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Cuenca y la inquisicion: reflexiones en torno a un libro (o secuencia de libros).

En visperas de Navidad del ano 11, me viene a las manos un bouquin, tamano de ladrillo, bloque de duro papel; los margenes bien guillotinados ofrecen al tacto una superficie compacta, depurada y tersa. Ya en casa, abro el volumen: la composicion tipografica es algo apretada, pero nitida; la letra negra resalta sobre la pagina mate, pero de blancura nival; encuademacion rebelde. Asunto: el Auto de Fe. Lo voy a leer --pienso--; pero no en estos dias dulces y noches de paz. Leer supone una receptividad en sintonia evocadora. Hay que dejarla llegar. Llegara.

I. INQUISICION: CUESTION CANDENTE

El bouquin, una vez leido, se ha revelado como un estudio logrado, paginas necesarias para captar informacion solvente, no solo sobre el particular asunto anunciado en el titulo: tambien sobre la Inquisicion en general, como sirvio a la politica y a la ajustada correccion de las mentalidades y costumbres, como ayudo a la preservacion de la Fe. Libro multitudinario en referencias, erudito, exacto: su introduccion y sus cinco capitulos penetran con destreza en un tema arduo. Se satisface asi el autor culminando el antiguo deseo--impedido por una u otra circunstancia--de entregar a los estudiosos una obra acabada sobre el Auto de Fe: asunto goloso para un especialista (1).

Tratando de asuntos tales, una obra dada a luz en Cuenca despierta preguntas, porque la ciudad de San Julian tiene abolengo inquisitorial y en ella se han celebrado acontecimientos como el Simposio internacional del '78 que constituyo un hito. Junto a esto, el escenario conquense tiene algo de fantasmagorico y posee por esencia ese algo de castillo, de convento y de santuario que, segun Baroja, tienen casi todas las ciudades interiores de Espana. Me atrevo a decir que Cuenca, cual ninguna.

El Auto de Fe de Cuenca fue--al menos asi se nos muestra en una primera mirada--una paradojica promulgacion de emociones: alegre y triste a la par, ruidoso y destemplado, desarrollado en pompas y sermones con solemne rito, escalofriante desahogo ante una sentencia inquisitorial inexorable, y todo ello sin renunciar a la severidad de un escarmiento humillante. En definitiva: colera santa, proclamacion doctrinal--con polvora de razones--y, al fin, el brasero. El Auto duro una semana. La rabies theologica se justificaba como servicio a la verdad ultrajada; de ahi el jubilo triunfal, el torrente popular y la emocion dantesca. Cortejos, oratoria de campanillas, aglomeraciones de curiosos en busca de emociones fuertes ... Veriedes tantas lancas premer e alcar ..., tantos caballos bajando la cuesta de adoquines, brillantes morriones, penachos al viento, en estrepito de pifanos y cajas, atabales, rebotando de pena en pena. Balcones y tribunas atiborrados. El cadalso, lujoso: adornado con alfombras, tapices y verduras de gala. Comisarios, inquisidores, familiares y ministriles. Todas las cofradias y cabildos con sus estandartes. Todas las ordenes religiosas que tienen convento en Cuenca; pero sobre todas, los dominicos y los trinitarios con sus cruces y estandartes. Por obligacion debian asistir a la ceremonia <<ademas del obispo y una porcion destacada de los miembros del cabildo catedral, los representantes de la justicia real, corregidor y sus jueces auxiliares, regidores y demas integrantes del ayuntamiento de la ciudad>> (o.c., p. 89). El pueblo entero esta alli: y tambien los foraneos. Todos aportan: componen la accion performativa, purificadora de la sociedad cristiana, garante de la educacion del pueblo.

Ante los errores humanos que se acumulan cuando se evoca el pasado--memoria rerum--, el escandalo no es la actitud cabal del menester historico. La contemplacion historica--por ser esencialmente humana--confiere humildad; y, por eso, serena, tonifica. <<Como en el individuo--pensaba Unamuno--sucede en los pueblos, hallan a Dios si le buscan dentro, en su propia historia. Es un hecho el que el mayor peligro de caer en el ateismo y la irreligion esta en el cultivo de las ciencias llamadas naturales, asi como el estudio de las historicas y sociales vuelve a El>> (2).

El historiador, como el filosofo, esta llamado a encontrar su alegria en la verdad. Juan Pablo II hablo de la purificacion de la memoria. La memoria se purifica en el Amor: no hay otro medio. Y el amor sigue a la verdad. Los ojos de la historia ven los crimenes: de los malos y de los buenos; la tibieza de los buenos, la malicia de los equivocados. ?Con que canon ha de medirse la calidad moral de los hombres y de las epocas? ?Acaso es posible conocer el ideal humano en version manejable? La sublimacion de la imagen del hombre exige mas elaboracion que su representacion grotesca e infernal. Esta se halla mas al alcance de la experiencia. Ha quedado constancia de realidades de terror como los campos de exterminio, los gulag, los bombardeos, las dos bombas atomicas--con su respectivo nombre propio: Little boy y Fatman--que arrasaron Hiroshima y Nagasaki ... Las inmensas perdidas de existencias humanas del regimen stalinista. Basten como referencias. <<De hecho, el hombre de la civilizacion actual se ha hecho poco sensible a las "cosas ultimas">>--reconoce Juan Pablo II aludiendo al efecto producido en las subjetividades por la acumulacion de los desastres--.

Todo esto, sin embargo, no es un argumento en pro del pesimismo. Maritain, en el seminario de cuatro lecciones magistrales, que dirigio en Notre Dame University (Indiana) en 1955 en torno a la Filosofia de la Historia, senalaba una ley--a su juicio una de las mas importantes--a tener en cuenta siempre que se contempla en perspectiva la historia, la Gran Historia. Asi la formulaba: Ley del progreso de la conciencia moral. <<Nuestro conocimiento de las leyes morales es progresivo por naturaleza. El sentido del deber y de la obligacion ha estado siempre presente; pero el conocimiento explicito de las diversas normas de la Ley Natural crece con el tiempo. (...) Pienso que este progreso de la conciencia moral--en cuanto al conocimiento explicito de la Ley Natural--ofrece uno de los ejemplos menos dudosos de progreso en la humanidad>>. No quiere esto decir que la conducta humana haya sido cada vez mas perfecta. Ni que la conducta inmoral sea siempre debida a la inmadurez o a la simpleza cultural. El progreso de la conciencia no es lo mismo que el progreso moral: son dos cuestiones distintas. <<Lo que tengo en vista es un progreso de la conciencia moral en cuanto al conocimiento de los preceptos particulares de la ley moral>> (3). Progreso noetico, por tanto: que no lleva consigo necesariamente la perfeccion moral de la obediencia y del amor. Abraham, en su calidad excepcional de hombre justo y elegido, ignoraba, no obstante, importantes perfiles definitorios de la Ley Natural. Lacras proverbiales que afectan a la historia de la humanidad han sido erradicadas en epoca muy tardia o ni siquiera son patrimonio de todas las actuales culturas. Piensese en la esclavitud, en el tratamiento dado a los prisioneros de guerra, en el trabajo de los ninos, o en la relacion superiores-subditos. Son ejemplos elocuentes senalados por el propio Maritain. En terminos positivos Juan Pablo II enunciaba esta ley historica del progreso moral: <<Es sobre todo el Amor el que juzga. Dios que es Amor, juzga mediante el amor. Es el Amor quien exige la purificacion, antes de que el hombre madure por esa union con Dios que es su definitiva vocacion y su destino>> (4).

De la Inquisicion se habla en torno al velador de una cafeteria; pero no son tantos los que de verdad conocen la realidad social que albergaba en su seno aquella jurisdiccion privilegiada. Con respecto a la perduracion del control inquisitorial en la Monarquia Hispanica--y es un ejemplo de gran validez--, el mismo desarrollo de las instituciones y acontecimientos se entiende con lo que se acaba de decir. Los inquisidores habian trabajado con sentido profesional, con entrega y eficacia en todos los territorios de la Corona de Aragon desde comienzos del XIV. Pero no hubo Inquisicion en Castilla en toda la Edad Media. Fue por la union de las coronas --desde el matrimonio de Isabel y Fernando--cuando la unificacion politica propicio una accion uniforme en la globalidad del territorio. Estaba claro que la Inquisicion catalano-aragonesa no iba a desaparecer. Bien conocido es el periodo de la expulsion de los judios y luego el de la expulsion de los moriscos. <<Los Reyes Catolicos--son palabras del optimo resumen de Roger Aubert--, que como todos los soberanos de entonces, veian en la unidad religiosa una garantia esencial de la unidad nacional, rogaron al Papa que les autorizase a reorganizar la Inquisicion en la Peninsula a fin de poder reaccionar eficazmente y Sixto IV accedio a su demanda: por el Breve de 1 de noviembre de 1478, les concedio todo el poder para nombrar en la diocesis de Sevilla (que es donde el mal se manifestaba con mas claridad) inquisidores especialmente encargados de los conversos>>.

La represion de los meses siguientes se caracterizo por su extremosa severidad: el Papa percibio los clamores de la alarma e intento recuperar el control que habia cedido: anulo la bula de 1478 y puso la Inquisicion en manos de los obispos; pero ya era tarde porque la solida oposicion de los Reyes Catolicos se demostro inamovible como una roca. Los Reyes no estaban dispuestos a cesion alguna ni a perder lo ya conseguido: el Papa, por lo tanto, tuvo que aceptar que los inquisidores de nombramiento regio continuasen su labor, con la obligacion--eso si--de dar cuenta a los obispos y de respetar en el iter procesal, al menos, una doble modificacion que garantizase la dignidad de los acusados, a saber: a) la supresion del anonimato de los denunciantes; y b) la posibilidad reconocida a los procesados de apelar a Roma. Dos modificaciones bien justas. Pero Sus Catolicas Majestades defendieron acremente el statu quo ya conquistado. El 5 de febrero de 1483, Sixto IV confirmo la bula de 1478 con una unica reserva: el arzobispo de Sevilla podria juzgar en apelacion de las condenas pronunciadas por los inquisidores. Pero esta unica restriccion quedo en papel mojado. El Inquisidor General--no el Arzobispo Hispalense--quedo en realidad como unico juez de apelacion. Y ?que iba a hacer el Inquisidor General mas que se ser la voz de su amo ...? Desde entonces el Papa habia perdido de facto, y ya definitivamente, su independencia. Su derecho nativo y su obligacion consiguiente de perseguir la herejia--algo <<a lo que jamas debio haber renunciado>>--quedo enajenado a favor de las Coronas de Castilla y de Aragon. En definitiva de la Monarquia Espanola. Y--lo que es mas humillante--Roma tuvo que seguir por siglos dando su jurisdiccion a los supremos inquisidores para mantener la validez de su labor. Asi--como un centauro compuesto de doble naturaleza--, siguio adelante aquel Tribunal: haciendo sufrir a la Santa Sede y haciendo sufrir tambien a los afectados por aquella injusta justicia.

<<Todavia en 1488 los conversos protagonizaron ante Inocencio VIH otra tentativa de suprimir la Inquisicion; pero tropezo con el mismo obstaculo insalvable: la inconmovible oposicion de los soberanos>>. Todos los procesos continuaron en Espana sin posibilidad de apelacion a Roma. Bien se entiende, sin embargo, que en el vasto organigrama de la monarquia hispanica no faltaron muchos hombres honestos, cuya opinion era favorable a los intereses de la monarquia pensando que defendian una posicion justa. Y esto, hasta en los mismos anos de su futuro derrumbamiento tras la muerte de Fernando VII.

Pero en definitiva, bien ha escrito J. Lecler, <<en un tiempo en que los soberanos entendian que el aglutinante necesario para la paz y seguridad de la monarquia era la religion persiguieron sin fatiga toda forma de disidencia. La Inquisicion fue vista siempre como el mejor auxiliar de su politica>> (citado apud Aubert). Era por lo tanto imprescindible no desprenderse de ella. El propio Felipe de Anjou al fin de la guerra de los trece anos, tras haberse manifestado en otros tiempos con la maxima apertura--declarando su deseo de abolir el tribunal de la Inquisicion--capto muy bien aquello que habia sido siempre la pretension de los Austrias y renuncio al anterior proposito. Mantuvo por lo tanto la Inquisicion como mano fuerte para la proteccion y control de sus dominios (5).

Pero volvamos a La Mancha. Volvamos a su espiritu. Con la Iglesia hemos dado, Sancho, dijo Don Quijote tras comprobar que la pesquisa para encontrar el palacio de Dulcinea se disolvia en decepcion. El templo de El Toboso--con la solida mole de su torre--es una instancia objetiva capaz de apear a los sonadores. Pronto--muy pronto--dieron con la iglesia Don Quijote y Sancho. La aseveracion del Ingenioso Hidalgo es celeberrima por los ecos intencionados que nos la devuelven sin alma y sin sustancia: con la iglesia--es decir--con la inquisicion hemos dado--interpretan-. Sin embargo, el Caballero era iluso, pero no malicioso; y asi esta lejos de ser evidente que la frase proferida por Alonso Quijano, el Bueno, escondiese recamara en este lance. Simplemente se comprueba una vez mas que Cervantes conocia al dedillo los lugares manchegos. Conclusiones mas dilatadas no se sustentan.

Sancho, por su parte, remato con vigoroso extremo: plega a Dios que no demos con nuestra sepultura. !Anticipadora intuicion! Antevio un fantasma onirico que parece servido a Bergman para sus fresas salvajes. Dice Clemencin que la sandez se compone de necedad y candor (6). Pues bien. Aquel intrepido intelectual de la Generacion del '98, Miguel de Unamuno, escribio con su habitual elevacion esta asombrosa sandez: <<Sancho, hijo, guia al palacio de Dulcinea; quiza podra ser que la hallemos despierta. Observemos que al pedirle tan elevado ministerio y favor tan senalado se adulcigua el Caballero y le llama a Sancho hijo, y observemos ademas como son los Sanchos, la baja humanidad, los que guian a los heroes al palacio de la Gloria. (...) De oidas estamos enamorados de la Gloria los que lo estamos, sin que jamas la hayamos visto ni oido>> ... (7). Asombrosa sandez, he dicho, porque hace de lo sublime un juego de desengano. Siempre igual, don Miguel--cinco lustros antes de que Derrida naciese--parece jugar a la deconstruccion--sui generis, claro--haciendo de la Gloria un parergon, un contorno de la vida--inalcanzable como un espejismo--(8). Cierto es sin embargo que el papel de los Sanchos, de la humanidad sencilla, <<de los pobres que hablan en los pajares>> es un yacimiento que merece atencion. A el presto atencion Jimenez Monteserin en uno de sus primeros estudios. Pero no adelantemos acontecimientos.

En todo caso--que no queremos dar la impresion de que nos comulgamos con ruedas de molino--, de la coaccion inquisitorial se derivaron consecuencias negativas para la Iglesia. Eran muchos los que contemplaban la Inquisicion en tan solida unidad con la Iglesia que tan solo sotto voce se permitian desahogar su inevitable horror: en unos casos, por necesaria cautela; en otros, por sincero amor a la Iglesia, a la que no querian lacerar con sus criticas (9). Con harta razon Bruno Neveu, en su libro lerreur et son juge, ha estudiado el ars notandi con detenimiento benedictino y, como efecto casi necesario, ha logrado infundir en sus lectores la admiracion por la teologia positiva. Las arduas filigranas del ars notandi, tan apreciado no solo por los mas prestigiosos maestros de las facultades teologicas y por los mismos teologos pontificios, sino tambien por la Inquisicion barroca, exhortan, por contraste, a la sencillez evangelica. El ars censoria no era una sabiduria, sino mas bien una garantia de analisis y de minuciosa viviseccion de los textos. Nunca como en los siglos XVII y XVIII se emprendio con tanto afan una labor de profilaxis dogmatica por via negativa: guerra son cuartel contra el error. La rutina inquisitorial, dotada de peligrosa autonomia, zanjaba los problemas in docendo con su peculiar sistema: no por la via del dialogo y de la persuasion, sino con la coercion drastica de la potestas regiminis. Llevaba en su propia composicion politico-sacral el germen de disgregacion que la iba a disolver (10).

El mester historico tiene como obiectum materiale el obrar de las personas concretas --desarrollado en el tiempo--; pero no solo de las personas singulares, sino tambien de las instituciones, de las sociedades, pueblos y naciones y, en fin, del gran espectaculo de la humanidad que avanza como un rio caudaloso a traves de los dias, que Dios concede para que sea construida la Ciudad secular, hasta que llegue el final sin final: el in fine sine fine agustiniano. La humanidad se nos muestra en sus diversos avatares; pero tambien en sus conquistas y superaciones avanzando hacia el pleno reconocimiento de aquel perfecto bien comun determinado por la justicia y la paz. Tambien a los pueblos se les debe reconocer su caracteristica responsabilidad. Los pueblos--ha ensenado Pablo VI--son los primeros responsables de su propio desarrollo. (...) Combatir la miseria y luchar contra la injusticia, es promover, junto al mayor bienestar, el progreso humano y espiritual de todos, y por consiguiente el bien comun de la humanidad (11).

Proceso reconocible, que permanece en la memoria de los hombres concretos o, en su caso, de los grandes colectivos: quedan patentes los frutos tangibles de la conducta humana una de cuyas dimensiones misteriosas es la libertad.

La historia es ciencia en toda la dimension de su propio espectaculo. Y tambien mas alla: donde solo llega la mirada de los elfos ... En las alturas y en las honduras en que el pensamiento se sumerge o hasta donde se levanta: sicut aquilae iuventus tua! Y aun asi, en puridad ..., las razones profundas, las motivaciones de las voluntades obrando en uso de su libertad soberana permanecen inasibles.

Queda en fin el mejor de los frutos. La reflexion de los sabios. Lo que tal vez es reacio a un sistema organico; pero que se llama filosofia de la historia. 10 11

2. CUENCA, MARCO DE REFLEXION SOBRE LA INQUISICION ESPANOLA

2.1. Nido de aguilas

Decir Cuenca es senalar una encrucijada paradojica. Carrefour de direcciones. Lugar de contrastes. Llanuras anchurosas. Y la capital misma, una ciudad de calles estrechas, de casas que se amontonan. Ciudad de proximidades y de silencios mensajeros ... de belleza increible: su vida se desarrolla entre los riscos. Alli, en aquella region y provincia--aquella extensa piel--tuvieron su hogar natal personalidades que fueron gloria de las Letras Patrias: baste pensar en familias como los Valdes; en herencias como la del Maestre Rodrigo, padre de Jorge Manrique--vate de esencias eternas--; en resonancias como las de fray Luis de Leon o fray Melchor Cano, profesores sabios de Salamanca--princeps Salmantica docet--; y en fin en la aurea perfeccion, Miguel de Cervantes, que no nacio alli, pero que conocio como la palma de su mano la Mancha conquense: las dos naturalezas son legitimas: la de la cuna y la de la pluma.

La ciudad de Cuenca se arrima a la verde serrania que lleva su nombre y reserva espesuras y soledades misteriosas al contemplador animoso. La Alcarria, junto con La Mancha y la Serrania, son las tres regiones de aquella anchurosa provincia/ diocesis conquense. Hasta finales del XIX la ciudad era pequena, minima incluso, pero habia sido insigne por su historia, por sus linajes, por sus obispos sabios--como hoy en dia--: brillo de talento, de estudio constante y de discreto--cuando no heroico--gobierno. En el siglo XVIII, Fermin Caballero, habia realizado una meritoria evocacion de Conquenses ilustres como Alonso Diaz de Montalbo, Hervas y Panduro y otros mas que notables, ya citados ... El prebendado Trifon Munoz y Silva publico en las paginas del Boletin Eclesiastico del Obispado el Episcopologio de la Iglesia Conquense. Y entrados ya en el siglo XX hay que encomiar la solicitud del Beato Martir, D. Cruz Laplana al emprender la publicacion de la Biblioteca Diocesana Conquense.

Es digna de admiracion la Biblioteca del Seminario--repositorio de ejemplares de la epoca ilustrada-. Existen en ella muchas y codiciadas ediciones. Pese a estar su tribunal tan cerca, la Inquisicion no pudo o no quiso detectar libros de importacion que alli se guardan y que hubieran dado quebraderos de cabeza a sus poseedores. Pero la ciudad misma ... debe ser sonada retrocediendo apenas siglo y medio. Baroja la ha descrito fielmente:
      Cuenca, como pueblo religioso, estrategico y guerrero, ofrece
   este aire de centinela observador. Se levanta sobre un alto cerro,
   que domina la llanura y se defiende por dos precipicios, en cuyo
   fondo corren dos rios: el Jucar y el Huecar. Estos barrancos,
   llamados las Hoces, se limitan por el cerro de San Cristobal, en
   donde se asienta la ciudad y por el del Socorro y el del Rey, que
   forman entre ellos y el primero fosos muy hondos y escarpados.
   (...) El caserio antiguo de Cuenca, desde la cuesta de Velez, es
   una piramide de casas viejas, apinadas manchadas por la lepra
   amarilla de los liquenes. Dominandolo todo, se alza la torre
   municipal de la Mangana. (...) Desde la orilla del Huecar, por
   entre moreras y carrascas, de abajo a arriba se ve el perfil de la
   ciudad conquense, en su parte mas larga. Aparecen en fila una serie
   de casas amarillentas, altas, algunas de diez pisos, con paredones
   derruidos, asentadas sobre las rocas vivas de la hoz, manchadas por
   las matas, las hiedras y las mil clases de hierbajos que crecen
   entre las penas. Estas casas, levantadas al borde del precipicio,
   con miradores altos colgados, y estrechas ventanas, producen el
   vertigo. (...) Como casi todas las ciudades encerradas entre
   murallas, Cuenca sintio en un momento la necesidad de ensancharse,
   de salir de su angosto recinto, de bajar de su roca a la llanura.
   Tal necesidad la experimento mas fuerte a principio del siglo XIX,
   y creo un arrabal o ciudad baja. (...) El arrabal de Cuenca,
   formado principalmente por una calle larga a ambos lados del camino
   real, se llamo la carreteria ... (12)


Cuenca amada y feliz tiene en su pacifica existencia su propio capital pecado. Y ese pecado va picando en historia. Don Angel Gonzalez Palencia lo ha dejado dicho con carinoso desgarro:
      Con dificultad se iba a Cuenca en aquellos anos ya lejanos; con
   dificultad siguio haciendose el viaje en los dias de nuestra ninez,
   en las ultimas decadas del siglo, y en nuestra juventud represento
   un gran triunfo el <<tren Catalina>> (por haber gestionado su
   circulacion don Mariano Catalina, senador y academico), que salia
   de Cuenca hacia las diez de la noche para llegar a Madrid a las
   nueve de la manana del dia siguiente ... (13)


En la plaza Mayor la catedral de Cuenca es el principal edificio, disimulado por una fachada inautentica--estilo neogotico--, construida en 1910 segun los planos del arquitecto Lamperez para sanar el destrozo provocado por el derrumbamiento acaecido anos antes--10 de la manana del 13 de abril de 1902--de la torre del norte, llamada popularmente torre del Giraldo. Desgracia memorable aquella, que se cobro la vida de algunos ninos--entre ellos la propia hija del campanero-. Dentro ya de la Catedral, si no fuera por el frio, el visitante se quedaria admirado de la belleza del estilo normando, que todavia emerge sobre las transformaciones repetidas que, como todos los grandes edificios, ha padecido. En su reciente libro sobre Luz y misterio de las catedrales, Peridis (14) dedica un capitulo a la de Cuenca reconociendola --parece claro--como ejemplo primordial entre las mas antiguas transformaciones del romanico en su fecundo deslizamiento hacia el gotico. La luz de los primitivos espacios goticos es expresion legitima del impetu espiritual siglo XU: verdadero siglo de oro tras el misticismo de los monjes que poblaron los espacios romanicos. Y en el seno de aquel gotico tan inviolable se situa un chef-d'oeuvre plateresco, que tambien ensalza en modo nuevo, estilo nuevo, el milagro de la luz. Joya plateresca en asiento gotico. Etienne Jamet, habia nacido en 1515 en Orleans. Su vida parece haber sido azarosa y violenta. uno nunca sabe hasta que grado estas personalidades habiles para la sublimidad y la belleza, pero totalmente negadas para la vida sencilla del hogar son responsables de su desequilibrio. Parece claro que el arte debe estar al servicio del logos y no al reves. Exceptuados los casos en que el desequilibrio psiquico constituya una ab-normalidad involuntaria, hay que pensar que el arte lleva consigo una exigencia de contemplacion sin la cual la vida de quien realiza obras dignas de emocion estetica sera sencillamente dificil si no insoportable. Etienne Jamet--Jamete para los conquenses--es caso para una <<revision de vida>>. La Inquisicion se ocupo de el repetidas veces: pretendia lograr por la fuerza lo que solo es fruto de la persuasion. No parece que con tal metodo se lograse nada. Y sin embargo, aquel hombre era capaz de sonar y de hacer sonar. El artista autentico contribuye al sustento de la dignidad de la persona. El arco de Jamete, ejemplo sublime del plateresco espanol, es su obra maestra y, segun Peridis, el perfecto acabado renacentista en un interior gotico (15).

Los que llegan a Cuenca y penetran en la Catedral miraran tambien a los vitrales: !mal hecho! Hay vidrieras que son catequesis: bien pudieron haber sido fabricadas por monjes contemplativos. Se ha dicho que Fra Angelico pintaba sus cuadros puesto en oracion sin disimulo, postrado de hinojos ante las escenas que plasmaban sus pinceles y que eran reflejo de las imagenes vivas de su contemplacion. Pero en Cuenca los vitrales no son para mirarlos de hito en hito; sino para crear/re-crear un clima, un contexto, una vivencia de emocion estetica que invita/exige una mirada hacia lo alto: esto !es gotico! La luz conseguida por los recientes vitrales crea un ambiente, un aire iluminado y humedo como de amanecer. Cambia con las horas. Pero es incorporea imagen del viento, de un Anemos que escucha, que no ignora ningun sonido.

Fuera de la catedral, al pie del abside y de las dependencias del cabildo, el puente de San Pablo une las dos margenes del imponente barranco por cuyo fondo corre el Huecar. Atravesando el puente se llega al antiguo convento de San Pablo, que albergo a los seminaristas de la diocesis durante un tiempo y, tambien, mas tarde a los novicios de los Paules; en fin, hoy es apetecible parador. Desde alli se descubre el perfil de la ciudad de sur a norte. Antanona hermosura, como todas las vistas de Cuenca la vieja. Desde la terraza previa al parador, justo enfrente estan el palacio y las antiguas casas episcopales; palacio y dependencias, donde tambien se albergo un dia el Santo Tribunal hasta que obtuvo asiento en su propia sede en lo alto de la ciudad, en el Castillo. Guiandose por la linea de los tejados, la vista alcanza a distinguir las ruinas de aquella importante mole.

2.2. Archivos de la Inquisicion

No nos entretendremos en describir los archivos inquisitoriales que la diocesis alberga celosa y ordenadamente. Baste aqui citar al gran don Sebastian Cirac Estopanan, canonigo e inteligente colaborador del Beato Cruz Laplana, que goberno como obispo la diocesis desde 1922 hasta 1936 ano de su martirio. En obediencia a lo dispuesto en el canon 372 del Codex luris Canonici, que ordena la existencia en cada diocesis de un canciller encargado de velar por el Archivo Diocesano--custodiando el acervo documental y manteniendolo ordenado y disponible para la consulta--, el joven obispo dispuso dedicar cinco salas como repositorio del rico arsenal de documentos, a saber: la sala al pie de la escalera, y otras cuatro salas pertenecientes al cuerpo del Palacio episcopal: de ellas, la numero 4 fue dotada de una estanteria que cubria las cuatro paredes en derredor destinada a conservar alli los documentos de la Inquisicion conquense, que con bastante exito y trabajo habian podido ser recuperados. En el Archivo Diocesano, como en la creacion universal, el caos fue realidad primera que amontono papeles y documentacion de toda envergadura a lo largo de siglos. Tampoco el Archivo de la Inquisicion tuvo mas suerte que el Archivo Diocesano; pero tenia a su favor la ventaja de ser mucho mas reciente: habia surgido en 1489 y los inquisidores habian trabajado con evidente sentido profesional, llamando asi a un ethos caracteristico que los llevaba a respetar su labor y a mantener el orden de los documentos emanados de la santa justicia al servicio de la verdad. Aun asi bastantes de los documentos inquisitoriales habian ido quedando por el camino, en casa de los provisores, calificadores, notarios u otros ministros de la Inquisicion, que --con el paso del tiempo--habian llegado a sentirse duenos de aquellos instrumentos juridicos que para nada les concernian. Fue tarea laboriosa recuperar aquella dispersion. Pero se recupero bastante bien. O muy bien incluso--teniendo en cuenta su real dificultad-. El primer canonigo archivero fue D. Sebastian Cirac y el segundo, don Dimas Perez Ramirez: cada uno de los dos un pezzo grosso por su concienzuda formacion. En mi recuerdo perdurara siempre el recuerdo de la delicada deferencia que me dedico D Dimas mostrandome personalmente el Archivo Diocesano y la seccion de Inquisicion en su actual asentamiento. Por aquella epoca me pasaba por las mientes enfrascarme en un trabajo de investigacion: precisamente en aquel lugar tan historico como con razon me parecia Cuenca. Pero una cosa es lo que se piensa y otra bien distinta la configuracion de la realidad que no lo permite todo: yo soy yo y mi circunstancia, dijo Ortega en Meditaciones del Quijote; y, aunque no tenia razon, a veces parece tenerla. Renuncie sin esfuerzo a aquel proyecto, que no era lo mio en aquel momento. Pero comprendi que los archiveros D. Sebastian Cirac Estopanan y D. Dimas Perez Ramirez habian hecho una labor de gran importancia a favor de la Iglesia de Cuenca. Entre aquellas solidas paredes, no se habia perdido el tiempo.
      La citada convulsion sufrida por el Archivo--cito palabras de D.
   Dimas--a causa de los saqueos de las tropas francesas entre 1808 y
   1812, hizo que los documentos se amontonaran confundidos unos con
   otros. Ni siquiera despues de restablecido el Tribunal en 1815 se
   pudo llevar a efecto, por falta de tiempo y de personal, la
   reordenacion de los documentos, quedando en tal estado hasta que mi
   antecesor, el Dr. Cirac la emprendio en 1930, ano en que--como dice
   el mismo--no existia ni podia existir ni un solo legajo atado, ni
   un solo documento numerado, ni una sola ficha escrita (16). La
   misma confusion de papeles hizo que Cirac realizase la nueva
   ordenacion con criterios distintos a los que habian regido la
   clasificacion durante los anos de actividad del Tribunal,
   advirtiendo que no hizo distincion de procedencias y, por tanto,
   que se hallan mezclados los de Siguenza con los de Cuenca y Ucles.
   En mi labor comenzada en 1971 me vi obligado a continuar la
   ordenacion emprendida por Cirac con sus mismos criterios (17).


Habia habido por lo tanto durante la epoca de trabajo ordinario del Tribunal conquense un orden del trabajo y de conservacion de los documentos tal cual lo exigen las normas del ethos inquisitorial, que conocemos muy bien, por ejemplo por los trabajos sobre Montaillou llevados a cabo por Le Roy Ladurie. Pero luego vinieron las injurias del tiempo: las extracciones y reserva en casas particulares como ya se ha dicho y, los asaltos de la ocupacion francesa y en fin, la recuperacion de los documentos, guardados durante un siglo en acervo cuantioso y desedificante, desde la restauracion de 1815.

D. Dimas Perez Ramirez presentaria en el simposio de 1978 el Archivo de la Inquisicion de Cuenca, unico de los grandes fondos inquisitoriales que permanece fuera del Archivo Historico Nacional. Hoy en dia--soy consciente de la repeticion--constituye una de las grandes secciones del Archivo Diocesano de Cuenca y guarda la mayoria de los documentos emanados del Tribunal conquense o relacionados con el a partir de 1489, ano en que el Santo Oficio se establece en esta ciudad. Se compone de cerca de mil unidades entre libros y legajos. En efecto en la primavera de ese ano comenzo a trabajar el Santo Tribunal en su sede conquense. De 1500 a 1507 un tribunal itinerante auna en su jurisdiccion las diocesis de Osma, Calahorra, Cuenca y Siguenza. El 1507 es el ano de la reorganizacion de Cisneros: Cuenca se empareja con Cartagena y Siguenza con Toledo. Osma y Calahorra pasan a depender de la jurisdiccion de Valladolid. En 1518, sin embargo, Cuenca se separa de Cartagena. El territorio de Siguenza pasa a depender de Cuenca: unidad territorial que tuvo caracter definitivo en justa correspondencia a la estructura geografica de las regiones: la Alcarria conquense es en definitiva prolongacion natural de los alcores Guadalajarenos. Y asi, <<a pesar de las vicisitudes y adversas circunstancias por que han pasado los fondos de Cuenca, en especial el trastorno debido a los saqueos de los franceses, se han conservado bastante bien y en un tanto por ciento muy elevado, segun he demostrado en otro lugar (18). Calculo que las perdidas no llegan a un tercio del total. De todos modos, el de Cuenca representa hoy el fondo mas importante, por su volumen, entre todos los archivos de distritos que han llegado a nosotros>> (19).

2.3. Symposium de Cuenca

El ano 1978 en Cuenca se celebro el Simposio Internacional de la Inquisicion. Cuenca no vivio ni hubiera podido hacerlo, de espaldas a lo que acaecia con tanta representacion de pezzi grossi y con tan claros augurios de renovacion. En Espana, habia muerto Franco hacia tres anos: Libertad, libertad, sin ira libertad. Guardate tu miedo y tu ira ... (20) Escribia Prosperi, en el frontispicio de su Dizionario de la Inquisicion, que <<el final de la dictadura franquista en Espana ha traido en pos de si una extraordinaria floracion de investigaciones sobre la historia de la Inquisicion espanola. Algo semejante ha pasado en la historiografia italiana>> (p. IV ad finem). Pero lo cierto es que reconoce que en Italia paso lo mismo por la misma epoca, y alli Franco no ejercio nunca poderes dictatoriales ni de otro tipo. Ademas, ya anteriormente se habian publicado muchas paginas libres y harto significativas por su normalidad exenta de temores. La dictablanda franquista de hecho pertenecia al pasado y la transformacion del regimen en una autocracia constituia un hecho. Recuerdense paginas de Julio Caro Baroja--que ejercieron poderoso influjo-: en 1961 (diecisiete anos antes del Simposio conquense, y catorce anos antes de la muerte de Franco) se habia publicado Las brujas y su mundo, que pronto--en 1964--merecio aparecer en ingles The World of the Witches, traducida por Glendinning y prestigiada por el ambiente de la University of Chicago, cuya imprenta se hizo cargo de su publicacion. La obra tuvo luego sucesivas ediciones. En 1967, Caro Baroja publico asimismo Vidas magicas e Inquisicion y el ano siguiente--1968--publico tambien El senor Inquisidor y otras vidas por oficio. Luego, en 1970, esta vez en Barcelona--editorial Ariel--, el mismo Caro Baroja dio a la prensa Inquisicion, Bruieria y Criptojudaismo. Autor que cumple su etimologia como auctor. Y que decir de don Jose Ignacio Tellechea Idigoras con su Bartolome de Carranza, Arzobispo. Un prelado evangelico en la silla de Toledo, publicado en San Sebastian 1958. O, diez anos mas tarde, El arzobispo Carranza y su tiempo, Madrid Guadarrama, 1968. Hacia ya tres anos que el Vaticano II habia concluido y se comenzaban a vivir amarguras colaterales de todos conocidas. En 1977--dos anos despues de la muerte de Francisco Franco--el titulo que nos dio Tellechea fue precisamente el de Tiempos recios: Inquisicion y heterodoxias: el libro salio en Salamanca bajo la responsabilidad editorial de <<Sigueme>>. Entre tanto 1972 el carmelita Enrique Llamas habia publicado en Madrid--CSIC-Instituto Francisco Suarez--su magnifico libro de 499 paginas, titulado Santa Teresa de Jesus y la Inquisicion Espanola. Y tres anos mas tarde en la F.U.E. aparecio su titulo Documentacion inquisitorial: manuscritos espanoles del siglo XVI existentes en el Museo Britanico.

Todas las cosas, pues, se dan en su circunstancia, Tambien el Simposio de Cuenca. Pero es verdad lo ya dicho: que la intelectualidad conquense no vivio de espaldas a aquella oportunidad y acontecimiento sapiencial del ano 1978. En Cuenca, la intelectualidad tenia un senero: Miguel Jimenez Monteserin.

Este Monteserin, cuyo libro sobre el Auto de Fe en Cuenca da motivo a estas reflexiones, es autoridad en el ambito cientifico de la investigacion inquisitologica, y lo es directamente y per se--no solo tangencialmente-. Pero tambien, en otros ambitos historicos, es sobrado decir qu'il tient la grande forme.

En cuanto a su relacion con Cuenca, se de ciencia experimental que es anfitrion de lujo, vox civitatis, cronista y sabidor de San Julian y de la Valeria Conchensis, de sus aconteceres y desarrollos.

El Doctor Jimenez Monteserin esta, por tanto, ligado a Cuenca por afecto; pero tambien por su trabajo profesional que le religa en el terreno administrativo como Archivero Municipal que es; en el terreno de las instituciones culturales--como Correspondiente de la conquense Real Academia de la Historia, y como Numerario de la tambien conquense Real Academia de Artes y Letras-. Asimismo ha participado de modo habitual en el cuadro profesoral de la universidad de Castilla-La Mancha (sede conquense) y ha sido--continua siendo--colaborador necesario--necesario de facto--de todo evento mayor de indole cultural: como, por ejemplo, la exposicion recientemente dedicada a Sebastian de Covarrubias.

La produccion literaria de Jimenez Monteserin es amplia. Libros como Sexo y bien comun. Notas para la historia de la prostitucion en Espana (1994), Vere Pater Pauperum. El culto de San Julian en Cuenca (1999), Literatura y Cautiverio. El maestro Fray Pedro de Orellana en la Inquisicion de Cuenca (2004) son indicacion de un amplio abanico de intereses con un comun denominador: el de un trabajo bien hecho y guiado por el afan erudito. No se trata de una relacion exhaustiva. Las paginas de su monografia sobre Don Diego Ramirez de Villaescusa y la prerreforma espanola--publicada en 2009--venian a anadirse a una copiosa produccion.

Si quisieramos senalar su eclosion como investigador y comunicador deberiamos referirnos a aquel I Symposium Internacional sobre la Inquisicion espanola, que se celebro en Cuenca a fines de septiembre de 1978 y que fue relevante en el cambio de orientacion de las investigaciones acerca del Santo Tribunal. Monteserin participo en el intensamente. Tenia veintisiete anos. Pienso que su primerisima obra impresa habia sido algun estudio de Inquisicion; pero lamentablemente lo desconozco. Procedamos, pues, con orden, y, mas en concreto, con orden cronologico, que sera lo mas acorde a la presentacion de un hombre de Historia.

El autor nacio en Madrid en 1951. Brillante curriculum universitario, que discurre primeramente por las dos Universidades domesticas madrilenas--la Autonoma--(Licenciatura en Historia Moderna y Contemporanea--Premio Extraordinario--) y la de Alcala (Doctorado en Historia--Premio Extraordinario--), para sumergirse luego en ambito francofono, en la Marc Bloch de Strasbourg (Doctorat es Lettres) y en la Paul Valery, Montpellier Ill (Habilitation a diriger des recherches). Baste lo dicho para ilustracion de quienes ahora lo descubren.

En julio del '78, dos meses antes de la celebracion del memorable Simposium Internacional, estaba Monteserin redactando el preambulo a una coleccion de documentos fundamentales sobre la Inquisicion que habia preparado con finalidad de publicarlos. Esa coleccion apareceria pronto en un volumen estructurado en cuatro partes: refrendos, configuracion, funcionamiento, autos de Fe; como broche final, un apendice que contenia sobre todo un glosario de voces extraido de Llorente. Los documentos--muy bien dotados de aparato critico y de comentarios eruditos--vinieron a titularse Introduccion a la Inquisicion Espanola. Instrumentos basicos para el estudio del Santo Oficio: estaba claro que aquellas paginas, por su materia y estilo, no pertenecian al genero de la literatura gotica. Sin embargo--tributos al marketing editorialel libro, que merecio los honores de la Editora Nacional, fue situado en la Biblioteca de visionarios heterodoxos y marginados y salio publicado en 1980, ano emblematico por cierto, en que vio la luz una importante literatura inquisitorial de nuevo cuno. En la primera pagina del preambulo se leia: <<El primero de noviembre de este ano de 1978 se conmemora el quinto centenario del establecimiento del Santo Oficio de la Inquisicion sobre los Reinos que componian entonces el entramado politico de la Corona Espanola recien unificada>>. Con tal establecimiento se intentaba <<una nueva version del Tribunal de la Fe, hasta entonces en manos del Papa, por medio de sus delegados los Inquisidores extraordinarios, en colaboracion con los Obispos, el cual habia venido disuadiendo a partir del siglo XE a los habitantes de la Europa Occidental de cualquier intento de adoptar posiciones teoricas o actitudes eticas que divergen de la ortodoxia lenta y trabajosamente fijada hasta entonces a golpe de herejia y condena>> (Monteserin, Introduccion a la Inquisicion, p. 13). Algunos parrafos despues, emergia una novedad que era prolepsis de la nueva vision y nuevos horizontes que iban a ser reconocidos en septiembre. <<Respecto a la Inquisicion--decia--la actitud cientifica mas acorde ha de ser pues, la de suspender el juicio de valor, por pintorescas que puedan parecernos las motivaciones esgrimidas por sus apologetas. Ateniendonos al mas amplio analisis de los hechos se ha de intentar evocar al acercarnos a ella el cuadro de conjunto en que cada acontecimiento aislado ha tenido lugar>> (ibid., p. 17). Con tales terminos Monteserin abogaba en pro de la reconstruccion prudente de los hechos, del analisis atento y sincero de causas y efectos y, en definitiva, de un tratamiento justo segun la racionalidad de la ciencia historica. Nam quis nescit primam esse historiae legem ne quid falsi dicere audeat? Deinde ne quid veri non audeat? Ne quae suspicio gratiae sit in scribendo? Ne quae simultatis? (Ciceron, De Oratore lib. Il, XV, 62).

El Simposio Internacional tenido en Cuenca sobre la Inquisicion Espanola (Symposium lo llamaron en su comienzo los organizadores) significo--como ya he dicho--una inflexion definitiva en el tratamiento de una gran cuestion batallona. Las ponencias, comunicaciones y trabajos de aquellos dias intensos--tambien de dialogo y debate--aparecieron dos anos mas tarde, en el otono de 1980, en un volumen de mas de 1.000 paginas bajo la marca editorial <<Siglo XXI>>. El libro se titulo La Inquisicion espanola. Nueva vision, nuevos horizontes. El Santo Tribunal--como sabemos muy bien--habia generado una controversia emponzonada: blanco contra negro; propugnadores de inquisicion, religion y patria frente a detractores y negra leyenda. Aquel Simposio y las publicaciones que derivaron de su celebracion estrenaron una epistemologia superadora de apriorismos, establecida sobre base documental y archivistica e inspirada por el prioritario afan de verdad que compete a la historia. No pretendio aquel Simposio obtener un veredicto etico ni moral acerca de la plurisecular Institucion y de su pertinaz y denostado ejercicio; por el contrario, se busco una purificacion de la optica y una actitud y disposiciones que garantizasen el dialogo sincero.

Hacia quince anos el papa Pablo VI habia publicado la Enciclica Ecclesiam suam que abria las puertas de par en par al dialogo en todas las areas del trabajo pastoral de la Iglesia: y, en consecuencia, tambien de la historia: ?no es precisamente la historia un componente necesario de todo enjuiciamiento pastoral? <<La pastoral--escribe Juan Pablo II en la Pastores dabo vobis, no. 57d--no es solamente un arte, ni un conjunto de exhortaciones, experiencias y metodos; posee una categoria teologica plena, porque recibe de la fe los principios y criterios de la accion pastoral de la Iglesia en la historia, de una Iglesia que engendra cada dia a la Iglesia misma, segun la feliz expresion de San Beda el Venerable: Nam et Ecclesia quotidie gignit Ecclesiam. Entre estos principios y criterios se encuentra aquel especialmente importante del discernimiento evangelico sobre la situacion sociocultural y eclesial, en cuyo ambito se desarrolla la accion pastoral>>.

Entre las numerosas intervenciones que tuvieron lugar en el Simposio, la ponencia de Miguel Jimenez Monteserin se caracterizaba por su progetto indovinato. Para aquellas fechas--en 1976, dos anos antes por lo tanto--Carlo Ginzburg habia llamado la atencion en torno a la cultura de las clases subalternas con su libro U formagio e i vermi (Einaudi, Torino): <<Antes era valido--decia--acusar a quienes historiaban el pasado, de consignar unicamente las gestas de los reyes. Hoy dia ya no lo es, pues cada vez se investiga mas sobre lo que ellos callaron, expurgaron o simplemente ignoraron. ?Quien construyo Tebas de las siete puertas? pregunta el lector obrero de Brecht. Las fuentes nada nos dicen de aquellos albaniles anonimos pero la pregunta conserva toda su carga>>. Ginzburg rebosa satisfaccion. Sus paginas son superadoras de una heroica cima: ?seria posible, acaso, historiar la cultura de quien no escribe ..., ni habla ..., ni se expresa en signos perdurables? ?Acaso sera posible algo mas que recoger la huella involuntaria de sus opiniones mudas, forzadamente impuestas por las clases superiores? Ginzburg cree haberlo logrado: Su libro presenta un molinero del Friuli, llamado Domenico Scandella, apodado Menocchio, que acabo sus cenicientos dias en el brasero inquisitorial. El hombre fue investigado en sendos procesos separados entre si por tres lustros. Los documentos nos detallan una vida anonima sin otro relieve que sus opiniones, sentimientos e interpretaciones tan curiosas o extraviadas como suelen serlo, para sujetos de la plataforma cultural reconocida, tantos modos de vivir y pensar de gentes originales e inquietas conducidas por su <<filosofia>> propia y sin contraste cientifico alguno. La inquisicion brinda papeles de la vida economica de Menocchio y de las costumbres de sus hijos. Sabia escribir y de hecho disponemos de algunas paginas de su puno y letra y de alguna lista de libros por el leidos. El interes de Ginzburg era legitimo y su satisfaccion razonable: en U formagio e i vermi descubrimos <<in exemplo>> una reconstruccion de <<cultura de clases subalternas>>, como diria Gramsci; o de <<cultura popular>>, como preferiria Mandrou. Porque Ginzburg no era el primero en fijarse en la cultura del sustrato social: ya lo reconoce el. Aunque--cierto es--se implicaba en una labor reciente e incluso inicial.

El interes por la <<cultura de las clases subalternas>>--<<cultura popular>> o <<cultura de masa>>, segun otras preferencias--tenia carta de naturaleza en el horizonte del mester historico desde los anos '60. El profesor Robert Mandrou inicio por entonces, en el seno de l'Ecole pratique des Hautes Etudes--Paris/Sorbonne--, un Seminario sobre este objeto, cuyo interes se hizo publico y patente en las breves sesiones de Royaumont (junio de 1963): con ellas concluyeron los tres anos de aquella investigacion participativa e intensa: estudio, discusion y dialogo, lecturas y reflexiones. Por fin el escrito. El balance se materializo en el libro: De la culture popular aux 17e et 18e siecles: la Bibliotheque Bleue de Troyes (Stock, Paris, 1964, traducido al espanol en Barcelona, Labor, 1973). Cfr. et. Emmanuel Le Roy Ladurie, Les paysans de Languedoc (Flammarion, 1966 y 1969). Esta obra deviene de la tesis doctoral defendida en 1960 por el autor, maximamente conocido como representante de la tercera generacion de Annales; posteriormente, cfr. sobre todo ID., Montaillou, village occitan de 1294 a 1324 (Gallimard, 1976). No es preciso ahora hacer aqui mencion exhaustiva de las obras de Le Roy Ladurie en epoca posterior al simposio conquense. Para senalar el interes historico de la <<cultura de masa>> y de la <<cultura popular>> en los momentos del simposio e inmediatamente posteriores basta con lo senalado; si acaso, tal vez procede mentar <<in genere>> todos los ensayos de <<historia desde abajo>> y de <<microhistoria>> en que Le Roy ha sido un guia. Pero lo dicho es mas que suficiente para subrayar el acierto de una ponencia como la de Monteserin que enfocaba la cultura de los fondos sociales mas sencillos de Cuenca.

Teofanes Egido, que estuvo presente en la intervencion de Monteserin, asegura que el joven investigador estuvo sembrado: <<excepcional en su lenguaje inteligente, rebosante de ironia comunicativa>> (T. Egido, Prefacio a Monteserin, Triunfo de la Catolica Religion, c., 10). Como esas personas espabiladas que se mantienen al quite, te solucionan entuertos y te soplan de antemano lo que conviene, Monteserin se habia implicado en la organizacion del Simposio con agil viveza. Todavia hoy perdura todo su nervio; su talante directo; agudo.

2.4. El distinguido arte de puntualizar

Pero volvamos al Simposio conquense. El primer mensaje de Monteserin--el que Teofanes escucho--fue hablado (para el que pudo escribir algun texto mas condensado como preparacion previa). Asi pudieron hacerlo todos cuantos participaron. Jose Luis Gonzalez Novalin--que publico su ponencia en las actas de aquel mismo Simposio--escribe esta advertencia ilustradora: <<Cuando doy la forma definitiva a la conferencia que fue pronunciada en Cuenca, la historiografia sobre la Inquisicion espanola se ha enriquecido con un nuevo libro, debido a la pluma de Bartolome Bennassar ...>> (Nueva vision, nuevos horizontes ..., p. 193. [Perdoneseme la simplificacion del conocido titulo]). La ponencia pronunciada por Monteserin aparecio publicada --como las demas ponencias--dos anos mas tarde en el volumen Nueva vision, nuevos horizontes ..., como ya he dicho. El trabajo es, sobre todo, un <<provisional muestreo de procesos>> (cfr. p. 729), una avalancha desenvuelta y torrencial. Luego a luego de la lectura, el texto se muestra suculento; la acumulacion precisa, exacta atrapa la atencion; emergen conclusiones consolidadas.

Si. Es lo que simpaticamente dice en el proemio Teofanes Egido: Monteserin corregia a Ernst Schafer. Esta claro: Monteserin corrige las <<precarias cifras>> de procesados por luteranismo en los tribunales de Cuenca, utilizadas por el hispanista aleman a fines del XIX: <<Sostiene dicho autor que entre 1556 y 1585 se celebraron en Cuenca siete procesos contra presuntos luteranos. Nosotros, ateniendonos estrictamente a la mencion indicativa del delito consignada en el registro de procesos, hemos contabilizado 71 a lo largo del mismo periodo. Los anos referidos son, desde luego, los de mayor actividad del Tribunal en este terreno, puesto que la totalidad de procesos realizados se eleva a 82 entre 1554 y 1600. Porcentualmente resulta escasa la incidencia global de dicho delito, apenas un 3 por ciento sobre los 2.772 consignados a lo largo de la etapa considerada. Y todavia sera posible ajustar algo mas estos datos cuando se publique el segundo tomo de Registros que actualmente ultima el ya citado archivero don Dimas Perez>> (Monteserin, ibid., pp. 694-695). En todo caso, la correccion viene exigida por el progreso de la investigacion sin ningun menoscabo de la auctoritas del hispanista aleman, cuya solidez--como la de Charles Lea--solo puede mencionarse con reconocimiento (cfr. Perez Villanueva, Presentacion a o.c., p. 2). <<Ya Schafer comprendio--no tarda en reconocer Monteserin--que en Espana no hubo un luteranismo autentico, porque dificilmente podia desarrollarse este en un medio que, inicialmente hostil, habia ademas aumentado su rechazo como consecuencia de los recursos institucionales puestos en juego con el mismo fin>> (p. 700).

De mayor calado es la merecida correccion a don Julio Caro Baroja, que se sorprende al encontrar en la Inquisicion de Cuenca mayor presencia que en la toledana de <<la incredulidad como figura de delito>>. La ilustre personalidad del etnografo no ha parado mientes sobre la diversidad que separa la forma mentis del canonigo archivero que reconstruyo la catalogacion y las diversas formae mentis propias de las respectivas personalidades que intervinieron en los procesos bien como inquisidores o actores inquisitoriales o bien como procesados. Jimenez Monteserin nos habla ya de la sorpresa que causa la lectura de los textos procesales: <<Un modo popular y poco conocido de ser hereje luterano--nos advierte--se nos manifiesta tras la consulta de la mayor parte de los procesos que, bajo tal rubrica, se agrupan en el Registro de los Documentos del Archivo de la Inquisicion de Cuenca. Tras su lectura salen reforzadas ciertas intuiciones previas utilizadas como hipotesis de trabajo y, desde luego, se muestra con todo vigor el papel desempenado por la Inquisicion como instrumento de vigilancia y hasta, paradojicamente, de difusion de actitudes presuntamente hereticas, a traves de su tarea primordial de configurar de modo uniforme y seguro la opinion popular>> (p. 690).

En el caso de Caro Baroja lo correcto hubiera sido entrar a las piezas singulares alojadas bajo unas categorias demasiado amplias. Pero no

lo hizo asi, como se deduce de las muchas (e indicativas) referencias al Catalogo de Cirac, con que Baroja insiste en pasajes referidos a Cuenca. Sin duda se ha fiado en exceso del prestigioso canonigo conquense, dando por bueno todo el trabajo del archivero. Sin acordarse del refran siempre al acecho: quandoque bonus dormitat Homerus. Por eso concluye la nota de Jimenez Monteserin: <<Lamentamos igualmente que sus conclusiones acerca del volumen y caracter del luteranismo popular en Cuenca difieran sustancialmente de las nuestras. Ni hemos hallado criticas hacia los abusos de Roma entre los espanoles, ni pensamos que los franceses, a pesar de su origen geografico mayoritario, fueran mas calvinistas que otra cosa dada la enorme pobreza de contenido de su propio discurso religioso. Son los riesgos de no contrastar las resenas de los catalogos con el tenor autentico de los documentos. Si coincidimos en cambio en que fundamentalmente era un concepto de unidad global en todos los terrenos lo que Inquisicion y Estado perseguian uniendo sus esfuerzos>> (cfr. pp. 693-694, n. 10; cfr. et. J. Caro Baroja, Las formas complejas de la vida religiosa, VIH y IX, Madrid, 1978).

En efecto, los luteranos--o por mejor decir los procesados en Cuenca como Luteranizantes--en muchos casos, apenas eran otra cosa que vulgares ignorantes, parlanchines y desenfadados frescales, que prolongaban la corriente de los disolutos siempre reconocibles desde la Edad Media. Espiritus goliardicos a veces, picaros y pedantescos vividores dotados de cierta vis comica seguramente no pretendida. Tambien se mezclaron en el marasmo, justo es decirlo, predicadores y confesores ignorantes que hablaban de las vagarosas noticias que en sus mentes albergaban ampliando la confusion en un pueblo analfabeto. <<Probablemente se contendiera en algun caso con autenticos adeptos de la Reforma--?de cual de ellas sin embargo?, volvemos a repetir-. Las armas empleadas entonces se circunscribieron al simplificador reduccionismo con que en la mayoria de las pugnas doctrinales donde la correlacion de fuerzas entre los contendientes es desigual se procura abreviar, llegando hasta su virtual caricatura, los puntos de disidencia heterodoxa considerados fundamentales con el fin de obtener unos terminos de referencia judicialmente manejables>> (pp. 734-735).

Uno se pregunta hasta que punto podia llevarse adelante con mediana autenticidad lo que parece una batalla contra las musaranas. Todo tenia no obstante su razon de ser: <<En el concreto tema del luteranismo la mentalidad de asedio interior no fue, evidentemente, exclusiva ni de la respuesta espanola ni tan siquiera de la respuesta catolica, pero en esta situacion sirvio simplemente de apoyo a unas intenciones politicas y religiosas coherentes con la situacion europea del momento. No debio tardar mucho la Inquisicion espanola en comprender que no se habia producido en modo alguno el temido contagio heretico con el exterior, ni a traves del mensaje verbal de los disidentes, ni tampoco de sus escritos de propaganda, y por ello hay que ver en la campana anti-luterana algo mas que una simple actitud defensiva. Es evidente que el tenor externo y oficial de la operacion siguio siendo el de llevar adelante un combate contra la retaguardia interior de aquellos mismos enemigos que los ejercitos del Estado tenian frente a si en Europa. Sin embargo tal mentalidad de cruzada sirvio sobre todo de apoyo al logro de aquellos designios didacticos, desde el punto de vista pastoral que la Reforma Catolica se habia propuesto logrando primordialmente un implantacion religiosa mas eficaz, en el contexto de un catolicismo mejor proclamado conocido en su definitiva plasmacion doctrinal tridentina>> (pp. 735-736).

Trataba de los luteranos que fueron delatados en la Inquisicion de Cuenca desde 1525. Corregia sustancialmente a Schafer y, lo mas importante, daba noticia de la presencia de actividad luterana o luteranizante (o lo que fuera que no es tan facil de discernir) que no era la conocida de los focos predilectos de Sevilla y Valladolid. El autor de la ponencia, naturalmente, era un joven profesor, Miguel Jimenez Monteserin que tanto trabajo en aquel Simposio ... (Prologo, 10).

2.4. Las paginas de Triunfo de la Catolica Religion

Es el que tenia entre mis manos--hace ahora un ano y medio--aquella noche conquense, cuando las Navidades se anunciaban con el frio y las estrellas. Ahora ya lo he leido y es una obra literaria turgida, cuyo analisis no pretendo, porque veo que son muchas las ramas y muchos los pajaros que se albergan en su espesura. El libro es una selva. El libro es apasionante. Tremendos sus grabados. Dolorosos sus testimonios. Antiguos los origenes y tradiciones que se estudian.

La Inquisicion se ha hecho famosa en Espana y en el extranjero por el secreto de sus procesos que la hizo temible. Por el recurso a la tortura a fin de verificar declaraciones o arrancar confesiones y vencer resistencias. Por los Autos de Fe: son muchos los que sin conocerlo se horrorizan, porque dan por hecho que en los Autos los suplicios y la barbarie excesiva culminaban en una muerte inutil. La elocuencia de la tragedia: es esencialmente evocacion que subyuga: atrapa hasta ser participada.

El Auto de Fe era la publicacion de las sentencias y la predicacion solemne de la verdad evangelica. La autoridad civil seria la encargada de ejecutar la maxima coercion de la pena capital, si el caso lo pidiese.

El Auto de Fe era ante todo--en la epoca barroca--un gran espectaculo, que el pueblo asimilaba con sencillez brutal Era la celebracion de un triunfo: el de la Verdad, que tiene su hora, aunque el error tambien haya tenido la suya. El exito del procedimiento inquisitorial se pondria finalmente de manifiesto una vez logrado el invencible pavor. Proclamado el triunfo de la verdad, todas las conciencias singulares de los bienpensantes quedaban autorizadas. Una irresistible catarsis vigorizaba el prestigio de las conciencias protectoras y el orden publico quedaba aseado y reinstalado. <<Recurso puesto ademas al servicio de un sistema politico, valida del cual, la monarquia perseguia ante todo integrar, sometiendolos, cuantos fragmentos operativos de poder rival pudieran hallarse en las diferentes instancias mas o menos estructuradas u organicas que en cada momento daban expresion a la realidad social de cada uno de los reinos integrantes de la corona hispana>> (Triunfo, pp. 20-21).

A grandes rasgos, el esquema de la ceremonia era este, al menos en la primera epoca de la Inquisicion: concluidos los procesos y despues de consultar al obispo de la diocesis, se les leia a los procesados en lengua vernacula, ante notario y con testigos, la sentencia resultante de acuerdo con el tenor que se haria luego publico. Cada uno de los procesados tendria su puesto asignado que se les daba a conocer la vispera del evento. El dia senalado, lo primero era el Sermon, precedido de la publicacion de indulgencias que iban a ganar los asistentes al acto. El Sermon se recomendaba fuese breve, porque las ceremonias que seguian iban a ser muchas y complicadas. No se omitia el juramento de cuantos participaban en la Jurisdiccion Real en cualquiera de sus grados: al jurar se obligaban a prestar su colaboracion a la defensa de la Fe. Obrando asi, obedecian a las disposiciones pontificias que bajo pena de excomunion imponian a las autoridades civiles mantenerse a disposicion de las autoridades inquisitoriales.

Seguidamente se declaraban las penas ya cumplidas exonerando a los antiguos reos de los signos exteriores que las significaban. Luego se leian las sanciones que se iban a imponer correspondientes a delitos graves. La relacion iba <<in crescendo>>: primero los delitos menores--por los cuales habianse de hacer peregrinaciones o se iban a imponer penas de carcel--. Luego las penas de los sacerdotes condenados --pongo por caso--que tal vez habian de ser previamente degradados y expulsados del estado eclesiastico para padecer despues su humillante pena. Luego se senalaban los evadidos ... o los difuntos ...; en fin, los herejes convictos.

No faltaban ocasiones en que la rebelion podia mas que el temor a la pena inmediata: se alzaban en publico negando sus declaraciones y provocando desconcierto en los que asistian. Por eso solo se les preguntaba <<coram populo>> acerca de su arrepentimiento y de su piadosa sinceridad. Bien se guardaban los inquisidores de hacer preguntas comprometidas que pudiesen acarrear desprestigio al Tribunal. Venia luego la abjuracion de las herejias proferidas o mantenidas con pertinacia y seguidamente se cantaba el Miserere durante el cual, simbolicamente, los clerigos presentes azotaban o fustigaban a los condenados. El acto se cerraba con la lectura de las sentencias primero en latin y luego en lengua vernacula; pero con declamatorio empaque, con la solemnidad acostumbrada (cfr. Triunfo, pp. 40-45).

El auto debia celebrarse con publicidad, porque la afluencia del pueblo formaba parte de la eficacia de la celebracion; pero era suficiente celebrarlo en una Iglesia o en su atrio. En fin, en una plaza publica por el numero de reos o por la curiosidad de las gentes en razon de las penas (cfr. pp. 41-45). En apreciacion de Monteserin, <<parece que el primer Auto de Fe de la Inquisicion espanola tuvo lugar en Sevilla el 6 de febrero de 1481, poco tiempo despues del establecimiento del Tribunal alli, pero de el tan solo nos ha llegado la noticia escueta y conmovida de algun historiador contemporaneo. Mas explicitos son en cambio los relatos conservados de algunos de los autos celebrados en Toledo el ano 1486 a raiz del traslado a esta ciudad el ano anterior del Tribunal que venia actuando en Ciudad Real desde 1483>> (Triunfo, p. 47).

A comienzos del siglo XIX Llorente definia lo que era, ya en aquel momento y practicamente con caracter definitivo, un Auto de Fe: <<la lectura publica y solemne de los sumarios de procesos del Santo Oficio y de las sentencias que los inquisidores pronuncian estando presentes los reos o efigies que los representan concurriendo todas las autoridades y corporaciones respetables del pueblo y particularmente del juez real ordinario, a quien entregan alli mismo las personas y estatuas condenadas a relajacion, para que luego pronuncie sentencias de muerte y fuego, conforme a las leyes del reino contra los herejes y enseguida las haga ejecutar teniendo a este fin preparados el quemadero, la lena, los suplicios de garrote y verdugos necesarios a cuyo fin se le anticipan los avisos oportunos por parte de los inquisidores>> (Historia critica, Barcelona, Juan Pons, 1876, II, pp. 569-570. Apud Monteserin, Triunfo, pp. 82-83).

Partiendo de tal esquema teorico previo cabia luego distinguir entre Auto general, celebrado <<con gran numero de reos de todas clases>>, y Auto particular, en el que salian tan solo <<algunos reos sin aparato ni solemnidad>>. El Auto singular afectaba a un reo unico y se celebraba unas veces en la plaza publica y otras en el interior de una Iglesia. El Autillo era el auto singular celebrado en el interior de las salas de tribunal, donde cabia distinguir aun que fuese a puertas abiertas o a puertas cerradas, y en este ultimo caso que asistiesen a el un numero fijo de personas de fuera del tribunal o tan solo los ministros del secreto (cfr. Monteserin, Triunfo, p. 83).

De todos modos, con justicia nos ha advertido Monteserin, que <<el auto de Fe no era una especialidad hispana, ni en cuanto al nacimiento, ni tampoco en su calidad de ceremonia publica, expiatoria, preliminar al castigo de delitos cometidos en el ambito penal sacro o profano. Su origen, como el del propio Santo Oficio, era medieval, y su ritual mismo habia quedado fijado ya por los dominicos cuando estos frailes actuaban contra los herejes cataros y valdenses por el sur de Francia en el siglo XIV>> (Triunfo, p. 30).

Un paso de gran relevancia historica que hace extraordinariamente temible la mano inquisitorial es cuando la herejia considerada un crimen contra Dios se asimila sin distingos al mayor de los delitos en el orden politico y civil: el crimen de lesa majestad. Fue Inocencio III quien realizo en 1199 tamana fusion conceptual, que sometia al disidente a las penas previstas por el derecho romano: <<Si a los culpables del delito laesae Majestatis, castigados segun las penas legales con la muerte, se les confiscan sus bienes, perdonandose la vida de sus hijos por pura misericordia, cuanto mas aquellos que alejandose de la fe en el Senor ofenden a Jesucristo, Hijo de Dios, deben ser por sentencia eclesiastica separados de nuestra cabeza, que es Cristo, y despojados de los bienes temporales; pues es mucho mas grave delinquir contra la majestad eterna que contra la temporal>>. Cfr. canon Vergentis, Decretales, V, VII, 10. (Apud Monteserin Triunfo, pp. 58 y 127).

El libro de Jimenez Monteserin, justo es decirlo, tiene en su exuberante riqueza --que hubiera tenido el mejor de sus avales en unos indices tanto de personas como de conceptos--algunas limitaciones que debera tener en cuenta el lector. Incurre, por ejemplo, con cierta frecuencia en apreciaciones concesivas sobre la sociologia clerical, sobre los defectos de los eclesiasticos--por ejemplo--; admite sin matices la aceptacion extendida entre los juristas y eclesiasticos de confusiones de bulto, como la confusion entre delito y pecado, u otras afirmaciones basadas en opiniones que se dan luego como argumentos. No digo, claro esta, que deban ser disimulados los defectos estamentales/personales o cualquiera de los triunfalismos/clericalismos que la historia recuerda; digo solo que deben ser demostrados o sopesados en su justa medida. El gran M.-D. Chenu gustaba definir la teologia como fides in statu scientiae. Fides in statu scientiae historicae, en este caso. Me viene a la mente Bruno Neveu y su libro L'erreur et son juge: gran ejemplo a valorar y del que aprender.

EPILOGO

Y ?que es un auto de fe? En una sociedad olvidadiza y aprioristica--que, envuelta en sus harapos, desprecia cuanto ignora--?acaso lo saben tantos? Las paginas de este libro en torno al cual se han devanado pensamientos, brindan el tesoro de sendos relatos mellizos del auto celebrado en Cuenca con todos los brillos, con toda la parafernalia exigida por la epoca barroca.

La actual ciudad de Cuenca todavia permite descubrir sin esfuerzo aquel nucleo urbano primitivo: la fortaleza musulmana levantada para coadyuvar al control islamico del territorio. Situada sobre un tramo del valle del Jucar--en la trayectoria de Toledo hacia Levante y hacia Cordoba--tenia un cierto valor estrategico tanto mas que desde su altura facilitaba el acceso casi inmediato hacia los bosques de la serrania. Las sedes episcopales que habian existido en la antiguedad son recordadas todavia hoy por las excavaciones en Valeria y Ercavica--la primera de ellas hispanoromana y la segunda, visigotica--. Territorio por lo tanto de raigambre cristiana y escenario de ese loado encuentro de los tres grandes cultos y culturas: cristianismo, judaismo e islamismo. La mas reciente denominacion dada por la Santa Sede a esta antigua diocesis--en la bula de nombramiento de su actual obispo--es la de Valeria Conchensis, con segura intencion de abrazar la historia entera del cristianismo desarrollado alli a lo largo de siglos y de sucesivas refundaciones de la capitalidad episcopal.

El actual contemplador de la ciudad conquense admira todas las anfractuosidades del terreno carstico sobre el que la poblacion ha ido creciendo. Cuenca ha sido siempre pequena. Pero ha desarrollado una idiosincrasia que todavia hoy--y tal vez hoy mas que nunca--la haria objeto de deseo, si estuviese dotada de una infraestructura que favoreciese el turismo intelectual. No me refiero solo a los obispos ilustrados que honraron la ciudad en el siglo XVIII, a la biblioteca del Seminario Conciliar que puede senalarse como un magnifico repositorio libresco de dos siglos de cultura, a la catedral de Santa Maria y San Julian, primera catedral--y en cierto modo unicade estilo normando, ni a sus iniciativas anuales--como la Semana Santa y la Semana de la Musica que convierten la poblacion periodicamente en un emporio-. Me refiero sobre todo sin embargo a su idiosincrasia elocuentemente inquisitorial. Cuenca es una ciudad inquisitorial como lo es por ejemplo Pisa, patria de Galileo Galilei. Se dira y con razon que tambien lo son Toledo, Avila, Sevilla u otras celebres ciudades que albergaron grandes episodios inquisitoriales. Cuenca sin embargo, en su tamano tan medido y en su dotacion generosa de antiguas iglesias y tambien en su nunca fenecida necesidad celebrativa ha sido en su totalidad y repetidamente escenario del acontecimiento inquisitorial con participacion exhaustiva de toda la ciudad y su ciudadania.

Si entramos a la ciudad por el norte atravesamos en primer lugar el estrecho paso con petreas barandas a los dos lados, que nos resguardan, a la derecha del abismo, sobre la hoz del Jucar y, a la izquierda, del otro abismo sobre de la hoz del Huecar, que talla el penon por el este y va a desembocar en el Jucar tras rodear el antiguo caserio amparado por el Castillo, la Catedral y la Torre de Mangana que tipifican la poblacion. Tal vez--hay quienes lo piensan--, por la misma puerta norte el joven Alfonso VIII penetro en la fortaleza el 21 de septiembre de 1177: alli se puso--recordando la campana de asedio y tras las primeras funcionales y dubitativas vicisitudes--la sede de la Inquisicion conquense y alli perduro durante mas de dos siglos (1583-1812): habiendo sido durante el cuatrocento, asiento de los Hurtado de Mendoza--senores y, luego, marqueses de Canete-. Comprobados los flirteos de los Hurtado con los reyes de Aragon, el obispo don Lope de Barrientos se mostro fiel a Juan II de Castilla y con la ayuda de los cristianos nuevos (conversos) dejaron el Castillo arrasado y asegurado su solar y ruinas para Castilla. Felipe II, en efecto, cedio el solar para la Inquisicion a fin de que tuviese morada propia. La obra se acabo en 1609; pero desde 1583 la Inquisicion habia puesto su asiento alli.

El camino nos lleva con obvia decision hasta la Plaza Mayor, dejando atras el Carmelo de las Descalzas (s. XVII), la Iglesia de san Pedro (s. XVI) ubicada en la plaza del Trabuco. Seguidamente la calle de San Pedro desciende entre casas blasonadas y edificios religiosos como las descalzas, los jesuitas, las comendadoras o la casa del Arcediano (actual no. 40 de la calle)--que fue desde 1574 hasta 1583, sede de la Inquisicion-. Por fin se llega a la Plaza Mayor, a la que se entra por el norte. A la derecha del que acaba de llegar a ella, en el testero norte de la plaza se encuentra la fachada de la Iglesia de las Justinianas (llamadas Petras por los naturales en razon de la calle que alli desemboca y por la que hemos descendido desde el Castillo). Alli mismo solia construirse el cadalso principal para los Autos de Fe. Pero la injuria del tiempo habia transformado en fealdad lo que primero fue simple deterioro. La apretada construccion de las casas pedia a gritos, era ya el siglo XV, el derribo de varias construcciones: asi se hizo y se pudo explanar la plaza tan necesaria para la solemnidad de los Autos de fe deslucidos hasta entonces por la estrechez de la calle y plaza y por el mercado que semanalmente impedia cualquier otro acto. Fue el cabildo catedral el que habia sufragado aquellas obras tan merecidamente alabadas.

Pienso que desde entonces la Plaza Mayor no ha experimentado cambios notables. Han desaparecido de la ciudad conventos y lugares de culto que en otros tiempos eran sahumerio espiritual para elevacion de un locum que habia presenciado in plenitudine populi tantas celebraciones (21).

POST SCRIPTUM

Quedan por tratar dos cuestiones que, de haberlas admitido en la marcha del discurso, hubieran sido evidente incomodo para la claridad. Las dos se refieren a Cuenca sin embargo. Y son la que siguen.

Nota 1. Escribir bien es hablar bien

T. Egido, en su Prefacio a Triunfo de la Catolica Religion, anteriormente citado, completa su elogio a la ponencia de Jimenez Monteserin con estos terminos: <<No ha cejado de ofrecer productos, si es que esto se puede decir asi cuando se esta hablando de historia, de primera calidad por el fondo documental que los sustenta, por el rigor critico que, ademas, es companero habitual de Miguel Jimenez Monteserin, por el interes que tienen, y porque, ademas, y no es nada secundario, estan muy bien escritos>> (p. 10).

Estamos hablando de Cuenca. Y Cuenca es una referencia de las Letras. El Ingenioso Hidalgo tuvo ricas aventuras en la llanura manchega conquense. Lo sublime y lo cotidiano del hombre se han anudado muchas veces sobre esa tierra de contrastes. Antes de los episodios cervantinos, Cuenca, territorio del reino de Toledo, habia sido cuna de la familia Valdes: los hermanos Alfonso y Juan tienen por justicia dedicada una calle, inmediatamente paralela a la Carreteria. Cuenca es, por eso, aureo referente de la Lengua Castellana (22).

En Napoles escribio don Juan de Valdes el Dialogo de la lengua. Desde aquellas mediterraneas orillas se remontaba el filologo por encima del ambiente del hablar italico y memoraba su lengua patria y fontal: <<en cuanto a la variacion verbal trajotrujo ... escoge la segunda forma porque assi lo pronuncio desde que naci. Da a entender el culto erasmizante que se inclina por trujo simplemente por ser uso arraigado en su tierra>>; y en perfecta consonancia con el en el corpus contrastado (y Juan Antonio Frago esta refiriendose al corpus integrado por el manuscrito de 1518 que M. Jimenez Monteserin presento en Vere Pater Pauperum. El culto de San Julian en Cuenca, Diputacion de Cuenca, 1999). En su Cuenca natal--asegura Frago--, Juan de Valdes <<adquirio lo mas fundamental de una formacion linguistica que despues perfeccionaria en determinados aspectos de acuerdo con su sensibilidad y condicionamiento cultural>> (cfr. J. A. Frago apud J. E. Laplana, o. c., pp. 81-82).

Asi pues, a la pregunta de Marzio sobre las normas que Valdes observa en cuanto al estilo--al hablar o escribir en el romance castellano--, el maestro responde: Para deziros la verdad, muy pocas cosas observo, porque el estilo que tengo me es natural, y sin afetation ninguna escrivo como hablo; solamente tengo cuidado de usar de vocablos que sinifiquen bien lo que quiero dezir, y digolo cuanto mas llanamente me es possible, porque a mi parecer en ninguna lengua sta bien lafetation. Quanto a la diferentia en el alcar o abaxar el estilo, segun lo que escrivo o a quien escrivo, guardo lo mesmo que guardais vosotros en el latin (p. 238).

Y tras declaracion tan soberbia interviene Azorin con un destello de luz mediterranea: <<Valdes ha dado la norma definitiva en el estilo: Escribo como hablo. Pero fijese usted en que quien dice eso, es decir, quien escribe como habla, no es el curtidor de la cuesta del rio, ni la zabarcera de la plazuela, ni el pelantrin en el haza, sino Juan de Valdes, o sea, una persona cultivada y leida>> (El Escritor, cap. X, ad finem).

El texto de la ponencia de Monteserin se publico en las actas del Simposio (pp. 689-736). Es evidente que cuarenta y siete paginas sin epigrafes ni divisiones, con abundante texto a pie de pagina, significan tal rimero de cuartillas escritas que no pudieron--prout iacent--constituir el texto de la conferencia hablada. Esta fue sin duda un mensaje mucho mas parco en palabras--no digo en riqueza comunicativa-, especialmente preparado para la circunstancia. Pero hay circunstancias que imperan: y el hablante suelto y expresivo hace de su mensaje un dialogo en que la interpelacion activa, la comunicacion caudalosa--se habla con el alma y con el cuerpo, con la palabra y con la mirada y los gestos--constituye un encuentro interpersonal con posibilidades insospechadas. Hay grados, claro esta. Hay diferencia muy grande entre la lectura de quien ejecuta la pieza del propio escrito con timidez o sin dominio, y aquella otra de quien se entrega a si mismo en su palabra y mensaje. De quien se da a si mismo en una catarata de expresion.

Pero hablar no es escribir. Acabamos de leer el apotegma valdesiano: escribo como hablo. Perfecta radicalidad que senala un tesoro de experiencia. Ahora bien: los mensajes entregados por el hablante pueden entranar dificultades objetivas que se tornan zanjas y murallas para el oyente. Preciso es admitirlo para no incurrir en aquel optimismo ilusorio que Ortega y Gasset a proposito del ensueno cartesiano sobre la universal validez de la logica geometrica. <<!Que alegria, que tono de energico desafio al universo, que petulancia mananera hay en esas magnificas palabras de Descartes! Ya lo han oido ustedes: aparte los misterios divinos, que por cortesia deja a un lado, para este hombre no hay ningun problema que no sea soluble. Este hombre nos asegura que en el universo no hay arcanos, no hay secretos irremediables ante los cuales la humanidad tenga que detenerse aterrorizada e inerme. El mundo que rodea por todas partes al hombre, y en existir dentro del cual consiste su vida, va a hacerse transparente a la mente humana hasta sus ultimos entresijos. El hombre va, por fin, a saber la verdad sobre todo ...>> (J. Ortega y Gasset, Historia como sistema, II, en Obras completas. VI, Revista de Occidente, Madrid, 1952, p. 16).

Siempre resulta instructivo recomponer el iter que media entre la oratoria hablada y el texto escrito. Hablar y escribir lo anteriormente hablado son dos actos bien diversos de comunicacion. El sujeto hablante no estaba solo cuando trasvasaba su mensaje a otro/s sujeto/s--oyente/s, escuchante/s--. Hablar es interaccion.

Ahora, el sujeto hablante se ha transformado en sujeto escribiente. Trabaja a conciencia. La mano que escribe obedece a la inspiracion que esta alumbrando al Yo contemplativo, el cual vierte sobre el papel--en signos sine lingua--el pensamiento, sermo intimus, acopio de riquezas. En el concavo y luminoso centro de una esfera especular y vital, se encuentra el Yo solo, contemplando y plasmando su pensar en la maravilla profundamente humana--material y espiritual--del signo escrito. Como un utero feraz el mundo interior fluye, pretende, crea--por cuanto es una lejana--pero amorosa analogia del Supremo Acto creador. Es imposible--cuando se escribe--evitar la presencia de impulsos, iluminaciones, emociones y afectos--fronda y flora de la vida psiquica y espiritual (23)--que enriquecen o modifican al menos el historico mensaje hablado, el acontecimiento expresivo--tal como se produjo--de la anterior alocucion, de la intervencion hablada--para que no quede duda-. Eso, naturalmente, en el caso de que lo primero sea el acto hablado.

La mera lectura publica de un texto no es oratoria. La escueta lectura de un texto elaborado previamente--con/sin pretensiones de altura--ante un auditorio es la promulgacion de un mensaje desposeido de espontaneidad. Si la espontaneidad es un signo de vitalidad, el discurso meramente leido se ofrece al receptor en espera de una autopsia (24).

Nota 2. Furor teologico y dulzura evangelica

Parte importante del libro de Jimenez Monteserin, Triunfo de la Catolica Religion, son las ilustraciones: a ellas me refiero comentando una de las mas celebres.

No hemos hablado de Avila. Pero la ciudad castellana y teresiana tuvo su Tribunal de Inquisicion el mismo ano que Cuenca: 1489. Ambos tribunales son, por la fecha de su eclosion, hermanos gemelos: sirvan las reflexiones que siguen como un guino a nuestra twin court.

Cuando Pedro Berruguete pinto su celeberrimo Auto de fe presidido por Santo Domingo no advirtio--es claro--el perjuicio que acarreaba a la imagen del Santo Fundador de la Orden de los Frailes Predicadores. Aqui, una vez mas en la historia, el perjuicio se ampara bajo las mejores intenciones. La brillantez ejecutiva del pintor castellano, el soberbio escorzo de estirpe italiana en que el encumbrado Inquisidor es contemplado desde el suelo, los desnudos condenados que esperan el brasero, las irrisorias corozas de los condenados revestidos de sambenitos, los jueces en su paz dudosa y todos los detalles del cuadro asi como la paradojica serenidad del conjunto, en que se evita cuidadosamente el exceso macabro, y en el que no se omite la presencia --muy del gusto clasico--de el bobo inquisitorial que se ha dormido boquiabierto bajo el estrado del Santo: todo contribuye a lo inmarcesible del recuerdo. Pocos cuadros de nuestra Edad Media han sido mas divulgados--reconoce Angulo-. Y asi el capolavoro del pintor de Paredes de Nava se ha tornado durante siglos en el mas cruel sambenito impuesto a la memoria de un hombre digno de los mismos apostoles, miri in predicatione fervoris ... et consolator fidelium (15). Ahora bien, como dice con razon el P. Marie-Humbert Vicaire, <<hoy en dia, ya no hay ningun historiador veraz que atribuya a Santo Domingo el titulo de inquisidor. Una simple consideracion de fechas basta para solucionar el problema. Domingo ha muerto en 1111 y el oficio de inquisidor no ha sido instituido hasta 1131 (Lombardia) y 1134 (Languedoc)>> (26). Enseguida sera necesario volver a considerar algunos flecos pendientes que desbordan esta afirmacion justa y neta del P. Vicaire.

En cuanto al cuadro de Berruguete, anota Angulo, <<contra lo que se ha supuesto hasta fecha reciente, sabemos hoy que su verdadero asunto es la historia del hereje Raimundo, liberado e indultado de la hoguera por Santo Domingo>> (17). La apreciacion de Angulo--como enseguida se vera--es sincera y llena de buena intencion; pero es mas que cuestionable. El pintor castellano ha trabajado en esta ocasion al servicio de la causa inquisitorial inaugurada por Isabel la Catolica. La fecha de composicion del cuadro debe situarse al final del siglo XV. El espectador esta, por tanto, ante un intento de justificacion de los tribunales de inquisicion recientemente implantados en Castilla. Esto parece claro. En Avila--donde el cuadro se expuso al culto, en el centro del retablo lateral de la Iglesia de Santo Tomas--se encontraba la juderia mas numerosa de toda Castilla. Juzguese con que impresionante percusion pudo atormentar por aquellos anos finales de la decimoquinta centuria una sensibilidad de conversos y de judios, que guardaban silencio, impotentes ante la crecida de antisemitismo que inundaba los reinos cristianos peninsulares. La caza al judio se habia desatado. Se justificaba una practica jamas habida en Castilla anteriormente, con la autoridad de Santo Domingo (28).

La magistral pintura no se origina, por otra parte sin presupuestos. La Summa Theologica de Tomas de Aquino recoge con palabras inequivocas el momento doctrinal que se autorizaba en los ambitos universitarios del siglo XIII: <<Cada persona singular se compara a toda la comunidad como la parte al todo. Asi vemos que, si fuera necesario a la salud de todo el cuerpo humano la amputacion de algun miembro, por ejemplo, si esta podrido y puede inficionar a los demas, tal amputacion seria laudable y saludable. Pues bien, cada persona singular se compara a toda la comunidad como la parte al todo; y por lo tanto, si un hombre es peligroso para la sociedad y la corrompe por algun pecado, laudable y saludablemente se le quita la vida para la conservacion del bien comun: pues como afirma San Pablo, un poco de levadura corrompe toda la masa (1 Cor 5, 6)>> (29).

Desconozco los argumentos que llevan a Angulo a aceptar como interpretacion del cuadro de Berruguete la atribucion legendaria a Santo Domingo de una sentencia inquisitorial absolutoria del conde Raimundo tomada a impulsos del carisma profetico. Hay que reconocer con el P. Vicaire que si bien es cierto que el Santo jamas fue inquisidor, <<sin embargo durante casi cuatro siglos, exactamente desde el siglo XIV hasta el XVIII, numerosos escritores dominicos han reclamado para su fundador no solamente el titulo de primero de los inquisidores, sino tambien un influjo sobre este oficio. Algunos historiadores--ciertamente, no aquellos que son especialistas en la historia de santo Domingo--, les hacen incluso un cierto eco de vez en cuando suponiendo una verdadera afinidad entre el Predicador y los inquisidores>> (30).

La figura historica de Santo Domingo de Guzman esta necesariamente en el comienzo del relato de la institucion inquisitorial: no ciertamente como inspirador ni mentor, pero si per connotationem extrinsecam. Por la fama que se le ha atribuido y de cuyos devengos negativos es justo que sea resarcido. En todo caso resulta una cuestion primordial que afecta no solo a la fama y prestigio del Santo Fundador de la Orden de Predicadores, sino tambien a la misma alcurnia del regimen inquisitorial. El Santo, por lo demas, era autentico y humano por demas. En sus ultimas palabras en el lecho de muerte ante sus hijos los frailes predicadores agrupados en torno a el declaro con virginal ingenuidad que nunca se habia manchado con pecados carnales, pero que tampoco podia presumir de haber estado tan por encima de la carnalidad que no hubiese sentido mas agrado en tratar con mujeres jovenes que con viejas. Confesion que tiene todos los visos de historicidad a juzgar por el desconcierto, que llevo a los frailes al intento de raer del recuerdo de su Fundador tamana sinceracion y por la discrecion que luego se impuso en virtud de un acuerdo del capitulo general de la Orden de restituirla al relato y tradicion original (31).

No me resisto aqui a senalar--por su expresividad--esa tabla goyesca--Tribunal de la Inquisicion--que la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando conserva y que aparece (fig. 9)--como no podia por menos--en el Triunfo de la Catolica Religion de Jimenez Monteserin: fantasmagorica vision evocada por unos pinceles, que no oyen sino los rugidos del alma. Sorprendente. Discreta, sin embargo, pues que se trataba de <<tan peligroso asunto>>. Bajo la boveda--que se adivina--de un templo en sombra, cuatro encorozados se abaten presa de extenuante angustia. El secretario del tribunal, sobre un cadalso levantado al amparo de la columna, tiene ante si un libro encuadernado--libro de actas--del que lee o en el que anota detalles que completan aquel dolor de justicia. Enseguida, tal vez, se leera el resultado infamante, en relacion con acusaciones de delitos o con medrosas y oscuras sentencias, que caen como acida lluvia sobre los imputados. El corregidor descansa--o parece que descansa--en la escucha de cuanto afecta a uno de los reos, abochornado, abatido, y expuesto sobre un estrado invadido por la luz intransigente que entra por el ventanal que se supone a la izquierda. Frailes dominicos y familiares de la Inquisicion delimitan el cerco cruel, epicentro de la justicia. Mas alla de este contorno se insinua una muchedumbre imprecisa, agolpada, numerosa (cfr. R. Alcala Flecha, Literatura e ideologia en el arte de Goya, Zaragoza, 1988, p. 272).

Decia Pascal que el arte de persuadir dice relacion a la naturaleza del humano conocimiento. Los contenidos intencionales se asimilan y elaboran en el alma mediante las dos facultades espirituales: entendimiento y voluntad. En principio a lo nocional se adecua y proporciona la via intelectual de suerte que el hombre nunca debiera admitir sino aquello que se le demuestra: consta sin embargo que en tantas ocasiones--incluso la mayor parte de las veces o casi siempre--resulta definitiva la via consensual o el atractivo que ejerce la fuerza del agrado. Pascal excluye de esta consideracion las verdades reveladas--inasequibles a la infalibilidad comprobable, propia del esprit geometrique--. Para ellas no se hizo el arte de persuadir ya que superan infinitamente la naturaleza. Dios solo puede ponerlas en el alma y por la manera que a El le plazca. Yo se que El ha querido que ellas entren por el corazon en el espiritu y no por el espiritu en el corazon, para humillar esta potencia racional y soberbia, que pretende erigirse en juez de lo que la voluntad elige, y para curar esta voluntad enferma totalmente corrompida por los afectos impuros (32).

No es una boutade citar a Pascal, el mas sugerente de los jansenistas enamorados de la delectatio victrix, para hablar de una predisposicion intrinseca a todo catarismo, que consiste en no rendirse sino a la delectacion y a la atraccion, a la blandura y al afecto y no tanto a las razones intelectuales ni a los planteamientos especulativos. El caracter radicalmente opcional de todo catarismo lo lleva consigo.

Aun asi todavia cabria percibir una diferencia semantica entre convincere y persuadere. Convincere sugiere connotaciones belicosas--de discusion mas o menos acerada, en que se ponen en balanza dos talentos que se enfrentan--; connotaciones belicosas que se resuelven solo mediante la evidencia lograda por el peso de las razones. Persuadere, es un termino intensivo, que sugiere el atractivo amoroso: trahit sua quemque voluptas (Horacio, Ad Pisones) Amicitia aut facit aut invenitpares (Ciceron, De amicitia).

Esta consideracion puede servir de plano inclinado para comprender el metodo de Domingo de Guzman. Parece claro que su metodo irrenunciable ha sido la persuasion. Se recuerdan diatribas publicas con los herejes; pero la resolucion final de los separados a favor de la verdad--predicada por el santo--revelaba el triunfo del attrait, de la apacible voluptas. Parece que la vida del Santo fue acomodarse a la norma y conducta practica de los cataros y a la pobreza de los valdenses y a vivirla con la lucidez, humildad y espiritu de penitencia en la alegria de la fe catolica. Domingo ha reconciliado multitud de herejes y parece haber sido severo. Pero consta que su severidad ha dejado el recuerdo de una exquisita humanidad.

Una larga historia de desencuentros--entre dos bloques de pensamiento y de afectos y sensibilidades--ha recorrido mas de tres siglos. El Simposio de Cuenca pudo ser contemplado como un hito del camino hacia una opcion nueva para llegar a consensos afortunados y a posiciones racionales que buscan la verdad. Pero mas que un simposio, mas que un carrefour, los verdaderos protagonistas fueron los hombres, las personas que caminaban y se detuvieron a dialogar al fin.

Enrique DE LA LAMA

Historia de la Iglesia, Facultad de Teologia, universidad de Navarra, Pamplona

elama@unav.es

* Miguel JIMENEZ MONTESERIN, Triunfo de la Catolica Religion. El auto de Fe de Cuenca de 1654, Publicaciones de la Excma. Diputacion Provincial de Cuenca, Libros de bolsillo Coleccion <<Atalaya>>, no. 32, Cuenca, 2011, 611 pp.

(1) Miguel JIMENEZ MonTESERIN, Introduccion a Triunfo de la Catolica ..., o.c., pp. 32-33.

(2) Miguel de UNAMUNO, Diario intimo, Biblioteca Unamuno, Alianza Editorial, Madrid 1998, 160.

(3) Jacques et Raissa MARITAIN, Pour une Philosophie de l'Histoire, en Id. & Id., CEuvres Completes, X, Saint Paul/Universitaires, Paris/Fribourg, Suisse, 1985, pp. 669-705.

(4) JUAN PABLO II, Cruzando el umbral de la esperanza, editado por Vittorio Messori, traducido por Pedro Antonio Urbina, Plaza & Janes editores, Barcelona, 1994, p. 185 y 189.

(5) Roger AUBERT, Inquisition, cfr. R. AUBERT (dr.) et J.-P. HENDRICKX, Dictionnaire dHistoire et de Geographie Ecclesiastiques, XXV, Letouzey et Ane, Paris VI, 1995, cols. 1293-1299.

(6) Cfr. Diego CLEMENCIN, Comentario a MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA, El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 2a parte, c. IX, no. 3. Cfr. Edicion IV Centenario, Castilla, Madrid, 2005, p. 1559.

(7) Miguel de UNAMUNO, Vida de Don Quijote y Sancho, 2a Parte, c. IX: Donde se cuenta lo que en el se vera, Alberto Navarro (ed.), Catedra, col. <<Letras Hispanas>> 279, pp. 347-348.

(8) Cfr. Vicente MARRERO, El Cristo de Unamuno, Rialp, Madrid, 1960, passim. Cfr. et. Bernardo G. DE CANDAMO, Unamuno en sus cartas, en ID., Ensayos t. 2, Madrid, 1942, pp LV-XVI.

(9) Santa Teresa no era mujer melancolica ni apocada. Pero con su fina observacion y su pluma admirable es capaz de detectar tambien en si misma ese sordo temor de aquel tribunal que mantuvo en vilo a vigorosas personalidades como Fray Luis de Leon o Bartolome de Carranza. Escribe ella: <<Tuve dos o tres dias muy trabajosos de la memoria de mis grandes pecados, y unos temores grandes de persecuciones, que no se fundaban sino en que me habian de levantar grandes testimonios, y todo el animo que suelo tener a padecer por Dios, me faltaba>>. Cit. apud Enrique LLAMAS MARTINEZ, OCD, Santa Teresa de Jesus y la Inquisicion Espanola, CSIC, Instituto <<Francisco Suarez>>, Madrid 1972, 97-98. n. 83. El libro recien citado es aleccionador para quienes todavia a estas alturas siguen pensando que la fama del Tribunal es fruto tan solo de la calumnia. El Beato Juan Pablo II pidio perdon a Dios por los excesos injustos de aquella justicia. En cuanto a la Santa Doctora, el prof. Enrique Llamas escribe ya en la conclusion: <<Encontramos dos hechos de todo punto dispares: la inocencia y la pureza de doctrina de la Madre Fundadora, y los juicios exorbitados y extremistas, de signo peyorativo, de sus acusadores... (...). Los agentes principales y mas activos en este proceso son tres religiosos dominicos: Alonso de la Fuente, el Padre Orellana y Juan de Lorenzana. (...) Los tres parecen movidos por unas mismas causas que motivan su intervencion en este proceso: el celo de servir a la verdad, lema de su Orden Religiosa, y el deseo de prevenir danos espirituales a los lectores de los libros de la Madre Teresa. Los tres igualmente reflejan unos conocimientos menguados de la vida de oracion y una ignorancia, superior a lo normal, de las vias y modos de la comunicacion intima del alma con Dios. Debio faltarles el Lazarillo de la experiencia, siendo victimas de una exegesis fria y matematica, totalmente equivocada, de los textos y de la alta espiritualidad de la Madre Teresa>>. E. LLAMAS, cit., pp. 389-390.

(10) Bruno NEVEU, L'erreur et son juge. Remarques sur les censures doctrinales a l'epoque moderne, Istituto Italiano per gli Studi Filosofici, Serie Studi XII, Napoli, 1993.

(11) PABLO VI, Enciclica Populorum progressio, no. 77, in initio; y no. 76, in medio.

(12) PIO BAROJA, La Canoniga, novela corta recogida en: Los recursos de la astucia, col. <<Memorias de un hombre de accion>>, Rafael Caro Raggio (ed.), Madrid, 1920, pp. 31-34.

(13) Angel GONZALEZ PALENCIA, Prologo a Luis MARTINEZ KLEISER, Cuenca. Paisajes y Monumentos. Articulos publicados en ABC y Blanco y Negro, Madrid, 1944, 5.

(14) Jose Maria PEREZ GONZALEZ PERIDIS, La luz y el misterio de las catedrales, Espasa Libros S.L.U., Barcelona, 2012, pp. 181-199.

(15) Tereixa CONSTENLA, Peridis en el cine de Dios, El Pais, 25 sep 2012. Dice mas adelante la autora del articulo: A Miguel Angel Albares, capellan mayor de la catedral conquense y culto entusiasta de la belleza artistica, le fascina uno de los retablos que pinto para una de las capillas Fernando Yanez de Almedina (Ciudad Real), uno de los dos discipulos espanoles que paso por el taller de Leonardo da Vinci. <<En la Adoracion de los Reyes estan todas las ensenanzas de su maestro, los colores, las manos, los rostros y el tratamiento de la luz, todo excepto los pigmentos>>. Albares explica que por fortuna el pintor opto por utilizar pigmentos tradicionales, mas duraderos que los empleados por Leonardo.

(16) Sebastian CIRAC ESTOPANAN, Registros de los documentos del Santo Oficio de Cuenca y Siguenza. T I: Registro General de los Procesos de Delitos y de los Expedientes de Limpieza, Cuenca/Barcelona, 1965, p. 31. En el libro tras el nombre del autor se recogen sus meritos academicos y profesionales que dan idea de la personalidad de Cirac: Canonigo Archivero Diocesano de Cuenca, Catedratico de Filologia griega en la Universidad de Barcelona, Director de la Seccion de Filologia Griega y Bizantinistica del CSIC. Exdecano de la Facultad de Filosofia y Letras, Doctor en Filosofia (Roma), en Teologia (Roma), en Filosofia y Letras (Madrid), en Filologia Griega Bizantina (Munich), Socio de Honor de la Epistemonike Etaireia de Atenas.

(17) Cfr. Dimas PEREZ RAMIREZ, Catalogo del Archivo de la Inquisicion de Cuenca, F.U.E. Madrid, 1982. Tras la pagina 259 de la obra de D. Dimas se recoge la <<Reproduccion en facsimil del volumen I>> de Cirac Estopanan. El libro completo se cierra con unos indices bien cuidados, labor igualmente de D. Dimas.

(18) D. PEREZ RAMIREZ, El Archivo de la Inquisicion de Cuenca: formacion, vicisitudes, estado actual, en Joaquin PEREZ VILLANUEVA (dir.), La Inquisicion espanola. Nueva vision, nuevos horizontes, Madrid, 1980, pp. 855-875.

(19) D. PEREZ RAMIREZ, Archivos regionales y locales, en Joaquin PEREZ VILLANUEVA y Bartolome ESCANDELL BONET (dirs.), Historia de la Inquisicion en Espana y en America, I, BAC & Centro de estudios Inquisitoriales, Madrid, 1984, pp. 78-85.

(20) Esta letrilla de cancion fue utilizada como aliciente para el lanzamiento de Diario 16. Luego fue utilizada por el gobierno, con un cambio de letra en una estrofa que decia: Habla, Pueblo, habla. Tuyo es el manana. Habla y no permitas que roben tu palabra (...) Habla, Pueblo, habla. Habla sin temor No dejes que nadie apague tu voz. La cancion ahora iba orientada a impulsar la participacion en el referendum de la Ley para la reforma politica habido en diciembre de 1976. La cancion del grupo musical onubense Jarcha llego a ser muy popular.

(21) D. PEREZ RAMIREZ, Ruta de la Inquisicion en Cuenca, en J. PEREZ VILLANUEVA (dr.), La Inquisicion espanola. Nueva vision, nuevos horizontes, 981-989. M. JIMENEZ MONTESERIN, Triunfo ..., c., passim en notas a pie de pagina.

(22) Escribe Jose Enrique LAPLANA: Los estudios sobre la biografia de Valdes muy ligados a los relativos a su hermano Alfonso y a los del resto de su familia empezaron a consolidarse, tras el pionero estudio de E. Boehmer (Lives of the Twin Brothers, Juan and Alfonso de Valdes, Londres, 1883, antes publicado como apendice a su edicion italiana de las Consideraciones, Halle, 1960, pp. 477-604), con Fermin Caballero (<<Noticias biograficas y literarias de Alfonso y Juan de Valdes>>, en Conquenses ilustres, Oficina Tipografica del Hospicio, Madrid, 1875, t. JY), cuyo trabajo con una introduccion que actualiza extraordinariamente los datos, fue reeditado en facsimil por M. JIMENEZ MONTESERIN, autor ademas de nuevas aportaciones sobre la familia Valdes (<<Introduccion>> a la ed. facsimil de Fermin CABALLERO, Alfonso y Juan de Valdes, Cuenca 1995; <<La Familia Valdes de Cuenca: nuevos datos>> en M.A. Perez Priego (editor), Los Valdes: pensamiento y literatura, Instituto Juan de Valdes, Cuenca, 1997, pp. 43-90)>>. (J. E. LAPLANA, Noticia de Juan de Valdes y del Dialogo de la Lengua, estudio preliminar a Juan DE VALDES, Dialogo de la Lengua, J. E. LAPLANA (ed.), Critica, col. <<Clasicos y Modernos>>, no. 32, Barcelona, 2010, pp. 63-64.

Cfr. et. Mercedes AGULLO y COBO, A vueltas con el autor del Lazarillo. Con el testamento y el inventario de bienes de Don Diego Hurtado de Mendoza, Calambur, col. <<Biblioteca Litterae>> no. 21, Madrid, 2010, donde se recogen asimismo los resultados del estudio de Jimenez Monteserin sobre los Valdes, de Cuenca, c., en las pp. 22 y 127-128. La investigadora se decanta--y esta vez el resultado tiene visos de definitivo--a favor de don Diego Hurtado de Mendoza, celebre personalidad de la Diplomacia y de las Armas, de la Historia y de las Bellas Letras, atribuyendole la autoria del Lazarillo de Tormes, que ya se habia avizorado en el siglo XVII. Sabido es que tambien--entre los nombres anteriormente agraciados por la infundada pero honrosa fama de esta autoria--habian sido senalados o don Alfonso de Valdes o, tal vez, otro de los grandes Valdesianos conquenses.

(23) <<Es dificil poner en duda que la conciencia tenga caracter cognitivo e incluso que desarrolle una funcion cognoscitiva; pero se trata de un caracter peculiar y de una funcion especifica. Este caracter, al que llamaremos consciencial, senala tanto a los actos singulares de la conciencia, como a su actual totalidad, que puede ser considerada como la suma de los actos de la conciencia--es decir, como su resultado--: todo lo cual, por cierto, recibe en virtud de la costumbre frecuentisima el simple nombre de conciencia. Si la conciencia especular (esto es, en su funcion de reflejar) se delinea como derivada de la totalidad del proceso de comprension activa y de la relacion cognoscitiva con la realidad objetiva, como su ultimo reflejo en el sujeto cognoscente, es necesario al mismo tiempo admitir que tal imagen especular o reflejo es posible solo si atribuimos a la conciencia la peculiar capacidad de irradiar todo lo que en cualquiera de las maneras posibles, sea para un hombre un dato de conocimiento. (...) Asi que es propio de la conciencia esa misma luz intelectual a la que el hombre debe su definicion tradicional como animal rationale, y el alma su descripcion como anima rationalis>> (cfr. Karol WOJTYLA, Persona y accion, Biblioteca Palabra, Palabra, Madrid, 2011, pp. 72-73).

<<El analisis del autoconocimiento nos permite comprender mejor la conciencia en esta funcion que le atribuimos anteriormente: la de reflejar. La conciencia no se limita simplemente a reflejar todo lo que constituye simultaneamente objeto de comprension y de conocimiento, y en particular la autocomprension y el autoconocimiento, sino que irradia todo ello de una manera propia y lo refleja precisamente mediante esa irradiacion. Estamos lejos de querer arrebatar a la conciencia su propia y caracteristica capacidad cognoscitiva>> (cfr. ibid., 84).

(24) No nos referiamos hasta aqui a la lectura de quien lee para si, con animo de apropiarse del mensaje contenido en un libro o en un texto cual fuere. La lectura interesada del homo-legens-sibi es un acto vital por demas: en un primer momento, el lector se identifica--necesita identificarse en cierto grado al menos- con el autor y en esa identificacion se verifica la comprension: seguidamente llega un subyugante placer por el mensaje poseido o, por el contrario, el lector lo rechaza o simplemente se desentiende del mensaje. A veces, tras la lectura, adviene la inquietud: elevada inquietud como la de Agustin o la de Ignacio de Loyola; o inquietud angustiada como la que nos intima Amado Nervo adversus Kempis; inquietud, en fin, abarrocada y superficial como aquella del artista que Azorin senala: un <<deseo en cada momento de ser otra cosa distinta; curiosidad siempre avida; confianza en si mismo y luego a luego desconfianza; taciturnidad y comunicacion efusiva: contradecirlo todo con Saturno y otorgarlo todo con Jupiter, segun frase de nuestro Gracian>> (El Escritor, IV, ad finem). Pero esta inquietud no es deseable y me parece propia de lectores excesivos. Tambien aqui cobra nuevo valor el veredicto de Hipocrates: Omnis saturatio mala, perdicis autem pessima. Se puede hablar de la recepcion social o de la recepcion cultural o tradicional de un texto. De ordinario, el texto escrito/hablado--leido ante un grupo de oyentes--es un acontecimiento comunicativo secundario; a no ser que la elocucion se transforme--al ritmo vivo de la lectura--en elocuencia y haga prevalecer el mensaje por una anadida e intima viveza y con nueva afluencia de contenidos que no estaban presentes en el texto previo. Entonces el texto escrito/ hablado pasa a ser una primicia de comunicacion; pero esto suele ser excepcional. Al menos, si juzgo por mi propia experiencia. Recuerdo haber visto una breve pieza oratoria--ajustadisima y brillante desde todas sus facetas--de don Jose Ortega y Gasset: era en la terraza de un restaurante al aire libre. Los participantes, repartidos en torno a redondos y amplios veladores de a cuatro o cinco se volvian a escuchar al maestro que se habia puesto en pie y empezaba a hablar acogido a sol y sombra bajo el ramaje. Creo que aquel breve filme era un documento excepcional tambien por ser unico--o casi, si mal no recuerdo--de la viva oratoria del filosofo. Hablaba sobre los signos de los tiempos con tan perfecta comunicacion que los pasajes escritos sobre el asunto en las paginas del filosofo me parecen siempre particularmente iluminados por aquella muestra de su palpitacion corpore vivo. En esto pienso--como en una muestra sobre el dechado de mis recuerdos--al trasladar al lector estas comunicaciones.

(25) Cfr. Marie-Humbert vicaire op, La predication nouvelle des precheurs meridionaux au XIIIE siecle, en ID., Dominique et ses precheurs, edicion-homenaje jubilar preparada por el P. Guy-Thomas BEDOUELLE, op, Editions universitaires Fribourg Suisse/Editions du Cerf Paris, Friburg, Suisse, 1977, p. 116. Este articulo habia aparecido en <<Cahiers de Fanjeaux>> VI, Toulouse, 1971, pp. 21-64. (La obra homenaje recoge trabajos dispersos dificiles de encontrar).

(26) Cfr. Marie-Humbert VICAIRE OP, Saint Dominique et les inquisiteurs, ibid., p. 36.

(27) D. Angulo INIGUEZ, Pintura del Renacimiento, en AA.VV., Ars Hispaniae. Historia General del Arte Hispanico, XII, Plus ultra, Madrid, 1945, p. 96.

(28) Cfr. Marie-Humbert VICAIRE OP, Saint Dominique et les inquisiteurs, ibid., pp. 36-57.

(29) Summa Theologica, II-II, q. 64 a. 2 in c. Cfr. et. ibid. aa. 3 y 4.

(30) Cfr. Marie-Humbert VICAIRE OP, ibid.

(31) Cfr. sobre Santo Domingo: J. B. SOLLERIO, J. PINIO, G. CUPERO, P. BOSCHIO, e Societate Jesu presbyteris theologis, De Sancto Dominico Confessore, Fundatore Ordinis Fratrum Praedicatorum, Bononiae in Italia, en Id., Acta Sanctorum Augusti, ex latinis et graecis, aliarumque gentium monumentis, servata primigenia veterum phrasi, collecta, digesta, commentariisque et observationibus illustrata a --, Tomus I, quo dies primus, secundus, tertius et quartus continentur, Antuerpiae, apud J.A. van Gherwen, 1733, 358-658. A nivel de alta divulgacion el articulo de V. J. KOUDELKA/ M.Ch. CELLETTI, Santo Domenico, fondatore dei Fratri Predicatori, en AA.VV., Bibliotheca Sanctorum, Citta Nuova, IV, 3a ed., Roma, 1995, cols. 692-734, exhibe optima informacion sobre las fuentes publicadas y ofrece referencias historiograficas muy bien seleccionadas.

(32) Cfr. Blaise PASCAL, De l'esprit geometrique (ano 1655), [2] De l'art de persuader, en ID., Les Provinciales, Pensees et opuscules divers, col. La Pochotheque (Le libre de poche/Classiques Garnier), Paris, 1999/2004, pp. 131 ss.
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Title Annotation:HISTORIOGRAFIA Y BIBLIOGRAFIA
Author:De La Lama, Enrique
Publication:Anuario de Historia de la Iglesia
Date:Jan 1, 2013
Words:18896
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