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Culture and society in Bmzil: Critical Exercise About a Heterodox Mode of Income in Modernity/Cultura y sociedad en Brasil: ejercicio critic sobre un modo heterodoxo de ingreso en la modernidad.

Origen y limitaciones de una teoria

En una presentacion no exenta de critica y--lo que es mas prodigioso y loable--de autocritica, Stuart Hall trazo un recorrido por la historia, los avatares teoricos y las posibilidades de los estudios culturales en 1983, cuando llevaba ya una decada y media dirigiendo el Centro de Estudios Culturales Contemporaneos de la Universidad de Birmingham. En esa serie de conferencias establecio los intereses de tan erratica disciplina, que definia como una interdisciplina en que se congregaban aquellos dominios que la academia no llegaba a particularizar y, sobre todo, a integrar por completo. Originalmente los estudios culturales instalaron una etiqueta que permitia reunir aspectos tan diversos como la cultura de la clase trabajadora, los medios de comunicacion, la cultura popular, los estudios de ideologia, ciertos aspectos de la semiotica que no encontraban campo propicio en la cerrazon de la gramatica y, consecuentemente, una variedad de estudiosos e investigadores dedicados a indagar tales dimensiones. En muchos casos, ellos se dedicaron a abordar los mismos ambientes en los cuales se habian formado--y de los cuales se habian apartado--, menos para obtener la distancia epistemologicamente requerida a fin de convertirlos en objetos de estudio que por las limitaciones que implicaban. Conviene no perder de vista este dato, no porque deba operar como determinante sino por la circunstancia que Hall subraya en terminos teoreticos: "[L]as ideas siempre surgen en situaciones historicas concretas que las modulan de algun modo" (23).

No corresponde atenerse estrictamente a la formulacion original, inglesa, de los estudios culturales, para pensar su impacto en America Latina y, en especial, en el caso brasileno. Primero, porque esa corriente iniciada con The Uses of Literacy (1957) de Richard Hoggart y continuada con la produccion de E. P. Thompson y de Raymond Williams (un amplio espectro en el que Hall recorta The Country and The City, de 1973, como hito fundamental, y Marxism and Literature, de 1977, como conjugacion necesaria con una teoria marxista que urgia revisar respecto de su aplicacion europea), no puede adaptarse sin mas al contexto latinoamericano. En parte porque--mas alla de los debates sobre lo que debe entenderse por cultura popular, en cuya caracterizacion precisa parece ser inevitable la adopcion de Antonio Gramsci--esta claro que no hay coincidencia posible entre la cultura de la clase obrera inglesa, en cuyas escuelas para adultos ensenaron y experimentaron a Thompson y Williams, y la cultura popular en America Latina, donde el arraigo de culturas indigenas, la presencia de culturas africanas y la variedad etnica de las naciones multiplican los elementos a considerar. Y en parte porque el impacto de los estudios culturales tuvo en Latinoamerica una notoria demora con respecto a la practica inglesa, ya que su ingreso pleno a la academia se produjo a fines de la decada de 1980, en cierta medida como modo de contrarrestar la hegemonia estructuralista, lo que acentuo la impresion de reemplazo de un modelo por otro, desde uno que eliminaba o al menos reducia visiblemente la incidencia--e incluso la mera consideracion--del contexto hacia uno que partia de los datos contextuales no como principio explicativo, pero si como petitio principii metodologica.

Estudios culturales en America Latina: un caso testigo

Los estudios culturales en Latinoamerica registran una historia erratica. Como casi todo lo que atane al continente, cualquier caracterizacion implica incurrir en generalidades con demasiadas excepciones y privilegiar el sector hispanoparlante sobre el luso y el francoparlante, situacion que urge corregir. En tal generalizacion, podria decirse que los estudios culturales se imponen hacia fines de los anos ochenta, tras dos decadas de predominio estructuralista, con el prestigio que les confiere emanar de la academia norteamericana. Aunque eso permitio revalorar algunos enfoques que en los anos previos habian sido cuestionados por su atencion a lo social--los trabajos de Angel Rama--, a las culturas indigenas--las investigaciones de Antonio Cornejo Polar--o a las adscripciones de clase de los autores considerados--los textos de David Vinas--, pronto se reinstalo la exigencia metodologica de desarticular los conceptos establecidos por esos criticos estimandolos simplificadores (para los casos de "transculturacion" y "ciudad letrada" de Rama, baste recordar la puntualizacion demoledora que le dedica Adrian Gorelik), transaccionales (la "hibridacion" con que Cornejo Polar complejizaba los procesos de mestizaje cultural) o reduccionistas (acusacion que Vinas debio soportar por planteamientos sostenidos tanto en ideas preconcebidas que no resultaban del estudio directo de los textos y de un enfasis discursivo exacerbado que fue su marca distintiva).

Como se vera tambien en el caso de Carlos Nelson Coutinho, que procuro centralizar en este articulo, poco importo que Vinas mutara de adhesiones marxistas clasicas iniciales a las mas "culturalistas" (y es sintomatico el recorrido que lleva de la cita de Christopher Caldwell en su libro inicial de 1964 a la de Terry Eagleton en su reformulacion de 1995), como tambien que transitara de los temas nacionales que campean en "Itinerario del escritor argentino"--recuperado y ampliado en sucesivos libros--a los latinoamericanos que lo ocupan en la decada de 1980, o que abandonara el marxismo como marco de referencia en funcion de un cada vez mas apreciado anarquismo (Anarquistas en America Latina, 1983). Ninguno de esos cambios logro que se lo integrara en la corriente de los estudios culturales, que quedaba reservada para ejercicios mas sistematicos y sosegados, aptos para los departamentos universitarios y libres de la retorica virulenta que despliegan Literatura argentina y realidad politica (1964) o De Sarmiento a Dios (1998) a lo largo de tres decadas y media de ejercicio critico.

Sirva el ejemplo puntual de Vinas como excusa para detenerme en el caso argentino como caso testigo de los estudios culturales en Latinoamerica, para pasar luego al analisis especifico de un intelectual brasileno que no es englobado en la corriente, pero cuyas postulaciones podrian integrarse perfectamente en ella, en funcion de la amplitud que el propio Hall reconoce cuando evalua sus alcances y de los cambios que manifiesta una obra que transita desde la adscripcion lukacsiana a la gramsciana.

La razon de escoger el ejemplo argentino es doble: primero, porque es el que mejor conozco por razones de proximidad; luego, porque evidencia como opera la consagracion de modelos teoricos en funcion del perfil intelectual de quienes los difunden, al tiempo que muestra que la presencia de cada corriente es mucho menos estable de lo que se reclama. Las lecturas iniciales de los estudios culturales corrieron por cuenta de Jaime Rest a fines de la decada de 1960. Rest correspondia a esa generacion practicamente extinta de eruditos que manejaban con la misma soltura la literatura renacentista y el ensayo argentino, por lo que en sus producciones coexistian una aproximacion a Pietro Aretino y un libro organico como El cuarto en el recoveco (1982), en el que pasaba revista a autores como Sarmiento y Ezequiel Martinez Estrada. Pero su especialidad fue la novela europea de los siglos xviii y xix, que integraba a los programas de la asignatura de Literatura Inglesa que dictaba en la Facultad de Filosofia y Letras de la Universidad de Buenos Aires.

Fue para el abordaje de ese objeto que se lanzo a la lectura de Hoggart y Thompson y seguramente se regocijo cuando The English Novel from Dickens to Lawrence (1970), de Williams, le proveyo un instrumento inestimable. Williams condensaba en ese libro su experiencia de profesor en los bachilleratos para obreros ingleses, en los que abordaba textos canonicos para instruir a un publico que no acarreaba los prejuicios que provoca sobre ellos una excesiva frecuentacion critica. Era el modo ideal de presentar a alumnos universitarios argentinos un conjunto narrativo que no correspondia a su propia cultura y que requeria un grado de presuposicion de practicas y costumbres del que no podia disponer, salvo episodicamente, el publico sudamericano. Pero lo cierto es que los estudios culturales, incluso insertandose de este modo en la academia argentina, seguian siendo una excepcion en un paisaje cada vez mas colonizado por el estructuralismo. En 1969, surgio en Buenos Aires la revista Los Libros, que, bajo la direccion de Hector Schmucler--alumno de Roland Barthes en Paris--se dedico a difundir esa teoria y a instalarla como corriente hegemonica de las humanidades, abarcando tanto la literatura (Barthes, Genette, Greimas) como la antropologia (Levi-Strauss), obviamente la gramatica (un Saussure revisitado y reivindicado, al tiempo que aparecian los modelos iniciales de Chomsky) y la filosofia que despuntaba con la revision del marxismo operada por la lectura sintomal de Louis Althusser.

Frente al impulso estructuralista, la temprana incorporacion de los estudios culturales por parte de Rest fue absolutamente episodica. Opacada por el furor formalista, que ofrecia niveles de abstraccion donde se disenaban modelos aplicables a cualquier texto u obra--a costa de renunciar a sus condiciones de produccion especificas, aquella dimension en la que se especializaban los estudios culturales--, y perjudicada por la condicion marginal que ocupaba Rest dentro de la Universidad de Buenos Aires, la corriente quedo olvidada, arrumbada como parte de un arsenal metodologico que urgia remozar con los pretenciosos esquemas estructurales que instalaban la falsa conviccion de que su aplicacion estricta permitia dominar un mundo semiotico cuya complejidad estaba dada por las virtualidades del sistema de signos y no por las multiples intersecciones que representa una obra.

Debieron pasar casi veinte anos para que los estudios culturales retornaran a la academia, entonces con otras condiciones que los habilitaron a ocupar un lugar relevante y volverse gradualmente hegemonicos. A fines de la decada de los ochenta, exactamente en 1988, la revista Punto de Vista, dirigida por Beatriz Sarlo y un cuerpo colegiado de historiadores, sociologos y criticos, comenzo a ocuparse de los estudios culturales. Acaso el punto de partida haya sido un reportaje a Raymond Williams--todavia profesor en el Jesus College de la Universidad de Oxford, en cuya entrada existe un umbral infame que recuerda que la primera mujer que ingreso a estudiar alli lo hizo recien en 1975, como si en ese dato se condensara la garantia academica de la institucion; contradiccion insoluble respecto de la acogida que encontraron alli los estudios culturales--en el cual el profesor repasaba lo que habia intentado hacer a traves de la copiosa produccion con que contaba para esa epoca, subrayando su procedencia proletaria como hijo de un obrero gales. La restrictiva universidad britanica resultaba ser asi (paradojicamente) un campo mas propicio para la carrera meritocratica y el desarrollo de un metodo social que la democratica universidad argentina que siempre opero como espacio de resonancia de conflictos sociopoliticos. Los articulos que Williams habia publicado en esa epoca--y que fueron recogidos en espanol en el libro La politica del modernismo--mostraban una situacion inversa a la que definia la universidad local: mientras el estructuralismo en Inglaterra habia operado como un soplo de "aire fresco" en un ambiente sofocado por la dominante cultural, Punto de Vista como proyecto colectivo y Beatriz Sarlo como titular de la catedra de Literatura Argentina del siglo xx en la uba procuraban, mediante su insercion en el campo intelectual argentino, recortar el peso del estructuralismo que llevaba dos decadas de vigencia y desplazarlo por un enfoque en que lo social y lo politico fueran factores explicativos del mismo nivel que los elementos linguistico-semioticos. Sarlo y su revista pasaron a ser, tras el olvido en que habia caido Rest, los introductores de los estudios culturales en la universidad argentina, y asi siguen siendo reconocidos tambien a traves de corroboraciones editoriales como el prologo que Sarlo escribe para la edicion en espanol de The Country and The City ya en los 2000.

Cierro el capitulo argentino no sin destacar otra circunstancia que contribuyo a la creciente hegemonia que los estudios culturales alcanzarian en el pais y que podria extrapolarse a toda America Latina, tan dependiente en terminos economicos como en el aspecto cultural para plegarse a posiciones hegemonicas: el impacto habitualmente incisivo, sea por adscripcion o por resistencia, de la academia norteamericana. La profusion de departamentos dedicados a los estudios culturales y la inclusion de nuevas variantes dentro de ese conglomerado siempre creciente y siempre diverso--los estudios de genero alimentados por la militancia feminista, los estudios queer mas recientemente--completo el viraje desde los metodos formalistas hacia los que aparecian como novedosos, aunque llevaran decadas de desarrollo en otros lugares. Ese cambio tambien avalo lecturas no ortodoxas de la Escuela de Francfort, que permitieron ponderar sus contribuciones, sacandolas tanto de una grosera simplificacion que la convertia en apenas una supervivencia del marxismo--algo que de ningun modo podria identificar los ensayos iluminadores de Walter Benjamin y su decision por el fragmento como resistencia a cualquier pensamiento sistematico--como de una intolerancia que basaba sus juicios en los trabajos mas ensoberbecidos de Theodor Adorno, como la Teoria estetica. Pero, fundamentalmente, los estudios culturales obligaron a revalorizar a los intelectuales latinoamericanos cuyos postulados habian sido relegados por una hegemonia de lo social y lo politico que era recuperada al cabo del prolongado predominio formalista.

El marxismo, ese convidado de piedra

Lo que se desprende en parte de este recorrido erratico, en el que campean Antonio Gramsci y los francfortianos, y del enfasis parcial que la intervencion de los estudios culturales aplico sobre otras teorias,

es la inevitable revision del marxismo occidental que representa dicha corriente. Stuart Hall dedico dos de sus conferencias de 1983 a indagar tales aspectos: "Repensar la base y la superestructura" y "El estructuralismo marxista". La primera se entrega a dinamitar la fallida metafora marxista de la base y la superestructura: no se trata solamente de denunciar su ineficacia sino de condenar la serie de errores que arrastra, derivados de un planteamiento poco feliz acerca de la determinacion economica sobre la organizacion social (Hall 111), ante el cual el critico no vacila en diagnosticar que "Marx teorizo inadecuadamente el vinculo entre las relaciones materiales e ideologicas" (123). La segunda conferencia se lanza a un catalogo de los aportes--tanto positivos como negativos, aunque predominan los ultimos--de Althusser al marxismo, y se pronuncia por La revolucion teorica de Marx (1969) sobre Para leer El Capital (1970), desdenando el argumento evolucionista por el cual las elaboraciones previas son superadas por las posteriores.

De todos modos, no es en estas conferencias en particular, pese a sus titulos, donde la revision de la funcion del marxismo para los estudios culturales aparece en toda su dimension, sino en la referencia constante, reticular, a la obra de Gramsci. En ese sentido, es en la conferencia "Dominacion y hegemonia" donde quiero centrarme, y ello por varios motivos. Primero, porque el concepto de "hegemonia" es la punta de lanza del combate al reduccionismo marxista implantado por los partidos comunistas europeos. Segundo, porque las teorias gramscianas resultan de observaciones concretas--lo que les resta el alto nivel de abstraccion que es responsable de tantos deslices e inadecuaciones--y tienden a proveer instrumentos para la practica en vez de resolverse en el campo puramente especulativo. Tercero, porque Gramsci reformula la concepcion del Estado (que, forzoso es reconocerlo, no era uniforme) que campeaba en el marxismo. Y finalmente--lo que no significa el ultimo aporte de Gramsci, sino mi voluntad de clausurar la enumeracion y concentrarme en los puntos que me permitiran abordar el verdadero objeto de este articulo--porque elabora un concepto como el de "hegemonia", que se volvera productivo en tanto no se resuelve en un atributo de la clase dominante sino en el modo en que el Estado logra coercionar y educar a los grupos minoritarios y resistentes no con el objeto de suprimirlos (como se ha vulgarizado), sino con el proposito de subordinarlos (221), ya que la hegemonia solamente puede funcionar cuando hay oposicion. Ademas, la politica hegemonica cubre todos los intersticios, incluso aquellos que no resultan fundamentales (y a veces ni siquiera interesantes) para su operatoria, sobre la conviccion de que "si quiere marcar una diferencia en la historia va a tener que marcar diferencias en todos esos frentes" (231).

Hay otro punto de la teoria de Gramsci que Hall no aborda y que apenas insinue al comienzo de este texto, que es el que se refiere a la concepcion de lo popular. Una literatura, un arte, cualquier manifestacion cultural estrictamente popular deberia incluir ese componente en cada uno de sus aspectos. La literatura popular deberia ser la que registrara tanto un productor como un producto y un receptor populares. Esa situacion ideal es una abstraccion incomprobable e inalcanzable. Lo que reconocemos como popular es una produccion en la que los aspectos tematicos y formales corresponden a intereses populares, que apunta a un consumidor popular pero cuyo autor/productor suele provenir de otro ambito. La literatura folletinesca, el cine melodramatico, la musica popular tienen un inconveniente adicional al del productor, que es el modo de circulacion (y Hall ya habia llamado la atencion sobre la insuficiencia heuristica del marxismo al concentrar en la base exclusivamente los aspectos de la produccion, desatendiendo circulacion y consumo). Si se distribuye en el quiosco de diarios, en el circuito cinematografico o a traves de una discografica (en las ultimas decadas, casi exclusivamente internacionales), ninguna obra popular se sustrae a los canales burgueses, lo cual es por otra parte el unico modo de llegar al publico al que se dirige. Las obras populares han sido cooptadas por el circuito comercial, pero a cambio han obtenido una difusion que no hubieran conseguido de otro modo. Por lo tanto, habra que considerar como popular aquello que actua para favorecer la representacion de los grupos (no siempre clases) populares. Lo mismo cabe para las minorias y las producciones minoritarias.

En este punto, quisiera introducir esa formulacion de los estudios culturales que se ocupa de la literatura brasilena desde el mismo Brasil, sin impostaciones ni importaciones lineales y procurando ofrecer una perspectiva nacional para las teorias que adopta. Cultura e sociedade no Brasil de Nelson Carlos Coutinho, pese a las adscripciones comunistas del autor y a la dominante lukacsiana de buena parte de su produccion, recoge una serie de ensayos y estudios criticos en los que se practica el metodo marxista en su variante gramsciana para analizar ciertos productos culturales y verificar el modo en que la "via prusiana" de modernizacion (modernizacion desde arriba, operada por el poder) que aplico el pais repercute en su literatura. La caracterizacion de lo popular presupone la diferenciacion gramsciana aunque introduce otra categoria para presentarla como foco al cual oponerse: la de "intimismo"--de origen lukacsiano--que corresponde a aquellos autores que niegan la presencia de las masas y las acciones colectivas en la historia y que, por lo tanto, se fijan en personajes individualistas y en soluciones parciales (y a menudo frustradas) de conflictos. El recorrido que permite el libro al reunir articulos que van desde los anos sesenta hasta los 2000 evidencia la morigeracion de los aspectos lukacsianos y el desarrollo de lecturas que ya no corresponden a la rigidez dogmatica de esa teoria, aunque todavia no llegan a incorporar explicitamente a los inauguradores de los estudios culturales. No obstante, independientemente del sistema de referencias, tanto la inclusion de conceptos de evidente raigambre culturalista como el predominio creciente de Gramsci en el afan de revisar el marxismo, ademas de la adscripcion a teorias sociologicas como las de Florestan Fernandes y Octavio Ianni, marcan una aproximacion a los estudios culturales que obliga a revisar el modo en que se ejercitan en America Latina y exige flexibilizar las etiquetas que reparte la critica. Y, de paso, intervenir en el sentido de atenuar esa deuda siempre pendiente que es la inclusion de Brasil en el orden latinoamericano.

Totalizacion y via prusiana o el metodo de lo general y lo particular

Basta detenerse en dos aspectos del libro de Coutinho para advertir su posible adscripcion a los estudios culturales, libre de declaraciones enfaticas de pertenencia que hubieran sido absolutamente inesperadas en un intelectual de sus caracteristicas. Coutinho se inicio como militante del Partido Comunista Brasileno (PCB), en el cual adquirio una impronta lukacsiana que iria limando con los anos, sobre todo cuando a partir de 1970, como consecuencia del exilio en Bolonia, se aproximo al Partido Comunista Italiano y a la tradicion gramsciana. En los anos ochenta comprendio que el comunismo europeo no era una alternativa valida para las condiciones latinoamericanas, por lo que intervino en la fundacion de una nueva opcion brasilena, el Partido dos Trabalhadores (PT), que llegaria al poder con Luiz Inacio "Lula" da Silva dos decadas mas tarde. En el plano editorial, se verifica una correspondencia entre sus intereses teoricos y su practica critica a traves del paso de Georg Lukacs. Marxismo e Teoria da Literatura (1968) a la divulgacion de Gramsci que consta

en Introduccion a Gramsci (1986), Gramsci e America Latina (1998), Gramsci. Um Estudo sobre o seu Pensamento Politico (1999) y Ler Gramsci. Entender a realidade (2003). Abundando en un comparatismo entre Brasil y Argentina que se justifica en este punto por la dimension latinoamericana que abre, es inevitable que Gramsci e America Latina arrastre resonancias de La cola del diablo. Itinerario de Gramsci en America Latina, publicado diez anos antes por Jose Arico, a quien la afiliacion gramsciana le deparo la expulsion del Partido Comunista Argentino a fines de los anos cincuenta. Arico era, en el momento en que publico el libro, miembro del consejo de redaccion de Punto de Vista y animador del Club de Cultura Socialista en el que se nucleaban muchos de los integrantes de la revista.

Vuelvo a los dos aspectos de Cultura e Sociedade no Brasil que coinciden con los postulados de los estudios culturales. Uno es el principio metodologico segun el cual "so e possivel entender plenamente os fenomenos artisticos e ideologicos quando estes aparecem relacionados dialeticamente com a totalidade social da qual sao, simultaneamente, expressoes e momentos constitutivos" (Coutinho 9); otro es el enfoque gramsciano, pero a partir de Marxismo y literatura de Williams, tambien culturalista, en tanto es alli donde el catedratico del Jesus College distingue entre emergente, dominante y residual en relacion con una cultura "oficial", que procura "indicar, em alguns ensaios, a emergencia das novas condicoes sociais que tornaram possivel hoje elevar essa cultura critica alternativa a condicao de cultura hegemonica--o que nada tem que ver, e importante sublinhar, com cultura 'unica' ou 'oficial'" (10).

Podria sumarse un tercer aspecto de inscripcion en los estudios culturales: la relacion con el marxismo que proclama Coutinho cuando admite que, en tanto marxista, corre el riesgo de convertirse en un "animal em extincao" y la unica precaucion frente a ese destino indeseable es asumirse, junto con otros intelectuales de la misma extraccion, como "animais em mutacao" (11). Semejante mutacion explica el paso de Lukacs a Gramsci o, mas exactamente, la atenuacion de los aspectos lukacsianos y el fortalecimiento de los gramscianos, lo que repercute en una division de dominios por la cual Gramsci se vuelve dominante en lo que corresponde a la organizacion de la cultura y a la funcion de los intelectuales, en tanto Lukacs prevalece en los analisis formales y en las repercusiones ideologicas que identifica el critico a partir de los elementos constructivos. El subtitulo del libro, "Ensaios sobre ideias e formas", insiste en la transaccion--presentada como complementariedad--entre la perspectiva gramsciana y los remanentes lukacsianos que proveen una herramienta util para evaluar una descripcion (el articulo "Narrar o describir", donde Lukacs distingue entre realismo y naturalismo segun la funcion estructural que reviste la descripcion en cada una de esas formulaciones, sigue siendo referencia insoslayable) o sopesar la accion de un personaje.

De todos modos, la justificacion que antecede puede condenarse como un tanto ociosa. La posibilidad de inscribir a Coutinho en el orden de los estudios culturales depende menos de los puntos de enlace que registra con las formulaciones clasicas de la teoria que de los efectos que pueda producir para abordar los objetos brasilenos desde una perspectiva plural, insertando las condiciones de produccion y empenandose en mostrar el modo en que la literatura (y el ensayo, que, en tanto forma discursiva, no siempre es reconocido como parte de la literatura) da cuenta del modo en que una sociedad resuelve sus conflictos, accede a la modernidad, define lo hegemonico y lo residual y atiende a las emergencias de sujetos y movimientos que manifiestan a grupos y poblaciones que cambian su modo de expresion o que surgen como agremiaciones novedosas en las que a veces se entrecruzan identidades multiples.

Resulta sintomatico que Coutinho inicie la recopilacion de articulos con un texto titulado "Os intelectuais e a organizarao da cultura". Se trata de una conferencia pronunciada en Sao Paulo a mediados de los anos ochenta que retoma explicitamente a Gramsci para caracterizar a los intelectuales brasilenos y definir su relacion con el Estado, aludiendo a Althusser sin mencionarlo cuando se ocupa de los intelectuales organicos gramscianos como quienes "ja nao sao mais necessariamente ligados ao Estado ou aos seus aparelhos ideologicos" (17). Es alli donde enuncia uno de los dos conceptos que vertebran el libro: el de "intimismo a la sombra del poder", retomado por Lukacs de Thomas Mann, que define al intelectual cooptado que se comporta como apologista del regimen social. Esa figura sera ocupada sucesivamente por varios autores brasilenos, pero quien la encarna de manera definitiva hasta otorgarle dimension modelica es Machado de Assis. Su contrapartida sera Lima Barreto, en quien no se llega a disenar al intelectual organico de las nuevas camadas sociales como hubiera esperado Coutinho siguiendo las formulaciones gramscianas, pero se marca una distancia respecto del poder y se sostiene una virulencia critica que opera en la misma direccion.

En Lima Barreto confluyen la repulsa por el "intimismo a la sombra del poder" y la atencion hacia el otro eje vertebrador del libro: la obsesion por explicar a Brasil como una anomalia historica respecto de las formulaciones marxistas clasicas, dado que su desarrollo no deriva de una revolucion popular sino que resulta de un cambio "por arriba", lo que identifica a partir de Lenin con la "via prusiana". Asi se explica que el paso del imperio a la republica no redundara en una toma de poder por parte de la burguesia progresista, sino en una opcion militarista que fraguo un lider en la figura oscura y desvaida del mariscal Floriano Peixoto.

La "via prusiana", que encuentra su mejor representacion--absolutamente critica--en la novela Triste fim de Policarpo Quaresma de Lima Barreto, se especifica en Coutinho como "fruto da conciliacao das classes dominantes e da cooptacao das liderancas politicas das camadas medias emergentes (expressas no 'tenentismo')". Una lectura tan precisa sobre condiciones sociales expuestas narrativamente parece demasiado tributaria de The English Novel from Dickens to Lawrence y no solamente de los Ensayos sobre el realismo de Lukacs como para no presumir que la obra de Williams era conocida detalladamente por Coutinho y apenas se abstenia de referirla, operando de manera homologa a como lo hacia con Althusser. Especular con la razon de semejante supresion es temerario, aunque si tuviera que ofrecer una causa diria que el disciplinamiento marxista de Coutinho percibia con desconfianza aquello que Terry Eagleton senalo con humor englobando a sus companeros de New Left Review: que los marxistas ingleses son en verdad ingleses marxistas. Coutinho, en tanto procura explicar la particularidad brasilena y definir una perspectiva original, se resiste a plegarse a un ingles cuyo marxismo resulta demasiado dependiente de las condiciones concretas de un pais central.

Si en Lima Barreto la contradiccion mayor de la sociedad brasilena establecida por el critico encuentra una expresion privilegiada, Coutinho debe continuar la indagacion en otros momentos historicos para fundamentar el metodo. Asi, el rastreo de la via prusiana a lo largo de las obras brasilenas coincide con una historia de la literatura que, sin dejar de aproximarse--aunque esporadicamente--a Antonio Candido (e incluso entonces sustrayendose a sus trabajos mas canonicos como Formacao da literatura brasileira), se pliega a estudios sociales como Evolucao politica do Brasil de Caio Prado Junior, a quien, como a Ianni y a Florestan, le dedicara un articulo especifico. En la revision de los intelectuales y de sus producciones, a la apertura que significa Lima Barreto le sigue la cooptacion intelectual por parte del Estado Novo a partir de 1937 con la intervencion del Departamento de Imprensa e Propaganda (DIP), un aparato ideologico delineado como "organismo cultural totalitario" que funciona no como promotor de hegemonia gramsciano sino con la rudeza de los planteamientos althusserianos, en tanto "uma tentativa de por a cultura diretamente ao servico do Estado" (Coutinho 25). El modo de contrarrestar esa ofensiva oficialista--en la que se enrolaron aquellos intelectuales incapaces de distinguir entre "servir sob uma ditadura" y "servir a uma ditadura", como lamento Carlos Drummond de Andrade (28)--fue la novela regionalista del nordeste que, a la vez que elevaba una protesta contra la modernizacion prusiana del pais, tuvo el afan de "criar uma cultura nao elitista, nao intimista, ligada aos problemas do povo e da nacao. Uma cultura, em suma, nacional-popular" (25).

Un itinerario como el que traza Coutinho en este articulo corre el riesgo de identificar su trabajo con la historia intelectual o incluso con la sociologia de los intelectuales. Sin embargo, hay dos argumentos en contra de una asociacion ligera con tales enfoques: uno es que el critico no procede a evaluaciones generales de las figuras intelectuales sino que se detiene en sus obras para justificar las afirmaciones. Ratifica, asi, su adhesion al metodo materialista, segun el cual las concreciones funcionan como prueba de cualquier caracterizacion, en vez de resolverse en abstracciones idealistas respecto de la inscripcion social y la conducta previsible de un sujeto. El segundo argumento consta como enunciacion certera en el ensayo "Cultura e sociedade no Brasil": "Escapar da 'via prussiana' e de suas sequelas anticulturais nao e um movimento que dependa apenas da dispossicao pessoal dos intelectuais" (52).

El itinerario establecido se cierra en 1980, ano de escritura del texto, por lo cual el ultimo periodo historico que abarca es el que corresponde a la dictadura instalada en Brasil a partir del golpe de Estado de 1964. La democratizacion impulsada por Joao Goulart era interrumpida con violencia otra vez por "via prusiana", lo que favorecio el fortalecimiento de "correntes elitistas e/ou escapistas no plano cultural" (29). La tension entre Estado y sociedad civil evidencia la adopcion plena del gramscismo, pero la consideracion inmediatamente posterior parece dar cuenta de la insuficiencia de ese unico modelo para el analisis exigido y la necesidad de acudir a otro tipo de critica. Se trata del punto en el cual, junto con el pasaje del capitalismo brasileno a la etapa monopolista (que, por definicion en America Latina, impone la intromision extranjera que maneja las grandes empresas), los medios de comunicacion pasan a depender tambien de emporios informativos que ya no corresponden a capitales locales o lo hacen en una asociacion desigual con capitales internacionales. Todo lo nacional--incluso con sus infulas dictatoriales--pierde relevancia y es entonces cuando los intelectuales ya no tienen la opcion de cobijarse en el Estado (Miceli, 2013) y desarrollar el "intimismo a la sombra del poder" ni de volverse organicos a una clase en ascenso, sino que "passam a ser uma parcela do mundo do trabalho" (33). Eso implica no solamente la proletarizacion de quienes se colocaban en un grupo apartado de los trabajadores sino tambien la necesidad de reubicarse mediante la apelacion a nuevas identidades y la incorporacion de novedosos instrumentos de resistencia. Pero ese proceso ya queda fuera del alcance de la evaluacion de Coutinho y deja trunco un desarrollo que abria una perspectiva promisoria para la integracion de los estudios culturales al caso brasileno mediante el abordaje del impacto de los medios en la cultura.

Pensar a Brasil desde brasil

El ensayo que da titulo al volumen elige exponer su metodologia a partir de la confrontacion y la complementariedad con otras postulaciones brasilenas. El subtitulo "Subordinacao formal e subordinacao real: ou como as ideias 'entram no lugar'" (36) arrastra secuelas de los planteamientos de Roberto Schwarz. Sus "ideias fora de lugar" configuraron un manifiesto incluido luego como prefacio al libro sobre la primera etapa de Machado de Assis, Ao vencedor as batatas (1977), en el que objetaba la utilizacion de categorias y teorias que no resultaban propicias para entender al Brasil (algo que no solamente podria sino que enfaticamente deberia extrapolarse a America Latina, sobre todo frente a los embates del poscolonialismo, los estudios subalternos y otras formulaciones centrales que pretenden teorizar sobre la periferia menos con un interes en modificar sus enfoques--y ni hablar de su situacion--que con la voluntad de colonizar tambien aquellas zonas donde urge desarrollar una teoria local). Coutinho coincide con Schwarz (cuya bete noire era el liberalismo decimononico, trasplantado a America Latina desde Europa sin las adecuaciones necesarias y sin tener en cuenta que en Brasil seguia subsistiendo la esclavitud) en que hay que hacer ajustes a las teorias externas para poder aplicarlas al caso brasileno y recalca, por ejemplo, que la categoria de trabajo "libre" o asalariado "praticamente inexiste no Brasil durante toda a era colonial" (Coutinho 38), razon por la cual procede a la revision del marxismo ya registrada.

Luego, resulta ineludible la invocacion a Antonio Candido en el abordaje de la literatura nacional, sobre todo en la evaluacion que formula el critico de la practica mimetica en las producciones locales. Leyendo al compatriota en espanol a partir de una edicion venezolana (Introduccion a la literatura de Brasil, 1968), recupera la idea de que "a cultura universal, assim, nao era algo externo, imposto pela forca, a nossa formacao social, mas algo potencialmente interno", lo que Candido senalaba al afirmar que "[i]mitar, para nos, foi integrar, foi nos incorporarmos a cultura ocidental, da qual a nossa era um debil ramo en crescimento" (ctd. en Coutinho 40). De la combinacion de ideas fuera de lugar e imitacion como estrategia de insercion en lo universal, Coutinho colige que la historia de la cultura brasilena puede sintetizarse como "a historia dessa assimilacao--mecanica ou critica, passiva ou transformadora--da cultura universal [...] pelas varias classes e camadas sociais brasileiras" (41). Pero anade algo que el ecumenismo de sus colegas habia obturado: que esa incorporacion de lo externo a lo nacional responde exclusivamente a intereses de clase, no a necesidades de expresion ni a reclamos metodologicos de orden general.

Si con Schwarz y con Candido era posible cierta conciliacion, hay otras tendencias a las que Coutinho les reserva un embate frontal. Eso ocurre con el Instituto Superior de Estudos Brasileiros (iseb) desarrollista tanto como con la Teoria de la Dependencia--de la cual rescatara ya en el siglo xxi a Octavio Ianni por la lucidez de su enfoque y la coherencia entre sus postulados y su accion politica--, que parece ser la destinataria de una aclaracion vehemente: "[E]sse vinculo com a cultura universal nao impoe necessariamente um carater dependente ou 'alienado' a totalidade de nossa cultura" (41). Para demostrar tal aseveracion, Coutinho recurre al ejemplo del modernismo paulista surgido en 1922. Si se ha senalado con frecuencia que el movimiento trasladaba al plano local las vanguardias europeas de la epoca, aunque incorporando en ellas el componente indigenista, al menos como estrategia diferenciadora y provocativa--y una de las condenas mas virulentas en ese sentido provino precisamente de Lima Barreto, que sospechaba detras de los jovenes un "futurismo" mal digerido (Schwarcz 2017)--, el critico no se restringe a esa vision excesivamente unilateral. No solamente admite que la intervencion de tecnicas europeas implicaba una innovacion en la produccion local, sino que extiende mas alla del marco estetico su juicio para agregar que se trata del "necessario esforco de adequacao das 'forcas produtivas' da arte ao novo universo cotidiano que o capitalismo, em sua forma moderno-industrial, ia introduzindo na vida brasileira, sobretudo em Sao Paulo" (Coutinho 44). El gesto paulista cobra relieve no por su representatividad en el sistema literario--que era el centro de atencion de Candido--, sino por ofrecerse como alternativa nacional al "cosmopoltismo abstrato", que "nao tem como objetivo responder a questoes colocadas pela propria realidade brasileira, mas visa tao somente a satisfazer exigencias de um circulo restrito de intelectuais 'intimistas'" (54).

A pesar de la afinidad evidente con conceptos y metodos de los estudios culturales, aqui y alli se filtra el vocabulario lukacsiano ("determinacoes essencias do nacional-popular" 53) e incluso ciertas definiciones que arraigan en Lukacs, como la necesidad de adoptar el realismo como metodo y no como estilo (57) en que se fragua la argamasa para la unificacion estetica de ciertos productos dentro de lo "nacional-popular". Lo "popular" no es, en esta expresion, apenas un atributo de lo nacional, se trata de una formulacion especifica que lo arranca de lo puramente nacional en vistas de que esa sola enunciacion cobija el deslizamiento hacia el "nacionalismo cultural" que no se limita a ser centro hegemonico sino que ademas revela afinidades con las fuerzas reaccionarias, deviniendo ideologia retrograda (55). Eso no significa que lo "nacional-popular" deba justificar cualquier producto que apunte a inscribirse en su ambito bajo el expediente de la "libertad de creacion" que Coutinho, repeliendo los principios de la ortodoxia tipificada en el realismo socialista, reivindica. Es asi como advierte que, junto con las formas progresistas de manifestacion de lo popular, existen otras que, desgraciadamente, atina a definir apenas como "infantiles", sin ningun rigor teorico, antes de proceder al catalogo populista que las engloba: las novelas indianistas de Alencar, el "romanticismo revolucionario" del primer Jorge Amado, ciertas producciones teatrales del cpc, muchas canciones de protesta de la decada de los sesenta y la "poesia comprometida", cuyo mayor cultor encuentra en Thiago de Mello (61).

No corresponde aqui juzgar el acierto de semejante taxonomia que ni siquiera trepida ante las variantes formales (novela, teatro, cancion) y la distancia epocal (al menos un siglo entre Alencar y Thiago de Mello); si, en cambio, discutir la liviandad con que Coutinho reune todos esos productos bajo el nucleo denostado de la industria cultural que conduce al "uso castrado de lo nacional-popular" (63), reconocible en teleteatros o peliculas que apelan al gran publico. Nuevamente los medios son el punto en que el metodo de Coutinho, eficaz para producciones que corresponden a circuitos mas tradicionales, flaquea y evidencia sus limitaciones. La recaida en el mismo tropiezo es sintoma de dos insuficiencias: la de una adecuada teoria de los medios que permitiria abordarlos con una optica menos condenatoria, y encontraria algun vericueto desde el cual intervenir tambien en ese plano, y el ansia de arrasar con enemigos esteticos que no se pueden colocar simplemente en la categoria de "intimismo a la sombra del poder" (no hay modo de encajar la cancion de protesta en las practicas correspondientes a esa conducta). La emergencia de un termino freudiano como "castrado" trasunta el afan de recurrir a multiples teorias para denostar un producto; resulta sorprendente que omita las que mejor podrian auxiliarlo en la consideracion de los aspectos mediaticos, como la de Marshall McLuhan y los trabajos de Adorno sobre la radio y la television, y prefiera seguir simplificando el papel de los medios como un rasgo mas de la etapa capitalista monopolica. (1)

Sin embargo, en busca de lo nacional-popular, si la cancion de protesta puede ser echada por la borda como genero, no es posible reaccionar del mismo modo frente al tropicalismo. Es asi como el critico vuelve a aproximarse al enfoque de los estudios culturales a fin de morigerar el dogmatismo lukacsiano y admitir la existencia saludable de nuevos medios expresivos y una tematica novedosa en composiciones como Janelas abertas de Caetano Veloso, Sinal fechado de Paulinho da Viola y Cotidiano de Chico Buarque, que se alinean en pos de "criar em nosso pais uma musica nacional-popular de alto nivel" (67) congruente con la epoca. En tal sentido, el tropicalismo encuentra la misma justificacion que el modernismo, ya que si bien ambos se inician como corrientes intimistas, contribuyen a la madurez de lo nacional-popular (71) y consiguen asi tanto una justificacion estetica como historica. Sobre esos ejemplos puntuales, Coutinho se permite una expansion que, mas que como necesidad historica se inscribe en el contexto brasileno--y latinoamericano en general--como optimismo de la voluntad: "[S]o a construcao de uma democracia de massas pode quebrar definitivamente os estreitos limites de casta em que a 'via prussiana' emparedou a grande maioria dos nossos intelectuais" (72).

Lima Barreto y Graciliano Ramos

Aunque quedo establecido que Coutinho se ocupa de diversas manifestaciones culturales--con diferente grado de conocimiento y desigual instrumental teorico y metodologico--, resulta evidente que es en los textos literarios donde su ejercicio se verifica mas atinado. Los autores realistas permiten un despliegue eficaz del metodo. Entre ellos, los dos que se destacan son Lima Barreto y Graciliano Ramos. Y aunque no es la voluntad del critico definir un sistema literario al modo de Candido, el titulo "O significado de Lima Barreto em nossa literatura", desde el cual aborda al narrador carioca, apunta en ese sentido ya desde la frase inicial: "A fortuna critica da obra de Lima Barreto e um dos fenomenos mais desconcertantes da historiografia literaria nacional" (91). Si en terminos de historia de la literatura, la figura del escritor de Todos los Santos es la que abre la prosa para el advenimiento del modernismo, en el marco del modelo de Coutinho es el enlace entre lo nacional-popular de los siglos xix y del xx en resistencia a la dominante "intimista" que recorre "do romantismo ao concretismo" (94). Los juicios criticos que se le deparan funcionan, mas que como sucesion de corrientes criticas, a modo de termometro de la cultura brasilena en diferentes epocas.

El embate contra Machado de Assis y en favor de Lima Barreto redunda en frases que arrastran un componente moral: ya no se trata solamente de cierto "progresismo" estetico sino de una confrontacion "mais geral, historica e esteticamente correta, por um autentico realismo critico nacional-popular" (103). Lima Barreto se hace cargo en su narrativa de mostrar la "via prusiana" que instala la Republica en Brasil a partir de 1889 y la obra en la que lo logra con mayor efectividad es Triste fim de Policarpo Quaresma. La novela condensa tanto el pasaje del imperio a la republica (el "desfile" florianista y la revuelta de la Armada son situaciones en las cuales interviene el mayor Quaresma) como el transito de Machado de Assis a Lima Barreto, en tanto autores respectivos de cada momento historico y, en el orden discursivo, el deslizamiento de la ironia machadiana de raigambre inglesa a la satira descarnada barretiana.

Los desniveles que Coutinho reconoce en la obra total de Lima Barreto son atribuidos a la falta de continuidad en el realismo brasileno, lo que obliga al escritor carioca a comenzar de cero permanentemente. Sin embargo, el acierto de este autor, que carece de un suelo estetico nacional firme en el cual apoyarse, es apelar a la tradicion del gran realismo europeo y desarrollar una novela de las ilusiones perdidas en el Brasil republicano. Lo que el critico no llega a senalar es que, si Recordacoes do escrivao Isaias Caminha se inscribe en la tradicion balzaciana elogiada por Lukacs, Triste fim de Policarpo Quaresma ya no es solamente un lamento por las ilusiones perdidas, sino el resentimiento feroz por la desilusion, de modo que salta del momento balzaciano al realismo devastador de Flaubert. En la indecision estetica que provoca en Lima Barreto la ausencia de una tradicion solida en la cual recostarse, no es extrano que aparezca una novela como Clara dos Anjos, "que chegara a conceber como um Germinal negro" (118), es decir, como un ejercicio naturalista de esos que el realismo lukacsiano denigraba.

En Lima Barreto, junto con estas alternativas contradictorias, se combinan la deformacion y la bizarria como procedimientos esteticos aptos para dar cuenta de la extraneza historica que es la "via prusiana" o conciliacion por lo alto para pasar a otra etapa historica sometiendo los reclamos y las intervenciones populares. Ante la insuficiencia que representa el ufanismo nacionalista para abordar lo nacional-popular, el novelista opta por la satira, que clausura en una practica siempre frustrada las entusiastas aplicaciones de la abstraccion ufanista que encara Policarpo. De la galeria humana que recorre las paginas descorazonadamente satiricas de Triste fim, Coutinho recupera las de Olga y Ricardo. En el encuentra al hombre sensible que cultiva el folclore como un estilo de vida y no como mera impostacion; en ella reconoce a la mujer afectuosa y fiel al padrino, aunque no llega a identificarla como una protofeminista que, si bien consume lecturas tipicamente "femeninas", desprecia a un marido superficial y es capaz de tomar la iniciativa de intentar salvar a Policarpo. No obstante, en el 1972 en que fue escrito el texto parece injusto reprocharle a Coutinho semejante ausencia, sobre todo si se la pondera con la sagacidad con que descubre "o pioneirismo de Lima", segun el cual "depois dele, ja nao foi mais possivel construir o realismo critico com base na 'serenidade' estilistica ou no humanismo 'distanciado' de Machado de Assis" (141).

El articulo sobre Graciliano Ramos, de 1965, esta mucho mas lastrado por el marxismo clasico y parece mucho menos convencido de la idea del "sistema literario" pregonada por Candido, ya desde el epigrafe de Drummond de Andrade que identifica a Graciliano con una isla en medio de la soledad sertaneja. La dialectica entre lo regional y lo universal, la caracterizacion del Brasil de los anos treinta como una formacion social semicolonial en crisis (144) y el reclamo de "autenticas obras epicas realistas" (146) son senales inequivocas de un metodo critico que no tiene correspondencia con el de Candido, pero que, a su vez, delata demasiadas insuficiencias para estudiar al autor. Las citas de Lukacs y Goldmann, la disquisicion sobre el tipo (lo particular) como interseccion entre lo universal y lo individual y la repeticion de la condena contra el naturalismo como manifestacion literaria de la decadencia burguesa (150) revelan una inadecuacion que deja al texto a mitad de camino respecto de los otros textos de Coutinho considerados aqui. De hecho, un punto clave como el manejo del lenguaje en Graciliano queda soslayado simplemente porque el metodo lukacsiano-goldmanniano resulta apto para cuestiones estructurales, aunque bastante debil para abordar el lenguaje en detalle.

Incluso asi, el texto tiene valor en el analisis organico de Coutinho: ademas de instalar decididamente la tesis de la transformacion por lo alto de la sociedad (ahora referida a la Revolucion del 30 y no ya a la Republica), advierte que la representatividad de un autor esta en el modo en que se desliga de una tradicion en la cual lo popular ha sido sepultado. Graciliano logra pasar de la observacion a la participacion, y conviene prescindir de la precision inmediata segun la cual ese pasaje lleva "do naturalismo pessimista ao realismo critico e humanista" (156), en parte por la adjetivacion excesiva y en parte por el ansia de identificar las obras del brasileno segun patrones externos y no necesariamente acordes a la literatura local.

Sin embargo, el articulo destaca por cumplir la misma regla que el critico adjudica a sus objetos: separarse de la tradicion y del sistema. Los momentos mas significativos del planteamiento no son aquellos que se ajustan a los dictados lukacsianos, sino los que, desafiando la desconfianza de Lukacs hacia las tecnicas modernas, recuperan el monologo interior de Angustia y establecen que, mediante tecnicas vanguardistas, Graciliano construye una de las novelas mas realistas de la literatura brasilena (176). Es de lamentar--pero no de reprochar--que Coutinho logre identificar la problematica de Fabiano en Vidas secas como resultado del caracter retrogrado e improductivo de la estructura agraria brasilena (179), pero omita senalar que esa sequia que atormenta al personaje y provee la estructura circular de la novela afecta asimismo al lenguaje de los personajes, apegado al referencialismo al punto de que, cuando uno de los ninos pregunta por el infierno, la madre no atina a inventar una respuesta sino solamente a pegarle un coscorron por el presunto atrevimiento.

Tambien es de resentir que la ubicacion de Graciliano no se efectue dentro del sistema literario brasileno, sino en funcion de una tipologia realista en la que el autor introduce una cuna, ya que presenta un heroe problematico alli donde el realismo socialista reclamaba una comunidad problematica (192). Resulta ironico que, al cabo de la descarga de un polvorin completo de marxismo ortodoxo, Coutinho desdene a los "marxistas vulgares" por su defensa del "valor artistico" (195). Es en ese punto donde urge virar hacia los estudios criticos, aquel espacio en el cual no existen valores rigidos ni inmutables y donde las vulgarizaciones marxistas son sometidas a una serie de desafios y desequilibrios que, en lugar condenarlas, las anulan.

Conclusiones

El recorrido inverso que cumple este articulo respecto de la produccion de Coutinho, evaluando sus textos desde los mas recientes hasta los mas antiguos, no tiene proposito desestabilizador sino, al contrario, vocacion integradora. Marcar el modo en que el critico puede asociarse a las propuestas de los estudios culturales--tendencia en la cual la critica se resiste a enrolar al autor--es una propuesta de revision de ciertas etiquetas que no consideran los cambios dentro de una obra. Este texto apunta a concentrar la atencion en aspectos puntuales, entre los que sobresale la comun incidencia de Gramsci, como nexo posible entre los postulados de Coutinho y los del grupo de Birmingham que inicio la corriente, y tambien a reconocer las modificaciones que pueden producir los enfoques gramscianos sobre un marxismo ortodoxo, obligando al menos a revisar la relacion entre los ultimos trabajos de Coutinho y los de sus contemporaneos que se desarrollan dentro de un marco afin a los estudios culturales.

Un trabajo de mayor aliento indagaria el impacto de los estudios culturales sobre toda America Latina. El recorte operado aqui toma a la Argentina como caso testigo--con una ambivalencia que no es ajena a ningun pais latinoamericano en lo que atane a incorporar inmediatamente un modelo, abandonarlo en un campo hegemonizado por pretensiones mas cientificistas que sociales y recuperarlo luego como dudosa "novedad" a la luz de su expansion occidental--y enfoca en un ejercicio brasileno tanto el ajuste a sus principios como la efectividad para comprender objetos y relaciones esteticas que otros metodos no avizoraban. Comparar a Brasil con Argentina ofrece una doble ventaja: por un lado, la de mostrar el ingreso de los estudios culturales en Latinoamerica sin la mediacion obligada de la academia norteamericana; por el otro, el ejercicio concreto del culturalismo sobre fenomenos nacionales, abarcando tanto autores y obras como las formaciones en las que se especializa Williams y que renuevan la mirada sobre revistas culturales y grupos de vanguardia, como evidencian Beatriz Sarlo para la Argentina y Jorge Schwartz para Brasil, por tomar a las figuras mas reconocibles.

La posibilidad de incorporar a Coutinho a los estudios culturales y el evidente giro que representa en su obra la inclusion de Gramsci -junto con las alternativas teoricas que abre la revision del marxismo a la que procede- generan una previsible resistencia en un panorama critico que mantiene lugares fijos para los autores. Ignorar las repercusiones de Gramsci en America Latina y anular los efectos de la incorporacion de sus textos incluso en quien practico durante anos un marxismo lukacsiano que reaparece en algunas ideas claves de sus libros -como la de la "via prusiana" en tanto categoria de analisis- equivale a suprimir aquellos sectores de una produccion que no logran explicarse con el mismo instrumental empleado para catalogarlo.

Una eficaz incorporacion de modelos para Brasil: no otra cosa pretendio exponer este voluntarioso recorrido que apunta a revisar las adscripciones criticas, a reevaluar ciertas variantes del marxismo en la critica literaria--sin atribuciones esquematicas ni ortodoxias improcedentes--y a reclamar una atencion a las conclusiones originales que resultan del ajuste latinoamericano de modelos que no pueden quedar "fuera de lugar" si se trata de otorgar productividad a su potencial.

doi: 10.5354/01-4.505

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Recepcion: 27.01.2018 Aceptacion: 17.06.2018

Marcela Croce

Facultad de Filosofia y Letras/Universidad de Buenos Aires, Argentina marcela.croce@gmail.com

(1) Hay un solo momento en que los medios reciben una consideracion que excede el esquematismo que impregna su tratamiento en este texto. Se trata del ensayo "Dois momentos brasileiros da escola de Frankfurt", incluido en el mismo volumen. Aunque seria estimulante contrastar el uso de Francfort que hace Coutinho con las discusiones que los estudios culturales mantienen con esa alternativa del marxismo, los limites propuestos por el presente articulo exceden tal aproximacion. Baste senalar que, en un texto que recusa el legado de Herbert Marcuse (el francfortiano mas exitoso en los Estados Unidos y cuyas obras eran una especie de Evangelio progresista en los anos sesenta latinoamericanos) por romantico e irracionalista (79), rescata lateralmente el papel de los medios, si bien no estrictamente los masivos tradicionales como la radio y la television: "[A] difusao de massa de uma cultura critica pode encontrar nos meios eletronicos de comunicacao um instrumento privilegiado" (86).
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Author:Croce, Marcela
Publication:Meridional. Revista Chilena de Estudios Latinoamericanos
Date:Oct 1, 2018
Words:9291
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