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Conflictos sociales, status y dimension simbolica durante la edad media.

RESUMEN

Se analizaran formas distintivas de lucha social en el feudalismo y su dimension simbolica, en especial el motin de Santiago de Compostela de inicios del siglo XII, para comparar una de sus mas dramaticas escenas con otras similares, extraidas de la rebelion de Sahagun de la misma epoca, de la revolucion inglesa de 1381 y de las germanias valencianas de 1519-1523, ademas de algun otro suceso.

PALABRAS CLAVE

lucha social--feudalismo--simbologia

ABSTRACT

Distinctive forms of social struggle in feudalism and their symbolic dimension, specially the rebellion of Santiago de Compostela in the early XIIth century, will be analyzed in order to compare one of its more dramatic scenes with other similar ones, extracted from Sahagun's rebellion of the same period, from the English Revolution in 1381 and from germanias valencianas of 1519-1523, in addition to some other event.

KEY WORDS

social struggle--feudalism--symbolism

Introduccion

El objetivo de esta contribucion es analizar formas distintivas de lucha social en el feudalismo. Se resumen en la peculiaridad que mostro el campesino leones en los inicios del siglo XII, cuando, ademas de atacar senorios, apelo a metodos que una destacada medievalista juzgo como irracionales: "comer y beber mucho y aun tirar, desperdiciar la comida" (1). La frase invita a descubrir la logica de una conducta. Esto presupone dilucidar un razonable lenguaje cargado de simbolos, y para ello contamos con la antropologia o, por lo menos, con los horizontes que abrio la captacion de practicas que no encajan en formas actuales de la sociabilidad.

Se sabe que los medievalistas ya incorporaron esa disciplina a sus habilidades, aunque es una recepcion con riesgos. Uno de ellos surge de corregir una historiografia tradicional como la citada reduciendo toda praxis a idioma metaforico. El exceso oculta que muchas protestas se realizaron llanamente contra una realidad economica o politica sin connotaciones secundarias (2), y puede convertir a la historia en antropologia historica si el auxilio metodologico se transforma en el imperialismo de un metodo, deviniendo el pasado especulacion funcionalista. Esto suele pasar cuando se cree que la reciprocidad gobierna todo, sin advertir que sociedades primitivas, relativamente cohesionadas, no se equiparan al feudalismo. Se transforma asi al conflicto de esta ultima sociedad en un juego racional que equilibra relaciones, y con esa normalizacion homeostatica, toda

mutacion social se esfuma en la tecnologia del poder (3). La simbologia pasa a ser, con frecuencia, una parte del juego regulador. Expresado de otra forma, a ese concepto sobre la regulacion homeostatica del todo, que sostienen muchos historiadores, se incorpora el simbolismo metodologico, que consiste en reducir todo acto a significados de un lenguaje que expresaria un solucionable conflicto de superficie. Asi, por ejemplo, el carnaval no seria una representacion critica de sectores bajos, sino la necesaria premisa de la cuaresma, en tanto era el simbolico desarreglo tolerado que valorizaba el ordenamiento que la Iglesia pretende.

Se evoca esto para situar una posicion historiografica y para circunscribir una contribucion antropologica que ayudara a entender conductas no modernas sin desplazar a la historia social, ni a la sociologia de las clases, ni a las contradicciones economicas. Tampoco escondera la entidad transformadora de las acciones, e incluso es posible que el lenguaje simbolico comunique atributos revolucionarios.

Es necesario, entonces, captar conductas. Para ello se empezara con el conocido motin de Santiago de Compostela de inicios del siglo XII, para comparar una de sus mas dramaticas escenas con otras similares, extraidas de la rebelion de Sahagun de la misma epoca, de la revolucion inglesa de 1381 y de las germanias valencianas de 1519-1523, ademas de algun otro suceso.

El episodio figura en la Historia Compostelana (4). En 1117 el pueblo incendiaba la catedral y rodeaba al obispo Diego Gelmirez y a la reina Urraca en la torre. El primero logro fugarse, pero la soberana quedo expuesta; en su indefension fue arrastrada por la masa, y una anciana la hirio con una piedra (5). Este hecho nos indica que los amotinados enfrentaban al poder en forma concreta y singularizada atacando a la persona. Es una espectacularidad que alimento la duda historiografica.

Discusion sobre la escena

Roger Collins propone analizar la circunstancia de una manera diferente de como lo hicieron los historiadores que se limitaron, segun denuncia, a reproducir el relato de la Historia Compostelana (6). La historia le resulta increible, y opina que evoca el episodio biblico de Jezabel; intuye pues que se habria copiado el episodio.

Sin embargo, no se justifica esta desconfianza. Al respecto puede aducirse que, si bien es probable que el cronista haya sido acometido por imagenes de lo que leyo (y entre ellas debieron figurar las que proporciona la Sagrada Escritura), la narracion no tiene por que ponerse en duda, como muestra, ante todo, el paralelo entre la cronica y el relato biblico. En ambos casos se establece la relacion de la reina con una figura religiosa, Elias en un caso, Diego Gelmirez en el otro; Jezabel fue arrojada del palacio por orden de Jehu (encargado de ejecutar el castigo de Dios), arrastrada por el suelo como lo fue Urraca, y su cadaver fue devorado por los perros.

Con prescindencia de estas limitadas similitudes, el repaso de eventos muestra diferencias. Jezabel influencio en su marido Acab, rey de Israel, para que construyera un templo de Baal, y su muerte fue un justo castigo divino. Urraca, por el contrario, fue objeto de la crueldad plebeya. Elias mantuvo una oposicion absoluta hacia Jezabel; Diego Gelmirez y Urraca alternaron los enfrentamientos y las alianzas. En un caso la reina representaba el mal, en otro no, ya que Urraca padecia los desfallecimientos psicologicos de genero que, segun los eclesiasticos, eran comunes a las mujeres. Elias no dominaba la situacion, y su venganza estuvo en la profecia; Gelmirez si tuvo control de las relaciones con la reina, aun cuando paso por momentos de extrema debilidad. Jezabel representa una influencia dominante sobre el marido, pero nada de esto es igual a la vida de Urraca y a sus relaciones con Alfonso el Batallador.

Mas alla de estas desigualdades, la imagen que el cronista compostelano brinda del obispo, abandonando a la reina en manos de los rebeldes y solo preocupado por su salvacion, es tan degradada, que resulta increible que sea producto de una narracion deliberadamente arbitraria (7). Esto se vincula con la fidelidad del informante que siguio los acontecimientos paso a paso, y Collins se manifiesta aprisionado por un preconcepto al suponer que la rebeldia debia detenerse ante el rango. Tal vez influyo en su apreciacion el hecho de que Giraldo, el redactor de la Compostelana, haya descalificado a la reina con el nombre de Jezabel, pero como dicen Pallares y Portela, el objetivo seria expresar que Urraca ejercia injustamente el poder contra Gelmirez, siendo este un Nabot al que se mata y despoja de su vina por la intriga de Jezabel (8). Es de importancia precisar la oportunidad de cada apelativo, porque esa reprobacion de la reina se emitia en circunstancias en que esta se enfrentaba con Gelmirez.

Un relato inspirado en la Biblia pudo haber seguido tambien un modelo distinto para el episodio, que incluyera con la humillacion el sacrificio que dignifica. Esa estampa se asimilaria a Ester, la reina de Persia que arriesgo su vida por los judios y se convirtio en un modelo del martirio de la mujer (9). Es una opcion improbable pero posible, porque, ante la agresion, exaltar el altruismo de la soberana defendiendo el orden, seria juicioso (10). En suma, disquisiciones de este tipo estarian abiertas ad infinitum y se vuelven indolentes divagaciones cuando nada las justifica.

Por ultimo, la comparacion indica que el incidente no fue unico: el pueblo britanico en 1381 amenazo a la madre del rey cuando regresaba a Londres desde Canterbury (11).

Masividad

En estos sucesos la masividad decidia, como muestra la toma de la fortaleza inglesa de Rochester en 1381. Alli el exito de la lucha se debio, como en otras oportunidades, al graunde noumbre des comunes que envolvieron con su presencia el reducto senorial. El cronista nos permite asistir a una victoria sin batalla, porque sencillamente la valentia del feudal se volvio panico al cabo de media jornada ante la multitude des gentz (12). Lo mismo sucedio en el asedio del palacio episcopal de Valencia en 1519, cuando los asistentes se agolpaban (de cada ora la gent crexia) y en poco tiempo la plaza se colmo, lo que aterro a los defensores, que dispararon un tiro, mes per a espantar que per afer mal ab ella a dita gent (13). Tambien alli la piedra y el fuego fueron armas de la multitud que ataco el palacio episcopal (14). Es verosimil ese episodio de represion que, lejos de amedrentar, condujo a una inicial victoria del pueblo, y que nos muestra que el terror blanco suele empezar por el terror que la revolucion provoca en el poderoso. No fue un panico muy diferente el que se apodero del obispo compostelano en 1117 cuando huyo del asedio. El castellano de Rochester, por su parte, debio resignarse a que los subalternos liberaran a sus compaignoun y a todos los prisioneros.

Esto indica que ese dialecto era patrimonio de multitudes que conocian victorias, y, con ellas, hacian que el poder perdiera sus simbolos mucho antes de la toma de la Bastilla.

Lenguaje no verbal

Volvamos a la reina Urraca en Santiago de Compostela. Al salir del campanario, la agresion se consumo en un doble sentido, contra el cuerpo y la representacion de su rango. Arrojada al barro, se le arrancaron a jirones los vestidos y permanecio durante un tiempo a la vista de todos (coram omnibus) (15). La degradacion se habia transformado en espectaculo, y su imagen no podia ser peor, con los cabellos desgrenados (dilaniata crines), el cuerpo desnudo (nudata corpore) y cubierta de lodo (provoluta luto) (16), descalabro que creaba una disolucion de la jerarquia. Algo similar presenta el cronista sobre Diego Gelmirez. Cuando este, que se habia quedado en la torre asediada, se dispuso a escapar, para que no lo reconocieran abandono el manto (pallio) que correspondia a su dignidad y se oculto bajo una capa vilissima (17). Cada uno de estos acontecimientos era un verdadero "ritual de degradacion", concepto utilizado por Peter Burke para la revuelta napolitana de 1647, acto que se acompanaba por su opuesto, el "ritual de consagracion", transmitiendo mensajes tan precisos como las palabras (18).

Era una critica discursiva contra un sistema comunicacional que excluia, como el de las vestimentas, y que se plasmo en la destruccion de esa visible divisoria jerarquica, es decir, del regimen semiotico de diferenciacion. Lo representa la huida del obispo disfrazado que los rebeldes no pueden observar para su regocijo (como los justos contemplaban desde el paraiso el sufrimiento de los impios), y el agredido sufrio en solitario toda la ignominia como asunto privativo y reservado. Por el contrario, la escena de la reina se nos presenta como deliberadamente preparada para que los espectadores gozaran del oprobio.

El pueblo atacaba con un dialecto que se descifra desde su estructura total. Su elemento de apoyo estaba en un acto base del discurso gestual disidente (enfrentar a la reina), que generaba otro acto (despojarla de sus vestidos), luego otro (arrastrarla por el lodo) y otro (apedrearla) y asi sucesivamente, hasta enhebrar una alocucion radical que era el desenvolvimiento de un pensamiento complejo con implicancias serias: tomar resoluciones, inhibir al poderoso, derrotarlo.

Esa sucesion de episodios permitia reconocer la fuerza de cada uno transmutada en fuerza colectiva, y aun sin que el actor estuviera plenamente al tanto de la estructura a la que se destinaba su accion, nacia un obvio lenguaje de clase estamental. Este debio constituir para los insurrectos un revelamiento manumisor, que no solo permitia expresar lo que sentian, sino tambien reconocerse, saber que tenian una energia real como clase o como pueblo, percibir su fuerza relativa con respecto a otra clase o a otro sector. Esto se enmarca en un complejo de signos socialmente significativos.

Invertir jerarquias

Los detalles sobre las vestimentas muestran que se cuestionaba al poder y sus representaciones. Lo que exponia la calidad social de la persona y su mando politico se utilizaba para denigrarla, y el disturbio consumaba la inversion total de valores. Los vestidos que presentaban escenograficamente a la soberana eran anulados para desenmascarar un cuerpo despojado de atributos sociopoliticos, aplebeyado, con lo cual la agresion ponia de relieve el caracter activo que el bien de prestigio tenia en la configuracion del orden. La autoridad quedaba en suspenso y desaparecian sus fetiches hipoteticamente intocables en manos de los rebeldes, lo que transparenta que estos juzgaban en esos actos las posiciones estamentales. Repentinamente, destruian una acumulacion de capital simbolico que funcionaba como capital social, o sea, se desestructuraba una estructura estructurante, para decirlo con reconocidos conceptos de Pierre Bourdieu (19).

Las relaciones sociales, en su caracter subjetivo inmediato (en la medida en que no estaban ocultas por la mediacion de las cosas), modelaban el altercado. El senor era atacado con alguna lesion corporal o psiquica, y estas maniobras, al negar la deferencia, borraban el estamento. La insurgencia suprimia tambien las coberturas sacras o casi sacrosantas, y por consiguiente el golpe alcanzaba a la monarquia y a los maximos personeros de la Iglesia. Estamos ante una connotacion que otros historiadores advirtieron sobre los movimientos comunales de los siglos XI y XII: "les manifestations anti-hierarchiques constituent par leur variete et leur interet la piece centrale d'une critique semantique" (20).

Estos atributos diferencian la protesta medieval de la moderna. La huelga cuestiona sin violentar a un individuo especifico, y cuando se produce una agresion de esa naturaleza nadie deja de asombrarse ante un inverosimil rasgo premoderno. Esto es lo propio de una sociedad en la cual el organo mas afectado por cualquier conflicto no pertenece a la persona sino a su encarnacion economica: el bolsillo. En el feudalismo, por el contrario, el cuerpo pareciera ser un objetivo principal.

Ese modo del choque social devela que en condiciones precapitalistas, el camino por el cual una clase in sich podia transformarse en clase fur sich pasaba por experimentar gnoseologicamente sobre las formas visibles del dominante, y por ello la lucha era contra el privilegio fundiendose con la connotacion estamental. La destruccion de simbolos se inscribia en este marco, lo que impone una pequena aclaracion metodologica. Se refiere a que los actos se comprenden en su interrelacion, lo que significa que cuanto mayor sea su numero puesto en observacion crecen las posibilidades de descifrarlos.

En la irrupcion al palacio episcopal compostelano, en el verano de 1117, la multitud robo bienes de prestigio, prendas de vestir y vasos de oro y plata (21). Eran objetos que no tenian una existencia neutra, porque ligados al obispo, encarnaban su persona en tanto sujeto con funciones y autoridad secular y religiosa. Su profanacion, al igual que el incendio del palacio, desmoronaba la barrera juridica y cultural que separaba a la sociedad en grandes conjuntos. Los bienes que manifestaban ante el publico lo que era la persona, se constituian en segmentos de una misma sustancia personalizada, y la ira se depositaba indistintamente en el cuerpo del poderoso o en el objeto que hacia su poder. Anos mas tarde, en 1136, cuando volvia la insurgencia compostelana, se reiteraba el trance, y los vestidos de la dignidad eran una vez mas arrebatados (22).

Una variante de lo mismo fue la quema de ropa que los ingleses realizaron cuando en 1381 asaltaron alguna residencia nobiliaria. Su presupuesto era, como en Santiago de Compostela, llegar a la intimidad de la mansion donde se atesoraba un simbolo inapreciable del estatus (23). Los subalternos destruyeron entonces lo que nunca iban a aprove char porque no les concernia; la utilidad material no era, en la ocasion, ninguna prioridad. El bien de prestigio podia ser incluso despreciable en el combate, porque alli se reconocian los insurgentes por sus panos humildes y con ellos obtenian un principio visible de identidad.

Esto se desarrollo en una secuencia metodica, porque las mismas antorchas que alumbraron la parte cerrada de la mansion fueron las que incineraron vestimentas y cobertores. Otra vez todo caia bajo el fuego que purificaba, incluyendose panos de gran lujo y elevadisimo precio. La accion se cumplia en un punto neuralgico, en la sala de la residencia, el lugar en que otras ceremonias habilitaban la reproduccion del feudalismo, con lo cual esta contra-ceremonia no podia ser mas completa como forma de negacion.

Esta conducta se relaciona con lo que, segun vimos, algunos historiadores calificaron como irracional: comer hasta el hartazgo y beber hasta emborracharse como forma de protesta. Pero si se analiza esto en clave de la sociedad feudal, ese acto no tenia nada de disparatado porque para el subalterno solo cabia destruir poder, y ello involucraba demoler sus enunciados como se demuele una fortaleza. Seria incluso una tentacion irrefrenable encontrar los depositos llenos de las reservas, como encontraron los hombres del comun en Inglaterra. Esos almacenes constituian un tesoro del dominio, eran parte de su renombre, y sobre ellos se precipitaban los sediciosos (24). En el ataque se unia la destruccion del castillo al disfrute, e incluso se arriesgaba el pellejo solo para saciarse, lo que era una manera provocadora de realizar la economia del pleno consumo (25). En esa dinamica, quemar la residencia podia ser el epilogo logico del atraco a la despensa (26).

Engullir hasta el hartazgo no solo era una reparacion fisiologica de senaladas ocasiones, como las fiestas que irritaban a la Iglesia por su despilfarro; tambien representaba destruir el codigo de las comidas que, como el de las vestimentas, respondia a una diferenciacion sancionada por las leyes. En este caso se lo demolia ocupando el rol del senor, haciendo lo que este hacia para afirmar su estatus, y el contra-discurso pasaba a ser una subversion actuada (y no solo provocada) de los valores impuestos. Tambien ensena el todo: el diseno del acto, su oportunidad y la variedad de los asperos recursos gestuales que constituian el discurso critico, son eslabones de una secuencia fundada en el razonamiento de la masa, porque eran, efectivamente, decisiones del grupo (27).

Otras dimensiones del acto sedicioso

Pero esa destruccion no siempre dejaba de lado la utilidad material. Esos ingleses que destruian ostentosamente en el potlache plebeyo, mas alla de mostrarle al senor su superioridad con la victoria y el desprendimiento, en ocasiones no despreciaron el beneficio. Cuando atacaron el castillo de Thomas de Heseldene, vasallo del duque de Lancaster, no solo destruyeron, sino que tambien remataron sus animales y sus reservas de granos a buen precio (28). Querian vender, y hacerlo rapidamente, lo que muestra que ninguna logica de lucha es totalmente pura.

No fue muy distinto el criterio de utilidad practica que guio a los burgueses y menestrales en general de Sahagun, cuando en su rebelion tomaron del monte la madera necesaria para sus actividades, asaltaron el coto monastico y se apropiaron de campos, tierras y vinas de labradores (29). En los dos casos, el simbolismo se borraba, y la lucha tenia una funcionalidad economica directa sin participar en alguna gran tecnologia de poder.

En otras ocasiones ese interes material se encarnaba en otros procedimientos que tampoco eran totalmente puros, sino que aparecian mezclados por una idea de libertad. Ante todo, retengamos que en su marcha hacia Londres los comunes de Kent no se convirtieron en una masa devastadora que demolia lo que encontraba a su paso; muy por el contrario, por ciertos puntos caminaron con tranquilidad estableciendo un notable autocontrol (30). Es lo que igualmente se constata en la revolucion de Valencia, cuando algunas destrucciones eran seguidas de una recatada marcha pacifica (31). Juiciosamente, lejos del furor ciego que a veces se le atribuyo, el pueblo amotinado seleccionaba sus objetivos. Despues de ese sereno deambular, ante un senorio de importancia, los insurgentes britanicos no solo liberaron a los prisioneros del derecho banal, sino que tambien se dirigieron al archivo para quemar las escrituras con sus obligaciones (32). Incendiar el registro liberaba (y por eso fue una constante de cada victoria que se obtenia ante un manor) (33); el centro del ataque fue una mezcla de ideal libertario y de interes economico para mejorar una existencia agobiada por la renta. Ese acto de calcinar las costumbres impuestas se colmaba de simbolismo, en tanto la cultura del agrafo desafiaba a la cultura del escriba tanto como la memoria de la tradicion oral se contraponia a la memoria documentada. Poseia ademas el profundo sentido de desconocer la ley impuesta, y por consiguiente era un acto liberador que se cumplio a la vista de todos (34). Fue otra ceremonia: los escritos fueron quemados en lo alto del camino; la representacion ingresaba al escenario para anular la relacion social destruyendo, idealmente, el escrito que la habia generado (35).

Algo similar ocurrio en los territorios del monasterio de Sahagun. Las Cronicas describen a "rusticos, labradores y gente menuda" que adhirieron al levantamiento del burgo de 1110-1117, se organizaron "faciendo conjuracion" que llamaban "hermandad", y recorrieron el territorio para destruir poder senorial (36). Derribaron palacios de realengo, casas nobilianas, iglesias, granjas y posesiones de monasterios; es decir, todos los ambitos que materializaban autoridad. Este levantamiento no solo estuvo organizado sino que tambien fue pensado en alcances que eran tan materiales como simbolicos, porque si destruir un centro dominical significaba liberarse de obligaciones, los palacios del rey no se conquistaban por sus riquezas sino por ser lugares emblematicos de la autoridad (37).

Esa mezcla de formas se reiteraba con los agermanados de Valencia, que alternaron un similar repertorio de acciones. Como se hizo en otros lugares, el castillo se incendiaba, las escrituras se quemaban en la plaza, los cultivos y el ganado se arrasaban, sin olvidar la parte que les correspondia a las vestimentas (38). De nuevo, ninguno de estos ejercicios era el efecto del arrebato, como lo muestra el hecho de que: "... en una vina del vizconde, haviendo talado todas las cepas, solamente dexaron XIII cepas, en memoria y ensalzamiento de los XIII de Valencia" (39). La destruccion era aqui rearmar significaciones: la vina que encamaba un consumo aristocratico pasaba a representar a la dirigencia del movimiento, luego de haber sido destruida como lugar de arrendamientos y gabelas.

En coyunturas en que no prevalecia la exaltacion de la gran insurgencia tambien se realizaban esas practicas mas o menos meditadas. De Mombeltran (en la zona de Avila) proviene uno de esos testimonios, cuando en 1430 el alguacil de El Colmenar ajusticio a un hombre al que culpo de una violacion. Los aldeanos de Arenas, irritados, destruyeron la horca donde se habia cumplido la sentencia, y en el ataque al instrumento reprobaron figurativamente lo que vieron como desafuero (40). Pero un segundo significado, mas profundo, se comprende si se tiene en cuenta que el senor tomaba posesion de un feudo demarcandolo con mojones y horcas, acciones alegoricas que lo transformaban en propietario del poder (41). El discurso no linguistico de los rebeldes apuntaba entonces a la sustancia del sistema, ya que negaba el distintivo inaugural del senorio. Estos combates silenciosos de las aldeas se desplegaban a otra escala con el gran movimiento: en la germania valenciana la lucha a veces se concentro en derribar horcas que los senores restituian para volver a ser derribadas (42). Cada horca derribada era una expropiacion (43).

La elite del burgo de Sahagun, por su parte, no desestimo estos modos de operar con alcance simbolico cuando se rebelo en el siglo XII. A veces lo hizo por mediacion de algun personero como Sanchianes, caballero aragones que fue colocado por Alfonso el Batallador para reemplazar al abad. Aconsejado por los burgueses, Sanchianes no se privo del acto emblematico que involucro, ademas del traspaso de autoridad, la negacion del papel del convento en el camino de Santiago transformando al hospital en su palacio (44). La maniobra precedio a otras expropiaciones y a la cesion del senorio, lo que implico la obediencia de los vasallos (45).

Luchas y simbolismos de distinto alcance

Esto permite ver similitudes de forma y diferencias de contenido. El campesino destructor agredia al poder para eliminarlo; los burgueses, por el contrario, con abstraccion de la espectacularidad de sus acciones, preservaban el senorio pasando a depender del rey, porque ese era su anhelo (46). En consecuencia, no demolian el cenobio como los rusticos hacian con los castillos que encontraban a su paso; solo lo ocupaban para transmutar sus funciones y darle asiento a otro senor. Mientras que el burgues buscaba la continuidad de un regimen al que deseaba modificar, el pueblo bajo hacia prevalecer el estrago antisistema que no habilitaba otro encuadramiento.

El lenguaje, de acuerdo a quien y en que circunstancias lo emite, no siempre dice lo mismo, aunque a veces coincidan algunos terminos, porque instituia, en verdad, diferentes contenidos sociales que solo se descifran con disciplinas que superen los limites de la antropologia simbolica. Se advierte, ademas, que en ninguna de las dos situaciones habia un deseo de volver al principio sin modificaciones.

Carnaval y sarcasmo

Cuando se retorna a esa escena de la reina, junto al espectaculo dramatico surge el regocijo que remite al carnaval (47). Si en esa festividad pagana la "gente ordinaria" se divertia pero tambien protestaba (48), no descartemos de la violencia compostelana una dosis de jolgorio, porque la soberana era el espectaculo cruel y por eso alborozado del pueblo. La lucha se mezclaba con una diversion salvaje. Esa sancion popular establecia un homologo con el multitudinario espectaculo de ejecucion de condenados en las ciudades, una diversion pedagogica donde las vestimentas tenian un papel: a los ajusticiados se los cubria con atuendos muy llamativos o humillantes (49). Esa mezcla de gravedad y despreocupada alegria se dio en otras oportunidades y, como en algunos intelectuales de la sociedad del pasado, la risa era alli "una componente

intima del modo de la argumentacion" que se situaba en las antipodas de la violencia senorial (50).

Los hombres del comun de Gravesend, luego del episodio mencionado de la fortaleza de Rochester, retornaron alborozados a sus hogares para gozar del triunfo (51). Tambien habia ejecuciones espectaculo en la revolucion. Los insurgentes mataron al arzobispo de Canterbury y a tres hombres mas, para ofrecer una fiesta publica con sus cabezas, que

pasearon en triunfo por las calles de Londres y terminaron colgando del puente de la ciudad (52). El incendio tambien entraba en esas funciones, y Londres proporcionaba, entre los dias 13 y 15 de junio de 1381, un teatral cuadro dantesco que el rey Ricardo contemplo desde la gran Torre, cuando ardian los manors de Savoy y del Hospital de Clerkenwell, junto a otras residencias tambien en llamas (53).

Otra arma de lucha surgia con el solaz: la ironia. A pesar de que no oigamos el tono de las voces, es lo que se trasluce en lo que decian los artesanos cuando tomaban las maderas del monte de Sahagun durante la insurreccion: "de parte del diablo fue e vino quien dono a los monjes poseer tal heredad" (54). Ninguna autocoaccion inhibitoria detenia a esos "burgueses que hin a Dios temian", y con sus aliados aragoneses se explayaban con un sinfin de agresiones: denuestos contra los monjes, burlas, desprecio y deshonra, amenazas, insultos y maldiciones, embates fisicos, saqueos e intentos de matar al abad (55). Esa impertinente "mezcla de generos", que se daba cuando la burla se juntaba con la agresion, sera largamente multiplicada a lo largo de la historia (56). El recurso se encuentra, efectivamente, en distintas ocasiones.

En febrero de 1522 el gobernador de Valencia desistio de enfrentarse con los agermanados dirigidos por el dirigente radical Vicente Peris, y regreso a la ciudad (57). Al llegar a ultima hora a la puerta de San Vicente, algunos salieron a su encuentro, "... y le preguntaron con ironia al gobernador como era que se volvia, si traia Peris mucha gente, y si habian recibido [los agermanados] un socorro de Algecira ...", lo que efectivamente habia ocurrido. Aparecia asi el sarcasmo con una funcion similar a la que tuvieron las expresiones de los artesanos de Sahagun: desanimaban al rival, lo acometian dejandolo sin respuesta, y confortaban a los rebeldes con un regodeo. Ese ingenio retorico era el arma ofensiva cuando la situacion era favorable para la insurgencia o cuando se creia que asi lo era.

En un caso los monjes permanecIan recluidos en el monasterio, contemplando impotentes la expoliacion del monte que el fuero les reservaba; en el otro, el gobernador se habia retirado, temeroso ante el ejercito agermanado. La ironIa complementaba otros ataques, como el que se dio con la expropiacion del monte de Sahagun, o como en este episodio de la Germania valenciana:
   Hubo ademas un individuo que, echando mano a la espada, comenzo a
   esgrimirla llegando a herir el caballo que montaba don Luis
   Cavanilles [el gobernador], y se trabo una renida lucha. El
   gobernador intento apaciguar los animos, mas fue silbado y
   agredido, hasta el punto de poner en peligro su vida, como habia
   perdido el caballo, que quedo muerto en la refriega.


Ahora bien, si se recuerda que la ironia es una forma elegante y deliberada del insulto, es concebible que su empleo en la lucha fuera un reembolso de las descortesias que los aristocratas (y los que pretendian serio) aplicaban en ciudades o aldeas. No se trataba solo de la justicia banal que recaia sobre los dependientes, sino del derecho al ultraje que el senor se adjudicaba en la vida diaria, y cimentaba un fuero como el de Sahagun que aludia a la infinita sumision de los vasallos (58). Era un derecho al maltrato por escalas sociales, como muestra la queja de los "menores" de Valencia que denunciaban que "mayores", caballeros y senores, los insultaban "tratandoles con el mayor vituperio", asi como recriminaban los agravios que sufrian de los regidores y otros "hombres poderosos" (59). Esto afectaba la vida y el mismo estatus aceptado de los artesanos, que no podian verse igualados a los "cautivos", es decir, a los no libres y otras personas de rango inferior (60). Esa agresion generaba tensiones que se expresaban en los grandes movimientos, y en ellos una forma de reproduccion de la injuria era su version festiva.

Conciencia de los actos

La degradacion del dominante surgia como fiesta y accion racional de masas, aun si en el momento de consumarse no es seguro que se tuviera plena conciencia de todo su significado, mas alla de que debio intuirse. Como han repetido muchos historiadores, la rebeldia era meditada, lo que no significa que excluyera desbordes. Podian aparecer entonces la manifestacion emocional mas alta y el odio social sin miramientos por el funcionalismo teorico. Ese jeroglifico de lo real que rompe el modelo y no descifra la gramatica de la regulacion, hace que el historiador programado por la creencia en tecnicas del poder retroceda a la vieja vision de una multitud con "acciones endemoniadas" y "locuras" (61). Pero esa realidad que transmiten las fuentes deberia tomarse desde una perspectiva que de vuelta la especulacion teorica sin caer en la elitista antiguedad historiografica, porque la lucha que rompe esquemas, que introduce procedimientos a los que no se les encuentra el sentido (moderno), no presupone un romanticismo popular hueco; todo lo contrario, es la manifestacion enardecida, y tambien racional, del que expresa su antagonismo con el poder. Era, en los casos que analizamos, una forma mas, cientificamente captable, de la lucha entre extremos: la reina, por un lado, y una anciana de los subaltemos, por el otro.

No entorpecia el discurso critico una cuota de emocion que se ponia en la escena, porque esa reaccion no era el alboroto ofuscado de la infancia popular sino que era parte de un proceso de percepcion socialmente situado (62). Esa logica permite conjeturar que tal vez no fuera el cronista compostelano el que copio la Biblia sino que fue la multitud la que imito alguno de sus dramas. Idear una accion de acuerdo a lo que se leyo o, mas posiblemente, de acuerdo a lo que se escucho, seria construir una nueva realidad sobre la que a su vez se podia aprender. Pero en el discurso gestual que subvertia valores, una sintaxis de la clase dominante articulaba el lenguaje, y esto remite a un aprendizaje.

Desde luego, los insurrectos asimilaron los signos del rol de los dominantes para combatirlos. Y no solo eso. Tambien pudieron aprender de degradaeiones que los senores usaron para destruir a sus enemigos o a sujetos indeseables. Esos actos, a veces cuidadosamente concebidos en su perversidad demoledora, permitirian ver que no era inalcanzable escarnecer a un poderoso reduciendolo a una inhumana bestialidad (63). Y en especial, para el pueblo vencido despues de una rebelion se tenian reservados ejercicios de humillacion para encauzar una conciencia presuntuosa hacia el servilismo (64). Tampoco es inconcebible que el noble hubiera asimilado esos ritos de ancestrales practicas comunitarias. Esto plantea que esas actitudes de los rebeldes manifestarian un conocimiento conceptual aprendido por experimentacion, viendo y sufriendo signos discriminantes (65). Esto ayudaria a explicar que plebeyos de distinta condicion no renunciaran a muy diversas y elaboradas formas magicas de destruccion social que abarcaron incluso refinadas expresiones artisticas (66). Esto es pasible de consideraciones complementarias.

Cuando se observan estos actos, cabe preguntarse por el grado de reflexion. No hay una respuesta univoca sobre esto, aunque si existen noticias acerca de que el asunto podia ser contemplado por las masas con cierta distancia critica. El pueblo sabia, por ejemplo, que los signos comunicaban lo que era una persona, constituyendola como ser social, y los menestrales enriquecidos demostraron ese discernimiento violando leyes suntuarias (67). Una informacion sobre esto es proporcionada por Jean Froissart cuando se refiere a John Ball, un lider ingles de 1381. Interesa ver lo que les decia a los aldeanos para que nosotros sepamos algo de lo que estos pensaban (68).

Ball incluia en sus diatribas a esos vestidos que hacian de hombres iguales por naturaleza, clases diferentes y separadas. Mientras que los senores usan terciopelos y panos de calidad, denunciaba, nous [el pueblo] sommes vesti de povres draps (69). Los humildes sabian que para los aristocratas se reservaba el buen vino, la especieria y el pan blanco, mientras que a ellos se destinaban las sobras de paja y el agua (70).

Esto explica que el ataque a los simbolos del estatus podia estar reflexivamente justificado, y seguro que lo estaba en todos lados. Explica tambien que atacar las vestiduras tenia un contenido tan inquietante como comer hasta el atracon y beber hasta emborracharse, lo que era parte de un comportamiento de tiempos revueltos, cuando se devastaba al manor y el pueblo se redimia de sinsabores (71). Y, de manera inevitable, no podia dejarse afuera de ese ataque a la mansion ostentosamente provocativa. Mientras que a los subalternos les quedaban el dolor y el trabajo, la lluvia y el viento; y por ese sacrificio, explicaba John Ball, el senor podia tener lo que tenia (72).

Ese lider ayudaba a pensar lo que todos sabian experimentalmente, y el ingles comun no tenia sobre el particular ideas insolitas. Sus nociones eran mas o menos las mismas que traslucen con sus actos los espanoles del siglo XII o del siglo XV. Por consiguiente, algunas destrucciones estaban cargadas de significacion politica. El asalto a un palacio episcopal o a una abadia en Espana tenia un alcance que iba mas alla de la furia contenida; era una emocion pensada, similar a la que exhibieron los insurrectos en 1381, cuando en los alrededores de Londres derribaron las prisiones del rey (73). Era un ataque muy preciso y no muy diferente del acto de derribar la picota senorial.

Reflexiones finales

Se ha estudiado la protesta a partir de los elementos simbolicos, aunque no se luchaba solo por simbolos, porque los burgueses enfrentaban al senorio que les impedia organizar su concejo, y los campesinos enfrentaban las obligaciones serviles. Las causas de esas protestas eran politicas, institucionales, economicas y sociales; y en su desenvolvimiento los pueblos chocaron contra el estatus: inevitablemente debieron enfrentar a todos los simbolos que lo encarnaban y lo sostenian. El lenguaje simbolico era, en ese sentido, una imposicion de los dominantes, y sobre ese terreno se desenvolvia un contra-lenguaje racionalmente seleccionado. Era una forma de invertir valores.

Esas luchas aportaban una cuota de disrupcion que podia traducirse en cambios reales. Con dificultades, y a traves de un camino tortuoso, el concejo pudo organizarse en Sahagun (como muestra su fuero del siglo XII), de la misma manera que el campo ingles conocio transformaciones en el siglo XV, como demostraron los historiadores ingleses que hablaron de un precoz capitalismo rural. En otros casos la rebelion no se manifesto en transformaciones: en los dominios leoneses, por ejemplo, las prestaciones que tuvieron mucho que ver con la rebelion campesina que acompano a la del burgo, siguieron teniendo peso en la baja Edad Media. Estos contrastes se explican tanto por diferentes correlaciones de fuerzas sociales como por el resultado aleatorio que tiene todo acontecimiento historico. Pero en los casos que se han citado hay un elemento comun: la lucha nacida de antagonismos estructurales que se expresan en lenguaje simbolico, lejos de llevar a un equilibrio homeostatico, tenia oportunidades de repercutir en la estructura. A ello contribuyo el ataque a los simbolos, es decir, a las representaciones del estatus.

CARLOS ASTARITA

Universidad de Buenos Aires/

Universidad Nacional de La Plata.

(1) PASTOR, R., Resistencias y luchas campesinas en la epoca del crecimiento y consolidacion de la formacion feudal, Madrid, 1980, p. 133.

(2) ALFONSO M. I., "La contestation paysanne face aux exigences de travail seigneuriales en Castille et Leon. Les formes et leur signification symbolique", en BOURin, M. y MARTiNEZ SOPENA, P. (ed.), Pour une anthropologie du prelevement seigneurial dans les campagnes medievales (Xle-XIVe siecles). Realites et representations paysannes, Paris, 2004, pp. 291-320. Trata el caso que se presenta en: FERNANDEZ FLOREZ J A., Coleccion diplomatica del monasterio de Sahagun (857-1230), Vol. V, (1200-1300), Leon, 1994, (en adelante, C. D. de Sahagun) doc. 1569, ano 1206: los vecinos de San Pedro de las Duenas se negaron a hacer cinco sernas anuales a favor del monasterio de Sahagun (dicebant quod non debebant eas facere), disension que fue resuelta por el Monarca que, tras una pesquisa, concluyo en que el abad sobre esto iustitiam exigebat; ALFONSO, M. I. valora que en el documento se expresa que los campesinos deseaban cumplir las sernas en forma espontanea y no obligatoria (spontanei fecerant, non perforum); ALFONSO, M. I. considera que la frase no hace alusion al estatuto de las personas ni al de las tierras sino al fuero, es decir, a la practica regular, hecho que muestra la dominacion y la dependencia del senor. En un articulo anterior, ALFONSO DE SAeDANA, M. I., "Las sernas en Leon y Castilla. Contribucion al estudio de las relaciones socioeconomicas en el marco del senorio medieval", Moneda y Credito. Revista de Economia, 129, 1974, pp. 153-210, interpretaba el episodio de una manera mas cercana al texto, cuyo interes no esta en el discurso sino en la accion que refleja: esos campesinos habian realizado una huelga de la renta. Ante este suceso, la justificacion importa solo como derivacion secundaria sin desconocer la serie de probabilidades que implicaba; pudo ser (a) retorica justificativa ante la autoridad; (b) invocacion de un derecho real; (c) lo que creian los campesinos que era su derecho; (d) una forma de autoconvencimiento; (e) el recuerdo de una antigua prestacion voluntaria que incitaba al futuro redescubriendo el pasado; (f) o mas simplemente una forma de hablar del hecho, aunque lo que se hace y lo que se dice sobre lo que se hace no siempre es lo mismo. En fin, podemos especular con varias posibilidades, pero cualquier combate au niveau du langage en este caso se empequenece analiticamente ante la transgresion perpetrada como acto y no como verbo. Pero aun en esa dimension discursiva es imposible descubrir donde radica la guerre des mots symbolique en esa retorica, porque ni siquiera su contenido relacionado con una demanda de libertad es algo simbolico sino el deseo que surgia de una realidad experimentada por los que vivian en sujecion.

(3) Ver, GEARY, P., "Vivre en conflit dans une France sans Etat: typologie des mecanismes de reglement desconflits (1050-1200)", Annales. Ec., Soc., Civ., 5, 1986, pp. 1107-1133. Tambien, BASCHET, J., La civilizacion feudal. Europa del ano mil a la colonizacion de America, Mexico, 2009, passim. Este criterio es una reedicion del criterio de Hegel: en el feudalismo, ante la ausencia de un Estado que realizara el universal, determinante del funcionamiento social, eran necesarios los acuerdos privados entre las partes. El problema hobbesiano del orden estaba, tanto como hoy, en la base de la propuesta. Tambien, cfr, VANDERPUTTEN, S., "Monks, knights and the enactment of competing social realities in eleventh--and early-twelfth- century Flanders", Speculum. A Journal of Medieval Studies, 84, 2009, pp. 582-612.

(4) Se usara la edicion de "Historia Compostellana", de Migne, J-P., Patrotogia Latina, Vol. 170, Paris, 1854, col. 889-1236 (en adelante Historia Compostelana). Ver, SUAREZ, M. y CAMPELO, J., Historia Compostelana, traduccion con notas aclaratorias e introduccion, Santiago de Compostela, 1950. Redaetada por orden del obispo Diego Gelmirez (1110-1140), refleja su punto de vista; ver, REILLY, B. F., "The Historia Compostelana: The genesis and composition of a twelfth-century Spanish gesta", Speculum, 1, 1969, pp. 78-85.

(5) Historia Compostelana, col. 1018.

(6) COLLINS, R., "Review" de St. James's Catapult: The life and times of Diego Gelmirez of Santiago de Compostela, por R. A. Fletcher, The English Historical Review, 400, 1986, pp. 680-682.

(7) Sanchez Albornoz decia que falsificaciones o interpolaciones siempre se hacian por algo. Aqui es inhallable una causa para la ficcion, y ayuda en esto la comparacion con un recurso paralelo al que atribuye Collins al cronista. Se refiere a que los judios apelaron a episodios de la Biblia para relatar persecuciones del siglo XI, pero esas elaboraciones tenian como objetivo construir una idea de continuidad del pueblo con el pasado; ver, CHAZAN, R., "Representation of events in the Middle Ages", History and Theory, 4, 1988, pp. 40-55.

(8) PALLARIES, M. C. y PORTELA, E., La reina Urraca, San Sebastian, 2006, p. 164.

(9) MALKIEL, D., "The underclass in the first crusade: a historiographical trend", Journal of Medieval History, 28, 2002, pp. 177-178.

(10) Es un punto de contacto posible, aun cuando Ester, su tio Mardoqueo y el pueblo judio vencieron en la prueba. Mas alla de los alejamientos visibles entre la Biblia y la Historia Compostelana, hay un con

tacto evidente en la tension dramatica que se suscita cuando Mardoqueo insiste en que la reina se presente ante el rey de Persia para pedir por su pueblo y ello, con seguridad, significada su muerte.

(11) RAYNAUD, G., Chroniques de J. Froissart, 1380-1382, t. 2, Paris, 1897 (en adelante, Froissart), p. 99: "[...] tes mescans gens saloient sur son char et en venant et li faissoient moult de desrois [...]".

(12) GALBRAITH, V. H., The Anonimalle Chronicle, 1333-1381, Publications of the University of Manchester, No. CLXX, Historical Series, No. XLV, Londres, 1927 (en adelante, The Anonimalle Chronicle), p. 136-137: "[...] les comunes de Kent [...] viendrent a Rouchestre et illeoqes encontrerount graunde noumbre des comunes de Exesse et [...] mistrent ensege al chastelle de Rouchestre [...] et doneuront fort assaute al chastelle, et le conestable se defendist vigurousement une dymy iour, mes au darrein pur doute qil avoit de tiel multitude des gentz saunz resoun de Exesse et de Kent delivera le chastelle as eux et les comunes entrerent et pristrent Iour eompaignoun et toutz prisoners hors de prisone".

(13) DURAN, E., "Guillem Catala de Valeriola, Breu relacio de la Germania de Valencia", en, idem, Croniques de les Germanies, Valencia, 1984, pp. 59-322, cita de p. 68.

(14) Ibidem, pp. 66 y s.

(15) Historia Compostelana, col. 1018.

(16) Historia Compostelana, 1019.

(17) Historia Compostelana, col. 1018.

(18) BURKE, P., "The Virgin of the Carmine and the Revolt of Masaniello", Past & Present, 99, 1983, pp. 3-21.

(19) BOURDIEU, P., "Sobre el poder simbolico", en, idem, Intelectuales, politica y poder, Buenos Aires, 2000, pp. 65-73.

(20) FOSSIER, R., "Remarques sur l'etude des conmotions sociales au XIe et XIIe siecles", Cahiers de Civilisation Medievale, Xe-XIIe siecles, 1, 1973, pp. 45-50, cita de p. 46.

(21) Historia Compostelana, col. 1017.

(22) Historia Compostelana, col. 1221: "[...] quidam proditorum in cameram archiepiscopi descenderunt, et indumenta sua, et canonicorum cum co manentium rapuerunt".

(23) The Anonimalle Chronicle, pp. 141-142: "[...] et puis alerount devers Sawvay et mistrent feu en divers measones [...] et au darrein viendrent a Sawvay et debrusseront les portes et entreront en la place et

viendrent a le guardrope et pistrent toutz les torches qils purroient trover et les mettrent en feu et toutz les dras et coverletes el lites et dosers de graunt valu, [...]".

(24) The Anonimalle Chronicle, p. 135: "Mesme celle temps le baut meastre del hospital de seint Johan de Klerkenwell de Loundres avoit une tresbelle et tresdelitable manoir en Excesse ou il avoit ordenee vitailles et autres necessaries pur tener soun chapiter general, et fuist bien estuffe des vines et arraiez avenablement come affert a tiel seignour eta ses freres. Et en celle temps les comunes viendrent al dit manoir et maungerount les vitailles et beverount troys tonailles de bone vine et traierent le manoir a terre [...]".

(25) The Anonimalle Chronicle, p. 141: "[...] et pluis alerount al place del evesque de Chestre [...] et rolleront tonayls de vine hors de soun celer et beyverount assez et departirount saunz pluis male fair ...".

(26) The Anonimalle Chronicle, p. 135, luego del relato sobre comer y beber, se dice: "[...] et traierent le manoir a terre, et mistrent en feu a graunde damage et perde el dit meastre".

(27) Tambien entre los nobles: en las cronicas castellanas tardio medievales se repite que el rey o el noble antes de emprender una lucha habia evaluado las opiniones de su entorno ("ovo consejo").

(28) The Anonimalle Chronicle, p. 138: "[...] par envy qils avoient al dit duc qare ils abaterent ses manoirs a la terre et auxint ses measones traherent al terre, et venderent ses bestes, chivals et boves, vaches, berbiz et porkes et toutz maners des blees a graunde marche [...]".

(29) PUJOL Y ALONSO, J., "Cronicas Anonimas de Sahagun", Boletin de la Real Academia de la Historia, 76, 1920, pp. 7-26; 111-126; 242-257; 339-356; 395-419; 512-519; 77, pp. 51-59; 161; Segunda Cronica, pp. 162-192 (en adelante, Cronicas de Sahagun). Cronicas de Sahagun, capitulo 27: cuando el abad escapo de la villa comenzaron "a cortar el monte e desrraigar e arrancar los huertos e hedificar plantas [...] arrancando las bides e plantando guertos, alcando palomares e flauicando lugares e estancias para las obejas e bueis". Tambien ver capitulos 23, 24 y 35.

(30) The Anonimalle Chronicle, p. 141: "[...] les ditz comunes pristrent lour viage parmy Loundres et ne fesoient male ne moleste tanquils viendrent en Flestrete [...]".

(31) DURAN, E., "Guillem Catala de Valeriola, Breu relacio de la Germania de Valencia", p. 133: "[...] tan que quant foren en Chelva foren mes de tres mil homens. Y en arribant a dita vila comenqaren a derrocar lo castell, que es la posada del visconte, y fon derrocat la major part de dit castell. Apres posaren-hi foch e robaren totes les cases tot lo que pogueren y se'n tornaren molt pacifichs a la ciutat".

(32) The Anonimalle Chronicle, p. 141 : "Et en Fletstrete le ditz comunes de Kent debrusseront le prisone de Flete et pristrent hors, toutz les prisoners et les lesserount aler ou qils vodroient [...] et apres alerount a le Temple [...] et alerount en la esglise et pristrent toutz les livers et rolles et remembraunce qe furount en lour hahauches deinz le Temple des apprentiz de la ley et poterount en le haute chimyne et les arderent".

(33) The Anonimalle Chronicle, p. 140, cuando los de Essex llegaron a Lambeth, cerca de Londres, y asaltaron el manor del arzobispo de Canterbury, no solo destruyeron muchos bienes, sino que, tambien, "[...] mistrent en feu toutz les livers des registres et rolles de remembrauncez de la chauncelerie illeoques trovez".

(34) RILEY, H.T., Thomae Walsingham, Quondam monachi S. Albani, Historia Anglicana, Vol. 1, A.D. 1272-1381; Vol. 2, 1381-1422, Rerum Britannicarum Medi Aevi Scriptores, Londres, 1863-1864, 1, p. 455; la quema de los archivos imposibilitaba, segun creian, que el senor pudiera reclamar obligaciones, porque destruir la memoria de las costumbres era anularlas: "[...] ut, obsoleta antiquarum rerum memoria, nullum jus omnino ipsorum domini in eos in posterum vendicare valerent; factumque est ita".

(35) Se ha dicho que en la Edad Media el derecho creaba las relaciones sociales cuando el senor daba un fuero y, de manera ideal, destruir el escrito era tambien suprimir magicamente la imposicion.

(36) Cronicas de Sahagun, capitulo 19. Tambien, C. D. de Sahagun doc. 1231 y 1235; idem, doc. 1247, ano 1131, cuando Alfonso VII ordenaba que se le devolviera al monasterio lo que le habia arrebatado Velasco Munoz, describe el estado de cosas que hubo despues de Alfonso VI: "Postquam, ergo, mortuus est rex Adefonsus fuit grandis guerra per totam Ispaniam et depopulate sunt multe uille. Tuno Uelascus Monnionis intrauit in Uilla Asperi et tenuit Iongo tempore, donec surrexit in regno Adefonsus, Raimundi filius, nepos supradicti regis, cui fratres Sancti Facundi conquerentes sugesserunt quomodo Uelascus Monnionis per uim, tulerat Uillam Asperi a Sancto Facundo. Iussit, autem, cos rex ut recuperarent hereditatem ad se pertinentem, quam uiolenter perdiderant".

(37) Ademas de las Cronicas, en C. D. de Sahagun, doc. 1231 de 1127, se queja Alfonso VII de que "[...] in meos palazios quos dextruxistis [...]". Esta connotacion surge de la mencion del palacio en area de frontera: ese espacio representaba simbolicamente la relacion entre la comunidad y un poder superior que solo ocasionalmente iba a la villa.Ver, Saez, E., Los fueros de Sepulveda, Segovia, 1953, Fuero latino, titulo 25: "Et quando el senior fuerit in uilla el iudex in palatio comedat ...". Ver tambien, PENA BOCOS, E. y GARCIA DE CORTAZAR, J. A., "El palatium simbolo y centro de poder en los reinos de Navarra y Castilla en los siglos X y XIII", Mayurqa: Revista del Departament de Ciencies Historiques e Teoria de les Arts, 22, 1989, pp. 281-296.

(38) IBORRA, J., Marti de Ficiana: Libro quarto de la Cronica de la inclita y coronada ciudad de Falencia y de su reino, Valencia, 2005, p. 193: "En Tuexa quemaron la casa del vizconde y otras casas y saqueado mucha ropa de vassallos. Y en Selva pusieron fuego en el castillo, y le saquearon y tomaron todas las escripturas del vizconde, y en la placa delante del castillo las quemaron". Idem, p. 194.

(39) IBORRA, J., Marti de Ficiana: Libro quarto de la Cronica de Falencia, p. 194.

(40) BARRIOS GARCIA, A., CORRAL, F. Y RIANO PEREZ, E., Documentacion medieval del archivo municipal de Mombeltran, Avila, 1996, (en adelante, Doc. Monbeltran) doc. 18, "[...] ciertos omes, vecinos de la dicha villa de Arenas, non temiendo a Dios ni a la justicia de nuestro senor el rey, que fueron e derribaron el dicho leno de la dicha forca ... que derribaron la dicha forca e dieron con toda ella en el suelo" (p. 44).

(41) Luis LOPEZ, C. y DEL SER QUIJANO, G., Documentacion medieval del Asocio de la Extinguida Universidad y Tierra de Avila, 1, Avila, 1990, doc. 132. El conde de Alba habia tomado posesion de las aldeas y lugares que le habia dado Enrique IV : "[...] el qual dicho conde [...] ocupo la posesion de los dichos vasallos e aldeas e lugares, e puso en ellas justicia e forcas". Doc. Monbeltran, doc. 23, ano 1423. Juan Sanchez de La Adrada, en nombre de don Alvaro de Luna tomaba posesion de unos alijares: "E que en senal [...] de la dicha posesyon, que andava segund que anduvo por sus pies por el dicho collado, e fizo ende fazer dos moiones de tierra e piedras, e en una pena una cruz picada, e tomo un cochillo en su mano derecha e corto ende ciertos ramos de una matas que dizen piomos [...] fizo ende poner e asentar una forca de madera para esecutar la justigia criminalmente en los malfechores".

(42) DURAN, E., "Guillem Catala de Valeriola, Breu relacio de la Germania de Valencia", pp. 149 y s.

(43) IBORRA, J., Marti de Viciana: Libro quarto de la Cronica de Valencia, p. 197.

(44) Cronicas de Sahagun, capitulo 27: "[...] ayuntaronse todos los burgueses al dicho Sanehianes, aconsejandole que todas las cosas cosas que pertenesgian al abbad quitase de poder de los monjes y las sometiese a si; eso mesmo del hospital de Sant Fagum figiese palagio para si, la qual cosa, sin tardanca fue fecha".

(45) Idem: "[...] tomaron todos los plados del monasterio, huertos, tierras, canpos, vinas e molinos, e sometieronlo a los aragoneses". Se divulgo "que ninguno de los rrusticos o subditos diese ni ficiese algun servigio o ayuda a qualquiera de los monjes, saluo al dicho Sanchianes".

(46) Cronicas de Sahagun, Segunda Cronica, capitulo 6, los burgueses le decian al abad: "[...] nosotros non somos obligados a obedescer a tus mandamientos, por quanto somos sieruos del rrei, e la uilla esta e pertenece a su mandar e non al tuyo".

(47) BAJTIN, M., La cultura popular en la Edad Media y el renacimiento: el contexto de Frangois Rabelais, Madrid, 1995. La doctrina funcionalista instalo una reservada actitud critica ante la tesis de Bajtin, bajo la idea de que todo deberia ser asimilable al gran mecanismo de una armonica reproduccion social.

(48) BURKE, P., La cultura popular en la Europa moderna, Madrid, 1991, pp. 262 y 267.

(49) CORRAL LAFUENTE, L., "La ciudad bajomedieval en Aragon como espacio Iudico y festivo", Aragon en la Edad Media, 8, 1989, pp. 185-198.

(50) BURUCUA, J. E., Corderos y elefantes. La sacralidad y la risa en la modernidad clasica--siglos XI," a XVIII-, Buenos Aires y Madrid, 2001, p. 122, en referencia a Galileo, y a este le adjudica, p. 125, el ser heredero de la costumbre burguesa florentina de polemizar diferenciandose del comportamiento senorial.

(51) The Anonimalle Chronicle, p. 137: "[...] et ceux de Gravesende repaireront od lour compaignoun od graunde leestee saunz pluis fair".

(52) Froissart, p. 111: "[...] et ces quatre testes missent il sus longes glaves et les faissoient porter devant iaulx parmi les rues de Londres; et, quant il eurent asses [joue] il les missent sus le pont de Londres [...]"

(53) The Anonimalle Chronicle, p. 142-143: "En quel temps le roy esteaunt en une turret del graunde Toure de Loundres, vist le manoir de Sawvay et Klerkenwell et les measones de Symonde Hosteller pred de Newgate et le place de Johan de Butterwyk en feu ardauntz [...]".

(54) Cronicas de Sahagun, capitulo 35.

(55) Cronicas de Sahagun: denuestos contra los monjes (cap. 23), burlas (cap. 27), desprecio y deshonra (cap. 23, 59), amenazas (eap. 33), insultos y maldiciones (cap. 18, 34, 37, 50), agresiones fisicas (cap. 37), saqueos (cap. 18, 37, 59) e intentos de matar al abad (cap. 18, 33, 59).

(56) VOVELLE, M., La mentalidad revolucionaria, Barcelona, 1989, pp. 92-93.

(57) DE QUAS, L., La Germania de Valencia, Valladolid, 2006, pp. 117-118.

(58) C. D. de Sahagun, doc. 823, fuero de 1085: "Istas consuetudines et foros per voluntatem Abbatis et collegio fratrum dedi ego Adefonsus imperatur hominibus Sancti Facundi per quos serviant el sicut Dominus in submissione et humilitate plena. Et illi defendant cos et ament ut suos homines[...]".

(59) DE QUAS, L., La Germania de Valencia, pp. 26-27; 17: expresiones atribuidas al lider agermanado Joan Lorenzo: "[...] agora estoy pensando en mi que desto podria susceder grande bien y reparacion de los agravios que los plebeos tenemos de los regidores de la ciudad, y de los officiales de la justicia, y cavalleros y hombres poderosos, [...]". IBORRA, Marti de Viciana: Libro quarto de la Cronica de Valencia; en Jativa los abusos cotidianos de los caballeros eran un argumento para organizarse: "De manera que los menores somos hollados de los mayores y poco favorescidos de la justicia, lo que podemos mucho remediar si nos adezenamos y agermanamos con los de Valencia".

(60) DE QUAS, L., La Germania de Valencia, p. 17: "[...] los cavalleros ricos [...] nos tractan [...] como a cautivos [...]".

(61) Cfr. MAC KAY, A. y Mc KENDRICK, G., "La semiologia y los ritos de violencia: sociedad y poder en la corona de Castilla", En la Espana Medieval, 11, 1988, pp. 153-165, en especial, pp. 164 y s.: encontraron acciones que no encajaban en la teoria del equilibrio.

(62) El concepto de emocion violenta en la Edad Media, en ELIAS, N., El proceso de la civilizacion. Investigaciones sociogeneticas y psicogeneticas, Buenos Aires, 1993. Responde a un criterio presente en Weber, y tambien en Lucien Febvre, Huizinga, Peter N. Stearns y Carol Sterns. Esta "gran narrativa" fue criticada por ROSENWEIN, B., "Worrying about emotions in history", The American Historical Review, 3, 2002, pp. 821-845, que rescata criterios de la psicologia de los anos 1960, que con una perspectiva cognitira mostro que las emociones eran parte de procesos de evaluacion denegando que fueran irracionales, y de los anos 1970, en que se anadio que son construidas, formadas por la sociedad, y dependen del lenguaje, de practicas culturales, de expectativas y creencias morales. Se cita esto tanto para reconocer un aporte como para indicar una diferencia. Las emociones no tienen solo una situacion cultural de epoca, sino tambien de clase social. Si se toma en cuenta esto, seda posible adoptar el concepto que propone Rosenwein de emotional communities delimitadas por sistemas de sentimientos (systems of feelings). Con esa connotacion de clase se reduciria, o se anularia, el pretendido desplazamiento de la gente de un tipo de comunidad emocional a otra, como postula Rosenwein, aun cuando las personas reajusten sus expresiones emocionales de acuerdo a los diferentes entornos. Dicho de otro modo, un aristocrata no participa mas que ocasionalmente (e incluso como forma de mostrar distancia) de la sensibilidad popular. Por otra parte, y con respecto a la idea de Norbert Elias sobre una reaccion agresiva no controlada del hombre medieval, tesis que elaboro con relatos sobre el mas alto sector del poder, deberia notarse que muchos testimonios la contradicen. Las cronicas de los reyes indican de modo recurrente que una accion era pensada, aunque podia ser sensitivamente aguda, lo que tambien indica que debe superarse la dicotomia que planteo Ellas de desborde emocional y autocontrol por la razon.

(63) En las cronicas muchas veces se alude a que cuerpo el cuerpo de un enemigo ejecutado quedaba expuesto. Uno de los casos mas llamativos es la animalidad que presupone enjaular a una persona; al respecto, DEVIA, C., La violencia en la Edad Media. La rebelioin irmandina, Vigo, 2008, pp. 68 y s.

(64) Por ejemplo, de LERA MAILLO, J. C., LOPEZ VALLINA, LORENZO PINAR, F., MORERA VELAYOS, S. y GARCIA DIEGO, A., Coleccion diplomatica del imperial monasterio de Nuestra Senora de Valparaiso (1143-1499), Zamora, 1998, doc. 307, ano 1492. Los vecinos de Fuente del Carnero habian matado a un monje del monasterio de Valparaiso y debieron cumplir una ceremonia de humillacion colectiva.

(65) BLOCH, M., "Language, anthropology and cognitive science", Man, New Series, 2, 1991, pp. 183-198, en especial, pp. 185 y s.: los conceptos presuponen estructuras de significados que se forman en la experiencia y en la practica. Esto implica que no hay una conexion inevitable entre el concepto y el lenguaje; y, por consiguiente, y en contraposicion con criterios mas antiguos, el lenguaje no es esencial para el conocimiento conceptual, como se muestra en el hecho de que los conceptos pueden existir independiente-

mente del lenguaje. Esto se ve en el pensamiento conceptual del nino prelinguistico que posee el concepto de casa antes de que pueda pronunciar la palabra. Tambien los estudios muestran que la adquisicion del lexico por el nino es en gran medida tratar de encontrar palabras para conceptos que ya se habian formado.

(66) Ver, MAC KAY y MC KENDRICK, "La semiologia y los ritos de violencia", pp. 157 y s.; BURKE, P., El Renacimiento italiano. Cultura y sociedad en ltalia, Madrid, 1993, p. 134, ver las imagenes de rebeldes politicos colgados de los pies de Andrea del Castagno, Botticelli y Andrea del Sarto.

(67) Por ejemplo, Cortes de Palenzuela de 1425, Cortes de Leony Castilla, Madrid, 1866, 3, p. 56, se acusaba a las "mugeres delos menestrales e oficiales" de " ... traer aventajada e superflua e desordenadamente [...] rropas de seda e de oro e de lanas [...] e otras muchas guamiciones de oro e plata e aljofar, de muy grand valor [...]". Esas mujeres de los artesanos no se distinguian de "[...] las duennas generosas de grant estado e faziendas [...]".

(68) Cfr, GUREVlCH, A., Medieval popular culture. Problems of belief and perception, Cambridge, 1990.

(69) Froissart, p. 96.

(70) Froissart, p. 96: "Il ont les vins, les espisses et les bons pains, et nous avons le soille, le retrait [et] le paille, et [buvons] l'aige".

(71) Froissart, p. 107: el pueblo bajo, "[...] s" ataquierent au boire et au mengier".

(72) Froissart, p. 96: "lls ont le sejour et les biaux manoirs, et nous avons le paine et le travail, et le pleue et le venteas camps, et faut que de nous viengne et de nostre labeur ce dont il tiennent les estas".

(73) Froissart, p. 107: "[...] et par especial ii abatirent les prisons dou roi que on dist les Mareschauchies, et furent delivret tout li prisionnier qui dedens estoient".
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Author:Astarita, Carlos
Publication:Cuadernos de Historia de Espana
Date:Jan 1, 2011
Words:11044
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