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Correcciones elementales.

Me habian pedido que preparara un texto sobre la contingencia de los paises subdesarrollados y la insercion de lideres latinoamericanos en el mundo. Debia leerlo en un seminario organizado por la Fundacion Trabajo para un Hermano. La actividad seria difundida a una bohemia poblacional por unos parlantes gigantescos que llegarian a tres o cuatro inadaptados dispuestos para el jolgorio, si es que llegaba a alguien, y, para estos, la regla indefectiblemente consistia en no escuchar absolutamente nada de lo que se decia. Yo me habia despreocupado del asunto. Pase unas tardes con Paula en su casa. Y luego, el fin de semana, con Leonardo y Carlota. Durante cinco dias vague con mis compinches. Al llegar la fecha del compromiso no tenia absolutamente nada preparado y vagamente recordaba aquel "seminario." El dia anterior me llamaron para confirmar mi asistencia. Respondi con inusitada conviccion, y hasta con gravedad, que estaba listo, dispuesto y con entusiasmo. Y me frote las manos de placer. Colgue el telefono. Dos minutos despues senti la palidez de mi cara, la humillacion espantosa. No me quedo mas que improvisar. Mis primeras palabras, dichas con algunas copas encima, fueron:
      Osama Bin Laden tiene razon por el lado que
   se le mire. Ellas necesitan que les den de
   patadas en el poto. A ellas les gustaria eso, se
   quedarian en casa y cuidarian a los peques y
   lavarian, alegres, los platos. Eso es lo que hay
   que darle a una mujer. Cualquier otra aptitud
   rabiosa, muchachos, seria el descalabro, el
   infierno y la perdicion, lo juro. A ellas les
   encanta recibir sopapos. De vez en cuando hay
   que hacerlas papilla. Hay algo en eso. Algo tan
   humano. Asi es que les voy a dar de patadas y a
   chicotear. Y luego me ire con ellas a bailar a la
   cama. En ese sentido, Bin es un hombre
   civilizado. Un muchacho razonable. Nada mejor
   que Ala y que Bin. Bin sera terrorista, pero no
   tonto. Para morir en la ley se debe haber
   aprendido algo de la naturaleza humana. Y
   para morir en esta ley, se tiene que haber
   aprendido algo de la mujer. Asi que vamos a
   sacudir a las mujeres, pero sin abusar del
   asunto, mas aun, sin hacerlas victimas de un
   lamentable acto de vandalismo. Darles lo justo
   y necesario para mantenerlas alegres. Y al
   despertar te traera desayuno, te la chupara y te
   limpiara el culo. Y ella sera feliz.


Luego exprese otras ideas que no fueron muy buenas y cerre la intervencion de improviso.

Lo que siguio fue que percibi entre el publico unos ojos ostentosos, una cara paradojica y mas atras una risilla nerviosa. Recibi pifias varias e insultos de algunos de mis colegas panelistas. Yo no entendi muy bien por que. Yo ni siquiera habia comprendido mis propias palabras. Me habian parecido insignificantes, basicas. Al final parecia una foca amaestrada dando el espectaculo. Solo eso. Sali a la calle; el aire tibio, la noche horrible, las promesas de cada siniestro callejon eran tan grandes que crei que estaba sonando. Toque una puerta.

--!Vaya! !Si es Villanueva!

Al dia siguiente estaba en mi casa. Pase el invierno sin mayor contratiempo y empezaba la primavera. Reposando en la alfombra chupaba una caluga y comence a cavilar. Mi madre decia: "Crie un holgazan." Mis amigos de la calle repetian: "Cuidado con esta sabandija anodina, nihilista, taciturna." Si he de ser sincero, adoraba a los holgazanes tanto como adoraba las calidas manias del nihilista, anodino, taciturno; me gustaba pensar que los hombres se dividian en unos u otros. Por ejemplo: Hitler, de la misma manera que Stalin o Marx, a mi modo de ver, poseia la veta, el filon de los segundos. En cambio el Papa y Buda y Noe y Mahoma, llevaban en lo mas hondo de sus entranas el impio, perfido y sustancioso magma del holgazan. Con respecto a unos u otros yo le explicaba a quien quisiera escuchar; "!Jesus!, a la gente le encanta creer que uno adora esa mierda. Asi es que adelante. Antes, ahora y despues la raza humana se muere por creer en algo, lo que sea, o no creer en nada. Por ejemplo, yo creo que fue bellisimo lo de los secuaces de las Torres Gemelas, la mas bellisima patada en el culo de Bush y de Dios. Diran: !Hombre! !Estas loco! ... no se, pero envidio a los secuaces, hay que ser un hombre con testiculos de acero para hundirse en el infierno por principios, los que sean; pero Bush, oh, Bush, Bush, estaba muy ocupado en esconder su trasero fofo, no se sabe donde; le grito al mundo: salvese quien pueda. !Oh, Bush! Por supuesto fue un acto demasiado humano para no creerlo. Por eso no hay como no preferir al terrorista, mas aun, pienso que debieron comenzar la fiesta por La Estatua de la Libertad, pegarle en el alma al gran Dios Mierda." !Viva Osama! !I love CIA!

Deje de reflexionar en aquello. Saque de mi cabeza a Bush y a mis amigos. Aquel dia mi madre, a primera hora, se ausento de la ciudad. Esto dejaba la casa a mi entera disposicion. Desayune y luego que mi madre se marcho de viaje, me quite la ropa y volvi a la cama. Me revente un grano, me rasque el sobaco y me baje el pijama. Me frote el escroto y luego el balano. Al instante salio semen y acto seguido me limpie con la sabana y tras esto me dedique a escuchar el ruido de los vehiculos que pasaban.

Mientras me relajaba en la cama, tenia una extrana sensacion en el cuerpo. Era como si flotara. Como un globito hinchado de aire. Sentia como si levitara. No podia comprenderlo. Pronto deje de preocuparme por ello. Estaba comodo, no me sentia agonizar.

Un momento despues me levante. Baje al despacho. En la casa de enfrente habia una muchachita de unos nueve anos, piel blanca, cara famelica. Llevaba puesto un cortisimo y ajustado vestido celeste. Estaba sentada en la reja de su casa, que se ubicaba directamente delante de la ventana del despacho de la mia. Podia mirarla bien, mas alla del vestido. La vigile oculto atras de la cortina, desnudandola con mi mirada. Me empece a excitar. Nuevamente me masturbe. La chiquilla parecia no querer moverse de alli. Asi que tome el telefono y llame a Leonardo. Le explique que si se apresuraba, podia alcanzar a ver una prudente porcion de aquel calzon. En quince minutos Leonardo llego a mi casa. Entro al despacho. Ni siquiera me dirigio la palabra. Entreabrio la cortina, husmeo y se acomodo en una silla metalica. Leonardo se empezo a excitar. Decia: "!Sigue! !Sigue! !Eso es! !Si! !Si! !Es Dios! !Es Dios!"

Al final yo me aburri y el se quedo, a lo menos una hora, gritando como demonio. Leonardo poseia una curiosidad fenomenal. En medio de aquel barullo afirmo:

"!Claudio, te has convertido en un loquito fascista!" No se a cuento de que senalo aquello, pero lo senalo.

Leonardo se transformaba velozmente en un caso. Si lo hubieran visto por la noche, cuando se sentaba a la mesa, picaba un poco de comida y tiraba los huesos a los gatos. Tenia siete gatos.

--Me gustan los gatos--decia Leonardo--. En especial los que lanzan maullidos desesperados cuando los enjabono y los meto a la tina de bano.

Que cinico, a los pobres los tenia abandonados y nunca enjabonaba ni la cola de un gatito.

Un dia yo le conte que habia visto a un grupo de turistas en la Vega Monumental. Al grupo lo conducia un monitor. El monitor parecia aleman y llevaba un anillo gigantesco colgado en el lobulo de la oreja. Se apoyo contra un meson para descansar un momento cuando surgio un tipo de la nada y le quito la oreja antes de que el monitor pudiera gritar. De pronto se dio cuenta de que no tenia oreja. Leonardo lo unico que logro decir frente a este episodio fue: "!Ji ji ji!" Cuando se reia, contraia los labios y la risa le salia del vientre, de muy lejos, y se doblaba hasta tocar las rodillas. Se rio mucho rato. Luego grito alegre: "!Claudio, estas hecho un fascista!" A continuacion se quedo en silencio y pregunto: "?Y Preiss?"

Por Prat entramos al centro. Lloviznaba. Preiss se apreto el abrigo que olia a sopa fria. Llevaba un panuelo al cuello tipo "fin de semana en Costa Brava". No me alegre en lo mas minimo. El, por el contrario, estaba encantado. Pasamos por un barrio lleno de edificios y gruas inmoviles. Entramos en un cafe que habia por alli y nos sentamos en una mesa diminuta cuya ventana daba a una avenida que llegaba practicamente hasta el horizonte.

El cafe era lo que cabia esperar; luz oculta de tubos fluorescentes, cuadros en las paredes estilo parisiense, mesas de terraza y un camarero muy elegante que nos dirigio una mirada rapida e imposible de analizar.

--Creo que podrias ser un gran amante.

--Gracias--dije, mientras nos acomodabamos.

--El otro dia estuve con aquella comediante peruana.

--?Si?

--Si, deja que te cuente, esa chica es bastante lasciva, estudio ingenieria y se involucro con uno de sus profesores, cuando se ventilo el asunto echaron al profesor y a ella, un ano mas tarde, le cancelaron la matricula. Luego trabajo por un tiempo de reponedora en un supermercado y se involucro con el supervisor entonces los echaron a los dos. No es una analfabeta, quiza creas que es una estupida, pero es una excelente muchacha, bonita, buenos modales, sosegada y lo mas maravilloso es que parece que la envuelve una especie de niebla infinita.

Se acerco el camarero y Preiss le pidio dos cafes. El camarero anoto en su libretita y se alejo.

--?Si?--continue.

Yo estaba mas que seguro que el ya le habia arremangado el vestido y las enaguas por encima del sosten hasta las axilas y ahora, a toda prisa, deseaba deshacerse de ella.

--Si, no ha conocido a ningun hombre de verdad en Chile. Quiere conocerte.

--Oh no. Yo ya no existo, no voy a bailes, fiestas, lecturas y esa caca. La gente me aburre. No puedo explicarlo. Ademas estoy estupendo con Paula.

--Solo estas empotado, eso es todo. Es muy simple, estas empotado.

--Bueno, ?y que?--dije yo.

Y como tantas veces, cuando estabamos en una sesion de cafe y copas, contando historias, al final no sabiamos como habiamos llegado a donde habiamos llegado.

--Asi es que tu padre se suicido porque dejaste prenada a su dama.

--Ya te dije que eso no es cierto, le deprimio que ella se largara de la ciudad.

--Pero ella se largo de la ciudad porque estaba embarazada.

--Le temia a mi padre.

--Y el crio es tuyo.

--No estoy seguro, no se, nunca he confiado mucho en esos examenes, el resultado decia que era mio, supongo que asi es, pero mi padre no lo sabia. Creia que era su retono.

--Y ella se largo sin decirle nunca nada

--Jamas le dijo nada, todo el mundo sabia que mi padre era un cabron insufrible y, en cierto sentido, se le podia considerar totalmente banal y convencional. Criado para ser tonto, hecho para las convenciones, lucho para salir a flote, pero se hundio. Banal, convencional.

Estuvimos hablando hasta las tres de la madrugada, sin embargo aquel punto de la conversacion habia calado tan hondo en mi que de pronto todos mis procesos mentales de ano y medio atras se me antojaron futiles y esteriles, una mezquina consumacion de mi mismo. Nunca volvimos a hablar del asunto; pero todo habia cambiado para mi. Sabia que no queria enganar a mi padre, que no deseaba enganarlo, sin embargo, lo habia enganado. Me sentia triste, derrotado, merecia morir en un asilo de ancianos.

--Dime, ?que es lo que te hace seguir adelante?

Lo mire. Me miro con dureza. Luego me permitio conocer su sonrisa.

--Todo me ayuda a seguir adelante--afirme.

--Quieres decir que rascarte el culo te ayuda a seguir adelante.

--Si, rascarme el culo, llorar, cagar, todo.

--Grandioso.

--No veo nada grandioso en eso--sentencie.

Pero alli estabamos, dos perros con algunas diferencias y otras historias. El camarero aparecio con una bandejita y los cafes, los dejo sobre la mesa y volvio a desaparecer. Tome mi taza y le di un sorbo.

--Muy gracioso--dijo.

--?Que quieres decir con eso? ?Lo encuentras gracioso?

--!Oh no! Haz lo que quieras, piensa lo que quieras. Quiero decir ... !por el amor de Dios! ...

--?Cual es tu definicion de cobarde?

--Un hombre que se lo pensaria dos veces antes de enfrentar a una mujer con las manos vacias.

--?Cual es tu definicion de valiente?

--Un hombre que no sabe lo que es una mujer, pero que cree que sabe y la enfrenta sin querer.

Nos quedamos en silencio. Afuera la gente circulaba perezosamente. Estaba con Preiss en aquel cafe y hablamos y dijimos otras sandeces. No todas buenas, pero las dijimos. La llovizna habia cesado. Por supuesto aquellas tardes de llovizna eran las mejores, podiamos prolongar durante horas y horas un cafe.

A la distancia un condenado colegial bailaba una rumba.

--Retozar con Paula junto a la cordillera seria perfecto. Las cortinas permanecerian cerradas y todo estaria quieto --le dije a Ernesto, satisfecho.

--Entiendo.

Calento el motor por cuatro minutos y dimos vueltas por los alrededores, hasta llegar a una calle olvidada. Las paredes de los edificios se descascaraban. Estaciono frente a un taller mecanico. Yo comia mani. Me di vuelta y sacudi a Preiss intentando despertarlo, pero la unica respuesta que obtuve fue su ronquido y luego palabras incoherentes, entre las que figuraban, quiza: "puta" y "matare"; pero para poder identificarlas en medio de las silabas roncas que no llegaban a salir de la garganta habria tenido que estar al corriente de las desgracias de Preiss. Me volvi a acomodar, suspire y contemple el panorama. Retornamos bajo el almendro delante del chico que, ahora, bailaba al son de un regeton. Ernesto continuo hablando:

-- ... en el peor de los casos seria un gran amor.

--Claro.

La tarde pasaba. Ernesto saco El Cordel dia anterior de debajo del asiento, lo hojeo y leyo en voz alta. La cronica --ofrecida con puntilloso descaro y no menos recelo--estaba destinada a los lectores de la prensa roja, y se referia a un congresista bulimico de Talcahuano que, por razones no muy claras, se enterro un sable en la garganta (?o fue una katana o un estoque o una espada?) y habia sobrevivido para relatarlo. Mas tarde, un crucifijo produjo un vuelco inesperado en su vida y durante un ano anduvo con lagrimas en los ojos y termino en una secta religiosa en los barrios cochambrosos de Ipanema. Era el gusano, la arpia, la arana. Yo pregunte:

--?Te gustaria morir atravesado por una sierra electrica?

--Es terrible.

--Creo que puede ser mejor que cualquier otro modo.

--Creo que debe ser horroroso.

--No. En absoluto. Te tomas un diazepam, cualquier comprimido para dormir y cuando la sierra corta tu cabeza ni te das cuenta.

Me quede en silencio, Ernesto tambien. Ernesto se seco el sudor de la frente con la manga de la camisa y eso me proporciono un placer diabolico: la animosidad, el puro y simple odio. Un hombre escualido, con zapatillas, cruzo la calle. El me miro como si fuese incapaz de comprender lo que yo hacia. Ernesto y yo nos quedamos sentados en el auto admirando a la gente pasar. Triste mes.

Estabamos a finales de marzo, mes que la mayoria de los mortales esta de acuerdo en considerar triste. Me parecia normal que, a falta de acontecimientos mas tangibles, estas andanzas vinieran a ocupar cierto lugar en mi vida. Y uno se imagina que, tarde o temprano, algo va a pasar, que algo va a ocurrir. Craso error. Una vida puede, muy bien, ser vacia y, a la vez, breve. Los dias transcurrian pobremente. Ernesto, encendio el auto y dimos otras vueltas por alli como si fuera la excusa simbolica para vivir desprovisto de afliccion, de vacio y de dolor. En aquellos dias en que mi madre decia que mi padre era puro espiritu. En aquellos dias en que recordaba a mi padre haberse consumido como la cabeza de un fosforo porque la amante lo abandono, porque la amante huyo de la ciudad sin dejar rastro, ni excusa, ni huella, ni el tenue aroma del perfume ingles de su pieza.

Tenia palpitaciones detras de los ojos. Me retire a la sala. Tome un par de aspirinas y las hice bajar con cola de mono, directamente de la botella.

El alcohol me entro bien. El dolor de cabeza se hizo mas soportable. La vena de encima del ojo dejo de latir.

Preiss franqueo la entrada. En pocas horas habia convertido el living en una pocilga. Observe la jeringuilla a plena vista y el resto de polvo blanco sobre la superficie plana y pulida de un tablero de ajedrez. Observe a la madre de Ernesto abrazada a Carlota, ambas saturadas de droga y tendidas en un sofa felpudo. Carlota se comportaba como una pequena promiscua. Ella era mas ardiente que apasionada. Amaba la vida, el placer, el amor mismo mas de lo que amaba a un hombre. Ernesto jugaba con una ametralladora de juguete. Disparaba tiros. Carlota se levanto del sofa y se acerco. Carlota, convertida en una escultural mujer de veintiun anos, una rubia en el cenit de su abundante belleza. Nos pregunto si deseabamos beber. "No faltaba menos", confirmo Ernesto. Carlota se alejo y volvio con las cervezas. Eran las seis y media. El humilde, rechoncho, banal de Leonardo se tragaria la historia. Yo disponia de tiempo. Ernesto se largo. Yo calme los nervios con profundas respiraciones y una docena de cigarrillos. Visualice lo que debia hacer y decir. Volque un cubo de hielo. Preiss habia rasgado a cuchilladas el sofa, lo habia destripado hasta los muelles. Carlota se disculpaba de no se que. La madre de Ernesto le tomo la mano a Carlota y se puso a besarle los dedos y luego le contemplo las unas como si fueran un mapa. Aparte la vista y aprete las muelas. Le diria a Leonardo que todo habia sido un brutal asalto. Seria una mentira piadosa. El no daria credito a nuestras palabras, pero las iba a aceptar. Carlota lo confirmaria. Los destrozos de la casa eran dificiles de explicar. Nadie nos creeria, pero que podia hacer. Me senti aliviado. Mire a la madre de Ernesto y le dije, acariciandome la barbilla con la palma de la mano: "Debes tomar tus relaciones mas en serio, debes cuidar tu felicidad, mama." Lo afirme como si yo tomara algo en serio. Fue una estupidez decir aquello, tan torpe y tan poco decoroso. La senora respondio: "?Y que putero derecho tienes para hablarme de seriedad y de felicidad y eso? Asqueroso cerdo soltero". Por un momento el aire se lleno de chispitas. Se limpio de la mejilla un hilillo de saliva. Saco un porro de su escote, lo olio y lo devolvio al escote. La senora continuo como si le hubieran dado cuerda: "No me vengas con la beateria de la santidad del matrimonio y de la trascendencia de la estabilidad y de esa bazofia, mientras tu andas fornicando, por ahi, con chinas y chulas, camboyanas y zombies y con que se yo que mas" (Estaba brillante, lo merecia). "Lo que yo creo es que deberias probar casarte antes de ponerte de consejero matrimonial". Me parecia levemente sadica y tenebrosa. No cabia duda de que resultaba una mujer extraordinaria, deseable, acalorada. Cada vez mas desnuda, a medida que las violentas palabras le iban soltando el sueter del cuello, ese cuello que revelaba una belleza turgente, soberana, despreocupada.

El sabado que siguio Romina pretendia comprarse un sombrero, una jaula o una ratonera. Tal como lo veia y como lo he visto durante anos, Concepcion era la jaula, la ratonera y la mujer comprandose el sombrero sin saber para que. Ese es el ignominioso culebreo que iba desde la Costanera a las Tres Pascualas, del Cerro Caracol a Villa Cap. Lo que Dios olvido pulir, en su magna obra, lo encontrabamos ahi; centros comerciales y el bocadillo de hamburguesa, retretes grasientos y profilacticos rehusados, canutos en la plaza de armas y krishnas y organilleros y putas y gitanos. Ejercitos de gente buscando trabajo. Chapucillas asi las puedes ver una tras otra y tras otra. Homosexuales que van al bar con una escopeta recortada entre las piernas. Por todos lados olor a sudor y orina caliente.

Estudiantes y obreros sentados delante de las casas en el tenue sol de febrero, limpiaban con arena cucharillas de lata, se encasquetaban sostenes. Asesinatos y robos y violaciones y por la ventana volaban los coches. En una ciudad malditamente hedionda como esta, se me escapaba el sueno hacia algun punto del cerebro y solo me quedaba sentarme a esperar. Era la danza del mercado, de la fabrica y las maquinas con sus juegos para ninos. La danza del vino y los melones podridos. La danza del trafico y los locos semaforos. La danza de la pasta base al comienzo de la noche y en la calle la boca abierta de la ninita de quince anos con los ojos desorbitados. La danza del cortapluma y del punzon. La danza de la ninfomana borracha a media calle con labios de petalos de rosa. Este es Concepcion; el parloteo monotono y Romina y Carlota en el taxi a las tres de la madrugada. Y a las tres y quince Ernesto cacareaba: "A estas alturas nadie va a salir escapando con cara de inocencia", y Valeria entonaba el exitazo: !No somos demonios sexuales! !No violamos como los buenos soldados! Y mucho mas tarde, en las noches calurosas, Maka dejandome sin sabanas o, mucho antes, Francisca metiendose en una banera mostrandome sus piernas. Concepcion y la danza de la piscola, los platanos fritos, las criadillas y el churrasco y los churros. Sabia que una civilizacion entera de almas perdidas, vivia dentro de esta ciudad, dia tras dia, noche tras noche y para siempre. Y como en una obra de marionetas poniendome de puntillas tarareaba la larga cancion en medio de la vida, la interminable alegria.

Llegamos al departamento de Romina cerca de la medianoche. Ella abrio la puerta y dijo, exagerando manifiestamente, pues queria impresionarnos lo mas posible, que no pretendia atendernos y que fueramos moviendo el culo a otro lado. Romina se encontraba algo agitada, tiritaba. Tras ella, en la penumbra, habia un gorila semidesnudo. Supongo que estaba cumpliendo un viejo deseo. No discutimos. Buscamos el ascensor. En la planta baja del edificio, junto a la escalera, me detuve y grite a todo pulmon: "!Que duerman bien, mariquitas!" Apuesto a que desperte hasta la ultima sabandija del piso (eso estuvo muy, muy bien). La verdadera desesperacion puede convivir con el ingenio. Ernesto apuro el paso y yo lo segui. Entramos por calles laterales hacia la periferia. Llegamos a un lugar bastante concurrido. Pasamos por un pasillo, subimos una escalera, pasamos por un comedor y salimos de el. Ninguna gran cosa. Ernesto abrio una puerta que daba a la cocina, y el desfile de bandejas nos desoriento y condujo hacia otra sala, oscura, donde proyectaban una pelicula. Nos quedamos parados como dos botones de un exclusivo hotel cinco estrellas. En la penumbra se distinguian ocho o nueve cabezas. A Ernesto le hice senas para que guardara silencio. Los tipos de la sala hablaban con el de la pantalla. Parecia una mini conferencia. Entonces aparecio otro tipo en la pantalla. Traia un perro amordazado con cinta de embalaje. El tipo que hablaba desaparecio de la pantalla y al momento volvio con un arpon y, sin mediar aviso, apunto al perro. Se tomo su tiempo. Hizo un disparo que le rozo la oreja, el animal movio la cabeza y se quedo quieto, con la cabeza alta, tiesa, la boca apenas entreabierta, las orejas erguidas. El tipo puso otra flecha, apunto de nuevo con delicadeza. Hizo el disparo. La flecha zumbo en el aire y acerto sobre el ojo izquierdo. Un hilillo de sangre corrio por la frente del animal. El cuerpo se desplomo. Las extremidades patalearon. Las ocho o nueve cabezas no se movieron. Luego el tipo empezo el desollamiento; con la punta de los dedos tomo la lengua y la corto, le hizo estallar los globos oculares, lo abrio en canal y lo despellejo, fria, calculadamente. La sangre salpicaba. Cuando termino la operacion, el tipo saco un bisturi de un bolsillo e hizo senas hacia una esquina de la pantalla. Entro en el enfoque otro fortachon, llevaba entre las manos un nino de meses, practicamente era lo que yo alcanzaba a distinguir. El bebe chillaba, idiotizado. Me desconcerto, hasta el punto que palpe mis propios genitales a traves del pantalon para ver si aun seguian alli. No obstante, tocarme de esa forma me descompuso. Las cabezas ahora estaban llenas de asombro y con expresion inocente, como un crio que acaba de descubrir un monton de regalos. Ernesto abrio la boca, cerro los ojos y echo la cabeza hacia atras. El aire sofocaba. Lo empuje y nos largamos de alli. Bajabamos por una escalera.

Me quede pasmado.

--Creo que eso nadie lo permitiria ni en el mejor sueno --asegure.

--Suena un poco violento--afirmo.

Hubo un corto silencio. Salimos a la calle. Nos paramos en el borde de la vereda como si esperaramos un taxi y luego seguimos caminando.

--?Y Romina?--inesperadamente cambio de tema.

--Cree que una copula repetida cien veces ilumina tanto como una puta bengala--afirme.

Hubo otro silencio. Ernesto me ofrecio un caramelo. Subimos una cuesta por una zona umbria. Cortamos por una calle estrecha. Dentro de un edificio el telefono sonaba, sonaba, sonaba y nadie lo contesto. Paramos al lado de un semaforo. Los vehiculos avanzaban. Continuamos. Pasamos cerca de un camion estacionado y junto a una camioneta raquitica, en esta un payaso enculaba al domador del circo. Uno de ellos se quedo mirando el cielo y el payaso continuo dando brazadas en el vacio. Parecia que se jugaba la vida en eso. De la camioneta salia un olor fuerte, mezcla de enfermeria y laboratorio, cerveza rancia y desinfectante, y todo venia de esa carcasa. Yo ya tenia el cerebro embrutecido, embotado por el traqueteo. Llegamos a una vereda polvorienta frente a una casa y cruzamos la reja y la puerta. El comedor estaba desierto. Me tire en el sofa. Ernesto fue a la cocina. Su pequena hermana entro por la puerta de calle, paso corriendo hacia un dormitorio y al instante regreso. Se puso a jugar frente a mi. Me hacia senales con las manos y bajaba la cabeza. El cabello cubriendole el rostro, se entretenia con unos catalogos que observaba y organizaba en pequenos montoncitos. Hacia esas cosas cuando estaba sola y emocionalmente deprimida. Ernesto salio de la cocina con una bandeja con pan, te y mantequilla. Se sento y la chiquilla se le echo al cuello. La mocosa vestia uniforme escolar, y llevaba mochila y trencitas. Ernesto le dio un pellizco en la mejilla, la sento en las rodillas y jugo al caballito. Luego la chiquilla lo dejo y se me acerco apuntando con las manos, entonces las manos se convirtieron en dos pistolas. Comence a hacerle cosquillas en las axilas. Nos pusimos perfil contra perfil y nos quedamos asi unos segundos. Mas tarde, ellos se fueron a dormir y yo me quede en el sofa y me hundi en el sueno con Francisca y ella se transformo en la hermanita que saltaba en un campo de girasoles. Los girasoles se convirtieron en angeles y luego en cerdos y peces y uno de los peces dio paso a una borrosa serie de sucesos en los que Ernesto habia tomado la carretera que llevaba a Coronel, a su lado iba una chica de once o doce anos, una miniatura coqueta. Ernesto conducia intentando contarle una historia confusa, de amor y desdicha, y mientras conversaban se metieron a toda velocidad en una curva que desconocian y volaron hacia la nada. En el silencio pude oir el chirrido de los neumaticos y luego el prolongado silencio en lo alto de un acantilado. Me desperte de madrugada con el cabello revuelto y la cara desencajada. Sin saber si habia dormido poco o demasiado, y me volvi a dormir.

El amor a veces se reduce a perder. Por el amor perdemos el sueno, el pelo, la belleza, la razon e incluso la vida. La lista es interminable y es agotadora. No esperaba milagros. Ya habia gastado mi reserva de esperanza y cualquier diversion que mitigara el amor era bien recibida. El amor, por lo tanto, no desaparecio, pero poco a poco, comence a notar que lloraba menos. Que no siempre mojaba la almohada antes de dormirme. Y una vez, incluso, descubri que habia pasado tres horas enteras sin pensar ni traer al sueno a Francisca. Constituian pequenos triunfos, lo admito; pero teniendo en cuenta las circunstancias, no podia burlarme de ellos.

La noche de nuevo; la esteril y helada noche de Concepcion, en la que la paz y la intimidad se mezclaban con lo que mas parece la cronica sabrosa, intima; de petardos, de cafiches, de flojos irremisibles. Preiss estaba con expresion totalmente ausente. Hundido en si mismo. Y, por primera vez, esto unido a un aspecto delicado, delicioso, inmaculado, lo que despertaba en mi ese sentido de admiracion que te indica cuando las cosas van derecho al desastre. Preiss y yo nos paseabamos desnudos por el comedor. La ropa tirada por el piso. Habiamos medido nuestros penes y acto seguido fotografiado los diversos angulos. En especial la curva, la sinuosidad y declive del glande. En cierto momento, Preiss inclino la cabeza y enrosco la lengua a mi pene. La sensacion, sin lugar a duda, se podia definir como exquisita, deliciosa, embrujadora. Sin embargo, yo no calzaba con las facetas, las profundidades y simplezas del maricon. Y me lo empece a repetir hasta vaciarme, pero aquello no estaba mal. Y el no era homo ni bisexual, sino un lunatico y extrovertido granuja. Claramente en nuestras vidas habia mucha confusion y agitacion. Preiss me dijo:

--Tirate en la alfombra.

--Alto ... viene alguien--respondi.

--!Carlota!--exclamo el.

Ella habia entrado en la sala deslizandose como una chica de topless sobre la pista de hielo. Se detuvo ante nosotros mientras las paredes temblaban. Miro a Preiss, el fijo las pupilas en la punta de sus pies desnudos, murmuro palabras que nadie entendio y se quedo muy quieto, con la cara livida, unos ojos sin luz.

--?Que estas haciendo aqui con este escritorucho de segunda clase? (El escritorucho era yo).

--Eh, !quieta ahi, zorra!--no se porque dije eso, pero lo dije.

--Bueno, Carlota, tengo un pequeno problema y pense que necesitaba que me ayudaran.

--?Que te ayudaran? ... ?Quien?

--?A que viene esto ... ? No, gracias. No me voy a embarcar en explicaciones, perdona, no puedo decirlo. tu lo confundes todo y no vas a entender nada.

--Tu no conoces problemas desde que me tienes. Yo puedo hacer cualquier martingala mejor, que esta pequena cucaracha. (Eso estaba bien, me acababan de convertir en la pequena cucaracha, eso resultaba indecoroso, ?o no lo seria nunca?)

Me puse de pie. En realidad ya lo estaba.

--?Ah, si? Pues, a ver si consigues una ereccion de veinticinco centimetros, so puta ... (Ultimamente mi pene no llegaba ni a los tres centimetros, pero no importaba, habia que crear ficcion, torcer la realidad, enganar para salvar la dignidad o lo que sea).

--!Cerdo machista!--exclamo, amenazante.

El incidente mejoraba a cada instante, eso era lo que de algun modo yo colegia. Me senti asustado. El piso comenzo a hundirse bajo mis pies y empece a caer, a caer.

--Todo esto son tonterias--le grite a Carlota como un tipo que se ahoga e intenta agarrarse a la boya.

Me estaba cagando en mis propias nalgas. La caca humeda, tibia, corria por mi pierna derecha sin darme cuenta. Todo lo que yo pudiera decir o pensar estaba equivocado. No era posible ninguna clase de acierto en ese estado de caos mental en el que me encontraba. Carlota se contoneo un poco por la habitacion volviendome mas majareta de lo que ya estaba. Luego dio un salto y observo a Preiss. Carlota surgia impresionante, la mirada astuta, maliciosa, radiante, imperiosa.

--!Ven aqui, perro! !Ven arrastrandote por el suelo! !Ven!--le ordeno.

--!No lo hagas!--le grite.

--?Eeeeeeh?--dijo ella.

Se largo. Preiss enarco las cejas interrogandome. Espante una polilla mientras dejaba de hacerlo. Sonrio. Levante mi ropa del piso y fui al bano a limpiarme. El se vistio y salio a comprar una caja de te. Debia de tener uno o dos anos menos que yo, hablaba con educacion. Lo que daba miedo de por si. Y de pronto me entro el deseo incontenible de olvidar aquello, pero despues, me pase un buen rato meditando en que impresion le habia causado a Preiss. ?Seria que eso me gustaba porque me sentia infeliz o me sentia infeliz porque eso me gustaba? Habia subsistido anos escuchando a este, al otro y al de mas alla, parlotear sobre sus corazones rotos, ?y me habia servido de algo? ?Y por que corregir esa idiotez en vez de todas las demas idioteces? Quiza por eso mismo me repetia: "Tenemos que ser infelices, tenemos que ser infelices, tenemos que ser infelices ..." Todo muy lindo, pero muy cobarde. Al final, me pase la tarde apoltronado en un rincon mirando el techo.

En las fotografias siempre aparezco particularmente ridiculo. En la primera, todavia estaba en panales. Digo esto, porque no se de que otro tema hablar. Desde entonces la situacion no mejoro: al contrario, empeoro. A los diez anos conoci a un gitano que bailaba como trompo. Nos sacaron una fotografia bailando. Yo llevaba el pelo largo y una gafa hippie. Resultaba el ardid mas desquiciado que hayan visto. A mi me horrorizan los puertos, pero tengo una fotografia en el puerto de Talcahuano. Estamos Paula, Leonardo y yo. Paula esta en medio, y Leonardo y yo a los costados. Aparecemos comiendo latas de sardina y con unos abrigos que llegan al suelo. Aparecemos achispados y tragando las malditas sardinas. A ellos les gustaban las sardinas, pero a mi me gustaban mas que a nadie. Parece ridiculo, pero es asi. Tengo una fotografia con Preiss y Ernesto. Conoci a

Preiss en el colegio y a Ernesto en la universidad. Preiss era cinico, Ernesto el humorista y yo algo loco. Al costado de la fotografia aparece Francisca, sonriente, con una falda cortisima, rascandose el culo. La puta fotografia es muy graciosa. Dos semanas despues de sacarnos aquella fotografia me encontre con Preiss y me dijo que iba a postular a la marina y si no quedaba seleccionado, se iria en un buque mercante. Ernesto viajaba constantemente a Arica, su familia residia en esa ciudad salvo la pequena hermana que vivia con la abuela en la Costanera.

La gente te cuenta historias preciosas de la infancia. Para mi; la infancia, la adolescencia, la adultez y la vejez son la misma mierda, solo que cuando eres pequeno tienes menos fuerza para tirar de la cuerda y eso no hay Dios que lo cambie. Tengo otras fotografias. Una con Maka mientras acariciabamos a un perrito de la calle. Maka y yo fuimos novios durante meses, un invierno me espoleo a prometer casarme con ella y tres meses mas tarde me abandono. Tengo una fotografia de Carlota y Romina saltando junto a un ciclista decrepito y otra en que las dos estan abrazadas en la pista de baile. Tambien guardo la que nos saco la profesora de ingles a Preiss y a mi. Hay otra fuera del colegio, en la cual los tres aparecemos riendo y abrazados. Un dia, entre a orinar a un pequeno boliche, tenia el bano mas espeluznante que pueden imaginar, pense que seria un buen lugar para rascarme el ojo del culo y sacarme una fotografia. Guardo una fotografia de Bin Laden, el terrorista mas buscado del mundo. El ordeno desplomar dos rascacielos de Nueva York. Por entonces, todos lloraban, mientras yo reia. Para mi, Bin, era el unico heroe de este putoso mundo. Por supuesto todavia poseo la fotografia de Valeria con uniforme de colegio y borracha, en la que aparece Paula con bikini abrazada a mi. Paula recien, en aquel tiempo, habia sido contratada para integrar el equipo de la sucursal bancaria. Le tome una fotografia en las puertas de la sucursal. Tengo fotografias, muchas fotografias, algunas muy tontas y otras no. Fotografias y mas fotografias.

Alli estaba. Escritor de cuarta categoria, dispuesto a vender el culo a diestra y siniestra.

--Quiero ese maldito libro--me dijo Preiss.

--Muy bien--le asegure--, es tuyo.

Estabamos sentados en una farmacia matando el tiempo. Veiamos pasar la tarde apaciblemente.

--Y si este libro no da plata, te cortare personalmente tu lindo pene.

--Es justo.

--Primero tenemos que hablar algo.

--Adelante.

--Quiero aparecer en la dedicatoria.

--?Que? ?No sabes que esas cosas nacen? ?De que estas hablando? ...

--Claudio, no siempre consigo que una mujer pague un libro.

--Oh, por favor.

--Claudio.

--Pero eso puede estropearlo todo. Echar a perder la credibilidad.

Ya no estaba vendiendo mi culo sino mi alma y todo lo demas.

--Esta bien--dije--, escribire esa maldita dedicatoria.

--Bien, bien ... pero hay algo mas.

--?Que hay ahora?

--Te acuerdas de Luisa.

--Si, que pasa con ella.

--Ella tambien quiere aparecer.

--Pero mierda ?esa mujer esta loca?

--Ya sabes, financia parte del libro.

--Esta bien, seguro podre escribir su nombre alli.

--Gracias--dijo.

Suspire tranquilo. Si hubieramos continuado quiza a quien mas se le habria antojado incluir en la maldita edicion. Con lo extravagante que era, podia querer meter a su madre o a Sor Teresa de Calcuta o a algun amante del Dalai Lama venido de otra galaxia. De Preiss podia esperar cualquier cosa. Me senti frustrado, perdido, ignorante de mi propia vida y, sin embargo, sali a la vereda en el momento que a Preiss se le ocurrio comprar un medicamento. Masque un palito de fosforo, ya blando, me sentia indestructible, saque pecho, mucho pecho, hice un paso de baile, una pirueta igual que si viviera mi primer milagro o un sueno pletorico.

Preiss salio de la farmacia y juntos caminamos por el estacionamiento.

--Carlota anda diciendo que Ernesto es un imbecil--le explique.

--?Por que dice eso?

--Porque Ernesto se tiro a la Pancha Melo.

--Viste, ?crees que eso lo convierte en un imbecil? Ningun imbecil se agarra a la Pancha Melo. !La Pancha Melo!

--?Y quien es la Pancha Melo?

--Un travesti de dos metros que se prostituye en Orompello con Heras. Debes probarla, es magnifica.

Lo decia con la mirada desorbitada y la quijada chueca, y estaba tan endemoniadamente fuera de si que me detuve y el continuo caminando sin siquiera enterarse de que yo no seguia a su lado. Me devolvi y camine, camine y camine y no se como llegue a una pasarela. Los vehiculos pasaban por debajo. Suspire hondamente. Una leve tristeza se apoderaba de mi y eso tampoco me importo demasiado. Un dolor punzante me ataco el colon, lo cual, en cierta forma, me descompenso, pero no me indigno ni me provoco ninguna decepcion. Continue caminando sin razon. Por lo general caminaba sin razon alguna. Aplanaba las calles sin motivo aparente. Me desconsolaba un poco.

A veces me veia obligado a vivir con tal urgencia que apenas me quedaba tiempo de consignar estas notas y fragmentos. Una de esas tardes tan primaverales como pocas, visite a Ernesto. Ernesto nuevamente se habia cambiado de residencia. De un minuto a otro se trasladaba de una pieza prestada a una pension, un hostal, un cuchitril o un sotano y ahora vivia en una casa de familia. Los duenos habian viajado a Peru a visitar unas ruinas y el se quedo en la mansedumbre del hogar. Tenia una borrachera y se sentia totalmente deprimido. Estaba dando vuelta unos trozos de pollo, sobre la parrilla, en medio del patio. Los trozos chorreaban, se chamuscaban; pero Ernesto seguia dandolos vuelta. Llevaba bermuda color caqui, calcetines gruesos, zapatones, tenia el torso desnudo. Un enorme gorro blanco de cocinero coronaba su cabeza, pero resultaba evidente que se le habia caido innumerables veces porque estaba completamente arrugado.

--!A servirse pollito!--exclamo el. Entro a la casa, consiguio dos platos y arrojo una porcion de pollo en cada uno y nos sentamos.

--Esto es algo digno de admiracion--anadi, despues de examinar la carne dorada.

--Si ... Hummm ...--dijo Ernesto.

Ernesto puso la tv. Veiamos el programa comiendo pollo. En la pantalla empezaron a aparecer figuras del espectaculo, modelos, actores, futbolistas, un humorista calvo. Todo el glamour, los peinados y los rostros rutilantes y los trajes desfilaban delante de nosotros. Eramos dos fantasticos peleles viendo el gran espectaculo del mundo, pero sabia que el gran espectaculo del mundo lo conformaba gente sin talento, sin alma, ciegos. Eran pedazos de caca y detrito piloso andante; pero para el publico, para la mayoria de la gente, aquellos personajes representaban dioses hermosos y venerables. Ernesto apreto un boton y desaparecieron los venerables. Despachamos el resto del pollo y nos quedamos alli sentados. La tarde, en Villa Acero, transcurria lenta y apacible. Ernesto tenia los ojos clavados en su copa. Todavia llevaba puesto el sucio gorro cocinero. Nosotros siempre habiamos mantenido un poco de estilo, incluso en el peor momento. Quiza, esta vez estabamos obligados a hacer tabla rasa para volver a edificar nuestras emociones.

Semanas despues dejo aquella casa y encontro una pieza en la Aguita de la Perdiz. Y esto era efectivo, real, muy real.

La tarde siguiente me presente con paso raudo en la biblioteca de la Universidad de Concepcion. Debia dictar mi cuarto taller literario. Un taller que habia comenzado hace un mes o un poco mas. Me acompanaba Carlota. Entramos al salon, saludamos. Habia siete u ocho adolescentes. Carlota se acomodo entre ellos y yo me sente sobre el escritorio que estaba alli. Abri un libro para esperar a ver si llegaba alguien mas. Lei un par de lineas de la solapa, cerre el libro, observe la contraportada, me levante y explique el trabajo de esa tarde. Asi fue como improvisando, siempre improvisando, me enrolle en una arenga (por no decir celada, farsa, si bien distaba de la abierta mala intencion) la que termine de la siguiente manera:

-- ... ustedes creen que saben escribir ?verdad? Pero el hecho es que muy poca gente sabe escribir y la mayoria solo puede redactar a medias. Cada vez que alguien escribe me maravillo de que acierte a colocar en el lugar exacto una coma, una palabra certera o las comillas. Muy pocos saben hacerlo y sufren por eso. Algunos hacen yoga o simplemente se aferran al adulto enfermizo parapetado tras el supuesto artista. Y muchos son victimas de esta ilusion hasta el final. No crean que escribir es un placer de vida sin retorno.

No senti verguenza ni alegria ni fastidio ni nada. Alguien podia afirmar: "Es inteligente, encantador, es tan absurdamente dotado, tiene el ingenio desbordante." Para nada, no tenia absolutamente nada que ver con todo eso. Una nina murmuro: "Es un quisque superficial y maloliente." Y me parecio que lo decia con mayusculas, con sorna. Eso me motivo:

--Yo no estoy aqui para decirles como tienen que vivir. Para eso vayan a ver a su rabino. O a su cura. O a su conyuge. O, si alguno puede, a su concubina, a su amante ... O a--y aqui puse una miradita sarcastica, una sonrisa ampulosa y con un opulento ademan me revolvi el cabello--su cocotte.

Carlota se froto la frente con la yema de sus largos dedos, cerro los ojos como diciendo al mundo que yo habia comenzado con mi malicia, mi sana justiciera.

--Madre, el cabron tiene labia--dijo el adolescente que estaba a mi lado.

--Todo hombre es un poeta--replico Carlota, mientras mecia su cabellera larga, rubia, voluptuosa.

Hubo un silencio. Nadie sabia que decir. El sabihondo se habia hundido en sus orejas. Yo habia realizado el acto mas condenadamente bueno de mi vida (eso pense) y no habia una mente despierta en varios kilometros a la redonda. Alguien pregunto:

--?Por que no traemos vino y amenizamos la reunion?

--Claro, y despues buscamos una chulita en tu libreta de direcciones--le respondi.

Al principio rieron y yo tambien, mas tarde pusieron caras sombrias y distantes y yo tambien. En aquel taller habia una chica, bastante locuaz, que en un momento se habia puesto a hablar de si misma. Decia que la mayoria de nosotros solo tiene dos o tres momentos autenticamente interesantes a lo largo de la vida y que el resto es relleno. Era un pelin cruel, pero era asi. La chica se llamaba Genoveva. Vestia pantalon corto, zapatillas y de una aleta de la nariz le colgaba una chucheria en forma de corvo dorado ... !Cielo santo! Era una pequena aficionada al tenis ... !Oh, Dios! Aquella tarde yo llevaba un libro robado debajo del brazo. Genoveva deseaba leer, pero no sabia que. Yo le ofreci el libro que aquel mismo dia sustraje de un anaquel de la libreria Antartica. Estabamos en la vispera del dia de Todos los Santos. Mas tarde me encontre sentado, estupidamente, en su casa, comiendo un enorme trozo de pina. Genoveva fue una de las chicas mas extravagantes que conoci y, al mismo tiempo, daba la sensacion de triunfo y de promesas infinitas. Genoveva parecia una de esas mujeres que no son responsables de nada de lo que pasa por su mente. En verano le encantaba viajar por las autopistas haciendo parar automoviles. Cada cierto tiempo, se cargaba con pastillas que la dejaban lela. Llevaba encima tanta pastilla que tenia que pasarse gran parte del dia sentada en una pieza con la luz encendida. Me hablo de sus vecinos; un familion con unos hijos muy traviesos que le tiraban piedras por arriba de la reja. Un invierno, salio totalmente drogada con un cuchillo en la mano, les sonreia malignamente. La vision debio resultarles una pesadilla, porque no volvieron a arrojarle piedrecillas. Mientras comiamos pina me relataba, divertidisima, esto y otras cosas. Me conversaba en el agradable calor del anochecer de Concepcion. Grandes y hermosas nubes flotaban por encima de la ciudad, unas nubes que te hacian sentir la pequenez de la vida.

Preiss fumaba, por la boca arrojaba humo como chimenea. Preiss; un chico rastrero, descarado, temeroso de ser absolutamente abominable y, en ocasiones, derrochaba energia como el futbolista que acaba de meter el gol en la final del campeonato mundial. Ahora su voz sonaba nerviosa, monotona, apagada. Llevaba un pantalon rojo como de bombero. Yo intentaba fingir que no escuchaba lo que escuchaba o miraba un punto inexistente en el aire como si estuviera inmerso en un pensamiento profundo. Estabamos en mi pieza. Yo, sentado en la cama en posicion de indio apache; el, en la silla en posicion fetal y con escalofrios. En un momento lo volvi a escuchar con atencion.

--Una tipa me llamo--me confidencio Preiss.

--?Y?--pregunte.

--Me dijo que me iba a matar. Dijo que la habia violado.

--?Que?

--Me llamo por mi nombre y apellido.

--?Y que decia?

--"Tu, hijo de puta. !Tu me violas! Tu me violas y violas a mi hermana, cerdo maricon. Voy a ir por ti y voy a violarte hasta arrancarte un testiculo. Y despues, voy a matarte, voy a destruirte, porque !yo soy la destructora!"

--Dios mio ...

--La tipa reia con odio desatado, parecia fuera de si, parecia muy real. Es espeluznante ... estoy seguro de que esta noche no podre dormir.

--Calma. Si llega, habla con ella.

--Yo no quiero hablar con ella ni con nadie. Puede que sea verdad. Creo que he violado a un par de putas.

--Pero chico, eso es el pasado.

--Si, pero no creo que ella pueda entenderlo.

--Preiss, puedes quedarte aqui ... o estoy seguro que Romina tiene sitio ... esto no es tan horrible como aparenta, todos los temporales pasan ...

--No, no, a veces hay temporales que no pasan nunca. Se quedan para siempre.

--Para ya. Te estas torturando.

--La vida no sirve para nada.

--Si, esas mujeres tienen mas estrategias que la policia y los servicios de inteligencia, y las utilizan mas a menudo.

--Esas mujeres estan por todos lados. Puedes encontrarlas debajo del piso, en el tejado o en un basurero clausurado. !Que clase de tipas endemoniadas son!

--Es espeluznante.

--Hay putadas de muchos tipos, cada dia.

--Bueno, yo tambien he abusado de algunas, como ellas han abusado de mi y no ha sido tan paranoico.

--!Perra!

--Vamos, vamos, no siempre se puede pedir todo.

No esperaba milagros; despues de esto, ya habia agotado mi reserva de esperanza. Sabia que a partir de entonces, cualquier suceso seria un corolario. Una vida con vicios solitarios, con entierros organizados por telefono, con Maka muerta no por sobredosis ni en un accidente aereo sino por el paro cardiaco al ver que casi atropellan a su perro. Una vida con temblores, ansia, insomnio. Con Leonardo perdiendo el paraguas en una noche de lluvia, subiendo una empinada cuesta para mas tarde, en medio del sueno, terminar bajo los escombros del edificio de Caty, producto de la explosion en cadena de una fuga de gas. Esos son los juegos y las putas ironias de la vida, una vida que seguiria su curso. Y yo, por supuesto, un dia no podria escapar de la vida ni volver a verla ni oirla jamas.

Ese sabado me acomode a un costado de la lavadora. Leonardo fue al refrigerador. Abrio la puerta y se quedo mirando el interior. Saco jugo de manzana y lo bebio. El aire gelido le daba en la cara. Registro los pequenos paquetes y envases con alimentos sobre las rejillas, el jamon envuelto en plastico transparente, la mantequilla mal conservada. Leonardo, voluminoso, de un lenguetazo se limpio el labio superior.

Sus padres vivieron en Concepcion y mas tarde se radicaron en La Serena. Leonardo ocupaba la casa que le habian dejado. Una casita ubicada cerca de un basural. A dos o tres kilometros de la ciudad.

Cerro la puerta del refrigerador. Volvio a sentarse.

--Ya no me salen las palabras--aseguro.

--No.

--Deberian darme de patadas en el culo. Tengo menos sentido que una mosca y cuando digo "tengo", me refiero a mi cara fea, al que le han tirado flores con florero y todo, !Jesus, que dias y noches son estos!

Nada iba como la seda. Me levante. Sali a la calle y encontre a Romina asomada al porton, con una chaquetita sin planchar, esperando. Me afirme en la reja sintiendo el viento en mi pelo y en las orejas. La escuche decir bajito: "Claudio huele a meao de gato." La contemple con rabia y ella me devolvio la mirada insistente, implacable, advirtiendo, recordando.

--!Llego tu turno de llorar, marrana!

Me acerque y le di una bofetada. Ella salto sobre mi como un resorte. Me arano la mejilla, me arranco algo de pelo mostrando su cara fria e inhumana. Y nos liamos a golpes (en esto ella era habil) y me hizo una zancadilla y me descargo un buen punetazo en la boca, pero no salio sangre. Trastabille hacia atras, tropece con un ladrillo, cai pesadamente con arte consumado, me levante y le di unas cuantas patadas como Dios manda. Y ella me daba dos y yo le daba uno (era mucho mas veloz que yo). Y ella corrio y yo logre alcanzarla, la tire a tierra y ella se orino y comenzo con los insultos, le salian desde las entranas: "Concha de tu madre". "Cabron". "Mariconazo". "Basura arribista". "Farsante". "Pedazo de bestia". Agitaba los brazos y gritaba perfectamente. Cuando terminamos, los dos jadeabamos; ella dijo:

--Ah, ahora me siento mejor.

Me miro sin ira ni rabia ni desprecio, mas bien con un aire de nostalgia. Lo tome, en cierto modo, con sigilo, por no decir que desvariaba, esboce una sonrisa amarga, me senti como si resbalara hacia una zona oscura. Ella giro sobre sus pies y camino hacia la calle. Volvi a entrar a la casa. Sabia que al dia siguiente yo tendria un ojo terriblemente amoratado y un profundo aranazo. Un excelente golpe, pense. Cojeando me acerque a Leonardo y me sente junto a el.

--Eso fue delirante--me susurro Leonardo--. Pero lo necesitabas para mirar la vida de otra manera.

El habia contemplado la rina y se rascaba la flaccida nalga.

--En veinticuatro horas todo habra pasado y volvera a ser igual como antes de que te metieras en "esto."

--No soy un heroe sino un payaso--respondi con el animo por el suelo.

--!Claudio, hay tiempo!

Leonardo prendio la radio--ese amante sensiblero, ese granuja gordinflon, ese piojo fanatico del rock--, estaba de pie, oyendo a los Rolling Stones cantar "Simpatia por el demonio."

--Leonardo, no la entiendes--le dije refiriendome a Romina.

--Creo que un grupo Irlandes ejecutaria aun mejor esta parte--respondio.

El, a diferencia de mi, sabia perdonar, dejar el resentimiento a un lado y limar asperezas. Entonces me entraron ganas de dar un paseo. Pero no, me deprimio entender las cosas tan al reves. Huir de lo que no se podia huir. No podia ponerme de pie y a Leonardo le dieron ganas de llorar desconsoladamente, pero no lo hizo. Afuera el viento era fuerte y la luna resplandecia. Leonardo no hablaba mucho; sin embargo, cuando se juntaba con Preiss, llegaban a ser algo dificil de controlar. Al concluir aquel dia, Leonardo dijo: Preiss, ?donde esta Preiss? Tengo que ver al hijo de perra, tengo que verlo.

Me invitaron a participar en un programa de radio. A la radio Infinita. Era en relacion a un encuentro de poetas que habia organizado y sobre la poesia en general. Me iban a pagar cinco mil pesos por la media hora que duraba el programa. Cuando llegue a la emisora me recibio el locutor. Un insecto al que le gustaba hablar. Se llamaba Marco. El lugar donde se realizo la entrevista no parecia gran cosa. Dos sillas, una mesa y el microfono. Al otro lado del vidrio habia un melenudo manejando el equipo. Marco me rogo que me sintiera a mis anchas y rellenara lo que pudiera. "Ok", dije. Siempre me ponia nervioso ante una entrevista o aparicion publica. Incluso, en una oportunidad, me dieron calambres en el estomago y habia vomitado antes de la lectura. Abrieron el microfono. Estabamos al aire. El insecto hablo de esto y de lo otro. Yo igual. El tipo me pidio que me definiera como poeta. Ante una pregunta como esa deje funcionar el rollo Villanueva. Improvise:

--Yo soy un hombre de las cavernas, abro los ojos y luego intento ver si consigo llegar al final del dia. Ese es un trabajo de jornada completa. Y aun asi me considero un tipo normal. Bueno, puede que no exactamente, pero ?quien lo es exactamente?

El me quedo mirando. Yo lo contemple, deje vagar la mirada por la habitacion insonorizada, y luego continue:

--Mi autentica trinidad es esta: dar buena imagen, patear culos y echar polvos. Aunque ultimamente estoy a dieta (alguien sonrio por ahi, yo hacia caso omiso). Es hora de desmitificar una epoca y de construir un nuevo mito desde el arroyo hasta las estrellas.

Esto ultimo, si mal no recuerdo, lo copie literalmente del libro que acababa de leer. Silencio. El flaquito cara de insecto me observo e hizo un movimiento de cabeza para que continuara.

Yo le hice senas con la mano para ir al bano. Colocaron algo de musica. El insecto se rasco las costillas. Me levante y sali, pero en realidad no queria ir al cagadero. Deseaba tomar aire. Di vueltas en el pasillo, alli habia una vieja con la boca pintada de rojo y tentaculares pestanas postizas, estaba buena. Cuando regrese la musica continuaba. Ahi afuera, el melenudo me explico que la habitacion les habia costado una fortuna, pero absorbia los ruidos en un noventa y cinco por ciento. El melenudo tenia un tic en el ojo y era sensacional. Yo no dije nada y volvi a la accion. El insecto me guino un ojo y me pregunto:

--?Para que escribir critica si no se es capaz de noquear de golpe?

Me lance en picada.

--Segun mis cifras, he leido a dos mil quinientos autores (con alguna temeridad abulte la cifra con un excelente par de ceros, por lo demas era un cuento que me seducia) y los suficientes tipos que hablan de esos autores, y si les debo dar un mensaje: Muchachos, hay que empezar a ganarse el pan de otra manera. Y como el mundo sabe, ellos son lo peor de lo peor en cuanto a escribir y, sobre todo, en cuanto a pensar. No se si son peores escribiendo o pensando, pero sea lo que sea que quede, es decepcionante.

Al tipo le fascino esta parte, y no es que yo no lo crea, lo creo, pero no mucho. Sin embargo, tenia que andar con cuidado, estaban tan atentos que podian detectar cualquier palabra falsa, cualquier gesto falaz. Nunca podias desestimar a tu publico. Habian pagado para escuchar. En consecuencia, les tenia que dar lo que querian. Fueron a una tanda de avisos comerciales. Me dieron ganas de correrme una paja. No lo hice. Volvimos al aire.

--?Que hay de la virtud? !Que pregunta! ... Yo conteste muy serio:

--Podria atribuir mi perdida de virtud a algun suceso o circunstancia en concreto (no estaba muy seguro de haber querido decir eso), pero no se puede perder lo que nunca se ha tenido (me relaje). La vida reinventa sus gestos mas oportunistas para hacerlos pasar por sucesos de gran peso moral.

Lei algunos poemas. Me hizo otras preguntas: --Tu escribes mucho de mujeres y de fornicar, ?que hay de eso?

Una vez mas eche a andar el parloteo Villanueva:

--Nadie que sepa meterla como es debido entiende de globalizacion, tarjetas de credito o lo que sea. Todas las mujeres saben que un ocioso atornilla mejor que un hombre de provecho. Pero no todas las mujeres joden tan maravillosamente como todas las mujeres creen que joden. Sus vaginas, a veces, pueden resultar tan aburridas como el campeonato del luche. Pocas mujeres saben que sus vaginas pueden resultar tan tristes como nuestros penes. Algunas creen, al igual que algunos, que ensartar es un arte. Falso, ensartar es estar tan caliente como una tetera o un quilombo en el quinto infierno, y para ensartar como se debe, tienes que estar tan loco como el diablo en su jodido agujero. Chico, conseguir un buen polvo no es facil. No es necesario probar muchas mujeres para saber esto. Solo las suficientes.

--Posees la conciencia del pequeno trotamundo, del pequeno vividor o aventurero.

--Amigo, nada mas alejado de la verdad. Mis "correrias" siempre han sido accidentales, impuestas, siempre soportadas mas que buscadas. Pertenezco por esencia a esa raza de gente jactanciosa, sin el menor sentido de aventura; espiritu inquieto, atrevido, travieso, pero no aventurero ni un Sandocan ni un Sanson del sexo.

--?Puedes ser mas concreto?

Me quede reflexionando. Contemple las placas acusticas que cubrian la habitacion. Tosi. Mire la puerta acolchada. El microfono, el marco de la ventana insonorizada. Pense que era martes, el dia de recogida de la basura. El bicho comenzo a sudar. Le respondi:

--Por ejemplo, si pudiera apretar una tecla y ver a Chile arrasado de extremo a extremo, lo haria no sin algun desden, sin vileza, pero burlandome de mi mismo, mofandome de todo sueno y aspiracion humana, y al fin diria "mi tierra" al lugar en cenizas; desearia que sucediera como una especie de expiacion por los crimenes cometidos contra ti y contra otros iguales a ti, gente sencilla, demasiado impresionable, que nunca ha podido levantar la voz y expresar su rebelion, su legitimo deseo de revancha. Y despues de haber ejecutado esa accion, en cierto modo, festejaria por el simple hecho de haberlo hecho. Y estoy seguro de que, por un instante, creeria que existe la felicidad en el mundo, aunque sea mas efimera que un sueno. Ves, desde el principio mismo fui un espiritu jactancioso. Y no es que sea una vasija rara, misteriosa, una suerte de jarron chino. Simplemente soy lo que soy.

Con un discursito asi no podia perder. Alguien al otro lado del vidrio volvio a sonreir. Era divertidisimo. Inventaba, improvisaba y farfullaba. Por fin habia descubierto la veta del genuino escritor. El planeta me esperaba.

Cuando pienso en aquel mes de febrero me sobreviene una conmocion de silencio. No es que nos hayamos convertido en tipos raros o gentuza ordinaria que roba en el supermercado o la botilleria. Pero pasarnos tardes enteras juntos, no contribuia a mejorar la situacion. Sin duda, arrastrabamos la vida lenta y tediosamente y en el intertanto nos regocijabamos lanzando al viento repugnantes ristras de injurias y garabatos, altisonantes exhortaciones contra Dios y la patria, vociferando, tarareando e hipando al mismo tiempo. Pongo por ejemplo a Preiss. Hace mas de un febrero se largo a llorar. Debo reconocer que fue uno de los momentos altos de Preiss. Trato de explicarlo: "Esto es consecuencia de mi infancia y de mi pasado". Y ustedes ?que creen que hice?; sonrei y simplemente me dormi. No me derrumbe en la alfombra. En absoluto. Me levante, bostece, me desperece, y me acomode en el sofa. Alli estuve roncando, gimiendo y resoplando durante casi tres horas. Me desperte reconfortado y fresco, pensando que lo mejor seria no irme muy tarde. Entonces me acorde de Preiss. El estaba en el dormitorio placidamente dormido y con el televisor encendido. Probablemente mi resfriado impedia ver lo divertido de la situacion, lo amargamente divertido de la situacion. En Concepcion toda la gente es un verdadero capullo, me dije. Como lo de Rodrigo unos quince dias despues. Rodrigo habia conocido a una violinista. La violinista estudiaba en la universidad y, segun Rodrigo, podia hacerle olvidar a una tal Johanna. Decia que solo tenia que conseguir que la violinista se la mamara tocando el violin. Yo le dije: "Pero, mierda, estas bromeando". "No, Claudio, esa mujer es todo un prodigio". Luego empezo a hablar de un tal Saul Bellow. Un autor que, segun el, era mejor que correrse acariciando el boton del seno y mirando las cachorras de la Playboy. Le pregunte si podria ser mejor que la mamada de la violinista. Dijo que jamas. Que el tal Bellow lograba ser formidable, pero jamas sublime. Que a lo mas se podia llegar a un solo orgasmo mientras se leia al tal Bellow. Finalmente, el maldito me obligo a acompanarlo a comprar un computador de segunda mano. El dueno del aparato era un siquiatra que vivia en un edificio centrico. Un edificio muy antiguo. Nos recibio el dueno. El tipo--no sabiamos su nombre, no se lo habiamos preguntado--nos dijo: "Este computador se ha pasado toda la vida en una clinica de enfermos mentales". "Va a la persona adecuada", dije yo, mirando hacia otro lado. Rodrigo se lo llevo como si hubiera hecho la compra del siglo. Rodrigo, en aquella epoca, cursaba ultimo ano de Bioquimica. Tenia problemas con su tesis y algunas mujeres. Y, segun me explico, habia empezado a introducirse en la lectura de Heinrich Boll. ?Quien era Heinrich Boll? Vaya a saber uno. Rodrigo, de vez en cuando, salia con Johanna a cazar imagenes en video como otros a cazar mariposas. La tal Johanna lo excitaba tanto como lo excitaban las mariposas. Rodrigo habia publicado un par de ensayos en el pasquin y en la revista Trilce. Encontre divertidisimas sus reflexiones y habian causado cierto revuelo. Todo esto ocurria a fines de aquel febrero. Un febrero febril, delirante. Meses despues lei al tal Boll. Mas aun, cuando termine de leerlo rompi a llorar. No recuerdo el motivo, pero fue asi. Tire el libro contra la puerta y le pegue una patada a la cama con una furia tan salvaje que tuve que estar saltando por la habitacion con una almohada contra la boca, hasta que sofoque el deseo de gritar.

Despues de mi ultimo numerito en la radio habia decidido retirarme de toda aparicion publica. Pretendia llevar una vida tranquila, sin remordimientos. Pero unas semanas mas tarde un amigo de anos me invito a la tv. Y me dije que con un amigo, por una vez, debia ser leal y, hasta cierto grado, profundamente complaciente, pero siempre guardandome de ser excesivamente afable (es decir no dejarme consumir por la colera ciega). Y que no me podia desligar del compromiso. Aunque yo negaba con la cabeza disimulando no entender la invitacion y el procuraba convencerme con un lenguaje empalagoso. Nuevamente caia en la tentacion. Era el bocon por naturaleza y, ante eso, no podia hacer nada. Incluso intente borrar la idea de mi mente: fui a fiestas, me emborrache, tome pildoras estimulantes, andaba cargado a las pildoras, me encerre en mi habitacion a dormir y escribir, deje de contestar las llamadas telefonicas durante tres dias, pero nada dio resultado. Asi es que fui al programa de tv. Con llamadas en directo y todo eso. Sentados en sus respectivas sillas descansaban expectantes tres, supuestos, escritores. Me incorpore a ese grupo de personalidades. La cosa fue de maravilla hasta que llamo la abuelita y dijo que con algo que yo escribi habia aprendido a correrse, pero que, despues de pensarlo, preferia a Dios y que, despues de pensarlo dos veces, preferia verme muerto. Le respondi que estaba totalmente de acuerdo y que no lo pensaria dos veces para correrme, pero que en todo caso eso estaba bien. Entonces ella replico que apostaria la cabeza a que nunca habia conocido una mujer de verdad. A lo que respondi que era cierto, pero que tambien era cierto que cualquier imbecil puede herir a una mujer y que solo un hombre de verdad puede llevarsela para siempre. Ella respondio que nadie habia dicho que fuera facil.

--Por supuesto. Tratar de querer a alguien. Pasar las noches despierto. No enredarse con la mierda de Dios y con la mierda de siempre. Esquivar las balas y tratar de creer que todos los fantasmas se iran por donde han venido, no resulta facil--dije.

Y que si tenia hijas, las llevara a visitar a los parientes en el campo.

--Solo quiero saber si es capaz de acercarse a una mujer real--vocifero.

--?Tambien quiere saber si se me pone dura?--pregunte.

--Eso tambien--dijo.

Entonces le explique:

--Se me pone dura y, si es lo que le interesa, le cuento que la meto por todos los agujeros y que le doy con ganas hasta por el culo y hasta que me corro. Normalmente, mientras me corro, las llamo putas.

Entonces la abuelita se salio de madre y me replico:

--Oye, ninito listo, ?la chica, en tus suenos, te la chupa?

Yo, como buen nino listo, le dije:

--En mis suenos, Dios me la chupa.

Sin embargo, en un segundo, todo aquello me hizo cuestionar si debia recelar o conmoverme. Y esta interrogante resultaba tan insolita, tan antigua, tan intolerable como la misma concepcion del mundo.

Era para reirse. Todo era para reirse. O, mas bien, habia una risa en el aire y a eso le llamabamos el principio irrefutable de la vida mas irrefutable que nunca. Llegar a la Aguita de la Perdiz, golpear despacito la puerta de la pieza y que apareciera Ernesto con su frasco para pulgas en la mano. O una bacinica. O no se puede ver al enfermito, es muy tarde. O entrar por Castellon, tocar el citofono, para que te dijeran que Romina estaba durmiendo la juerga o salia ella y me dejaba pasar, me servia un cafe y, en una de esas, empezabamos a llorar, pues Carlota habia armado un baile del demonio con otra chiquilla fogosa, casquivana y parlanchina. Y luego iba a llegar Carlota y nos largariamos a llorar los tres, porque parecia contagioso, llorarian hasta perdonarse y yo lloraria por lo que ellas llorasen, y entonces iba a suceder; el problema, lejos de terminar, iba a empezar; las mujeres deshidratadas son terribles, me iban a echar a la calle, iban a hacer el amor como tiuques y con un vibrador sin baterias, aunque llegara la madre (conspiradora), la cunada (intrigante) y la hermana (bruja misionera y concupiscente). Yo; el titiritero y ellas; las marionetas, pero las marionetas me habian puesto de patitas en la acera. Y me secaria cada lagrima con un panuelo y pensaria si no seria mejor, a fin de cuentas, raparse y hacerse un tatuaje de oreja a oreja para lucirlo en los centros comerciales; yo el gran huevon con una vida desastrosa y a pesar de eso me precipitaria por las calles con fulano y mengano y ellos dos, con una voz extranamente debil, casi tremula, me reprocharian: !Que trabajo! !Ni un solo dia sin ponerlo todo patas arriba! y aunque sea tu vida ?puedes hacer el favor de callarte? !Ay! Noche de brujas, final de juego, olor a serpiente. ?Por que no me dejaban seco en mi sitio de un pistoletazo? Y contra la pared yo y un par de ninfas de trece y nueve, y las terneritas tendrian un gran momento de inspiracion. ?No pueden acusar a las menores de corromper a los adultos? Dos tortilleras, !hip hip hurra! y luego ?luego que? (ovacion prolongada). Una vida inexcusable cuya fugacidad sobrepasa la vida voluble de Lolita y de Las Edades de Lulu. Mas audaz y menos bello que Hiroshima mon amour. Y la abuela de zutano me invitaba a solazarme con jineteras, y todo con quince consoladores de diferentes tipos y tamanos. Un dia no me verian nunca mas y eso lo daba por escrito. Y ni siquiera llegaba a ser terrible; hogueras de tapioca, arenas movedizas, zancudos, viboras y colmillos de pirana y en el fondo, en algun punto de la mente, demasiada piedad; yo que me creia despiadado. No podia querer lo que queria, y en la forma que lo queria y, de yapa, compartir la vida con los otros.

Concepcion; !A un dedo del extasis!, para salir al aire de la noche con la cara lavada por el tiempo o picar como el zancudo. Concepcion, mi amada, la gran felatio, el inmenso w.c. de oro, la gran mierda en bandeja de plata. Mi querida Concepcion, el ojo del ano es mio y bien, asi aceptamos el colorido del lugar donde vivimos, oyendo el ronquido de mocosos e impuberes tapados de diarios, de cartones y de nylon. !Que maravilla ver hombres atrapados en el ambar del instante! Cada paso un camino irreversible. Concepcion, mi Hoguera del Deseo. Y entonces me acordaba de Paula, una chica que alimentaba con migajas a las palomas del parque, una chica excelente, con un sentido del humor que encantaba, a veces tan vivaz, tan alegre o tan limpiamente disoluta. Cuanto mas hablaba con ella, mas me tildaba de nino. Paula. Paula. O Carlota y Maka. O Maka y Paula. !Ay,

Maka! La soledad se cura con soledad. En un segundo todo felizmente liquidado y nos aburria--contra nuestra voluntad--la monotonia de la prosperidad no mas que el furgon de Carabineros en donde te empujaban y te hacian callar rompiendote la cara con botines, cabezas, codos, y rodillazos. Por amor al deber o porque les pareces el guarro, el pastelito repugnante cabeza de chorlito, !y, mas aun, tal como estaba la vida! Entonces nos dimos cuenta de como perdimos la infancia y como se nos escapaban los dias. Eso que Maka habia sabido muy bien.

Las cosas pasaban demasiado rapido y cuando las veias desaparecian en la mente. Lo perdimos todo y tratamos de ocultarlo, solo encontramos mas afliccion y, sin embargo, no se necesitaba mucho para calmar a los soldados heridos con las copas y copas y carcajadas y carcajadas de La Capilla (nuestro sucucho favorito). Yo jugaba con las vidas y espiritus como si fuesen un juguete. Lo miro todo y me rio. Me cago en la pared. Me cago en este cuarto. Me cago en toda la casa. Las calles fueron muros, las baldosas colmillos, los puentes agujeros y los agujeros agujeros y eso lo aceptaria como un gesto necesario, adorando y maldiciendo mi postura de fantoche petulante. Adorando y maldiciendo. ?O es que deseaba que me criticaran y ridiculizaran y por eso parecia no parar de hablar todo de todo, opinar, decir y no parar de contar cada anecdota mas anecdotica que cualquier otra, que cualquier otra, que cualquier otra?

Paso otro verano. Carlota tenia un par de amigas. Un par de putitas abnegadas. Contaba que les ponian multas y las llevaban presas. No hay derecho, les dije. Porque uno tiene que ganarse el pan de alguna forma. Preiss se rio. Carlota decia que eran agradecidas como nadie.

Estaban agradecidisimas con aquella pandilla pringosa y puteril que andaba desesperada en las noches solitarias. Carlota no permitia que nadie se burlara de ellas. Asi que Preiss no lo hizo. Y Preiss jugo a los dados, al domino y a las cartas. Malgastaba el tiempo a cualquier precio. Preiss era elpersonaje, la verdadera joyita. Rodrigo decia que en mi veia una especie de parodia de Concepcion o, a lo menos, la alegre pesadilla. Todos: Jijiji. Despues de cada asunto hay tanto que decir. Ahi esta el palido gris de los ojos vacios de Romina. Las cinco pecas de la nariz respingona de Paula y el vello rubio de sus piernas tostadas. Rodrigo se volvia melancolico. Esa misma velada Rodrigo repitio, una y otra vez, que no sabia en que maldito sitio habia nacido: "No tengo ningun jodido certificado de nacimiento". Preiss, le gritaba: "Pero, Rodri, como no vas a tener el jodido certificado de nacimiento". Y Rodrigo: "Mierda, sinceramente, no se si naci en China, en Guatemala o en el Congo". Y se quedo con la mirada pegada al horizonte. Supongo que sus padres resultaban unos sajones palurdos que no tenian ni el jodido pasaporte. Nuevamente Ernesto viajo a Arica. Ernesto iba y venia de Arica estrujando los pocos pesos del pobre viejo. Ernesto siempre en el aire, perdido en sus ilusiones. Por dos semanas no pude pedirle prestada ninguna pelicula. Mi mano tuvo que buscar en la biblioteca publica y en los negocios de reventa, y saque a Woody Allen, saque a los hermanos Coen, saque a Antonioni. Hace un invierno ... miento, hace mas de tres anos, cuatro anos, cinco anos salimos a la calle y asegure que Concepcion era una ciudad profundamente provinciana. Preiss reclamo: "Claudio, como siempre, estas metiendo la bomba de napalm en el poto de cada chileno respetable". Nuevamente reimos. Que sera de las amigas de Carlota. Que sera de Maka y de su sonrisa divina y de Ernesto. Un lunes a las ocho de la manana Ernesto, Romina y yo nos tomamos del brazo y bebimos unas copas de ponche. Ernesto y Romina se despacharon toda clase de diabluras. Esa misma manana, en determinado momento, en medio de aquella alegria, Romina me miro, y me di cuenta lo mucho que ella habia envejecido, pues tenia veintitres anos y aparentaba bastante mas. Romina se habia cambiado del departamento a una casa situada en uno de los cerros de Santa Juana. Desde la casa se divisaba por completo el largo del Bio-Bio. Habia otras casas alrededor, pero no muy proximas. El invierno pasado, Preiss y Leonardo nos invitaron a la exhibicion de una pelicula de oriente y fuimos a verla en masa, juntitos. Rodrigo tenia intencion de trabajar en una institucion preparando jovenes para la Educacion Tecnico Profesional. Rodrigo me hablo de la tal Johanna durante dos dias seguidos y luego corto la salmodia. Supongo que poseia su esperanza calculada. Hace mas de cinco meses que no veo a Francisca. Hace mas de siete anos compramos una corona bonita y de buen tamano para la lapida de Maka, exactamente fue la semana del Jueves Santo de 1999. La ultima vez que converse con Preiss, este temblaba de arriba abajo. Decia que habia entrado a trabajar en una gran fabrica y que en otono salia a cazar conejos con un viejo artritico, perezoso, encantador, pendenciero y vulgar. Dijo: "Jesucristo, ya no tengo tiempo para nada". Yo le aclare que no era culpa de Jesucristo. Y que se abstuviera de culpar a alguien si no tenia tiempo para nada. El maldito Preiss tan carismatico, tan cara dura y, por lo mismo, nunca estabamos de acuerdo en tales disputas. Me respondio que apostaria cinco mil pesos y un mariscal (en un restaurante de Lenga o de Coronel), a que siempre se podia encontrar el culpable. Ante un argumento tan repugnante ?que podia hacer? Carlota se inscribio en un curso de danza y andaba bailando como un trompo. A Romina los anos la devastaron emocionalmente, pero continuo siendo una cosita muy mona. Siempre Romina escrutando a Carlota, loca y embobada.

Llame a la puerta de Ernesto. Larguirucho, abrio en calzoncillos. Tenia los ojos hinchados y parecia incapaz de mantenerse en pie de puro sueno.

Con un escalofrio se rasco las pelotas. Por fin, se quito las telaranas de los ojos y comprendio enseguida.

Le pregunte:

--?Quien tiene el pene mas grande de Talcahuano?

--Ernesto.

--?Que hace el Papa para excitarse?

--Toma benzendrinas y le pega a las mujeres.

--?Con quien engana tu madre a tu padre?

--Supongo que con todo el mundo.

--?La madre Teresita de Calcuta?

--Ninfomana.

--?Ernesto?

--El rey de las vaginas.

--?Preiss?

--Matandose con cerveza en la casita de Victor Lamas en Concepcion.

--?Los animadores de matinales infantiles?

--Homos.

--?El infante que anima esos matinales?

--Habla cual marica que intenta ocultarlo.

--?Carlota?

--Lesbi.

--?Claudio?

--Putero, bocon. Je je je.

--?La actriz mas famosa de Chile?

--Frigida.

--?Las monjitas del colegio La Providencia?

--Se la tocan.

--?El galan mas exitoso de Latinoamerica?

--Virgen.

--?Chile?

--La gran mierda.

Lograba ser un cotilleo bastante divertido, fulminante, real. Cada vez que encontraba a Ernesto ahogandose como las ratas, yo lanzaba este discursito, me parecia precioso. Esa tarde el andaba con los ojos vueltos hacia dentro, la espalda curvada y con una sonrisa graciosisima. Con esa sonrisa se lo pasaba trotando de un lado a otro, visitando a viejos amigos con los que podia comer, pidiendo algunas monedas para la bencina de su autito, nunca nadie podria igualar su talento para esto. El talento propio de un hombre de nuestro siglo. Lo confesara o no, el maldito siempre andaba sin blanca, con el ultimo billetito para el almuerzo del dia, para la bolsita de te y el paquetito de azucar. Y por mi, se podia morir. Si lo hubieran visto. El bicho rebosaba vitalidad. Igual que Preiss, cualquiera de los dos podia pasar por administrador de un prostibulo de medio pelo. Por la noche tendia una cuerda con la ropa lavada. Tenia un espejito en la pared ante el cual se peinaba con una mirada de alivio, ingenuidad ampulosa y bondad.

Tomaba su peineta negra y se peinaba y se peinaba, tomaba un trapito y limpiaba sus zapatos, tomaba la escobilla para pasarla por el pantalon. A veces lo admiraba. Otras veces me parecia lamentable. Y, al final, todo se convertia en constante alucinacion mientras estabamos despiertos y los dos coreando: al que no le guste que corra.

Nos tumbamos de espaldas. Podia oir los grillos alla afuera. Paula aseguro: "Voy a ser una modelo de fama". No conteste. Pasaron los minutos, entonces ella salto de la cama, levanto las manos hacia el techo y aullo: "!Voy a ser una gran modelo! !Voy a ser verdaderamente grande!" "Esta bien", dije, "pero mientras tanto, vuelve a la cama". Ella volvio a la cama. No nos besamos (siempre lo haciamos), no ibamos a tener sexo. Me sentia fatigado. Escuche a los grillos alla afuera, entonces se hizo el silencio.

--?Que pasa?--pregunte.

--Estate quieto.

Aguarde. Ella siguio alli. Sin moverse, alrededor de cinco minutos miro el techo en trance, concentrada. Luego se arrodillo sobre la cama, junto los parpados y dijo: "He visto el ojo que todo lo ve, acabo de ver al ojo que todo lo ve". Sabia que iba a salir con una de esas. Me levante y empece a vestirme.

--?Que estas haciendo?

No conteste, segui vistiendome. Por una milesima de segundo esto la paralizo, le impidio seguir adelante y la logica, algo me lo decia, desaparecio por completo de su vida. Las vibraciones entre nosotros habian mermado. Me percate perfectamente bien, si no me engano, de que algo entre nosotros comenzaba a resquebrajarse.

--Tu no te vas de aqui--gruno. --Mierda, me voy.

Salto sobre mi. Por primera vez me atacaba y yo estaba semidesnudo. Me aparte y ella cayo al suelo, rodo y se quedo tendida. Se encogio. Se acaricio un tobillo para aliviar las consecuencias del golpe. Me vesti veloz y pase por su lado hacia la puerta. La deje alli. El mundo bullia a mi alrededor. Ella siempre habia mantenido la compostura distinguida y agradable. Y, en ese momento, me pesaba verla asi. Sabia que la habia amado, pero sin darme cuenta ahi se iba parte de mi vida, de mi futuro. Lo vi irse, en camara lenta como una senal inevitable de la vida. Luego me llamo.

--?Que estas haciendo?

--Por favor, amorcito, ahora no.

--No me hables asi.

--?Como quieres que te hable?

--!Mierda, no me hables asi!

--Vale.

Corto. Debo reconocerlo: presenti su semblante vacio, su mirada tan ausente y su extrana sonrisa demacrada. Un hombre deberia aprender algo de ciertas cosas. Habia llegado demasiado tarde con demasiado poco. Pense en ella: introvertida, bien criada, timida, misteriosa, fascinante, una personalidad luminosa. Sin embargo, nuevamente comence a deprimirme sin poder controlarme, no por una idea en particular, no estaba seguro de cual era el motivo, pero deducia que tenia que ver con que necesitaba enfrentar una carcajada de despecho o de burla ante la cual no era inmune. ?O es que las emociones, en ocasiones, debian ajustarse a principios o a actos morales o podian sostenerse en la cordura? Interrogantes en las que yo, en ese momento, no podia pensar de ninguna manera.

Al otro dia, a las dos de la madrugada, alguien toco la puerta.

--?Quien es?

--Moises.

Deje entrar a Ernesto, se sento y escuche sus primeras mierdosas palabras.

--?Y el arte? ?Que hay con el arte?

--!Oh, noooo ...!

--Mierda, Claudio.

--El arte exige disciplina. Cualquier basura puede perder las pelotas por una falda o con un soberano mamarracho, a las dos de la manana hablando de arte.

--Maravilloso, no esperaba menos, cabron--sonrio.

La hora transcurria apacible. Me pregunte: ?Que seria de Paula, Preiss o Rodrigo? A Rodrigo le gustaba escuchar musica clasica, a Preiss no. Paula solia sentarse en un sofa con las piernas recogidas y hojear una revista mientras el gordito de Leonardo preguntaba por Preiss: ?Donde esta Preiss, donde?, necesito saberlo. Y ahi estaba yo con Ernesto hablando de aquella mierda. ?Que seria de Paula? ?Que seria de aquellas lindas chiquillas que leian mis estupidos poemas en los que hablaba por hablar? ?Que seria de aquellas chiquillas ante las que me negue a confirmar o desmentir cualquier interpretacion de mis poemas?, porque en esos poemas no habia nada que interpretar, porque no habia nada de nada.
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Title Annotation:parte 2
Author:Valdebenito, Cesar
Publication:Cyber Humanitatis
Article Type:Obra de ficcion
Date:Sep 22, 2009
Words:15011
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