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Cortez, Enrique E. (edicion, introduccion y suplemento). Incendiar el presente. La narrativa peruana de la violencia politica y el archivo (1984-1989).

Cortez, Enrique E. (edicion, introduccion y suplemento). Incendiar el presente. La narrativa peruana de la violencia politica y el archivo (1984-1989). Lima: Campo Letrado, 2018. 350 pp.

Cortez propone este libro como una anti-antologia de cuentos de los 80 sobre la violencia politica. Antologia, porque es una seleccion de cuentos, presentados en cierto orden y dentro de un marco discursivo o interpretacion de su valor e importancia. Anti-, porque, por otro lado, rechaza la logica usual de las antologias, es decir, la nocion finalmente personal de excelencia literaria como criterio de seleccion. En vez de ser una coleccion de los cuentos sobre la violencia politica que son, segun su juicio, de mayor valor en su retrato de esta epoca, este libro presenta una muestra archivistica, una seleccion representativa de un archivo mas amplio, siguiendo criterios historicos y analiticos. El archivo que se encuentra representado aqui es no un archivo fisico, sino el conjunto de cuentos literarios que tienen tres caracteristicas: ser sobre la violencia politica, ser escritos por autores que empezaron a publicar en la decada del 80 y haber tenido cierta difusion a traves de publicacion en libros o revistas.

Cortez ha seleccionado, principalmente sobre la base del trabajo bibliografico importante de Mark Cox (2008), un solo cuento de cada autor que cumple con estos tres criterios, que son Julian Perez Huarancca, Enrique Rosas Paravicino, Zein Zorrilla, Luis Rivas Loayza, Dante Castro, Luis Nieto Degregori, Jorge Ninapayta, Mario Guevara Paredes, Walter Ventosilla, Jorge Valenzuela Garces, Walter Lingan, Socrates Zuzunaga Huaita, Pilar Dughi, Cronwell Jara Jimenez, y Carmen Luz Gorriti. Asi, el resultado es un libro que recupera obras que por motivos de poder cultural no han circulado mucho.

El estudio introductorio enfatiza la necesidad de escapar del conocido binario entre escritores criollos y andinos, en la que se encuentra entrampada, segun explica Cortez, una antologia anterior de cuentos sobre la violencia politica: Toda la sangre, de Gustavo Faveron (2006). Resena la historia de la antologizacion y canonizacion de cierta literatura sobre la violencia politica, y explica como esto se ha visto influido por dicha tension criolla-andina. Explica, ademas, con bastante claridad los debates teoricos alrededor del canon y el archivo, y sostiene su propuesta con rigurosidad conceptual. Vincula debates sobre el canon de nuestra literatura desde tiempos coloniales con el tema de la representacion de la violencia politica, y cierra con una interpretacion y sistematizacion de algunos rasgos compartidos de los cuentos compilados.

El resultado es que esta coleccion de cuentos sirve para pensar como la literatura trabaja historicamente. Los cuentos estan ordenados cronologicamente porque a Cortez le concierne ver que campos de lo decible van abriendo. Es decir, lo que estos cuentos van haciendo decible y pensable; campos de lo decible frente a la violencia que se presenta, en primer lugar, siempre, como lo indecible, lo imposible, como aquello que no puede estar pasando y que menos puede ser explicado, comprendido, narrado o representado. Cortez presenta a estos cuentos como trabajos, desde la misma confusion y el mismo peligro de los hechos que se desenvolvian en los 80, por volver pensable, abordable la experiencia historica imposible de la violencia. El libro entonces se vuelve una herramienta para rastrear el trabajo historico que realizan estos cuentos al obrar artisticamente sobre la experiencia del horror: el valor historico y artistico de estos reside en el hacer pensable algo que solo se experimentaba como interrupcion, caida de los esquemas, imposibilidad.

El estudio introductorio esclarece tres cosas que emergen al seleccionar y juntar de esta manera a la produccion literaria de cuentos. Primero, una reflexion sobre los cambios en el lugar social de la mujer en los 80, tanto como subversiva como en cuanto victima, buscadora de justicia y organizadora social. Segundo, una exploracion de la subjetividad del perpetrador del Estado, sus motivaciones, sus conflictos internos y la forma de su culpabilidad. Y tercero, una indagacion en lo que seria la justicia social. Es decir, estos cuentos al trabajar sobre la violencia, trabajan la relacion entre estas tres cosas: el nuevo lugar de la mujer; un reclamo hacia el Estado por haberse vuelto un perpetrador o un intento de entender como ha podido eso ser posible; y como imaginar la justicia social desde un contexto que arde.

Sin desestimar la importancia de los primeros dos puntos, resalto el tercero--la pregunta por la justicia--porque, por un lado, es mas abarcador, y por otro, porque resume la particular importancia de esta publicacion. Es porque la produccion aqui reunida no cede en su apuesta por contribuir a la justicia social que, mas alla del interes academico en la genealogia literaria o del interes historico por como hemos comprendido en cada momento la violencia, esta publicacion podria tambien ser una intervencion en nuestras discusiones presentes sobre la violencia y sobre la politica. Actualmente, nuestro paradigma para comprender la violencia politica es muy distinta al de los 80; como intelectuales comprometidos con lograr un cambio social positivo desde el trabajo de la Comision de la Verdad (2001-2003), ya no tenemos la justicia como horizonte. Como he trabajado en un reciente texto (Hibbett 2018), hoy en dia preferimos representar la violencia desde un enfasis sobre la figura de la victima. La memoria cultural producida dentro de este paradigma intenta que su publico, imaginado como un sector no-afectado por la violencia, cobre conciencia de lo que el pais ha vivido y sienta empatia por la victima, de modo que se vuelva al receptor una persona mas solidaria y amplie su nocion de la comunidad para incluir a las victimas, que son de los sectores historicamente desfavorecidos.

El ideal entonces es crear mayor inclusion, "reconciliarnos" como pais a traves de sobreponernos a fragmentaciones historicas, de modo que los derechos de todos sean respetados por igual y la violencia, producto de una exclusion historica de la poblacion pobre, rural, quechuahablante, nunca se repita. Pero el objetivo ya no es la justicia social en un sentido fuerte. La nocion de la justicia social como horizonte, ha desaparecido. Como bien explica Jacques Ranciare en su texto sobre "el giro etico" (2004), hoy en dia la intencion de lograr justicia social se ve solo como algo que ya ha pasado y que fue una catastrofe, porque resulto principalmente en violencia, muerte y trauma. Como argumenta tambien Juan Carlos Ubilluz en una investigacion en curso, hemos renunciado a las utopias y a una vision fuerte del futuro como algo diferente al presente, a favor de mas bien garantizar que las catastrofes no se repitan. Entonces, en lugar de tratar de armar un proyecto politico que cambie radicalmente al pais para lograr un ideal fuerte--como por ejemplo una salida a la economia neoliberal y las limitaciones que su naturalizacion pone sobre la politica--, la memoria cultural y literaria inspirada por la CVR, se cine a intentar garantizar los derechos de las poblaciones vulnerables y un respeto a la ley democratica para que el pasado en cuanto catastrofe no se repita.

Por una parte, esta claro que este discurso actual acierta, pues no hay que volver acriticamente a los discursos modernos abocados a un ideal utopico de justicia social. En Sendero Luminoso tuvimos un ejemplo extremo del mal que puede resultar de tal tipo de apuesta. Sin duda tambien que la CVR y el discurso de los derechos humanos ha sido fundamental en el pais, promoviendo justicia tribunal, asegurando un programa de reparaciones para las victimas y una ley de busqueda de desaparecidos, etc. No obstante, tambien esta claro que vivimos en un momento de pospolitica gravisimo, es decir, en un momento donde la politica es percibida como algo que sucede muy lejos y que parece importar poco porque finalmente parece que la economia, los poderes facticos internacionales de las finanzas y nuestros humildes corruptos locales controlan mucho mas de lo que podemos controlar nosotros desde nuestra democracia. Y asi, el futuro parece desaparecer, y el presente de clara injusticia social parece abarcar todo el horizonte.

La produccion reunida en este libro interesa porque no encaja con tal paradigma, porque aun desde la violencia extrema, y aun cuando estaba claramente en crisis el discurso izquierdista que prometia la utopia, no renuncia a la busqueda de justicia social. Asi, los cuentos vinculan el tema del nuevo rol de la mujer y el tema de la perpetracion desde el Estado, con el horizonte de cambio social necesario, y no, como es mas comun hoy, desde una defensa al ser humano como potencial victima o sujeto de derechos minimos. De esta manera, estos cuentos puedan servir para pensar dialecticamente: no para volver a discursos anteriores sobre la justicia social, y tampoco renunciando a ese ideal, sino para repensar esa posibilidad hoy.

Considerar el rol de la literatura en esta tarea requiere renunciar a discursos tradicionales sobre el valor de lo literario, como lo hace este libro. Asumir que un texto tiene un valor literario desconectado de su valor historico y politico es algo que ya ha sido ampliamente criticado desde la filosofia y la teoria, pero que sigue superviviendo como un sentido comun entre muchos creadores y criticos. La mirada de Cortez es historica, en el sentido de pensar el pasado pero tambien el futuro. Por una parte, toma en cuenta el contexto de produccion, circulacion y recepcion de los textos; ha seleccionado cuentos que han circulado, al menos un minimo, y que entonces han formado parte significativo de un proceso historico. Por otra, al realizar esta edicion, Cortez esta consciente de que esta interviniendo la discusion presente sobre la violencia politica para ampliar el campo de lo decible. El libro trabaja para que estos textos vuelvan a tener, reactualicen, su potencial. En este sentido es importante que Cortez haya decidido anadir a su antiantologia un "suplemento" que presenta entrevistas con muchos de los autores recolectados, sobre su trabajo artistico en los 80 y como lo entienden ahora a la luz de los anos. Cortez presenta a los autores no como genios-creadores (como querria el aun hegemonico sentido comun que valora lo literario como trascendente), sino como productores, trabajadores artisticos y agentes historicos. A partir de sus entrevistas, podemos entender mas, por un lado, sobre los procesos historicos de los que han sido parte estos cuentos en el momento de su produccion e inicial recepcion, y, por otro, sobre los potenciales roles nuevos que podran tener en esta circulacion renovada que nos ofrece este libro ahora.

Cortez adjudica un valor testimonial de esta produccion. En su introduccion explica con detenimiento como, para entender este valor testimonial de estas obras, tendriamos que ir mas alla de las teorizaciones establecidas en los anos 90 para entender un tipo de produccion testimonial diferente. Los testimonios teorizados en los 90 eran producciones mediadas por un intelectual, donde subalternos contaban sus luchas y demandas politicas. El valor que Cortez llama testimonial aqui es otra cosa: es el transmitir y trabajar en la narracion, cuyo contrato con el lector es que se trata de una obra de ficcion, la experiencia real vivida, y vincular esta con una demanda politica. Esta reflexion es sugerente, pero no llega a resolver lo que pone en juego. Es cierto que es necesario considerar el valor de estos textos literarios como documentos historicos (Milton 2014), es decir, como fuentes para comprender como hemos ido entendiendo la violencia. Asimismo, como sugiere esta reflexion de Cortez, es importante, para entender su valor, que salgamos de los parametros de una discusion sobre la literatura como algo que alberga un valor universal y transhistorico. Sin embargo, si dejamos de considerar central al genero testimonial el contrato de lectura que establece con su receptor, que debe creer que lo que esta siendo contado no es ficcion, entonces no queda claro que seria lo "testimonial". Mas bien conviene decir que estos cuentos son una literatura que trabaja sobre experiencia historica, dentro del horizonte de la lucha por la justicia social. Un trabajo literario sin duda importantisimo que esta edicion acierta en volver a poner en valor.

Alexandra Hibbett

Pontificia Universidad Catolica del Peru

Referencias bibliograficas

Cox, Mark R. 2008 "Bibliografia anotada de la ficcion narrativa peruana sobre la guerra interna de los anos ochenta y noventa (Con un estudio previo)." Revista de Critica Literaria Latinoamericana. 34, 68, 227-268.

FAVERON, Gustavo (ed.) 2006 Toda la sangre. Antologia de cuentos peruanos sobre la violencia politica. Lima: Matalamanga editores, 9-38.

HIBBETT, Alexandra En prensa 2018 "La problematica centralidad de la victima en la memoria cultural peruana." Pasados contemporaneos. Aproximaciones criticas a los derechos humanos y las memorias en Peru y America Latina. Eds. Lucero de Vivando y Maria Teresa Johansson. Coleccion "Nexos y diferencias. Estudios de la cultura en America Latina". Berlin: Iberoamericana Vervuert..

MILTON, Cynthia (ed.) 2014 Art from a Fractured Past. Memory and Truth Telling in Post-Shining Path Peru. Durham: Duke University Press.

RANCIERE, Jacques 2011 "El giro etico de la estetica y de la politica". 2004. El malestar de la estetica. Trad., Miguel Petrecca, Lucia Vogelfang y Marcelo G. Burello. Buenos Aires: Capital Intelectual, 133-161.

Recepcion: 14/08/2018

Aceptacion: 15/10/2018

https://doi.org/10.18800/lexis.201802.009
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Author:Hibbett, Alexandra
Publication:Lexis
Article Type:Resena de libro
Date:Jul 1, 2018
Words:2406
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