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DE LA SEDUCCION. FRAGMENTOS.

La seduction, c'est le destine

Jean Baudrillard

Tal como a lo largo del siglo XX se nos ha acostumbrado a entender la libertad, la belleza o la verdad, no puede hablarse de seduccion. Tal vez lo hagamos entendiendola como resultado o registro de un complejo programa, que un sujeto deseante ejecuta. Porque la seduccion como concepto es solo una disculpa que justifica o pretende explicar cualquier cosa.

Sabemos, sin embargo, que hay seductores y seducidos y que es aparentemente facil registrar el efecto o senalar las huellas que de sus actos queden. Hay tambien condiciones que hacen de uno un seductor y del otro, si es correspondido, un seducido. La correspondencia se entiende aqui como coincidencia sobre un mismo escenario o proximidad tensa sobre un mismo campo. La naturaleza de esa tension se funda en la reaccion del sujeto reducido.

Reducir es acotar el espacio de la movilidad, pero tambien es restringir las posibilidades de desplazamientos. Asi, y por mucho que sea un derecho fundamental que le ampare, a un ciudadano comunitario se le acota su libre movilidad cuando se le restringen sus posibilidades para costearse los desplazamientos por los Estados de la Union Europea, o se le aplican leyes de excepcion en virtud de su ascendencia social o adscripcion politico-religiosa u opcion sexual.

Uno es, por principio, un transgresor. La (demasiado)humana voluntad de transgredir se neutraliza o reprime cuando a uno le socializan. Transgredir es, en efecto, desear a la mujer del projimo, es decir, desear poseer lo mejor que crea tener un prepotente otro. Si ese cercano objeto de deseo se nos antoja ostentoso necesitamos verificar como se genero la ruptura entre lo que se es y lo que se desea ser. Si, por el contrario, es recatado, nos obsesiona descubrir las razones que lleva a uno a ocultar lo potenclalmente apetecible o deseable, o, simplemente la carencia de ello.

Tal vez esa sea la razon por la que, a menudo, defino al hombre como un ser atipico: insatisfecho, por naturaleza, siempre quiere mas, o que sea de otra manera lo que ha ido consiguiendo. El ciudadano del siglo XXI es ahora, mas que nunca, un animal cibernauta que ya no puede (o no quiere) aprender a decir basta. Aunque en ello se lo juegue todo, es decir, su propia identidad.

Los flujos migratorios (transgredir fronteras) responden, de alguna manera tambien, a este mismo principio, si bien lo que lleva a uno a optar por nichos domesticos o patrios (esto es, linguisticos) diferentes es antes la voluntad de riesgo que la necesidad, a menudo mas simbolica que real. Ello ha generado una sociedad esquizoide y compleja: sus inquilinos quieren regresar, sufren la nostalgia de la tierra abandonada, pero, al mismo tiempo, no pueden renunciar a la tierra de acogida, porque en ella se han jugado mucho al ir, mientrastanto, echando alli raices.

Hay tambien seductores y seducidos que nada esperan de su condicion: solo desean saberse seduciendo o dejandose seducir. Es ese el unico objeto de deseo y el excluyendo objeto del deseo, como sucediera con Tristan e Isolda la Rubia, como sucediera con San Agustin en su atormentada relacion con lo trascendente, lo totalmente otro.

Seria, por tanto, temerario que yo hablara sobre la seduccion. Cada cual singulariza, al reconstruirlos, actos que suponen la complicidad, activa o pasiva de los otros. Lo que academicamente conocemos por interaccion. De tal forma que solo podria hablarse con propiedad de seduccion si uno se pone al descubierto. Ya que solo aprendemos a narrar acontecimientos pasados, que nos han pasado, contamos como cree uno haber seducido, estar seduciendo o saberse potencialmente un seductor. Y a la inversa.

Un seductor sera, por tanto, quien invita a transitar por caminos desconocidos (o prohibidos) para aquellos a los que pretende seducir. Probablemente tambien desconocidos (o prohibidos) para el propio seductor. Un seductor deberia ser antes un transductor que un inductor. El seductor invita a generar senderos, que, sin duda, no llevan a parte conocida alguna. Caminos a los que es dificil acceder sin demostrar previamente la inocencia, es decir, que se esta dispuesto a asumir el riesgo de perderse en el camino. Muy diferente a lo que se espera de quien aspira a ser reconocido como sujeto normalizable en el cualquier proceso de socializacion.

Un seductor es, por eso, un perdido que pervierte. Un seducido seria, en consecuencia, quien vende su alma al diablo, un invertido que opta por seguir el camino de la perversion, del extravio.

Porque seducir es introducir en espacios desconocidos el misterio que envuelve a esos espacios confunde a eventuales seducidos. Por eso el camino de la perdicion es atractivo. El seducido se siente primero atrapado, para interpretar a continuacion que la red es un soporte que neutraliza el riesgo, generando atraccion o dependencia. El seducido se siente entonces atraido hacia esos escenarios en donde no estan definidas las reglas del juego, las condiciones de la ubicacion y las del movimiento bajo previsiones de equilibrio. Seducible, en ultima instancia, es aquel que ha recorrido, sin exito, muchos caminos de salvacion.

Merece el calificativo de seductor quien consigue que la invitacion prospere, ya que un potencial seducido depende, en ultima instancia, de la voluntad de aventura que le asista. Un mapa, previamente imaginado por el seductor, solo podra ser trazado al final de la perdida.

El seductor es tambien un mal-dito, porque no encaja en la gramatica, ni en el orden que promete, simula e impone el discurso institucional. La complicidad seductor-seducido garantiza disenos utopicos, posibles en su diseno, imposibles en su realizacion, aunque el sueno del seductor y el paralelo del seducido se suene despierto.

Los efectos o huellas de la seduccion asi entendida se atribuyen a posteriori a causas que hacemos coincidir con los intereses de los actores y escenarios implicados.

La vida del seductor es la suma de fragmentos, de secuencias intempestivas. Del seductor seduce su aparente sinceridad. Su debilidad le convierte en un ser dudosamente generoso, aunque regale compulsivamente billetes de transito hacia lo nuevo. Tal vez porque jamas ha conseguido entrar en parte alguna que le diera seguridad, que le proporcionara estabilidad, por muy fugaz que esta fuera. Obligadamente receptivo desde su posicion fija limites inestables a lo real-posible, fronteras abiertas por las que puede entrar cualquier heterodoxo caminante.

Porque se siente atraido, atrapado, el seducido asume como suyas situaciones o estados psicoafectivos previamente acotados, definidos. Esta es la razon por la que, a mi entender, el nombre hace, crea la cosa, reconstruye las situaciones, al margen del particular interes de los actores implicados. Decir, por ejemplo, Josefina es pensar en la mujer fatal. Decir, por el contrario, Laura, es atribuir rostro humano a planes de exterminio que disena y ejecuta un presumiblemente terrorista de Imperio.

Situaciones que llamamos de debilidad o inseguridad predispone al seducido a dejarse atrapar por el seductor. Pero situaciones otras predisponen igualmente: estados de animo que registran sobre seducidos en escalas inconmensurables, por ejemplo, los efectos de una obra literaria, de arte o musical.

BREVE RESENA BIBLIOGRAFICA

BAUDRILLARD, Jean, De la seduccion, Ed. Catedra, Madrid 1989 GOMBROWICZ, Witold, La seduccion, Ed. Seix Barral, Barcelona 1982 ROUGEMONT, Denis de, El amor y Occidente, E. Kairos, Barcelona 1978

Servicio de Publicaciones de la Universidad de Valencia:

El arte de la seduccion en el mundo romanico, medieval y renacentista, 1995

El arte de la seduccion en los siglos XVII y XVIII, 1997

El arte de la seduccion en los siglos XIX y XX, 1998

Roman Reyes

Universidad Complutense de Madrid
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Author:Reyes, Roman
Publication:Nomadas
Date:Jan 1, 2017
Words:1337
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