrano, en <<Vere al tiempo tomar de ti, senora>> (11). En estos casos, el afan de venganza proviene del amante, directamente afectado por la soberbia y el desden de la dama.

La naturaleza de <<Canta sola a Lisi>>, remedo de cancioneros petrarquistas dirigidos a una dama y concebidos como trayectoria de una relacion amorosa, tal vez pueda explicar tanto la rareza de las recreaciones del carpe diem como sus peculiaridades. Solo se puede considerar que forma parte del topico, y de forma parcial, el soneto <<En una vida de tan larga pena>>, donde, ademas de perseverar el amante <<en las que jas de su dolor>>, <<advierte a Lisi del inutil arrepentimiento que viene de la hermosura pasada>>. Como novedad respecto a los sonetos de la primera seccion, marcados por la distancia favorecedora del proposito de venganza, el yo poetico que reconviene a la mujer desdenosa, aqui Lisida, si se perfila como su amante; un amante que sigue lamentando el desden de la mujer en los dos cuartetos, antes de proferir su amenaza sobre la vejez que devorara la actual hermosura femenina en los dos tercetos y que, como en los casos anteriores, se menciona solo por alusion, como contrapunto del envejecimiento descrito con detalle. La admonicion, primero en forma de interrogacion retorica y en presente, coincide con el idilio 1 al apreciar los efectos del tiempo en la misma juventud de la mujer: <<No ves [...] que, mustio, cada instante / roba tu primavera en horas frias>> (VV. 10-11); la sentencia final, que subraya tanto las arrugas y el tono descolorido de la tez cuanto la perdida irreversible de la belleza por la accion injuriosa del tiempo, introduce el futuro y la mencion de la flor, simbolo de hermosura y juventud, pero tambien el desprecio del amante, en contraste con la fidelidad augurada por otros autores de la tradicion italiana y espanola, en poemas ya comentados: <<y al ya rugado y cardeno semblante, / que mancillan los pasos de los dias, / no volvera a su flor ni amor ni amante?>> (VV. 12-14). Tambien Lope de Vega advierte a la dama esquiva <<que no ha de amarte quien viniera a verte, / Laura, cuando a ti misma te desames>> (VV. 1314), en el soneto <<Antes que el cierzo de la edad ligera>>. En la misma linea, aunque no estrictamente en el ambito del carpe diem, Francisco de Rioja amenazaba con la inconstancia en el soneto <<Aunque pisaras, Fili, la sedienta>>: <<Que no siempre tu ceno y tus enojos / podre sufrir, ni el mismo invierno helado, / ni de Boreas la sana impetuosa>> (VV. 12-14).

EL TOPICO EN EL PENSAMIENTO DE QUEVEDO

El recorrido realizado por Erato ha servido para ratificar que Quevedo fue uno de los autores que mostro mayor interes por el carpe diem y, de modo muy significativo, aquel que parece haber deseado recrearlo en sus multiples facetas, en su prototipica variedad, tal vez con proposito de compendio de las distintas tradiciones que fueron enriqueciendolo, anquilosandolo o deshaciendolo, si se prefiere, hasta el siglo XVII.

No parece conveniente deslindar la manifiesta frecuencia con que abordo este tema en su poesia amorosa, ambito donde nace el topico pese a sus posteriores asociaciones con las materias moral y satiricoburlesca, del conjunto de su produccion literaria. Quevedo no escribio un tratado amoroso equiparable a los escritos morales o politicos que sirvieron de adecuado complemento teorico para sus creaciones literarias --pues su pensamiento sobre la materia presenta solo la forma de fugaces reflexiones sobre la mujer y el amor, como las contenidas en Doctrina moral o en Marco Bmto, por ejemplo--, ni mucho menos esbozo sus ideas en torno al topico del carpe diem. Pero la amplitud de su literatura permite comprobar como, en consonancia con su tiempo y las tradiciones literarias que conformaron su ser de escritor, insistio de manera acusada en motivos relacionados con la fugacidad de la vida y el paso del tiempo: en su poesia y su prosa morales, pero tambien en sus escritos satirico-burlescos, por ejemplo en sus invectivas contra las viejas que intentan disimular su edad y son objeto de burla, a la manera de ciertos epodos horacianos o poemas de los hermanos Argensola, o en ciertas figuras de sus relatos lucianescos insertas en la tradicion de la satira contra mulieres.

Su especial obsesion por la degradacion de la hermosura femenina, en relacion con la caducidad humana, tambien se aprecia en las marcas de lectura que dejo en ejemplares que pertenecieron a su biblioteca. El ultimo del centenar de subrayados localizados en la edicion del Anticlaudiano de Alain de Lille (Basilea, 1536), se detiene en un pasaje sobre una mujer que esta alcanzando la ancianidad: llena de dias, su cabeza salpicada con cabellos grises y la escarcha helada de la edad, pero cuyo rostro todavia no esta surcado por los signos de la vejez (50); en ella existen ya indicios, pisadas y senales (V. 14) por usar la expresion del idilio 1, del envejecimiento futuro. Desde una optica no tan amable, o mas bien abiertamente burlesca, Quevedo pudo haber prestado atencion particular a una parte de la comedia Plutus de Aristofanes, impresa en un ejemplar de sus comedias que poseyo (Basilea, 1542), dedicada a la caracterizacion de la vieja lasciva que intenta disimular su edad, donde existen unos quince pasajes subrayados de extension variable. Entre ellos, y a proposito del tema que nos ocupa, cabe destacar los versos a partir de los cuales se describe a la vieja, de acuerdo con las pautas de la tradicion satirica (51): encanecida, arrugada, consumida, con una unica muela, maquillada, untada con pez para que no se hunda ... De ella se dice que la vieja decrepita esta tan seca que, si salta sobre ella una sola chispa, arde como rama seca de olivo (52); a proposito de sus afeites, se advierte que, si se lava toda la capa de maquillaje que lleva, se le veran claramente los jirones de la piel (53); en alusion a sus muchos anos, se repite la frase hecha <<En otros tiempos eran valientes los milesios>> (54); o se pondera la fuerza con que la vieja lasciva se pegaba a un mozo (55).

QUEVEDO ANTE LA TRADICION ESPANOLA E ITALIANA

Las elecciones de Quevedo, y tambien sus descartes, parecen distinguirle respecto a algunos de los principales autores espanoles o italianos del Renacimiento y el Barroco, que podrian haber optado mas por la especializacion en una o en ciertas vertientes del topico, por lo general con unos antecedentes bastante claros, mas que por una recreacion de casi todas ellas y una fusion de fuentes de indole diversa. Un somero repaso a los poemas mas destacados de su epoca muestra con claridad como Luis de Gongora--marcado por la genial recreacion de Garcilaso de la Vega y su soneto <<En tanto que de rosa y d'azucena>>, imitado por Francisco de la Torre en una parte de su oda <<Mira, Filis furiosa>> (VV. 26 y 31-35)--se volco hacia lo que Garcia Berrio denomino las <<esencias basicas epicureas>> del topico, como tambien lo hizo sor Juana Ines de la Cruz: ante la belleza presente de la dama, existe una exhortacion hacia el futuro basada en la amenaza de vejez en el clasico <<Mientras por competir con tu cabello>> (25) o <<Ilustre y hermosisima Maria>> (35), como sucede en la letrilla desenfadada <<Que se nos va la pascua, mozas>>. En el caso de Lope de Vega existe una mayor variedad de enfoques, con predominio del motivo de la rosa aplicado a la reflexion moral sobre la condicion humana; pese a la comun heterogeneidad, el resultado es muy diferente del de Quevedo: escribio poemas de exhortacion y amenaza futura, como el soneto <<Antes que el cierzo de la edad ligera>>; otros sobre la constancia del amante en la vejez imaginada de la dama, en <<Podra ser que mirando en los cabellos>>; algunos a modo de instruccion moral ante la mujer envejecida, mediatizada por los interlocutores Silvio o Leonardo pero no dirigida contra ella, en <<Silvio, ?para que miras las ruinas>> y <<Flora, aunque viva, para el mundo muerta>>; y diversos poemas de tono burlesco sobre los efectos del tiempo en la dama, o incluso exhortaciones apicaradas como <<Muerome por llamar Juanilla a Juana>>, titulado <<Desea afratelarse, y no le admiten>>, donde la advertencia senala: <<Pues, Juana, agora que eres flor temprana / admite los requiebros primitivos; / porque no vienen bien diminutivos / despues que una persona se avellana>> (VV. 5-8). Los Argensola muestran una acusada tendencia a evidenciar el envejecimiento ya consumado y la reaccion de la mujer ante los estragos del tiempo, en correspondencia con sus abundantes poemas concebidos para denostar a las viejas, insertos ya en el territorio de la satira.

Entre los autores italianos mas imitados por Quevedo, Tasso evidencia una significativa preferencia por poemas que preludian el futuro envejecimiento de la dama, aunque con un animo de consuelo alejado del tono de amenaza o venganza que prolifera en otros autores, como se aprecia en <<Qvando hauran queste luci, e queste chiome>> (Rime, 1592, 1, 119), donde pronuncia un compromiso de amor en la vejez y el rejuvenecimiento de la mujer que propiciaran sus versos; o en <<Negli anni acerbi tuoi purpurea rosa>> (Rime, 1608, 1, p. 90), donde, como reza el epigrafe, 'Bajo la comparacion de la rosa, describe la rara belleza de su dama, y dice que, en la medida en que sea hermosa en su juventud, no lo sera menos en la edad madura' (56); hasta el punto de consolar a una mujer hermosa que comenzaba a encanecer en <<Perche di verde etade il Verno imbianchi>> (I, p. 129). De sus poemas consagrados al carpe diem, solo expresa su deseo de que el tiempo le ayude a consumar su venganza en <<Vedro' da gli anni, in mia vendetta, ancora>> (Rime, 1592, 1, pp. 117-118). Destaca en su produccion poetica, por la relevancia de la figura del tiempo en Quevedo, el poema titulado <<Donne voi, che superbe>>, donde 'introduce al tiempo, devorador de todo lo creado, para amonestar a la hermosa' (57). En todos los casos, las formas verbales y los pronombres delatan la implicacion amorosa de la voz poetica respecto a la dama a quien se dirige la exhortacion.

Groto, con una produccion poetica cuyo tono y estilo traspasan con frecuencia el ambito amoroso para aproximarse al burlesco, escribio muchos poemas presagiando la desaparicion de la belleza femenina, siempre bajo la perspectiva de una primera persona de amante que aspira a la venganza, lo cual no le impidio cantar la permanencia del amor, por ejemplo en <<Donna, se in troppo fasto hoggi ti leui>> (Rime, 2, p. 65). Aunque sus enfoques son variados--augura el arrepentimiento de ambos, advierte los estragos irreversibles del tiempo, promete mantener la hermosura de la dama en sus versos, introduce los elementos del espejo o la rosa..--, prefiere de modo claro la exhortacion en presencia de la juventud, cuando aun es posible el cambio de actitud de la dama, y no la venganza cuando se ha consumado la perdida de sus atributos. El unico caso en que describe una mujer ya vieja, <<Dicendo, che e vecchia, e brutta>> (Rime, 2, p. 134), queda fuera de la esfera del carpe diem y posee un tono de invectiva burlesca.

Por el contrario, Marino, que no parece haberse interesado en demasia por el topico, opta por un poema de venganza, a partir de la contemplacion de su interlocutor, <<Fatto d' Angel di luce, Angel d'Inferno>>, incapaz de reconocerse en el espejo (58). En un tono marcado de advertencia moral, escribio tambien el poema <<Bellezza caduca>> (Rime, 2, pp. 84-88).

QUEVEDO ANTE HORACIO

Como se ha comentado, los poemas quevedianos del carpe diem son ricos en reminiscencias clasicas. Entre las influencias posibles, descuellan la de Ausonio en la presencia de las flores y la naturaleza; la de las Anacreonticas, en exhortaciones de caracter epicureo relacionadas con el vino y las rosas, tambien presentes en Horacio; la del epigrama griego en el motivo del espejo; o la de la elegia latina (Ovidio, Tibulo y Propercio) en la descripcion de los efectos del tiempo o el animo de venganza del amante desdenado. Pero entre las multiples presencias de autores grecolatinos ha de destacarse la figura prominente de Horacio, ya no en expresiones o versos concretos, que se imitan con fidelidad en pocos casos, sino en ciertos rasgos generales que atanen mas al conjunto de su produccion poetica relacionada con el topico que a poemas particulares. De modo mas concreto, pueden senalarse las siguientes coincidencias:

1. Aunque concentrados esencialmente en las odas y en composiciones de tema amoroso-moral, se han senalado en Horacio ecos del topico en el conjunto de su produccion literaria: <<El carpe diem es a lo largo de su produccion una constante, en la que se implica su filosofia moral y su cosmovision. Del topico tenemos ejemplos en los cuatro generos cultivados por el poeta, pero es mayor su rendimiento en las Odas.>>, senalo Cristobal (1994, p. 176), quien adujo muestras tambien en sus epodos, satiras y epistolas (59). Como se ha senalado, aunque no pertenecen en rigor al topico, las reflexiones y admoniciones sobre el paso del tiempo abundan en distintos subgeneros de la literatura quevediana. Con matices, podriamos suscribir como referidas a Quevedo las palabras de este critico sobre Horacio y el topico:
   el carpe diem es un pensamiento nuclear del discurso horaciano,
   especialmente de su discurso lirico; un contenido que ha
   cristalizado e impuesto una forma bastante regular [...] y es, sin
   embargo, capaz de revestir variaciones ilimitadas, un motivo que,
   tomado de la tradicion grecolatina, especialmente de los antiguos
   liricos, y revitalizado en su confluencia con el epicureismo, hallo
   consonancia en el propio sentir del poeta y fue potenciado por el
   en razon de dicha aquiescencia intima (1994, p. 188).


2. En Horacio no parece existir una modalidad unica de aproximacion al topico. Un repaso de sus odas permite encontrar los siguientes temas, que dificilmente son unicos en cada composicion y que en buena medida se hallan presentes en Quevedo: en la 1, 9, se exhorta a un joven para que no desdene amores ni bailes mientras no llegue la torpeza de la vejez; en 1, 11, donde se delinea el ideal de vida ante la incertidumbre del manana, se aconseja a una mujer que sea sabia, adjetivo tal vez equivalente al <<discreta>> quevediano (60); en 1, 25, muy relacionada con el soneto <<Ya, Laura, que descansa tu ventana>> (13), la hermosa esquiva ha perdido su juventud y es despreciada por los mozos; en 2, 3 y 2, 11, se reflexiona sobre la fugacidad de la vida, la llegada de la vejez y el fin de la belleza, en un entorno de flores y vino; en 3, 15, se inserta una invectiva contra una vieja libidinosa, muy proxima al contenido de los epodos 8 y 12; en 4, 10, se advierte a Ligurino, soberbio, sobre lo efimero de la hermosura y su inminente arrepentimiento ante el espejo; y en 4, 13, la voz poetica pronuncia una imprecacion contra una amada bella y desdenosa, ahora vieja y fea, incapaz de atraer posibles amantes con sus dientes amarillos, sus arrugas, sus canas, y objeto de desprecio por parte de los mozos, tal vez vinculada al soneto quevediano <<Cuando tuvo, Floralba, tu hermosura>> (47).

Pese a la variedad senalada, no parecen existir en Horacio, como tampoco en Quevedo--si se exceptua el caso de Fabio, en el idilio 1--, indicios de la vertiente del topico que lo hace desembocar en una ponderacion de la fidelidad y perdurabilidad del amor incluso en la vejez de la amada, aunque tal vez por razones diversas (61).

3. Ni los poemas del carpe diem de Horacio ni los de Quevedo estan sostenidos por la presencia constante de la exhortacion epicurea genuina del topico, que solo salpica tal o cual pasaje a modo de evocacion. Pese a las obvias diferencias entre ambos, tal vez sea posible vincular la <<melancolia>> y el <<eclecticismo moral proveniente de las varias filosofias helenisticas>> (Cristobal, 1994, p. 183) del primero con la multiplicidad de influencias y el tono senequista, angustiado en ocasiones ante la perspectiva de la muerte, que tinen las composiciones del segundo. La filosofia horaciana, un caso peculiar de sintesis de dos <<doctrinas contrapuestas [...] la famosa moral de renunciacion y aurea mediocritas>> y <<un evidente epicureismo>> (62), dejo huellas evidentes en las traducciones y recreaciones de fray Luis de Leon, Herrera o Rioja. Y tal vez en las incursiones de Quevedo en el topico, tenidas por un estoicismo mas acusado como sucedio en otros autores del Siglo de Oro.

4. Asi como en Horacio se producen <<contaminaciones>> de tono, estilo y contenido entre los generos--un epodo puede dejar la usual expresion injuriosa para acercarse al tono panegirico de la oda, mientras alguna oda coincide con epodos, por ejemplo en su burla de la mujer envejecida--, ciertos versos de Erato muestran significativas correspondencias con los de Talia, la musa burlesca, en la invectiva contra la mujer envejecida. No obstante, cabe apuntar en este caso tambien una posible influencia del cancionero amoroso de Groto, en ocasiones grosero y burlon con la dama.

5. Frente a la generalizada implicacion sentimental de la voz poetica en los textos que recrean el topico, Horacio y Quevedo marcan una deliberada distancia respecto a la mujer objeto de amonestacion o burla, tal vez inducida por una mirada que es mas la del satirico que la del amante, mas la del observador desapasionado que la del hombre que se queja o clama venganza por los desdenes de la amada (63).

RECAPITULACION

A la vista de su produccion en torno al carpe diem, parece posible postular que tal vez Quevedo se sintio en la necesidad de recurrir a la variedad y a la acumulacion, con el objetivo de huir del anquilosamiento del topico, gastado ya en una serie de imagenes y motivos preferentes (las repetidas metaforas descriptivas de la hermosa, la rosa, el espejo, la destruccion presentida de la belleza ...). Y tal vez para ello hubo de volver a las fuentes grecolatinas, donde estaban en germen algunos de sus mas productivos hallazgos: imitandolas, no pudo dejar de tener en cuenta las recreaciones de sus contemporaneos, pero parece haber intentado, y conseguido, alejarse un tanto de ellas. Ausonio, Bernardo Tasso, Garcilaso o Gongora, parecen evocados en pasajes que asocian lo efimero de la belleza de la flor y la hermosura de la mujer; Horacio, Bembo o Herrera, en el motivo de la soberbia femenina; los epigramas de la Antologia griega, y sus innumerables recreaciones en la tradicion italiana y espanola, en la ofrenda simbolica del espejo ya inutil para la mujer madura; ciertas odas de Horacio, y poemas de Propercio, Ovidio, Torquato Tasso, algunos autores italianos marinistas y Lope de Vega, en la amenaza de vejez futura o en la burla por los estragos de la edad en una bella desdenosa ya envejecida.

La ultima posibilidad mencionada es la mas habitual en la lirica amorosa quevediana: el afan de venganza contra una mujer que ya no puede aprovechar su perdida hermosura y la descripcion de su des moronamiento fisico (apenas mitigados por ciertos pasajes de tono anacreontico) parecen recrearse en el horror de una transformacion que aun era solo imaginada en los sonetos clasicos de Gongora sobre el topico y que parece de cuno fundamentalmente horaciano. Las exhortaciones dirigidas a mujeres jovenes y aun bellas eluden de modo deliberado (y sospechoso) el canonico detenimiento descriptivo en la celebracion de su hermosura. Y el caso mas sobresaliente de amonestacion amable y no injuriosa entre los comentados, el idilio <<?Aguardas por ventura>> (1), tal vez pueda ser explicado, atendiendo a su excepcionalidad, como imperativo del subgenero y la tradicion literaria que representa: la bucolica, que arranca con los idilios de Teocrito y cuenta entre sus insignes cultivadores, ya dentro del molde de la <<egloga>>, a Sannazaro en Italia y Garcilaso de la Vega en Espana.

La descripcion quevediana de la dama, despectiva antano por hermosa pero despreciada hoy por envejecida, se antoja mas proxima a la tradicion de la satira contra midieres, a los poemas satirico-burlescos quevedianos sobre viejas y el <<aquifue Troya de la hermosura>> que a las imagenes habituales en un cancionero amoroso con reminiscencias petrarquistas. Aunque tal vez haya que pensar que la preocupacion esencial del pensamiento quevediano en torno al paso del tiempo hubiese traspasado las fronteras genericas y tematicas, transitando, con las preceptivas modificaciones elocutivas, por sus escritos morales, los satirico-burlescos, los amorosos o incluso las reflexiones del Quevedo humanista, lector, materializadas en subrayados y anotaciones marginales de los libros que poseyo.

Como el conjunto de la lirica amorosa quevediana, el grupo de poemas del carpe diem destaca por su amplitud y, sobre todo, por su variedad de enfoques, se podria decir que todos los posibles en la tradicion literaria. Sus reflexiones sobre la caducidad de la hermosura y sus exhortaciones al disfrute de la misma son fruto de su tiempo, estrictamente contemporaneas, barrocas, y, a la vez, genuinamente quevedianas por cuanto intentan independizarse de otras manifestaciones de epoca volviendo la vista atras, combinando modelos clasicos sobre el topico con su peculiar tratamiento del lenguaje en la descripcion de las injurias del tiempo sobre las hermosas.

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Maria Jose Alonso Veloso

Universidad de Santiago de Compostela Facultad de Filologia Santiago de Compostela 15782

mariajose.alonso@usc.es

(1.) <<Ista decensfacies longis uitiabitur annis, / rugaque in antiqua fronte senilis erir, / iniaetque manum formae damnosa senectus, / quae strepitus passu non faciente uenit; / cumque aliquis dicet, "fuit haecformosa" dolebis, / et speculum mendax esse querere tuum>> (ed. E. Baeza Angulo, Madrid, CSIC, 2005).

(2.) Las posibles fuentes manejadas por Quevedo en los poemas seleccionados para el estudio fueron senaladas por Rey y Alonso en su edicion de la primera seccion de Erato (2011, pp. 19-22, 53-56, 181-184, 205-211, 283-288 y 317-324).

(3.) Sobre el topico, sigue resultando imprescindible el estudio de Gonzalez de Escandon, 1938.

(4.) A este grupo hay que sumar los poemas amorosos publicados por Aldrete en Las tres musas (1670), asi como otros de manifiesto caracter amoroso pese a no estar contenidos en Erato, tal vez por las complejas vicisitudes textuales de la poesia de Quevedo tras su muerte.

(5.) Todas las citas de estos poemas proceden de Quevedo, Poesia amorosa (Erato, seccion primera), ed. Rey y Alonso Veloso.

(6.) Objetivo que, en version masculina, se puede rastrear en las odas horacianas en las que se exhorta a un joven a olvidar su soberbia ante la amenaza de la vejez (1, 9 y 4, 10), conectadas con las manifestaciones mas generales sobre la fugacidad de la vida y el fin de la belleza, de tono anacreontico y epicureo, de las odas 2, 3 y 11.

(7.) Sucede asi tambien en el soneto <<Sin razon contra el cielo, Aglaya mia>> de Rioja, donde se dice, a proposito de los bellos colores del rostro de la dama, <<?que otra cosa / son que una breve flor>> (vv. 10-11), y se incluyen abundantes imagenes florales, uno de los motivos preferentes de este autor tambien en sus silvas, de tono moral y con elementos de la naturaleza inspirados en Horacio.

(8.) Como sucede en la egloga 1 de la Bucolica del Tajo, de Fernando de Herrera; en el poema de T. Tasso <<Io fui gia Flora, ah non sia detto in vano>> (Rime, 2 1608, p. 49, vv. 4-9); o en la cancion <<La ninfa del Tebro>> de Marino (Rime, 2, 5, pp. 42-48, vv. 48-49).

(9.) <<quam longa una dies, aetas tam longa rosarum, /quas pubescentes iuncta senectapremit>> (VV. 43-44).

(10.) 'La rosa que hacia poco brillaba con el fuego intenso de su corona, perdia el color al caerse los petalos. Yo estaba sorprendido de ver el robo implacable del tiempo huidizo, de contemplar como envejecen las rosas apenas nacidas. He aqui que la purpurea cabellera de la flor orgullosa la deja mientras hablo y es la tierra la que brilla cubierta de rubor. Tales bellezas, tantos brotes, tan variados cambios un unico dia los produce y ese dia acaba con ellos. Lamentamos, Naturaleza, que sea tan breve el regalo de las flores: nos robas ante los ojos mismos los obsequios que muestras. Apenas tan larga como un solo dia es la vida de las rosas; tan pronto llegan a su plenitud, las empuja su propia vejez. Si vio nacer una la Aurora rutilante, a esa la caida de la tarde la contempla ya mustia>> (I, <<El nacimiento de las rosas', VV. 33-51).

(11.) 'Corta las rosas, doncella, mientras esta fresca la flor y fresca tu juventud, pero no olvides que asi se desliza tambien la vida'.

(12.) Senalo Garcia Berrio, 1983, p. 739: <<se observa la repugnancia de Quevedo a cultivar las formas tematicas de estructura semantica mas tenue y literal, menos pobladas de notas de contenido, tales como la queja simple; e igualmente, por otras razones de fondo equivalente, se resiste a aquellos otros temas de contenido mas topico, como el retrato tan profusamente cultivado en momentos de gusto mas lineal por autores renacentistas, como seria el caso de Fernando de Herrera>>.

(13.) Vease, por ejemplo, Fedra, vv. 761-763 y 773-776. Pozuelo (1979, pp. 220-221) relaciono el poema con el topico <<collige, virgo, rosas>>, y senalo su enfoque final hacia el problema moral de la soberbia humana.

(14.) El enves, ya en clave burlesca, es su poema de las Rimas de Tome de Burguillos <<Desea afratelarse, y no le admiten>>, <<Muerome por llamar Juanilla a Juana>>.

(15.) Pueden mencionarse tambien <<Cortada, en un cristal, en agua pura>>, <<Purpurea esfera, que al amor venganza>>, <<Viendo la hermosa y candida azucena>>, <<Cuando te vi con tanto atrevimiento>>, <<Por labios de coral la blanca aurora>>, <<Desplega al alba la purpurea rosa>>, <<Rosa gentil que al alba, de la humana>> y <<Humilla al sol la coronada frente>>. Estos poemas de Lope de Vega ya fueron incluidos en la antologia de Gonzalez de Escandon (1938, pp. 116-125) sobre el carpe diem. Vease asimismo el soneto de Bartolome Leonardo de Argensola <<Cloris, este rosal, que libre o rudo>>.

(16.) Garcia Berrio (1978, p. 264), quien analizo este poema en el primer subgrupo de <<variante rosa>>, ya reconocio en el rasgos del topico mas genuino: <<aparte de no referirse en exclusiva a la rosa, sino a un conjunto de flores, conlleva implicito en el terceto final la incitacion al gozo y el rasgo de la amenaza con el arrepentimiento futuro del tiempo perdido, ambos ingredientes genuinamente constitutivos del carpe-epicureo>>.

(17.) Los hermanos Argensola compusieron numerosos textos sobre este tema, aunque su desarrollo--sobre todo, las tretas para disimular la vejez--los situa mas en el ambito de lo satirico, en la tradicion contra las viejas, como lo prueba el rotulo de <<Satira>> que precede al poema titulado <<A una vieja que no lo queria parecer>>, <<Pues no basta, Lice, al desengano>>. Entre los poetas italianos marinistas, es posible mencionar el soneto de Giuseppe Artale dedicado a una <<Elena invecchiata>>, <<Adorata tiranna io che gli amanti>> (4, p. 407); y el de Ciro di Pers, <<Mentre vuoi riparar del tempo il danno>>, en el que una <<Lidia invecchiata vuol parer giovine>> (2, pp. 449-450).

(18.) <<Lidia, de tu avarienta hermosura / pide el tiempo enemigo larga cuenta. / Ya ni el crespo cabello al oro afrenta / ni las mejillas a la nieve pura; tu mentida belleza mal segura, / en vano reparar el dano intenta / de la edad que en tus ojos representa, / con tragedia mortal, la noche oscura. / Ya, ya no me veras de noche al viento / banar de infame llanto tus umbrales, / comparando a la suya tu dureza; / que el tiempo con efectos desiguales / me da venganza y roba tu belleza, / te da dolor, y cura mi tormento>>.

(19.) Las fuentes clasicas de este soneto ya fueron identificadas y analizadas por Crosby (1978, pp. 283-286), Walters (1985, pp. 86-87), asi como Arellano y Schwartz (1998, pp. 743-744). Schwartz (1999, pp. 313-317) estudio, ya de modo mas particular, su relacion con la Antologia griega y las Anacreonticas.

(20.) En ella condensa elementos asociados de modo habitual: la puerta de Cintia, personificada como la de Laura, se queja por la falta de descanso que provoca el desenfreno de su duena, mientras el amante desdenado la acusa de ser causa de sus penas.

(21.) <<Lais anus Veneri speculum dico /dignum habeat se /aeterna aeternum forma ministerium. /at mihi nullus in hoc usus, quia cernere talem, /qualis sum, nolo, qualis eram, nequeo>>. Con otros matices, un epigrama atribuido a Secundo de Tarento muestra a una Lais envejecida e incapaz de reconocerse a si misma, en Antologia palatina, 2, 596.

(22.) Un tema proximo en la obra de Horacio es la invectiva contra la vieja libidinosa, presente en la oda 3, 15 y en los epodos 8 y 12. Al tratarse de generos diversos, el planteamiento es ligeramente divergente: mas obsceno en el caso de los epodos, que ademas convierten al propio amante en sujeto de la enunciacion.

(23.) <<Inportunus enim transvolat aridas /quercus et refugit te, quia luridi / dentes, te quia rugae / turpant et capitis nives>> (4, 13, VV. 10-12).

(24.) <<in vicem moechos anus arrogantis/ flebis in solo levis angiportu>> (1, 25, VV. 9-10).

(25.) <<possent ut iuvenes visere fervidi /multo non sine risu /dilapsam in cineres facem>> (4, 13, VV. 25-27).

(26.) Estudiaron las fuentes italianas de este poema Smith (1987, pp. 65-73), y tambien Arellano y Schwartz (1998, p. 754).

(27.) <<Luce gentil, che non riceui oltraggio, / Dal tempo auaro, o dal girar de lustri>> (Rime, 3, 1608, p. 116, VV. 5-6).

(28.) Titulado <<Tra cento belle, oue si spatia, o siede>>, senala, a proposito del tiempo: <<Vienne, e tu sol di lei, che si m'offende, / In mia vendetta i chiari lumi oscura>> (Rime amorose, 15, VV. 12-14, p. 8).

(29.) <<E so le rose, ond'ella il uiso infiora / Spargere il verno poi neui, e pruine: / Cosi il fasto, e l'orgoglio haura pur fine, / Di costei ch'odia pio, chi pio l'honora>> (Rime, 1608, I, VV. 5-8, p. 29).

(30.) Se titula <<Amor, non dissi il uer, quando talhora>> (Rime amorose, 11, p. 6, VV. 9 y 12-14).

(31.) Amores, 2, 17, VV. 7-10: <<dat facies animos: facie uiolenta Corinna est [...] scilicet a speculi sumuntur imagine fastus, / nec nisi compostam seprius illa uidet>>.

(32.) <<E nello specchio mirerete un'altra: / Direte sospirando, eh lassa, quale / Oggi meco penser? perche l'adorna / Mia giovenezza ancor non l'ebbe tale? / A questa mente o'l sen fresco non torna? / Or non son bella: allora non fui scaltra>> (Rime, 72, p. 68, VV. 9-14).

(33.) <<dices, heu, quotiens te speculo uideris alterum: / "Quae mens est hodie, cur eadem non puero juit, / uel cur his animis incolumes non redeunt genae?">> (VV. 6-8).

(34.) Aunque con planteamiento diferente, la degradacion fisica del amado fue mencionada ya por Arquiloco: <<Ya no tienes por igual floreciente la suave piel; / que ya se agrieta en surcos, / y la destruye la vejez funesta>> (4, VV. 1-3). En un contexto distinto, Ovidio, en Tristezas, 3, 7, anuncia que el bello rostro sera ajado por el devenir de los anos, y la mujer llamara mentiroso al espejo cuando le recuerden que fue hermosa, como se leia en la cita inicial.

(35.) El enves de la mujer vieja aqui descrita, despreciada, se encuentra en Antologia palatina, 2, 495, donde Filodemo de Gadara describe a Carito, que, con <<sesenta primaveras>>, <<aun conserva su larga y negra melena / [...] y su piel sin arrugas aun destila ambrosia, aun todo tipo / de seducciones, aun mil encantos>> (VV. 2-6), e invita a los amantes a gozarla sin pensar en sus anos.

(36.) Citado por Gonzalez de Escandon (1938, p. 20), quien senala que el autor del epigrama griego <<no deja de contribuir con una aportacion nueva al ensanchamiento>> del carpe diem.

(37.) Aunque este nombre suele estar asociado a textos de caracter moral, como la Epistola moral a Fabio de Fernandez de Andrada, Quevedo lo utilizo con tono levemente admonitorio en los sonetos 40 y 44 de la primera seccion de la musa Erato; un Fabio, pastor enamorado, protagoniza la cancion <<Oh tu, que con dudosos pasos mides>>.

(38.) Vicente Cristobal (1994, p. 184) ya aprecio la triple asociacion de vino, perfume y guirnaldas como signos del simposio, en numerosas odas horacianas, entre las cuales destaca I 19, 14-15; II 3, 13-16; II 7, 6-8 y 21-26; II 11, 14-20; III 14, 17-20; y III 29, 1-3.

(39.) Tambien en Catulo, 5, 1-6; Tibulo, Elegias, 1, 8, VV. 47-48; y Propercio, Elegias, 2, 15, VV. 23-24, como ya se ha senalado, por mencionar solo a los clasicos latinos.

(40.) En el tambien imagina: <<E rinouando gli amorosi accenti, / Alzero questa voce al tuo bel nome>> (Rime, 1, 1592, p. 119, VV. 7-8).

(41.) Sobre este asunto y sus fuentes, vease Gonzalez de Escandon (1938, pp. 12-13).

(42.) <<uina liques et spatio breui/ spem longam reseces. Dum loquimur, fugerit inuida /aetas: carpe diem, quam minimum credulapostero>> (oda 1, 11, VV. 6-8).

(43.) Asi se aprecia en Calimaco, Antologia palatina, 1, 337 (V 23)--<<!Algun dia / te recordaran esto tus cabellos canosos!>> (VV. 5-6)--o en Marco Argentario, Antologia palatina, 2, 237--<<al rayar el alba la veras / marchita, simbolo de tu juventud>> (VV. 3-4)--, con la variante del amante masculino por ejemplo en el epigrama anonimo 1, 723 (12, 39).

(44.) <<At te celatis aetas grauis urgeat annis, / et ueniat formae ruga sinistra tuae! / Vellere tum cupias albos a stirpe capillos, / iam speculo rugas increpitante tibi, / exclusa inque uicem fastuspatiare superbos, / et quae fecistifacta queraris anus!/Has tibi fatalis cecinit mea pagina diras: /euntum formae disce timera tuae!>> (Elegias 3, 25, VV. 11-18).

(45.) Recuerdense los versos de Ovidio, en Ars amatoria, 3, VV. 69-82.

(46.) Entre los poetas marinistas, Giuseppe Salomoni augura la destruccion total de la amada, a excepcion de su corazon, hecho de diamante, en el poema <<Verra la morte e con la man possente>> (2, p. 468); Pietro Michieli <<ricorda alla sua donna che invecchiera>> (3, p. 480) en un soneto.

(47.) <<Mostra di sperare, ch'el tempo debba far le sue vendette contra la sua Donna: in guisa ch'ella ne la vecchiezza debba pentirsi d'hauerlo sprezzato, e desiderar d'esser celebrata da lui>>.

(48.) En el caso de Tasso, veanse por ejemplo, ademas del mencionado, los siguientes poemas, cuyos epigrafes sintetizan el contenido de cada uno: <<Dice a la sua Donna, che quando ella fara vecchia non rimarra d'amarla>>, <<Qvando hauran queste luci, e queste chiome>> (Rime, 1592, I, p. 119); <<Dice che quando egli fara vecchio, non restara d'amare, e di celebrar la sua Donna>> (Rime, 1592, i, p. 121); <<Sotto la comparatione della rosa descriue la rara belta della Donna sua, & dice que quantunque fosse nella sua giouento bella, nell'eta pio matura non e men bella>>, <<Negli anni acerbi tuoi purpurea rosa>> (Rime, 1608, I, p. 90); <<Consola vna bella Donna, che cominviaua a diuenir canuta, a non si perder d'animo, & le va mostrando le maniere, che dee tenere>>, <<Perche di verde etade il Verno imbianchi>> (Rime, 1608, i, p. 129); o <<Introduce il tempo diuoratore d'ogni cosa creata, ad ammonire le belle, ma vane Donne, mostrando loro, come diuoti ogni lor bella parte, & ogni loro amorosa voglia>>, <<Il Tempo>>, <<Donne voi, che superbe>> (Rime, 1608, II, pp. 166-169).

(49.) En <<Il tutto passa>>, <<Quando de la tua etade il giorno breue>> (Rime, 1602, i, p. 16), imagina el arrepentimiento futuro de la mujer y le conmina a prevenirlo. En <<Per lo Specchio della dua D.>>, <<Vorrei fra lo specchiarui, che lo specchio>> (II, p. 42), la reflexion inicial se atribuye al espejo, pero el amante concluye afirmando que cuando envejezca y consagre a Venus su espejo, seguira siendo hermosa en su pecho y en sus versos. En <<Auiso a Donna crudele>>, <<Quando voto di fiamma, e pien di gelo>> (II, p. 42), esgrime como amenaza el arrepentimiento futuro de ambos. En <<Alla sua D. che ha de venir vecchia>>, <<Di cotesta belta fastosa, e dura>> (II, p. 42), advierte sobre los efectos del tiempo. Y en <<Alterezza della sua Donna>>, <<Donna, se in troppo fasto hoggi ti leui>> (II, p. 65), se subraya la permanencia de amor incluso cuando la mujer pierda su juventud y belleza. Rozando ya el ambito de la invectiva burlesca, escribe un poema en cuyo titulo se lee que la dama <<e vecchia, e brutta>> (Rime, 2, p. 134).

(50.) <<Quae senij metas attingit, plena dierum [...] Quae iuuenile docet aeuum, contraque; locuntur>> (vi, p. 109, VV. 67-71). Para la noticia y transcripcion de anotaciones marginales y subrayados en estos libros que pertenecieron a Quevedo, vease Alonso Veloso, 2010a, pp. 277-303; y 2010b.

(51.) <<Ab enim dolore liquefacta sum o amicissime>> (p. 44, v. 1035).

(52.) <<Si enim ipsam una sola scintilla ceperir, / Tanquam antiquum ramum oleaginum comburet>> (p. 45, VV. 1054-1055).

(53.) <<Si autem eluitur haec jucatio, / Videbis aperte uultus incisiones>> (p. 45, VV. 1065-1066).

(54.) <<Diu quondam erant fortesMilesij>> (p. 45, v. 1076).

(55.) <<Vt constanter o Iupiter rex, uetula / Tanquam ostreum adolescentulo inhaeret>> (p. 46, VV. 1096-1097).

(56.) <<Sotto la comparatione della rosa descriue la rara belta della Donna sua, & dice que quantunque fosse nella sua giouento bella, nell'eta pio matura non e men bella>>.

(57.) <<Introduce il tempo diuoratore d'ogni cosa creata, ad ammonire le belle, ma vane Donne, mostrando loro, come diuoti ogni lor bella parte, & ogni loro amorosa voglia>> (Rime, 1608, 2, pp. 166-169).

(58.) En <<Ha pur'il Tempo Ligurino afine>> (Rime amorose, 1602, i, p. 25, v. 11).

(59.) Segun este autor, serian los siguientes poemas: Ep., 13; Sat., II 6, 93-97; Carm., I 4; i 9; I 11; II 3, 9-16; II 11; III 8, 25-28; III 29, 16-48; IV 7; IV 12; Epist., I 4, 12-14; I 11, 22-25.

(60.) <<dum loquimur, fugerit invida / aetas: carpe diem, quam minimum credula postero>> (VV. 6-8).

(61.) Cristobal (1995, pp. 120-121) subrayo en este sentido, aunque a proposito del conjunto de la poesia amorosa horaciana, <<la frontera que media entre el tema amoroso segun se presenta en la lirica horaciana y segun se presenta en la poesia elegiaca de Tibulo y Propercio. Porque el amor que estos poetizan tiende a ser exclusivo y de por vida, y a perdurar incluso mas alla de la muerte [...] Con razon Lyne ve en Horacio un poeta de la reaccion anti-elegiaca: no porque Horacio responda de manera rotunda, con distancia y perspectiva suficiente, ante la totalidad de la obra escrita por los amantes de Licoride, Delia y Cintia [...] sino porque su caracter y formacion espiritual lo llevaban por caminos distintos y divergentes de aquella automanifestacion sentimental y quejumbrosa --lo que podemos considerar como tono autenticamente elegiaco--que practicaban sus coetaneos Tibulo y Propercio>>. No obstante, tanto Horacio como Quevedo escribieron poemas no relacionados con el carpe diem sobre la fidelidad y la pervivencia del amor en circunstancias diversas; recuerdense, solo como ejemplo, la oda 1, 22, VV. 17-24, dirigida a Lalage, y el soneto quevediano <<Cerrar podra mis ojos la postrera>>.

(62.) Asi sintetizo Herrera Montero (1995, pp. 105-106) una idea critica muy asentada a proposito de la obra de Horacio; remito a sus referencias bibliograficas de la p. 106, nota 39.

(63.) En esta misma linea se pronuncio David West (1995, pp. 116-117) en su analisis del carpe diem, a proposito de la oda 1, 25 de Horacio: <<Horace is not part of this amorous imbroglio. We are not told that he had ever loved Lydia or been refused by her or envied her lovers. He is rather adopting his accostumed role as Professor of Love, Praeceptor Amoris, and dispassionately observing the human comedy>>. Y a proposito del amor en la lirica horaciana, Vicente Cristobal (1995, p. 112) senalo: <<Lo que suele exponerse en una oda horaciana es una anecdota objetiva, entrevista en la distancia por el "yo" del poeta, juzgada sin apasionamiento, orlada de consideraciones de indole moral, salpicada a veces de ironia, encerrada en una forma concisa, estricta y bien delineada, dejando, en consecuencia, amplio espacio a la sugerencia y al eco interior. [...] Es el amor de los otros mas que el amor del poeta el que se toma en cuenta; es el amor en frio; el amor visto con ironia y sin romanticismo; el amor ocasional y no el amor eterno. Una vision, por tanto, mas racional que sentimental>>.

(64.) Ejemplar con signatura (1556), de la Biblioteca Menendez Pelayo.

(65.) Ejemplar de la Biblioteca Nacional de Espana, con signatura 3 / 48399.

(66.) Ejemplar de la Biblioteca Nacional de Espana, con signatura 3 / 26542.

(67.) Ejemplar de la Biblioteca Nacional de Espana, con signatura 5 / 3122.
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Title Annotation:Estudios
Author:Alonso Veloso, Maria Jose
Publication:La Perinola
Date:Jan 1, 2012
Words:16944
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