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Clausewitz a traves de la mirada de Raymond Aron. Vigencia y proyecciones.

Clausewitz through the eyes of Raymond Aron. Validity and projections

INTRODUCCION

La densidad del discurso clausewitziano conlleva tanta riqueza como dificultad interpretativa. Esto ocasiona no pocas distorsiones en el sentido de sus conceptos, a veces por prejuicios, otras por conveniencia y muchas, quizas la mayoria, por la incapacidad para leer y entender al gran texto de polemologia que De la Guerra (Clausewitz, 1983 [1832]) propone. En este sentido, fue Raymond Aron quien, a traves de dos obras seneras como Sobre Clausewitz (2009 [1987]) y Pensar la Guerra, Clausewitz(1987 [1976]), introdujo un punto de vista centrado en el liberalismo europeo del siglo XX, que permitio descifrar el tratado en clave politica, tal como Clausewitz lo hubiera pretendido. Si bien los textos de Aron se situan en la logica amigo-enemigo que entranaba la disuasion nuclear como producto de la Guerra Fria, las ideas acerca del pensamiento clausewitziano merecen una nueva y actual lectura, en razon de su vigencia y de sus implicancias para el mundo de hoy.

El objeto de este trabajo es evaluar la pervivencia conceptual de las ideas de Aron sobre Clausewitz. Esto supone una dificultad que cabe precisar, ya que sujeto y objeto, medio y fin, causa y efecto tenderan a imbricarse, en tanto Aron y el tratado se iran conjugando al punto de establecerse una simbiosis virtuosa entre el investigador y la naturaleza de su estudio. Para ello, recurriremos al analisis de los textos citados, pero tambien nos permitiremos valorar y enjuiciar los dichos directos del prusiano, en la idea de alcanzar un resultado significativo y a la vez claro en torno de Clausewitz y su obra, de la mano de Aron.

LA MIRADA DE ARON. MAQUIAVELO Y CLAUSEWITZ

En lineas generales, Raymond Aron se propuso comprender la guerra como fenomeno integral desde la optica clausewitziana. Esto se concreto mediante un analisis, tan desprejuiciado como la realidad del siglo XX lo permitia, que tendio a establecer un dialogo historico que interpelaba a Clausewitz en el contexto de su epoca. Es cierto que Aron no estuvo exento de las subjetividades propias de quien interpreta--en un momento y un lugar--los hechos del pasado asumiendo el rol de difusor dentro del principio del comentario (Foucault, 1996, p. 62). Estuvo, por lo tanto, supeditado a los avatares que el discurso estrategico implica para la figura del analista que comunica su punto de vista relativo en torno a De la Guerra (Cornut, 2009, p. 62), pero tambien es cierto que Aron, consciente de esta limitacion, acudio a la lectura directa de dichos textos, evitando los interlocutores y comparando los originales con las elucidaciones de terceros, que en su mayoria no habian entendido o bien habian tergiversado adrede al autor aleman (Aron, 1987 [1976], p. 8).

De la guerra es una obra trazada desde la perspectiva de analisis y critica de los hechos pasados, sin determinismos, pero con la historicidad necesaria para entender que, si bien ningun evento se repite en forma identica, la guerra y sus alcances presentan ciertas regularidades de ocurrencia pasibles de estudio y comprension (Aron, 2009 [1987], p. 49).

Ya en lo instrumental, Aron advierte sobre la conveniencia de leer el tratado en forma integral; esto es, relacionando las expresiones y contrastando su significado, segun en la parte del texto en que se encontraren. Debido a que Clausewitz admitio--en una nota presumiblemente escrita alrededor de 1830--lo inacabado de su obra, y la necesaria revision que el colera le impidio, el lector actual debe hacer un esfuerzo de sintesis y comparar en forma permanente los juicios contenidos, a fin de comprender lo que en una primera impresion aparece como contradictorio. La lectura comprensiva en estos terminos aclara el conocimiento y permite ir al fondo de las cuestiones que se plantean (Aron, 1987 [1976], p. 4).

Una primera observacion de Aron nos presenta la influencia de Maquiavelo sobre Clausewitz, algo que otros autores tambien abordaron con posterioridad (Fernandez Vega, 1993, p. 75). La relacion devendria de la lectura que el aleman habria hecho con detenimiento sobre El Principe (Maquiavelo, 1994 [1531]) y en menor medida sobre Del arte de la guerra (Maquiavelo, 2002 [1520]). Esto encuentra sentido en terminos de lo que se denomina realpolitik, y se refleja en la concepcion del poder politico como rector de las estructuras militares, y que monopoliza la violencia legal a traves del Estado mediante el recurso a la guerra (ad bellum). Sin duda hay en El Principe indicios claros de la subordinacion de lo militar a lo politico y, mas aun, una expectacion acerca de la guerra como principal responsabilidad de la politica. Se presentan alusiones definidas en torno del vinculo entre las leyes y las armas, que trasunta la vigencia y respaldo del cumplimiento de la norma a la sombra del recurso fundado en la fuerza, lo que se fortalece en sentencias tales como: "El Principe no ha de tener otro objeto, ni abrigar otro proposito, ni cultivar otro arte, que el que ensena el orden y la disciplina de los ejercitos" (Maquiavelo, 1994 [1531], p. 93).

Pero una mirada mas detallada nos propone una articulacion entre las formulas que ambos textos dejaron como legado. Si para Maquiavelo el fin (politico por definicion) justifica los medios a ser empleados en sentido amplio, para Clausewitz la guerra (en tanto medio) es la continuacion de la politica (fin) a traves del recurso de la violencia legal. Adviertase la pertinencia entre las sentencias y la intima relacion de sus contenidos. Es evidente la influencia del florentino sobre Clausewitz como tambien la elaboracion que este ultimo concibio sobre esos conceptos. Esta perspectiva mantiene actualidad en las relaciones de politica y guerra.

LA ESENCIA DEL DISCURSO CLAUSEWITZIANO

Ahora bien, ?sobre que aspectos esenciales Raymond Aron proyecta su pensamiento esclarecedor? Sin duda que son varios y sobre ellos iremos desgranando ideas, opiniones y puntos de vista.

En principio, Aron aborda De la Guerra a traves de una nocion compuesta por dos terminos antiteticos. Por un lado, el aniquilamiento con preponderancia y autonomia de lo militar, que induce a interpretar a Clausewitz desde una dimension tactica, lineal y reduccionista y tambien militarista. Quienes interpreten el tratado en estos terminos no encontraran ninguna caracteristica por fuera del combate y habran procurado respuestas rapidas y definitorias, como las que un manual para el uso de un artefacto podria brindar. Esta percepcion de la guerra desemboca en la escalada y el denominado ascenso a los extremos de la maxima violencia. Muy por el contrario, otra postura es la que entiende a la guerra como instrumento de la politica, que la subordina y rige. Esto nos habla de un posicionamiento esencialmente gubernamental con implicancias estrategicas amplias, en que la conduccion politica de la nacion introduce un factor de prudencia que evita el ascenso a los extremos y establece una limitacion, de hecho, al conflicto belico, en vistas de generar condiciones que permitan la negociacion durante y despues de la guerra (Aron, 2009 [1987], pp. 89 y 90).

No obstante, el error de interpretacion que adhiere a la primera linea de pensamiento deviene de considerar a De la Guerra como un texto filosofico, antes que politico. Asi, el aniquilamiento se concibe como la destruccion fisica y total, una suerte de desaparicion del enemigo, mediante el uso de la fuerza en un grado teorico y, por tanto, irreal. Esta postura fue la que impulso a Liddell Hart (1960 [1941]) para sindicar a Clausewitz como el "Madhi de la sangre" (Fernandez Vega, 1993, p. 113) responsable de las matanzas masivas de ambas guerras mundiales. Muy por el contrario, la comprension del tratado en terminos estrictamente politicos permite abordar el aniquilamiento como el quiebre de la voluntad de lucha del enemigo, incapacitarlo fisica y moralmente para sostener el conflicto, y asi doblegarlo sin aplicar mas violencia que la necesaria para tal fin (Schmitt, 2014 [1967]).

El discurso clausewitziano sera finalmente interpretado segun como se aborde la realidad del conflicto, si desde el aniquilamiento o desde la politica (Aron, 2009 [1987], p. 89). Si el punto de partida para el analisis es la destruccion lineal y objetiva de las fuerzas armadas del enemigo sin mayores consideraciones acerca de los objetivos ultimos de la guerra, estaremos frente a la hegemonia del factor militar en las decisiones de fondo de la contienda, y tenderemos a unificar la conduccion operativa y la de gobierno en una sola entidad. En este caso, el aniquilamiento se convierte en un fin en si mismo, que no se subordina a ninguna decision por fuera de lo militar, y es probable que desate la maxima violencia descontrolada. En contraposicion, si la base de analisis del tratado es la de supremacia de la politica, y la comprension de la guerra como continuacion de ella, se introduce un preambulo de prudencia que deberia evitar la escalada a los extremos. En palabras de Aron, "de la tension entre los dos principios resulta historicamente la disociacion entre dos escuelas de pensamiento, cada una de ellas reivindicando alguno de estos principios" (Aron, 2009 [1987], p. 90). Esta claro que ninguna de estas formas en singular condensa la teoria clausewitziana, sino que antes deben entenderse en terminos complementarios, donde cada una de estas opciones se combina en grado variable segun los escenarios de conflicto armado a enfrentar. Asi, Aron presenta a Clausewitz como un precursor del equilibrio europeo, al proponer la inteligibilidad de su alegato en funcion de la estabilidad que suponia aceptar que las diferencias entre Estados podian recurrir a la beligerancia para su resolucion, pero en un marco de racionalidad, al dominar la politica el factor militar, y restringir el aniquilamiento a la coaccion de la voluntad del enemigo. "La sociedad europea de Estados, tal como la pensaba Clausewitz, implicaba, pues, que los miembros de esa sociedad se reconocieran reciprocamente, que a veces se combatieran sin que por ello quisieran aniquilarse mutuamente" (Aron, 2009 [1987], p. 89). De ser asi, tanto la idea del prusiano como la disquisicion de Aron se sostienen hasta la actualidad.

Muchas veces la repeticion irreflexiva de la formula (la guerra es la continuacion de la politica por otros medios) opaco la comprension y relevancia del discurso. El aporte sustancial de De la Guerra, hasta nuestros dias, estriba en la sensatez que la politica introduce en un hecho per se irracional, instalando una logica por la que "el fin parcial de una accion remite al fin ulterior de la campana, y esta a su vez al fin politico de la guerra" (Aron, 2009 [1987], p. 48). Esto permite distinguir la funcion y el valor de los eventos operativos, al discernir que la victoria militar es un instrumento para alcanzar el exito en la guerra y, a su vez, es un medio para lograr los objetivos de la politica (p. 33). Esta lectura de la formula otorga pleno sentido a la concatenacion de medios y fines, los cuales parten del combate previsto por la tactica, pasan por la consecucion de los objetivos de la campana, y acaban por obtener el objetivo politico senalado por la conduccion del Estado al momento de emprender el conflicto belico. Lo que queda es un pensamiento teleologico que orienta el poder desde la estrategia y define la aplicacion de fuerza en el plano tactico.

La actualidad continua preguntandose acerca de este enfoque, habida cuenta de la logica nuclear del siglo XX y la hibridacion de las guerras en el siglo XXI. ?Es sustentable el papel de la politica como marco del conflicto ante la posibilidad del holocausto atomico o frente a la despersonalizacion de las amenazas? En principio, digamos que a lo largo de la historia militar los avances tecnologicos han provocado cambios de paradigma, los que impulsaron modificaciones en la forma combatir y la consecuente transformacion de los sistemas de armas involucrados. No obstante, la consistencia que alcanzo el papel de la politica como rector de la violencia legitima despues del ocaso de las guerras dinasticas y ante la aparicion de los Estados nacionales parece no haber declinado. Asi, en circunstancias de la Guerra Fria la disuasion nuclear se erigio en finalidad estrategica reemplazando a la estrategia de la decision, pero siempre en manos de la politica. Al decir de Aron: "el predominio de la politica sustituye la decision por la amenaza disuasiva y se esfuerza por ensenar a los hombres el arte de no autodestruirse, sin por ello someterse al imperio de uno solo" (Aron, 1987 [1976], p. 169). No obstante, Hiroshima y Nagasaki confirmaron la posibilidad de ascenso a los extremos de la violencia y, por ello, la condicion practica de la disuasion y su finalidad mas clara.

Clausewitz introdujo la nocion de que la guerra tiene una gramatica propia, pero no una logica propia. Vale decir que el hecho de armas se conduce militarmente de acuerdo al arte de la guerra y la capacidad profesional de los generales, pero se supedita a la logica que la politica determina para su consecucion. Asi, la logica es atributo de la politica, mientras que la gramatica pertenece a la estrategia. (Aron, 1987 [1976], p. 176). Por lo tanto, no existe la posibilidad de una autonomia de la guerra que desconozca la logica politica de su cometido, y que no corra el riesgo de ser incoherente.

La nocion de la politica como legisladora no implica mas que la idea de que el instrumento debe someterse a las intenciones de quien lo utiliza. Este no puede exigir al instrumento mas de lo que da, ni emplearlo sin tener en cuenta su naturaleza propia (Aron, 1987 [1976], p. 235).

La claridad de estos conceptos es elocuente.

LOS TIPOS DE GUERRA

Aron (2009 [1987], p. 94) plantea tres tipologias de guerra posibles a partir de la teoria clausewitziana: la guerra convencional o clasica, la guerra nuclear, y una guerra de partisanos o insurgentes. La primera se identifica con el modelo real preconizado en su teoria; fue el tipo de conflicto que jalono el siglo XX. Dos ejemplos claros son la guerra por las Islas Malvinas (1982) y la denominada segunda guerra del Golfo Persico (2003). Se distinguen por el enfrentamiento abierto de masas importantes de efectivos, la distincion ostensible entre combatientes y poblacion civil, la existencia de Estados soberanos que dirimen sus diferencias mediante el ad bellum, y el respeto por las leyes y convenciones que regulan la guerra en terminos de Derecho Internacional Humanitario y Derecho Internacional de los Conflictos Armados. Este modelo de conflicto quedo relativizado a partir del atentado a las Torres Gemelas (EEUU) en 2001.

La guerra nuclear fue la caracteristica que distinguio el siglo XX, en el que la imposibilidad de la beligerancia atomica por riesgo del holocausto mediatizo las luchas hacia las periferias y dio lugar a la guerra revolucionaria. Para Aron, esta conflagracion (atomica) se aproximaba al modelo teorico de guerra absoluta de Clausewitz, y, por ello, la hacia inviable en su concrecion. En cuanto a la guerra de insurgencia, tambien correspondio a la realidad del siglo XX y se relacionaba con las luchas por las independencias tardias de las colonias africanas y asiaticas. Estas guerras nada tenian que ver con el fenomeno revolucionario que tocaremos mas adelante, sino que remitia al concepto de pueblo en armas, cuyo mayor exponente habia sido la resistencia espanola a la invasion napoleonica en el siglo XIX, y que tanto habia impresionado al prusiano.

Quizas Aron no haya definido con precision el modelo de guerra que ocupa las primeras decadas del siglo XXI, pero tampoco su logica de conduccion estaria por fuera del predominio de la politica. Asi, las llamadas guerras asimetricas en las que el terrorismo ha dejado de ser un instrumento o forma de violencia para transformarse en un actor estrategico han privado a los paises centrales (principales victimas del flagelo) de la iniciativa operacional. Esto genero la idea de guerra preventiva, por la cual se orienta al poder militar y se aplican los recursos tacticos de manera presuntiva, en un tiempo y un espacio sobre los que se carece de precisiones, pero que es necesario neutralizar ante la amenaza invisible. Pocas veces la guerra fue tan asimetrica como la que plantea el terrorismo actual, el cual ante la desventaja respecto del poder aplica sus metodos agresivos fuera de toda norma o convencion y mimetiza a los combatientes con la poblacion. No obstante, la politica sigue prevaleciendo al determinar la oportunidad del conflicto, la condicion preventiva del mismo y el tipo de guerra a emprender. Solo la politica puede cumplir ese rol y responsabilizarse por las consecuencias de las acciones militares asi definidas.

Un asunto ya esbozado y en directa relacion con lo anterior es la dialectica entre guerra real y guerra absoluta, que Clausewitz arguyo y Aron describe. A partir de ejemplificar el enfrentamiento belico recurriendo a la figura de dos contrincantes singulares involucrados en un duelo, Clausewitz elaboro la nocion de guerra en su sentido mas amplio. Luego, para establecer las caracteristicas de la guerra en su perspectiva real, tangible y posible, apelo a la nocion de la guerra absoluta, la cual solo existe para Clausewitz en forma modelica y al solo efecto de constituir el marco de referencia que refuerce la idea de guerra real mediante la comparacion entre lo posible y lo teorico. De esta manera, la guerra absoluta existe para contraponerse a la real, pero no porque pueda concretarse. La guerra absoluta no coincide con la real, porque el Estado no se reduce a la simplicidad del luchador aislado, ya que tiene un pasado y un futuro, porque debe tener en cuenta a su pueblo y servirse de la audacia y arte del comandante militar (Aron, 2009 [1987], p. 29). Cumple el rol de marcar el punto final de ascenso a los extremos de la violencia y se constituye en una medida preventiva en manos de la politica, que advierte sobre los limites e implicancias para las voluntades enfrentadas. La guerra absoluta, entonces, desempena una funcion teorica que se dirige a exponer la irracionalidad intrinseca de la conflagracion, y una funcion praxiologica que recuerda a los adversarios el riesgo que conlleva la falta de prudencia en el marco de un hecho que carece de mesura y reflexion (Aron, 1987 [1976], p. 41). En ambos casos, las funciones caben estrictamente al ambito de la politica y mantienen vigencia en las beligerancias presentes.

El modelo teorico de guerra absoluta alimento, mediante interpretaciones capciosas, el concepto de guerra total. Esta nocion pergenada por Erich Ludendorff (1964 [1935]) luego de su participacion en la Gran Guerra --y sostenido por Hitler a comienzos de la Segunda Guerra Mundial--propone un tipo de conflicto dominado por la hostilidad sin restricciones. Pero el detalle saliente es que, al redoblar la apuesta de violencia de la guerra absoluta, intenta salir de la teoria y plantear el tema racial o comunidad etnica como sujeto historico del enfrentamiento belico, y a sus enemigos como los adversarios transhistoricos del pueblo aleman (Aron, 1987 [1976], p. 163). Esto nos permite elaborar algunas ideas mas alla de los textos analizados. Pareciera que la guerra total habilita la violencia extrema porque persigue un fin de supremacia por fuera de las condiciones de la guerra real. Esto significa que, lejos de procurar la paz y el restablecimiento de las condiciones anteriores al inicio de la guerra, lo que busca es la destruccion del enemigo en tanto etnia particular, y la unica forma de lograrlo es mediante el aniquilamiento fisico que implica la desaparicion del adversario antes que la coaccion sobre su voluntad de lucha. De este modo, al modelo teorico de guerra total solo le puede caber como instrumento de accion el aniquilamiento fisico, tan acabado y teorico como el fin procurado. De aqui se puede deducir que, si bien la guerra total permanece en un plano prototipico, alcanza comprension analitica cuando se la examina desde la perspectiva del odio--en este caso racial-, que impulsa los instintos mas basicos del ser humano. El reemplazo de un fin de caracteristicas estatales--como objetivo de la guerra--por otro de propiedades etnicas opaca la cualidad de la prudencia en manos de la politica y al mismo tiempo exacerba las atrocidades.

Lo anterior permite entender por que las cuestiones sociales, religiosas y culturales tinen de fanatismo la accion de guerra y desconocen los limites de cualquier norma o convencion, ya que se reemplaza al objetivo de la guerra clasica (la cual acepta leyes positivas y pautas para su desarrollo) por el de la procura de la desaparicion de un enemigo permanente, la cual sera altamente improbable. Asi las cosas, Aron no vivio esta realidad planetaria de terrorismo y por lo tanto no tipifico este tipo de conflicto que nosotros advertimos como una derivacion de la guerra absoluta, pero en este caso con cierta aptitud de ocurrencia practica. De ser asi, estariamos asistiendo a una suerte de regresion a la barbarie, en la que los Estados nacionales no encuentran posibilidad de aplicacion eficiente de sus recursos militares para combatir a un enemigo que, dentro del concepto de asimetria, no respeta ninguna ley mas que la de su propia supervivencia. Si volviesemos a la figura del duelo propuesta por Clausewitz, entenderiamos que la guerra total asi planteada se asemeja a la oposicion singular de dos contrincantes en los cuales prima el odio como propulsor de la sobrevivencia y, al mismo tiempo, se diluye el discernimiento que la politica deberia aportar, ya que estan en juego pasiones mucho mas sensibles que los fines soberanos o intereses vitales de un Estado.

CLAUSEWITZ Y LA GUERRA REVOLUCIONARIA

Uno de los puntos mas sensibles del tratado, segun Aron, es la interpretacion e interes que De la Guerra tuvo para la ideologia marxista o, mejor dicho, para la denominada guerra popular (Aron, 2009 [1987], p. 39). En principio, Clausewitz identifico el protagonismo y la potencia que el pueblo posee en torno de la guerra como hecho social y politico. Luego, definio su rol para la defensa del territorio, de la patria y de sus propios intereses. De alli el concepto de pueblo en armas, o sea del ciudadano que empuna las armas y se hace cargo de legitimar el bien comun a traves de las mismas y, lo que es muy importante, contra el invasor extranjero. Aqui aparece una primera condicion que acompana la idea clausewitziana y que despues sera manipulada por los ideologos de izquierda: las guerras de insurgencia tienen que ver con los procesos de descolonizacion del siglo XX, con los partisanos que se autoorganizan para repeler al ejercito aleman en Francia o en los Balcanes y evoca la vision que el prusiano tuvo por la reaccion de los espanoles ante Napoleon. Esto conduce a una especie de guerra popular, que se determina por los sujetos de la accion--vale decir, los ciudadanos, que encarnan una accion de resistencia mediante la defensa de lo suyo (Aron, 1987 [1976], p. 74)-, y que poco o nada tiene que ver con la llamada guerra revolucionaria del siglo XX. Sera Carl Schmitt quien establezca la diferencia entre el guerrillero telurico o romantico y el revolucionario profesional, lo que equivale a decir, entre las luchas de liberacion nacional de coloniajes y las guerras revolucionarias que procuraron exportar un modelo ideologico (Aron, 1987 [1976], p. 164). Esto nos coloca frente a una nocion central, a saber, que se debe partir de la finalidad politica de la guerra para describir el tipo de lucha y el combatiente. Sin ambages, el pueblo en armas de Clausewitz nada tenia que ver con los movimientos armados comunistas de mediados del siglo XX, no obstante, esto no impidio que se lo calificase como un teorico de la guerrilla y la insurreccion popular marxista (Aron, 1987 [1976], p. 18). Pero tampoco se debe confundir al pueblo en armas con la nacion en armas, termino este ultimo que Clausewitz no tiene en cuenta, precisamente por ser una concepcion posterior, de fines del siglo XIX, cuyo mentor fue Colmar von der Goltz (1927 [1883]). Es de notar que tampoco Raymond Aron se detiene sobre este concepto, lo que llama la atencion si se tiene en cuenta lo profuso y profundo de sus cavilaciones en torno de Clausewitz.

Ya en el terreno de la apropiacion ideologica comunista de De la Guerra, diremos que su repercusion fue inmensa, tanto como para que Stalin condujera a Rusia durante la Segunda Guerra Mundial de acuerdo a los principios del tratado, y Mao Tse Tung elaborase la doctrina del conflicto prolongado o estrategia sin tiempo a partir de la experiencia espanola entre 1808 y 1811 (Aron, 1987 [1976], p. 43). Quizas la mayor apropiacion del comunismo, y el maoismo en particular, haya sido la combinacion--en el plano tacticode una concepcion general expectante con acciones ofensivas permanentes de hostigamiento. Y aqui radica otra importante diferencia entre las actitudes operacionales de la nacion en armas y las del pueblo en armas: mientras el primero concibe la situacion estrategica en terminos defensivos (de su territorio y su patrimonio), el segundo endereza su accion ofensivamente, alineando politica, estrategia y tactica en identico sentido. De ello resulta que las guerras revolucionarias son eminentemente violentas y, como ya se dijo, tienden a ascender a los extremos facilmente.

En esencia los discipulos marxistas de Clausewitz insertan el pensamiento estrategico de este en una filosofia de la historia cuya culminacion estara signada por la victoria total del proletariado sobre el resto de las clases sociales y, por ende, la eliminacion de las guerras (Aron, 1987 [1976], p. 193). Esta supresion de las guerras se vincula con la nocion de que "los conflictos continuan o expresan los regimenes internos de los Estados enfrentados" (Aron, 1987 [1976], p. 77). Asi, para el maoismo y el marxismo-leninismo, solo la desaparicion del capitalismo llevara a un gran conglomerado socialista-comunista internacional, en un mundo que finalmente alcanzara la paz perpetua. Para Lenin la unica guerra justa es la del proletariado contra el capital (Aron, 1987 [1976], p. 163). De esta manera, para el marxismo no existe la posibilidad de una guerra entre Estados, ya que la sociedad no apoyaria ningun esfuerzo belico ante la falta de cohesion e intereses compartidos entre clases que son, ante todo, enemigas (Aron, 1987 [1976], p. 173).

Aron (1987 [1976], p. 155) tambien senala en forma precisa las contradicciones del castrismo cubano y la teoria del foquismo, ya que constituyen interpretaciones falsas de la teoria clausewitziana, devenida en guerra revolucionaria, segun la cual, si la guerrilla alienta y genera la insurreccion, "permitiria no esperar a que las condiciones sociopoliticas para una revolucion hayan madurado" (p. 155), y asi imponer de hecho y violentamente el cambio de situacion politica. El autor observa que esto derivo al menos en tres aspectos controversiales: que el pueblo puede vencer a un ejercito regular (lo cual es altamente improbable); que en America Latina el teatro de operaciones revolucionario es rural (lo cual es opinable y solo se da en determinadas circunstancias), y que el foco de rebelion acelerara la insurreccion (lo cual casi siempre es falso) (p. 155). Todo lo anterior acompano el desarrollo de la realidad y acabo por implosionar en 1989 con la caida del Muro de Berlin y el fin del comunismo. La situacion mundial y regional actual valida los dichos de Aron y otorgan vigencia a sus observaciones. Tambien esta en vigor el concepto acerca de que el marxismo-leninismo, si alcanza el poder, olvida sus principios basicos y reconstruye rapidamente la identidad nacional, el mito de origen y la figura del Estado (Aron, 1987 [1976], p. 173). Por ultimo, y para desmitificar el caracter de los conflictos revolucionarios, coincidimos con Aron en que la guerra se define como tal por el empleo predominante de las fuerzas armadas, de manera que la lucha de clases entre si no puede ser encuadrada como hecho belico, en tanto no participen las tropas regulares a disposicion del Estado (Aron, 1987 [1976], p. 207).

LA EXTRANA TRINIDAD

Sin lugar a dudas uno de los aportes sustanciales de Clausewitz es el denominado concepto trinitario de la guerra. Sobre el final sorpresivo de su vida consideraba la necesidad de una profunda revision y ordenamiento del tratado. En esa tarea se encontraba cuando murio el 16 de noviembre de 1831. No obstante, el mismo decia en una nota de 1830 que "El primer capitulo del Libro I es el unico que considero acabado" (Clausewitz, 1999 [1832], p. 175). Es precisamente en el final del capitulo 1 de ese Libro donde encontramos la cuestion 28 bajo el titulo "Conclusion para la Teoria", y alli se define una caracteristica central de la guerra:

La guerra, por lo tanto, no es solamente un verdadero camaleon, por el hecho de que en cada caso concreto cambia en algo su caracter, sino que es tambien una extrana trinidad, si se la considera como un todo, en relacion con las tendencias que predominan en ella. Esta trinidad la constituyen el odio, la enemistad y la violencia primitiva de su esencia (...) el juego del azar y las probabilidades (...) y el caracter subordinado de instrumento politico (...) (Clausewitz, 1983 [1832], pp. 25 y 26).

En rigor, la nocion trinitaria introduce la necesidad de mantener en equilibrio y controlados los aspectos irracionales dimanados de las pasiones que instigan la lucha y que se encuentran presentes en el pueblo, armonizados con el talento militar que conduzca las operaciones tacticas y estrategicas con idoneidad profesional para minimizar los efectos del azar, y, a su vez, todo ello contenido en el gran diseno que la politica haya previsto para la contienda, bajo la forma de objetivos y fines. Asi, la triada se traduce en pueblo, ejercito y gobierno.

En palabras de Aron, es dable entender al concepto trinitario como una especulacion acerca de la propia historicidad de la guerra a traves de los tiempos, ya que los tres componentes han integrado todos los conflictos armados, si bien en grado variable en cuanto al peso y preeminencia de cada uno (Aron, 2009 [1987], p. 31). No hay dudas de que la definicion trinitaria de la guerra fue un salto conceptual muy importante para la teoria belica, como consecuencia de la conformacion de los Estados nacion, luego de la paz de Westfalia en 1648 (Aron, 1987 [1976], p. 91). Ahora bien, el asunto es determinar si la idea mantiene validez en el tercer milenio. Es cierto que ha tenido detractores como Martin van Creveld (2007), quien en su libro La transformacion de la guerra cuestiona la vigencia de esa idea. En lineas generales este autor disiente acerca de la vigencia de la "extrana" trinidad, estructurando su tesis en torno de dos aspectos. Por un lado, se concentra en el pueblo como lo disfuncional para mantenerse en uso la idea trinitaria, por lo que arguye la incapacidad de las guerras actuales para establecer diferencias claras entre el combatiente y el ciudadano civil, algo que las guerras posdinasticas se habian preocupado por enfatizar, aunque no siempre con pleno exito. Esta fuera de discusion lo inorganico de las fuerzas que toman las armas bajo la condicion terrorista de los conflictos armados de hoy, pero es justamente en el hecho de entender al pueblo--dentro de la triada--a partir de la simple caracteristica de su incorporacion masiva al servicio militar (van Creveld, 2007, pp. 66 y ss.), lo que explica su disenso con Clausewitz. En efecto, el prusiano se referia al pueblo como genesis de la legitimacion de la guerra a emprender por la politica, y dueno de las pasiones que justifican la defensa de sus intereses vitales en el marco del Estado nacion. Este concepto de pueblo (clausewitziano) se posiciona como el aval necesario de la politica para escalar una crisis hasta llegar al sacrificio de la guerra. Vale decir, que el pueblo asi entendido se constituye en legitimador de las acciones militares, abarcando una gama amplia de cuestiones que van desde la opinion publica hasta la aceptacion del esfuerzo belico de un pais en lo humano y lo economico. El pueblo, visto asi, es mucho mas que su rol de combatiente individual.

El otro punto importante que genera disenso en van Creveld es la figura del Estado como protagonista de la guerra. "La violencia organizada solo puede ser denominada guerra si es librada por el Estado, para el Estado y contra otro Estado" (van Creveld, 2007, p. 63). Convenimos con el autor acerca de las dos primeras consideraciones, pero no asi con la ultima. Una de las caracteristicas que venimos tratando de las guerras del siglo XXI es la asimetria y la hibridacion de las fuerzas, que se militarizan para cambiar la situacion politica y estrategica, sin llegar a conformar tropas totalmente regulares, lo que transforma al terrorismo en un actor estrategico. Esta mutacion del conflicto genera un replanteo de la autoridad del Estado, que procura de sus fines bajo la irreemplazable funcion de la politica, y en contra de quienes se opusieren a dicha accion, muy por encima de las caracteristicas del enemigo del que se tratare. Si los intereses vitales se encuentran en jaque y la politica decide el pleno uso de la fuerza legal, no deberian existir pruritos acerca de su empleo. Es cierto que esto obliga a una observacion puntillosa de los aspectos normativos del empleo militar en contra de un enemigo de este tipo, pero no es menos cierto que la virulencia de la amenaza en oposicion induce al restablecimiento de la paz, mediante la aplicacion de todas las herramientas a disposicion del Estado. De hecho, bajo el titulo de Nuevos Enfoques de la Seguridad Hemisferica, el gobierno argentino dirigio una respuesta al cuestionario planteado por la Organizacion de los Estados Americanos en diciembre de 2001, en la que daba cuenta--junto a la casi totalidad de los paises sudamericanos--de una clara percepcion acerca de como habia mutado el conflicto a partir del atentado a las Torres Gemelas, y advertia sobre la necesidad de enfrentar dichos desafios en forma integral (a nivel regional) e interagencial dentro de cada pais. Fue la propia evolucion de las formas del conflicto lo que modifico la perspectiva de que las Fuerzas Armadas solo deben enfrentar enemigos de caracter estatal, para habilitarlas al uso pleno de la fuerza en el caso que el poder politico lo considerare ineludible. Paradojicamente, van Creveld nos habla de la transformacion de la guerra y sus actores estrategicos, pero no aporta soluciones, mas alla de criticar a la teoria clausewitziana por su anacronismo. Todo el razonamiento anterior nos permite colegir acerca de la vigencia del concepto trinitario y, por ende, la persistencia del discurso de Raymond Aron en el presente que nos toca vivir.

TEORIA VERSUS DOCTRINA

Un tema central en la obra de Clausewitz, y que Aron aborda en profundidad, es la visualizacion de De la Guerra como un verdadero corpus teorico antes que como una doctrina prescriptiva de la conduccion militar de un conflicto armado. Coincidimos con Aron en que el prusiano pretendio elaborar una teoria que permitiera entender la naturaleza de la guerra y que no se confundiera con una doctrina, es decir, que ensenara al estratega militar a comprender su tarea sin alimentar la ridicula intencion de comunicar el secreto de la victoria (Aron, 1987 [1976], p. 5). Ello por si solo constituia una autentica revolucion en lo que hoy llamariamos asuntos militares (p. 8). Pero, ?cual es el valor y como se define esta teoria de la guerra?:

Una teoria no precisa, para merecer este nombre, dar instrucciones a los actores. Toda actividad que usa los mismos medios en vista de los mismos fines da lugar a un estudio racional. Estudio analitico del objeto, en su organizacion natural, [que] conduce a un conocimiento elaborado, a discriminaciones claras; aplicada a la experiencia, y por lo tanto a la historia, crea una verdadera familiaridad con su objeto (Aron, 1987, p. 219).

Lo anterior encuentra pleno sentido en los dichos del propio Clausewitz:

Tendra [la teoria] que educar la mente del futuro jefe en la guerra o, por lo menos, guiarlo en su autoeducacion, pero no acompanarlo al campo de batalla. Del mismo modo [que] un tutor inteligente guia y ayuda el desarrollo intelectual del joven, sin que por ello lo tenga en andadores para el resto de su vida (Clausewitz, 1983 [1832], p. 82).

Entonces, la validez, pero tambien la vigencia de este enfoque en terminos de teoria estan dados porque la conduccion de la guerra no admite la elaboracion de una ensenanza positiva por tres razones: la accion reciproca de las fuerzas que se influyen aleatoriamente; la influencia e indeterminacion de las magnitudes morales, y la singularidad y complejidad de cada situacion en la cual toma sus decisiones el actor (Aron, 1987 [1976], p. 220). De esto se desprende la imposibilidad de mensurar o regular la guerra mediante leyes inmutables que ordenen y predigan los acontecimientos, o bien a traves de rudimentos geometricos que se desentiendan de las dimensiones subjetivas de los hechos reales, como lo habia intentado Jomini. Asi, Clausewitz agrega valor al conocimiento y practica de la guerra y logra tanto superar el estadio conceptual de su tiempo como mantener su validez hasta el presente.

Lo arriba expresado se condice logicamente con las disquisiciones acerca de la guerra en terminos de ciencia o arte. Si aceptamos que la guerra no obedece a leyes cientificas y, por lo tanto, no puede ser condensada en un manual de practicas predecibles y objetivas, entonces deberemos admitir que la guerra es esencialmente un arte, en la cual el talento del conductor puede ser optimizado mediante una teoria laxa que interprete la practica con el auxilio de la experiencia obtenida de los hechos pasados. Este punto de vista modifico, en forma sustancial, la direccion de la guerra y se mantiene incolume hasta hoy por la contundencia de su fundamento. Tal como Aron lo manifiesta, la ciencia busca el conocimiento y el arte la creacion o produccion (Aron, 1987 [1976], p. 221).

POLITICA, ESTRATEGIA Y TACTICA

La perspectiva de los niveles de conduccion de la guerra es un asunto que alimenta controversias, pero tambien aciertos. En efecto, tanto Clausewitz como Aron se expresan en funcion de la tactica, la estrategia y la politica. Estos niveles por si son correctos y claros en el plano teorico, aunque no tanto en la practica. Los aciertos en la propuesta clausewitziana estan dados por la nocion de que la victoria militar es un medio para alcanzar el exito en la guerra, y, a su vez, la guerra en un medio para lograr los fines de la politica. Esto vincula al exito de los combates o a la victoria con el plano tactico, y a la consecucion de los fines politicos con la estrategia como herramienta a tal fin (Aron, 2009 [1987], p. 33). Asi las cosas, la tactica se sirve de los combates y la estrategia de la batalla para resolver los objetivos de una campana militar, los cuales, por su parte, deberan estar alineados con los fines de la politica o, dicho de otro modo, con los objetivos que la politica se propuso alcanzar a traves de la guerra. De esta manera, Clausewitz propone y Aron decodifica que la politica marca los fines, la tactica representa el nivel en el cual se aplican los medios en forma directa dentro de un razonamiento etiologico de causa-efecto, mientras que la estrategia se sirve de medios (el exito de los combates tacticos) para obtener los objetivos militares que se condigan con los fines de la politica para la guerra que se trate. Asi, la estrategia discurre en un marco teleologico que vincula racionalmente medios y fines. No obstante, surgen algunos disensos entre la idea clausewitziana interpretada por Aron y la realidad del siglo XXI. En primer lugar, las diferencias entre politica, estrategia y tactica son eminentemente teoricas, ya que en la praxis tienden a diluirse los limites y confundirse los campos de accion. Esto es natural y se acepta como tal al momento de llevar adelante las tareas y procesos que demanda la direccion de una guerra a nivel del Estado. En segunda instancia, Aron entiende a la estrategia ligada univocamente a lo militar (Aron, 2009 [1987], pp. 128 y 129), cuando en la actualidad este concepto es discutido y reemplazado por una vision mas amplia, en la cual la estrategia involucra todas las areas y factores de poder del Estado nacion. Quizas la influencia anglosajona, que tiende a amalgamar la estrategia con el accionar del instrumento militar y simplificar en forma arbitraria la realidad, haya influido sobre Aron en este sentido.

Sin embargo, el autor frances supo advertir el vacio del discurso clausewitziano en torno de la crisis (Aron, 1987 [1976], p. 195). La ausencia del concepto de crisis en el tratado descoloca el razonamiento contemporaneo, ya que una comprension binaria de los conflictos actuales en el contexto taxativo de paz o guerra esta alejada de la realidad planetaria, donde la incertidumbre es la circunstancia permanente en las relaciones entre Estados con intereses contrapuestos.

Un punto de destaque para la teoria de la guerra fue la consideracion, dentro del tratado, de variables subjetivas como azar, friccion, genio militar y fuerzas morales. Todas ellas son reivindicadas por Aron (2009 [1987], p. 61) y guardan particular utilidad hasta nuestros dias. La introduccion de estos conceptos revoluciono el arte de la guerra, al proponer que cuestiones tan humanas como las descriptas formaban parte inescindible de las operaciones militares, sobre todo en su ejecucion operativa y tactica. El azar, en particular, reviste especial relevancia en la toma de decisiones y estas "siempre exigiran la participacion de la afectividad" (Aron, 2009 [1987], p. 61). De alguna manera, Clausewitz vislumbra lo que un siglo y medio despues sera conocido como pensamiento complejo (Morin, 2001), que sintetiza la incapacidad del metodo cartesiano tradicional para comprender la realidad y generar efectos concretos. Aun cuando Clausewitz fue un hombre de su tiempo, sujeto al influjo del paradigma cientifico de la fisica mecanica (accion y reaccion, tension y reposo, punto culminante, centro de gravedad y friccion por mencionar algunos de los conceptos contenidos en el tratado), consiguio superar la transicion entre el racionalismo del siglo de Las Luces y el romanticismo de la primera mitad del siglo XIX, y supo dimensionar en su justa medida el valor de lo subjetivo y humano en la guerra (Aron, 2009 [1987], p. 49).

LA DIALECTICA

La influencia de Kant y Hegel sobre Clausewitz y su obra continua siendo tema de debate. Raymond Aron admite tanto la existencia de los juicios criticos como de la dialectica en los contenidos de De la Guerra, aun cuando manifiesta que el prusiano estudio a Kant en "dosis homeopaticas" (Aron, 1987 [1976], p. 281) y que no se puede precisar su conocimiento sobre Hegel. No obstante, y en el caso del empleo de la dialectica, Aron, a instancias de Clausewitz, recurre a la relacion entre opuestos para esclarecer el pensamiento de este, y lo hace mediante binomios antiteticos, de los que tomaremos dos: lo moral y lo fisico, y defensa y ataque.

En cuanto a lo moral y lo fisico, el general aleman dio forma a esta antitesis mediante la representacion, ya mencionada, del duelo proyectado a la lucha a escala entre voluntades. Asi, partiendo de lo fisico en la singularidad de dos luchadores enfrentados, plasma la contradiccion al nivel de Estados--o bien actores estrategicos de magnitud, en la actualidad--que se enfrentan conscientemente para dirimir el conflicto en forma violenta. Para inducir a los conductores politicos y militares a no pasar por alto las magnitudes morales, se remonto a la propia naturaleza del fenomeno belico en cuanto hecho social que compromete por igual al pueblo, al ejercito y al gobierno (concepto trinitario de la guerra). Llama la atencion sobre la indeterminacion de la voluntad, en cuanto fuerza moral, pues nunca se sabe hasta que extremos esta resuelto a llegar el otro (Girard, 2010). Esto da lugar a una caracteristica de la guerra: la incertidumbre sobre la relacion de fuerzas y el desconocimiento de las intenciones del enemigo. Es preciso el coraje moral del conductor militar para decidir ante el peligro, no ya de su propia vida, sino de la supervivencia de los ejercitos que comanda y el logro o el fracaso de los fines politicos que le fueron confiados bajo la forma de objetivos militares de la guerra.

Clausewitz no acepta que el mas debil tiene que ceder y avenirse a la ley del mas fuerte. Por el contrario, la estrategia tiene por mision servir al debil, y esto consiste en asegurar la superioridad temporal del numero en un lugar y un momento determinados. Suele enfatizar el numero como factor de exito, aun cuando en la nocion de superioridad introduce un elemento moral, ya que la misma tropa, imbuida de virtud guerrera multiplica su poder de combate. El jefe y una tropa dotada de elevada moral de combate pueden compensar la inferioridad cuantitativa, aunque solo dentro de ciertos limites.

El jefe del ejercito, dado que el anima y conduce al conjunto, debe conocer las diversas armas, la eficacia de cada una de ellas, la forma de combinarlas, la utilizacion de las plazas fuertes, sin por ello abrumarse con detalles. Del saber necesario para el virtuosismo se deduce el tipo de inteligencia que responde a las exigencias del arte de la guerra: resultan electos los cerebros criticos antes que los creadores, los que abarcan el conjunto antes que los que contemplan una sola direccion, las cabezas frias antes que las ardientes. En la guerra la inteligencia debe sobreponerse al peligro, los esfuerzos fisicos, la incertidumbre y el azar. El coraje es la primera exigencia y virtud original, pero el coraje reviste dos formas: el de arriesgar la propia vida (fisico) y el de asumir responsabilidades (moral). Segun el metodo dialectico, la primera clase de coraje es mas concreta; la segunda lleva mas lejos. Aquella alimenta la constancia o la firmeza, esta la audacia. La union de ambas crea la especie mas perfecta. Pero si una forma debe prevalecer en el jefe militar es la dimension moral. No basta que los hombres adopten resoluciones con facilidad para merecer el calificativo de resueltos; es preciso que sus decisiones se sometan a la reflexion y prevalezcan sobre la duda. La resolucion es el entendimiento que, con plena consciencia de las razones para dudar, ha reconocido la necesidad de decidir y las consecuencias fatales de la vacilacion. Asi, la resolucion deriva mas de los cerebros solidos que de mentes brillantes.

En cuanto al binomio defensa-ataque, Clausewitz propone por un lado la idea de reciprocidad y por otro la nocion de asimetria, en razon de la superioridad de la defensa. Utiliza el concepto de intencion negativa ligado a la defensa para designar un combate que no persigue otro fin que impedir al enemigo alcanzar el suyo. ?Como definir la defensa? Si la definimos por el fin, esta consiste en conservar y su rasgo especifico es la espera, pero no cualquier clase de espera. Una espera pasiva que no contemplase acciones para hacer fracasar el ataque dejaria de pertenecer a la guerra. La defensa rechaza al atacante o lo resiste. El tratado no emplea los terminos rechazar y resistir en forma indistinta. El primero es el mas general, el unico pertinente; designa el acto que se opone efectivamente al ataque, el que provoca su fracaso. Rechazar un asalto--parar un golpe--permite alcanzar el fin de la defensa, esto es, guardar o conservar. Clausewitz utiliza tres nociones para describir la actitud defensiva: rechazar, esperar y conservar. El primero es el concepto, el segundo es la caracteristica y el tercero es el fin. De las enunciaciones previas se deducen dos consecuencias aparentemente divergentes, pero que en realidad son compatibles e incluso complementarias:

No puede concebirse la defensa sin un golpe de vuelta; que este golpe de vuelta es un constituyente necesario de la defensa, mientras que en el ataque, el golpe o accion de atacar es en si mismo una concepcion completa. La defensa en si misma no es necesariamente parte del ataque; pero el tiempo y el espacio, a los cuales esta ligada, introducen la defensa dentro del mismo como un mal necesario (Clausewitz, 1983 [1832], p. 488).

La defensa es doblemente compleja. La espera forma parte de la maniobra defensiva, porque el atacante tiene la iniciativa y el defensor no para los golpes sino en el momento en que los recibe. La defensa necesita del ataque para convertirse en un concepto completo en funcion de la naturaleza misma de la guerra. Seria contrario a la naturaleza de esta recibir golpes sin devolverlos. El ataque necesita de la defensa pues se desarrolla en el tiempo y en el espacio, y pierde progresivamente la superioridad que lo fundamenta. El ataque procura conquistar, no combatir; solo la defensa tiene por finalidad inmediata y absoluta la lucha. Entre el ataque y la defensa, una vez iniciadas las operaciones, hay necesariamente accion reciproca, cada cual quiere cumplir con su intencion, positiva si se trata de conquistar y negativa si fuera el caso de conservar. Asi, la defensa es la forma mas fuerte de la guerra con fin negativo, mientras que el ataque se constituye en la forma mas debil con fin positivo. La defensa seria la forma mas fuerte y mas segura con el proposito de quebrar la voluntad de lucha del enemigo.

La defensa, segun nuestra concepcion, no es otra cosa que la forma mas fuerte de combate. La preservacion de nuestras propias fuerzas y la destruccion de las del enemigo--en una palabra, la victoria--es el objetivo de este combate, pero al mismo tiempo no es su objetivo final. Ese objetivo es la preservacion de nuestro propio estado politico y la derrota del enemigo o, en una palabra, la paz que se tiene en mira, porque este conflicto solo se soluciona con ella y termina en un resultado amplio (Clausewitz, 1983 [1832], p. 445).

La lucha se desarrolla entre dos Estados, o bien entre dos actores estrategicos (como ya explicamos), los cuales quieren imponer su voluntad al otro. Como cada Estado comprende un territorio y un ejercito, estos elementos constituyen el blanco del ataque y la defensa. Cada cual quiere conservarse y destruir lo que posee el enemigo. Como el territorio esta dominado por el ejercito, pero no a la inversa, al menos a corto plazo, el primer objetivo de quien quiere abatir al otro esta configurado por las fuerzas armadas del adversario.

GUERRA Y PAZ

Mas alla de las maniobras defensivas y ofensivas se pueden colegir algunas reflexiones sustanciales. No era un concepto aceptado por la Europa de las contiendas dinasticas--empenada en campanas militares a partir de intereses personales antes que de conjunto--, que la guerra, en cuanto hecho deliberado y consciente bajo responsabilidad del Estado nacion, busca finalmente recuperar la paz y recomponer un escenario politico adverso. El ad bellum con el cometido ultimo de lograr la paz es una consideracion clara dentro del tratado y su aporte a la politica es sustantivo. No obstante, esto no fue cabalmente entendido por Roosevelt, Truman y Eisenhower durante la Segunda Guerra Mundial, ya que se enfocaron en la destruccion del poder militar del Eje como objetivo de la campana, sin mayores previsiones respecto de las consecuencias potenciales. La guerra, explica Clausewitz y destaca Aron, se debe conducir con la idea de la paz final a lograr, no con la meta de la victoria operacional inmediata (Aron, 1987 [1976], p. 250).

Pero, ?mantiene vigencia la condicion beligerante de un actor estrategico en funcion de un territorio a preservar y un ejercito que lo defienda? Con ciertas adaptaciones, la respuesta es afirmativa. Si asumimos que por ejercito se interpreta un vector o brazo armado en capacidad de generar efectos militares, y por territorio a la localizacion geografica desde o hacia donde se ejerce el poder con fines de conquista o preservacion, podemos entonces deducir la vigencia del concepto clausewitziano. Se trataria de observar la conducta de ISIS, que proclamo el Califato Islamico con la intencion de establecer su poder politico (mediante el empleo del factor militar) a partir de un protoestado cuya capital fue Mosul. Vale decir, que un vector terrorista insurgente se propuso fines hegemonicos religiosos, para los cuales aplico medios pertinentes (actor estrategico) y se apodero de un territorio situado entre Irak y Siria.

Claro que la postura de Raymond Aron en torno de Clausewitz tambien tiene opositores. Entre ellos, uno de los mas importantes es Rene Girard (2010), quien en su obra Clausewitz en los extremos apela a su teoria mimetica para subrayar el fracaso de la politica como ente rector y moderador de la violencia en la guerra. Girard hace foco en la obra de Aron y sostiene la tesis de que el propio Clausewitz advirtio la ingobernabilidad de las pasiones en el marco de la lucha, y que ante la falta de racionalidad que caracteriza la guerra se debe utilizar la politica como instrumento de prudencia. Girard sostiene que ante semejante evidencia Clausewitz amano un discurso en torno de la politica, a sabiendas de lo esteril del recurso, pero con la esperanza de que al menos atemperase la violencia reciproca.

Tambien varios autores relativizan la continuidad de los Estados nacion como modelo de referencia en el concierto internacional. Como alternativa natural predicen la conformacion de bloques, alianzas y comunidades que involucren varios paises con intereses en comun. Si bien esta es una tendencia plausible, no es menos cierto que el planeta en su conjunto dista mucho de conformar un sistema armonico en el cual el conflicto fuera irrelevante. Por el momento el Estado nacion continua siendo la organizacion politica en mejores condiciones de lidiar con el escenario de principios del tercer milenio, hasta para acompanar una posible transicion hacia agrupamientos mayores.

Aun si todos los Estados invocaran la misma ideologia, no se unirian bajo el reinado de uno solo, ni bajo la legislacion de un parlamento planetario. Por un lapso que nadie puede precisar, la humanidad esta condenada a la coexistencia mas o menos pacifica entre pueblos que se comprenden mal, entre Estados que se quieren soberanos y entre ideologias incompatibles (Aron, 1987 [1976], p. 208).

Y a pesar de sus mejores esfuerzos, Aron nos advierte que el pseudoparlamentarismo de las Naciones Unidas caricaturiza los parlamentos nacionales, y la sociedad planetaria sigue siendo anarquica (Aron, 1987 [1976], p. 212). Si a esto le agregamos la aparicion del terrorismo a escala, las diferencias religiosas y culturales, y las reacciones xenofobas, estaremos ante un rompecabezas de dificil ensamble.

CONCLUSIONES

Es preciso ahora elaborar algunas consideraciones. Para ello presentamos una serie de interrogantes:

?La guerra es todavia una forma de accion de la politica?

?El factor militar como instrumento y medio de ejecucion, se subordina a los fines impuestos por la politica en el contexto de la guerra?

?Se mantiene la condicion de violencia para caracterizar los enfrentamientos belicos?

?Guarda aun sentido otorgarle a la politica el rol de moderacion para evitar el ascenso a los extremos de la violencia en la guerra?

?Esta vigente el significado politico del aniquilamiento antes que la interpretacion material del mismo?

?Es aplicable actualmente la orientacion y pertinencia del objetivo militar a lograr dentro del teatro de operaciones con el fin perseguido por la politica en la guerra?

?Se mantiene la diferenciacion entre teoria y doctrina? ?Es util tal disquisicion en la actualidad?

?Reviste utilidad aplicar el concepto trinitario de la guerra a los conflictos armados de hoy?

?Es eficaz el discurso clausewitziano para tratar las denominadas guerras hibridas y de cuarta generacion?

?Continua siendo atribucion de la politica determinar el tipo de guerra a emprender, fijar sus limites y establecer las condiciones finales de la paz?

?Resulta todavia aplicable distinguir entre guerra real, guerra absoluta y guerra total?

?Es pertinente tratar las nuevas amenazas a la seguridad en tanto formas de violencia que afectan la soberania estatal desde el concepto amplio de la teoria clausewitziana?

?Estan en vigor las nociones de azar, fuerzas morales, friccion y genio militar para comprender las guerras de hoy?

?Es plausible el Estado nacion como organizacion politica en los albores del siglo XXI?

La respuesta en todos los casos es afirmativa y demuestra no solo la trascendencia de Clausewitz, sino la utilidad del analisis agudo de Raymond Aron sobre su obra. Definitivamente, la vigencia de Aron tiene que ver con lo profundo de sus disquisiciones y la vinculacion con otras ciencias y disciplinas, entre ellas, la polemologia. Su aporte permite aproximarse a Clausewitz de manera mas clara e inteligible, y, si bien su obra esta situada en pleno siglo XX, trata aspectos intemporales de la guerra. Esto nos indica que tanto Clausewitz como Aron, cada uno en su tiempo y escenario, forman parte de las obras clasicas a las cuales recurrir para adentrarse en las esencias de lo belico y del conflicto. Se podra no coincidir con ellos, o hacerlo en forma relativa, pero en modo alguno se podra obviarlos si se pretende entender un hecho que ha ocupado a la humanidad en forma constante en los ultimos 5.500 anos.

En sintesis, la guerra se mantiene como una opcion de la politica para dirimir los conflictos. Ha mutado a traves del tiempo, acompanando los desarrollos tecnologicos, y se ha revestido de cambios instrumentales en sus sistemas de armas y formas tacticas y estrategicas, pero persevera en su naturaleza violenta, que la define y distingue.

"La guerra no es un pasatiempo, ni es una simple pasion por la osadia y el triunfo, ni el resultado de un entusiasmo sin trabas; es un medio serio para un fin serio" (Clausewitz, 1983 [1832], p. 23).

https://doi.org/10.24215/23468904e074

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Hernan Cornut

Facultad del Ejercito--Universidad de la Defensa Nacional, Argentina

hernancornut@gmail.com

Recepcion: 28 septiembre 2018 | Aprobacion: 15 octubre 2018 | Publicacion: 04 febrero 2019
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Author:Cornut, Hernan
Publication:Cuestiones de Sociologia: Revista de estudios sociales
Date:Feb 1, 2019
Words:10639
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