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CORTAR EL NUDO. LOS RELATOS DE VIAJE DE MAIPINA DE LA BARRA, CLORINDA MATTO DE TURNER Y EDUARDA MANSILLA.

Cutting the knot. The Travel Literature of Maipina de la Barra, Clorinda Matto de Turner y Eduarda Mansilla

Cuenta la leyenda que ante la imposibilidad de desatar el nudo de Gordias, Alejandro resolvio sin contemplaciones cortarlo de un solo tajo con su espada, salvando con esta sencilla operacion el desafio que el nudo representaba. Este articulo ubica algunos relatos de viajes de las mujeres del XIX en el punto ciego de la leyenda, que es el configurado por la diferencia de genero. Si bien es cierto que frente a situaciones de conflicto personal profundamente complejas y dificiles de desatar, ellas optaron por el viaje sin retorno como unica forma posible de ponerse a resguardo, este corte no fue ni rapido ni sencillo, antes bien implico serias perdidas personales ademas de un giro drastico en sus vidas. El viaje en esta lectura que propongo en clave femenina significa el doloroso pero necesario abandono de la patria o de la familia como intento de huir de la violencia y de las amenazas fisicas o simbolicas que se ciernen contra las escritoras. El nudo que ellas en efecto cortan cuando optan por emprender el viaje es pues bastante mas complejo que el de Gordias en la medida en que el corte significa un giro extremo en sus vidas que por anadidura no resolveria el problema, solo lo postergaria. La deuda incurrida en el acto mismo de cortar es irreversible en la medida en que tras la partida no podran volver a establecerse en la patria amada, o volver a armar la familia desarmada que resulto como producto del viaje. Queda claro que desatarlo habria sido su deseo y que en encontrar la formula para lograrlo habrian invertido hartas disquisiciones, marchas y contramarchas, pero que conscientes de las fragiles componendas implicadas en el acto de desatarlo, optaron por cortarlo. Propongo pensar en el nudo gordiano como metafora de la diferencia de genero en el viaje decimononico y en la desigualdad de condiciones con que hombres y mujeres tejen los hilos publicos y privados con los que configuran el diseno de sus libros de viaje y de vida.

Mi enfoque en estas paginas son los relatos de tres viajeras latinoamericanas en el ultimo tercio del siglo XIX. Ellos son Mis impresiones y mis vicisitudes en mi viaje a Europa pasando por el Estrecho de Magallanes y en mi excursion a Buenos Aires pasando por la Cordillera, de la chilena Maipina de la Barra (Buenos Aires, 1878); Recuerdos de viaje, de la argentina Eduarda Mansilla (Buenos Aires, 1882); y Boreales, Miniaturas y Porcelanas, de la peruana Clorinda Matto de Turner (Buenos Aires, 1902). Me interesa identificar, a partir de la figura del nudo gordiano y de la huida, las marcas y las inflexiones visibles de genero sexual en estos libros de viajes de autoria femenina que se escriben en una epoca en que dicho genero literario gozo de gran popularidad y prestigio en America Latina por razones que otros criticos como Montaldo (1994), Pratt (1996) y Gonzalez Echevarria (2000) han explorado ampliamente y que no es mi objetivo elaborar en este espacio.

Fueron muchos los escritores varones de la region que como Sarmiento escribieron sus testimonios de viajes "al reves" (Montaldo 66). No solo por tratarse de una mirada de viajeros latinoamericanos en Europa y ya no la de viajeros europeos que vienen a identificar territorios "nuevos" en America, sino tambien porque cuando los escritores sudamericanos abordaban sus transatlanticos en Valparaiso, Buenos Aires o El Callao era como si estuvieran regresando a un continente que ya conocian aun si solo desde sus sillones de lectura y gracias a la gran biblioteca europea que tenian a la mano (73). Pero tambien porque eran viajes que el escritor emprendia para legitimar su lugar de enunciacion trasatlantico, prestigioso y publico que a su regreso le permitiera afianzar su pertenencia a las estirpes de "grandes hombres de la patria". En la mayoria de los casos, los escritores dentro de esta tradicion viajan con misiones de Estado muy claras, ya sea en representacion diplomatica, como son los casos conocidos de los chilenos Vicuna Mackenna a Nueva York, Blest Gana a Washington, Paris y Londres, el argentino Miguel Cane en Venezuela y Colombia, o como el del peruano Jose Arnaldo Marquez en San Francisco. Viajan tambien en mision oficial de estudio e importacion de conocimiento, como es el conspicuo caso del viaje de Sarmiento a Estados Unidos para evaluar los sistemas publicos de instruccion y su posterior implementacion en Chile, o en representacion cultural del pais natal como fue el viaje de Palma a Espana para las celebraciones del cuarto centenario del descubrimiento y de Blest Gana a Mexico en representacion de Chile en el Congreso Panamericano de 1901. Otra mision de viaje era la de representacion de intereses comerciales, como fue el caso del viaje de Lucio Mansilla a la India como agente de los negocios de su padre. Todos estos sin mencionar los viajes de formacion, como el de Vicente Perez Rosales y otra vez Blest Gana, quienes van a Paris para completar su educacion, o de turismo como el del chileno Lizardi en Espana, el de los peruanos Juan Bustamante y Juan de Arona, o Eduardo Wilde y Lucio Vicente Lopez en Europa. Finalmente no hay que olvidar los viajes de aventura como el que hiciera Perez Rosales a California en busca de oro, Lucio Mansilla a las tolderias ranqueles y Vicuna Mackenna al interior de su pais. Es importante referirse a este largo catalogo de relatos de viaje de autoria masculina porque se trata sin excepcion de viajes realizados con itinerario y propositos determinados no obstante la diversidad de objetivos y acaso la posterior desviacion de alguno de ellos. Lo que me interesa subrayar es que en estos textos clasicos el "para que" del viaje esta claramente articulado a la pertenencia privilegiada del viajero a la nacion, y a la adquisicion y acumulacion de capital cultural en las culturas metropolitanas como herramientas fundamentales de poder que sus autores han de saber exhibir y usar eficazmente a su regreso en aras del fortalecimiento de su figura de hombres publicos.

En contraste con este panorama, lo que salta a la vista en la lectura de los libros de viaje de autoria femenina, como espero demostrarlo en este articulo, es que ninguno de estos viajes se realiza por encargo oficial o porque las viajeras aspiren a regresar habiendo alcanzado la gloria, el poder o el barniz del saber europeo, sino por problemas personales irresueltos en sus paises de origen o de residencia que las conminan a partir en viajes sin boleto de retorno y en una suerte de huida necesaria para resguardarse del castigo o de la amenaza de fracaso, ya sea matrimonial, social o vocacional, o mas exactamente, de su proyecto de vida. Si bien las razones de la partida son tan claras y urgentes como lo es la supervivencia, el itinerario a seguir y la agenda de llegada aparecen en mayor o menor grado suspendidos en una nebulosa. Por anadidura, si en el caso de los varones el viaje se hace con un pasaje de vuelta que es tanto o mas necesario que el de la ida, el de las viajeras se hara solo con un pasaje de ida. De hecho, Maipina de la Barra y Clorinda Matto partiran de Chile y Peru, respectivamente, para no regresar mas a vivir en su tierra natal, excepto eventualmente de visita, como en el caso de Maipina; y Eduarda Mansilla partira del hogar que comparte con su familia en Paris para no volver hasta despues de seis anos y tambien de visita. Mientras que los viajeros volveran a su puerto de partida para ser bien recibidos y retomar la vida nacional engrandecidos por la experiencia y listos para asumir nuevos cargos publicos--una curul en el parlamento, una nueva embajada o consulado, una gobernacion--que los acerquen cada vez mas a la figura ambicionada de "padre de la patria", las viajeras moriran en el extranjero o en el caso de Mansilla, de vuelta en su patria pero tan alejada de los blasones y condecoraciones publicas que pedira que junto a ella desaparezca tambien toda su obra. En el caso de otros viajeros, como Palma y Blest Gana, viajes y cargos seran los hilos intermitentes y consecutivos con los que tejeran una vida de exitos y reconocimientos continuos. Para concluir con los contrastes entre unos y otros, solo senalar que mientras que la escritura del viaje masculino produce diversas formas de alarde en el texto, aquella del viaje en clave femenina produce antes bien, como veremos, diversas estrategias de representacion fantasmatica, y en algunos casos de silenciamiento del conflicto que las compelio a emprender el viaje de partida.

Por alarde me refiero a cierto tipo de exhibicionismo o inclinacion a exhibir ante el publico lector conductas que transgreden los codigos aceptados de sociabilidad de clase y genero. Los ejemplos mas conspicuos son los alardes de omnipotencia e "incorregibilidad" acosadora de la que hace gala especialmente Lucio Mansilla, pero tambien Jose Arnaldo Marquez y Vicente Perez Rosales, como estrategias narrativas a la que echan mano para construir autorretratos de acendrada virilidad (1). En el caso de Mansilla, los alardes de voyerismo con los que sostiene en las Causeries su aura de dandy excentrico y blase llegan al paroxismo en "Catherine Necrasoff", en la que se exhibe como seductor irresistible; en "Limosna y mendicidad", en el que detalla alegremente su costumbre de inspeccionar los cuerpos de las mujeres que caminan por la calle y perseguirlas hasta sus casas aprovechando de su distraccion (427-428); y "En las Piramides de Egipto", donde alardea haber comprado una mujer en un mercado de mujeres lleno de abisinias, nubianas y georgianas desnudas (105) . Los alardes sin embargo no solo son de naturaleza erotica, tambien abundan aquellos de cosmopolitanismo, como los que se registran en el relato de Blest Gana con respecto al provincialismo de los norteamericanos en sus viajes de turismo al Niagara; y los alardes literarios como los que despliega Palma cuando se complace en describir en sus Recuerdos de Espana las amistades que cultiva con grandes escritores como Zorrilla, Valera, Castelar, Campoamor y Pardo Bazan, y los de Sarmiento cuando registra sus contactos con personajes de primera fila en la cultura y politica europeas.

El comun denominador de los relatos de De la Barra, Mansilla y Matto en cambio, es la presencia de una herida que deben saber orillar o manejar en el tejido mismo de la narracion. Llama la atencion que a pesar de la singularidad en tono, sensibilidad y lenguaje que distingue a cada uno de estos textos, y a pesar de la particularidad historica que los produce, aparezcan en los tres casos esta figura de la huida que hace visible las inflexiones de genero sexual con las que es necesario conjugar el genero literario de viajes. Opto por estos tres textos en mi recorte, pero me queda claro que hubiera podido incluir otros de viajeras que tambien tuvieron que cortar el nudo que las asediaba y asumir las consecuencias. Entre ellas, Flora Tristan, quien viaja al Peru desde Francia huyendo de un esposo violento y de una legislacion francesa que condenaba como delito la separacion conyugal, con la esperanza de reclamar una herencia con la que pudiera vivir independientemente, y que fruto de este viaje publica Peregrinaciones de una paria; y Juana Manuela Gorriti, quien huye de su esposo en La Paz con sus dos hijas pequenas luego de un conflicto conyugal del que tenemos poca informacion, cuyo fruto es un relato de viaje ficcionalizado, Peregrinaciones de un alma triste.

LA ESENCIALIZACION DE LA HERIDA. MIS IMPRESIONES Y MIS VICISITUDES, DE MAIPINA DE LA BARRA

Maipina de la Barra huye en mayo de 1873 de Valparaiso rumbo a Europa por encontrarse, tal como lo consigna en el parrafo inaugural de su relato, "viuda, con solo una hija de 16 anos de edad por companera, aislada, casi olvidada, y entregada a la contemplacion de un triste presente y de un nebuloso porvenir, cuyo dolor aumentaba la memoria de mi antigua posicion" (13). Atenazada, ademas, por una situacion economica precaria y en progresiva decadencia a la que ella enfrentaba con el unico recurso que tenia entonces a la mano, dando clases particulares de piano y canto. Como es sabido, el trabajo femenino a lo largo del siglo XIX no fue considerado como opcion digna ni aceptable para las mujeres de elite, por lo que sentiria malestar al verse "obligada por las vicisitudes de mi familia a trabajar para ocurrir a las necesidades de la vida" (13). La figura de la huida se configura pues desde el inicio, como topico central de Mis impresiones, y en la segunda parte, Mis vicisitudes esta adquiere visos de leitmotiv que atraviesa y estructurara el relato (2). Cuenta la narradora que tuvo que preparar el viaje con sigilo y disimulo, recurriendo incluso a la mentira acerca de su plan porque temia que la retuvieran, y lo que ella de verdad queria, era irse para "no volver mas" (16). A su regreso del periplo europeo, un ano mas tarde, y tras el conflicto que le supone la opcion de matrimonio de su unica hija, al que ella se opone vehementemente, vuelve a partir "sin conocer bien el termino de mi viaje, sin mas objeto que huir de mi desventura." (206). A pesar de que se siente debilitada de salud, resuelve entonces "contra la opinion de los facultativos" (104), como lo hiciera tambien la narradora de Peregrinaciones de un alma triste, organizar rapidamente otra vez sus asuntos y volver a huir, aunque esta vez en condiciones mucho mas duras que las de su viaje a Europa, porque ahora debe cruzar la cordillera ella sola, sin hoja de ruta, sin destino final claro y a lomo de mula (3). Al final del primer tramo, en Santa Rosa de los Andes, enferma otra vez, desobedece nuevamente la opinion del medico (195), razon por la cual se debate en la duda agonica de si desistir o seguir "a riesgo de perecer en el camino" (194). La duda la traspasa, "?Que iba yo a hacer en otras partes? ?Me iria bien?", se pregunta, para luego responder con amargura que si su "vida entera ha sido un tejido de desventuras, un martirio prolongado; ?como podria ser ahora diferente?" (203). Finalmente, despues de detenerse en Mendoza y Rosario, llega a Buenos Aires donde se instalara hasta su muerte en 1904. El topico del infortunio es recogido por los editores en la Advertencia cuando anuncian a sus lectoras que entre las paginas del libro que tienen entre manos podran enterarse de "las impresiones de viaje de la autora, y de una de las mayores amarguras acaecidole al regresar a Chile, su patria" (3) (4).

Los significantes que atraviesan este relato de viajes--"abnegacion", "agonia", "angustia", "abatimiento", "desgracia", "quebrantamiento", "desamparo", "dolor", "desesperacion", "desfallecimiento", "desventura", "pesar", "enfermedad", "sacrificio", "quebranto", "resignacion", "rendimiento" y "martirio" entre tantos otros--se constelan alrededor del campo semantico del sufrimiento mariano, topico que comparte con los textos de Gorriti y Tristan y que configuran una retorica de las lagrimas en la misma linea que propone Ana Peluffo para Aves sin nido de Clorinda Matto y Sab de Gertrudis Gomez de Avellaneda. Sin embargo, tratandose de un relato de viajes y no de una novela, dicha retorica se despliega con el fin de representar el desamparo e impotencia de un sujeto narrativo cuyo unico deseo posible en esas circunstancias es la sobrevivencia. Una sobrevivencia propia del sujeto femenino que se diferencia del masculino clasico de las "literaturas de sobrevivencia" que describe Pratt para relatos como Robinson Crusoe, repletos del motivo del peligro, ya sea por naufragio, motin o cautiverio que el heroe debera sortear. Los peligros que se le presentan a esta narradora formada en la devocion religiosa y en el culto a la familia y al espacio domestico son de orden mas complejo, porque no solo se trata de invocar el coraje para bordear un abismo o atravesar un rio torrentoso en la cordillera, sino sobre todo, para evitar el naufragio ahogada en su propio miedo, o el cautiverio interno que supone el sufrimiento y la soledad como modo de vida. Como anota la narradora, el miedo la paraliza y la deja "como insensible", como "solo el reo a quien notifican la ultima pena podria comprender" (197). La resignacion y la fe como unicas armas en estas circunstancias parecen tan ineficaces como las del Quijote en su lucha contra los molinos de viento. Pero a ellas echa mano, entre ayes y gemidos, encomendando su sufrimiento una y otra vez a una voz "intima" que la conmina a confiar en la Providencia salvadora (206). Empero, a medida que el dialogo con esta otra voz la aferra a la esperanza de la salvacion, crecera en ella el convencimiento de una "gran debilidad" propia que la conmina a obedecer esa voz secreta como mision y destino de vida (201, 207).

Se trata de un sufrimiento que la acompana permanentemente e intensifica su vulnerabilidad ante circunstancias que, desde una mirada mariana, tornan incierto su futuro y doloroso el presente, configurandola como victima de su propio destino (5). En La politica cultural de las emociones, Sarah Ahmed escribe acerca de los peligros de que en medio de su dolor, el sujeto extirpe la herida que lo perturba de la especificidad de su historia, de esa historia, y de esas causas sociales que fueron las que infligieron la herida que ahora duele. El peligro, senala Ahmed, esta en caer en la tentacion de fetichizar el dolor, es decir, de pensarse a una misma como una gran herida, de esencializarse como esa gran herida, en lugar de pensarse como alguien que fue herido en algun momento y en alguna circunstancia precisa del pasado (32-33). Al identificarse con la herida y el sufrimiento de la herida, es decir, al confundir la herida con la identidad, Maipina arriesga borrar la historicidad y el origen social de su dolor, el mismo que podria identificarse como la negativa de la sociedad a reconocer el derecho de las mujeres de todas las clases al trabajo y a la autonomia. La pobreza tiene rostro de mujer, como ya lo habia descubierto Flora Tristan en sus Peregrinaciones de una paria, o en terminos mas modernos, la pobreza es femenina (6). Carla Ulloa senala que el reclamo clave del libro es la expulsion de las mujeres en su sociedad de origen del mundo del trabajo, y la validacion de las nociones de superioridad europea por el estatus de las mujeres en ese continente (Ulloa 2013, 26). Aun si el sujeto narrativo reclama en diversas partes del relato el derecho de las mujeres al trabajo negado en su pais, y se lamenta por la mirada clasista y patriarcalista que lo deshonra, sorprende que no llegue a conectar esta division del trabajo, propia de las sociedades patriarcales, con su propia situacion de viuda pobre y con su propia identidad de victima. En su lugar, asistimos en el decurso del relato, al desplazamiento de la agencia personal del sujeto por una "fuerza providencial" que desde algun lugar la ampara, pero de la que ella apenas tiene control.

Al abanico de adjetivos y sustantivos relativos al sufrimiento fisico y moral, al enfasis de su maternidad solitaria y de su viudez desamparada, se sumara la figura del Dios Padre que le habla legitimando su posicion mariana doliente y ennoblecedora, y configura con su voz un hilo conductor que se suma a los otros para intensificar y apretar el diseno del tejido. El problema con la fetichizacion es que al volverse estatico el dolor en la subjetividad de quien lo sufre, la experiencia traumatica se naturaliza. El dolor entonces pasa a ser fundador de una identidad que se concibe a si misma como sujeta al evento, en lugar de ser sujeto del evento (7). A pesar de describir el desplazamiento de la viajera en el tiempo y en el espacio, el tiempo en Mis impresiones no solo parece detenido sino que, al haber quedado la herida extirpada de su historia, esta aparece suspendida en un vacio social y al margen de la comunidad de origen. El dolor de la viudez, la enfermedad y la pobreza permea el texto de tal manera que queda poco espacio para otro mandato que pudiera servir de contrapeso al de "debil mujer" y angustiada madre. La agencia historica del sujeto narrador amenaza reiteradamente con desaparecer en este proceso de inexorable desubjetivacion frente a los episodios propios del viaje, proceso que adquiere mayor densidad con el desdoblamiento de la voz narradora en otra voz que le habla desde el mas alla. Se trata de una voz que cruza el texto de principio a fin para aconsejarla, tranquilizarla y profetizar su destino. Esta voz, identificada como la Madre Dolorosa/Providencia, le habla desde el primer capitulo, en momentos de confusion grave y paralizante para la narradora, en una iglesia de Santiago, adonde ella ha ido a rogarle que la ilumine, y la conmina a emprender el viaje de partida. "Ella me escucho", escribe. "Al salir de la Iglesia iba decidida a realizar mi viaje a Europa ... y al ir a ponerselo en conocimiento de mi hija ella se adelanto diciendome: "Mama: debemos irnos a Europa porque Jesus y la Virgen me lo han inspirado en la iglesia. ?Que podia yo responder a esta sorpresa?" (De la Barra 16). La sorpresa es, claro, que madre e hija hayan escuchado el mismo consejo al mismo tiempo. Con la aparicion de esta voz, la suerte esta echada para el sujeto narrador y solo le queda organizar su viaje en secreto.

Paradojicamente, y a pesar de su posicionamiento dentro del marianismo establecido, la autora encuadra su relato en la sutil denuncia de este mismo discurso. Escribe en su "Dedicatoria a las damas argentinas": "Al hacer este trabajo tan solo me propongo fomentar el desarrollo de elevadas ideas que muchas de nuestro sexo guardan ocultas en el fondo de su pecho y a las cuales no dan expansion tal vez por un falso temor a la publica critica, dejando asi de manifestar los dones con que la Providencia nos ha dotado" (11). A este sutil lance de guante con el que anima a sus lectoras a liberar y potenciar sus dones reprimidos por el temor a la critica, se le da otra vuelta de tuerca cuando parece aludir al modelo femenino de abnegacion mariana como si este estuviera condenado a pasar pronto a su forma residual en un mundo en el que las demandas de educacion y trabajo de las mujeres hacian mas y mas ruido. Termina asi su dedicatoria lamentandose de que "no conozcamos bien lo que perdemos [al] contrariar nuestras bellas inclinaciones" (11). No estaria fuera de orden sospechar que en la escritura de su experiencia de viaje, Maipina efectivamente "descubre lo que perdio" (la agencia), y que como resultado, al final de este proceso opta por asumir la posibilidad de ser "sujeto de" y no solo "sujeto a". Podriamos concluir entonces, como apunta Carla Ulloa, que el viaje parece haberla transformado (Ulloa, 2102). De hecho, una vez establecida en Buenos Aires, se dedicara a investigar, a seguir viajando y a dar conferencias publicas sobre la educacion para las mujeres, ademas de ofrecer recitales musicales y practicar el espiritismo, con lo que asumimos que el modelo femenino de sufrimiento mariano, gracias al alejamiento de su patria, llega a ser desplazado por uno renovado de agencia y trabajo propios de la modernidad. El discurso mariano y fetichizante de la herida propuesto en este articulo se confrontaria entonces, a manera de contrapunto, con el discurso pedagogico que ha sido examinado en otros estudios anteriores a este (Ulloa 2012, 2013 y Arcos y Salomone 2014). Como sostienen estas criticas, no se puede soslayar la apuesta pedagogica resumida en el programa de educacion que presenta la autora en su totalidad en el capitulo XVIII, y que aspira a una educacion integral moral y practica, que logre capacitar a las mujeres como profesionales, de modo que no puedan "volver jamas a ser pequenas" (De la Barra 172). Propongo como reflexion final pensar el libro como un proyecto de bisagra entre dos generaciones, la de la autora, que se ve a si misma por las razones propuestas hasta aqui, en riesgo permanente de "volver a ser pequena" y la generacion de su nieta, quien se habria visto favorecida por un programa educativo que, como lo proponia Maipina, autonomice y des-tutelice a las mujeres. Aunque su hija Eva, causante de la segunda huida descrita en Mis vicisitudes no se beneficiaria directamente del programa de educacion que ofrece su madre a las lectoras argentinas y chilenas de su libro, ella aparece ya, en su resistencia contra viento y marea a los deseos de la madre y en su solida afirmacion en el derecho a elegir esposo, como una figura femenina moderna. Todo lo cual nos sugiere que Blanca Lila Encarnacion, hija de Eva y nieta de Maipina, mencionada en la carta que la autora incluye en el apendice de su libro, representaria esta nueva generacion de mujeres depositaria de las lecciones de sus abuelas.

LA HISTORIZACION DE LA HERIDA. "BOREALES", DE CLORINDA MATTO DE TURNER

Clorinda huye de Lima el 25 de abril de 1895 porque su casa y su imprenta han sido saqueadas, su hermano tomado de rehen, y ella perseguida por las montoneras del caudillo Pierola "por el pecado de mezclarnos en politica" y ejercer "el derecho que existe de pensar y de expresar el pensamiento", segun escribe en "Boreales" (Matto 1902, 23) (8). Como en el relato de Maipina, este viaje es el resultado de un conflicto, aunque no de indole personal y economico, sino politico y cultural. Matto aspiraba a ingresar en el campo de las letras y de la contienda politica en igualdad de condiciones que sus companeros de oficio, lo que provoco diversos episodios de violencia fisica y simbolica contra ella, el primero en 1889, luego de publicar Aves sin nido, el segundo en 1890 por la publicacion de "Magdala", y finalmente el mas grave, en 1895 por la intensificacion de su protagonismo cultural y politico (9). Por ello, "permanecer en el Peru era algo mas que dificil", como escribe al llegar a Chile. Pero antes de que esta herida produzca pesar e impotencia en el sujeto narrador, surge "la inspiracion del espiritu" que la impele a viajar a "playa extranjera, no para ir a llorar la derrota, sino para vigorizarnos en la triple escuela del trabajo, de los viajes y del patriotismo"(65). Cuando llega a Buenos Aires tres semanas mas tarde habiendo cruzado la cordillera por la misma ruta por la que veinte anos antes viajara Maipina, se ha afirmado en su mision de "buscarme el pan que no podiamos hallar en aquel suelo cargado de venganzas, de atropellos y de cuanto innoble puede producir la comandita del clericalismo con el pierolismo" (24). Resulta de particular interes el contraste que resulta de la representacion del sujeto narrador en el relato de Maipina y el de Clorinda. Mientras que esta se muestra en control de horarios, hoteles, transporte, precios, salud y emociones y se construye desde "la voz de la razon" (99), Maipina aparece acechada permanentemente por la duda, el miedo, el frio, la enfermedad, las incertidumbres y la impotencia para asegurarse caballos o alojamientos adecuados. Si la narracion del viaje en "Boreales" es apurada, eficaz y con datos precisos de nombres, fechas e itinerarios, el de Mis vicisitudes es pausada, incierta e imprecisa, y si Clorinda solo se detiene para admirar los prodigios de la tecnologia moderna o para registrar sus contactos con "lo mas notable" de la intelectualidad (86), Maipina lo hara constantemente para registrar detalles del paisaje y de la conversacion menuda con los companeros de ruta. Si el sujeto narrador en este inspira compasion y ternura en sus interlocutores, en el otro inspira admiracion y respeto por la distinguida fama que la precede.

El topico del trabajo es recurrente en este relato, como lo es en sus cartas a Palma y en sus editoriales de El Peru Ilustrado y Los Andes; por ello el haber perdido la principal fuente de vida que representaba para ella su imprenta constituye la herida que mas le duele (57). De sus cartas a Palma escritas en Arequipa a partir de 1883 cuando era una mujer ya sola, forastera, viuda y rayando en la pobreza, sabemos que pasaba largas horas trabajando en el periodico La Bolsa a cambio de "sueldos miserables" pagados tarde, mal o nunca. Escribe por ello que conoce de cerca "lo que es ser mujer en el Peru con voluntad de trabajo, sin poderlo conseguir" (10). Al mudarse a Lima en 1886 espera mayor reconocimiento que en Arequipa, pero a pesar de tocar muchas puertas tendra que esperar todavia tres anos para tener un trabajo regular en la direccion del prestigioso El Peru Ilustrado en 1889, al que sin embargo tendra que renunciar bajo presion apenas dos anos mas tarde.

Es acaso este conocimiento particular de "lo que es ser mujer en el Peru" lo que permite que el motivo de la huida en su texto de viaje se convierta, a medida que avanza el relato, en oportunidad de trabajo para ganarse no solo el pan, sino tambien la independencia que viene con el anhelado estatus de "profesional". Para ello construye un sujeto narrativo que desde un inicio muestra la conviccion de que apropiarse de su lugar en el espacio publico de las letras, aun si "en playa extranjera" y contra viento y marea, sera su norte. Una de las estrategias que despliega para lograrlo es la de dejar constancia de como, desde Arica hasta Valparaiso, y desde Santiago hasta Buenos Aires, su labor de escritora y editorialista le ofrece frutos materiales y simbolicos. Como ilustracion del primero, el dolor de llegar a Pisagua, que hasta hacia apenas quince anos habia sido territorio peruano, es motivo para que la viajera vuelva a condenar con indignacion a Pierola y "de paso", recomendar la lectura de la Historia del Peru de Markham, publicada en su integridad por la imprenta de su propiedad, La Equitativa, que compara con la de Gil, llena esta de "vergonzosas mutilaciones referentes al senor Pierola", a quien ella culpa de la derrota (69). De los frutos simbolicos de su labor abundan ejemplos; en Arica, por ejemplo, se consigna el gesto de Romulo Cuneo Vidal, intelectual peruano de prestigio, de ir a saludarla a bordo para charlar "sobre novedades literarias y bibliofilas" (68); en Iquique registra la "galante acogida" con la que es recibida cuando visita las oficinas de los periodicos (72); en Valparaiso escribe con deleite acerca de la comision de periodistas que la recibe (76) y de los periodicos que la anuncian como "distinguida literata" peruana (82); finalmente en Santiago constata su buena reputacion al ser bien recibida por sus intelectuales y figuras publicas, y al leer el lenguaje celebratorio que le prodigan los periodicos por su ilustracion y sus "notables escritos". El cuidadoso registro de estos elogios a su persona en el relato no producen sin embargo el efecto de alarde comentado paginas arriba para el caso de textos de autoria masculina, sino mas bien el de un necesario anclaje, acaso desafiante, de la subjetividad autorial femenina en el espacio publico de las letras en un contexto en el que muchos intelectuales tanto del catolicismo militante como de las filas liberales laicistas, veian el ingreso de las mujeres en la literatura como amenazadora senal de una potencial y desestabilizadora masificacion del campo cultural que hasta entonces habia sido coto exclusivo de la elite masculina (11). Sugiere Maria Vicens que a su llegada a Buenos Aires, Matto se reinventa, reorganiza su agenda, y refuerza su mapa de contactos con miras a profesionalizarse para salir del estado de precariedad economica en el que la habia sumido el exilio (Vicens 2015). Me gustaria sugerir que es quizas en la experiencia misma de la escritura del viaje donde se habria comenzado a gestar esta reinvencion de su persona como respuesta al antagonismo de genero vivido en carne propia precisamente "por ser mujer en el Peru" y en situacion de franca desventaja en sus aspiraciones laborales con respecto de sus pares varones.

Necesario es recordar que las experiencias de viaje consignadas en Mis impresiones y mis vicisitudes y en "Boreales" representan periodos separados por la guerra del Pacifico (1879-1883) y por la sorda lucha que en las decadas del 80 y 90 protagonizaran las mujeres para posicionarse como mujeres de letras. El balance de estas luchas es algunas victorias y muchas derrotas, pero sobre todo la eclosion de nuevas identidades de genero, como la que Matto construye y consolida en "Boreales". El claro contraste entre las subjetividades femeninas construidas en uno y otro relato no debe entenderse por tanto solo en terminos de las diferencias y singularidades cifradas en las personalidades de cada una de las viajeras, sino tambien en terminos del horizonte ideologico de dos generaciones que marcan un antes y un despues en las relaciones de genero que atraviesan el campo literario. Sirva de ilustracion para el caso peruano, el espiritu que distingue a las famosas veladas literarias limenas de la preguerra en los salones de Gorriti y aquel otro de las veladas de Matto de la posguerra. Si bien es cierto que en ambas se privilegian temas de literatura y educacion femeninas, en las veladas de Gorriti es el americanismo fraternal en clave romantica el que marca el tono de los discursos, mientras que en las de Matto es sobre todo la reconstruccion de una identidad nacional en cuyo seno se libran diversos conflictos la que gravitara con mayor fuerza. Si en las de Gorriti el conflicto social y politico es una tema silenciado, en las de Matto abundan los relatos y dramas de topicos que aluden a la violencia como sintoma de los antagonismos sociales desatados por la guerra, entre ellos, el de raza, genero, clase y regionalismo. Las veladas de Matto de 1887-1888 se configuraron asi como un espacio donde los intelectuales criollos debatieron por primera vez en el pais sobre todo dos temas que aunque silenciados por los grupos de poder, eran constitutivos del conflicto de la sociedad peruana de entonces: el estatus del indio sin tierras y el de la mujer sin trabajo (Denegri 2017).

Uno de los rasgos mas saltantes de la mirada desde la que el sujeto narrativo relata sus aventuras y desventuras en Boreales, es la de su firme anclaje en el espacio profesional de las letras, es decir, en el espacio de conocimiento y formacion especializada que comparte con una comunidad de escritores y "obreras del pensamiento", como ella misma las llama en un ensayo de esta misma epoca, cuya igualdad a "los soldados del pensamiento" de la confraternidad intelectual latinoamericana es asumida (Matto 76). Asi pues, a pesar de las dramaticas y dolorosas circunstancias de este viaje de exilio que sera definitivo, porque no volvera mas a su pais, y a pesar de la herida abierta que representa el exilio, el sujeto narrativo registra con creciente intensidad, a medida que progresa el relato, los esfuerzos desplegados para ampliar su red de contactos periodisticos y literarios, y las escenas de interlocucion con intelectuales distinguidos que la fortalecen en su deseo de consolidarse como profesional de las letras. Si De la Barra se retrata dialogando con una larga serie de anonimos interlocutores, entre los que destacan esclavas, damas de compania, ninos, cocheros, ovejeros, taberneras, arrieros, duenas de hospedaje y viajeras con las que comparte diversos tramos del camino, Matto lo hara con personajes de la alta cultura argentina, peruana y chilena, entre ellos, el escritor argentino Eduardo Wilde, el chileno Pedro Pablo Figueroa, el diputado Blest Gana y el poeta peruano Domingo de Vivero (73). Senalan Arcos y Salomone que con la apertura a la palabra ajena, Maipina transforma el modelo discursivo monologico clasico masculino y le confiere porosidad a esta representacion femenina de la alteridad (Arcos y Salomone 24), observacion acertada y tan relevante para el relato de Maipina, como para los de Tristan y Gorriti, pero que habria que matizar para los de Matto y Mansilla, tomando en cuenta los contextos culturales y politicos tan distintos y ya senalados para el caso de Matto.

El firme posicionamiento de Matto como profesional de las letras en plena actividad a pesar del golpe recibido le confiere ademas el poder de asumir en su relato de huida de la patria, la representacion de una primera generacion de mujeres ilustradas en el Peru que fue tan aclamada en la en la decada del 70, como atacada y vilipendiada despues de la guerra. Ya para 1895, el ano de partida de Matto, habiendose consolidado la consigna de Gonzalez Prada en aras de una literatura "viril" que "arroje ideas como los titanes fulminan penascos" (Gonzalez Prada 2003) y habiendose convocado para ello a "lejiones de hombres" que reemplazaran a las "procesiones de resucitadas planideras" (Gonzales Prada 2003), quedan condenados al ostracismo no solo los romanticos peruanos, sino tambien el grupo de escritoras que habian logrado saltar a la palestra publica gracias a las veladas literarias de Gorriti. Por estas razones encuentro muy sugerente la lectura de Arturo Ruiz quien, siguiendo a Pollak, propone que "Boreales" funcionaria como "el indice de un deseo de encuadrar la memoria subterranea" en la que se habria convertido ya para entonces la literatura de autoria femenina peruana tras el auge de la "literatura de propaganda y ataque" promovida por Prada (articulo en preparacion). Al imponerseles, como escribe Ruiz, la doble opcion del "silencio como consecuencia del declive de la literatura romantica que favorecia su participacion en la esfera letrada, o la sancion critica por arrogarse atributos escriturales 'masculinos'", sugiero que esta primera generacion de ilustradas peruanas se encuentra, con otra modalidad del nudo gordiano de nuestro titulo. Si la destruccion de la imprenta de Matto constituye, como lo sugiere Ruiz, una metafora de la destruccion de la voz femenina letrada en la posguerra que respondio a los llamamientos de Prada con novelas de denuncia "viriles" como Aves sin nido y Herencia, y con periodicos como Los Andes, "Boreales" se constituye como el espacio para encuadrar la memoria subterranea que habria producido este nudo de imposible solucion con el que se encuentran Matto y sus companeras de oficio en el proceso de transformacion de sus discursos creativos. Las condiciones favorables que ofrecen Chile y Argentina para la inclusion de la ciudadania femenina constituyen un aliciente para su nuevo proyecto. La tension que la visita a Iquique, ciudad que habia pertenecido al Peru pero que era entonces chilena, produce en el sujeto narrador es ilustrativa, porque si por un lado se revive la perdida de la guerra, por el otro se despierta la admiracion hacia ese pais donde en los tranvias y las oficinas "la mujer es protegida en su trabajo con preferencia al varon" (71). Dicha situacion constituye en realidad una suerte de anuncio acerca de las condiciones favorables que en este tema habra de encontrar en su pais de adopcion, y que resultaran propicias para que dicha memoria hasta entonces subterranea emerja a la superficie del espacio publico como una memoria ahora encuadrada en la historia del feminismo continental que despuntaba como promesa en el Buenos Aires que acogio a Clorinda desde su llegada en 1895 hasta su muerte en 1909.

EL OLVIDO DE LA HERIDA. RECUERDOS DE VIAJE, DE EDUARDA MANSILLA

Eduarda Mansilla abandona a su familia en Paris para regresar a Buenos Aires en 1879. En su ciudad natal se instala sola tras diecinueve anos de vivir y viajar por Europa y Estados Unidos como esposa de diplomatico, para reorganizar su vida y dedicarla a la literatura, aun si de ello no da cuenta en su relato Recuerdos de viaje, y aun si luego justificara su decision de abandonar Paris apelando a la salud de su madre y silenciando las razones de fondo que la habrian llevado a partir. El relato que desde Buenos Aires escribe acerca de su estancia en Washington durante la guerra de secesion, cuando todavia era "senora del" plenipotenciario argentino, es fruto de esta nueva etapa de su vida como mujer separada y dedicada a tiempo completo a las letras. Relato singular, como lo senala Spicer Escalante, por la particular apropiacion de las causeries creadas por su hermano Lucio; pero tambien porque en contraste con los alardes del Entre-nos de Lucio, lo que produce este libro de causeries son silencios y olvidos.

Propongo leer Recuerdos de viaje como un trabajo de construccion de la memoria desde un presente en el que Eduarda ya no esta en Washington sino en Buenos Aires, tampoco tiene veintisiete sino cuarenta y siete anos, y ha desplazado su centro desde el corazon de la familia para quedar flotando, no sin cierto desasosiego, en sus margenes. No solo porque naturalmente han pasado los anos, sino porque ella ha optado por cortar con ese pasado, abandonando a la familia e instalandose en Buenos Aires para reinventarse como mujer de letras a tiempo completo (12). Es en los significados de ese corte complejo y doloroso en el que propongo hacer una indagacion en esta seccion. Para ese trabajo de memoria que emprende Mansilla en Recuerdos de viaje, ella debe olvidar, o censurar, ciertas secuencias conflictivas de su vida personal, que a su vez le permitan recordar otras secuencias publicas de prestigio. Sera entonces gracias a esta operacion de edicion de la memoria que sera capaz de construir desde el incomodo presente en el que vive, una imagen del pasado que no suscite muchas preguntas. Propongo que el olvido que realiza en la escritura del texto se centra en su esposo: Manuel Garcia, diplomatico cuyo cargo de Secretario de la Legacion Argentina en Washington es el motivo del viaje que ella y sus hijos emprenden, y que este olvido de Manuel se configura en un ruidoso fantasma cuya presencia recorre el relato de principio a fin, precisamente desde la ausencia. Porque a pesar de que solo dos veces se le menciona, su presencia es la pieza central del sistema que echa a andar la escritura, al mismo tiempo que presiona desde sus orillas y desde sus vacios, ya sea en los paseos, en los conciertos, los viajes, las visitas a los museos, el teatro, la opera, los restaurantes, las ceremonias del colegio de sus hijos, los salones de sociedad, o los hoteles adonde esta viajera distinguida llega sola, siempre sola, y cuyo recuerdo narra consistentemente en una primera persona en deliberado y extrano singular a lo largo de todo el relato. La presencia fantasmagorica del esposo presiona no solo en los episodios de ocio mencionados, sino que, lo que resulta mas enigmatico, tambien en las ceremonias oficiales en las que desfila el cuerpo diplomatico en pleno frente al presidente, y en los desfiles militares, en las recepciones y en los bailes diplomaticos, donde Eduarda Mansilla brilla por su solitaria presencia y Manuel Garcia por su elocuente ausencia.

Este ubicuo fantasma se anuncia ya desde el primer capitulo, cuando recien llegada a Nueva York la viajera narradora debe hacerse cargo ella sola de los tramites de inmigracion en medio de las dificultades con una lengua cuyas inflexiones americanas no comprende, a lo que se suma el caos propio del puerto, y las legiones de cocheros "groseros, feos, mal entrazados, con enormes latigos que blandian despiadados, furiosos, sobre las indefensas cabezas de los viajeros" (10). La escena inaugural llega a su paroxismo cuando uno de estos calibanes de pesadilla encarnado en cochero sube con brusco ademan a uno de los pequenos sobre sus hombros, acto que produce tal horror en la madre que "pierde el sentido" y cae desmayada (10). Esta llegada a Nueva York, conspicua por la soledad de la viajera con sus pequenos hijos, se reproduce en otros viajes al interior de Estados Unidos. A Filadelfia, a Baltimore, a Pensilvania, a Canada, a las cataratas del Niagara, Eduarda viaja sola o acompanada por chaperones de la legacion argentina que hacen las veces de sustitutos de su esposo, entre ellos el doctor Acosta (XIX), el Molinita, decano del cuerpo diplomatico argentino, (100), el consul de Argentina, Eduardo Davison (53), y el chileno Santiago Arcos. Son ellos y nunca su esposo los llamados a sacarla de los apuros y de los tramites propios del viaje y de la llegada a los hoteles de las grandes ciudades a esta madre inexperta que se autorretrata viajando siempre sola con sus hijos (101). Aun al baile en honor de los Principes de Orleans llega ella sola, "expuesta a las miradas de la mosqueteria" y aterrada al subir las escaleras de la "esplendida mansion" con la idea de poder caerse con el traje voluminoso y complicado de baile, sin un brazo que la ayude (p.106). ?Donde estaba Manuel Garcia en estas fechas de gran importancia para un diplomatico? ?Donde estaba el pater familiae mientras su esposa y sus hijos vivian la experiencia del viaje por Estados Unidos? De este misterio el texto no da cuenta. Solo dos veces lo alude y de manera indirecta por su titulo oficial, "Secretario de la legacion" (50), nunca por su nombre, distancia que se intensifica con el ingles de la segunda referencia cuando en conversacion con sus amigas, las Moss, se refiere a Garcia como el "handsome Secretary" (79), o cuando en una ocasion se refiere ironicamente a si misma como"una simple Secretaria de Legacion de una Republica de nada" (57).

Lo que sin embargo si leemos en Recuerdos de viaje como contrapeso al ruidoso silenciamiento del conflicto conyugal, es una cautelosa reflexion acerca del matrimonio y el divorcio a proposito de usos y costumbres estadounidenses que resultan renidos con los argentinos. Mansilla considera los dos tipos de matrimonio entonces vigentes, el matrimonio por amor y el de por conveniencia, pronunciandose a favor del ultimo. Esgrime para ello el argumento de "la inestabilidad de las cosas humanas, su fragilidad transitoria", que en "las uniones que consultan los habitos, la educacion y aun el temperamento de los conyuges acaso ese genero de conveniencias resultara ser una base solida y estable, para la consolidacion de la familia futura" (p.86). Bastante se ha escrito acerca de lo mucho que dio a hablar el matrimonio de Eduarda y Manuel en su tiempo, y del imaginario local que hablaba de un enlace a lo Romeo y Julieta por tratarse de familias prominentes en posiciones politicas de intenso antagonismo (Chikiar Bauer 33, Szumurk 336, Nespolo 12). Se trataba entonces de un enlace glamoroso de amor romantico contra viento y marea que sin embargo luego el tiempo y la convivencia acaso fueron deshaciendo, cumpliendose quien sabe que secretos pronosticos que la joven Eduarda no quiso naturalmente acatar y a los que la Eduarda madura tal vez aludia tangencialmente en esta reflexion. Podriamos leer del mismo modo sus elipticas palabras acerca del divorcio que ya entonces era legal en Estados Unidos. "No tengo al respecto una opinion hecha", escribe, para luego, con una rapida vuelta de tuerca darle un nuevo sentido a la duda. "La familia, tal cual existe hoy", continua, "habra de pasar, a mi sentir, por grandes modificaciones que encaminen y dirijan el espiritu de los futuros legisladores para cortar este moderno nudo gordiano" (p. 86). Ese complicado nudo gordiano hecho con los hilos de la libertad individual y los deberes de familia que Mansilla imagina como un rompecabezas para los legisladores del futuro es el mismo nudo que ella misma ya habia cortado para echar a andar su proyecto de dedicarse a la literatura en su tierra natal. No es necesario elaborar acerca del sentido que estas palabras sugieren en cuanto a la naturaleza de estas modificaciones, pero si senalar la complejidad del tema para una escritora que proclamaba las ventajas del modelo tradicional del matrimonio y la division de los espacios segun el genero, donde el papel de la mujer era desempenarse en el espacio privado al lado de su esposo para de ese modo "influenciarlo", y que cuestionaba los "suenos de emancipacion politica" de las mujeres de su epoca. "?Que ganarian las americanas con emanciparse?" se preguntaba. La respuesta era lapidaria, "Mas bien perderian y bien los saben" (72). Si a la presencia fantasmagorica del esposo en este relato escrito desde los trabajos propios de la memoria y de la modalidad "diaristica-autobiografica" le sumamos el silencio frente al dramatico quiebre conyugal en su vida, y las contradicciones frente al tema de la emancipacion femenina en su discurso, podriamos pensar que se trata de un silencio constitutivo de una particular autoria femenina de viaje que se construye olvidando la herida que motivo la partida.

Como senala Spicer Escalante, la autoria de este relato de viajes de Eduarda es contestaria y contra-discursiva porque se trata de su propia respuesta a las celebradas cronicas de viaje de su hermano. Como tal involucra la creacion de "una voz "viajera" relacionada con la causerie" que es la marca particular del Entre Nos de Lucio, pero con una diferencia generica suficiente para indicarnos que Eduarda estaria escribiendo sus Recuerdos en franca competencia con el. Por su lado, Batticuore destaca en la relacion de Eduarda con su hermano la tension que habria entre la competencia y la complicidad y el modo en que al publicar Lucio Viaje a ranqueles y Eduarda Pablo ou la vie dans les Pampas en el mismo periodico, la pampa se estaria continuando de un hermano a otro, pero que en la traduccion que hace Lucio de Pablo, habria en cambio desautorizacion e interceptacion (Batticuore 176). Es en este contexto que se ha leido la inclusion en Recuerdos de viaje de la esfera domestica yankee, emblematizada en la descripcion de los dormitorios y la ropa de cama, es decir, como espacio que ella incluye en su relato para demostrar su ventaja de genero sobre Lucio y los otros varones de su estirpe, quienes no tendrian acceso a estos espacios mientras que ella si. Considero sin embargo que el hecho de que el sujeto narrativo no incluya en su relato ninguna descripcion de sus propios ambientes privados o domesticos, es sintoma de su deseo de des-esencializar su condicion femenino domestica y de singularizarse como viajera a secas. 'Viajera distinguida' que pasea sola, viaja sola, se relaciona sola, y elije olvidarse de su condicion de 'esposa de'. La primera persona singular se usa tambien cuando recuerda la direccion de su casa en Washington y escribe "Yo he vivido en la calle Y" (61), pero no da mas detalles de su residencia.

Asi pues, creo que lejos de aceptar complaciente su condicion de segundo sexo, o de esposa de diplomatico que viaja como acompanante con su casa a cuestas (Frederick 1994), lo que le interesa a Mansilla es precisamente reinventarse en el espacio narrativo como profesional de las letras, libre de ataduras conyugales y domesticas. Es en este contexto que habria que leer su interes por el lugar que ocupan las mujeres en el mercado laboral estadounidense. "La mujer americana", escribe, "practica la libertad individual como ninguna otra en el mundo, y parece poseer gran dosis de self-reliance (confianza en si mismo)" (70). Pero es su visibilidad en el periodismo lo que mas la entusiasma. "En el periodismo", continua, "veseles ocupando puestos que nada de anti femenino tienen. Los periodicos en Estados Unidos cuentan con una falange de encargadas de los articulos del Domingo, de esa literatura sencilla y sana que debe servir de alimento intelectual a los habitantes de la Union, en el dia consagrado a la meditacion" (72). El tema laboral, en el que el periodismo ocupa el puesto principal, tan importante como el de la educacion para las escritoras del ultimo tercio del XIX, recorre estas paginas con la intensidad que vimos en los textos de Matto y De la Barra. "En ello, ademas", escribe Mansilla, "las mujeres tienen un medio honrado e intelectual para ganarse la vida: y se emancipan asi de la cruel servidumbre de la aguja, servidumbre terrible desde la invencion de las maquinas de coser. Mas tarde debia aparecer la mujer empleado ya en el Correo ya en el Ministerio" (73), observaciones que resuenan con las palabras de Matto en Iquique.

Concluyo proponiendo que, tal como intento demostrarlo en esta seccion dedicada a Mansilla, es con el fin de reinventarse que Eduarda adecua el recuerdo de la experiencia pasada en su escritura, tarea que le exige emborronar los nombres, lenguajes y tramas privadas que amenazaron con trabar sus propios dones e inclinaciones, tal como escribiera Maipina una decada antes en la advertencia a sus lectoras argentinas. Recuerdos de viaje constituye asi el viraje simbolico por el que opta Eduarda en su vida y en su escritura para recuperar la agencia que habria perdido en su condicion de viajera con su casa a cuestas. La ruta que eligio fue un desafio mayor porque supuso el ensayo de nuevas identidades de genero que en su caso particular exigia como tributo el doloroso desprendimiento del nucleo familiar. En este corte del nudo gordiano, a diferencia de aquel realizado por Alejandro, no es solo el limpio tajo de espada lo que interesa, sino mas bien el trabajo de paciente sutura al que el sujeto femenino escindido debe abocarse despues, trabajo que implica silenciar selectivamente la memoria para apenas sugerir, mas no exponer, el conflicto. Si Maipina insta a sus lectoras argentinas a reapropiarse de sus talentos perdidos, y Matto a "buscarse el pan con el sudor de su frente" como modos de suturar la herida, el caso de Eduarda Mansilla parece mas complejo y enmaranado, tal vez por la familiaridad y cercania con que el conflicto resuena en la experiencia contemporanea de muchas de sus lectoras. Asi pues, mientras que el viaje de las mujeres de letras considerado a partir de estos tres relatos fue desencadenado por fuerzas y constelaciones de afecto disruptivas que amenazaban con disolver vinculos sociales en el entorno familiar y laboral, el de los varones, como lo vimos al inicio, era motivado por fuerzas asociativas que promovian, reforzaban y consolidaban esos mismos lazos sociales con el entorno. El tema de "la herida", ocasionado en De la Barra por la pobreza y el abandono, en Matto por la violencia del trabajo negado, la propiedad destruida y la voz censurada y en Mansilla por la arbitraria eleccion entre familia y vocacion, se moviliza en estas narrativas dentro de diversas estrategias que incluyen su esencializacion, su historizacion o su silenciamiento. Sugiero por ello que las politicas emancipatorias de educacion y trabajo femeninos que de diversos modos promovieron estas tres escritoras en sus relatos de viaje, constituyen una respuesta coral frente al reconocimiento de la herida de genero que fue la que en primer lugar provoco este tipo de viaje sin pasaje de retorno.

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Vicuna Mackena, Benjamin. Paginas de mi diario durante tres anos de viaje 1853-1854-1855. Santiago de Chile: Imprenta del Ferrocarril, 1856.

--Al galope, o sea, descripcion geografica y pintoresca de la comarca en que se halla situada la poblacion-victoria y sus vecindades. Santiago: Imprenta Gutemberg, 1885.

Wilde, Eduardo. Viajes y observaciones. Buenos Aires: Impr. de Martin Biedma, 1892.

Francesca Denegri

Pontificia Universidad Catolica del Peru, Lima, Peru

adenegri@pucp.pe

(1) Es notoria, por ejemplo, en Recuerdos de viajes a los Estados Unidos del Norte la autorrepresentacion reiterada que despliega Marquez en los capitulos iniciales de su relato como un don Juan que objetiviza alegremente el cuerpo de sus companeras de travesia, a quienes describe una y otra vez como "lindas mujeres" que aunque tuvieran novio, parecian "avidas de placeres" (9). En Diario de un viaje a California vale la pena senalar asimismo la evocacion a antiguas amantes que repudiaron al sujeto narrador por pobre, llamense Panchita, Amalia, Cunigunda o Rosa, y que ahora tendrian que reconocerlo como hombre rico, fantasia que lo deleita (24, 28, 38).

(2) Siguiendo la nomenclatura de Ulloa (2003), en este articulo optaremos por referirnos a Mis impresiones para la primera parte que describe la partida de Maipina con su hija desde Valparaiso en 1873, y que incluye la travesia hasta Burdeos, su estancia en Francia e Italia, el viaje de retorno y su llegada de vuelta a Valparaiso un ano despues, en 1874. Mis vicisitudes incluye su estancia en Valparaiso donde seguira dando clases, el relato del distanciamiento con su hija por el matrimonio con un joven que ella desaprueba, y su partida definitiva de Chile, esta vez a Argentina, a traves de la cordillera.

(3) Los relatos de Gorriti y De la Barra son contemporaneos, publicandose el primero apenas dos anos antes que el De la Barra, tambien en Buenos Aires. En ambos casos, las viajeras estan enfermas y parten desobedeciendo las ordenes de sus medicos y contraviniendo los deseos de sus familiares. Asimismo, comparten la incertidumbre de su destino final. De la Barra anuncia primero su plan de dirigirse a Mendoza, pero luego sigue camino a Rosario, y finalmente a Buenos Aires. Laura, el personaje del relato de ficcion de Gorriti, se embarca en El Callao con el unico objetivo de alejarse de Lima, y con destino incierto.

(4) Los acentos de mi lectura no coinciden siempre con aquellos de otras estudiosas de este relato (Arcos y Salomone (2014), y Ulloa (2012)), quienes optan por no subrayar el hecho de que Maipina no regrese mas a vivir en Chile, y privilegian el deseo de la escritora de ofrecerle a su hija la oportunidad del Grand Tour europeo como motivacion del viaje en Mis impresiones, y el disgusto posterior por el matrimonio de su hija en Mis vicisitudes.

(5) La mirada "mariana" que sugiero es derivativa del concepto de "marianismo" como reverso del machismo, elaborado por Evelyn Stevens (1973). Propone Stevens que en las culturas mestizas latinoamericanas despues de la conquista se fue sedimentando una figura normativa de la mujer como encarnacion de la superioridad moral y espiritual que evoca para los catolicos la Virgen Maria al pie de la cruz. Se trataria de una fuerza sobrenatural propia de las mujeres que engendra en ellas la abnegacion, la humildad, la capacidad infinita de sacrificio, y la paciencia a todo trance ante los sufrimientos de la vida y ante los desplantes de los hombres (Stevens 1973). Cabe senalar ademas que a partir de la proclamacion por el papa Pio IX en 1854 del Dogma de la Inmaculada Concepcion, la cultura marianista en America Latina se vio fortalecida y legitimada. No esta demas recordar que el dogma habra permeado la cultura de las familias catolicas de elite chilena en la que Maipina de la Barra se formo.

(6) En 1978, Diana Pearce acuno la idea de la feminizacion de la pobreza, despues de investigar las condiciones y caracteristicas particulares de los pobres en Estados Unidos, y concluir que dos tercios de los pobres de su pais eran mujeres. La relacion entre la desigualdad economica y la desigualdad de genero sigue siendo una constante en nuestros dias.

(7) Debo la identificacion de esta distincion entre ser "sujeto de" y "sujeto a" a la reflexion que hace Carolina Alzate acerca de los discursos que se tejen sobre la mujer en el contexto de la produccion literaria de Soledad Acosta de Samper (Alzate 27).

(8) "Boreales" es la primera parte del libro Boreales, miniaturas y porcelanas que incluye tres acapites: 'Peru: Narraciones historicas', que relata los episodios de violencia que sufre en Lima y que la induciran a partir; 'En Chile', que incluye el viaje a bordo del "Maipo" por las costas chilenas, la llegada a Valparaiso y el viaje a Santiago; y 'En Argentina', que narra el viaje desde Mendoza hasta Buenos Aires.

(9) La publicacion de Aves sin nido y un ano mas tarde del cuento de Coelho Netto desencadenaron la excomunion por decreto del Arzobispado de Lima y la censura a El Peru Ilustrado donde este fue publicado, ademas de un auto de fe en Arequipa donde se quemaron los ejemplares de EPI, una denuncia de la fiscalia, todo lo cual desemboco en la renuncia de Matto a la direccion del periodico en julio de 1991. Esto sin mencionar las satiras rabiosas como las de Juan de Arona llamandola "marimacho que escribe mamarrachos", entre otras diatribas. Para detalles de estos incidentes, ver Denegri 2004, 172-176.

(10) Carta de diciembre de 1883 y 1884. Sobre este tema, ver Denegri (2017).

(11) En Bulla y buchiplumeo. Masificacion cultural y recepcion letrada en la Venezuela gomecista, Raquel Rivas Rojas estudia el modo en que la enunciacion de un "nosotros" en la prensa caraquena gomecista disena nuevos sujetos que negocian sus roles y legitiman sus espacios en los imaginarios culturales. Aunque su enfoque es un periodo posterior (1925-1935) al nuestro y un sujeto popular antes que femenino, encuentro muy sugerentes sus planteamientos para pensar el problema de la profesionalizacion de la mujer de letras en el campo cultural de fin de siglo latinoamericano.

(12) Las razones que las criticas y estudiosas proponen del retorno a Buenos Aires son diversas. Spicer-Escalante (2006), Szumurk (2007), Chikiar-Bauer (2013), Nespolo (2015), Lojo (2011) y Miseres (2017) coinciden en senalar su deseo de dedicarse enteramente a escribir; aunque consideran algunas tambien el deseo de reencuentro con su madre, y otras, siguiendo la version que de este episodio ofrece Juana Manuela Gorriti en su correspondencia con Palma, se detienen en la version de un discreto romance extramarital de Eduarda que sin embargo habria terminado disolviendo definitivamente su matrimonio.
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Author:Denegri, Francesca
Publication:Revista Chilena de Literatura
Date:Nov 1, 2017
Words:12126
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