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DE LA DIGNIDAD EN LA DECLARACION UNIVERSAL DE LOS DERECHOS HUMANOS DE 1948.

About dignity in the Universal Declaration of Human Rights of 1948

La dignidad es, en principio, un eminente cargo politico, religioso o social (la dignidad real, la dignidad episcopal). Se dira de un individuo que es digno de ese cargo si su manera de ser, de conducirse, de comportarse, lo pone a la altura de aquello que exige el cargo (ya sea que lo ejerza o no); la dignidad del individuo se mide entonces con las exigencias inherentes a un puesto (mas o menos eminente) en una jerarquia que define ella misma sus propios criterios y que espera de sus "dignatarios" que se ajusten a ellos. El cargo confiere la dignidad y, sin embargo, puede ocurrir que desde el punto de vista de la jerarquia misma, un individuo revestido del cargo resulte indigno de el. Hay que distinguir este genero de indignidad de otro que remite a lo mas bajo de la escala, a aquellos que, cualquiera sea su comportamiento, nunca seran, nunca podran ser dignos de esos cargos.

Al establecer que "todos los ciudadanos (puesto que iguales ante la ley) son igualmente admisibles a todas las dignidades, puestos y empleos publicos, segun su capacidad, y sin otra distincion que la de sus virtudes y talentos", el articulo 6 de la Declaracion de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789 pretende borrar incluso la posibilidad de ese segundo genero de indignidad. En cuanto al primer genero, esta implicitamente retraducido en terminos de incapacidad y de insuficiencia de virtudes y de talentos. El sustantivo "dignidad" conserva su antiguo sentido objetivo y el de "jerarquia" no aparece o solo aparece a traves del de "distincion", como si los redactores hubieran querido abolir lo sagrado (hieros) de toda jerarquia. Si la palabra "sagrado" esta presente en el preambulo, califica alli los "derechos naturales, inalienables" del hombre, y no se aplica a una "distincion" que solo esta justificada de manera derivada: justificada, solo cuando esta fundada sobre la "utilidad comun" (articulo 1) que, a su vez, no podria ser concebida sin que sean incluidos y respetados los "derechos naturales", unicos en estar dotados del aura de lo sagrado.

Esos derechos son esencialmente dos: la libertad y la igualdad. La libertad es consustancial al individuo, la igualdad no podria serlo, puesto que no podria existir sino entre los individuos. Ciertamente, la libertad tambien es llevada a ejercerse entre los individuos; lo hace de dos modos: tomando por limite la libertad del otro (articulo 4) y expresandose a traves de la palabra, lo escrito o la impresion ("la libre comunicacion de los pensamientos y de las opiniones", articulo 11). De este modo, ella pertenece, en primer lugar, al individuo como su sine qua non. Concebida esta vez, no ya como un cargo exterior y objetivo, sino como consustancial al individuo humano, la dignidad no aparece en este texto.

Ella no aparece en esa epoca sino en textos que surgen en una situacion totalmente distinta. Se trata, evidentemente, de los textos de Immanuel Kant que surgen de la filosofia moral, de la Fundamentacion de la metafisica de las costumbres de 1785 a los Principios metafisicos de la doctrina de la virtud de 1797. Podemos decir que esta dignidad (por lo demas, estrechamente vinculada a la libertad) es consustancial al individuo, a condicion de precisar: ella pertenece al hombre en tanto que este es un ser razonable y no simplemente un ser sensible. Que sea un ser razonable significa que tiene la capacidad de escapar a las tendencias y a las inclinaciones (de la sensibilidad) y de actuar segun la representacion de una ley racional, lo que hace de el (y de otros seres razonables) un fin en si. Resulta de ello la pertenencia de los seres razonables a un "reino de los fines", de donde resultan a su vez las famosas formulas: "en el reino de los fines todo tiene o un precio o una dignidad. En el lugar de lo que tiene un precio puede ser puesta otra cosa como equivalente; en cambio, lo que se halla por encima de todo precio, y por tanto no admite nada equivalente, tiene una dignidad (...) aquello que constituye la condicion unicamente bajo la cual algo puede ser fin en si mismo no tiene meramente un valor relativo, esto es, un precio, sino un valor interior, esto es, dignidad" (2). La dignidad kantiana pretende escapar a todo orden jerarquico social o politico (ella es igual en cada hombre, cualquiera sea su lugar en la sociedad), pero ella no deja de contener algo sagrado: "la ley moral es santa (inviolable)". El hombre es sin duda bastante poco santo, pero la humanidad en su persona debe, para el, ser santa. Se trata, como sabemos, de la autonomia, la ley moral y la dignidad, del "supremo destino del hombre".

Destaquemos que son textos que surgen de la filosofia moral. La persona kantiana pertenece a dos mundos, el mundo sensible y el mundo inteligible. El mundo inteligible es el del ser moral y de su libre albedrio (freie Willkur), de "su libertad interior, su dignidad humana, innata". El derecho, por oposicion a la moral, no se dirige sino al albedrio (Willkur) que puede tambien actuar solo segun motivos sensibles. Desde el exterior, es decir, desde un punto de vista sensible, solamente puedo juzgar si una accion es acorde a aquello que exigiria la ley moral, no puedo saber si ella es autenticamente moral, es decir, determinada segun las exigencias de la mera ley de la razon. El derecho se contenta con el punto de vista sensible. Puesto que no ocurre sin una instancia de coaccion, es capaz de obtener acciones conformes a la moral, mientras que estas acciones pueden ser impulsadas por motivos totalmente distintos a los morales--el miedo a la policia, por ejemplo. Podremos decir, jugando con las palabras, que la gente respeta la ley (moral o juridica), pero en un sentido que ya no tiene nada que ver con el respeto que inspiran (deben o deberian inspirar) la ley moral y la dignidad humana. El derecho no podria coaccionar un libre albedrio que, por definicion, se determina fuera de toda coaccion y entra, haciendo eso, en una logica que es la de la obligacion interior. Dicho de otro modo, la dignidad tomada en un sentido kantiano permanece siendo una nocion extrajuridica, de la que podemos sostener que imanta el derecho, pero permaneciendole externo o exterior: lo que puede obtener el derecho es, a lo mas, que los seres humanos se conduzcan como si respetaran la dignidad en si mismos y en los otros. Para expresarlo en terminos no kantianos: el derecho es incapaz de producir una adhesion interior que no podria provenir sino del libre albedrio de los sujetos, es decir, de aquello sobre lo que el derecho no podria tener influencia.

Ahora bien, en diciembre de 1948, la dignidad parece abandonar la moral por el derecho, apareciendo en el primer "Considerando" de la Declaracion Universal de los Derechos Humanos: "Considerando que el reconocimiento de la dignidad inherente a todos los miembros de la familia humana y de sus derechos iguales e inalienables constituye el fundamento de la libertad, de la justicia y de la paz en el mundo...". El estatuto de tal texto lo vincula con el de la Declaracion de 1789, al que, por lo demas, hace alusion mas de una vez. Pero ?cual es, justamente, ese estatuto? Si nos referimos al criterio kantiano de la coaccion, el texto posee un caracter juridico, puesto que esta firmado, en 1948, por cincuenta y ocho Estados que se comprometen ipso facto a aplicarlo y que disponen de tal poder. El texto tiende, sin embargo, a tomar, particularmente con el articulo 30 y ultimo, un giro metajuridico: "Ninguna disposicion de la presente Declaracion puede ser interpretada como implicando para un Estado, un grupo o un individuo, un derecho cualquiera de entregarse a una actividad o cumplir un acto que apunte a la destruccion de los derechos y libertades que aqui estan enunciadas": no hay derecho, derecho digno del nombre de derecho, que pueda ir en contra de los derechos enunciados, incluso y sobre todo si pretende, para serlo, autorizarse de alguna interpretacion del texto que los enuncia. Se trata de decir al menos, si no exactamente, lo que es el derecho, en que casos ya no hay derecho.

Se mantiene la presencia desde la partida del termino "dignidad", que a la vez evoca irresistiblemente a Kant y remite en el, no obstante, menos al derecho que a la moral. La Declaracion de 1948, mas claramente que la de 1789, evoca los motivos de su propia elaboracion: "Considerando que el desconocimiento y el desprecio a los derechos humanos han conducido a actos de barbarie que suscitan la colera de la conciencia de la humanidad y que el advenimiento de un mundo donde los seres humanos seran libres de hablar y de creer, liberados del terror y la miseria, ha sido proclamado como la mas alta aspiracion del hombre" (Segundo Considerando). Lo que introduce necesariamente la pregunta: ?no es el sentimiento (y mas que el sentimiento: la constatacion, la certeza) de que todos los derechos han sido ofendidos y, mas alla de los derechos, lo que les aportaba una imantacion y un horizonte, lo que conduce a emplazar la dignidad en primera linea? El Considerando que acabamos de citar se refiere al "advenimiento" de un mundo futuro ("seran libres de hablar y de creer") que se parece mucho al "reino de los fines"; el Quinto considerando precisa que se trata tambien de "favorecer el progreso social e instaurar mejores condiciones de vida en una libertad mas amplia". La promesa de porvenir se vuelve a enrielar con un pasado que es el de la Declaracion de 1789: la Declaracion de 1948 es a este respecto una re-declaracion, una repeticion que se quiere mas profunda y mas amplia, mas "efectiva" ("asegurar, a traves de medidas progresivas de orden nacional e internacional, su reconocimiento y aplicacion universales y efectivas").

El porvenir, el pasado y, entre los dos, un descarrilamiento, un desvio sin precedente, donde todo lo que era considerado inviolable ha sido violado, donde todo lo que era considerado sagrado ha sido pisoteado. ?Como responder a tal desafio y a traves de que? El Quinto Considerando lo hace con una palabra un tanto inesperada en un texto que se quiere juridico: "Considerando que en la Carta los pueblos de las Naciones Unidas han proclamado de nuevo su fe en los derechos humanos fundamentales, en la dignidad y el valor de la persona humana". La fe, o lo que haya de ser anadido a la proclamacion de los derechos para que lleguen a ser "efectivos".

La dignidad en Kant es un "fin en si", tiene un "valor intrinseco" que inspira el respeto por si misma, sin anadido exterior. Tal concepcion, hemos dicho, es extrajuridica en la medida en que se refiere a una libertad interior sobre la que el derecho no tiene influencia, pero que, a la inversa, le da su orientacion o su horizonte. Es posible, entonces, interpretar la "fe" de 1948 como una apelacion al "fin en si", al efecto que produce sobre toda libertad interior por poco que le preste atencion seriamente. Si concedemos que la Declaracion de 1948 es un texto de derecho (aunque tiende a lo metajuridico y toma a menudo, volveremos sobre ello, una forma de programa politico), entonces hay que decir que aqui el derecho se preocupa de lo que, propiamente hablando, esta fuera de el y que, sin embargo, le da su sentido y su base. El texto puede constatar la presencia de ese exterior (en la Carta de las Naciones Unidas) o intentar mostrar las consecuencias nefastas de su borradura, pero no puede explicitarlo y mucho menos producirlo a traves de la coaccion. Su kantismo difuso en efecto no podria, sin incongruencia, superar el estadio de lo implicito. De golpe desaparece la diferencia kantiana entre lo sensible y lo inteligible, es decir, lo que conferia a la dignidad, a la libertad interior, al respeto de la persona, una dimension distinta y superior (sagrada o cuasi sagrada). Todo se orienta hacia lo sensible, o mas precisamente hacia lo historico, animado por una "aspiracion" interna que seria la de la humanidad hacia mas humanidad, una aspiracion que se ha expresado una primera vez en el ultimo cuarto del siglo XVIII. Restablecer, querer restablecer un movimiento supuestamente aun en expansion, ?no era--ya sea por fervor ligado a la victoria y a la Liberacion, ya sea por un sentimiento de urgencia o porque no se podia hacer nada mejor en el momento- descuidar o, mas precisamente, pasar por alto una pregunta fundamental? Lo que tuvo lugar entre 1932 y 1945, ?no conmueve profundamente la "libertad interior", sus capacidades de experimentar y de creer?

La borradura de la dimension de lo inteligible priva a la dignidad del trasfondo que la volvia, al mismo tiempo, sagrada e indiscutible; he aqui que ella desciende a un nivel empirico, y el esfuerzo manifiesto de los redactores de la Declaracion de 1948 por restituirle ese doble caracter choca sin cesar con el hecho de que ellos no pueden, a pesar de todos sus argumentos, exigir mas que una adhesion subjetiva--es decir, una adhesion siempre susceptible de encontrarse con el escepticismo, con la indiferencia o con adhesiones a cualquier otra cosa. Pero ?no es justamente sobre ese fondo empirico que su texto adquiere su aspecto mas admirable, el de ser un texto de combate--de combate en nombre de la dignidad?

Un cierto numero de juristas, ya sea que su argumentacion este preorientada politicamente o sea simplemente tecnica, ponen en duda la pertinencia operatoria de la nocion de "dignidad" en derecho: nocion confusa, incapaz de proveer principios claros, que introduce afectos, pasiones, consideraciones morales o filosoficas alli donde no tienen lugar de ser. Podemos afirmar, sin forzar las cosas, que los redactores de 1948 introdujeron la dignidad en derecho, la emplazaron mas bien anticipadamente, aunque esa anticipacion no deja de tener repercusiones sobre su posterioridad. Su combate es asi doble: anticipadamente, del lado socio-politico, suscitar la mayor adhesion posible; posteriormente, del lado propiamente juridico, dar al derecho cierta orientacion. En cuanto a su nocion de dignidad, no afirmaremos que es transparente, sino que adquiere su claridad precisamente porque ella es la apuesta de un combate en un contexto y en circunstancias muy definidas.

Concedamos a sus detractores que la idea de dignidad toma un caracter confuso desde el momento en que intentamos delinear y trazar sus contornos. Existen al menos tres razones para esto. La primera es que la dignidad y su idea no nos llegan sino a traves de las experiencias (las nuestras o las de otro) donde nosotros las sentimos, en primer lugar, de modo afectivo. La segunda es que el afecto es paradojalmente tanto mas intenso en cuanto nos llega a traves de un desvio negativo: la dignidad ultrajada, la dignidad herida, la dignidad negada, en el transcurso de experiencias donde lo pasivo (ser ultrajada, ser herida, ser negada) parece preceder a su sujeto (la dignidad), suscitarlo y revelarlo a si mismo. La cosa es tan verdadera que la dignidad, tomada fuera de los momentos en que viene a reconquistarse, fuera de los momentos en que debio luchar para imponerse, arriesga rapidamente con degenerar en autosatisfaccion o en suficiencia. La tercera es que las experiencias parecen escapar a una sintesis o a una induccion que estableceria, de una vez por todas, lo que es "la" dignidad--quiza porque los dispositivos susceptibles de proveer ocasiones de ultrajarla son tan numerosos (y el porvenir nos reserva, sin duda, ocasiones ineditas) que es imposible clasificarlas y reagruparlas bajo el mismo titulo.

La dignidad es mas bien reconocida que conocida y no se aclara o no adquiere un rostro sino en las luchas que son realizadas en su favor por aquellos que han hecho (sobre si mismos o sobre otros) la penosa experiencia de su denegacion. Que esas luchas socio-politicas sostengan reivindicaciones que pueden traducirse en terminos juridicos va de suyo; pero son tambien sus repercusiones, mas bien que una evolucion interna del derecho, quienes han llevado a la nocion misma de dignidad a introducirse en ese dominio. Y alli, la traduccion es mas dificil, puesto que no es posible partir de una definicion de la dignidad que delinearia todos sus contornos, sintetizaria todos los rostros y ofreceria una base de acuerdo, de una vez por todas, a partir de la cual el jurista podria razonar en terminos de consecuencias.

La juridizacion, el llegar a ser norma juridica de una idea hasta ese momento (es decir, en resumidas cuentas, hasta los anos 1990) relegada al dominio de los grandes discursos vagos (comprendida la Declaracion de 1948) que saludamos antes de pasar a las cosas serias, significa mucho en cuanto a la evolucion de la sociedad. En el reino de los fines, el respeto de la dignidad no necesita de ningun derecho para imponerse, no necesita de la mediacion de una instancia tercera y obligante. Que ese desvio sea sentido cada vez mas como una necesidad prueba que nos sentimos lejos, muy lejos, de ese reino de los fines, y que las relaciones sociales van por si mismas en un sentido del todo opuesto. Si eso que hemos dicho del desvio negativo que toma prestada la dignidad para manifestarse en su mayor virulencia tiene la menor verdad, entonces hay que decir que el llegar a ser norma (con sus dificultades internas) de la dignidad es mas bien el signo de la proliferacion efectiva de los actos de indignidad. En la mejor de las hipotesis, el derecho no puede obtener sino una cosa: que los humanos se comporten como si respetaran la dignidad. Kant presuponia la presencia en el corazon de los humanos (y por lo tanto de la sociedad) de un sentido que les permitia reconocer una conducta conforme a la moral y, por lo tanto, reconocer lo bien fundada de una ley juridica que obliga a tal conducta: de este modo, daba una consistencia al como si juridico. ?Que ocurre cuando tal consistencia se desmorona y el como si tiende a transformarse en la mascara falsa de una realidad completamente diferente?

Georges Navet (1)

Universidad de Paris 8

georges@orange.fr

(1) Traduccion del frances realizada por Carlos Contreras Guala y Britt Marie Benitez.

(2) Kant, I., Fundamentacion de la metafisica de las costumbres, traduccion de Jose Mardomingo, Barcelona: Ariel, 1999, p. 200-201.
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Author:Navet, Georges
Publication:Revista de Filosofia
Article Type:Ensayo
Date:Jan 1, 2018
Words:3309
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