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CAMINAR, EN EL PENSAMIENTO ECOLOGICO DE LUIS OYARZUN: THE NARRATIVE OF WALKING IN LUIS OYARZUN'S ECOLOGICAL THOUGHT.

PIEZA CLAVE EN LA configuracion del panorama cultural e intelectual chileno de la segunda mitad del siglo XX, Luis Oyarzun Pena (19201972) escribio en varios generos; sin embargo, no hay poemario, novela o ensayo suyo que haya captado tanto la atencion de la academia como sus escritos intimos. En el caso que nos ocupa, el diario, ese documento relegado a la periferia del circuito de produccion literaria, se ha movido hacia el centro. Quiza la principal razon de este fenomeno sea que el diario de Oyarzun registra casi toda su actividad reflexiva y creativa. Se trata, en efecto, parafraseando a Ricardo Piglia (2001), de un "laboratorio de la escritura" (p. 51) en el que se origino la mayor parte de sus proyectos. Desde esa perspectiva, el diario de Oyarzun se acerca a una nocion de escritura llevada al limite. Si bien el autor no siguio obsesivamente la disciplina del calendario (Blanchot, 1967, p. 207), si llevo un journal por mas de treinta anos, acumulando mas o menos mil paginas manuscritas y mecanografiadas (Morales, 1995, pp. 11, 21).

Me interesa un problema especifico del heterogeneo mosaico tematico de la escritura de Oyarzun: su reflexion ecologica. El siglo XX nos mostro, prematuramente, la barbarie humana a gran escala. Oyarzun fue un poco mas alla en la imagen del desastre: la idea de la desaparicion del mundo a causa de una crisis o catastrofe ecologica fue un tema recurrente en sus escritos intimos. Derivo, inclusive, en un libro de ensayos publicado por sus amigos en forma postuma, Defensa de la Tierra (1973), preparado por el autor en 1970 a partir de fragmentos del diario. Lo anterior revela el sistematico interes de Oyarzun por lo que llamaba "el tema ecologico" (cit. Harris, Schutte y Zegers, 2005, p. 8), en el contexto de las primeras comprensiones y proyecciones globales de la crisis ambiental -esto es, a mediados del siglo XX. En lo fundamental, el marco de esta preocupacion se relaciona con una profunda critica a la modernidad como modelo historico, en especial a los limites del desarrollo tecnocientifico, que decanta en una reflexion sobre el futuro humano y de la vida en el planeta; con la conviccion etica de que la humanidad depende de su entorno y que, por ello, debe extender el imperativo categorico de la responsabilidad hacia lo no-humano; con una afectividad por lo salvaje, proveniente de una concepcion neoplatonica que asocia lo bueno y lo bello al sentimiento de la naturaleza (Oyarzun, 1995, p. 124; Hozven, 2010, p. 164); con un acercamiento religioso y fraternal hacia los seres y materias con los que compartimos el mundo; con la predileccion por la experiencia material del afuera o el "cuerpo a cuerpo con el mundo" (Le Breton, 2014, p. 17), cuyo indice mas notable es la aficion de Oyarzun por las caminatas y excursiones; con la reivindicacion del saber acerca de los ecosistemas y las especies, sobre todo botanicas, que compromete una forma de habitar el mundo; y con una reformulacion del rol y capacidad de accion de las humanidades en el contexto de la crisis medioambiental. En resumen, la persistencia de lo ecologico me sugiere que aquello que la critica ha descrito como pasion o fascinacion por el mundo natural (1) se encuentra subordinado a ese marco o formacion discursiva que denomino pensamiento ecologico (Donoso, 2016).

Uno de los rasgos singulares del pensamiento ecologico de Luis Oyarzun se encuentra tras la aficion del autor por las caminatas y las excursiones (Alone, 1974) (2). Para Leonidas Morales (1995), la actitud de Oyarzun no corresponde a la de "un academico sedentario", sino a la de un hombre que cede a "la compulsion de los desplazamientos" y a "la avidez por los imprevistos estimulos del mundo circundante" (p. 10). No fue, por lo tanto, un diarista de escritorio ni un escritor domestico. Literalmente, sin metafora posmoderna de por medio, el lugar de enunciacion del diario de Oyarzun esta "en constante desplazamiento" (Morales, 2009, p. 145). ?Es su diario, por esta condicion movil, mas que intimo un diario de viaje, si un diario intimo, como explica Morales, es "por excelencia sedentario", pues, quien lo escribe lo hace desde "un punto de estabilidad... dentro de la movilidad de la vida cotidiana", mientras que un diario de viaje se "escribe desde fuera del domicilio... en lugares marcados por su condicion transitoria, pasajera", recortando "un tramo excepcional en la continuidad de su vida" (p. 144)? Por supuesto, no deja de ser ni lo uno ni lo otro. Su diario quiebra la regla de los subgeneros, pues Oyarzun escribe sin pensar demasiado en ellos, con la frescura del nino que borronea desde "la aventura el cuerpo" (Morales, 2001, p. 93):
Mi cuerpo recordaba tantos otros lugares lluviosos y oscuros que he
visto en el sur, donde la primavera y el verano son mas esplendidos que
en cualquier otra parte. Recuerdo una manana cerca de Ancud. Salimos
temprano... y caminamos por la costa, a esa hora poblada de
innumerables aves marinas de una blancura azulada. (Oyarzun, 1995, p.
29)


Lo visto, en reposo o en movimiento, marca en el cuerpo un mapa de sensaciones que componen, a su vez, el cuerpo de la escritura. Parece ser que solo en el "cuerpo a cuerpo con el mundo" Oyarzun fija una imagen indeleble de las cosas. Desde Jorge Millas hasta Roberto Hozven la critica ha hecho hincapie en "la pasion de ver" de Oyarzun, que es sin duda una de las claves para leerlo--"[la] salud me viene por la luz, por el acto fisico de ver" (Oyarzun, 1995, p. 107)--, pero, poco se ha dicho que para ver bien se necesita de una cercania o lejania apropiada. Para ver bien, es imprescindible acercarnos por nuestros propios medios a las cosas. Para ver bien y entender lo que vemos, se necesita caminar.

"La tierra se nos hace familiar cuando la recorremos a pie. Son los pies el organo natural de la locomocion humana y solo ellos pueden darnos un conocimiento real de los caminos, las gentes, los animales, los arboles", apunta Oyarzun en Mudanzas del tiempo (1962, p. 17); y en el diario: "Experimento la necesidad de caminar, de ser tonificado por el aire frio" (1995, p. 102). Caminar es "una experiencia corporal total que no escapa a ninguno de los sentidos", que nos permite redescubrir "la espesura sensible del mundo" (Le Breton, 2014, pp. 44-47) y que engendra un ritmo de pensar que configura una especie de paisaje interno que entra en relacion con el paisaje externo (Solnit, 2015, p. 20). La reflexion acerca del vinculo entre pensamiento y marcha posee una larga data en la historia de la cultura occidental: sofistas, peripateticos y estoicos, mitificados y tergiversados durante los siglos XVIII y XIX por el romanticismo rousseauniano, son los precursores del pensar caminando. De Hegel, Kant, Hobbes, Rousseau, Nietzsche, Wittgenstein, y otros, se dice que caminaron bastante, mientras que a nosotros, caminantes comunes, el caminar nos vuelve a la "filosofia primera" (Le Breton, 2014, p. 96), es decir, a las preguntas fundamentales sobre la condicion humana. Propongo, en definitiva, que la reflexion ecologica de Oyarzun comienza por los pies, por el caminar como experiencia corporal, filosofica, espiritual, estetica y politica.

Consideremos, desde la perspectiva expuesta, la primera anotacion del diario. Esta data del 28 de octubre de 1949, cinco dias despues de la llegada de Oyarzun a Londres, donde estudiaria Estetica e Historia del Arte por alrededor de un ano. En la entrada, el autor relata un paseo vespertino por uno de los parques emblematicos de la ciudad:
vague por Hyde Park... A pesar del sol, habia una bruma que entristecia
la superficie de la gran laguna, dandole un caracter de semi salvaje,
como de gran abandono, que me recordo el lago Lanalhue, cuyas orillas
recorria una manana nebulosa hace 4 anos... Hyde Park me parecio

como esos lagos del sur de mi pais y adecuado como ellos para abrirse
de una vez, en los bellos dias, como una flor que ha esperado
pacientemente largo tiempo. Mi cuerpo recordaba tantos otros lugares...
(1995, p. 29)


Lineas arriba cite parte de esta entrada. Es fascinante el efecto que el contacto con las cosas provoca en el sujeto: la imagen de una brumosa laguna de apariencia salvaje dispara recuerdos de una remota caminata que, sin embargo, dias mas tarde, le hara extranar tierras americanas. "En ciertos instantes", reflexiona, "uno suspira por hallarse otra vez en nuestros libres espacios, en nuestras costas virginales", para oler su "perfume salvaje" y oir la "crepitacion de la materia que se funde en torno nuestro" (p. 29). Oyarzun piensa que quizas el peso de la historia, la densidad humana o la falta de vitalidad en el paisaje--demasiado "palido y peinado", demasiado "domestico"--, provoca "en el hombre un estado de atonia" que se traduce en un "escepticismo practico, en una falta completa de entusiasmo y en una perdida del sentido estimulante del futuro" (p. 47).

A mediados de julio, Oyarzun encuentra en la aldea de Burley, Hampshire, un paisaje que le recuerda los campos de Santa Cruz que recorrio en su juventud. Vuelve a sentir la espontanea afinidad por lo "casi salvaje":
Recorriendo estas campinas, saboreo el placer de la lentitud, del viaje
en contacto intimo con las pequenas hierbas, con la tierra humeda o
seca, con las piedras que mis pies rozan o pisan y que mis ojos ven
individualizadas con toda la precision de la cercania familiar. Hay
tambien una tierra viva, a veces casi salvaje... Pero los grandes
caminos interrumpen la armonia de la naturaleza. A ratos me siento
deliciosamente vacio, sin peso interior, sin imagenes, en un
atolondramiento del alma que deja todo su sitio a la dulce fatiga de mi
cuerpo. (pp. 52-53)


En la misma direccion, el 5 de septiembre, Oyarzun describira "la tarde mas perfecta" vista en Inglaterra. Para ello ha debido soltar amarras, entregarse sin reservas y vivir el desapego que nos exigen las largas caminata (Gros, 2015, pp. 12-17). "Ahora me puedo considerar un vagabundo completo, pues ya no tengo casa" (1995, p. 58), senala antes de partir a Holmbury St. Mary. Tras atravesar los bosques de Leigh Hill, escribe con todos los sentidos abiertos al evento de la vida: "Ha sido la tarde mas perfecta que he visto en Inglaterra. La luz, aunque palida, era de una pureza tal que brillaba inmovil y sin embargo como estremecida, a lo largo de cada rayo de sol" (p. 59).

Tras terminar sus estudios, Oyarzun tarda dos meses en llegar a Chile. De regreso, hace escalas en Espana, Estados Unidos, Puerto Rico, Santo Domingo, Haiti y Jamaica, y pasa de la fascinacion al fastidio urbano, otra de las hebras de su pensamiento ecologico. Cito una entrada escrita en Nueva York, el 15 de octubre de 1950: "Mi contacto con esta ciudad me ha hecho ver con mas claridad mi tendencia al mundo natural" (Oyarzun 1995, p. 61), confiesa en la linea de Henry David Thoreau (1999) (3). "La existencia de estas grandes ciudades me parece condenada, desequilibrada, fea, y aqui mas aun que en Londres". Califica a Nueva York como "el frenesi de utilitarismo". La "inevitable cuadriculacion de los movimientos bajo la orden de luces rojas y verdes" le disgusta y califica los vertiginosos taxis que cruzan las calles como una muestra de "claro salvajismo" (p. 62). No solo se trata de Nueva York o de Londres. Las grandes ciudades de Latinoamerica, como Santiago o Buenos Aires, le provocan la misma impresion:
De vuelta en Santiago sufro mas acremente la asfixiante plenitud urbana
de esta ciudad... Nubes de humo de hornos incineradores barren el techo
plano de los edificios... No hay a mi alrededor naturaleza, ni arboles,
ni pajaros, ni flores. Peor que yo viven los cientos de miles de
habitantes de esta lamentable ciudad. (p. 134) (4)


La segunda entrada significativa del periodo esta fechada el 24 de octubre en Rio Piedras, Puerto Rico. Oyarzun constata los problemas ecologicos del pais, producto del proceso de colonizacion de las Antillas. Haciendo un alto en sus compromisos academicos (5), da un paseo por las afueras de Rio Piedras hacia una granja llamada La Garrapata. Camina bajo el sol en busqueda de la "efervescencia lujuriosa del tropico", pero no la encuentra. "No hay grandes arboles ni abundan las flores. El verdor lo dan solo arbustos y pastos. Hay, en cambio demasiadas carreteras de asfalto, camiones y automoviles. Casi no existe aqui paisaje. Existe solo actividad humana" (p. 66), apunta con decepcion en el diario. Colonos espanoles y estadounidenses arrasaron llanos, valles y bosques para cultivar cana. Como consecuencia, senala en el mismo lugar, "murieron las plantas trepadoras de enormes flores y los arbustos coloreados". Mientras en los paises del primer mundo abundan los bosques, praderas y flores, "todos ellos mas o menos artificiales en su origen, pero naturales otra vez, desde que se les deja libertad para crecer de nuevo", los paises del tercer mundo, "paises nuevos" o de "explotacion en masa", tienen un rasgo que los une: la desaparicion de sus paisajes primitivos (p. 66). Asi, en "el continente de la naturaleza, uno puede vivir toda una triste vida metido en una sucia ciudad sin arboles" (p. 217).

Es obvio que el topico de las cavilaciones de Oyarzun es la ecologia politica de las ciudades. Estas no serian modelos de cultura, bienestar y civilizacion. La pregunta es ?debe la cultura, como expresion de los mas altos valores humanos, dar un giro al cuidado de lo no-humano? Oyarzun cree que si. En pocos hombres, afirma, es posible reconocer esa "piedad hacia las cosas de [la] que habla Gabriel Marcel" (1995, p. 123). La "piedad hacia las cosas"--con Mistral dira "ternura por las cosas" (1995, p. 252)--se relaciona con la inclusion de lo no-humano en nuestra esfera de existencia:
En algunos hombres, la conciencia del bien esta ligada al sentimiento
de la naturaleza. No descubro en ninguna parte tan excelentemente mi
bondad como al respirar el aire yodado del mar, al atardecer de un
bello dia dedicado a la lectura y a los ejercicios fisicos, y aun se
restaura en mi el goce de la mas pura inocencia cuando, en favor de esa
respiracion de salud, puedo percibir mi parentesco con los pajaros, los
peces, las plantas. (p. 124)


Desde las categorias de la ecocritica, Lawrence Buell (1995) postula que la principal estrategia discursiva de los textos literarios ecologicos es una pulsion basica que adelgaza, fragmenta o borra el yo. Estas relaciones son examinadas por Buell a traves del concepto de "estetica de la renuncia": los sujetos textuales, o bien renuncian humildemente a su ego, en una especie de epica de "sencillez voluntaria", o bien dejan atras su autonomia respecto del entorno, tendiendo a una "disciplinada extrospeccion" (pp. 144, 178). Esto, que podriamos denominar "vaciamiento del sujeto", y que, como vimos, Oyarzun siente luego de una larga, lenta y fatigosa caminata, constituye un doble movimiento en que el cuerpo es vivido en plenitud y en el que el afuera erosiona la subjetividad, como se aprecia en esta entrada de fines de febrero de 1953. Aqui el sujeto se vacia de lo superfluo y retiene lo elemental, alcanzando, de ese modo, el goce de ser en unidad con el cielo, la tierra, los animales, las piedras y las hierbas:
Perezosamente camine 12 kms. esta tarde, desde Puerto Natales hasta
Estancia Nueva... Vencido por la fatiga, me sente en una piedra, poco
antes de llegar a las deseadas casas de la Estancia, y por unos
instantes pude sentir la union paradisiaca con el cielo, con la tierra
torturada por el viento y con un zorzal que se detuvo sobre un poste,
confundiendo el dorado plumaje de su pecho con el dorado de las hierbas
del suelo... Fue esta tarde un rapto de dicha. (1995, p. 178)


David Le Breton (2014) senala que el precio a pagar por el goce tranquilo, la sensorialidad y la potencia de pensar que nos ofrece la marcha no urbana es la intensa actividad que compromete el caminar. No es solo una cuestion motora, sino tambien una cuestion de voluntad y coraje ante las adversidades e incertidumbres de las rutas y el clima, de respiracion y resistencia muscular, de fatiga y, a veces, de hambre y sed al final de la jornada (p. 42). El premio es una invaluable leccion de humildad. Al caminar experimentamos la eternidad vibrante de lo que se mueve a una velocidad geologica. Frente a la montana o caminando entre grandes arboles o rocas, dice Frederic Gros (2015), se piensa: "estan ahi. Estan ahi, no me han esperado, estan ahi desde siempre. Se me han adelantado indefinidamente, y seguiran estando ahi mucho tiempo despues de yo" (p. 90). Tal leccion de humildad hace que nos desprendamos de nuestras mascaras. "Mediante sus grandes sacudidas, la Naturaleza nos despierta... de la pesadilla del hombre" (p. 92).

Como Barthes (2016) (6), Oyarzun asocia la dimension estetica del caminar a los paseos de infancia, a la produccion de un alma infantil. Caminar "permite recuperar el puro sentimiento de ser, redescubrir la simple alegria de existir... que constituye la esencia de la infancia" (Gros, 2015, p. 91). Cuando se camina con la libertad del nino, cada paseo es distinto, cada camino contiene un universo de posibilidades de mundos. Cualquier mirada objetiva o cualquier generalidad se triza ante la percepcion de la miriada de multiplicidades que ofrece el afuera (cf. Gros, 2015, pp. 169-162). En Oyarzun, a veces, este arrobamiento infantil difumina la capacidad de evocacion del lenguaje: "Ayer fuimos a pie hasta la aldea de San Isidro, en un paseo tan lleno de halago de los sentidos, que no podria describir nada de el ahora" (1995, p. 158). Lo que nunca se difumina es la inmediata experiencia poetica que surge del camino. En su rugosa transparencia, la poesia de lo material se adelanta a cualquier epiteto, a cualquier figura, a cualquier imagen. Por ello, el recurso de la personificacion aparece en las narrativas del caminar como una estrategia para intentar acercarnos a la alteridad radical de lo no-humano. Lo no-humano ofrece a Oyarzun una serie de gestos. Su evocacion le permite alcanzar un delicado lirismo: "?Hay un gesto mas ingenuo en la naturaleza, mas primitivo en su candor que las huellas de una bandada de pajaros en la arena humeda?" (1995, p. 124), se pregunta tras una caminata por la playa El Horcon; mientras que en Copacabana, los primeros dias de julio de 1955, escribe: "Cuantos gestos tiene una ola, cuantas maneras de mirar, cuantas maneras de ser mirada" (p. 233). En mi concepto, la gestualidad de lo no-humano en los textos ecologicos despliega una ontologia animista, en el sentido que da al concepto Philippe Descola (2011): en este tipo ontologico, humanos y no-humanos poseen una interioridad que emana de la naturaleza. Asi, en razon de esa esencia comun, humanos y no-humanos estan llamados a llevar una existencia social, pues la humanidad es la condicion del sistema animista (pp. 89-90). En conexion con esta idea, cito una entrada del diario fechada del 13 de diciembre de 1955:
El trato diario con los poderes vivientes de la naturaleza es
indispensable para el enriquecimiento armonioso de la vida. No hay
salud sin el. El aumento de la poblacion del globo hara necesario un
gran perfeccionamiento en las tecnicas de restauracion y creacion de la
tierra. ?Como vivir sin la tierra y sus criaturas, sin el mar y el aire
poblados por una vida sujeta a ritmo como la respiracion y la
circulacion de la sangre? Sobre la riqueza multiforme y dispersa de la
vida, el espiritu no parece sino voluntad de orden. (1995, p. 239,
cursivas en el original)


El enfasis sobre la "voluntad de orden" hace aplicable al pensamiento ecologico de Oyarzun las consideraciones de Descola respecto del animismo. En este, la naturaleza esta especificada o englobada por la cultura (2011, p. 91). Es interesante observar como, en la linea de Mistral (Ostria, 2013), Oyarzun insiste sobre la idea de un orden espiritual que emerge cuando se producen agenciamientos entre lo humano y lo no-humano. Ejemplifico con una anotacion de mayo de 1957, escrita luego de una larga caminata por el Canon del Colorado:
No puedo sentirme en orden sino en contacto con la naturaleza. De ella
recojo mis fuerzas y solo ella me pone sobre mis pies. Acabo de caminar
dos horas por un sendero, a la orilla del Gran Canon. La lluvia y la
niebla habian ahuyentado a los turistas. Camine solo bajo los pinos de
Oregon que goteaban sobre mi cabeza, solo y feliz. El corazon se me
enferma en los interiores calefaccionados en exceso, un verdadero azote
en este pais, pero alli, a paso firme, palpitaba de acuerdo con mis
pulmones que respiraban el aire humedo, entre esas rocas fantasmales
suspendidas sobre los precipicios. Pude alguna vez ver hasta el fondo y
esos cambios subitos de aire eran semejantes a iluminaciones
espirituales... Cada monte aqui se ha transformado en templo. (1995, p.
262)


En Oyarzun, el animismo no excluye el conocimiento cientifico. Por el contrario, observo una poetica que yuxtapone dos discursos ontologicos: el animismo y el naturalismo. Siguiendo a Descola, el naturalismo presupone la continuidad material de los cuerpos, la discontinuidad que es posible trazar entre lo humano y lo no-humano, y los elementos que diferencian aquello que es cultura de aquello que es puramente naturaleza (2011, pp. 93-94). Hay un interesante corpus de anotaciones del Diario intimo y de Defensa de la Tierra que obran con este ensamblaje discursivo. Me refiero a los relatos de excursiones de observacion, descubrimiento, busqueda, descripcion y catalogacion de plantas, flores y arboles, en las que asoma el interes y la preocupacion de Oyarzun por la flora chilena. En otro lugar (Donoso, 2014) he denominado "itinerarios botanicos" a este excepcional registro que aproxima a Oyarzun al espiritu de los naturalistas de los siglos XVIII y XIX (7).

"Todo viaje es una travesia de nombres" (Le Breton, 2014, p. 96). Quien comprende esto de mejor manera es el caminante que escribe su viaje, pues se encuentra siempre entre dos tiempos que corren paralelos y operan uno sobre el otro: el de la sensacion y el de la memoria (p. 133; cf. Gros, 2015, pp. 26-27, 104). El que va a pie siempre va en busca de nombres, se interroga sobre los caminos, los poblados, las playas, los bosques, los cerros, los rios, las plantas y flores, los animales; pero, lamentablemente, "el destino de todo ser humano es conocer poco mas de un punado del infinito numero de nombres que existen" (Le Breton, 2014, pp. 92-93). Examinemos, a este respecto, una entrada del 26 de febrero de 1950. Oyarzun intenta describir el paisaje de Highgate que ve desde su ventana. Se esfuerza, pero no logra reconocer los arboles que ve: "Una de las cosas que me hacen sentirme extranjero es no conocer el nombre de los arboles y de las flores" (1995, p. 33). Vuelve sobre lo mismo un ano despues, en El Horcon: "Uno de los signos de nuestra mala barbarie", escribe Oyarzun, "es no conocer los nombres precisos de las cosas. Esto significa que este mundo nuestro es pobre, que no nos interesan todas las cosas y las variedades de las cosas" (p. 89).

A partir de febrero de 1951 se aprecia un creciente interes del autor por identificar de forma precisa las especies botanicas que observa en sus caminatas y describir sus relaciones ecosistemicas. Intenta, de a poco, vadear su ignorancia botanica, pero habla de flores sin nombre: "una pequena flor de tres petalos de espuma, tres petalos de cera jade y seis estambres dorados, la mas delicada que he visto, un parpadeo de inocencia en este mundo infinito... R. y yo nos dedicamos a recoger flores silvestres... !Que lastima no conocer el nombre de todas!", anota el 20 de septiembre (p. 107). Evoca solo lugares comunes--la "ternura por las cosas" en su faceta mas superficial (8). Lineas mas adelante, describe por primera vez una especie endemica. No se consigna el lugar del registro, pero creo que es en las cercanias de El Horcon, por la distribucion geografica de la que Oyarzun denomina "tupa morbosa" (Lobelia polyphylla):
al borde del precipicio, se ocultaba la flor azul de Novalis que
encontramos hace anos en Algarrobo: una estrella blanca de cinco puntas
en el fondo de una campanula turquesa. En los bordes mas aridos de la
colina crece la arvejilla salvaje cuyas hojas son de un verde gris
perla que forma la mas exquisita armonia con el lila de delicadas rayas
violetas de sus petalos... La tupa morbosa empieza a abrir sus umbelas
eroticas, que pasan bruscamente de lo falico a lo venusino. Su jugo es
fetido como el del palqui. (pp. 107-108)


Estos sorpresivos hallazgos exigen a Oyarzun confrontar sus observaciones de campo con la literatura cientifica. En una entrada del 7 de abril de 1953 narra una caminata de dos dias entre Vichuquen y Querelema, localidad costera de la Region del Maule y del secano costero de la Region de O'Higgins, respectivamente. Junto con un companero, identificado con las iniciales A.B. o A., indistintamente, parte de Vichuquen con dos sacos de dormir y medio kilo de queso: "Atravesamos primero los bosques del vivero forestal de las dunas, formado por grandes pinos y eucaliptos que han vencido la arena. La atmosfera del dia nublado transportaba aromas vegetales" (p. 181). Las dunas formaban una "inmensidad lila, placida de mirar", pero, fatigosa para los pies de los caminantes, sobre todo si se tiene en cuenta que aun se encontraban lejos de algun poblado: "Pasadas las dunas, entramos en un caminillo polvoriento, rojizo, bordeado de zarzamoras y boldos parduscos. Sudabamos copiosamente bajo nuestra carga, sintiendo el placer de la soledad y del esfuerzo. Nos rodeaban campos de aspecto arido, muy pobres" (p. 182).

Luego de banarse en una pequena laguna, los companeros temen perderse y solicitan hospedaje en una casa ubicada en el bajo de un monte. A la manana siguiente, desayunan con sus anfitriones y salen camino a Boyeruca, dejando atras el lago Vichuquen y la Laguna Dulce. Vadean la laguna de Boyeruca y el estero de Alcantara. Despues, enfilan por un dificil camino de arena y llegan a Bucalemu. Al atardecer, Oyarzun y A. B. llegan a las colinas arboladas de Quelecura "despues de 8 horas de marcha durante el dia" (p. 182). En esas colinas los companeros hacen un alto para observar las matas de chagual (Puya venusta). En esta entrada, Oyarzun hace una detallada descripcion de sus flores, como consta en el fragmento siguiente:
Por el camino de bajada, abundaban los chaguales que formaban setos y
que mostraban ahora unas flores que nos dejaron deslumbrados sobre
sepalos cubiertos de un polvillo rosa como desprendido de azucenas, una
corola de numerosos petalos carnosos cuyos tonos van desde el coral al
naranja, con estambres amarillos. La flor ocupa el centro bordeada de
hojas espinudas y resulta increible esa carne delicada, voluptuosa,
entre tan zarpados rayos. A. se oponia a que yo cortara una o dos que
quise traer, envuelta en un panuelo, porque no deseaba destruir esas
vidas. Ignorancia botanica... (p. 183)


Atento a las condiciones materiales de las especies endemicas del pais, uno de los temas que mas preocupo a Oyarzun fue el de los incendios forestales. En enero de 1961, en Tolhuaca, descubre "la belleza de la araucaria silvestre que trepa hasta las cumbres rocosas y se recorta sobre el cielo" al tiempo que contrasta la hermosura de los imponentes arboles con los rastros del bosque quemado: "Tambien fue quemada aqui la selva primitiva, pero estos gigantes se salvaron gracias a la altura de las copas y la corteza dura, casi metalica" (p. 327). En esta entrada, como las de casi todo el mes, ademas de demostrar el profundo conocimiento botanico que ha ido adquiriendo--"a orillas de la laguna de Malleco, estoy viendo un tropaleumspeciosum formado de grandes flores escarlata"--, Oyarzun reflexiona sobre la cuestion ecologica no solo como un problema estrategico o economico, sino, ademas, como un problema sociologico, politico, moral y estetico. "El chileno proyecta su feismo de poblacion callampa a la naturaleza y por eso no le cuesta arruinar su hermosura... no mira el paisaje ni tiene la capacidad de verlo en perspectiva, que exige una condicion mental superior, la facultad de desprendimiento estetico y moral" (1995, pp. 328-329). De este modo, la defensa del patrimonio biologico puede convertirse tambien en la del patrimonio biocultural, como se aprecia en la siguiente entrada escrita en Montegrande, el 20 de febrero de 1965: "La tumba de Gabriela [Mistral] esta rodeada de montanas desnudas... Detras del sepulcro crecen unos eucaliptos que nada tienen que ver con el paisaje ni con el lugar... En cambio, estan bien aqui el algarrobo, el espino y el quisco" (p. 461).

Mencion aparte merecen las especies que subsisten en el desierto. Oyarzun efectuo cuatro viajes al norte de Chile, en 1959, 1961, 1964 y 1967. Apunto dos. En 1959, Oyarzun se interna a pie en la Quebrada de la Chimba, ubicada en el desierto costero cerca de Antofagasta. El lugar posee una formacion vegetal unica gracias a su microclima: "Ayer recogi brazadas de alstroemerias lilas en la Quebrada de la Chimba. Apenas cae un poco de lluvia o se espesa la camanchaca brotan las flores: verbenas rosadas, manzanillas minusculas, flores blancas de largos estambres morados", escribe el 24 de noviembre en Copiapo (1995, p. 321). Por su parte, en Defensa de la Tierra, bajo el titulo de "Ramajes del desierto", se recogen las anotaciones del 17 y 18 de julio de 1964, hechas en Antofagasta y Arica, respectivamente. Fundamentalmente, estas se refieren a la adaptacion del tamarugo (Prosopis tamarugo) a las aridas mesetas nortinas:
El desierto se esconde bajo los tamarugos polvorientos. Habria que
canonizar a este arbol heroico, que crece sin agua en los arenales,
saciando su sed en las napas mas profundas y atreviendose a levantar su
fina alzadura entre los terrones removidos del salitre. Es el arbol de
la resistencia a la adversidad. (1973, p. 35)


Insisto, por ultimo, sobre la inquietud botanica de Oyarzun para glosar una excursion que efectuo junto al botanico Carlos Munoz Pizarro, el pintor Mario Toral y el fotografo polaco Bob Borowicz, al sector de La Vacada, en Huelquen, comuna de Paine (9). El relato de la caminata se encuentra en las notas del 2 y 3 de abril de 1965 del diario y fue reescrito, parcialmente, en la seccion "Entre arboles" de Defensa de la Tierra. "Empiezo este nuevo cuaderno, regalo de Efrain Barquero", escribe Oyarzun en el diario, "en plena excursion fotografica y botanica... Los arboles del dia son peumos, quillayes y lingues. Dios y los hombres quieran preservarlos, Amen, como a objetos sagrados" (1995, p. 470). Y en la reescritura del texto se lee:
Los grandes arboles chilenos que sobreviven en las quebradas de la zona
central... son los guardianes de las aguas, protectores de los hombres,
animales y plantas. Bajo su sombra crecen los helechos y cantan los
pajaros... , son idolos silvestres que alimentan el alma de la
tierra... Algo tendre que hacer para salvarlos, aunque no sea sino
cantar su ruina. ?Quien nos devolvera los viejos arboles perdidos?
(Oyarzun, 1973, p. 39)


El grupo avanza hacia el sur, al Parque Nacional Palmas de Cocalan, en la comuna de Las Cabras, Region de O'Higgins, para visitar la poblacion endemica de palmas mas austral del mundo, muchas de ellas milenarias, protegidas por su fragil estado y lento crecimiento. Oyarzun las compara a "toscos gigantes" que resisten estoicamente la explotacion humana:
Son las Palmas (Jubaeachilensis o spectabilis), que Darwin considero
monstruosas, las mas feas de las plantas por la deformidad del
tronco... Se sabe que vive cientos de anos y que puede crecer aun en
terrenos muy secos y aridos (sic). Produce no solo miel sino coquitos
que todavia se exportan, crin vegetal, bastones, cartones con la fibra
de sus troncos secos. Con paciencia y prevision, bien podria repoblar
de arboles los cerros aridos de la cordillera de la costa... ?Tendran
todas que ser abatidas tambien un dia? El huracan no puede con ellas.
Pero esas palmas amadas de nuestra vieja tierra, que Gabriela Mistral
llamaba las cuelludas, ?habran de morir antes que nosotros, victimas de
nuestro amor por el desierto? (pp. 41-43)


Descomponer el estrato del viaje, linea mayor con la que dialoga este trabajo, observar su trama y seguir solo una hebra, la delgada senda que se dibuja con el cuerpo entero inmerso en el contacto con las cosas, lentamente, paso a paso, nos permite situar el pensamiento ecologico de Oyarzun en sintonia con la reflexion contemporanea sobre el caminar. Le Breton recuerda que, en 1950, Barthes planteaba sagazmente que "todo ensueno, toda imagen ideal, toda promocion social, suprime en primer lugar las piernas; ya sea a traves del retrato o del automovil" (cit. Le Breton, 2014, p. 19). El orden urbano ha hecho que, progresivamente, el cuerpo en transito de la modernidad, incorporeo, sentado e inmovil, sea percibido como una anomalia (p. 18). El cuerpo "choca con la modernidad", pues, en general, los disenos urbanos limitan nuestra vision del mundo, nuestro campo de accion sobre la realidad, nuestra consistencia psiquica, actuar politico y el conocimiento de las cosas. Usando una metafora geologica, el choque del cuerpo con la modernidad "erosiona el yo" (p. 19). De alli que caminar sea un gesto de "deliberada resistencia a la neutralizacion tecnica del cuerpo que distingue a las sociedades modernas" (pp. 135-136), bandera de sujetos y subjetividades que no temen enfrentarse a la "desnudez del mundo" ni a llevar un ritmo a contramano de una sociedad seducida por la velocidad. Andar es una forma de resistir la erosion no solo de la mente y el cuerpo, sino tambien del paisaje, de la naturaleza y de las ciudades (Solnit, 2015, p. 29).

?Cuanto le debe el pensamiento ecologico de Oyarzun a sus caminatas y excursiones? Parece claro a esta altura que el caminar represento para el una profunda experiencia material, espiritual, intelectual y estetica que siempre alcanza el mismo punto: una afectividad por el afuera, un sentimiento de bienestar y serenidad cuando se encuentra rodeado por la naturaleza salvaje, un placer estetico ligado a su contemplacion y una reflexion etica sobre las condiciones del entorno, las especies y el lugar del ser humano en el futuro del planeta. Las narrativas del caminar son fundamentales en el pensamiento ecologico de Luis Oyarzun. De las caminatas deriva el trabajo de campo, la acuciosa observacion del paisaje, el entorno, las materias y las especies que en el habitan, y, por que no, el dialogo con lo no-humano (Iovino y Oppermann, 2014). Como Socrates, Rousseau, Kierkegaard, Wordsworth, Nietzsche o Thoreau, Oyarzun fue un entusiasta caminante. Para Oyarzun, caminar y escribir fueron practicas que se conectan con lo que Foucault (1999) llamo "cuidado de si", cuyos principios morales provienen de la filosofia antigua. Lo mismo podria decirse, en el contexto del pensamiento postestructuralista, de la nocion de la literatura como una "empresa de salud", descrita por Deleuze (1996). No es raro, entonces, que, ante el progresivo desvanecimiento de los valores humanistas, Oyarzun se refugie en aquellas practicas que los hombres de accion y los "planificadores del desarrollo" (1973, p. 16) consideran de otro tiempo, inutiles o de escaso o nulo valor, como la caminata, la escritura o el dialogo con lo no-humano, robustos dispositivos de resistencia contra el avance del filisteismo y la ideologia del progreso.

REFERENCIAS

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ARNALDO DONOSO ACEITUNO (**)

(*) Este trabajo cuenta con el patrocinio del programa de Becas de Doctorado Nacional de la Comision Nacional de Investigacion Cientifica y Tecnologica (CONICYT) y de la Facultad de Educacion de la Universidad Adventista de Chile.

(**) Doctor [c] en Literatura Latinoamericana, Programa de Doctorado en Literatura Latinoamericana, Universidad de Concepcion. Correo electronico: arnaldodonoso@udec.cl.

Recibido: 16.05.18. Aceptado: 01.04.19.

(1) Entre otros, Millas (1973), Morales (1995, 2001, 2009), Perez-Villalon (1999), Sanchez (2005), Harris, Schutte y Zegers (2005), Grau (2008), Hozven (2010), Valdes (2011), Amaro (2013), Bonzi (2014), Cordua (2015) y Pinedo (2017).

(2) El 17 de febrero de 1974, El Mercurio publica una resena de Alone sobre Defensa de la Tierra. La obra de Oyarzun, segun el critico, es multiple y desconcertante. En ella, la "pasion de ver", que Millas (1973) identifica como el nucleo de la escritura oyarzuniana, se aplica a la naturaleza hasta dar con los caminos de la filosofia. De acuerdo con Alone, la vocacion de excursionista de Oyarzun, curiosa en un intelectual de primer orden como el, le permitio traducir la realidad en prosa, poesia, pensamientos trascendentales y atisbos cientificos. En Defensa de la Tierra, concluye Alone, vida y pensamiento, arte e inquietud "empalman con la tragedia contemporanea, con esta civilizacion y esta cultura que tocan su limite, cuyo saber y poder las devoran, girando... rumbo al caos" (p. 3).

(3) Thoreau (1817-1862) es autor de "Walking" (1862), uno de los mas elocuentes ensayos sobre el caminar. Los planteamientos de "Walking" proceden, en su mayoria, de apuntes del diario de su autor, hechos alrededor de 1850.

(4) En mayo de 1953, amplia sus ideas sobre la vida en las grandes ciudades: "Si viviera en una aldea o en un bosque, me sentiria solidario de todo acontecimiento... en estas ciudades enormes la carne dormita e impera y la gente hacinada se aisla en sus huecos de hierro, en torrecillas de humo, sin la mediacion de una naturaleza viva que nos haga humanos" (1995, p. 188).

(5) Oyarzun llega al pais antillano invitado por Jorge Millas, con el objeto de dar una serie de conferencias "sobre la naturaleza en la literatura hispanoamericana" (1995, p. 67) en la sede respectiva de la Universidad de Puerto Rico.

(6) "Yo entro en esas regiones de la realidad a mi manera", escribio Barthes (2016), "es decir, con mi cuerpo; y mi cuerpo es mi infancia, tal como la historia la hizo" (p. 16).

(7) Darwin, Humboldt, Thoulet y Philippi son citados en el diario. Philippi fue la principal fuente de los conocimientos botanicos de Oyarzun. "Hojee mi vieja botanica de Philippi companera inseparable de excursiones", declara en uno de los apartados de Defensa de la Tierra (1973, p. 73; ver, tambien, 1995, pp. 482, 512).

(8) Hay una variante ludica de la "pasion de los nombres" (Grau, 2008). En 1953 el autor registra: "Era el dia glorioso de ese camino de montanas, inundado por las flores fugaces de noviembre: calceolarias delicadisimas, de tono amarillo limon; canelos floridos, humerianas morbidas, oyarzunianas excelsas, huillis enormes, principillos, falsos capachitos" (1995, pp. 198-199; cursivas mias). Interesante es la entrada del 14 de diciembre, cuando Oyarzun determina el nombre cientifico de la "humeriana morbida": "suele ser llamada 'azucena del campo'--segun le dijo a R. una anciana de Caleu--o 'pata de vaca'. V. M. Baeza en su libro Los nombres vulgares de las plantas silvestres de Chile, la identifica como Chloreaspeciosa" (p. 201).

(9) La relacion con Munoz y Toral es interesante. Defensa de la Tierra fue publicado con ilustraciones del botanico y un diseno de cubierta del pintor.
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Author:Aceituno, Arnaldo Donoso
Publication:Atenea (Chile)
Date:Mar 22, 2019
Words:7665
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