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Correcciones elementales.

[ILUSTRACION OMITIR]

PRIMERA PARTE

Mediado de ano, estacion insoportable.

Francisca amaba las salas de baile e ir con esos tipos que escupian y hueveaban, sacandose o poniendose calzones y sostenes, y fulanos que fumaban y brincaban como sapos (lo que hacian a las mil maravillas). Les aseguro que ella podia construir una vida alli. Yo no. Alli se iba gran cantidad de dinero, de oxigeno y parte importante de mi vida. No era ni bueno ni malo, era horrible. Me daban ganas de gritar: "Ya esta bien. !Acaben con la mierda! !Aqui no hay nada que yo no pueda hacer en 10 minutos y ustedes llevan horas haciendo el tonto!" Un dia lo grite, pero mi grito desaparecio entre la musica. El punto era que eso no estaba mal; estaba bien, pero no suficientemente bien. Quiza, todos ellos, ya lo han olvidado, porque las cosas pasaban tan rapido en aquellos tiempos. Comprendia que la sala de baile era su victoria, su premio, su venganza, su religion.

Recuerdo una de las discusiones. Francisca en el sofa, viendo un video, gritaba: "!Quiero bailar! !Quiero vivir!" Ella siguio observando el video. Estaba de espalda a mi. Una espalda pequena, malvada. Una espalda que se siente estupidamente segura de si misma. Eso me enfurecio. "Me largo", dije. "Tu no te largas", afirmo. Una espalda con la que no era posible entenderse. Pretendia que se callara; que se volviera hacia mi, pero sentia tal rechazo hacia ella, que no queria tocarla. Tire un plato al suelo. Se quedo muda, pero no se dio vuelta. Deje caer una taza, arroje otra. Vi, en su espalda, que tenia miedo, pero era obstinada y no le importaba y no pretendia rendirse. Una de las ultimas noches que converse con ella, pasamos una hora caminando por el Paseo Peatonal. Llegamos a Prat y nos metimos en un bar. Habia un monton de tipos y de ninas con camisas rojas o trajes completos (espeluznante). Habian, tambien, chulitos que se ganaban la vida por la noche con tristes homosexuales. Francisca entro con los ojos entornados para verlos bien. Habia maricones, marinos hoscos, delgados y enajenados yonquis y universitarios bien vestidos o en camisetas destenidas con la cara de Ghandy, Ali o Marilyn Monroe. Era uno de los tugurios en el que se podia fraguar toda clase de planes turbios y cualquier tipo de actividad sexual para amenizarlos. Echamos un vistazo aqui y alla. Nos miramos. Esa noche no dijimos nada importante. Al final no podia ver bien su cara, un adefesio recogio los vasos y arrugo las servilletas.

Sali a la calle y di vueltas por el centro. Sali del centro y cruce un barrio residencial. Vague por esas calles semivacias hasta encontrar una plaza, y la plaza no se me antojaba a nada de nada, regrese a mi casa y el silencio era sepulcral. Subi al segundo piso, cruce el pasillo y entre al bano; junte la puerta y me quite los zapatos, los calcetines, el pantalon, el calzoncillo y la camisa. Largue el agua. El sol atraveso la celosia. El agua fria corrio por mi cuello. Bajo por mi espalda. Mientras estaba alli escuche abrir la puerta de la casa. Oi el sonido de los tacos de mi madre subir la escalera.

--?Claudio?--pregunto.

--!Si!

--!Dios! ?Y que pasa con el escritor?--grito, burlandose.

--!El escritor es el que pone la sangre, las bolas y el cerebro o ausencia del mismo!--le replique. La oi detenerse en el pasillo.

--?Claudio, quieres un trocito de queque y cafe?

--Si, si.

--?Con chocolate encima?

--Vale.

Se rio de mi. La escuche entrar a su pieza y cerrar la puerta. Corte la ducha. En ese momento entendi que necesitaba terminar aquella relacion con Francisca, que ya no me interesaba. Francisca era una buena muchacha. Si, eso era, una buena muchacha. Sin embargo, cuando descubri que, ademas, se habia convertido en una gran mentirosa, me senti completamente enganado (hasta cuando iba a beber cerveza con una amiga decia que iba a comprar el diario y una vez la halle mamandosela a mi padre). Habia amado su infelicidad silenciosa, expresada solo en la sexualidad y sensualidad. A la manana siguiente me di cuenta que, de alguna manera, se habia acabado. Muy temprano tome la micro que me llevo a su casa. En el amanecer gris y sucio miraba ansiosamente por la ventanilla: casas rojas, palmeras, cines, jardines; pasaban automoviles en direccion al centro, hacian gestos freneticos; toda aquella locura, la tierra prometida. Hacia frio. ?Que me dicen de eso?

Aquella temporada termine con Francisca, o mejor dicho, fue una determinacion de comun acuerdo. Cuando le di a conocer mi intencion ella se tendio en el sofa, indecisa, sin inquietarse, y siguio cavilando como un espiritu realmente cavilador y, al final, acepto encantada. Entonces me invadio la sensacion de que todo habia muerto. !Desatado! !Libre! Liberado de un cautiverio del que, en el fondo, deseaba seguir cautivo. Ernesto me propuso que lo tomara con calma, me conto un chiste, lo expreso bastante enfervorizado, hastiado de tanta sensibilidad, y me subio un poco el animo. Ernesto era un tipo alto y tieso como un palo, un mechon de pelo le caia sobre un ojo. El estaba convencido de ser un buen amigo, sincero, leal; aunque yo estaba rodeado de tantos amigos sinceros y leales que esas palabras no eran mas que adjetivos para mi. Ernesto parecia un tipo relajado por el sencillo hecho de fumar marihuana continuamente. Ernesto me confeso que estaba enamoradisimo de Carlota. Yo le confese que, si fuera el, me daria un buen revolcon con ella y la trajinaria sin contemplaciones. Bostezo y se tapo la boca con la mano. Luego disfrutamos comentando aquella vieja historia de Carlota; un ano antes, abril de 1991, encanono a un hombre. El hombre habia sido el esposo. Lo obligo a arrodillarse en el polvo suplicando que le perdonara la vida. Ella le apunto con un revolver (una reliquia que el padre de Carlota habia adquirido en una subasta) y le canto cuatro verdades, mientras los ojos del ex marido se llenaban de lagrimas. Trato de hacerle comprender que no podia seguir pisoteando los sentimientos de la gente, pero el ex marido, simplemente, lloraba, temblando de miedo y asegurandole que todavia sonaba con ella, asegurandole que

guardaba la carta de amor que ella le hizo llegar hace mucho tiempo y que la leia noche tras noche. No se por que aquello me parecio penoso y, si no me engano, ridiculo, mas alla de cualquier expresion. No se por que me parecio tan penoso y ridiculo, pero asi lo sentia.

A Ernesto ya mi la historia nos abrio el apetito. Un deseo fuerte y muy firme salia de nuestras entranas, en consecuencia pasamos a la Fuente Alemana. Nos metimos en el local como si fueramos multimillonarios pidiendo completos y bebidas. Comimos con ganas y fruicion; en un segundo despachamos los platos. Yo robe la propina que Ernesto dejo a la camarera, las otras camareras pusieron caras consternadas. Ernesto soltaba risas y hablaba sin parar. Me explico que los animales tambien amaban. No discuti. Es posible. !Que sabia yo! Ni siquiera estaba seguro de si las mujeres amaban o si nosotros amabamos. No es que el mundo haya dejado de amar exactamente, sino que estaba falto de genuina lujuria. ?Que habia ocurrido? ?Un suspenso, un momento apoteosico o emocionante? Salimos a la calle, doblamos en la esquina y nos despedimos. Pense en Maka. A Maka le gustaban los preservativos, a mi no. Francisca usaba pastillas. A Francisca siempre le quedaba la ropa perfectamente ajustada. A Maka le fascinaba acariciar al perro mas ronoso de la plaza. Me parecia tierno y divertido verla acariciar a los perros de la plaza. Era humana. Paula decia que eramos la pareja perfecta, "pues la terre est ronde". Pense en Maka y Francisca. !Mujeres!, pense.

Mire el espejo. Aparecio el tipo delgado, el mocoso que olia a arte por todos lados. Se veia que habia nacido para crear, para crear cosas magnificas. Un tipo totalmente libre, nunca perturbado por algo tan trivial como una jaqueca o dudas sobre si mismo. Lenitivo. Placentero. Ooooh, !puaf! Me adoraba a mi mismo, pero no me gustaba en el espejo. Y lo que me cagaba era que creia ser casi un genio, pero no lo era: yo no era nada. Entonces, Maka entro al bano y pregunto que pasaba.

--Por favor, estoy tratando de borrarlo de mi mente. Es absolutamente estupido--explique.

Supongo que los dioses la habian enviado para salvarme o para terminar de poner mi cuello bajo la hoja de la guillotina. Yo continue mirandome al espejo.

--Vamos, corta el rollo--dijo.

--Esta bien ... mierda ... salgo enseguida, me voy a hacer una paja primero.

--!Tu si que te controlas, machito! ?Cuando me toca?

--Tengo buenas noticias.

--Quiero escucharlas.

--Todo lo que quede es solamente tuyo.

--!Hombre, eso es realmente maravilloso! Asenti con la cabeza. Y luego dije:

--Maka, eres buena, eres realmente buena.

Dos noches despues Maka estaba desnuda sobre la cama y yo en calzoncillos, habiamos puesto una musica muy suave y ninguno de los dos deseaba echar un polvo, ya que a mi, en ese instante se me ocurrio que era una tarea digna para un Hercules del Sexo, lo que yo no era, y cuando empezamos a dormitar ella me hizo recordar--al susurrarme al oido eres un chiquillo desesperado--la desesperacion de mis trece anos. En la entrada del caracol por Caupolican, yo era un bicho flaco de pelo largo, me resbale en la acera y cuatro carabineros enormes saltaron sobre mi y me golpearon en la cabeza repetidamente. El pelo me volaba por la fuerza de los golpes. Despues de cada golpe uno de ellos me amenazaba con matarme por medio de unos pistoleros alquilados. De las sienes me comenzo a fluir sangre. No gritaba ni lloraba, sino que, presa del estupor, me arrastre hacia la cuneta y en el instante que un palo revento mi ceja derecha distingui a un fotografo que me enfocaba y le hice el signo de la victoria con los dedos. Hacia el final de las imagenes, abri los ojos y Maka lloraba viendo como entraba y salia mi falo y escuchaba que le hablaba sobre las torturas que yo inventaba. Una de mis invenciones favoritas era amenazarla con conseguir un taladro de dentista para perforarle el cerebro, lo que a mi mismo me llegaba a provocar escalofrios. Y mientras yo seguia royendo su cuerpo, ella esperaba que aquello terminara pronto, para--y esta es una de las pocas cosas que puedo esgrimir con seguridad--poder comenzar de nuevo a esperar o para seguir esperando, despues de la musica final o aun durante la musica final. ?Que hubiera sido de los dos si aquello hubiera acabado de repente? Y cuando luego aquello se acabo de verdad, empezamos enseguida a hacer del final un nuevo principio lleno de esperanza, porque, entre nosotros, el final era siempre un principio, y habia esperanza en todo final, aun en el mas definitivo de todos los finales.

Tanto tiempo sin una vagina voraz y sin arrumacos y yo proclamando la dulzura y por fin comenzaba a recoger el fruto. Ella, la cama y el espejo, de alguna forma, me podian matar de manera majestuosa, deliciosa, delicada; pero nunca volveria a estar tan cerca de mi libertad como en ese periodo, en que senti temor y odio; y al mismo tiempo, me senti libre y amado. Y el destino golpeaba y la alegria aullaba.

En esa epoca lo que los "escritores" publicaban comenzaba con: "Lo que nunca penso Pedro Almibares de las Mercedes ... etc., etc., etc.", es decir, se iniciaba con un parrafo totalmente absurdo, insipido, previsible. Solo a cierta clase de escritor se le ocurria algo como eso, y a los mas estupidos, lo peor de eso. Asi es como yo decidi escribir a costa de mis propios pesares; me propuse narrar situaciones autenticas, extraidas directamente de mi vida o de la vida que me rodeaba, situaciones comprobables, de las que era responsable, tenia que ser el responsable, no podia ser nadie mas y con las que yo intentaba acceder a la vida sin exito. Por ejemplo: el sadismo latente de mi primer polvo, y/o sobre el dia en que acompane a Maka al entierro de su padre; y, luego del funeral, la madre de Maka (demacrada, guapa), convertida en un impresionante modelo de decoro, me confeso que trabajaba para la CIA, y/o sobre el chalado que se monto a mi ex novia. Esa clase de incidentes. Historias sencillas o dificiles de explicar, que habia vivido, que habia olido. Situaciones que me trepaban cual gato por la espalda. Las innumerables trivialidades malignas o esplendidas, o pequenas y baratas.

Trivialidades que llevaba pegadas a la piel. Debia contar uno a uno los embrollos que me pasaban y que me seguian pasando. Historias de padres (mujeriegos que no tienen otra eleccion) de mi madre (que se hacia pasar por una santa y era una vibora; cada vez que la acompanaba al medico, un viejo con cara de orangutan que se desplazaba en una silla de ruedas; le metia la lengua estropajosa entre las piernas, lo que para ella, a su edad, constituia una felicidad inmensa). Y asi, debia contar las historias de abuelitas (chillonas), amigos o amigas (despedazandose por un antiguo adulterio), de la primera pareja que habia tenido o de ex parejas con sus largas series de desencuentros familiares tras los cuales quedaban abandonadas en la calle como bandera de fiesta, tal como una noche de febrero cuando llego Francisca a mi casa. Estaba mojada (por uno de esos estrepitosos aguaceros que caen en verano en el sur) y triste. Resultado: Francisca no debia irse a su casa. Debia quedarse y descansar bien toda la noche. Ella me impecciono interrogativamente.

--!Por supuesto, por supuesto!--dije--Yo no echaria a mi peor enemigo en una noche como esta.

Lo mas horripilante de la escena, cuando pienso en ella, es que Francisca se puso un camison (que extrajo de su cartera) flojo y semi abierto por el cual pude distinguir claramente la deliciosa mata pubiana. Si hubiera tenido una mata mas frondosa y un poquitin mas pelirroja habria estado perfecto. Sin embargo me asuste, ya que era el dia de San Valentin y acababa de dar la una de la manana. En ocasiones, a esa hora, Maka se escapaba hasta mi casa. Asi es que cuando golpearon la puerta quede tan pasmado como si mi alma pendiera de una cisterna sin fondo. Desesperado, aterrado, comprendi que aquello era una pesadilla sin fin. Cuando abri la puerta, al contrario de lo que esperaba, encontre a Romina y a Carlota completamente borrachas. Las dos parecian haber recibido una paliza. Tuve que desvestirlas y meterlas entre las sabanas. Cuando entraron a mi pieza ni se percataron que alli habia otra mujer, pero que importaba. Cuando crei que estaban ya profundamente dormidas, se les ocurrio hacer pipi. Tambaleandose y tropezando se dirigieron al bano. Al regresar se golpeaban con las mesas y las sillas, caian, se levantaban, resollaban y sin abrir un ojo volvieron a meterse entre las sabanas.

--Y ahora. !Observame! ?Que soy?--dijo Francisca-- ?En que me he convertido? Soy una pelmaza aun mas embustera que tu Maka.

--No eres una embustera.

--No tienes por que ser bondadoso.

Durante un momento crei que ella iba a estallar en lagrimas y solo pensar en eso me resultaba repugnante. Entonces puso unos ojos bribones, zalameros, tiernos y se torno muy atenta. !No me contradecia en nada! Y yo tampoco. La desnude y no se me levanto. En ese estado de delirio me era mas dificil imaginarme amandola a ella que amando a una arana.

Esas son las escenas que estaba mas que dispuesto a contar.

Cada vez que se acercaba D.J.Preiss era la vision de un angel regresando del infierno. Preiss, en un momento u otro, intento (y en muchos casos lo logro) coaccionar sexualmente a casi todo: un florero de porcelana, argollas, un nino muy pequeno y un octogenario. Incluso el cadaver de una mujer, con el que se habia quedado durante diecisiete minutos en el pasillo subterraneo de la morgue del Barrio Universitario en una gelida noche de invierno. Aunque su mas soberbia hazana la llevo a cabo con el cerdito de un vecino que luego fue el deleite del festin de ano nuevo. El bruto se lleno la panza con la rozagante carne del cerdo que le habia proporcionado un furibundo coito y cuando lo contaba se reia como condenado. Preiss, de pequeno, habia sido una ninita tierna, hasta que las hormonas masculinas destrozaron su identidad sexual, lo que hacia presagiar invariablemente un destino tragico. Sin embargo, a los quince anos, un cirujano argentino le injerto un enorme penecillo y le cerceno los incipientes senos, despues de lo cual, el, adquirio una moral no muy severa. Sabia que no debia partirle la cabeza a una persona o meterle bala al cura de la cuadra, y menos echarle mano a la madre del mejor amigo. Asi se convirtio en un chico vulnerable y muy apetecido por una o dos senoras.

Por aquel entonces era una tarde de sabado. Preiss, momentos antes, habia peleado con no se que companeros de pool, por lo tanto decidimos tomarnos unas cervezas recostados en el prado.

Preiss llevaba puesta una bufanda, sus zapatillas negras y el abrigo. En cuanto a mi, iba con camisa y sueter rojo.

--No tengo ninguna intencion de cambiar las cosas-- explico Preiss.

--Que se pudran--dije.

--!No merecen ni volver a un colegio de idiotas!--grito.

--Ya es bastante triste con que las fabricas, universidades y empresas esten colmadas de ineptos y trogloditas y tontos del culo--conteste.

--De imbeciles, de parasitos y de retrasados mentales--dijo.

--Con un C.I. mas bajo que el de una rata--dije.

--Son las ratas.

--De mamones, chulos, estafadores, desviados sexuales, de monos y de payasos.

--Eso esta bien.

--Si que lo esta.

--Echate a dormir, te avisare cuando pase algo.

--Solo saldremos cuando empiece la fiesta.

--Cuando hayan muerto esos mamones.

--!Si! Mamones.

--Dios sabe que somos buenos.

--Si, lo sabe; y si no lo sabe, es otro que engruesa sus filas.

--Si que las engruesa.

--Debemos esperar confiados como ninos.

--Exacto.

--Ojala nos esperen las ninas bonitas y las cervezas.

--Si es que los mamones no se las han llevado todas.

--Y si no esperan ... las violaremos en cuatro minutos y nos largaremos a cualquier lado.

--Claro que si, cualquier asunto doloroso es mejor que soportar a la manada de tontos. Es preferible, hasta donde yo se, formar un peloton que nunca llegue a destino, que un pringoso ejercito de tarados bien adiestrados.

--Cualquiera de estos brutos, por estupido que parezca, termina siendo fundamental para algun cretino, sea el jefe o el dueno de la empresa. Son incapaces de entender que las cosas se tuercen, se inclinan y se caen.

--Hay personas que podrian considerarte una buena presa.

--Comprendo lo que dices, pero suena como si yo hubiera escrito una tesis--replique compungido.

No estabamos seguros si una turba andaba detras de nosotros, sin embargo, en aquellos anos no habia sitio para unos chicos ansiosos y poco inventivos y aunque eso no me aturdia, no se porque o como, me incomodaba. Una necia ocurrencia que nos impelia hacia un abismo. Como cuando, a los nueve anos, vi el abismo de la espalda de mi madre. Se sento en un piso de la cocina. Dejo caer su chaquetilla sobre los muslos. Se fue quitando lentamente la camisa de seda, como si graves pensamientos se lo dificultaran. Hacia arriba, del borde del vestido hasta los hombros, cubrian la espalda unas cicatrices abultadas que impedian el crecimiento del bello, escocian al cambiar el tiempo y ostentaban diversos colores; vi ese abismo y me fue permitido tocarlo. Asi era.

Mas tarde Preiss y yo callejeamos y me subio el animo. Tome a Preiss por el brazo y empezamos a bailar en la vereda. En la noche dormi placidamente como una lechuza en el viento del verano.

Maka era una bicha licenciosa; para unos, una chula picante y de pacotilla; para otras, la ejecutiva elegante, la promotora, la pollita vestida a la ultima moda. Maka denuncio en la comisaria que intente violarla un par de veces, y yo trate de explicar lo inexplicable. Supuse que eso pronto quedaria olvidado. Estuve fumando y mordiendome la una y rapidamente me inscribi en un cursillo de contemplacion y pensamiento positivo. Una semana despues visite a una machi para que alejara las bajas vibraciones. Pero no: tuve que comprometerme con ella para que su madre retirara la denuncia. Fue asi como me enrolle con Maka, esa muchacha licenciosa, cuyo padre (un empresario de prestigio, que en paz descanse) sacaba el dinero del bolsillo como si hubiera sido dueno de una maquina; esa muchacha a quien me costo mas de un respiro ocasional convencer de que las poblaciones de covachas armadas de palos, plasticos y zinc; por las que se colaba el viento, el frio y el barro; existian, que constituian un estado de la vida real, que esta mierda de pais no solo era una fiesta, y que, en fin, existia un pais en el que se mendigaba, o, sencillamente, se trabajaba de nueve a siete. Pero yo no estaba enfadado con ella. Lo que pasaba es que si la mirabas un buen rato te sentias como sentado en la silla electrica (ninguno de ustedes podria relajarse si estuviera sentado en una silla electrica).

En su favor debo decir que me complacia relacionarme con una munequita juguetona; ademas, tenia la decencia de tragarse mi semen: de lo mas divina. "La alegria es un alivio para el dolor", me dijo uno de sus amigos. Y yo me lo crei. Yo solo era un chico de clase media, de Concepcion, de colegio catolico; y esas estupideces no se arreglan asi no mas. Fue entonces cuando senti, si no me engano, cierto sopor en la mente. Por aquellos dias ya conocia a Carlota. Maka, desde el colegio, frecuentaba a Preiss, que, por la casualidad del destino, me hizo conocer a Paula. Supongo que Maka se hacia ilusiones sobre mi. Debia creer que estaba curado de prejuicios o que me estaba pasando a los suyos, siempre mas alegres y livianos. Y no es que yo sea muy diferente--de profundo no tengo nada--, pero no se imaginan lo que implicaba convivir con Maka. Si lo supieran me entenderian. En primer lugar, Maka se pasaba todo el tiempo donde mediums, futurologas y ese tipo de gente que te relata cuentos y te anuncia viajes y sorpresas. Cada vez que Maka me tomaba por el brazo y me arrastraba calle abajo explicando lo que le habian revelado los farsantes, yo empezaba a reir, a reir como pocas veces lo he hecho en la vida. Cada vez que abria la boca para explicar aquellas tonterias me entraba un ataque de risa. Al final, pensaba que podia llegar a morirme de risa. Y cuando, por fin, conseguia calmarme un poco, en medio de un prolongado silencio, Maka, me abordaba de nuevo. Todo aquello, y cada excusa, era parte de nuestra comedia. Y, sin embargo, las mujeres, las buenas mujeres me daban miedo, porque a veces exigian tu alma, y lo poco que quedaba de la mia necesitaba conservarlo para mi. Basicamente, se me hacia facil con las perras, porque no pedian nada personal. Nada se perdia cuando ellas se iban. Pero, al mismo tiempo, me ilusionaba con conquistar una mujer buena y carinosa, y me lo expresaba a mi mismo con esas mismas palabras, parecia una declaracion aventurada, incluso un poco loca, mas justificable por razones puramente personales que por cualquier iniciativa logica. De cualquier manera estaba perdido. Deseaba a las mujeres como nada en el mundo. Si hubiera sido una mujer habria sido una perra y habria mantenido el negocio abierto-a-todas-horas-del-dia, pero como no lo era, las deseaba. Bueno, supongo que ese corto periodo con Maka me sirvio de algun modo, un periodo que termino un ano mas tarde cuando una manana, al despertar, encontre a Paula sentada en mi cama. Si alguien conociera los pormenores mas minimos de aquellos dias, se quedaria tan fascinado con mi vida como yo lo estoy, lo cual es un error mortifero. Los demas errores huevones y mortiferos en que he caido son demasiado numerosos para que sean mencionados. Se necesita de un periodo muy largo para que un mundo desaparezca, mucho mas de lo que podemos llegar a imaginar.

Jamas logre expresarme claramente frente a mis mujeres. Me limitaba a sacar las palabras del corazon y nada mas; y por mucho tiempo continue igual. !En que pedazo de bestia me habia convertido! Como si fuera ayer mismo se me viene a la memoria lo que Francisca me decia: "Claudio, oh, mierda, te encuentras al final de una desdichada adolescencia y en tu ciudad natal nadie te puede ver. Y, para cagarla completamente, tu conversacion es insipida, erratica y de una inestabilidad radical." Y yo dije: "?Como?" Eso respondi. ?Pueden creerlo? !Que estupidez! Es que al expresarme tenia la misma desesperacion que sientes cuando una mujer (despampanante y al borde del abismo, pero siempre sobria, que te dice con la mirada que ha sufrido mucho y que hace yoga) se te acerca y te corta la respiracion y esto no es mas que una primera impresion. Si suena demasiado cerebral, no es asi. Siempre me desesperaba si las palabras aun no se habian puesto ni la mitad de mal de lo que podian ponerse.

Antes con mis palabras me gustaba destrozarlo todo con odio desatado y mucho tiempo despues tambien. Y eso debido a que habitualmente interpretaban mis frases de la forma que no habia que interpretar, !oh, Dios! No es dificil entender esto, pero da igual. Todavia tengo bastante odio dentro de mi para desear expresarme de otra manera. Supongo que todo eso, tambien, tiene mucho que ver con mi incapacidad de soportarlas a ellas por la lengua que no les para, porque creen que uno esta pronto a pasarse los dias escuchando sus bobadas, por estar dispuestas a sacrificarlo todo para llevar la vida que llevan, por hacerme creer que el mal que cometemos para corregir un mal anterior, siempre es mas injusto que el primero; con mi envidia contra esas buenas muchachas que, con la television, las revistas de moda, la Loteria, el Kino, El Mercurio, tienen todo lo que desean menos la muerte, y con mi pesar por esas buenas muchachas por no saber llevar el vestido que llevan ni moverse como es debido y con la incapacidad de soportarme a mi mismo por razones analogas. ?Entonces, como funcionaba mi vida con ese panorama? Igual que mi mente; una veleta hipersensible. Por decir: A veces Maka me hablaba y otras veces no; ella, a veces, no paraba de hablar y yo la escuchaba, y otras no.

--Me parece que esto acabara en lluvia Mire hacia la ventana.

--El diario decia que iba a llover. No dije nada.

--Claudio necesito contarte algo, pero antes promete que no te vas a disgustar por lo que voy a decir. Anoche al meterme a la cama, no podia resignarme a tu ausencia. Sone que mis brazos se estrechaban a tu talle, sentia tu aliento en mi cuello. Vaya si me alegro de verte. Manana voy a hacer pescado frito, si quieres invita a Ernesto. Pobre pichoncito ... ?Como has venido?

Ella fingio reflexionar sobre esa idea burlonamente.

--No se porque no estoy mejor preparada para esto, Claudio. Deberia estarlo, me lo habias advertido claramente. Sabes, ayer Romina me pidio que la ayudara a trasladar un cajon lleno de plantitas hasta una esquina y alli nos pusimos a esperar a Carlota, pero a Carlota no se le veia por ninguna parte, asi es que Romina empezo a cantar no se que obscena cancion de finales del siglo XIX que trataba de marineros Ingleses que engendraban hijos bastardos en los puertos de las costas de Chile, volviendo despues a las embarcaciones para trepar los mastiles. La letra era muy divertida, y en medio del canturreo llego Carlota y nos condujo a ese horrible sotano, y se han puesto a conversar tantos disparates. Casi me voy de espalda cuando Carlota saco del bolso aquel armatoste y me dijo "Aqui tienes, mi pistola, ?quieres echarle un vistazo?" y mientras ellas dos saboreaban una copita de ron, que sabe Dios de donde la sacaron, Carlota me animo a manejar y admirar una verdadera reliquia de las armas de fuego; pronto estuvimos las tres fascinadas percutiendo el gatillo y apuntando a distintos blancos y luego las dos continuaron hablando y hablando y las dos se veian tan felices. Claudio, deberiamos volver mas temprano de aquel local nocturno, he visto que han instalado una patrulla policial a la vuelta de la esquina, dicen que hay un nuevo capitan y que es una verdadera flor. Esta bien, esta bien, no pongas esa cara.

Cada una de sus palabras me aturdia y me embriagaba a tal punto que me dejaba sin habla. Salio por una puerta y volvio con dos tazas y una jarra de te. Supuse que esa iba a ser la cortina de humo que todo lo tapa.

--?Te quedaras a almorzar?

--Sera mejor que me ponga en camino.

Lleno las tazas y me paso una. Su mente seguia girando en torno a su pequeno almacen de preocupaciones.

--Claudio, debes quedarte a almorzar.

--Gracias, pero es mejor que no.

--Quedate, hombre. No tienes nada mejor que hacer. Vamos quedate.

Enarque las cejas. No sabia si quedarme sentado o salir de la casa, ni me constaba que una u otra opcion pudiera tener influencia alguna en lo que fuera que fuese a pasarme en lo inmediatamente sucesivo.

?Se dan cuenta? Una estupidez tras otra. !Parecia sereno, en cambio estaba en un estado de agitacion tremenda!

Asi fui engendrando aquel odio en mi mente, un odio que era producto de enfrascarme en conversaciones en las cuales nunca lograba expresarme claramente. Como dije: Me limitaba a sacar las palabras del corazon y nada mas. Hay mujeres que, si no estimaran que soy el tierno huevon y el rozagante chiflado, me mandarian al cuerno. Eso, en ocasiones, da pavor y crisis de panico; pero tambien vitalidad, arrogancia, delectacion. En cualquier caso, esto no tiene gran importancia; mejor dicho, no tiene ninguna importancia.

Escuchabamos a Lady Day. D.J. Preiss descansaba en un rincon. Hablo un poco sobre Kusturica y luego paso a Kurosawa. Lady Day sonaba. Lady Day es el apodo de Billie Holiday, "la inmortal cantante de jazz", segun Preiss. Ninguno de nosotros tenia idea de jazz, pero nos gustaba. Paula fumaba tirada en el suelo. Su rostro sobresalia en la sombra, con los ojos cerrados, el pelo sobre la cara y las mejillas brillantes como si estuviera llorando. Se oia llover bajito. Romina hablaba de la aventura que habia vivido en Michaihue. La aventura la habia tenido con una mujer casada de cuarentaicinco anos. "Cualquier aventura de Romina suena a literatura", aseguro Paula. El amor nunca me parecio absurdo, lo absurdo es lo que precede al amor y lo que sigue, conclui.

Preiss ofrecio su cigarrillo a todos. Se veia vagamente su perfil. Me gustaba aquello. Mi madre no se que veia en el trabajo, para mi, revelaba una forma aterradora de suicidio, es una de las cosas sin sentido que poco a poco, con los anos, te carcome y te derrumba. Entonces, Romina, hablo de ella misma. Su familia habia vivido en Valparaiso. El papa; Jose Manuel Castillo; trabajo como obrero, electricista y tambien fue camionero; Cecilia Castillo; la madre, si mal no recuerdo, acababa de cumplir cuarenta anos de secretaria. Habia manejado el primer computador que llego al pais; habia sido la numero uno, la mejor de todas; resistente y agradable. Hubo un silencio. Hacia dos dias que estabamos alli. Preiss tenia temblores. A mi, de cuando en cuando, un nervio--a lo mejor no era un nervio, pero era una zona bajo la piel--me empezaba a dar tirones en el hombro y todo parecia una pelicula. Una jodida pelicula. Resultaba gracioso, parecia como si nos filmaran y les gustaba y me gustaba y era mejor que el campeonato mundial de futbol. Claramente, mejor que los combates de boxeo de hace tanto tiempo. Preiss siguio bebiendo. Romina abrio otra botella. Yo casi no bebi, pero el resto si. Los demas si que bebian y escucharlos y verlos alli resultaba facil. Preiss hablo de Dickens y de Lin Yutang--vaya mierda--, le senale que Emily Bronte un dia pasaria a ser la escritora mas grande de la historia. Paula me miro atonita de que yo hubiera oido hablar de Bronte. Luego me dieron la razon. Paula se tiro a mi lado y me abrazo, su cuerpo se sentia bien arrimado al mio. Preiss no era el pedante confabulador que parecia, y debajo de sus fanfarronadas e insensibilidad, siempre habia el indicio de algo mas. No iria tan lejos como para decir que el era una buena persona, no en el sentido que lo era Paula o Romina, pero Preiss tenia sus propias reglas y se ajustaba a ellas. Paula al contrario de los demas, conseguia permanecer por encima de las circunstancias. Y Romina quiza fuera la unica que siempre salio ilesa del dolor, como si se imaginara cada posibilidad por adelantado y, por lo tanto, nunca se sintio sorprendida con lo que ocurria. Preiss decia que Paula tenia una cara agradable e inteligente. Lady Day ya no siguio cantando.

Finalmente, me dormi. Cuando desperte por la manana, Paula estaba sentada al borde de la cama cepillandose su enredado pelo negro. Sus grandes ojos oscuros me observaban al despertar. El resto, se habia ido. Paula se comportaba carinosa conmigo y, ante todo, tenia la delicadeza de una dama.

Paula estaba semidesnuda sobre la sabana desordenada y arrugada. La examine detalladamente de arriba abajo, deteniendome en el pecho, la cintura, las caderas, moldeadas por la seda floja y flexible, para subir luego hasta la cara dorada, nitida como la porcelana, con su boquita barnizada, su cabello muy negro alisado en las sienes para descubrir las finas orejas. Yo era el quinto hombre con el que se habia acostado. El primero fue el adolescente alcoholico. Luego vino el pintor casado y dos universitarios. Uno de los chicos universitarios le empezo a dar a la coca, la sustancia lo cambio de la noche a la manana, se convirtio en una persona distinta de la que ella conocio, despues de aquello, se dio cuenta que no queria ver al chico y se quedo pasmada ante esa idea y, por un momento, se sintio turbada ante su mezquindad. Meneo la cabeza. De todas las relaciones que habia tenido, aquella, quiza, fue la mejor. Pero, verdaderamente, no tenia ganas de ver al muchacho, cuya conducta habia enajenado su carino hace mucho tiempo. El le habia devorado un pequeno trozo de su juventud. El chico se convirtio en un tipo tranquilo y neurotico de manera alternativa. Era terrible. Ella, incluso, hizo algunos viajes en ambulancia con el chico delirando y el volvia por la manana lleno de suenos que a ella la cautivaban, descorchaban una botella y, durante un rato, habia un ambiente calido, agradable, casi festivo. Sin embargo, en un segundo, el chico se ponia en orbita. Luego la relacion se quebro. Al fin de ese mes humedo, Paula aprobo el ultimo examen de ejecutiva de una sucursal bancaria y logro tranquilizar su vida ...

Dos semanas despues de ver a Paula, recibi la llamada de una tal Flavia. Decia que habia leido uno de mis editoriales y, a medida que avanzaba en la lectura, poco a poco, se sintio alagada por mis palabras e, incluso, en el otono pasado, tuvo que confesarse, contra su voluntad, que habia sido emocionalmente estimulada para olvidar, para recordar, para evadirse. Al termino del dialogo me invito a visitarla. Una tarde camine por la soleada vereda y me escape hasta alli. Vivia en una casa pintada con colores chillones, en la remodelacion Paicavi. Toque el timbre.

--?Quien es?--se oyo una voz muy tersa, saliendo del citofono.

--Villanueva.

Adverti el zumbido y abri la puerta. Flavia tenia aspecto magnifico: triguena, nariz aguilena, de pestanas encrespadas, los brazos, aunque, demasiado palidos, de corte generoso y todo colocado en armonia. Le agradaba usar chalas, jeans y una camiseta blanca. Flavia era hija de un Juez de Osorno y se habia educado ella misma. Iba a cumplir los treinta y dos. Se habia casado y se habia divorciado. Percibia una pension y le resultaba dificil administrarla. Escucharla resultaba facil. Habia sabiduria y, no menos, ternura. Hablamos de temas sin importancia. Hubo un par de incursiones mas, en las cuales, la acompane a comprar frutillas, peras y manzanas; y una vez me invito a una pasteleria y volvimos excitadisimos y, alli, en la misma mampara de la casita, le subi la falda verde y con sus dedos jugueteo con mi chiche y mi lengua con su lengua, me sobo una nalga y la monte. Afuera se escuchaba el trafico de media tarde. A ella le gusto. A mi me gusto. Estando alli recorde con gran claridad el rostro de Paula. Me senti condenado. Vacio. Hundido en la fria soledad de la tarde.

Esas situaciones que infundian algo mas que respeto por los sentimientos, eran extranas.

Terminaba la primavera. A mediados de semana me solicitaron escribir una nota para leerla en la radio Clandestina. La emisora estaba dirigida por un grupo de jovenes anarquistas, con equipos obtenidos mediante uno que otro robo o regateando en el mercado persa o tiendas de reventa de articulos de tercera mano. Los tipos emitian su transmision en franca pugna con la ley, en realidad consistia en una mezcla de mucha musica y obscenidad. Asi que escribi lo siguiente:
      Nos cruzamos en la calle y fingimos no mirar a
   los demas. Algunos trabajan, otros no y estan los
   muertos de hambre y su eterna agonia; estos son
   los mas. Necesitamos un poco de suerte. Miro a
   los locos, los pobres, los perdidos, pero nadie
   quiere que hable de ellos. La gente quiere paz, la
   musica y las voces noche tras noche. Bailando,
   riendo y botellas de cerveza. Quieren escuchar el
   sonido de la vida, pero sin mirar a los demas. Sin
   sentir las murallas que se ciernen sobre ellos.
   Piensan que murmurar canciones de amor los va
   a salvar. Y continuan sin mirar a los demas,
   entre rios y mares de cerveza, esperando la
   felicidad y esperando. Esperando que escriba un
   poema feo, terrible, profetico, delirante. Y ahora
   miro a los vagabundos, a los pobres y a los
   perdidos, y se que son sus almas, sus palabras o
   sus vidas, los mejores poemas nunca escritos ...


Esta nota provoco algun comentario loco o estupido y eso es todo. Una amiga que escucho el discursito, dijo: "Estoy hasta los ovarios de este hijo de puta." Fue lo que mas me agrado. Esa noche dormi en un banco de la Estacion de Trenes; al amanecer el guardia del lugar me echo a fuera. Uno crece como un nino y luego llega el dia de la decepcion, cuando se da cuenta que es desgraciado, miserable y esta ciego y desnudo; con rostro de fantasma dolorido y amargado camina tiritando por la pesadilla de la vida.

Sali dando tumbos de la estacion. Lo unico que veia de la manana era el gris transparente, semejante a la piel de un cadaver. Me invadia un hambre implacable. Lo que me quedaba en forma de calorias lo guardaba en el bolsillo del pantalon: un jarabe para la tos que habia comprado en la farmacia, bebi un poco porque tenia azucar. No sabia pedir limosna. Camine un par de calles. De vez en cuando pasaba un automovil a gran velocidad. Hice dedo. Me recogio un cura siniestro y delgado que creia en el ayuno controlado para mejorar la salud. Cuando le aclare que me estaba muriendo de inanicion, respondio:

--!Estupendo, estupendo: no hay nada mejor! Yo llevo tres dias sin comer y vivire ciento cincuenta anos.

Era un maniaco. Podria haberme recogido un hombre gordo y acaudalado y simpatico, que me propusiera ir a comer de inmediato.

Escribo estos fragmentos porque no se que mas hacer. Hace mas de diez anos, quiza mas, en el apogeo de la decada del noventa, Rodrigo Palominos empezo un manuscrito procurando ser un chico limpio, menos incorruptible, mas razonable; claramente buena tela. Leonardo se ocupaba en titularse de psicologo (si es que puedo afirmar que se ocupaba de algo) y seguia con el "gracias, chiquillo", "que Dios te bendiga, amiguito". Romina integraba el seudo club de cata de vino de la Quinta Compania de Bomberos y bebia como si no pudiera parar. Ernesto perdio dos carreras universitarias y pretendia intentar la tercera. Cuando nos conocimos, la vida me parecia el pozo del infierno, un zoologico inhumano. No creo que con el paso del tiempo la situacion haya ido mejor; lo mas seguro, empeoro. Eso es todo. Mi madre anhelaba verme de oficinista, mesero o lo que fuera, y, en lo posible, me ganara el premio al empleado del mes. Yo no. Corria octubre cuando Preiss nos leyo su ultimo poema. Lo leyo a la luz de la ampolleta. El poema era deprimente. Se lo dijimos y lo quemo. Todos lo felicitamos. Se que suena patetico, pero fue asi. Creo que nunca habia expuesto nada tan sensible, mas comprometido, mas conmovedor, pero igual resultaba insufrible y se lo dijimos. Preiss, despues de quemarlo, dijo que necesitaba sentir la sangre fluyendo por las venas, aun a costa de la aniquilacion. Ninguno sabia muy bien lo que pretendia decir con eso, por lo tanto, lo aplaudimos. Cuando salimos aquella noche, descubri que yo no llevaba un peso en el bolsillo, asi que intente vender mi chaqueta de cuero a un simpatiquisimo taxista, pero no hubo manera. Tuvimos una agria discusion. Al final perdi la paciencia y Rodrigo le dio un punetazo. El maldito taxista nos insulto. ?Que podiamos hacer? Ese fue el punto de partida y, sin saber como, nos encontramos sentados en la trastienda del mercado a las siete de la manana. Preiss leia, a media voz, otro de sus poemas a un carnicero. Y Romina traduciendo cada verso al ingles. Lo que me dejo realmente sorprendido y me pregunte--me lo sigo preguntando todavia hoy--: ?Como ha podido suceder? Y el tipo; caliente, cortes y acaramelado con Romina. Y ella poniendolo a raya. Me sorprendia lo rapido y bien que entendia, mucho mejor, podriamos decir, que un profesor o un dandy o un hombre con cultura. Evidentemente, lo que entendia no tenia nada que ver, al fin, con los versos de Preiss. Pero eso poco importaba. Un carnicero constituia un auditorio invaluable, en verdad maravilloso, ciertamente exotico, que nos hacia bullir de companerismo, ilusion y fraternidad. Aquello significaba el gran banquete. La comunion.

Tuve muchos criticos literarios. Me paraban en la calle y me decian: "Claudio, estas escribiendo como nadie, adelante muneco". Al salir de una libreria me tope con el conserje del edificio de Carlota--un muchacho manco, medio analfabeto y un poco malicioso--y el me aseguro: "Villanueva, tu escritura es inmejorable". Entonces empezo a reir, primero bajito y entre lagrimas, pero luego sonora y alegremente. A la luz de los faros de una camioneta que paso distingui claramente la intensidad de su sollozo. Yo asenti con la cabeza como un vil idiota. En el Pub: El pubis de la hormiga venenosa, un hombrecito de aspecto sagaz, me murmuro al oido: "Muchacho, tu escribes esto, ?no? ..., estupendo, estupendo ..." ?Que diria de mi Dante? Tengo tantos criticos como Shakespeare o Don DeLillo. Una tarde, la madre de Romina, a boca de jarro y sacando de su carterita uno de mis escritos, me grito: "!Mierda, muchacho, que bien!" (Mientras ondeaba el cretino papel en el aire). "Una lucida mirada literaria", pense. Horas despues, en mi correo electronico lei: "Villanueva, no creo nada de tu cochino desvario. Es puro cuento ..." Trataba de decirme, con su manera retorcida, que me apreciaba. "Un dia seras un gran escritor," me vaticino una amiga. "Pero--agrego alegremente--primero tendras que sufrir un poco. Esto esta medio loco, pero bien, bien." Esa era una de las palabras favoritas de mis exegetas: bien, bien. Con ello deseaban comunicarme que podia escribir el libro, con el cual lograria que un tipo de la dimension de Cervantes o Pindaro, se ahorcara o algo asi. Todo aquello me lo creia a pies juntillas. Yo me decia: para todo lo concerniente a mi propia escritura soy completamente ciego. Luego me pasaba unas semanas sin escuchar un comentario y entonces me decia: ?Que demonios puede saber aquel muchacho analfabeto del edificio de Carlota? ?Y que demonios pueden entender todos los demas? Hasta me empieza a costar trabajo comprender lo que quiero decir exactamente. Incluso en ocasiones me parecia una verdadera cagada. Entonces habria la ventana de mi pieza y arrojaba todo lo que habia escrito la ultima semana. Al dia siguiente totalmente arrepentido y sigiloso salia al patio a rescatar las hojas que no habian volado con el viento de la noche. Y mientras las recogia rogaba a la virgen (disimulandolo dulcemente y luego con toda hipocresia) que no se hubieran perdido muchas. Y para darme animos trataba de persuadirme de lo insolente de la escena, de lo provocativo, exaltado y excentrico de mi comportamiento; un Rimbaud, un Baudelaire, cero patetismo.

Cuando pensaba en aquellos comentarios no es que me los tomara en cuenta o no--es verdad que yo no hacia muchos esfuerzos para entenderlos--, mas bien estaba visiblemente preocupado por una cierta vanidad que empezaba a exacerbarse dentro de mi, por un ego demoledor que no sabia muy bien como manejar, sin embargo, siempre sabia indicarles a mis comentaristas, con una sonrisa, mi beneplacito.

Ernesto dijo una manana que estabamos sentados en la Plaza Espana:

--?Que hay de malo que disfrutes de tu primer trocito de reconocimiento?

--Ya basta--le reproche.

--Que seas escritor no quiere decir que estes obligado a negarte el placer humano, comun y corriente, de verte alabado y aplaudido.

--Por favor cortala, ?ya?

--Tu eres el escritor mas indulgente y comprensivo y modesto que conozco. Demasiado modesto.

--Dejalo, me quieres dejar como si ostentara el sumiso aspecto de una geisha. Y tu sabes que no es asi.

Aqui se rio grotescamente y de pronto cambio el tono:

--Por el tipo de textos que escribes, creo que lo estas logrando de verdad.

--?A que tipo de cosas te refieres?

--Esencialmente esas ultimas hojas que me pasaste, uno las lee y es como si nos pegaras un palo en la cabeza. Y eso me importa tres cuescos, pero es bueno. !Bum, Bum! !Te sale el sadico! !El racista que llevas dentro! !El antisemita! !Que maravilla! Estas dispuesto a sacrificarlo todo; la claridad, la buena voluntad, incluso tu propia cordura. !Ah, que bueno es el nuevo aire que traen tus textos!--la ultima frase la dijo sonadoramente.

--Muy bueno.

--El pecho se dilata.

--?Si?

--El corazon muda la piel.

Entonces como si despertara de un ensueno me repitio todo lo que le encantaban mis textos y lo excelente que los encontraba. Yo respondi.

--No es tan evidente.

--Has superado todas las vayas.

--Es demasiado pronto para saberlo.

--?Los publicaras?

--Casi seguro.

--?Te entenderan?

--No lo se.

--Me parece que dejaras a muchos confundidos.

--No me parece acertado suponerlo.

--Siempre aciertas.

--Tal vez me equivoque.

--No creo que te hayas equivocado.

--Indudablemente, puedo confundirme.

Entonces puso los pies sobre una reja que rodeaba un arbusto.

--En realidad escribes lo que se te da la gana en ciertos temas, lo misogino es de verdad, es bueno aquel pedazo en que la madre esta a punto de morir, sin poder hablar y la hija esta al lado fumando un pitillo y le dice: eres mi madre, eres mujer, mereces estirar la pata ... y eso se agradece.

Hizo un gesto muy gracioso con la mano.

--Es muy directo, pero tambien esta el rodeo, la segunda intencion.

Mirado desde la distancia, en aquel tiempo, asistia a la coexistencia pacifica de aquella conversacion y de mis criticos como quien se toma una copa en la placida tarde, en un bar.

Ernesto y yo dabamos vueltas por el nuevo Barrio Civico. Faltaba un mes para Navidad. Su voz era menos ronca y mas resonante. Sus gestos, terminantes como estocadas, acertaban en el blanco que hasta entonces habia errado. Ernesto, habitualmente, con una sonrisa de cortesia, salia con un disparate livianito, simpatico; pero en ese momento el paisaje lo tornaba distinto. La niebla invadia y no cesaba, los huesos se entumecian. Yo tenia el aspecto fragil y desalinado. El llevaba el pelo espeso, sedoso y una polerita algo estrecha de hombros. Rompi el silencio:

--Digan lo que digan, siempre es mejor echar un polvo que no echar nada de nada. Por lo menos, es un comienzo y un camino por recorrer.

De su billetera saco la bolsita que contenia el surtido de canutos de marihuana.

--?Si?--pregunto y suspiro.

--Eso pienso. Lo que crea el resto me es totalmente indiferente y se lo pueden ir guardando en los dichosos bolsillos.

Selecciono uno de los canutos, lo encajo en una boquilla y lo encendio. Inhalo profundamente.

--Hasta las madres estarian de acuerdo--afirmo mirando el cielo.

--Ellas saben que un dia la chiquilla cantara una cancion. La bailara contigo o conmigo ...

--?Y?

--Y una noche, necesitara que le pasen por encima para convertirla en una maravillosa hembra cerval. Es la naturaleza humana. Las madres saben mas. Saben que es imposible frenar el avance inexorable. Ahi esta el secreto. Asi que un polvo es mejor temprano que tarde y, tarde que nunca.

--Alabado sea el senor--concluyo con desparpajo.

-- ...

--Nunca lo utilizo para colocarme. Solo lo suficiente para levantar el animo y sentir un poquito el delicioso demonio.

Pero por su cara ya habia pasado el bueno y amable Venus y hablaba del sobrino que se contagio de una enfermedad venerea y que termino abatido en El Hogar de Cristo. El sobrino tenia veintitres anos y no queria que nadie fuera a verlo. Una historia, en cierta forma, horrorosa. Tambien un monton de veces hablamos de cine. En un instante, sin darme cuenta, entramos por una puerta lateral a un pasillo, y de ahi a un local bastante lugubre. Pedimos que nos prepararan un pisco sour y Ernesto trajo a colacion una parte de su vida; era bastante aburrida, sin embargo, de pronto, se volvio misteriosa. Me aseguro que su madre (que anos mas tarde falleceria de hipotermia en una cuneta) era capaz de inspirar amor a cualquier hombre; "Padres de familia abandonaban a sus hijos enfermos para esperarla bajo la lluvia en un paradero, hombres de dinero le mandaban flores y ristras de sonetos." "Eso deja a una mujer muy agotada. Las mujeres quieren eso ... les fascina ser la zorra del libro." En un pasado mas lejano, habia trabajado de relacionadora publica de un supermercado, camarera en un club nocturno, crupier, ejecutiva de banco, modelo, bibliotecaria, archivera, actriz; habia llegado bastante lejos. Y, de un dia para otro, habia desaparecido de la faz del planeta. Ernesto, por un tiempo, guardo una maleta llena de trajes y cintas de video. Cuando ella aparecio, un ano mas tarde, mas o menos, era incapaz de dar una explicacion medianamente definitiva, medianamente convincente. Si Ernesto la presionaba, daba versiones con improvisadas coartadas, pronunciaba frases poco felices, llenas de dobles sentidos. De alguna manera, agradeci la confesion de Ernesto; viciosa, detallada e imparable; la cual, a esas alturas, reflejaba puro oro. Nos marchamos de alli y, antes de largarnos por las calles del lluvioso Concepcion, me lanzo un garabato. Suponiamos que enfilabamos hacia tiempos mejores, hacia personas mejores.

Sali a dar un paseo para liberarme. ?Liberarme de que? No se. Me detuve en el Puente Viejo sobre el Bio-Bio y mire a la distancia. Conocia la ciudad desde la infancia, entonces no me decia absolutamente nada, y ahora tampoco. Los suenos a veces se producen de esa forma. Ultimamente sentia una vena que latia en mi frente. Palpitaba. Nunca habia experimentado un sintoma similar; tan odioso, tan poco fiable y, por lo que recuerdo, lo tome con arrogancia, mas aun, como si se tratara de una simple ironia. No seria nada extrano que un dia me diera un derrame cerebral o algo asi. ?No pasaba eso? ?Una vena de la cabeza que reventaba? El dia estaba nublado, amenazaba. El rio avanzaba lentamente.

Consulte el reloj, marcaba cerca de las tres de la madrugada. Pense en mi madre. Mi madre, pobre estupida. Ella se daba cuenta de que yo me habia convertido en un vago y un necio, y a sus amigas les mentia. Quiza suena violento. De acuerdo, pero pienso en Ernesto. El decia que la violencia habia que practicarla, decia que debia tener un buen repertorio. De pequeno en Chiguayante y mas adelante en las calles de Hualpencillo (donde no asomaban la nariz los chicos de la ley), aprendio cada golpe, cada treta. Y ahora, ese violento cretino, que habia perdido dos carreras, se perfilaba como un brillante estudiante de literatura y, ultimamente, se habia convertido en un aventajado, y no menos severo, asistente de corrector de pruebas de una casa editorial. De sopesar aquello se me retorcia el estomago. Desee tener noticias de Francisca. Cerre los ojos. Apoye la cabeza sobre los brazos. Francisca era despierta. Tenia personalidad. Durante una temporada no fue mas que una de esas chicas que patean las calles de barrios desconocidos. La casualidad nos habia unido de algun modo impersonal y de forma similar nos habia separado. Empece a caminar. El torrente del Bio-Bio seguia su curso. Francisca habia entrado a comunicacion audiovisual. Laly--su mejor amiga--le dijo una noche que la queria mas que a nada en el mundo. Francisca la queria, pero no del modo que la queria Laly. Entonces Laly le acaricio un seno a Francisca. Francisca me aseguro que cogio la mano de Laly entre las suyas y le advirtio que esas cosas no le iban. Nunca volvio a verla.

La noche cubierta de nubes. Deje atras el rio. Volvi a pensar en Preiss. Preiss me habia invitado a una fiesta. La fiesta la organizaba un viejo millonario. El viejo habia confesado, a una amiga intima de Preiss, que todavia era virgen (a los setenta anos), pero no dijo que tambien era un depravado. Entre sus mas cercanos amigos que iban a aquella fiesta, figuraba un numero respetable de personas de toda clase, de las que nadie habria sospechado, que se interesaban en semejante circo. Un par de curas que hacian cruzadas por la moralidad recaudando cheques para campanas de beneficencia, eran sin duda los amigos mas avidos. Uno era el sacerdote de la parroquia La Merced (Benito) y el otro pertenecia a la parroquia El Buen Pastor (Figueroa Medina, el que andaba con todo tipo de estimulantes o pastillas alucinogenas). Parte de sus vidas habia transcurrido en paises lejanos, de los cuales contaban todo tipo de recuerdos licenciosos y obscenos, que me fascinaban. La velada que comparti con ellos me ofrecieron convertirme en el verdugo que manipulaba una pinza con empunadura de goma, el artilugio emitia una descarga electrica con la cual, yo, los debia entre atontar y excitar mientras acometian una prolongada felacion metidos en un jacuzzi en cuyo fondo habia una paradisiaca alfombra de clavos oxidados, la tarea la acepte con simpatia y cierto rubor, incluso al principio experimente cierto gozo, para ser mas preciso estaba muerto de gozo, aunque termine un poco abatido al ver como se achicharraban esas dos criaturas lacrimosas y destrozadas. Me detuve un momento. Pasaron un par de autos a gran velocidad. Continue en direccion al centro de Concepcion. La noche continuaba amenazante y hacia frio. Divague sobre otro asunto. Un amigo me habia ofrecido integrar el equipo de la revista cultural "El grito." Lo mande, literalmente, al diablo. Me parecio que en ello perderia mucho tiempo. "?Que?", pregunto incredulo. "Diles que se vayan a la mierda". Pero el resultado fue completamente inesperado. Dos horas despues llamo a mi casa. Ellos estaban proyectando financiar una publicacion dirigida completamente por mi. Estoy seguro que aquella noche despertaba de un largo sueno y mientras mas despertaba, mas incierto, delirante, contradictorio y magico se volvia todo.

"!Tengo que salir de aqui!", exclamo Preiss. Se acerco a la ventana y se apoyo en el marco como un animal acosado, respiraba con dificultad. Inhalaba la brisa de la ciudad. La calle, en ese instante, daba la impresion de estar fria y pacifica. Teniamos ocho o nueve cervezas dentro. Con el estomago vacio hacia su efecto y, el, acababa de jalar.

"Un puto desperdicio", fue lo que cruzo por mi mente. Gruni un disparate a aquel jodido bastardo irritante de Preiss. El sacudio la cabeza y elevo la vista hacia el techo. Yo me tire al suelo y comence las flexiones. El ejercicio me permitia salir de mi estado sedentario, votar tensiones y eliminar algo de colesterol, lo que, en cierta medida, renovaba mi temple y mi energia. Lo escuche ir a la cocina y volver. Sigilosamente se paseo a mi espalda, parecia en parte nervioso, no se. "A este hijo de puerco le funciona bien hacerme sentir un hijo de puta mezquino y superficial", me dije. Acabe una ultima flexion. Me invadio cierto hastio con relacion a los mapuches de este mundo, que reclamaban cada grano de tierra como si Chile les perteneciera, ?por que no se metian sus padecimientos historicos por el culo, de una puta vez? Me levante. Examine una foto colgada de la pared. La foto habia sido enmarcada con cuidado.

Me volvi hacia Preiss, pero el ya no estaba, habia desaparecido. Debia encontrarse alli, a metro y medio. Me acerque a la ventana buscando su sombra. La melodia de El Farolero, la cancion de Inti Illimani, empezo a sonar en mi cabeza. Me senti mas contento; luego, bastante contento y hasta un poco alegre. Estabamos en el cuarto piso, en el departamento de Romina. Me asome al vacio, mire hacia la vereda. Alli habia mucha gente y mucho ruido. ?Como era posible? Todos estaban alrededor de lo que parecia una mancha y la quede viendo como hechizado, con los ojos encendidos y la boca colgando, desencajada y abierta.

El tres de abril lo visite en el hospital y Preiss realmente estaba hecho un mutante. Si lo observabas, te dabas cuenta de que no habia manera de anadir mas miseria a su miseria. Estaba paralizado del cuello hacia abajo. Luego de la convalecencia vino la rehabilitacion y el fisioterapeuta le aplico cataplasmas, ultrasonido, masajes y ejercicios de estiramiento. Comenzo a mover el pulgar y luego los brazos y, mas tarde, la pierna izquierda y, finalmente, despues de un ano, desaparecio la presion en el disco cervical y logro ponerse de pie. Emocionalmente estaba hecho un guinapo, hecho trizas; por lo tanto, el equipo medico le receto antidepresivos y ansioliticos. Sin embargo, al salir del recinto de rehabilitacion se puso excitadisimo y, complacido, me invito a una pocilga a celebrarlo con Vodka. Se acabo la botella y (tras pedir otra), Preiss se lamento que yo no bebiera a su ritmo. Dijo que le "disgustaba" verme "dar esos sorbitos", y me exigio que bebiera como una "persona decente" o abandonara la mesa. Me sorprendio lo facil que le resultaba vaciar el vaso en el estado fisico en que se hallaba, empinar el codo de manera majestuosa, deliciosa, delicada, era lo mejor que hacia. Esto ocurrio hace bastante tiempo y luego conocio la colegiala con la que se puso a vivir en una piecita subarrendada y tuvieron una hija bellisima y un nino no muy agraciado. ?Como Preiss pudo engendrar dos crios con un pito que era un injerto? Nunca intente averiguarlo. A los meses de haber nacido su segundo retono, se separaron: la colegiala estaba obsesionada con el hijo de su mejor amiga, fue un amor fulminante, a primera vista. ?Como eso no te va a dejar brutalmente golpeado en algun sitio? ?Como no te va a convertir en una persona facilmente rompible en mil trocitos? En medio de todo esto, tambien hubo comilona y fiestas y mucha comedia, y un fin de semana festejamos a aquella colegiala por ganar el campeonato de futbol femenino con el equipo del barrio. Cuando la chica metio el ultimo gol, Preiss salto, me abrazo y me beso en la mejilla. Desde entonces, Preiss solia ir sucio y desaseado y vestia una chaqueta de cotele destenida y vieja casi todo el ano, salvo en verano cuando solo llevaba camisa manga corta. Era un milagro que Preiss se mantuviera en pie; cada vez que se acercaba, su cuerpo parecia algo inanimado que traia el viento. Ven; los hechos, los hechos, los hechos hablan mejor que el aroma de las palabras.

Preiss, poseia una fila de dientes pequenos y un cuerpo que reflejaba una especie de vulnerabilidad extrema. Su cara, mas o menos normal. Preiss, ante todo y sobre todo, era un padre divorciado. Y, aunque nunca hablaba de ello, rigurosamente, visitaba a los chicos una vez a la semana. Preiss me llamo cuando acababan de dar las once de la manana de aquel dia viernes. Me pidio cuidar a los crios, por un par de horas. El nino tenia nueve anos y la nina siete u ocho. Eran unos crios encantadores, pero un poco precoces. La nina me propuso que los entretuviera con alguna historia. Pero nada de ositos o de caperucita roja. Yo me quede alli, mirandolos. Respire profundo y dije que estaba perfecto, pero les adverti, mediante un sermon, que no me fueran a interrumpir. Lo habia dicho para ganar tiempo y, sin embargo, un residuo de instinto de conservacion me indicaba que nuevamente iba a empezar a ser el payaso. No sabia que inventar. Despues de un momento explique: "Todo esta en la Biblia. En ese libro grueso y oscuro. ?Como comenzo el jaleo? El caso es que por un lado estaba Dios; un chico chorisimo, razonable, virgen y casto (los chicos rieron). Y por otro, Satan; ese hijo de puta execrable y mala leche (los chicos rieron). El lio fue que el diabolico Satan quiso pasarse de listo con el buen Diosito y, el muy mamon, nunca penso que nuestro muchacho era imbatible, mejor que un as de la Luftwaffe." "?Que es mamon?", pregunto el nino. "Eso no importa", dijo la nina. Yo continue. "Pero Satan se creia un kamikaze. Ese fue su primer error. Un kamikaze jamas derrota a un as de la Luftwaffe." Los ninos volvieron a reir. "Luego quiso sacar una buena tajada del pastel que habia preparado Diosito, pues el pastel resultaba tentador. Y Dios, a quien no se le escapaba una, tomo nota (risas). El resultado es que mando a llamar a Satan y le dijo que si no dejaba de joder, lo iba a despachar a otra fiesta (les explique: joder para Diosito es andar revolviendo los huevos del gallinero, etc., etc., etc.). Bueno, el mamon era testarudo y se gano el gran premio. Donde dicen que hace las del diablo. Y como Diosito no es un mal chico, el libro grueso cuenta que los mando, a Satancito y a su pandilla, a un lugar tibiecito al fondo del patio, donde de vez en cuando arman el sabroso y terrible quilombo."

La chica y el chico aplaudieron y gritaron de jubilo. Los ninos siempre me habian parecido unos reverendos sabios.

Durante ese tiempo, mi vida experimento una serie de cambios. En primer lugar, Maka se habia ido. Y con Flavia habia sido una serie de revolcones esporadicos que incluian cierto afecto, y empece a admitir el hecho de que con Francisca no volveria y que, hasta donde alcanzaba a comprender, ninguno de los dos tenia otra intencion. Ya no me hacia ilusiones de que el asunto pudiera ser de otro modo. Solo a altas horas de la noche, cuando estaba con Paula, deseaba que se extinguiera el amor que aun sentia por Francisca. Pero, en general, Paula y yo viviamos felices. Ultimamente, su madre habia tomado la costumbre de cocinarle algun guiso o budin y guardarselo caliente en el horno hasta que Paula volvia de clase de la academia de arte. Abria la puerta y se encontraba con el aroma de algo bueno que venia de la cocina.

Estabamos a mediados del verano. Ernesto llevaba casi seis meses en su nueva pieza. Aquella tarde pasamos a visitarlo con Paula. Y luego llegaron Preiss y Leonardo silbando la cancioncita y cada uno con una flor en la mano, en una imagen excepcional. Preiss no llevaba ningun poema para leerlo a viva voz. Y alli estaba yo contando mis hazanas, como un tonto, a un muchacho como Leonardo y a uno como Ernesto, pero lo mas divertido, era mofarnos de las peculiaridades de Preiss; el se encerraba durante una semana, con la disciplina que se imponia para crear un poema. Para tramar con exactitud un texto necesitaba las facultades combinadas de un matematico (que no era), con las del yogui y del guru (que tampoco era). Pasaba horas y horas tendido en la cama con una venda sobre los ojos, trazando minuciosamente cada paso, cada movimiento que debia hacer. Cada pequena estrategia la ponderaba concienzudamente, hasta el detalle mas insignificante. Pero, como un autor o un compositor, no queria emprender la ejecucion de su plan hasta que fuera perfecto. No solo tomaba en cuenta todos los errores o accidentes, sino que ademas, como un ingeniero se concedia un margen de seguridad, para hacer frente a cualquier esfuerzo o tension imprevisto. Queria tener completa seguridad en si mismo. Y, finalmente, queria poner a prueba aquel texto ante sus mas leales criticos: nosotros. !Que mierda! Digno de una rata. A veces decia: "Un pequeno descuido y ya no hay esperanza". Lo mejor de el se evidenciaba cada vez que lo haciamos pedazos, nunca se defendia a tiros. Al contrario, salia mas seguro de si, mas lleno de ideas y dispuesto a reanudar la tarea. Mas tarde abordaba al primer conocido con el cual se cruzaba, y se desahogaba con el, confiado en que la victima quedaria reducida a tal estado de terror, que no podria hacer nada. Salvo quedar paralizado por una energia inhumana. Quiza gozaba con la idea de toparse con un afamado escritor, de pedirle fuego para el cigarrillo; preguntarle cierta direccion, de mirarlo directamente a los ojos; tocarlo y darle las gracias, sin que el escritor concibiera la menor sospecha. Acaso ?necesitaba una emocion como esa para adquirir firmeza, para mantener la serenidad?, porque una cosa es reflexionar intensamente a solas, encerrado en la seguridad de la habitacion, y otra muy distinta, es actuar fuera de la casa. En cualquier caso; Preiss, Ernesto y los demas gozabamos cortejando el peligro; en otras palabras, resultabamos criminales de primera categoria; es decir, la victima, el cobarde, ni siquiera el sujeto ruin y solapado. Tambien actuabamos para la galeria ?Por que no? Uno debia divertirse.

Mas tarde, en aquella misma pieza, cai en cama con una inesperada fiebre y jaqueca. Al segundo dia desperte banado en sudor. Mis ojos estaban nublados. Los pies, en el transcurso de la noche, se me hincharon; no me hacian dano, pero habian perdido toda su sensibilidad. Tres dias despues me levante y decidi vagar por las calles. El calor y la humedad se habian apoderado de la ciudad. En la pared de un edificio vi un afiche anunciando una lectura de poesia. Por supuesto, de poetas sin talento. Lo pase de largo. Ellos no distinguian al poeta del sepulturero. ?De donde habia salido yo y como habia sobrevivido hasta entonces? Es, contra todas las probabilidades, algo imposible de responder. Y, en fin, continuaba mi camino. Concepcion, cuatro de la tarde. El cielo extendiendose arriba por todas partes. Esta vez estaba bien.

Ella acababa de ser dada de alta de la clinica siquiatrica. Su nombre: Valeria Pia Sotolichio. Valeria Pia Sotolichio una vez publico letras de canciones muy populares en las revistas Rocinante, Atenea, Quiltro. Solia verse jubilosa en los lugares de citas de las pandillas adictas al comic, al graffiti ya la literatura de ciencia ficcion y, al mismo tiempo, parecia que no estuviera alli, sino en otra parte. En el ambiente habia ganado cierta fama a raiz de su frialdad implacable. Y ninguno de nosotros tenia los suficientes huevos para invitarla a alguna fiestecilla. Mis amigos se burlaban de ella. Un dia me hincharon las pelotas con Valeria aqui y Valeria aca, por lo cual les dije que la habia invitado al cine. Se produjo el silencio. Habia utilizado el ultimo truco: ser cruel con el cruel, ser estupido con el estupido, el cruel y el estupido eran el mismo. Al llegar a mi casa empece a dar vueltas en el comedor; me entro el panico, una espantosa paranoia, asi que me di de cabeza contra una puerta. Ya no me quedaba ninguna capa de retorica con que cubrirme, estaba atado y amordazado por la realidad mas real que nunca. Lo merecia. Me repetia: "Me sacrificare, si un hombre es capaz de hacer feliz a una mujer en la vida, la vida vale la pena." Habia adoptado mi cuota de valentia y debia aceptarla. Todo el mundo asumia mi indiferencia suicida por valor. Pero no. Resultaba un farsante. Yo no tomaba nada de nada por nada. Bueno, un jueves de mediados de febrero--fastidiado sin duda, pero no exento de benevolencia--llame a Valeria y salimos. Y debo decir que con una loca o ex loca lo puedes pasar mejor que con cualquier mujer cuerda que hayas conocido jamas. Por ultimo me permitio ver su sonrisa en el jardin de su casa, a plena luz de la luna y cuando alcanzo su mayor alegria me susurro al oido: "Puedo aspirar el delicado fulgor cadencioso de tus ojos", luego dijo: "Hace un mes fue el dia de los Santos Inocentes". Era verdad. Dijo esto y mas: hablo de las revistas a las que estaba suscrita; recordo los fabulosos dias de adolescencia cuando partia al colegio desayunando sus tabletas anticonceptivas; expreso su entusiasmo por la democracia chilena, tan podrida como la dictadura, pero democracia al fin y al cabo; me explico lo fascinante que resultaban los masajes con la puntita de los dedos para estimular la circulacion (realizados en los Spa), seguidos de unos minutos de rayos ultravioletas; hablo de esto y de mucho mas. Mientras lo hacia, una sonrisa (estoy casi seguro) le flotaba en la cara. Sinceramente no parecia faltarle nada. Las mentes de mis amigos estaban ciegas. Ella era unica. Maravillosa. Celestial.

Paula siempre se referia al amor platonico cuando hablaba del amor carnal. Y para ello montaba un magnifico espectaculo. Era una tipa fatal y juntos nos reiamos mucho. Paula un dia me advirtio que un estudiante de medicina se habia enamorado de ella, pero que nunca le hacia la menor proposicion. Solo la miraba. Yo le dije que estaba bien. Y luego, sin querer, le conte que Maka hace unos dias habia ido a verme (jamas pude contarle lo de Valeria). Paula grito. Estaba temblando. Entonces salio huyendo hacia el dormitorio. Me senti enfermo, inutil, triste y ahora que lo escribo me siento tan mal como entonces. Mucho mas tarde llego Romina y si Paula comentaba las cartas que recibia de mi y, en cierto modo, me interrogaba sobre ellas, Romina no solamente suspiraba sino que resoplaba, bufaba y, al final, se quedaba muda durante una hora y el rostro se le llenaba de desilusion y desencanto. Romina, por alguna razon, siempre se escandalizaba por cada pregunta de Paula. Y Paula articulaba palabras que cada vez se volvian mas anodinas, mas concisas, mas taciturnas. A mi poco me importaba. Sea como sea, a Romina, en general, le fascinaba respirar el aire del mundo, sin tomar en cuenta lo que hacian o dejaban de hacer los otros. "Son tan comicos--dijo Romina--, Jerry Lewis y Cantinflas son una alpargata al lado de ustedes". Me retorci de risa sobandome la guata. Mas tarde, Paula me pregunto como hacia el amor con Maka. Nunca le habia dicho como hacia el amor con Maka. Le dije que lo desconocia.

--?Como hace el amor Maka?--murmuro, apretando sus labios contra los mios--. Pronto, que se me sube la sangre a la cabeza y no puedo seguir asi.

--Lo hace muy bien--dije, mordiendole el labio--, muchisimo mejor que tu y mas seguido.

Entonces se espanto, se aparto y se puso furiosa. Armo un escandalo que casi nos meten presos a los tres. Asi andaba yo, mirando para cualquier lado, sin saber para que. Vagando sin rumbo. Caminando como sonambulo para perderme. Y, cada nuevo dia, buscandome. Sin duda, esa fue la peor epoca. La epoca que estuvo mas cerca de acabar conmigo. Mi mente dejaba de funcionar. Me converti en puro instinto y egoismo. A veces me vuelve la imagen de Paula a la cabeza. La tengo dentro y no puedo sacarmela. Paula llegaba, eventualmente, con un desconocido y el desconocido se plantaba delante, arrugaba la nariz, y me decia: "Hablame de ti. Tu debes ser poeta, ?verdad?" "!Chucha!", recapacitaba yo, y le soltaba mi mierdecilla. Siempre preguntandome hasta donde podria llegar, y, habitualmente, terminaba el discursito diciendo algo asi: "... Y no hablemos del tiempo de ratas que hace afuera y de mi mismo". Despues de haber hablado cada segundo de la santa, agotadora conversacion de mi mismo. "!No nos hagamos el Jodido-Senorito-Inocente!" Eso les encantaba. Y entonces Paula terminaba con una lagrima corriendole hasta el cuello, pero ella la mayor parte de las veces se comporto como una dama.
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Author:Valdebenito, Cesar
Publication:Cyber Humanitatis
Date:Sep 22, 2009
Words:13366
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