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D'Halmar: el sagrado amor fraternal.

D'Halmar: The Sacred Fraternal Love

"El arte es amor--solia repetir Augusto-. Nos acercamos a nuestros semejantes por el mejor punto de contacto: la belleza". (Santivan 125)

[...] novelas como la suya no se hacen con facilidad pero se viven mas dificilmente aun (D'Halmar, "Mi otro yo", La lampara en el molino 89)

"Libertad, Igualdad, Fraternidad". De los tres valores revolucionarios, el que sin duda ocupa el centro de la obra del escritor chileno Augusto D'Halmar es la fraternidad, un concepto que lo fascina, y cuyas contradicciones son evidentes en su obra. La fraternidad es amor, no amistad, y por lo menos en principio no es un amor sexual (aunque en D'Halmar no es necesariamente asi). Cuando se usa para hablar de un mundo masculino es un concepto que excluye a las mujeres. Y no es sinonimo necesariamente de la igualdad: como veremos, la obra de D'Halmar esta construida en torno a relaciones fraternales desiguales, sea por cuestiones de poder personal, diferencia de clase, o por ideas algo misticas de "genio" artistico. Tanto en sus obras--y me voy a enfocar hoy en Juana Lucero y La sombra del humo en el espejo sobre todo (1)--como en el relato biografico mas importante sobre el, Memorias de un tolstoyano de su cunado Fernando Santivan, la fraternidad se entiende como un proyecto de solidaridad humana utopico e irrealizable, pero a la vez inagotable fuente de reflexion y de historias.

Tal vez lo mejor es comenzar con el relato de Santivan. Este narra su pasion por las ideas y las obras de Tolstoy, que lo lleva a los dieciocho anos a proponer a dos amigos, a Augusto Thomson (el futuro D'Halmar) y Julio Ortiz de Zarate, que establezcan juntos una colonia tolstoyana en el sur de Chile, inicialmente en la region "fronteriza" cerca de Temuco. El proyecto naufraga casi de inmediato, en parte por las veleidades de Thomson con respecto al lugar ideal para la colonia (no quiere estar lejos de Santiago ni en condiciones incomodas), en parte por la inexperiencia de los tres (y de los amigos que se suman despues), y en gran parte por la aversion de Thomson y algunos de sus amigos al trabajo manual. Segun Santivan, Thomson nunca fue un autentico tolstoyano, porque nunca asumio responsabilidad por el trabajo practico que habia que hacer. En consecuencia, acaba tratando a Santivan como sirviente en vez de como igual (2). Pero, sin duda, hay algo mas. Santivan se empena en describir los detalles de la vivienda en que se establecio la colonia, de como lo marginaron a la hora de designar un cuarto como dormitorio, y de como D'Halmar despotricaba en contra de las mujeres. Hay un capitulo misterioso que comienza: "Despues de la penosa confidencia, guardamos silencio" (213) (3). Se ha asumido que ese capitulo tiene que ver con el origen ilegitimo de D'Halmar, pero la manera en que se hace eco de esta "penosa confidencia" en La pasion y muerte del cura Deusto, donde la sirvienta Monica recuerda una ruptura entre Deusto y su mejor amigo cuando este lo deja para casarse con la hermana, obliga a pensar que aqui D'Halmar dice una verdad en su novela que Santivan no se atreve a decir en sus memorias (4).

Lo que le da mas rabia a Santivan es el hecho de que la utopia se hace trizas porque los demas no se portan como sus iguales sino como sus superiores: "?La fraternidad de los seres humanos era simple utopia?" (71) (5). Socialmente no es realmente asi: el padre de Santivan era mas solvente que la familia deshecha de D'Halmar, y Santivan tiene parientes poderosos, algunos terratenientes. Y la diferencia de edad no es tanta: Santivan tiene dieciocho cuando D'Halmar tiene veintitres. Es sobre todo una cuestion de actitud: D'Halmar se considera un elegido, un genio (6), y ni el ni sus amigos pintores se dignan a ensuciarse las manos en lo que iba a ser una utopia agricola; Santivan, joven rebelde de clase media, ha pasado por una Escuela de Artes y Oficios y comparte con Tolstoi (y con Gandhi, mencionado aqui tambien [52]) la idea de que el trabajo fisico dignifica. Por eso mismo, lo tratan como sirviente, pero el ha escogido trabajar con las manos, y se resiente que esa decision se interprete como debilidad (7). Sin duda, ese resentimiento tiene que ver tambien con el hecho de sentirse marginado en su masculinidad, aun cuando los "superiores" en esta historia son bohemios que apoyan un ideal masculino del dandy, del que no se ensucia las manos, que otros interpretaran como una especie de femineidad (8).

En ese respecto es interesante que la rebelion de Santivan tome forma de la busqueda de la compania femenina, sobre todo de la joven viuda Hortensia. D'Halmar dice abominar de las mujeres (salvo de sus "santas" tutelares, la abuela y las hermanas), y proclama que la utopia tolstoyana sera casta (En eso se distancia bastante de la vida del maestro ruso, de cuyos excesos mujeriegos--incluso en la extrema vejez--escribe Orwell un ensayo acido). D'Halmar parece entender la castidad, sin embargo, como espacio para notables amorios masculinos, tal vez "platonicos" en el sentido en que ese adjetivo se usaba en la epoca (y que poco debe a Platon) pero, sin duda, de importancia capital para los "amigos" (9). Incluso en La sombra del humo en el espejo ese vinculo llega a llamarse "amor", aunque normalmente se califica con terminos relacionados al vinculo fraternal (10).

Antes de la aventura tolstoyana D'Halmar (bueno, Thomson) habia escrito su unica novela centrada en un personaje femenino, Juana Lucero, notable novela naturalista sobre la degradacion de una muchacha al quedarse huerfana. Aun en esa novela, sin embargo, el mundo de las fiestas de elite y del mundo prostibulario son marcados por la ambiguedad sexual. Los hombres son "camaradas durante esa noche, sometidos a fraternizar, nivelados por el vicio comun" (155). Su mundo masculino es fragil, sostenido en la explotacion de las mujeres, pero propenso a que los invada, por ejemplo, "un chiquillo buen mozo, disfrazado de mujer, para que se le enamoraran los futres y tener motivos de pelea" (166). El matrimonio es, perversamente, de un "perfecto platonismo" (189): se toca a la esposa solo con fines de procrear una prole legitima, pero la pasion esta siempre en otra parte. Una de las prostitutas observa, casi al final de la novela: "[l]os hombres, no contentos con emanciparse de nosotras, nos hacen competencia. [...] ?No se acuerda que hace poco fue absuelto un capitan que forzo a su asistente y al muchacho lo condenaron por haberse dejado?" (197). La anecdota revela el agudo razonamiento de la prostituta: igual que nuestros clientes, que se

"Tanta delicadeza, ofrecida con actitudes casi femeninas, sin que me diera cuenta por que, me producia malestar, y yo procuraba evitar esas efusiones" (221).

liberan del estigma al pagarnos, el capitan no se castiga; el castigado es el que esta en la posicion sumisa, "femenina", "por haberse dejado".

Es decir, se asume la perspectiva de las mujeres para estudiar el mundo de los hombres. Segun Santivan, D'Halmar aborrecia de las mujeres; la evidencia de esto que nos da Juana Lucero (segun Santivan, la mejor novela de su cunado) es, sin embargo, bastante equivoca. Aunque se siente a veces el tono furioso que describe Santivan en pasajes como este: "Se cometen crimenes para satisfacer groseros apetitos; degradase el honor, la religion, hasta la dignidad, por el goce bestial de la hembra con el macho, y en este fango en que naufraga cuanto de bueno pudiese hacer respirable la vida, nunca flotara sino lo que es lama: lo malsano y lo contagioso" [102]). De algun modo el punto de vista de la huerfana convertida en sirvienta por su tia, luego violada en otra casa burguesa donde trabaja de costurera, luego convertida en amante por el novio de la hija de esa segunda casa hasta que este decide abandonarla en un burdel, se parece a la perspectiva del medico que utilizaba Zola (el gran maestro de D'Halmar en este momento de su carrera) para diagnosticar los males de la sociedad (11). La prostituta--y uno piensa tambien en la falsa Clara Beter, estudiada por Francine Masiello (176)--habla de su degradacion, pero tambien le sirve al autor (masculino) para analizar las fallas de la sociedad. Piensa Juana en el burdel: "quien era esa amable muchacha que se preocupaba de hacerle una cortesia como a una persona: ?acaso ella no era solamente una cosa, desde hacia mucho tiempo?" (139), o mas adelante, "?Quien me dice que soy yo misma?" (173). Una sociedad donde no se piensa en el otro, donde falta la empatia o--como dira poco despues, en los meses de la colonia tolstoyana--la fraternidad (12).

Si Santivan critica a su cunado por manejar estos ideales de modo abstracto, y de comportarse como un buen senor burgues en la vida cotidiana (aun en el dia a dia de la colonia tolstoyana), D'Halmar de algun modo se refugia en el mundo ideal de modo mucho mas extremo en sus dos libros de 1924, la novela La pasion y muerte del cura Deusto (escrito en Espana, segun el colofon, en 1920) y en su libro de viajes La sombra del humo en el espejo (que relata los viajes por Oriente poco despues del fracaso de la colonia tolstoyana, y que fue escrito en Paris poco antes de publicarse) (13).

Estos libros estan hermanados entre si de muchas maneras curiosas: el Aceitunita sevillano de la novela es de padre gitano y madre judia, Zahir el egipcio es de padre musulman y madre judia; los dos se describen como esbeltos y apasionados; sirven de guias, y despues de sirvientes, al hombre mayor que los saca de su mundo. Pero si el cura Deusto nunca se atreve a hablar de su amor, D'Halmar, como narrador de su propia experiencia con Zahir en Egipto, Ceilan, la India, Italia y Francia, no vacila en tildar la relacion con el egipcio de amorosa. "Me amo como supo y pudo, sacrificando por mi sus juveniles amores, y yo no se que nadie me haya amado mas y mejor" (188) dice, cuando se prepara para mandarlo de regreso a Egipto. El joven oriental, en Paris, "ese efebo exotico, que atraia las miradas de hombres y mujeres y hacia converger todos los deseos hacia su perturbadora belleza" (187), es el objeto de deseo, pero es tambien el que se atreve a desear (y eso lo une al Aceitunita). En la ultima pagina D'Halmar rememora un incidente del principio de la relacion, cuando iba a ver la Esfinge de noche con Zahir. Viaja en tren (como el Aceitunita en el tren que lo pisara al cura Deusto), y escucha una conversacion de dos mujeres en el compartimiento, y una hace un comentario que lo hace sentir aludido: "Ha amado mucho" (196).Entonces, el se acuerda: "[a] la luz de la lamparilla vi a Zahir medio inclinado, que me acababa de cubrir con su albornoz. ?Era el quien se atreviera a besarme? Busque con los ojos, pero nos hallabamos solos en el compartimiento. Afuera clareaba" (197). Y observa: "[c]uando sacudi la presion y me puse en pie, senti el desgarramiento que debe sentir el arbol al desprenderse de su ultima hoja. A partir de ese instante, nuestras existencias comenzaban a separarse, y la soledad, la vieja soledad fiel, me recobraba" (197) (14).

Curiosamente, entonces, el apostol del amor fraternal es el que de algun modo busca ese desgarramiento, esa separacion. El yo se construye a partir de sus relaciones equivocas con el otro; recupera la posibilidad de narrar la historia anos despues, luego de haberse cortado la relacion y de haberse sumido en la soledad y el silencio. El amor perdido se hace mas bello en el recuerdo, y solo se puede contar como recuerdo, casi como ensueno. El D'Halmar de La sombra del humo en el espejo es, como los amantes de La pasion y muerte del cura Deusto, solo capaz de expresar el amor cuando se ha ido o cuando se sabe imposible. No en vano el titulo del libro de viajes alude a representaciones de representaciones--la sombra del humo en el espejo--ya que la plenitud de la experiencia solo se produce en el recuerdo y en la escritura (15).

Santivan registra que en una escala en Valparaiso, rumbo al sur a la todavia futura (y todavia posible) colonia tolstoyana, D'Halmar hablaba en estos terminos:
   [n]osotros debiamos ser nada mas que apostoles de un
   evangelio novisimo, avanzadas de un movimiento espiritual
   que podria transformar la vida de un pueblo. La
   imaginacion nos mostraba la construccion imponente. El
   ejemplo de sencillez de nuestras costumbres atraeria a las
   gentes humildes, a los ninos y a los indigenas. Creceria
   el nucleo de colonos; nos seguirian otros intelectuales;
   fundariamos escuelas y periodicos; cultivariamos campos
   cada vez mas extensos; nacerian una moral nueva, un arte
   nuevo, una ciencia mas humana. La tierra seria de todos;
   el trabajo, en comun; el descanso, una felicidad ganada con
   el esfuerzo, pero jamas negado a nadie. Desaparecerian
   las malas pasiones, no habria envidias, ni rivalidades, ni
   rencores, ni ambiciones personales, ni sexualidad enfermiza.
   !Hermanos, todos hermanos! (94)


La obra total de D'Halmar gira en torno a este sueno, este ideal, esta pose. Es una utopia siempre potencial. El problema es la relacion que se establece entre, como decia Cernuda, la realidad y el deseo (16). Tanto "realidad" como "deseo" son mezclas impuras de lo ideal y lo "enfermizo" (17). El amor "fraternal" no puede existir entre hermanos (ni entre cunados), y el pueblo (o el radicalmente otro, como Zahir) solo es "hermano" en cuanto a ideal. "El amor al pueblo, de escritores como Augusto, es casi siempre platonico y distante, porque su aristocracia espiritual impide la compenetracion cordial, como puede existir entre seres de una misma clase" dice Santivan (109) (18). Y cuando hay gestos de solidaridad, de empatia, a veces nacen de ese otro que se siente tan lejano: la mujer que les ofrece comida "y nos daba una leccion de llaneza, sinceridad y honda fraternizacion" (109) (19), Zahir y el Aceitunita que adoran, callados. El juicio de Santivan es terminante:
   [i]mpotente rebeldia, obscuro pesimismo, amargaron
   parte de su vida. El arte recogio mas tarde en sus libros
   ese alquitarado producto de alquimias medievales, palida
   "sombra de humo en el espejo", nectar para hombres de
   refinamiento o desequilibrio. (251)


El proposito fraternal, que incluia el proyecto de escribir obras en colaboracion bajo el comun seudonimo D'Halmar (252, 260) (20), fracasa, asi como la colonia tolstoyana, igual que la idea de reformar la sociedad chilena. Queda la nostalgia de ese ideal, y quedan las obras--de D'Halmar, pero tambien de Santivan--que dan cuenta de ese breve sueno. Concluye Santivan: "[d]espues de todo, solo Augusto D'Halmar, el menos tolstoiano de los tolstoianos, estuvo en lo cierto. Al referirse a nuestra aventura, nunca dijo nada verdadero sobre la colonia. Cada vez que tuvo ocasion, procuro agregar misterio y vaguedad sobre nuestras inocentes correrias; jamas abandono su papel de creador imaginativo por excelencia" (273).

Recibido: 26 de octubre de 2010

Aprobado: 9 de enero de 2010

Obras citadas

Balderston, Daniel. "Los caminos del afecto: La invencion de una literatura queer en America Latina." Revista de Critica Literaria Latinoamericana 63-64 (2006): 125-49.

--"Interpellation, Inversion, Identification: The Making of Sexual Diversity in Latin American Literature, 1895-1938." A contracorriente 6.2 (2009): 104-21. http://www.ncsu.edu/project/acontracorriente/Balderston. pdf

--"Secrets and Truths." Literary Cultures of Latin America: A Comparative History. Ed. Mario Valdes and Djelal Kadir. New York: Oxford University Press, 2004. 1: 349-55.D'Halmar, Augusto. Capitanes sin barco. Santiago: Ediciones Ercilla, 1934.

--Cristian y yo. Santiago: Editorial Nascimento, 1963.

--Juana Lucero. Santiago: Editorial Universitaria, 1996.

--La lampara en el molino. Santiago: Ediciones Ercilla, 1935.

--Nirvana. Santiago: Ediciones Ercilla, 1935.

--La pasion y muerte del cura Deusto. Santiago: Editorial Nascimento, 1938.

--La sombra del humo en el espejo. Santiago: Editorial Nascimento, 1982.

Masiello, Francine. Between Civilization and Barbarism: Women, Nation, & Literary Culture in Modern Argentina. Lincoln: University of Nebraska Press, 1992.

Molloy, Sylvia. "Of Queens and Castanets: Hispanidad, Orientalism, and Sexual Difference." Queer Diasporas. Comps. Cindy Patton y Benigno Sanchez-Eppler. Durham: Duke University Press, 2000. 105-21. Orwell, George. "Lear, Tolstoy and the Fool." Version en linea: http://www. orwell.ru/library/essays/lear/english/e_ltf.

Santivan, Fernando. Memorias de un tolstoyano. Santiago: Editorial Universitaria, 1997.

(1) Hablare menos de Pasion y muerte del cura Deusto, ya que lo he comentado en otros escritos (ver Balderston).

(2) Pero vale la pena notar que para D'Halmar el sirviente tiene una posicion erotizada. Al final de Capitanes sin barco, en un parrafo de la ultima pagina que resume elementos de la trama de esa novela y de varios de sus otros escritos, dice: "Malcolm, que asi hablaba con acento arabe propio a remover mis mas sutiles memorias, ya no era ni Kakehashi el japones, ni el hindo Etbari, sino Zahir, mi 'fellah' de 'La Sombra del Humo en el Espejo'. Uno y trino, mis tres domesticados de distinta raza, se habian refundido en un solo domestico no mas: la Sombra Servidora; el Servidor de la Sombra" (166).

(3) Cfr. el texto "Alrededor de Loti" en Cristian y yo, donde el narrador habla de su creencia de que el alma de su abuelo se ha transmigrado en la suya, y dice de repente al amigo: "?Usted cree que uno puede llegar a enamorarse de otro hombre?" (149). Continua sobre las almas en la pagina siguiente: "?Que venian a significar en este caso ni el sexo ni el uniforme? Yo habia amado su alma, Cristian" (150). Es decir, los circunloquios son la manera habitual en D'Halmar para hablar del amor entre dos hombres. La culminacion de este proceso se da en los dialogos en La pasion y muerte del cura Deusto.

(4) Sylvia Molloy ha notado la recurrencia de anecdotas en la narrativa de D'Halmar que tienen que ver con una ruptura entre dos amigos cuando uno decide casarse con la hermana del otro (109). El propio Santivan nota que la relacion entre el y D'Halmar provee un "hilo conductor" para entender obras como La lampara en el molino y Vida y pasion del cura Deusto (sic) (251). Sin duda la historia de Santivan, D'Halmar y sus hermanas es la fuente del relato largo "La lampara en el molino". La misma situacion se produce en el cuento "Cristian y yo", cuando los dos amigos se casan y confiesa el narrador: "Nos casamos y la noche de la boda quede viudo, ?entiende usted?" (32).

(5) O en otra pagina: "al mismo tiempo, sentiame opacado al pensar que era yo un muchacho desconocido y sin merecimientos entre hombres de un extraordinario valer" (142-43). Tambien observa: "Las costumbres austeras que fraternalmente debimos compartir en la casa ofrecida por Magallanes Moure, se convirtieron, poco a poco, en perpetua e insustancial academia de agudezas literarias, en esteril torneo de sutiles ocurrencias y de amables chanzas" (159).

(6) Santivan habla del "caracter dominante por naturaleza" del joven Thomson (78) y de su "dictadura espiritual sobre la juventud literaria" (80). Tambien usa mucho lenguaje como "sacerdote", "altar" y "apostolado" con respecto a D'Halmar (ver, entre muchos ejemplos, 81). Tambien lo compara a un "joven faquir musulman" (131, y tambien en otras palabras en 162) y habla de su "silueta del artista-pontifice" (151). Sin embargo, insinua que todo lo que hacia D'Halmar era una pose: "A pesar del espiritu apostolico, se posaba para la posteridad" (84).

(7) Santivan anota lo que le dice un amigo de la juventud: "toda persona es susceptible a ser dominada. Para eso es necesario desplegar una 'tactica' especial, no exenta de complicacion psicologica" (36). Y expresa una reaccion homofobica con respecto a D'Halmar:

(8) En cambio, siente una afinidad inmediata con Baldomero Lillo, y no solo por el interes por parte de este en la clase obrera: "Baldomero Lillo, por esos dias nacido a las letras chilenas, con biceps de atleta, aprobaba fraternalmente" (85). Con Ortiz de Zarate anota lo mismo: "Julio y yo afectabamos complacencia campechana en contacto del hermano pueblo, a quien ibamos a conocer de cerca y a redimir" (88). Nota que "al lado de personas opulentas se veian proletarios modestisimos que confraternizaban y se ayudaban mutuamente" (269), observacion que socava el proyecto de estos intelectuales de "redimir" a su pueblo.

(9) Sobre este tema ver el libro de Santivan (118-22, tambien 152, 167-70, 182).

(10) Hacia el final de su libro, despues del fracaso de la colonia tolstoyana y en el periodo cuando Santivan entra en noviazgo con una de las hermanas de D'Halmar, anota que hay un cambio de actitud: "su posicion fue fraternal, desprejuiciada y humana" (204), aunque tambien nota que la nueva "sana armonia" que se produce entre ellos se debe a que "nuestra vida adquirio ritmo tranquilo, burgues, burocratico" (205). "Cristian y yo" tambien parte de este concepto, en la tercera frase del relato: "al principio fraternizabamos" (29).

(11) Juana Lucero tambien abunda en analisis del sistema de clases chileno: ver por ejemplo 85 y 181 ("Si se acusa a los de arriba, el maravilloso orden social puede resentirse"). La prostitucion se describe como esclavitud (159, 160), y en un homenaje explicito a Zola, Juana asume el nombre de guerra de Nana hacia el final de la novela, y se habla de la "mosca zolaniana" que abandona la podredumbre de las clases bajas para entrar en los palacios e infectar a los senores "con la muerte que de abajo recogiera" (191). Hasta el cementerio esta organizado asi: "divide en clases la misma republica de la muerte" (201).

(12) El verbo fraternizar aparece en Juana Lucero pero en sentido mas limitado: en la misa, "[a] la vista atonita de las gentes que fraternizaban en una sola creencia, se repetia el milagro de la transubstanciacion" (47). Y se usa de forma negativa, para hablar de la perversion en los colegios y en las iglesias: "acaso profesores o discipulos en un mismo instituto, camaradas durante esa noche, sometidos a fraternizar, nivelados por el vicio comun" (155). Son mas frecuente otros giros para hablar de la empatia: "una inagotable piedad para sus semejantes" (79).

(13) Al final de Memorias de un tolstoyano, Santivan relata que D'Halmar, al ver a su amigo casado con la hermana, dice rabiosamente: "Me ire ... Me echan de esta casa ... Soy aqui un estorbo ... !Esta bien! ... Saldre a vagar por el mundo ... No tengo hogar ... Todos mis suenos se derrumban ... Sere un paria ..." (262). Ver tambien esto, del final del libro: "Nuestras vidas tomaron, desde entonces, un camino diferente. El se marcharia al extranjero" (272).

(14) Es posible que todo el relato sobre Zahir sea ficcion, o parcialmente ficticio. En los otros escritos sobre el viaje a la India--Nirvana (Cuaderno de bitacora) [1935] que tiene forma de diario, y Mi otro yo (De la doble vida en la India)--no aparece, aunque si hay otros sirvientes esbeltos y esmerados, como por ejemplo Etbari (Nirvana 135), y hay un catalogo de otros jovenes sirvientes seductores en el mismo libro (195-98). Ademas, en varios tomos de las Obras completas de D'Halmar que publico Ercilla en los treinta, La sombra del humo en el espejo aparece como "novela", a pesar de la nota preliminar de D'Halmar "A proposito de este libro de viajes" donde habla del libro como fruto de su experiencia en Oriente.

(15) Dice Juana Lucero: "A mi me gustan las novelas en que salen personajes qe no se parecen en nada a nosotros; porque entonces gozo figurandome lo que nunca llegaremos a ser" (113).

(16) Es interesante como referencias a los mismos incidentes atraviesan las obras de D'Halmar, e incluso como una novela se refiere a otra. Ya hemos mencionado el hecho de que el sirviente en Capitanes sin barco es para D'Halmar el mismo sirviente (aunque de diferente raza y nombre) de Mi otro yo y La sombra del humo en el espejo. Otro ejemplo: al final de Mi otro yo: "Miguel Orth permaneceria lejano y ajeno a cuantos vio, como si no fueran ni hubiesen siquiera sido. Hasta su misma terrible pasion y muerte indias, llegarian a parecerle un relato que otro le hiciese: la sombra del humo en el espejo" (La lampara en el molino 176).

(17) Sobre la "realidad" para D'Halmar, ver Santivan 194.

(18) Observa que esto es un problema tambien para el admirado Tolstoi, "refinado descendiente de grandes senores, al pretender identificarse con sus antiguos siervos" (109).

(19) Tambien esto ocurre con la vecina de enfrente de la colonia tolstoyana, "a quien Augusto consideraba insoportable, [quien] acudio a ofrecer su ayuda y confraternizo con mis companeros" (185).

(20) Una interpretacion interesante de ese proyecto de escritura en colaboracion es la de Molloy (270).

Daniel Balderston

University of Pittsburgh

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Author:Balderston, Daniel
Publication:Taller de Letras
Article Type:Ensayo critico
Date:May 1, 2011
Words:4476
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