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Consumo prehispanico de sustancias psicoactivas en el Norte de Chile sugiere redes tempranas de intercambio con el altiplano central y la amazonia.

PRE-HISPANIC CONSUMPTION OF PSYCHOACTIVE SUBSTANCES IN NORTHERN CHILE SUGGESTS EARLY EXCHANGE NETWORKS WITH THE CENTRAL ALTIPLANO AND THE AMAZON REGION

CONSUMO PRE-HISPANICO DE SUBSTANCIAS PSICOATIVAS NO NORTE DO CHILE SUGERE REDES TEMPRANAS DE INTERCAMBIO COM O ALTIPLANO CENTRAL E A AMAZONIA

Introduccion

El estudio de los factores que incidieron en el desarrollo de la complejidad cultural en la costa de Ecuador, Peru y norte de Chile ha sido objeto de numero sas indagaciones arqueologicas desde comienzos del siglo pasado, cuando Max Uhle (1920) planteo su conocida hipotesis inmigracionista, que priorizaba influencias mesoamericanas en sus inicios. Fue el geografo cultural Carl O. Sauer (1952) quien, con bastante anticipacion, destaco la importancia de contactos amazonicos en el origen del cultivo de tuberculos nativos comestibles como la oca y el ullucu, ademas de la quinoa. El arqueologo peruano Julio Cesar Tello (1960) compartio la opinion de Sauer, agregando a la lista de cultivos de origen tropical especies como la yuca, el camote, la calabaza, el zapallo y el pallar. Recientemente, el hallazgo en zonas deserticas cercanas a la costa norte de Chile de plantas psicoactivas, semillas y cultivos de origen tropical, sirvio de base para plantear la posible existencia de redes tempranas de intercambio entre pescadores de la costa del Pacifico, poblaciones andinas y grupos amazonicos (Rothhammer et al., 2009; Dillehay, 2014).

Con el objeto de contribuir a validar esta hipotesis, examinamos inicialmente la variacion de ADN mitocondrial antiguo entre sitios arqueologicos ubicados en los valles de Cochabamba y poblaciones arqueologicas del altiplano boliviano (Tiwanaku), sur del Peru y la Amazonia (Orellana et al., 2014a). Posteriormente, estudiamos piezas arqueologicas con iconografia Tiwanaku (ca. 1500-850 A.P.) del Museo

Nacional de Arqueologia, del Museo Regional de Tiwanaku (La Paz, Bolivia) y del sitio arqueologico Pariti (Lago Titicaca, Bolivia) con la intencion de identificar representaciones de fauna que vinculasen la region altiplanica con las tierras bajas amazonicas (Orellana et al., 2014b).

Continuando con el desarrollo de esta linea de investigacion, en el presente trabajo examinaremos evidencia relacionada con plantas psicoactivas, incluyendo psicotropicas o alucinogenas, de las cuales se reconocen numerosas especies domesticadas en America.

Evaluacion de la evidencia existente

Entre las plantas americanas con efecto psicoactivo se destacan Erythroxylum coca (coca), Banisteriopsis caapi (yaje o ayahuasca), Lophophora williamsii (peyote), Echinopsis lageniformis (achuma), Nicotiana tabacum (tabaco) Anadenanthera colubrina y A. peregrina (vilca o cebil) y ciertas variedades de hongos (Schultes y Hofmann, 1980 y 2000; Smet, 1985; Carlini, 2003; Nichols, 2004; Halpern y Sewel, 2005). Evidencia temprana del uso de sustancias psicoactivas involucran semillas de peyote y de Sophora secundiflora halladas con restos botanicos del vegetal alucinogeno Ugnadia speciosa, en varios sitios arqueologicos de Texas y el norte de Mexico, con fechas estimadas entre 6440 y 5000 A.P. (Schultes y Hofmann, 1980; Furst, 1994; Terry et al., 2006).

Cabe senalar que algunas sustancias psicoactivas tuvieron que ser dosificadas mediante un elaborado manejo tecnico que requirio de un periodo de entrenamiento. Por ejemplo, las semillas de S. secundiflora contienen el alcaloide [1R]-1,2,3,4,5,6-hexahidro-1r,5c-metanopirido-<1,2a><1,5>-diazocin-8-on (citisina), que en dosis excesivas es altamente toxico, provocando nauseas, convulsiones, delirios e incluso la muerte por paro respiratorio (Schultes y Hofmann, 2000).

En America del Sur son numerosas las plantas que contienen sustancias quimicas psicoactivas tales como triptaminas, [beta]-carbolinas, tropanos y fenetilaminas (Escohotado, 1980; Schultes y Hofmann, 1980, 2000; Smet, 1985; Furst, 1994; Carlini, 2003; Nichols, 2004; Halpern y Sewel, 2005), conociendose su uso en poblaciones originarias de la Amazonia peruana, colombiana y brasilena (Weiskopf, 2005). Existe cierta evidencia indirecta del uso de E. coca a traves de la produccion especializada de calcita durante la fase Tierra Blanca en el Valle de Zana, costa norte de Peru entre 7000 y 6000 A.P (Rossen y Dillehay, 2001). Es un hecho conocido que en los Andes Centro Sur, el registro arqueologico del uso de psicoactivos incluye objetos para esnifar tales como tubos y tabletas, pipas, elementos para realizar enemas, iconografia, arte rupestre y restos de plantas; presentes ya desde los periodos Arcaico Tardio y Formativo Temprano (ca. 4000-2000 A.P) (Fernandez-Distel, 1980; Mulvany, 1984, 1994; Berenguer, 1985, 1987, 2000, 2001; Smet, 1985; Cane, 1986; Torres, 1987, 1994, 2001; Llagostera et al., 1988; Bourget, 1990; Torres et al., 1991; Furst, 1994; Chacama, 2001; Llagostera, 2006; Horta, 2012).

En la zona intermedia entre la costa desertica del Pacifico y las tierras tropicales de la Amazonia, los hallazgos arqueologicos tanto de plantas psicotropicas como de materiales asociados con su consumo son escasos, pero estan ocasionalmente presentes (De la Vega et al., 2005). Por ejemplo, en Bolivia estos materiales usualmente se encuentran en abrigos secos donde las condiciones de conservacion para la madera y otros materiales organicos son adecuadas, tales como Ama guaya y Nino Korin en la cordillera oriental o Cueva del Chileno en el desierto de Lipez (Codero Miranda, 1967; Wassen, 1972; Oblitas Poblete, 1978; Bastien, 1987; Capriles, 2002; Angelo y Capriles, 2004; Loza, 2007; Albarracin-Jordan et al., 2014). En adicion, en sitios como Tiwanaku en la cuenca del Lago Titicaca ocasionalmente se encuentran tabletas, tubos inhalatorios, espatulas y contenedores manufacturados en piedra y hueso que verifican el consumo de estos materiales en tierras altas.

En el norte de Chile, la evidencia mas antigua de uso de plantas psicoactivas corresponde al valle de Azapa. En el cementerio costero Morro (MO) 1/6 datado a ca. 4500-3500 A.P. se hallaron objetos ligados a la aspiracion de sustancias no identificadas asociadas a la instalacion de los primeros grupos de agricultores al interior del valle (Santoro, 1980). Tambien existen evidencias de parafernalia de esnifar durante el periodo Formativo en los cementerios costeros MO 2, PLM7 y en el cementerio AZ71 del valle, con fechas radiocarbonicas entre ca. 3000-1500 A.P. El uso de equipo de esnifar continua hasta el periodo Tardio (ca. 1000-600 A.P.); no obstante, de acuerdo a la evidencia encontrada en los cementerios PLM6 y AZ15, este declina con el tiempo. Por ejemplo, de 2018 tumbas analizadas por Chacama (2001) correspondientes al periodo Formativo 3,91% presentan evidencias de equipo de inhalar, bajando este estimado a 1,56% durante el periodo Medio u Horizonte Tiwanaku (ca. 15001000 A.P.), de acuerdo al registro obtenido en varios cementerios del valle tales como AZ6, AZ71, AZ141 y AZ143.

Gran parte de la manufactura y distribucion de tabletas y tubos para esnifar se asocian con el consumo del vegetal Anadenanthera spp. (vilca o cebil) cuyo principio activo se deriva del alcaloide 3-[2-amino] etilindol (triptamina) (Torres y Repke, 1996). Asimismo, el analisis quimico de polvos vegetales derivados de esta planta y asociados a parafernalia de esnifar del cementerio Solcor-3 en San Pedro de Atacama, permitio identificar la presencia del alcaloide alucinogeno 3-[2-dimetilaminoetil] -5-hidroxindol (bufotenina) (Llagostera et al., 1988; Torres et al., 1991). Fernandez Distel (1980), por otra parte, presento la evidencia mas temprana de la presencia de alcaloides triptaminicos en una pipa de Inca Cueva (Icc7; ca. 4000 A.P.) del noroeste argentino, y Pochettino et al. (1999) identificaron botanicamente la Anadenanthera en el alero I La Matanza, provincia de Jujuy.

Cabe senalar que los analisis quimicos realizados en poblaciones del Formativo cercanas a San Pedro de Atacama, cementerios Topater (2100 A.P.) y Chiu Chiu-273 (ca. 2000-1800 A.P.), no mostraron trazas de Anadenanthera, a pesar que algunas inhumaciones estaban asociadas a elementos de esnifar (Castro et al., 2003). Si bien hasta el momento tambien ha resultado negativa la identificacion de Anandenanthera en el valle de Azapa, cabria destacar la identificacion botanica, junto con otras hojas de especies no determinadas, de E. coca en bolsas (chuspas), correspondiente a cementerios del periodo Medio (Belmonte et al., 2001). Esta especie contiene el alcaloide [1R, 2R, 3S, 5S]-3-[benzoiloxi]-8-metil-8azabiciclo (3.2.1) octano-2-carboxilato de metilo (cocaina), estimulante, euforico y analgesico. Analisis de termoluminiscencia para identificar este alcaloide y derivados metabolicos en 163 muestras de cabello permitieron determinar que 46,6% de individuos del valle de Azapa presentaban evidencia de ingesta de Erythroxylum (Cartmell et al., 1991, 1994). Resultados similares se obtuvieron en zonas de los Andes Centro Sur (Springfield et al., 1993). Esta practica esta documentada en el valle de Azapa desde el periodo Formativo (ca. 3000-2300 A.P.) hasta la epoca Inca. Resulta interesante destacar la alta frecuencia (63,1%) de neonatos e infantes (0-2 anos de edad) positivos para la ingesta de Erythroxylum desde el Formativo hasta el periodo Tardio (Cartmell et al., 1994). El alcaloide cocaina ha sido asociado a desprendimientos de placenta y trabajos de parto prematuros, paralelamente a sus caracteristicas farmacologicas mas conocidos como la acentuada propiedad analgesica local (O'Brien, 1996). Las evidencias mas antiguas de presencia de Erythroxylum provienen de Topater y Poconche 12 del periodo Formativo (Thomas et al., 1995; Aguero y Uribe, 2011), Los Verdes 1 y 2, Caserones y Az-6 del periodo Medio (Erices, 1975; True y Meighan, 1980; Focacci, 1982; Sanhueza, 1985), Playa de Los Gringos Cemetery, PML 4 y 9, PML Casino Burials del periodo Intermedio Tardio (Bird, 1943; Molina et al., 1989; Focacci, 1982; Santoro, 1995), y La Chacota (El Laucho), Lluta 54, Molle Pampa Este, PML 4, Cerro Esmeralda y Cementerio de los Abuelos del periodo Tardio (Erices, 1975; Checura, 1977; Rury y Plowman, 1983; Hidalgo y Focacci, 1986; Molina et al., 1989; Moragas, 1995; Munoz, 1995; Santoro, 1995).

Analisis quimicos llevados a cabo en cabello de momias muestran dos casos positivos de consumo del alcaloide 7-metoxi-1-metil-9H-pirido (harmina) detectado en un infante y un adulto del sitio AZ141 correspondiente al periodo Medio (Ogalde, 2007; Ogalde et al., 2009, 2010). Si bien existen otras probables fuentes de beta-carbolinas en America del Sur y que ademas las betacarbolinas pueden proceder del consumo de chicha o tabaco, la planta productora de harmina mas conocida y estudiada es la liana amazonica Banisteriopsis (Schultes y Hofmann, 1980, 2000; Smet, 1985; Carlini, 2003; Callaway, 2005; Calla way et al., 2005). Esta planta no es originaria de los valles occidentales y probablemente nunca fue cultivada en el valle de Azapa, dado que requiere de ambientes calidos y humedos como aquellos que se encuentran en la selva tropical amazonica y en la region de ceja de selva. El alcaloide harmina tiene buena conservacion en condiciones de degradacion organica (Furst, 1994) y aparentemente no presentaria actividad alucinogena en su forma quimica pura (Petrie, 2002), aunque el tema no esta resuelto. Registros etnograficos muestran que la especie Banisteriopsis se utiliza de forma terapeutica o como catalizador de procesos alucinogenos en infusiones orales, donde el efecto alucinogeno esta dado por la adicion de una planta productora de triptamina. La Banisteriopsis es utilizada principalmente por su capacidad de inhibir ciertas enzimas como la monoaminoxidasa (MAO) estomacal, donde la harmina es la sustancia que aporta la accion farmacologica inhibidora de la MAO de la infusion denominada 'ayahuasca' (Schultes y Hofmann, 1980, 2000; Carlini, 2003; McKenna, 2004; Callaway, 2005; Callaway et al., 2005) Las triptaminas son inhibidas por la MAO cuando la via es oral, sin llegar a manifestar actividad alucinogena, de modo que la accion catalizadora de Banisteriopsis se traduce en la inhibicion de la MAO, la que a su vez no ejerce su efecto inhibidor sobre las triptaminas, produciendose el efecto alucinogeno deseado (Schultes y Hofmann, 1980 y 2000; Carlini, 2003; McKenna, 2004; Callaway, 2005; Callaway et al., 2005). De esta manera, es posible que el consumo de Banisteriopsis no se relacione directamente con los artefactos para esnifar tipicos del norte de Chile que se han asociado con el consumo de Anatenanthera, como ocurre entre los Piaroa del sur de Venezuela, donde se aspira yopo, y de Banisteriopsis caapi con fines farmacologicos (Rodd, 2002). De hecho, solo en los dos individuos (infante y adulto de AZ141) estos artefactos aparecen asociados al consumo de Banisteriopsis. Estos individuos portaban gorros de cuatro puntas y zamponas, registros caracteristicos del periodo Medio (Tiwanaku) y relativamente escasos en el Valle de Azapa (Perez de Arce, 2004). Cabe agregar a la discusion que las tabletas de esnifar, los gorros de cuatro puntas y las zamponas han sido ampliamente identificados en la iconografia Tiwanaku (Berenguer 1985, 1987, 1994, 2000, 2001; Chacama, 2001; Perez de Arce, 2004).

Conclusiones

La evidencia mas antigua de uso de plantas psicoactivas en el valle de Azapa fue registrada en el cementerio costero MO1/6 (Santoro, 1980), correspondiente a durante la transicion Arcaico/Formativo (ca. 4500-3500 A.P.). Durante el periodo Medio (Tiwanaku), Anadenanthera, Banisteriopsis y Erythroxylum pueden haberse usado con fines terapeuticos durante procesos de parto y primera infancia. A su vez Anadenanthera se consumio probablemente en forma oral y nasal en bajas concentraciones, ya que no se registran mayores danos nasales (Casas et al, 2006), y pudo ser catalizada a traves de la adicion de Banisteriopsis para potenciar procesos alucinatorios. El consumo de Banisteriopsis y Erythroxyum en los neonatos e infantes podria haberse relacio nado con la induccion del trabajo de parto y/o con ciertas propiedades farmacologicas. El origen de las plantas psicoactivas registradas y, mas especificamente, de los objetos encontrados en el sitio AZ141 (periodo Medio, Tiwanaku) podria vincular al valle de Azapa con zonas bajas tropicales. En ese caso, cabria postular que las poblaciones de la costa del Pacifico del norte de Chile, asi como tambien aquellas del sur del Peru, donde se ubicaron centros administrativos provinciales ligados a Tiwanaku, estuvieron vinculadas dando origen a la existencia de una extensa zona de contacto que pudo abarcar desde los valles del sur del Peru y norte de Chile hasta la Amazonia. Las evidencias iconograficas del posible consumo de Anadenanthera durante el periodo Wari, contemporaneo a Tiwanaku, descritas en el sur del Peru, en el valle del Osmore (Berenguer, 2000; Knobloch, 2000) respaldarian esta hipotesis.

Por ultimo, debido a que algunas sustancias psicoactivas requieren ser cuidadosamente dosificadas a traves de un elaborado manejo medicotecnologico, el consumo de estas y mas aun su eventual uso terapeutico tendrian que haber implicado que los contactos poblacionales entre las tierras bajas tropicales y la costa del Pacifico no se restringieran meramente a un intercambio comercial de bienes. El aprendizaje del manejo de plantas psicoactivas podria haber contribuido a generar interaccion social y consecuentemente vinculos de parentesco, hipotesis que estamos contrastando utilizando ADN mitocondrial antiguo.

AGRADECIMIENTOS

Los autores agradecen el apoyo del Proyecto FONDECYT 1150031 y a Jace Callaway, Keeper Trout y Constantino Torres por comentarios que enriquecieron el manuscrito original. J.P. Ogalde agradece una beca doctoral del Convenio de Desempeno, UTA-MINEDUC.

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Recibido: 28/04/2016. Modificado: 29/06/2017. Aceptado: 30/06/2017.

Juan Pablo Ogalde. Maestria en Antropologia, Universidad Catolica del Norte, Chile. Estudiante de doctorado, Universidad de Tarapaca (UTA), Chile.

Bernardo T. Arriaza. PhD. en Antropologia Fisica, Arizona State University, EEUU. Investigador, Instituto de Alta Investigacion (IAI), Universidad de Tarapaca, Chile.

Calogero M. Santoro. PhD. en Arqueologia, Cornell University, EEUU. Profesor, IAI-Universidad de Tarapaca, Chile.

Jose M. Capriles. Ph.D. en Ciencias Antropologicas, Washington University, St. Louis, EEUU. Profesor, Pennsylvania State University, EEUU.

Giannina Puddu. Master en Metodologia de Investigacion en Ciencias Sociales y de la Salud, Universidad Autonoma de Madrid, Espana. Profesora, IAIUniversidad de Tarapaca, Chile.

Paula C. Ugalde. Arqueologa, Universidad de Chile. Estudiante de Doctorado, University of Arizona, EEUU.

Francisco Rothhammer (Autor de correspondencia). Doctor en Ciencias, Universidad de Chile. Profesor, Universidad de Tarapaca, Chile. Direccion: Instituto de Alta Investigacion, Universidad de Tarapaca, Antofagasta 1520, Arica, Chile. e-mail: franciscorothhammer@gmail.com
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Author:Pablo Ogalde, Juan; Arriaza, Bernardo T.; Santoro, Calogero M.; Capriles, Jose M.; Puddu, Giannina;
Publication:Interciencia
Article Type:Ensayo
Date:Jul 1, 2017
Words:4870
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