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Bonnet, Piero Antonio, Le presunzioni legali del consenso matrimoniale canonico in un occidente scristianizzato.

Bonnet, Piero Antonio, Le presunzioni legali del consenso matrimoniale canonico in un occidente scristianizzato, Dott. A. Giuffre, Milano 2006, 247 pp.

El favor iuris de que goza el matrimonio implica la presuncion de su validez, si no se prueba lo contrario (c. 1060 CIC; c. 779 CCIO). Para captar el significado de esta presuncion conviene recordar, en primer lugar, que no representa una excepcion con respecto a una regla general en sentido opuesto. Al contrario, se trata de la aplicacion al matrimonio de una presuncion que constituye un principio fundamental de todo ordenamiento juridico: los actos humanos de por si licitos y que influyen en las relaciones juridicas se presumen validos, aunque se admita obviamente la prueba de su invalidez (c. 124.2 CIC y c. 931.2 CCIO). Esta presuncion, pues, no puede interpretarse como mera proteccion de las apariencias o del statu quo en cuanto tal, puesto que esta prevista tambien, dentro de limites razonables, la posibilidad de impugnar el acto. Se ha dicho, no obstante, que esta descripcion toma la parte por el todo, ya que considera solo algunos efectos de la norma positiva, sin considerar donde esta anclada, que bien juridico esta queriendo protegerse, ni cual es el contexto en el que debe contemplarse, de un plumazo se ha reducido un principio general a una norma procesal que podria ser vista desde el punto de vista adjetivo, no sustantivo, del Derecho. A partir de aqui, como se desprende de la doctrina pontificia sentada en varios discursos a la Rota Romana, a algunos, esos principios les parecen vinculados a situaciones sociales y culturales del pasado, en las que la manifestacion de la voluntad de casarse canonicamente presuponia normalmente en los contrayentes la comprension y la aceptacion de la verdadera naturaleza del matrimonio. Debido a la crisis que afecta actualmente a esta institucion en numerosos ambientes, les parece que a menudo debe ponerse en duda incluso la validez del consentimiento, a causa de los diversos tipos de incapacidad o por exclusion de los bienes esenciales. Ante esta situacion, los que manifiestan una actitud critica se preguntan si no sena mas justo presumir la invalidez del matrimonio contraido y no su validez.

El razonamiento de fondo que viene a desarrollarse es el siguiente: en un ambiente de confesionalidad, donde todo el mundo conocia y aceptaba de antemano el contenido objetivo del matrimonio y ademas existia un reconocimiento social generalizado, ciertamente se podia aplicar la presuncion de que lo normal por parte de los contrayentes era poner todos los elementos necesarios para la constitucion del vinculo conyugal. Se podia presumir su capacidad para los derechos y obligaciones del matrimonio, una voluntad conyugal verdadera, y verdaderamente conyugal, una aceptacion clara y responsable del sacramento, etc. Y se podia presumir esa voluntad porque respondia a lo que podriamos denominar como normal, a la ley sociologica de la normalidad del momento con respecto al matrimonio. En consecuencia, cuando los tiempos han cambiado, la cultura se ha descristianizado, la fe se practica menos en la vida y el concepto de matrimonio ha variado sustancialmente en no pocos ordenamientos civiles, podemos preguntarnos si puede seguir considerandose valida aquella presuncion que se apoyaba sobre una normalidad social que hoy podemos considerar obsoleta o, al menos, perdida.

Con esos presupuestos, afronta el autor con caracter introductorio en el primer capitulo de esta monografia el alcance y significacion de las presunciones en su vertiente sustantiva y procesal como punto de partida para pasar a examinar con caracter exhaustivo la que desde el punto de vista del consentimiento matrimonial puede considerarse como presuncion axial en el actual contexto de la jurisprudencia matrimonial canonica: la contenida en el c. 1101.1 del CIC. El grueso de la obra se encuentra, por tanto, en este capitulo II (pp. 35-163). Situandose en los actuales horizontes culturales y en el ambito de la secularidad, los tres principales temas a tratar --con apoyo en una abundantisima jurisprudencia rotal-- seran la conexion entre declaracion y voluntad, el error determinante de la voluntad en su relacion con la simulacion y, por ultimo, la intencion sacramental.

Aunque no deja de estar exento de dificultades por la densidad del discurso y la multitud de notas criticas y jurisprudenciales, hago un breve resumen de los argumentos esgrimidos por Bonnet para llegar a proponer la supresion de tal presuncion. Partiendo de la extraordinaria importancia de la declaracion de voluntad matrimonial, se puede observar como en la actualidad, al menos en occidente, se constata en no pocos casos una acentuada falta de correspondencia entre manifestacion y voluntad interna, que consolida una multiplicidad de supuestos de hecho en los que el matrimonio es considerado nulo en cuanto que ese desfase incide sustancial y directamente sobre su propia identidad. Si hacemos un examen de los medios de prueba a los que habitualmente suele acudirse para constatar tal falta de correspondencia --de forma muy especial la declaracion de las partes-- cabe preguntarse sobre el papel que puede jugar hoy la presuncion que es objeto de estudio. Pues bien, a la luz de la praxis rotal romana, debemos considerar que los tribunales eclesiasticos, movidos unicamente por la verdad, a cuyo servicio esta el proceso canonico, deben indagar el hecho matrimonial concreto por lo que realmente es, sopesando cuidadosamente, con prudente ponderacion, todas las circunstancias concretas, valoradas en su propio ambiente cultural, sabiendo, de un lado, que en occidente existe una difusa y consolidada mentalidad irreligiosa que puede favorecer la subsistencia de situaciones que contrastan con la concepcion matrimonial canonica y, de otro, que la finalidad de su funcion es, ademas de tener en cuenta las palabras pronunciadas en la declaracion, la de averiguar la efectiva voluntad de los contrayentes, tal como ya nos ensenaba Celestino III con estas palabras: non deber aliquis considerare verba, sed voluntatem et intentioneto, quum non intentio verbis, sed verba intentioni debeant deservire.

La conclusion a la que nos vemos abocados es la de que estamos ante una presuncion debilitada en su contenido y resulta sustancialmente no operativa en la praxis judicial; debiendo de preguntamos entonces que sentido tiene conservarla. En ese contexto general, debe considerarse con profunda seriedad la posibilidad de su abrogacion siempre que se constate la <<carencia difusa y generalizada de una efectiva verosimilitud conjetutal capaz de conservar aceptablemente la mencionada presuncion>> (p. 163). No obstante lo anterior, de producirse un tal cambio en la legislacion codicial, en modo alguno estariamos ante una situacion contraria a la presuncion actual; por tanto, el efecto de esa posible supresion no supondria que estuvieramos ante una presuncion en sentido inverso, es decir, en presencia de una declaracion que manifieste un consentimiento insuficiente con la consiguiente nulidad matrimonial. La insuficiencia consensual deberia, en todo caso, ser objeto de prueba caso por caso, de forma puntual y rigurosa, como sustancialmente ya se exige en la legislacion canonica.

En el mismo ambito de la cultura occidental, se aborda en el capitulo tercero, ya con menor extension (principalmente por su menor incidencia jurisprudencial) las presunciones contempladas en el c. 1096.2, relativo al conocimiento minimo sobre el matrimonio y la pubertad y en el c. 1107 sobre la perseverancia del consentimiento aunque el matrimonio se hubiera contraido invalidamente por razon de impedimento o de defecto de forma.

Sin que a su parecer presente particulares dificultades de comprension la presuncion relativa a la perseverancia del consentimiento contenida en el c. 1107, por lo que a la primera respecta, entiende que en el contexto en que seguimos moviendonos, del occidente secularizado y en la epoca que estamos viviendo, no alcanza, a su juicio, suficientes razones para otorgarle credibilidad. De ahi que se presente la necesidad de ahondar en otras cuestiones conexas a la propia diccion del canon un tanto indeterminada en cuanto a su mencion de la pubertad, que determinen la fijacion de criterios mas acordes con los parametros en que nos movemos. Esos criterios suponen tener en cuenta como referencia la etapa final de la adolescencia, pudiendo cifrarse en 16 anos para la mujer y 18 para el varon. No obstante, razones de diversa indole, especialmente de caracter temporal y territorial, pero sin descartar las de caracter personal, pueden aconsejar una cierta elasticidad en la determinacion de estos parametros. Esta elasticidad, que no debera, desde luego, gravar la seguridad juridica, particularmente importante cuando esta en juego el ius connubii, podra obtenerse a traves de la normativa de desarrollo del c. 1083.2 CIC, garantizando de esta forma una adecuada capacidad de entender y de querer, ya que nada puede ser objeto de conocimiento ni de volicion sino solo cuando se esta en condiciones de conocerlo.

Con esta premisa, la conjetura de que parte la formulacion del c. 1096.2 no puede entenderse adecuada porque no resulta creible el razonamiento inductivo en el que funda la deduccion derivada de su formulacion. Para construir una presuncion verosimil, concluye el autor (p. 176), el hecho cierto del que parte la deduccion debe referirse al periodo final de la adolescencia, ligandolo, de Jure condendo, al momento apropiado que determinen las diferentes conferencias episcopales en cada uno de sus territorios y eventualmente conectandolo con el limite de la edad que dichas conferencias senalan ad liceitatem.

Al conectar la cuestion anterior con el tema de la capacidad de entender y de querer, la medida de esta se constituye, si no en el problema mas dificil, si en uno de los mas complejos a tratar dentro de lo que denomina la <<economia matrimonial>>. De ahi que al capitulo tercero anada un Apendice para tratar algunos temas a ella referidos, especialmente la medida de cada uno de sus terminos: el entender y el querer, como particular acto requerido en el momento constitutivo del negocio matrimonial.

Esa capacidad de entender y querer adecuada al momento constitutivo del matrimonio debera, a su juicio y como criterio general, ser la que normalmente se adquiere --como ya ha manifestado con anterioridad-- en el momento final de la adolescencia, aunque con excepciones, siempre debidamente justificadas, de indole personal o territorial. Solo al final de la adolescencia (y de nuevo vuelve a utilizar el criterio de los 16 anos en la mujer y 18 en el varon como punto de partida) puede entenderse racionalmente que hombre y mujer sean capaces de comprender en todo su sentido un acto que supone, no un compromiso con cualquier tipo de actividad, sino un compromiso personal de futuro conectado al ejercicio de la propia libertad.

Se trata de una monografia documentadisima, densa y de no siempre facil lectura por la complejidad de las cuestiones que trata y la profundizacion en problemas referidos a la relacion entre intencion y sacramento, especialmente en el caso de los bautizados no creyentes en un ambito, como el occidental, en proceso creciente de secularizacion. Por ello, sus conclusiones, aunque solidamente documentadas, no siempre pueden ser compartidas, especialmente por lo que se refiere a su interpretacion del principio favor matrimonii.

En efecto, el favor matrimonii no solo tiene valor de presuncion procesal, sino que constituye una declaracion de principios; de alguna forma, viene a ser el punto central del sistema matrimonial canonico, dando asi sentido a la presuncion de validez del consentimiento matrimonial e informando <<todas las normas canonicas, tanto sustanciales como procesales concernientes al matrimonio>> (Discurso de Juan Pablo II a la Rota Romana de 29 de enero de 2004). Este principio, como ha puesto de relieve, analizando el referido discurso, J. I. Banares, no responde ni al principio de confesionalidad del Estado ni a las circunstancias historicas o sociales concretas; y tampoco se puede reducir a la presuncion de validez; se apoya sobre la naturaleza de la persona, del matrimonio y de la sociedad y constituye un principio inspirador de todo el ordenamiento juridico matrimonial. Esa presuncion de validez es algo mas que mera tecnica formal o puro instrumento del derecho positivo, se asienta igualmente sobre la normalidad de lo real. De esta forma, siguiendo con lo expuesto por el pontifice en el citado discurso, <<el apoyo al matrimonio debe inspirar toda la actividad de la Iglesia, de los pastores y de los fieles, de la sociedad civil, en una palabra, de todas las personas de buena voluntad (n. 3)>>. De ahi que <<el fundamento de esta actitud no es una opcion mas o menos opinable, sino el aprecio del bien objetivo representado por cada union conyugal y cada familia>> (ibidem). Insistiendo sobre el sentido positivo de la presuncion, recuerda que <<no representa una excepcion con respecto a una regla general en sentido opuesto: Al contrario, se trata de la aplicacion al matrimonio de una presuncion que constituye un principio fundamental de todo ordenamiento juridico: los actos humanos de por si licitos y que influyen en las relaciones juridicas se presumen validos, aunque se admita obviamente la prueba de su invalidez, (n. 4).
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Author:Alvarez Cortina, Andres-Corsino
Publication:Ius Canonicum
Date:Jan 1, 2009
Words:2304
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