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Caballeros ilustrados: Forner, Cadalso y Don Quijote en la batalla por Espana.

A mediados del siglo XVIII, Espana se hallaba en plena crisis de identidad. Con la Paz de Westfalia de 1648, habia cedido a Francia la supremacia politica y cultural en Europa, mientras que Inglaterra y Holanda, gracias a su desarrollo economico, tomaban la iniciativa desde finales del siglo XVII en la produccion cientifica e intelectual (Sanchez-Blanco 18-21). Al aferrarse a los valores de la Contrarreforma, Espana se habia alejado de la Ilustracion y de su fe en el pensamiento racional (Torrecilla, El tiempo 37), por lo que surgio "un desfase cada vez mas considerable respecto a una Europa ya muy tecnificada", de la que Espana se vio obligada a importar fisicos, matematicos, astronomos y cartografos para mantener su poderio colonial (Dominguez Ortiz 169). Conscientes de este atraso, los gobiernos de Felipe V y Fernando VI buscaron fortalecer la nacion con una serie de reformas destinadas a centralizar la autoridad y fomentar la industria y el comercio (Sanchez-Blanco 65-68). Sin embargo, como explica Jesus Torrecilla, los espanoles entendian la modernidad en terminos mas espaciales que temporales. Al asociar el progreso con Europa, y en particular con el vecino ultramontano, el deseo de los espanoles de imitar lo moderno entraba en conflicto con el deseo de preservar la identidad nacional (Torrecilla, "La luz" 295 y El tiempo 37).

Esta tension entre el progreso ilustrado y la identidad espanola ocupa un lugar central en la obra de Jose Cadalso (1741-1782) y Juan Pablo Forner (1756-1797). Cadalso, en sus Cartas marruecas (1773-74, publicadas postumamente en 1789), busco desmentir el juicio negativo sobre Espana que se habia propagado en obras como las Lettres persanes (1721) de Montesquieu (Torrecilla, "La luz" 276-77). Al considerar tanto los meritos como las debilidades del pais, Cadalso combina el elogio del pasado y el lamento por la corrupcion de las costumbres con una propuesta de modernizacion a traves del desarrollo cientifico. Su obra se propone, basandose en el concepto neoclasico del "justo medio", realizar "la critica de una nacion" de la manera mas imparcial posible (Cadalso 82).

Durante la decada siguiente, Forner tambien tomo la pluma para defender a su pais, pero esta vez el rival era el frances Nicolas Masson de Morvilliers, quien en un articulo de la Encyclopedie methodique de 1782 habia afirmado que Europa no le debia nada a Espana (Canavaggio 93). En su respuesta, la Oracion apologetica por la Espana y su merito literario (1786), Forner invierte la acusacion y presenta a Espana como la unica defensora del pensamiento practico frente a la invasion de los sistemas filosoficos abstractos (Forner 92). Enemigo de Voltaire, Forner busca imponer limites a "las extravagancias de la razon" y entiende la religion como "la principal ciencia del hombre" (90).

A pesar de sus visiones encontradas acerca del caracter nacional, tanto Cadalso como Forner toman a Don Quijote como arma en la batalla por Espana. Recurrir al texto de Cervantes para apoyar un proyecto moral o civico era una tactica frecuente en el siglo XVIII. Como senala Ascension Rivas Hernandez, el Quijote, despues de su esporadica edicion durante el ultimo cuarto del siglo XVII, conocio una "apoteosis" editorial a partir de su reimpresion en Barcelona en 1704 y llego a difundirse por toda Europa mediante traducciones, imitaciones y aproximaciones criticas (16-17). En esta amplia comunidad de lectores, el Quijote ofrecia una base comun para la argumentacion, ya que el texto habia alcanzado tanta popularidad que una mera alusion bastaba para indicar la referencia. Al mismo tiempo, el triunfo del racionalismo habia impulsado una busqueda de datos objetivos acerca del autor y su obra para facilitar una interpretacion didactica (17-19). Conforme a la politica social del Neoclasicismo, el Quijote se usaba como arma domestica en la educacion de las masas, pero su difusion en varios idiomas tambien lo habilito para las batallas textuales a escala continental. En Francia, por ejemplo, se publicaron cincuenta ediciones entre 1700 y 1799 (Canavaggio 84). Si los franceses y, mas tarde, los ingleses podian interpretar el Quijote como sintoma o hasta como causa de la decadencia espanola, los espanoles podian citarlo como su maxima contribucion a la cultura europea (93-94).

Aunque la critica ha senalado con frecuencia el uso del Quijote en la obra de Cadalso y Forner, ha tendido a aislar a los escritores o destacar sus similitudes en vez de sus diferencias. (1) El proposito del presente trabajo es estudiar la interpretacion del Quijote de cada autor en relacion a su proyecto nacional. Para ubicar a Cadalso y Forner dentro de su contexto historico, considero en primer lugar las interpretaciones mas comunes de la obra de Cervantes durante el siglo XVIII. Despues de determinar de que manera los autores son representativos de su epoca, analizo la coherencia o la tension en su uso del Quijote frente a sus otras estrategias retoricas. Por ultimo, al comparar el texto de Cervantes con la interpretacion de cada autor, argumento que Forner recurre al Quijote para cerrar el discurso y postular una sola verdad, mientras que Cadalso, pese a ejemplificar el racionalismo ilustrado, usa el Quijote para relativizar su punto de vista y generar una inestabilidad semantica.

Don Quijote como texto ilustrado

Es un lugar comun en la teoria literaria que, frente a un conjunto de palabras fisicamente estable, cada lector aporta su interpretacion particular del texto a partir de sus inquietudes y formacion cultural. El posestructuralismo nos ha ensenado que no existe ninguna lectura "correcta" de una obra, sino que ciertas interpretaciones adquieren mas validez que otras de acuerdo con las pautas de analisis de una sociedad durante un momento historico determinado. El Quijote ofrece una prueba convincente de esta linea de pensamiento, ya que cada generacion lo ha interpretado a su manera segun las necesidades de la epoca. Hoy en dia, predominan la lectura romantica, impulsada por los intelectuales alemanes del siglo XIX, y la metaficticia, que subraya las mascaras narrativas de Cervantes y sus juegos con las convenciones de la ficcion. (2) En el siglo XVII, sin embargo, despues de su publicacion en 1605 (primera parte) y 1615 (segunda parte), el Quijote se consideraba ante todo un libro comico. Como explica P. E. Russell, "For more than one and a half centuries after the book was first published, readers, not only in Spain but in all Europe, apparently accepted without cavil that Don Quixote was simply a brilliantly successful funny book" (312). Tal vez el ejemplo mas conocido de esta opinion sea la famosa anecdota de Baltasar Porreno, segun la cual Felipe III, al escuchar la risa de un muchacho con un libro, afirmo que "Aquel estudiante esta fuera de si o lee la historia de Don Quijote" (Rivas Hernandez12). Se destacaba en el siglo XVII el caracter ridiculo del protagonista y de su escudero. Al comentar esta lectura, Anthony Close ve la obra como tipicamente burlesca: "Don Quixote is burlesque in most of its principal aspects. What sort of burlesque? The answer is 'Every sort'" (19). Rachel Schmidt, por su parte, siguiendo el analisis de Mijail Bajtin, ha mostrado la conexion entre las ilustraciones contemporaneas de la obra y el predominio de la vision carnavalesca (Critical 31-46).

Con la llegada de la Ilustracion en el siglo XVIII, la interpretacion normativa, ya presente entre los primeros lectores (Rivas Hernandez 15), se volvio cada vez mas frecuente. Las semillas de esta lectura se encontraban en el Prologo a la primera parte de 1605, donde el amigo del narrador le aconseja "derribar la maquina mal fundada de estos caballerescos libros, aborrecidos de tantos y alabados de muchos mas" (Cervantes 14). Para los lectores ilustrados, el castigo al protagonista reflejaba la critica del autor a las perniciosas novelas de caballerias (Rivas 15); se buscaba educar al publico y refinar sus gustos literarios mediante un ejemplo negativo. Carroll B. Johnson ha destacado este vinculo entre la Ilustracion y las normas de comportamiento social: "Don Quixote's madness is defined as a rupture with the norm, a flight from reason, a refusal to see things as they are, for which he is roundly, repeatedly, and justly punished" (25). La vision didactica del Quijote, al ofrecer un modelo para la convivencia, se presto a la critica de las costumbres nacionales. Era comun encontrar en la obra un ataque a los eclesiasticos entremetidos en los asuntos de los nobles y una critica al concepto de la honra (Close 11-12). Esta segunda interpretacion resulta particularmente logica en una epoca en que el reclutamiento de funcionarios para el gobierno absolutista favorecia la inteligencia y el conocimiento tecnico por encima del linaje (Sanchez-Blanco 64-68).

Pero no solo es que el Quijote se interpretara de manera neoclasica, sino que la obra entera y su autor habian llegado a considerarse representativos de la Ilustracion. Rachel Schmidt ha subrayado la conexion entre las ediciones de lujo del siglo XVIII y su nueva funcion social: "The semantic link between the terms 'classic', as applied to a canonized work, and 'neoclassicism', as applied to the early modern aesthetic, reveals the crucial connection between Don Quixote's new status and the aesthetic that informs it" (Critical 47). Ya se habia fijado la base teorica para su canonizacion. La Poetica de Ignacio Luzan, publicada en 1737, exigia a las artes una mayor verosimilitud frente a los excesos del periodo barroco (Sanchez-Blanco 68). Si bien el Quijote no cumplia con las unidades neoclasicas de tiempo, de lugar y de accion, sus lectores en el siglo XVIII elogiaban su estilo decoroso y equilibrado (Rivas Hernandez 20-21), que llego a usarse, aun mas que en el siglo anterior, como modelo de escritura castellana (Close 11). Al mismo tiempo, la proliferacion de los comentarios sobre la obra y el renovado interes en la vida del autor entronaron a Cervantes en el panteon neoclasico. Visto como critico mordaz y satirico ejemplar, el autor fue elogiado por figuras como Voltaire y Rousseau por su buen gusto y su manejo de la ironia (Close 12-13). Hasta en Inglaterra, como muestra Schmidt en su analisis de dos retratos en una edicion britanica de 1738, Cervantes aparecia como caballero y soldado ilustrado, con control absoluto sobre sus personajes, resuelto a corregir los errores de su siglo (Critical 47-55).

Juan Pablo Fomer y la "verdad" del Quijote

La interpretacion de Don Quijote en la Oracion apologetica de Forner, pese a sus puntos de contacto con las lecturas neoclasicas predominantes, debe entenderse en relacion a las disputas filosoficas de la epoca. Jose Antonio Maravall nos recuerda que existia en el siglo XVIII una fuerte polemica entre los partidarios de Descartes, quienes favorecian los principios abstractos, y los partidarios de Bacon, quienes favorecian un metodo empirista basado en la experimentacion y la observacion de los hechos (43). Forner se asocio al segundo grupo, pero mantuvo la desconfianza de sus compatriotas hacia el calculo, preconizado por la fisica de Newton, que los espanoles tendian a considerar una complicacion innecesaria (Sanchez-Blanco 86-87). No sorprende, por lo tanto, que el contraataque de Forner a Masson de Morvilliers se base en el rechazo de lo abstracto y el elogio de lo concreto.

Forner comienza su Oracion apologetica vinculando la gloria cientifica de una nacion con la utilidad de sus establecimientos y sistemas (7). El verdadero saber, argumenta el autor, no consiste en la invencion de sistemas abstractos sino en la observacion de los "designios del Omnipotente" (8). En su interpretacion de la historia espanola, que proyecta hasta los tiempos prerromanos, Forner invierte la acusacion de los franceses, que habian explicado el atraso de Espana por su lealtad al escolasticismo. Segun Forner, al luchar contra los invasores arabes, los espanoles tomaron de sus enemigos todo lo bueno y lo util, como las matematicas, la astronomia y la medicina (58). Los extranjeros, en cambio, tomaron lo malo y pervirtieron lo bueno, con lo cual abandonaron "el estudio de la experiencia y verdad" e "inundaron de vanidades la religion y filosofia" (59). El escolasticismo, por lo tanto, lejos de ser un invento espanol, entro desde Bolonia y Paris (60-61). Los espanoles, ademas, no solo no tienen la culpa del pensamiento escolastico, sino que han sido acerrimos defensores de la utilidad. En Espana nacieron o estudiaron los que "han declamado contra las extravagancias de la razon" y "han procurado restituirla al recto conocimiento de la verdad" (90). Asi, para Forner, Espana es la heredera de la Grecia antigua y "ha defendido a la humanidad de las invasiones de nuevas dolencias" (92) provenientes del rival ultramontano.

Si recordamos la teoria de Jesus Torrecilla segun la cual los espanoles entendian el problema de la modernidad en terminos espaciales, pareceria que Forner traza una distincion similar entre la utilidad nacional y la abstraccion extranjera. Sus ideas se enmarcan en el contexto de la "ciencia util", iniciada durante el segundo reinado de Felipe V (Sanchez-Blanco 64); pero al rechazar la especulacion y subordinar la razon a la doctrina, Forner se niega a seguir el desarrollo tecnico hasta sus ultimas consecuencias. En respuesta a Masson, Forner cita con orgullo los avances en la navegacion y en el arte militar (68), con los que Espana ha descubierto America y ha abierto nuevas oportunidades para el comercio en Oriente y Occidente (9293). El mayor logro espanol, no obstante, tal vez sea negativo: a diferencia de sus vecinos europeos, Espana no ha creado ninguno de los "mundos imaginarios" de los sistemas filosoficos (67).

Forner presenta en los mismos terminos su interpretacion del Quijote. En un pasaje conocido, equipara al texto de Cervantes con las abstracciones de los filosofos: "Para mi, entre el Quijote de Cervantes, y el Mundo de Descartes, o el Optimismo de Leibniz, no hay mas diferencia, que la de reconocer en la novela del espanol infinitamente mayor merito que en las fabulas filosoficas del frances y del aleman" (17). Hay en esta afirmacion, como sugiere Canavaggio, un elogio del texto nacional por excelencia frente a la produccion intelectual europea (94); pero como son "todas ficciones diversas solo por la materia" (Forner 17), la obra de Cervantes solo resulta superior gracias a sus consecuencias practicas. Conforme con la lectura didactica del siglo XVIII, Forner valora el Quijote por su critica a los libros de caballerias. Por medio de Cervantes, "logro el mundo el desengano de muchas preocupaciones que mantenia con perjuicio suyo" (17). Con el Quijote tambien, Forner presenta el conflicto entre lo concreto y lo abstracto en terminos espaciales, ya que la ficcion caballeresca llego como invasion francesa y tenia "como en embeleso a la ociosa curiosidad del vulgo infimo y supremo" (137), hasta que Juan Luis Vives, filosofo modelo y defensor de la verdad (132-35), inspiro a Cervantes a escribir su obra (137). El Quijote, por lo tanto, gracias al saber tradicional espanol, combate la perniciosa influencia francesa y las arbitrariedades del pensamiento ilustrado. Tal vez Forner hasta se asigne a si mismo una tarea parecida al luchar contra "la audaz y vana verbosidad de una tropa de sofistas ultramontanos" (12), cuya obra recuerda los libros de caballerias y pone en peligro, al juntar "la malignidad al delirio" (14), la rectitud, la justicia y el decoro.

Hay otras consecuencias, sin embargo, de mencionar el Quijote al lado de las obras de Descartes y Leibniz. El elogio de Forner a Cervantes es tan solo relativo. Los tres elementos de la comparacion, segun Forner, tienen la ficcion como rasgo en comun, y el autor ha afirmado poco antes que "las ficciones nacen ordinariamente despues que se ha agotado el descubrimiento de las verdades, y una nacion, en poseyendo estas, debe reputar aquellas como una superfluidad mental que adorna, pero no sirve" (9). De acuerdo con esta logica, Espana, el unico pais que ha conservado las verdades, deberia ver el Quijote, junto con las demas obras de ficcion nacionales o extranjeras, como un adorno inutil. Rechazando el precepto neoclasico de "ensenar deleitando", Forner espera el dia en que "se estimen los libros por lo que instruyan, no por lo que deleiten" (97). Su interpretacion del Quijote, entonces, se limita a la critica de costumbres y se resiste a considerar sus componentes imaginativos. El texto de Cervantes no se valora como obra literaria sino como arma en la batalla contra los libros de caballerias, que Forner asocia con la ignorancia de las masas y la abstraccion inutil de los extranjeros. El Quijote, en esta vision de Espana, merece su fama a pesar de ser una obra de ficcion.

El concepto del "desengano", palabra que figura nueve veces en la Oracion apologetica, ayuda a mostrar como Forner recurre al Quijote para presentar una sola verdad y cerrar las posibilidades de interpretacion. El "desengano" de los lectores por medio de Cervantes tiene un paralelo con la obra de Vives, a quien Forner elogia por "los innumerables desenganos con que reprimio los vagos vuelos e intrepida lozania de la mente" (134). Como observa Sanchez-Blanco, algunos intelectuales espanoles del siglo XVIII, reacios a apoyar la nueva fisica de Newton, volvieron a la filosofia de Vives a la hora de combatir el escolasticismo (30). Forner, sin embargo, extiende los terminos de la lucha: los mismos limites que Vives habia impuesto a la razon ofrecian un arma eficaz, dos siglos y medio mas tarde, en contra de la critica racional volteriana. Al limitar los "vuelos" tanto de la ficcion como de la filosofia, el desengano de Cervantes y Vives protege la verdad frente a "la vasta multitud de ficciones y conjeturas que nos agobian sin asegurarnos" (Forner 66). El "pequeno numero de verdades, sujetas a evidente demostracion" (65-66), se subordina a la verdad superior de la religion, "la principal ciencia de los hombres" (90) segun Forner.

Forner se aparta asi del valor del "desengano" en el periodo barroco, donde la revelacion de la verdad no bastaba para despejar las dudas. En La vida es sueno de Calderon, por ejemplo, Segismundo acepta la moral cristiana tras vacilar entre el sueno y la vigilia, el engano y la realidad, pero aun en el momento de mayor lucidez su comportamiento se rige por la incertidumbre. Ante el asombro de los demas personajes, Segismundo explica su decision de obrar bien por si acaso: "?Que os espanta, / si fuese mi maestro un sueno, / y estoy temiendo en mis ansias / que he de despertar y hallarme / otra vez en mi cerrada / prision?" (3305-10). De manera parecida, si bien El buscon de Quevedo presenta el fracaso de Pablos tras varios intentos de hacerse pasar por noble, la capacidad del picaro de enganar a los miembros de la corte revela la importancia de las apariencias en la estratificacion social. Hasta en el Quijote, la discusion entre el protagonista y el barbero acerca de la esencia de una bacia (Cervantes 465), episodio que podria interpretarse como conflicto entre ilusion y realidad, introduce la posibilidad del perspectivismo, que reconoce la multiplicidad de las realidades individuales (Schmidt, Forms 29-30). Tales dudas nunca surgen en la Oracion apologetica. Forner, a diferencia de Cervantes y sus contemporaneos, cierra tales interpretaciones con su lectura del Quijote, en la que el caballero andante se ha puesto al servicio de la verdad.

Jose Cadalso: novela y nacion

Las Cartas marruecas se insertan en la tradicion de la literatura de viajes, genero que habia alcanzado gran popularidad en el siglo XVIII. Se usaba la figura del viajero procedente de un pais lejano para analizar, de manera supuestamente libre de prejuicios, las costumbres de la sociedad europea (Torrecilla, "La luz" 271). En la Introduccion a la obra, el mismo Cadalso resume las convenciones genericas y alude a sus antecedentes: las Mitres persones (1721) de Montesquieu, las Tettres d'ttne tnrqne a Pans (1731) y las Cartas chinescas (1739-40) de jean Baptiste d'Argens (Cadalso 78). Puede anadirse The Citizen of the World, publicado por Oliver Goldsmith en 1760, con su clara resonancia cosmopolita (Sebold 42). La obra de Cadalso consta de noventa cartas ficticias intercambiadas entre tres personajes: el espanol Nuno Nunez, el joven marroqui Gazel, quien ha llegado a Espana con el embajador de su pais, y el sabio Ben-Beley, mentor de Gazel, quien reside en Africa apartado de la corte del emperador.

Las Cartas marruecas parecen responder a la misma inquietud patriotica que la obra de Forner. En su Defensa de la nation espanola contra la carta persiana 1PXXVTII de Montesquieu, en la que el frances habia satirizado los papeles sociales de Espana para asociar al pais con el despotismo oriental, Cadalso manifiesta su orgullo nacional al rechazar las criticas de los extranjeros (La Rubia Prado 212-13). Jesus Torrecilla, quien senala el vinculo entre la respuesta de Cadalso y su comparacion critica de las naciones en las Cartas marruecas, considera a esta obra "una reaccion defensiva contra las afirmaciones antiespanolas de la Carta persa LXXVIII y escritos similares", en su mayoria franceses (277). Las Cartas marruecas, segun esta interpretacion, se relacionan menos con la literatura utopista y filosofica de Montesquieu que con las obras apologeticas que abundaban en la epoca (277), entre las cuales, como he observado, figuraria la Oracion apologetica de Forner.

Para establecer este paralelo, la critica ha tenido que encontrar la voz de Cadalso en las de sus tres corresponsales. Si bien cuestionare mas adelante esta equivalencia entre los personajes y el autor, puede tomarse como hipotesis de trabajo la conclusion de Russell P. Sebold, quien entiende a Nuno como alter ego de Cadalso. Para Sebold, las frecuentes alusiones autobiograficas en la obra y las similitudes entre los dos espanoles introducen un componente de subjetividad nacional (52-53). El nombre de Nuno, asociado con militares y conquistadores, "representa una nocion de la quintaesencia del heroismo espanol" (54). Es verdad, como concede Sebold, que Nuno escribe tan solo diez de las noventa cartas, pero su voz se comunica a traves de Gazel, quien suele comentar las ideas del espanol en sus cartas a Ben-Beley (52-53). Nuno se relaciona con el sabio anciano, a su vez, mediante el concepto de la "hombria de bien", cualidad que valora la amistad, la benevolencia y la responsabilidad civica (46).

Una vez superado el aspecto ficticio de las Cartas marruecas, surgen varios puntos de contacto con la obra de Forner. Los autores comparten, por ejemplo, la nocion neoclasica del "justo medio", que fundamenta el deseo de imparcialidad en las Cartas marruecas (Sebold 40-41) y la critica a los excesos de la filosofia en la Oracion apologetica. Cadalso y Forner concuerdan tambien en sus ataques al escolasticismo. En la carta LXXVIII, Gazel presenta las criticas de Nuno a los que pierden el tiempo en disputas inutiles (Cadalso 270-75). Para Nuno, hay que trabajar en las "ciencias positivas, para que no nos llamen barbaros los extranjeros" y "dar obras al publico sobre materiales utiles" (274). Si bien Cadalso preconiza la fisica moderna y las matematicas abstractas, y reconoce el desfase de Espana con el resto de Europa, basa sus argumentos, al igual que Forner, en el principio de la utilidad.

Aunque se notan en estos ejemplos las diferencias que se introducen a partir de unos presupuestos compartidos, las opiniones de Cadalso acerca de la lengua forman un paralelo directo con la actitud defensiva de la Oracion apologetica. En la carta VIII, Gazel comenta el proyecto de Nuno de escribir un diccionario de la lengua castellana, en el que publicaria "lisa y llanamente el sentido primitivo, genuino y real de cada voz, y el abuso que de ella se ha hecho" (109). Esta busqueda de los origenes, si bien intenta corregir el abuso en el "trato civil" (109), que aparece como problema comun a los idiomas europeos (176), reacciona en particular contra la invasion de los galicismos. Al ver una carta de su hermana afrancesada, Nuno critica el uso de expresiones como "el maitre d'hotel" y "viene de arribar de Paris", por las que no se entiende la mitad del contenido (171). No se trata, sin embargo, de una mera dificultad de comunicacion. Poco despues, en la carta XXXVI, Gazel relaciona "la corrupcion de la lengua" con la de las costumbres (175), y Nuno identifica una brecha en la continuidad historica del pais: "!que chasco llevaria uno de mis tatarabuelos si hallase ... un papel de mi hermana a una amiga suya" (170). Cuando Nuno se imagina tambien la reaccion del conde Fernan Gonzalez ante la carta afrancesada, se explicita su concepto espacial de la corrupcion de las costumbres: a causa de la influencia francesa, se rompen los lazos entre los espanoles del siglo XVIII y sus gloriosos antepasados. El diccionario de Nuno es un arma para defender la identidad espanola.

Sin embargo, incluso si se acepta la lectura autobiografica de las Cartas marruecas, surge un conflicto entre la lealtad de Cadalso al pasado nacional y su busqueda de progreso a traves de la modernizacion. Por un lado, en sus opiniones sobre la sociedad civil, Nuno se acerca a la imagen del philosophe difundida por la Encyclopedie de Diderot (Sebold 47). Reconoce el atraso del pais, en particular su decadencia militar, cultural y economica, y propone reformas para ponerse al dia con el resto de Europa (Torrecilla, "La luz" 280). Por otro lado, Cadalso se aferra a las tradiciones. En una vision casi mitica de la historia espanola, nombra a los Reyes Catolicos como los maximos representantes de la gloria nacional (Cadalso 88) y defiende la colonizacion de America, sobre todo la conquista de Mexico (110-18). El elogio de Cadalso a Hernan Cortes, visto como carnicero por los ilustrados europeos (Sebold 55), lo aisla de la imparcialidad y el cosmopolitismo que proclama en otras secciones de la obra. Torrecilla relaciona esta ambiguedad con el riesgo de perder la identidad al implementar la modernizacion extranjera ("La luz" 280-91), mientras que Sebold entiende las contradicciones como un conflicto entre "la postura del filosofo del Siglo de las Luces, u hombre de bien, y la de leal vasallo de la secular monarquia espanola" (41). Para este critico, se trata de una lucha desigual, en la que "el sentimentalismo nacionalista de Cadalso ha vencido a su intelectualismo cosmopolita" (58).

La misma tension se refleja en la interpretacion del Quijote con la que se abren las Cartas marruecas. En la primera frase de su Introduccion, Cadalso presenta "la inmortal novela" en la que Cervantes "critico con tanto acierto algunas viciosas costumbres de nuestros abuelos" (77) como el texto fundacional de las criticas nacionales. Segun esta logica, el genero epistolar, dentro del cual Cadalso coloca a sus modelos, tendria en el Quijote su punto de origen. Por un lado, como senale al considerar las lecturas del Quijote en el siglo XVIII, Cadalso invoca la interpretacion ilustrada de Cervantes como maestro de la satira y corrector de su sociedad. Las "viciosas costumbres" mencionadas por Cadalso podrian corresponder, por lo tanto, a la lectura de los libros de caballerias, al rechazo a las normas o al abandono de la razon.

Por otro lado, sin embargo, describir el Quijote como el predecesor de la literatura de viajeros, genero que Cadalso toma de escritores franceses y britanicos, constituye un intento de nacionalizar lo extranjero (Torrecilla 287). Si el modelo estilistico ya no es el enemigo Montesquieu sino, en el fondo, el compatriota Cervantes, un Cervantes recientemente canonizado por los criticos y editores ilustrados, Cadalso evita un conflicto de identidad. Su interpretacion del Quijote le permite recurrir a un genero historicamente espanol para analizar la realidad espanola.

Algunas interpretaciones del Quijote en las Cartas marruecas son tipicas de su epoca. Cadalso, al igual que Forner y muchos de sus contemporaneos, presenta a Cervantes como prosista ejemplar. En la carta VIII, su nombre figura entre los modelos estilisticos cuya obra suele citarse en los diccionarios (108), y gracias a su influencia, aun se publican unos pocos libros en el "castellano puro, fluido, natural, corriente y genuino" de las epocas pasadas (242). Este Cervantes no solo representa lo mejor de la tradicion literaria espanola sino que, si recordamos el rechazo de Cadalso de los galicismos, sigue defendiendo la pureza del idioma. En la carta LXXXIII, por otra parte, Gazel incluye a Cervantes en su lista de los grandes espanoles perseguidos por su patria (287). Si bien esta interpretacion parece pertenecer mas a la critica individual de Cadalso que al conjunto de lecturas tipicamente neoclasicas, el lamento de Gazel ante la escasez de datos biograficos refleja el interes de los lectores del siglo XVIII en conocer la vida del autor (Rivas Hernandez 17).

Hay, no obstante, un aspecto de la interpretacion del Quijote en el que Cadalso se aparta de su contexto historico. La carta LXI, citada con frecuencia por la critica, presenta las impresiones de Gazel despues de haber leido el Quijote, sin mencionar ni el titulo del libro ni el nombre del autor. Tan solo se afirma que "en esta nacion hay un libro muy aplaudido por todas las demas", en el que se leen "una serie de extravagancias de un loco, que cree que hay gigantes, encantadores, etcetera; algunas sentencias en boca de un necio, y muchas escenas de la vida bien criticada" (224). Hasta aqui, la cita es un compendio de lecturas tipicas del siglo XVIII. A nivel social, la alusion de Gazel solo es posible gracias a la proliferacion de ediciones, imitaciones y comentarios: no hace falta incluir mas informacion porque ya todos han leido y conocen el Quijote. De manera parecida, el aplauso por parte de las otras naciones evidencia una comunidad europea de lectores, posibilitada por la traduccion, que reconoce el merito de la obra literaria espanola por excelencia. Por ultimo, el sentido etimologico de "extravagancias"--ir mas alla de los limites--resume la interpretacion didactica de la obra. El protagonista esta fuera de contacto con la realidad y recibe un justo castigo por infringir las normas sociales.

El resto de la cita es menos transparente y resulta, por lo tanto, mas digno de interes. Al comentar el Quijote, Gazel afirma que "ninguna obra necesita mas que esta el diccionario de Nuno" (224). Pareceria tratarse de una contradiccion, ya que el diccionario de Nuno serviria para eliminar la corrupcion del lenguaje, y Cervantes, tanto para Cadalso como para sus contemporaneos, es un maestro del decoro linguistico y moral. La opinion de Gazel se explica mejor en relacion a su "sospecha de que el sentido literal es uno, y el verdadero es otro muy diferente" (224). La obra de Nuno, por lo tanto, ayudaria a resolver el enigma del Quijote al aclarar la conexion entre la superficie jocosa y el mensaje oculto, "un conjunto de materias profundas e importantes" (224). Al postular esta segunda lectura, de la que tal vez sea pionero (Rivas Hernandez 107-08), Cadalso se anticipa a las interpretaciones esotericas del siglo XIX, que enfatizaban el potencial alegorico del texto (Schmidt, Critical 169). Segun Rachel Schmidt, si bien las Cartas marruecas no se publicarian hasta 1789, es posible que su circulacion en las tertulias influyera en la transicion hacia la lectura romantica del Quijote (Critical 169).

La nocion de un sentido "verdadero" del texto de Cervantes, un mensaje correcto accesible solo para los que penetran mas alla de la superficie de la obra, parece acercar mas todavia a Cadalso y Forner. Esta interpretacion se enlaza con el diccionario de Nuno, compuesto "para desengano ... de los pocos tontos que aun quedan en el mundo, capaces de creer que significan algo" las banales formulas de la correspondencia epistolar (109-10), y con el amor a la verdad que Nuno, Gazel y Ben-Beley profesan a lo largo del texto. Hasta el analisis de Cadalso de la historia espanola privilegia la epoca de Cortes como ejemplo del verdadero caracter nacional (La Rubia Prado 217).

La "verdad" en las Cartas marruecas se refuerza con la lectura autobiografica, que presenta la intencion del autor como garantia de la unidad del significado. Pero mientras Russell P. Sebold, al encontrar la proyeccion textual de Cadalso, tiende a enfatizar sus vivencias personales, Francisco La Rubia Prado ha interpretado la correspondencia entre el autor y sus personajes como un "monologismo interno" que se aparta de las estrategias retoricas de la Ilustracion (216-17). Para este critico, el racionalismo ilustrado busca la multiplicidad de voces, "aun a sabiendas de que acabara imponiendose segun las reglas de la razon dialectica" de manera socratica (217). En las Cartas marruecas, en cambio, la busqueda de la verdad hace que "los corresponsales no valoren la multiplicidad de perspectivas entre ellos, sino que busquen el acuerdo" (216). Asi, Cadalso usaria la ficcion para enmascarar su subjetividad, y todo tenderia hacia un solo punto de vista. La diferencia entre las Cartas marruecas y la Oracion apologetica de Forner seria tan solo superficial.

Sebold apoya esta conclusion al describir las Cartas marruecas como novela realista, una de cuyas funciones es la de "representar el correlato realidad espanola de la dolorida vision de vasallo de la problematica nacional" (41, cursiva en el original). Con sus observaciones, apuntes y paseos, Cadalso y sus personajes van en busca de modelos costumbristas para mostrar esa realidad (63). El proceso de descripcion en las Cartas marruecas, que toma la forma de pinturas, retratos y cuadros, es el mismo que rige los articulos de costumbres y la ficcion realista (68-69), solo que articulado mediante el genero epistolar. Los abundantes detalles sobre la historia personal de los corresponsales, prosigue Sebold, impiden hablar de una falta de argumento que descalificaria a la obra como novela (77). Las Cartas marruecas se convierten en novela social mediante las alusiones a Cervantes, cuya ironia y multiples niveles de lectura Cadalso habria imitado en su propia obra (77). Por si quedaran dudas sobre las implicaciones de esta interpretacion, Sebold cierra su analisis de las Cartas marruecas con la conocida frase de Stendhal que describe la novela como espejo que se pasea a lo largo del camino (79-80). La reflexion supone la mimesis, la "objetividad" del "enfoque realista" de la obra (80).

Sebold tiene razon en senalar los procesos de descripcion que las Cartas marruecas comparten con el costumbrismo y las novelas realistas, pero su lectura de la inclusion del Quijote se limita al concepto de la critica nacional que florecio en el siglo XVIII. Para complementar esa perspectiva, podemos explorar las consecuencias de imitar no solo el espiritu satirico del Quijote sino tambien su actitud hacia si mismo como texto literario. Recordemos brevemente los paralelos de forma y de contenido entre las dos obras. El hallazgo del manuscrito en la Introduccion de las Cartas marruecas corresponde al contenido de los anales de la Mancha y la traduccion del manuscrito de Cide Hamete Benengeli. El amigo de Cadalso que le da consejos sobre su publicacion recuerda al amigo de Cervantes del prologo a la primera parte del Quijote. Los huecos textuales en el manuscrito de las cartas (256), la imposibilidad de publicar la obra completa de los corresponsales (302) y las preocupaciones del editor ante las posibles reacciones del publico (303) se hacen eco del juego de la "verdadera historia" y la participacion de los lectores, mientras que la aparicion de los papeles de Nuno en las Cartas marruecas alude a las estructuras en abismo que se producen entre el libro y los personajes de Cervantes. En la base de este sistema de correspondencias esta la naturaleza del autor, ya que el amigo que le dejo las Cartas a Cadalso comparte sus datos biograficos, su manera de pensar y hasta su identidad (80). Hay mucho mas aqui que un mero tributo al gran texto nacional.

Al asumir los juegos narrativos del Quijote, las Cartas marruecas asumen tambien sus consecuencias epistemologicas. Scott Dale ha argumentado, en referencia a las teorias de Bajtin, que la multiplicidad de voces y perspectivas genera una "construccion dialogica o polifonica" (38), en la cual no existe ningun "mensaje verdadero" (73). Ana Rueda, a su vez, concluye que "las cartas de los tres epistolografos principales ... subvierten el retrato autoritativo de una nacion mientras las voces se deconstruyen unas a otras, impidiendo que una reciba valor preferencial" (293). Con este esquema, "Cadalso parece estar diciendonos que el conocimiento no permite sentar catedra; al contrario, es siempre un espacio precario e inestable" (294). De la misma manera, Cadalso no puede servir de garantia de la verdad porque "Cadalso", al igual que sus amigos de la Introduccion y los corresponsales, es una creacion textual, y por lo tanto una figura indeterminada. Michael P. Iarocci, al estudiar el silencio en las Cartas marruecas, aquello que no se dice por la indeterminacion de la obra, afirma que "parte de lo que Cadalso aprende de Cervantes es, significativamente, que escribir ficcion es entrar en un baile de mascaras", hasta el punto en que "se borra o se silencia la identidad del autor real" (163). La fuerza centripeta de los puntos de vista, que segun La Rubia Prado fomenta la creacion de una verdad unica en las Cartas marruecas, desaparece porque ya no hay un centro sino una red de relaciones entre entes ficticios. En la carta III, por ejemplo, Gazel siente la influencia espiritual de Ben-Beley, realiza una traduccion al arabe de un informe que Nuno le habia leido en espanol y anade sus propias investigaciones. Despues, la carta llega al amigo del editor, quien la traduce de nuevo al castellano, antes de que el editor y los copistas la incluyan en la version final de la obra (168). Como cualquier afirmacion de las Cartas marruecas depende de tal serie de mediaciones, no se puede hablar de "verdades", ni siquiera dentro de la "realidad" de los personajes.

Podria objetarse que la Oracion apologetica de Forner, por ser una obra expositiva, carece logicamente de las complejidades que distinguen al texto de Cadalso. Las Cartas marruecas, en contraste, gozan de mayor libertad: como cualquier texto de ficcion, dependen de la interpretacion de los lectores y nunca podran aspirar a una "verdad" absoluta. El primer problema con esta conclusion es que, como he senalado, la obra de Cadalso si se ha interpretado como portavoz de las opiniones del autor, como un mero disfraz textual para la subjetividad oculta, pese a heredar la metaficcion cervantina. Segundo, hasta las obras mas "abiertas" de Forner buscan restringir la interpretacion y subordinan los recursos ficticios a la demostracion de una verdad. Las Exequias de la lengua castellana, por ejemplo, en las que el mismo Cervantes figura como personaje, presentan un coro de figuras de autoridad para satirizar a los enemigos de Forner. Sucede algo parecido en Los Gramaticos: Historia chinesca, cuya premisa recuerda el proyecto de Cadalso, pero en la que el viaje a Madrid sirve principalmente como excusa para atacar a la familia Iriarte.

Los diferentes usos del Quijote de Cadalso y Forner representan dos maneras de concebir la nacion. Para Forner, no hay dudas en cuanto al valor de Espana, que siempre ha desempenado el papel de heroe en la historia europea. Cadalso, en cambio, pese a su busqueda del "verdadero" caracter nacional, recurre a Cervantes para sembrar incertidumbre. Las Cartas marruecas reconocen la crisis que atraviesa Espana y proponen soluciones practicas, pero su consistente desplazamiento de la verdad nos permite especular sobre su vision del pais. Las contradicciones que surgen en las Cartas, junto con la tension entre el modelo frances y el modelo cervantino, reflejan no solo el conflicto entre la Ilustracion y la tradicion con el que se enfrento la Espana del siglo XVIII, sino las inconsistencias y paradojas que caracterizan a cualquier identidad nacional, siempre en proceso de construccion y sujeta a nuevas interpretaciones.

OBRAS CITADAS

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STEVEN WENZ

University of South Carolina

(1) En el analisis individual de los escritos de cada autor, su interpretacion del Quijote se ha vuelto imprescindible. Jesus Torrecilla, Russell P. Sebold, Francisco La Rubia Prado, Scott Dale y Ana Rueda, por ejemplo, la incluyen en sus lecturas de las Cartas marruecas, mientras que Jose Antonio Maravall la considera en su estudio de la obra de Forner. Al investigar la interpretacion del Quijote en el siglo XVIII, Ascension Rivas Hernandez y Jean Canavaggio presentan a los autores como representantes de la lectura neoclasica, sin ahondar en sus puntos de divergencia.

(2) Para un ejemplo de la lectura romantica, vease Close. Para el uso de la metaficcion en el Quijote, vease Friedman.
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Author:Wenz, Steven
Publication:Dieciocho: Hispanic Enlightenment
Article Type:Ensayo critico
Date:Mar 22, 2017
Words:7805
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