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Cuando sonamos somos todos iguales.

Zama, la cuarta y esperada pelicula de Lucrecia Martel (Salta, 1966), acaba de estrenarse. La critica especializada la aclama, el publico sucumbe ante la belleza y el virtuosismo de ese continente que su lente descubre, y los fieles lectores de Antonio Di Benedetto--en cuya novela se baso el film--se desangran entre la adoracion y el lamento.

Hay varias decisiones estructurales a partir de las cuales la transposicion cinematografica ha podido realizarse y sobre ellas quiero detenerme. Desde la primera escena, en que un grupo de mujeres desnudas y embarradas hasta la manija cuchichean en la orilla del rio y son sorprendidas por Diego de Zama, Martel hace avanzar al universo femenino como fuerza coral. Todas le gritan "miron", una corre atras de el, si lo alcanza es solo para que el chauvinismo androcentrico de este excorregidor comience a desmoronarse con la violencia anunciada. A partir de entonces, los sonidos habran de amplificarse hasta el delirio y habra que rastrear la poderosa voz del narrador que estructura la novela en el fuera de campo--la "marca Martel"-, los calculados encuadres, el antojadizo foco.

Se dira que en la pelicula el universo femenino comulga con el esplendor de la naturaleza y del mundo animal para que la lente se solace. Los cuerpos y el paisaje son de una extrana belleza: hasta lo feo se vuelve sublime. Zama, ese funcionario a las ordenes del imperio espanol que, perdido en un enclave menor dentro de la colonia, vive a la espera de un ascenso y de un traslado para reunirse con su esposa y su familia, se proyecta de fines del siglo xviii hacia el presente filmico para bucear en la historia las claves de nuestra cultura esquizoide. La cotidianidad de Zama es la de quien vive tensando sus contradicciones en un arco delirante: entre lo castizo y lo indigena, entre lo abyecto y lo heroico, entre el mundo artificial de la cultura y el orden natural de la tierra, entre la hombria y la feminidad ... Porque en la cinta, mas que a un macho lujurioso que recorre las calles de un improbable Paraguay virreinal en busca de una mujer blanca, encontramos a un Zama que rezuma feminizacion, que se pone y se saca la peluca como si fuera un casco, que lleva colorete y habla con Luciana sin que el deseo lo descontrole. ?Un Zama metrosexual? ?Un Zama castrado? No. Mas bien se trata de un Zama que crece en los entresijos. Un Zama que sella ahora su suerte a la de Martel y que por ende debe tambien feminizarse para existir.

No sorprende que en la adaptacion cinematografica el personaje de Emilia, la espanola viuda y pobre, madre del hijo que Zama habra de abandonar porque nada de lo nacido en America puede retenerlo, sea una mujer indigena. Si en la novela la espanola habla y habla de mas, cobija y abandona a un excorregidor que desea ser hijo antes que padre, en la version de Martel nos encontramos frente a una india muda o, mejor dicho, una mujer que se resguarda en su lengua y en su cultura, en una ronda ginecocratica que al fin es la unica que la sostiene.

Es que la decision de afincar el rodaje en la zona del Chaco argentino trajo aparejada la exuberancia etnica que la pelicula explota a sus anchas: alli estan las comunidades qom, wichi, pilaga, chorote y mocovi. En Zama, la pelicula, las lenguas indigenas fluyen junto a la magnificencia del paisaje y logran un acabado femenino y coral jamas visto ni oido en la cinematografia vernacula.

En El mono en el remolino. Notas sobre el rodaje de Zama de Lucrecia Martel (Literatura Random House, 2017), Selva Almada cuenta que en el casting de Zama la directora les pedia a los postulantes que contaran un sueno: "Un hombre conto que volaba en un caballo blanco, sin alas, y llegaba a un mundo lejano, otro planeta, un jardin de arboles alineados, manzanos, perales, naranjos, un jardin de frutas deliciosas. El caballo corcovea y el cae. Ahi terminaba el sueno. En ese momento el hombre se tapo la cara y se puso a llorar, porque se acordo de su padre muerto, que una vez le dijo que el tenia un don."

A partir de esos personajes menores y olvidados, Selva Almada logra templar de sutil lirismo esas pequenas estampas que articulan la cronica del rodaje. En dialogo con el film, el contrapunto animal se impone, como si Martel y Almada hablaran un lenguaje cifrado que solo los iniciados en el universo dibenedettiano pudieran comprender. Alli esta "Aballay" abrazado a su cabalgadura como un anacoreta a su pilastra, y esta "Caballo en el salitral" arrastrando una carga demasiado pesada en contra de los refucilos y de los vientos de tormenta. Hay que volverse caballo junto al Diego de Zama de Antonio Di Benedetto para entender ese primer plano monumental en que la mirada equina se aduena de la pantalla y manda al fuera de foco al personaje.

En la novela y en la pelicula, Manuel Fernandez, secretario de Zama, dice que no tiene hijos porque no sabe como seran y que en cambio hace libros porque si sabe como son. "?El buen creador conoce en verdad a sus creaturas?", le pregunto a Lucrecia Martel. "Mas o menos--me responde-: uno va a los tumbos, tratando de compartir lo que ha percibido en medio de una marana." Al comentar sobre el proceso a partir del cual la comunidad indigena qom se sumo a participar del film para representar al grupo de los guaicurues, la directora refiere que su preocupacion era como hacer un casting sin caer en esa actitud infantilizadora con que solemos relacionarnos con las comunidades autoctonas. El mundo de los suenos se le presento, entonces, como una puerta de acceso maravillosa: "En los suenos, los qom vuelan, nadan bajo el agua, caen despacito sin golpearse--cuenta-: en los suenos a los qom les pasan las mismas cosas que a cualquier criollo. Cuando no hay plata de por medio, podemos las mismas cosas: podemos volar, hablar con los animales. Somos bastante parecidos. Quiere decir esto que en el fondo estamos todos pisando el mismo barro, y que tenemos que mirarnos con mucho mas carino entre nosotros y entender que estamos mucho mas cerca de lo que creemos."

JIMENA NESPOLO es autora, entre otros libros, de la novela Episodios de caceria (Santiago Arcos, 2015) y se encargo de la edicion de El pentagono, de Antonio Di Benedetto, en Adriana Hidalgo Editora (2005).
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Author:Nespolo, Jimena
Publication:Letras Libres
Date:Oct 1, 2017
Words:1154
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