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CRISIS DE LA NOCION DE AUTORIDAD.

CRISIS OF THE NOTION OF AUTHORITY

1. Planteamiento de la cuestion

La filosofia del derecho se encuentra constituida por un conjunto de nociones que, pese a su aparente claridad y consistencia respecto a la tradicion, se tornan ambiguas no solo en su sentido logico, sino tambien, y mas que nada, en su sentido practico. Por esta razon, algunos conceptos que, al mismo tiempo, conforman las imagenes del derecho, tales como soberania, poder, violencia, constitucion, consenso, disenso, conflicto, democracia, orden, anarquia, entre otros, constituyen los objetos de variadas investigaciones filosoficas y juridicas que intentan descubrir y esclarecer los sentidos, las confusiones, las antinomias e, incluso, las aporias de dichas nociones respecto al pasado y el presente historico. La categoria de autoridad (auctoritas)--en critica dialectica respecto a la nocion de poder (potestas)--integra una de tantas nociones que presentan no pocas dificultades en relacion con su significado y sus efectos en el campo juridico-politico. Al respecto, Giorgio Agamben, en su libro Estado de excepcion: Homo sacer II, 1, advierte que la categoria de auctoritas parece chocar con obstaculos y aporias casi insuperables en la filosofia y la teoria politica, asi como en la historia del derecho (2004, p. 109). Agamben coincide aqui con otros pensadores que, sin obviar, naturalmente, sus distintas perspectivas y sus alcances, senalan los inconvenientes de definir el concepto de auctoritas, bien sea por las confusiones teoricas y practicas en relacion con la categoria de potestas, o por su contenido fragmentario, tanto juridico--privado y publico-, como teologico, politico y sociologico, al que ha dado lugar en la reflexion y en la praxis politica de Occidente (Passerin D' Entreves, 2001; Jouvenel, 1957; Arendt, 1996, 2010a; Weber, 1964; Schmitt, 1996; Garcia, 1983; D'Ors, 1980, 1984; Fueyo, 1953, 1961; Domingo, 1997, 1999; Sartori, 1993; Casinos, 1999; Clemente, 2009).

Pero el sentido de auctoritas se torna aun mas confuso debido a su relacion de proximidad y, al mismo tiempo, de identidad con otras categorias que son utilizadas, la mayor de las veces, como terminos analogos, a saber: poder, fuerza, coercion, violencia, autorizacion, entre otras. En este sentido, Giovanni Sartori (1993, p. 120) afirma que todo el campo semantico de las ciencias sociales constituido por terminos como poder, autoridad, influencia y coercion se encuentra actualmente en maximo desorden. Mario Stoppino (2011) coincide en afirmar que la situacion actual del termino auctoritas tanto en su definicion como en sus usos es bastante compleja e intrincada, no solo en razon a sus estrechas relaciones con el concepto de poder, sino tambien en razon a sus distintas reinterpretaciones historicas, a menudo con significados notoriamente distantes. En la misma perspectiva, en su trabajo Sobre la violencia, Hannah Arendt (2010a) se esfuerza por delimitar los contornos y, por supuesto, las diferencias especificas entre las categorias de poder, fuerza, violencia y autoridad; ya que la crisis de la ciencia politica y, mas en particular, del derecho contemporaneo, surge precisamente en razon de las enunciaciones imprecisas y los usos equivocados de sus propios terminos. Segun Arendt (2010a, p. 62), auctoritas alude al fenomeno juridico-politico mas esquivo y, por eso, como termino, al mas ambiguo y desconocido. En palabras de la filosofa alemana, tan reveladoras como las de Agamben y otros pensadores contemporaneos, "ya no estamos en condiciones de saber que es realmente la autoridad" (Arendt, 1996, p. 101).

Partiendo de esta complejidad, los romanistas espanoles Jesus Fueyo, Alvaro D'Ors, Rafael Domingo, Javier Casinos y Ana Isabel Clemente elaboran una genealogia del concepto de autoridad en el derecho romano, tanto privado como publico, resenando sus distintas crisis en la historia del pensamiento juridico y su necesaria rehabilitacion en el derecho contemporaneo. Dichos autores concuerdan en la idea segun la cual la absorcion de la auctoritas por parte de la potestas constituye la clave constitucional del principado de Augusto, asi como la posterior divinizacion de la autoridad de los emperadores romanos, alcanzando su mayor desarrollo durante la epoca moderna. La Modernidad asistio a la invencion del Estado y a su concepto fundamental de soberania, en el cual concurren indistintamente auctoritas y potestas, generando asi la mas grave inconsistencia filosofica y juridica de la teoria moderna del Estado (Fueyo, citado en Agamben, 2004, p. 111). D'Ors y Domingo derivan un problema mayor de la interrelacion entre ambos terminos, esto es, la tendencia real o potencial de una persona que poseyendo autoridad pretende llegar a ser potestad (1) o quien detentado potestad procura ser investido de autoridad, es decir, la confusion de quien conservando funciones consultivas y de control derivadas de los atributos de autoridad, asume, asimismo, funciones legislativas y ejecutivas propias de la potestad, y viceversa (D'Ors, 1984, p. 378; Domingo, 1997, pp. 191-192). Por esta razon, ambos teoricos reclaman un concepto de autoridad separada del poder, toda vez que la subordinacion de la auctoritas a la potestas no solo disminuye su sentido, sino tambien su funcion limitadora del poder.

De la misma manera, en su ensayo ?Que es la autoridad?, Hannah Arendt (1996, pp. 101-104) intenta explicar que significo la idea de autoridad en el mundo grecorromano, toda vez que la actualidad de dicha nocion se torna confusa en razon a sus multiples y profundas crisis en la teoria y la praxis juridicopolitica moderna. Segun Arendt, pese a la importancia de la nocion de autoridad en la teoria y, mas en general, en la historia de las ideas juridicas, el concepto de auctoritas tal como se conocia en la tradicion ha desaparecido y, en su lugar, los restos de dicho termino se hacen cada vez mas complejos e indiscernibles en la comprension de ciertas experiencias contemporaneas. Arendt se refiere, en sentido estricto, a los gobiernos europeos totalitarios del siglo XX, cuyas acciones fueron devastadoras para ciertas autoridades tradicionales, tales como el padre y el maestro en su relacion con el hijo y el discipulo, respectivamente. Arendt subraya ademas las imprecisiones y los equivocos que califican de autoritarios al nazismo aleman y el bolchevismo sovietico. En efecto, dichos fenomenos produjeron un dominio de los hombres sobre los hombres desconocido hasta entonces en la experiencia politica de Occidente, puesto que exigieron no solo el cumplimiento de los mandatos, sino tambien la conviccion absoluta de obediencia.

En su trabajo sobre la Teoria de la constitucion, Carl Schmitt (1996) tambien se ocupa del termino de auctoritas en oposicion dialectica y, a su vez, en relacion de complementariedad con la nocion depotestas. Segun el jurista aleman, ambas nociones prestan una importancia definitiva en la teoria general del Estado y, particularmente, de la constitucion, asi como en el esclarecimiento de ciertos problemas de derecho internacional. Schmitt, al igual que Hannah Arendt, y sin desconocer sus distintas comprensiones sobre los sentidos y los fines de las nociones juridico-politicas, distingue los terminos de auctoritas y potestas en relacion con el tiempo, ya que mientras el poder se sirve de fememonos como soberania y majestad para perseverar el orden mediante el uso de la fuerza presente o futura en vista de la necesidad politica, la autoridad, en cambio, alude a un prestigio basado esencialmente en el elemento de la continuidad, esto es, en la tradicion y la permanencia propias del pasado fundador. En Schmitt (1996), sin embargo, y pese a la evidente oposicion entre ambos terminos, tanto la fuerza como la autoridad "son plenamente eficaces y vivas, una junto a otra, en todo Estado" (p. 93). Segun Schmitt, toda autoridad requiere de la fuerza a fin de lograr su permanencia en el tiempo y toda fuerza precisa de la legitimidad que se deriva de la autoridad con el proposito de obtener la obediencia. Aqui reside, justamente, el vinculo de necesidad y de complementariedad entre ambos terminos. Auctoritas, empero, adolece de una definicion exacta: "es una palabra que se sustrae a toda definicion rigurosa [...], la palabra designa algo 'etico-social', una 'posicion' de rara mezcla entre fuerza politica y prestigio social" (Schmitt, 1996, p. 93).

Schmitt se sirve entonces de una breve genealogia en el derecho publico romano y en el derecho canonico medieval para distinguir las nociones de poder y autoridad y, mas en particular, los sujetos de una y otra. Segun Schmitt, es cierto que en Roma, el Senado tenia auctoritas y el pueblo poseia potestas e imperium. A pesar de su posterior carencia de fuerza y despues de que el poder del pueblo romano hubiera sucumbido bajo el Imperio, el Senado conservo su autoridad y se convirtio, por ultimo, durante la epoca imperial, en la unica instancia que todavia podia prestar algo a manera de legitimidad. Posteriormente, el papa romano se arrogo, en un sentido especial, auctoritas--nopotestas--frente al emperador, mientras que este tenia potestas. Las expresiones de la carta de San Gelasio I al emperador Anastasio del ano 494, son decisivas en la relacion entre auctoritas y potestas respecto al gobierno del ordo mundi que, por lo demas, domina la gran polemica de los siglos X y XI: "Duo sunt quibusprincipaliter mundus hic regitur: auctoritas sacra pontificum et regalis potestas" (Schmitt, 1996, p. 93). Pero Schmitt avanza aun mas en su genealogia hasta comprender la teoria y la praxis moderna y contemporanea. En efecto, en su trabajo sobre La defensa de la constitucion: estudio acerca de las diversas especies y posibilidades de salvaguardia de la constitucion, Schmitt (1996) trata de definir el poder neutral del presidente del Reich en el estado de excepcion por medio de la contraposicion dialectica entre auctoritas y potestas. Luego de objetar severamente los postulados de la teoria liberal del Estado y el derecho, llega a lamentar la confusion entre autoridad y dictadura.

Giorgio Agamben tambien alude a la relacion entre auctoritas y potestas, a proposito de su investigacion sobre el estado de excepcion. Luego de realizar una breve genealogia historica y filologica de la nocion de auctoritas, el filosofo italiano insiste en el vinculo de exclusion y, al mismo tiempo, de complementariedad entre ambas nociones. En este punto, Agamben (2004, pp. 114, 124) senala la estructura dual y, por lo mismo, fundamental del sistema juridico occidental, compuesto por dos elementos claramente distintos que, sin embargo, forman de consuno un sistema binario:potestas, que en sentido estricto constituye una figura normativa y juridica, y auctoritas, que en sentido amplio conforma un elemento anomico y metajuridico. Pero ?cual es mas exactamente la relacion entre una y otra? ?Como se integran, excluyen y perfeccionan una respecto a la otra? La aprehension de dicha conexion revela no solo la aporia misma del orden juridico, cuya proteccion exige su propia suspension, sino tambien el mas extremo y complejo de los vinculos juridico-politicos gestados en virtud de la necesidad. Porque es en las situaciones limite o circunstancias excepcionales donde los nexos entre auctoritas y potestas cobran toda su legibilidad y transparencia:

La auctoritas parece actuar como una fuerza que suspende la potestas donde esta se ejerce y la reactiva donde ya no estaba en vigor. Es un poder que suspende o reactiva el derecho, pero que no esta vigente formalmente como derecho. (Agamben, 2004, p. 116)

De modo que la auctoritas puede afirmarse unicamente en una relacion de validacion o suspension de la potestas, cuyo resultado genera la mayoria de las veces la corrupcion y la catastrofe del propio orden juridico que pretexta conservar. Pero Agamben avanza aun mas en la relacion entre auctoritas y potestas haciendo notar sus vinculos con la vida misma. Segun Agamben, aqui se puede hablar en sentido exacto del caracter originariamente biopolitico del paradigma de auctoritas, porque "la norma puede aplicarse al caso normal y puede ser suspendida sin anular integralmente el orden juridico, porque, en la forma de la auctoritas o de la decision soberana, se refiere inmediatamente a la vida, surge de ella" (Agamben, 2004, p. 124). Por consiguiente, toda suspension del orden juridico genera inmediatamente la aprehension y, en consecuencia, la administracion y la anulacion de la vida humana. Agamben (2004, pp. 122, 125-126) demuestra esta afirmacion mediante el funcionamiento paralelo de los dispositivos juridicos de la auctoritas empleados desde la Roma republicana y la Europa medieval hasta la Primera Guerra Mundial, por via del fascismo y del nacionalismo hasta nuestros dias (veanse tambien: 2005, 2006, 2010). Dichos dispositivos de gobierno revelan, pues, el vinculo tan intimo como complejo entre el derecho y la violencia y, por consiguiente, entre la violencia juridica y la nuda vida (Ruiz, 2013). De ahi que la nuda vida sea un producto de la maquina juridico-estatal y no algo que la preexista. Al igual que Schmitt, aunque con importantes diferencias, Agamben concluye su investigacion mostrando el nexo entre la politica y el derecho. Segun el autor, "la politica ha sufrido un eclipse duradero porque ha sido contaminada por el derecho, y se ha concebido a si misma, en el mejor de los casos, como poder constituyente (es decir, violencia que establece el derecho)" (Agamben, 2004, p. 127).

En suma, el concepto de auctoritas presenta graves problemas e inconsistencias tanto teoricas como practicas, pero las imprecisiones son mayores si se tiene en cuenta la vaguedad del fundamento etimologico de auctoritas y sus distintas aplicaciones tanto en el derecho privado como en el derecho publico romano. En su Vocabulario de las instituciones indoeuropeas, Emile Benveniste asocia auctor y auctoritas, senalando las ambiguedades de ambas nociones. El termino auctor, y el de su abstracto auctoritas, proviene del termino indoeuropeo augeo, traducido comunmente como acrecentar o aumentar (Fueyo, 1961; D'Ors, 1980, 1984; Domingo, 1997; Casinos, 1999). Pero esta definicion es apenas satisfactoria, ya que resulta extrana e incluso incompatible con el sentido primero de la raiz aug--que designafuerza--ademas, scr. ojas, como av. aojah--y sus derivados, indican particularmente la fuerza de los dioses; el adjetivo av. aojahvant, dotado de fuerza, es una calificacion exclusivamente divina (Benveniste, 1969, p. 326)-. Sin embargo, se sigue traduciendo augeo como aumentar, incrementar, hacer mayor algo que ya existe, lo cual resulta exacto en la lengua clasica, pero erroneo en la tradicion mas arcaica. Segun Benveniste (1969), "una amplia porcion del sentido de augeo permanece aun en la sombra, y es precisamente la porcion esencial, aquella de la que proceden las determinaciones especiales que han terminado por escindirse en unidades distintas" (p. 326). En sus usos mas antiguos, augeo no indica el hecho de aumentar, sino el acto de creacion que hace surgir algo de un medio nutricio, el cual es propio de los dioses o de las grandes fuerzas de la naturaleza, no de los hombres. Esta acepcion encuentra su fuente en Lucrecio (citado en Benveniste, 1969, p. 326), quien valoriza con insistencia el termino de auctoritas al trazar la genesis de la vida y la muerte : " quodeumque alias ex se res auget alitque (todo cuerpo que hace nacer de si y alimenta otras cosas)" (V, 322); "morigera ad fruges augendas atque animantis (docil para hacer nacer las plantas y los seres)" (V, 80).

En este sentido, auctor es quien toma una iniciativa, promueve, funda, cultiva, garantiza por vez primera alguna actividad. Y auctoritas es el acto de produccion o el poder de iniciativa. A augeo tambien corresponde la nocion religiosa de augur, la cual habria designado la "promocion" otorgada por los dioses a una empresa y manifestada por un presagio. Esto confirma que la accion de augere es de origen divino. De augur se deriva asimismo el adjetivo de augustus, "provisto de augus, es decir, dotado de ese acrecentamiento divino" (Benveniste, 1969, p. 326). De esta manera, el sentido primero de augeo se encuentra nuevamente por medio de auctor en auctoritas: "toda palabra pronunciada con la autoridad determina un cambio en el mundo, crea algo" (Benveniste, 1969, p. 326). Esta cualidad misteriosa es lo que augeo expresa, el poder que hace surgir las plantas o que da existencia a una ley. El auctor es el unico que promueve, porque solo el esta dotado de esa cualidad que el indio llama ojah. En palabras de Benveniste (1969), el significado corriente de aumentar es apenas un sentido secundario y debil de augeo: "valores oscuros y poderosos permanecen en esa auctoritas, ese don, reservado a pocos hombres, de hacer surgir algo y--al pie de la letra--de 'hacer existir'" (p. 327). En suma, puede decirse que, en conjunto, auctoritas alude al poder ofuerza originaria de crear, fundar, fabricar, hacer algo nuevo. Sin embargo, el jurista Alvaro D'Ors objeta esta comprension arcaica de auctoritas como fuerza y, en cambio, la define como saber o prestigio socialmente reconocido, en oposicion a la potestas entendida como poder socialmente reconocido (D'Ors, 1984; Domingo, 1997; Casinos, 1999; Clemente 2009). Esta acepcion es propia de la comprension latina del termino, especialmente del periodo republicano. Justamente, porque

la corrupcion de auctoritas por su contaminacion con potestas ha consistido precisamente en llamar autoridad a la instancia superior de la potestad, de la que las otras potestades derivan por delegacion, y a la que sirven como "agentes" ejecutivos, los agentes de la autoridad. (D'Ors, 1984, p. 378)

Pero a la comprension indoeuropea de la auctoritas como poder o fuerza originaria de creacion y de la latina como saber o prestigio socialmente reconocido, se agrega la acepcion moderna del termino entendido como poder originario de mandar y hacerse obedecer. Estos giros y discontinuidades en el sentido y el uso etimologico del termino se complican aun mas en la fenomenologia juridicopolitica, ya que dicha nocion corresponde a una experiencia historica especialmente amplia.

2. Auctoritas en la praxis juridico-politica romana

EN EL DERECHO PRIVADO ROMANO, el sentido de la auctoritas se expresa en la interpositio del paterfamilias o del tutor, quien interviene para conferir validez juridica a los actos de aquellos que por si mismos no gozan de capacidad juridica, asi como los menores o los incapaces. Agamben (2004, p. 111) subraya, empero, que la auctoritas en su forma tradicional privatista no alude necesariamente a la idea representacion moderna, en virtud de la cual se imputan al mandante los actos realizados por su mandatario o su representante legal; sino a la condicion de sui juris del pater o del tutor. A diferencia del derecho privado, en el derecho publico romano la nocion de auctoritas se presenta, sin embargo, bastante confusa, ora porque su sentido y sus finalidades se confunden con terminos analogos como potestas, ora porque el nexo entre auctoritas ypotestas hace borrosas las limitaciones y los alcances de una y otra, ora porque auctoritas se transforma en potestas en manos de una misma persona, cargo, institucion, o viceversa (Garcia, 1983, pp. 138-139). Basta observar algunos episodios historicos para advertir, justamente, como ambas nociones se complementan hasta hacerse indiscernibles incluso para ellas mismas. En la historia del principado romano Augusto, por ejemplo, y en lo sucesivo otros tantos emperadores gobernaron bajo una idea de auctoritas coextensiva a la del Senado, convertido tipicamente en la voz del emperador.

Los emperadores romanos pretextaron su gobierno bajo la restauracion y conservacion de la constitucion republicana, para lo cual se arrogaron una serie de facultades monarquicas que, no obstante, contradecian la misma constitucion. Cierto es que mientras la auctoritas de los emperadores no era conferida ni definida por el Senado ni por las asambleas, su autoridad era dada por periodos sujetos a renovacion, tal como ocurria con la figura del dictador, cuyos amplios poderes cesaban una vez se superara la crisis en el orden de la republica. Sin embargo, la potestas concedida al emperador se prolongo tanto hasta habilitarlo para crear derecho y, a su vez, la auctoritas no solo fundamento su poder, sino que sirvio para acrecentarlo ilimitadamente. De manera que los mandatos de los emperadores estaban por fuera y por encima del orden republicano que, sin embargo, debian completar y proteger (Kunkel, 1996, p. 56; Garcia, 1983, pp. 154-155). Posteriormente, la autoridad de reyes y emperadores fue sustituida por la auctoritas del papa, quien se encontraba, no obstante, por fuera y por encima de la misma Iglesia, cuya existencia y conservacion dependia de la propia ordenacion papal (Ullmann, 1971, p. 73). El papa justificaba su auctoritas afirmandose no solo como el unico mediador entre el cielo y la tierra, Dios y los hombres, sino tambien como aquel que conocia los mandatos de la divinidad expresados en el derecho canonico, respecto al cual podia ejercer amplios poderes de creacion, interpretacion y ejecucion. El papa podia, entonces, decir sobre el derecho sin estar sujeto al mismo, ni a ninguna autoridad temporal.

Ambos ejemplos de autoridad se desarrollan bajo momentos agudos de crisis institucional y se intensifican en momentos posteriores a la normalizacion, porque la crisis es, por lo general, la forma en que la auctoritas se amplia y se perfecciona continuamente en relacion con la potestas. De manera que no existen dos historias diferentes, una sobre la auctoritas y otra sobre la potestas, sino una sola, la de la auctoritas como una forma de potestas. El poder necesita de la autoridad para garantizar su eficacia en el tiempo, ya que percibe permanentemente el riesgo de su destruccion mediante la resistencia y la revolucion, y la autoridad, por su parte, requiere del poder para extender su capacidad de ordenacion de forma ilimitada. En la medida en que el portador de la auctoritas goce de la potestas y viceversa, tendra mayor capacidad de decision y medios de coaccion extremos para crear y garantizar la existencia del orden juridico-institucional, asi como para gestionar la vida de los individuos que lo componen. La confusion entre los terminos de auctoritas y potestas, asi como sus efectos concretos en la vida de los hombres, constituye, pues, un asunto de primer orden en la teoria juridica, no solo en lo que respecta a la definicion e identificacion del sujeto de la soberania, sino tambien, y mas que nada, en lo que concierne a la formacion de sus amplias y prolongadas facultades respecto al derecho y a la vida humana.

Las nociones de auctoritas ypotestas constituyen los dos vectores fundamentales de la dialectica filosofico-politica romana. En palabras de Domingo (1997, p. 184) y Casinos (1999, p. 85), en el termino auctoritas se revela, principalmente, el caracter genuino de la politica romana, ya que en el griego clasico no existe ningun vocablo equivalente al que se pueda verter satisfactoriamente dicha nocion. En los primeros desarrollos de la politica romana se gestan y dinamizan las relaciones de reciprocidad entre autoridad y poder como elementos indispensables del ethos romano, esto es, de toda su experiencia historica, politica y, especialmente, religiosa (Casinos, 1999, p. 91). Segun Casinos, la religion ocupaba un lugar fundamental tanto en los asuntos publicos como en los privados, lo cual explica sus intimas conexiones con las nociones juridico politicas, tales como auctoritas y potestas. La primera se basa en la comprension social de que existen ciertos sujetos investidos de una razon superior, cuyo reconocimiento se fundamenta en cierta fuerza mistica identica a la potencia religiosa. La segunda, en cambio, representa el poder del hombre respaldado por la fuerza y la coaccion de las armas e instituciones. De modo que la autoridad "aparece como algo que trasciende al hombre comun, al ciudadano; es un factor de ordenacion social previo e incontestable, que esta por encima de las vicisitudes y de las lides humanas, que, en definitiva, se vincula a la religion" (Casinos, 1999, p. 89; Arendt, 1996, pp.131-132).

Las distinciones entre auctoritas y potestas coinciden, en principio, con los primeros fundamentos juridico-politicos de la constitucion republicana de la Roma clasica, en los cuales se advertian las diferencias practicas entre imperium, potestas y auctoritas. La asociacion romana se formo por el concurso libre de sus aldeanos, quienes eran hombres libres e iguales, sin nobleza instituida de derecho divino. La comunidad politica adopto entonces las formas propias de la familia y, en consecuencia, eligio un gran jefe que representaba el poder y la unidad de la familia politica (Mommsen, 2003, pp. 89-90). El rey se denominaba rex, no porque gobernara bajo el concepto juridico, sino porque dictaba sus ordenes (dictador) y mandatos en el sentido de su pleno poder y, en virtud de su funcion de mandar, organizar y mantener el orden interior y exterior, se le confiere el poder pleno para cumplir su encargo y las facultades ilimitadas del imperium. La nocion de imperium se define, pues, como el mando militar supremo tanto en tiempos de guerra como en tiempos de paz que comprendia basicamente el derecho de vida y muerte (gladiipotestas), ademas de otras facultades derivadas de su caracter como padre de la familia politica, tales como: juzgar y castigar, imponer penas de policia, conocer en las causas civiles y penales, condenar a la perdida de la libertad (Mommsen, 2003, p. 90; Ihering, 2001, p. 179). Pese a los atributos supremos del rey sobre el pueblo, este nunca se confundio con Dios, tal como ocurria entre los egipcios y los orientales. El rey era, en sentido estricto, el propietario de la ciudad. La potestas, por su parte, era el poder de mandar particularizado, esto es, confiado a una magistratura particular, a fin de cumplir con las funciones encargadas: potestas consular, tribunicia, popular, entre otras. En terminos de derecho publico, la potestas equivale a la competencia. Todos los magistrados tenian potestas, pero solo algunos poseian el poder coercitivo del imperium.

En campana militar (militae) el magistrado dotado de imperium tenia la facultad de aplicar, segun sus propias consideraciones, penas corporales al ciudadano transgresor y podia incluso hacerlo ejecutar. Sin embargo, el poder coercitivo de los magistrados que tenian imperium tenia un limite en el veto (intercessio) que podian proponer otros magistrados con igual rango o superior, asi como los tribunos. Cuando el rey o, posteriormente, los magistrados con imperium marchaban, los lictores o alguaciles les acompanaban con las fasces, esto es, un haz formado por treinta varas atadas y un hacha, cuya figura constituia la expresion simbolica del imperium conferido a una persona o a un cargo en particular (Garcia, 1983, p. 140; Kunkel, 1996, p. 24). La auctoritas, finalmente, se deriva de la palabra auctor, que designa el sujeto de la autoridad capaz de comenzar, fundamentar y desarrollar acciones, decisiones y juicios originados en los demas. Desde el punto de vista juridico-politico, auctor es quien posee la auctoritas y, como tal, puede cimentar o ratificar una decision, pero sin formularla ni ejecutarla necesariamente, ya que ambos actos corresponden a la potestas. En consecuencia, "tiene auctoritas quien por su iniciativa o ratificacion legitima, fundamenta y, por tanto, garantiza y acrece los actos de potestad" (Garcia, 1983, p. 144).

En Roma, la auctoritas es poseida por un hombre o una asamblea de hombres en virtud de un cargo o una institucion. La auctoritas que se deriva de un cargo depende mas de la dignitas del cargo mismo que de la persona que lo ocupa. Aun mas, el cargo tiene adscrito tal prestigio y dignidad que irradia sobre la persona que lo ocupa el mismo caracter. En el caso del Senado (Senatus), la auctoritas patrum constituia un atributo derivado de la sabiduria y la seriedad atribuida a los senadores, quienes emitian consejos y recomendaciones sobre lo que debia hacerse (Garcia, 1983, p. 144; Mommsen, 2003, pp. 92-94; Grimmal, 1999, p. 73). Asimismo, ratificaban las decisiones proferidas por otros organos. Empero, el Senado no poseia nipotestas, ni imperium por lo que sus recomendaciones no constituian ordenes ni mandatos; sin embargo, los magistrados, aunque no estuvieran vinculados juridicamente a dichos consejos, debian obedecerlos so pena de arruinar su carrera politica. El Senado constituyo, pues, el centro de gobierno romano, aunque carecia del mando directo respecto al pueblo y de los medios de coaccion para ejecutar sus decisiones. Desde el punto de vista magico, el Senado poseia una auctoritas extraordinaria, puesto que la asamblea residia en un sacro templum, bajo la mirada de los dioses. No obstante, durante el primer siglo del principado romano, el concepto de auctoritas y sus diferencias y equilibrios respecto a las nociones de imperium y potestas cambian radicalmente (Domingo, 1997, p. 188). El Emperador Octavio Cesar Augusto, hijo adoptivo de Cesar y fundador del Principado, aleccionado por el fracaso de su antecesor, declaro explicita y solemnemente su deseo de restaurar el orden republicano del viejo estado romano, aunque reservandose discretamente amplias facultades que le proveerian a el y a sus sucesores el gobierno casi ilimitado del Estado y del Imperio romano (2).

Augusto se presenta asi como el salvador de la libertas y de la res publica respecto a las facciones que habian convertido el gobierno impersonal del populos en el dominio de unos hombres sobre otros. Roma paso entonces a ser gobernada por un poder que, a medida que transcurria el Imperio, se hacia cada vez mas personal. Pero siendo intolerable para las ideas republicanas que un solo hombre mandara sobre la multitud, se recurrio al artificio de hacer del hombre que ejercia el gobierno algo mas que un hombre y, en consecuencia, Octavio se hizo augusto, esto es, sacro, santo, digno de veneracion. De esta manera, en la persona de emperador se realzo mas su auctoritas que supotestas hasta el punto de ser reconocido por la dignitas que provenia de su caracter de Augusto (Garcia, 1981, p.41) (3). De este modo, la restauracion de la republica significo, en realidad, la creacion de un poder monarquico que no estaba contemplado al interior de la constitucion, sino al exterior de ella misma: "la creacion de Augusto es tan solo inteligible como un poder fiduciario, pues se encontraba fuera del orden republicano y estaba llamado a protegerlo y completarlo" (Kunkel, 1996, p. 56). Augusto habia modificado severamente el orden juridico romano al otorgarles labores legislativas, propias de los comicios, a los patres del Senado que--revestidos de auctoritas y no de potestas--crearian, en adelante, el derecho por disposicion del Emperador (Domingo, 1997, p. 188; Kunkel, 1996, p. 60). D'Ors sostiene que este giro en la actividad juridico-politica constituye un reflejo evidente de la confusion entre auctoritas y potestas: Octavio Augusto pretendia gobernar la republica romana mas con auctoritas que con potestas.

De este modo, la auctoritas paso a convertirse en un poder superior a lo que ordinariamente suponia: "la funcion legislativa que correspondia a la potestad de los magistrados populares pudo traspasarse a la autoridad del Senado, y luego, dada la sumision de la autoridad senatorial a la del Principe, acabo por atribuirse de hecho a este" (D'Ors, 1980, p. 239). En otras palabras, mientras la constitucion republicana conservaba una existencia meramente artificial que se desintegraba progresivamente, el principe agrupaba distintas atribuciones ilimitadas sobre toda la organizacion estatal que se perfeccionarian cada vez mas (Kunkel, 1996, p. 61). En efecto, en las etapas subsiguientes a esta estructuracion, conformadas por los reinados de Claudio, Domiciano y, especialmente, Adriano, marcharian paralelamente el despotismo imperial y la deificacion del emperador, como si solo bajo el supuesto de que este fuera un dios pudiera encontrarse justificacion a tan inmenso poder personal.

D'Ors afirma que durante el principado de Adriano, la confusion entre auctoritas ypotestas alcanza su mayor vigor con la aparicion de los rescriptos: el nuevo papel de la Oratio principis y la codificacion del Edicto (4). El bajo imperio sucede posteriormente al principado romano y, por consiguiente, la combinacion, o mejor aun, la confusion entre auctoritas y potestas se presenta de un modo tan complejo como indiscernible. Diocleciano, emperador romano, debia realizar profundas transformaciones politicas y administrativas, para lo cual decidio encabezar una auctoritas sin precedentes. Esta auctoritas suprema del emperador no afecto al Senado, cuya dignidad se transformo en una nobleza hereditaria en la que solamente eran admitidos los altos funcionarios o los ricos terratenientes capaces de pagar los elevados impuestos derivados de dicha dignidad (Grimberg & Svanstrom, 1967, pp. 338-339). Las formas republicanas desaparecieron, entonces, del escenario romano y, en su lugar, la monarquia absoluta advino mediante la voluntad dominante del emperador. Diocleciano fue homenajeado en forma de adoratio, ademas de vestir ropas esplendidas y vivir en una especie de aislamiento como un rey de reyes persa. Los demas hombres se referian a el, mediante el termino dominus (senor), ademas de otros titulos imperiales mas tradicionales, haciendo alusion justamente a su caracter sagrado y divino (Cameron, 2001, p. 52).

Pero la auctoritas en manos del emperador tambien logro una funcion politica determinante en el Imperio, toda vez que genero una exaltacion del patriotismo romano, ademas del sentimiento de seguridad y conservacion del Imperio por parte de sus pobladores respecto a las agresiones externas. De modo que la auctoritas se convirtio, al mismo tiempo, y por razones practicas, en unapotestas absoluta, cuyo ejercicio constante y prolongado residia unicamente en manos del emperador. Este asigno, por supuesto, algunas funciones imperiales a ciertos funcionarios que gozaban de importancia y riqueza, aunque sometidos a un severo esquema jerarquico, cuyo control y vigilancia residia en la autoridad suprema. Asimismo, se creo el Consejo de Estado, integrado por cuatro ministros de la administracion civil y otro numero de altos funcionarios, que en lo sucesivo asumieron el papel del Senado. El Imperio romano se desarrollo, entonces, bajo una burocracia fuerte y centralizada, cuya direccion recayo sobre la auctoritas del gobierno y sus funcionarios (Grimberg & Svanstrom, 1967, p. 339). A la muerte de Diocleciano, Constantino asumio el poder del Imperio, bajo el mismo pretexto de sus antecesores: restaurar, renovar, y hacer renacer el antiguo esplendor y gloria de Roma (Ullmann, 2003, pp. 11-33; Grimberg & Svanstrom, 1967, p. 339).

La renovatio Romae implico la produccion sin paralelo de edictos, leyes y decretos, cuyo objetivo se orientaba a la proteccion del Imperio y sus subditos (5). Constantino, en su caracter de autoridad imperial, se mantuvo al igual que los demas emperadores por fuera y por encima del Imperio, lo cual incremento magnificamente sus poderes de gobierno. Pero el nuevo emperador, a diferencia del anterior, abrazo la causa de los cristianos, bien por razones politicas, bien por razones religiosas. En todo caso, Constantino supo reconocer en el cristianismo, o mejor, en el regimen de la cristiandad, la eficacia de su organizacion administrativa mediante la jerarquia y la direccion de obispos y sacerdotes elegidos por el pueblo. La Iglesia representaba un reflejo claro de la delimitacion del poder que para entonces se habia convertido en un estado dentro del Estado, aunque sujeta a la auctoritas del emperador, quien protegio su unidad contra distintas amenazas.

3. Auctoritas en la praxis juridico-politica medieval

LA CONFUSION ENTRE AUCTORITAS Y POTESTAS logro un desarrollo mayor durante el gobierno papal de la Edad Media o, mejor, un nuevo contenido basado en la organizacion eclesiastica del ordo mundi (Ullmann, 1971, pp. 61-89; Wolkmer, 2008, pp. 17-21). Al igual que en el principado romano, en el periodo medieval la nocion de auctoritas se caracterizo por su indivisibilidad que, por definicion, y a diferencia de la potestas, si era susceptible de division. Dicha caracteristica resulta evidente, ya que las cuestiones de derecho publico romano se aplicaron con igual fuerza a la Iglesia cristiana, bajo la cual confluyeron las ideas monoteistas cristianas y los principios monarquicos. De ahi que la auctoritas solo pudiera ser poseida y ejercida plenamente por un hombre, esto es, el papa. Los emperadores romanos habian cambiado de caracter cuando dejaron de considerarse emperadores divinos en la tierra para pasar a ser emperadores por la gracia de Dios, a quien reconocian como la unica autoridad de la que se derivaba su poder. Este giro en la comprension de la autoridad secular se debio no solo a la influencia de la doctrina paulina, sino tambien al reconocimiento de la gracia de Dios, entendida como un don o un regalo divino del que se derivaba la capacidad y los atributos del gobierno secular.

Esta nueva perspectiva juridico-politica justifico, en consecuencia, la plenitud del poder papal (Ullmann, 1971, pp. 61-65) y la idea concomitante segun la cual el papa era la unica autoridad mediadora entre Dios y el hombre, es decir, su representante en la tierra. El papa, en calidad de poseedor de los poderes petrinos, tenia, por lo tanto, el derecho a juzgar acerca del ejercicio de los poderes divinos que habian sido concedidos a reyes y principes seculares. Pero el papa ademas de mediar entre el cielo y la tierra, entre Dios y el rey, tenia en sus manos la administracion total de la Iglesia que, al mismo tiempo, incluia el gobierno secular que se ejercia en su interior. Por esta razon, el papa presumia su poder de solicitar una rendicion de cuentas al poder secular, ya que debia responder ante Dios por las acciones emprendidas en la tierra:

?quien mas que el papa podria estar en situacion de decir si el rey se habia mostrado digno o no de la confianza divina ? ?Si el rey habia cumplido cabalmente con los deberes que la gracia divina habia exigido de el al concederle la capacidad de gobernar? (Ullmann, 1971, p. 62)

El papa se concebia, pues, como el garante del bienestar de la ecclesia nobis commissa ("Iglesia a nos encomendada [es decir, al papa]"), que dependia estrictamente del desempeno correcto del rey respecto a los deberes con y para la Iglesia. Ahora, la gracia divina concedida al poder secular por intermedio del papa no generaba unicamente favores divinos, sino tambien consecuencias juridicas importantes. En virtud de la gracia en favor nuestro, don de la gracia, la gracia especial (6) del papa se obtenia o se perdia el privilegio de gobernar por parte de reyes y principes, quienes creian, a su vez, que su reino habia sido confiado por la gracia Dios.

Esta concesion divina justifico, entonces, la autoridad suprema del papado medieval y la sujecion del poder secular a dicha autoridad: "que todos se sometan a las autoridades establecidas, pues no hay autoridad que no provenga de Dios, y las que existen, por Dios han sido constituidas" (Epistola a los romanos 13, 1). De modo que el poder en la esfera publica se entendio, en adelante, como un favor de Dios mediado y transmitido unicamente por la autoridad del papa. El pontifice desarrollaba, pues, acciones concretas bajo su auctoritas sacrata y basandose en las formas paulinas, a saber: decidia sobre la definicion de lo bueno y lo malo; asimismo sobre lo que era preciso o no exterminar en el mundo cristiano. El papa era el unico capaz de pronunciarse sobre el mal, ya sea por el caracter de "piedra" que fundamentaba la "Iglesia", o bien por su caracter de gobierno pretino. El principe, por su parte, era el vengador que empunaba la espada secular, diferenciandose claramente de quienes empunaban la espada espiritual. Sin embargo, una y otra espada pertenecian a la Iglesia, toda vez que el principe actuaba conforme a las disposiciones de la Iglesia: su caracter era meramente funcional dentro del marco cristiano (Ullmann, 1971, p. 66; Berman, 1996, pp. 95-129). En suma, la auctoritas pertenecia al papa como universalis monarcha (rey sobre todo), quien ejercia el universale regimen (gobierno universal), porque, en tanto punto de interseccion entre el cielo y la tierra, conocia exactamente lo que era util o inutil para toda la Iglesia, pudiendo canalizar dicho saber mediante las normas coercitivas, esto es, en virtud de la ley (Ullmann, 1971, pp. 68-69).

4. Auctoritas en la praxis juridico-politica moderna y contemporanea

EL ESTADO MODERNO OCCIDENTAL NACE, pues, de la lucha entre el poder espiritual y el poder secular por la auctoritas y, en consecuencia, por la plenitud del poder. Segun Harold Berman (1996, p. 123), esta comprension de la auctoritas sacrata como autoridad suprema y ordenadora de los asuntos espirituales y de las cuestiones temporales--gestada desde la misma Iglesia y en su propio interiorcauso el moderno Estado occidental, cuyo primer ejemplo fue, paradojicamente, la Iglesia misma. Bertrand de Jouvenel (1957) coincide con Berman al afirmar que la autoridad monopolistica encuentra su origen en la Iglesia y no en el orden secular. De ahi que "la concentracion de autoridad [papal] ha servido de modelo a las que se han producido en el campo politico. Es evidente. La nocion de majestad 'plena y redonda' ha sido restablecida por los papas" (Jouvenel, 1957, p. 310) (7). Entre los objetivos de la revolucion papal se advierten, en efecto, la eliminacion del caracter y la funcion religiosa de la suprema autoridad politica que, en adelante, se encargaria unicamente de gestionar los asuntos del gobierno secular. La Iglesia habia despojado a los reyes y los emperadores de la competencia espiritual que habian ejercido en la antiguedad. De manera que solo el clero, encabezado por el papa, tenia competencia en los asuntos espirituales. Al igual que los emperadores romanos, el papa como autoridad y legislador supremo del cuerpo cristiano estaba por fuera y por encima de la Iglesia, lo cual confirmaba la ausencia de vinculos entre la Iglesia--que le habia sido confiada--y el mismo. La fuente de autoridad del papa no residia en su antecesor, sino unicamente en San Pedro (Ullmann, 1971, p. 73). La Iglesia tenia, por consiguiente, el caracter de un Estado-Iglesia (Kirchenstaat), una comunidad espiritual que ejercia competencias temporales bajo una autoridad superior que decidia sobre el interes publico bajo la gestion de diversas instituciones, funcionarios y cuerpos normativos.

Despues de Gregorio VII, la Iglesia adopto, en sentido estricto, las caracteristicas mas sobresalientes del Estado moderno, afirmandose como una autoridad independiente, jerarquica y publica, y ejerciendo ella misma el pleno de los poderes jurisdiccionales, legislativos y administrativos. Dichos poderes eran esenciales para el mantenimiento del papado, teniendo en cuenta, ante todo, su caracter de institucion gubernamental y supranacional. De manera que la fuente de su poder residia no solo en los textos y criterios teologicos, sino tambien, y mas que nada, en el derecho canonico, concebido como un medio para la realizacion de los objetivos del cuerpo cristiano. La Iglesia poseia, en efecto, la suma total de los atributos jurisdiccionales, a traves de los cuales podia interpretar y aplicar sus propias leyes mediante una jerarquia judicial que culminaba en la curia papal. De forma analoga a otros sistemas juridicos seculares, el papado proferia distintos decretos con fuerza vinculante, los cuales contenian un destinatario, un mandato de hacer o no hacer, una sancion y, finalmente, eran promulgados por una autoridad dotada con capacidad para emitir disposiciones obligatorias, cuya validez era universal en virtud del estatus del papado como epitome o quintaesencia de la Cristiandad (Ullmann, 1971, pp. 70-71; Berman, 1996, p. 124). La produccion legislativa del papado durante el periodo medieval fue extraordinaria, en contraste con otros gobiernos de la epoca: los decretos contenian una redaccion precisa, asi como su interpretacion, discusion y ejecucion.

De ahi que el derecho canonico prevaleciera sobre el derecho romano, cuya aplicacion era meramente subsidiaria, esto es, cuando se presentaba una inexistencia o laguna en el derecho divino (Ullmann, 1971, pp. 71-73). La Iglesia asimismo realizo distintas actividades administrativas, pues fijo impuestos a sus subditos en forma de diezmos y otros gravamenes, y registro y sistematizo la poblacion mediante los certificados de bautismo y de defuncion. Mientras el bautismo conferia una especie de ciudadania, la excomunion decretaba una forma de privacion de la ciudadania.

Posteriormente, la autoridad del papa en la tierra se desplaza gradualmente al monarca. Algunos autores establecen que el proceso de integracion y cambio de la organizacion cristiana a la modernidad estatal se origina bajo la formacion de reinos, republicas, principados y tiranias en Italia durante los siglos XII a XV; otros, en cambio, situan dicho proceso a partir del surgimiento de los tres poderosos Estados nacionales europeos, a saber: Inglaterra, Francia y Espana--bajo Enrique VII (1485-1509); Luis XI (1461-1483) y los reyes catolicos, Isabel de Castilla y Fernando de Aragon (1479-1516)-. La hipostasis del Estado moderno y del soberano se lleva a cabo mediante la subrogacion de un orden concreto -que otrora era dictado y protegido por el Imperio romano en la figura del emperador y, posteriormente, en la imagen del papa cristiano--y la transposicion teologica de una serie de conceptos y atributos que permitieron erigirlo como la entidad suprema del orden telurico (Fueyo, 1953, p. 377). Entre dichos atributos, propios de la evolucion juridico-politica romana, se encuentra aquel segun el cual existe un soberano, auctor de todas las normas, solus conditor legis ("legislador unico"), y fuente de todos los derechos particulares. En palabras de Jouvenel (1957), esta idea tendra ocasion unicamente a partir del siglo XII, ya que durante los siglos precedentes a la reaparicion de esta idea romana el monarca se concibe exclusivamente como juez y no como legislador.

De modo que el objetivo fundamental de la modernidad consistio en la restauracion de la concepcion imperial de un solo jefe monopolizador de la autoridad que goza, por consiguiente, de la plena potestas. Los soberanos de Inglaterra, Francia y Espana mandarian unicamente sobre sus subditos, declarandose en consecuencia como los emperadores de sus reinos. Segun Jouvenel (1957): "son estos 'pequenos emperadores' los que haran prosperar la monopolizacion de la autoridad" (pp. 308-311). La autoridad en manos del soberano continua, no obstante, reclamando la amplitud e inmediatez de sus mandatos sobre el orden humano respecto a otros poderes que amenazan su dominacion. Esta subversion respecto a otras autoridades configura, pues, la historia misma de la soberania. Jouvenel define la soberania como el poder absoluto y total en todos los sentidos en que los canonistas hablan de la plenitud del poder. El soberano es supremo y superior, porque no existe ninguna otra autoridad que se iguale a su dignidad. Asimismo, su autoridad y poder son ilimitados en el tiempo y absolutos sobre todas las cosas que conforman la organizacion politica. La soberania consiste, pues,

en no tener por encima de si ni a un hombre ni a una ley. Este poder es absoluto y por encima de todo limite. El principe esta exento de las leyes, decia la ley, y desde entonces la ley es lo que quiere el principe. (Albericus Gentilis, citado en Jouvenel, 1957, p. 323)

En el mismo sentido, Jean Bodino (1973, p. 51) afirma que toda organizacion politica precisa de un poder supremo que haga las leyes y confiera la investidura a los magistrados, no estando el mismo sujeto a ninguna ley, excepto a las de Dios y a las de la naturaleza. Durante el siglo XX se asiste nuevamente a la confusion entre auctoritas y potestas bajo las dictaduras totalitarias de Alemania y Rusia. Al igual que el Imperio romano, el fascismo y el nacionalismo hacen emanar la autoridad de un solo hombre, cuya promesa radica en la creacion de un nuevo orden -sin ignorar, obviamente, sus diferencias-. Adolf Hitler, por ejemplo, empleaba numerosas veces el termino revolucion para referirse a la destruccion del orden existente y los planes del "partido" de construir una nueva Alemania (Overy, 2012, p. 83). La restauracion de un nuevo orden es, pues, el pretexto que funda la relacion entre auctoritas y potestas, la cual se produce desde los tiempos del principado, pasando por la revolucion papal y real, hasta las dictaduras totalitarias contemporaneas. En el mismo sentido, Schmitt (2004 [1934]) afirma en su texto El Fuhrer defiende el derecho, que a diferencia de la mayoria que omite por temor o desidia las advertencias de la historia, "el Fuhrer, en cambio, toma en serio las advertencias de la historia alemana. Esto le da el derecho y la fuerza necesarios para fundar un nuevo Estado y un nuevo orden" (Schmitt, 2004, p. 115). Ahora se trata del poder personal y el carisma del Jefe, cuya adoracion por parte de muchos determino su reconocimiento y obediencia voluntaria (8).

La superpersonalidad de Hitler, Stalin y Mussolini constituia la causa de su autoridad y el efecto de su poder sobre las masas y los individuos, ahora convertidos en objetos sin ningun valor. Hitler arguia vehementemente que la finalidad principal del Estado radicaba en elevar a las personalidades superiores a posiciones de autoridad y Stalin insistia en que el pueblo ruso necesitaba un zar, esto es, el liderazgo de un solo hombre, de modo que el poder de ambos dictadores carecia de toda traba y limitacion. El cargo del Fuhrer bajo el nuevo orden politico comprendia, sin embargo, algo mas que la funcion del presidente o el primer ministro, e incluso, la mision del guia, el jefe o el lider, toda vez que aludia a la promesa de un legislador o profeta generado por la historia misma y destinado a conducir al pueblo hacia el futuro, sin ninguna dilacion ni vacilacion (Overy, 2012, pp. 198-199). Los regimenes totalitarios, al igual que el principado romano, preservaron, no obstante, la estructura constitucional. En efecto, tanto el sistema hitleriano como el regimen sovietico, lejos de operar bajo un despotismo puro y simple, actuaron bajo la apariencia formal de los procedimientos, las normas constitucionales y las instituciones legales. Sin embargo, la constitucion no limitaba realmente a ninguno de los dictadores, quienes advirtieron la necesidad de crear formas juridicas extraconstitucionales irreconciliables con las disposiciones constitucionales. De modo que ambos dictadores estaban por fuera de la ley y, no obstante, creaban la ley. Hitler, por ejemplo, promulgaba profusos decretos y directrices en nombre propio, los cuales adquirian fuerza de ley, incluso mayor a cualquier ley oficial del Parlamento, porque el resto del sistema los aceptaba como categorias especiales de leyes. Hitler actuaba, entonces, como el unico legislador, sin la necesidad de consultar con los ministros ni buscar la aprobacion del Reichstag. En su trabajo titulado Dictadores, Richard Overy senala que durante la guerra se expidieron 659 ordenes legislativas importantes, de las cuales 72 fueron leyes formales, 241 fueron decretos del Fuhrer y 173 ordenes del Fuhrer (Overy, 2012, pp. 99-103, 109). La creacion juridica era, pues, el resultado de la voluntad habitual del lider.

Las confusiones teoricas y practicas entre auctoritas y potestas alcanzan a destruir no solo la esencia misma del derecho, al subordinarlo a la soberania y el interes del Estado, haciendolo emanar del Imperio, la Republica, el Estado o la Nacion, cuyos trazos se distinguen desde Roma hasta nuestra actualidad; tambien, y mas exactamente, alcanzan a destruir la vida humana. El paralelismo entre auctoritas y potestas seria incompleto si se limitara exclusivamente a senalar los efectos de creacion y destruccion del derecho, sin advertir, al mismo tiempo, las consecuencias letales que dicha relacion juridico-politica produce sobre la vida misma. A diferencia de Agamben, quien considera la auctoritas como la forma politica mediante la cual se suspende o reactiva la potestas, aprehendiendo la vida mediante una violencia inaudita, debera afirmarse, mas bien, la auctoritas como la forma politica mediante la cual se amplifica, extiende y perfecciona la potestas respecto a la vida humana, al punto de aplastarla mediante la saturacion y el exceso de poder porque la relacion teorica e historica entre las nociones de autoridad y poder ha generado no solo el aplastamiento de las naciones declaradas como enemigas, sino tambien la crueldad difusa, cotidiana, publica, asi como la bajeza y la sumision sin limites respecto de una autoridad capaz de manejar a poblaciones enteras como objetos sin valor (Weil, 2007, p. 259).

Todos esos rasgos recuerdan de forma sorprendente a las dictaduras totalitarias modernas, cuya maxima expresion implica el poder absoluto de un hombre sobre los demas hombres convertidos ahora en masas superfluas. El acrecentamiento de la potestas por parte de la auctoritas significa, pues, que los dispositivos de poder, incluida la violencia, se expanden y se perfeccionan como medios legitimos de gestion sobre la poblacion. En palabras mas claras,

la legitimidad del poder se traduce en la legitimidad de la violencia. En otras palabras, el empleo de la violencia se hace posible, en mayor o menor grado, por la creencia en la legitimidad que transforma el poder en autoridad. (Stoppino, 2011, p. 123)

La transfiguracion del poder en autoridad y, por consiguiente, su relacion con la violencia es algo mas que una curiosidad teorica, dado que la creencia ferrea en la legitimidad del poder ha generado historicamente una violencia inaudita sobre la vida, hasta el punto de reducirla a una vida desprovista de toda humanidad. Esta afirmacion toma lugar en las cacerias de brujas y en los linchamientos de los excluidos y de los extranos, asi como en los fanatismos politicos y religiosos de todas las epocas; tambien en el fascismo y el nacionalismo europeos, los cuales propagaron una violencia sin precedentes (Stoppino, 2011, p. 123).

En este sentido, Arendt (2010b) afirma que
   la experiencia de los campos muestra que los seres humanos pueden
   ser transformados en especimenes del animal humano y que la
   "naturaleza" del hombre es solamente "humana" en tanto que abre al
   hombre la posibilidad de convertirse en algo altamente innatural.
   (p. 610)


En este punto, lo que debe comprenderse es que

el verdadero espiritu puede ser destruido sin llegar siquiera a la destruccion fisica del hombre; y que desde luego el espiritu, el caracter y la individualidad, bajo determinadas circunstancias, solo parecen expresarse por la rapidez o la lentitud con la que se desintegran. (Arend, 2010b, p. 593)

El exceso de fuerza como resultado de la union entre auctoritas y potestas produce, pues, vidas saturadas de violencia. Porque

la violencia es seguramente una pequena muestra del peor orden posible, un modo terrorifico de exponer el caracter originariamente vulnerable del hombre con respecto a otros seres humanos, un modo por el que la vida misma puede ser eliminada por la accion deliberada de otro. (Butler, 2006, p. 55)

5. Conclusiones

EL ANALISIS BINARIO DE LAS NOCIONES de auctoritas (autoridad) y potestas (poder), mediando entre estas la violencia, permiten repensar categorias que, pese a su desconocimiento en los estudios del derecho, resultan decisivas para comprender el sentido y los fundamentos del derecho, asi como sus implicaciones en el mundo de la vida. A diferencia de las distintas investigaciones filologicas, filosoficas, politicas y juridicas que intentan definir las nociones de autoridad y poder a partir de su radical distanciamiento, diferencia y oposicion, con miras a restaurar la tradicion, es preciso entender ambas nociones en virtud de sus paradojicas afinidades, o lo que es lo mismo, desde sus posibles combinaciones, buscando descubrir, al mismo tiempo, el fundamento oculto de dicho nexo, a saber: la violencia y sus efectos en el derecho.

Las categorias autoridad, poder y violencia resultan inevitables para examinar el derecho en general y la filosofia juridico-politica en particular, a partir de su complejidad radical, esto es, desde sus enigmas, antinomias, anomalias y crisis teorico-practicas. Dichos vocablos resultan ahora complemente abstractos y desconocidos no solo para la tradicion, sino tambien, y mas exactamente, frente a los avatares de la vida contemporanea. Por esta razon, se hace preciso investigar ahora los grandes conceptos, las palabras de larga duracion en nuestros lexicos juridico-politicos, "no como entidades en si cerradas, sino como 'terminos', marcas de confin, y al mismo tiempo, lugares de superposicion contradictoria, entre lenguajes diversos" (Esposito, 2006, p. 8). En efecto, el sentido de las nociones y particularmente de la categoria de autoridad implica algo mas que su mera estratificacion epocal y disciplinar, ya que dicha nocion se prolonga en una linea de tension con otros terminos, la mayor de las veces analogos, tales como fuerza, reconocimiento, poder, guerra y, especialmente, violencia, que son centrales en la comprension del derecho en relacion con el mundo de la vida social.

Bajo este presupuesto, la revision teorica no es fin en si misma, por cuanto la confusion entre auctoritas ypotestas no solo ha legitimado la violencia como medio de fundacion y conservacion del Estado y el derecho, sino tambien la disposicion permanente de la vida de los individuos mediante la coaccion. Por esta razon, ningun tema resulta mas apremiante y, al mismo tiempo, mas dificil de tratar que el de la violencia juridico-estatal sobre la vida. Negar la posibilidad critica a los fundamentos del poder, la autoridad y la violencia parece aceptar sin mas la condena de una sociedad apatica a todo tipo de fuerza bien sea juridica, social o politica, lo cual reproduce y perpetua indefinidamente aquella guerra e injusticia que no encuentra otra respuesta sino a traves de la violencia legitima, que por ello no deja ser violencia y que, en consecuencia, condena, detiene, expulsa, excluye, mata o simplemente abandona. El asunto de la violencia se ha vuelto pues forzoso para toda investigacion que pretenda comprender agudamente el derecho en constelacion con otros terminos y fenomenos de la praxis politica (Nancy, 2001, p. 23; Echeverria, 2011, p. 309). De ahi que la actualizacion de los terminos juridicopoliticos de auctoritas y potestas constituya una tarea apremiante, puesto que la creencia ferrea en la legitimidad del poder y la proteccion de la autoridad ha generado de manera sistematica una violencia letal sobre la vida, hasta el punto de reducirla a una vida desprovista de toda humanidad.

Asi pues, es necesario investigar criticamente el origen y los sentidos de las nociones mencionadas, sus fracturas, giros y escisiones, cuyos efectos han consistido en admitir una autoridad capaz de repeler toda accion destinada a destruirla mediante la administracion, el control e, incluso, la eliminacion de la vida humana. Bajo este escenario de poder y sometimiento, la autoridad representativa del orden, quien surge, de pronto, como un guerrero o un jefe en nombre de la comunidad vulnerable, amplifica los dispositivos de poder, incluida la violencia, extendiendolos y perfeccionandolos no solo respecto a los enemigos, sino tambien, y mas que nada, respecto a sus propios ciudadanos:

La legitimidad del poder se traduce en la legitimidad de la violencia. En otras palabras, el empleo de la violencia se hace posible, en mayor o menor grado, por la creencia en la legitimidad que transforma el poder en autoridad. (Stoppino, 2011, p. 123)

La gran maquina constituye, pues, un mecanismo de poder extraordinario cuya autoridad reside en su capacidad de triturar el espiritu humano: "el hombre que se encuentra asi capturado es como un obrero atrapado por los dientes de una maquina. No es mas que una cosa desgarrada" (Weil, 2007 p. 34). En este punto, basta recordar las palabras de Friedrich Nietzsche para temer del deseo de las masas que gritan invocando al viejo Leviatan, el nuevo idolo de seguridad, orden y proteccion.

doi:10.11l44/Javeriana.uph34-68.crna

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ADRIANA MARIA RUIZ GUTIERREZ *

* Universidad de San Buenaventura, Medellin, Colombia.

Correo electronico: adriana.ruiz@upb.edu.co

(1) Alvaro D'Ors (citado en Domingo, 1997, p. 191) contrapone el saber socialmente reconocido (auctoritas) y el poder socialmente reconocido (potestas) a partir del simbolismo de la mano: "el puno cerrado evidencia la fuerza, el poder, y es simbolo de la revolucion. El puno abierto mostrando la palma es el simbolo del poder ya reconocido, es decir, de la potestad; es, por eso, el que utilizo Hitler en la epoca nacionalsocialista. Un dedo levantado simboliza el saber; el nino sabiondo que sabe dar respuestas a la pregunta que ha hecho el maestro en la escuela levanta un dedo--absolutamente inofensivo-, porque carece de poder. Dos dedos levantados--el indice y el corazon--simbolizan el saber reconocido, es decir, la autoridad. Asi, en las miniaturas medievales, es frecuente representar a las personas que hablan--que estan ejerciendo, por tanto, su autoridad--con estos dos dedos levantados. Asi tambien, en los iconos bizantinos--modelo de la imagineria medieval universal-, Jesucristo lleva en su mano izquierda el globo del mundo que domina, y levanta dos dedos de su mano derecha en senal de su autoridad. El problema llega cuando el que tiene dos dedos levantados quiere levantar los tres restantes, es decir, cuando la autoridad pretende llegar a ser potestad (gobierno platonico de los sabios) o, lo que es peor, cuando el gobernante que tiene la palma de la mano extendida, como tiene los cinco dedos levantados, piensa que esta revestido, no solo de auctoritas, sino tambien de potestas".

(2) A proposito de este nuevo periodo, Wolfgang Kunkel (1996) en su texto sobre Historia del derecho romano establece que la nueva ordenacion de la constitucion republicana otorgaba amplias facultades politicas a Augusto, representante del poder monarquico, que, no obstante, contradecian los preceptos del derecho constitucional republicano (pp. 56-57). Augusto no queria ser considerado como un soberano designado constitucionalmente, sino como el primer ciudadano--princeps--de una ciudad libre. De esta manera, Augusto gozaba de un extraordinario reconocimiento politico --auctoritas--al lado de los funcionarios encargados del gobierno republicano, quienes eran sus empleados particulares. Asi las cosas, la direccion y la gestion de los asuntos publicos, que otrora recaian sobre los organos constitucionales, recaerian, en adelante, sobre los hombros de Augusto.

(3) Manuel Garcia Pelayo (1981, p. 42) ensena que en la deificacion del emperador romano intervino ademas del reconocimiento de la auctoritas de Octavio, la difusion en Roma, especialmente a traves del Carmen saeculare de Horacio, y de las Eglogas, de Virgilio, del mito oriental de un reino venidero que cerraria la historia dando una forma definitiva y feliz a la humanidad. Pero este reino no podia ser construido por la fuerza humana, sino unicamente por un hijo del cielo. De ahi que para los pueblos del Imperio romano cada emperador se transfigurara en el ser divino que traeria el reino esperad.

(4) Con los rescriptos--fuente principal de produccion juridica hasta Diocleciano--los juristas de la Cancilleria imperial--revestidos de auctoritas prudentium--pasaron a depender directamente del emperador--revestido de potestas--. La Oratio principis, es decir, el discurso u orationes que el emperador enviaba para su aprobacion por el Senado, no era sino una fuente de potestad producida por un organo de autoridad. En efecto, la aprobacion senatorial se habia convertido en un tramite meramente formal, siendo la voluntad del emperador la que finalmente se imponia. Por ultimo, el Edicto--fuente de potestas--, al codificarse en epoca de Adriano, se convirtio en un libro de autoridad. Es bien sabido que el derecho romano no era un derecho positivo, sino jurisprudencial, ya que las mismas leyes no creaban ius sino a traves de la recepcion jurisprudencial. Los juristas creaban el derecho. Dichos juristas, que solian ser bastante respetuosos y conservadores de la tradicion de los prudentes que les habian precedido, realizaban las reformas juridicas de acuerdo con las exigencias actuales y, para ello, se valian de la jurisdiccion pretoria. Los juristas introducian las novedades en un Edicto, bien fuere para incorporar algo nuevo, bien fuere para suprimir algo existente, de acuerdo con los resultados obtenidos en la vida social. De esta manera, las transformaciones del derecho que se producian a partir de la jurisdiccion eran, sin duda, mas agiles, efectivas y prudentes que la de los derechos legislados, cuyos progresos procedian de la derogatoria de las leyes mediante las mismas leyes que las reformaban. Durante el siglo II, el Edicto se estabilizo y dejo de presentar modificaciones apreciables. Por tal razon, el emperador Adriano decidio hacer una edicion oficial y definitiva del Edicto pretorio denominado Edicto recepticio, que incorporo las disposiciones de varios siglos y otras novedades. El nuevo texto que fue aprobado por el Senado, dejo de ser, por tanto, una publicacion anual, para convertirse en un libro oficial, inalterable y evasivo a toda transformacion (D'Ors, 1980, pp. 238-240; Domingo, 1997, pp.188-189). La auctoritas expresaba, entonces, el poder ultimo y supremo de establecer normas de accion vinculatorias.

(5) Bajo los principios del derecho publico romano, el emperador poseia toda la autoridad y el poder para crear la ley que. A partir de Constantino, la legislacion imperial era la unica fuente de derecho. El derecho publico romano, a su vez, consistia en las cosas sacras, los sacerdotes y magistrados que administraban el bien comun de los romanos. De modo tal que el derecho publico estaba referido a la estructura y constitucion del Imperio, esto es, al interes publico.

(6) favoris nostrigratia, donusgratiae, specialisgratia.

(7) Al respecto, vease tambien: Laurent, 2005.

(8) Ademas de los estudios juridico-politicos de Carl Schmitt acerca de la decision y la excepcion como manifestaciones objetivas e inmediatas de la autoridad del soberano, Theodor W. Adorno, Else Frenkel-Brunswik, Daniel Levinson y R. Nevitt Sanford tambien teorizaron el fenomeno de la autoridad y sus distintas manifestaciones, a partir de la busqueda y la comprension de los factores socio-psicologicos que hacen posible la aparicion de individuos potencialmente fascistas. Esta investigacion constituye un avance frente a los analisis del psicoanalista Erich Fromm, quien investigo agudamente las causas y los alcances del caracter autoritario, entendido como la base de la personalidad que impulsa al individuo a obedecer y servir a determinadas autoridades exteriores. Fromm (2008) advierte, en efecto, que el caracter autoritario constituye un factor psicologico ineludible para comprender el alcance y significado del autoritarismo, ya que dicho caracter no solo determina el pensamiento y la accion del individuo, sino tambien su adhesion incondicionada a determinadas autoridades exteriores. Por su parte, Adorno et al. (2006) avanzan en el analisis sobre los fascistas potenciales, cuyos rasgos facilitan la difusion de los regimenes autoritarios.
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Author:Ruiz Gutierrez, Adriana Maria
Publication:Universitas Philosophica
Date:Jan 1, 2017
Words:12560
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