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Comercio e intercambio de ceramicas finas en la betica (SS. I-II D. C.): reflexiones generales en torno a la economia altoimperial al hilo del analisis del ejemplo isturgitano.

Fine ware pottery trade and exchange of in Baetica (Ith-IIth century A.D.): general reflections concerning the high-imperial economy linked to the analysis of Isturgitan example

1. Desde una concepcion de la naturaleza economica del Imperio romano

Podemos admitir sin riesgo a equivocarnos que, independientemente de apellidos, el marco economico en el que se inserta el comercio de ceramicas finas e instrumentum domesticum durante el s. I d. C. en el Imperio romano no debio desarrollarse en terminos muy distantes a los de una economia dual (1), es decir, un marco en el que cohabitasen elementos y mecanismos racionales de mercado--autorregulacion, iniciativa privada, comercio a larga distancia, etc.--con importantes manifestaciones de reciprocidad y redistribucion--autoabastecimiento, annona, evergetismo, etc.--. En ese contexto, resultado del desarrollo del gran expansionismo romano de epoca republicana en el Mediterraneo (ss. III-I a. C.) los signos de prosperidad experimentados a partir de entonces en sectores tales como el artesanal van a constituirse en vehiculos definitivos para el desarrollo del comercio.

Cada dia con mas claridad, los datos arqueologicos nos muestran el caracter dinamico de una economia, sobre todo en epoca imperial, que configura un cuadro economico en el que el comercio a media o larga distancia y la produccion artesanal, destinada a mercados suprarregionales, desempenan un papel mas importante que el que les otorgaban algunos historiadores y escuelas de la economia romana. Esta realidad mas compleja, donde tienen cabida la busqueda de beneficios, la orientacion de las actividades hacia mercados de mayor alcance que los simplemente regionales, la inversion en infraestructuras productivas (2) en busca de una produccion en masa, etc., puede llevarnos a valorar favorablemente la aplicacion de nuevos modelos que subrayen similitudes y puntos de convergencia con las sociedades preindustriales occidentales, tanto por los comportamientos economicos como por la propia estructura economica de la epoca (Polfer, 2001: 10).

Por tanto, inmersos en lo que podemos denominar pleno rigor mercantil altoimperial, es interesante comprobar el modo intenso en que vajillas ceramicas, como la propia sigillata, se extenderan por todos los asentamientos, urbanos y rurales, de mayor o menor entidad; a ello, sin duda, contribuyo el fuerte grado de monetizacion de la vida, pero tambien la pervivencia e intensificacion de los intercambios y transacciones menores realizados en especie, sobre todo mediante los productos excedentarios resultantes de la difusion e implantacion del "engrasado" modelo villa. Es evidente que este hecho permitira a amplias capas de la sociedad adquirir vajillas y ajuares de prestigio, social y culturalmente significativos.

Independientemente de la naturaleza y los rasgos distintivos que caracterizaron los intercambios de bienes (3)--a traves de los cuales tuvo lugar la comercializacion del instrumentum domesticum en general, y de las ceramicas finas en particular--en el marco cronologico definido, estos acontecieron en todo caso, vehiculados tanto por los mercados y ferias locales/regionales como por el propio desplazamiento de esos bienes a una mayor escala espacial, a larga distancia.

2. La dinamica del comercio y la distribucion de ceramicas a escalas local y regional

Los vendedores ambulantes y la celebracion de ferias y mercados urbanos y rurales constituyeron en su conjunto (Peacock, 1982: 156) uno de los aspectos por mucho tiempo olvidados en los estudios sobre el comercio en epoca romana (4). Se han obviado, entre otros, el valor de la figura del buhonero o el papel capital que sin duda desempenaron las nundiane y otras ferias periodicas para la distribucion y venta--alli el comerciante itinerante podia vender sus articulos y aprovisionarse de otros (Colin, 2002: 149)--, especialmente, de las vajillas culinarias de uso cotidiano en ceramica comun--siguendo la propuesta de Hodder, (1974) para algunas ceramicas comunes romano-britanicas--. Ciertamente, son escasos los ejemplos arqueologicos de establecimientos comerciales permanentes--tabernae--dedicados a la venta de ceramicas en nucleos urbanos, pero mas limitada aun parece ser la comercializacion de ceramicas comunes locales en ellos; estas tiendas parecen haber experimentado una especial dedicacion a la venta de producciones finas importadas, como se desprende de la descripcion de depositos como los de Colchester (Hull, 1958), Aquincum (Juhasz, 1936), Wroxeter (Atkinson, 1942), Lagentium (Rush et al., 2000) o Magdalensberg (Schindler-Kaudelka, 1986). Eran sigillatas, paredes finas, lucernas, vidrios ..., cuya venta en estos establecimientos suponia la consecucion final del proceso de comercializacion a larga distancia de dichos bienes iniciado en puntos muy distantes, incluso ultramarinos.

No obstante, y aunque ocasionalmente, junto a ceramicas comunes de funcionalidad muy especifica en la elaboracion de alimentos--mortaria o barnices rojos pompeyanos--una porcion de ceramicas comunes debieron ser puestas en circulacion del mismo modo, principalmente en areas con poblacion dispersa en un amplio territorio--Cosa--o en zonas total o parcialmente militarizadas--Magdalensberg--(Rhodes, 1989: 49).

En la venta y comercializacion de estos vasos poco tuvieron que ver los mecanismos y agentes vinculados a los intercambios a larga distancia que, sin duda, afectaron tanto a la produccion de sigillatas hispanicas como a la produccion de paredes finas. Por el contrario, para la distribucion de estas ultimas debio recurrirse a multiples procedimientos incluyendo los propios, pero no exclusivos, de la venta de ceramicas comunes a nivel local. Un ejemplo de ello es el grafito 25b de La Graufesenque (Marichal, 1974: 270; Mayet, 1984: 235), donde se detalla el transporte a un mercado indeterminado de una carga de barnices rojos de los talleres del vicus de Condatomagus por una cuadrilla de esclavos arrendados a sus amos a tal efecto; en destino es probable que otros comerciantes se aprovisionasen del genero para vender en toda la region (5) o que la transaccion ya estuviese concertada con esos mismos vendedores en origen.

Sabemos que, por lo general, los mercados periodicos--que en origen usarian como excusa para su celebracion las fiestas comunales de tinte religioso para realizar los intercambios de todo tipo necesarios--se encontraban regidos por una periodicidad de 8/9 dias y siempre en lugares prefijados; esta frecuencia fue creciente conforme avanzaba el proceso de especializacion productiva. Ayudadas por los denominados indices nundinarii, las autoridades municipales se guardaban de hacer coincidir, con el prejuicio que ello podia suponer, jornadas de mercado en localidades vecinas; esto facilitaba el desplazamiento de comerciantes itinerantes pero tambien el de los campesinos que ese dia debian abandonar sus tareas agricolas para acudir al mercado a vender o comprar. De hecho, en opinion de Ziccardi (2000: 132), cada uno de estos indices, bien conocidos en la Italia romana, constituiria una verdadera codificacion de los canales de recogida y distribucion de cierto tipo de mercancias y ademas proporciona un esquema de base de la localizacion relativa de los puntos de produccion, y de mercado y/o de consumo; dicho sistema, a nivel local o intrarregional, podria explicarse en base a la central place theory (6)

Un testimonio arqueologico en la Betica de lugar central de mercado podria ser el del gran recinto cuadrangular (65 x 60 m) localizado al norte del area periurbana de la ciudad de Arucci/ Turobriga; aunque actualmente se impone su interpretacion como Campus Martius de un Collegium luvenum, se han planteado distintas hipotesis sobre su funcionalidad; entre ellas figura la posibilidad de que se tratara de un edificio que sirviera de infraestructura al macellum--idea desechada por sus excavadores--o de mercados territoriales de caracter periodico (nundinae), dada la escasez de estructuras en su interior, y en cuyo lugar pudiera haber sido emplazada otro tipo de arquitectura perecedera y temporal7, quizas lignea (Campos, 2009: 475 y 476; 2010: 530-532).

Pero ademas de las nundinae, en casi todas las comunidades y ciudades con funciones jerarquicas en el territorio municipal existian mercados permanentes--como resultado de un proceso efectivo de superacion de los intervalos temporales producto de una mayor interdependencia economica--dispuestos en el forum o en cualquier otro espacio para tal efecto y denominado mercatus o macellum (Shaw, 1981: 42; De Ligt, 1993; Chic, 2005: 321, 325).

3. Sobre el intercambio y comercio de ceramicas finas a larga distancia

3.1. Comerciantes intermediarios y cargamento secundario

Cuando hablamos de comercio e intercambios a una escala que trasciende el ambito local o regional, 6 7 hay que referirse a los mercatores y negotiatores que, por lo general, operaban a nivel interregional conforme a una estructura de comercio en terminos espaciales que algunos han denominado de tipo dendritico (Ziccardi, 2000: 137). Los negotiatores cretarii tuvieron dedicacion expresa al negocio de las ceramicas en general, no solo vajillas, y actuaron intensamente en el eje comercial Rodano-Saona-Rin; son los negotiatores cretarii (Hassall, 1978: 44; Peacock, 1982: 158; Raepsaet y Charlier, 1988) o negotiatores artis cretariae (Mayet, 1984: 236; Goudineau, 1974: 107) conocidos por inscripciones del s. I d. C.--CIL III, 5833; CIL xiii, 1906, 2033, 4336, 6366, 6524, 7588, 8350, 8793 (Fiches, Guy y Poncin, 1978: 207)--. Segun Pucci (1993: 76), algunos negotiatores especializados tuvieron la capacidad de determinar, influir e incluso supervisar la produccion y venta de las ceramicas; tambien parece posible la suplantacion y acumulacion por parte de ciertos alfareros de las funciones del propio negotiator que, segun el analisis de Garcia Brosa (1999: 184), durante epoca imperial llega a acometer el ejercicio de todo tipo de practicas economicas, desde lo que hoy llamariamos "finanzas" hasta el mismo comercio, en especial el maritimo y a gran escala. No obstante, no fue siempre asi y durante la Republica parece enfatizarse mas su faceta de miembro integrante de sociedades en las que se limitaria a prestar el soporte economico necesario para actividades que nunca constituirian su ocupacion principal.

Por el contrario, el mercator seria el comerciante dedicado a la compraventa de mercancias, no para uso personal sino para obtener beneficios. Pero los textos clasicos, en especial Ciceron, parecen introducir matizaciones y nuevas acepciones en la designacion y caracterizacion de los mismos con el tiempo. Durante la Republica se le define como un comerciante de baja extraccion social, el tendero o el comerciante ambulante que por tierra y agua moveria cantidades reducidas de mercancias. Para epoca imperial las fuentes nunca los caracterizan como personajes de rango elevado y dan la sensacion de que el espectro de comerciantes de oficio que engloba la voz mercator se ha ampliado para dar cabida tambien a comerciantes a gran escala de todo tipo de articulos en un radio de accion muy amplio, incluso ultramarino (ibidem, 182).

En consecuencia, los vocablos mercator y negotiator, ambos como personajes dedicados a mover grandes cantidades de todo tipo de bienes de un lado a otro del Mediterraneo, son usados en las fuentes de manera indistinta, de forma que un mercator puede ser definido a la vez como negotiator. Sin embargo, asi como el mercator podra llegar a ser equiparado al negotiator, este ultimo nunca lo sera al primero (ibidem, 181).

A las sugerencias de Pucci habria que anadir, por tanto, la posibilidad de que en la raiz de la proliferacion del importante aparato epigrafico que senalabamos para el eje comercial Rodano-SaonaRin y que hacia mencion a multiples negotiatores especializados en la difusion y comercializacion de mercaderias en ceramica, incidiese de manera especial la practica por la que un poderoso mercator llegase a adoptar la denominacion de negotiator, poseedora de altas virtudes morales propias del vir bonus. Con ello, comerciantes que poseyeran un elevado nivel de riquezas y a los que por su extraccion social no les correspondiera en teoria esta denominacion, acentuarian su imagen de prestigio ante el resto de mercatores mas modestos. Ademas conseguirian restar peso al ya tradicional rechazo social, consecuencia de la dedicacion especifica a todo lo relacionado con la produccion de ceramicas--ars cretarii--y el trabajo manual que no fuese el del campo (8) (Fernandez Garcia, 1999: 62). Mas cuando se detecta tambien durante epoca imperial una asociacion de diversos mercatores a dedicaciones de tipo agroganadero que se muestra abiertamente y sin reparos, motivado quizas en parte por la rectitud moral que sugiere el trabajo de la tierra y el garantizar el abastecimiento de productos agroalimentarios derivados a la poblacion: mercator olearius (CIL VI, I620), mercatores pecuariorum (CIL I, 1130 = CIL XIV, 2878), mercatores frumentarii (cil XIV, 4620-4622), mercator bovarius (CIL VI, 37805) (apud Garcia Brosa, 1999: 182, n. 31).

Por otro lado, y dada la consabida importancia del comercio maritimo en epoca imperial, los intercambios a larga distancia requirieron del concurso conjunto de los comerciantes mencionados hasta ahora con armadores--navicularius--, patrones--nauclerus--y capitanes de embarcaciones--magister navis--, asi como barqueros--nauta--en el medio fluvial. Es mas, la figura del navicularius podia coincidir tambien con la del negotiator como es el caso de alguno constatado epigraficamente como negotians vinarius et navicularis (CIL VI, 9682). Si bien en origen este termino hacia referencia de manera indistinta a cualquier persona dedicada a actividades nauticas (De Salvo, 1992: 226), el desarrollo del sistema annonario y el gran comercio que de el se desprende, devino en una transformacion estructural de la profesion del mercator-navicularius (9) dedicado al comercio maritimo de los primeros tiempos; el interes del Estado y el de los propios navicularii llevo a la formacion de corporaciones donde de forma progresiva se van distinguiendo los papeles tecnicos y comerciales (Palma, 1975 apud Chic, 1999: 38). En todo caso, el termino hara estricta referencia al personaje dedicado al transporte maritimo de mercancias ajenas, fuesen propiedad del Estado o privadas, servicios que recibian una compensacion economica--vectura--(Pons, 2009: 48); ello con independencia de que en casos particulares una misma persona pudiese desempenar las funciones propias de otras figuras, como hemos visto. Asi, siguiendo a Rickman (1980: 269) se podria decir que entre las ocupaciones de los negotiatores estaria, ademas, el naviculariado por medio de la propiedad de barcos destinados, directa o indirectamente a traves del uso de dependientes o por medio del alquiler, al transporte de mercancias en general.

En esas naves y en la mayoria de los casos, las ceramicas finas constituirian una fraccion accesoria del "cargamento principal", es decir, serian un "cargamento secundario" facilmente acomodable--pero tambien no perecedero y de demanda continua en los puertos de destino--en los intersticios dejados por un cargamento de, por ejemplo, anforas olearias (Nieto, 1988). El transporte e intercambio de estas ceramicas debio ser especialmente lucrativo con ocasion de los viajes efectuados por cuenta de la annona, donde estos productos complementarios podian reportar un beneficio neto libre de impuestos (Peacock, 1982: 158; Tchernia, 2011: 141-144) que anadiria atractivo a los pobres contratos de abastecimiento suscritos por el Estado con los distintos navicularii privados. Los modos de transportar las mercancias mas importantes para el sustento de la vida en las ciudades, como alimentos, influyeron en los desplazamientos de otros productos no tan de primera necesidad como las vajillas ceramicas, de modo que el transporte y distribucion de bienes debe ser valorado de un modo integral cual sistema organico y, por tanto, estudiado en su conjunto y no por productos aislados (Mannoni y Giannichedda, 2004: 242). Las ceramicas de mesa tambien pudieron formar parte de la carga activa que motivo la inversion en el desplazamiento por si mismas, eso si, en un flete--como el pecio de Culip IV y su cargamento, entre otros, de sigillata sudgalica (Nieto, 1986; Nieto et al., 1989; Nieto y Puig, 2001)--quizas mas heterogeneo y compuesto de bienes de muy distinta procedencia en rutas de redistribucion desde los centros principales a otros secundarios en su ambito de influencia (Nieto, 1993: 82). No obstante, es cierto que tanto los cargamentos mixtos de Culip IV y de Port-Vendres II (Colls et al., 1977) como el pecio de la nave oneraria de Punta Ala "b" y su cargamento accesorio/secundario de barnices rojos italicos de Pisa (Bargagliotti et al., 2004) suponen dos de entre unos pocos ejemplos arqueologicos utiles para establecer valoraciones solidas acerca de las dinamicas de comercializacion maritima de las ceramicas finas de epoca romana altoimperial; los dos son producto de una misma realidad comercial caracterizada, para los primeros siglos imperiales, por una red integrada de puertos--interport connectivity--, basada en la interdependencia economica experimentada por sus respectivos hinterlands, cuyas actividades productivas estaban profundamente mediatizadas por las exigencias annonarias de Roma. Este sistema implicaba, en todo caso y de manera conjunta, a las rutas comerciales directas de puerto a puerto, sin desarticulacion del cargamento y con navegacion de altura y al trafico de cabotaje a larga y corta distancia (Pasquinucci, 2008: 9).

3.2. Elementos imprescindibles para la actividad comercial a larga distancia

Otros elementos a tener en cuenta en los mecanismos del comercio a larga distancia serian los enlaces, los centros de redistribucion, las "sucursales" (10) y las vias de comunicacion (Mayet, 1984: 236-238). Para nosotros, los mas significativos seran los lugares de redistribucion de los productos y las vias de comunicacion a traves de las cuales tenia lugar la comercializacion de las vajillas, por tierra o por agua.

En el contexto de las producciones hispanas de sigillata, Merida ha atraido la atencion de los investigadores debido a la sensacional concentracion de hallazgos, sobre todo de ceramicas tricienses firmadas por V Paternus y Lapillius; considerarla como uno de los grandes centros de redistribucion de las vajillas producidas en los talleres de Tritium Magallum es, en efecto, tremendamente recurrente. En ese sentido se pronuncia Mayet (1984: 237; 1990) desde hace anos, y lo cierto es que se trata de una situacion que no ha cambiado sustancialmente debido sobre todo a la cuestion no resuelta de la posible produccion autoctona de estas sigillatas, hoy por hoy insostenible. No obstante la autora, a pesar de plantear mas preguntas que respuestas, si traza una sugestiva asociacion que, como veremos mas adelante, parece poder rastrearse para nuestro caso particular. Esto es, la capacidad puntual de algunos miembros de las elites municipales, y por tanto quizas "comisionadas", de condicionar la direccion e intensidad de los flujos de las ceramicas finas de los grandes talleres hispanos en virtud de acuerdos y contratos con los comerciantes y, por que no, con los propios negotiatores.

De tratarse de un centro de redistribucion como todo apunta, es decir, un lugar central geograficamente privilegiado donde radicar "oficinas" de distribucion y comercializacion, cabria preguntarse en que terminos se desarrollaba. Siendo coherentes con el esquema propuesto, debemos pensar que el productor--officinator--, a traves de una fructifera transaccion comercial, se desentiende de la carga de vasos producida en sus respectivos talleres. La gestion comercial de esta queda ahora en manos de mercatores/negotiatores que no sabemos si asumirian las cargas del transporte hasta los centros de redistribucion, pero que indudablemente debieron beneficiarse ampliamente del negocio (11). No obstante, ?pudo darse la participacion activa y control de los representantes del Estado sobre las ventajas de la actividad a modo de imposicion de tasas e impuestos--vectigalia--sobre los intercambios? Lo cierto es que, desde la optica actual, esto haria de Merida un lugar de mercado con grandes posibilidades pero poco atractivo, a no ser que los beneficios potenciales redujesen el peso de los, podriamos decirlo asi, inconvenientes impositivos. La perspectiva cambiaria radicalmente si ese control no tuviera lugar como tal y/o en algun caso la actividad complicase a dignidades publicas que a titulo privado participasen de ella, tanto de sus cargas como de sus ventajas.

Recordemos que Nieto (1986: 102) otorga a Narbona un desempeno equivalente al de Merida, pero esta vez respecto a las sigillatas sudgalicas. Y anade la posibilidad de que una vez llegada a puerto la mercancia desde la zona de Millau, esta fuese recibida, no por negotiatores con los que previamente existiese un acuerdo de venta, sino por agentes comerciales delegados de los talleres--institores--, quienes completarian las transacciones en el momento del embarque (ibidem, 114). Ello vendria a rubricar la hipotesis expuesta por Pucci que preve la asuncion por parte de algunos officinatores de determinadas funciones atribuidas tradicionalmente al negotiator, incluso valiendose de la figura juridica de los servi negotiatores (Di Porto, 1997; Cerami 2001: 164; 2008: 93-96) como sugiere Pasquinucci (2010: 8) para las grandes manufacturas de Cn. Ateius; ?fueron Valerius Paternus y Lapillius, alfareros asentados en el entorno de Tritium Magallum, dinamicos emprendedores metidos a negotiatores capaces de armar una red de agentes y transportistas que gestionasen de forma delegada la comercializacion de las ceramicas a tales distancias? o ?fueron por contra, y no menos importante, regidores de un conjunto de talleres que disfrutaron de jugosos acuerdos con potentes "hombres de negocios" afincados en la capital de la Lusitania? El panorama no es halagueno a pesar del importante caudal de datos de indole arqueografica resenados dia a dia--sobre todo hallazgos e identificacion de algunos nuevos talleres productores de sigillatas en areas interiores de la Peninsula--. Ni siquiera con documentos tan extraordinariamente significativos como los grafitos de La Graufesenque (Hermet, 1923; Duval, 1956; Marichal, 1974, 1988; Vernhet y Bemont, 1990-1991; Bemont y Vernhet, 1992-1993) o Pisa (Camodeca, 2006) se han podido resolver de un modo definitivo y sin mediar la especulacion--de la que en algunos casos son plenamente conscientes (Polak, 1998: 120)--, cuestiones como las que acabamos de plantear.

Entre las vias y medios de comunicacion empleados en la distribucion de las ceramicas finas, y dado el elevado ahorro que supone respecto a cualquier otro sistema, "le transport par eau se taille evidemment la part du lion". Con estas palabras tan elocuentes resume Morel (1983: 71) la relacion establecida entre las ceramicas y su transporte en la Antiguedad, teniendo en cuenta ademas que, sobre todo durante epoca republicana y en la Peninsula Italica, muchos talleres se situaron en zonas costeras--barnices negros de Cales, campaniense A, sigillata italica de la Bahia de Napoles, sigillata italica de Pisa ...--. Prueba de este transito de mercancias maritimo son los innumerables pecios repartidos por todo el Mediterraneo entre cuyo cargamento hundido figuraban vajillas ceramicas procedentes de distintos puntos del Imperio. Sin embargo, los grandes desplazamientos comerciales en ruta directa observaran el movimiento de las ceramicas finas, no como el cargamento cuyos ulteriores beneficios justifican la "puesta en agua" del navio, sino como aquel que, sin hacer ventajoso el viaje a larga distancia, acompanaba y parasitaba al cargamento principal, redondeando al final el balance de los intercambios (Nieto, 1988: 388-389). En este sentido, Morel (ibidem) senala que la solucion a la aparente disonancia descrita entre, por un lado, el escaso "valor anadido" conocido para las ceramicas y, por otro, la profusion de los desplazamientos por mar de estos bienes, debia residir en el trato preferencial dado en estas cargas a los productos agricolas--por lo general procedentes de una misma zona de origen--, mas facilmente ponderables y de mayores beneficios. Por contra, para distancias mas reducidas, se desenvolvio un comercio maritimo de cabotaje o redistribucion desde los puertos principales hacia otros secundarios, donde las vajillas ceramicas constituyen, ahora si, una parte importante del flete (Nieto, 1988: 392).

No hay que olvidar el papel desempenado por los cursos de los rios en los movimientos de mercancias de todos los tipos. A el esta vinculado el paradigmatico surgimiento de la produccion y comercializacion del aceite betico a partir del triangulo Hispalis-Astigi-Corduba (Ponsich, 1983). Entre los ss. I y III d. C., ingentes cantidades de este producto partieron hacia amplias regiones del Imperio desde stationes fisci de control asentadas en Corduba, Astigi, Hispalis, Lacca, Ad Portum y Malaca (Chic, 1988). Ello fue posible tambien gracias a la progresiva concentracion de la propiedad que parece advertirse en las grandes areas olivareras entre el Guadalquivir y el Genil, especialmente desde el reinado de Claudio cuando, ademas, aparece por primera vez la costumbre de marcar las anforas olearias en las figlinae fundiarias (Chic, 1994: 26; Leal, 2005: 156). Este emperador ofrecio un gran impulso a esta produccion y, por extension, a la annona con medidas en beneficio de la misma que garantizasen el abastecimiento a los frentes atlanticos y, entre otros, a los ejercitos que actuaban en Britannia y puede que tambien en Mauritania (Pons, 2001, 2006).

[FIGURA 1 OMITIR]

Pero, continuando, muchos de los grandes centros productores de ceramicas finas se situaron en zonas de interior pero siempre vinculados mas o menos directamente a importantes cursos de agua (Fig. 1) a traves de muchos de los cuales, ademas, se abastecieron de bienes a militares y poblacion en general en amplias zonas de la Europa noroccidental. Por tanto, a traves de grandes rios se garantizo la salida de los productos desde sus talleres de origen hacia mercados mas alejados, pero tambien el abastecimiento de los mismos a otros puntos. Asi, las sigillatas aretinas, fabricadas a varios centenares de kilometros de la costa central italica, inundaron los mercados mediterraneos ayudandose del rio Arno. Lo mismo ocurre en el cercano taller umbro de Scoppieto, en el curso alto del rio Tiber (i. e. Bergamini, 1995, 2002-2003, 2007; Nicoletta, 2003; Gaggiotti, 2006), por no hablar de los centros noritalicos en torno al Po y la Llanura Padana. Por su parte, las manufacturas de la Galia central, como Lezoux, disfrutan de la conexion del Allier con el Loira, uno de los principales cursos de agua de toda Francia. Tambien algunos de los mas importantes establecimientos sudgalicos, Montans o Banassac, gozaron de una posicion privilegiada, mediante afluentes, con respecto al Garona y la vertiente atlantica francesa actual. La Muette de Lyon crece a la reconfortante sombra del eje comercial Rodano-Saona-Rin y Rheinzabern junto al curso de este ultimo; tambien en lo que fue la Galia belga Chemery y Lavoye orbitan sobre el Mosa. En la Peninsula Iberica tanto Tricio como Los Villares de Andujar destacan por su posicion en los cursos altos del Ebro y Guadalquivir, dos de las principales arterias fluviales peninsulares.

Sin embargo, el vinculo de La Graufesenque--la mayor de todas estas aglomeraciones productivas tanto en volumen de produccion como en difusion alcanzada en los mercados--con estos grandes cursos fluviales se presenta mas difuso o quizas menos determinante en la distribucion de sus vasos. Efectivamente, una posicion privilegiada en los terminos que venimos describiendo no excluye en ningun caso la posibilidad de una comercializacion via terrestre en territorios donde el poder y la administracion de Roma se sustentan sobre una red viaria especialmente densa que facilita los movimientos por tierra, como sin duda fue el caso de las provincias de Aquitania y, sobre todo, de la Galia Narbonense. Esto, unido a la relativa cercania a Narbona y su puerto, hacia aumentar exponencialmente las posibilidades de comercializacion. Narbona, considerada desde la Antiguedad como el mayor puerto comercial de la Galia (12) y situada en una encrucijada de caminos por tierra descrita por las vias Domitia y Aquitana (Koning, 1970; Castellvi et al., 1997; Coulon, 2007), y por mar--ahi se asentaban las mas importantes corporaciones de navicularii (De Salvo, 1992: 396-412)--, era escala obligada de navios y centro de distribucion y embarque de productos hacia todo el occidente mediterraneo, e incluso Roma a traves de Ostia (Gayraud, 1981: 146).

En una tesitura analoga se despliega la oferta de sigillatas hispanicas del area en torno a Tritium Magallum. Esta region productora se ubica en la cuenca media-alta del Ebro, por cuyo valle discurre la via De Italia in Hispanias del Itinerario Antonino, concretamente en el tramo entre Tarragona y Astorga--Ab Asturica Terracone--(Roldan, 1975: 38-43 y 95-96; Arino et al., 1991; Arino y Magallon, 1992-1993). En esta ultima enlaza con la via Ab Emerita Asturicam, que unia Merida y Astorga (Roldan, 1971, 2007; Rollan, 2002). Hoy no hay duda de que la propia Asturica actuo como centro de redistribucion regional de bienes y productos manufacturados para todo el noroeste peninsular (Morillo, Amare y Garcia Marcos, 2005). De ahi, el trafico de estos bienes procedente de la region productora alrededor de Tricio se dirigiria hasta Emerita (Saenz Preciado, 2007: 391). Ademas, a traves de centros como Iulobriga que actuarian de enlace, no hemos de subestimar el flujo de estas vajillas por la via que conecta Herrera de Pisuerga y los puertos y establecimientos litorales de la franja norte costera peninsular como Brigantium, Portus Blendium, Portus Victoriae, Flaviobriga, Oiasso ... objeto todos ellos de un intenso trafico de bienes articulado por la ruta maritima del Cantabrico (Marcos, 1990; Naveiro, 1991; Fernandez Ochoa y Morillo, 1994a, 1994b; Fernandez Ochoa, 2003) que, asimismo, propicio la llegada regular y la dispersion de sigillatas hispanicas en la Aquitania meridional (Rechin, 1997), incluso hasta Burdigala y su area de influencia (Mayet, 1969; Martin, 2002). Finalmente, la circulacion de estos y otros muchos articulos hacia Tarragona para encontrar el Mediterraneo en Dertosa encontro un gran apoyo en la navegacion fluvial por el Ebro a su paso por los numerosos puertos y embarcaderos que lo flanqueaban, al menos, desde Vareia (13) (Beltran, 1961).

En consecuencia, y partiendo de la idea tradicionalmente admitida que considera a las vias terrestres como un factor que impulsa el surgimiento y desarrollo de las actividades comerciales y productivas--en general, y de las ceramicas en particular--, lo expuesto en los parrafos anteriores parece abundar en esta idea. Se traza, segun parece, una norma articulada en torno a la dependencia compartida del taller y de los centros productores de ceramicas destinadas a su comercializacion como tales respecto a la red de calzadas principales y/o los grandes ejes fluviales. De un modo paradigmatico, en los talleres del sur de la Galia, aun careciendo aparentemente de una asociacion clara con estos dos elementos por su posicion ligeramente desplazada de los dos ejes viales mas destacados de la provincia--Via Domitia, Via Aquitania--y de los grandes rios vertebradores de la region--Garona y Rodano--, una densa red de caminos secundarios--o escasamente conocidos en las fuentes antiguas--y enlaces fluviales que ofrecian unas garantias aceptables al transporte (Passelac, 1986: 35) genero las condiciones necesarias para el establecimiento de la actividad y, seguramente, en zonas con las materias primas mas adecuadas de las que abastecerse.

Por el contrario, Juan Tovar (1990, 298) planteaba la idea de que la relacion de dependencia expuesta se alterase en favor de los polos de actividad artesanal, es decir, dando lugar a "una situacion de caracter inverso en la que un centro de produccion estimule o desencadene la apertura de nuevos caminos, o al menos potencie los ya existentes"; aunque es tremendamente sugerente, consideramos que esta no debio constituir la norma.

4. Antropologia del comercio de vajillas ceramicas: apuntes acerca de valor, gustos y consumidores

Cuando Morel (1983: 73) se pregunta si "les clients exercent-ils quelque influence sur le commerce de la ceramique", introduce en el discurso un aspecto lamentablemente poco conocido y, aun hoy, a menudo dejado de lado por consideraciones puramente economicas, aquel que se refiere a los consumidores. El sesgo resultante es importante y las evidentes reticencias del investigador ante una materia que se presta en exceso a la especulacion quizas hayan escondido tras de si deficiencias teoricas--o la reproduccion irreflexiva de ellas--en las que se juzga a "lo economico" como un hecho aislado que experimenta un desarrollo propio al margen de las esferas social, politica e ideologica. Tradiciones locales, habitos alimenticios y simples gustos esteticos que hunden sus raices en el pasado etnico modelan repertorios y adaptan en mayor o menor grado formas vasculares a una realidad concreta, aun en coyunturas historicas que exhiben tendencias uniformistas en sus demostraciones culturales como lo fue el mundo romano altoimperial.

En efecto, podemos aceptar que al comercio y adquisicion de las ceramicas finas afectaron en primer lugar condicionantes de naturaleza social y cultural que, en lugares y tiempos diversos, pudieron originar situaciones en apariencia contradictorias. Asi, la depreciacion que desde inicios de epoca imperial sufren las sigillatas en el territorio italico entre las clases mas acomodadas--que muestran ahora una mayor inclinacion por las vajillas en metal--(Mayet, 1984: 238) contrasta visiblemente con la situacion de la Peninsula Iberica donde aun, y por algun tiempo mas, en amplios territorios el predominio de las producciones indigenas en la configuracion de las facies ceramicas es incuestionable. En estas, los vasos de barniz rojo anaden un toque de prestigio y distincion social a sus poseedores, a la vez que constituyen un signo de integracion cultural en el ambito de produccion de esa ceramica, aunque su uso pueda variar en las sociedades receptoras (Bats, 1987: 214-215). En Italia, esas mismas vajillas quedan incorporadas de un modo progresivo a los ajuares domesticos de los sectores de la poblacion menos pudientes. De este modo, el caracter cambiante de los factores que determinan el valor social y/o cultural de una vajilla inscrita en una sociedad dada aconseja un analisis contextualizado de sus elementos.

En la configuracion de los gustos esteticos de los consumidores, inducidos o no por los agentes de comercio o por los propios officinatores, se advierten mecanismos analogos que Balil (1961: 290-291) expresaba del siguiente modo: "Por lo que sabemos, la terra sigillata hispanica se desarrolla en un mundo provincial, paraclasico, no influido por el ideario estetico neoatico o pergamenico que vemos en Arezzo, Puteoli o en la zona norte de Italia"; y anade que la misma "se desarrolla en un mundo cuya estetica no es organica sino abstracta, cuyo arte no aspira ni a la narracion ni a la ilustracion, sino eminentemente a la decoracion en cuanto es ornamento". Tras ello se oculta, en esta ocasion, un bagaje cultural acumulado que determina los terminos en que este gusto se despliega.

No obstante, y a nuestro juicio, el gusto de los compradores no resulta determinante en la configuracion de los repertorios formales. De hecho, el productor introduce los gustos que considera que pueden satisfacer al cliente, incluyendo los vasos que reproducen prototipos importados que el consumidor tiene en alta estima social. A la vez se anaden elementos vasculares proximos a las tradiciones locales buscando una mayor aceptacion del producto por parte de la poblacion, sobre todo en los primeros momentos, aunque tambien como resultado de la incorporacion de artesanos locales al ciclo productivo de una nueva clase ceramica cuya tecnica procede de ambitos aloctonos. De este modo, con el inicio de una produccion comienza, al mismo tiempo, un viaje desde la innovacion y la variabilidad formal hasta una acusada estandarizacion de las formas y una reduccion drastica de los repertorios, lo cual no excluye la aparicion de nuevos tipos a lo largo del tiempo a los que afecta, de la misma manera, dicho proceso de estandarizacion. Esto deja cada vez menos espacio, o ninguno, a la inspiracion particular del artesano, la que determina una mayor complejidad de los repertorios iniciales y que poco a poco esta desaparezca en favor de la eficiencia productiva.

5. En tomo a un caso de estudio en la Baetica

5.1. Medios de transporte y redes comerciales

En esta provincia personas y productos circularon sin dificultades y de un modo eficiente por las mas importantes rutas de comunicacion. Como en otros lugares, la configuracion de la red de transportes y la eleccion de medios empleados estuvo fuertemente condicionada por la geografia de la region, primero con arterias de navegacion y caudales modestos que limitaban la movilidad de mercancias; segundo, por la abrupta orografia de Sierra Morena o las cordilleras beticas que dificultaba el discurrir de vias terrestres elevando aun mas los gastos de desplazamiento de los articulos y decretando cierto grado de aislamiento economico para importantes porciones del territorio respecto a nucleos y areas cercanas a las costas y grandes cursos fluviales.

Diversas han sido las propuestas de valoracion de dichos gastos de transporte que, sin duda, debieron tener fuertes implicaciones en la implantacion no solo de actividades economicas rurales en el entorno mas proximo de las ciudades, sino tambien de otras de caracter artesanal como es la produccion de vajillas ceramicas. Muchas, estimadas sobre el Edicto de Precios de Diocleciano y el valor del modius kastrensis (14), reflejan una relacion de eficiencia entre medios de transporte facilmente intuible y que autores como Caton hacen explicita en sus recomendaciones (15). En esas correspondencias --coste/velocidad--la navegacion maritima ocupa un lugar principal como medio proporcionalmente mas barato y rapido, frente al transito terrestre con tiros como procedimiento mas gravoso y lento.

Mas alla de los ya clasicos trabajos de Carreras (1994), la aproximacion de Arnaud (1998) sobre la definicion de las areas suburbanas en las ciudades, sus actividades artesanales desarrolladas y la relacion de estas con las vias y medios transporte nos parece un argumento positivo a favor de la capacidad de incidencia economica de las comunicaciones en el surgimiento y desarrollo en unos lugares u otros de ciertas actividades productivas y de su proyeccion comercial. Al mismo tiempo constituye un ejemplo evidente de la transportabilidad relativa y variable de uno u otros articulos que no debemos soslayar y que dependera no solo de las caracteristicas de los materiales y su adecuacion a uno u otro medio de transporte, sino de los costes que pudieran generarse (Mannoni y Giannichedda, 2004: 242).

A pesar de la ventaja que muestra el desplazamiento por mar sobre las demas formas hay que recordar que este tipo de trafico podia ser restringido e incluso impedido en condiciones meteorologicas adversas por los riesgos de ellas derivadas, haciendose casi imposible durante el invierno y muy complicado en primavera y otono. El fluvial estuvo indicado de un modo especial para los movimientos comerciales en el interior por el espacio de carga que brinda al comerciante; y el carro gozo de la estima del ejercito por su capacidad y rapidez por las vias mejor adecuadas que transcurrian por terrenos suaves (Leal, 2005: 234) aunque siempre se prefirio a los animales de carga en otro tipo de terrenos mas abruptos (Carreras, 1994: 25), en campana cuando no existia la posibilidad de transitar por caminos carreteros. No en vano el tiro, debido a los elevados dispendios implicitos, siempre mantuvo un papel marginal en el comercio privado y, mas aun, local donde la mula y el asno fueron el medio ligero de transporte por excelencia en el marco de un comercio que a nivel cotidiano y local se encontraba fundado sobre los intercambios continuados de pequeno volumen en valor y dimensiones (Arnaud, 1998: 79). Asi pues, a pesar de que la gestion de los transportes terrestres, en general, resultaba onerosa nunca se desaprovecho respecto a otros medios y redes de comunicacion (Laurence, 1998: 134-136; apud Leal, 2005: 235).

Ya en epoca imperial, el eje vial sobre el que van a pivotar las comunicaciones provinciales por tierra sera la via Augusta; gran parte discurre sobre el trazado de la antigua via Heraklea y extension de la que discurria entre Saetabis y Castulo; la adecuacion de unos tramos y construccion de otros nuevos se debe a Augusto, si bien segun Sillieres (1990: 586) sera Tiberio quien complete sus obras. Conviene recordar como Augusto hizo bascular el trazado por Obulco de la antigua via Heraklea hasta Cordoba por el Guadalquivir a traves de Epora como el trayecto mas corto a la capital; desde Castulo a Gades atraviesa las 4 capitales conventuales. Orbitando perpendicular y transversalmente sobre ella, de forma secundaria, transcurren las vias Corduba-Emerita, Italica-Emerita, Corduba-Malaca, cuyo trazado hasta Anticaria llevo el nombre de via Domitiana Augusta (Stylow et al., 2004); a la capital provincial concurrian igualmente distintas vias que le otorgaban el caracter nodal que le corresponde como tal, partiendo de ahi caminos hacia la Meseta y Extremadura (Corduba-Sisapo y Corduba-Toletum) (Melchor, 1995). Tambien Hispalis, el gran puerto de la region, es protagonista de esta red de caminos: de ella parten los caminos que unen el bajo Guadalquivir con diversos puntos del cuadrante suroccidental (Hispalis-Emerita y Hispalis-Pax Iulia), la costa mediterranea (Hispalis-Malaca, parcialmente sobre la Astigi-Malaca) y el extremo mas meridional (Hispalis-Baessipo) (Padilla, 1989). Aun fuera de la Betica, desde Castulo la conexion resultaba fluida con la Meseta y con todo el sureste (Castulo-Sisapo, Castulo-Carthago Nova y Castulo-Urci) (Carrasco, 1997; Jimenez, 1993). Por la costa una via enlazaba Carthago Nova con Gades. Un articulado perfectamente planificado que, en definitiva, interconectaba y conducia a los principales puntos de produccion y redistribucion comercial, buscando cursos fluviales o costas para asi dar solucion a gran parte de las necesidades de abastecimiento estatales y de la poblacion.

De lo ya observado sobre el transporte fluvial se desprende el papel capital que el Baetis desempeno para las comunicaciones provinciales. Ese desplazamiento por agua era el mas comodo y barato, especialmente para portes de mercancias voluminosos en distancias considerables. Por ello, la politica viaria de Roma en esta zona meridional aconsejaba la decidida adecuacion para el transporte de las vias navegables interiores. El "Nilo" de Andalucia se abria al mar a traves del lacus Ligustinus (16), hoy cegado por sedimentos fluviales, que hacia factible la penetracion de los navios de mayor tonelaje hasta la misma Hispalis. Mas arriba, sobre todo a partir de Ilipa, se imponia el uso de embarcaciones de escaso calado (17). El transcurso navegable quizas alcanzo las proximidades de Castulo en determinados periodos, entre los meses del estio y los invernales, bien porque el caudal resultara claramente insuficiente o bien porque fuera excesivo, haciendo peligrosa la navegacion hacia abajo e imposible hacia arriba (Chic, 2003). Tras el Baetis, el Singilis--Genil--se prestaba a la navegacion a partir de Ecija (18), aunque en las epocas del ano con mejores condiciones en el rio pudo haber incluido el trayecto adicional hasta Puente Genil (Sillieres, 1990: 727). Tanto en uno como en otro curso fluvial, su condicion de navegable limito el asentamiento de figlinae envasadoras de aceite a los tramos en los que el transporte fluvial presentaba menores dificultades a las embarcaciones y sus voluminosos cargamentos de anforas. El resto de cursos fueron navegables en sus estuarios y tramos inferiores dando servicio, muchos de ellos, a factorias salazoneras.

Mas alla de las desembocaduras se desplego el trafico maritimo de un modo complementario al que se desarrollo en los cursos fluviales. Asi, con la expansion territorial y la consecucion de la politica atlantica desde el inicio de la presencia romana estable en Britannia y la ocupacion definitiva de las provincias del norte de Africa, se habilitaron nuevas rutas para abastecer unos territorios cada vez mas alejados del Mediterraneo y donde debian llegar suministros al ejercito. De especial interes son las conexiones comerciales con el norte de Africa si valoramos que la mayor difusion extrapeninsular de las sigillatas de Los Villares de Andujar tuvo lugar en las ciudades tingitanas; se concentra especialmente en nucleos costeros pero tambien interiores de la vertiente atlantica magrebi (Boube, 1965; Sotomayor, 1972). Es logico si aceptamos que gran parte del comercio altoimperial betico se proyectaba con fuerza hacia el otro lado del Estrecho, como demuestra la circulacion de moneda de cecas hispanas en suelo africano (Gozalbes, 1994). En contraste, el menor volumen de numerario norteafricano en Hispania (idem, 2000a) podria significar una reducida presencia de comerciantes mauritanos en las costas meridionales peninsulares en el marco de una dinamica de intercambios donde los comerciantes hispanos parecen haber asumido mayoritariamente las inversiones y el riesgo de la actividad comercial (idem, 2000b: 256-257).

Por proximidad, no fueron una sino varias las rutas de la Betica con la Mauretania Tingitana que fueron intensamente utilizadas por los comerciantes que frecuentaban las costas del norte de Africa desde hacia siglos. Asi, el intercambio comercial se producia a partir de diversos puntos en la costa meridional hispana hacia ambos lados del estrecho. Desde Gades, Baessipo, Baelo, Carteia, Traducta y Malaca como puertos mas significativos, hubo un intenso trafico de bienes donde Cadiz y su area de influencia capitalizaron los intercambios de la vertiente atlantica y Malaga los de la mediterranea (Gozalbes, 2000c). La conexion maritima, realizada de uno u otro modo, dependio de las necesidades concretas de unas travesias que seguian 3 trayectos distintos: la ruta atlantica que, tras alcanzar el cabo Trafalgar viniendo desde Gades, se dirigia hacia los puertos del litoral atlantico africano, desde Tingi a Sala pasando por Lixus; el segundo camino correspondia al de las costas del fretum Herculeum--estrecho de Gibraltar--, a traves del cual la comunicacion era especialmente fluida entre Belo--lugar preeminente que ocupaba Carteia hasta epoca augustea--y Tingi, una ruta que se consolida tras la incorporacion definitiva de las Mauritaniae en epoca de Claudio; por ultimo, desde la costa betica mediterranea mas alejada de la africana, el viaje podia prolongarse algo mas, entre 1 y 2 dias, y principalmente desde Malaca, puerto que tambien recibio la visita frecuente de comerciantes de la zona de Melilla y Oran (Gozalbes, 2000b: 261-263).

De todas formas, segun Plinio19, la cabeza de puente y punto de cruce de mayor trasiego de pasajeros y mercancias se situo en el enlace Baelo-Tingi por Mellaria, a pesar de las carencias de la primera en las comunicaciones con el interior (Gozalbes, 2000c; Alonso y Garcia, 2003: 194-196). Es comprensible si valoramos que se trata de uno de los puntos donde, por cercania, la comunicacion podia mantenerse durante todo el ano frente a los inconvenientes de la navegacion propios de los meses de mayor riesgo para las travesias, cuando el mar permanecia cerrado--mare clausum--al trafico maritimo (Gozalbes, 2000b: 260).

5.2. El gran comercio de vajillas ceramicas beticas. El complejo alfarero romano de Los Villares de Andujar (Jaen), Municipium Isturgi Triumphale

Conocido como el segundo mayor centro productor hispano (Fernandez Garcia, 1998) tras la imponente area productora de Tricio, sabemos que permanecio activo entre mediados del s. I y primera mitad del II d. C. Sus productos--sobre todo sigillatas y paredes finas--se comercializaron regularmente en el sur peninsular, alcanzando tambien otros mercados ultramarinos en las costas atlanticas de Mauretania Tingitana.

En el proceso que protagoniza este centro y la comercializacion de sus productos se combinan la red de caminos y una via navegable como el Guadalquivir, fundamental para cubrir distancias mas amplias, ademas de las facilidades del propio medio para el aprovisionamiento de materias primas (20).

Asumido el papel desempenado por las redes terrestres en la distribucion de las vajillas ceramicas se llega a dos conclusiones claras: una que tal transporte resultaba caro para una mercancia de escaso valor anadido, cuyos gastos de desplazamiento a largas distancias reducirian notablemente los margenes de lucro; otra, consecuencia parcial de la anterior, es que el desplazamiento por tierra resultaria limitado en terminos de distancias, aunque se recurra al mismo en el interior, donde no existan alternativas. Vias de comunicacion menos costosas conectadas a centros urbanos dede los cuales se redistribuiria--o talleres locales que surtieran de ceramicas y servicios de mesa--harian mas atractivo al comerciante modesto la venta y distribucion de unos bienes a los que entonces puede acceder en una relacion de precios mas ventajosa.

Asi, en la distribucion de las ceramicas isturgitanas a nivel local, regional o provincial, los caminos van a cobrar una especial relevancia en las etapas finales de la comercializacion de los articulos al destinatario ultimo. Pero, ademas, el uso de estas vias debio depender de otras variables como que los cursos navegables de agua se contemplaran para matizar costos en los desplazamientos rio arriba y diferenciarlos de los que se producian rio abajo. Por tanto, el trazado de las vias mas o menos abrupto y el estado de conservacion de las mismas podia determinar un deficit de abastecimiento de algunos productos de no muy alto valor para ciertas areas.

En el caso de Los Villares de Andujar, estas vias y caminos protagonizaron el aprovisionamiento del propio territorio, y de los centros urbanos mas proximos a traves de los cuales, a su vez, proveer a ferias y mercados locales. En territorios mas alejados la dinamica se repite, aunque canalizada por el rio hasta los grandes centros de redistribucion provinciales como Corduba o Hispalis. Gran parte del trafico de ceramicas generado iria escalando por estos centros que tambien lo eran de comunicaciones nodales por tierra, interconectados por la via Augusta en el caso de las capitales provinciales, o por otras arterias no de menor importancia que discurrian por los suaves perfiles de las campinas del medio y bajo valle del Guadalquivir para conectar unos con otros a diversos nucleos jerarquicos. Otra gran porcion de esa produccion puede que acabase directamente en los puertos maritimo-fluviales de los que partian rutas extraprovinciales que comentaremos infra.

Esta dinamica de intercambios que implicaban a las ceramicas finas de Los Villares de Andujar, sobre la base del esquema trazado supra, se desprende igualmente de las valoraciones realizadas por Melchor (1999: 261, 263-264) sobre los flujos comerciales desde la depresion del Guadalquivir hacia las campinas centrales andaluzas. Para ello, la via que unia Castulo y Obulco con Malaca--antigua via iberica--fue la preferida por los comerciantes como opcion de transporte menos costosa para la distribucion de todo tipo de bienes, incluidas las vajillas de los talleres de Isturgi, sobre todo a lo largo del tramo comprendido entre el alto Guadalquivir y las campinas cordobesa y jienense al sur del rio. De este modo, como ya senalamos antes, los mercados de los populosos y florecientes nucleos alejados de rios y mares navegables se garantizaban el suministro desde los centros de redistribucion y de produccion; asentamientos como Obulco, Iponoba (Cerro del Minguillar, Baena), Torreparedones o Igabrum (Cabra) no debieron experimentar significativas dificultades para acceder regularmente a los vasos producidos en Andujar (21), bien distribuidos desde los mismos talleres o desde las grandes aglomeraciones urbanas a orillas del Guadalquivir. En terminos de distancias, el propio Melchor (ibidem, 264) establece en el umbral de las 50/60 millas romanas de esa circulacion por via terrestre el limite de lo que hoy denominariamos rentabilidad a los ojos del comerciante o del vendedor ambulante que recorre los mercados y ferias locales. Consideramos que esta cifra es orientativa en regiones donde los condicionantes geograficos y las posibilidades del transporte de bienes se aproximasen por similitud a las existentes por entonces en la Betica. Hacia el sur, mas alla del tramo medio y bajo del Genil o de los sistemas beticos iniciales que dificultan el paso hasta las depresiones intrabeticas, la distribucion de los productos de Los Villares seria seguramente mas intermitente.

No obstante, esos valores que parecen un buen punto de partida para calibrar la difusion de las ceramicas de Andujar podian incrementarse hasta las 70/80 millas, en lugares interiores donde los agentes de distribucion, a pesar de disponer de viarios en las mejores condiciones, no pudieran acceder a opciones de transporte menos onerosas. No seria de extranar que alli, debido a carencias en los mecanismos de abastecimiento, los articulos sufrieran ajustes en su valor para lograr una venta mas atractiva ante el vendedor, emprendedor o los propios officinatores, aun a distancias elevadas y por tierra; incluso es posible que el comerciante aceptase menor margen de beneficio. Sintomatico de esta situacion es el abastecimiento a las ciudades del extremo sur de la Meseta--campos de Montiel y Calatrava--al norte de Castulo, como Oretum (Granatula de Calatrava), Mentesa Oretana (Villanueva de la Fuente) (Zarzalejos, 2003) y Libisosa (Lezuza), tambien en el sureste o Levante, como en la actual comarca almeriense de Los Velez (Fernandez Garcia y Guerrero, 1994), en Ilici (Alcudia de Elche) y en La Serreta de Alcoy (Poveda, 1999, 2005) o el mas elocuente de Sisapo (22). Entendemos que en esta dispersion de elementos vasculares tanto la via Augusta o la Castulo-Carthago Nova--por el Guadiana Menor--, ambas hacia el Levante, y las calzadas que conducian de Castulo a Sisapo (23) y Oretum desempenan un papel protagonista que sin duda podia ser asistido por la red de viae vicinales que conducian, desde poblaciones como Isturgi y Cantigi, a traves de las sierras hasta los numerosos focos mineros de Sierra Morena oriental (Los Escoriales, El Centenillo, Salas de Galiarda, Diogenes ...).

A pesar de todo, el grueso de la distribucion de vajillas isturgitanas se produjo, sin duda, a traves del flumen Baetis, y aunque no queda claro desde el punto de vista fisico y espacial como se articulo esta relacion a nivel microespacial, desde los inicios de la investigacion en los alfares de Los Villares de Andujar ya se apuntaba abiertamente hacia las capacidades anadidas que el rio ofrecia para el buen funcionamiento comercial del asentamiento y de la distribucion de sus productos (Roca, 1976: 103-104). Esas posibilidades se sustentaban--al igual que la economia de grandes regiones del Imperio--sobre las capacidades naturales que los grandes cursos de agua continentales podian ofrecer en el interior.

Sobre la viabilidad de este transporte por el rio Grande, con apreciaciones interesantes sobre sus caracteristicas hidrologicas y topograficas, hay notables referencias en las fuentes literarias antiguas. El testimonio de Estrabon (24) es el mas sustancioso ya que permite establecer una jerarquia en las circunstancias de la navegacion fluvial concretamente a lo largo de 4 tramos bien diferenciados (Sillieres, 1990: 705; Fornell, 1997: 130-131; Chic, 2003): uno hasta Hispalis, que bien podia acoger en sus aguas incluso a los grandes navios de alta mar con amplios tonelajes--naves onerariae--; de ahi a Ilipa Magna aun remontaba, por un cauce algo menos amplio, la influencia de las mareas favoreciendo el trafico de embarcaciones fluviales pero de gran capacidad de carga--naves caudicariae--, las mismas que hacian el recorrido entre Ostia y Roma por el Tiber; mas arriba hasta alcanzar la capital provincial, Corduba--"incluso hasta algo mas arriba"--(25), cuando la influencia marina ha desaparecido por completo, lintres y scaphae riberenas acaparan el trafico fluvial de esta parte del rio y compensaban su menor flete con un mayor numero.

Pero, como Sillieres y otros (1990: 705; Fornell, 1997: 130), nos preguntamos, ?y mas alla? A pesar de las discrepancias, consideramos (26) que la distribucion via fluvial de ceramicas finas de Los Villares se produjo de forma episodica, asociada a la temporalidad del transporte en el tramo medio-alto. Este caracter periodico del trafico puede haber determinado el tratamiento y las interpretaciones ambiguas de este fenomeno por parte de los autores clasicos e investigadores. Desde nuestra perspectiva la solucion al problema podria residir en la definicion clara del concepto navegable que en la Antiguedad debieron manejar estos autores; esta no debio diferir mucho de la actividad y el transporte que tenian lugar en un curso de agua cuyo regimen hidrologico permitiese un trafico regular y bidireccional de botes durante casi todo el ano, aunque en algunos puntos del curso medio fuese necesario recurrir a diques y presas para garantizarlo durante el estiaje; pero seguramente tambien debio depender de que tales embarcaciones dispusieran, junto con una profundidad de cauce suficiente, de una capacidad de carga importante que hiciese efectiva la circulacion de grandes cantidades de bienes y personas.

Por otra parte, dadas las condiciones de caudal que presentaba el otro gran rio de la region, el Singilis--de cuya navegabilidad hasta Astigi tenemos suficientes referencias--(27), seguramente este y sus c. 50 km navegables sirvieron para la distribucion de las ceramicas finas de Los Villares hacia las actuales campinas centrales andaluzas. En su ayuda, seguramente, obrarian los caminos que, lo mismo que junto al Guadalquivir, existirian tambien a uno y otro lado del Genil conectando con Astigi y, asi, con la via Augusta. En efecto, la Colonia Augusta Firma Astigi estaba llamada a convertirse, ya desde su constitucion y por su posicion privilegiada, en un fertil valle cerca de las proximidades del principal afluente del Guadalquivir, en uno de los principales centros de produccion de excedentes agricolas de la Betica y de redistribucion de bienes en general en su area de influencia (Chic, 2011).

La articulacion conveniente de los medios y las redes que estamos describiendo dio como resultado en ultimo termino una distribucion que podemos tildar de extrabetica y en la que el trafico de estos vasos desde las estaciones maritimas cobra especial relevancia (Fig. 2). Desde los muelles de Hispalis y Gades, partirian los vasa fictiles isturgitanos en cantidades significativas y como cargamento secundario hacia los mercados de las costas atlanticas de la Peninsula, hasta por lo menos el estuario del Tajo. Cada vez son mas numerosos y cuantitativamente importantes los conjuntos de sigillatas de los talleres de Los Villares de Andujar identificados en yacimientos portugueses, muchos costeros como el de la Ilha do Pessegueiro, donde supera con holgura en presencia a los productos tritienses (Silva y Soares, 1993); en menor proporcion en otros sitios en torno a la desembocadura del Tagus y el puerto de Olisipo (Sepulveda et al., 2002) (28): en la actual Povos (Dias, 1995-1997), en Scallabis (Santarem) (Viegas, 2003), en el fondeadero y factoria de salazones de Troia (Fonseca, 2004) o en la villa de Alto da Cidreira (Cascais) (Nolen, 1988); en el extremo sur, en localizaciones mas o menos alejadas de las costas pero a las que llegaban, sin duda, desde puertos como el de Sines, Ossonoba (Faro), Balsa (Tavira) y la propia Onuba: es el caso de los conjuntos de Mirobriga (Santiago do Cacem) (Quaresma, 1999), Sao Cucufate (Vidigueira) (Etienne, Makaroun y Mayet, 1994), Quinta de Marim (Olhao) (Silva, Soares y Coelho-Soares, 1992), Represas (Beja) (Etienne, Makaroun y Mayet, 1994; Lopes, 1994) y Vipasca (Aljustrel) (Ferreira y Andrade, 1964); pero tambien alcanzan puntos relativamente alejados de las costas a traves de cauces navegables como el del Guadiana, en cuyo curso bajo se situa Montinho das Laranjeiras (Alcoutim) (Coutinho, 1997), antes de llegar a Murtilis (Mertola).

[FIGURA 2 OMITIR]

El comercio maritimo de estos vasos tambien se dirigio, como sabemos desde hace decadas, hacia toda la Mauritania Tingitana, aunque muy especialmente en su vertiente atlantica. Asi, las sigillatas hispanicas de las officinae isturgitanas se encuentran con frecuencia en lugares del litoral como Septem Fratres (Ceuta) (Fernandez Garcia, 1988; Daura Jorba, 1988), la factoria de Cotta, en Lixus (Souk Khemis du Sahel) o Sala (Chellah) (Boube, 1977, 1999); estos productos, ademas, acceden y penetran hacia tierras interiores cada vez mas alejadas de las costas hasta ciudades como Tamuda, Volubilis, Banasa (Boube, 1965, 1966,19684 972a, 19681972b, 1968-1972c) o Thamusida--Sidi Ali ben Ahmed--, donde ultimamente la representatividad de estas ceramicas se cuantifica en un 25% del total de las de produccion peninsular (29). Tradicionalmente se ha senalado a Belo como el puerto que pudo haber registrado el mayor volumen de trasiego de sigillata de Andujar camino a Africa sosteniendo esa apreciacion, entre otras razones, en la disposicion natural de su puerto a mantener a lo largo de todo el ano el grueso del trafico de personas y mercancias con la otra orilla del Estrecho. La cercania con las costas norteafricanas, como ya hemos visto, reducia drasticamente la posibilidad de percances en las rapidas travesias, incluso en los meses con condiciones mas desfavorables al desarrollo de la navegacion. Estando de acuerdo con ello, pero tambien valorando la posibilidad de que la produccion de ceramicas en Isturgi tuviese lugar principalmente o, al menos, mas intensamente durante algunos meses del ano--coincidiendo con el inicio de la temporada habil para cualquier tipo de navegacion maritima y determinado por las mejores condiciones de la navegabilidad fluvial--, seria excesivo, simplista y aventurado hacer caer sobre Belo en exclusiva el peso de la distribucion de estos articulos cuando puertos como Baessipo y, en especial, el Portus Gaditanus registraban el trasiego de innumerables embarcaciones que partian o llegaban a puerto, en muchas ocasiones realizando comunicaciones directas con los de la Tingitana.

Efectivamente, el caracter de la difusion de estas vajillas es marcadamente atlantico y acompana al trafico de salazones, vino o aceite, que tuvo lugar entre las dos orillas de la zona, y muy especialmente a partir de epoca de Claudio. Con ello, al final, se dibuja un mapa de distribucion de estas vajillas que incluiria con seguridad las antiguas provincias romanas de la Betica, el sur de la Lusitania, el extremo sur de la Tarraconense y gran parte de la Mauritania Tingitana, con particular incidencia en su facies atlantica.

6. Valoracion final respecto al comercio de ceramicas finas de origen betico

A pesar de la imagen de gran comercio que de todo este fenomeno pueda extraerse, el trafico de ceramicas finas de origen betico, como las de Los Villares de Andujar, nunca pudo compararse a la distribucion y abastecimiento de sigillatas procedentes del area de Tritium Magallum, cuya actividad se extendio por un territorio mucho mas amplio y con un volumen de produccion en posicion de alcanzar mercados mas alejados y concurrentes; una capacidad de comercializacion apoyada, sin duda, en una estructura comercial--redes, agentes, vehiculos, etc.--perfectamente engrasada que podia permitirse establecer lugares de mercado y redistribucion en el interior peninsular--asi Augusta Emerita--y relegar las producciones meridionales procedentes de Isturgi a un segundo plano. Esto no habria sido posible sin un producto comparativa y relativamente mas rentable en la venta a las mismas distancias de distribucion.

Para entender aun mejor los mecanismos de comercializacion de ceramicas finas romanas en la Betica y sur peninsular quedan por resolver otras cuestiones como el grado de difusion en la costa mediterranea de las producciones hispanas de barniz rojo en general e isturgitanas en particular, grado que creemos limitado por la competitividad y empuje de los flujos comerciales de vajillas importadas desde todos los rincones del Mediterraneo. En este sentido, el panorama que parece entreverse en la propia Carthago Nova (30) respecto a la presencia de vasos de barniz rojo procedentes de grandes centros productores hispanos puede ser sintomatica de una circulacion restringida por unas especiales condiciones del comercio en las areas litorales de la vertiente mediterranea.

A lo largo del s. I d. C. la produccion y comercializacion de ceramicas finas--en especial, la de las sigillatas--en la Betica constituye la respuesta a unas necesidades de vajilla ceramica por parte de la poblacion apenas atendida por la deficitaria, atomizada y desestructurada produccion de vajillas de barniz rojo locales, las de tipo Penaflor, de moda en torno al cambio de Era y en la primera mitad del s. I d. C.

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(1) Como muy acertadamente expresa G. Chic (2006: 958) "a pesar de que el debate cientifico sobre los rasgos distintivos de la economia romana continua abierto y en construccion, se puede afirmar que, en el Imperio Romano, en el marco de una economia dual, y coexistiendo con un amplio y poco conocido mundo donde primaba el autoabastecimiento, se fueron imponiendo, al ritmo de la romanizacion, los caracteres basicos de un sistema economico integrado basicamente por el mercado y la moneda".

(2) En esta linea se situa la propuesta de K. Dark (2001) que, evitando desestimar la importancia de la agricultura como base ulterior de la vida economica del Imperio romano y el papel desempenado por los talleres de menor alcance, explora la posibilidad de que la produccion a gran escala de manufacturas en tal epoca pueda ser clasificada como "protoindustrial" y no como "industrial".

(3) Ya desarrollado en otro trabajo recientemente (Ruiz Montes, 2012: 302-304), adaptando a nuestro caso las observaciones realizadas sobre sociedades preindustriales actuales y que convenian un total de 5 presupuestos (Renfrew, 1977; Rice, 1987: 192-195) en torno a los cuales viajan, en orden de complejidad ascendente, desde el centro productor hasta llegar a las manos del comprador final.

(4) Esta situacion comenzo a subsanarse con el articulo de MacMullen (1970), unico estudio de referencia obligado sobre esta tematica--junto con la aproximacion parcial de Shaw (1981) para el norte de Africa--hasta la aparicion dos decadas despues de los completos y sistematicos analisis de Ligt (1993) y Frayn (1993).

(5) Para Nieto (1986) no es descabellado pensar que esa carga de vasos se dirigiese a puertos como el de Narbona con vistas a una comercializacion a larga distancia.

(6) Han sido varios los investigadores que han apostado por esta modelizacion teorica del "lugar central" aplicada a la distribucion espacial en el territorio de los lugares de mercado en el mundo antiguo (i. e. Hodder y Orton, 1976; De Ligt, 1991; Bintliff, 2002).

(7) Bermejo, J. (2010): Un modelo de implantacion territorial y municipal en la Baeturia celtica: Arucci/Turobriga, civitas et territorium. Tesis doctoral presentada en 2010 en la Univ. de Huelva.

(8) Ciceron, De Off. I, 42, 150-151; Seneca, Epist. Mor. 88, 20-21.

(9) Una asociacion establecida primero por Ciceron (De Imp. Cn. Pomp. V, 11; II Verr., V, 56, 146; II Verr., V, 58, 149), y mas tarde por Tacito (Ann., II, 82; Ann., XII, 55 apud Garcia Brosa, 1999: 181, n. 26 y 27).

(10) El entrecomillado es nuestro, en tanto que se trata de una terminologia con profundas implicaciones economicas, a nuestro juicio muy discutibles en su aplicacion al mundo romano.

(11) Entendido el termino como aquello que es objeto o materia de una ocupacion lucrativa o de interes (DRAE, 2001).

(12) Diodoro de Sicilia, Biblioth. Hist. V, 38, 5.

(13) Plinio el Viejo N.H., III, 3, 21.

(14) Los datos obtenidos por Duncan-Jones (1974) fueron mas tarde revisados por Deman (1987), que, sin variar sustancialmente las cifras, mantiene el orden de relacion proporcional para los distintos medios de transporte por mar, vias fluviales y vias terrestres.

(15) Textualmente Caton (Agr. 1, 3) observa: "oppidum validum prope siet aut mare aut amnis, qua naves ambulant, aut via bona celebrisque".

(16) Avieno, O. M. 284-285.

(17) Para los tipos de embarcaciones en la navegacion por el Guadalquivir y otros rios y lagunas interiores de Hispania en epoca romana cf los trabajos de Parodi (2000, 2001) y su sintesis, obra conjunta con Izco (Parodi e Izco, 2002) sobre diversos aspectos de la navegacion antigua por la gran arteria betica.

(18) Plinio, N.H. III, 12.

(19) N.H., V, 2.

(20) Para estas y otras cuestiones remitimos a nuestra tesis doctoral recientemente defendida: Suburbia cretariae. Nuevas lecturas en torno a procesos de produccion y sustratos productivos en el complejo alfarero de Los Villares de Andujar (Jaen). Tesis doctoral presentada en 2011 en la Univ. de Granada.

(21) Son numerosos y cada vez mas abundantes los datos acumulados para una valoracion conjunta de la dispersion de las ceramicas finas de Los Villares de Andujar, pero este no es lugar para desarrollar amplios listados de sus hallazgos en el extremo meridional. Remitimos, de un modo testimonial, a los primeros analisis acerca de la presencia y difusion peninsular de esta produccion elaborados a inicios de los 80 por Serrano (1980, 1983a y b), realizados tras la monografia de Roca (1976).

(22) Sera especialmente durante epoca flavia cuando en esta ultima se registren porcentajes elevados de materiales originarios de talleres asentados en los suburbios de Isturgi (Zarzalejos, Arevalo y Fernandez Ochoa, 1999).

(23) Puede que en el caso concreto de Sisapo no haya que descartar la posibilidad de una distribucion a partir de otras estaciones fluviales mas al sur (Epora?, Corduba?) de las que partirian caminos secundarios; estos atravesarian la sierra por los pasos menos escarpados de Fuencaliente para, de ese modo, adentrarse en el Valle de Alcudia.

(24) III, 2, 3.

(25) Ibidem.

(26) Ruiz Montes: op. cit. n. 20: 158-159.

(27) Plinio, N.H. III, 1, 12.

(28) Cf. tambien Silva, R. B.: Marcas de oleiro em terra sigillata da Praca da Figueira (Lisboa): contribuicao para o conhecimento da economia de Olisipo (sec. I a.C.-sec. II d. C.). Dissertacao de Mestrado em Arqueologia presentada en 2005 en la Univ. do Minho/Instituto do Ciencias Sociais.

(29) Marri, F. (2010): L'importazione delle sigillate in Mauretania Tingitana: i materiali di Thamusida e le rotte mediterranee. Tesis de doctorado presentada in 2010 en la Univ. de Siena, p. 77.

(30) Sobre la escasa presencia de estos productos en la capital del conventus cartaghinensis ya hemos escrito recientemente (Quevedo, Peinado y Ruiz, 2007).

Pablo Ruiz Montes

Dpto. de Prehistoria y Arqueologia. Facultad de Filosofia y Letras. Universidad de Granada Correo-e: prmontes@ugr.es

Recepcion: 07/03/2012; Revision: 24/07/2012; Aceptacion: 08/10/2012
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Author:Ruiz Montes, Pablo
Publication:Zephyrus
Date:Jan 1, 2013
Words:16051
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