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Body size in the threshold of feminist debates: Simone de Beauvoir, Luce Irigaray and Judith Butler. Convergent and divergent ideas/Dimensiones del cuerpo bajo el umbral de los debates feministas. Convergencias y divergencias en Simone de Beauvoir, Luce Irigaray y Judith Butler.

Abstract

The body is a core category in diverse feminist theories; it even continues to be the trigger of various debates at present. The purpose of this paper is to draw a map across the work of three main representatives of the Feminist Theory: Simone de Beauvoir, Luce Irigaray and Judith Butler. First, we present the concepts of body which are characteristic of each author's work. Then, the main differences among these three ideas are underlined. Finally, we face the challenge of finding possible similarities between these initially heterogeneous proposals, taking into account the idea of the body as a theoretical device which operates as a territory where the argumentative strategies of every system of ideas lie. We expect that the map proposed allows for a shift from the question regarding what the body, ultimately, is, towards a conception that admits the proliferation of various bodies depending on the political and ideological views that underlie such a category.

Keywords

body--sex--gender--woman--feminism

Resumen

El cuerpo constituye una categoria nuclear para la teoria feminista en sus diferentes versiones, incluso aun en nuestros dias continua siendo sede de multiples debates. Este trabajo se propone marcar un recorrido por tres referentes vinculadas a la Teoria Feminista: Simone de Beauvoir, Luce Irigaray y Judith Butler. Inicialmente se trazan las lineas conceptuales en torno al cuerpo que irrumpen en sus principales obras. A partir de alli, se destacan las diferencias entre sus concepciones. Finalmente, y a partir de la idea que refiere al cuerpo en tanto artefacto teorico que opera como un territorio donde se anclan las estrategias argumentativas de cada sistema de pensamiento, se afronta el desafio de ensayar posibles convergencias entre las propuestas inicialmente heterogeneas. Se espera que el recorrido propuesto permita un desplazamiento desde el interrogante respecto a que es, en ultima instancia, el cuerpo hacia una concepcion que admita la proliferacion de multiples cuerpos en funcion de las coordenadas politicoideologicas que subyacen a tal categoria.

Palabras clave

cuerpo--sexo--genero--mujer--feminismo

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Las capturas que el feminismo ha efectuado respecto a la categoria de cuerpo son multiples y variadas. Si un proposito posible fuese delimitar exponentes que, de algun modo, se vinculan a esta corriente de pensamiento, bien podrian ser Simone de Beauvoir, Luce Irigaray y Judith Butler. Con producciones que emergen en diferentes localizaciones geograficas y en diferentes momentos, todas ellas ofrecen aproximaciones al cuerpo diferentes. Como es sabido, la distincion 'sexo'/'genero', y sus vinculaciones con la categoria de 'cuerpo', continua siendo el epicentro de un debate central para la teoria feminista, tal vez inaugurado en "El segundo sexo" de Simone de Beauvoir. Posteriormente, Irigaray se muestra en disconformidad con sus ideas, cuestiones que pueden apreciarse, fundamentalmente en "Speculum de la otra mujer" y en "Ser dos". Actualmente, los planteos de Judith Butler se muestra critico respecto a ambas pensadoras, criticas planteadas fundamentalmente en "El genero en disputa, feminismo y la subversion de la identidad", por un lado, y en "Cuerpos que importan, sobre los limites materiales y discursivos del 'sexo'", por otro.

En este contexto, entonces, interesa analizar algunos aspectos de estas obras vinculadas al feminismo para ver los diferentes modos en que el cuerpo ha sido abordado y asi destacar, finalmente, divergencias evidente y posibles convergencias. En todos los casos, el cuerpo adviene como artefacto teorico que opera como un instrumento, territorio ultimo donde se anclan las estrategias argumentativas de sus sistemas de pensamiento. Entonces, se espera que el recorrido propuesto permita un desplazamiento desde el interrogante respecto a que es, en ultima instancia, el cuerpo hacia una concepcion que admita la proliferacion de multiples cuerpos en funcion de las coordenadas politico-ideologicas que subyacen a las diferentes teorias que modelan tal categoria. En suma, se trata de tantos cuerpos como sistemas filosoficos delimitan convenientemente, y en este proceso generan, su propio cuerpo.

El cuerpo de Simone de Beauvoir

Nos dice Simone de Beauvoir,

No se nace mujer: se llega a serlo. Ningun destino biologico, psiquico o economico define la figura que reviste en el seno de la sociedad la hembra humana; es el conjunto de la civilizacion el que elabora ese producto intermedio entre el macho y el castrado al que se califica de femenino (Beauvoir, 2007: 207).

Aunque Simone de Beauvoir no cuenta con la categoria de genero, el contexto analitico que genera cuenta con su pleno significado, pues la autora privilegia la idea de situacion (Stavro, 2000) socialmente investida para contrarrestar epistemologias patriarcales que circunscriben el significado de ser mujer a partir de datos de la biologia.

En este sentido, el vector que subyace a todas las paginas de "El segundo sexo" refiere a un intento constante por generar herramientas potentes para detectar y escapar de las explicaciones entrampadas en el reduccionismo biologico. Sin embargo, los argumentos de Simone de Beauvoir que abrevan en el objetivo concomitante de deslindar una subjetividad femenina articulada a partir de la esfera social dejan deslizar, de modo implicito, una idea de cuerpo en tanto obstaculo. Sus propios argumentos gestan una vision del cuerpo que, muchas veces, contradice sus propositos. Es asi que Simone de Beauvoir lega al feminismo de la segunda ola un cuerpo ocultamente problematizado.

El cuerpo siempre irrumpe en "El segundo sexo" constituyendo un obstaculo para la situacion de la mujer. Las particularidades del cuerpo femenino anclan a las mujeres en la inmanencia, al tiempo que impiden la posibilidad de su trascendencia. El cuerpo, de este modo, siempre es marginado, oculto o patologizado.

Los aportes de Beauvoir se organizan en dos aspectos que trazan un descentramiento del cuerpo. Por un lado, la autora enfatiza la idea de devenir mujer, cuestion que bien podria interpretarse en terminos de (proceso de generizacion. Por otro lado, afirma que la biologia absorbe la totalidad del destino de las mujeres. De este modo, la insistencia en la construccion social de la feminidad fundamenta el rechazo categorico de un destino anatomico. Beauvoir privilegia lo social por sobre lo anatomico en sus intentos de aproximarse a una comprension de la situacion de las mujeres. En palabras de la autora, el cuerpo constituye

... el instrumento de nuestro asidero en el mundo, este se presenta de manera muy distinta segun que sea asido de un modo u otro. Por esa razon los hemos estudiado tan extensamente; constituyen una de las claves que permiten comprender a la mujer. Pero lo que rechazamos es la idea de que constituyan para ella un destino petrificado. No bastan para definir una jerarquia de los sexos; no explican por que la mujer es lo Otro; no la condenan a conservar eternamente ese papel subordinado (Beauvoir, 2007: 43).

El fragmento seleccionado lleva consigo el sentido general del analisis que ofrece la autora en "El segundo sexo". La idea de que las mujeres son sujetadas por los varones, de diferentes modos y en diversos momentos de la historia sobrevuela la totalidad de sus paginas. Es asi que opresion y a la alteridad se anudan en la configuracion de la situacion de las mujeres, quienes, a criterio de la autora, solo logran cobrar consciencia de si mismas a partir de los modos determinados por los varones (Changfoot, 2009a). De este modo, los comportamientos, pensamientos y percepciones de las mujeres respecto a si mismas corresponden a creaciones masculinas. En palabras de la autora,

La mujer no es definida ni por sus hormonas ni por misteriosos instintos, sino por el modo en que, a traves de conciencias extranas, recupera su cuerpo y sus relaciones con el mundo (Beauvoir, 2007: 719).

Ahora bien, si, en contra de la expresion freudiana, la anatomia no es destino, entonces cobra legitimidad la pregunta acerca del estatuto que el cuerpo cobra en este escrito beauvoiriano. El cuerpo de "El segundo sexo" se encuentra socialmente afectado, corrompido. El cuerpo constituye, de este modo, un problema (Collin, 2010). Sin embargo, las lineas alli desplegadas inauguran una duplicidad a tener en cuenta: si bien el cuerpo constituye un problema debido a la interpretacion social que recibe en el interior del patriarcado, este problema no esta exento de posibilidad de transformacion. Pues, si los cuerpos de las mujeres resultan oprimidos por los modos masculinos de significarlos, entonces nada impide pensar que ellas puedan luchar por instalar otros modos posibles de pensarse a si mismas desde otros parametros que les permita desplazarse desde la inmanencia hacia la trascendencia.

Es asi que, entre la biologia especifica de los cuerpos de las mujeres y la interpretacion social de los mismos, se despliega un arco de tensiones que no reconoce limites claros entre el cuerpo como superficie natural, por un lado, y como interpretacion social, por otro. Beauvoir instala una cavilacion entre una concepcion positiva u optimista del cuerpo--referido fundamentalmente a la posibilidad de que las mujeres superen y reconstruyan la interpretacion que reciben sus cuerpos y asi alcancen el estatus de sujetos-y una concepcion negativa que delimita al cuerpo femenino en terminos repugnantes. Esta ultima perspectiva, que irrumpe insistentemente en el texto de la autora, sugiere que el cuerpo de las mujeres es esencialmente un obstaculo para la obtencion de la igualdad entre los sexos (Wishart & Soady, 1999).

Beauvoir se esfuerza por teorizar el modo en que la subjetividad de las mujeres resulta oprimida por encontrarse incardinada en un cuerpo capturado por el patriarcado. Sin embargo el desagrado y la revulsion que giran en torno al modo en que la autora conceptualiza este cuerpo culminan por perturbar sus objetivos de desanudar a las mujeres de un destino anatomico.

En suma, existe una perspectiva dual sobre el cuerpo femenino que introduce primero una vision positiva del cuerpo, susceptible de ser modificado, que luego es contrarrestado por una vision pesimista de un cuerpo que menstrua, lactante, reproductor, constitutivo de la situacion de las mujeres. Si utilizamos las categorias que actualmente organizan el debate, es posible afirmar que una linea constructivista emerge bajo la insistencia de un cuerpo socialmente construido, articulado bajo las descripciones que refieren a experiencias femeninas oprimidas cuyo locus es un cuerpo anclado en el patriarcado. Por otra parte, tambien irrumpe, como se viene senalando, la idea de un cuerpo fundamental y esencialmente oprimido. Es esta ultima idea la que configura el cuerpo en terminos de un verdadero obstaculo, puesto que no es posible reconstruir por su caracter visceral, natural--cabe aclarar que no hay consenso sobre estas interpretaciones, sirven como ejemplos de otras voces Linda Zerilli (1996) y Elaine Stavro (1999).

Entonces, en la obra de Beauvoir coexisten dos discursos en pugna. Por un lado, una linea constructivista propone una idea de cuerpo socialmente construido. Esto es, cuerpos articulados en los terminos del patriarcado. Por otro lado, emerge la idea de un cuerpo visceral que marca una ultima esencia femenina oprimida por un orden social que inferioriza tales caracteristicas. Esta ultima idea de cuerpo, que insiste de forma continua en el texto de Beauvoir, constituye un reducto natural que obstaculiza y pone en problemas la situacion de ias mujeres (Moi, 2008).

Todo parece indicar que, en ultima instancia, la especificidad del cuerpo de las mujeres, especificamente su capacidad de gestar vida, constituye el motivo de su alienacion. Entonces, existe un cuerpo femenino antes de toda marca social, cuya facticidad hace mujer a una mujer y, al mismo tiempo, la aliena y la separa de si misma. Por ejemplo, Beauvoir deja deslizar claramente como el cuerpo femenino amenaza y coloca la individualidad de las mujeres en peligro debido a caracteristicas biologicas especificas. La autora refiere a

la esclavizacion del organismo a la funcion reproductora: la crisis de pubertad y de menopausia, <<maldicion>> mensual, largo y a menudo dificil embarazo, parto doloroso y en ocasiones peligroso, enfermedades, accidentes, son caracteristicas de la hembra humana: diriase que su destino se hace tanto mas penoso cuanto mas se rebela ella contra el mismo al afirmarse como individuo (Beauvoir, 2007: 43).

Los varones, por otra parte, no corren con este destino, pues aparecen "como un ser infinitamente privilegiado: su existencia genital no contraria su vida personal, que se desarrolla de manera continua, sin crisis, y, generalmente, sin accidentes" (Beauvoir, 2007: 43).

Como fuere, queda claro que la escritura de Beauvoir esta poblada de anudamientos estrechos entre cuerpo y subjetividad en el marco de una organizacion social patriarcal. Desde su punto de vist3, inmersas en el patriarcado, las mujeres son reducidas a la facticidad de su cuerpo. Los varones, por otra parte, no cuentan con posiciones subjetivas cristalizadas de este modo. Puesto que los limites del sujeto varon no son los de su cuerpo, el marco de referencia existencialista que guia a Beauvoir en sus argumentos le permite afirmar que aquel posee una conciencia que trasciende su cuerpo, entonces hace de el mismo lo que es: la masculinidad es un proyecto en continuo devenir.

En este contexto es posible afirmar que "El segundo sexo" configura una escena en la cual Beauvoir imagina la posibilidad de trascendencia para las mujeres, gozando de la misma situacion que los varones. La feminidad mas alla del cuerpo femenino configura, entonces, el horizonte beauvoiriano. La estrategia a implementar no puede ser otra que poner en marcha estrategias que permitan recuperar a la mujer del cuerpo femenino que la encarcela para que pueda desplegarse en su devenir. Ahora bien, en esa organizacion social que entrampa al cuerpo--que decadas mas tarde en Norteamerica se denominaria bajo la categoria de genero--configuran la arena donde se juegan posibilidades y restricciones del devenir mujer. Tal como senala Judith Butler, aquello que denominamos genero no solo aparece en "El segundo sexo" en terminos de construccion social impuesta sobre el cuerpo de la mujer, sino tambien como el proceso de construccion mismo. En esta linea, el aporte del pensamiento de Beauvoir ha constituido un legado notable (Galster, 2001; Changfoot, 2009b), sobre todo para aquellas feministas que han rescatado la vertiente mas optimista del cuerpo de las mujeres--signada por una marca constructivista-, al focalizar la potencial reconstruccion de, y por, la mujer de su lugar asignado.

Sin embargo, como ya hemos notado, la idea beauvoiriana de cuerpo femenino como trampa que captura cualquier posibilidad de proyecto autonomo, instala una vision negativa que culmina por derribar el potencial de transformacion y mutabilidad de las mujeres que la propia Beauvoir se propone defender. La facticidad que pone al cuerpo femenino en problemas toma como figuras clave en "El segundo sexo" el cuerpo reproductor. Esto queda claro en el modo en que Beauvoir describe el embarazo y la crianza.

El conflicto especie-individuo, que en el parto adopta a veces una figura dramatica, da al cuerpo femenino una inquietante fragilidad. Se dice de buen grado que las mujeres 'tienen enfermedades en el vientre'; y es cierto que encierran en su interior un elemento hostil: la especie que las roe (Beauvoir, 2007: 41).

Todo parece indicar que los organos sexuales femeninos inspiran en Beauvoir un disgusto inevitable y visceral, fuente de alienacion y crisis (Mortimer, 1999).

El cuerpo de Luce Irigaray

A criterio de Luce Irigaray (1998) la intersubjetividad constituye el ambito propio de la especificidad femenina. Las mujeres, nos dice, desean relaciones "de a dos". Es asi que la autora divide radicalmente las aguas, en la otra orilla: lo hombres y sus relaciones signadas por la logica sujeto-objeto. Taies consideraciones instalan el telon de fondo presente en "Ser Dos", donde emergen consideraciones acerca del cuerpo a partir de los modos en que es teorizado el amor carnal segun Sartre, Merleau-Ponty y Levinas, todos ellos filosofos varones. Las consideraciones que de ellos se desprenden sirven a la autora para advertir una concepcion instrumental a la hora de pensar al otro sujeto. Es asi que lo Otro adviene como objeto a partir del lenguaje--falogocentrico--que, a modo de instrumento, reemplaza y captura al cuerpo.

En primer lugar, segun la lectura de Irigaray, Sartre delimita al cuerpo en terminos de facticidad, hecho, realidad objetiva. Sin embargo, reconoce que el otro es mas que eso, es conciencia de si. Teniendo en cuenta esto, para entrar en relacion con el otro es necesario hacer descender su conciencia a su cuerpo, reducir su conciencia a la facticidad de su cuerpo. Esto, segun Sartre, implica restringir la libertad del otro. Se trata, entonces, de poseer al otro, de reducir la trascendencia del otro a su inmanencia. Irigaray no tarda en advertir que ese Otro no recibe sexo, pero resulta claro que, tal como denunciara Simone de Beauvoir, se trata de una Otra.

Irigaray pone el acento en la diferencia sexual. Mujeres y hombres poseen cuerpos con cualidades diferentes. Se trata de sexualidades diferentes. La autora denuncia el deseo de posesion falicamente marcado, pues conduce a un sueno solipsista. A partir de la vivencia de una sexualidad especificamente femenina propone dejar ser la trascendencia, contemplar io inaprensible. La posesion falogocentrica condensada en la expresion "te amo" debiera reconfigurarse en "amo a ti", artilugio retorico que parece expresar los esfuerzos de Irigaray por abrirse paso en un universo simbolico que todo lo impregna para rescatar la especificidad silenciada del cuerpo de las mujeres, enmascarada bajo el signo de objeto factual, objeto del amor de ios varones--"mi amor", desde los terminos posesivos del Sujeto varon falogocentrado que reducen a la mujer a un conjunto de cualidades perceptibles y susceptibles de ser poseidas.

"Amo a ti" abre una fisura en el universo simbolico masculino. Un llamamiento a despertar dei sueno patriarca! a partir de evocar lo propiamente femenino en tanto fuente irreductible al Sujeto Varon. Es as! que Irigaray instala la pregunta silenciosa por el "tu"--en sintonia con Adriana Cavarero--?Quien eres tu, que jamas seras yo, ni mio?

Por su parte, Irigaray retoma el pensamiento de Merlau-Ponty como otro punto de decantacion del simbolico masculino. Rapidamente la autora localiza los puntos en comun que poseen algunos de sus planteos con los de Sartre. Su punto de vista masculino se traduce en que para MerleauPonty el cuerpo puede ser reducido, de hecho lo es, a un objeto. El yo y el otro son entendido en terminos de una dialectica, amo y esclavo. El yo busca poseer al otro, pero la posesion buscada no es simplemente la de un cuerpo, sino la de un cuerpo animado por una conciencia. Como fuere, el modo en que Meleau-Ponty entiende al cuerpo, y a la sexualidad, no favorece la intersubjetividad.

Acriterio de Irigaray hay un olvido de la sexualidad en tanto "relacion-a". En este contexto la autora declara que existe un olvido de las percepciones sensibles. Tal como se encuentran organizadas las relaciones sociales, caemos en simples sensaciones, estas son vivencias pasivas que organizan la experiencia en dos polos: sujeto y objeto. Esta logica contrastativa aleja al cuerpo de las mujeres de su encarnacion femenina. Esta economia simbolica de la sensacion instala una abstraccion tal capaz de aiejar a las mujeres de la vida de la carne, provoca una caida de la sensibilidad en el simple experimentar falsificado. Esta tradicion de lo sensible no respeta la intersubjetividad, pues lo femenino para esta economia de la sensacion resulta en un objeto que debe experimentar la sensacion; el hombre, por su parte, debe alejarse de la mujer para salvaguardar su relacion con lo inteligible y con Dios.

En suma, Irigaray aboga por una reconfiguracion de lo simbolico, que en este texto se expresa a partir de la busqueda de una cultura de la sensibilidad. Tal como se encuentran configuradas, las relaciones comunitarias impiden la intersubjetividad, existe, afirma Irigaray, un poder totalitario y mortifero que todo lo tine. En pos de la sensibilidad que reconduzca a las mujeres a lo propiamente femenino, la autora plantea una filosofia de la caricia ligada al deseo femenino preocupado por la intersubjetividad. La caricia se plantea como despertar del cuerpo inhibido, dormido, sojuzgado por las restricciones de la vida comunitaria. La caricia se desprende de la esfera de la encarnacion. Ademas, tanto el que acaricia como el que acepta ser acariciado se habilitan a alejarse de si para ese gesto--que no es captura, ni sumision, ni posesion de la libertad de la Otra.

Se trata de una caricia que posee la capacidad de despertar, llamado a ser "nosotras", mas precisamente un "entre nosotras", una invitacion a otro modo de percibir, de pensar, de ser ... como mujeres, irigaray ensaya, de este modo, un camino cercado por gestos carnales fuera del lenguaje masculino, que reconduce a un acceso a lo mas intimo y carnal. No se trata, nos dice, de un "ek-stasis", puesto que las mujeres ya estan fuera de si mismas. La reconduccion debe desplegar en un "en-stasis" que jamas reconduce a un si-mismo, sino a un "entre ... nosotras".

Es posible notar el modo en que Irigaray critica la tradicion de intelectuales que sostienen una racionalidad "neutral" y universal, propia del pensamiento occidental (Martin, 2003). Pues, al universalizar, la cultura occidental subordina violentamente lo femenino como cuerpo/materia a una forma masculina/mente idealizada (Deutscher, 2003). Dentro de los intersticios de lo que no se puede representar en un orden simbolico patriarcal, Irigaray se propone pensar estrategias para romper el espejo patriarcal que devuelve a las mujeres una representacion de si mismas como los tropos negativos de los varones. En todo su esquema de pensamiento, las mujeres son el "sexo" que no es "uno". Solo la celebracion de la diferencia de las mujeres, su fluidez y su multiplicidad (Grosz, 1993), puede escapar de las representaciones occidentales convencionales. Se trata de abrir espacio a la feminidad, lo que supone comenzar con el reconocimiento de un organismo anatomico especifico, cuerpo cuyo significado social nunca es transparente o claro. Asi, la feminidad refiere a la oposicion binaria entre los sexos inscriptos en la psique humana y en una amplia variedad de representaciones culturales (Irigaray, 2007, 2009). Para Irigaray, entonces, las mujeres podrian transformar el orden simbolico en el que su identidad corporal se ha representado peyorativamente (Lehtinen, 2007).

Tal como senala Monica Mookherjee (2005), las criticas de Irigaray, en ultima instancia epistemologicas, apuntan a denunciar el modo en que el discurso occidental entreteje la verdad a partir de la negacion de la cultura de la diferencia sexual. Ya desde sus primeras obras, Irigaray (2007,2009) analiza expresiones del pensamiento occidental para exponer como esta negacion o ausencia se debe a un falogocentrismo patologico e implacable (Bray, 2001). Tal es asi que el descuido de la diferencia sexual implica que las mujeres solo pueden acceder y experimentar su propio sexo en los margenes de una ideologia dominante que fragmenta la especificidad de las mujeres, quienes se apropian de si mismas a traves de los restos fragmentarios de un espejo invertido por el sujeto masculino que reflexiona sobre si mismo (Irigaray, 2009). Desde Platon hasta Freud se han desplegado ideas que descansan sobre una base no reconocida, la negacion simbolica de lo femenino, y su potencia maternal. Simbolicamente lo femenino es codificado en terminos de no-masculino, entonces las mujeres son relegadas a una realidad inexistente y abstracta (Irigaray, 2007).

Como recurso, Irigaray apela a la estrategia de trazar genealogias maternales, sexuadas en clave femenina. Se trata de relecturas que las propias mujeres realizan respecto al modo en que historicamente han sido representadas en la cultura, donde la relacion madre-hija ha sido, por ejemplo, tematizada de forma peyorativa o bien eclipsada (Mookherjee, 2005). Un sucinto contrapunto sobre esta idea de genealogia con el conocido uso que Foucault (2008a, 2008b) otorga a esta nocion, permite advertir las diferentes concepciones subyacentes sobre el cuerpo. Para Foucault, el cuerpo se construye culturalmente a traves de multiples y cambiantes relaciones de poder. Por lo tanto, los cuerpos no existen independientemente de las variaciones que asumen las practicas culturales. El estudio genealogico de una institucion social determinada implica, para Foucault, deslindar un modo de produccion historica y, por lo tanto, de control del cuerpo. Por el contrario, Irigaray aborda las instituciones patriarcales situadas en diferentes culturas en funcion de socavar la realidad del cuerpo sexuado.

Como fuere, la nocion de genealogia sexuada indica el interes de Irigaray por cercar las diferentes raices culturales de la relacion madrehija. Su despliegue del termino genealogia difiere, por lo tanto, del uso de Foucault. Esto ha colocado a Irigaray como un blanco facial al cual arrojar las criticas que la localizan como esencialista. A pesar de que, por lo general, tales criticas no se fundamentan en examenes agudos de su obra (Stone, 2004), lo cierto es que Irigaray mantiene una concepcion del cuerpo en terminos de una realidad anatomica, subsidiaria de un universalismo de la diferencia sexual, como lugar factico de categorizacion cultural, receptaculo de proyecciones (Whitford, 2003) de acuerdo a los codigos falogocentricos. Sin embargo, no faltan quienes otorgan potencialidad a los desarrollos de Irigaray a partir de novedosas apropiaciones. Tal es el caso de Rossi Braidotti (2003), quien senala que, despues de todo, Irigaray pone el cuerpo enjuego, pero no como la roca del feminismo, sino como un conjunto movil de diferencias, un interfaz, un umbral, un campo donde se estorban aspectos materiales y fuerzas simbolicas, es una superficie en la que varios codigos (raza, sexo, clase, edad, entre otros) se inscriben. Se trataria de una construccion cultural que aprovecha la energia de una naturaleza heterogenea, discontinua e inconsciente.

Federica Giardini (2003) realiza otra reapropiacion interesante de las ideas iniciadas por Irigaray en tomo ai cuerpo y la diferencia sexual. Frente a algunas teorias feministas norteamericanas, Giardini observa una proliferacion del cuerpo como topico pero no como sujeto. El cuerpo y su potencia en la propia intimidad han perdido potencia en sus formalizaciones. Su idea de cuerpo como compleja nocion feminista refiere a una dimension carnalmente corporea, compuesta de pasiones, impulsos, afectos y sintomas. Al mismo tiempo Giardini aclara que esta nocion puede y debe invadir de modo relevante el ambito de la politica. Es asi que se procura un retorno al cuerpo mas alla de puras abstracciones. Un cuerpo capaz de escapar de lo verbal. Esencial, si esto implica distanciarse de las codificaciones ya existentes y tomar el gesto de la otra mujer, con el fin de volver a una observacion elemental, de los propios afectos, de los propios estados de placer y dolor.

El cuerpo de Judith Butler

A criterio de Butler, el cuerpo ocupa un lugar capital en la comprension del genero, entendido como una performance, un enactment cuya estructura es imitativa. Como es posible apreciar el lugar del cuerpo, junto a la puesta en marcha de sutiles y estilizados actos, adquiere un lugar protagonico en la consecucion del genero.

Butler senala que,

El genero es la estilizacion repetida del cuerpo, una sucesion de acciones repetidas--dentro de un marco regulador muy estricto--que se inmoviliza con el tiempo para crear la apariencia de sustancia, de una especie natural de ser (Butler, 2007: 98).

En la misma linea, afirma que,

Hay que tener en consideracion que el genero, por ejemplo, es un estilo corporal, un 'acto', por asi decirlo, que es al mismo tiempo intencional y performativo (donde performativo indica una construccion contingente y dramatica del significado). (Butler, 2007: 271).

Ese hacer corporalmente reiterado que se instala como sosten del genero, se encuentra comandado, a criterio de Butler, por un "marco obligatorio de la heterosexualidad reproductiva" (Butler, 2007: 267), idea antes desarrollada poi Adrien ne Rich bajo la categoria de heterosexualidad compulsiva y obligatoria (Rich, 1980). Ahora bien, tal como aclara la autora, estos actos corporales no son puestos en marcha de manera voluntaria, a modo de una eieccion individual, mas bien emergen de una fuerte regulacion disciplinaria del cuerpo. Tales actos son producidos y sostenidos a partir de signos corporales y otros medios discursivos. La idea que sigue su curso a partir de esta afirmacion refiere a que el cuerpo generizado no tiene estatus ontologico por fuera de los variados actos que componen su realidad.

El planteo es complejo, pues el desmantelamiento que Butler realiza respecto a las formas en las que se suele pensar al cuerpo sustancial implica reformular aquello que las fronteras del cuerpo encierran en terminos de interno/externo--movimiento iniciado por Foucault (2008a) en su novedosa inversion de la relacion alma/cuerpo a partir de la metafora del encarcelamiento. En paiabras de la autora, actos, gestos y deseo crean el efecto de un nucleo interno o sustancia, pero lo hacen en la superficie del cuerpo, mediante el juego de ausencias significantes que evocan, pero nunca revelan, el principio organizador de la identidad como una causa. Dichos actos, gestos y realizaciones--por lo general interpretados--son performativos en el sentido de que la esencia o la identidad que pretenden afirmar son invenciones fabricadas y preservadas mediante signos corporeos y otros medios discursivos (Butler, 2007: 266).

"El genero en disputa" (2007) imprime una novedad en el abordaje de la relacion entre el genero y el cuerpo. El modo en que emerge en la superficie del texto butleriano el tratamiento del tema refiere a los intentos por vincular, borrando sus fronteras, las categorias de sexo y genero. Es asi que la idea de performatividad, vinculada a los diferentes tipos de gestos, movimientos y estilos corporales, adviene como un tercer elemento conceptual que permite el ataque a la distincion sexo/genero. Al problematizar tal distincion, Butler expande la categoria de genero para arrebatar al sexo de un sustancialismo inmutable y arrastrarlo hacia un nuevo territorio, donde es posible la resignificacion parodica. Entonces,

Si se refuta el caracter invariable del sexo, quizas esta construccion denominada 'sexo' este tan culturalmente construida como el genero; de hecho, quiza siempre fue genero, con el resultado de que la distincion entre sexo y genero no existe como tal (Butler, 2007:55).

En "El genero en disputa" (2007) Butler se propone minar el supuesto que ancla al sexo en el reino de la metafisica de la sustancia (Femenias, 2000, 2003) y, asi, entreteje la ficcion del sexo como invariable, material y sustancial. Este descentramiento del cuerpo sexuado, entendido como una sustancia recubierta por el genero, no solo implica rechazar la posibilidad de admitir que el genero puede reensamblarse representacionalmente de un modo que el sexo no, sino que instala un nuevo horizonte epistemologico donde el cuerpo representa un sitio a traves del cual el genero opera y, al mismo tiempo, constituido a traves de la operacion misma. Es en este punto que la postura de Butler instala una distancia insalvable respecto a las ideas de Simone de Beauvoir, para quien el cuerpo femenino siempre permanece circunscripto a los limites que su materialidad le imprime independientemente de su interpretacion cultural.

En "Cuerpos que importan" (2002), el pensamiento de Butler produce algunas torsiones. Alli la autora reconsidera la radicalidad de algunas aseveraciones realizadas en "El genero en disputa" (2007) respecto al sexo. Aqui el foco ya no se encuentra sobre el genero en terminos de performance corporal. El epicentro para el abordaje del cuerpo sexuado se desplaza hacia la compleja y densa relacion entre materialidad y discurso. Dicho de un modo mas exacto, "las normas reguladoras del 'sexo' obran de una manera performativa para constituir la materialidad de los cuerpos y, mas especificamente, para materializar el sexo del cuerpo" (Butler, 2002: 18). Tal como la propia autora refiere, sus interrogantes apuntan hacia dos direcciones, a saber:

?Cuales son las fuerzas que hacen que los cuerpos se materialicen como "sexuados", y como debemos entender ia 'materia' del sexo y, de manera mas general, la de los cuerpos, como la circunscripcion repetida y violenta de la inteligibilidad cultural? (Butler, 2002:14).

Es asi que Butler somete a analisis critico el estatuto ontologico de la materialidad del cuerpo procurando, al igual que en "El genero en disputa" (2007), de no quedar adherida a ia ontologia de la sustancia. Para ello, la autora continua abordando el asunto en clave foucaultiana al delimitar "la materia de los cuerpos como el efecto de una dinamica de poder, de modo tal que la materia de los cuerpos sea indisociable de las normas reguladoras que gobiernan su materializacion y la significacion de aquellos efectos materiales" (Butler, 2002: 19).

A partir de aqui, Butler propone "un retorno a la nocion de materia, no como sitio o superficie, sino como un proceso de materializacion que se estabiliza a traves de! tiempo para producir el efecto de frontera, de permanencia y de superficie que llamamos materia" (Butler, 2002: 28). Tales consideraciones constituyen una plataforma analitica a partir de la cual Butler puede forjar el proyecto de analizar dimensiones de ia materia sin apelar a un marco de referencia organizado en torno a !a nocion de sustancia.

Como fuere, a criterio de Butler la materialidad del cuerpo merece mayor espesor conceptual. Su aporte para contribuir a tal modelizadon teorica consiste en trocar la idea de materia del cuerpo/sexo por la de materializacion, como proceso comandado por discursos reguladores y arreglos de peder. Es asi que la materialidad del cuerpo sexuado se enmarca en un proceso de produccion forzado desde el principio, nos dice Butler. Se trata de una asuncion del sexo obligada, impuesta por un aparato regulador de heterosexualidad. Esto significa que no es posible escapar a la ley reguladora, por lo que su apropiacion forzada es lo que articula inicialmente el cuerpo sexuado en tanto conjunto de acciones movilizadas por esa ley--"acumulacion de citas o referencias (...) que produce efectos materiales" (Butler, 2002: 34).

Desde este punto de mira, tal caracter citacional constituye la materializacion del cuerpo sexuado en terminos de una materialidad contorneada. Se trata, en ultima instancia de una forma ideal que captura y constituye al cuerpo, una morfogenesis que opera en el mismo proceso que permite la emergencia de la subjetividad a partir de un conjunto de proyecciones identificatorias (Butler, 2002). Butler apela a la idea de identificacion como mecanismo regulado por la norma social. En su formacion, el sujeto interioriza la norma mediante identificacion. Sin embargo la manifestacion del poder establece sitios temidos para la identificacion. La identificacion posee modelos denegados de antemano, abyectos. Los sujetos, entonces, no se identifican con lo abyecto, zonas marcadas por la amenaza al castigo y por la falta de reconocimiento. Se trata de 'fronteras de la vida corporal donde los cuerpos abyectos o deslegitimados no llegan a ser considerados 'cuerpos'" (Butler, 2002: 38). Entonces podemos delimitar, junto a Butler, la "vinculacion de este proceso de 'asumir' un sexo con la cuestion de la identificacion y con los medios discursivos que emplea el imperativo heterosexual para permitir ciertas identificaciones sexuadas y excluir y repudiar otras" (Butler, 2002: 19).

Claramente la autora deslinda un regimen heterosexual que no solo organiza los cuerpos, sino que los materializa en el proceso mismo de construccion. Tal proceso se encuentra comandado por fuertes restricciones en donde se negocian, incluso, los limites de lo humano. En palabras de Butler,

Esta matriz excluyente mediante la cual se forman los sujetos requiere pues la produccion simultanea de una esfera de seres abyectos, de aquellos que no son 'sujetos', pero que forman el exterior constitutivo del campo de los sujetos. Lo abyecto designa aqui precisamente aquellas zonas 'invivibles', 'inhabitables' de la vida social que, sin embargo, estan densamente pobladas por quienes no gozan de la jerarquia de los sujetos, pero cuya condicion de vivir bajo el signo de lo "invlvible" es necesaria para circunscribir la esfera de los sujetos (Butler, 2002:19-20).

Las conceptualizaciones butlerianas sobre la materializacion del cuerpo sexuado instauran un nuevo horizonte epistemologico a la hora de pensar el asunto. El entrecruzamiento que la autora realiza entre normas corporales y la formacion del sujeto en funcion de la dimension de lo abyecto sin dudas genera nuevas posibilidades de reflexion y critica. Butler se esfuerza por delimitar aquellos mecanismos que explican como algunas configuraciones o formas de incardinamiento/corporizacion son desterrados del dominio de la inteligibilidad que otorgan las formas ideales que imprime el sexo, esto implica, en terminos butlerianos ser desterrados, expulsados, mas alla del territorio que delimita lo humano. A partir de aqui, la autora configura un potente armamento analitico a partir del cual es posible imaginar a los cuerpos abyectos con el potencial subversivo de imprimirle "una resignificacion radical a la esfera simbolica, (...) desviar la cadena "de citas" hacia un futuro que tenga mas posibilidades de expandir la significacion misma de lo que en el mundo se considera un cuerpo valuado y valorable" (Butler, 2002: 47). Butler nos habla, en esta linea, de politica citacional, entendiendola como

una reelaboracion especifica que transforme la abyeccion en accion politica (...) representa la performatividad como apelacion a las citas con el proposito de dar nueva significacion a la abyeccion (...), para transformarla en desafio y legitimidad. (...) se trata de una politizacion de la abyeccion, en un esfuerzo por (...) impulsar su apremiante resignificacion. (...) esta estrategia es esencial para crear el tipo de comunidad (...) en la que las vidas queer lleguen a ser legibles, valoradas, merecedoras de apoyo, en la cual la pasion, las heridas, la pena, la aspiracion sean reconocidas sin que se fijen los terminos de ese reconocimiento en algun otro orden conceptual de falta de vida y de rigida exclusion (Butler, 2002: 46-47).

El pensamiento de Butler, entonces, guarda en si la potencialidad de contribuir desde una potente reformulacion queer de la abyeccion corporal.

A partir de este foco de interes, resulta claro que los aportes del pensamiento de Butler apuntan a borrar cuestiones que puedan inscribirse como configuraciones especificas del cuerpo de las mujeres. Sin embargo, la autora tambien abre una via para una posible articulacion al reconocer que los cuerpos viven y mueren; comen y duermen; sienten dolor y placer; soportan la enfermedad y la violencia. Claramente su concepcion de cuerpo parece desafiar, al menos en parte, la concepcion posestructuralista sobre como entender el construccionismo, el que, al menos desde ciertas perspectivas, parece negar todo indice de realidad mas alla de lo discursivo--lo que equivaldria a afirmar que "la materialidad de los cuerpos es sencilla y unicamente un efecto linguistico que pueda reducirse a un conjunto de significantes" (Butler, 2002: 57).

Se trata, nos dice, de "abrir nuevas posibilidades, de hacer que los cuerpos importen de otro modo" (Butler, 2002: 57) pero sin negar la materialidad de los cuerpos, sino escenificandola de otro modo que no impida pensar condiciones de vulnerabilidad concretas. Incluso menciona,

Ciertas formulaciones de la posicion constructivista radical parecen producir casi obligadamente un momento de reiterada exasperacion, porque aparentemente cuando se construye como un idealista linguistico, el constructivista refuta la realidad de los cuerpos, la pertinencia de la ciencia, los datos supuestos de nacimiento, envejecimiento, enfermedad y muerte (Butler, 2002: 30).

A modo de interrogante, ?Que queda de! cuerpo?

Actualmente, la critica que apunta a la nocion morfologica de sexo ha erosionado la confianza en el binario, incluso gran cantidad de intelectuales dirigen sus producciones teoricas hacia su desaparicion. Esto ha traido multiples problemas. Varias intelectuales provenientes del campo del feminismo no se muestran en conformidad con el alcance de las ideas construccionistas ya que renunciar a una nocion corporal de lo femenino implica quitar anclaje material al concepto central que da sustento a los reclamos politicos que le dieron origen.

Por un lado, una solucion posible pareciera ser definir a las mujeres como aquellas que portan un cuerpo femenino. Pero ?cual es el significado de estas anatomias? ?Cual es la conexion entre la anatomia femenina y el concepto de mujer? Y, si como se deriva del constructivismo, tal conexion no existe, ?en nombre de quien efectuar reclamos como motor de la accion politica?

Frente al problema que entrana la categoria de sujeto para el feminismo existen diferentes proyectos. Mientras que Luce Irigaray (2007), por ejemplo, apoya la busqueda y expresion de la sexualidad femenina, la que sistematicamente es reprimida por el patriarcado, Butler (1999) apela a su transgresion, quien se ocupa principalmente de las restricciones producidas por la heterosexualidad obligatoria (Rich, 1980). Por un lado es posible situar el anti-esencialismo, fundado en el construccionismo, de tradicion anglo-americana. En esta linea se inscribe Judith Butler, para quien el cuerpo constituye una construccion en la que intervienen practicas sociales y culturales. Por otro lado, nos encontramos con un fuerte enfasis en las experiencias somaticas y en la necesidad de las revalorizaciones del cuerpo y de la feminidad directamente referenciadas en la materialidad sustancial del cuerpo. Estos aportes responden a la tradicion francesa, en la cual se inscribe Luce Irigaray.

Sin embargo, tanto las producciones conceptuales de Irigaray como de Butler, aunque desde diferentes perspectivas, se ocupan de la interrelacion entre lenguaje, sexo y cuerpo. Irigaray se interroga acerca de la posibilidad de significar la feminidad en el interior de la cultura falocentrica. Butler se centra en los mecanismos culturales y psiquicos del poder que se disemina a partir de la norma heterosexual. Su interrogante mas bien transcurre por ios modos en que opera la ley simbolica junto a sus exigencias de que el sexo sea diadico y estable, sin descuidar lo que esta ley excluye como necesidad logica de su propio funcionamiento. Para Irigaray, los sexos son ajenos el uno al otro. Butler, en cambio, no quiere ver la dualidad varon/mujer en terminos absolutos, considera la diferencia sexual como una de las tantas ficciones con la que nos puebla el lenguaje. Ambas han sido muy criticadas, la tendencia hiperconstructivista (Femenias, 2003) de Butler--al menos en Gender Trouble--la han ligado al nihilismo. Por su parte, el enfasis que Irigaray pone en lo especificamente femenino la ha conducido hacia las criticas propias del esencialismo.

Luce Irigaray (2007) considera que la diferenciacion sexual es universal, lo impregna todo. Para ella, el binario varon/mujer es una biparticion ubicada en los fundamentos de lo humano. La diferenciacion sexual se basa tanto en la diferencia de sexo anatomico asi como en el lenguaje, mutuamente influenciados. Para las mujeres resulta imposible hablar desde su feminidad, en sus propios terminos. En palabras de Irigaray:

Si continuamos hablando lo mismo, si nos hablamos como se hablan los hombres desde hace siglos, como nos han ensenado a hablar, nos echaremos de menos. Otra vez ... las palabras pasaran a traves de nuestros cuerpos, por encima de nuestras cabezas, para perderse, perdernos. Lejos Alto. Ausente de nosotras; maquinadas habladas, maquinadas hablantes [...] ?Como tocarte si no estas ahi? Tu sangre convertida en su sentido. Ellos pueden hablarse, y de nosotras. 6Pero nosotras? Sal de su lenguaje. Intenta atravesar de nuevo los nombres que te han dado (Irigaray, 2009: 155).

Debido a que, desde su punto de vista, el lenguaje disponible no es neutral, sino falocentrico, es que sus esfuerzos tienden a pensar la forma de delimitar un espacio para la emergencia de lo especificamente femenino. Para la autora el concepto de "mujer" se encuentra entramado por determinaciones derivadas de la supremacia masculina. Como consecuencia, solo ei "sujeto"--masculino por definicion--puede expresarse en !a cultura occidental. La masculinidad es parte de una cadena asociativa de la razon, la mente, la cultura y la actividad. La feminidad, en el pensamiento dualista, ha sido clasificada como ia sombra, lo otro, de la masculinidad: la emocion, la naturaleza, y la pasividad. Este segundo polo constituye una amenaza para el primero y debe ser dominado. En este contexto, el cuerpo de la mujer ha llegado a simbolizar ia sexualidad y ia diferencia sexual.

Por otra parte, en "El genero en disputa" (2007), Butler desmantela la division radical entre sexo y genero utilizada por gran numero de feministas como un argumento--con alta potencialidad deconstructiva--contra la idea de que la biologia es el destino. ?Que puede tener de natural el sexo cuando en su definicion misma han operado diferentes discursos para producirlo como tal? Como ya se ha senalado, Butler sostiene que el sexo es tambien una construccion social, en ese sentido la distincion sexo/genero es, por tanto, absurda, pues el genero no opera como una inscripcion cultural sobre un sexo prediscursivo. El sexo, mas bien, es en si mismo una construccion, instaurado a traves de normas de genero que ya estan en su lugar. Butler afirma,

... una de las formas de asegurar de manera efectiva la estabilidad interna y el marco binario del sexo es situar la dualidad del sexo en un campo prediscursivo. Esta produccion del sexo como lo prediscursivo debe entenderse como el resultado del aparato de construccion cultural nombrado por el genero (Butler, 2007:11).

La critica de Butler que apunta a trastocar la captura del sexo bajo los aspectos facticos del cuerpo, culminan por anular, entonces, la distincion entre sexo y genero. El objetivo consiste en deshacer el sexo para instalar la proliferacion de nuevas formas posibles, incluso morfologias corporales que escapen a las restricciones del binario. Antes que Butler, Monique Wittig (2005) sostuvo que la categoria sexo no tiene existencia a priori, por fuera de lo social. Para esta autora, la categoria sexo es politica y funda la sociedad en tanto heterosexual. El sexo se establece como para encubrir que en realidad constituye un producto de la sociedad heterosexual. La natural economia heterosexual, en esta linea, alimenta tal categoria. Wittig menciona que la oposicion entre varones y mujeres responde a una ideologia de la diferencia sexual, la que coloca reiteradamente a la naturaleza en lugar de agente causal para encubrir su caracter politico. Se instala de manera contundente un 'ya ahi' de los sexos, a modo de una ontologia pre-discursiva. De este modo la ideologia de la diferencia sexual opera como una red que lo cubre todo.

En contraposicion a Irigaray, quien concibe al sexo como un dualismo ontologico insuperable, Butler propone categorias adicionales, como el origen etnico, clase y deseo sexual, como estrategia para derribar el caracter monolitico de las identidades. Por otra parte, a partir de Foucault, Butler sostiene que el sexo se produce a traves de un proceso de materializacion (Butler, 2002). El enfoque foucaultiano sobre la materialidad sostiene que los discursos no solo describen el cuerpo sino que tambien formulan y constituyen sus realidades materiales (Foucault, 2008b). Estos significados no son originales y no se encuentran localizados o anclados en el interior de los organismos individuales, sino que circulan en los discursos y practicas culturales y sociopoliticas significativas e historicamente mutables que describen e inscriben el cuerpo y la identidad. Los enfoques post-estructuralistas entienden el discurso como constitutivo de regimenes de verdad sobre el cuerpo, como practicas que forman el cuerpo al tiempo que regulan la subjetividad corporizada mediante la identidad de genero, entendida como agencia de controi subjetiva (Burns, 2003). En esta linea, Judith Butler, junto a otras teoricas feministas revisionistas (Haraway, 1995, entre otras), han impuesto un giro a los debates acerca de la corporalidad y el desarrollo psicologico (Matisons, 1998; Chambers, 2007), incluso ha introducido producciones de gran influencia en lo que respecta a identidad de genero y su impacto en la construccion de la morfologia corporal (McNay, 1999).

Cada declaracion sobre el cuerpo, aunque sea descriptiva, muestra el cuerpo de una manera especifica. Cada forma de ver o experimentar el cuerpo se encuentra necesariamente mediada por el lenguaje. Con nuestra entrada en el lenguaje nos vemos obligados a citar las normas existentes, de acuerdo con los codigos vigentes. Butler, sin embargo, encuentra nuevas perspectivas en la cita creativa. Al igual que Irigaray, por lo tanto, ella esta en la busqueda de la innovacion. A pesar de que Butler no sostiene una teoria voluntarista del genero, tal como se la acusa, ella sostiene que existe la posibilidad de burlar la norma a traves de citaciones subversivas. Esta postura teorica es la que sostiene las expectativas actuales de hallar oportunidades para subvertir la dualidad varon/mujer mediante la parodia de genero.

Como queda claro en Butler, a diferencia de Simone de Beauvoir, la influyente publicacion de "El genero en disputa" (2007) desmantela la idea de cuerpo sustancial como sede de la categoria Mujer. A criterio de Butler es prioritario poner el foco en la idea de genero, pero no como atributo de una identidad intrinseca al sujeto, sino como efecto performativo de las estructuras de poder heteronormativo. Como ya hemos senalado, al afirmar que el genero es performativo Butler sugiere que son los actos corporales los que constituyen y refuerzan a cada instante ia norma de genero. Esto ha dejado deslizar que, en funcion de nuestro comportamiento somos capaces de reforzar o socavar las convenciones sociales de genero. Desde una lectura apresurada la performatividad de genero puede tener mucho en comun con la celebre expresion de Simone de Beauvoir "No se nace mujer, sino que se llega a serlo", pues Beauvoir deja deslizar que la trascendencia refiere a hacer de si mismo/a un proyecto a realizar a traves de sus propias acciones en el mundo. Tanto Butler y Beauvoir, por otra parte, parecen compartir un anti-esencialismo al afirmar, aunque de modos muy diferentes, que el genero se produce en la sociedad y que, por tanto, tambien se puede cambiar en esa esfera. Cabe destacar que, Butler y Beauvoir tienen puntos de vista completamente diferentes sobre la importancia del cuerpo, tambien sobre la cuestion de la agencia: Beauvoir sostiene que los seres humanos son sujetos encarnados que actuan y toman decisiones, Butler, en cambio, piensa en cuerpos como efecto de un proceso discursivo de materializacion (Butler, 2002) que niega categoricamente la existencia de un hacedor detras de la accion (Butler, 2007).

Sin embargo, si nos detenemos en las criticas que Butler (1986) realiza contra Simone de Beauvoir, vemos la irrupcion de mayores matices de su pensamiento fracturan tales puntos de contacto. En primer lugar, denuncia el esencialismo que detecta en su pensamiento, deudor de una ontologia subsidiaria de la metafisica de la sustancia y del dualismo cartesiano. En segundo lugar revisa la concepcion de cuerpo y su inscripcion en el mundo. Para Butler (2007) el sexo tiene un caracter variable, entonces, el genero no es concebido como una mera inscripcion cultural de un significado variable, sino un medio discursivo a traves del cual el sexo se establece como natural y como anteriora la cultura, es decir, a traves de la ficcion del sexo como superficie politicamente neutral sobre la cual actua la cultura. Es decir que la materialidad de los cuerpos responde a una construccion linguistica ligada a estrategias de poder y constituye la superficie de una invencion social que tiene lugar dentro de un marco cultural que exige que el sexo sea diadico, hetero y estable. De este modo, se asegura la estabilidad y el marco binario del sexo.

En suma, se ha intentado exponer tres concepciones teoricas diferentes en torno al cuerpo. Simone de Beauvoir ve al cuerpo como trampa para ia trascendencia de las mujeres. Luce Irigaray como fuente de recuperacion de un gesto capaz de liberar a las mujeres del patriarcado. Aunque ambas, en tanto feministas, utilizan la categoria mujer, la frase de Beauvoir deja en claro que intenta alejarse de una concepcion esencialista al exponer la importancia del devenir mujer. Irigaray, lejos de intentar desanudar los lazos que vinculan la idea de mujer con la idea de un cuerpo que esencialmente trae consigo la diferencia sexual, se esfuerza por profundizar tales lazos hasta hacer de la mujer un cuerpo femenino portador de la diferencia. Ahora bien, desde una postura hiperconstruccionista (Femenias, 2003) como la de Butler, las diferencias entre ambas pensadoras de diluyen, pues Beauvoir apela al cuerpo constantemente como marco referencial para hablar de la mujer y su lugar en el mundo. Si bien "Mujer no se nace, sino que se deviene mujer", en el pensamiento de Beauvoir no cualquier cuerpo puede ser sede de cualquier genero, por lo que sobrevuela un tinte biologicista.

Entonces, Butler destruye la naturalidad del cuerpo como realidad y verdad prediscursiva, lo que ha mostrado potencialidad para cuestionar los supuestos ontologicos que operan en torno al sexo. Tales aportes borran toda posibilidad de atributos que puedan inscribirse como configuraciones especificas del cuerpo de las mujeres. Sin embargo, la autora tambien abre una via para una posible articulacion al reconocer que los cuerpos viven y mueren; comen y duermen; sienten dolor y placer; soportan la enfermedad y la violencia. Aunque en una lectura apresurada pueden pasarse por alto, existen ideas que gravitan alejadas de sus ideas nodales que matizan su concepcion de cuerpo parece desafiar, al menos en parte, la concepcion posestructuralista sobre como entender el construccionismo, el que, al menos desde ciertas perspectivas, parece negar todo indice de realidad mas alla de lo discursivo--lo que equivaldria a afirmar que "la materialidad de los cuerpos es sencilla y unicamente un efecto linguistico que pueda reducirse a un conjunto de significantes" (Butler, 2002; 57). Se trata, nos dice, de "abrir nuevas posibilidades, de hacer que los cuerpos importen de otro modo" (Butler, 2002; 57) pero sin negar la materialidad de los cuerpos, sino escenificandola de otro modo que no impida pensar condiciones de vulnerabilidad concretas. Mas claramente, menciona

Ciertas formulaciones de la posicion constructivista radical parecen producir casi obligadamente un momento de reiterada exasperacion, porque aparentemente cuando se construye como un idealista linguistico, el constructivista refuta la realidad de los cuerpos, la pertinencia de la ciencia, los datos supuestos de nacimiento, envejecimiento, enfermedad y muerte (Butler, 2002: 30).

A partir de aqui, tal vez sea posible tensar el pensamiento de las tres referentes seleccionadas, a modo de un sistema de peses y contrapesos, que nos permite diferenciar proyectos politicos que transcurren en paralelo y, en su despliegue, se perjudican mutuamente. Butler ha elaborado un armamento teorico potente para la lucha politica respecto a la abyeccion social que reciben los cuerpos que no se alinean coherentemente ni en posicion mujer ni en la posicion varon (transexuales, intersexuales, travestis, entre otros). Sin embargo, las redes de la teoria butleriana eclipsa, incluso va en detrimento de, la lucha librada por el feminismo, ya sea en la version de Beauvoir o en la version de Irigaray. Las tres propuestas debieran operar como posturas extremas que nos recuerden limites que no deben ser franqueados en la busqueda de la igualdad democratica entre seres humanos. Butler, en una linea que se remonta mucho antes que ella, nos recuerda que la verdad del sexo no esta inscripta en la biologia de los cuerpos. Beauvoir e Irigaray, de modos muy diferentes, nos recuerdan que no debemos olvidar la vulnerabilidad que invade a los cuerpos de las mujeres en situaciones concretas de existencia.

La Plata (Argentina), 13 de junio de 2014.

Ariel Martinez

CONICET

Universidad Nacional de La Plata

amartinez@psico.unlp.edu.ar

(Recibido: 16/06/14-Aceptado: 30/11/15)

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Author:Martinez, Ariel
Publication:Fundamentos en Humanidades
Date:Dec 1, 2013
Words:9741
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