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DE LA EGLOGA A LA "EPOPEYA TRAGICA": GARCILASO EN LA JERUSALEN CONQUISTADA DE LOPE DE VEGA.

Si Las obras de Boscan y algunas de Garcilaso de la Vega de 1543 hubieron de significar una conmocion para las promociones poeticas de mediados del siglo XVI, la publicacion de Las obras del excelente poeta Garcilaso de la Vega en 1569 por Mathias Gast, a costa de Simon Borgonon y libre ya de la compania de Boscan, dieron al poeta toledano una vida renovada entre los lectores y le ganaron plaza reservada en el Parnaso nacional (1). Solo cinco anos despues, en 1574, el Brocense sacaba su comento y, ya en 1580, Fernando de Herrera daba a la estampa sus Anotaciones. Le seguirian la plaza publica y el cordel, si hemos de creer a Linan de Riaza, que, hacia 1587, aseguraba a Lope que "venden en real y medio al Garcilaso" (2). Para entonces, Quevedo ya se anunciaba dispuesto a quemar "por pastillas Garcilasos" para ahuyentar asi el tufo de la culta jerigonza (3) y Cervantes reduciria al poco la biblioteca de su Tomas Rodaja "a unas Homs de Nuestra Senora y un Garcilaso sin comento", acaso con la intencion de librar al poeta de sus eruditos perseguidores (4). No es mucho que, frente a tal panorama, Felix Lope de Vega decidiera imitarlo en sus Rimas o en algunas de sus piezas teatrales, que se acordara de el en el Peregrino en su patria o que lo homenajeara en la Arcadia (5). Mas singular resulta, sin embargo, la notable presencia del poeta toledano entre las tres mil setenta y una octavas de la Jerusalen conquistada. Los versos liricos de Garcilaso se convierten en cauce y materia para la narracion epica, a pesar de que, acudiendo a la recusatio retorica, Lope anunciara su intencion de abandonar el caramillo pastoril y el Manzanares y entonar la tuba belicajunto al aurifero Tajo, en el epigrama latino consagrado al rey Alfonso VIII en los preliminares de la "epopeya tragica":
   Illa ego quo potero celebrabo carmine, Musae
   Parce meae, noster carmina spirat amor.
   Mantua me genuit Tartessia, debuit illa
   qua genitus quondam Tityrus arte potens.
   Me Mancanares vidit sub rupe canentem
   rustica arundineis carmina facta modis.
   Nunc opus heroum divinaque bella tonamus,
   qua vagus aurifero voluitur amne Tagus (6).


Todavia lo volveria a repetir en las basas de las columnas del grabado que servia de colofon a la primera edicion del poema, salida en 1609, donde podian leerse dos divisas complementarias: "Montibus et silvis studio iactabam inani", que tomo de la egloga II, 5 de Virgilio, y "At nunc horrentia Martis, arma virumque cano", donde se acudia una vez mas al supuesto comienzo de la Eneida (7). Sin embargo, se pueden encontrar no pocos restos literarios de ese "ocioso proposito" lirico y pastoril en los ladillos del poema, que Lope trufo de latines y erudicion de toda indole.

Hasta tres veces se menciona el nombre de Garcilaso de la Vega en esas notas marginales de la Jerusalen, aunque -a decir verdad- casi siempre de un modo arbitrario y casi gratuito. La primera cita se registra cuando apenas ha comenzado el poema, en la septima octava del libro I, donde se trae a capitulo "la marcial palestra". Como quien no quiere la cosa, Lope anota: "Escuela de Marte donde antiguamente se ejercitaban las armas. Garcilaso huye de la polvorosa palestra, pero primero Horat. y Ciceron De orat.: Sec ad armis, aut etiam a palestra (p. 28). Como puede verse, en nada contribuye la alusion a construir el sentido del poema, pues tampoco el pasaje mantiene una relacion directa con los versos 44-45 de la cancion V8. Alguna mayor conexion, por lo menos en el concepto, se sigue en la segunda referencia al toledano. Alegorizando en el libro VII, Lope escribe: "La Envidia vil, a quien su propia pena / le dieron por castigo mas conforme, / su mismo corazon (por dar oidos) / aparto de sus dientes carcomidos", y en el margen anota: "Garcilaso dijo: la envidia carcomida, a si molesta. En la Egloga Albanio" (p. 277), que, en efecto, corresponde a la egloga II, v. 1559. La ultima noticia expresa, recogida en el libro IX, es, si cabe, mas arbitraria, pues, trasladada la accion a Libia, se describe un paisaje plagado de viboras y reptiles, lo que se explica en nota con un escueto: "A Libia llamo Garcilaso engendradora de culebras" (9). Como en su momento entendio Simon Vosters, "esta apostilla mas bien sirve para despistar al lector, pues dicha idea es tan frecuente en su obra y en la de sus contemporaneos que no todo puede venir de una sola fuente" (10). Nada hay, pues, de verdaderamente garcilasiano en ninguno de los tres pasajes ilustrados con sus versos, por lo que la memoria del poeta, traida por los pelos, cuadra mas con esa voluntad de alarde tan insalvable para el joven Lope que con una autentica deuda literaria. Sin embargo, la presencia del Garcilaso mas lirico late hondamente no en los ladillos, aunque si en los versos heroicos de la Jerusalen conquistada.

GARCILASO ENTRE OCTAVAS

Hay, para empezar, un eco recurrente y general de Garcilaso en el lexico y, en especial, en la adjetivacion utilizada para describir los loca amoena. Valga un breve muestrario. En el libro IX, cuando don Juan de Aguilar esta cerca de morir: "asi le cercan por el bosque verde"; en el XI, en un episodio de abolengo pastoril entre Alfonso e Ismenia, se lee: "agora pues que estas solas penas, / este bosque, este prado, este ruido / de este arroyo secreto nos escucha"; en el libro XIII son "las verdes yerbas de un ameno prado"; en el XVII, Garceran va a consultar a la maga Brandalifa sobre su amor y atraviesa "por una murtas, cuyo verde enredo / cerraba el paso a un monte delitoso" (11). Y pudiera seguirse ad nauseam. Pero si todo se redujera a la mera repeticion de frases formularias y de un lexico mas o menos codificado, poco o ningun valor tendria como testimonio de una lectura singular y de una imitacion intencionadamente construida.

No es el caso, pues puede hacerse un repaso detallado de los motivos, los episodios y los versos de Garcilaso que Lope de Vega incrusto con un proposito literario definido en su epopeya tragica. Comencemos por la egloga I del toledano, a la que se acude con recurrencia en la Jerusalen. Asi, en el lamento que, por la muerte del emperador Federico, hace su hijo, puede leerse: "si derribo tu inexorable filo / !oh muerte! el arbol de mi verde yedra" (p. 199), que corresponde a la egloga I, vv. 261-262: "antes de tiempo dada / a los agudos filos de la muerte!". Lo mismo ocurre con la descripcion de Vitoria, hija de Tedosia, que remite a la belleza de Elisa tanto en las rimas como en el motivo de los despojos amorosos y las almas que cuelgan de la dama. Los versos 267-272 de la egloga I: "?Do estan agora aquellos claros ojos / que llevaban tras si, como colgada, / mi alma, doquier que ellos se volvian? / ?Do esta la blanca mano delicada, / llena de vencimientos y despojos, / que de mi mis sentidos l'ofrecian?", se convierten en:

Era Vitoria blanca, y el cabello negro en extremo por vencer los ojos, con algunas sortijas, que hasta el cuello bajaban a enlazar de amor despojos; asi adornaban su alabastro bello, que presas (si es delito) por antojos se vieran de el mil almas, si visibles fueran las almas y de asir posibles (p. 370).

En el llanto de Guido por la muerte de don Juan de Aguilar convergen varias ideas garcilasianas:

!Ay triste!, ?que pereza me detiene, muerto don Juan, en esta vida triste? Contra mi gusto el alma se detiene en esta carcel donde vive asida, arbol en que mi yedra se sostiene, pues en la tierra das tan gran caida, ?donde hallaran mis esperanzas piedra? Quien el arbol corto, corte la yedra (p. 387).

Estan, por un lado, el deseo de morir tras la muerte del otro y la imagen de la vida como carcel: "y lo que siento mas es verme atado / a la pesada vida y enojosa, / solo, desamparado, / ciego, sin lumbre en carcel tenebrosa" (Egloga I, vv. 292-295) y, por otro, el reproche en solicitud de la propia muerte: "?por que de mi te olvidas y no pides / que se apresure el tiempo en que este velo / rompa del cuerpo y verme libre pueda?" (Egloga I, vv. 397-398). En el mismo libro X, se metamorfosea el verso "que siempre sonara de gente en gente" (Egloga I, v. 160) en "haciendo que se aumente / la historia de este amor de gente en gente" (p. 402). El olmo y la parra que presenta Lope como emblemas amorosos, aun cuando tengan su antecedente en Alciato y mas alla en la poesia clasica, parecen remitir a la egloga I, vv. 135-137: "viendo mi amada hiedra / de mi arrancada, en otro muro asida, / y mi parra en otro olmo entretejida", que Lope lee como "tal suele al olmo la segur lustrosa / cortando el tronco dividir las parras, / cayendo al suelo de los altos brazos / los nudos firmes de sus verdes lazos" (p. 561). Otro verso literal se encuentra en el libro XVIII, cuando se describe a Ismenia oyendo la noticia de la muerte de Clarinardo en los siguientes terminos: "no hay corazon tan duro que no obligue" (p. 759), que -claro esta- remite a las palabras de Salicio: "No hay corazon que baste, / aunque fuese de piedra" (Egloga I, vv. 133-134). Pero no se trata solo de versos o motivos, sino tambien de estructuras sintacticas que Lope aprovecha en beneficio propio. Asi, para la descripcion de un campo de batalla en una forma paralelistica propia de la epica acude, sin embargo, a una enumeracion de la egloga I, vv. 74-77: "cual por el aire claro va volando, / cual por el verde valle o alta cumbre / paciendo va segura y libremente, / cual con el sol presente...", que en la Jerusalen se transforma en:

Cual va por el aljaba y no halla el arco, cual busca el alabarda y no la topa, cual maldice al Soldan, cual a Dinardo, cual se esconde en las armas o en la ropa (p. 540).

Un caso singular es el de los versos en los que Nemoroso compara la muerte de Elisa con el labrador que roba sus crias al ruisenor, tal como se refiere en la egloga I, vv. 324-343:
   Cual suele'l ruisenor con triste canto
   quejarse, entre las hojas escondido,
   del duro labrador que cautamente
   le despojo su caro y dulce nido
   de los tiernos hijuelos entretanto
   que del amado ramo estaba ausente,
   y aquel dolor que siente,
   con diferencia tanta
   por la dulce garganta,
   despide, que a su canto el aire suena,
   y la callada noche no refrena
   su lamentable oficio y sus querellas,
   trayendo de su pena
   el cielo por testigo y las estrellas,
   desta manera suelto yo la rienda
   a mi dolor y ansi me quejo en vano
   de la dureza de la muerte airada;
   ella en mi corazon metio la mano
   y d'alli me llevo mi dulce prenda,
   que aquel era su nido y su morada.


Hasta tres veces acudio Lope de Vega a estos versos en diferentes pasajes de su poema epico. En primer lugar, cuando en el libro III Sibila le narra un sueno a su hermana, llamada, como la pastora, Elisa:
   !Ay triste!, yo sone (no porque haga
   suenos verdad) que cual oliva hermosa
   entre tiernos renuevos que propaga
   estaba con mis hijos amorosa,
   cuando una sierpe las devora y traga,
   revolviendo la cola venenosa
   en sus cervices blancas, de tal suerte
   que tuve vida hasta que vi su muerte.

   El Alba de esta noche, Elisa mia,
   llamo con mas pereza a mi ventana;
   puseme a ver desde su marco el dia,
   y vi nacer el sol entre oro y grana,
   entonces del jardin la fuente fria
   tan sonora corrio que pienso, hermana,
   que mi desdicha o que mi nombre sabe,
   pues vuelvo la cabeza al son suave.

   Yo vi sobre un laurel estar quejoso
   un ruisenor, porque por alto andaba
   un alcotan, que en vuelo presuroso
   las prendas de su nido amenazaba;
   no estaba de su vida cuidadoso;
   la de sus pajarillos procuraba,
   porque le vio venir y estuvo quedo,
   que amor es nino y no discurre al miedo.

   La boca abierta con chillidos altos
   (que amando no es milagro que presuma
   a un aguila igualarse) dando saltos,
   los guarda a costa de su sangre y pluma,
   mas ya los brios de esperanza faltos,
   que todo se desangra y se despluma,
   muere oyendo sus voces, e importuno
   quiere beber su espiritu de alguno.

   Mira ?que pueden ser tantos agueros,
   dulce Isabela, mi querida hermana,
   sino que me amenazan los aceros
   de la espada jenizara persiana? (12)


En el libro siguiente, la premonicion viene a cumplirse y Lope lo subraya al acudir al mismo lugar garcilasiano:

Cual suelen pajarillos chilladores a la madre que trujo el pecho herido del campo al nido, dar varios clamores, y ella tenir de sangre pluma y nido, asi con quejas dulces, con amores al cuello cada cual y al alma asido, piden sustento en vano, y desmayados se rinden de hambre y de llorar cansados.

Tal suele el labrador en alta encina hallar el nido, madre, y pollos muertos, y del hielo con lastima imagina que se quedaron en las pajas yertos; Guido con pasos timidos camina al estrado en que ya de morir ciertos hallo los ninos y la hermosa madre, disculpando el dolor, culpando al padre (p. 168).

Todavia en el libro XII la corsa Gravelina implora al barbaro Branzardo, tras la amenaza que este lanza contra sus dos hijos, que vienen, una vez mas, a ser comparados con los polluelos de la egloga I:

Cual suele tierno pajaro mirando el rudo labrador, que alcanza el nido, alrededor del arbol revolando, quejarse con tristisimo chillido, y cuando ya le mira derribando el edificio artificial tejido, pajas y plumas esparciendo al suelo, romper el aire y lastimar el cielo, asi cerca llorando Gravelina los pollos de su nido ya deshecho; da voces, ruega, llora, desatina alrededor del arbol de su pecho, mas cuando ve que el barbaro camina y que no son las quejas de provecho, vuela fuera de si, donde turbada cayo por largo espacio desmayada (pp. 473-474).

Es evidente que el pasaje conmovio profundamente a Lope, que solo cuatro anos antes, en 1605, lo habia utilizado en la epistola Serrana hermosa, que de nieve helada, inserta en El peregrino

en su patria:
   No suele el ruisenor en verde selva
   llorar el nido de uno en otro ramo
   de florido arrayan y madreselva
   con mas doliente voz que yo te llamo,
   ausente de mis dulces pajarillos,
   por quien en llanto el corazon derramo (13).


Aunque en menor grado, la egloga II tambien dejo su huella en las octavas de la Jerusalen conquistada. El verso "Mas es que fiera, mas que tigre hircana", correspondiente al libro XI (p. 454), procede de la egloga II, v. 563: "!Oh fiera, dije, mas que tigre hircana"; tras la enumeracion "que al campo, al rio, al prado, al monte mudo" (p. 502) se apunta en la egloga II, v. 1721: "la tierra, el campo, el rio, el monte, el llano", y aun en la egloga III, v. 346: "el monte, el campo, el soto y el ganado"; en el paisaje que Roselina describe en la muerte de Clarinardo: "Al pie de aquellos sauces, al ruido / de aquella fuente, y al olor suave / de aquella murta y arrayan florido" (p. 756) reaparecen la rima ruido/florecido y el olor suave de la egloga II, vv. 13-15: "El dulce murmurar deste ruido, / el mover de los arboles al viento, / el suave olor del prado florecido"; e incluso la extensa vision de los palacios de Neptuno y las ninfas del Tajo que Ricardo tiene en suenos: "Las almenas de varias vidrieras ... coincide conceptual y tematicamente con la no menos extensa descripcion que hace Nemoroso de la urna subacuatica del Tormes en la egloga II, vv. 1169-1751 (14). Pero acaso la imagen que mas utilizo Lope en esta egloga sea la del viejo Danubio garcilasiano, que "del agua salia muy callado / de sauces coronado y un vestido / de las ovas tejido, mal cubierto" (Egloga II, vv. 1592-1593). Esas mismas y retoricas ovas adornan la roca en la que vive el santo Joaquin: "debajo de una pena que el mar bana / cubriendola por uno y otro lado / de conchas, algas, ovas y marisco, / nave de lejos, desde cerca risco", aderezan la cabeza de las ninfas marinas: "Las ninfas de la mar de ver se admiran, / cubiertas de ovas, armas semejantes, / y por las intrincadas hebras miran / la nueva lucha de los dos amantes" y engalanan los cabellos de otras divinidades fluviales que contemplan una cabalgada de Garceran en el libro XVIII: "las blancas ninfas del Jordan sagrado, / rompiendo con las frentes la postrera / tunica al agua, los cabellos de ovas / sacaron de las humidas alcobas" (15).

Si volvemos los ojos a la egloga III, en el libro V de la Jerusalen conquistada, el emperador Federico salta al agua para nadar y "las aguas corta / con uno y otro brazo diestramente; / ya camina veloz, ya se reporta, / ya el agua hiere con la sesga frente" y mas adelante, en el libro XVI, se compara un ataque de Garceran contra los turcos con otro salto al agua: "Como desde alta pena al claro Tajo / se arroja el nadador y fugitiva / se queja el agua, y el se esconde abajo, / dejando un espumoso cerco arriba" (pp. 195 y 645). Ambos pasajes pudieran remitir a los ejercicios natatorios de las ninfas garcilasianas en el Tajo: "el agua clara con lascivo juego / nadando dividieron y cortaron / hasta que'l blanco pie toco mojado, / saliendo del arena, el verde prado" (Egloga III, vv. 90-93). La descripcion de las banderas en el libro VIII, "de diversos colores matizadas" (p. 299), remite, desde luego, a la egloga III, v. 267: "las cuales con colores matizadas"; del mismo modo que los ejercicios de Oton ante Saladino, "mostrando con retorica elegante, / que puede honrar un capitan valiente / las armas y las letras juntamente" y la estrofa final del poema, en la que se opta por acudir una ultima vez a Garcilaso para aseverar "que tienen poco credito en la vida / del dueno o ya la pluma o ya la espada", imitan el famoso verso 40 de la egloga III: "tomando ora la espada, ora la pluma" (pp. 623 y 850). Por otro lado, la vision pastoril por parte de Ismenia de "tres hermosas ninas divertidas, / la mayor devanando un prado hilado, / las otras dos de la cestilla asidas" trae de inmediato a la memoria las ninfas tejedoras del Tajo en la misma egloga III, vv. 97-104:
   Poniendo ya en lo enjuto las pisadas,
   escurriendo del agua sus cabellos,
   los cuales esparciendo cubijadas
   las hermosas espaldas fueron dellos,
   luego sacando telas delicadas
   que'n delgadeza competian con ellos,
   en lo mas escondido se metieron
   y a su labor atentas se pusieron.


De la elegia II, dirigida a Boscan, tomo Lope, al menos, dos versos. El primero, "llenos los ojos de amorosa llama" (p. 319), remite al verso 78 de Garcilaso, "al amoroso fuego en que me meto", con una formula que el toledano repitio en la egloga II, v. 1702: "en amoroso fuego todo ardiendo" y ya literalmente en el soneto XXIX, v. 2: "en amoroso fuego todo ardiendo". El otro, "En blandos movimientos convertido" (p. 454), remeda una disposicion sintactica de la elegia II, v. 62: "en polvo y en ceniza convertido". Esa misma fuerza de la sintaxis garcilasiana reaparece en la imitacion de un famoso pasaje de la cancion V, vv. 16-19: "ni aquellos capitanes / en las sublimes ruedas colocados, / por quien los alemanes, / el fiero cuello atados", que Lope reescribe por dos veces -aun cuando evite el acusativo griego como cultismo sintactico-, una en el libro IV, "Al cuello cada cual, y al alma asido", y otra en el XVII, durante una arenga de Ricardo a sus soldados: "los mismos son que en tantas ocasiones / vistes al triunfo de mi carro atados" (pp. 168 y 704).

Tambien los sonetos dejaron su rastro en el poema. El verso "de espiritus de amor purpurea escuadra", referido al martirio de los ninos de Toledo en Valencia, apunta inequivocamente, por mas que cambie el contexto, a los "espiritus vivos y encendidos" del soneto VIII, v. 2, que el propio Lope parodiaria en su Tome de Burguillos (16). Tanto la segunda octava del poema, con las "Hermosas drias del ilustre rio / que bana en oro la nevada espuma, / de vos y de su margen me desvio, / que a mas dorado Tajo doy la pluma" como la imprecacion a las "Hermosas ninfas del corriente y puro / Tajo, que al monte que le impide el paso", del libro XVII, son eco inequivoco del soneto XI, v. 1 de Garcilaso: "Hermosas ninfas, que en el rio metidas" (pp. 27 y 679). En el exordio del libro VII, habla el poeta en primera persona para entonar una formula de humildad: "aunque me falte al instrumento el arte", que parece recordar el soneto XXI, v. 14: "y hizo igual al pensamiento el arte" (p. 257). Cuando Branzardo deguella a sus cautivos cristianos, una nube de almas "rompe el aire y se acerca a las estrellas", como en el soneto XXXVIII, v. 2: "rompiendo siempre el aire"; y al verso 14 de ese mismo soneto, "por la oscura region de vuestro olvido", pudiera remitir Isabela en su planto por Herfrando, cuando ubica sus sentimientos amorosos "en la region de la esperanza mia" (pp. 478 y 466). El mismo lamento de Isabela incluye una alusion transparente al soneto X, v. 1: "!Oh, dulces prendas por mi mal halladas, / dulces y alegres cuando Dios queria!", que Lope adapto como "Dulces despojos, cuando Dios queria, / y permitio mi desdichada suerte / que os gozase tan libre el alma mia". Y todavia se apunta otra alusion al mismo verso en el libro XIX, cuando Alfonso clama por la muerte de Raquel: "ansias por ti, mi dulce prenda amada". Llama la atencion que Lope, que sin ambages copia a Garcilaso, lo evitara repetidamente en los ladillos y acudiera en exclusiva al libro IV de la Eneida: "Dulces exuviae fata Deusque finebat. Virgil. lib. 4 Aenid." (17). No esta de mas recordar que por las mismas fechas, hacia 1610, Lope compuso la comedia El divino africano, consagrada a la vida de san Agustin, al que hace leer en voz alta ese mismo pasaje del poema virgiliano, aunque traducido al castellano y pasado por el tamiz -evidente, pero silenciado en aras de la verosimilitud- de un Garcilaso de la Vega que de inmediato identificarian los espectadores mas leidos:
   AGUSTINO. !Oh, Virgilio famoso!
   Hoy con tu libro cuarto, en que tu Eneas
   se va tan riguroso,
   quiero que mi deleite y gusto seas.
   Yo abri por linda parte:
   Dido se queja y el traidor se parte.
   Lea.
   "!Ay, dulces prendas, cuando Dios queria
   y me era amigo mi infelice hado,
   tomad aquesta misera alma mia,
   y dad fin dulce a mi inmortal cuidado" (18).


DE LOPE A GARCILASO: LECTURA E IMITACION

De que Lope leyera a Garcilaso no parece caber la menor duda, ni aun de que lo hiciera con la misma devocion que Fernando de Herrera, que san Juan de la Cruz acaso, que Gongora y Quevedo o que Cervantes. Y como casi todos ellos, junto al libro estampado del poeta toledano, debio de tener sus versos tambien grabados en la memoria y en el corazon para repetirlos cuando hiciera falta y para remedarlos, si al caso viniere, en sus propias composiciones. La Jerusalen conquistada es un excelente sintoma para entender que el Garcilaso que entonces se leia y se recitaba con devocion, ese Garcilaso que Lope exhibia en 1609, era el mismo que el nuestro, el de las eglogas, el de la cancion V o la elegia a Boscan y el de sonetos como "De aquella vista pura y excelente", "Oh, dulces prendas por mi mal halladas" o "Estoy continuo en lagrimas banado": el mismo Garcilaso de Becquer, de Cernuda o de cualquier lector de poesia en lengua espanola de entonces y de ahora. Pero es que, ademas, ese amor literario se mantuvo inalterable para Lope, que en La Dorotea, estampada ya en 1632, encontro la ocasion de rendirle un singular homenaje cuando Ludovico se interroga retoricamente: "?Garcilaso fue culto?", y Cesar le responde en terminos del mayor elogio: "Aquel poeta es culto que cultiva de suerte su poema que no deja cosa aspera ni escura, como un labrador un campo; que eso es cultura, aunque ellos diran que lo toma por ornamento" (19). Dos anos despues y uno antes de su muerte, sera la voz de Tome de Burguillos quien le sirva de cauce para dejar las ultimas muestras de ese afecto poetico, describiendo sus Sentimientos de ausencia, a imitacion de Garcilaso, asegurando a las bravas que, entre los poetas, "Garcilaso es el principe" y hasta dejando caer una puya en la que encajaba a la perfeccion con sus silenciosas imitaciones de la Jerusalen:
   Juana, mi amor me tiene en tal estado,
   que no os puedo mirar, cuando no os veo;
   ni escribo ni manduco ni paseo,
   entretanto que duermo sin cuidado.

   Por no tener dineros no he comprado
   (!oh Amor cruel!) ni manta, ni manteo;
   tan vivo me derrienga mi deseo
   en la concha de Venus amarrado.

   De Garcilaso es este verso Juana:
   todos hurtan, paciencia, yo os le ofrezco (20).


Tambien Lope habia participado -y mas de una vez- en ese activo latrocinio colectivo. En el caso de la Jerusalen conquistada, la repetida omision que se hace en esos pobladisimos ladillos de un Garcilaso remedado una y otra vez puede justificarse como fruto de dos estrategias paralelas. Estaba, por un lado, la necesidad que ese Lope mas joven sintio de dar autoridad a sus versos con una erudicion varia, exagerada y, con frecuencia, postiza, por lo que acudio a unas fuentes, sobre todo, latinas, en las que a Garcilaso de la Vega apenas le reservo un papel secundario. Pero se trataba tambien -y es esta la segunda traza- de un guino literario y un tacito cumplido, pues, cuando de verdad imita a Garcilaso, evita mencionarlo, como si plantease a los lectores de poesia el pequeno desafio de acertar por si mismos con los indicios de una devocion compartida.

Son tambien dos, cuando menos, las razones que justifican esta notable presencia de Garcilaso en la Jerusalen conquistada. La primera de ellas se vuelve hacia la historia narrada y a la decisiva importancia que tuvo Toledo en la trama del poema. Recuerdese que Lope se refirio a la ciudad como "centro de Espana" e "insigne madre, nueva Roma / de Cesares, Catones y Virgilios" (p. 332), que invento todo un periplo hispanico para el rey Ricardo de Inglaterra para terminar llevandolo a Toledo, donde tambien se agrupa el ejercito de los cruzados espanoles. Si los libros VII y VIII son un cumplido elogio de la ciudad, personificada en el grupo de ninos toledanos que terminaran siendo martirizados en Valencia, no lo es menos el XIX, donde se describe la entrada del rey Alfonso en Toledo y sus amores con la judia Raquel. El poeta siempre encontro ocasion para mencionar detalles historicos, religiosos o arquitectonicos de la ciudad e hizo del Tajo una referencia permanente en su poema. Los repetidos ecos de Garcilaso, emblema poetico de la ciudad, vendrian a formar parte de ese homenaje que se le rinde en el poema, en un sentido muy proximo al de los versos de un romance tan temprano como "Bien parece, padre Tajo", de 1591: "Vos distes a Garci Laso / la zampona y el pellico / con que se vistio Tirreno, / Camila, Albanio y Salicio" (21).

Hay, ademas, una segunda causa, esta de indole propiamente literaria: Lope de Vega se enfrentaba a dos problemas de entidad a la hora de componer un poema narrativo tan extenso, como eran la disposicion de la fabula y la lengua poetica en que esta se plasmaba. En lo que corresponde a la construccion de la epopeya, se precisaba una solucion flexible, que permitiera la insercion de motivos, argumentos y aun generos diversos. Y a ese principio de variatio delectat, parece responder la explicacion que Lope ofrece de su poema en el Arte nuevo, precisamente de 1609: "la Iliada / de la tragedia fue famoso ejemplo, / a cuya imitacion llame epopeya / a mi Jerusalen, y anadi <<tragica>>" (22). Solo unos anos antes, en 1596, el Pinciano ya habia recordado que Aristoteles "concede de la Iliada y Ulysea poderse hazer dos tragedias"; y ahondado en esa estructura compleja, habia llegado a afirmar que, como la epica "es poema largo, es licito afloxar vn poco a tiempos" y aun que, "si por ventura quitan los episodios a la fabula, quedara muy seca y, al fin, quedara historia y no poema" (23). No a otro espiritu respondian la sentencia que Cervantes habia formulado en la primera parte de su Don Quijote y que, aunque viniera envuelta en zumbas y arremetidas contra Lope, este hubo de leer como quien recibe agua de mayo para dar razones a la construccion de su poema, que andaba por entonces en jerga:
   ... la escritura desatada destos libros da lugar a que el autor
   pueda mostrarse epico, lirico, tragico, comico, con todas aquellas
   partes que encierran en si las dulcisimas y agradables ciencias de
   la poesia y de la oratoria; que la epica tambien puede escrebirse
   en prosa como en verso (24).


El lenguaje poetico, por su parte, habria de mostrar esa misma variedad que exigian las digresiones y los episodios insertos en la fabula principal. Para ello, era conveniente dotarse de una lengua literaria culta y elevada, pero ductil; y a esa variedad se refirio tambien Lopez Pinciano al tratar de la epopeya:
   Con esto se acaba de entender como sea muy diferente el lenguaje
   pintado y figurado del heroyco y alto, que puede ser alto sin ser
   pintado, y pintado siendo baxo, como antes es dicho; conozco, con
   todo esto, que admite mucha mas pintura que no la tragica (25).


La solucion a esas cuestiones de retorica y poetica pudo encontrarlas Lope en la Gerusalemme liberata de Torquato Tasso y en sus Discorsi dell'artepoetica e inparticolare sopra ilpoema eroico, publicados primero en 1587 y luego definitivamente en 1594. En este ultimo texto, que a finales del xvi y principios del xvii gozo de una importante difusion en Espana, Tasso defendia la posibilidad de engastar episodios y discursos liricos en la estructura de la epopeya:
   Dichiarato adunque e perche fiorito lo stile del lirico, e perche
   puro e semplice quello del tragico, l'epico vedra che, trattando
   materie patetiche o morali, si deve accostare a la propieta e
   semplicite tragica; ma, parlando in persona propria o trattando
   materie oziose, s'avvicini alla vaghezza lirica (26).


Y, en efecto, como en su momento subrayo Joseph Gariolo, Tasso lo puso en practica en su propio poema, al incluir episodios como el de Olindo y Sofronia, los amores de Rinaldo y Armida, los de Herminia o como la muerte de Clorinda, que otorgan una importante presencia a los interludios y al lenguaje lirico en la Gerusalemme (27).

Pero es que, por si fuera poco, Lope contaba con un modelo aun mas proximo en la propia epica hispanica, pues Alonso de Ercilla ya habia dado un papel considerable a la imitacion de Garcilaso de la Vega en La Araucana (1569-1589), al tomarlo como punto de partida, como senala Isaias Lerner, para construir su propia lengua poetica: "Cuando Ercilla busca la expresion adecuada para una epopeya espanola con el sentido moderno que proponian Boiardo y Ariosto, la encuentra en la lengua de Garcilaso" (28). Y es que Garcilaso encarnaba por si mismo la forma hispanica no ya de la lirica, sino de la poesia toda. Sus versos terminaron por convertirse en paradigma para la lengua poetica en castellano, independientemente del genero que se cultivara. Asi lo entendio el propio Lope, que, comparando las letras castellanas con las latinas, escribio en la Relacion de las fiestas que la imperial ciudad de Toledo hizo al nacimiento del principe nuestro senor Felipe IV, impresa en 1605:
   ... las nuestras
   tienen aquella misma semejanza,
   y asi nuestro dialeto la parece,
   que del modo que hablamos escribimos,
   grande honor de la lengua castellana,
   que limo Garcilaso de la Vega,
   hijo desta ciudad, a quien las leyes
   dieron primer lugar en los vocablos (29).


Como ha precisado Antonio Gargano, Lope "aspiraba a ser considerado el mas digno y autentico heredero de una tradicion poetica nacional, que habia tenido en Garcilaso y Herrera a sus mas significativos predecesores" (30). De ahi que no encontrara inconveniente alguno en incorporar elementos, lenguaje o episodios de Garcilaso a su Jerusalen conquistada, por mas que silenciara su procedencia, pero es que esa imitacion era, de por si, lo suficientemente transparente, como para que podamos considerarla una declaracion de principios poeticos. Toda la adjetivacion esencialista, el discurrir sintactico, el lexico y un buen numero de versos tienen su razon de ser en el toledano, que, como se ha visto, se convierte en punto de partida para la construccion de episodios amorosos, excursos pastoriles, descripciones del paisaje o momentos de alta intensidad elegiaca, como la muerte del emperador Federico, de don Juan de Aguilar, de Clarinardo o de los hijos de Sibila.

Esa insercion del Garcilaso lirico y bucolico en la epopeya tuvo tambien su precio para Lope, en el marco de las muchas polemicas literarias en que se vio envuelto y a las que la Jerusalen no fue en absoluto ajena. No deja de ser significativo que el autor de una censura anonima, titulada "A la Gerusalen de Lope", desaprobara la inclusion en el poema de la estrofa II: "Hermosas & ... Esta octava se pudiera quitar, que es diversion del poema, inimitable y sin ejemplo en los antiguos" (31). A un lector culto, como este censor incognito, no le pudo pasar desapercibido que los versos estaban escritos a imagen y semejanza de los de Garcilaso, por lo que hay que entender que el reparo apunta directamente contra esa diversidad lirica y contra la eleccion de un modelo que, a su juicio, no encajaba bien en el discurso epico. Aun asi, Lope de Vega llevo tan a gala su eleccion poetica que no solo puso a Garcilaso al frente de su Jerusalen conquistada, sino que volvio a recordarlo -para que nadie se llamara a engano- en la octava que daba cierre al poema:
   De pocos ha de ser mi voz oida;
   pasen los tiempos y sera estimada,
   que tienen poco credito en la vida
   del dueno o ya la pluma o ya la espada.


LUIS GOMEZ CANSECO

Universidad de Huelva

(1) Cf. E.L. RIVERS, "Garcilaso divorciado de Boscan", en Homenaje a Rodriguez Monino, Castalia, Madrid, 1966, pp. 121-129 y V. NUNEZ RIVERA, "Garcilaso segun Herrera: aspectos de critica textual en las Anotaciones", en Las Anotaciones de Fernando de Herrera: doce estudios, ed. Begona Lopez Bueno, Universidad, Sevilla, 1997, pp. 108-109. Este trabajo se enmarca en los proyectos de investigacion MINECO FFI2012-32383 y PAIDI HUM-7875.

(2) PEDRO LINAN DE RIAZA, Poesias, ed. J.F. Randolph, Puvill, Barcelona, 1982, p. 110.

(3) FRANCISCO DE QUEVEDO, Prosa festiva completa, ed. C.C. Garcia-Valdes, Catedra, Madrid, 1993, p. 441.

(4) MIGUEL DE CERVANTES, Novelas ejemplares, en Obra completa. II, eds. F. Sevilla y A. Rey Hazas, CEC, Alcala de Henares, 1994, p. 651.

(5) Sobre la presencia de Garcilaso en Lope, veanse X. TUBAU, "Las ovas en la literatura del Siglo de Oro (y unos versos de Lope de Vega)", AnLV, 5 (1999), 213-221; J. MONTERO REGUERA, "En torno a un soneto garcilasiano de Lope de Vega", en AIH(13), t. 1, pp. 616-622; I. RAVASINI, "Lope y la tradicion piscatoria", AnLV, 12 (2006), 211-232; y G. Seres, "Argel fingido y renegado de amor. Lope entre Garcilaso y Ariosto", RILCE, 23 (2007), 207-221.

(6) LOPE DE VEGA, Jerusalen conquistada. Epopeya tragica, ed. A. Carreno, Biblioteca Castro-Turner, Madrid, 2003, p. 23. En adelante citare por esta edicion como Jerusalen conquistada, y, en su caso, dare en el texto, entre parentesis, el numero de pagina.

(7) LOPE DE VEGA, Jerusalen conquistada. Epopeya tragica, Juan de la Cuesta, Madrid, 1609, f. 536v[grados]. Esos versos, que tanto Donato como Servio atribuyeron a Virgilio, decian: "Ille ego, qui quondam gracili modulatus avena / Carmen et egressus silvis vicina coegi / Ut quamvis avido parerent arva colono, / Gratum opus agricolis: at nunc horrentia Martis, / arma virumque cano". Aunque muy pronto fueron desechados por apocrifos, se recogen en un buen numero de manuscritos medievales y en no pocas ediciones renacentistas. Lope volveria anos despues sobre este topico para dar comienzo a La gatomaquia: "Yo, aquel que en los pasados / tiempos cante las selvas y los prados, / estos vestidos de arboles mayores / y aquellas de ganados y de flores, / las armas y las leyes, / que conservan los reinos y los reyes" (ed. C. Sabor de Cortazar, Castalia, Madrid, 1982, pp. 71-72). Sobre los versos apocrifos de Virgilio, puede verse R.G. AUSTIN, "Ille ego qui quondam...", The Classical Quarterly, Cambridge, UK, 18 (1968), 107-115 y P.A. HANSEN, "Ille ego qui quondam. once again", The Classical Quarterly, Cambridge, UK, 22 (1972), 139-149. En torno al topico de cambio en el rumbo poetico, vease F. NAVARRO ANTOLIN, Mateo Aleman. Laudes latinas a San Antonio de Padua, Liceus, Madrid, 2013, pp. 16-21.

(8) Todas las citas de GARCILASO DE LA VEGA remiten al poema y a los versos correspondientes en la edicion de B. Morros, Obra poetica y textos en prosa, Critica, Barcelona, 2007.

(9) Jerusalen conquistada, p. 349. Alude a la elegia II, vv. 176-177 de Garcilaso: "en la arenosa Libya, engendradora / de toda cosa ponzonosa y fiera".

(10) S. A. VOSTERS, "Lope de Vega y Juan Ravisio Textor. Nuevos datos", en CH (4), t. 2, pp. 812-813. En las notas marginales de la Jerusalen, tambien se alude -aunque siempre con pareja arbitrariedad- a otros poetas castellanos, como Francisco de Aldana, Gregorio Hernandez, el conde de Lemos y Francisco de Faria, ambos por sus respectivas traducciones de Claudiano, el toledano Francisco Gutierrez o el sevillano Fernando de Herrera. Cf. Jerusalen conquistada, pp. 34, 87, 166, 185, 625 y 690.

(11) Jerusalen conquistada, pp. 377, 444, 543 y 683.

(12) Jerusalen conquistada, pp. 128-129. A. CARRENO ya subrayo esta deuda garcilasiana en "Las trampas de la historia: la Jerusalen conquistada de Lope de Vega", en Dejar hablar a los textos: Homenaje a Francisco Marquez Villanueva, ed. P. Pinero, Universidad, Sevilla, 2005, t. 2, p. 828.

(13) LOPE DE VEGA, El peregrino en su patria, ed. Juan Bautista Avalle-Arce, Castalia, Madrid, 1973, p. 264.

(14) Cf. Jerusalen conquistada, p. 833.

(15) Ibid., pp. 268, 523 y 753. Tengase en cuenta la cuestion textual que afecto tambien esas ovas en el verso 109 de la egloga III, donde la princeps lee "hojas", mientras que el manuscrito Mg., recuperado por Alberto Blecua, opta por "ovas". Vease, al respecto, A. BLECUA, En el texto de Garcilaso, Insula, Madrid, 1970, pp. 164-167 y "Garcilaso con stemma", en Estudios de literatura espanola del Siglo de Oro dedicados a Elias L. Rivers, eds. B. Dutton y V. Roncero, Castalia, Madrid, 1992, pp. 22-24, asi como el estupendo trabajo de R. Behar, "Virgilio, san Agustin y el problema del poema heroico cristiano (1520-1530)", Criticon, 107 (2009), 84-85. Para la presencia del motivo en otros textos de Lope, vease X. TUBAU, art. cit., pp. 213-221.

(16) Recuerdese el soneto Dice como se engendra amor, hablando como filosofo, que comienza: "Espiritus sanguineos vaporosos" (LOPE DE VEGA, Rimas divinas y humanas del licenciado Tome de Burguillos, en Poesia original completa, ed. Jose Manuel Blecua, Planeta, Barcelona, 1983, p. 1347). Para otros ejemplos de la presencia de este motivo en Lope, vease LOPE DE VEGA, La Dorotea, ed. Edwin S. Morby, Castalia, Madrid, 1988, pp. 112-113.

(17) Jerusalen conquistada, pp. 465 y 806. A. CARRENO tambien subraya esta deuda con Garcilaso (art. cit., p. 827).

(18) LOPE DE VEGA, El divino africano, en Obras de Lope de Vega. IX: Comedias de vidas de santos [BAE 117], ed. Marcelino Menendez Pelayo, Atlas, Madrid, 1964, p. 319. Para la fecha de composicion de la comedia, vease S.G. MORLEY y C. BRUERTON, Cronologia de las comedias de Lope de Vega, Gredos, Madrid, 1968, p. 595.

(19) La Dorotea, ed. cit., p. 354.

(20) Rimas divinas y humanas del licenciado Tome de Burguillos, ed. cit., pp. 1422, 1336 y 1359.

(21) Romancero general, Juan de la Cuesta, Madrid, 1614, f. 173vo.

(22) LOPE DE VEGA, Arte nuevo de hacer comedias en este tiempo, en Juan Manuel Rozas, Significado y doctrina del Arte nuevo de Lope de Vega, Sociedad General Espanola de Libreria, Madrid, 1976, p. 184.

(23) ALONSO LOPEZ PINCIANO, Filosofia antigua poetica, ed. Alfredo Carballo Picazo, CSIC, Madrid, 1974, III, p. 150; II, p. 85 y III, p. 172.

(24) MIGUEL DE CERVANTES, Don Quijote de la Mancha, en Obra completa. II, ed. F. Sevilla y A. Rey Hazas, CEC, Alcala de Henares, 1993, p. 497.

(25) Un poco antes, tras reconocer la proximidad de la retorica lirica y la epica, habia senalado como diferencia que "la frasi lirica tiene mas de lasciva y blandura en si y menos de los vocablos peregrinos" (ALONSO LOPEZ PINCIANO, Filosofia antigua poetica, ed. cit., III, pp. 200 y 125).

(26) TORQUATO TASSO, Discorsi dell'arte poetica e del poema eroico, ed. Luigi Poma, Bari, Laterza, 1964, p. 42. Sobre la preocupacion de Lope por las cuestiones de poetica, vease X. Tubau, "Retorica y poetica en el ultimo Lope", en Lineas actuales de investigacion literaria. Estudios de literatura hispanica, ed. Veronica Arenas, Universitat, Valencia, 2004, pp. 345-355.

(27) Cf.J. GARIOLO, Lope de Vega's "Jerusalen conquistada"and Torcuato Tasso's "Gerusalemme liberata": face to face, Reichenberger, Kassel, 2005, p. 121.

(28) I. LERNER, "Garcilaso en Ercilla", LexisL, 2 (1978), p. 202. En la misma conexion garcilasiana de la epica castellana insistiria el profesor Lerner anos mas tarde, y no solo para Ercilla, sino tambien para las Armas antarticas de Juan de Miramontes Zuazola, compuesto a finales del siglo XVI. Cf. I. LERNER, "Epica y lirica: un dialogo de generos", en El canon poetico en el siglo XVI. VIII Encuentro Internacional sobre poesia del Siglo de Oro, coord. B. Lopez Bueno, Universidad, Sevilla, 2008, pp. 297-320.

(29) Relacion de las fiestas que la imperial ciudad de Toledo hizo al nacimiento del principe nuestro senor Felipe IV, ed. A. Madronal, CORDE, Madrid, 2000, f. 17r[grados].

(30) A. GARGANO, "'Yo la lengua defiendo': Lope y la nueva poesia", AnLV, 14 (2008), p. 130. A. SANCHEZ JIMENEZ tambien ha insistido en que, desde muy pronto, "Lope ya habia construido la imagen publica de poeta de Castilla" (Lope pintado por si mismo. Mito e imagen del autor en la poesia de Lope de Vega Carpio, Tamesis, Woodbridge, 2006, p. 122). Sobre esa voluntad lopesca de ser considerado poeta nacional, vease, ademas, J. DE ENTRAMBASAGUAS, "Lope de Vega, poeta nacional", en Estudios sobre Lope de Vega, CSIC, Madrid, 1946, t. 1, pp. 1-20 y F. MARQUEZ VILLANUEVA, Lope: Vida y valores, Universidad de Puerto Rico, San Juan, 1988, pp. 207-209.

(31) "A la Gerusalen de Lope", en Lope de Vega, Jerusalen conquistada, ed. J. de Entrambasaguas, CSIC, Madrid, 1951-1954, t. 3, p. 406. El comentarista se refiere a la octava mas arriba mencionada: "Hermosas drias del ilustre rio / que bana en oro la nevada espuma, / de vos y de su margen me desvio, / que a mas dorado Tajo doy la pluma" (Jerusalen conquistada, p. 27).
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Author:Gomez Canseco, Luis
Publication:Nueva Revista de Filologia Hispanica
Date:Jan 1, 2015
Words:7823
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