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Botti, Alfonso; Montero, Feliciano; Quiroga, Alejandro (eds.): Catolicos y patriotas. Religion y nacion en la Europa de entreguerras.

BOTTI, Alfonso; MONTERO, Feliciano; QUIROGA, Alejandro (eds.): Catolicos y patriotas. Religion y nacion en la Europa de entreguerras. Madrid: Silex, 2013, 328 pp.

Como senalan los editores en su util y conceptualmente precisa introduccion, este libro se ocupa de la aportacion que el catolicismo y la Iglesia catolica han tenido en la construccion de la nacion en el marco espanol y en el de otros paises europeos (como Italia, Portugal y Polonia), en el conflictivo periodo de entreguerras. Pretenden con ello remediar el olvido que, a su juicio, se ha dado en la Espana actual en torno al peso cobrado por la nacion en la conformacion de la cultura politica de la Iglesia catolica y, a la vez, estudiar el modo como el catolicismo quedo integrado en diversos proyectos nacionales y nacionalistas europeos, o en la construccion de otras naciones catolicas dentro de la propia Espana en la etapa considerada, lo que no impidio sin embargo el que compartieran, con el nacionalismo espanol, la creencia en el caracter central del componente catolico en la inteleccion de la nacion.

No se les escapa, por otro lado, que determinadas categorias como las de <<sacralizacion de la politica>>, o la de <<religion politica>>, puestas a punto en la decada de 1990 para estudiar los fascismos y las derechas radicales en Europa tienen una particular conexion con el tema estudiado, debido al relevante papel del catolicismo, en tanto que argamasa ideologica, a la hora de configurar dictaduras contrarrevolucionarias en toda Europa. Tambien en Espana, donde desde el final de la Primera Guerra Mundial catolicismo y nacionalismo estuvieron cada vez mas presentes en el espectro politico conservador (y mas tarde, de un modo mas acentuado, en las culturas politicas franquistas).

El libro, por otra parte, se situa en la linea de otros estudios que han destacado la importante funcion que el hecho religioso y el propio clero desempenaron en los procesos de nacionalizacion de masas, frente a las tesis que sostenian que la Iglesia catolica, en tanto que universal y romana, se habia opuesto a la apologia de las identidades nacionales al entenderlas como creaciones de los Estados liberales. El caso espanol, desde la Restauracion hasta la dictadura franquista, que integro a la Iglesia y al catolicismo en su proyecto de nacionalizacion de masas, desmentiria esa tesis.

Teniendo su origen en un proyecto de investigacion centrado en el caso espanol (<<Catolicismo y laicismo en la Espana de entreguerras>>) y, en una perspectiva temporal mas larga, la labor desarrollada por el grupo de trabajo, <<Catolicismo y secularizacion en la Espana del siglo XX>>, dirigido por el profesor Feliciano Montero, los editores, entre los que se cuenta este ultimo, han logrado contar con la colaboracion de reputados especialistas extranjeros, lo que otorga al libro una utilisima dimension comparada, reforzada, ademas por la perspectiva empleada al estudiar especificamente el caso espanol, y por la coherencia y equilibrio de la obra en su conjunto, cosa no facil de lograr en estas obras colectivas, pero que aqui los editores han conseguido. En este sentido, la calidad de las contribuciones es alta y pareja, revelando un elevado grado de rigor en la coordinacion, y de autoexigencia por parte de los distintos autores.

El trabajo de Daniele Menozzi, un muy reconocido especialista en el catolicismo contemporaneo, al abordar los pronunciamientos pontificios en torno a la cuestion de las nacionalidades, cumple en cierto modo la funcion de marco para el resto de los capitulos. Partiendo de una posicion inicial de rechazo e incomprension, tal y como habia quedado fijada en el Syllabus, los pontifices del primer tercio del siglo XX efectuaron una serie de cesiones, admitiendo como legitimo el amor a la patria, o el nacionalismo sano (asi, en la enciclica, Ubi arcano Dei), aunque siempre subordinandolo a la aceptacion de las normas eticas fijadas por el propio pontifice. La peligrosa evolucion europea en los anos 30 habria llevado, no obstante, a revisar esa posicion, calificando al nacionalismo de <<verdadera perversion del espiritu>>, en su ultima y no publicada enciclica.

Siguen tres interesantes contribuciones, de Guido Formigoni, Joao Miguel Almeida y Andrea Panaccione, en torno a Italia, Portugal y Polonia, que ponen de manifiesto semejanzas, pero tambien, diferencias, respecto del nacionalcatolicismo espanol. Para Italia, Formigoni concede que a lo largo del Ventennio fascista--cuyas distintas fases por lo que atane a la relacion entre el Estado y la Iglesia estima imprescindible desglosar para desentranar el complejo encuentro-enfrentamiento entre ambas instancias en torno a una cuestion capital, el del liderazgo de los procesos de nacionalizacion en la naciente sociedad de masas--, seria propiamente en los anos que siguen a la firma de los Pactos Lateranenses (1929) cuando las expectativas de crear en Italia un autentico nacionalcatolicismo, imaginandolo como la ideologia del nuevo regimen tuvieron un fundamento mas solido (con el concurso necesario de Accion Catolica, llamada a <<catolizar el fascismo), y el regimen recabo consistentes adhesiones para su politica imperial, como la desarrollada en Africa. Mussolini, no obstante, pretendia mantener bajo su estricto control el lenguaje y valores de la nacionalizacion de los italianos, primando el papel del Estado que asumia, ademas, rasgos religiosos lo que, unido a otras circunstancias que se dieron desde la segunda mitad de los anos 30 hicieron que perdiera fuerza la expectativa de consolidar al regimen en torno a una version <<nacional-catolica>> oficial y moderada.

Por lo que hace a Portugal, la distancia es quizas mayor, pese a que el componente catolico fue esencial en las concepciones de la identidad nacional portuguesa en las organizaciones o movimientos que agruparon a los sectores de opinion derechista y exmonarquica, como el Integralismo lusitano, tan influyente en este sentido. Es cierto que en el decurso accidentado de la I Republica, en la que la politica religiosa fue una de las fuentes principales de conflicto entre el Estado y la Iglesia (a partir de la Lei de Separacao, de 1911), se registro un acercamiento progresivo entre la identidad laica y republicana y la catolica e historicista, como muestra el consenso creciente en torno a figuras del pasado medieval, como Nuno Alvares Pereira, pero en el Estado Novo de Oliveira Salazar la distancia institucional entre la instancia estatal y la eclesiastica se mantuvo, pese a que al propio tiempo se proyecto recuperar la que seria la autentica nacionalidad portuguesa, como componente ideologico fundamental del regimen, en la que se fundirian catolicismo, nacion y nacionalismo.

Panaccione, en fin, en la que es una de las contribuciones mas interesantes de este libro, se hace cargo del caso polaco y subraya como el nacionalismo moderno que se afirmo desde, aproximadamente, la segunda mitad del XIX, hizo un uso politico de la religion y es inseparable de los conflictos etnorreligiosos o, luego, en el Estado independiente de entreguerras, de una politica represiva contra las minorias y del antisemitismo en las que la Iglesia catolica devino un mero instrumento para una polonizacion autoritaria. Aunque se produjo en aquellos anos una estrecha identificacion entre los intereses politicos y nacionalistas con los de la religion, asi como del <<vinculo de amor>> con Roma, lo que podria aproximar el caso polaco al espanol del franquismo, el contexto religioso en el que el recien nacido Estado polaco llevo a cabo sus politicas nacionalizadoras es muy diferente de la Espana del mismo periodo y la Iglesia durante el franquismo no fue un simple instrumento sino un protagonista de primer orden en dichas politicas.

Alfonso Botti abre los capitulos referidos ya a Espana con un trabajo reivindicativo de sus tesis acerca del papel crucial del nacionalcatolicismo en la configuracion del moderno nacionalismo espanol, y muy critico respecto de la historiografia sobre esta cuestion desde la epoca de la Transicion hasta el presente. Tan solo a partir de los anos en torno al cambio de milenio el tema de la Iglesia en relacion con la nacion ha pasado a ser un asunto relevante en la historiografia espanola. Se duele, no obstante de que no exista aun una acepcion univoca y compartida del nacionalcatolicismo --para el, una ideologia politico-religiosa forjada en un largo pasado y provista de una perspectiva modernizadora--, todo ello afirmado con voluntad de polemica, que invita efectivamente a ponderar de nuevo el peso de las distintas tradiciones nacionalistas en la Espana del periodo de entreguerras.

Benoit Pellistrandi incide con su aportacion en una de las tareas de inexcusable realizacion para elucidar las incognitas o retos que Botti planteaba: el analisis de las pastorales de los obispos espanoles entendidas aqui, mas que como un genero literario, como un modo de intervencion episcopal en el debate publico, en relacion con la historia y la idea de Espana en el primer tercio del siglo XX. Del estudio de este discurso, en donde la palabra tradicion resulta muy repetida, se desprende una descalificacion casi absoluta del tiempo presente, sobre todo en la Espana de los anos 30, asi como la certeza de que el verdadero patriotismo es el catolicismo. Pellistrandi duda, sin embargo, de su eficacia movilizadora, tratandose sobre todo, de una coleccion de topicos patrioticos que alimentan un nacionalismo principalmente retorico.

El texto, muy bien dosificado, de Alejandro Quiroga sobre la relacion entre la Iglesia espanola y la dictadura de Primo de Rivera recurre asimismo, como Formigoni para Italia, a la delimitacion clara--que en su momento hizo Carmelo Adagio para el caso espanol--, de las distintas fases por las que paso aquella relacion, que estuvo lejos de ser fluida y cordial y que encubre conflictos verdaderamente graves como el habido con el clero y parte de la jerarquia catalana, o con los carlistas. Conflictos que remiten a la politica nacionalizadora de Primo para cuya aplicacion el dictador quiso recurrir a los apoyos de los catolicos sociales, apoyo inicialmente brindado, pero fragil, como se evidencio en la puesta en marcha del regimen corporativo, con una impronta mucho mas fascista que catolica, o con la creacion de la Union Patriotica. Lo cierto es que tanto esta politica como la educativa, con la polemica introduccion del texto unico suscitaria, en la fase final de la dictadura, un alejamiento creciente de los catolicos respecto del regimen y de su titular quien, a juicio de Quiroga, fue victima de la trampa que suponia querer fortalecer al Estado y necesitar para ello el apoyo de la Iglesia.

Santiago Martinez Sanchez y Miguel Angel Dionisio Vivas estudian, en paralelo, las figuras de Pedro Segura e Isidro Goma, que ocuparon la silla episcopal toledana y a los que se suele asimilar por lo que hace a su pensamiento sobre la Nacion y la Historia de Espana. Una asimilacion que, a su juicio, no es correcta ya que, frente al integrismo sin matices del primero y su rotundo rechazo de la Republica ya desde sus mismos comienzos, Goma, sin ser accidentalista, acepto el nuevo regimen, aunque no su politica religiosa, y encarno una suerte de tercera via entre la intransigencia de Segura y la actitud conciliadora del cardenal Vidal. Esa aceptacion condicionada termino, no obstante, con la Guerra Civil, en cuyo transcurso, tanto Segura como Goma afirmaron la unidad sustancial entre el catolicismo y Espana, excluyendo, tanto la experiencia republicana, como la novedad totalitaria fascista.

Feliciano Montero, en buena medida responsable del proceso que ha llevado a la elaboracion de este libro se ocupa en su capitulo de la dimension nacional e internacional de la Accion Catolica espanola entre 1920 y 1936, aportando valiosa informacion sobre los viajes por Europa de propagandistas y consiliarios al objeto de informarse de los variados modelos organizativos de AC en los distintos paises. Una proyeccion hacia el exterior que no puede obviar su implicacion en el aumento del espiritu nacionalista o en las cuestiones de identidad nacional, perfectamente detectables en la rama espanola pero que aqui se complicaron debido a las tensiones entre la organizacion estatal y la catalana. Asi, el I Congreso nacional, de 1929, estuvo provisto de una dimension de afirmacion catolica y nacional espanola, como tambien, las Semanas pro Ecclesia et Patria, celebradas ya durante la Republica. No obstante, el caracter estrictamente confesional y apolitico, en principio, pensado para la organizacion iba a cuartearse ante la presion politizadora de una CEDA en ascenso, o el recurso a la violencia por parte de sus juventudes, las JAP. En todo caso, la AC espanola compartio durante este periodo un terreno comun con sus homologas internacionales: el de la reconquista social catolica frente a la <<apostasia de las masas>>, con una importante diferencia: que en el caso espanol, muy aferrado a una tradicion integrista, apenas se detectan intentos de abrir una tercera via entre fascismo y comunismo.

La ultima parte del libro se ocupa de como se planteo la relacion entre nacion y religion dentro de las propias fronteras espanolas: en las nacionalidades de Cataluna, Pais Vasco y Galicia. Hilari Raguer, al abordar la primera de ellas, trata en realidad poco del periodo de entreguerras y su preocupacion parece ir mas bien dirigida a subrayar el estrecho vinculo, desde los inicios de la contemporaneidad, entre catalanismo y religion catolica, llamando la atencion sobre fenomenos muy significativos, como la proliferacion de ordenes religiosas fundadas por religiosos catalanes en el siglo XIX, en un proceso similar, aunque a una escala mas reducida, al ocurrido en Francia. Efectua asimismo una lectura en clave catalana o catalanista de figuras, por otro lado muy incrustadas en el catolicismo espanol de aquella centuria, incluso en los origenes del nacionalcatolicismo, como Balmes o Claret. Una corriente integrista o tradicionalista que no cabria detectar, a su juicio, en el catolicismo catalan, mas abierto, en el periodo de entreguerras o durante la guerra civil y franquismo, una tesis probablemente cierta, pero que deja sin explicar los contextos religiosos en los que se forjaron figuras catalanas tan relevantes en el nacionalcatolicismo espanol, como Goma o Pla y Deniel.

Joseba Louzao, al ocuparse del Pais Vasco, afronta una tematica ciertamente compleja, por la estrecha interrelacion del nacionalismo vasco con el nacionalcatolicismo espanol, que contaba con una presencia muy importante en aquel territorio a traves de las organizaciones monarquicas y carlistas. De hecho, y ante las primeras elecciones, unos y otros formaron una coalicion en la que la defensa de la religion y de la autonomia --que iba fuertemente unida a la primera--, constituyo un postulado basico. A juicio de Louzao, ello seria una buena muestra de como la cultura transversal nacional-catolica y decididamente antiliberal que se habia ido gestando en el periodo de la Restauracion, se acentuo en los primeros meses de la Republica (difundiendose a traves de espacios compartidos por unos y otros: parroquias, asociaciones devocionales...). La declaracion de inconstitucionalidad del Estatuto de Estella, no obstante, y la posterior aceptacion de la legalidad republicana por el PNV, abocarian a este a desligarse del bloque catolico, si bien la ruptura se retraso hasta 1934, con las vicisitudes en las Cortes del nuevo proyecto estatutario. Desde entonces, el PNV se hizo consciente de la imposibilidad de acordar nada con la derecha espanola. Asi, en las elecciones de febrero de 1936, el Partido alcanzo un consenso de minimos con el bloque de izquierdas. Lo que no quita para que la Guerra Civil en aquel territorio fuera sustancialmente un enfrentamiento entre catolicos, nacido de la opcion republicana tomada por los nacionalistas vascos.

En el capitulo que cierra el volumen, Jose Ramon Rodriguez Lago trata de Galicia, de los catolicos, las instituciones eclesiasticas y el nacionalismo gallego desde, aproximadamente, la ultima decada del s. XIX hasta 1936. En su contribucion pueden advertirse los fuertes ligamenes entre el naciente nacionalismo con sectores muy influyentes del clero gallego y como cuestiones como la provision de los principales puestos eclesiasticos en aquel territorio en clerigos naturales del mismo, devino una importante reivindicacion galleguista, asi como el impulso para que se tejiera un tupida red clientelar que tuvo inicialmente exito con la promocion al episcopado en la propia Galicia o en diocesis como Madrid-Alcala (el papel desempenado por Vales Failde, la figura de Eijo Garay, por ejemplo), de sacerdotes gallegos. Estos procesos dentro de las propias estructuras eclesiales corrieron parejos con una comprobada afinidad con el galleguismo politico (eleccion, en 1920, de Pena Novo, para el ayuntamiento de A Coruna). El acercamiento posterior, no obstante, sobre todo en la II Republica, del nacionalismo gallego a un proyecto de modernizacion laica y en dialogo con otras ideologias determino que afloraran tensiones dentro del Partido Galeguista y que se crearan nuevas formaciones politicas, como la promovida por Filgueira Valverde en 1935 (la Derecha Galleguista), que convertia al catolicismo en la clave de la construccion nacional, una posicion no muy alejada de la que iba a defender tambien Martinez Risco. Un proceso coincidente en el tiempo con la defraudacion de las esperanzas, por parte de los galleguistas, de poder contar con un clero favorable (nombramiento de un clerigo foraneo, Tomas Muniz Pablos, para la sede compostelana).

Rafael Serrano Garcia

Instituto de Historia Simancas

Universidad de Valladolid
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Author:Serrano Garcia, Rafael
Publication:Studia Historica. Historia Contempranea
Date:Jan 1, 2015
Words:3145
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