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Books, letters, lectures: revision history in Angentina and Paraguay through epistolary exchanges between David Pena and Juan E. O'Leary/Libros, cartas, lecturas: la revision de la historia en Argentina y Paraguay a traves de los intercambios epistolares entre David Pena y Juan E. O'Leary.

Entre 1907 y 1928 el historiador argentino David Pena (1862-1930) y el paraguayo Juan E. O'Leary (1879-1969) mantuvieron un sostenido contacto epistolar e intercambiaron novedades bibliograficas. Las cartas cruzadas, en tanto discursos producidos en la esfera privada, son un testimonio elocuente del rastro historico que ellos mismos han dejado; ponen de manifiesto sus inteligencias, sus preocupaciones, sus aspiraciones. Y ese descubrimiento es importante. Al mismo tiempo el analisis del intercambio epistolar pretende complejizarla filiacion del revisionismo historico en Argentina, su recepcion en otros espacios nacionales y comparar sus peculiaridades. (1) De manera particular interesa, en este caso, llamar la atencion acerca del influjo que la obra de David Pena tuvo en la practica de la historia del joven escritor paraguayo, asi como tambien aportar datos a un mejor conocimiento acerca de los modos en que se difundieron y circularon por la region las obras de historiadores pertenecientes a diversas naciones del espacio rioplatense.

De acuerdo con las pruebas disponibles, es posible identificar, segun el rango cronologico mencionado, tres momentos de especial densidad en los contactos epistolares entre Pena y O'Leary, cuyos contenidos se examinan en los siguientes apartados.

Ademas de analizar las caracteristicas de ese intercambio, este trabajo pretende dar cuenta de algunos rasgos de las biografias que produjeron en torno a actores controvertidos de la historia de sus respectivos paises: Juan Facundo Quiroga: contribucion al estudio de los caudillos argentinos (1906), de David Pena, y El Mariscal Solano Lopez (1925), de Juan E. O'Leary.

En el plano metodologico se procura resaltar la importancia de las cartas intercambiadas entre historiadores para esclarecer sus concepciones del pasado y su utilidad para contrastarlas con los discursos historicos producidos en el espacio publico; en particular, en este caso, para poner en relacion los procesos de revision de la historia que se iniciaron contemporaneamente en Argentina y en Paraguay.(2)

El estudio se apoya, centralmente, en los documentos que componen el Fondo David Pena del Archivo y Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia de la Republica Argentina, en los manuscritos incluidos en el Legajo David Pena del Archivo del Museo Historico Provincial de Rosario "Dr. Julio A. Marc", y en la Coleccion Juan E. O'Leary, depositada en la Biblioteca Nacional del Paraguay. En el caso de este ultimo pais, el hallazgo y la reciente organizacion de archivos personales de historiadores paraguayos--ademas del de O'Leary se han recuperado los de Carlos Pastore (1907-1996) y Rafael Eladio Velazquez (1926-1994) como asi tambien papeles privados de Jose Falcon (1810-1881) y Blas Garay (1873-1899)-constituyen, sin duda, un corpus de apreciable valor no unicamente para el analisis del historiador, su contexto historico y su influencia en los ambitos mas dispares de la vida publica sino, de manera particular, para el estudio de las tendencias ideologicas que condicionaron su labor historica.

Primer momento: Juan Facundo Quiroga y Francisco Solano Lopez

El contacto epistolar entre Juan E. O'Leary y David Pena comenzo en el mes de enero de 1907 en ocasion de divulgarse en Paraguay el texto sobre Juan Facundo Quiroga que habia sido editado unos meses antes en la capital argentina. (3) Para comprender el alcance de la proyeccion lograda en corto tiempo por el libro de Pena conviene recordar algunos antecedentes.

En 1903, David Pena habia dictado en la recientemente creada Facultad de Filosofia y Letras (1896) de la Universidad de Buenos Aires quince conferencias muy resonadas por la defensa que en ellas se realizaba del caudillo riojano, a contrapelo de la obra de Domingo F. Sarmiento. Para ese entonces, Pena se desempenaba como profesor suplente de Historia Argentina, cargo que ocupaba desde que regresara por ultima y definitiva vez a establecerse en la ciudad de Buenos Aires, ya sobre el final del siglo XIX. Formaba parte del grupo de politicos e intelectuales rosarinos--como Estanislao Zeballos, Gabriel Carrasco, Rodolfo Rivarola--que habian llegado a la capital del pais por las mayores posibilidades que esta ofrecia. En anos anteriores, entre mediados de la decada de 1880 y principios de la siguiente, Pena habia realizado una encomiable tarea procurando promover la creacion y desarrollo de diversos emprendimientos e instituciones de caracter cultural en Santa Fe y Rosario. Con desigual exito, habia fundado el periodico Nueva Epoca en Santa Fe y La Epoca y Revista Argentina en Rosario, y habia impulsado el establecimiento de una biblioteca popular en la capital santafesina. Tambien habia incursionado en el genero dramatico, convirtiendose en un reconocido autor teatral.

Debido al interes que habian despertado las conferencias sobre Quiroga, su autor decidio convertirlas al formato de libro, con el fin de darles una mayor difusion y alcanzar un publico mas amplio que el que se habia llegado hasta los claustros universitarios atraido por los rumores de que su tesis entraba en abierta polemica con la version canonica que la historiografia liberal habia consagrado acerca de Quiroga. Para ello reviso los manuscritos y les realizo algunas modificaciones y agregados, dandolos a la Casa de Coni Hermanos para su impresion. (4) En mayo de 1906 el libro estuvo listo, y los anuncios periodisticos pusieron a la sociedad portena al tanto de su aparicion, con sugerentes comentarios que animaban a su lectura. Tal como sostenia una nota publicada en El Tiempo, por ejemplo, "el nuevo libro esta llamado a producir controversias historicas dado el nuevo aspecto en que presenta el doctor Pena a Facundo". (5) La obra de Pena fue pronto resenada en diversos medios y conto tanto con criticos entusiastas como con detractores. Algunos de estos ultimos, especialmente filosos, cargaron no solo contra el discurso historiografico que proveia el libro, sino tambien contra su autor: "Enganoso en su forma, el libro de usted, doctor Pena, nos presenta al caudillo riojano sublimado por los derroches de su fantasia. [...] !Mal filosofo y peor historiador, el que para levantar a un caido, necesita vilipendiar a los que estan en las alturas!" (6) La figura de Pena cobro notoriedad, y unos pocos meses despues el rosarino ingresaba como miembro de numero a la Junta de Historia y Numismatica Americana (posterior Academia Nacional de la Historia de la Argentina), no sin dejar de producir su admision un sacudon en la institucion, que sufrio la renuncia de su vicepresidente primero, Jose Juan Biedma, ofuscado porque se permitiera el ingreso al defensor del caudillo. Alentado por elogios y ataques, el libro se distribuyo rapidamente por todo el pais, tal como lo atestigua un afiche impreso por la libreria "Hijos de Jose Alsina y Cia." de Parana (Entre Rios), que ofrecia enviarlo a cualquier punto de la Republica. (7) Tanto, que fue necesario hacer una nueva edicion ese mismo ano de 1906, y otra mas al ano siguiente. Con este mismo impulso cruzo los limites nacionales y recalo en las librerias de Asuncion, de donde llego a manos de Juan E. O'Leary quien, para entonces, era ya una figura reconocida e influyente en el espacio cultural.

En esos primeros anos del siglo veinte era posible identificar en el Paraguay una elite politico cultural que habia ido conformandose en el periodo de la posguerra de la Triple Alianza--fundamentalmente, pero no solo--con egresados del Colegio Nacional y de la Facultad de Derecho que pasaria a denominarse Generacion del 900. La conformarian, entre otros, Blas Garay, Manuel Dominguez, Fulgencio R. Moreno, Arsenio Lopez Decoud, Manuel Gondra, Ignacio Pane, Ricardo Brugada (h), Eligio Ayala, Teodosio Gonzalez, Alejandro Guanes, Juan Francisco Perez Acosta y el mismo Juan E. O'Leary.El escritor Raul Amaral reunio, en sucesivos trabajos de investigacion literaria, a 26 nombres principales de los cuales 8 conformaron, segun su perspectiva, por sus ideas y su produccion, el nucleo sustancial del Novecentismo: Arsenio Lopez Decoud, Manuel Dominguez, Manuel Gondra, Fulgencio R. Moreno, Blas Garay, Eligio Ayala, Juan E. O'Leary e Ignacio A. Pane (AMARAL 2006; GOMEZ LEZ; ZARZA 2013).

Politicamente, algunos de estos letrados adhirieron al Partido Colorado, como Blas Garay, Fulgencio Moreno, Manuel Dominguez, en tanto otros se mostraron identificados con los principios del Partido Liberal como Eligio Ayala, Manuel Gondray Juan O'Leary.

Este grupo comenzo a vehiculizar sus afanes culturales a traves de distintos canales. El principal fue la prensa, pero tambien se destacaron algunas revistas, las cuales, a partir de finales del siglo diecinueve, habian ido adquiriendo una particular relevancia. Entre estas figuraba la Revista del Instituto Paraguayo, que circularia entre 1896 y 1908 y estaba dirigida a un publico culto. Efectivamente, el 26 de junio de 1895 un nucleo de los jovenes novecentistas junto a otras figuras influyentes de la sociedad asuncena fundo el Instituto Paraguayo. En un comienzo sus impulsores se limitaron a enunciar entre sus propositos el fomento del estudio de la musica y el desarrollo de la literatura, proporcionar la ensenanza de idiomas y estimular los ejercicios fisicos por medio de la gimnasia y la esgrima. Sin embargo, las cuestiones sobre el pasado pasaron a constituirse, al poco tiempo, en materia predominante de las conferencias, de los discursos y de otras actividades llevadas a cabo por la institucion las que, en todos los casos, suponian un punto de referencia, un indicador preciso de los rumbos tematicos consagrados por esa elite intelectual; se impuso entonces la necesidad de divulgar tales emprendimientos a traves de una revista. Asi, en octubre de 1896 aparecio el primer numero; definida como una publicacion de caracter esencialmente cientifico paso a subtitularse, poco tiempo despues, "Historia, Ciencias, Letras", haciendo referencia a sus principales contenidos. Fue la publicacion mas importante de esos anos y en sus numeros podian leerse aportes de Victorino Abente, Rafael Barrett, Jean-Paul d'Aile (Casabianca), Manuel Gondra, Manuel Dominguez e Ignacio A. Pane, entre otros autores significativos (BREZZO 2011a).

En los mismos anos en que se editaba la revista del Instituto, comenzaron a circular otras publicaciones con similares pretensiones cientificas como la Revista de la Universidad Nacional y la Revista de Agronomia y de Ciencias Aplicadas, dirigida por Moises Bertoni.

Al mismo tiempo, aquellas convivieron con otras revistas dirigidas a un publico selecto, pero mas aligeradas, con grabados de paisajes y de personajes, anecdotarios y textos breves. Jose Segundo Decoud, uno de los intelectuales y politicos mas influyentes de la epoca poseia una de las principales bibliotecas del pais; si se repasa su Catalogo es posible dar cuenta de algunas de esas publicaciones, como Ilustracion Paraguaya, La Revista Comica, La Rivista Italiana. Coloniale, comerciale, sociale, The Paraguay Review. Paraguayische Nachrichten, Tribuna de los intereses del Paraguay, La Revista del Paraguay, Cronica y Anales del Gimnasio Paraguayo, todas publicadas entre las ultimas decadas del siglo XIX y la segunda decada del siglo XX (CENTURION 1961; GONZALEZ DE BOSIO 2008).

El 10 de septiembre de 1900, O'Leary fue designado profesor de Historia Americana y Nacional en el Colegio Nacional de Asuncion y en el transcurso del mismo ano inicio sus colaboraciones en el diario La Patria, dirigido por Enrique Solano Lopez.

Asi, habiendo superado escasamente los veinte anos, comenzo a dedicarse a la ensenanza de la Historia y a adquirir cierto protagonismo en las actividades periodisticas y culturales de la capital paraguaya (BREZZO 2011b).

En La Patria principio la publicacion, a partir del 2 de mayo de 1902, aniversario de la batalla de Estero Bellaco de la guerra contra la Triple Alianza, de una serie de 26escritos de indole historica bajo el titulo general de Recuerdos de Gloria, cuyas entregas se prolongaron hasta el ano 1904. El autor declaro que la principal intencion que le movio a redactarlos fue el "de exaltar el heroismo del pueblo vencido en una lucha desigual" y "exponer a las nuevas generaciones las hazanas de los heroes de la Guerra del Paraguay contra la Triple Alianza" quienes "dormian casi olvidados de la patria, despues de haber escrito en sangre la estupenda epopeya de aquella defensa sobrehumana" (O'LEARY 2008, p. 35).

Poco despues de principiar estas entregas, protagonizo con el prestigioso abogado paraguayo Cecilio Baez (1862-1941), la primera polemica sobre la historia del Paraguay. A traves de las columnas de La Patriay El Civico la disputa se inicio en el mes de octubre de 1902 y se extendio hasta el 14 de febrero de 1903; fue la primera vez que la sociedad paraguaya participo, directa e indirectamente, en un debate sobre su pasado (SCAVONE YEGROS; BREZZO 2012).

Respecto a la guerra contra la Triple Alianza, Baez la explicaba como un efecto del propio sistema tiranico, que tuvo su origen en la epoca colonial y se consolidara durante los gobiernos de Francia y de los dos Lopez:

La guerra--sostenia--se hizo de exterminio para el Paraguay, no solamente por obra de los aliados, sino tambien por obra del mismo Lopez. Los despotas siempre quieren aparecer como interpretes de la voluntad nacional o sirviendo los intereses de la Nacion. Cualquier hombre de sentido comun comprendera que Lopez ni debio intervenir en el conflicto uruguayo-brasilero ni mucho menos provocar la guerra. Tal fue el desenlace de la tirania paraguaya. Fue el sacrificio de todo un pueblo. El pais quedo arruinado y desmembrado. Toca a la nueva generacion reparar lo perdido, por la educacion, por el trabajo, por la practica de la libertad, por el concurso del elemento extranjero, pero principalmente por la educacion, para que al rebano humano lo reemplace un pueblo consciente de sus derechos, que haga imposible la vuelta de las omnimodas y embrutecedoras dictaduras (SCAVONE YEGROS; BREZZO 2012, p. 98).

O'Leary, por su parte, lo enfrento con un discurso completamente opuesto desde las columnas de La Patria, centrandose en un pasado heroico y glorioso, en el que la sociedad paraguaya vivia feliz y prospera hasta que una serie de causas exogenas la habian condenado a su actual postracion. Dedico a cada episodio del acontecimiento belico un articulo completo en un esfuerzo hermeneutico dirigido a mostrar

[...] quien fue la mano negra que arrojo, sobre el Plata y el Paraguay, el huracan de muerte que hizo anicos de nuestra pasada grandeza y poderio. Diremos que la intervencion brasilena en el Uruguay y la guerra de 1865 fue el logico desenlace de la politica absorbente, de las miras ambiciosas del Imperialismo. En efecto, no de otro modo podian concluir las anejas pretensiones del unico imperio de la America del Sud--verdadero parasito adherido al suelo del nuevo mundo--que en todos los momentos de su historia amenazo a sus vecinos y mas que amenazo, asalto con invasiones verdaderamente barbaras, como las de sus mamelucos que han dejado triste memoria en los paises limitrofes ?Con que pais vecino no tuvo disensiones seculares por la cuestion de limites? ?A que pais vecino no arrebato el Brasil inmensas zonas de territorio? (SCAVONE YEGROS; BREZZO 2012, p. 98).

Con estos contenidos fue desplegando en el transcurso de la disputa un conjunto de argumentos con el proposito de demostrar que la guerra tuvo su origen en las maquinaciones del Imperio del Brasil y en la complicidad del gobierno argentino de Bartolome Mitre, y para salir victorioso en la polemica. El veinteanero letrado, que durante la controversia firmo todos sus articulos con el seudonimo de Pompeyo Gonzalez, se hizo a un mas conocido; sus seguidores comenzaron a identificarse como pompeyistas y su revision de la historia clasica de la guerra contra la Triple Alianza comenzo a ser denominada como pompeyismo. (8)

Pues bien, poco despues, a mediados de 1903, jaqueado por sus escisiones internas y por una vasta coalicion de intereses sociales y economicos que se pusieron en su contra, empezo a tomar forma un vasto movimiento revolucionario en Paraguay contra el regimen del partido Colorado. Un grupo numeroso de personas estaba dispuesto a convertirse en partidario de una revuelta que se preparaba en Buenos Aires y en Asuncion. Liderada por figuras conspicuas del Partido Liberal como Cecilio Baez y Benigno Ferreira y por jovenes entusiastas como Manuel Gondra, Jose y Modesto Guggiari, Gualberto Cardus Huerta y Adolfo Riquelme, se inicio una larga campana para vencer la resistencia de los gubernistas en diversas zonas del pais, en cuyo transcurso se sucedieron varios encuentros armados, hasta que la caida de la ciudad de Encarnacion senalo la derrota definitiva del coloradismo. La revolucion tuvo su desenlace en Puerto Pilcomayo, en el mes de diciembre, donde Juan Antonio Escurra y el jefe del gobierno rebelde, Benigno Ferreira, acordaron designar un presidente provisorio y constituir un gabinete mixto. O'Leary, aunque identificado con el Partido Liberal, no participo en el movimiento, asumiendo una conducta pasiva y prescindente. El triunfo de la revolucion hizo, entonces, que quedase enfrentado con su partido en el que militaban algunos de sus mas implacables enemigos intelectuales, como Cecilio Baez. En lo inmediato, el nuevo orden politico condiciono que O'Leary se viera reducido al usufructo de una sola catedra en el Colegio Nacional y marco un momentaneo final a la colaboracion en la prensa y a su activa participacion cultural. Para paliar las consecuencias economicas de la situacion, pero tambien como una especie de exilio y de resistencia al orden liberal, a comienzos del ano 1906 se fue a vivir con su familia a San Lorenzo. La estancia en ese pueblo--muy cercano a la capital--tendria en la vida intelectual de O'Leary una notable densidad. Alli trabo vinculos de amistad con los reconocidos escritores Viriato Diaz Perez, Herib Campos Cervera (padre) y Gregorio Benites. Varias veces a la semana O'Leary viajaba por tren a Asuncion para visitar y conversar con los amigos y colegas como Enrique Solano Lopez e Ignacio Pane--con quienes tramitaba la reapertura del diario La Patria-y con Juan Silvano Godoi, con quien compartia tertulias en el Archivo Nacional. (9)

Pues bien, fue en ese contexto cuando, a comienzos del ano 1907, se produjo el inicio de los vinculos con David Pena, luego de que O'Leary, en uno de esos semanales viajes a Asuncion localizara en una libreria un ejemplar del estudio sobre Juan Facundo Quiroga. Hay que mencionar que, aun en medio del dificil proceso de reconstruccion social que atravesaba el Paraguay, el negocio editorial cobraba impulso. En la capital paraguaya sobresalian tres librerias: la de los hermanos Munoz, la de Uribe y la libreria de Puigbonet. Las ediciones que se exhibian en los respectivos escaparates provenian de los recientemente instalados Talleres Nacionales de H. Kraus, estrechamente vinculados con la impresion de textos historicos y juridicos (VELAZQUEZ 1999) a las que luego se sumaron las provenientes de otras firmas de la plaza como La Mundial, La Colmena, la tipografia de Quell y la de Zamphiropolos. Aunque no se dispone de pruebas suficientes, es probable que O'Leary hubiera comprado el libro de Pena en el negocio de los hermanos Munoz, a quienes conocia y cuya libreria frecuentaba a menudo.

Luego de leer el libro sobre Quiroga, O'Leary se ocupo de consignar, en unos apuntes intimos, la impresion que le produjo:

Hermoso libro. Su lectura me ha dejado una grata impresion. Quiroga resulta un procer argentino. Desvanecida la sangrienta leyenda forjada por Sarmiento queda la vida del grande hombre, reducida a sus justas proporciones. Facundo ya no es el barbaro, sediento de sangre, corrompido, enemigo jurado de la civilizacion como lo pinto el asesino de Penaloza, el "doctor de Michigan". Queda, como dice Pena, el general Juan Facundo Quiroga, representante nato de las provincias y precursor de Urquiza en la obra de la organizacion nacional. La teoria de Pena se puede facilmente aplicar al Mariscal Lopez. Un libro asi de reivindicacion es mi mas constante preocupacion. Alguna vez lo hare.

Francamente me seducen los hombres que, como David Pena, defienden a los perseguidos, a quienes se ceba el odio inconsciente de las multitudes. David Pena ha vindicado a Alberdi levantandole un monumento en Buenos Aires. Y ahora vindica a Quiroga. Los dos hombres mas odiados de su pais. Tiene que ser un alma fuerte. Y son pocos en la Argentina: Saldias y el. Y si Rosas y Quiroga tienen sus panegiristas ?No podra tenerlos el Mariscal Lopez? Lopez no cometio ni la millonesima parte de los crimenes de Rosas, ni anarquizo a su patria como Quiroga. Loco por el desastre, traicionado, vendido, cometio actos de crueldad que condeno, pero que son perfectamente explicables. Derramo sangre paraguaya pero en defensa de la patria por cuya causa perecio en el ultimo campo de batalla. Es mil veces mas grande que Rosas y Quiroga juntos. Con razon dijo Alberdi que no tenia un igual en la America (BNP-CJEO, Diario de Juan E. O'Leary, vol. 1).

Al mismo tiempo remitio la primera carta a David Pena en la que, luego de presentarse, le ponia de manifiesto la identificacion de sus ideas con el espiritu que, segun entendia, habia inspirado el estudio sobre el caudillo argentino:

Anos hace que me consagro a una obra semejante desde las columnas de la prensa de mi pais. No le asombre, pues, mi actitud, que ella es hija del entusiasmo que no puede menos que producirme esta afinidad entre su pensamiento y el mio. Cuan pocos son los hombres que, como usted, se atreven a desafiar los prejuicios en nombre de la justicia historica. Yo que he combatido por todas partes en mi pais brego en defensa de las glorias de mi patria, aprecio en su justo valor su actitud. Yo se las luchas, los trabajos, las amarguras que importa este noble apostolado. Creame, pues, su admirador y cuenteme en el numero de los que le acompanan en su cruzada de vindicacion iniciada con el monumento al mas grande argentino--Alberdi--y meritoriamente continuada en su ultimo libro (BNP-CJEO, Correspondencia Oficial y Privada, Carpeta XXX, Asuncion, enero de 1907).

Merecen ser ponderados estos escritos porque, segun entendemos, permiten fechar el origen de uno de los atributos principales de la forma de hacer historia de O'Leary: la vindicacion. Aun no se habia lanzado a la accion reivindicatoria del Mariscal Francisco Solano Lopez, pero el influjo que la lectura del libro de Pena ejercio sobre el pone de manifiesto que comenzaba a explicarlo.

No se dispone de la respuesta de David Pena a esta carta. De hecho, todo indica que no hubo continuidad en la relacion epistolar hasta bastantes anos despues, cuando se revivieron en Buenos Aires las controversias, iniciadas en las ultimas decadas del siglo XIX, en torno a otro cuestionado actor de la historia de la guerra: Juan Bautista Alberdi.

Segundo momento: Juan Bautista Alberdi

A raiz de la ordenanza del 28 de noviembre de 1919 del Concejo Deliberante de la ciudad de Buenos Aires de darle a una calle el nombre de Alberdi, el diario La Nacion hizo publica su objecion fundandose en la "traicion" que habia significado, segun sostenia, la defensa intelectual de la causa paraguaya puesta de manifiesto en sus escritos divulgados en el transcurso del conflicto y en la correspondencia que habia mantenido con el presidente paraguayo Francisco Solano Lopez (RUBIO GARCIA 2010). David Pena replico a La Nacion desde las columnas de La Prensa y La Epoca, refutando la acusacion con la que se cuestionaba al poligrafo tucumano. Sostuvo que:

El odio a Alberdi forma parte del culto mitrista [...] A medida que se eleva el nivel de la cultura publica, en proporcion a los progresos del criterio ilustrado y cientifico de la republica, se exalta y consolida la figura reflexiva del pensador mas robusto y adelantado que ha tenido la organizacion nacional. Correlativamente, otros valores ficticios descienden, descienden [...] La obra original y profunda de Alberdi se estudia con interes y respeto en las universidades argentinas, donde se le discierne el alto valor juridico que le corresponde (La Epoca, Buenos Aires, 30 de noviembre de 1919).

Para reforzar la defensa desplegada por Pena, O'Leary le envio una breve nota de adhesion y publico en Asuncion un articulo titulado "Mitre contra Alberdi". Se trato de un texto extenso e intenso en el que procuraba, como se ha apuntado, ratificar la defensa que Pena llevaba a cabo en la capital argentina. Entre los argumentos desenvueltos frente a quienes calificaban a Alberdi como traidor a la patria, O'Leary escribia:

Por lo demas, es del caso preguntar donde estaba la patria en aquellos momentos y quienes eran los que estaban, realmente, en inteligencia con el enemigo.

La patria no eran, seguramente, Mitre y sus corifeos, unicos que sostenian la guerra contra el Paraguay y el sometimiento servil a la politica imperialista del Brasil.

La patria era el pais entero sublevado contra la politica de Mitre, era toda la Republica Argentina, hostil a la guerra. Y los enemigos, los verdaderos enemigos en armas contra la patria eran los que arrastraban al pais a una empresa vergonzosa, sirviendo los intereses del adversario tradicional y poniendo al Paraguay en el caso de tomar las armas en defensa de su vida amenazada. No eran traidores los provincianos que se sublevaron en Basualdo y en Toledo para no ir al Paraguay; no eran traidores los Saa, los Varela, todos los caudillos del interior que levantaron banderas de revolucion, y durante toda la guerra protestaron, con las armas en la mano, contra el barbaro exterminio de un pueblo; no eran traidores los contingentes provincianos que se dispersaban en el camino o eran embarcados a balazos en los buques de la escuadra; no eran traidores los Guido, los Andrade, los Navarro Viola, todos los que en la prensa portena defendian al Paraguay o condenaban a Mitre; no era traidor Adolfo Alsina diciendo que se hacia una "guerra carnicera", ni Orono pidiendo la paz en pleno parlamento, ni Quintana llamando "guerra desautorizada" a la guerra del Paraguay; no era traidor el mismo Urquiza haciendo una resistencia pasiva a la campana; no eran traidores, en fin, todos los que de un confin a otro de la Republica estaban con el Paraguay o contra la funesta camarilla de Buenos Aires, coincidiendo en la condenacion de una empresa que, al decir del mismo Mitre, "nunca fue realmente popular. Si esto no fuera asi, resultaria que, junto con Alberdi, ifueron traidores todos los argentinos! (Patria, Asuncion, 13 de diciembre de 1919).

Llegados a este punto conviene hacer referencia al lugar que O'Leary le otorgaba a Alberdi en su lucha contra el "mitrismo", al que definia como expresion de una "oligarquia omnipotente que habia embargado la soberania de las provincias del interior". Habia conocido los textos del tucumano a favor de la causa paraguaya a traves del diplomatico paraguayo Gregorio Benites, quien, durante los anos de la guerra contra la Triple Alianza, estuvo al frente de la legacion paraguaya en Francia. En esas circunstancias Benites conocio a Alberdi con quien anudo una solida amistad y, en los veinte anos siguientes, mantuvo una fluida correspondencia.

Antes de fallecer, en el ano 1909, Benites le lego a O'Leary su archivo, que contenia varios centenares de piezas epistolares que le dirigiera Alberdi. A partir de estas circunstancias, el historiador paraguayo hizo uso de la figura del argentino y de su posicion intelectual durante la guerra para entretejerlo en su operacion de revision de la historia, en la cual fue presentado como un admirador de Lopez y "justificador de sus crueldades" (BREZZO 2012).

Pues bien, en el contexto de la controversia suscitada en Buenos Aires, Pena entro tambien en contacto epistolar con un discipulo de O'Leary, Juan Stefanich (1889-1976), a la sazon presidente del Centro de Estudiantes de Derecho de la Universidad Nacional de Asuncion y que, con el correr de los anos, se convertiria en un abogado, periodista y politico paraguayo de fuerte influjo en la posguerra del Chaco para luego, a partir de 1937, vivir exiliado en Buenos Aires hasta su fallecimiento en 1976 (CABALLERO CAMPOS 2011). En una carta del ano 1919 que se conserva en el Fondo Pena de la Academia Nacional de la Historia puede leerse que Pena elogia al universitario por la decision de fundar una Biblioteca y llevar adelante una empresa editorial. Algunos conceptos deslizados por este a raiz de este emprendimiento universitario son particularmente significativos en el sentido de reclamar una historiografia paraguaya en torno a la guerra de la Triple Alianza que, a la vez que documentada y cientifica, aportase una vision alternativa desde la perspectiva de los vencidos, como una manera de colaborar a que se alcanzase la verdad historica sobre el conflicto belico que enfrento a los paises sudamericanos a mediados del siglo XIX:

El Paraguay debe a la America y al mundo, especialmente, la bibliografia de la Guerra con la Triple-Alianza y ojala que en esa bibliografia figurara la historica, la documentada, la serena, para que sirviera a las conciencias que reclaman y reclamaran en lo futuro la verdad (ANH-FDP, Caja 2, De David Pena a Juan Stefanich, Buenos Aires, abril 20 de 1919).

En la misma carta David Pena enlaza ese necesario proceso de revision de la historia paraguaya, con el de reivindicacion que el mismo asumio personalmente en torno a la figura de quien fuera su maestro y padre espiritual, Juan B. Alberdi, y aprovecha para anunciar a Stefanich que se ha conformado en Buenos Aires un comite de caracter nacional con el proposito de rendir homenaje y promover la ereccion de un monumento al inspirador de la Constitucion Nacional argentina.

Invitado por Pena, Juan Stefanich junto a otros companeros paraguayos, participo en Buenos Aires de ese homenaje, en el mes de mayo de 1920, ocasion en la que pronuncio en la Facultad de Filosofia y Letras de la Universidad de Buenos Aires una conferencia que titulo "El Paraguay: su historia y sus hombres". Tras su estadia en la capital argentina, le escribio a Pena para expresarle su agradecimiento por la acogida que le dispensara. Dada la distancia generacional, reconoce en Pena a un "padre", a un "amigo", a un "protector" y a un "consejero", y lo pone al tanto del entusiasmo con el que el publico de Asuncion ha reaccionado frente a las noticias y telegramas llegados desde Buenos Aires.

En particular, Stefanich agradece a Pena por los elogiosos conceptos que sobre la Delegacion de Paraguay le ha expresado en una carta a Juan O'Leary, de lo cual se puede deducir que el contacto entre Pena y Stefanich habia surgido de la relacion en comun con el historiador paraguayo. El vinculo intelectual e ideologico entre Stefanich y su maestro O'Leary queda reforzado en la carta por la alusion que hace el primero a algunas criticas que tambien han existido por parte de la prensa liberal asuncena, y en particular por el diario El Liberal, que ha descalificado a los delegados paraguayos enviados a Buenos Aires, tildandolos de "victimas e instrumentos del senor O'Leary". Stefanich le anuncia a Pena, ademas, que publicara sus cronicas de viaje en El Diario y que luego las editara en folleto (ANH-FDP, Caja 2, De Juan Stefanich a David Pena, Asuncion, mayo 21 de 1920). Efectivamente, poco despues aparece publicado el libro de Stefanich, titulado Alberdi, la Argentina y el Paraguay: al margen de una mision, de 199 paginas (STEFANICH 1920). En el, un capitulo se dedica especificamente a: "La delegacion a Buenos Aires", en donde Stefanich brinda una version testimonial de su viaje. (10)

El homenaje brindado a Alberdi en 1920 habria obrado como incentivo para la reflexion historiografica. Ademas del mencionado libro de Stefanich, fueron publicados en Buenos Aires: ?Alberdi fue traidor? y El gran americano Juan Bautista Alberdi, de Adolfo S. Carranza, antecedido este ultimo por una carta prologo de David Pena. De ese mismo ano data, ademas, la publicacion de una nueva edicion de las Obras selectas de Juan B. Alberdi, en 18 tomos, con introduccion y seleccion a cargo de Joaquin V. Gonzalez. Y tambien parece haber propiciado la reanudacion del contacto epistolar entre O'Leary y Pena. En efecto, el 19 de mayo de 1920 el primero le escribia una carta al argentino encabezandola "mi querido amigo". La epistola demuestra que, no obstante, el inicial intercambio de 1907, no se habian conocido personalmente en los anos que siguieron y tampoco habrian cultivado el intercambio promovido por O' Leary:

!Amigo, si! Hace catorce anos que lo soy ?Recuerda Ud. la carta que le escribi entonces, despues de leer su libro sobre Facundo? No importa que no nos hayamos encontrado en ninguna encrucijada de la vida. No importa que nunca hayamos tenido ocasion de darnos un abrazo fraternal. El culto a Alberdi nos vinculaba y nuestro comun apostolado justiciero nos aproximaba. Yo, al menos, lo he contado siempre entre los hombres caros a mi corazon. Mis amigos podrian testificar si su nombre ha sido familiar en mis labios en nuestras tertulias intelectuales. Y su caballeresca conducta con nuestros delegados obliga profundamente nuestra gratitud. De hoy en adelante figurara Ud. al lado de Alberdi, entre los grandes argentinos amigos del Paraguay. Y yo espero que cultivaremos nuestras relaciones manteniendo una activa correspondencia. Porque uno y otro tenemos una gran mision que cumplir, la de vincular a nuestras patrias, reconciliandolas en el respeto a lo que constituye su honor y su gloria y sacudiendo sus odiosos prejuicios que nos legaron generaciones envenenadas por pasiones que ya no tienen razon de ser. Gracias, pues, por todas sus bondades, gracias, pues, por sus infinitas gentilezas y crea que siente por usted el mas sincero afecto, su amigo paraguayo (BNP-CJEO, Correspondencia Oficial y Privada, Carpeta XXXVI).

Para ese entonces Pena ya habia desarrollado la mayor parte de su trayectoria vital y era una figura reconocida de los circulos intelectuales argentinos. Segun se ha apuntado, desde 1906 formaba parte de la Junta de Historia y Numismatica Americana, y habia sido secretario general de la Comision Nacional del Centenario de la Revolucion de Mayo, tambien habia fundado la revista Atlantida (1911), asi como el Ateneo Nacional (1913). Tenia en preparacion, la edicion de las "Memorias de Alberdi", un conjunto de escritos distribuidos en tres tomos que pretendian abarcar los sucesos de su vida entera, entre 1810 y 1884. Habiendo sabido por el mismo O'Leary sobre la existencia del conjunto de cartas de Alberdi dirigidas a Gregorio Benites durante la guerra del Paraguay y en los anos posteriores, Pena le escribio a O'Leary manifestandole que no se decidia a hacer publicos los tres tomos por faltarle esa correspondencia:

El tiempo pasa, los anos transcurren, la vejez viene y nosotros nos quedamos cediendo el campo a enemigos comunes. Los que vengan despues de nosotros, de usted y de mi, para hacer mas real mi interrogacion ?tendran la facilidad y el entusiasmo, el valor y los medios que nosotros poseemos para hacer la mision? De usted depende, pues, que lancemos a America un libro mas sobre Alberdi, con su parte sobre Paraguay, y este sera de combate y de interes porque sera pura autobiografia (BNP-CJEO, Correspondencia Oficial y Privada. Carpeta XXXVI).

Las cartas de Alberdi no llegaron a manos de Pena. Tampoco O'Leary completo, en los anos siguientes, la escritura de una biografia de Alberdi, ni la publicacion de esas misivas, aunque mantuvo y reitero su proposito en no pocas ocasiones, sobre todo cuando se renovaba la polemica en torno a la actuacion del jurisconsulto argentino a favor del Paraguay.

Tercer momento: Pena, O'Leary y los "procesados de la historia"

La ultima carta de la relacion epistolar Pena-O'Leary que se ha encontrado, fue escrita por el historiador paraguayo en 1928. La reanudacion del contacto es motivada en este caso por un escrito de Pena relativo a Francisco S. Lopez.

O'Leary habia publicado, en 1920, El Mariscal Lopez, con el sello editorial del diario La Prensa. El contenido estaba dividido en 26 capitulos a lo largo de 374 paginas. Si bien el autor sostuvo que se realizo una tirada de 2000 ejemplares del libro no existen, por el momento, constancias de su recepcion en el espacio cultural paraguayo como tampoco ha sido posible, hasta ahora, determinar circuitos de su comercializacion.

Cinco anos despues, en 1925, O'Leary fue designado por el gobierno de Eligio Ayala como Encargado de Negocios de Paraguay en Espana. Instalado en Madrid, conocio y entablo amistad con el escritor mejicano Carlos Pereyra y con los escritores venezolanos Rufino Blanco Fombona y Laureano Valenilla Lanz, entre otros. Todos ellos escribian y publicaban en la Editorial America, que fundara Fombona en la capital espanola. En este contexto, O'Leary logro publicar una segunda edicion de la biografia sobre Lopez, a la que titulo El Mariscal Solano Lopez y que fue prologada por Rufino Blanco Fombona. En esta nueva entrega anadio un capitulo, con lo que la obra presentaba 27 capitulos con un total de 457 paginas. Asi, si en la primera edicion el contenido concluia con los titulados "La inmolacion del heroe" y "Sintesis final de su vida", en la mas reciente se intercalaba el denominado "La glorificacion del vencido". (11) El proposito principal del texto consistia en la reivindicacion de la figura y la actuacion de Francisco Solano Lopez y en demostrar la injusticia de los atributos de barbaro, despota y sanguinario con los que la literatura historica, sobre todo en Argentina, caracterizaban a Lopez hasta entonces. De caracter ensayistico, sin el menor sustento de documentos ni de otras fuentes, O'Leary inicio con esta obra la reivindicacion de Solano Lopez, un proceso que culminaria con la heroificacion, en 1936, cuando se lo declararia, oficialmente, heroe nacional.

O'Leary residia, en esos anos, en Madrid, en calidad de Encargado de Negocios de Paraguay, pero realizaba frecuentes viajes y estadias en Paris, donde con otros letrados paraguayos habian establecido la Editorial de Indias, dedicada a la publicacion de obras de y sobre Paraguay. Al momento de conocer el escrito de David Pena sobre Lopez, O'Leary divulgaba su biografia sobre el mariscal Solano Lopez (1925). Estas circunstancias explican que se manifestase conmovido por la lectura del texto de Pena y encontrase natural la posicion adoptada por quien otrora iniciara la defensa de Facundo Quiroga, como si un nexo invisible uniera a todos los repudiados de la historia, y los hiciera a todos igualmente merecedores de la reivindicacion por parte de los historiadores identificados con una corriente de revision del pasado:

No podia hablar en otra forma el gran justiciero de la historia argentina, el intrepido vindicador de la memoria de Alberdi, el que arrojo las primeras flores de piadosa recordacion sobre la tumba sin nombre de Facundo Quiroga... Un espiritu selecto como el suyo no podia caer en la vulgar diatriba, ni, mucho menos, dejar de sentir la grandeza del hombre formidable a quien Buenos Aires juro un dia "eterna gratitud", del patriota implacable que todo lo sacrifico por su patria, muriendo con la espada en la mano en la heroica actitud de los mas bellos tipos de la historia del mundo. No! Un David Pena tenia que hablar asi, sin temores, sin preocupaciones, libre de prejuicios, aplaudiendo al pueblo paraguayo que hoy alza orgulloso sobre su cabeza la figura del varon fuerte que fue la encarnacion de su derecho y el representante armado de su soberania (ANH-FDP, Carpeta 3, De Juan E. O'Leary a David Pena, Madrid, agosto 28 de 1928).

A traves de estas palabras se trasunta la profunda admiracion de O'Leary hacia el autor en cuyas ideas puede filiar su propia posicion historiografica. Se refleja, asimismo, el claro sentido de exaltacion patriotica que el propio O'Leary le ha conferido a su labor como historiador, y la operacion que ha puesto en marcha para trasformar a Lopez en heroe maximo y martir sacrificado de su nacion.

O'Leary se siente el interprete y portavoz de los sentimientos de su "patria adolorida", cuando agradece en nombre de esta a Pena por sus juicios ecuanimes sobre el cuestionado gobernante paraguayo.

Finalmente, O'Leary aprovecha su carta para enviarle a Pena dos libros suyos que espera que lea y, de ser posible, comente. Lejos de buscar una actitud de prescindencia e imparcialidad frente al pasado, el autor paraguayo le confia a Pena en la intimidad de su intercambio epistolar "el dolor que trasuntan esas paginas". Espera encontrar comprension y empatia de parte de Pena, y le especifica que en uno de ellos encontrara el texto integro de la carta de Lopez a su hijo.

Dos anos despues, a los 68 anos de edad, fallecio David Pena. En el seno de la Junta de Historia y Numismatica Americana, Pena fue recordado por Octavio Amadeo--en un sentido similar al que le habia atribuido O'Leary en su carta de 1928--como el "abogado de los grandes procesados de la historia" y evaluo, con la perspectiva del tiempo transcurrido, el significado de su obra, diciendo que

Su Quiroga fue un golpe de piqueta a lo consagrado, a lo que parecia intangible, al magisterdixit. [...] Pena cometio esa irreverencia patriotica; proclamo el libre examen, exigio la revision de muchos fallos. Fue una novedad simpatica. Hoy ya no se discute esa revision; esta decretada por todos (BJHNA 1936, vol. VIII, p. 220).

Conclusion

El estudio del intercambio epistolar entre David Pena y Juan E. O'Leary nos ha permitido ponderar la importancia de los discursos producidos en el ambito privado para una mejor explicacion de procesos historiograficos y de las concepciones del pasado de los historiadores. En el caso de las cartas remitidas por O'Leary allanan, entre otros asuntos, la reconstruccion del trayecto iniciatico de su revision de la historia, un movimiento que principio en Paraguay entre siglos diecinueve y veinte como respuesta a las visiones del pasado dominantes en su pais, de manera particular sobre las causas y el desarrollo de la guerra contra la Triple Alianza (1864-1870), la censura a la memoria del Mariscal Solano Lopez, y al socaire de su impugnacion al orden politico emergente tras la revolucion de 1904. En el caso de las de David Pena permiten perfeccionar su itinerario intelectual como asi tambien complejizar los origenes del revisionismo en Argentina.

Aunque no ha sido posible desarrollar por completo el ejercicio comparativo entre las biografias construidas por Pena y por O'Leary, aparece con claridad el influjo que el primero ejercio sobre la obra del segundo. De hecho, en los anos que siguieron a la publicacion de la biografia de Francisco Solano Lopez, se convertiria en el historiador mas influyente del Paraguay.

doi: 10.15848/hh.v0i20.981

Recibido el: 31/8/2015

Aceptado el: 8/3/2016

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Biblioteca Nacional del Paraguay, Coleccion Juan E. O'Leary (BNP-CJEO).

Liliana Maria Brezzo

lilianabrezzo@arnet.com.ar

Investigadora Independiente CONICET

IH, UCA--IDEHESI/CONICET

Av. Pellegrini 3314, 2000 ROSARIO

Argentina

Maria Gabriela Michelett

gabimiche@yahoo.com.ar

Investigadora Adjunta CONICET

Profesora Adjunta UCA

IH, UCA--IDEHESI/CONICET

Av. Pellegrini 3314, 2000 ROSARIO

Argentina

* IH, UCA--IDEHESI/CONICET.

(1) Puede sostenerse que desde fines del siglo XIX y con los primeros compases del siglo XX, de la mano de obras como las de Adolfo Saldias, Ernesto Quesada y David Pena emergio, en Argentina, una revision de la lectura clasica de diversos procesos del pasado argentino, incluida la Guerra del Paraguay. En efecto, en el estudio de Quesada La Politica argentino-paraguaya aparecen la mayoria de los topicos que desarrollara in extenso el revisionismo posterior. En Uruguay, por la misma epoca principio un impulso de revision de la lectura clasica de la guerra de la mano de Luis Alberto de Herrera, autor de La tierra charrua (1901) y de La diplomacia oriental en el Paraguay (1909). Sobre la dinamica de esta lectura pueden verse los estudios de Maria Laura Reali (REALI 2006). Resulta conveniente senalar que la revision de la historia que aquellos primeros "revisionistas" argentinos promovieron, en tanto que operacion historiografica--la aplicacion de un metodo basado en la objetividad historica y la compulsa documental-, se diferencio de la operacion politica que abiertamente supuso el revisionismo de los anos treinta como impugnacion del liberalismo y democratismo del sistema republicano argentino (DEVOTO y PAGANO 2010, p.203-205; CHIARAMONTE 2013, p. 145-179).

(2) En anos recientes han sido desenvueltos diversos argumentos en torno a los epistolarios como herramientas de analisis historiografico (MESTRE SANCHIS 2000, p. 13-26; ORTEGA 1991; BORKOSKAY 2002, p. 27-45).

(3) El contexto de produccion y la recepcion de la obra de David Pena los hemos estudiado en MICHELETTI 2015.

(4) Archivo del Museo Historico Provincial de Rosario "Dr. Julio A. Marc" (AMHP), Documentos manuscritos clasificados por Legajos personales: David Pena, Caja 1, "Juan Facundo Quiroga. Conferencias pronunciadas en la Facultad de Filosofia y Letras, con ampliaciones y notas".

(5) Academia Nacional de la Historia, Fondo David Pena (ANH-FDP), Libro 3, "Juan Facundo Quiroga. El libro del Dr. David Pena".

(6) ANH-FDP, Caja 4, Ricardo Adriano Paz, "Tribuna libre. Sobre Facundo", La Razon, Buenos Aires, 4 de enero de 1907.

(7) ANH-FDP, Libro 3, "Acaba de aparecer".

(8) Durante estos anos de juventud como escritor, O'Leary utilizo varios seudonimos: primero hizo uso de Diego de la Escosura y luego aparecio Justas N. Zambrana. En la polemica con Cecilio Baez firmo sus articulos con un tercer seudonimo, el de Pompeyo Gonzalez. Fue con este con el que se hizo conocido. Segun testimonio de sus amigos "no habia veterano de la guerra que no hablara de Pompeyo Gonzalez sin religiosa uncion". Parece posible vincular, de este modo, los contenidos historiograficos del pompeyismo con una especie de proto-revisionismo historico o, mas precisamente, con algunos de sus temas. De hecho, el Mariscal Francisco Solano Lopez no fue la figura central del debate O'Leary--Baez. Se ha desenvuelto esta lectura en (BREZZO 2011a). Autores dedicados a las relaciones entre historia y memoria en el Paraguay, como Luc Capdevila, han subrayado, asimismo, que a inicios del siglo XX el analisis de la trayectoria del Mariscal seguia siendo "ambiguo, incluso para los intelectuales nacionalistas. Las posiciones de Blas Garay, de Juan O'Leary, asi como las de Manuel Dominguez en 1900 no estaban definidas" (CAPDEVILA 2010, p. 205).

(9) Biblioteca Nacional del Paraguay, Coleccion Juan E. O'Leary (en adelante BNP--CJEO), Correspondencia oficial y privada. Carpetas XXXI y XXXII. Interesa resaltar que entre los corresponsales de O'Leary en la primera decada del siglo veinte figuran autores que pergenaban lecturas opuestas a las clasicas sobre la guerra del Paraguay y la historia de las relaciones entre los paises del Plata, como Ernesto Quesada, en Argentina y el uruguayo Luis Alberto de Herrera. Con este ultimo inicio una correspondencia fluida e ininterrumpida hasta el fallecimiento de Herrera, en 1959.

(10) Este libro corresponde al volumen 7 publicado por la Biblioteca paraguaya del Centro de Estudiantes de Derecho, integrando asi una coleccion en la que le habian precedido titulos como Nuestra epopeya (guerra del Paraguay) (1919), de Juan E. O'Leary, La causa nacional, ensayo sobre los antecedentes de la guerra del Paraguay (1864-70) (1919), de Justo Pastor Benitez, Rodo: homenaje de la juventud del Paraguay (1919), La cuestion social (1919) y Visiones uruguayas (impresiones de un viaje) (1920), de Juan Vicente Ramirez, y Aurora, del mismo Juan Stefanich (1920).

(11) En Espana la obra fue editada por la imprenta Felix Moliner. Hemos trabajado los ejemplares pertenecientes a la biblioteca personal de O'Leary, en la Biblioteca Nacional del Paraguay. Parece interesante resaltar que, en la segunda edicion, el autor se ocupo de compilar exposiciones, opiniones y juicios de letrados y de gobiernos americanos que en distintos momentos reconocieron la actuacion del Mariscal Lopez, como el argentino Juan Bautista Alberdi, el uruguayo Luis Alberto de Herrera, el venezolano Laureano Vallenilla Lanz y el guatemalteco Jose Joaquin Palma, entre otros.
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Title Annotation:Dossier: History and its public. The circulation of historical knowledge: spaces, readers and languages/ Dossie: A historia e seus publicos. A circulacao do conhecimento historico: espacos, leitores e linguagens
Author:Brezzo, Liliana Maria; Michelett, Maria Gabriela
Publication:Historia da Historiografia
Date:Apr 1, 2016
Words:8330
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